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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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<item xml:lang="es">
		<title>Put politics, ethics and aesthetics in crisis</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/A-crisis-in-politics-ethics-and-aesthetics</link>
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		<dc:date>2020-05-13T11:47:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Is&#233;e Bernateau</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This work psychoanalytically analyzes Pasolini's posthumous film, inspired by the novel The 120 Days of Sodom, by the Marquis de Sade. The plot presents the increscendo of violence, which the Italian filmmaker sets in a completely different framework from the original. It is the end of the Second World War in Italy, during the Salo Republic, created by Mussolini in northern Italy between September 1943 and April 1945. From this scenario, the category of the unrepresentable Real is approached as Nazi death camps metaphor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Politics | Ethics | Aesthetics&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | N&#186; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universit&#233; Paris 7&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in French: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Une-mise-en-crise-de-la-politique-de-l-ethique-et-de-l-esthetique' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Une mise en crise de la politique, de l'&#233;thique et de l'esth&#233;tique&lt;/a&gt; and Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Salo-o-los-120-dias-de-Sodoma-de-Pasolini' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Poner en crisis a la pol&#237;tica, la &#233;tica y la est&#233;tica&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Poner en crisis a la pol&#237;tica, la &#233;tica y la est&#233;tica</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Salo-o-los-120-dias-de-Sodoma-de-Pasolini</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Salo-o-los-120-dias-de-Sodoma-de-Pasolini</guid>
		<dc:date>2020-03-19T10:59:04Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Is&#233;e Bernateau</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este trabajo analiza psicoanal&#237;ticamente el film p&#243;stumo de Pasolini, inspirado en la novela Los 120 d&#237;as de Sodoma, del Marqu&#233;s de Sade. La trama presenta el increscendo de violencia, que el cineasta italiano ambienta en un marco completamente diferente al del original. Se trata del final de la Segunda Guerra Mundial en Italia, durante la rep&#250;blica de Salo, creada por Mussolini en el norte de Italia entre septiembre de 1943 y abril de 1945. A partir de ese escenario, se aborda la categor&#237;a de lo Real irrepresentable como met&#225;fora de los campos de exterminio nazis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Pol&#237;tica | &#201;tica | Est&#233;tica&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Une-mise-en-crise-de-la-politique-de-l-ethique-et-de-l-esthetique' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Version fran&#231;aise&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/A-crisis-in-politics-ethics-and-aesthetics' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-Nro-1-76-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | Nro 1 | Marzo 2020&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universit&#233; Paris 7&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Un d&#237;a antes de su asesinato, Pasolini declar&#243; al periodista que lo entrevistaba a prop&#243;sito de la que ser&#237;a su &#250;ltima pel&#237;cula, &lt;i&gt;Sal&#243; o los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt;: &#8220;Escandalizar es un derecho; escandalizarse es un placer&#8221;. Y en efecto, esta pel&#237;cula es como m&#237;nimo escandalosa. El largometraje, inspirado en la no menos tumultuosa novela &lt;i&gt;Los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt; de Sade (1785), elige respetar escrupulosamente el crescendo de violencia del original pero sit&#250;a la acci&#243;n en una &#233;poca completamente diferente: hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, durante la rep&#250;blica de Sal&#243;, en el coraz&#243;n de la rep&#250;blica fascista promulgada por Mussolini en Italia del Norte, entre septiembre de 1943 y abril de 1945. En la pel&#237;cula de Pasolini, el castillo de Silling, que Sade ubica &#8220;fuera de Francia, en un lugar seguro, al fondo de un bosque inh&#243;spito, en un reducto al que solo pueden acceder los p&#225;jaros del cielo por todos los cuidados tomados&#8221;, es reemplazado por un palacio al norte de la ciudad de Sal&#243;, una sublime villa palladiana donde j&#243;venes mujeres y hombres ser&#225;n secuestrados y encerrados para siempre. Son entregados a sus cuatro verdugos, cuatro fascistas, cuatro &#8220;poderosos&#8221;: un duque, un banquero, un magistrado y un obispo; y a cuatro madamas y &#8220;narradoras&#8221;, encargadas de relatar las agresiones y cr&#237;menes sexuales. En la intimidad de este universo cerrado perfectamente aislado, los cuatro poderosos destruir&#225;n a sus v&#237;ctimas sistem&#225;ticamente. Pasolini se encarg&#243; de aclarar que estos poderosos &#8220;se comportaban con sus v&#237;ctimas exactamente de la misma manera que los nazi-fascistas con las suyas&#8221; (Pasolini, 1975, p. 20)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula se divide en cuatro partes, siguiendo el modelo de &lt;i&gt;La Divina comedia&lt;/i&gt; de Dante: el Vest&#237;bulo del infierno, el C&#237;rculo de las pasiones, el C&#237;rculo de la mierda y el C&#237;rculo de sangre. Se aprecia muy n&#237;tidamente un antes y un despu&#233;s: el mundo del antes es el del principio de la pel&#237;cula, el mundo del afuera, del lago de Garde, el pasto verde y el cielo azul. El mundo del despu&#233;s es el mundo puertas adentro, el de la villa palladiana, ese lugar de alta cultura transformado en lugar l&#237;mite, lugar final de todo lugar; es decir, un lugar donde lo imposible tiene lugar, el lugar de lo destruido pero tambi&#233;n de lo que ya no est&#225;. As&#237; le dice un verdugo desde el balc&#243;n a una de sus v&#237;ctimas, cuando a&#250;n se encuentran en el jard&#237;n: &lt;i&gt;&#8220;para el mundo exterior, ustedes ya est&#225;n muertos&#8221;&lt;/i&gt;. Un lugar de muertos andantes, de muertos sin sepulturas. La villa es un lugar l&#237;mite como lo fueron los campos de exterminio, un lugar donde se cancela la posibilidad misma del lugar como garante de existencia para los vivos y de sepultura para los muertos. Sin esta garant&#237;a, el lugar, la imagen de la villa que cierra sus puertas para siempre, corre el riesgo de volverse el lugar que da&#241;ar&#225; violentamente a la humanidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegados al Vest&#237;bulo del infierno, uno de los verdugos pregunta: &lt;i&gt;&#8220;&#191;no habr&#237;a que mirarlos un poco mejor?&#8221;&lt;/i&gt; y otro ordena: &lt;i&gt;&#8220;S&#225;quense la ropa&#8221;&lt;/i&gt;. Levanta brutalmente el buzo de una de las j&#243;venes, le descubre los senos y baja el pantal&#243;n de un joven para desnudar su pene. Una de las cuatro narradoras baja la bombacha de una de las adolescentes, Eva, y le intima: &lt;i&gt;&#8220;Mostrale a estos buenos se&#241;ores lo que escond&#233;s ah&#237; debajo; miren esa peque&#241;a maravilla, un culo firme como nunca se vio&#8221;&lt;/i&gt;. Eva baja la mirada, llena de verg&#252;enza. Las bien llamadas &#8220;partes &#237;ntimas&#8221; son exhibidas ante todas las miradas, infringiendo &lt;i&gt;de facto&lt;/i&gt; la intimidad corporal, que solo la verg&#252;enza protege, verdadera &lt;i&gt;&#8220;centinela que custodia las fronteras de lo &#237;ntimo, que se&#241;ala y castiga cualquier violaci&#243;n de sus fronteras&#8221;&lt;/i&gt;, como afirma Claude Barazer (2002, p. 117). Y agrega: &#8220;uno de los motores del j&#250;bilo perverso es sin duda la ca&#237;da del objeto &#237;ntimo, ya sea propio o del otro. La verg&#252;enza trasladada a la v&#237;ctima es esencial para el j&#250;bilo del perverso&#8221; (Barazer, 2002, p. 117).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vemos en el &#8220;C&#237;rculo de las pasiones&#8221; y en el &#8220;C&#237;rculo de la mierda&#8221;, el meollo de la pel&#237;cula, c&#243;mo reducen la intimidad m&#225;s rec&#243;ndita de las v&#237;ctimas a nada. En el sal&#243;n principal, los relatos de las madamas-narradoras a verdugos y v&#237;ctimas narran lo que normalmente se calla en sociedad: los detalles sexuales m&#225;s &#237;ntimos de cada relaci&#243;n sexual. Uno de los fascistas enuncia catedr&#225;ticamente una de las reglas: &lt;i&gt;&#8220;No se debe menospreciar ning&#250;n detalle. Solo de esa manera podremos encontrar en sus historias las formas de excitaci&#243;n que esperamos de ellas&#8221;&lt;/i&gt;. Se trata por lo tanto de decirlo todo, pero tambi&#233;n de mostrarlo todo y sobre todo de hacerlo todo, hacerlo todo para que sea visto, condici&#243;n para el j&#250;bilo perverso de los verdugos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El ataque a las v&#237;ctimas adquiere formas ins&#243;litas, dando lugar a las mayores crueldades: los verdugos sodomizan en p&#250;blico a los y las adolescentes, los masturban, les ense&#241;an a masturbarse con un mu&#241;eco, casan a dos de ellos a la fuerza para presenciar y participar de la noche de bodas, los hacen caminar desnudos en cuatro llevados con correa y haci&#233;ndoles comer pedazos de carne de un plato, los miran mear y cagar, los obligan a guardar y mostrar sus excrementos todas las ma&#241;anas, les pegan si se limpiaron el culo y todas las ma&#241;anas verifican que est&#233;n bien sucios; los hacen comer su mierda, los acuestan con la cara en el piso y el culo levantado para organizar exposiciones de culo que observan con linternas. Una de las j&#243;venes les suplica: &lt;i&gt;&#8220;&#161;M&#225;tenme! &#161;M&#225;tenme antes de deshonrarme! Dios al menos podr&#225; apiadarse de m&#237;. M&#225;tenme para liberarme del tormento de ver y escuchar tanto horror&#8221;&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt;, el control totalitario de los verdugos sobre las v&#237;ctimas es absoluto, sin que nada escape a su poder. Las v&#237;ctimas deben pertenecerles, en cuerpo y alma, &lt;i&gt;body and soul&lt;/i&gt;. Deben sobre todo perder su estatus de sujetos deseantes para volverse solamente &#8220;objetos&#8221; de deseo, seres a los que se les puede hacer lo que sea y hacerles hacer cualquier cosa, seres sometidos desde la decadencia, la deshumanizaci&#243;n, tal como esa imagen de las v&#237;ctimas en cuatro llevadas como perros con correa. La destrucci&#243;n de la alteridad del objeto es posible gracias a un r&#233;gimen esc&#243;pico de aterradora eficacia. Al querer &lt;i&gt;verlo todo, mirarlo todo&lt;/i&gt;, y m&#225;s a&#250;n lo que normalmente no se muestra a nadie, los verdugos destituyen a sus v&#237;ctimas de la posici&#243;n de sujetos para reducirlos al estado de objetos, atrapados en las redes de la mirada depredadora que funciona como trampa alienante y deshumanizante. Al igual que en el Pan&#243;ptico, esa c&#225;rcel pensada por Bentham y de la que Foucault (2002) revel&#243; las implicaciones pol&#237;ticas, se trata de &#8220;inducir un estado consciente y permanente de visibilidad en el detenido que garantiza el funcionamiento autom&#225;tico del poder&#8221; (p. 185). Agrega Foucault (2007):&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;El verdadero efecto del &lt;i&gt;Panopticon&lt;/i&gt; consiste en ser de tal manera que, a&#250;n cuando no haya nadie, el individuo en su celda no solo se crea sino se sepa observado, que viva la experiencia constante de encontrarse en un estado de visibilidad para una mirada. (p. 99)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La esencia misma de este r&#233;gimen esc&#243;pico es totalitaria: &#8220;Percibirlo todo a trav&#233;s de una &#250;nica instancia, es decir, un solo punto de vista, un poder central para dominar, controlar&#8221; (Gantheret).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero la fuerza de la pel&#237;cula de Pasolini reside en la deformaci&#243;n al extremo de este r&#233;gimen esc&#243;pico hasta poner al espectador en una posici&#243;n radicalmente insoportable. Al ver las v&#237;ctimas hacerse sadizar, el espectador se coloca al mismo nivel que los verdugos, mientras que la c&#225;mara de Pasolini est&#225; claramente del lado de las v&#237;ctimas y el espectador solo puede identificarse con ellas. Los primeros planos de los rostros de las j&#243;venes mujeres y los j&#243;venes hombres muestran una desesperaci&#243;n que genera una compasi&#243;n inmediata. La paradoja que hace de &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; una pel&#237;cula &#250;nica en cuanto a su representaci&#243;n es la de ser &lt;i&gt;inmirable&lt;/i&gt;: est&#225; compuesta de im&#225;genes que no podemos mirar y que sin embargo recibimos como golpes de pu&#241;o. El espectador debe enfrentar el insoportable calvario de una sucesi&#243;n inexorable, de c&#237;rculo en c&#237;rculo, hasta llegar a la muerte de todas estas j&#243;venes v&#237;ctimas, sufriendo suplicios in&#233;ditos que vemos a trav&#233;s de binoculares. En la &#250;ltima parte de la pel&#237;cula, la paradoja alcanza su punto c&#250;lmine: el ojo del espectador se funde con el del verdugo &lt;i&gt;voyeur&lt;/i&gt;, c&#243;modamente sentado en un sill&#243;n: con binoculares, mira c&#243;mo sus compa&#241;eros torturan y matan a las v&#237;ctimas mientras masturba a uno de los chicos sentado a su lado. El espectador debe ocupar ese lugar, un lugar inaguantable e insoportable que no puede desocupar de ninguna manera y es forzado a hacerlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No hay manera de que el espectador pueda ser c&#243;mplice complaciente de la violencia infligida. Si bien &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; es una pel&#237;cula sobre el &lt;i&gt;voyeurismo&lt;/i&gt;, no es un film &lt;i&gt;voyeur&lt;/i&gt;: el espectador nunca podr&#225; disfrutar de lo que est&#225; viendo; al contrario, vive la experiencia l&#237;mite de lo insoportable para la vista. Y Pasolini busca claramente lo insoportable (cito):&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;La figura principal (de car&#225;cter meton&#237;mico) es la acumulaci&#243;n (de cr&#237;menes); pero tambi&#233;n la hip&#233;rbole (quisiera llegar al l&#237;mite de lo aguantable)&#8221;. El espectador que debe enfrentar tama&#241;o desaf&#237;o podr&#237;a recurrir a la frialdad o incluso a la indiferencia, pero estas posturas le son prohibidas ya que aumentar&#237;an &#8220;la distancia c&#237;nica y ap&#225;tica adoptada por los fascistas. (Veire, 2007, p. 119)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;De repente, el espectador no solo se escandaliza: lo atacan con violencia en su intimidad, obligado a mirar un espect&#225;culo insostenible, sin ser complaciente ni c&#237;nico. &#8220;Es la pel&#237;cula m&#225;s dura, m&#225;s angustiante, m&#225;s desafiante que dirig&#237; hasta hoy&#8221;, le confiesa Pasolini al periodista el d&#237;a anterior a su asesinato, el 31 de octubre de 1975. En el dossier de prensa que acompa&#241;a a la pel&#237;cula en el estreno, Pasolini escribe: &#8220;Con atrocidades casi ins&#243;litas, casi imposibles de contar, toda la pel&#237;cula se presenta como una enorme met&#225;fora s&#225;dica de lo que fue la disociaci&#243;n nazi-fascista con sus cr&#237;menes contra la humanidad&#8221;. Con Pasolini, denunciar el fascismo tambi&#233;n implica denunciar el capitalismo, en el que los cuerpos se reducen al estado de mercanc&#237;as y se destruyen las fuerzas vivas de la sexualidad. Al contrario de lo que ocurre en la trilog&#237;a de la vida de Pasolini, el &lt;i&gt;Decameron&lt;/i&gt; (1971), los &lt;i&gt;Cuentos de Canterbury&lt;/i&gt; (1972) y las &lt;i&gt;Mil y una noches&lt;/i&gt; (1974), pel&#237;culas donde la sexualidad es sin&#243;nimo de alegr&#237;a y de liberaci&#243;n, el sexo en &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; ocupa el lugar de la dominaci&#243;n y la opresi&#243;n m&#225;s cruel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dos grupos humanos se oponen y se enfrentan a lo largo de toda la pel&#237;cula. Por un lado, los que Pasolini llama los &#8220;poderosos y ricos&#8221;, aquellos que pueden &#8220;armar su sue&#241;o con toda impunidad&#8221;. Y del otro, las chicas y los chicos, los adolescentes raptados del pueblo, desgarrados de sus vidas para ingresar a un suplicio interminable de secuestro, tortura y asesinato del que nadie escapar&#225;. Cuando sale la pel&#237;cula, Serge Daney (1980) se&#241;ala en los &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; que existe una &#8220;heterogeneidad fundamental&#8221; entre estos dos grupos. En su opini&#243;n, se debe a que (cito) &#8220;hay un acceso simple del pueblo al placer, algo que sucede sin que nada ni nadie pueda darle inicio; en cambio, los amos desean desear&#8221; (s/d). En efecto, durante el C&#237;rculo de sangre, la &#250;ltima parte de la pel&#237;cula, la &#8220;soluci&#243;n final&#8221;, es decir el exterminio puro y simple de las v&#237;ctimas adquiere la forma de una expedici&#243;n punitiva que castiga a todas aquellas y aquellos que intentaron preservar un atisbo de intimidad dentro de este lugar infernal. Se los acusa del crimen de haber querido resguardar alguna intimidad sexual que escape de la mirada de los verdugos y de su j&#250;bilo. Dentro de la villa palladiana como lugar l&#237;mite, donde se elimina la posibilidad de cualquier vida humana civilizada y donde por lo tanto lo imposible sucede, ocurre la destrucci&#243;n sistem&#225;tica de lo que Piera Aulagnier (2009) llama &#8220;el derecho al secreto&#8221;, la &#8220;condici&#243;n &lt;i&gt;vital&lt;/i&gt; para el funcionamiento del Yo&#8221; (p. 17). Ninguna vida ps&#237;quica es posible sin intimidad, sin constituir un espacio protegido al que nadie tenga acceso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una joven escondi&#243; una foto de su novio debajo del colch&#243;n. Cuando los verdugos la amenazan para que la entregue, denuncia a otras dos chicas para intentar salvarse, sabiendo que el castigo que las espera puede ser mortal. En la secuencia siguiente, vemos esas dos j&#243;venes haciendo el amor, mientras que una susurra &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt; en el o&#237;do de la otra. Uno de los verdugos somete a una de ellas, ante la mirada horrorizada de su amante. Enfrentada al ca&#241;&#243;n del revolver, denuncia a Ezio, uno de los chicos, para intentar salvar su vida. En el siguiente plano, Ezio hace el amor con la sirvienta negra que sirve las comidas durante toda la pel&#237;cula. Justo antes de que lo maten, Ezio se levanta, completamente desnudo, y levanta el pu&#241;o en se&#241;al de rebeld&#237;a. La imagen atrapa y maravilla: los sacrificados que se rebelan irreductiblemente, el contrapunto ante la corrupci&#243;n de la inocencia de los otros adolescentes, la misma corrupci&#243;n que los vuelve &#8220;colaboracionistas&#8221; y los hace denunciar a sus semejantes para seguir en vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Serge Daney (1980) lo hace evidente: no hay complicidad entre los grupos de verdugos y de v&#237;ctimas. Unos son opresores y otros oprimidos, una diferencia tan radical que se transforma en heterogeneidad de especie. Pasolini logra tal grado de violencia al criticar el fascismo inherente al capitalismo porque recupera la crueldad y la literalidad de la pesadilla de Sade. Ya lo afirmaba Barthes (1976): aunque nazca de una met&#225;fora (&lt;i&gt;Los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt; de Sade en tanto met&#225;fora de los campos de exterminio nazis), &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; es un film &lt;i&gt;literal&lt;/i&gt;, rigurosamente desprovisto de todo car&#225;cter simb&#243;lico o aleg&#243;rico. Cito:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Estas escenas tienen una triste belleza, helada, exacta, como grandes p&#225;ginas enciclop&#233;dicas. &#191;Hacer comer excrementos? &#191;Vaciar un ojo? &#191;Poner agujas en una comida? Lo vemos todo: el plato, el excremento, la mugre, el paquete de agujas, el grano de polenta; como se dice, no nos mezquinan nada (tal como la divisa de Sade). Ante tan absoluto rigor, lo que fundamentalmente se desnuda no es el mundo dibujado por Pasolini, es nuestra mirada: nuestra mirada al desnudo, como efecto de la letra.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt; &lt;p&gt;(s/d)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Desnudar nuestra mirada no es precisamente la ambici&#243;n de Pasolini, logrando con su &#250;ltima obra maestra la proeza de una pel&#237;cula al desnudo, que obliga al espectador a mirar a los ojos el mism&#237;simo coraz&#243;n de lo impresentable, como Malcolm McDowell en &lt;i&gt;La naranja mec&#225;nica&lt;/i&gt; (1971)? &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; es una pel&#237;cula que aborda lo impresentable en lo pol&#237;tico, lo &#233;tico y lo est&#233;tico, tal como propone el bello t&#237;tulo de este coloquio. Impresentable en primer lugar por su extrema violencia, su crueldad: todos los cineastas y cr&#237;ticos reconocen que esta pel&#237;cula alcanza un punto l&#237;mite del cine, que nunca hab&#237;a sido tocado y que tampoco fue tocado nuevamente. Impresentable tambi&#233;n porque versa sobre lo Real, en su sentido lacaniano; intentaremos m&#225;s adelante definir los contornos de ese Real. Impresentable por representar metaf&#243;ricamente los campos de exterminio nazis, campos secretos y escondidos de forma deliberada desde la concepci&#243;n misma, ocultando y borrando pol&#237;ticamente los rastros del crimen. &#8220;Malogrado como representaci&#243;n (de Sade o del sistema fascista), el film de Pasolini se transforma en un oscuro reconocimiento de lo que a todos nos cuesta asimilar, y que indudablemente nos molesta [&#8230;]. Es por esta raz&#243;n que me pregunto si el &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; de Pasolini, al cabo de una larga cadena de errores, no es en resumidas cuentas un objeto propiamente sadiano, irrecuperable: en efecto, nadie parece poder recuperarlo&#8221;, escribe Barthes. M&#225;s all&#225; de la met&#225;fora concentracionaria, m&#225;s all&#225; de la denuncia del capitalismo que reduce los cuerpos a una condici&#243;n mercantil, &#191;qu&#233; ser&#225; entonces que nos tienen que mostrar a toda costa?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin duda, quieren mostrarnos en primer lugar el detr&#225;s de escena, lo que normalmente se disimula, o incluso se borra de la conciencia. Pasolini, al elegir como &#250;nica locaci&#243;n de la pel&#237;cula una sublime villa palladiana con las paredes cubiertas de obras de arte, se hace cargo de mostrar el trasfondo barb&#225;rico de la cultura, los cimientos sangrientos de las conquistas a priori m&#225;s refinadas de la civilizaci&#243;n. En ese sentido, &lt;i&gt;Sal&#243; o los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt; invierte totalmente el proceso civilizatorio descrito por Freud en el sorprendente texto &lt;i&gt;El malestar en la cultura&lt;/i&gt; (1930). En vez de acoplarse al proceso que lleva a los hombres a renunciar a la ferocidad en pos de la seguridad encontrada en la comunidad humana al igual, a decir verdad, que toda la producci&#243;n cinematogr&#225;fica &lt;i&gt;mainstream&lt;/i&gt;, el gesto pasoliano, id&#233;ntico al gesto freudiano del &lt;i&gt;Malestar&lt;/i&gt;, procede exactamente al rev&#233;s para que aparezca implacable y ciegamente el meollo de odio y violencia inherente a cualquier v&#237;nculo humano. Este movimiento inverso es particularmente notorio en el &#8220;C&#237;rculo de la mierda&#8221;, un c&#237;rculo de los m&#225;s dif&#237;ciles de mirar y tolerar, en el cual v&#237;ctimas y verdugos comen mierda (que era en realidad el mejor chocolate italiano, seg&#250;n contaron los actores m&#225;s tarde), de buena o mala gana. Durante la cena de casamiento de las dos j&#243;venes v&#237;ctimas, el ritual sagrado del casamiento es perfectamente mimado as&#237; como violentamente profanado por verdugos y madamas. Las j&#243;venes mujeres desnudas solo sirven mierda, en una bella loza blanca. La c&#225;mara pasoliana alterna planos largos y planos cortos desgarradores de los rostros de las v&#237;ctimas, avergonzadas y devastadas por su propia decadencia. Una de esas v&#237;ctimas, con el rostro deshecho y un tenedor lleno de mierda en la mano, le confiesa a su amiga: &lt;i&gt;&#8220;Eva, no puedo&#8221;.&lt;/i&gt; Eva le responde luego de forzarse a tragar un bocado, con un irreprimible gesto de asco: &lt;i&gt;&#8220;Hacelo por la Madona&#8221;&lt;/i&gt;. Uno de los verdugos obliga al joven, vestido de novia para la ocasi&#243;n, a comer mierda. Le mete cucharadas de mierda en la boca, alent&#225;ndolo a juntar fuerzas para su noche de bodas: &lt;i&gt;&#8220;no hay nada peor que un aliento sin olor&#8221;&lt;/i&gt;. En la escena siguiente, el mismo verdugo sube las escaleras con el reci&#233;n casado y con los labios y el ment&#243;n llenos de mierda, lo besa apasionadamente. El joven mira al verdugo con incomprensi&#243;n y desesperaci&#243;n, mientras una l&#225;grima, absolutamente pura, desliza por su mejilla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con su pasi&#243;n por la mierda, los verdugos y madamas embisten uno de los bastiones m&#225;s intangibles de la civilizaci&#243;n. Desde el principio y hasta el final de su obra, Freud consider&#243; la represi&#243;n de la coprofilia como fundadora de la humanidad tal como la conocemos. Seg&#250;n su hip&#243;tesis, la represi&#243;n olfativa, una de las represiones m&#225;s potentes, ocurri&#243; cuando el ser humano se irgui&#243;, abandonando la postura de cuatro patas por la de dos. En las &lt;i&gt;Cinco conferencias sobre psicoan&#225;lisis&lt;/i&gt; de 1910, Freud asocia la represi&#243;n de las mociones copr&#243;filas con la represi&#243;n de los deseos incestuosos (cito): &#8220;Son sobre todo las mociones placenteras copr&#243;filas de la infancia, vale decir las que tienen que ver con los excrementos, las afectadas de la manera m&#225;s radical por la represi&#243;n; adem&#225;s, la fijaci&#243;n a las personas de la elecci&#243;n primitiva de objeto&#8221;. Al poner en escena una sexualidad copr&#243;fila y absolutamente transgresora, &lt;i&gt;Sal&#243; o los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt; obliga al espectador a suspender violentamente una represi&#243;n que funda su humanidad: el rechazo de la animalidad y la prohibici&#243;n del incesto. El car&#225;cter impresentable de la pel&#237;cula se debe en gran parte a este sabotaje de la represi&#243;n, esa manera de filmar lo que nunca se filma, o que en todo caso nunca se filma &lt;i&gt;as&#237;&lt;/i&gt;; con esa frialdad de literalidad enciclop&#233;dica, tan bien se&#241;alada por Barthes. Una frialdad glaciar que inmoviliza al espectador como una mariposa clavada en una caja. Pero una vez m&#225;s, &#191;qu&#233; nos pusieron frente a nuestros ojos?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pasolini, al operar semejante anulaci&#243;n de la represi&#243;n, obliga al espectador a mirar de frente al esc&#225;ndalo de lo sexual directamente relacionado con la muerte. &#8220;El impulso de amor, llevado hasta el extremo, es un impulso de muerte&#8221; (Bataille, 1990, p. 29), escribe Bataille en &lt;i&gt;El erotismo&lt;/i&gt;. Profundizando la l&#237;nea de Bataille, y a sabiendas de que la esencia misma de la sexualidad humana est&#225; relacionada con el incesto y el asesinato, Lacan (1964) afirma que &#8220;la presencia del sexo en lo viviente est&#225; ligada a la muerte&#8221; (p. 66). Y eso es precisamente lo que vemos en &lt;i&gt;Sal&#243; o los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt;: ese sexual de muerte, violento y destructor, que no le importa el objeto en lo m&#225;s m&#237;nimo, que gusta de las peores vilezas, que goza de su propia crueldad y ultraja la intimidad del otro y la de s&#237; mismo hasta destruir el objeto habilitante del goce. Respecto del amor al pr&#243;jimo, Freud (1930) advierte en &lt;i&gt;El malestar en la cultura&lt;/i&gt;:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;la verdad oculta tras de todo esto, que negar&#237;amos de buen grado, es la de que el hombre no es una criatura tierna y necesitada de amor, que s&#243;lo osar&#237;a defenderse si se le atacara, sino, por el contrario, un ser entre cuyas disposiciones instintivas tambi&#233;n debe incluirse una buena porci&#243;n de agresividad. Por consiguiente, el pr&#243;jimo no le representa &#250;nicamente un posible colaborador y objeto sexual, sino tambi&#233;n un motivo de tentaci&#243;n para satisfacer en &#233;l su agresividad, para explotar su capacidad de trabajo sin retribuirla, para aprovecharlo sexualmente sin su consentimiento, para apoderarse de sus bienes, para humillarlo, para ocasionarle sufrimientos, martirizarlo y matarlo. &lt;i&gt;Homo homini lupus&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Esta visi&#243;n pesimista es para Freud la culminaci&#243;n de un largo trayecto especulativo. En &lt;i&gt;Tres ensayos&lt;/i&gt;, Freud (1905) ya advert&#237;a que la pulsi&#243;n conten&#237;a una parte agresiva (cito):&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;La sexualidad de la mayor&#237;a de los varones exhibe un componente de agresi&#243;n, de inclinaci&#243;n a sojuzgar, cuyo valor biol&#243;gico quiz&#225; resida en la necesidad de vencer la resistencia del objeto sexual tambi&#233;n de otra manera, no s&#243;lo por los actos del cortejo.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Partiendo de esta dimensi&#243;n agresiva, intr&#237;nseca de la pulsi&#243;n sexual activa, Paul Denis llegar&#225; al par dominaci&#243;n [&lt;i&gt;emprise&lt;/i&gt;] y satisfacci&#243;n, la dominaci&#243;n definida como la b&#250;squeda activa de control del objeto en pos de obtener alguna satisfacci&#243;n (siempre pasiva, en oposici&#243;n a la dominaci&#243;n) de &#233;l. El inter&#233;s heur&#237;stico de este par se debe a su dial&#233;ctica: cuanto mayor es la dominaci&#243;n, menor es la satisfacci&#243;n, e inversamente, ya que en el mejor de los casos, la satisfacci&#243;n limitar&#225; el esfuerzo de dominaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bajo este punto de vista, es evidente que &lt;i&gt;Sal&#243; o los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt; es la puesta en escena de una pesadilla de la dominaci&#243;n cuya forma radical y extrema desemboca en un &#8220;amor con semilla asesina, prototipo de todo amor donde reside en lo m&#225;s &#237;ntimo la pulsi&#243;n de muerte&#8221;, como escribe Fran&#231;ois Gantheret. Solo la muerte del objeto, magistralmente escenificada en el &#8220;C&#237;rculo de sangre&#8221;, ser&#225; susceptible de frenar la locura de la dominaci&#243;n, ya que al fin y al cabo, la dominaci&#243;n lucha contra la independencia del objeto; es decir, contra el hecho de que el objeto siempre es susceptible de escurrirse del sujeto, de rechazarlo, de escaparle.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se hace dif&#237;cil de esta manera establecer si esa dominaci&#243;n est&#225; al servicio de Eros o Thanatos. Freud (1926) se&#241;ala en &lt;i&gt;Inhibici&#243;n, s&#237;ntoma y angustia&lt;/i&gt; que &#8220;el Eros quiere tocar porque aspira a la uni&#243;n, a borrar las fronteras espaciales entre el yo y el objeto amado. Pero tambi&#233;n aspira a la destrucci&#243;n, ya que antes de la invenci&#243;n del arma a fuego, solo pod&#237;a darse a proximidad. Presupone necesariamente el contacto corporal, tocar al otro&#8221;. En efecto, la pulsi&#243;n de vida y de muerte precisan ambas de la pulsi&#243;n de dominaci&#243;n, se intrican, se enredan, se entregan incluso a la dominaci&#243;n casi indistintamente, como se advierte en las salidas m&#225;s audaces de &lt;i&gt;M&#225;s all&#225; del principio de placer&lt;/i&gt; (1920). Pero tal como expresa Paul Denis, &#8220;pensamos que la idea de la libido que mata si no se detiene el desencadenamiento del sadismo en tanto fuerza libidinosa fue un objeto escandaloso, incluso para Freud, y fue neutralizado al invocar la pulsi&#243;n de muerte&#8221;. &#191;El verdadero esc&#225;ndalo no reside m&#225;s bien en plantear la posibilidad de una &#8220;libido que mata&#8221; solo por el placer de poseer y subyugar el objeto, y no que el objetivo de toda vida es la muerte? En ese sentido, &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; es realmente una obra que pone en crisis a la pol&#237;tica, la &#233;tica y la est&#233;tica, ya que ataca los cimientos fantasm&#225;ticos de la opresi&#243;n pol&#237;tica, a trav&#233;s de la met&#225;fora sadiana. La equivalencia entre totalitarismo y sadismo es demasiado grosera para que nos pueda enga&#241;ar, y Pasolini alert&#243; al espectador sobre esto en cada entrevista que dio sobre la pel&#237;cula. No obstante, &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; tambi&#233;n exhibe con implacable nitidez ese plus de placer sexual involucrado en la agresi&#243;n y destrucci&#243;n del otro en sus variantes m&#225;s extremas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno de los enigmas de &lt;i&gt;Sal&#243; o los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt; es entender por qu&#233; condena al espectador a ese suplicio de una hora 51 minutos del que no se puede escapar, salvo abandonando la sala como hizo la mayor&#237;a cuando sali&#243; la pel&#237;cula. En mi caso, reconociendo la fuerza e importancia de este film, tuve que verla en partes para poder terminarla, en intervalos de 5 a 10 minutos por d&#237;a, tal era la violencia que ejerc&#237;a en m&#237;. Y solo lograba ver esos 10 minutos si tomaba notas detalladas de cada secuencia, alegando razones cient&#237;ficas, pero era en realidad la manera de desviar mis ojos de lo que ve&#237;a. Corine Rondeau examina el car&#225;cter excepcional de este ataque al espectador. Llega a la hip&#243;tesis de un pacto con la verg&#252;enza, donde el espectador reconoce, bien a su pesar, que &#8220;someterse a estas im&#225;genes permite que existan para sacarles provecho en lo referido a la dominaci&#243;n; por lo tanto, se realiza un pacto. La verg&#252;enza reside en gozar con lo que se est&#225; viendo, es decir, en no poder renunciar a lo insoportable&#8221;. En efecto, &#191;qu&#233; fuerza me alentaba a volver a reproducir el DVD una y otra vez para llegar a la &#250;ltima secuencia de la pel&#237;cula? Un final donde se ve a dos j&#243;venes milicianos que vieron la sucesi&#243;n de torturas y asesinatos desde una ventana en el patio junto a los verdugos; prenden la radio, bailan t&#237;midamente un vals y mantienen el incre&#237;ble di&#225;logo final que concluye la pel&#237;cula: &#191;C&#243;mo se llama tu novia? Margherita. &#191;Por qu&#233; ese final, y qu&#233; aporta sobre el conjunto de este suplicio hecho pel&#237;cula?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es la puesta en escena de la complicidad indiferente y bromista de los milicianos, los colaboracionistas, kapos transformados en semejantes de los guardias de los campos de concentraci&#243;n, de qui&#233;nes se supo que viv&#237;an al lado de las barracas y los hornos crematorios, organizando fiestas a la noche o los fines de semana. Por &#8220;mise en abyme&#8221;, esa complicidad indiferente involucra a los espectadores que participan de esa masacre generalizada al ver la pel&#237;cula. Me pregunto entonces si Pasolini, poniendo en crisis el &#8220;espect&#225;culo&#8221; que su pel&#237;cula propone con tanta fuerza, no busca al fin y al cabo proponer o provocar un sobresalto en el espectador, haci&#233;ndole sentir en sus entra&#241;as lo insoportable de su participaci&#243;n en la destrucci&#243;n de los humildes, de las v&#237;ctimas, a&#250;n siendo pasiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para terminar, quisiera mencionar que pese a toda la crudeza que ejerce sobre el espectador, &lt;i&gt;Sal&#243; o los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt; rescata el amor, el &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt; susurrado entre las v&#237;ctimas, ese &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt; que hace que se encuentren a la noche para hacer el amor, &lt;i&gt;fare l'amore&lt;/i&gt; en el secreto y la dulzura de la intimidad protegida. Solo ese &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt;, privilegio de los humildes, de aquellos que no tienen el poder para oprimir al otro, puede escaparle a los verdugos narcisistas y todopoderosos, limit&#225;ndoles as&#237; su poder de destrucci&#243;n. Aunque parezca ins&#243;lito, &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt;, as&#237; como la trilog&#237;a de la vida, rinde un homenaje desesperado al amor, el &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt; que ya no puede ignorar que el lado oscuro de lo sexual es destructivo, pero puede sin embargo preservar el objeto, arriesg&#225;ndose a amarlo por lo que es y no por lo que le podemos hacer o hacer hacer. La libertad de los enamorados, en esa precariedad de la villa paladiana, espejo de nuestro mundo de ruido y furia, es para Pasolini, en el umbral de su muerte violenta, lo m&#225;s preciado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Traductor: Federico Gianotti&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aulagnier, P. (2009). &#171; Le droit au secret : condition pour pouvoir penser &#187; [&#8220;El derecho al secreto: condici&#243;n para poder pensar&#8221;]. En Piera Aulagnier &lt;i&gt;et al., La pens&#233;e interdite&lt;/i&gt;, Par&#237;s: Puf, Petite Biblioth&#232;que de psychanalyse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Barazer, C. (2002). &#171; Tactique russe &#187; [&#8220;T&#225;ctica rusa&#8221;]. &lt;i&gt;Champ psychosomatique&lt;/i&gt; &lt;i&gt;27&lt;/i&gt;(3).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Barthes, R. (1976). Comentario para &lt;i&gt;Le monde&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bataille, G. (1990) &lt;i&gt;El erotismo&lt;/i&gt;. Barcelona: Tusquets. Traducci&#243;n de Pierluigi Cerri.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Daney, S. (1980). &lt;i&gt;Cahiers du Cin&#233;ma&lt;/i&gt;, (308).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Foucault, M. (2002). &lt;i&gt;Vigilar y castigar: nacimiento de la prisi&#243;n&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Siglo XXI. Traducci&#243;n de Aurelio Garz&#243;n del Camino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Foucault, M. &lt;i&gt;El poder psiqui&#225;trico&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&#243;mica. Traducci&#243;n de Horacio Pons.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1905). &lt;i&gt;Tres ensayos sobre la teor&#237;a sexual&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Amorrortu.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1909). &lt;i&gt;Cinco conferencias sobre psicoan&#225;lisis&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Amorrortu.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1920). &lt;i&gt;M&#225;s all&#225; del principio de placer&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Amorrortu.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1926). &lt;i&gt;Inhibici&#243;n, s&#237;ntoma y angustia&lt;/i&gt;. En Obras Completas, Vol&#250;men XX. Buenos Aires: Amorrortu.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1930). &lt;i&gt;El malestar en la cultura&lt;/i&gt;. Austria: Alianza Editorial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Grimaldi, A. (productor) y Pasolini, P.P. (director). (1971). &lt;i&gt;Il Decameron&lt;/i&gt; [cinta cinematogr&#225;fica]. Italia: United Artists.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Grimaldi, A. (productor) y Pasolini, P.P. (director). (1972). &lt;i&gt;I racconti di Canterbury&lt;/i&gt; [cinta cinematogr&#225;fica]. Italia: United Artists.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Grimaldi, A. (productor) y Pasolini, P.P. (director). (1974). &lt;i&gt;Il fiore delle Mille e una notte&lt;/i&gt; [cinta cinematogr&#225;fica]. Italia: United Artists.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Grimaldi, A. (productor) y Pasolini, P.P. (director). (1975). &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; [cinta cinematogr&#225;fica]. Italia-Francia: Produzioni Europee Associete; Les Productions Artistes Associ&#233;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hagg, R., Sheilds, P. (producci&#243;n) y Kubrick, S. (direcci&#243;n). (1971). &lt;i&gt;La naranja mec&#225;nica&lt;/i&gt;. Reino Unido/Estados Unidos: Warner Bros y Hawk Films.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1964). &lt;i&gt;El seminario libro XI. Cuatro conceptos fundamentales del psicoan&#225;lisis&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Paid&#243;s. Traducci&#243;n de Juan Luis Delmont-Mauri y Julieta Sucre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pasolini, P.P. (1975). &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt;. dossier de prensa en franc&#233;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sade, D.A.F. (1785). &lt;i&gt;Les Cent Vingt Journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt;. Francia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Veire, V. (2007). &lt;i&gt;Prenez et mangez, ceci est votre corps [Tomen y coman, este es su cuerpo]&lt;/i&gt;. Bruselas: La lettre vol&#233;e.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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<item xml:lang="es">
		<title>Une mise en crise de la politique, de l'&#233;thique et de l'esth&#233;tique</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Une-mise-en-crise-de-la-politique-de-l-ethique-et-de-l-esthetique</link>
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		<dc:date>2020-01-17T20:25:31Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Is&#233;e Bernateau</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;R&#233;sum&#233;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cet ouvrage analyse psychanalytiquement le film posthume de Pasolini, inspir&#233; du roman Les 120 jours de Sodome, du marquis de Sade. L'intrigue pr&#233;sente l'in crescendo de la violence, que le cin&#233;aste italien place dans un cadre compl&#232;tement diff&#233;rent de l'original. C'est la fin de la Seconde Guerre mondiale en Italie, pendant la R&#233;publique de Salo, cr&#233;&#233;e par Mussolini dans le nord de l'Italie entre septembre 1943 et avril 1945. A partir de ce sc&#233;nario, la cat&#233;gorie du r&#233;el non repr&#233;sentable est abord&#233;e comme M&#233;taphore des camps de la mort nazis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Mots-cl&#233;s&lt;/strong&gt; : Politique | &#201;thique | Esth&#233;tique&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Salo-o-los-120-dias-de-Sodoma-de-Pasolini' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Versi&#243;n en espa&#241;ol&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/A-crisis-in-politics-ethics-and-aesthetics' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | Nro 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universit&#233; Paris 7&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&#171; Scandaliser est un droit ; &#234;tre scandalis&#233; est un plaisir &#187;, lance Pasolini au journaliste qui l'interviewe la veille de son assassinat &#224; propos de ce qui sera son dernier film, &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt;. Et c'est peu dire en effet que &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; est un film scandaleux ! Tir&#233; des non moins scandaleuses &lt;i&gt;120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; de Sade, le film prend le parti de respecter scrupuleusement le crescendo de violence du roman tout en situant l'action dans un tout autre cadre, celui de la fin de la deuxi&#232;me guerre mondiale en Italie, pendant la r&#233;publique de Salo, au c&#339;ur de la r&#233;publique fasciste promulgu&#233; par Mussolini en Italie du Nord entre septembre 1943 et avril 1945. Le ch&#226;teau de Silling, situ&#233; par Sade : &#171; hors de France, dans un pays s&#251;r, au fond d'une for&#234;t inhabitable, dans un r&#233;duit de cette for&#234;t que, par les mesures prises, les seuls oiseaux du ciel pouvaient aborder &#187; est remplac&#233;, dans le film de Pasolini, par un palais au nord de la ville de Salo, une sublime villa palladienne dont les portes vont se refermer pour toujours sur les jeunes filles et les jeunes hommes qui ont &#233;t&#233; enlev&#233;s pour y &#234;tre enferm&#233;s. Ils sont livr&#233;s &#224; leurs 4 bourreaux, 4 fascistes, 4 &#171; puissants &#187;, un duc, un banquier, un pr&#233;sident du tribunal et un &#233;v&#234;que, ainsi qu'&#224; 4 maquerelles et &#171; narratrices &#187; qui sont charg&#233;es de la mise en sc&#232;ne des agressions et crimes sexuels. Dans l'intimit&#233; de cet univers clos parfaitement isol&#233;, les 4 puissants, dont Pasolini dit clairement qu'ils &#171; se comportent exactement avec leurs victimes comme les nazi-fascistes avec les leurs&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;P. P. Pasolini, dossier de presse Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome, 1975, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#187;, vont d&#233;truire, de la fa&#231;on la plus syst&#233;matique qui soit, leurs victimes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le film, construit sur le mod&#232;le de &lt;i&gt;La Divine Com&#233;die&lt;/i&gt; de Dante, se d&#233;roule en quatre parties : le Vestibule de l'enfer, le Cercle des passions, le Cercle de la merde et le Cercle du sang. Il y a tr&#232;s clairement un avant et un apr&#232;s. L'avant, c'est le monde du d&#233;but du film, le monde du dehors, le monde du lac de Garde, de l'herbe verte et du ciel bleu. Le monde d'apr&#232;s, c'est le monde du dedans, celui de la villa palladienne, ce haut lieu de culture qui devient un lieu limite, un lieu de la fin de tout lieu, autrement dit un lieu o&#249; l'impossible a eu lieu, lieu de l'an&#233;antissement mais lieu aussi de son effacement, puisque, comme l'un des bourreaux le dit aux victimes depuis le balcon, aux victimes qui sont encore dans le jardin : &#171; Pour le monde ext&#233;rieur vous &#234;tes d&#233;j&#224; morts &#187;. Lieu de morts qui marchent, lieu de morts sans s&#233;pulture, la villa est un lieu limite, comme l'ont &#233;t&#233; les camps d'extermination, elle est un lieu o&#249; s'abolit la possibilit&#233; m&#234;me du lieu en tant que le lieu est garant d'une existence possible pour les vivants et d'une s&#233;pulture pour les morts. Sans cette garantie, le lieu, &#224; l'image de la villa qui ferme pour toujours ses portes, est menac&#233; de devenir un lieu qui va porter violemment atteinte &#224; l'humain.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;D&#232;s le Vestibule de l'enfer, l'un des bourreaux demande : ne faudrait-il pas les regarder un peu mieux ? &#187; et un autre ordonne : &#171; D&#233;shabillez-vous &#187;. Il soul&#232;ve avec brutalit&#233; le pull des jeunes filles pour faire appara&#238;tre leurs seins et baisse le pantalon des jeunes hommes pour d&#233;voiler leur p&#233;nis. L'une des 4 narratrices baisse la culotte d'&#201;va, une des adolescentes, en lui intimant : &#171; Fais voir &#224; ces gentils messieurs ce que tu caches l&#224;-dessous, regardez cette petite merveille, un cul ferme comme on n'en a jamais vu &#187;. &#201;va baisse les yeux, saisie par la honte. Les bien- nomm&#233;es &#171; parties honteuses &#187; sont exhib&#233;es aux yeux de tous, effractant &lt;i&gt;de facto&lt;/i&gt; une intimit&#233; corporelle dont Claude Barazer a montr&#233; qu'elle est prot&#233;g&#233;e par la honte, v&#233;ritable &#171; sentinelle qui garde les fronti&#232;res de l'intime, signale et sanctionne toute violation de ces fronti&#232;res&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;C. Barazer, &#171; Tactique russe &#187;, Champ psychosomatique, 2002, 27, 3, p. 117.&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#187;. Il ajoute : &#171; Un des ressorts de la jouissance perverse se trouve sans doute dans cette d&#233;ch&#233;ance de l'objet intime, celui de l'autre ou le sien. La honte, celle qu'assume a&#768; sa place la victime, est essentielle a&#768; la jouissance du pervers &#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le &#171; Cercle des passions &#187; et le &#171; Cercle de la merde &#187;, c&#339;ur du film, voient l'intimit&#233; des victimes r&#233;duite &#224; n&#233;ant jusque dans ses moindres recoins. Dans leurs r&#233;cits, qui se font devant les bourreaux et les victimes r&#233;unis dans le grand salon, les maquerelles-narratrices racontent ce que d'ordinaire on tait en soci&#233;t&#233;, les d&#233;tails sexuels les plus intimes de chacune de leurs relations sexuelles. L'un des fascistes a clairement &#233;nonc&#233; la r&#232;gle : &#171; Il ne faut n&#233;gliger aucun d&#233;tail. C'est &#224; ce prix que nous tirerons de vos histoires les formes d'excitation n&#233;cessaires que nous attendons d'elles &#187;. Il s'agit donc de tout dire, mais aussi de tout montrer, et surtout de tout faire, et de tout faire faire pour que cela soit regard&#233;, condition de la jouissance perverse des bourreaux.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;L'attaque des victimes prend des formes stup&#233;fiantes, et la cruaut&#233; la plus totale est de mise : les bourreaux sodomisent les adolescents et adolescentes en public, ils les masturbent, ils leur apprennent &#224; les masturber &#224; l'aide d'un mannequin, ils marient deux d'entre eux de force pour les regarder et participer &#224; leur nuit de noces, ils les font marcher &#224; 4 pattes nus en les tenant en laisse et en leur faisant manger des bouts de viande &#224; m&#234;me la gamelle, ils les regardent pisser et chier, ils leur font garder et pr&#233;senter leurs &#233;trons tous les matins, ils les battent s'ils se sont torch&#233;s le cul dont ils v&#233;rifient tous les matins qu'il est bel et bien souill&#233;, ils leur font manger leur merde, ils les couchent visage contre terre et cul relev&#233; pour organisent une exposition de culs qu'ils observent &#224; la lampe torche. L'une des jeunes filles supplie : &#171; Tuez-moi ! Tuez-moi avant de me d&#233;shonorer ! Au moins Dieu aura piti&#233; de moi. Tuez-moi pour me lib&#233;rer du tourment de voir et d'entendre tant d'horreurs &#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dans &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt;, l'emprise totalitaire des bourreaux sur leur victime se veut absolue, sans rien qui &#233;chappe &#224; leur pouvoir. Les victimes doivent leur appartenir, corps et &#226;me, &lt;i&gt;body and soul&lt;/i&gt;. Elles doivent surtout perdre leur statut de sujet d&#233;sirant pour n'&#234;tre plus que des &#171; objets &#187; de d&#233;sir, des &#234;tres &#224; qui on peut tout faire et tout faire faire, des &#234;tres dont la soumission signant la d&#233;ch&#233;ance, la d&#233;shumanisation, &#224; l'image de la sc&#232;ne o&#249; les victimes mises &#224; 4 pattes sont tenues en laisse comme des chiens. Cette destruction de l'alt&#233;rit&#233; de l'objet est rendue possible par un dispositif scopique d'une efficacit&#233; redoutable. Parce qu'ils veulent &lt;i&gt;tout voir, tout regarder&lt;/i&gt; de leurs victimes, et en particulier ce que d'ordinaire on ne montre &#224; personne, les bourreaux destituent les victimes de leur position de sujet pour les r&#233;duire au statut d'objets, pris sous les rets d'un regard pr&#233;dateur qui fonctionne comme une capture ali&#233;nante et d&#233;shumanisante. Comme dans le Panoptique, la prison imagin&#233;e par Bentham dont Foucault a mis au jour les implications politiques, il s'agit d'&#171; induire chez le d&#233;tenu un &#233;tat conscient et permanent de visibilit&#233; qui assure le fonctionnement automatique du pouvoir&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;M. Foucault, Surveiller et punir. Naissance de la prison, Paris, Gallimard, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#187;. &#171; Le vrai effet du &lt;i&gt;Panopticon&lt;/i&gt;, ajoute Foucault, c'est d'&#234;tre tel que, m&#234;me lorsqu'il n'y a personne, l'individu dans sa cellule, non seulement se croie, mais se sache observ&#233;, qu'il ait l'exp&#233;rience constante d'&#234;tre dans un &#233;tat de visibilit&#233; pour le regard&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid., p. 78.&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#187;. Ce dispositif scopique est totalitaire dans son essence m&#234;me : &#171; Tout doit &#234;tre per&#231;u pour &#234;tre ma&#238;tris&#233;, contr&#244;l&#233; par une instance unique, un pouvoir central, donc un seul point de vue &#187;. (Fran&#231;ois Gantheret).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mais la force du film de Pasolini consiste &#224; tordre &#224; l'extr&#234;me ce dispositif scopique jusqu'&#224; mettre le spectateur dans une position radicalement intenable. Le spectateur, qui regarde les victimes se faire sadiser, se trouve mis dans la situation des bourreaux alors m&#234;me qu'il ne peut que s'identifier aux victimes tant la cam&#233;ra pasolinienne est clairement de leur c&#244;t&#233;. Chaque gros plan sur le visage des jeunes filles et des jeunes hommes laisse voir un d&#233;sespoir qui appelle une compassion imm&#233;diate. Le paradoxe qui fait de &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt; un film unique sur le plan de la repr&#233;sentation vient donc du fait qu'il est litt&#233;ralement &lt;i&gt;irregardable&lt;/i&gt; : il est compos&#233; d'images que l'on ne peut pas regarder et qui pourtant sont inflig&#233;es comme autant de coups de poing. Dans une succession inexorable, de cercle en cercle, le spectateur endure l'insupportable calvaire jusqu'&#224; la mort de toutes les jeunes victimes, dans des supplices inou&#239;s que l'on voit au travers d'une jumelle. Dans cette derni&#232;re partie du film, le paradoxe est &#224; son comble : l'&#339;il du spectateur fusionne avec celui du bourreau voyeur, confortablement assis dans son fauteuil : il regarde &#224; la jumelle ses comparses torturer et tuer les victimes tout en masturbant l'un des jeunes hommes assis &#224; c&#244;t&#233; de lui. Le spectateur se retrouve assign&#233; &#224; cette place, place intenable et insupportable qu'il ne peut pas absolument pas occuper tout en &#233;tant pourtant somm&#233; de le faire.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Car en aucune fa&#231;on, le spectateur ne peut &#234;tre le complice complaisant de la violence inflig&#233;e. Si &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt; est un film sur le voyeurisme, ce n'est pas un film voyeur ; jamais le spectateur ne peut jouir de ce qu'il regarde, il fait au contraire l'exp&#233;rience limite d'un insupportable de la vision. Cet insupportable est clairement recherch&#233;e par Pasolini (je cite) : &#171; La figure principale (de caract&#232;re m&#233;tonymique) est l'accumulation (des crimes) : mais aussi l'hyperbole (je voudrais arriver &#224; la limite du supportable) &#187;. Face &#224; une telle &#233;preuve, le spectateur aurait bien recours &#224; la froideur, voire &#224; l'indiff&#233;rence, mais cette position lui est interdite car elle redoublerait &#171; la distanciation cynique et apathique adopt&#233;e par les fascistes&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;F. Vande Veire, Prenez et mangez, ceci est votre corps, Bruxelles, La lettre (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#187;. Du coup, le spectateur n'est pas seulement scandalis&#233; : il est violemment attaqu&#233; dans son intimit&#233;, forc&#233; qu'il est de regarder, sans complaisance ni cynisme, un spectacle insoutenable. &#171; C'est le film le plus dur, le plus angoissant, le plus &#233;prouvant que j'aie tourn&#233; jusqu'&#224; pr&#233;sent &#187;, confiera Pasolini &#224; un journaliste la veille de son assassinat, le 31 octobre 1975. Dans le dossier de presse qui accompagne le film &#224; sa sortie, Pasolini &#233;crit : Tout le film, avec ses atrocit&#233;s presque inou&#239;es, presque irracontables, se pr&#233;sente comme une &#233;norme m&#233;taphore sadique de ce qu'a &#233;t&#233; la dissociation nazi-fasciste avec ses crimes contre l'humanit&#233; &#187;. La d&#233;nonciation du fascisme s'accompagne chez Pasolini d'une d&#233;nonciation du capitalisme qui r&#233;duit les corps &#224; l'&#233;tat de marchandise et qui d&#233;truit les forces vives de la sexualit&#233;. Contrairement ce qui se passe dans la trilogie de la vie de Pasolini, le &lt;i&gt;Decameron&lt;/i&gt;, les &lt;i&gt;Contes de Canterbury&lt;/i&gt; et les &lt;i&gt;Mille et une nuits&lt;/i&gt;, films dans lesquels la sexualit&#233; est synonyme de joie et de lib&#233;ration, &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt; fait du sexe le lieu m&#234;me de la domination et de l'oppression la plus cruelle qui soit.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tout au long du film, deux groupes humains s'opposent et s'affrontent. D'un c&#244;t&#233;, ceux que Pasolini nomme les &#171; puissants et riches &#187;, ceux qui peuvent &#171; organiser leur r&#234;ve en toute impunit&#233; &#187;. De l'autre, les jeunes filles et les jeunes hommes, ces adolescents du peuple enlev&#233;s, arrach&#233;s &#224; leur vie pour &#234;tre s&#233;questr&#233;s, tortur&#233;s puis assassin&#233;s dans un interminable calvaire dont nul ne r&#233;chappera. Au moment de la sortie du film, Serge Daney note dans les &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; qu'il existe entre ces deux groupes une &#171; h&#233;t&#233;rog&#233;n&#233;it&#233; fondamentale &#187;. Elle tiendrait, selon lui, au fait que (je cite) : &#171; il y a un acc&#232;s simple du peuple au plaisir, quelque chose que rien ni personne ne peut entamer, l&#224; o&#249;, &#224; l'inverse les ma&#238;tres d&#233;sirent d&#233;sirer &#187;. En effet, dans le Cercle du sang, derni&#232;re partie du film, le passage &#224; la &#171; solution finale &#187;, &#224; savoir l'extermination pure et simple des victimes, prend la forme d'une exp&#233;dition punitive ch&#226;tiant toutes celles et tous ceux qui ont tent&#233; de pr&#233;server un semblant d'intimit&#233; dans ce lieu infernal. Leur crime est d'avoir voulu sauvegarder une intimit&#233; sexuelle qui &#233;chappe au regard des bourreaux et &#224; leur jouissance. Dans ce lieu limite qu'est la villa palladienne, dans ce lieu o&#249; s'abolit la possibilit&#233; m&#234;me de toute vie humaine civilis&#233;e, l'impossible a donc lieu, &#224; savoir la destruction syst&#233;matique de ce que Piera Aulagnier appelle &#171; le droit au secret &#187;, cette &#171; condition &lt;i&gt;vitale&lt;/i&gt; pour le fonctionnement du Je&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;P. Aulagnier, &#171; Le droit au secret : condition pour pouvoir penser &#187;, P. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#187;. Sans intimit&#233;, c'est-&#224;-dire sans la constitution d'un espace prot&#233;g&#233; auquel nul n'a acc&#232;s, il n'est pas de vie psychique possible.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Une jeune fille a cach&#233; sous son matelas la photo de son amoureux. Les bourreaux lui intiment l'ordre de la leur donner, elle sait qu'elle encourt un ch&#226;timent mortel et d&#233;nonce deux autres jeunes filles pour essayer de sauver sa peau. La s&#233;quence suivante surprend ces deux jeunes filles en train de faire l'amour. L'une d'elles chuchote &#224; l'oreille de l'autre : &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt;. L'un des bourreaux met en joue l'une des deux sous le regard effar&#233; de son amante. Face au canon du revolver, pour tenter de sauver sa vie, elle d&#233;nonce Ezio, l'un des jeunes hommes. Plan suivant : Ezio, fait l'amour avec la servante noire que l'on a vu servir les repas depuis le d&#233;but du film. La servante appelle Ezio &#171; &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt; &#187; dans l'intimit&#233; retrouv&#233;e de la nuit. Juste avant d'&#234;tre tu&#233;, Ezio se l&#232;ve, enti&#232;rement nu, et dresse le poing en signe de r&#233;volte. L'image est saisissante et magnifique : image de la r&#233;volte irr&#233;ductible de ceux qui sont sacrifi&#233;s, contrepoint de la corruption de l'innocence des autres adolescents, cette corruption qui fait d'eux des &#171; collabos &#187; et qui les contraint &#224; d&#233;noncer leurs semblables pour avoir la vie sauve.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Serge Daney a pourtant raison : aucune complicit&#233; entre les deux groupes, entre les bourreaux et les victimes, les uns sont oppresseurs l&#224; o&#249; les autres sont opprim&#233;s, cette diff&#233;rence les clivant aussi radicalement qu'une h&#233;t&#233;rog&#233;n&#233;it&#233; d'esp&#232;ce. La critique du fascisme inh&#233;rent au capitalisme est d'une rare violence, parce qu'elle emprunte au cauchemar sadien sa cruaut&#233; et sa litt&#233;ralit&#233;. Comme Barthes l'avait bien compris, &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt;, bien que reposant sur une m&#233;taphore &#8211; &lt;i&gt;Les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; de Sade comme m&#233;taphore des camps d'extermination nazis &#8211;, est un film &lt;i&gt;litt&#233;ral&lt;/i&gt;, rigoureusement d&#233;pourvu de tout caract&#232;re symbolique ou all&#233;gorique (je cite) : &#171; Ces sc&#232;nes ont la beaut&#233; triste, glac&#233;e, exacte, de grandes planches encyclop&#233;diques. Faire manger de l'excr&#233;ment ? &#201;nucl&#233;er un oeil ? Mettre des aiguilles dans un mets ? Vous voyez tout : l'assiette, l'&#233;tron, le barbouillage, le paquet d'aiguilles, le grain de la polenta ; comme on dit, rien ne vous est &#233;pargn&#233; (devise m&#234;me de la lettre). &#192; ce point de rigueur, ce n'est finalement pas le monde peint par Pasolini qui est d&#233;nud&#233;, c'est notre regard : notre regard mis &#224; nu, tel est l'effet de la lettre &#187; (fin de citation).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;D&#233;nuder notre regard, n'est-ce pas en effet l'ambition de Pasolini, r&#233;ussissant avec cet ultime chef-d'&#339;uvre la prouesse d'un film nus qui contraint le spectateur &#224; regarder en face, comme Malcolm McDowell dans &lt;i&gt;Orange m&#233;canique&lt;/i&gt;, le c&#339;ur m&#234;me de l'irrepr&#233;sentable ? Car &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt; est un film qui touche &#224; l'irrepr&#233;sentable dans tous les sens que le bel argument de ce colloque donne &#224; ce terme. Irrepr&#233;sentable, &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt; l'est d'abord en raison de son extr&#234;me violence, de sa cruaut&#233; : il est reconnu par l'ensemble des cin&#233;astes et des critiques de cin&#233;ma comme touchant un point limite dans le cin&#233;ma, un point qui n'avait jamais &#233;t&#233; touch&#233; auparavant et qui ne l'a plus &#233;t&#233; depuis. Irrepr&#233;sentable, &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt; l'est aussi parce qu'il touche un R&#233;el, au sens lacanien, R&#233;el dont nous tenterons de pr&#233;ciser les contours. Irrepr&#233;sentable, &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt; l'est enfin parce qu'il est une repr&#233;sentation m&#233;taphorique des camps d'extermination nazis, camps secrets et tenus cach&#233;s d&#232;s leur conception m&#234;me, dans une occultation et un effacement politique d&#233;lib&#233;r&#233; des traces du crime. &#171; Rat&#233; comme figuration (ou de Sade ou du syst&#232;me fasciste), le film de Pasolini vaut comme reconnaissance obscure, en chacun de nous mal ma&#238;tris&#233;e, mais &#224; coup s&#251;r g&#234;nante (&#8230;) C'est pourquoi je me demande, si, au terme d'une longue chaine d'erreurs, le Salo de Pasolini n'est pas en fin de compte un objet proprement sadien ; absolument irr&#233;cup&#233;rable : personne en effet, semble-t-il, ne peut le r&#233;cup&#233;rer &#187; &#233;crit Barthes. Par-del&#224; la m&#233;taphore concentrationnaire, par-del&#224; la d&#233;nonciation du capitalisme qui r&#233;duit les corps &#224; l'&#233;tat de marchandise, que faut-il donc &#224; tout prix nous faire voir ?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sans doute faut-il en premier lieu nous faire voir l'envers du d&#233;cor, ce qui d'ordinaire est dissimul&#233;, voire soustrait &#224; la conscience. En choisissant comme unique lieu du film une sublime villa palladienne aux murs couverts d'&#339;uvres d'art, Pasolini prend le parti-pris de montrer l'envers barbare de la culture, le sous-bassement sanglant des acquis les plus a priori raffin&#233;s de la civilisation. En ce sens, &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; prend totalement &#224; rebours le processus civilisationnel d&#233;crit par Freud dans ce texte inou&#239; qu'est &lt;i&gt;Le Malaise dans la culture&lt;/i&gt;. Plut&#244;t que d'aller dans le sens de ce processus qui conduit les hommes &#224; renoncer &#224; la f&#233;rocit&#233; au nom de la s&#233;curit&#233; qu'ils vont trouver dans la communaut&#233; humaine, comme le fait au fond l'ensemble de la production cin&#233;matographique &lt;i&gt;mainstream&lt;/i&gt;, le geste pasolinien, exactement semblable au geste freudien de &lt;i&gt;Malaise&lt;/i&gt;, proc&#232;de exactement &#224; l'inverse pour faire appara&#238;tre de fa&#231;on implacable et aveuglante le fonds de haine et de violence inh&#233;rent &#224; tout lien humain. Ce mouvement de rebours est particuli&#232;rement pr&#233;gnant dans le &#171; Cercle de la merde &#187;, cercle particuli&#232;rement irregardable et intol&#233;rable dans lequel la merde (en r&#233;alit&#233; faite du meilleur chocolat italien, ont racont&#233; plus tard les com&#233;diens du film), est mang&#233;e, de gr&#233; ou de force, par les victimes et les bourreaux. Lors du d&#238;ner des noces des deux jeunes victimes, le rituel sacr&#233; du mariage est d'autant mieux mim&#233; par les bourreaux et les maquerelles qu'il est violemment profan&#233;. La merde est l'unique mets servi &#224; table par les jeunes filles nues dans la belle vaisselle blanche. La cam&#233;ra pasolinienne alterne les plans larges avec des gros plans d&#233;chirants sur les visages des victimes, honteuses et d&#233;vast&#233;es par leur propre d&#233;ch&#233;ance. L'une des victimes, le visage d&#233;fait confie &#224; l'une de ses amie, la fourchette pleine de merde &#224; la main : &#171; Eva, je ne peux pas. &#187; Eva lui r&#233;pond, apr&#232;s s'&#234;tre forc&#233;e &#224; avaler, non sans un irr&#233;pressible mouvement de d&#233;go&#251;t, sa bouch&#233;e de merde : &#171; Fais-le pour la Madone &#187;. L'un des bourreaux oblige le jeune homme, rev&#234;tu pour l'occasion d'une robe de mari&#233;e, &#224; manger de la merde, Il lui enfonce dans la bouche de grandes cuill&#232;res de merde en l'enjoignant &#224; prendre des forces pour la nuit de noces : &#171; Rien n'est pire, ass&#232;ne-t-il, qu'une haleine d&#233;pourvue d'odeur &#187;. Dans la sc&#232;ne suivante, le m&#234;me bourreau monte les marches avec le jeune mari&#233;, il a les l&#232;vres et le bas du visage macul&#233; de merde et il embrasse &#224; pleine bouche le jeune mari&#233;. Le dernier plan de la s&#233;quence montre le visage du jeune mari&#233;, en larmes, le visage constell&#233; de merde. Il regarde le bourreau d'un regard o&#249; se lit l'incompr&#233;hension et le d&#233;sespoir, tandis qu'une larme, absolument pure, coule le long de sa joue.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Avec cette passion pour la merde, les bourreaux et les maquerelles s'en prennent &#224; l'un des bastions les plus intangibles de la civilisation. Freud a, du d&#233;but et &#224; la fin de son &#339;uvre, toujours consid&#233;r&#233; que le refoulement de la coprophilie &#233;tait fondateur de l'humanit&#233; en tant que telle. Son hypoth&#232;se est que le refoulement de l'odorat, l'un des refoulements les plus puissants qui soit, a eu lieu au moment o&#249; l'homme s'est relev&#233;, quittant la station &#224; quatre pattes pour la station debout. En 1910, dans les &lt;i&gt;Cinq le&#231;ons sur la psychanalyse&lt;/i&gt;, Freud associe le refoulement des motions coprophiles au refoulement des d&#233;sirs incestueux (je cite) : &#171; Ce sont en particulier les pulsions coprophiles, c'est-&#224;-dire les motions de plaisir-d&#233;sir de l'enfance en corr&#233;lation avec les excr&#233;ments, qui sont le plus radicalement concern&#233;s par le refoulement, et d'autre part la fixation aux personnes du choix d'objet primitif &#187;. En mettant en sc&#232;ne une sexualit&#233; coprophile et absolument transgressive, &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; oblige le spectateur &#224; une lev&#233;e de refoulement violente sur ce qui fonde son humanit&#233;, &#224; la fois le refus de l'animalit&#233; et l'interdit de l'inceste. Le caract&#232;re irrepr&#233;sentable du film tient pour une large part &#224; cette mise &#224; mal du refoulement, cette fa&#231;on de filmer ce que jamais on ne filme, ou ce qu'en tout cas on ne filme jamais &lt;i&gt;comme &#231;a&lt;/i&gt;, avec cette froideur de la litt&#233;ralit&#233; encyclop&#233;dique, si bien point&#233;e par Barthes, cette froideur glaciale qui immobilise le spectateur comme un papillon &#233;pingl&#233; dans sa boite. Mais l&#224; encore, que s'agit-il de regarder en face ?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En op&#233;rant une telle lev&#233;e du refoulement, Pasolini oblige le spectateur &#224; regarder dans les yeux le scandale d'un sexuel en lien direct avec la mort. &#171; Le mouvement de l'amour port&#233; &#224; l'extr&#234;me est un mouvement de mort&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;G. Bataille, L'&#233;rotisme, Paris, &#201;ditions de Minuit, 1957, p. 48.&#034; id=&#034;nh7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#187; &#233;crit Bataille dans &lt;i&gt;L'&#201;rotisme&lt;/i&gt;. Prolongeant les avanc&#233;es de Bataille, et parce que la sexualit&#233; humaine est dans son essence m&#234;me li&#233;e &#224; l'inceste et au meurtre, Lacan va jusqu'&#224; avancer que : &#171; La pr&#233;sence du sexe chez les vivants est li&#233;e &#224; la mort&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. Lacan (1964), Le S&#233;minaire livre XI. Les quatre concepts fondamentaux de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#187;. Et c'est bien cela qu'il s'agit de regarder dans &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; : ce sexuel de mort, violent et destructeur, qui se fiche de l'objet comme d'une guigne, qui se plait aux pires turpitudes, qui jouit de sa propre cruaut&#233; et qui bafoue l'intimit&#233; de l'autre et de soi-m&#234;me jusqu'&#224; d&#233;truire l'objet m&#234;me qui permet la jouissance. A propos de l'amour du prochain, Freud constate dans &lt;i&gt;Malaise dans la culture&lt;/i&gt; : &#171; La part de r&#233;alit&#233; effective cach&#233;e derri&#232;re tout cela et volontiers d&#233;ni&#233;e, c'est que l'homme n'est pas un &#234;tre doux, en besoin d'amour, qui serait tout au plus capable de se d&#233;fendre quand il est attaqu&#233;, mais qu'au contraire, il compte aussi &#224; juste titre parmi ses aptitudes pulsionnelles une tr&#232;s forte part de tendance &#224; l'agression. En cons&#233;quence de quoi, le prochain n'est pas seulement pour lui une aide et un objet sexuel possibles, mais aussi une tentation, celle de satisfaire sur lui son agression, d'exploiter sans d&#233;dommagement sa force de travail, de l'utiliser sexuellement sans son consentement, de s'approprier ce qu'il poss&#232;de, de l'humilier, de lui causer des douleurs, de le martyriser et de le tuer. &lt;i&gt;Homo homini lupus&lt;/i&gt; &#187;. Cette vision pessimiste est chez Freud l'aboutissement d'un long trajet sp&#233;culatif. D&#232;s les &lt;i&gt;Trois Essais&lt;/i&gt;, Freud avait constat&#233; que la pulsion comporte une part d'agression (je cite) : &#171; La sexualit&#233; de la plupart des &#234;tres masculins montre une adjonction d'agression, d'un penchant &#224; violenter, dont la signification biologique pourrait bien r&#233;sider dans la n&#233;cessit&#233; de surmonter la r&#233;sistance de l'objet sexuel autrement encore que par les actes consistant &#224; lui faire la cour &#187;. De cette dimension d'agression, intrins&#232;que &#224; la pulsion sexuelle active, Paul Denis tirera le couple emprise et satisfaction, l'emprise pouvant selon lui &#234;tre d&#233;finie comme la recherche active de la ma&#238;trise de l'objet en vue d'en obtenir une satisfaction, laquelle est toujours au contraire passive. L'int&#233;r&#234;t heuristique d'un tel couple r&#233;side dans sa dialectique : plus il y a d'emprise, moins il y a de satisfaction, et inversement puisque, dans le meilleur des cas, la satisfaction vient limiter les investissements en emprise.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De ce point de vue-l&#224;, il est clair que &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; est la mise en sc&#232;ne d'un cauchemar d'emprise, emprise dont la forme radicale et extr&#234;me aboutit, comme Fran&#231;ois Gantheret l'&#233;crit, &#224; un &#171; amour au noyau de meurtre, prototype de tout amour, qu'habite au plus intime la pulsion de mort &#187;. Seule la mort de l'objet, magistralement mise en sc&#232;ne dans le &#171; Cercle du sang &#187;, est susceptible d'arr&#234;ter cette folie d'emprise, puisqu'en derni&#232;re instance cette emprise lutte contre l'ind&#233;pendance de l'objet, c'est-&#224;-dire contre le fait que l'objet toujours est toujours susceptible de faire faux bond au sujet, de se refuser &#224; lui, de lui &#233;chapper.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Difficile en effet de savoir si une telle emprise est au service d'Eros et de Thanatos. Freud remarque dans Inhibition, sympt&#244;me et angoisse que &#171; L'Eros veut le toucher car il aspire &#224; l'union, &#224; la suppression des fronti&#232;res spatiales entre le moi et l'objet aim&#233;. Mais la destruction aussi, qui avant l'invention de l'arme &#224; distance ne pouvait s'effectuer que dans la proximit&#233;, pr&#233;suppose n&#233;cessairement le toucher corporel, porter la main sur autrui &#187;. Pulsion de vie et pulsion de mort n&#233;cessitent en effet toutes deux la pulsion d'emprise, pulsion de vie et pulsion de mort s'intriquent, se m&#234;lent, voire sont rendus dans l'emprise quasiment indistinctes l'une de l'autre, comme dans les avanc&#233;es les plus audacieuses d'&lt;i&gt;Au-del&#224; du principe de plaisir&lt;/i&gt;. Mais, comme Paul Denis le formule, &#171; Nous pensons que l'id&#233;e de la libido qui tue si rien ne vient arr&#234;ter le d&#233;cha&#238;nement du sadisme, envisag&#233; comme force libidinale, a &#233;t&#233; en d&#233;finitive, pour Freud lui-m&#234;me, objet de scandale, et qu'elle a &#233;t&#233; neutralis&#233;e par la mise en avant de la pulsion de mort &#187;. On peut en effet se demander, face &#224; une &#339;uvre comme &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt;, si le vrai scandale de l'&#339;uvre freudienne est bien cette intrication de la pulsion de mort et de la pulsion de mort, voire m&#234;me l'id&#233;e formul&#233;e dans &lt;i&gt;Au-del&#224;&lt;/i&gt; selon laquelle &#171; le principe de plaisir semble &#234;tre tout simplement au service de la pulsion de mort &#187;. Le vrai scandale ne serait-il pas plut&#244;t en effet cette hypoth&#232;se d'une &#171; libido qui tue &#187; par pur plaisir de possession et d'asservissement de l'objet et non parce que le but de tout vie serait la mort. En ce sens, &lt;i&gt;Salo&lt;/i&gt; est bien une &#339;uvre qui met en crise la politique, l'&#233;thique et l'esth&#233;tique, puisqu'elle pointe, &#224; travers la m&#233;taphore sadienne des camps de concentration, les sous-bassements fantasmatiques de l'oppression politique. Entre le totalitarisme et le sadisme, l'&#233;quivalence est trop grossi&#232;re pour en pas &#234;tre trompeuse, et Pasolini en avertit le spectateur dans toutes les interviews qu'il a donn&#233;s sur son film. N&#233;anmoins, Salo fait appara&#238;tre avec une nettet&#233; implacable la prime de plaisir sexuel que comporte l'agression et la destruction de l'autre dans ses formes les plus extr&#234;mes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;L'une des &#233;nigmes de &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; r&#233;side dans le supplice auquel il condamne le spectateur, supplice qui dure 1h51 et dont il est impossible de sortir, sauf &#224; quitter la salle, ce que n'ont pas manqu&#233; de faire la grande majorit&#233; des spectateurs au moment de sa sortie. En ce qui me concerne, et tout en reconnaissant la force et l'importance de ce film, il m'a fallu en fractionner la vision, &#224; raison de 5 &#224; 10 mn par jour, pour en venir &#224; bout tant il me faisait violence, et je ne pouvais regarder les 10 mn qu'&#224; condition de prendre en notes le synopsis d&#233;taill&#233; de chaque s&#233;quence, soi-disant pour des raisons scientifiques mais bien plus parce qu'il me fallait trouver un moyen de pouvoir d&#233;tourner sans arr&#234;t les yeux de ce que je voyais. Corinne Rondeau se penche sur le caract&#232;re exceptionnel de cette attaque du spectateur et elle fait l'hypoth&#232;se d'un pacte avec la honte amenant le spectateur &#224; reconnaitre, bien malgr&#233; lui, qu'&#171; &#234;tre soumis &#224; de telles images, c'est participer &#224; leur existence et en tirer un b&#233;n&#233;fice en rapport avec le domination et donc pactiser. La honte consiste &#224; jouir de ce qu'on voit, c'est-&#224;-dire &#224; ne pouvoir renoncer &#224; l'insupportable &#187;. Quelle &#233;tait en effet la force qui me poussait &#224; remettre en marche le DVD pour voir la suite, encore et encore, jusqu'&#224; la s&#233;quence finale. Dans cette s&#233;quence, deux jeunes miliciens, qui ont regard&#233; avec les bourreaux depuis la fen&#234;tre la succession des tortures et des meurtres dans la cour, allument la radio, dansent timidement une valse et ont cet incroyable dialogue final, qui cl&#244;t le film : Comment s'appelle ta petite amie ? Margherita. Pourquoi cette fin, et que dit-elle de l'ensemble du supplice qu'est ce film ?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mise en sc&#232;ne de la complicit&#233; indiff&#233;rente et rigolarde des miliciens, ces collabos, ces kapos devenus semblables aux gardiens des camps de concentration dont on sait qu'ils vivaient juste &#224; c&#244;t&#233; des baraquements et des fours cr&#233;matoires et qu'ils organisaient des f&#234;tes le soir ou les week-ends, cette complicit&#233; indiff&#233;rente d&#233;signe, par mise en abyme, celle des spectateurs qui, regardant le film, se trouvent de fait participer au massacre g&#233;n&#233;ralis&#233;. En derni&#232;re instance, je me demande donc si Pasolini ne cherche pas, en mettant en crise avec autant de force le &#171; spectacle &#187; que son film propose, &#224; provoquer chez le spectateur un sursaut en lui faisant &#233;prouver de l'int&#233;rieur l'insupportable de sa participation, m&#234;me passive, &#224; la destruction des humbles, des victimes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pour terminer, je souhaiterais dire que, malgr&#233; toute la duret&#233; dont il fait preuve &#224; l'&#233;gard du spectateur, &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt; sauve l'amour, cet &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt; chuchot&#233; entre les victimes, cet &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt; qui fait se retrouver la nuit pour faire l'amour, &lt;i&gt;fare l'amore&lt;/i&gt; dans le secret et la douceur d'une intimit&#233; partag&#233;e. Seul cet &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt;, privil&#232;ge des humbles, de ceux qui n'ont pas le pouvoir d'asservir les autres, &#233;chappe au narcissisme et &#224; la toute-puissance des bourreaux, venant limiter leur pouvoir de destruction. Aussi insolite que cela puisse sembler, Salo, tout comme la trilogie de la vie, rend un hommage d&#233;sesp&#233;r&#233; &#224; &lt;i&gt;l'amore&lt;/i&gt;, cet &lt;i&gt;amore&lt;/i&gt; qui ne peut plus ignorer que la face sombre du sexuel est la destruction mais qui peut en pr&#233;server l'objet, en prenant le risque de l'aimer pour ce qu'il est et non pour ce que l'on peut lui faire ou lui faire faire. La libert&#233; des amoureux, si pr&#233;caire soit-elle dans cette villa palladienne qu'est notre monde de bruit et de fureur, demeure pour Pasolini, au seuil de sa mort violente, la plus pr&#233;cieuse qui soit.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;P. P. Pasolini, dossier de presse &lt;i&gt;Salo ou les 120 journ&#233;es de Sodome&lt;/i&gt;, 1975, p. 20.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;C. Barazer, &#171; Tactique russe &#187;, &lt;i&gt;Champ psychosomatique&lt;/i&gt;, 2002, 27, 3, p. 117.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;M. Foucault, &lt;i&gt;Surveiller et punir. Naissance de la prison&lt;/i&gt;, Paris, Gallimard, Biblioth&#232;que des histoires, 1975, p. 233.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Ibid.&lt;/i&gt;, p. 78.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;F. Vande Veire, &lt;i&gt;Prenez et mangez, ceci est votre corps&lt;/i&gt;, Bruxelles, La lettre vol&#233;e, 2007, p. 119.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;P. Aulagnier, &#171; Le droit au secret : condition pour pouvoir penser &#187;, P. Aulagnier &lt;i&gt;et al., La pens&#233;e interdite&lt;/i&gt;, Paris, Puf, Petite Biblioth&#232;que de psychanalyse, 2009, p. 17.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;G. Bataille, &lt;i&gt;L'&#233;rotisme&lt;/i&gt;, Paris, &#201;ditions de Minuit, 1957, p. 48.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. Lacan (1964), Le S&#233;minaire livre XI. Les quatre concepts fondamentaux de la psychanalyse, Paris, Le Seuil, 1973, p. 162.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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