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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>If this is a father</title>
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		<dc:date>2018-05-13T00:56:51Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Nuria Girona Fibla</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;In the film by L&#225;szl&#243; Nemes, Son of Saul (2015), the main character finds a dying child who has survived the gas chamber at Auschwitz-Birkenau camp, whom a SS doctor suffocates with his own hands. The scene of this murder confronts Saul (G&#233;za R&#246;hrig) within his limits as a living being; then he decides with determination that this body will not be added to the machinery of death which is the death camp and desperately looks for a rabbi to bury him. This article analyzes the enigmatic obstinacy of this character in relation to the limits of human life that Nazism put on the line Nazism, and to the visual boundaries of horror representation that the film presents. Because precisely, in the radical meeting point between the edge of the images and the edge of death, a space to imagine human life, despite everything, it's opened up.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt;: L&#225;szl&#243; Nemes | Son of Saul | Shoah | Auschwitz-Birkenau | horror&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-6-No-3-" rel="directory"&gt;Volumen 06 | N&#186; 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Valencia&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Si-esto-es-un-padre' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Si esto es un padre&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Si esto es un padre</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Si-esto-es-un-padre</link>
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		<dc:date>2018-05-07T23:47:03Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Nuria Girona Fibla</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la pel&#237;cula de L&#225;szl&#243; Nemes, El hijo de Sa&#250;l (2015), el protagonista encuentra a un ni&#241;o agonizante que ha sobrevivido a la c&#225;mara de gas en el campo de Auschwitz-Birkenau y a quien despu&#233;s un m&#233;dico de las SS asfixia con sus propias manos. La escena de este asesinato confronta a Sa&#250;l (G&#233;za R&#246;hrig) en sus l&#237;mites como viviente; decide con determinaci&#243;n entonces que este cad&#225;ver no se sumar&#225; a la maquinaria de muerte que es el campo de exterminio y busca desesperadamente un rabino para enterrarlo. Este art&#237;culo analiza la enigm&#225;tica obstinaci&#243;n de este personaje en relaci&#243;n con los l&#237;mites de la vida humana que puso en juego el nazismo y con los l&#237;mites visuales de la representaci&#243;n del horror que presenta el film. Porque justamente, en el radical punto de encuentro entre el borde de las im&#225;genes y el borde de la muerte se abre un espacio para imaginar, pese a todo, la vida humana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt;L&#225;szl&#243; Nemes | El hijo de Sa&#250;l | Shoah | Auschwitz-Birkenau | horror&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/If-this-is-a-father' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-6-Nro-3-" rel="directory"&gt;Volumen 06 | Nro 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Valencia&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;En la pel&#237;cula de L&#225;szl&#243; Nemes, &lt;i&gt;El hijo de Sa&#250;l&lt;/i&gt; (2015), el protagonista encuentra a un ni&#241;o agonizante que ha sobrevivido a la c&#225;mara de gas en el campo de Auschwitz-Birkenau y a quien despu&#233;s un m&#233;dico de las SS asfixia con sus propias manos. Empieza entonces una carrera desesperada para Sa&#250;l Ausl&#228;nder (G&#233;za R&#246;hrig). Ya no cesar&#225; en su empe&#241;o por buscar un rabino entre los presos para enterrarlo seg&#250;n las leyes jud&#237;as: roba el cad&#225;ver, lo esconde, carga con &#233;l, afirma que se trata de su hijo. En su af&#225;n por sepultarlo, pone en peligro los planes de huida del &lt;i&gt;sonderkomando&lt;/i&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;En el pregen&#233;rico de la pel&#237;cula se nos informa sobre la labor de estos (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; al que pertenece. Uno de sus compa&#241;eros lo increpa: &#8220;vas a conseguir que nos maten&#8221;: &#233;l responde inexpresivamente: &#8220;ya estamos muertos&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula de Nemes ha reavivado el debate acerca de la representaci&#243;n del genocidio nazi, en especial el que enfrent&#243; a Didi Huberman con Claude Lanzman a prop&#243;sito del valor documental de las im&#225;genes de archivo y la exhibici&#243;n de cuatro fotograf&#237;as tomadas clandestinamente en dicho campo&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;En concreto, la pol&#233;mica surge a ra&#237;z de la exposici&#243;n organizada por (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; (a las que el film tambi&#233;n alude). Pero la particular puesta en escena de este director parece haber reconciliado sus posiciones enfrentadas. El propio Lanzmann ha mostrado su aprobaci&#243;n (Blotti&#232;re: 2015) y Didi Huberman, en la carta p&#250;blica (2016) que dirige a Nemes, retoma entre elogios los planteamientos con los que ya respondiera en su momento a la pol&#233;mica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero m&#225;s que volver a la controversia sobre sobre la posibilidad de representar el horror de los campos, me interesa reorientar esta cuesti&#243;n alrededor de las figuraciones de la muerte que la pel&#237;cula presenta y alrededor de la enigm&#225;tica obstinaci&#243;n de su protagonista, una cuesti&#243;n que enlaza los l&#237;mites de la vida humana que puso en juego el nazismo con la propuesta visual de Nemes. Porque justamente, en el radical punto de encuentro entre el borde de las im&#225;genes y el borde de la muerte se abre un espacio para imaginar, pese a todo, esa vida humana.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_535 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L258xH196/el_hijo_de_saul1-041b0.jpg?1775191680' width='258' height='196' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Como sucede en las fotos clandestinas tomadas en Birkenau, en la pel&#237;cula, el espectador no ve, s&#243;lo atisba. Cuando comienza solo se escucha el canto de un p&#225;jaro; despu&#233;s, murmullos, lamentos y ladridos de perros crecen en intensidad hasta que un silbido interrumpe el canto. La pantalla aparece difuminada, apenas se distingue el verde de un bosque y sombras imprecisas, confusas que, a medida que se aproximan, adquieren su condici&#243;n de seres humanos, hasta que el rostro de Sa&#250;l, perfectamente perfilado al entrar en foco, ocupa todo el plano. Desde ese momento los seguiremos de cerca, la c&#225;mara pr&#225;cticamente ya no abandonar&#225; su cara o su espalda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El plano contin&#250;a mientras Sa&#250;l avanza y a su alrededor siguen los lamentos, los gritos de &#243;rdenes en alem&#225;n, los sonidos met&#225;licos&#8230; ruidos informes como las figuras desenfocadas del que ya se adivina como un campo de exterminio al que van llegando los prisioneros. Cuando el personaje se detiene para descansar y se apoya contra una pared, vemos de nuevo su cara y c&#243;mo ante &#233;l pasan velozmente decenas de figuras borrosas de hombres, mujeres y ni&#241;os, antes del cierre de una puerta y la cola en negro que precede al t&#237;tulo de la pel&#237;cula. En la siguiente secuencia, ya en la antesala de la c&#225;mara de gas, la escena se repite: mientras Sa&#250;l se apoya en la pared, esas figuras (ahora desnudas) son empujadas hacia una puerta que nuevamente se cierra. Observamos su rostro que ocupa por completo de nuevo el encuadre, se escuchan los golpes y gritos procedentes del interior de la c&#225;mara que resuenan en aumento hasta que la pantalla queda, otra vez, en la oscuridad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El sonido sugiere as&#237; lo que la imagen niega a la vista, siempre emborronada, deliberadamente cerrada en el formato de 1:37,1 y a escasos cent&#237;metros de su protagonista. La propuesta visual que, en palabras de Nemes, reduce &#8220;el alcance de lo visible&#8221; para relatar &#8220;la experiencia visceral de estar en un campo de concentraci&#243;n&#8221; (en Pena, 2016: 7) muestra por elusi&#243;n el horror del exterminio. Los cortes iniciales, con sus correspondientes pausas en negro, dan cuenta fragmentariamente de la maquinaria de muerte del campo, en donde la cadena de acciones debe cumplirse implacablemente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La atm&#243;sfera asfixiante, la imposibilidad de ver, el sonido ensordecedor y disociado de la imagen, etc. construyen no tanto la historia de un deportado sino su vivencia en esas circunstancias. Las formas no se distinguen con nitidez. La percepci&#243;n fallida apunta a los l&#237;mites de la visi&#243;n humana y de la representaci&#243;n f&#237;lmica, as&#237; como a los contornos de la vida: sombras, borrones, bultos&#8230; las huellas de lo real son las huellas de lo inhumano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No es casual la elecci&#243;n del director de rodar &#237;ntegramente en pel&#237;cula de 35 mm. La preferencia del soporte anal&#243;gico tiene que ver con la materialidad que proporciona el grano y la profundidad de la imagen fotoqu&#237;mica, en contraste con la digital &#8220;que est&#225; fijada en pixels y que no est&#225; viva, es materia muerta&#8221; (Nemes en Pena, 2016: 8). Este medio permite hacer del cine &#8220;un proceso hipn&#243;tico y fisiol&#243;gico&#8221; apunta Nemes (en Pena, 2016: 7). La textura del detalle y la imperfecci&#243;n de la pel&#237;cula fotogr&#225;fica componen as&#237; una &#8220;materia viva&#8221; frente a la descomposici&#243;n del campo y a la muerte que todo lo invade, articulan a la vez relato y experiencia en la inmersi&#243;n subjetiva a la que nos arrastran. Didi Huberman ha caracterizado esta articulaci&#243;n como una &#8220;relaci&#243;n de tactilidad con el espectador&#8221; (2016: 15), en lo que la pel&#237;cula &#8220;nos toca&#8221;, aunque lo que quisiera destacar es la implicaci&#243;n sensorial que convoca al cuerpo de ese espectador en una historia en donde precisamente los cuerpos quedan borrados o reducidos a la materialidad del cad&#225;ver.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En ese sentido, la delimitaci&#243;n de la distancia respecto a lo filmado, de c&#243;mo y hasta qu&#233; punto mostrarlo, se erige como cuesti&#243;n crucial de un film empe&#241;ado, como Sa&#250;l, en buscar el &#250;ltimo reducto de humanidad. Si en los l&#237;mites de lo audible y lo visible se juegan los l&#237;mites de lo humano, en su obcecaci&#243;n se miden igualmente la muerte y la vida.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_536 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH175/el_hijo_de_saul2-cff35.jpg?1775191680' width='354' height='175' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Robar (a) la muerte&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La secuencia en la que Sa&#250;l contempla el asesinato del ni&#241;o se registra en la pel&#237;cula mediante uno de sus escas&#237;simos planos generales y uno de los pocos con fondo n&#237;tido, un &#233;nfasis que se&#241;ala una cesura narrativa en la dram&#225;tica del filme y que detiene, por un momento, la maquinaria de la &#8220;industria planificada de la muerte&#8221; (S&#225;nchez Biosca, 2006: 139).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque nuestra mirada contempla lo mismo que &#233;l, no sabemos exactamente qu&#233; ve, qu&#233; se encarna en esta visi&#243;n (como no sabemos nada de su vida de antes de la llegada al campo). De pronto, de entre todos los cad&#225;veres an&#243;nimos que ha arrastrado y amontonado, surge este ni&#241;o. No es m&#225;s que un ni&#241;o y ha visto su rostro, el &#250;nico en el que la c&#225;mara, por cierto, se detiene. De pronto ha visto tambi&#233;n la cara de quien lo mata, en medio del anonimato y la impunidad con el que se ejerce el poder de la muerte en su entorno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La escena confronta a Sa&#250;l en sus l&#237;mites como viviente, lo enfrenta quiz&#225;s al automatismo de sus acciones en esta maquinaria y decide con determinaci&#243;n que este cad&#225;ver no se sumar&#225; a la cadena: &#8220;asume la voluntad de llevar un &#250;nico muerto&#8221; (Huberman, 2016: 22).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_537 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/el_hijo_de_saul_3.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/el_hijo_de_saul_3.jpg?1754362420' width='500' height='210' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Su af&#225;n por enterrar a este ni&#241;o supone por su parte un intento por restaurar la integridad de su muerte. No le devolver&#225; la vida pero s&#237; la humanidad que le ha sido arrebatada casi por tres veces (en la c&#225;mara de gas, a manos del m&#233;dico, al punto del horno crematorio). Igualmente su reconocimiento como hijo le otorga una filiaci&#243;n que lo salva de su destino de despojo an&#243;nimo. No ser&#225; ceniza extraviada ni cuerpo apilado entre otros, ser&#225; el &lt;i&gt;hijo de Sa&#250;l&lt;/i&gt;, honrado en sus exequias, llorado en el &lt;i&gt;Kaddish&lt;/i&gt;. Saber qui&#233;n es el difunto y d&#243;nde est&#225; su tumba asegura una inscripci&#243;n simb&#243;lica individual y comunitaria a ese resto expulsado tanto de la muerte como del universo de los vivos. La sepultura permite, parad&#243;jicamente, recuperar la existencia de este infante como mortal y conservar lo que de incorruptible tiene como sujeto. En ese gesto se cifra el rescate de una muerte como muerte humana y de una vida vivida como tal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; &#8220;Ya estamos muertos&#8221; afirma Sa&#250;l y en su respuesta resuenan las palabras de Giorgio Agamben: &#8220;En Auschwitz no se mor&#237;a, se produc&#237;an cad&#225;veres&#8221; (2000:74). El campo es ese lugar donde la muerte es reemplazada por la fabricaci&#243;n de cad&#225;veres, all&#237; donde el hombre deja de ser hombre y su muerte deja de ser una muerte, literalmente exterminada. La eficacia del sistema concentracionario no reside solo en la capacidad de matar a este ni&#241;o y los siguientes, a Sa&#250;l y a todos los jud&#237;os, sino en c&#243;mo la desapropiaci&#243;n de la propia muerte destruye lo espec&#237;ficamente humano: &#8220;Cad&#225;veres sin muerte, no-hombres cuyo fallecimiento es envilecido como producci&#243;n en serie. Es justamente esta degradaci&#243;n de la muerte lo que constituye el ultraje espec&#237;fico de Auschwitz, el nombre propio de su horror&#8221; (Agamben, 2000:74).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta sustracci&#243;n iba del cuerpo (gaseado, volatilizado, eliminado) al significante. &#8220;Soluci&#243;n final&#8221; fue el rodeo que tom&#243; la palabra. Uno de los testigos de Shoah (Lanzman, 1985) relata la prohibici&#243;n de utilizar los t&#233;rminos &#8220;muerto&#8221; o &#8220;v&#237;ctima&#8221; para nombrar a los jud&#237;os asesinados: &#8220;los alemanes nos impon&#237;an decir, en lo que hace referencia a los cuerpos, que se trataba de figuras (&lt;i&gt;Figuren&lt;/i&gt;), es decir, de marionetas, de mu&#241;ecas, o de trapos (&lt;i&gt;Schmattes&lt;/i&gt;)&#8221;. &lt;i&gt;St&#252;cke&lt;/i&gt; (piezas o trozos de carne muerta) destaca de entre las &#243;rdenes en alem&#225;n que escuchamos en la pel&#237;cula. Como &lt;i&gt;sonderkomando&lt;/i&gt;, Sa&#250;l es &#8220;portador del secreto&#8221;, conoce bien lo que esconden las recomendaciones que los soldados de la SS hacen a los jud&#237;os antes de entrar a las falsas duchas. Se necesita al menos de un cuerpo que no desaparezca sin dejar rastro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Ya estamos muertos&#8221;: la r&#233;plica del protagonista reconoce en &#233;l mismo la condici&#243;n de quien se propone soterrar. Anticipa el m&#225;s que previsible final que le espera en el campo y que se propone evitar para este semejante con el que se ha cruzado. &#8220;Cad&#225;ver sin muerte&#8221; se refiere tanto al ni&#241;o, en la desapropiaci&#243;n de una forma de morir como a &#233;l mismo, en la manera de vivir en el campo, como si nada separara un cuerpo sin vida del muerto viviente en el que se aloja.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cualquier caso, la &#8220;Soluci&#243;n final&#8221; engloba, bajo un mismo plan de aniquilaci&#243;n, tanto a los campos de concentraci&#243;n como a los de exterminio. Poder de hacer vivir y poder de hacer morir confluyen en esta respuesta, en la deriva que va de la biopol&#237;tica a la tanatopol&#237;tica,&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;En relaci&#243;n a la ya cl&#225;sica f&#243;rmula de Michel Foucault que describ&#237;a la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; hasta que el cad&#225;ver de este ni&#241;o que regresa de la muerte viene a trazar otros l&#237;mites. Desde esta perspectiva, la pel&#237;cula de Nemes plantea la potencia del deceso revertido en aliento, en el intento de Sa&#250;l de inscribir en la vida una zona muerta y en la muerte, una zona viva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando los cad&#225;veres no son m&#225;s que desechos informes que ocultar o fabricar industrialmente, volver a lo elemental y dar sepultura a un ni&#241;o se convierte en un acto de resistencia. La ceremonia funeraria no solo restituir&#225; el hurto de humanidad a este infante, tambi&#233;n convoca a Sa&#250;l a recuperar esa vida que le ha sido privada ferozmente y a la que se aferra. Por algo, a diferencia de los animales, solo los humanos entierran a sus muertos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ser padre para estar vivo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es Sa&#250;l quien pone a salvo la c&#225;mara con la que uno de sus compa&#241;eros ha logrado tomar fotograf&#237;as del campo, en alusi&#243;n a las que tomara el &lt;i&gt;sonderkomando&lt;/i&gt; conocido como Alex, en agosto de 1944. Una de estas instant&#225;neas, la que quedaba enmarcada por el umbral de la puerta de acceso a la c&#225;mara de gas, se integra como imagen f&#237;lmica en el transcurso del relato. No es solo el testimonio de lo en ella apenas vemos lo que prima Nemes en este tributo sino las circunstancias en la que la fue tomada, al poner en escena el &#8220;bastidor&#8221; que la posibilit&#243; y los riesgos que conllev&#243;. Tal y como describi&#243; Didi Huberman: &#8220;este aparece como el umbral parad&#243;jico de un interior (la c&#225;mara de muerte que protege, justo en ese momento, la vida del fot&#243;grafo) y de un exterior (la innoble incineraci&#243;n de las v&#237;ctimas apenas gaseadas). Ofrece el equivalente de la enunciaci&#243;n en la palabra de un testigo&#8221; (2004: 65).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_538 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L263xH192/el_hijo_de_saul_4-9b94b.jpg?1775191680' width='263' height='192' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;No es accidental que el argumento de la pel&#237;cula trame a la par el intento de Sa&#250;l con el intento de fuga de los &lt;i&gt;sonderkommando&lt;/i&gt; ni en hacerlos coincidir con estas instant&#225;neas, como si de distintas formas de resistencia se tratara y como si en distintas l&#237;neas del relato se movilizara una salida del campo. Aunque en contraste con estas posibilidades, el prop&#243;sito de Sa&#250;l parece suicida y en contra de todo y de todos, &#8220;un gesto a contracorriente del imperativo `pol&#237;tico&#180; (sacar fotos para dar testimonio) y del imperativo de la supervivencia (trabajar para la fuga)&#8221; (Heredero, 2016: 11).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El interrogante de la pel&#237;cula se refiere desde luego a c&#243;mo sobrevivir en el campo pero llega m&#225;s lejos: &#191;en qu&#233; consiste estar vivo? La interrogaci&#243;n se origina del lado de la privaci&#243;n extrema y la necesidad de huida. Pero el trayecto en el que acompa&#241;amos a Sa&#250;l es otro: se plantea del lado de un deseo. Un deseo que surge en su absoluta destituci&#243;n como ser humano. Un deseo loco porque todo lo embarga y pone en peligro la vida. Un deseo extra&#241;o, absurdo, desesperado. La secuencia del momento de la fuga en la que atraviesa el campo, cargado con el bulto del ni&#241;o, en medio del fuego cruzado, exponi&#233;ndose a la muerte por este cad&#225;ver (por la muerte misma), revela con toda su intensidad este desprop&#243;sito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No olvidemos que en ning&#250;n momento se nos asegura que ese ni&#241;o sea su hijo. La c&#225;mara que en todo momento lo acompa&#241;a y la restricci&#243;n de lo visible que antes comentaba no solo dan cuenta de la experiencia infernal del campo, tal y como planteaba antes, la borradura nos hace dudar tambi&#233;n de los l&#237;mites subjetivos en los que Sa&#250;l se mueve y de los contornos de la realidad y su rapto. Quiz&#225;s sea preciso inventar una enajenaci&#243;n mayor que aquella a la que el campo aboca para sobrevivir en &#233;l, un borde en el que, frente a la inexistencia de la muerte nazi, Sa&#250;l opone la irrealidad de un hijo muerto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Porque de eso se trata, de una invenci&#243;n, a falta de mejor nombre. Sa&#250;l se inventa un hijo y su p&#233;rdida, se inventa como padre doliente. Es el sujeto mismo el que est&#225; en juego, pero desde ese lado, la supervivencia nunca es independiente de un otro como objeto de amor, lo cual parece ins&#243;lito en este medio. Eso recuerda Sa&#250;l: que si hay otro, hay sujeto (ese otro necesario para constituirse como uno mismo). M&#225;s todav&#237;a si ese otro se ha perdido. Hay p&#233;rdida porque hay sujeto, esa herida lo despierta. Y ese otro amado, perdido, no es cualquiera, es un hijo, una parte de s&#237; mismo, una descendencia truncada. Puede que este otro sea del orden de la alucinaci&#243;n (siempre lo es), no importa para reconocerse en &#233;l y recomponer el perfil de una &lt;i&gt;imago humana&lt;/i&gt; donde se declar&#243; muerto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sa&#250;l rescata de este modo ya no el cad&#225;ver del ni&#241;o sino un resto que hace l&#237;mite y abre una brecha fantasm&#225;tica en esa &#8220;ejecuci&#243;n sin resto&#8221; (Nancy, 2006: 62) que impuso el nazismo.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El saber de que nada de los campos puede ser representado, puesto que fue la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tampoco tiene nombre el fantasma de esta invenci&#243;n. Frente a palabras como &#8220;viudo&#8221; o &#8220;viuda&#8221; que designan a aquel que sobrevive a un c&#243;nyuge; o &#8220;hu&#233;rfano&#8221;, para quien ha perdido a sus progenitores, no existe nominaci&#243;n para quien ha sobrevivido a un hijo, aparte de que Sa&#250;l apenas habla, no nombra jam&#225;s su deseo. En eso, dicho sea de paso, se separa de Ant&#237;gona, puesto que m&#225;s all&#225; del deber de enterrar a sus muertos, el dilema aqu&#237; no se entabla entre el estado y la familia ni Sa&#250;l cuenta con margen de elecci&#243;n en su destino, si tenemos en cuenta que Ant&#237;gona decide morir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tomemos de momento la cruzada que emprende en tanto responsabilidad y forma de duelo: responsable de reponer la inscripci&#243;n simb&#243;lica de ese ni&#241;o que a su vez restituye la suya propia y lo nombra como padre; duelo que requiere de dolor, a pesar de la inexpresividad del personaje. M&#225;s que un sentimiento, ese dolor le confiere cierta consistencia en medio de esa liquidaci&#243;n subjetiva a la que ha sido expuesto. El duelo es tambi&#233;n una apelaci&#243;n a los recursos simb&#243;licos que implica elaborar una p&#233;rdida, eso que caracteriza a lo humano. Pero Sa&#250;l no dispone m&#225;s que de un cad&#225;ver, un despojo transfigurado en hijo perdido, punto ciego del amontonamiento indiscriminado de cuerpos muertos que lo rodean.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todo duelo tiene algo de negaci&#243;n de la muerte del otro. Solo que aqu&#237;, el desmentido no es por la ausencia en lo real del hijo. El desmentido es por &lt;i&gt;lo real&lt;/i&gt; del campo, por &lt;i&gt;lo real de la muerte&lt;/i&gt; en el campo, hasta tal punto que lo que atisba en este cad&#225;ver le permite seguir viviendo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_539 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH177/el_hijo_de_saul_5-cbc3f.jpg?1775191680' width='354' height='177' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La muerte como apertura a la ausencia&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al final de la pel&#237;cula, Sa&#250;l tiene que soltar el cuerpo del ni&#241;o en el r&#237;o, en una separaci&#243;n en la que pierde tanto su objeto de amor como su objeto de duelo. Poco despu&#233;s morir&#225;, en la contingencia de una muerte que no es la del campo pero s&#237; la de su huida y que tampoco dejar&#225; vestigio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La posibilidad de cualquier legado queda as&#237; truncada. Los dos muertos terminan fuera de su propia cadena familiar, interrumpen el ciclo humano de la vida y su ordenamiento simb&#243;lico (sin tumba, sin memoria, &#191;sin herederos?). Una descendencia imposible en d&#243;nde nada queda, ya no por los padres, madres e hijos que murieron sino por los que nunca vendr&#225;n, dado que la probabilidad de progenie ha sido cancelada y con ella lo irreductible de su transmisi&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta pura ausencia de porvenir se plantea en t&#233;rminos de violenta fractura en la que la paternidad abortada no solo anula un linaje biol&#243;gico sino el potencial humano que la fabul&#243;. Eso pone en escena la pel&#237;cula: tanto lo que fue Auschwitz como lo que no dej&#243; advenir, los que murieron y los que nunca nacieron.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;El hijo de Sa&#250;l es el v&#225;stago que no pudo ser. El mismo que evoc&#243; Imre (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Una discontinuidad que arrasa con un futuro y su memoria, con la memoria de futuro misma, podr&#237;amos decir. Si en &lt;i&gt;Shoah&lt;/i&gt; (Lanzman, 1985) todo gira en torno a la ausencia de huellas de lo ocurrido y cede la palabra a los que regresaron, &lt;i&gt;El hijo de Sa&#250;l&lt;/i&gt; hace del devenir una ausencia, en donde lo inimaginable no se refiere solo a lo que tuvo lugar sino a lo que no pudo ser, invocando a los que no llegaron.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se trata por tanto de un asunto de herencia. Sa&#250;l es ahora un cuerpo por enterrar, como el del ni&#241;o a la deriva del r&#237;o y como el que &#233;l mismo encontr&#243;. Quedamos en ese sentido, en duelo, ah&#237; donde memoria, olvido, inscripci&#243;n y borradura crean una comunidad de cuerpos, con las implicaciones pol&#237;ticas que conlleva el v&#237;nculo por la p&#233;rdida. Un relevo de duelo que no se obtura en su dimensi&#243;n melanc&#243;lica sino en su apertura a la vulnerabilidad, a la dependencia mutua y a la responsabilidad, a la necesaria transformaci&#243;n que implica elaborar su p&#233;rdida.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La propuesta corresponde a Judith Butler, en &#8220;Violencia, luto, pol&#237;tica&#8221;, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una comunidad en duelo como condici&#243;n de comunidad incompleta, que hace de su com&#250;n la muerte, una muerte que no posee pero que comparte:&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Una comunidad que hace de su com&#250;n &#8220;aquello que no es propio, que es de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; por los que murieron y por los que no.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por &#250;ltimo, si de herencia se trata, es preciso aludir a la secuencia final de la pel&#237;cula, en la que un ni&#241;o surge del bosque y Sa&#250;l sonr&#237;e, antes de que escuchemos los disparos que, cegados a la vista, suponemos que terminan con &#233;l. Frente al cuerpo del infante muerto, la mirada asombrada de este ni&#241;o que logra escapar, sellado para siempre por lo que ha visto. Nuevamente no sabemos si se trata de un doble alucinado del hijo cuya vuelta a la vida reemplaza a la multitud inabarcable de las v&#237;ctimas o el asomo de una promesa de vida que no volver&#225; a ser la misma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Qu&#233; nos queda? El relato de un padre imposible y de sus &#250;ltimas horas en el infierno del campo, de un ser padre para estar vivo, de una ficci&#243;n de la supervivencia y de la supervivencia de la ficci&#243;n en este espacio de muerte. La funci&#243;n filiatoria que Sa&#250;l logr&#243; inscribir en un lenguaje que la pel&#237;cula toma a su cargo, en el exterminio de toda filiaci&#243;n del discurso. &#8220;La cuesti&#243;n se asemeja: c&#243;mo ser padre o c&#243;mo escribir despu&#233;s de Auschwitz&#8221;. Llam&#233;mosle invenci&#243;n, locura, cine o, sencillamente, posibilidad de engendrar a partir de un futuro perdido para siempre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agamben, Giorgio (2000) [1999]. Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo sacer II. Valencia: Pre&#8211;Textos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Blotti&#232;re, Mathilde (2015). &#8220;Claude Lanzmann: Le Fils de Saul est l'anti-Liste de Schindler&#8221;. T&#233;l&#233;rama du 24 mai 2015. Disponible en &lt;a href=&#034;http://www.telerama.fr/festival-de-cannes/2015/claude-lanzmann-le-fils-de-saul-est-l-anti-liste-de-schindler,127045.php&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://www.telerama.fr/festival-de-cannes/2015/claude-lanzmann-le-fils-de-saul-est-l-anti-liste-de-schindler,127045.php&lt;/a&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Brocca Michel (2016). &#8220;Quise evitar toda posibilidad de espect&#225;culo&#8221;. Disponible en: &lt;a href=&#034;http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/38095-9055-2016-02-25.html&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/espectaculos/subnotas/38095-9055-2016-02-25.html&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Butler, Judtih (2006) [2004]. Vida precaria. El poder del duelo y la violencia. Trad. Ferm&#237;n Rodr&#237;guez. Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Didi-Huberman, Georges (2004) [2003]. Im&#225;genes pese a todo. Memoria visual del holocausto. Trad. Mariana Miracle. Barcelona: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(2016). &#8220;Salir de la oscuridad&#8221;, Caim&#225;n. Cuadernos de cine 45 (96), pp. 15-28.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esposito, Roberto (2009) [2008]. Comunidad, inmunidad y biopol&#237;tica. Trad. Alicia Garc&#237;a Ruiz. Madrid: Herder.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Foucault, Michel (2000) [1997]. Defender la sociedad. Curso en el Coll&#232;ge de France (1975&#8211;1976). Trad. Horacio Pons. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&#243;mica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Heredero, Carlos F (2016), El hijo de Sa&#250;l. La resistencia moral, Caim&#225;n. Cuadernos de cine 45 (96), pp. 10 - 11.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kovacsics, Violeta (2016). &#8220;El arte como descendencia&#8221;, Caim&#225;n. Cuadernos de cine 45 (96), pp. 12-14.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nancy, Jean-Luc (2006) [2006].. La representaci&#243;n prohibida, seguido de La Shoah, un soplo. Trad. Margarita Mart&#237;nez, Buenos Aires: Amorrortu.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pena, Jaime (2016). &#8220;Entrevista L&#225;szl&#243; Nemes. Viaje al coraz&#243;n de la muerte&#8221;. Caim&#225;n. Cuadernos de cine 45 (96), pp. 6-8.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;S&#225;nchez Biosca, Vicente (2006). Cine de historia. Cine de memoria. La representaci&#243;n y sus l&#237;mites. Madrid: C&#225;tedra.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;En el pregen&#233;rico de la pel&#237;cula se nos informa sobre la labor de estos &#8220;comandos especiales&#8221; compuestos por prisioneros forzados a colaborar y conocidos como &#8220;portadores de secretos&#8221;. En distintas entrevistas Nemes ha mostrado su inter&#233;s al respecto: &#8220;mi primera fuente de inspiraci&#243;n fue el documento Des &lt;i&gt;voix sous&lt;/i&gt; la cendre (&#8220;Voces desde las cenizas&#8221;), una colecci&#243;n de testimonios escritos por &lt;i&gt;sonderkommandos&lt;/i&gt;, que hab&#237;a permanecido oculta desde 1944. A pesar de sus privilegios (pod&#237;an alimentarse y vestirse), los &lt;i&gt;sonderkommandos&lt;/i&gt; estaban condenados a morir en poco tiempo y lo sab&#237;an&#8221; (en Brocca, 2016). La pel&#237;cula remite a la rebeli&#243;n encabezada por uno de estos comandos en el campo de Auschwitz-Birkenau, en octubre de 1944, al igual que en &lt;i&gt;La zona gris&lt;/i&gt;, dirigida por Tim Blake Nelson (2001).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;En concreto, la pol&#233;mica surge a ra&#237;z de la exposici&#243;n organizada por Cl&#233;ment Cheroux en Par&#237;s, en 2001: &#8220;M&#233;moire des Camps de concentration et d'extermination nazis (1933-1999)&#8221; y el art&#237;culo de Didi Huberman que se inclu&#237;a en su cat&#225;logo, posteriormente incorporado en su libro &lt;i&gt;Im&#225;genes pese a todo&lt;/i&gt;. &lt;i&gt;Memoria visual del holocausto&lt;/i&gt; (2004).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;En relaci&#243;n a la ya cl&#225;sica f&#243;rmula de Michel Foucault que describ&#237;a la transformaci&#243;n del poder soberano en biopoder, mediante la cual el antiguo derecho de &#8220;hacer morir y dejar vivir&#8221; cede su lugar a la f&#243;rmula inversa, &#8220;hacer vivir y dejar morir&#8221; (2000: 218). En ese sentido, Agamben considere en el nazismo &#8220;la absolutizaci&#243;n sin precedentes del biopoder de hacer vivir se entrecruza con una no menos absoluta generalizaci&#243;n de poder de hacer morir, de forma tal que la biopol&#237;tica pasa a coincidir de forma inmediata con la tanatopol&#237;tica&#8221; (2000: 71).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El saber de que nada de los campos puede ser representado, puesto que fue la ejecuci&#243;n de la representaci&#243;n; su ejecuci&#243;n en los dos sentidos del t&#233;rmino, su efectuaci&#243;n sin resto (en presentaci&#243;n hastiada de s&#237;) y su agotamiento tambi&#233;n sin resto, sin el resto que era hasta ese momento la posibilidad de una representaci&#243;n dada con todas las otras muertes [&#8230;], sin ese resto que no hab&#237;a sido ni m&#225;s ni menos, acaso, que el motivo y el m&#243;vil de toda representaci&#243;n: la muerte como apertura a la ausencia&#8221; (Nancy, 2006: 64).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;El hijo de Sa&#250;l es el v&#225;stago que no pudo ser. El mismo que evoc&#243; Imre Kert&#233;sz en &lt;i&gt;Kaddish por el hijo no nacido&lt;/i&gt;, un libro en el que el autor reflexiona sobre la supervivencia en los campos, sobre el trabajo con las palabras y sobre la imposibilidad de una descendencia&#8221; (Kovacsics, 2016: 12).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La propuesta corresponde a Judith Butler, en &#8220;Violencia, luto, pol&#237;tica&#8221;, escrito despu&#233;s de los atentados del 11 de septiembre de 2001, en donde se pregunta &#8220;qu&#233; debe hacerse pol&#237;ticamente con el duelo&#8221; (2006:14).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Una comunidad que hace de su com&#250;n &#8220;aquello que no es propio, que es de todos, que es an&#243;nimo&#8221; (Esp&#243;sito, 2009: 92), siendo lo m&#225;s impropio esta muerte. &#034;&#191;Qu&#233; otra cosa es lo &#8220;com&#250;n&#8221; sino lo impropio, aquello que no es propio de ninguno, sino precisamente general, an&#243;nimo, indeterminado?&#8221; (Esp&#243;sito, 2009: 92).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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