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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>The Memory and its connection to the past</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/The-Memory-and-its-connection-to-the-past</link>
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		<dc:date>2018-05-13T22:24:34Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Marina Trakas</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Taking as starting point Akira Kurosawa's film, I analyse the tension between the reconstructive nature of memory and the&lt;br class='autobr' /&gt;
possibility of knowing truths from the past, and I explore if the tendency to align our personal memories to our present interests&lt;br class='autobr' /&gt;
necessarily leads to an sceptic and relativistic vision of the knowledge from the past.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; reconstructive memory, past, truth, truthfulness, self-deception, selfishness.&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-7-No-3-" rel="directory"&gt;Volumen 07 | N&#186; 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Profesora de Filosof&#237;a &#8211; Academia de Caen (Francia) Doctora en Filosofia y Ciencias Cognitivas &#8211; Macquarie University (Australia) &amp; Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales (Francia)&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Rashomon-La-memoria-y-su-conexion-con-el-pasado' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Rash&#244;mon. La memoria y su conexi&#243;n con el pasado&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Rash&#244;mon. La memoria y su conexi&#243;n con el pasado</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Rashomon-La-memoria-y-su-conexion-con-el-pasado</link>
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		<dc:date>2018-05-08T22:26:38Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Marina Trakas</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tres personajes, un monje, un le&#241;ador y un peregrino, hablan de la muerte de un samur&#225;i y de los testimonios acerca de este hecho presentados en la corte por los involucrados. Los distintos relatos del hecho muestran que todos mienten, que nadie es sincero. &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; (1950) de Akira Kurosawa es una pel&#237;cula que presenta un panorama sombr&#237;o de la naturaleza del hombre, quien ser&#237;a esencialmente ego&#237;sta y deshonesto, y que pone en duda, sino la capacidad, al menos la voluntad humana por alcanzar verdad: &#8220;Qui&#233;n es sincero hoy en d&#237;a? Solo creemos serlo. (&#8230;) Preferimos olvidar lo que no nos gusta. El hombre al final termina creyendo sus propias mentiras. Es m&#225;s f&#225;cil&#8221;, opina el peregrino. En esta presentaci&#243;n cr&#237;tica de &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt;, hablar&#233; de la tensi&#243;n entre la naturaleza reconstructiva de la memoria y la capacidad de acceder a las verdades del pasado, as&#237; como tambi&#233;n de la naturaleza de la insinceridad. Mostrar&#233; que el aspecto epistemol&#243;gico y el aspecto moral de nuestra relaci&#243;n con la verdad pasada est&#225;n estrechamente ligados y que, en definitiva, requieren una comprensi&#243;n del funcionamiento de la mente humana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras claves:&lt;/strong&gt; memoria reconstructiva | pasado | verdad | sinceridad | autoenga&#241;o | ego&#237;smo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/The-Memory-and-its-connection-to-the-past' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-7-Nro-3-" rel="directory"&gt;Volumen 07 | Nro 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, France&lt;br class='manualbr' /&gt;Universidad Nacional de La Plata, Argentina&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Mucho se ha discutido sobre el film &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; (1950) de Akira Kurosawa. Mientras que los primeros cr&#237;ticos vieron en el film una interrogaci&#243;n sobre la naturaleza de la verdad, Kurosawa en cierta manera desminti&#243; esta interpretaci&#243;n metaf&#237;sica y epistemol&#243;gica de su obra en su autobiograf&#237;a. En &lt;i&gt;Something like an Autobiography&lt;/i&gt; (1982), Kurosawa nos da a entender que &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; es un film que habla sobre las profundidades y los extra&#241;os impulsos del coraz&#243;n humano (p. 182) que impiden al hombre ser sincero consigo mismo y con los otros sobre s&#237; mismo, y que lo llevan a embellecer historias y mentir y mentirse sobre su propia vida con el fin de inflar su ego y esconder su naturaleza esencialmente ego&#237;sta (p. 183). El poder del ego, el ego&#237;smo del hombre, ser&#237;an entonces los verdaderos temas tratados en &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; de acuerdo con su autor y no la problem&#225;tica de la verdad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este art&#237;culo, me propongo ir m&#225;s all&#225; de lo que Kurosawa nos dice sobre la interpretaci&#243;n de su obra, para analizar las posibilidades interpretativas que nos abre &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt;, las cuales necesariamente sobrepasan la intenci&#243;n original de su autor. Si la naturaleza moral del hombre es la tem&#225;tica expl&#237;citamente desarrollada por Kurosawa en &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt;, la cuesti&#243;n sobre la naturaleza de la verdad tambi&#233;n se encuentra presente, pero no como una tem&#225;tica separada sino como una tem&#225;tica imbricada en el seno mismo de la pregunta por la naturaleza humana. Como tratar&#233; de mostrar a lo largo de este ensayo, la pregunta por el querer acceder a la verdad, pregunta asociada a la voluntad del hombre, es indisociable de la pregunta por el poder acceder a la verdad, pregunta asociada al funcionamiento de la mente humana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;M&#250;ltiples historias en torno un hecho&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; es un film de testimonios, de historias diversas y en principio incompatibles entre s&#237; en torno a un hecho preciso: la muerte de un samur&#225;i. La pel&#237;cula presenta distintos testimonios: el testimonio de testigos externos que no vivieron ni presenciaron directamente el hecho tr&#225;gico pero que han tenido contacto con huellas materiales sobre el hecho, o que se han topado con los involucrados; y el testimonio de las tres personas directamente involucradas en el hecho: el samur&#225;i muerto, que habla a trav&#233;s de una cham&#225;n, su mujer y finalmente el bandido, de nombre Tajomaru, acusado de asesinato.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tres tambi&#233;n son los testigos externos: el le&#241;ador, que en el tribunal declara que solo ha visto objetos dejados en la naturaleza, que constituyen huellas materiales que el evento ha dejado en el presente: primero el sombrero de la mujer, luego el gorro del samur&#225;i, luego cuerdas, una peque&#241;a cartera de brocado, y finalmente el cad&#225;ver del samur&#225;i. Esta es la declaraci&#243;n del le&#241;ador, quien en principio tiene acceso al evento pasado en un sentido m&#237;nimo, a trav&#233;s de las huellas materiales del pasado encontradas en el presente. El segundo testigo externo es un monje, que solamente declara haber visto pasar a la v&#237;ctima con su mujer por el camino, y el tercero un peregrino, que es aquel que ha encontrado al bandido cerca de un rio, herido de flechas, al costado del cual se hallaban todas las pertenencias del samur&#225;i, tales como el caballo y el arco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El primer desacuerdo con respecto a los hechos mencionados por los testigos externos proviene del testimonio de Tajomaru, el bandido acusado de asesinato. Tajomaru niega haber estado herido al momento de haber sido encontrado, y argumenta que solo se hab&#237;a ca&#237;do y que, debido al dolor, hab&#237;a rodado por el piso para tomar agua.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En relaci&#243;n con los testimonios de las tres personas directamente involucradas &#8211;testimonios que en el film son recreados visualmente&#8211;, los elementos de discrepancia comienzan a aparecer a partir del encuentro sexual entre el bandido y la mujer del samur&#225;i, es decir, a partir del momento en el que los intereses personales de cada involucrado comienzan a ser significativos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El testimonio del bandido es el m&#225;s extenso. Tajomaru cuenta que vio a la pareja pasar por el camino y, al sentirse extremamente atra&#237;do por la mujer, decidi&#243; apropiarse de ella aunque ello implicase matar a su marido samur&#225;i. Con este objetivo en vista, convenci&#243; al samur&#225;i que lo ayudara a buscar una especie de tesoro escondido en el bosque y los alej&#243; del camino principal. Los dos hombres partieron entonces en busca del tesoro mientras la mujer los esperaba. Ya en la profundidad del bosque, Tajomaru aprovech&#243; para atacar al samur&#225;i y lo encaden&#243;. Luego volvi&#243; donde se encontraba la mujer, e invent&#243; que su marido hab&#237;a sido mordido por una v&#237;bora. Celoso de la tristeza de la mujer por el supuesto accidente del samur&#225;i, el bandido decidi&#243; mostrarle que en realidad su marido no hab&#237;a sufrido un accidente sino que se encontraba atado, para luego incitarla a tener relaciones sexuales. Las im&#225;genes del film, que cuentan la historia sobre lo ocurrido seg&#250;n el bandido, dejan entrever que Tajomaru no siente que &#233;l ha violado la mujer sino que ella t&#225;citamente consiente: las im&#225;genes cuentan que la mujer lo toma entre sus brazos, como si se dejara ella tambi&#233;n llevar por su deseo, y no se tratase de un caso de violaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es a partir de este evento, i.e. la relaci&#243;n sexual entre el bandido y la mujer, que comienzan a sobresalir las diferencias entre las distintas versiones de la muerte del samur&#225;i, y que el espectador comienza a sentir que las diferencias entre las historias son tan grandes que se trata en realidad de historias completamente distintas.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_639 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/rashoa1.jpg?1754362450' width='500' height='363' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Volviendo a la historia contada por Tajomaru, luego del encuentro sexual la mujer lo habr&#237;a incitado a enfrentarse al samur&#225;i para defender su honor. La historia nos muestra luego en im&#225;genes un combate caballeresco entre el bandido y el samur&#225;i; especialmente el bandido se representa a s&#237; mismo como un guerrero experimentado, extremadamente &#225;gil y valiente. Seg&#250;n Tajomaru, &#233;l mat&#243; al samur&#225;i intr&#233;pidamente y sin mayor inconveniente al golpe n&#250;mero 23. Luego la mujer del samur&#225;i parti&#243;, y el bandido decidi&#243; no seguirla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El segundo testimonio directo es el testimonio de la mujer del samur&#225;i. Su historia difiere de la contada por el bandido a partir del momento del encuentro sexual: seg&#250;n ella, ese encuentro no es consentido sino que se trata de una violaci&#243;n. Luego de este acto, el bandido se alej&#243; y ella se acerc&#243; entonces a su marido quien la despreci&#243; y le pidi&#243; que se suicidara. Ella entonces se desvaneci&#243; y luego, al volver en s&#237;, encontr&#243; a su marido muerto con la daga que era de su pertenencia. Aqu&#237; vemos entonces otra diferencia esencial con el relato de Tajomaru en relaci&#243;n con el arma que ha dado muerte al samur&#225;i. Mientras que la historia del bandido se trataba de un sable, en la historia de la mujer se trata de una daga.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmente, el tercer involucrado, el samur&#225;i muerto, profiere su testimonio a trav&#233;s de un cham&#225;n. Seg&#250;n el samur&#225;i, luego de la violaci&#243;n el bandido convenci&#243; a la mujer de dejarlo para unirse con &#233;l. A esta proposici&#243;n, la mujer respondi&#243; afirmativamente pero impuso una condici&#243;n: que el bandido mate a su marido. Este se neg&#243; a realizar tal acto y parti&#243;. La mujer tambi&#233;n parti&#243; y dejo al samur&#225;i solo, quien decidi&#243; morir honorablemente y se quit&#243; la vida con la daga.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La &#250;ltima revelaci&#243;n proviene del le&#241;ador quien confiesa a sus compa&#241;eros de discusi&#243;n (el monje y el peregrino, testigos externos del evento) que en realidad no percibi&#243; simplemente huellas materiales en el ambiente sino que hab&#237;a sido un testigo directo de los eventos. El le&#241;ador afirma que todos mienten y que los eventos se sucedieron de manera diferente. Seg&#250;n su historia, luego del acto sexual el bandido pidi&#243; a la mujer que se casara con &#233;l pero ella no consinti&#243; directamente sino que consider&#243; que deb&#237;a preguntarle a su marido. La mujer esperaba que su marido se confrontase con el bandido en un duelo, pero el samur&#225;i se neg&#243; a arriesgar su vida por ella, a quien consideraba del mismo valor que su caballo. El samur&#225;i incit&#243; entonces a su mujer a matarse por haber sido doblemente deshonrada. Ella rompi&#243; en l&#225;grimas y acus&#243; a los dos hombres de ser ego&#237;stas y de no ser verdaderos hombres y los incit&#243; nuevamente a confrontarse en un duelo. Finalmente los dos se enfrentaron, pero el combate se desarroll&#243; de manera totalmente diferente de la manera presentada en la historia de Tajomaru. Mientras que en la versi&#243;n del bandido los dos combaten heroica y valerosamente, sosteniendo con firmeza sus sables, en la historia del le&#241;ador, el bandido y el samur&#225;i muestran miedo, sus manos tiemblan incesantemente, el combate no es un combate de sables sino que se desarrolla en el piso ya que los dos pierden incesantemente sus armas y no logran mantenerse de pie sino que caen todo el tiempo. En este combate para nada glorioso, el bandido toma finalmente su arma y mata al samur&#225;i. La mujer se escapa, y el bandido, asustado, tambi&#233;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Cuando la pregunta epistemol&#243;gica y la pregunta moral sobre nuestro acceso al pasado se reencuentran en la pregunta por el funcionamiento de nuestra mente&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una primera lectura de estas historias contrarias sobre la muerte del samur&#225;i nos lleva a pensar que Kurosawa quiere trasmitir una visi&#243;n esc&#233;ptica en relaci&#243;n con nuestro acceso a las verdades pasadas. Parecer&#237;a que no podemos acceder a nuestro pasado tal como sucedi&#243;, que cada uno construye una historia individual sobre lo que aconteci&#243; y que no habr&#237;a posibilidad de saber cu&#225;l es la verdadera. Esta visi&#243;n esc&#233;ptica sobre el acceso a la verdad lleva a un relativismo epistemol&#243;gico: cada cual inventa su &#8220;verdad&#8221; sobre el pasado, la verdad que m&#225;s le conviene. Escepticismo y relativismo serian entonces parte del mensaje de &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta es la interpretaci&#243;n que la mayor&#237;a de los cr&#237;ticos realiz&#243; sobre la obra. Sin embargo, como ya he anticipado, el problema de la verdad no parece estar en la concepci&#243;n originaria de Kurosawa, quien expl&#237;citamente declar&#243; que el tema de &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; es la naturaleza ego&#237;sta del hombre, un tema claramente moral y no epistemol&#243;gico. Adem&#225;s, el problema de la verdad as&#237; descripto contrasta con el final del film, que no hace referencia alguna a dicha problem&#225;tica sino que presenta una escena de car&#225;cter exclusivamente moral: los tres hombres que hablaban sobre la muerte del samur&#225;i, i. e. el le&#241;ador, el monje y el peregrino, encuentran un beb&#233; abandonado en el templo y el le&#241;ador decide adoptarlo, a pesar de su pobreza y su familia numerosa. El monje entonces, haciendo clara alusi&#243;n a la importancia moral de dicho acto, exclama que su fe en la humanidad ha sido restituida. &lt;br class='autobr' /&gt;
Pareciera entonces que la aserci&#243;n sobre la naturaleza moral del hombre es el verdadero tema desarrollado en &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt;, y no el problema de la verdad. No obstante, para cualquier espectador atento es evidente que, independientemente de la intenci&#243;n de Kurosawa, &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; nos transmite un mensaje sobre la verdad, y que el tema abordado no es meramente moral sino tambi&#233;n epistemol&#243;gico. &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; trata de decirnos algo no tanto sobre la verdad &lt;i&gt;tout court&lt;/i&gt;, sino sobre nuestra relaci&#243;n con la verdad, o m&#225;s bien sobre la posibilidad de acceder a la verdad, y no a cualquier verdad, como ser&#237;a el caso de verdades presentes que pueden ser corroboradas a trav&#233;s de nuestros sentidos, sino a verdades pasadas, en principio solo accesibles a trav&#233;s de la memoria. Quiz&#225; el error es haber considerado que &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; trata de dar una respuesta puramente metaf&#237;sica a la pregunta sobre la naturaleza de la verdad, cuando en realidad trata de dar una respuesta sobre nuestra relaci&#243;n con la verdad y, m&#225;s espec&#237;ficamente, sobre nuestra relaci&#243;n con la verdad pasada, respuesta que reviste al mismo tiempo de un aspecto epistemol&#243;gico y de un aspecto moral. Probablemente Kurosawa sea m&#225;s filosofo de lo que cree ser, y m&#225;s profundo que lo que ciertos cr&#237;ticos opinan, pues en su film logra plantear est&#233;ticamente la estrecha conexi&#243;n existente entre dos aspectos de un mismo tema.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta idea es claramente sugerida en ciertas conversaciones del film, especialmente en la conversaci&#243;n entre el le&#241;ador, el monje y el pasante. Luego del testimonio de la mujer, se desarrolla la siguiente conversaci&#243;n:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le&#241;ador: &#171;Todo es falso. El bandido y la mujer mintieron.&#187; &lt;br class='autobr' /&gt;
Peregrino: &#171;Los hombres no pueden decir la verdad. Se la niegan a s&#237; mismos.&#187;&lt;br class='autobr' /&gt;
Monje: &#171;Quiz&#225;s, pero solamente porque son d&#233;biles. Su debilidad los obliga a mentir. Ellos se mienten a s&#237; mismos&#187;.&lt;br class='autobr' /&gt;
Peregrino: &#171;Me dan lo mismo las mentiras si la historia es emocionante&#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mientras que el peregrino insin&#250;a que el hombre no tiene la capacidad para acceder a la verdad pasada, el monje considera que no es nuestra capacidad la que nos niega el acceso a la verdad pasada, sino nuestra voluntad que es esencialmente d&#233;bil. El monje sugiere que el hombre prefiere inventarse historias sobre lo sucedido en lugar de recurrir a una capacidad que &#233;l posee y que quiz&#225; le permitir&#237;a saber qu&#233; es lo que verdaderamente ocurri&#243;. Pareciera entonces que para el monje la imposibilidad de acceder a las verdades sobre el pasado es finalmente una decisi&#243;n del hombre. La &#250;ltima frase del peregrino insin&#250;a una idea diferente de las dos anteriores: no tiene inter&#233;s saber si el hombre puede acceder a la verdad pasada o no, ya que es suficiente que la historia sobre el pasado cumpla una funci&#243;n social: entretener la audiencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta conversaci&#243;n breve entre los tres personajes permite vislumbrar tres aspectos diferentes de la pregunta sobre la posibilidad de acceder a verdades pasadas. El primero aspecto, encarnado por la primera opini&#243;n del peregrino, se refiere al poder del hombre, es decir, a la capacidad cognitiva del hombre para alcanzar la verdad pasada. La pregunta entonces apunta a interrogar el funcionamiento de nuestra memoria, con el objetivo de saber si nuestros recuerdos pueden ser fidedignos o son puras ficciones, reconstruidas inconscientemente a partir de nuestros intereses presentes. El segundo aspecto, insinuado por el monje, asume en cierta manera que el hombre posee la capacidad de acceder al pasado pero pone en tela de juicio su querer, es decir, su voluntad para conocer el pasado tal como aconteci&#243;. Parecer&#237;a entonces que el hombre deliberadamente distorsiona sus recuerdos sobre sus experiencias vividas con el fin de ocultar y modificar todo lo que cuestiona y perturba sus representaciones y creencias presentes sobre s&#237; mismo. El tercer aspecto tiene que ver con el inter&#233;s que la verdad sobre el pasado suscita: &#191;tiene alg&#250;n inter&#233;s o valor acceder al pasado o es lo mismo si &#233;ste es reemplazado con historias ficticias?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pregunta por el poder y la pregunta por el querer acceder a la verdad pasada est&#225;n m&#225;s &#237;ntimamente relacionadas de lo que en un principio podr&#237;a parecer. En otra de las conversaciones entre los tres personajes, aparece nuevamente la idea de la voluntad d&#233;bil del hombre, pero esta vez se subraya que al hombre le es imposible verse a s&#237; mismo como en realidad es, ya que no solo reconstruye el pasado como m&#225;s le conviene seg&#250;n sus intereses presentes sino que termina por autoenga&#241;arse y creer sus propias ficciones:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le&#241;ador: &#171;El muerto tambi&#233;n miente&#187;&lt;br class='autobr' /&gt;
Monje: &#171;Pero un muerto no puede mentir. Las almas no pueden estar tan pervertidas&#187;&lt;br class='autobr' /&gt;
Peregrino: &#171;&#191;Qui&#233;n es sincero hoy en d&#237;a? Solo creemos serlo&#187;&lt;br class='autobr' /&gt;
Monje: &#171;&#161;Qu&#233; miseria!&#187;&lt;br class='autobr' /&gt;
Peregrino: &#171;Preferimos olvidar lo que no nos gusta. El hombre al final termina creyendo sus propias mentiras. Es m&#225;s f&#225;cil&#187;&lt;br class='autobr' /&gt;
Monje: &#171;No es verdad&#187;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_640 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/rashoa2.jpg?1754362450' width='500' height='363' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En esta conversaci&#243;n, entonces, se percibe m&#225;s claramente la conexi&#243;n estrecha que existe entre el aspecto epistemol&#243;gico y el aspecto moral de nuestra relaci&#243;n con la verdad pasada. Si el aspecto epistemol&#243;gico remite directamente al cuestionamiento de nuestro funcionamiento cognitivo, m&#225;s espec&#237;ficamente, al funcionamiento de la memoria, el aspecto moral de la cuesti&#243;n tambi&#233;n remite en &#250;ltimo t&#233;rmino al funcionamiento de nuestra mente. Aunque en muchos casos el hombre distorsiona su pasado intencionalmente, y en este sentido la mentira y el enga&#241;o constituyen un acto deliberado, y por tanto un acto susceptible de ser juzgado moralmente, cuando el deseo de un pasado distinto genera un pasado ficcional que termina por formar parte del sistema de creencias de una persona, la mentira y el enga&#241;o adquieren una dimensi&#243;n psicol&#243;gica y remiten entonces al an&#225;lisis de nuestra mente. En definitiva, todos los aspectos de la pregunta por nuestro acceso a las verdades pasadas requieren un an&#225;lisis del funcionamiento de la mente humana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#191;Podemos acceder a la verdad? El desaf&#237;o para la memoria reconstructiva&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Comenzar&#233; entonces por el an&#225;lisis del aspecto epistemol&#243;gico sobre nuestro acceso al pasado. Como ya he anticipado, cuando nos preguntamos por la capacidad del hombre para alcanzar la verdad pasada, nos preguntamos por el funcionamiento de su memoria: &#191;la memoria nos permite acceder al pasado tal cual aconteci&#243; o &#233;sta no es diferente de la imaginaci&#243;n y solo produce historias ficticias?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la historia de la filosof&#237;a, los recuerdos fueron considerados por mucho tiempo como copias exactas de lo ocurrido que se almacenan en nuestra mente en forma de im&#225;genes mentales. Mientras que Arist&#243;teles (350 BC) considera que la forma de los objetos del mundo exterior se grava y preserva en la mente, para Hume (1732) la memoria preserva no la forma de los objetos externos sino la forma original de la impresi&#243;n sensorial. Locke (1690) define a la memoria como una especie de segunda percepci&#243;n que nos permite &#8220;ver&#8221; de nuevo en la mente lo que vimos en el pasado a trav&#233;s de los sentidos. La memoria reproduce entonces el pasado como si se tratase de una c&#225;mara filmadora. Esta concepci&#243;n se encuentra presente en el siglo XX (y lamentablemente, aun en el siglo XXI). Russell, por ejemplo, (1921) estima que las im&#225;genes de la memoria son copias aproximativas de las experiencias sensoriales pasadas. Seg&#250;n este tipo de concepci&#243;n, los recuerdos son entonces representaciones mentales similares a la representaci&#243;n pasada. La memoria reproduce simplemente las experiencias pasadas, y la &#250;nica diferencia radica en su menor vivacidad y fuerza en relaci&#243;n con la representaci&#243;n original. La concepci&#243;n del recuerdo como copia del pasado no presenta ning&#250;n problema para el acceso a la verdad pasada. Parecer&#237;a entonces que la memoria, cuando funciona correctamente, nos permite obtener un conocimiento exacto sobre nuestro pasado tal como aconteci&#243;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, desde hace m&#225;s de 60 a&#241;os la ciencia de la memoria considera que los recuerdos son reconstrucciones y no una especie de &lt;i&gt;replay&lt;/i&gt; de un evento pasado. Reconstruimos el pasado como si fuese un rompecabezas, y es as&#237; que podemos acordarnos de lo que vivimos. Nuestra memoria no se asemeja a los palacios de San Agustin (400) y nuestros recuerdos no se encuentran almacenados pasivamente para ser recuperados en un futuro. Al recordar, reconstruimos el pasado de la misma manera que un paleont&#243;logo reconstruye un dinosaurio (Neisser, 1967). El paleont&#243;logo solo parte de algunas piezas &#243;seas encontradas, y es a trav&#233;s de otras piezas &#243;seas de otros dinosaurios, y de sus creencias y conocimientos que &#233;ste llega a reconstruir un modelo sobre el supuesto aspecto f&#237;sico de un animal extinto. Este mismo trabajo es realizado por nuestra memoria. Y es por ello que los recuerdos son reconstrucciones mentales y en nada se asemejan a videos, fotograf&#237;as, u otros medios de grabaci&#243;n. Los recuerdos son construcciones transitorias que, aunque representan el pasado m&#225;s o menos de forma precisa, est&#225;n condensados temporalmente y contienen muchos detalles inferidos, consciente y no conscientemente, al momento de su construcci&#243;n (Conway &amp; Loveday, 2015).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La primera menci&#243;n expl&#237;cita de la naturaleza reconstructiva del recuerdo se remonta a 1932. En &lt;i&gt;Remembering&lt;/i&gt; (1932), Bartlett, el padre de la psicolog&#237;a experimental, describe uno de sus experimentos psicol&#243;gicos que tiene muchos puntos en com&#250;n con la historia de Kurosawa. Bartlett hizo leer a diferentes personas una historia folcl&#243;rica llamada &lt;i&gt;The War of Ghosts&lt;/i&gt;, y las teste&#243; a trav&#233;s del tiempo para ver como la recordaban. Su experimento demostr&#243; que la historia cambiaba radicalmente con el tiempo: no solamente peque&#241;os detalles eran olvidados, y ciertos eventos eran comprimidos, sino que tambi&#233;n exist&#237;an cambios bastantes radicales; las personas adaptaban la historia en concordancia con su propia historia de vida, su cultura, sus or&#237;genes, es decir, reconstru&#237;an el recuerdo a partir de sus distintos &#8220;esquemas&#8221; mentales. En este sentido, la idea de Bartlett es similar a la de Kurosawa, pero m&#225;s extrema: mientras que Kurosawa analiza las discordancias que existen entre los recuerdos de distintas personas, Bartlett analiza las discordancias que existen entre los recuerdos de un mismo evento de una misma persona a lo largo del tiempo. Si Kurosawa parece insinuar que nunca dos personas recuerdan un mismo evento de la misma manera, Bartlett prueba que nunca un mismo evento es recordado de la misma manera por la misma persona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy en d&#237;a, con los avances de la neurociencia y la psicolog&#237;a, se podr&#237;a explicar el experimento de Bartlett a partir de las siguientes tesis ampliamente aceptadas y emp&#237;ricamente corroboradas:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;a) las huellas mn&#233;micas no son entidades fijas; cambian tanto durante el proceso de codificaci&#243;n, como durante el proceso de consolidaci&#243;n (incluso durante el sue&#241;o) y de recuperaci&#243;n;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;b) las huellas mn&#233;micas no son la &#250;nica causa de los recuerdos; los intereses y objetivos presentes, las expectativas y emociones de la persona que recuerda contribuyen tambi&#233;n a la determinaci&#243;n del contenido del recuerdo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;c) los recuerdos no solo reproducen el pasado, sino que cumplen otras funciones cognitivas como asegurar la continuidad del yo, preservar la coherencia, planificar el futuro y promover las relaciones sociales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es por ello que todo recuerdo es dependiente del contexto. Un mismo evento nunca es recordado de la misma manera, ni por distintas personas ni por la misma persona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A diferencia de la concepci&#243;n de la memoria como simple copia, el paradigma reconstructivo de la memoria pone en jaque la posibilidad de acceder a las verdades sobre nuestro pasado. Nuestros recuerdos no son construidos simplemente con miras a corresponder con la realidad pasada, sino que tambi&#233;n buscar mantener cierta coherencia con otros recuerdos, otras creencias e intereses que la persona posee. Es m&#225;s, la b&#250;squeda de coherencia prima en general sobre la correspondencia: mientras que solo pocos recuerdos son simult&#225;neamente altos en correspondencia y coherencia, la mayor&#237;a de nuestros recuerdos son altos en coherencia con nuestros otros recuerdos, creencias e intereses presentes, y bajos en correspondencia con el pasado (Conway &amp; Loveday, 2015), como en &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; en donde cada personaje trata de acomodar su recuerdo a sus intereses presentes.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_641 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/rashoa3.jpg?1754362450' width='500' height='363' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Parece entonces que la naturaleza reconstructiva de nuestra memoria pone en jaque su utilidad misma: la memoria no ser&#237;a distinta de la imaginaci&#243;n, y en nada nos permitir&#237;a conocer la verdad sobre el pasado. Todos nuestros recuerdos serian en cierta medida falsos (Bernstein &amp; Loftus, 2009). Sin embargo, la experiencia cotidiana nos demuestra de manera continua que logramos navegar tanto el mundo material como el mundo social y cultural de manera m&#225;s o menos correcta y eficaz, a partir de la informaci&#243;n que cada cual posee. Cada d&#237;a que vamos a la panader&#237;a, o al supermercado del barrio, no necesitamos buscar la direcci&#243;n, sino que recordamos autom&#225;ticamente, incluso corporalmente, c&#243;mo llegar. Cada vez que encontramos un conocido que nos ha defraudado varias veces hacemos bien en mostrar una actitud distante y precavida. La pregunta que entonces surge es c&#243;mo es posible navegar exitosamente en el mundo material, social y cultural si la informaci&#243;n que poseemos parece provenir de una capacidad tan creativa como nuestra imaginaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque la memoria sea reconstructiva, las actitudes tanto investigativas como morales de una persona implicada en un proceso de rememoraci&#243;n son distintas de las actitudes propias de una persona involucrada en un proyecto imaginativo. En un proceso de rememoraci&#243;n la persona que desea recordar su pasado con fidelidad tiene a su alcance tanto mecanismos internos de monitoreo de su memoria como m&#233;todos de investigaci&#243;n externos para confrontar sus aparentes recuerdos, ninguno de los cuales es empleado en un proyecto imaginativo. Por un lado, como bien describi&#243; Bernand Williams en su excelente y &#250;ltimo libro &lt;i&gt;Truth and Truthfulness&lt;/i&gt; (2002), la b&#250;squeda de exactitud y precisi&#243;n implica la resistencia a creer aquello que es agradable, o aquello que nos es m&#225;s conveniente, o aquello que deseamos que sea verdadero pero que en realidad no lo es. Esta resistencia a la ilusi&#243;n, al autoenga&#241;o y a la fantas&#237;a es operada por nuestra metamemoria, t&#233;rmino introducido por el psic&#243;logo estadounidense John Flavell (1971) en los a&#241;os 70, que refiere tanto a los procesos de monitoreo y de autocontrol operados por nuestra memoria como al conocimiento introspectivo que poseemos sobre el funcionamiento de la misma. Gracias a esta capacidad, una persona puede monitorear informaci&#243;n relativa a un recuerdo, tal como su accesibilidad, los sentimientos que lo acompa&#241;an, su compatibilidad con otros recuerdos y creencias, as&#237; como tambi&#233;n informaci&#243;n relativa al funcionamiento especifico de su sistema de memoria, con el fin de determinar de manera aproximativa el grado de fidelidad que deber&#237;a atribuirle a dicha representaci&#243;n interna y privada sobre el pasado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero por el otro lado, la fiabilidad de nuestros recuerdos no solo es asegurada de manera interna a nuestro sistema cognitivo, sino que ella se construye a partir de los recuerdos de otros y de las huellas materiales que los eventos pasados dejan en el mundo. Mientras que todo recuerdo posee un componente subjetivo que refiere a la significaci&#243;n y evaluaci&#243;n que le atribuimos a un evento pasado, existen tambi&#233;n propiedades del recuerdo objetivas que son f&#225;cilmente corroborables por cualquier persona que haya participado o haya sido testigo del evento recordado, o por documentos u otro tipo de m&#233;todos de codificaci&#243;n. Por ejemplo, si recordamos que en una reuni&#243;n hab&#237;a 6 personas cuando en realidad hab&#237;a 8, probablemente el falso recuerdo ser&#225; f&#225;cilmente desenmascarado como tal a partir de la confrontaci&#243;n con los recuerdos de los otros participantes, a partir de huellas materiales dejadas por el evento, tal como un registro de participantes, una fotograf&#237;a, o una filmaci&#243;n. De esta forma, una persona puede tambi&#233;n emplear m&#233;todos de investigaci&#243;n externos a su mente para evaluar la fidelidad de sus recuerdos a partir de la confrontaci&#243;n con el mundo material, social y cultural.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, como ya se mencion&#243; brevemente, el uso concienzudo de mecanismos de monitoreo internos y de m&#233;todos de investigaci&#243;n externos dependen completamente del deseo de acceder al pasado de la manera m&#225;s fidedigna posible. Y ese deseo depende claramente de la voluntad del hombre y, por tanto, reviste un car&#225;cter moral. Aqu&#237; podemos ver nuevamente como los aspectos morales y epistemol&#243;gicos sobre nuestro acceso a la verdad pasada se encuentran estrechamente entrelazados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volviendo a &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt;, es evidente que ninguno de los tres personajes directamente involucrados en la muerte del samur&#225;i desea recordar el evento de manera fiable y que, por tanto, ninguno utiliza ni sus capacidades metacognitivas ni m&#233;todos de investigaci&#243;n externos para desentra&#241;ar la verdad. Sin embargo, en tanto que espectadores del film y oyentes desinteresados de los testimonios, nosotros s&#237; podemos utilizar concienzudamente m&#233;todos de investigaci&#243;n y de comparaci&#243;n para finalmente vislumbrar los hechos que llevaron a la muerte del samur&#225;i. Si comparamos los testimonios de las personas directamente involucradas, incluido el le&#241;ador que al final se revela como testigo directo, hay m&#225;s coincidencias de las que uno puede creer al mirar por primera vez el film. Mientras que en una primera instancia las historias se presentan como completamente diferentes, un an&#225;lisis m&#225;s detallado y de naturaleza comparativa nos permite ver que entre las historias existen m&#225;s similitudes que las pensadas. Por ejemplo, en casi todas las historias la mujer aparece como aquella que incita a su esposo y al bandido a enfrentarse. Solo la mujer cuenta una historia diferente y dice haberse desmayado. Tanto la mujer como el samur&#225;i dan a entender que ella ha sido violada, a diferencia del bandido quien insin&#250;a un cierto consentimiento de la parte de la mujer. Lo mismo acontece con la muerte del samur&#225;i: solo el samur&#225;i dice haberse matado, mientras que la mujer dice no saber c&#243;mo muri&#243; su marido, y los otros dos testigos, el bandido y el le&#241;ador, coinciden en su relato sobre el asesinato del samur&#225;i en manos de Tajomaru. Si bien el combate es descripto de manera distinta, el hecho es el mismo. Recordemos que el bandido dice haber enfrentado al samur&#225;i con valent&#237;a y destreza, mientras que en la historia del le&#241;ador el enfrentamiento aparece te&#241;ido de cobard&#237;a y torpeza. En todo caso, el le&#241;ador ser&#237;a el m&#225;s objetivo pues sus intereses no parecen estar en juego en la historia: si sus recuerdos son falsos se debe probablemente a errores cognitivos en el procesamiento de la informaci&#243;n realizado por la memoria, y no a un intenci&#243;n consciente o inconsciente por ajustar los hechos pasados a sus intereses personales, como sucede en los otros tres casos donde cada uno distorsiona el pasado con el fin de mantener su honor.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_644 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/tabla1.jpg?1754362456' width='500' height='281' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En consecuencia, no estamos condenados a conformarnos con simples historias, en gran medida ficticias, sobre lo que ocurri&#243;, puramente construidas a partir de nuestros intereses presentes. Los procesos de monitoreo internos en el caso de nuestros propios recuerdos, as&#237; como tambi&#233;n los testimonios de otras personas y las huellas materiales dejadas en el mundo por los hechos pasados, pueden ayudarnos a reconstruir el pasado de manera fidedigna. En primer lugar, siempre existen algunos puntos de acuerdo entre distintos testimonios que pueden ser tenidos en cuenta para evaluar que alguien tiene m&#225;s raz&#243;n que otro. En segundo lugar, tambi&#233;n existen testimonios m&#225;s desinteresados que otros, como es el caso del testimonio del le&#241;ador, en donde es dif&#237;cil concebir un inter&#233;s posible que lo guie a deformar (consciente o inconscientemente) su recuerdo, a diferencia de los tres involucrados cuyo honor est&#225; en juego. Por &#250;ltimo, existen huellas materiales dejadas en el mundo f&#237;sico por el evento, como el cuerpo del samur&#225;i, sus pertenencias, las supuestas armas, huellas que al ser examinadas en detalle dicen m&#225;s de lo que representan de manera inmediata.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En conclusi&#243;n, podemos decir que nuestra memoria en conjunci&#243;n con la metamemoria, los sistemas de memoria de otras personas y el mundo material y cultural, nos permite tener un acceso a ciertas verdades sobre el pasado. Un escrutinio riguroso que eval&#250;a el propio recuerdo al mismo tiempo que considera a los otros y al mundo saca a la luz m&#225;s verdades que una confianza ciega en la primera representaci&#243;n que brota de nuestra memoria. A pesar de la naturaleza reconstructiva de la memoria individual, el acoplamiento entre los sistemas cognitivos de distintas personas y el mundo material y cultural hacen de la memoria un sistema fiable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#191;Queremos acceder a la verdad? Sobre la sinceridad, la insinceridad y el autoenga&#241;o&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La fiabilidad del testimonio de otros, indispensable en la b&#250;squeda de la verdad pasada, depende en gran medida de la sinceridad de esos otros. Ser sincero no solo significa expresar lo que uno piensa, sino tambi&#233;n implica evitar todo tipo de discurso enga&#241;oso, ambiguo o confuso que pueda tergiversar el mensaje recibido por el oyente (Williams, 2002). Sin embargo, en el film de Kurosawa se cuestiona la posibilidad de acceder al pasado porque se cuestiona la sinceridad del hombre. En este sentido, &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; resuena a Nietzsche, quien en su juventud escrib&#237;a:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;En los hombres alcanza su punto culminante este arte de fingir; aqu&#237; el enga&#241;o, la adulaci&#243;n, la mentira y el fraude, la murmuraci&#243;n, la farsa, el vivir del brillo ajeno, el enmascaramiento, el convencionalismo encubridor, la escenificaci&#243;n ante los dem&#225;s y ante uno mismo, en una palabra, el revoloteo incesante alrededor de la llama de la vanidad es hasta tal punto regla y ley, que apenas hay nada tan inconcebible como el hecho de que haya podido surgir entre los hombres una inclinaci&#243;n sincera y pura hacia la verdad.&#8221; (Nietzsche, 1873, pp. 18-19).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El egocentrismo y la vanidad opacan la inclinaci&#243;n pura del hombre hacia la verdad, quien nada m&#225;s desea las consecuencias agradables de la verdad y se muestra hostil frente a las verdades susceptibles de efectos perjudiciales para s&#237; mismo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_642 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/rashoa4.jpg?1754362450' width='500' height='363' alt='' /&gt;
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&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Pareciera entonces que la sinceridad no es propia de la naturaleza del hombre y que, sin embargo, ella se presenta como esencial para poder construir el pasado en com&#250;n. Si bien un hombre que voluntariamente expresa una mentira cuando se espera de &#233;l un testimonio fidedigno comete un acto deliberado e inmoral (excepto en ciertas circunstancias particulares donde la mentira estar&#237;a en cierta manera &#8220;justificada&#8221;), un hombre que se niega a s&#237; mismo la ocurrencia de un hecho, lo reprime y lo transforma al expresarlo, en realidad no miente, y por tanto no comete ni un acto deliberado ni un acto inmoral del mismo nivel que la mentira: solo expresa la mejor versi&#243;n de la verdad que es capaz de contar. En este &#250;ltimo caso, se lo puede inculpar de insinceridad consigo mismo y de falta de prudencia epist&#233;mica al evaluar su recuerdo (Williams, 2002, pp. 125-126), pero claramente estas faltas tanto morales como epist&#233;micas son m&#225;s leves que las faltas imputadas a un acto de mentira deliberada. Como Dostoyevsky escribi&#243; en &lt;i&gt;Memorias del subsuelo&lt;/i&gt; (1864):&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Todo hombre tiene recuerdos que no dice a cualquiera sino solo a sus amigos. Otros asuntos ni siquiera los revela a sus amigos, sino solo a s&#237; mismo, y en secreto. Pero existen otros asuntos que un hombre tiene miedo de decirlos incluso a s&#237; mismo, y todo hombre decente tiene varios de estos asuntos, ocultos para su propia consciencia&#8221; (citado en Goleman, 185, p. 112).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A este &#250;ltimo tipo de eventos pasados, reprimidos y alejados de la consciencia para preservar la integridad del s&#237; mismo, y por tanto la autoestima y la imagen que uno se construye de s&#237; mismo, el psic&#243;logo David Goleman (1985) los ha denominado los secretos que uno se esconde a s&#237; mismo. Existen varios mecanismos para preservar la integridad del yo: mecanismos que filtran la informaci&#243;n percibida y mecanismos que niegan o transforman la informaci&#243;n almacenada. La inatenci&#243;n selectiva pertenece al primer tipo de mecanismo. La inatenci&#243;n selectiva filtra de nuestro campo perceptivo aquellos elementos inconfortables, contradictorios, que amenazan o ponen en tela de juicio nuestra integridad y la imagen que hemos construido de nosotros mismos. Al ser borrados de nuestro campo perceptivo, estos elementos no solo nunca alcanzan nuestra conciencia sino que no son ni siquiera procesados y, por tanto, tampoco almacenados. El &#8220;blanco&#8221; de la mujer del samur&#225;i luego de haber sido despreciada por su marido podr&#237;a explicarse a trav&#233;s de este mecanismo. Dentro del segundo tipo de mecanismo, se encuentran mecanismos de negaci&#243;n y represi&#243;n, as&#237; como tambi&#233;n mecanismos de transformaci&#243;n. Existen varios mecanismos de transformaci&#243;n. La inversi&#243;n es uno de ellos: el sujeto niega el evento y lo transforma en su contrario. Este podr&#237;a ser el caso del samur&#225;i, quien incapaz de aceptar e integrar en su historia su asesinato en manos de un bandido, niega el hecho y lo transforma en un suicidio. La racionalizaci&#243;n es otro mecanismo de transformaci&#243;n, pero no tanto del evento en s&#237; sino de los verdaderos motivos que llevaron a una persona a realizar una acci&#243;n. En este caso, el sujeto niega los verdaderos impulsos detr&#225;s de su acto y los reemplaza por motivos &#8220;razonables&#8221;. En &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt;, por ejemplo, el bandido podr&#237;a haber racionalizado su acto de violaci&#243;n al considerar que la mujer del samur&#225;i consinti&#243; al acto sexual. Seg&#250;n esta versi&#243;n racionalizada, los motivos que lo habr&#237;an llevado al acto sexual no ser&#237;an entonces impulsos oscuros, malsanos y despreciables, sino el deseo mutuo y el consentimiento de la mujer del samur&#225;i.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, entre la mentira deliberada y la auto-mentira producto de mecanismos mental de defensa, existe un tercer caso, un caso intermedio que establece un puente entre estos dos extremos: la mentira deliberada que termina autoenga&#241;ando al sujeto que la emite y convirti&#233;ndose en creencia propia. Esto sucede cuando una persona que en un principio fabrica deliberadamente historias, eventos, incluso identidades, con el fin de enga&#241;ar a otros sobre sus vivencias, su pasado, su personalidad, sus valores, finalmente termina creyendo ella misma sus propias mentiras. Las inconsistencias presentes en los relatos del samur&#225;i, de su mujer y del bandido Tajomaru podr&#237;an tambi&#233;n explicarse a partir de este proceso en donde el enga&#241;o se convierte en autoenga&#241;o.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hemos visto entonces que la insinceridad posee diversos or&#237;genes: puedes ser el producto de una decisi&#243;n consciente y deliberada, es decir, de una mentira en sentido propio, o puede ser el producto de una decisi&#243;n consciente transformada con el tiempo en autoenga&#241;o, o bien de mecanismos de defensa que distorsionan la realidad de manera inconsciente. Mientras que en el primer caso la responsabilidad del sujeto que miente es mayormente moral, en el segundo y tercer caso la responsabilidad, aunque menor, es tanto moral como epist&#233;mica: el sujeto deber&#237;a ejercer una vigilancia epist&#233;mica con respecto a sus recuerdos (a trav&#233;s tanto de sus capacidades metacognitivas como de m&#233;todos de investigaci&#243;n externos) y deber&#237;a priorizar su deseo de verdad por sobre todo inter&#233;s personal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estos distintos or&#237;genes de la insinceridad que tanto Kurosawa como Nietzsche consideran propia del hombre, muestran claramente que la insinceridad no solo reviste de un car&#225;cter moral sino tambi&#233;n de un car&#225;cter epistemol&#243;gico, y que una comprensi&#243;n profunda de su naturaleza requiere la comprensi&#243;n del funcionamiento de la mente humana. Recordemos las palabras del le&#241;ador al final del film, quien al reconocer la insinceridad que puebla todas las historias, incluso la propia, exclama, consternado, no comprender la naturaleza de su alma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es entonces en relaci&#243;n con la insinceridad que podemos apreciar de la manera m&#225;s profunda c&#243;mo el aspecto epistemol&#243;gico y el aspecto moral de nuestra relaci&#243;n con la verdad pasada est&#225;n &#237;ntimamente interconectados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ego&#237;smo discursivo, altruismo en la acci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La insinceridad de Tajomaru, del samur&#225;i, de su mujer, e incluso del le&#241;ador, cuya historia podr&#237;a tambi&#233;n en principio ser ficticia, podr&#237;a tener cualquiera de los or&#237;genes mencionados con anterioridad: una decisi&#243;n deliberada de ocultar la verdad, una mentira convertida en creencia, una representaci&#243;n err&#243;nea producto de mecanismos mentales de defensa. En tanto que espectador, sin embargo, no podemos saber qui&#233;n miente deliberadamente, o qui&#233;n cree la historia falsa que &#233;l mismo relata. Aunque supongamos con cierto fundamento que el relato del le&#241;ador es el m&#225;s sincero, nada puede ser corroborado ni la duda puede ser completamente eliminada. En &#250;ltima instancia, el le&#241;ador minti&#243; en la corte al no contar los hechos que hab&#237;a presenciado, y minti&#243; al monje y al peregrino, al negar la existencia de una daga con el fin de ocultar el hecho de haberla robado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt; todos los personajes son sospechosos de insinceridad. Y este parece ser el mensaje que Kurosawa quiere transmitir. Pareciera entonces que seg&#250;n Kurosawa el hombre no emplea el lenguaje para acercarse a la verdad sino que lo utiliza exclusivamente con fines personales y ego&#237;stas: ocultar y cambiar aquellas verdades que lo perjudican o que no confirman la imagen creada de s&#237; mismo. El discurso alejar&#237;a al hombre no solo de su humanidad, entendida como sensibilidad, compasi&#243;n, bondad hacia sus semejantes, sino tambi&#233;n de la humanidad en general. El monje expresa claramente esta concepci&#243;n oscura y negativa de la palabra y de la naturaleza humana tanto al comienzo como al final del film:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Monje (al comienzo): &#8220;Guerra, terremotos, viento, incendios, hambruna, plagas&#8230; A&#241;o tras a&#241;o, no ha habido m&#225;s que desastres. Los bandidos aparecen cada noche. He visto tantos hombres asesinados como insectos, pero nunca en mi vida he escuchado una historia tan horrible como esta. Si, tan horrible. Esta vez, podr&#237;a finalmente perder mi fe en el alma humana. Estos hechos son peores que los bandidos, las plagas, las hambrunas, los incendios, o las guerras&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Monje (al final): &#8220;Si los hombres no conf&#237;an los unos en los otros, este lugar que llamamos tierra podr&#237;a ser en realidad el infierno&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La hambruna, la peste, la guerra, la muerte, no son comparables con el mal causado por el ego&#237;smo del hombre, quien utiliza la palabra para enga&#241;ar a sus cong&#233;neres y enga&#241;arse a s&#237; mismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ni siquiera el mundo de la acci&#243;n parece escapar al ego&#237;smo del hombre. Al final del film, descubrimos que el le&#241;ador niega la existencia de la daga en su relato de los hechos con el fin de ocultar que &#233;l mismo la hab&#237;a robado. El descubrimiento de este acto inmoral y ego&#237;sta es seguido por dos actos de la misma clase: el abandono de un beb&#233; reci&#233;n nacido por parte de sus padres y el robo por parte del peregrino del kimono encontrado junto al beb&#233; abandonado en el monasterio. El peregrino acent&#250;a que es imposible sobrevivir en este mundo sin ser ego&#237;sta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, Kurosawa nos ofrece un poco de esperanza antes de bajar el tel&#243;n de &lt;i&gt;Rash&#333;mon&lt;/i&gt;. Kurosawa nos presenta un acto de altruismo fuera del mundo discursivo, en el mundo de la acci&#243;n: el le&#241;ador, a pesar de ser pobre y tener que alimentar una familia numerosa, decide adoptar el beb&#233; que han encontrado abandonado en el monasterio. Si pareciera que no existe posibilidad de sinceridad en el discurso, las puertas quedan abiertas para que el altruismo, la compasi&#243;n y la bondad del hombre se realicen y se muestren a trav&#233;s de la acci&#243;n. Es en este momento cuando el monje exclama que su fe en la humanidad ha sido restituida.&lt;/p&gt;
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&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/rashoa5.jpg?1754362450' width='500' height='363' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arist&#243;teles (350 a. C.). &lt;i&gt;On Memory and Reminiscence&lt;/i&gt; [versi&#243;n electr&#243;nica]. Recuperado en &lt;a href=&#034;http://classics.mit.edu/Aristotle/memory.html&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://classics.mit.edu/Aristotle/memory.html&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agustin de Hipona (400). &lt;i&gt;Confessions&lt;/i&gt; [versi&#243;n electr&#243;nica]. Recuperado en &lt;a href=&#034;http://www.documentacatholicaomnia.eu/03d/0354-0430,_Augustinus,_Confessionum_Libri_Tredecim-Pusey_Transaltion,_EN.pdf&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://www.documentacatholicaomnia.eu/03d/0354-0430,_Augustinus,_Confessionum_Libri_Tredecim-Pusey_Transaltion,_EN.pdf&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;Williams B. (2002). &lt;i&gt;Truth and Truthfulness: An Essay in Genealogy&lt;/i&gt;. Princeton, Princeton University Press.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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