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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>The maternal ravage as a psychoanalytic concept</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/The-maternal-ravage-as-a-psychoanalytic-concept</link>
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		<dc:date>2018-05-13T22:00:44Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Megdy Zawady</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The clinical reflection on the &#8220;maternal ravage&#8221; is an effort to analyze whether it should rise to the level of a concept within psychoanalytic theory. By naming it, Lacan exposes the constitutive nature of the phenomenon as the inherently deadly side of the libidinization that the Desire-of-the-Mother introduces in the genesis of the subject. This is how the hypothesis emerges that this term refers to a structural fact to be studied within the clinic of the neuroses, in both male and female sexed subjects. Given the ravage responds to the failure of the symbolic to envelop the mother's enjoyment, the father-symptom's insufficiency to interpret the maternal desire is questioned, to the extent that the latter is backed up by another void: the absence of a significant that can articulate the female sex in the unconscious. Therefore, if the father-symptom also has a structural failure to make of the mother a woman who causes his desire, then both sexes have difficulties in accepting the woman within her.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Maternal ravage | Desire-of-the-Mother | Insufficiency of the Father | Maternal superego&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-7-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 07 | N&#186; 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/El-estrago-materno-como-concepto-psicoanalitico' class=&#034;spip_in&#034;&gt;El &#8220;estrago materno&#8221; como concepto psicoanal&#237;tico&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>El &#8220;estrago materno&#8221; como concepto psicoanal&#237;tico</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/El-estrago-materno-como-concepto-psicoanalitico</link>
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		<dc:date>2018-05-08T18:47:59Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Megdy Zawady</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La presente es una rese&#241;a de mi trabajo de tesis doctoral titulado &#8220;&lt;i&gt;El estrago materno y la inexistencia de La mujer&lt;/i&gt;&#8221;. La reflexi&#243;n cl&#237;nica sobre el &#8220;&lt;i&gt;estrago materno&lt;/i&gt;&#8221; busca estudiar la posibilidad de otorgarle el estatuto de concepto en la teor&#237;a psicoanal&#237;tica. Al nombrarlo, Lacan da cuenta del car&#225;cter constitutivo del fen&#243;meno como el costado mort&#237;fero inherente a la libidinizaci&#243;n que introduce el &lt;i&gt;Deseo-de-la-Madre&lt;/i&gt; en la g&#233;nesis del sujeto. Se establece as&#237; la hip&#243;tesis de que dicho t&#233;rmino alude a un hecho de estructura a ser conmovido en la cl&#237;nica de las neurosis, tanto en sujetos sexuados de modo masculino como femenino. Dado que el estrago responde a aquello del goce de la madre que lo simb&#243;lico no consigue recubrir, se interroga la insuficiencia del padre-s&#237;ntoma para recubrir el deseo materno, en la medida en que &#233;ste &#250;ltimo est&#225; soportado en otro vac&#237;o: la inexistencia del significante que articule el sexo femenino en el inconsciente. Se deduce entonces que si el padre-s&#237;ntoma falla tambi&#233;n por estructura al sancionar en la madre a una mujer como causa de su deseo, la aceptaci&#243;n de la mujer en la madre resulta entrampada para ambos sexos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt; Estrago materno | Deseo-de-la-Madre | Insuficiencia del padre | Supery&#243; materno | Inexistencia del significante sexual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/The-maternal-ravage-as-a-psychoanalytic-concept' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-7-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 07 | Nro 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Nacional de San Mart&#237;n&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Del estrago materno se tiene noticia de manera indefectible en el recorrido de un an&#225;lisis. El analizante relata -y las m&#225;s de las veces reprocha- en relaci&#243;n a los puntos de exceso o defecto experimentados en su relaci&#243;n con el deseo materno. La madre se revela de este modo como un Otro primordial que inscribe a fuego significantes en el cuerpo del ser hablante, marcas arcaicas y oraculares que eventualmente hacen insignia, pero en cuyo fundamento se revela la inscripci&#243;n de modalidades de goce. La insensatez -en ocasiones indialectizable- de dichos trazos revela su matiz mort&#237;fero en el empuje al goce superyoico, all&#237; donde la insuficiencia del padre simb&#243;lico no es la excepci&#243;n, sino la regla que hace s&#237;ntoma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si bien la relaci&#243;n con el Otro materno no es tipificable del todo ya que su singularidad se revela cl&#237;nicamente caso por caso, puede decirse que sus distintas modalidades remiten a aquello que Freud vislumbra como una ligaz&#243;n prehist&#243;rica e h&#237;per-intensa con la &lt;i&gt;madre nutricia&lt;/i&gt;. Dicha intensidad puede explicarse en un hecho de estructura: la primera verdad de goce del sujeto es la de haber sido objeto en el deseo materno. Por esta raz&#243;n, Lacan equipara el deseo de la madre a las fauces abiertas de un cocodrilo que pueden cerrarse intempestivamente sobre el ni&#241;o si es que no interviene el padre como punto de detenci&#243;n, esto es, una suerte de palo que impide que dicha boca se cierre, prohibiendo a la madre reintegrar su producto. Introduce entonces el t&#233;rmino &#8220;estrago&#8221; (ravage) para referirse a las consecuencias de la relaci&#243;n primordial con el deseo del Otro materno en la constituci&#243;n del sujeto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En franc&#233;s, &#8220;&lt;i&gt;ravage&lt;/i&gt;&#8221; alude a devastaci&#243;n y destrucci&#243;n, pero m&#225;s precisamente a &#8220;&lt;i&gt;hacerse amar y hacer sufrir&lt;/i&gt;&#8221;, con lo cual se evocan claramente las manifestaciones cl&#237;nicas del fen&#243;meno a tratar. De cualquier modo, es preciso se&#241;alar que las resonancias sem&#225;nticas de dicho significante en el idioma castellano, son de una pertinencia cl&#237;nica notable. De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Espa&#241;ola (2014), &#8220;&lt;i&gt;estrago&lt;/i&gt;&#8221; significa &#8220;&lt;i&gt;ruina, da&#241;o, asolamiento&lt;/i&gt;&#8221; (p. 973); el diccionario de Mar&#237;a Moliner agrega que se trata de un &#8220;&lt;i&gt;destrozo o da&#241;o muy grande causado por una acci&#243;n natural destructora&lt;/i&gt;&#8221;, y que dicho da&#241;o puede ser &#8220;&lt;i&gt;no material&lt;/i&gt;&#8221;. La paradoja es que la forma verbal &#8220;&lt;i&gt;causar o hacer estragos&lt;/i&gt;&#8221; significa &#8220;&lt;i&gt;provocar una fuerte atracci&#243;n o una gran admiraci&#243;n entre un grupo de personas&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se introduce as&#237; un campo sem&#225;ntico te&#241;ido de gran ambivalencia, que al ser referido a la funci&#243;n materna, conduce al abordaje de los efectos de fascinaci&#243;n que genera la impronta de su omnipotencia en los primeros a&#241;os de vida, como si se tratase de la captura o el arrebato que sufre el espectador al observar al actor. Al mismo tiempo, la alusi&#243;n a la devastaci&#243;n, permite ubicar las marcas voraces y mort&#237;feras de dicha fascinaci&#243;n en el sujeto, y sin duda es a estas a las que alude Lacan al introducir el t&#233;rmino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Teniendo como marco esta ambivalencia parad&#243;jica y fundante, es posible intuir que la relaci&#243;n fascinante y devastadora que se establece con el deseo de la madre, convierte al estrago materno en un asunto inherente al ser hablante. Es destacable que en la mayor&#237;a de pasajes en los que refiere al tema, Lacan parece vincular el estrago materno a una insuficiencia inherente a la funci&#243;n paterna para metaforizar el deseo de la madre. Esto puede ocurrir bajo m&#250;ltiples aristas, sea porque su ley es eclipsada por la ley materna, o porque pese a que se interpone para que las fauces del cocodrilo no devoren su producto, estas a&#250;n conservan la facultad de cerrarse intempestivamente sobre el mismo, o bien, porque aunque el padre aporte respuestas parciales sobre los tipos ideales del sexo, el sujeto persiste buscando dolorosamente la sustancia de su ser en la relaci&#243;n con la madre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La investigaci&#243;n se concentra en el fen&#243;meno cl&#237;nico del estrago materno en las neurosis, sin descuidar su estrecha relaci&#243;n con la insuficiencia paterna. En este sentido, se trata de dilucidar la posibilidad de atribuir al estrago materno una funci&#243;n estructural en las neurosis, y por ende, de considerarlo en el estatuto de un concepto de plena validez en la teor&#237;a psicoanal&#237;tica lacaniana. En este marco, resulta interesante atender con especial atenci&#243;n a la cuesti&#243;n del estrago materno en el var&#243;n, poco referenciado en la literatura psicoanal&#237;tica, sin desconocer la evidencia cl&#237;nica de la particular intensidad que toma dicha problem&#225;tica para el sujeto femenino, quien en su novela familiar expone la complejidad in&#233;dita y pertinaz impl&#237;cita en la relaci&#243;n madre-hija, dif&#237;cilmente equiparable a la de otro tipo de v&#237;nculo humano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan denomina &#8220;&lt;i&gt;estrago materno&lt;/i&gt;&#8221; a las consecuencias mort&#237;feras del deseo de la madre erigido como Otro primordial en la constituci&#243;n subjetiva. La denominaci&#243;n responde aparentemente a las coordenadas de su &#250;ltima ense&#241;anza, sin embargo, al rastrear los fundamentos de la misma, resulta evidente que con ella sintetiza sus formulaciones previas tanto acerca de los efectos mort&#237;feros de la imago materna del tiempo primordial, como de las incidencias de la voracidad materna en la constituci&#243;n del sujeto y la impronta que instaura el significante del Deseo-de-la-Madre -cuya significaci&#243;n es enigm&#225;tica y opaca- al encubrir una ausencia de significante constitutiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;M&#225;s all&#225; de la popularidad de apenas dos referencias aisladas en la obra de Lacan donde se vincula el fen&#243;meno del estrago a la funci&#243;n materna -a saber, aquella del &lt;i&gt;Seminario XVII&lt;/i&gt; &#8220;&lt;i&gt;El reverso del psicoan&#225;lisis&lt;/i&gt;&#8221; (1969-70), donde afirma que el deseo de la madre siempre produce estragos en tanto representa el riesgo latente de ser devorado por un cocodrilo, y aquella de &lt;i&gt;El atolondradicho&lt;/i&gt; (1972), en la que parece circunscribir el estrago a la relaci&#243;n madre-hija, en cuanto esta &#250;ltima espera de la primera en tanto mujer la sustancia de su ser femenino- es posible aseverar que la cuesti&#243;n del estrago materno recorre gran parte de su ense&#241;anza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde el inicio hace alusi&#243;n a este fen&#243;meno el estatuir en &lt;i&gt;Los complejos familiares en la formaci&#243;n del individuo&lt;/i&gt; (1938) las incidencias de la fascinaci&#243;n con la imago materna y su cercan&#237;a con la muerte como tendencia originaria en la constituci&#243;n del sujeto, haciendo eco de los hallazgos de Freud sobre su influjo en la psicolog&#237;a de la degradaci&#243;n de la vida amorosa en el var&#243;n, y tambi&#233;n de sus elaboraciones expuestas en &lt;i&gt;Sobre la sexualidad femenina&lt;/i&gt; (1931) y la &lt;i&gt;Conferencia 33 &#8220;La feminidad&#8221;&lt;/i&gt; (1933), donde establece en la fase de ligaz&#243;n-madre el n&#250;cleo etiol&#243;gico de la neurosis hist&#233;rica aludiendo al problema de la feminidad. De hecho, Lacan reconoce tempranamente en sus &lt;i&gt;Intervenciones en la SPP&lt;/i&gt; (1933-37) que las madres tienen en general un car&#225;cter mort&#237;fero, especialmente en la relaci&#243;n con la hija, vinculando la funci&#243;n materna a un costado que presentifica un deseo de muerte m&#225;s all&#225; de la sexuaci&#243;n en juego, pero haciendo hincapi&#233; en la tenacidad del fen&#243;meno entre mujeres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;M&#225;s adelante, Lacan dedica un a&#241;o entero, consignado en el &lt;i&gt;Seminario IV &#8220;La relaci&#243;n de objeto&#8221;&lt;/i&gt; (1956-57) a dilucidar las distintas versiones de la madre -la madre simb&#243;lica, la madre insaciable, la madre voraz y la doble madre en el amor y en el deseo-, para finalmente arribar en el &lt;i&gt;Seminario V &#8220;Las formaciones del inconsciente&#8221;&lt;/i&gt; (1957-58) al concepto de Deseo-de-la-Madre, expuesto ahora como un significante que denota una funci&#243;n de estructura m&#225;s all&#225; del personaje que lo encarna. Sin duda, &#233;ste se presenta con una significaci&#243;n opaca y enigm&#225;tica en el origen de la constituci&#243;n del sujeto, una X ubicada en el registro de lo real, a la cual s&#243;lo la met&#225;fora paterna viene a esclarecer parcialmente aportando la significaci&#243;n f&#225;lica como una suerte de interpretaci&#243;n, naturalmente insuficiente por ce&#241;irse a lo simb&#243;lico, cuando el deseo de la madre en tanto mujer, hunde sus ra&#237;ces en su goce en lo real.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En efecto, la formulaci&#243;n de acuerdo con la cual &#8220;&lt;i&gt;el deseo del hombre es el deseo del Otro&lt;/i&gt;&#8221; (Lacan, 1962-63), no descuida en ning&#250;n momento que ese Otro en principio es la madre, o cualquiera que ejecute su funci&#243;n en la libidinizaci&#243;n del cuerpo del ni&#241;o. En el recorrido cl&#237;nico alrededor del concepto del deseo materno, Lacan articula lecturas cl&#237;nicas tanto de la literatura anal&#237;tica como fuera de ella &#8211;&lt;i&gt;Edipo, el peque&#241;o Hans, Leonardo Da Vinci, Hamlet, Andr&#233; Gide, el caso Sandy, Dora, la joven homosexual, Electra y Ant&#237;gona&lt;/i&gt;- en las cuales introduce alusiones al costado devastador del deseo de la madre, en algunos de ellos incluso mencionando el significante &#8220;estrago&#8221; como tal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un estudio exhaustivo muestra que no son tan aisladas las referencias al estrago materno en seminarios y escritos de Lacan, y tampoco son privativas de su &#250;ltima ense&#241;anza. La met&#225;fora del cocodrilo expuesta en el &lt;i&gt;Seminario XVII &#8220;El reverso del psicoan&#225;lisis&#8221;&lt;/i&gt; (1969-70) est&#225; anunciada ya en el &lt;i&gt;Seminario IV &#8220;La relaci&#243;n de objeto&#8221;&lt;/i&gt; (1956-57) donde el deseo materno es equiparado a unas fauces abiertas que el sujeto encuentra frente a s&#237; y que permiten comprender las incidencias del complejo materno para el peque&#241;o Hans. Del mismo modo, ya en su trabajo &lt;i&gt;Juventud de Gide o la letra y el deseo&lt;/i&gt; (1958), Lacan utiliza el t&#233;rmino &#8220;&lt;i&gt;estrago&lt;/i&gt;&#8221; para referirse a las incidencias voraces que tuvo el deseo materno para este autor, dando cuenta de que el fen&#243;meno en modo alguno es privativo de mujeres. La lectura de Hamlet, expuesta en el &lt;i&gt;Seminario VI &#8220;El deseo y su interpretaci&#243;n&#8221;&lt;/i&gt; (1957-58) ense&#241;a que la incidencia del deseo de la madre, cuando no permite la apertura a la pregunta por la mujer, resulta tambi&#233;n devastadora para el var&#243;n, o bien, para el sujeto sexuado de modo masculino de acuerdo a las f&#243;rmulas de la sexuaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adem&#225;s de su lectura de Hans, Gide y Hamlet, haciendo una pesquisa rigurosa de su primera ense&#241;anza, es posible encontrar menciones de Lacan al hecho constitutivo por el cual el deseo del Otro primordial tiene efectos estragantes adem&#225;s de constitutivos en el sujeto. Verbigracia, en el &lt;i&gt;Seminario IX &#8220;La identificaci&#243;n&#8221;&lt;/i&gt; (1961-62), plantea que &#8220;&lt;i&gt;el deseo existe, est&#225; constituido, se pasea a trav&#233;s del mundo y ejerce sus estragos ante toda tentativa de vuestras imaginaciones er&#243;ticas o no para realizarlo; e incluso no queda excluido que ustedes lo reencuentren como tal, el deseo del Otro, del Otro real&lt;/i&gt;&#8221; (In&#233;dito). Puede advertirse entonces que el t&#233;rmino estrago no s&#243;lo est&#225; presente ya en la primera ense&#241;anza de Lacan, sino que de entrada remite a la devastaci&#243;n que introduce el deseo del Otro en la subjetividad, incluso del Otro real, sin duda, refiri&#233;ndose a que m&#225;s all&#225; de constituirse como una instancia simb&#243;lica, el Otro encarna un cuerpo que goza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237; pues, por razones de estructura e independientemente a la modalidad de sexuaci&#243;n a la que el sujeto acceda, el estrago materno constituye una experiencia fundante. El planteamiento s&#243;lo adquiere una contundencia radical en el &lt;i&gt;Seminario XVII &#8220;El reverso del psicoan&#225;lisis&#8221;&lt;/i&gt; (1969-70), donde manifiesta que el deseo de la madre siempre produce estragos, dejando expl&#237;cito que no se trata de un accidente cl&#237;nico sino de un hecho de estructura que ata&#241;e a todo ser hablante, sin importar su sexo o su tipo de neurosis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En su &#250;ltima ense&#241;anza, Lacan se refiere al traumatismo de estar involucrado en el deseo del Otro antes del nacimiento, tanto en la v&#237;a libidinal como en la mort&#237;fera, entremezcladas al modo de una banda de M&#246;ebius: el estrago materno da cuenta entonces de aquellos excesos de goce que implanta el encuentro con el deseo de la madre en la constituci&#243;n del sujeto, revelando ser el reverso mort&#237;fero de la erotizaci&#243;n que induce este. Justamente, en el lugar donde no hay relaci&#243;n sexual, el significante sexual se revela como inexistente junto con el de la muerte, y en ese mismo agujero se introduce el goce que une al &lt;i&gt;parl&#234;tre&lt;/i&gt; con el Otro materno, a&#250;n a contracorriente de la dialectizaci&#243;n que el Nombre-del-Padre provee bajo la &#233;gida de la significaci&#243;n f&#225;lica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En otras palabras, el parl&#234;tre, cualquiera sea su sexo, adviene al mundo alojado por este deseo, pero el mismo, por constituir un significante opaco en la estructura producto de la apor&#237;a del malencuentro entre dos, o bien, de la ausencia de relaci&#243;n entre los sexos a nivel del goce, circunscribe un agujero desde donde las letras de goce se inscriben en lo real del cuerpo del ser hablante. La inexistencia del significante sexual, cede as&#237; paso a que la vertiente estragante del deseo materno demarque por estructura a este &#250;ltimo como un deseo de muerte, abismo al que es convocado el sujeto cada vez que alguna de sus respuestas &#8211;el yo, el s&#237;ntoma y el fantasma- vacilan. Es desde ese agujero en donde las letras de goce se inscriben en el ser hablante, lanzando finalmente el discurrir del inconsciente como velo de lo real. El inconsciente es una elucubraci&#243;n de saber sobre &lt;i&gt;lalengua&lt;/i&gt; que hace del Edipo un sue&#241;o a interpretar, y de la novela familiar un torbellino de significaciones que esquivan lo real, el hueso del an&#225;lisis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este orden de ideas, las hip&#243;tesis planteadas en la investigaci&#243;n parecen demostrar validez. En efecto, y en primera instancia, el Deseo-de-la-Madre, significante establecido como operatoria arcaica respecto del interjuego presencia-ausencia de la madre simb&#243;lica, entra&#241;a un enigma como una suerte de punto de vac&#237;o en la estructura, una X cuyo significado al sujeto es opaco y cuya soluci&#243;n no es abordable por entero en lo simb&#243;lico. Es por esta raz&#243;n que Lacan no duda en vincular las incidencias del Deseo-de-la-Madre al supery&#243; materno postulado por Melanie Klein, dando cuenta con ello de la forma que toma el discurso del Otro como un mandamiento mort&#237;fero, indialectizable y primordial en el nivel m&#225;s arcaico de la estructuraci&#243;n subjetiva. De este modo, la problem&#225;tica del estrago materno no es un accidente cl&#237;nico de sujetos femeninos, sino un hecho de estructura extensible a todo ser hablante, indistintamente de la posici&#243;n que estos tomen respecto de las dos modalidades de la sexuaci&#243;n propuestas por Lacan en el &lt;i&gt;Seminario XX &#8220;A&#250;n&#8221;&lt;/i&gt; (1972-73).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dadas las implicaciones de lo ilimitado del goce de la madre en tanto mujer sobre el hijo, para quien el deseo de ese Otro ha sido traum&#225;tico, cualquiera haya sido el signo de dicho deseo -que por naturaleza articula los opuestos de amparo-desamparo o vida y muerte-, el fen&#243;meno del estrago materno concierne a la voracidad constitutiva de ese Otro primordial que -de no ser por mediaci&#243;n paterna- apunta a reintegrar su producto, contando con la complicidad de este en el goce. Se trata de datos estructurales: el Deseo-de-la-Madre constituye el deseo en el cachorro humano, pero la misma din&#225;mica ejerce estragos como reverso o contracara, justamente por la dependencia absoluta del peque&#241;o, quien en los pactos del desamparo est&#225; dispuesto a hacerse devorar por la madre hasta la muerte, en aras de completarla. Sobra aclarar que los fen&#243;menos cl&#237;nicos del estrago obedecen y son abordados desde el punto de vista de la complicidad de goce del hijo respecto del deseo de la madre. En modo alguno se trata de culpabilizar a la madre, pues es responsabilidad del sujeto desasirse de esa influencia en pos de una separaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estrago materno es el reverso del deseo de la madre, el cual, m&#225;s all&#225; de la erotizaci&#243;n del cuerpo y el investimento narcisista del ni&#241;o, revela un deseo de muerte que hunde sus ra&#237;ces en lo real, del mismo modo que el goce de la madre ignorado por ella misma. La manifestaci&#243;n subjetiva m&#225;s fehaciente del estrago materno en tanto articulador del deseo de muerte es justamente la dial&#233;ctica imposible del supery&#243; temprano descripto por Klein como proveniente de la relaci&#243;n primordial con la madre, y reubicado por Lacan en el &lt;i&gt;Seminario V &#8220;Las formaciones del inconsciente&#8221;&lt;/i&gt; (1957-58) como un imperativo imposible de goce proveniente del Otro materno, en un nivel arcaico en el que &#233;ste a&#250;n no se revela sujeto a otra ley.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En segundo lugar, y en estrecha relaci&#243;n con lo anterior, es l&#237;cito plantear que el significante del Nombre-del-Padre provee respuestas certeras en t&#233;rminos f&#225;licos, pero insuficientes, tanto al deseo materno como al enigma de lo femenino. Dada su inscripci&#243;n netamente simb&#243;lica, no puede m&#225;s que interpretar en t&#233;rminos f&#225;licos los dos tipos de identificaci&#243;n sexuada desde el Ideal, tal y como lo propone Lacan en &lt;i&gt;La significaci&#243;n del falo&lt;/i&gt; (1958). Dicha operatoria implica desconocer que el falo mismo es el obst&#225;culo a la relaci&#243;n sexual inexistente, como se explicita en el &lt;i&gt;Seminario XX &#8220;A&#250;n&#8221;&lt;/i&gt; (1972-73). Dado que la falla del padre, tanto para sancionar al goce de la madre, como para hacer de esta enteramente la causa de su deseo como mujer, es estructural y no excepcional, el estrago materno constituye una cuesti&#243;n de validez cl&#237;nica m&#225;s all&#225; del padre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En efecto, aun habiendo atravesado la dial&#233;ctica de los tres tiempos del Edipo en la que el padre primero se presenta velado, despu&#233;s con un mensaje prohibitivo mediado por la madre y por &#250;ltimo con un mensaje directo y habilitante para el sujeto, las limitaciones de la respuesta paterna resultan evidentes y son denunciadas tanto por el sujeto obsesivo, quien subjetiva una deuda paterna imposible de saldar, como por el sujeto hist&#233;rico, quien sostiene al padre justamente para eclipsar su verdad, el ser un excombatiente. Desde esta l&#243;gica, el s&#237;ntoma neur&#243;tico devela que el padre, por estructura, ejecuta una operaci&#243;n fallida e insuficiente, la del recubrimiento simb&#243;lico de lo real. En las fallas de la operaci&#243;n metaf&#243;rica que su significante est&#225; convocado a cumplir, se cuela a modo de supery&#243; materno el goce mort&#237;fero que articula el estrago, obstaculizando al sujeto el decurso del deseo y el encuentro con el Otro sexo, para acceder al reconocimiento de las mujeres, una por una en su singularidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estrago materno se caracteriza entonces por una suerte de sin l&#237;mite en las concesiones del ser que el sujeto ofrenda a la fascinaci&#243;n mort&#237;fera que suscita el Otro primordial ejerciendo el imperativo insensato del supery&#243;, all&#237; donde el padre no hace s&#237;ntoma, o incluso en el s&#237;ntoma mismo como un exceso m&#225;s all&#225; de la regulaci&#243;n paterna. El supery&#243; materno se formula entonces en la articulaci&#243;n significante ligado a la dependencia del Otro primordial, soporte de las primeras demandas en el lenguaje. Evidentemente, se trata de una forma del supery&#243; a cuyo comando se puede retornar en momentos cruciales, cuando la referencia paterna se revela incapaz para sostener el espacio del deseo, all&#237; donde el sujeto se desvanece como aquello que representa un significante para otro significante, y aparece m&#225;s bien en calidad de objeto respecto del Otro materno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta modalidad del supery&#243; no s&#243;lo implica una disoluci&#243;n del sujeto y su discurrir deseante, sino que obstaculiza el encuentro con lo real propio de la presentificaci&#243;n del Otro sexo en la experiencia subjetiva. As&#237;, por instancias del supery&#243; materno, lejos de asumir una posici&#243;n respecto del Otro sexo o de confrontarse de alg&#250;n modo con la inexistencia del universal de la mujer para posicionarse en las modalidades de la sexuaci&#243;n, el ser hablante permanece entrampado pavone&#225;ndose como el objeto que completa el narcisismo materno, justamente all&#237; donde este revela su costado mort&#237;fero al obedecer a un deseo de muerte, dado que el goce materno y su potencia de voracidad se sostienen en lo real.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este sentido, resulta en extremo interesante encontrar que sobre el final del &lt;i&gt;Seminario XXVI &#8220;La topolog&#237;a y el tiempo&#8221;&lt;/i&gt; (1978-79), Lacan sostiene que el supery&#243; materno se constituye por una primera articulaci&#243;n entre lo real y lo simb&#243;lico, siendo necesaria una torsi&#243;n que lo metaforice para constituir al supery&#243; paterno. Dicho acontecimiento es la represi&#243;n originaria del significante f&#225;lico, que hace al supery&#243; segundo encarnar el resto de real que queda del supery&#243; primero luego de la simbolizaci&#243;n. La ley paterna no recubre por entero a lo real de la ley materna, de la cual se conserva en la estructura un n&#250;cleo vinculado a la insensatez y al mandamiento imposible de goce puro, que conduce al sujeto a la satisfacci&#243;n mort&#237;fera m&#225;s all&#225; del principio de placer. Se advierte de este modo que la operaci&#243;n de la met&#225;fora paterna implica una sustituci&#243;n del significante del Deseo-de-la-Madre por el del Nombre-del-Padre, pero el resto de goce no recubierto por la ley paterna articula al estrago materno como aquello que escapa a la regulaci&#243;n simb&#243;lica, erigi&#233;ndose en la subjetividad como un supery&#243; arcaico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bajo esta lectura, y en tercer lugar, por sus imbricaciones con los conceptos de Deseo-de-la-Madre y de supery&#243; materno, por erigirse como el resto de goce que insiste tras la operatoria de la Met&#225;fora Paterna, el Estrago Materno podr&#237;a ser establecido en la categor&#237;a de un concepto psicoanal&#237;tico con amplios fundamentos epist&#233;micos tanto en la obra de Freud como de Lacan. Efectivamente, Freud delimita las incidencias de la imago materna en lo que tiene que ver con la constituci&#243;n del sujeto como cuerpo er&#243;geno, pero al mismo tiempo se ocupa de situar el modo en que &#233;sta inciden desde el complejo ed&#237;pico en la formaci&#243;n de s&#237;ntoma. En sujetos masculinos lo estudia particularmente en el fen&#243;meno de la degradaci&#243;n de la vida amorosa, mientras que en sujetos femeninos, encuentra las incidencias censuradoras del supery&#243; materno en el acceso a la sexualidad femenina, y la subjetivaci&#243;n de una hostilidad inconsciente de la madre en la cual se sostiene el encono y la ambivalencia que caracteriza a los reproches en la relaci&#243;n madre-hija.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, por su parte, elabora un riguroso recorrido por las consecuencias er&#243;ticas y mort&#237;feras del Deseo-de-la-Madre, conducentes a la elecci&#243;n del significante &#8220;&lt;i&gt;estrago&lt;/i&gt;&#8221;, para designar aquello del goce materno no regulado del todo por la funci&#243;n paterna que obstaculiza al sujeto -por su complicidad con el mismo- en el recorrido deseante y el encuentro con el Otro sexo. La figura del cocodrilo con sus fauces abiertas expuesta en el &lt;i&gt;Seminario XVII &#8220;El reverso del psicoan&#225;lisis&#8221;&lt;/i&gt; (1969-70) delimita la voracidad materna en tanto factor de impedimento para asumir la inexistencia del significante sexual de un modo estructural para todo ser hablante. Existe sin embargo, una particularidad expuesta en &lt;i&gt;El atolondradicho&lt;/i&gt; (1972) espec&#237;fica de las mujeres, quienes en su interrogaci&#243;n por aquello de su ser que se manifiesta en modo femenino, incurren dolorosamente en el error de buscar la sustancia de su goce en la relaci&#243;n con la madre en tanto mujer, en desmedro del padre y las soluciones ed&#237;picas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Siguiendo esta l&#243;gica, y en cuarto t&#233;rmino, queda demostrado que la problem&#225;tica del estrago materno en la subjetividad, tanto en la cl&#237;nica de la relaci&#243;n madre-hijo como de la ligaz&#243;n madre-hija, responde a la inexistencia del significante sexual, ese que dar&#237;a cuenta del universal informulable de lo femenino en la estructura. La inexistencia del significante sexual redobla el enigma del deseo de la madre, configurando las fenomenolog&#237;as cl&#237;nicas del estrago materno. La ligaz&#243;n primordial con el Otro materno, asidero del complejo de Edipo, m&#225;s all&#225; de todos los efectos vivificantes y erogenizantes del cuerpo y del narcisismo constitutivos en el sujeto, esconde la m&#225;s arcaica alianza de goce, una establecida en el terreno del &lt;i&gt;parl&#234;tre&lt;/i&gt;, resisti&#233;ndose al curso por la v&#237;a del significante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La funci&#243;n del Nombre-del-Padre es superponerse como significante a los estragos que introduce estructuralmente el Deseo-de-la-Madre y el goce del hijo que lo acompa&#241;a, convertido ahora en un cuerpo er&#243;geno. Dado que el estrago hunde sus ra&#237;ces en la constituci&#243;n misma de las letras de goce que encubren el agujero de la inexistencia del significante sexual, el padre revela su insuficiencia imponiendo a la castraci&#243;n como l&#237;mite a aquello que en su origen es ilimitado. Bajo estas premisas, es preciso dar al Estrago Materno un car&#225;cter conceptual, equivalente al de Deseo-de-la-Madre, como su contracara, o bien, como el reverso del mismo erigido al modo del supery&#243; materno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estrago materno como contracara mort&#237;fera de la funci&#243;n er&#243;tica del Deseo-de-la-Madre, es un hecho de estructura y no un accidente cl&#237;nico. Por consiguiente, si el Deseo-de-la-Madre es estructural, su reverso -que propongo conceptualizar como estrago- constituye tambi&#233;n un hecho de estructura, y responde a ese resto de goce que denuncia la falla en la instancia paterna para estar a la altura de la funci&#243;n que le es conferida. En la primera ense&#241;anza de Lacan, el Nombre-del-Padre es el significante que metaforiza el Deseo-de-la-Madre, interponiendo la significaci&#243;n f&#225;lica como interpretaci&#243;n al car&#225;cter implacable y omnipotente de la ley materna. Sin embargo, el padre real -agente de la castraci&#243;n- no est&#225; nunca a la altura de su funci&#243;n simb&#243;lica, de modo que su intervenci&#243;n frente al Otro materno porta siempre fisuras denunciadas en el s&#237;ntoma neur&#243;tico. Ahora bien, en la &#250;ltima ense&#241;anza de Lacan la funci&#243;n del padre, o mejor a&#250;n, del padre que merece respeto, remite al acto de hacer de una mujer cabalmente la causa de su deseo, esto es, promover el desdoblamiento de la madre en tanto mujer, posibilitando al hijo la operaci&#243;n de separaci&#243;n. Aun as&#237;, hay un resto de goce materno no cobijado por la operaci&#243;n paterna, siempre insuficiente en alg&#250;n punto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el marco de las neurosis, el s&#237;ntoma denuncia aquello en lo que el padre se devela -tambi&#233;n por estructura- insuficiente respecto de la operaci&#243;n que limita e interpreta el deseo y el goce de su partenaire como madre y como mujer, pues &#233;stos hunden sus ra&#237;ces en lo real, imponiendo serias limitaciones a la interpretaci&#243;n simb&#243;lica. En este sentido, la primera insuficiencia paterna ocurre en el acto mismo de interponer una prohibici&#243;n terminante a la voracidad materna que busca reintegrar su producto, pero tambi&#233;n a la posici&#243;n en el deseo de la madre por parte del sujeto, quien en el subterfugio conserva una complicidad de goce con el Otro materno que escapa a la operaci&#243;n de la separaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como lo afirma Lacan en &lt;i&gt;Posici&#243;n del inconsciente&lt;/i&gt; (1964a), el principio del acto separador es la operaci&#243;n efectiva de la met&#225;fora paterna, pero m&#225;s all&#225; de ello, el padre falla necesariamente al recubrir lo que la madre transmite como mujer, pues ella misma es portadora de un goce esquivo al significante, el cual hunde sus ra&#237;ces en lo real. La respuesta f&#225;lica cobija apenas parcialmente el enigma voraz del deseo materno limit&#225;ndose a aportar un significado al sujeto a posteriori; ahora bien, en cuanto a la mujer en la madre, aun haciendo de ella la causa de su deseo, la respuesta paterna no puede menos que configurar tipos ideales del sexo all&#237; donde la pregunta por el sexo femenino, encubre para ambas posiciones sexuadas a la inexistencia del universal femenino, carente de inscripci&#243;n en el inconsciente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estrago materno demuestra entonces ser un hecho constitutivo para sujetos masculinos, es decir, aquellos &lt;i&gt;hombredichos&lt;/i&gt; y mujeres hist&#233;ricas que se ubican del lado izquierdo de las f&#243;rmulas de la sexuaci&#243;n, en la medida en que tras el objeto del deseo fantasm&#225;tico, pretendidamente ubicado en la encarnaci&#243;n de una mujer en el lado derecho de las f&#243;rmulas, se vela en realidad el agujero en la constituci&#243;n del sujeto, el significante sexual inexistente en la estructura, que interroga y comanda las soluciones sintom&#225;ticas. En este sentido, m&#225;s all&#225; de los actos de separaci&#243;n efectivamente acontecidos en su experiencia, el sujeto masculino se aferra en un punto de goce mort&#237;fero al narcisismo con el que la madre le ense&#241;&#243; a pavonearse para ser el objeto de su deseo, sea bajo la forma de la impostura masculina o de la mascarada femenina -soluciones f&#225;licas que escamotean el verdadero encuentro con el Otro sexo-.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora bien, para quienes se sex&#250;an en una parte de su ser de modo femenino, es decir, del lado derecho de las f&#243;rmulas de la sexuaci&#243;n, el estrago materno constituye un atolladero de especial complejidad. Como lo afirma Lacan en &lt;i&gt;El atolondradicho&lt;/i&gt; (1972), para la mayor&#237;a de mujeres la relaci&#243;n con la madre constituye un estrago que contrasta dolorosamente con su recurso al padre como factor estabilizador. Si bien el Otro paterno permite el decurso de las m&#250;ltiples respuestas a la pregunta hist&#233;rica, en lo que tiene que ver con su goce la mujer espera la sustancia de la madre. Esta l&#243;gica implica un desacierto del deseo, pues dado que la madre ha sido primera en el estrago, en modo alguno podr&#237;a aportar sustancia a ese goce que le compete a cada mujer en su singularidad y fundamentalmente en su soledad respecto del Otro, quien no es m&#225;s que un intermediario para acceder a &#233;l.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si el estrago materno es padecido con particular intensidad por el sujeto femenino, es justamente porque tal y como lo indica Lacan en el &lt;i&gt;Seminario XXI &#8220;Los desenga&#241;ados se enga&#241;an&#8221;&lt;/i&gt; (1973-74), ella es la &#250;nica que hace una verdadera identificaci&#243;n sexuada, realizando una trenza que pasa primero por la identificaci&#243;n viril para acceder luego a aquello de su ser que se manifiesta en modo femenino. De ese modo, la mujer se encuentra confrontada de un modo m&#225;s acuciante al agujero real en la estructura, el de la inexistencia de la mujer, y en la medida en que ella es como tal, hombre y mujer a la vez, padece de aquello del estrago que se cuela a contracara de la metaforizaci&#243;n paterna en las dos posiciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es importante se&#241;alar que en el &lt;i&gt;Seminario XXII &#8220;R.S.I.&#8221;&lt;/i&gt; (1974-75) Lacan da al fen&#243;meno del estrago materno un alcance radical, fundando en &#233;l las coordenadas del descubrimiento del inconsciente por parte de Freud, y por ende, las condiciones mismas de posibilidad para el psicoan&#225;lisis, al afirmar que hay &#8220;&lt;i&gt;m&#225;s de un origen para ese fen&#243;meno estupefactivo del descubrimiento del inconsciente. Si el siglo XIX, me parece, no hubiera sido tan asombroso, asombrosamente dominado por lo que es muy necesario, que yo llam&#233; la acci&#243;n de una Mujer, a saber, la Reina Victoria, tal vez no nos hubi&#233;ramos dado cuenta hasta qu&#233; punto era necesario esta especie de estrago para que hubiera al respecto lo que yo llamo un despertar&lt;/i&gt;&#8221; (In&#233;dito). La moral victoriana se caracteriz&#243; por una singular devastaci&#243;n de todo lo concerniente a la sexualidad, y particularmente del Otro sexo, y en ese punto, la invenci&#243;n del inconsciente freudiano habr&#237;a tomado el relevo en calidad de s&#237;ntoma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta referencia es de extrema actualidad pues la profundizaci&#243;n del declive de la funci&#243;n paterna en la subjetividad actual retorna en la configuraci&#243;n de malestares que no obedecen a las coordenadas de los s&#237;ntomas neur&#243;ticos cl&#225;sicos. All&#237; donde el padre es insuficiente y eclipsado respecto del Otro materno, y este &#250;ltimo puede equipararse a la figura voraz de la Reina Victoria, los s&#237;ntomas contempor&#225;neos parecen demostrar una proveniencia inequ&#237;voca del estrago, imponiendo un desaf&#237;o adicional al quehacer cl&#237;nico para conducir los malestares al terreno del s&#237;ntoma en transferencia y la apertura del inconsciente. La operaci&#243;n anal&#237;tica posibilita al sujeto servirse del padre-s&#237;ntoma para ir m&#225;s all&#225; de &#233;l, y una vez establecida su operatividad en la disociaci&#243;n de la madre y la mujer, permite al sujeto ir m&#225;s all&#225; de la madre y de la desautorizaci&#243;n de lo femenino, para acercarse a la singularidad del Otro sexo, a las mujeres una por una.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;Zawady, M. (2017). &lt;i&gt;El estrago materno y la inexistencia de La mujer&lt;/i&gt;. (en prensa).&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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