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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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<item xml:lang="es">
		<title>The Danish Girl </title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/The-Danish-Girl</link>
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		<dc:date>2018-05-13T00:10:53Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Pilar Ord&#243;&#241;ez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This essay is about a character that had its counterpart in the history of painting, Einar Wegener Morgens. As well as in the history of human rights that protects sexual diversity. Shows the idea that the analytic experience, like the fiction showing by the Danish girl, is about love and &lt;i&gt;jouissance&lt;/i&gt;. It is the encounter with someone who invites to speak and that meeting can provoke a transformation.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Sexuation | Psychoanalysis | Speaking being | Feminine position&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-6-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 06 | N&#186; 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Escuela de la Orientaci&#243;n Lacaniana&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/La-chica-danesa' class=&#034;spip_in&#034;&gt;La Chica Danesa&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>La chica danesa</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/La-chica-danesa</link>
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		<dc:date>2018-05-05T01:42:19Z</dc:date>
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		<dc:creator>Pilar Ord&#243;&#241;ez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este escrito versa sobre un film que invita a hablar a un personaje que tuvo su correlato en la historia de la pintura, Einar Morgens Wegener. Como as&#237; tambi&#233;n en la historia de los derechos humanos que protegen la diversidad sexual.Se desarrolla la idea que la experiencia anal&#237;tica, al igual que la ficci&#243;n que muestra La chica Danesa, se trata de amor y de goce. Se trata del encuentro con alguien que invita a tomar la palabra y de ese encuentro puede resultar una transformaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt; Sexuaci&#243;n | Psicoan&#225;lisis | Hablanteser | Posici&#243;n femenina&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/The-Danish-Girl' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-6-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 06 | Nro 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Escuela de la Orientaci&#243;n Lacaniana&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Tomar la palabra&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este film invita a hablar a un personaje, Einar Morgens Wegener (1882-1931), que tuvo su correlato tanto en la historia de la pintura como en la historia de los derechos humanos que protegen la diversidad sexual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No reconozco un acto m&#225;s humano que invitar a tomar la palabra. Pueden pasar cosas insospechadas. La palabra tiene un circuito bien conocido para quienes estudian y se forman en esta disciplina cr&#237;tica que llamamos psicoan&#225;lisis. Un circuito que contradice los esquemas cl&#225;sicos de la comunicaci&#243;n. Porque el mayor efecto no es para el receptor del mensaje, sino para el emisor. Ese efecto hace que el mensaje retorne de manera invertida sobre quien habla. La tesis sostiene: la experiencia anal&#237;tica, al igual que la ficci&#243;n que muestra La chica Danesa (Hooper, 2015), se trata de amor y de goce. Se trata del encuentro con alguien que invita a tomar la palabra y de ese encuentro puede resultar una transformaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo m&#225;s curioso del circuito de la palabra es que el sentido de lo que alguien expone lo decide quien escucha. El emisor puede tener intenciones de decir algo muy preciso, pero quien va a decidir el contenido y el peso del mensaje es el discrecional del oyente deja a quien habla en una indeterminaci&#243;n, produce una divisi&#243;n. Esa divisi&#243;n es un efecto muy importante para la experiencia del psicoan&#225;lisis. Pero no es el &#250;nico. El psicoan&#225;lisis atiende tambi&#233;n el efecto que ciertos tonos, ciertos silencios tienen sobre el cuerpo, es lo m&#225;s interesante de la experiencia de hablar dirigi&#233;ndose a Otro. &#191;Por qu&#233; explicitar este circuito? Porque trabajaremos sobre las conceptualizaciones que tocan el problema del goce sexual, aquello que en la Koin&#233; se denomina sexo. En pleno siglo XXI, ciertas palabras pueden despertar afectos tan dis&#237;miles como el pudor, el rechazo, la indignaci&#243;n. El aburrimiento suele ser el menos frecuente, pero no lo descartemos. Esto se debe a que el sexo se apoya en un elemento transhist&#243;rico, en una invariante. A pesar de las modas, los gustos de &#233;poca y las revoluciones, el sexo encuentra siempre su hora revulsiva. De hecho un autor como Michel Foucault, quien se dedic&#243; a hacer arqueolog&#237;as de temas caros a la humanidad, cuando quiso hacer la arqueolog&#237;a de la sexualidad humana, el tema se le volvi&#243; extenso y resbaladizo. Sus tres tomos lo certifican. Porque existe una dimensi&#243;n del sexo que escapa a todo intento de historizaci&#243;n, de dominio o de civilidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El t&#237;tulo del ciclo que enmarca esta exposici&#243;n permite equivocaciones y tonos diversos: &lt;i&gt;S&#243;lo sexo&lt;/i&gt;. Eleg&#237; una variaci&#243;n del t&#237;tulo para orientar el comentario: &#191;Un solo sexo? M&#225;s a&#250;n, &#191;Cu&#225;ntos sexos? &#191;Uno, dos, veinticuatro? &#191;Hay un sexo biol&#243;gico? &#191;La anatom&#237;a es un destino? &#191;Hay un sexo determinado por la cultura? &#191;Con un sexo se nace? &#191;Un sexo se decide? Este es el nudo que abordaremos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Evitaremos suponerle una subjetividad a los personajes, es decir que no los interpretaremos como si se tratara de personas. Puede refutarse: &#161;pero est&#225; basada en hechos reales! Es cierto. Pero, para el psicoan&#225;lisis lo real tiene otro estatuto y los analistas s&#243;lo analizan a gente de carne y hueso. Por eso decididamente evitaremos las reflexiones de tipo diagn&#243;stica o psicopatol&#243;gica y cualquier animismo. Trataremos de servirnos de algunos elementos que brinda esta ficci&#243;n para ubicar el problema de la sexuaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Error com&#250;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Partamos de la divisi&#243;n que se realiza com&#250;nmente. Generalmente, fruto de la debilidad mental que acompa&#241;a al &lt;i&gt;hablanteser&lt;/i&gt;, tendemos a armar una clasificaci&#243;n bipartita.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nenas y nenes, damas y caballeros, normales y raros, los que tienen y los que no tienen pene. Esta divisi&#243;n que Lacan (1971-1972 [2012]) va a calificar como el &#8220;error com&#250;n&#8221; (p. 17)&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Sostiene Lacan en El Seminario 19: &#8220;(&#8230;) el sexo no define ninguna relaci&#243;n (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, aparece con cierta ingenuidad al inicio de este film. Para ello se utiliza la met&#225;fora de los artistas que se dedican a pintar paisajes y los que se dedican a pintar retratos. Los que pintan el mundo son los hombres, las que pintan la intimidad son mujeres. Esta es una divisi&#243;n que responde al error com&#250;n y por ejemplo suele encasillarse as&#237; a Frida Kahlo y a Diego Rivera&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Es frecuente leer que Diego Rivera pinta la Revoluci&#243;n y Frida Kahlo las (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Pero lo interesante de esta pel&#237;cula es que esta clasificaci&#243;n se desarma enseguida porque resulta que el paisaje de Einer (Eddie Redmayne) no responde al mundo exterior. Ese paisaje es la expresi&#243;n de una memoria, ese paisaje recubre la fijaci&#243;n de una experiencia &#237;ntima. En la ficci&#243;n se cuenta un recuerdo infantil, el beso con un amigo y sus consecuencias. Einar, ha montado un peque&#241;o motivo, que conmemora su encuentro con ese goce sexual. Ese motivo no cubre de una vez y para siempre el agujero de sentido que el goce ha producido. Ese paisaje perenne, inm&#243;vil es la pantalla que recubre una marca en el cuerpo. Una marca que late, una marca viva, que empuja una y otra vez a reeditar el mismo cuadro. Con esa invenci&#243;n Einar se ha hecho un nombre y un lugar en el ambiente del arte. Entonces, &#233;l pinta por motivos muy &#237;ntimos un paisaje que poco importa que tenga su referente en alg&#250;n lugar del mundo exterior.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por el contrario, Gerda (Alicia Vikander), pinta retratos, que supuestamente captar&#237;an lo m&#225;s &#237;ntimo. Pero el resultado no le es muy propicio. En una escena, el galerista dan&#233;s, Rasmussen (Adrian Schiller), le dice que esos retratos no son un material valioso. Porque reflejan como un calco mim&#233;tico los rostros pero no captan lo m&#225;s &#237;ntimo. Reci&#233;n cuando Gerda capta en sus dibujos a Lili (Eddie Redmayne), una Lili que no existe como tal, pero que ella interpreta en el rostro de su marido, su trabajo alcanza ese toque que se necesita para atrapar la mirada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237; la pel&#237;cula se&#241;ala el error com&#250;n: la divisi&#243;n binaria hombres, mujeres; interior, exterior; realidad, fantas&#237;a, resulta inoperante y reduccionista. Habr&#225; que recurrir a otras categor&#237;as m&#225;s complejas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para el psicoan&#225;lisis no existen dos sexos. S&#243;lo existen posiciones sexuadas, tantas como personas haya y no admiten clasificaciones. En todo caso, se puede recurrir a lo que Jean-Claude Milner (1999) denomina clases paradojales. Las clases paradojales son singulares, en el sentido de que admiten un &#250;nico ejemplar o referente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tampoco existe una divisi&#243;n entre mundo interior y mundo exterior. El psicoan&#225;lisis, de orientaci&#243;n lacaniana, acu&#241;a una noci&#243;n que es la &lt;i&gt;extimidad&lt;/i&gt;, un mixto extra&#241;o resuelto en una inspiraci&#243;n topol&#243;gica. Algo late en lo m&#225;s &#237;ntimo de cada hablante ser, pero no le es posible reconocerse tan sencillamente en eso que lo habita. Lo m&#225;s &#237;ntimo resulta extranjero y por eso a veces hablamos con un psicoanalista, ese perfecto extra&#241;o, quien nos permite reconocernos en esa &lt;i&gt;extimidad&lt;/i&gt;. No hay realidad objetiva y fantas&#237;a subjetiva. S&#243;lo cuenta lo que desde Freud llamamos realidad ps&#237;quica.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_489 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/la_chica_danesa_ordonez.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/la_chica_danesa_ordonez.jpg?1754362431' width='500' height='257' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Reflejo y velo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A lo largo de la pel&#237;cula se pueden apreciar dos recursos que podemos diferenciar y destacar: el reflejo en el espejo y el uso del velo. Ambos son recursos est&#233;ticos, pero tambi&#233;n son recursos subjetivos.&lt;br class='autobr' /&gt;
El primero, el reflejo en el espejo, se corresponde con una experiencia universal, para todos los seres hablantes. Depende de c&#243;mo pueda servirse de ese reflejo y su poder estructurante, dependiendo de c&#243;mo resulte esa experiencia, contar&#225; con m&#225;s o menos t&#225;cticas para sobrellevar el hecho de tener un cuerpo sexuado. En la ense&#241;anza de Lacan (1998) se conoce como el &#8220;estadio del espejo&#8221; a ese primer encuentro con la imagen del propio cuerpo. En la pel&#237;cula aparece por doquier. Einer en el espejo, en los vidrios de las ventanas, en la cabina del prost&#237;bulo mimetiz&#225;ndose con los gestos de la prostituta, mir&#225;ndose frente a las pinturas de Gerda. El poder estructurante del espejo consiste en que, al reconocer ese reflejo, el cuerpo cobra unidad, se compone una gestalt anticipada que responde a la buena forma. Salvo que aparezca algo de m&#225;s en esa imagen, algo que no deber&#237;a aparecer en el reflejo y de eso resulta la ominosa sensaci&#243;n de desconocimiento o despersonalizaci&#243;n, de sentir que ese cuerpo no es propio. Hay experiencias muy fuertes, como la que ilustra el pasaje en que Einer compone una pose que esconde el pene para poder reconocerse&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;En El Seminario 10 La Angustia, Lacan se refiere a estos fen&#243;menos en la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Pero tambi&#233;n existen experiencias atenuadas de esta vacilaci&#243;n del espejo&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Les habr&#225; pasado alguna vez que se cortaron el pelo, o cambiaron de peinado (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Entonces, el trabajo que Einer se toma frente al espejo no es una cuesti&#243;n de narcisimo o vanidad. Es un trabajo estructurante de la subjetividad, que en general se toman los seres hablantes con mayor o menor fortuna.&lt;br class='autobr' /&gt;
Suele decirse que las mujeres pasan m&#225;s tiempo frente al espejo que los hombres. Podr&#237;a tener alguna raz&#243;n. Los seres hablantes que asumen una posici&#243;n femenina se encuentran en una encrucijada. Una mujer nunca es id&#233;ntica consigo misma, siempre es un poco Otra para s&#237; misma. Las horas en el espejo podr&#237;an ser el intento de atenuar esa otredad. Un intento de atemperar esa alteridad radical. Otro modo de atenuar la alteridad propia de la feminidad es hacer consistir la figura de la otra mujer. La otra mujer es un recurso muy explotado en la histeria. Para acceder a esa otra mujer, la histeria toma a un hombre como relevo. Ese hombre es un hombre de paja, seg&#250;n la denomina Lacan. Es decir que la histeria se sirve de un hombre para que este le traiga a la otra mujer. En la pel&#237;cula se ven dos procedimientos que podr&#237;amos llamar hist&#233;ricos. Uno es el que Gerda practica al pintar el rostro de Lili, apoyada en el rostro de Einer, su marido. Es un pedido insistente, una solicitud imperativa. Consigue encontrar la otra en ese rostro. El otro procedimiento hist&#233;rico se ve cuando Gerda est&#225; en su propia exposici&#243;n en Par&#237;s. Un hombre se le acerca para abordarla, es un amigo que nunca ha disimulado demasiado sus intenciones. Ella lo rechaza. &#201;l sigue camino por unas escaleras y se acerca a otra mujer, para susurrarle seductoramente algo en el o&#237;do. Eso la angustia terriblemente a Gerda, que sale corriendo de la sala a caminar bajo la lluvia. La angustia y la orienta respecto de su deseo. La siguiente escena la muestra en otra escalera, en el lugar de la otra mujer, esperando al caballero, para arrojarse en sus brazos. La pregunta por la feminidad queda as&#237; enmarcada, al modo hist&#233;rico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por otro lado, el velo es un motivo que atraviesa toda la historia. Est&#225; en el lienzo que soporta la pintura, en la chalina, en el dosel de la cama matrimonial, en los vestidos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la historia aparece un primer velo. El que ubiqu&#233; en la pintura monotem&#225;tica de Einer. Esa pintura vela, es decir cubre y se&#241;ala al mismo tiempo su primer encuentro con el goce sexual. Es un velo que funciona hasta que ocurre otro peque&#241;o- gran acontecimiento. Se perturba por primera vez, cuando Gerda le pide que pose, en lugar de Ulla, la bailarina. Entonces aparece otra tela, la del vestido. Con esta substituci&#243;n del lienzo por los tules se produce un cambio de posici&#243;n respecto de la mirada. No es &#233;l quien mira (el paisaje), &#233;l es ahora mirado. Al posar para el retrato se posiciona como objeto de una mirada, la de Gerda, que es una mirada que lo anima, lo empuja a tomar los tules. Entonces en el relato ocurre algo muy particular. La c&#225;mara toma el punto de mira de Einer, asume ese punto de vista y recorre los tules y las piernas con una imagen fuera de foco. Es una imagen borrosa. Es la primera conmoci&#243;n del velo. El velo, seg&#250;n esta lectura, se rasga, deja de cumplir su funci&#243;n, cuando vuelve a encontrarse con el beso de un hombre. Va a la fiesta de los artistas vestido de Lili. All&#237; se encuentra con Henrik Sandahl, salen del sal&#243;n y ocurre algo que desbarata el velo que hasta aqu&#237; ven&#237;a funcionando. Al punto que comienza a sangrarle la nariz. Acto seguido se lo ve pintando un paisaje que si bien conserva alguna reminiscencia del anterior, los colores y las formas se han alterado. Llegar&#225; a decir en alg&#250;n momento de la historia &#8220;Ya no recuerdo el paisaje, ya no recuerdo Vejle&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Encontr&#233; una referencia en un texto del psicoanalista franc&#233;s J.-A. Miller sobre el tema del velo. En un texto que se titula &#8220;Los divinos detalles&#8221; (2010), este l&#250;cido comentador de Lacan, se&#241;ala que se podr&#237;a distinguir la funci&#243;n que cumple el velo en la posici&#243;n femenina y en la posici&#243;n transexual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La posici&#243;n femenina, puede usar el velo bajo la forma del postizo. Es una forma del velo que hace creer que hay algo que no hay. La posici&#243;n femenina puede usar el maquillaje, la peluca, las ropas llamativas, el &lt;i&gt;push up&lt;/i&gt; de los corpi&#241;os, y cuanto chirimbolo sea necesario, tratando de velar la ausencia de un significante que le permitir&#237;a ser id&#233;ntica a s&#237; misma. Los seres que asumen esta posici&#243;n lo hacen a riesgo de tener que inventar algo, justo all&#237; donde este significante falta. Justo donde falta la palabra que despejar&#237;a el enigma de qu&#233; es ser una mujer. El velo es el disfraz que viene a tapar lo que no se sabe, &lt;i&gt;&#191;qu&#233; es ser una mujer?&lt;/i&gt; Es algo de lo que no se puede decir demasiado. Cada mujer hace su intento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cambio, el uso del velo en la posici&#243;n transexual viene a tapar lo que s&#237; hay. Porque llamaremos, desde esta perspectiva del psicoan&#225;lisis lacaniano, posici&#243;n transexual a esa posici&#243;n que s&#237; sabe que es una mujer, s&#237; tiene un significante para nombrarse y, como s&#237; tiene significante, el velo trans viene a tapar lo que s&#237; hay. El velo es el disfraz que viene a realizar lo que s&#237; se sabe. Se sabe que se es mujer y no hombre. En la pel&#237;cula, Einer sabe que es una mujer y no un pervertido, ni un homosexual, ni un esquizofr&#233;nico, tal como los hombres de ciencia le quieren hacer creer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Al final&#8230;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La posici&#243;n sexual no depende de la herencia biol&#243;gica, ni de las determinaciones culturales, pero tampoco es la libre elecci&#243;n de un yo aut&#243;nomo. Quiero decir que ser&#237;a una ilusi&#243;n pensar que podemos elegir qu&#233; posici&#243;n tomar a partir del cat&#225;logo de las clasificaciones, como si fuera un men&#250;. La posici&#243;n sexuada requiere de una asunci&#243;n. Tomo este t&#233;rmino de la ense&#241;anza de Lacan. La asunci&#243;n implica aceptar una responsabilidad. Es decir aceptar y responder por las marcas de goce que singularizan a cada ser hablante. Responder por esas marcas que son tan &#237;ntimas y a la vez tan extra&#241;as. La asunci&#243;n de la posici&#243;n sexuada es una tarea que cada ser hablante tiene.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1971-1972 [2012]) &#8220;&#8230;o peor&#8221; en &lt;i&gt;El Seminario de Jacques Lacan. Libro 19.&lt;/i&gt; Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1998) &#8220;El estadio del espejo como formador de la funci&#243;n del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanal&#237;tica&#8221; en &lt;i&gt;Escritos 1&lt;/i&gt; Buenos Aires: Siglo XXI.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Miller, J.A. (2010) &#8220;Los Divinos detalles&#8221; en &lt;i&gt;Los Cursos Psicoanal&#237;ticos de Jacques-Alain Miller&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Milner, J. C. (1999) &lt;i&gt;Los nombres indistintos&lt;/i&gt;. Buenor Aires: Manantial.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Sostiene Lacan en &lt;i&gt;El Seminario 19:&lt;/i&gt; &#8220;(&#8230;) el sexo no define ninguna relaci&#243;n en el ser hablante&#8221; (p, 13). Luego, en la p&#225;gina 17 del mismo Seminario, refiere que el error com&#250;n es reducir el falo al &#243;rgano, tratando de forzar esa reducci&#243;n se pierde de vista que el significante es causa de goce y el falo es su significado.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Es frecuente leer que Diego Rivera pinta la Revoluci&#243;n y Frida Kahlo las desventuras &#237;ntimas de un cuerpo femenino. De m&#225;s est&#225; decir que esa es una reducci&#243;n que breva de una ideolog&#237;a simplista y naturalizante.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;En &lt;i&gt;El Seminario 10 La Angustia&lt;/i&gt;, Lacan se refiere a estos fen&#243;menos en la p&#225;gina 133, dice: &#8220;(&#8230;) entre los fen&#243;menos que acompa&#241;an la angustia los m&#225;s conocidos son los de despersonalizaci&#243;n. Son precisamente los fen&#243;menos m&#225;s contrarios al yo en cuanto tal&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Les habr&#225; pasado alguna vez que se cortaron el pelo, o cambiaron de peinado y al pasar por una vidriera no se reconocen de buenas a primeras.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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