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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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<item xml:lang="es">
		<title>A difficulty in women's psychoanalysis: the ravage of the mother-daughter relationship</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/A-difficulty-in-women-s-psychoanalysis-the-ravage-of-the-mother-daughter</link>
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		<dc:date>2018-05-13T02:49:32Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Marie-H&#233;l&#232;ne Brousse</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This article is a special intervention of the psychoanalyst Marie-H&#233;l&#232;ne Brousse. The author works on the conceptualization of the ravage, starting from the elaborations of Freud and Lacan, analyzing it as a consequence of the &#034;outburst&#034; and as a point that coincides with the failure of the countenance.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;She explains her thesis based on his clinical experience in which the repetition of the same element, in many cases, becomes present: the mother-daughter ravage. She wonders how he lives in the transfer. She says that this issue appears as a difficulty in the analysis of women, linked to the difficulty of symbolizing female jouissance.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Key words:&lt;/strong&gt; ravage | woman | mother | countenance&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-7-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 07 | N&#186; 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;&#201;cole de la Cause Freudienne (ECF). New Lacanian School (NLS)&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Una-dificultad-en-el-analisis-de-las-mujeres-el-estrago-de-la-relacion-con-la' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Una dificultad en el an&#225;lisis de las mujeres: el estrago de la relaci&#243;n con la madre&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Una dificultad en el an&#225;lisis de las mujeres: el estrago de la relaci&#243;n con la madre</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Una-dificultad-en-el-analisis-de-las-mujeres-el-estrago-de-la-relacion-con-la</link>
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		<dc:date>2018-05-08T13:14:18Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Marie-H&#233;l&#232;ne Brousse</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El presente art&#237;culo constituye una intervenci&#243;n especial de la psicoanalista Marie-H&#233;l&#232;ne Brousse. La autora trabaja sobre la conceptualizaci&#243;n del estrago, partiendo de las elaboraciones de Freud y de Lacan, analiz&#225;ndolo como consecuencia del &#8220;arrebato&#8221; y como punto que coincide con el fracaso del semblante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fundamenta su escrito a partir de su experiencia cl&#237;nica en la cual la repetici&#243;n de un mismo elemento, en numerosos casos, se hace presente: el estrago madre-hija. Se pregunta c&#243;mo este habita la transferencia. Refiere que esta cuesti&#243;n aparece como una dificultad en el an&#225;lisis de mujeres, vinculada a la dificultad de simbolizar el goce femenino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras claves:&lt;/strong&gt; estrago | mujer | madre | semblante&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/A-difficulty-in-women-s-psychoanalysis-the-ravage-of-the-mother-daughter' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-7-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 07 | Nro 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;&#201;cole de la Cause Freudienne (ECF). New Lacanian School (NLS)&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Traducci&#243;n: Margarita &#193;lvarez Villanueva (ELP - Barcelona). Asociaci&#243;n Mundial de Psicoan&#225;lisis&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pr&#225;ctica del psicoan&#225;lisis pone en evidencia un real cl&#237;nico que vuelve siempre al mismo lugar. Este era el planteamiento de Freud en &lt;i&gt;Pegan a un ni&#241;o&lt;/i&gt; (1919 [1984]). Freud constat&#243; en la cura de seis analizantes distintas, la presencia de un mismo enunciado correlativo de una misma obtenci&#243;n de goce sexual. Mi trabajo parte igualmente de la repetici&#243;n, en numerosas curas, de un mismo elemento: el estrago madre-hija tal como viene a habitar la trasferencia. Esta cuesti&#243;n aparece como una dificultad en el an&#225;lisis de las mujeres, ya se&#241;alada por Freud.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los momentos dif&#237;ciles del proceso anal&#237;tico cuando la relaci&#243;n estragante con la madre ocupa el primer plano, la cuesti&#243;n del semblante es central. La f&#243;rmula de Jacques-Alain Miller, &#8220;el acto [anal&#237;tico] parte del semblante, pero no soporta el semblante&#8221; (2001), caracteriza perfectamente la posici&#243;n subjetiva de los sujetos cuyas curas topan con el estrago.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La vacilaci&#243;n del semblante es un rasgo esencial de estos momentos de crisis bajo trasferencia en que el analista y el an&#225;lisis toman entonces la consistencia de un real insoportable. Puesto al desnudo, el semblante se encuentra transformado en mentira o degradado a un marco irrisorio que se desmorona bajo los asaltos de este real, descalificando la funci&#243;n misma de la palabra. La zona del estrago es tambi&#233;n un lugar electivo de vacilaci&#243;n de los semblantes, lo que en s&#237; mismo constituye un problema cl&#237;nico. El &#8220;estrago&#8221; del sujeto femenino, que Lacan menciona en &lt;i&gt;El atolondradicho&lt;/i&gt; &#8220;El estrago que constituye para la mujer la relaci&#243;n con la madre&#8221; (Lacan, 2012, p&#225;g. 489), se presenta en el an&#225;lisis articulado con el amor de trasferencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con otros t&#233;rminos, Freud aborda esta cuesti&#243;n al final de su obra. Subraya cada vez m&#225;s la importancia, que dice haber subestimado, de la relaci&#243;n precoz madre-hija. Vincula con esta relaci&#243;n primordial el tope de todo an&#225;lisis de una mujer en el &lt;i&gt;penisneid&lt;/i&gt;, que le ha valido desde siempre las protestas feministas. Se puede releer tambi&#233;n, a la luz de la problem&#225;tica del estrago, el art&#237;culo tard&#237;o de Melanie Klein sobre la envidia. Los ejemplos son numerosos en la cl&#237;nica: los datos que Dominique Laurent re&#250;ne en la expresi&#243;n &#8220;reina de la noche&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Marie-H&#233;l&#232;ne Brousse alude al &#8220;Desidentificaci&#243;n de una mujer&#8221; publicado en (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; aportan un elemento nuevo al problema en su referencia expl&#237;cita a la transferencia con la analista.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Despu&#233;s de numerosos a&#241;os de riguroso trabajo anal&#237;tico con estos analizantes, trabajo que permite constatar ciertas modificaciones en la posici&#243;n subjetiva, el estrago hace su entrada en la situaci&#243;n anal&#237;tica, sea de manera nueva, sea de manera desnuda, ciertamente siguiendo la l&#243;gica precedentemente desplegada por el sujeto. Esta experiencia cuestiona necesariamente el deseo del analista tal como Lacan introduce el concepto en &lt;i&gt;La direcci&#243;n de la cura&lt;/i&gt; (1958), en la parte titulada &#8220;&#191;C&#243;mo actuar con el propio ser?&#8221;. La exposici&#243;n de Dominique Laurent, como los relatos de algunas analizantes que me vinieron a ver despu&#233;s de una ruptura del lazo transferencial con su analista (hombre o mujer) que hab&#237;a tomado para ellas la figura del estrago, ilustran hasta qu&#233; punto la partida puede ser dif&#237;cil. M&#225;s all&#225; de los elementos anecd&#243;ticos analizables en t&#233;rminos de contratransferencia, y por tanto de resistencia del analista, esta dificultad se&#241;ala un punto de real cl&#237;nico que exige por parte del analista un tratamiento serio, es decir, estructural. &#191;Por qu&#233; hay antagonismo entre este tipo de relaci&#243;n con la madre, calificada por Lacan de estrago, y ya identificada con otras expresiones por Freud, y el discurso anal&#237;tico?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El &lt;i&gt;penisneid&lt;/i&gt; es para Freud el l&#237;mite del an&#225;lisis de los sujetos femeninos. El estrago ser&#237;a entonces una de las modalidades del &lt;i&gt;penisneid&lt;/i&gt; tal como se despliega en el an&#225;lisis. Ciertamente, Freud hace del &lt;i&gt;penisneid&lt;/i&gt; el resorte del complejo de Edipo en la ni&#241;a en el momento de la fase f&#225;lica:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Ella nota el pene de un hermano o un compa&#241;erito de juegos, pene bien visible y de notable tama&#241;o, y al punto discierne como el correspondiente superior de su propio &#243;rgano, peque&#241;o y escondido; a partir de ah&#237; cae v&#237;ctima de la envidia de pene (...). Ha visto eso, sabe que no lo tiene y quiere tenerlo.&lt;/i&gt; (Freud, 1925 [1984], p&#225;g. 271)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Conviene dar al t&#233;rmino &#8220;escondido&#8221; todo su peso. La ni&#241;a lo tiene bajo ese modo y bajo ese modo del tener entra para ella en la problem&#225;tica de la feminidad, problem&#225;tica que toca tambi&#233;n a su madre. Los objetos preciosos de la madre est&#225;n escondidos: armarios cerrados, cajones secretos, objetos fuera del intercambio celosamente guardados por la madre para su propio goce.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud hace derivar de la envidia del pene, la sexualidad femenina y advierte que &#8220;sus consecuencias ps&#237;quicas son m&#250;ltiples y de vasto alcance&#8221; (1925 [1984]). La primera consecuencia es la &#8220;cicatriz&#8221;: es la marca del narcisismo femenino. Se puede ver ah&#237; la marca de f&#225;brica de la relaci&#243;n que una mujer tiene con el cuerpo femenino, poniendo la herida, la llaga en el coraz&#243;n de la imagen con la forma de lo que la sutura. La segunda son los &#8220;celos&#8221;: seg&#250;n Freud es la marca de f&#225;brica del fantasma &lt;i&gt;Pegan a un ni&#241;o&lt;/i&gt; (1919 [1984]); &#233;l atribuye en este texto al sujeto femenino como &#8220;residuo de la fase f&#225;lica&#8221;. Seg&#250;n &#233;l, el punto reconstruido en el an&#225;lisis es el padre como el que pega y, en consecuencia, el fantasma hace pasar de la madre al padre. La tercera consecuencia toca a la relaci&#243;n con la madre designada como responsable de la falta de la ni&#241;a y sospechosa de gozar con ello: es el &#8220;estrago&#8221;. La cuarta es la reacci&#243;n contra el onanismo que, seg&#250;n Freud, abre la v&#237;a a la sexualidad femenina siguiendo el famoso &#8220;deslizamiento&#8221; de los objetos femeninos. El deslizamiento no es el intercambio y se esclarece m&#225;s por la metonimia que por la met&#225;fora y la sustituci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el art&#237;culo siguiente &lt;i&gt;Sobre la sexualidad femenina&lt;/i&gt; (1931 [1984]), Freud acent&#250;a m&#225;s el odio hacia la madre, constituido de diversos reproches, entre ellos el de la seducci&#243;n, explicando la intensidad de este odio por la intensidad del amor que le ha precedido y por la decepci&#243;n. Para Freud, el estrago est&#225; estrictamente correlacionado con el destino del falo en la ni&#241;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es el mismo t&#233;rmino de envidia que Melanie Klein retoma en su texto &lt;i&gt;Envidia y gratitud&lt;/i&gt; (1957[1988]) para caracterizar el punto de imposible en el an&#225;lisis, con un pesimismo que se apoya en una quiebra originaria de la relaci&#243;n con el Otro materno, quiebra de acento paranoico: &#8220;Morder el seno nutricio&#8221;, morder la mano que alimenta y, haci&#233;ndolo, sabotear de entrada la relaci&#243;n con el Otro del que el sujeto podr&#237;a nutrirse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos diferentes elementos freudianos son retomados de manera depurada por Lacan en el &lt;i&gt;Seminario Las formaciones del inconsciente&lt;/i&gt; (1957-1958[1984]), particularmente en los cap&#237;tulos XIV, XV y XVI. &#201;l interroga la fase f&#225;lica en la serie de su modelizaci&#243;n de los tres tiempos del Edipo. El marco se sit&#250;a de entrada: es el del deseo ordenado por la ley del significante, en tanto que:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Participa en una aventura primordial, que est&#225; all&#237; inscrito y que se articula, y que nosotros referimos siempre a algo original que ocurri&#243; en la infancia y que fue reprimido. (...) La aventura primordial de lo que ocurri&#243; en torno al deseo infantil, el deseo esencial, que es el deseo del deseo del Otro, o el deseo de ser deseado. Lo que se ha inscrito en el sujeto a lo largo de esta aventura queda ah&#237;, permanente, subyacente.&lt;/i&gt; (Lacan, 1957-1958[1984], p&#225;g. 271)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La relaci&#243;n con este Otro primordial que es la madre viene a sustituirse a&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;La econom&#237;a de las gratificaciones, los cuidados, las fijaciones, las agresiones &#8212;se reconoce ah&#237; a Melanie Klein&#8212; y a centrar el destino del sujeto en relaci&#243;n al deseo del Otro. (...) He aqu&#237; que se inscribe, a medida que se desarrolla la historia del sujeto, en su estructura &#8212;son las peripecias, los avatares, de la constituci&#243;n de dicho deseo en tanto que est&#225; sometido a la ley del deseo del Otro.&lt;/i&gt; (Lacan, 1957-1958[1984])&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Lacan reformula de este modo la cuesti&#243;n de la relaci&#243;n primordial con la madre, planteando que lo que cuenta es hacerle reconocer al sujeto, qu&#233; hace que se haya visto llevado a convertirse o no en el que responde a esa x, que es el deseo de la madre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Devenir en el ser deseado o no es uno de los aspectos de la apuesta. El sujeto busca saber lo que orienta el deseo de la madre para calcular su lugar. Esta dial&#233;ctica comporta un tercero, el padre, &#8220;presencia de un personaje, deseado o rival&#8221;. Este tercer t&#233;rmino permite o no al ni&#241;o &#8220;ser un ni&#241;o demandado o no&#8221;; m&#225;s all&#225; de la captura imaginaria, algo permite al ni&#241;o ser significado. Este algo es un s&#237;mbolo, un significante que el sujeto tiene para hacerse reconocer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan retoma entonces la cuesti&#243;n del &lt;i&gt;penisneid&lt;/i&gt; diferenciando tres modalidades: 1) En el sentido del fantasma, el anhelo de que el cl&#237;toris sea un pene: castraci&#243;n, es decir, amputaci&#243;n de un objeto imaginario; 2) deseo del pene del padre: frustraci&#243;n de un objeto real; 3) deseo de un ni&#241;o del padre: privaci&#243;n real que afecta a un objeto simb&#243;lico. Para cada una de estas modalidades, el agente de la falta tiene su importancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El ni&#241;o entra en la estructura significante al reverso del pasaje de la mujer en la dial&#233;ctica social como objeto. De ah&#237; la deducci&#243;n de Lacan: o bien el ni&#241;o abandona estos objetos y se hace &#233;l mismo objeto de intercambio, o bien los conserva m&#225;s all&#225; de su valor de intercambio. El falo es entonces la barrera a la satisfacci&#243;n de ser el objeto exclusivo del deseo de la madre. Formaci&#243;n del Ideal de un lado, goce del objeto de la madre por otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tanto para Freud como para Lacan, se trata de un modelo que recibe valores singulares seg&#250;n la historia del sujeto. Pero en todos los casos la relaci&#243;n madre hija se centra en la reivindicaci&#243;n f&#225;lica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En esta perspectiva, &#191;qu&#233; es el estrago? La madre queda como el Otro no tocado por el intercambio f&#225;lico y la ley simb&#243;lica, ella permanece como el objeto &#250;nico del hijo. Una respuesta es ser el fetiche de la madre. Pero este fetiche es siempre superfluo puesto que el Otro traum&#225;tico (es decir, el Otro de la satisfacci&#243;n sexual) est&#225; completo. Otra respuesta consiste en arrancar a la madre lo que de todas maneras no entrar&#225; en el intercambio que no hay, y que, en tanto que arrancado, se convierte en un desecho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En todos los casos, el estrago est&#225; vinculado al intercambio f&#225;lico imposible, porque algo en la madre ha escapado a la ley simb&#243;lica que la habr&#237;a hecho entrar en la estructura del intercambio. Por este hecho, ella tiende a permanecer como Otro real, es interpretada como Otro del goce. Convoca as&#237; a la fusi&#243;n imposible o a la persecuci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cada sujeto que responde a esta coyuntura, el origen, o incluso lo que Lacan llama la aventura primordial de lo que ha pasado alrededor del deseo infantil, que es siempre el mismo, es diferente. En esta perspectiva, el estrago proviene de una falla que ha afectado, en lo que Lacan llama la tr&#237;ada, a la palabra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estrago se sit&#250;a en el campo de la relaci&#243;n entre el sujeto y la madre, incluyendo al Otro del lenguaje y la relaci&#243;n de la palabra. Este campo nombrado por Lacan &#8220;deseo de la madre&#8221;, a entender seg&#250;n las dos modalidades del genitivo franc&#233;s, comporta una zona oscura, no saturada por el Nombre del Padre, y como tal sin l&#237;mite definido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No se trata de reducir el estrago a la relaci&#243;n dual con la madre. Freud ya hab&#237;a tomado posici&#243;n sobre este punto, pero Lacan viene a clarificar m&#225;s las cosas demostrando que la relaci&#243;n madre-hijo se sit&#250;a de entrada en el campo simb&#243;lico. Es importante recordar este punto, porque la deriva hacia una posici&#243;n aut&#225;rquica entre la madre y el hijo sigue siendo una v&#237;a que no por falsa es menos frecuentada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde el &lt;i&gt;Fort-Da&lt;/i&gt;, el Otro est&#225; all&#237;. Est&#225; all&#237; tambi&#233;n en la cita agustiniana referida por Lacan a menudo, porque la referencia a la no-palabra introduce el orden mismo del lenguaje. La singularidad no se ha de buscar a partir de una relaci&#243;n que escapar&#237;a al discurso, y que por lo mismo estar&#237;a en contacto directo con lo real, lo que llevar&#237;a necesariamente a identificar estrago y psicosis. Ella lleva m&#225;s bien a especificar el tipo de emergencia singular del lenguaje en el sujeto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pienso en esta nota de Lacan: &#8220;(...) El inconsciente est&#225; estructurado como un lenguaje. Con una reserva: lo que crea la estructura es la manera en que el lenguaje emerge al principio en un ser humano. Es, en &#250;ltimo an&#225;lisis, lo que nos permite hablar de estructura&#8221; (Lacan, 1976). Prosigue:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Los lenguajes tiene algo en com&#250;n &#8212;quiz&#225;s no todos porque no podemos conocerlos todos, puede haber excepciones&#8212; pero es cierto de los lenguajes que encontramos al tratar a los sujetos que vemos. A veces, guardan la memoria de un primer lenguaje, diferente del que han acabado hablando.&lt;/i&gt; (Lacan, 1976)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Ciertamente, la continuaci&#243;n del texto y su referencia al art&#237;culo de Freud sobre el fetichismo, indican que piensa en lenguas extranjeras, pero se puede tambi&#233;n darle su radicalidad considerando que todo sujeto ha hablado un primer lenguaje, aunque fuera en la misma lengua. El estrago toca a esta manera particular en que el lenguaje ha emergido en un sujeto. Compete a los confines de la marcaci&#243;n simb&#243;lica: es mi primera hip&#243;tesis. Las curas que me ense&#241;an, me permiten calificar esta particularidad (tal como ella lleva la marca de la reconstrucci&#243;n en an&#225;lisis) de lo &#8220;primordial en la infancia&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta emergencia puede tener lugar bajo la forma del insulto. Jean-Claude Milner en &lt;i&gt;Los nombres indistintos&lt;/i&gt; ha escrito, a prop&#243;sito del insulto, que &#8220;el sujeto se encuentra convocado a portar un nombre cuyo contenido de propiedad se resume en el solo acto de proferir&#8221; (1999). A&#241;ade: &#8220;No es tal que el que se nombra tal y solo lo es en el instante mismo en que se le nombra. La propiedad no subsiste fuera de la nominaci&#243;n&#034;. Se ve la falta de perennidad. Divirt&#225;monos con el equ&#237;voco que se desliza en esta falta de padre (&lt;i&gt;manque de p&#232;re - manque de p&#233;rennit&#233;&lt;/i&gt;) de tal nombre, que no tiene m&#225;s recurso para alcanzar cierta estabilidad que la del objeto. As&#237; se entiende el objeto en injurias diversas como &#8220;esti&#233;rcol, marranada, mierda&#8221;, etc. Al lugar de un punto de capit&#243;n, se sustituye la fijeza de un objeto de goce que bloquea, haciendo tope, la deriva metaf&#243;rica de los significantes clave y conduce al sujeto al ser del objeto que fue para el Otro: negaci&#243;n de falta en ser y asignaci&#243;n de un ser de objeto desecho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Emergencia bajo la forma de la cr&#237;tica del lenguaje aprendido por el ni&#241;o de un Otro, cr&#237;tica que reconduce al insulto. Emergencia bajo forma de un rechazo: &#8220;la que est&#225; delante de m&#237;, no es ya mi hija&#8221;, que ha desanimado al sujeto al confrontarse con el ni&#241;o querido de la madre que descubr&#237;a haber sido en el momento en que cesaba de serlo. Emergencia a&#250;n bajo la forma del imperativo de silencio de un dedo puesto sobre la boca, que se asocia viniendo a castigar lo que queda fuera de la palabra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El punto com&#250;n de estas emergencias, por otra parte distintas, que dan lugar a destinos estructurales y s&#237;ntomas muy diversos, es de entrada la conexi&#243;n de estas experiencias de palabra con lo sexual como traum&#225;tico, con la experiencia pulsional del sujeto. En todas estas ocurrencias, la palabra del Otro materno est&#225; asociada al descubrimiento de una experiencia de goce.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero, (segunda caracter&#237;stica) esta emergencia sobre un fondo de goce sexual traum&#225;tico, es decir, de marca en el cuerpo por un significante, se efect&#250;a en el momento en que surge la diferencia de los sexos, en el seno de la funci&#243;n f&#225;lica, bajo la forma de un enigma. En fin, esta emergencia consagra la creencia inquebrantable en la omnipotencia de un Otro no castrado, de una Madre que escapa a la falta de la castraci&#243;n y que presenta al sujeto una alternativa mortal: o bien el rechazo o bien la reintegraci&#243;n de su producto por la generadora.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cada sujeto responde a esta coyuntura, es la aventura primordial de lo que ha pasado en torno al deseo infantil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Freud, el estrago est&#225; estrictamente correlacionado al destino del falo materno en la hija. La categor&#237;a de la demanda, diferenciada de la del deseo, permite a Lacan precisar el &lt;i&gt;penisneid&lt;/i&gt; y su avance sobre la cuesti&#243;n del falo, es decir, su separaci&#243;n del &#243;rgano pene y su definici&#243;n, a partir de los primeros seminarios, como significaci&#243;n. Es decir, unidad de medida del valor libidinal de los objetos. Luego como significante del deseo, producto de una modificaci&#243;n de perspectiva. Incluso la referencia a la estructura del lenguaje del inconsciente se completa con el modo de emergencia de la palabra para cernir el fen&#243;meno de estrago que aparece en el campo del &#8220;deseo de la madre&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sobre esta x del deseo de la madre, nuestra experiencia en los carteles del pase de la &#201;cole de la Cause Freudienne (ECF) ha sido muy ense&#241;ante. Descubrimos en efecto que, fuera cual fuera la estructura del sujeto femenino, las contingencias de la historia del sujeto, o el s&#237;ntoma, se desprend&#237;a una invariante. La x del deseo materno tomaba siempre en un momento dado del an&#225;lisis el valor de la muerte. El significado para el sujeto era ser el hijo del que se hab&#237;a querido la muerte. Este dato cl&#237;nico viene a precisar el t&#233;rmino de estrago.&lt;br class='autobr' /&gt;
&#201;ric Laurent ha subrayado, despu&#233;s de mi primera exposici&#243;n en la Jornada de los AE de la ECF 2000, que en la actualidad es claro, a diferencia de la &#233;poca freudiana, que las hijas lo experimentan, lo que no les impide pedirlo con una reivindicaci&#243;n absoluta, sin l&#237;mite. No hay l&#237;mite al fetichismo materno: yo nombro as&#237; la relaci&#243;n con el falo materno construido por estos sujetos, que no tienen otro medio que encarnarlo o intentar arrancarlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto es lo que se constata en estos casos de estrago en los que la funci&#243;n paterna demuestra no apaciguar, apareciendo el padre como al servicio del capricho materno y no como agente de su privaci&#243;n. En las curas sobre las que tomo apoyo, el rasgo que caracteriza al padre es siempre la impotencia. Esta impotencia compete al goce desvelado en el servicio de la madre. La cl&#237;nica muestra, por otra parte, que esta misma configuraci&#243;n en el chico produce trastornos precisos de la funci&#243;n sexual. El padre de la promesa y, en consecuencia, del don, que viene a hacer de contrapunto a la demanda, est&#225; afectado por un sentimiento de increencia. Lacan, en los &lt;i&gt;Escritos&lt;/i&gt;, califica de trasferencia este pasaje de la madre al padre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estrago a la luz del falo lleva a pensar que est&#225; articulado a una identificaci&#243;n masculina con la cual viene a dar el contrapunto de una feminidad insoportable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El avance de Lacan permite sin embargo abordar las cosas por una v&#237;a distinta, que no es alternativa, sino suplementaria. En efecto, el deseo de la madre est&#225; lejos de ser completamente saturado por el significante. Hay en la madre, al lado del deseo, un goce desconocido, femenino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La disyunci&#243;n operada por Lacan entre madre, del lado de la universalidad f&#225;lica, y mujer, del lado de la inconsistencia del universal, permite progresar sobre la cuesti&#243;n del estrago. &#191;No habr&#237;a otra cara del estrago, que no reenviar&#237;a enteramente a la demanda y al deseo f&#225;lico sino tambi&#233;n a un sin l&#237;mite en relaci&#243;n con la particularidad de la sexuaci&#243;n femenina?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hemos mostrado c&#243;mo en el inconsciente el deseo de la madre supuestamente se satura con la significaci&#243;n f&#225;lica, vinculada con el Nombre del Padre. Existe sin embargo un resto que escapa al falo. Lacan trabaja esta cuesti&#243;n en el Seminario &lt;i&gt;El deseo y su interpretaci&#243;n&lt;/i&gt; (1958-1959 [20014]), en las lecciones dedicadas a Hamlet. Evoca all&#237; el goce sin l&#237;mite paterno de la madre de Hamlet, a la que califica de &#8220;verdadera genital&#8221;. Se puede ver all&#237; el surgimiento de un goce femenino, no reducible al deseo, y refractario al l&#237;mite simb&#243;lico. El estrago puede aparecer en el punto de goce enigm&#225;tico percibido en la madre por la hija, goce no limitado por el falo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud calificaba de cicatriz la castraci&#243;n de entrada en la mujer, y hac&#237;a de ella la marca del narcisismo femenino. Pero la cicatriz es una soluci&#243;n que moviliza la castraci&#243;n e integra la falta, es decir, lo simb&#243;lico como borde. Ahora bien, que la castraci&#243;n est&#233; de entrada tiene tambi&#233;n como consecuencia una ausencia de l&#237;mite. Y la cuesti&#243;n del cuerpo no se deja llevar del todo, en la cl&#237;nica, con la cicatriz. Cicatriz que es ya un nombre f&#225;lico dado a lo irrepresentable femenino, de esto que del cuerpo se deja dif&#237;cilmente reabsorber en el cuerpo simb&#243;lico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El trabajo de Jacques-Alain Miller y &#201;ric Laurent, a partir del texto de Lacan consagrado a Marguerite Duras y a &lt;i&gt;Lol V. Stein&lt;/i&gt;, ha venido a esclarecer para m&#237; la cuesti&#243;n del estrago.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Propongo la tesis siguiente: el estrago est&#225; tomado en el arrebato. Esto es a lo que me lleva la palabra analizante y el saber que deposita. La primera cualidad exigible a un analista es la de dejarse ense&#241;ar por esta palabra, d&#243;cilmente, a lo que objeta a menudo la angustia y la culpabilidad, como hab&#237;a subrayado Monique Kusnierek en una exposici&#243;n presentada en una velada de los AE de la ECF.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#034;Arrebatar&#034; (&lt;i&gt;ravir&lt;/i&gt;) tiene dos vertientes. Por un lado remite a &#8220;robo&#8221;, y Lacan en la clase del 3 de marzo de 1972, del &lt;i&gt;Seminario &#8230;o peor&lt;/i&gt; (1971-1972 [2014]), caracteriza uno de los aspectos de la sexualidad femenina en su relaci&#243;n con la funci&#243;n f&#225;lica como quererla arrebatar (&lt;i&gt;ravir&lt;/i&gt;) al hombre. Por otro lado, remite a &#8220;estar raptada&#8221;, es decir sustra&#237;da a s&#237; misma, y evoca la estatua de santa Teresa de Bernini en la cual Lacan indexa los &#233;xtasis femeninos: es el Otro goce entonces el que est&#225; en juego. Jacques-Alain Miller plantea que el arrebato est&#225; vinculado al cuerpo, o m&#225;s precisamente al hecho de tener un cuerpo, el cual puede entonces ser sustra&#237;do. El arrebato toca al registro del tener como al del ser.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La l&#243;gica f&#225;lica est&#225; aqu&#237; presente. La madre se declara una raptora de cuerpo. Lo es por estructura, podr&#237;amos decir, puesto que ella habla. Pero es tambi&#233;n una raptora del hijo a raz&#243;n misma de los cuidados que da. Estar raptada es estar descompletada de su cuerpo, con el efecto de goce que sigue a la deslocalizaci&#243;n. En todas las curas que constituyen el real de la cl&#237;nica sobre el que apoyo esta reflexi&#243;n, la irrupci&#243;n de la perspectiva del estrago en el v&#237;nculo transferencial coincid&#237;a con el acento puesto en el cuerpo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la relaci&#243;n de estrago &#8212;puesto que es una relaci&#243;n y yo pienso incluso una relaci&#243;n que suple la relaci&#243;n sexual que no hay&#8212;, el sujeto est&#225; despose&#237;do de su lugar. Este lugar que no existe puede declinarse como palabra y el sujeto es entonces reducido al &#8220;silencio&#8221;; como cuerpo, y el sujeto no es m&#225;s que un &#8220;cuerpo en exceso&#8221;, o una carne desfalizada que es un &#8220;agujero negro&#8221;; como errancia, fen&#243;meno de despersonalizaci&#243;n, de autodesaparici&#243;n. Estas modalidades est&#225;n sin duda determinadas por la manera en que el lenguaje a hecho marca en la experiencia sexual traum&#225;tica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El arrebato es una forma de p&#233;rdida corporal no simbolizable por el significante f&#225;lico, una no reducci&#243;n de las im&#225;genes cautivadoras a la imagen central del cuerpo, una no inscripci&#243;n del cuerpo en el deseo del Otro. Yo dir&#237;a, siempre apoy&#225;ndome en la palabra analizante: &#8220;Una ni&#241;a cae en un agujero&#8221;. Este &#8220;no lugar en el Otro&#8221; no est&#225; apaciguado por la funci&#243;n paterna, puesto que se apunta a obtener este lugar en cortocircuito por el amor, sin pasar por la promesa. Pero no hay ninguna v&#237;a de acceso a este Otro no tocado en su vertiente no f&#225;lica: no le queda m&#225;s al sujeto que elegir entre la destrucci&#243;n odiosa y la locura, perspectivas igualmente nefastas. Esta opci&#243;n puede llevar al sujeto a una fascinaci&#243;n por un partenaire que entra en la categor&#237;a de las mujeres locas, o a definir a la madre de esta manera. El sujeto queda fascinado por un goce femenino que no saca del falo su consistencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cuesti&#243;n del cuerpo o de la p&#233;rdida de cuerpo desvela la cara narcisista del estrago. Esta ve acrecentada su potencia por el hecho de que el sujeto femenino no ha hecho su duelo de la madre del fetiche, que no ha entrado en el registro del intercambio. Es el falo como significante y no como fetiche el que vuelve posible el intercambio, incluido el intercambio de mujeres. Una caracter&#237;stica de estos sujetos es su dificultad en la vida amorosa (necesariamente heterosexual en el sentido que Lacan da a este t&#233;rmino) a consentir poner en juego su cuerpo en el intercambio simb&#243;lico. Esta dificultad se declina en la relaci&#243;n sexual y en la maternidad. Dificultad de dar o, incluso, a prestarse. Lo que se apunta, y es al mismo tiempo insoportable, es una fascinaci&#243;n, una captura fusional. &#191;Como una madre da cuerpo? Se trata necesariamente de un cuerpo mermado, que pasa la transmisi&#243;n de los objetos meton&#237;micos del cuerpo en la relaci&#243;n madre-hija. Contrariamente a esta transmisi&#243;n, es coherente avanzar en el planteo de que el estrago es la consecuencia del arrebato, y moviliza lo insaciable del amor m&#225;s que el deseo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este cuerpo que elige en la relaci&#243;n con el Otro intocable por la palabra, y que la estrategia del sujeto es dejar intocable, moviliza de manera particular la cuesti&#243;n del semblante. Ah&#237; tambi&#233;n la palabra analizante constituye un saber. La imagen corporal no llega a cubrir el agujero, desfalizado. As&#237; la vestidura puede tomar un valor particular: velo del cuerpo que no hay, o mentira. &#034;La dama es bella con su vestido verde&#034;, dice una ni&#241;a. &#8220;No, no es la dama la que es bella, dice la madre, es el vestido&#8221;. Ejemplo mismo del arrebato y entrada del vestido y otros accesorios en la categor&#237;a de la pacotilla, de la imitaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta imitaci&#243;n es el semblante en tanto no est&#225; tomado en la metonimia de los objetos a partir del cuerpo, y permanece en contacto directo con la falta de significante de lo femenino, separado de la din&#225;mica del intercambio simb&#243;lico que es el v&#237;nculo de discurso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan en &lt;i&gt;El atolondradicho&lt;/i&gt; (2012), define el semblante en funci&#243;n de la ausencia de la relaci&#243;n sexual, diciendo que la funci&#243;n f&#225;lica es un modo de acceso sin esperanza a la relaci&#243;n sexual, &#8220;funci&#243;n que no se sostiene m&#225;s que de parecer&#8221; (Lacan, 2012). Del lado del sujeto femenino, planteo la hip&#243;tesis de que el estrago, con el tratamiento particular fuera de discurso que implica del cuerpo, es otro modo de acceso sin esperanza. &#201;l desvela, para retomar una expresi&#243;n de Lacan en este mismo texto, que &#8220;lo real de esta playa (construida por el Nombre del Padre) al naufragar el semblante 'realiza' en efecto la relaci&#243;n de la que el semblante constituye el suplemento, pero no m&#225;s de lo que el fantasma sostiene nuestra realidad&#8221; (Lacan, 2012, p&#225;g. 484). El estrago desvela entonces lo real de esta playa. Cuando es el fantasma el que sostiene la realidad, es el objeto el que es movilizado por el deseo en el partenaire. Cuando es el estrago, es el arrebato del cuerpo por el partenaire el que es imputado por el sujeto a este mismo partenaire en un &lt;i&gt;odioamoramiento&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que Lacan enuncia en el seminario &lt;i&gt;RSI&lt;/i&gt;, poniendo en paralelo la mujer como s&#237;ntoma para un hombre y el estrago que puede ser un hombre para una mujer, va en este sentido. Un hombre, estrago para una mujer, es el que reaviva el sin l&#237;mite del goce femenino no saturado por la funci&#243;n f&#225;lica. No hay l&#237;mite, dice Lacan a las concesiones que cada una hace por &#8220;un&#8221; hombre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En resumen, se puede considerar que el estrago comporta una cara f&#225;lica de reivindicaci&#243;n articulada al deseo de la madre, y una cara &lt;i&gt;no todo&lt;/i&gt; f&#225;lica que compete al arrebato del cuerpo, y que est&#225; vinculada a la dificultad de simbolizar el goce femenino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se pueden enunciar entonces los tres puntos siguientes: 1) el estrago compete al modo de emergencia del lenguaje en un sujeto, y hace referencia al Otro primordial; 2) el estrago se sit&#250;a, en el momento de introducci&#243;n de lo sexual, en la perspectiva de una satisfacci&#243;n directa de la demanda por la madre, la cual, si no excluye la funci&#243;n f&#225;lica, no la plantea en t&#233;rminos de intercambio y de p&#233;rdida; 3) el estrago es en un sujeto femenino la consecuencia del arrebato determinado por la ausencia del significante de la mujer, ausencia entrevista por el sujeto en el contacto con lo que, en su madre, no se dejaba reducir al deseo y al significante f&#225;lico, sino que tocaba a una ausencia de l&#237;mite. Concierne para el sujeto femenino lo real fuera de cuerpo del sexo, es decir, una parte de goce no reducible a la significaci&#243;n f&#225;lica y moviliza o m&#225;s bien inmoviliza al sujeto alternativamente en el &lt;i&gt;odioamoramiento&lt;/i&gt; de la demanda absoluta y en la aspiraci&#243;n por la imagen de lo insignificable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, el estrago se encuentra en el punto donde el semblante fracasa. Es entonces tratable en la cura anal&#237;tica puesto que el &#8220;acto (anal&#237;tico) parte del semblante, pero no soporta el semblante&#8221; (Miller, 2001). En el an&#225;lisis, el semblante se pone al desnudo, lo que da al sujeto una oportunidad de inventarse un nombre que no tiene, para delimitar la zona de real en los confines de la palabra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1919 [1984]). &#8220;Pegan a un ni&#241;o&#8221; en &lt;i&gt;Obras Completas&lt;/i&gt;, vol. XVII, Buenos Aires: Amorrortu Editores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1925 [1984]). &#8220;Algunas consecuencias ps&#237;quicas de la diferencia sexual anat&#243;mica&#8221; en &lt;i&gt;Obras Completas&lt;/i&gt;, vol. XIX, Buenos Aires: Amorrortu Editores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1931 [1984]). &#8220;Sobre la sexualidad femenina&#8221; en &lt;i&gt;Obras Completas&lt;/i&gt;, vol. XX, Buenos Aires: Amorrortu Editores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Klein, M. (1957[1988]). &lt;i&gt;Envidia y gratitud&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Paid&#243;s&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1957-1958[1984]). &lt;i&gt;El Seminario, Libro V: Las formaciones del inconsciente&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1958-1959 [2014]). &lt;i&gt;El Seminario, Libro VI: El deseo y su interpretaci&#243;n&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1958 [1976]). &#034;La direcci&#243;n de la cura y los principios de su poder&#034; en &lt;i&gt;Escritos II&lt;/i&gt;. M&#233;xico: Siglo XXI.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1976). &#8220;Conf&#233;rences et entretiens dans les universit&#233;s nord-am&#233;ricaines&#8221; en &lt;i&gt;Scilicet&lt;/i&gt; 6/7. Paris: Le Seuil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (2012). &#8220;El atolondradicho&#8221; en &lt;i&gt;Otros escritos&lt;/i&gt;, Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (2012). &#8220;Televisi&#243;n&#8221; en &lt;i&gt;Otros escritos&lt;/i&gt;, Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Miller, J-A. (2001). &#8220;Quand les semblants vacillent...&#8221; en &lt;i&gt;La Cause freudienne&lt;/i&gt;. Marzo de 2001. N&#250;mero 47. Par&#237;s: ECF.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Milner, J. (1999). &lt;i&gt;Los nombres indistintos&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Manantial.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Marie-H&#233;l&#232;ne Brousse alude al &#8220;Desidentificaci&#243;n de una mujer&#8221; publicado en &lt;i&gt;Freudiana&lt;/i&gt; N&#176; 31.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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