<?xml 
version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet title="XSL formatting" type="text/xsl" href="https://journal.eticaycine.org/spip.php?page=backend.xslt" ?>
<rss version="2.0" 
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
>

<channel xml:lang="es">
	<title>Journal de Etica y Cine</title>
	<link>https://www.journal.eticaycine.org/</link>
	<description></description>
	<language>es</language>
	<generator>SPIP - www.spip.net</generator>
	<atom:link href="https://journal.eticaycine.org/spip.php?id_auteur=183&amp;page=backend" rel="self" type="application/rss+xml" />




<item xml:lang="es">
		<title>El cine como pasador de lo real</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/El-cine-como-pasador-de-lo-real-517</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/El-cine-como-pasador-de-lo-real-517</guid>
		<dc:date>2020-06-04T13:39:37Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso y Juan Jorge Michel Fari&#241;a</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cine permite dar palabras e im&#225;genes al acontecimiento catastr&#243;fico. Ofrece la posibilidad de operar con el real traum&#225;tico social y en consecuencia simbolizarlo. Tanto el psicoan&#225;lisis como el arte emprenden, por v&#237;as distintas, esta ardua tarea de hacer pasar lo real a lo simb&#243;lico, de inscribir lo imposible. Se trata de dar im&#225;genes, palabras y representaciones a aquello que en principio est&#225; ausente, silenciado, rechazado. Para que ese real deje de ser una mortificaci&#243;n hecha herida abierta, instalada como repetici&#243;n vana. En ese sentido, el cine es pasador de lo real a lo simb&#243;lico a trav&#233;s de las im&#225;genes. El presente art&#237;culo introduce esta tesis a trav&#233;s de ejemplos de la pintura, la performance y el cine.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Cine | Proceso creador | Psicoan&#225;lisis | Trauma&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Le-cinema-en-tant-que-passant-du-reel' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Version fran&#231;aise&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Cinema-as-a-passer-by-from-reality' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-Nro-1-76-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | Nro 1 | Marzo 2020&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;div class='spip_document_1080 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;96&#034; data-legende-lenx=&#034;xx&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH152/el_cine1-40c70.jpg?1775199944' width='354' height='152' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_descriptif '&gt;La imponente belleza de la modelo Hannelore Knuts divide la pantalla entre la muerte y la vida
&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La imponente belleza de la modelo Hannelore Knuts divide la pantalla entre la muerte y la vida&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Elaborar un trauma &#8211;individual o colectivo- supone el trabajo arduo de simbolizar un exceso situacional que ha arrasado al sujeto y a la Polis, con el objeto de hacer pasar ese real al campo de lo representable. El siglo XX podr&#237;a pensarse como un siglo plet&#243;rico en acontecimientos desastrosos. Algunos autores llaman al siglo XX el &#8220;siglo de los genocidios&#8221;. Basta recordar los m&#225;s emblem&#225;ticos: el genocidio armenio, el Holodomor en Ucrania, la Shoah, el genocidio indonesio, el genocidio camboyano, el genocidio ruand&#233;s, los terrorismos de estado en Latinoam&#233;rica. Frente a estas cat&#225;strofes de la humanidad, &#191;c&#243;mo simbolizar lo real traum&#225;tico, cuando &#233;ste se presenta bajo la forma del goce mortificante del semejante? &#191;Cu&#225;ndo ese mal se abisma en el insondable goce del otro? &#191;En lo que el hombre le hace al hombre?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tanto el psicoan&#225;lisis como el arte emprenden, por v&#237;as distintas, la ardua tarea de hacer pasar lo real a lo simb&#243;lico, de inscribir lo imposible. De dar im&#225;genes, palabras y representaciones a aquello que en principio est&#225; ausente, silenciado, rechazado, a la espera de ser reconocido, para que deje de ser una mortificaci&#243;n hecha herida abierta, instalada como repetici&#243;n vana. Sea aquel acontecimiento que por ser arrasador sit&#250;a un intolerable imposible de ser mostrado, visto u o&#237;do (por ej. los campos de concentraci&#243;n), sea el redoblamiento de ese imposible de simbolizar en la prohibici&#243;n de simbolizar tan cara a los Creontes de este mundo: Turqu&#237;a frente al genocidio armenio, los negacionistas del Holocausto, los legitimadores de los Gulags en nombre de la Revoluci&#243;n, o los asesinos de uniforme del Proceso de Reconstrucci&#243;n Nacional en Argentina.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#191;Qu&#233; es lo Real?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya desde el inicio de su ense&#241;anza, Lacan (1953) distingui&#243; tres registros que fue desarrollando y enriqueciendo: Real, Simb&#243;lico e Imaginario, enlazados al modo de nudo borromeo (si uno se desanuda, los otros tambi&#233;n; no hay modo de pensarlos como registros puros y separados) en los que se desenvuelve la subjetividad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo real no se confunde con la realidad (que es un entramado de simb&#243;lico e imaginario), siendo caracterizado por Lacan a lo largo de sus seminarios como:&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; Aquello que escapa o &lt;i&gt;ex-siste&lt;/i&gt; a lo simb&#243;lico e imaginario&lt;/li&gt;&lt;li&gt; Lo que vuelve siempre al mismo lugar (con lo cual enlaza lo real a la compulsi&#243;n a la repetici&#243;n freudiana)&lt;/li&gt;&lt;li&gt; Lo imposible l&#243;gico&lt;/li&gt;&lt;li&gt; Lo que no cesa de no inscribirse&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Lo real para el psicoan&#225;lisis no tiene que ver con una categor&#237;a filos&#243;fica al modo del no&#250;meno kantiano. Lo real es agujero producido por la entrada del orden simb&#243;lico en el viviente humano. El significante introduce la falta en el &lt;i&gt;parl&#234;tre&lt;/i&gt;, una p&#233;rdida de goce que causa a desear y a hablar. Freud llam&#243; a esa falta fundante de la subjetividad &lt;i&gt;Das Ding&lt;/i&gt;. En su &lt;i&gt;Proyecto de una psicolog&#237;a para neur&#243;logos&lt;/i&gt; la introduce al hablar del complejo del semejante: en la relaci&#243;n del ni&#241;o con la madre, una parte de ella queda integrada en el sistema de representaciones del ni&#241;o, haciendo del Otro materno algo familiar, reconocible, ligado al sentido y al principio del placer. Pero hay otro aspecto que escapa a toda representaci&#243;n y sentido, permaneciendo como Cosa innombrable, inasimilable. Vac&#237;o inquietante que se aloja en el sistema de representaciones como excluido de toda representaci&#243;n. Este vac&#237;o &#8211;que hace al misterio de aquel objeto que operar&#237;a como causa &#250;ltima del deseo del Otro primordial&#8211;, convoca al ni&#241;o a que lo colme, haci&#233;ndose objeto. La Cosa innombrable, irrepresentable y sin sentido opera como un vac&#237;o que empuja al sujeto m&#225;s all&#225; del principio del placer, en el esfuerzo de cancelar la falta del Otro. Freud llamar&#225; &lt;i&gt;pulsi&#243;n de muerte&lt;/i&gt; a ese empuje mortificante que como compulsi&#243;n de repetici&#243;n apunta a la imposible cancelaci&#243;n de la falta primordial. De ah&#237; la paradoja &#233;tica que encierra la relaci&#243;n del sujeto con el goce en tanto empuje hacia aquello que en la vida puede preferir la muerte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El complejo de Edipo, la met&#225;fora paterna y la operaci&#243;n de castraci&#243;n permiten sacar al sujeto de la trampa de pretender colmar la falta del Otro materno, para nacer como sujeto de deseo. La castraci&#243;n materna ligada a la l&#243;gica f&#225;lica oficia de funci&#243;n de nudo imaginario y simb&#243;lico de la diferencia sexual real. El vac&#237;o pasa a significarse como falta sexual. Inscripta a cuenta del sujeto la falta en el Otro, el horror a la castraci&#243;n materna y al empuje a colmar la falta como pulsi&#243;n de muerte signan los destinos del sujeto de deseo y sus avatares fantasm&#225;ticos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo real, si bien excede a lo imaginario y lo simb&#243;lico, no por ello carece de modos de hac&#233;rsele presente al sujeto: en la forclusi&#243;n &#8211;cuando algo rechazado de lo simb&#243;lico retorna en lo imaginario en forma de alucinaciones&#8211;, en la experiencia de lo siniestro, en el costado gozoso del s&#237;ntoma, o como objeto causa de deseo del sujeto y plus de goce en el fantasma. La muerte de un ser amado o un acontecimiento catastr&#243;fico tambi&#233;n operan como un real para el sujeto, sorprendido por un exceso para las que no estaba preparado que lo traumatiza, remiti&#233;ndolo a la situaci&#243;n de desamparo primordial y la falta del Otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo real como lo imposible de simbolizar, implica para el sujeto la exigencia de simbolizaci&#243;n, en el intento de hacer pasar lo real al registro lo simb&#243;lico. En esta tarea de hacer pasar lo real a su inscripci&#243;n, y por v&#237;as diferentes, el trabajo del an&#225;lisis y la creaci&#243;n est&#233;tica cruzan sus caminos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La belleza del objeto est&#233;tico como pasadora de lo real&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;Hab&#237;a llegado a ese punto de emoci&#243;n en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me lat&#237;a el coraz&#243;n, la vida estaba agotada en m&#237;, andaba con miedo a caerme&lt;/i&gt;&#8221;. As&#237; describ&#237;a Stendhal en su libro &lt;i&gt;N&#225;poles y Florencia: un viaje de Mil&#225;n a Reggio&lt;/i&gt;, sus vivencias luego de visitar en 1817 la bas&#237;lica de la Santa Cruz en Florencia. Estupor, v&#233;rtigo, confusi&#243;n, palpitaciones, son las respuestas sintom&#225;ticas del escritor a su confrontaci&#243;n con un exceso sublime de belleza. Como era de esperar, la psiquiatr&#237;a termin&#243; encontrando un nombre para este s&#237;ndrome: en 1979 la psiquiatra italiana Graziella Magherini lo bautiz&#243; &#8220;s&#237;ndrome de Stendhal&#8221; y lo ubic&#243; dentro de las enfermedades psicosom&#225;ticas, como una reacci&#243;n causada por la exposici&#243;n a obras de arte especialmente bellas. S&#243;lo falt&#243; explicar por qu&#233; la exuberancia de belleza puede provocar semejante respuesta en un sujeto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Que la obra de arte sea capaz de suscitar por su belleza este efecto perturbador es un indicador de que la dimensi&#243;n de lo real ha sido evocada. El poeta Rainer Maria Rilke dec&#237;a que lo bello &#8220;es el comienzo de lo terrible que todav&#237;a podemos soportar&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Citado por Eugenio Tr&#237;as en su obra &#034;Lo bello y lo siniestro&#034;, Barcelona, 1970.&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Y en esa misma l&#237;nea, Lacan planteaba a lo bello como la &#250;ltima barrera ante lo real de la Cosa innombrable. Se trata, al fin y al cabo, de la relaci&#243;n de la belleza a un real inquietante. Y de la obra de arte como pasadora de un real insimbolizable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La obra de arte encierra la paradoja de ser un objeto de la percepci&#243;n que sin embargo transmite algo que va m&#225;s all&#225; de lo sensible. Al hacerlo, interpela al sujeto, al darle acceso a una experiencia de goce por la que queda fascinado pero de la que ignora su causa. Atrapante pero enigm&#225;tica, la obra se muestra opaca e inaccesible, al tiempo que nos implica al evocarnos un m&#225;s all&#225; que expresa mediante formas, sonidos, palabras o movimientos. Eso evocado concierne a lo real en el sentido planteado por Lacan como lo imposible de ser simbolizado o plasmado en im&#225;genes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La creaci&#243;n art&#237;stica es un modo de enfrentar el horror a la castraci&#243;n y elaborar lo real traum&#225;tico mediante el recurso a lo bello. Tanto Freud como Lacan vinculan la creaci&#243;n art&#237;stica a la sublimaci&#243;n. Lacan la defin&#237;a como la elevaci&#243;n de un objeto a la dignidad de la Cosa. Si el significante introduce la p&#233;rdida de goce que causa a desear, la sublimaci&#243;n en tanto creaci&#243;n &lt;i&gt;ex nihilo&lt;/i&gt; repite la operaci&#243;n fundante de la subjetividad: engendra a partir de la nada, en el intento de representar lo irrepresentable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La obra de arte se construye en torno de un vac&#237;o: la p&#225;gina en blanco del escritor, la tela del pintor, el espacio del arquitecto, lo informe de la piedra o la masilla del escultor, o el silencio sobre el que el m&#250;sico evocar&#225; la &#8220;nota azul&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La &#034;nota azul&#8221; no es una nota en particular, sino un punto musical que hace (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El vac&#237;o como innombrable e irrepresentable remite al horror a la castraci&#243;n del Otro. Modo de significar el vac&#237;o como falta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el Seminario &lt;i&gt;La &#233;tica del psicoan&#225;lisis&lt;/i&gt; (1959) Lacan plantea que el objeto art&#237;stico es instaurado en cierta relaci&#243;n con La Cosa, destinado al mismo tiempo a delimitarla, presentificarla y ausentificarla. En la sublimaci&#243;n se representa &lt;i&gt;das Ding&lt;/i&gt; a trav&#233;s de un objeto que haga presente el vac&#237;o como representaci&#243;n de lo irrepresentable. De ah&#237; el car&#225;cter parad&#243;jico de la obra de arte, al dar imagen a lo inimaginarizable, dar a escuchar lo inaudible, o dar a ver lo invisible. Ella es presencia a una ausencia, haci&#233;ndose as&#237; pasadora de lo real que escapa al significante y la imagen.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Que el arte logre ser &lt;i&gt;pasador&lt;/i&gt; de lo real a lo simb&#243;lico por v&#237;a de lo imaginario implica la virtud del arte de valerse de recursos sensibles para lograr transmitir algo que la sensibilidad no podr&#237;a captar de manera directa. Empleamos aqu&#237; el t&#233;rmino &lt;i&gt;pasador&lt;/i&gt; en el sentido de:&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; aquello que permite cambiar una cosa de un estado a otro (para el caso, de lo real a lo simb&#243;lico)&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; lo que permite transmitir o comunicar una propiedad, haci&#233;ndola llegar a alguien o a un lugar.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;El objeto de arte puede devenir un medio que transmita algo que ya no es un objeto concreto sino un real irrepresentable evocado al sesgo. Al hacerlo, se vuelve &#8220;pasador&#8221;: logra comunicar una dimensi&#243;n que est&#225; m&#225;s all&#225; de los sentidos. Se vuelve mediador entre un estado irrepresentable y otro representable. Apela a nuestros sentidos pero para hacerlos trascender. Para lo cual el recurso a la belleza resulta esencial. La belleza opera como &#250;ltima barrera ante la Cosa horrorosa e innombrable. Esa barrera es un velo del horror que, al darle alguna forma, permite al mismo tiempo presentirla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bajo el velo de la belleza, el horror se hace presente en la obra de arte. Si se descorriera ese velo, caer&#237;a el efecto est&#233;tico y la obra errar&#237;a el blanco.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Es lo que pasa con algunas obras de arte contempor&#225;neo que buscan la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Y si por el contrario la obra no evocara esa dimensi&#243;n de lo real tras el velo, cumplir&#237;a una funci&#243;n renegatoria cual un fetiche. Ser&#237;a un arte falso, arte de consumo, o arte al servicio de la ideolog&#237;a imperante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El travelling de L'envahisseur&lt;/strong&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Nicolas Provost, L'envahisseur, B&#233;lgica, 2011, 95&#180;&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cine, cuando no est&#225; al servicio de promover un fetichismo de la imagen, se presta a la empresa de dar palabras e im&#225;genes al acontecimiento catastr&#243;fico que opera como real traum&#225;tico social y as&#237; simbolizarlo. Condici&#243;n de posibilidad para hacerlo entrar tambi&#233;n en un orden legal. Un ejemplo elocuente es el film belga &lt;i&gt;L'envahisseur&lt;/i&gt; en torno de la inmigraci&#243;n ilegal y la segregaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El inicio de &lt;i&gt;El invasor&lt;/i&gt;, de Nicolas Provost, es un largo travelling que comienza con el enigm&#225;tico primer plano de un sexo femenino. Se trata de una cita al c&#233;lebre y escandaloso cuadro &lt;i&gt;El origen del mundo&lt;/i&gt;. En 1866 Gustave Courbet pint&#243; un &#243;leo sobre lienzo de 55&#215;46 cm para el millonario y diplom&#225;tico turco Khalil Bey. El cuadro muestra el pubis, las piernas abiertas y parte del vientre de una mujer acostada sobre una s&#225;bana blanca. Nunca antes se hab&#237;a representado en el arte pict&#243;rico al sexo femenino de modo tan realista. Mucho menos como centro excluyente de un cuadro.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1081 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH295/el_cine2-15464.jpg?1775199944' width='354' height='295' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;El origen del mundo&lt;/i&gt;, Gustave Courbet (1866)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si bien Courbet no la nombr&#243; as&#237;, la obra se hizo conocida como &#8220;&lt;i&gt;El origen del mundo&lt;/i&gt;&#8221;. Luego de la muerte de Khalil Bey, el cuadro pas&#243; por varias colecciones privadas. El anticuario Antoine de Narde la compr&#243; en un remate y por pudor prefiri&#243; cubrirla con otro cuadro de Courbet, el paisaje &#8220;&lt;i&gt;La casa de Blonay&lt;/i&gt;&#8221;. En 1913, los dos cuadros, siempre uno cubriendo al otro, se expusieron en la Galer&#237;a Bernehim-Jeune, de Par&#237;s, sin que se conociera su propietario. El conde Ferencz Hatvany, pintor y coleccionista, expon&#237;a en esa galer&#237;a y decidi&#243; comprar todos los cuadros de Courbet. Los llev&#243; a Hungr&#237;a y procedi&#243; como todos los propietarios anteriores de &#8220;&lt;i&gt;El origen del mundo&lt;/i&gt;&#8221;: lo mantuvo oculto bajo solapado bajo otro cuadro. Los alemanes invadieron Hungr&#237;a y, como lo hicieron en toda Europa, se robaron las obras de arte. La obra de Courbet corri&#243; esa triste suerte. Con el final de la guerra, los sovi&#233;ticos la recuperaron y la devolvieron a la familia Hatvany. El conde se traslad&#243; a Par&#237;s y, en 1955, le vendi&#243; el cuadro a Jacques Lacan por un mill&#243;n y medio de francos. Cuando Lacan muere en 1981, el estado franc&#233;s embarg&#243; algunos de sus bienes debido a deudas impagas. Es as&#237; como &lt;i&gt;El origen del mundo&lt;/i&gt; pas&#243; a formar parte del Museo de D'Orsay hasta la actualidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La imagen del sexo femenino dispuesta en un entorno que sugiere el acto sexual, suscitando la atracci&#243;n de la mirada, result&#243; escandalosa en su momento y todav&#237;a hoy conserva su poder perturbador. El nombre &lt;i&gt;El origen del mundo&lt;/i&gt; que Courbet no eligi&#243;, asocia la imagen del sexo femenino al lugar del que los humanos salimos al nacer. Lo que agrega un sentido materno a la inquietante representaci&#243;n. La visi&#243;n ofrecida ya no ser&#237;a meramente del sexo femenino, sino de la castraci&#243;n materna, con la mezcla de fascinaci&#243;n y horror que suscita su visi&#243;n.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Freud, S.; El fetichismo (1927), en Obras Completas, Volumen XXI, Buenos (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; El t&#237;tulo desplaza el tema er&#243;tico hacia la falta del Otro materno, ante cuya visi&#243;n el ni&#241;o y la ni&#241;a se encuentran divididos. Amenaza de castraci&#243;n o castraci&#243;n realizada, la falta de falo materno encarna la visi&#243;n de la cabeza de Medusa de los mitos griegos.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Freud, S.; La cabeza de Medusa (1922), en Obras Completas, Volumen XVIII, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cien a&#241;os despu&#233;s, Marcel Duchamp concluy&#243; su &#250;ltima gran obra, en la que trabaj&#243; durante 20 a&#241;os (1946-1966). &lt;i&gt;&#201;tant donn&#233;s&lt;/i&gt;, la primera instalaci&#243;n de la historia del arte, vuelve sobre el tema de la pintura de Courbet: a trav&#233;s de unas mirillas en una puerta de madera, se puede ver por el boquete de una pared al cuerpo de una mujer desnuda con las piernas abiertas mostrando su sexo rasurado, sosteniendo en una mano una l&#225;mpara de gas contra el fondo de un paisaje buc&#243;lico. Otra vez el sexo femenino aparece en el centro de la representaci&#243;n, como en el cuadro de Courbet.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1082 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L288xH354/el_cine3-14fd5.jpg?1775199944' width='288' height='354' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;&#201;tant donn&#233;s&lt;/i&gt;, Marcel Duchamp, (1966)&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1083 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH199/el_cine4-024c8.jpg?1775199944' width='354' height='199' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;div class='spip_document_1084 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH266/el_cine5-4b569.jpg?1775199944' width='354' height='266' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Detalles de la instalaci&#243;n &#201;tant donn&#233;s, Marcel Duchamp, (1966)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y si &lt;i&gt;El invasor&lt;/i&gt; homenajea a &lt;i&gt;El Origen del Mundo&lt;/i&gt;, el film de Bruno Dumont &lt;i&gt;L'humanit&#233;&lt;/i&gt; homenajea a &lt;i&gt;&#201;tant donn&#233;s&lt;/i&gt;, al hacer un primer plano del sexo femenino de una jovencita asesinada en la campi&#241;a francesa.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Bruno Dumont, L'humanit&#233;, 1999, Francia, 141&#180;.&#034; id=&#034;nh7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1085 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH186/el_cine6-0e030.jpg?1775199944' width='354' height='186' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El polic&#237;a descubre el cad&#225;ver de una joven. &lt;i&gt;L'humanit&#233;&lt;/i&gt;, de Bruno Dumont (1999)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el travelling de &lt;i&gt;L'envahisseur&lt;/i&gt; no nos encontramos en el estudio de Courbet. La c&#225;mara de Probost parte del sexo desnudo de una mujer y de all&#237; se va alejando para ir de a poco ofreci&#233;ndonos informaci&#243;n sobre la escena. El cuerpo es de una joven que est&#225; tomando sol en una playa. La vemos incorporarse y mirar hacia un punto a la distancia. La joven, de cuerpo blanco e imponente, se levanta y empieza a caminar. Mientras se mueve, advertimos que hay otras personas tambi&#233;n desnudas. Estamos en una playa nudista, una de las tantas de las costas de Europa. Vemos la mirada atenta y extra&#241;ada de la mujer, dirigida hacia un punto fuera de la escena. Tras ella, varios ba&#241;istas corren desesperados hacia el mar. Algo inquietante ha sucedido. Entran entonces en el plano varios cuerpos inertes en la arena y personas que tratan de reanimarlos. Mientras la joven prosigue su caminata, la c&#225;mara gira hacia la escena que la atrae. Vemos entonces a dos hombres de raza negra exhaustos, casi desnudos, que con esfuerzo salen del mar. Y entonces advertimos s&#250;bitamente el sentido de la secuencia: estamos ante el naufragio de un grupo de africanos que escap&#243; de su pa&#237;s para ingresar clandestinamente en las costas de Europa. Situaci&#243;n no por repetida menos terrible, dado en su pobreza y desesperaci&#243;n se valen de embarcaciones precarias, con el riesgo de morir ahogados en la traves&#237;a. Con un movimiento de c&#225;mara, Provost consigue un cambio abrupto de registro: de la belleza y el erotismo de la playa, a la muerte de un grupo de n&#225;ufragos inmigrantes. El horror tras la belleza.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1086 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH199/el_cine7-e0727.jpg?1775199944' width='354' height='199' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Provost juega con el contraste entre la fr&#237;vola playa nudista y el siniestro naufragio de unos africanos ilegales. Tambi&#233;n entre el cuerpo blanco de la mujer europea y los cuerpos negros de los inmigrantes. Pero sobre todo con la ambig&#252;edad del cruce de miradas entre ella y los sobrevivientes. La mujer los mira con altiva extra&#241;eza. Para ella son la encarnaci&#243;n de lo Otro, algo extra&#241;o y extranjero que invade su espacio de confort. No hay en ella ninguna mirada de piedad, sino en todo caso de interrogaci&#243;n por la presencia de seres absolutamente ajenos a su entorno. La mirada del africano hacia ella, en cambio, configura una mezcla de tristeza y desesperaci&#243;n, a la vez que estupor y fascinaci&#243;n ante la belleza de la mujer, y verg&#252;enza por c&#243;mo es visto por ella. La espl&#233;ndida mujer encarna para el inmigrante a Europa, el primer mundo, la ilusi&#243;n de una vida mejor, el objeto de deseo que de alcanzarse, garantizar&#237;a la felicidad. S&#243;lo que vistos desde la mirada del europeo, ellos son s&#243;lo invasores, extranjeros, o a lo sumo mano de obra explotable. Un objeto deyecto del sistema econ&#243;mico, cuya aparici&#243;n no es bienvenida.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1087 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L272xH102/el_cine9-6a2fe.jpg?1775199944' width='272' height='102' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El travelling de Provost muestra la potencia del cine para revelar en un solo plano-secuencia la tragedia de los inmigrantes ilegales y el aspecto inquietante de Europa como tierra de promisi&#243;n. La cita pict&#243;rica a &lt;i&gt;El origen del mundo&lt;/i&gt; de Courbet constituye, por un lado, un comentario ir&#243;nico a la creencia de los europeos de ser el origen de la cultura. El eurocentrismo considera a Europa como origen del mundo cultural, frente al resto del planeta. Ilusi&#243;n que convoca al deseo de los excluidos a vivir en sus tierras. S&#243;lo que la identidad europea se soporta sobre la base de la segregaci&#243;n y explotaci&#243;n de lo que no es &#8220;europeo&#8221;, sea lo que sea lo que eso signifique.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por otro lado, la cita al cuadro ubica a Europa como la Cosa mort&#237;fera que se esconde bajo el velo de la belleza cl&#225;sica encarnada por el cuerpo de la modelo Hannelore Knuts. Ella se presenta al modo de una diosa griega para estos refugiados. S&#243;lo que no sabemos si esta diosa los acoger&#225; en su seno&#8230; o los pulverizar&#225; con un rayo.&lt;/p&gt;
&lt;iframe width=&#034;560&#034; height=&#034;315&#034; src=&#034;https://www.youtube.com/embed/-vNshDzD9z0&#034; frameborder=&#034;0&#034; allow=&#034;accelerometer; autoplay; encrypted-media; gyroscope; picture-in-picture&#034; allowfullscreen&gt;&lt;/iframe&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Coda: de la belleza sublime al acting out&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1088 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH219/el_cine10-241cf.jpg?1775199944' width='354' height='219' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En 2014 la artista luxemburguesa Debora de Robertis ingres&#243; a la sala del museo de Orsay en la que se encuentra el cuadro de Gustave Courbet &lt;i&gt;El origen del mundo&lt;/i&gt;. Con un vestido corto de lentejuelas doradas y sin ropa interior, De Robertis se sent&#243; ante la famosa obra, abri&#243; las piernas y, con ayuda de sus manos, mostr&#243; su sexo a los visitantes durante varios minutos, mientras un colaborador suyo filmaba la escena. Los trabajadores del museo, seg&#250;n se puede ver en el video subido por la artista en internet, se interpusieron entre ella y el p&#250;blico para obstaculizar la visi&#243;n y, sin forzarla f&#237;sicamente a interrumpir el espect&#225;culo, procedieron a desalojar la sala. La escena suscit&#243; miradas sorprendidas, pero tambi&#233;n aplausos entre los asistentes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estamos ante un buen ejemplo de la diferencia entre representaci&#243;n est&#233;tica y mostraci&#243;n obscena de la cosa misma sin tour sublimatorio de la pulsi&#243;n. A diferencia de Duchamp, quien se vali&#243; de un mingitorio para instalar una pregunta por el arte, de Robertis (mal) entendi&#243; que la mostraci&#243;n obscena en un museo bajo el amparo de Courbet, convertir&#237;a su gesto exhibicionista en una obra sublime.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bouchareb, R. y Br&#233;hat, J. (productores) y Dumont, B. (director). (1999). &lt;i&gt;L'humanit&#233;&lt;/i&gt; [cinta cinematogr&#225;fica]. Francia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bronckart, J.H. y Bronckart, O. (productores) y Provost, N. (director). (2011). &lt;i&gt;L'envahisseur&lt;/i&gt; [cinta cinematogr&#225;fica]. B&#233;lgica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1922). La cabeza de Medusa. En &lt;i&gt;Obras Completas&lt;/i&gt;, Volumen XVIII,. Buenos Aires: Amorrortu, 1975.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1927). El fetichismo. En &lt;i&gt;Obras Completas&lt;/i&gt;, Volumen XXI. Buenos Aires: Amorrortu, 1975.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1953). &lt;i&gt;Le Symbolique, l'Imaginaire et le R&#233;el&lt;/i&gt;. En: &lt;i&gt;Bulletin de l'Association freudienne&lt;/i&gt;, (1), 1982, pp. 4-13.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1959). &lt;i&gt;Seminario 7. La &#233;tica del psicoan&#225;lisis.&lt;/i&gt; Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mendieta Paz, P. (2014). La nota azul. Recuperado de: &lt;a href=&#034;https://www.paginasiete.bo/ideas/2014/2/9/nota-azul-13374.html&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.paginasiete.bo/ideas/2014/2/9/nota-azul-13374.html&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Trias, E. (2006). &lt;i&gt;Lo bello y lo siniestro&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Editorial Airel.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Citado por Eugenio Tr&#237;as en su obra &#034;Lo bello y lo siniestro&#034;, Barcelona, 1970.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La &#034;nota azul&#8221; no es una nota en particular, sino un punto musical que hace escuchar lo inaudito. Cifra sonora de la falta del Otro y modo de repetirla en forma musical, la nota azul logra evocar lo intangible de la ausencia y abrir a un m&#225;s all&#225; del sentido. La falta, sublimada en m&#250;sica, provoca en el sujeto goce y nostalgia.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;As&#237;, cuando el grueso de los oyentes estamos a la escucha de un vibrante blues, de una improvisaci&#243;n de jazz aut&#233;nticamente inspirada, de una excelsa obra cl&#225;sica, o de la primaria m&#250;sica de cinco notas, siempre nos sentiremos tocados por el hecho de que el encadenamiento de las notas por las que nos dejamos llevar nos conduce, sin duda posible, hacia un punto fijo, excitable, donde no es exagerado decir que es como el punto de explosi&#243;n de los sentimientos, como un efecto de golpe adelantado al propio discurso musical que se est&#225; escuchando. (Mendieta Paz, 2014, s/d)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Es lo que pasa con algunas obras de arte contempor&#225;neo que buscan la fealdad, en un esfuerzo ingenuo de retirar el velo de la belleza para enfrentar al espectador a &#8220;lo real&#8221;, como si con ese recurso se lograra representar lo irrepresentable de manera directa. La ca&#237;da del velo de la belleza destruye el efecto est&#233;tico, provocando en el sujeto lo contrario de enigma y fascinaci&#243;n. A saber, banalizaci&#243;n o rechazo. Como la banana pegada con cinta adhesiva en la galer&#237;a de la feria de arte Art Basel en Miami (obra de Maurizio Catellan que termin&#243; siendo justamente devorada por un espectador). O la performance de Debora de Robertis ante el cuadro de Courbet &lt;i&gt;El origen del mundo, a la que hacemos referencia en la coda de este art&#237;culo..&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Nicolas Provost, &lt;i&gt;L'envahisseur&lt;/i&gt;, B&#233;lgica, 2011, 95&#180;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Freud, S.; &lt;i&gt;El fetichismo&lt;/i&gt; (1927), en Obras Completas, Volumen XXI, Buenos Aires, Amorrortu, 1975, p&#225;g. 141.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Freud, S.; &lt;i&gt;La cabeza de Medusa&lt;/i&gt; (1922), en Obras Completas, Volumen XVIII, Buenos Aires, Amorrortu, 1975, p&#225;g. 270.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Bruno Dumont, &lt;i&gt;L'humanit&#233;&lt;/i&gt;, 1999, Francia, 141&#180;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/jeyc_marzo_2020_es_09_michel_farina_laso_lenvahisseur.pdf" length="906698" type="application/pdf" />
		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Cinema as a passer of the real</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Cinema-as-a-passer-by-from-reality</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Cinema-as-a-passer-by-from-reality</guid>
		<dc:date>2020-05-13T11:47:29Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso y Juan Jorge Michel Fari&#241;a</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cinema allows words and images to be given to the catastrophic event. It offers the possibility of operating with the real traumatic and consequently symbolizing it. Both psychoanalysis and art undertake, through different routes, this arduous task of passing the real to the symbolic, of inscribing the impossible. It is about giving images, words and representations to what is initially absent, silenced, rejected. So that this real ceases to be a mortification made open wound, installed as a vain repetition. In this sense, cinema is a passer from the real to the symbolic through images. This article introduces this thesis through examples from painting, performance and cinema.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Cinema | Creative process | Psychoanalysis&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | N&#186; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Buenos Aires' University&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/El-cine-como-pasador-de-lo-real-517' class=&#034;spip_in&#034;&gt;El cine como pasador de lo real&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Le cin&#233;ma en tant que passant du r&#233;el</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Le-cinema-en-tant-que-passant-du-reel</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Le-cinema-en-tant-que-passant-du-reel</guid>
		<dc:date>2020-01-17T20:26:28Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso y Juan Jorge Michel Fari&#241;a</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;R&#233;sum&#233;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le cin&#233;ma permet de donner des mots et des images &#224; l'&#233;v&#233;nement catastrophique. Il offre la possibilit&#233; d'op&#233;rer avec le r&#233;el traumatisant et donc de le symboliser. La psychanalyse et l'art entreprennent, par des voies diff&#233;rentes, cette lourde t&#226;che de passer du r&#233;el au symbolique, d'inscrire l'impossible. Il s'agit de donner des images, des mots et des repr&#233;sentations &#224; ce qui est initialement absent, r&#233;duit au silence, rejet&#233;. Pour que ce r&#233;el cesse d'&#234;tre une mortification faite plaie ouverte, install&#233;e comme une vaine r&#233;p&#233;tition. En ce sens, le cin&#233;ma passe du r&#233;el au symbolique &#224; travers les images. Cet article pr&#233;sente cette th&#232;se &#224; travers des exemples tir&#233;s de la peinture, de la performance et du cin&#233;ma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Mots-Cl&#233;s:&lt;/strong&gt; Cin&#233;ma | Processus cr&#233;atif | Psychanalyse | Traumatisme&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&#034;&#034;&gt;Versi&#243;n en espa&#241;ol&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Cinema-as-a-passer-by-from-reality' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | Nro 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universit&#233; de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Cet article, pour le moment, n'est disponible qu'en espagnol: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/El-cine-como-pasador-de-lo-real-517' class=&#034;spip_in&#034;&gt;El cine como pasador de lo real&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>



</channel>

</rss>
