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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>Pol&#237;tica de autor y masculinismo</title>
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		<dc:date>2025-11-18T11:38:50Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Daniel Liotta</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este art&#237;culo analiza la teor&#237;a del autor forjada por la Nouvelle Vague francesa, examinando si esta teor&#237;a y movimiento pueden describirse bajo la categor&#237;a de &#171;masculinismo&#187;. Demuestra que el &#171;autor&#187; no representa una exaltaci&#243;n de lo masculino, sino una figura cuestionable del maestro, basada en un ideal del yo. Analiza c&#243;mo la figura del &#171;genio&#187; propuesta por Kant puede sustituir a la del autor y c&#243;mo las pel&#237;culas de la Nouvelle Vague desaf&#237;an no solo el poder masculino, sino tambi&#233;n la pretensi&#243;n de ser el &#171;autor&#187; de la propia existencia. Estas pel&#237;culas escenifican la mirada objetual y, por lo tanto, destruyen el ideal de dominio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Teor&#237;a del autor | Nouvelle Vague | Ideal del yo | mirada objetual | genio&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Authors-artists-and-objects' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;DOI: &lt;a href=&#034;https://doi.org/10.31056/2250.5415.v15.n3.51422&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://doi.org/10.31056/2250.5415.v15.n3.51422&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-Nro-3-Noviembre-2025-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | Nro 3 | Noviembre 2025&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;En este art&#237;culo se analiza la Pol&#237;tica de Autores inventada por j&#243;venes cr&#237;ticos y cineastas de la &lt;i&gt;Nouvelle Vague&lt;/i&gt;, a la vez que se examina una faceta de este movimiento cinematogr&#225;fico. En concreto, se propone abordar la relaci&#243;n que esta Pol&#237;tica y este movimiento tienen con lo que se denomina, en sentido amplio, &#171;masculinismo&#187;, entendido aqu&#237; como la promoci&#243;n material e intelectual de lo masculino en detrimento de lo femenino, un influjo que somete a las mujeres, y a veces a los hombres, al poder y la mirada de un androcentrismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En Francia, el reciente Informe de la Asamblea Nacional, dedicado a la &#171;violencia cometida en los sectores del cine&#187; y otros entornos art&#237;sticos, ha puesto de relieve la importancia de la violencia, en particular la violencia sexual; ha explicado la l&#243;gica intelectual y las pr&#225;cticas materiales que la posibilitan o la favorecen. Ha puesto en tela de juicio el estatus del &#171;autor&#187;, que podr&#237;a mantener esta violencia o incluso inventar una pseudolegitimaci&#243;n para ella.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestro cuestionamiento no se centra en los comportamientos que podr&#237;an haberse legitimado en referencia al &#034;autor&#034;, sino que se centra, en primer lugar, en la idea del autor inventada por los cr&#237;ticos que constituyen (o constituir&#225;n) la Nouvelle Vague: &#191;es esta figura del autor la del hombre? Tambi&#233;n tendremos que afrontar la pregunta: &#191;no implica esta figura otras cuestiones adem&#225;s de las del masculinismo? Responder afirmativamente nos obligar&#225;, en segundo lugar, a examinar qu&#233; figura puede sustituir a la del autor y a analizar c&#243;mo ciertas pel&#237;culas de la &lt;i&gt;Nouvelle Vague&lt;/i&gt; cuestionan no solo el poder del hombre, sino tambi&#233;n la pretensi&#243;n de ser el &#034;autor&#034; de su existencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;A) El autor&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;Pol&#237;tica de los autores&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Examinemos la figura del autor: &#191;C&#243;mo podemos definirla? Para responder a esta pregunta, debemos identificar los diversos atributos que los cr&#237;ticos de &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; &#8211;incluidos Rivette, Truffaut, Rohmer, Chabrol y Godard&#8211; atribuyen a los &#171;autores&#187;. A partir de la d&#233;cada de 1950, escribieron sus primeros art&#237;culos, en particular entrevistando a Hitchcock, Renoir, Rossellini, Lang, Hawks, Bu&#241;uel, Wells y Dreyer, Bresson y Antonioni. Estos art&#237;culos y entrevistas inventan una figura singular del autor y despliegan su &#171;Pol&#237;tica&#187;. Una invenci&#243;n progresista, una cristalizaci&#243;n. No basta con reconocer en el autor una excelencia creativa; los j&#243;venes cin&#233;filos trazan sus contornos y distinguen sus atributos. Cada entrevista, cada art&#237;culo, contribuye a destacar un rasgo, a esbozar otro y, gradualmente, a dibujar el rostro del autor. Un recorrido por estos textos nos permite delinear su perfil. Vale la pena explicar algunas de sus propiedades, probablemente ya identificadas por los historiadores del cine. &#191;Son estas las de un hombre?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1) El autor es, ante todo, una singularidad que se expresa. Leamos lo que los maestros dicen de s&#237; mismos. Dreyer, Bu&#241;uel y Wells, cada uno con su propio estilo, dicen expresarse; Renoir dibuja su propio retrato; Hitchcock y Bresson plasman su alma en un tema&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La pol&#237;tica de los autores, Las entrevistas (abreviado PA). Par&#237;s, Petite (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. As&#237;, cada uno representa tan bien en sus pel&#237;culas su singular modo de ser, que su cine est&#225; sujeto a la misma continuidad que su persona. Por eso, las entrevistas abarcan constantemente la filmograf&#237;a de los maestros y a menudo la vinculan con su biograf&#237;a. Dibujada por los maestros, esta figura del autor se justifica, seg&#250;n Truffaut, por la literatura, o m&#225;s bien por una concepci&#243;n de la literatura de la que Proust, Val&#233;ry y Giono son portavoces&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase A. de Baecque, Les Cahiers du cin&#233;ma. Nacimiento de una revista. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Sin embargo, la expresi&#243;n personal se afirma m&#225;s en el cine que en la obra literaria: &#171;El cine del ma&#241;ana me parece a&#250;n m&#225;s personal que una novela, individual y autobiogr&#225;fico como una confesi&#243;n y un diario personal. Los j&#243;venes cineastas se expresar&#225;n en primera persona&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#171;Ustedes son testigos en este juicio de que el cine franc&#233;s se est&#225; muriendo (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&#187;. Desde esta perspectiva, podemos escuchar la f&#243;rmula de Godard: &#171;filmar debe ser parte de la vida y debe ser algo natural y normal&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#034;Entrevista&#034; (1962) en Godard, Jean-Luc Godard (abreviado JL G), ed. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que importa, por lo tanto, es el sujeto entendido como autor, y no los &#171;sujetos&#187; entendidos como temas e ideas independientes de este autor. Debemos concluir, escribe Chabrol, que &#171;un gran tema no es mejor que uno peque&#241;o&#187; y que el apocalipsis at&#243;mico no es mejor que una disputa entre vecinos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#034;Los peque&#241;os sujetos&#034; (1959 en J. Magny, Claude Chabrol. Par&#237;s, Cahiers du (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. El objetivo de Hitchcock es &#171;expresarse con la mayor libertad posible&#187; para que &lt;i&gt;Rebecca&lt;/i&gt;, &#171;la obra meliflua y p&#225;lida&#187; de Daphne du Maurier, pueda convertirse en el material para una gran pel&#237;cula&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;op. cit., p&#225;gs. 24-25.&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Godard lo recordar&#225; al rodar &lt;i&gt;El desprecio&lt;/i&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#171;La novela de Moravia es una novela vulgar y bonita sobre una estaci&#243;n de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;2) Un motivo narrativo independiente del autor carece de valor, ya que este despliega su expresi&#243;n gracias a la reinvenci&#243;n perpetua de un tema que lleva la marca de su singularidad, es decir, de una visi&#243;n original del mundo inseparable de su puesta en escena. La idea cinematogr&#225;fica del autor es tanto tem&#225;tica como t&#233;cnica. Debemos recordar la lecci&#243;n que se imparte en los momentos m&#225;s densos de las entrevistas y las cr&#237;ticas: es vano e ileg&#237;timo diferenciar entre motivo y puesta en escena, o entre contenido y forma. Son uno con el poder del autor, quien es, en una sola pieza, el agente de s&#237;ntesis de los componentes t&#233;cnicos de sus pel&#237;culas y el creador de una visi&#243;n. Seg&#250;n Rossellini, demostrar que los peque&#241;os hechos cotidianos son tan conmovedores como los grandes gestos es rechazar los &#034;efectos cinematogr&#225;ficos&#034;, es decir, la facilidad de los primeros planos, y prescindir al m&#225;ximo de la &#034;hipocres&#237;a del montaje&#034;. &#171;Descubrir lo que hay en el fondo de cada ser&#187; es, dice Dreyer, privilegiar la continuidad de los planos y aprovechar los primeros planos en los di&#225;logos; seg&#250;n Antonioni, restaurar la realidad y situar a los seres humanos en el conjunto es prohibirse dar a los personajes un espacio excesivo y renunciar a la profundidad de campo&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;PA. Rossellini, p&#225;g. 83 y siguientes, Dreyer, p&#225;g. 234 y siguientes, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Las decenas de horas de entrevistas de Truffaut con Hitchcock declinan constantemente. No precisamente la importancia de una puesta en escena para afirmar un tema o la forma en que un tema ilumina las exigencias de la puesta en escena, sino el poder de las ideas cinematogr&#225;ficas, que son indisolublemente visiones de la existencia y modos de visibilidad. Crear simpat&#237;a y complicidad moral entre el espectador y un personaje supone lograr, mediante el montaje, que el espectador piense con &#233;l; mostrar la fuerza de un beso amoroso es trabajar con la c&#225;mara en el espacio inmediato que rodea a la pareja&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Hitchcock Truffaut. Par&#237;s, Ramsey, 1986, respectivamente, Sabotaje. p. 93 y (&#8230;)&#034; id=&#034;nh9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. &#191;Deber&#237;amos, sin embargo, oponer la pel&#237;cula fallida o mediocre a la hermosa armon&#237;a del tema y su puesta en escena que definen a un autor? La respuesta de Truffaut es este principio que Antoine de Baecque llama &#171;la paradoja del cine menor&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb10&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Los Cahiers du cin&#233;ma. Nacimiento de una revista, op. cit. t. 1, p&#225;g. 156.&#034; id=&#034;nh10&#034;&gt;10&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;: que las irregularidades art&#237;sticas, incluso los fracasos, no son la manifestaci&#243;n de una derrota o una degradaci&#243;n del autor, sino, por el contrario. un signo de poder. &lt;i&gt;Al&#237; Bab&#225; y los Cuarenta Ladrones de Becker&lt;/i&gt; puede considerarse una pel&#237;cula bastante mediocre; sin embargo, lleva la impronta de este gran director, ciertamente en &#171;momentos algo dispersos&#187;, tanto es as&#237;, especifica Truffaut, que &#171;aunque &lt;i&gt;Al&#237; Bab&#225;&lt;/i&gt; hubiera sido un fracaso, la habr&#237;a defendido en virtud de la &lt;i&gt;Pol&#237;tica de los Autores&lt;/i&gt;&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb11&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#034;Ali Baba y la 'pol&#237;tica de los autores'&#034; en La pol&#237;tica de los autores, Les (&#8230;)&#034; id=&#034;nh11&#034;&gt;11&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. De hecho, dado que Becker es este autor &#171;que ha alcanzado una maestr&#237;a excepcional&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb12&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid., p&#225;g. 34.&#034; id=&#034;nh12&#034;&gt;12&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; que anima sus ideas y su estilo, es necesario afirmar y explicar esta excelente continuidad de ideas y estilo a pesar de los fallos. O mejor dicho, gracias a ellos y como a contraluz. As&#237; es como el autor propone una obra, que debe entenderse como una continuidad de expresi&#243;n mantenida a trav&#233;s de posibles irregularidades&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb13&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Solo, escribe Truffaut, cuando una obra se considera indebidamente (&#8230;)&#034; id=&#034;nh13&#034;&gt;13&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;3) Adem&#225;s, esta continuidad se afirma a pesar de los efectos del destino y al confrontarlos. De hecho, el autor exhibe una maestr&#237;a que se impone en pruebas tanto art&#237;sticas como biogr&#225;ficas. Esta maestr&#237;a es amplia: es inseparablemente profesional y art&#237;stica, y se despliega en un contexto de azares. As&#237;, la Pol&#237;tica de los Autores nunca disocia la obra del autor de sus condiciones econ&#243;micas, sociales y pol&#237;ticas. &#191;C&#243;mo podemos disociar las obras de Lang y Bu&#241;uel de la pol&#237;tica alemana y espa&#241;ola? Renoir sufri&#243; fracasos comerciales y de cr&#237;tica, y experiment&#243; &#034;per&#237;odos dif&#237;ciles&#034; en su vida; Bresson admite su miedo a no ser aceptado por el p&#250;blico y a quedarse &#034;desempleado&#034;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb14&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;PA. Renoir, p&#225;g. 22 y ss., Bu&#241;uel, p. 178 y siguientes, Bresson, p&#225;g. 281-282.&#034; id=&#034;nh14&#034;&gt;14&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;; es necesario hacer o&#237;r las palabras de Hitchcock porque durante demasiado tiempo estuvo reducido a la dolorosa condici&#243;n de un creador experto&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb15&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;A. de Baecque, S. Toubiana, Francois Truffaut. Par&#237;s, Gallimard, 2001, p. 383.&#034; id=&#034;nh15&#034;&gt;15&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Enfrentando estas pruebas, enfrentando los caprichos del reconocimiento: el poder del autor define esta capacidad de perseverar en su arte, que constituye su requisito vital. A pesar de su apariencia l&#250;dica, la declaraci&#243;n de Pierre-Auguste Renoir: &#171;Hay que dejarse llevar por la vida como un corcho en la corriente&#187; es cierta para su hijo y, en definitiva, para cualquier autor. Seguir la corriente, adaptarse a lo que sucede, no hundirse en el propio arte es m&#225;s que una facultad de adaptaci&#243;n: es la capacidad de no perder la singularidad art&#237;stica al aceptar los vaivenes y las dificultades de la existencia (el dinero, la censura, el poder de los productores, la eficacia de la cr&#237;tica, el gusto del p&#250;blico, las limitaciones pol&#237;ticas). La maestr&#237;a del autor no es, por lo tanto, la expresi&#243;n de un poder ajeno a lo externo. Es el arte, entendamos la palabra en todos sus sentidos, de adaptarse a las circunstancias. Como se&#241;ala Serge Daney, esto es sin duda lo que los maestros ense&#241;aron a quienes pronto inventar&#237;an su propia obra: &#171;ya estaban aprendiendo mucho &#8211;y quiz&#225;s incluso sin saberlo&#8211; sobre los azares del oficio de cineasta, sus trucos, sus compromisos, sus irregularidades y ese deseo de &lt;i&gt;conformarse con&lt;/i&gt; lo que se tiene en lugar de dominar a toda costa lo que no se tiene&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb16&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;PA, Prefacio, p&#225;g. 10-11. Daney subraya.&#034; id=&#034;nh16&#034;&gt;16&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;4) Por eso la figura del autor es una figura moral. Su excelencia es a la vez la del director, la del profesional y la de la persona. Es el arte de producir pel&#237;culas hermosas, de afrontar los riesgos profesionales y de vivir bien. El &#171;amor a la realidad&#187;, celebrado por Renoir, constituye a la vez un imperativo &#233;tico, un principio profesional y el motivo de las pel&#237;culas; la &#171;poes&#237;a&#187; y la &#171;frugalidad&#187; que reivindica Bresson, la exigencia de un &#171;punto de vista moral&#187; de la que se enorgullece Rossellini, son inseparables de su relaci&#243;n con el mundo y del ejercicio de su profesi&#243;n; no podemos disociar la &#171;dignidad tr&#225;gica&#187; que Welles reconoce en el hombre, de los principios de sus pel&#237;culas y del arte de conducir su carrera y su vida&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb17&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;PA. Renoir, p&#225;g. 39, Bresson, p&#225;gs. 284-285. Rossellini, p&#225;g. 105, Welles, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh17&#034;&gt;17&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Surge as&#237; una pregunta: &#171;La lucha contra las circunstancias&#187; y contra los dioses que Lang escenifica, la &#171;aventura humana&#187; que Hawks muestra, este drama del &#171;hombre en peligro&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb18&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;PA. Lang, p&#225;g. 112-113, Halcones, p&#225;g. 129 y 136.&#034; id=&#034;nh18&#034;&gt;18&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, &#191;son temas espec&#237;ficos de dos cineastas diferentes o no proponen, de maneras ciertamente distintas, la misma exigencia moral: hacer pel&#237;culas con excelencia, saber lidiar profesionalmente con las circunstancias y hacer su trabajo con excelencia como hombre? &#191;No es esta excelencia la que lleva a Godard a afirmar, admirando &lt;i&gt;los Juegos de Verano de Bergman&lt;/i&gt;, que est&#225; dotado de &#171;una elegancia moral irreprochable&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb19&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Bergmanorama&#8221; (1958) en JL G. t. 1, p&#225;g. 130.&#034; id=&#034;nh19&#034;&gt;19&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;? Truffaut es quiz&#225;s el m&#225;s expl&#237;cito: &#171;Una pel&#237;cula vale lo que vale quien la hace. Finalmente, identificamos una pel&#237;cula con su autor y comprendemos que el &#233;xito no es la suma de varios elementos, buenas estrellas, buenos temas, buen clima, sino que est&#225; ligado a la personalidad del &#250;nico maestro a bordo. El talento se convierte en un valor reconocido&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb20&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Cine en primera persona&#8221; (1960) en El placer de los ojos, op. cit. pp. 13-14.&#034; id=&#034;nh20&#034;&gt;20&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&#187;. La excelencia del arte es el fin supremo, ya que el autor vive para el cine; sin embargo, cuando logra este fin, despliega sus talentos profesionales y manifiesta su singular &#034;personalidad&#034;. Esta concordancia entre arte, profesi&#243;n y persona nos permite escuchar la f&#243;rmula de Luc Moullet en 1958: &#034;La moral es cuesti&#243;n de travellings&#034; y su rectificaci&#243;n por Godard: &#034;Los travellings son cuesti&#243;n de moralidad&#034;. Tambi&#233;n nos permite escuchar el juicio de Rivette sobre &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt; (de Pontecorvo) en 1961. El famoso art&#237;culo, &#034;Sobre la abyecci&#243;n&#034;, no se limita a criticar el travelling que nos permite &#034;reencuadrar el cad&#225;ver en contrapicado&#034; de la mujer que se suicid&#243; en la alambrada electrificada del campo de concentraci&#243;n nazi. Tampoco se limita a devaluar al cineasta; Denigra al hombre que hizo el travelling: &#034;este hombre no merece nada m&#225;s que el m&#225;s profundo desprecio&#034; ya que actu&#243; por &#034;inconsistencia, estupidez o cobard&#237;a &#034;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb21&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Sobre la abyecci&#243;n&#8221; en Teor&#237;a del cine, op. cit. pag. 37-38. Sobre esta (&#8230;)&#034; id=&#034;nh21&#034;&gt;21&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Se supone que el profesional, el director y el hombre son uno en excelencia, pero tambi&#233;n en bajeza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El t&#233;rmino &#171;autor&#187; nos parece, por tanto, perfectamente elegido. Tiene m&#225;s significado que &#171;creador&#187; o &#171;artista&#187;; no hace falta decir que el cineasta es artista, ya que su arte est&#225; perfectamente definido gracias a su cualidad de autor. Las etimolog&#237;as son instructivas. El autor es quien despliega (&#171;augeo&#187;) y somete a su &#171;auctoritas&#187; la idea y el material t&#233;cnico del que es maestro y modelo (&#171;auctor&#187;). El autor es este sujeto que se desarrolla desarrollando su arte; trabaja lo que es indisolublemente forma y material; domina ambos al dominar su vida y sus imperativos profesionales; es una figura moral que trabaja para perfeccionar su existencia inventando su obra art&#237;stica. La &#171;Pol&#237;tica&#187; de los autores no hace m&#225;s que redoblar la palabra &#171;autor&#187;; designa a la vez la perseverancia en la autoexpresi&#243;n, la capacidad ideal y t&#233;cnica para producir la propia obra y la capacidad &#233;tica para dominar el propio arte, la propia profesi&#243;n y la propia existencia. Utilicemos las categor&#237;as de Gis&#232;le Sapiro: el autor mantiene una relaci&#243;n meton&#237;mica con su obra, ya que la continuidad de sus pel&#237;culas lleva su impronta; una relaci&#243;n metaf&#243;rica, ya que sus pel&#237;culas se asemejan a &#233;l; y una relaci&#243;n de intencionalidad, ya que sus pel&#237;culas son sus proyectos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb22&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Gis&#232;le Sapiro, &#191;Podemos disociar la obra del autor?, Par&#237;s, Seuil, 2020. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh22&#034;&gt;22&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. El t&#233;rmino &#171;obra&#187; le viene, por lo tanto, perfectamente al autor, pues se define impl&#237;citamente como una continuidad creativa, como expresi&#243;n y como el proyecto de su creador. Debemos, pues, afirmar de la obra f&#237;lmica lo que Michel Foucault dijo en &lt;i&gt;La arqueolog&#237;a del saber&lt;/i&gt; sobre la obra discursiva: &#171;Si hablamos f&#225;cilmente de la 'obra' de un autor, es porque la suponemos definida por una cierta funci&#243;n de expresi&#243;n&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb23&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La arqueolog&#237;a del saber. Par&#237;s, Gallimard, 1969, p. 35.&#034; id=&#034;nh23&#034;&gt;23&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, expresi&#243;n que La pol&#237;tica del autor no cesa de celebrar. Por eso es vano y superficial preguntarse si deber&#237;amos o no &#171;separar la obra del hombre&#187;, ya que &#171;obra&#187; se dice impl&#237;cita o expl&#237;citamente de &#171;el hombre&#187;. Se dice de este hombre que expresa su singularidad en su puesta en escena, a pesar o debido a los efectos del destino, y despliega as&#237; su moral.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aqu&#237; nos encontramos con un problema contempor&#225;neo. Devaluar una pel&#237;cula y, a veces, hacerla dif&#237;cil (o incluso imposible) de ver porque su autor es vil y debe ser condenado, implica cumplir impl&#237;citamente con el principio impuesto por Truffaut seg&#250;n el cual &#171;una pel&#237;cula vale lo que vale quien la hace&#187;. Esta devaluaci&#243;n se rige por el principio truffautiano, que ahora experimenta dos reversiones: sustituye la excelencia del autor y la pel&#237;cula por su bajeza &#8211;aunque esto ya lo afirm&#243; Rivette al criticar a &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt;&#8211; y no conduce de la apreciaci&#243;n de la obra a la del autor, sino, en una direcci&#243;n inversa, de la inmoralidad del autor a la depreciaci&#243;n de su obra. Esta depreciaci&#243;n, precisamente, no es obra del movimiento MeToo y su denuncia de la violencia que sufren las mujeres en general y en el mundo del cine. Esta depreciaci&#243;n es el encuentro entre este movimiento y el &#171;autor&#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;El poder narcisista del autor&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero &#191;qu&#233; legitimidad debe atribuirse a esta figura? Cabe cuestionar la continuidad expresiva que supone. Tambi&#233;n es leg&#237;timo cuestionar la negaci&#243;n, reivindicada por la Pol&#237;tica de Autores, del cine como arte colectivo. Quisi&#233;ramos apreciar la Pol&#237;tica de Autores desde otro punto de vista. De hecho, no es dif&#237;cil distinguir en la invenci&#243;n del autor una figura del yo, que vincula la ilusi&#243;n de dominio a la servidumbre imaginaria, es decir, a la sumisi&#243;n a la imagen de un ideal. El ni&#241;o muy peque&#241;o, que a&#250;n experimenta incoordinaci&#243;n motora y que soporta la experiencia ps&#237;quica de un cuerpo fragmentado, se reconoce con j&#250;bilo en el reflejo que le ofrece el espejo y, as&#237;, se somete con placer a la imagen de una buena forma. De este modo, inventa una coherencia y una comprensi&#243;n unitaria de s&#237; mismo y se otorga un dominio falaz que imagina ejercer sobre lo que le rodea. Este sentimiento de identidad y dominio sobre s&#237; mismo constituye una ilusi&#243;n gracias a la cual pretende regular las relaciones consigo mismo y con lo externo. Una ilusi&#243;n legitimada y simb&#243;licamente reforzada cuando un adulto la garantiza: &#171;Eres t&#250;&#187;, &#171;realmente eres t&#250;&#187;. Este se&#241;uelo es la ra&#237;z de futuras identificaciones a las que el adulto se entrega, creyendo ejercer su libertad mientras se aliena a una ignorancia narcisista del yo, albergada en la figura de un&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb24&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Sobre la constituci&#243;n especular del yo, v&#233;ase Escritos, Par&#237;s, Seuil, 1966, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh24&#034;&gt;24&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; yo ideal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los j&#243;venes cr&#237;ticos y futuros directores noveles han forjado su propio espejo; han inventado un atractivo especular y una garant&#237;a simb&#243;lica gracias a las palabras de los maestros que han elegido y a las im&#225;genes que han dibujado. As&#237;, &#171;de la insuficiencia a la anticipaci&#243;n&#187; &#8211;podr&#237;amos usar la expresi&#243;n de Lacan&#8211;, han hecho brillar literalmente su propio poder expresivo, a&#250;n incipiente y vacilante, pero pronto plenamente ejercido. As&#237; pudieron representarse a s&#237; mismos y a los dem&#225;s: soy yo, de hecho soy yo quien me represento, autor en potencia y pronto en acto; as&#237; me presento ofreciendo las puestas en escena de mi visi&#243;n del mundo; soy de hecho yo quien ejerce el dominio de su arte y su profesi&#243;n; y soy yo, de ahora en adelante, quien elevar&#225; al ideal moral al director que soy, su saber hacer profesional y su relaci&#243;n con la existencia. No discutamos aqu&#237; el narcisismo de cada uno de los j&#243;venes cineastas y la forma en que se adaptaron a esta imagen; la pregunta es indiscreta e irrelevante. Nos interesa lo que podr&#237;amos llamar un narcisismo autoral, que permiti&#243; a Truffaut, en 1957, erigir los &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; como el &#171;&#250;ltimo basti&#243;n de la integridad cr&#237;tica&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb25&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Clouzot en acci&#243;n o el reinado del terror&#8221; (1957) en Truffaut, El placer de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh25&#034;&gt;25&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Un narcisismo que autoriz&#243; a los j&#243;venes cr&#237;ticos a convertirse en cineastas y a proponer las bellezas de la Nouvelle Vague.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Precisamente la ilusi&#243;n es doble, y el primer enga&#241;o establece el segundo. Se trata de erigir cineastas que quiz&#225; no pidieron tanto como maestros y modelos de arte, profesi&#243;n y existencia; reconocemos aqu&#237; la invenci&#243;n de lo que el psicoan&#225;lisis llama un ideal del yo. Luego, gracias al espejo que se supone que estos cineastas constituyen, se erigen como disc&#237;pulos felices: como creadores f&#233;rtiles y nuevos maestros. A este retrato de un yo ideal &#8211;pero el yo no es m&#225;s que un retrato falaz&#8211; conviene a&#241;adir, con Lacan, la pasi&#243;n por imponer el propio dominio, una pasi&#243;n que se hace expl&#237;cita cuando se supone que una alteridad pone en peligro el poder que el yo se arroga. Un ejemplo de ello lo ofrece el art&#237;culo seminal y violento de Truffaut dirigido contra &#171;Cierta tendencia en el cine franc&#233;s&#187; (&lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;, enero de 1954), es decir, contra los representantes de la &#171;calidad francesa&#187;. Con lucidez, Truffaut afirm&#243; entonces que lo impulsaban la &#171;pasi&#243;n e incluso la parcialidad&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb26&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid., p&#225;g. 229&#034; id=&#034;nh26&#034;&gt;26&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Ya en 1957, Andr&#233; Bazin identific&#243; un &#171;culto est&#233;tico a la personalidad&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb27&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#034;Sobre la pol&#237;tica de los autores&#034; en La pol&#237;tica de los autores. Los (&#8230;)&#034; id=&#034;nh27&#034;&gt;27&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;; ahora Genevi&#232;ve Sellier habla de un &#171;culto&#187; al autor y Occitane Lacurie de una &#171;dictadura de los autores&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb28&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Respectivamente El culto al autor. Los excesos del cine franc&#233;s, Par&#237;s, La (&#8230;)&#034; id=&#034;nh28&#034;&gt;28&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Lacan habl&#243; de la &#171;tiran&#237;a narcisista&#187; del yo&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb29&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Escritos. op. cit., &#8220;La agresi&#243;n en el psicoan&#225;lisis&#8221;, p. 122.&#034; id=&#034;nh29&#034;&gt;29&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Es apropiado, sin embargo, describir la Pol&#237;tica de Autores como &#034;masculinista&#034;? &#191;Es esta Pol&#237;tica, como la Nouvelle Vague seg&#250;n Genevi&#232;ve Sellier, una pol&#237;tica de lo &#034;masculino singular&#034;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb30&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase La Nouvelle Vague. Un cine con una masculinidad singular. Par&#237;s, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh30&#034;&gt;30&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;? Los an&#225;lisis hist&#243;ricos ense&#241;an a quienes a&#250;n desean ignorarla que el cine contempor&#225;neo de esta Pol&#237;tica estuvo marcado por una manifiesta dominaci&#243;n masculina, al igual que la sociedad y el &#034;mundo de la cultura&#034;. Pocos hombres, al parecer, lo percibieron y muchos se sintieron satisfechos con ello. Por eso, en aquellos a&#241;os, el juicio de Pierre Kast es importante, y Sellier, en &lt;i&gt;La Nouvelle Vague: Un Cine de lo Masculino Singular&lt;/i&gt;, se&#241;ala que es a la vez l&#250;cido y excepcional:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;El cine est&#225; hecho casi exclusivamente por hombres. Por lo tanto, las mujeres en el cine son, muy a menudo, mujeres tal como las ven los hombres. [...] Las mujeres en el cine no son solo mujeres hechas por hombres, sino, sobre todo, mujeres hechas para hombres.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb31&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Citado por G. Sellier, ibid. p. 27.&#034; id=&#034;nh31&#034;&gt;31&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Las revelaciones de Tippi Hedren sobre el acoso y chantaje de Hitchcock a su carrera, y el testimonio de Anne Wiazemsky sobre los gestos inapropiados y el comportamiento, con demasiada frecuencia incorrecto, de Bresson durante el rodaje de &lt;i&gt;Al azar Balthazar&lt;/i&gt; demuestran que los maestros no siempre fueron due&#241;os de sus pasiones sexuales y desp&#243;ticas&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb32&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Anne Wiazemsky, Jeune fille. Par&#237;s, Gallimard, 2007. Admiramos la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh32&#034;&gt;32&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. En esto, ciertamente no se diferenciaron de otros directores ignorados o devaluados por la Pol&#237;tica de Autores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Acaso no podemos identificar palabras y acciones masculinistas &#8211;aunque las palabras tambi&#233;n son acciones&#8211; entre los autores de la Nouvelle Vague? Solo podemos responder dentro de los l&#237;mites de nuestro conocimiento. Observemos, pues, la ambig&#252;edad de Godard al afirmar que &#171;dirigir a una actriz y hablar con su esposa son lo mismo&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb33&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;JL G. t. 1, p&#225;g. 286 (1966).&#034; id=&#034;nh33&#034;&gt;33&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;: &#191;dirige las palabras cuando habla con &#171;su esposa&#187; o concibe la direcci&#243;n de la actriz como un di&#225;logo amoroso? Sobre todo, Truffaut retoma la f&#243;rmula de Jean-Georges Auriol, quien aqu&#237; confunde su estupidez con una ocurrencia: &#171;El cine es el arte de hacer que las mujeres guapas hagan cosas bonitas&#187;, antes de a&#241;adir, reiterando as&#237; la habitual econom&#237;a de pareja: &#171;Para m&#237;, los grandes momentos del cine son la coincidencia entre el talento de un director y el de una actriz dirigida por &#233;l&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb34&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Hola tristeza&#8221; (1958) en Truffaut, Las pel&#237;culas de mi vida, op. cit., p. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh34&#034;&gt;34&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Sin embargo, no basta con identificar este &#171;masculinismo&#187;, debemos intentar situarlo. El masculinismo no forma parte de la definici&#243;n del autor, pero este se siente perfectamente c&#243;modo con su innegable existencia. Nada predestin&#243; al autor y a su Pol&#237;tica a ser masculinos en principio, aunque esta Pol&#237;tica se expres&#243; innegablemente en lo masculino: una dominaci&#243;n que, seg&#250;n los an&#225;lisis de J&#233;r&#244;me Pacouret, rein&#243; en el cine desde la d&#233;cada de 1920.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb35&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#191;Qu&#233; es un autor cinematogr&#225;fico? Arte, poderes y divisi&#243;n del trabajo. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh35&#034;&gt;35&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Este cierto masculinismo acompa&#241;a, de hecho, la Pol&#237;tica de los autores, pero, al leer entrevistas y art&#237;culos propuestos por esta Pol&#237;tica, y no la estructura. Podemos citar una afirmaci&#243;n de Truffaut: &#171;Un gran director es necesariamente viril, valiente, poderoso, protegido de las tentaciones rom&#225;nticas, los arrullos, el esteticismo, las piruetas decorativas y el humo y los espejos&#187;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb36&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El placer de los ojos, op. cit., &#8220;Ustedes son testigos de este proceso. El (&#8230;)&#034; id=&#034;nh36&#034;&gt;36&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Estas proclamaciones viriles nos parecen raras y no nos permiten concluir que, seg&#250;n la Pol&#237;tica del autor, este sea necesariamente un hombre. La evaluaci&#243;n cr&#237;tica bastante equilibrada pero a veces severa de Truffaut de la primera pel&#237;cula de Agn&#232;s Varda, &lt;i&gt;La pointe courte&lt;/i&gt; (1955) hace escasas referencias a la feminidad del artista, y la sola menci&#243;n del &#034;director cerebral&#034; no es en absoluto despectiva&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb37&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;El punto corto de Agn&#232;s Varda&#8221;, Las pel&#237;culas de mi vida. pp. 393-395.&#034; id=&#034;nh37&#034;&gt;37&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Lo que se afirma en art&#237;culos y entrevistas, de los cuales Truffaut no es el &#250;nico &#034;autor&#034;, es la creencia en la excelencia art&#237;stica, profesional y existencial del autor, y no, salvo algunas excepciones, la creencia en su necesaria masculinidad. Pero esta promoci&#243;n del autor ciertamente ha otorgado a ciertos &#034;profesionales&#034;, apoyen o no la Pol&#237;tica de Autores, un prestigio y un poder que les permite violentar a las mujeres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adem&#225;s, la tiran&#237;a narcisista no est&#225; reservada en absoluto a lo masculino. Esta pasi&#243;n no respeta a ning&#250;n g&#233;nero, y Lacan se&#241;al&#243; que el fil&#225;ntropo, el reformador, el pedagogo y, por ende, el profesor, est&#225;n particularmente expuestos a ella. Podemos a&#241;adir: el creador, el cr&#237;tico, el periodista y, en definitiva, todos aquellos a quienes los c&#237;rculos sociales otorgan cierta autoridad. Pero cabe destacar que durante mucho tiempo, la sociedad otorg&#243; a los hombres, y mucho menos a las mujeres, el poder de elevar esta tiran&#237;a a la violencia material.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, nuestro argumento resulta demasiado abstracto. La pol&#237;tica de la Nouvelle Vague forma parte de la historia del autor en Francia y en todo el mundo. J&#233;r&#244;me Pacouret lo ha demostrado en un estudio reciente: esta historia, inseparable de las relaciones de poder culturales, pol&#237;ticas, jur&#237;dicas, econ&#243;micas y est&#233;ticas, forma parte de la historia del arte cinematogr&#225;fico, y la Nouvelle Vague no invent&#243; en absoluto la figura del autor-director. Pacouret tambi&#233;n demuestra, anticip&#225;ndose a ciertas conclusiones del Informe mencionado en nuestra Introducci&#243;n, que esta historia es inseparable de la dominaci&#243;n de los hombres sobre las mujeres, una dominaci&#243;n que se despliega no solo en la violencia sexual y en la imposici&#243;n de una &#034;mirada&#034; masculinista, sino tambi&#233;n en una divisi&#243;n y jerarquizaci&#243;n de las tareas sujetas a las normas de g&#233;nero&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb38&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J&#233;r&#244;me Pacouret, &#191;Qu&#233; es un autor cinematogr&#225;fico? Arte, poder y divisi&#243;n (&#8230;)&#034; id=&#034;nh38&#034;&gt;38&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Centr&#233;monos en un episodio de esta dominaci&#243;n. Los historiadores demuestran que la figura del autor fue cuestionada, especialmente en &lt;i&gt;Les Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; y despu&#233;s de la Nouvelle Vague; sin embargo, ha perdurado. Ahora parece cierto que la persistencia del culto al autor ha transformado a ciertos directores despu&#233;s de la Nouvelle Vague en &#034;ni&#241;os mimados&#034;, como dice Marcos Uzal&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb39&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Pol&#237;tica de las miradas&#8221;, Entrevista entre Alice Leroy y Marcos Uzal, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh39&#034;&gt;39&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. En esta l&#237;nea, la figura del autor parece carecer de legitimidad: es solo un se&#241;uelo imaginario que f&#225;cilmente se convierte en tiran&#237;a. Pero &#191;en beneficio de qu&#233; figura, o quiz&#225;s de un poder art&#237;stico sin figura, podr&#237;a ser reemplazada?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;B) Genios, objetos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;Objetivaciones sociales y no sociales: el genio&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es cierto que la cr&#237;tica cinematogr&#225;fica no est&#225; obligada a someterse al pensamiento del autor, y es leg&#237;timo pensar en las pel&#237;culas como fen&#243;menos culturales. La Nouvelle Vague, como toda producci&#243;n cinematogr&#225;fica y todos los movimientos cinematogr&#225;ficos, puede ser objeto de an&#225;lisis y cr&#237;tica social. M&#225;s a&#250;n, debe serlo porque las formas de ver y hacer ver tienen una historia; deben ser dilucidadas y puestas a prueba ante las exigencias del presente. Este es el trabajo feminista que Genevi&#232;ve Sellier ha realizado al escribir sobre la Pol&#237;tica de los Autores y la Nouvelle Vague. Sin embargo, cuando Sellier denuncia la &#171;letan&#237;a que nos obliga a 'separar la obra del artista'&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb40&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El culto al autor. Los excesos del cine franc&#233;s. op. cit. p. 110.&#034; id=&#034;nh40&#034;&gt;40&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, impl&#237;citamente se rige por la figura del autor que denuncia en otros lugares&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb41&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Se trata de romper con &#171;el acompa&#241;amiento perezoso y complaciente de las (&#8230;)&#034; id=&#034;nh41&#034;&gt;41&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;; sigue creyendo que el hombre se expresa en su obra y que &#171;una pel&#237;cula vale lo que vale quien la hace&#187;, apreciando ahora este valor &#171;desde una perspectiva de g&#233;nero, clase y raza&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb42&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid.&#034; id=&#034;nh42&#034;&gt;42&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Adem&#225;s, no est&#225; claro c&#243;mo se puede apreciar el valor de las pel&#237;culas cuando uno se contenta con resumirlas, ignorando as&#237; que lo que importa no es la historia que cuentan sino el lugar, o los lugares, en los que sit&#250;an al espectador para que &#233;ste pueda juzgar lo que cuentan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adem&#225;s, el argumento cl&#225;sico conserva toda su fuerza: es cierto que una pel&#237;cula y un movimiento cinematogr&#225;fico son fen&#243;menos sociales, pero no todo fen&#243;meno social es una pel&#237;cula o un movimiento cinematogr&#225;fico. Por lo tanto, es importante que el fen&#243;meno social que constituye el cine se distinga de todos los fen&#243;menos sociales. Los estudios est&#225;n trabajando en esta direcci&#243;n, que se liberan de la figura del autor y a veces la toman como su objeto. Los historiadores y cr&#237;ticos de cine han propuesto y desarrollado estos an&#225;lisis desde hace mucho tiempo; es decir, investigaciones sobre las t&#233;cnicas y los sistemas de producci&#243;n, distribuci&#243;n y recepci&#243;n de pel&#237;culas, estudios que toman como objeto sus procedimientos materiales de realizaci&#243;n, ex&#225;menes de sus relaciones con movimientos y c&#243;digos est&#233;ticos y, m&#225;s generalmente, con instituciones culturales y pol&#237;ticas. Estos an&#225;lisis desarrollan perspectivas independientes del culto al autor y se esfuerzan por comprender lo que hace que el cine sea socialmente espec&#237;fico&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb43&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;1895. La Revue d'histoire du cin&#233;ma. cuyos estudios tienen por objeto estos (&#8230;)&#034; id=&#034;nh43&#034;&gt;43&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Y pueden ense&#241;arnos sobre los poderes sociales espec&#237;ficamente cinematogr&#225;ficos que las mujeres han experimentado y a&#250;n experimentan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo arbitrario, sin embargo, es reducir las pel&#237;culas a un modo de objetivaci&#243;n. Por eso es arbitrario reducirlas a objetos sociol&#243;gicos, incluso si esta sociolog&#237;a hist&#243;rica es sutil y respetuosa con la especificidad de su objeto. &#191;A favor de qu&#233; otra objetivaci&#243;n es posible impugnar esta reducci&#243;n? &#191;Acaso no se consideran bellas ciertas pel&#237;culas, y no deber&#237;a pensarse a su creador como una funci&#243;n social o como un &#171;autor&#187; susceptible de veneraci&#243;n, sino como un poder singular que hace posible la belleza? Es este poder el que quisi&#233;ramos se&#241;alar sin pretender que sea el &#250;nico que presenta una objetivaci&#243;n independiente del punto de vista social. Un poder que nos parece m&#225;s leg&#237;timo que el del autor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es desde este punto de vista que el pensamiento de Kant, desplegado en la Anal&#237;tica y Dial&#233;ctica de la &lt;i&gt;Cr&#237;tica del Juicio&lt;/i&gt; (1790), parece imponerse, aun cuando no estuviera familiarizado con el cine. Un pensamiento del que se pueden rescatar algunas afirmaciones cardinales sin tecnicismos. El cin&#233;filo puede entonces intentar este experimento: examinar c&#243;mo la filosof&#237;a kantiana nos permite pensar en nuestro placer est&#233;tico y explicar lo que de otro modo ser&#237;a trivial. Y nos permite sustituir la noci&#243;n de autor por un concepto m&#225;s leg&#237;timo. La belleza, dice Kant, no reside en el objeto, sino en el juicio. El juicio de belleza es un juego libre, una armon&#237;a placentera entre el &#171;entendimiento&#187;, la facultad de conocer mediante conceptos, es decir, mediante reglas intelectuales, y la &#171;imaginaci&#243;n&#187;, la facultad de asociar y componer lo que los sentidos me ofrecen. En una f&#243;rmula m&#225;s concisa, podr&#237;amos decir que el juicio de belleza pone en juego armoniosamente lo decible y lo sensible. Cuando el juicio es un acto de conocimiento, la imaginaci&#243;n se somete al entendimiento, y los datos sensibles se sintetizan y someten al concepto gracias al entendimiento; este juicio determina sus objetos: es una manzana, es una mesa. Cuando el juicio es est&#233;tico, esta sumisi&#243;n ya no se produce, sino que las dos facultades interact&#250;an y se reavivan mutuamente (&#167; 9 de la Anal&#237;tica). &#191;No es este libre juego del entendimiento y la imaginaci&#243;n el que ejercitamos cuando disfrutamos de una bella pel&#237;cula? Lo que vemos y o&#237;mos (si la pel&#237;cula &#034;habla&#034;) nunca deja de darnos que pensar y, gracias a esta din&#225;mica intelectual, prestamos m&#225;s y mejor atenci&#243;n a lo que vemos y o&#237;mos sin asentarnos en una idea que imponga su ley sobre lo visto y lo o&#237;do. El entendimiento y la imaginaci&#243;n, ambos libremente (sin que el entendimiento domine la imaginaci&#243;n), se ponen en actividad: interact&#250;an y, desde este punto de vista, se &#034;armonizan&#034;. Se trata de dos movimientos espirituales distintos pero inseparables, de tal manera que ninguno tiene precedencia sobre el otro y su continua conexi&#243;n crea el placer del espectador. He aqu&#237; el principio de nuestros placeres de espectadores: ese conjunto de expectativas, aceleraciones y v&#233;rtigos, vacilaciones y certezas, fluctuaciones o rupturas que, frente a una bella pel&#237;cula, suscita en nosotros la complicidad entre nuestra sensibilidad y nuestro entendimiento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De este modo, lo que cabe temer no es solo la yuxtaposici&#243;n de banalidades como ideas del entendimiento y de insipideces sensibles como actividad de la imaginaci&#243;n. No se trata solo de la pretensi&#243;n de ofrecer un marco cort&#233;s para presentar lo que sabemos que es horror; la contralecci&#243;n de &lt;i&gt;Kapo.&lt;/i&gt; por supuesto, debe ser siempre meditada: no hay nada bello aqu&#237;, ya que el entendimiento y la sensibilidad no pueden satisfacerse con esta puesta en escena, esta visi&#243;n elaborada del cad&#225;ver sobre el alambre de p&#250;as electrificado. De hecho, lo que tambi&#233;n cabe temer es a la vez menos serio y m&#225;s banal. Pensemos, de hecho, en las pel&#237;culas que una regla intelectual (el concepto) domina e impone su poder sobre lo que permiten ver y o&#237;r; todos hemos sufrido estas &#034;malas pel&#237;culas&#034;: pel&#237;culas de &#034;tesis&#034;, pel&#237;culas cuyos di&#225;logos y escenas son puramente funcionales, narrativas que repiten inflexiblemente las mismas ideas, puestas en escena que aleccionan en lugar de posibilitar nuestra libertad de juicio y, por lo tanto, nuestro placer, m&#250;sica destinada a subrayar o intensificar la emoci&#243;n que se supone que produce el flujo de im&#225;genes. Por una paradoja, por tanto, solo aparente, son las &#034;malas pel&#237;culas&#034; las que no me necesitan ni a m&#237; ni a la complicidad de mi actividad intelectual y mi sensibilidad, y no as&#237; las pel&#237;culas bellas, pues estas &#250;ltimas solo pueden desplegar su belleza solicit&#225;ndome y oblig&#225;ndome a trabajar placenteramente, sin imponerme lo que debo sentir y pensar. Dicho de otro modo: como espectador de una pel&#237;cula bella, mi placer es tal que puedo ser cautivado pero no subyugado, puedo ser capturado pero no encarcelado. Y siento a&#250;n m&#225;s gratitud hacia la pel&#237;cula porque me hace m&#225;s sensible e inteligente, respetando mi libertad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Debemos entonces preguntarnos: &#191;c&#243;mo podemos concebir a este creador de belleza al que llamamos artista? Y, precisamente: &#191;qu&#233; es un artista cineasta?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1) Es creador de una regla de belleza, es decir, de una manera singular de armonizar la comprensi&#243;n y la imaginaci&#243;n. Solo una cosa parece com&#250;n al autor y al &#171;genio&#187;, es decir, al &#171;talento&#187; que &#171;dota al arte sus reglas&#187;: la originalidad, que es su propiedad primordial&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb44&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Cr&#237;tica de la facultad de juzgar. &#167; 46, Par&#237;s, GF Flammarion, 1995, trad. A. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh44&#034;&gt;44&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; (&#167; 46). El artista dotado de genio puede ciertamente &#171;expresarse&#187;, pero no es esta expresi&#243;n &#8211;que puede estar ausente&#8211; el principio de su genio, sino su talento para la singular invenci&#243;n de una regla de belleza. &#171;&lt;i&gt;Genio&lt;/i&gt;&#187; designa en lat&#237;n el principio de singularidad, y por eso Kant usa el t&#233;rmino. As&#237;, podr&#237;amos diferenciar primero el genio de Chabrol, su talento para vincular la s&#225;tira con la ambig&#252;edad; el genio de Godard, que da origen a la emoci&#243;n m&#225;s pura en las invenciones cinematogr&#225;ficas m&#225;s experimentales; y el de Truffaut, que parece m&#225;s sabio, pero entrega personajes aparentemente ordinarios a las derivas existenciales m&#225;s impactantes. Kant, por tanto, denomina genio al poder singular de crear nuevas bellezas, nuevos devenires de la belleza. La singularidad del autor es personal y existencial, es una forma original de expresarse; la del genio se define &#250;nicamente por la originalidad de la regla que posibilita el libre juego del entendimiento y la imaginaci&#243;n o, como dijimos, de lo decible y lo sensible. Desde este punto de vista, el genio no es una persona entendida aqu&#237; en el sentido de una singularidad existencial o &#171;emp&#237;rica&#187;, dice Kant. Por eso puede decirse de una potencia art&#237;stica particular y tambi&#233;n de un equipo, y es compatible con el cine concebido como arte colectivo. El genio carece de cualificaci&#243;n psicol&#243;gica, social o pol&#237;tica y, cabe decirlo, es ajeno a cualquier determinaci&#243;n de g&#233;nero o sexo porque es ajeno a las cualificaciones &#171;emp&#237;ricas&#187;. Y no pretende residir en ninguna torre de marfil. Se trata de un poder &#8220;trascendental&#8221; de creaci&#243;n de belleza, es decir, un poder independiente de toda propiedad emp&#237;rica, que Kant &#8211;contrariamente a una visi&#243;n atribuida al Romanticismo&#8211; no opone al talento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;2) La singularidad del genio se despliega en la invenci&#243;n de un motivo particular y su puesta en escena, y la Pol&#237;tica de los Autores afirma con raz&#243;n que el motivo y su puesta en escena son inseparables. Sin embargo, no hablemos de obra por dos razones. Por un lado, no hablemos de obra si consideramos que es inseparable de la singular forma de ser de quien se expresa. Kant habla preferentemente de los &#171;productos&#187; y &#171;producciones&#187; del arte y el genio (&#167; 45-47), efectos de este poder singular y propiamente impersonal de poner en juego placenteramente el juicio del espectador. Por eso, en rigor, la pel&#237;cula fallida o simplemente mediocre no participa en estos productos; la idea del genio no concede ning&#250;n valor a la paradoja truffaldiana de la &#171;pel&#237;cula menor&#187; del artista que se expresa. Por eso tambi&#233;n podr&#237;amos indicar solo a primera vista qu&#233; distingue el talento de Chabrol, Godard o Truffaut, ya que no todas sus pel&#237;culas est&#225;n necesariamente marcadas por este talento. Por el contrario, una pel&#237;cula llamada de &#034;entretenimiento&#034; puede armonizar la comprensi&#243;n y la imaginaci&#243;n. Por otro lado, con Kant y m&#225;s all&#225; de Kant, cabe decir que la &#034;producci&#243;n&#034; bella no se reduce a esta forma completa que llamamos pel&#237;cula. Podemos juzgar que una pel&#237;cula (o filmograf&#237;a) mediocre presenta una escena o un plano bellos. Y tambi&#233;n podemos juzgar, siguiendo la obra de Deleuze, que cada tipo de &#034;imagen&#034; que analiza el fil&#243;sofo (la imagen-percepci&#243;n, la imagen-afecto, la imagen-pulsi&#243;n, las im&#225;genes-tiempo...) encierra una forma de poner en juego la imaginaci&#243;n y la comprensi&#243;n que los cineastas actualizan de forma singular, elev&#225;ndola a la genialidad; desde este punto de vista, la producci&#243;n bella es una actualizaci&#243;n original de una &#034;imagen&#034;. En resumen: la producci&#243;n genial no puede ser considerada como obra ni desde el punto de vista de su principio (no expresa un modo personal de ser), ni desde el punto de vista de sus configuraciones, ni desde el punto de vista de sus l&#237;mites&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb45&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Desde este punto de vista debemos concluir que la filosof&#237;a del arte (&#8230;)&#034; id=&#034;nh45&#034;&gt;45&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;3) Por dos razones, no concedamos al genio una maestr&#237;a excesiva. Por un lado, no se define en relaci&#243;n con la pericia profesional ni con la capacidad de afrontar los efectos del destino. Por otro lado, el genio, aunque posee el talento de suscitar el sentimiento de belleza, es &#171;incapaz de describirse a s&#237; mismo ni de indicar cient&#237;ficamente c&#243;mo da origen a su producto&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb46&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Cr&#237;tica de la facultad de juzgar. &#167; 47, Par&#237;s, GF Flammarion, 1995, trad. A. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh46&#034;&gt;46&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;; es incapaz de determinar la regla singular que inventa para poner en juego la comprensi&#243;n y la imaginaci&#243;n. De hecho, el matem&#225;tico y el f&#237;sico pueden determinar y explicar las deducciones de su juicio de conocimiento, implementado bajo la direcci&#243;n de la comprensi&#243;n. Ahora bien, lo que hace posible el juicio de belleza es ajeno a esta maestr&#237;a intelectual; esta facultad, por lo tanto, no puede ser determinada por el espectador, el cr&#237;tico ni el propio genio. Por eso nos decepciona y nos alegra a la vez que las cr&#237;ticas m&#225;s sutiles, los cursos m&#225;s precisos y las entrevistas m&#225;s detalladas, en &#250;ltima instancia, siempre dejen indeterminados los modos de producci&#243;n de la belleza. De esta indeterminaci&#243;n debemos deducir el lugar com&#250;n de que la belleza se experimenta, pero no se prueba. No est&#225; probado, ya que la prueba es un acto de dominio del entendimiento. Se experimenta en el placer de la activaci&#243;n rec&#237;proca del entendimiento y la imaginaci&#243;n. De esto concluimos que el artista no puede demostrarse su genio a s&#237; mismo, ni esperar que otros se lo demuestren. Desde este punto de vista, el genio no puede pretender ninguna seguridad narcisista.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;4) Finalmente, el genio no es una figura moral, sino un poder amoral. Ciertamente, el juicio de belleza no se relaciona con la existencia de la cosa, sino con su representaci&#243;n (&#167; 1 y 2). Juzgar bella una manzana pintada por C&#233;zanne no es un deseo material de consumirla, sino de disfrutar de su contemplaci&#243;n pict&#243;rica; juzgar bella una pel&#237;cula es disfrutar de las percepciones que ofrece y no un deseo material de participar en las experiencias representadas: juzgar bella &lt;i&gt;Los 400 Golpes&lt;/i&gt; no es un deseo de formar parte de la familia y la existencia de Antoine Doinel. De este modo, el genio emancipa al espectador de la materialidad de los placeres consumistas. Pero esto no basta para convertirlo en una figura moral. El genio no es un poder moral si aceptamos llamar &#171;moral&#187; al saber profesional y existencial, ya que el genio es ajeno a estas calificaciones. Tampoco es un sujeto moral en el sentido que Kant reconoce &#8211;este sujeto que se obliga a un imperativo que la raz&#243;n define (el imperativo categ&#243;rico)&#8211;, ya que la regla de la belleza no es, como la regla moral, una determinaci&#243;n intelectual que se impone a la sensibilidad. Pero &#191;es necesario pasar por Kant para saber que un gran artista, un creador de belleza, no es necesariamente un ser moral? Sin embargo, la amoralidad, que deja fuera de juego el juicio moral, no es en absoluto inmoralidad. En s&#237; mismos, el miserable &#171;tr&#225;fico&#187; de j&#243;venes al que se dedica un cineasta no nos permite en absoluto concluir que sus pel&#237;culas no sean bellas. Ni que lo sean en virtud del viejo prejuicio seg&#250;n el cual las transgresiones del artista le dan o favorecen su genio&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb47&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Sin embargo, existe una posibilidad &#8212;&#191;una necesidad?&#8212; de deducir el valor (&#8230;)&#034; id=&#034;nh47&#034;&gt;47&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Concluyamos este esbozo&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb48&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Jean-Yves Ch&#226;teau propuso un an&#225;lisis kantiano muy minucioso del cine en (&#8230;)&#034; id=&#034;nh48&#034;&gt;48&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Singular pero impersonal, productor pero sin obra, talentoso pero sin maestr&#237;a, liberando al espectador de los placeres del consumo pero amoral, tal es el &#034;genio&#034; que nos permite pensar en lo que en el artista es irreductible a determinismos sociales y existenciales y ajeno al narcisismo del autor. El viejo Kant, en el formato escol&#225;stico de sus palabras, nos permite as&#237; concebir lo que sin duda apreciamos m&#225;s en el cine (y en las dem&#225;s artes): los devenires originales de la sensibilidad y la inteligencia, y la agradable prueba de la libertad de juicio ante el &#034;producto&#034;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Puede demostrarse la belleza de las pel&#237;culas de los autores celebrados por la Pol&#237;tica de Autores, la belleza de las pel&#237;culas de la Nouvelle Vague? No, y de estas bellezas debemos decir lo que Kant dice sobre el juicio de belleza (&#167; 56)&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb49&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Referencia a frase de Kant &#8220;en cuestiones de gusto no se puede disputar, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh49&#034;&gt;49&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;: no se pueden disputar, pero s&#237; discutir. No se pueden disputar porque disputar es demostrar con pruebas, mientras que la belleza no se puede probar, pero s&#237; discutir; y el verbo franc&#233;s lo expresa perfectamente: apelar con palabras, expl&#237;cita o impl&#237;citamente, al entendimiento y la imaginaci&#243;n del espectador para mostrar si, s&#237; o no, sus facultades se ponen en actividad placenteramente. Atreverse a juzgar la belleza es, por lo tanto, asumir una pretensi&#243;n de buen gusto sin poder justificarla jam&#225;s demostrativamente. Tal como lo hacemos aqu&#237;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde este punto de vista, el honor de los &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; y otros movimientos cr&#237;ticos no reside en haber promovido la pol&#237;tica de los autores, sino en haber &lt;i&gt;debatido&lt;/i&gt; para que las pel&#237;culas de los maestros reivindicadas por esta pol&#237;tica sean reconocidas y para que puedan, dice Kant, &#171;servir a otros como medida y regla de apreciaci&#243;n&#187; y convertirse en &#171;ejemplares&#187;, que es la segunda propiedad del genio (&#167; 46)&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb50&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid.&#034; id=&#034;nh50&#034;&gt;50&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Esta propiedad indica (sin desarrollarla) que existe una historia de relaciones entre genios (una historia del arte brillante). El honor de los &lt;i&gt;Cahiers&lt;/i&gt; reside tambi&#233;n en haber sido el lugar donde la Nouvelle Vague pudo florecer. Se puede juzgar (pero no demostrar) que esta &lt;i&gt;Vague&lt;/i&gt; merece ser comparada en la historia del arte franc&#233;s con el Impresionismo o la &lt;i&gt;Nouveau roman&lt;/i&gt;. &#191;Ha habido a menudo en Francia tal florecimiento de artistas reunidos en el mismo lugar y tiempo (un tiempo cronol&#243;gico, social y generacional) y que en ocasiones lograron alcanzar la genialidad? Desde esta perspectiva, la Pol&#237;tica de los autores fue, por lo tanto, solo la matriz cultural que dio origen a este florecimiento en el discurso. Sin embargo, para ello, exist&#237;a una condici&#243;n: que los j&#243;venes cineastas no confiaran su arte a la falaz garant&#237;a &#034;egoica&#034; estructurada por el espejo de los maestros, sino a su singular talento para reinventar la belleza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;Los objetos&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, &#191;no nos confrontan a menudo estas bellezas de la Nouvelle Vague (suponiendo que exista belleza) con formas de percibir y pensar leg&#237;timamente criticables, y en concreto, feministas? &#191;No representan a menudo a mujeres y hombres, no los presentan de una manera que ya no es la nuestra y que ya no deber&#237;a serlo? Quiz&#225;s tengamos aqu&#237; una posible definici&#243;n de clasicismo (y desde este punto de vista, el cine es similar a la literatura), una definici&#243;n posible, pero no la &#250;nica, ya que el clasicismo tambi&#233;n designa la pertenencia a un legado. Seg&#250;n esta definici&#243;n, diremos que un arte cl&#225;sico ofrece al libre y placentero juego de la imaginaci&#243;n y el entendimiento una forma de representar (dar al entendimiento algo en qu&#233; pensar, dar algo que sentir gracias a la imaginaci&#243;n) situaciones y personajes que ya no pueden ser nuestros, en este caso desde el punto de vista de las relaciones entre mujeres y hombres. Sin embargo, aunque no hay nada malo en disfrutar de una belleza que no nos enga&#241;e, no subestimemos demasiado su poder. Dado que el entendimiento (aunque est&#233; sujeto a prejuicios) no determina la actividad de la imaginaci&#243;n, existe en el placer de lo bello un indecible irreductible que &#171;brinda la oportunidad de pensar mucho m&#225;s de lo que puede comprenderse en un concepto determinado&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb51&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid. p&#225;g. 301. As&#237;, respecto a un poema considerado bello, Kant escribe: (&#8230;)&#034; id=&#034;nh51&#034;&gt;51&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; (&#167; 49). Por eso (otro lugar com&#250;n que Kant permite fundamentar en la raz&#243;n) ning&#250;n discurso puede agotarlo, ya que encierra un imposible de decir. Este imposible es la cara negativa de la interacci&#243;n siempre renovada entre lo decible y lo sensible, de las fluctuaciones del sentido y los nuevos devenires sensibles. Desde este punto de vista, el clasicismo es menos una propiedad de un &#171;producto&#187; f&#237;lmico que un bloqueo, quiz&#225;s irreductible, del juicio est&#233;tico: este no puede afirmarse m&#225;s all&#225; de percepciones y puestas en escena que nos son ajenas y que rechazamos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por lo tanto, podemos comprender que una pel&#237;cula hermosa puede ser la ocasi&#243;n para un juicio est&#233;tico ambiguo que nos invita a transgredir los l&#237;mites de una percepci&#243;n &#034;cl&#225;sica&#034;. En este sentido, &lt;i&gt;Les bonnes femmes&lt;/i&gt; (1960) de Chabrol es ejemplar. Representa a cuatro j&#243;venes vendedoras en una tienda de electrodom&#233;sticos, a la vez incultas, vulgares y presas de sue&#241;os que pueden parecer tontos y cuya satisfacci&#243;n siempre es pat&#233;tica, humillante o mortal. Su relaci&#243;n con los hombres a menudo se reduce a la comedia m&#225;s irrisoria y cruda de ambos sexos. &#191;Es esta una simple observaci&#243;n de un cineasta? Debemos desconfiar del cine de denuncia; cede f&#225;cilmente ante el punto de vista general y la complacencia que nos invita a disfrutar de lo que afirmamos criticar. As&#237;, Sellier habla de la &#034;mirada entomol&#243;gica&#034; del cineasta. Ella especifica, sin embargo, que Chabrol &#171;reserva sus rasgos m&#225;s agudos para los hombres&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb52&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La Nouvelle Vague. Un cine con un estilo masculino singular, op. cit. p. 146.&#034; id=&#034;nh52&#034;&gt;52&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&#187;. De hecho, observamos que estas mujeres nunca ejercen violencia contra los hombres, mientras que los hombres no dudan en ejercerla con palabras y conducta, una violencia que llega incluso al asesinato de una de ellas. Adem&#225;s, todas est&#225;n secretamente dominadas por una melancol&#237;a que a veces se manifiesta en el m&#225;s vulgar aburrimiento, por no encontrar lo que las haga felices. Ah&#237; reside su espiritualidad, en esta espera que Chabrol muestra y que nos abre un mundo donde no se puede estar satisfecho ni con la dominaci&#243;n masculina ni con una buena conciencia de denuncia. Seamos sensibles a la ausencia de satisfacci&#243;n perceptible de Jane una vez que se ha &#171;dormido&#187;, seamos sensibles a la agudeza de la mirada de Jacqueline, r&#225;pida para detectar y rechazar las triviales agresiones de su pretendiente, antes de que este la condene a muerte. Prestemos atenci&#243;n, en la &#250;ltima escena, a la sonrisa insulsa y convencional &#8211;pero a veces animada por una aut&#233;ntica gravedad&#8211; de una joven a la que un hombre finalmente ha invitado a bailar. No tiene sentido verla, filmada desde atr&#225;s, porque la pel&#237;cula nos ha ense&#241;ado que la espera de esta mujer crea un vac&#237;o que ser&#225; ocupado por un hombre tan siniestro como los ya descritos, y que no podr&#225; llenarlo. Por eso, la pel&#237;cula no solo no nos limita a representaciones masculinistas, sino que tampoco se reduce a una simple cr&#237;tica de estas representaciones. De hecho, ninguna percepci&#243;n de lo que sobresale vale nada y ninguna lecci&#243;n de emancipaci&#243;n puede imponerse porque, m&#225;s all&#225; de la aparente insulsez de la sonrisa, nos embarga un deseo cuyo objeto, por desgracia, solo puede ser irrisorio, vulgar y quiz&#225;s violento, en cualquier caso incapaz de satisfacer su demanda. Surge entonces un vac&#237;o que es la prueba de la esperanza y la expectativa. Nos da que pensar en la tragedia de un ser arrojado al mundo, y a un mundo hecho para los hombres, y que sin duda a&#241;ora en vano a aquel que pondr&#225; fin a su tristeza y a su soledad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los genios de la Nouvelle Vague, un cine con una singular dimensi&#243;n masculina, &lt;i&gt;tambi&#233;n&lt;/i&gt; lograron visibilizar y audible este profundo vac&#237;o de deseo que anula las pretensiones de los hombres de controlar lo que desean las mujeres. Lo confirman Truffaut y Godard, quienes, entre otros, y cada uno a su manera, nos permiten vislumbrar la derrota de una ideolog&#237;a masculinista a la que sus palabras y su cine pudieron ceder. &#191;Qu&#233; juicios nos permiten entonces formarnos estos genios, alejados del masculinismo a veces presente en la Nouvelle Vague?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;Domicilio Conyugal&lt;/i&gt; (1970), Antoine Doinel dice de s&#237; mismo: &#171;No me enamoro de una chica en particular, me enamoro de toda la familia, del padre, de la madre; me gustan las chicas con buenos padres. De hecho, amo a los padres de otros&#187;. Quien no haya comprendido la naturaleza profundamente incestuosa de su deseo deber&#237;a escuchar a Antoine cuando le declara a Christine, de quien acaba de divorciarse: &#171;Eres mi hermana peque&#241;a, eres mi hija, eres mi madre&#187;. Christine responde con raz&#243;n: &#171;Yo tambi&#233;n habr&#237;a querido ser tu esposa&#187;. El destino del deseo de Antoine queda patente en el mediometraje &lt;i&gt;Antoine y Colette&lt;/i&gt; (1962), que, tras &lt;i&gt;Los 400 golpes&lt;/i&gt; (1559), narra la historia de un romance del joven. Est&#225; tan enamorado de Colette que alquila una habitaci&#243;n de servicio frente al edificio de sus padres y se convierte en cliente habitual de esta familia, sin duda muy agradable. La &#250;ltima escena es clara. Al final de la comida familiar, Antoine le propone a Colette, quien rechaza su invitaci&#243;n, asistir a un concierto; toma una mandarina y se ofrece a poner sus restos, sus mondas, en el plato de la madre de ella, justo antes de que llegue Albert, con quien Colette abandona r&#225;pidamente el hogar familiar. Deja as&#237; a Antoine frente a su madre y su padrastro, avergonzados y receptivos a la vez. El &#250;ltimo plano, conmovedor, muestra a Antoine de espaldas entre los padres: los tres van a ver el concierto por televisi&#243;n. No es la primera vez que Colette rechaza a Antoine y declina una cita. El cine no es, como cre&#237;a Jean-Georges Auriol, &#171;el arte de hacer que las mujeres guapas hagan cosas bonitas&#187;. Aqu&#237;, se trata del arte de mostrar c&#243;mo un joven se convierte, no precisamente en el objeto del rechazo de una mujer (una situaci&#243;n banal), sino en el desperdicio de su propio deseo al confundir el amor a esta mujer con el amor a sus padres. &#191;Qu&#233; son los desperdicios en el plato de la madre sino la satisfacci&#243;n de su deseo de ser un miembro pleno de la familia? Colette extrae las consecuencias de esta satisfacci&#243;n al huir de la mesa familiar. Ella, que rechaza esta relaci&#243;n incestuosa expl&#237;cita unos a&#241;os despu&#233;s, en &lt;i&gt;Amor a la fuga&lt;/i&gt; (1979), la lecci&#243;n de &lt;i&gt;Antoine y Colette&lt;/i&gt;: &#171;Antoine hab&#237;a conquistado a mis padres, pasaba el tiempo en casa, no se daba cuenta de que para m&#237; se hab&#237;a convertido en una especie de primo; yo, curiosamente, estaba de humor para aventuras m&#225;s emocionantes&#187;. La lecci&#243;n muestra as&#237; lo que puede ser el objeto del deseo masculino: no solo un objeto prohibido por ser incestuoso, sino un objeto imposible, un objeto vac&#237;o, ya que no puede estar ni dentro ni fuera de la familia, y condena a aquel cuyo deseo se ve as&#237; sustentado, a extra&#241;ar a la mujer conquistando a la familia; un objeto de desperdicio que viene a ocupar el lugar de este vac&#237;o, una lecci&#243;n que la mujer le devuelve.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Godard, en &lt;i&gt;Una mujer casada&lt;/i&gt; (1964), nos ofrece una versi&#243;n m&#225;s pura, es decir, menos narrativa, de la imposibilidad de la relaci&#243;n rom&#225;ntica y del objeto imposible de esta. Recordemos la primera frase de la pel&#237;cula, las palabras de Charlotte: &#171;No lo s&#233;&#187;. Le sigue un di&#225;logo amoroso que a menudo no es m&#225;s que una yuxtaposici&#243;n de soliloquios. Recordemos tambi&#233;n los planos iniciales, cuyo &#171;montaje&#187; nunca ha merecido mejor ese nombre, ya que Godard muestra partes del cuerpo: sobre la superficie blanca y vac&#237;a de una s&#225;bana, un antebrazo femenino, una mano masculina agarrando la mu&#241;eca, la parte superior de la espalda, las rodillas, los hombros y el rostro de Charlotte contra las rodillas de Robert, la pierna de Charlotte rozando complacientemente las piernas de Robert, el vientre de Charlotte... Estas partes del cuerpo transforman la relaci&#243;n entre amantes en un encuentro de dos soledades y sus palabras en dos mon&#243;logos. Las miradas de los amantes nunca se cruzan en un plano, ni siquiera cuando intercambian declaraciones de amor. Las peticiones de amor abren un vac&#237;o que crean, y las palabras de Robert constituyen el mejor comentario sobre este vac&#237;o: &#171;permanecemos fuera el uno del otro&#187;. Sin embargo, no debemos concluir que existe una simetr&#237;a total entre lo masculino y lo femenino, tanto en la escena como en su relaci&#243;n con el espectador. Por un lado, vemos muchos m&#225;s fragmentos del cuerpo de la mujer que del del hombre. Por otro lado, son las manos de Robert las que recorren los fragmentos del cuerpo de Charlotte y los agarran sin poder apropi&#225;rselos. Tambi&#233;n es Robert quien puntualiza su relaci&#243;n con &#243;rdenes: &#171;qu&#237;tatelo&#187;, &#171;d&#233;jame mirarte&#187;, &#171;vuelve enseguida&#187;, &#171;v&#237;stete&#187;. No es necesario decir que &#171;dirigir a una actriz y hablar con su esposa son lo mismo&#187;, pero s&#237; es necesario se&#241;alar que Godard dirige a su actriz (en este caso, Macha M&#233;ril) de tal manera que el hombre da &#243;rdenes a la mujer, pero no llega a compartir ninguna palabra de amor con ella. Finalmente, estos planos se oponen a la &lt;i&gt;mirada masculina&lt;/i&gt;. El espectador, si espera deleitar su &lt;i&gt;libido&lt;/i&gt; gracias a la visi&#243;n del cuerpo de Charlotte, solo puede decepcionarse: solo se encuentra, escribe acertadamente Arnaud Guigue, con un &#171;cuerpo fragmentado&#187; que es imposible &#171;convertir en detonante del deseo masculino&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb53&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Truffaut &amp; Godard. Par&#237;s, edici&#243;n CNRS, 2023, p. 67.&#034; id=&#034;nh53&#034;&gt;53&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Sabemos que a menudo la fragmentaci&#243;n del cuerpo femenino beneficia a la &lt;i&gt;mirada masculina&lt;/i&gt; o es obra suya; en este caso, destruye su posibilidad. Godard parece haber expresado a la perfecci&#243;n lo que est&#225; en juego en su pel&#237;cula, &#171;donde los sujetos son considerados como objetos [...], donde el espect&#225;culo de la vida se confunde finalmente con su an&#225;lisis&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb54&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;JL G, t. 1 p&#225;g. 254 (1964).&#034; id=&#034;nh54&#034;&gt;54&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. La mujer no se presenta como un espect&#225;culo para el hombre, y su &#171;an&#225;lisis&#187; &#8211;entendido en el sentido de &#171;descomposici&#243;n&#187; y &#171;despiece&#187;&#8211; confronta al espectador con fragmentos del cuerpo. Ciertamente, se asume que &#171;en la pel&#237;cula&#187; Robert disfruta del cuerpo de Charlotte, del que se apodera, mientras que el espectador no se regocija libidinalmente con el espect&#225;culo del cuerpo de Charlotte. Pero ambos experimentan que sus impulsos f&#237;sicos y esc&#243;picos (aunque el impulso esc&#243;pico tambi&#233;n es un evento corporal) est&#225;n condenados a no alcanzar a la mujer, ya que &#233;l solo encuentra objetos fragmentados. El primer plano revela entonces su significado: el brazo de Charlotte ocupa menos el espacio blanco y vac&#237;o de la s&#225;bana que lo resalta; los diferentes fragmentos de los cuerpos de Charlotte y Robert se presentan solo en este vac&#237;o &#8211;dejemos este verbo a su ambig&#252;edad&#8211;, que es a la vez el lugar de su aparici&#243;n y la imposibilidad de que los sujetos puedan unirse. Los dos amantes experimentan lo que Antoine siente ante Colette, y lo que Lacan expresa as&#237;: &#171;&lt;i&gt;Nunca me miras desde donde yo te veo&lt;/i&gt;&#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb55&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Los cuatro conceptos fundamentales del psicoan&#225;lisis. Seminario XI, Par&#237;s, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh55&#034;&gt;55&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La f&#243;rmula nos invita a cuestionar el objeto y la mirada. Objeto-residuo, cuerpo fragmentado, es con estos objetos que tanto el espectador como los personajes se confrontan. Godard es m&#225;s experimental y frontal que Truffaut, y Truffaut m&#225;s rom&#225;ntico que Godard, pero ambos deshacen las pretensiones de dominar al otro, y en particular a una mujer, al confrontar a sus personajes, sus discursos y al espectador con un objeto que ocupa el lugar del vac&#237;o. As&#237;, tambi&#233;n deshacen las pretensiones del yo. A la bella forma de este &#250;ltimo, a la satisfacci&#243;n de su visi&#243;n, debemos oponer el desperdicio y la fragmentaci&#243;n que sustentan el deseo del sujeto al mismo tiempo que lo conducen a la insatisfacci&#243;n y al fracaso. El yo, recordemos, se representa a s&#237; mismo en una imagen ideal que manifiesta coherencia y unidad; de esta manera, pretende escenificar su mundo y sus motivos singulares; imagina un saber hacer con el mundo exterior y exhibe con facilidad su excelencia moral. Al yo, debemos oponer el sujeto deseante. Este sujeto no experimenta la unidad ni la coherencia &#8211;etimol&#243;gicamente, aquello que se adhiere y conecta&#8211;, sino el objeto al que se une porque est&#225; irreductiblemente separado de &#233;l, este objeto abierto a un vac&#237;o fundamental. Este sujeto experimenta que no es &#233;l quien sabe c&#243;mo lidiar con el mundo, sino que este se estructura por este objeto que causa su deseo: alrededor de los desechos se organiza el mundo familiar en el que Antoine se pierde creyendo seducir a una mujer; alrededor de los fragmentos corporales se organizan los mundos solitarios de los amantes. Este sujeto experimenta que su dominio es, por lo tanto, solo un delirio y que su &#250;nica &#233;tica valiosa aqu&#237; no es depositar su confianza en el delirio del yo, sino saber c&#243;mo confrontarse, tanto como sea posible, con este objeto perdido sin hacer que el otro &#8211;y muy a menudo las mujeres&#8211; pague por esta p&#233;rdida de la que &#233;l es el lugar, pero no la causa. Lacan denomin&#243; a este objeto &#171;a&#187; y, en el campo esc&#243;pico, le da el nombre de objeto-mirada. Podr&#237;amos llamar a este objeto &#034;extimate&#034;, seg&#250;n el neologismo de Lacan: a la vez exterior al campo perceptivo del yo &#8211;invisible porque est&#225; oculto a su visi&#243;n&#8211; y causante del campo de esta visi&#243;n. Este objeto &#034;mira&#034; al sujeto porque lo fija &#8211;una vez m&#225;s, dejemos este verbo a su equ&#237;voco&#8211; y lo manipula provocando sus goces, sus vacilaciones y sus tormentos. Es este objeto el que no solo mira a Antoine, Charlotte y Robert, sino que se impone al espectador si este acepta confrontarlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una vez m&#225;s con Kant y m&#225;s all&#225; de Kant, podemos meditar sobre una lecci&#243;n de la Nouvelle Vague, una lecci&#243;n aparentemente contradictoria que otros cineastas hab&#237;an impartido antes. Un genio, cuando logra escenificar este objeto, desgarra el juego c&#243;mplice de lo visible y lo decible que ha hecho posible porque el objeto es externo al campo perceptivo, indecible y rebelde a toda armon&#237;a. Sin embargo, esta exterioridad, esta invisibilidad y este indecible que organizan el campo de lo visible pueden ser bellamente escenificados, tanto es as&#237; que uno de los desaf&#237;os del arte cinematogr&#225;fico y, en general, del arte es hacer este objeto perceptible y someterlo a la prueba del pensamiento&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb56&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Sobre el psicoan&#225;lisis y el cine lacanianos nos referimos en particular a (&#8230;)&#034; id=&#034;nh56&#034;&gt;56&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Cuando el cine toma este camino, puede entonces darnos la siguiente percepci&#243;n: que el deseo de mostrar lo que el artista (y a veces sus personajes) est&#225; trabajando, que el deseo de ver lo que conmueve a un espectador se alimenta de lo invisible, de lo que nunca deja de mirarlos y, sin embargo, los anima silenciosamente. A&#241;adimos: por lo que resalta los atractivos del yo y no refuerza ning&#250;n masculinismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Conclusi&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Deseamos concluir con una mirada que confirma esta lecci&#243;n: la de Monika en la pel&#237;cula hom&#243;nima de Bergman (1953). En 1958, Godard dedic&#243; una de sus cr&#237;ticas m&#225;s conmovedoras a la pel&#237;cula. La mirada de Monika al &#034;acostarse con el hombre al que hab&#237;a dejado&#034;, que ha abandonado a su marido y a su hijo, &#034;sus ojos risue&#241;os nublados por la consternaci&#243;n&#034;, esta mirada que lleva &#034;al espectador a presenciar el desprecio que siente por s&#237; misma al elegir voluntariamente el infierno en lugar del cielo&#034;, es &#034;la toma m&#225;s triste de la historia del cine&#034;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb57&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;JL G, p&#225;g. 137 (1958).&#034; id=&#034;nh57&#034;&gt;57&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Tan triste como las miradas que nos dedica Nana cuando se ve obligada a prostituirse en &lt;i&gt;Vivir su vida&lt;/i&gt; (1962). Y es una foto de &lt;i&gt;Monika&lt;/i&gt; (pero no la de su mirada) la que los jovenc&#237;simos Antoine Doinel y Ren&#233; roban en el vest&#237;bulo de un cine en &lt;i&gt;Los 400 golpes&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta mirada de c&#225;mara &#8211;una formulaci&#243;n de estricto rigor psicoanal&#237;tico&#8211; es una de las primeras en la historia del cine. Gracias al genio de Bergman, que renueva as&#237; la relaci&#243;n entre lo visible y lo decible, un actor &#8211;en este caso una actriz&#8211; mira directamente al espectador durante tanto tiempo que este plano corta el hilo de la ficci&#243;n narrativa. Esta mirada, se ha dicho a menudo, tambi&#233;n deshace la complicidad entre el espectador y el personaje. Cada espectador atrapado por esta mirada es devuelto a su mayor soledad porque debe medirse singularmente con ellos. Sin embargo, no es seguro si esta mirada expresa desprecio o solo desprecio&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb58&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;En el original &#8220;Or il n'est pas certain que ce regard exprime du m&#233;pris ou (&#8230;)&#034; id=&#034;nh58&#034;&gt;58&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Y Godard se equivoca porque Monika se encuentra con un extra&#241;o y no con un antiguo amante. Seg&#250;n Bergman, que no es el custodio del significado de sus planos, esta mirada es una invitaci&#243;n sexual&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb59&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;A. de Baecque, La historia de la c&#225;mara. Par&#237;s, Gallimard, 2008, p. 58.&#034; id=&#034;nh59&#034;&gt;59&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Podemos releer a &lt;i&gt;Lucien Leuwen&lt;/i&gt; y, con Stendhal, preguntarnos sobre Monika lo que Lucien se pregunt&#243; al regresar a Nancy con su regimiento y preguntarse por la mirada de Madame de Chasteller antes de caer de su caballo frente a ella, para luego volver a caer un tiempo despu&#233;s: &#034;&#191;Era iron&#237;a, odio o simplemente juventud y cierta disposici&#243;n a divertirse con todo?&#034;. Tambi&#233;n podemos pensar que la mirada desafiante es a la vez severa y burlona. &#191;Qu&#233; se cuestiona as&#237;? Las buenas costumbres, sin duda. No solo las de las convenciones burguesas, sino tambi&#233;n las de los corazones tiernos, pues simpatizamos desde hace tiempo con el joven y conmovedor esposo, ahora obligado a criar solo a la ni&#241;a, este esposo al que luego vemos golpear a Monika y desesperarse por su violencia. Pero esta mirada no solo arruina las buenas costumbres o la complicidad con el espectador, sino que la supuesta maestr&#237;a masculina se vuelve repentinamente irrisoria. Ahora sabemos que ni su esposo ni su nuevo amante pueden imponerle su ley a Monika (aunque aparentemente sea por la mejor raz&#243;n del mundo: ser una buena madre).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Se ahogaba esta mirada entre los rostros bonitos y los f&#237;sicos placenteros cuyas fotos cubr&#237;an la sala de redacci&#243;n de los seguidores de la Pol&#237;tica de Autores, cuerpos y rostros ofrecidos a la visi&#243;n de los j&#243;venes cin&#233;filos en esta sala donde, al parecer, las mujeres no ten&#237;an otra funci&#243;n que la de secretarias&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb60&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;A. de Baecque, Les Cahiers du cin&#233;ma. Nacimiento de una revista. op. Cit. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh60&#034;&gt;60&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;? Gracias al genio de Bergman y a la fuerza y la sutileza de Harriet Anderson &#8211;pues esta pel&#237;cula tambi&#233;n es suya, a pesar de las pretensiones de la &#171;autora&#187;&#8211;, la mirada de Monika desnuda los atractivos masculinos de quienes se creen autores de su arte, su profesi&#243;n y su vida. Pero, aun as&#237;, para medirse con esta mirada, hab&#237;a que prestarle atenci&#243;n e intentar sostener la propia frente a ella. Los j&#243;venes cr&#237;ticos hab&#237;an organizado sus placeres masculinos, pero al menos hab&#237;an dejado espacio para la mirada de Monika, para su vac&#237;o final &#8211;pues la pl&#233;tora de interpretaciones hace que se les escape constantemente&#8211; y para la posibilidad de confrontar con ella el objeto de sus deseos y sus placeres. Se hab&#237;an permitido confrontar el vac&#237;o de esta mirada. A&#250;n ten&#237;an que soportar esta dura prueba.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;La pol&#237;tica de los autores, Las entrevistas&lt;/i&gt; (abreviado &lt;i&gt;PA&lt;/i&gt;). Par&#237;s, Petite Anthologie des &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;. 2001, respectivamente pp. 243, 189, 213, 21, 156, 268.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase A. de Baecque, &lt;i&gt;Les Cahiers du cin&#233;ma. Nacimiento de una revista&lt;/i&gt;. Par&#237;s, &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;, 1991, vol. 1, p&#225;g. 147 y siguientes.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#171;Ustedes son testigos en este juicio de que el cine franc&#233;s se est&#225; muriendo por culpa de falsas leyendas&#187; (1957), en F. Truffaut, &lt;i&gt;Le plaisir des yeux&lt;/i&gt;. Par&#237;s, Campos de las Artes, 2008, p&#225;g. 248.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#034;Entrevista&#034; (1962) en Godard, &lt;i&gt;Jean-Luc Godard&lt;/i&gt; (abreviado &lt;i&gt;JL G&lt;/i&gt;), ed. establecida por A. Bergala, t. 1 (1950-1984), Par&#237;s, &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;, 1998, p. 233.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#034;Los peque&#241;os sujetos&#034; (1959 en J. Magny, &lt;i&gt;Claude Chabrol&lt;/i&gt;. Par&#237;s, &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;, 1987, p. 192. La misma idea en Rivette: &#034;todos los sujetos nacen libres e iguales&#034;, de modo que &#034;lo que cuenta es el punto de vista de un hombre, el autor&#034;. Pero no entendemos por qu&#233; esto se describe como un &#034;mal necesario&#034;, &#034;Sobre la abyecci&#243;n&#034; (1961) en &lt;i&gt;Th&#233;orie du cin&#233;ma, Textes r&#233;unis et pr&#233;face&#233;s par A. de Baecque&lt;/i&gt;, Par&#237;s, &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;. 2001, p. 39.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;op. cit.&lt;/i&gt;, p&#225;gs. 24-25.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#171;La novela de Moravia es una novela vulgar y bonita sobre una estaci&#243;n de tren, llena de sentimientos cl&#225;sicos y anticuados [&#8230;]. Pero es con este tipo de novela con el que a menudo se hacen pel&#237;culas hermosas&#187; (1963), &lt;i&gt;JL G&lt;/i&gt;. p. 248.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;PA.&lt;/i&gt; Rossellini, p&#225;g. 83 y siguientes, Dreyer, p&#225;g. 234 y siguientes, Antonioni, p&#225;g. 303-304.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Hitchcock Truffaut&lt;/i&gt;. Par&#237;s, Ramsey, 1986, respectivamente, &lt;i&gt;Sabotaje&lt;/i&gt;. p. 93 y &lt;i&gt;Con la muerte en los talones (North by Northwest)&lt;/i&gt;, p.222-223.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb10&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh10&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 10&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;10&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Los Cahiers du cin&#233;ma. Nacimiento de una revista, op. cit.&lt;/i&gt; t. 1, p&#225;g. 156.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb11&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh11&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 11&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;11&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#034;Ali Baba y la 'pol&#237;tica de los autores'&#034; en &lt;i&gt;La pol&#237;tica de los autores, Les Textes&lt;/i&gt;, Par&#237;s, Petite anthologie des &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;, 2001, p. 32 y p&#225;g. 34. Truffaut subraya.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb12&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh12&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 12&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;12&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Ibid.&lt;/i&gt;, p&#225;g. 34.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb13&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh13&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 13&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;13&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Solo, escribe Truffaut, cuando una obra se considera indebidamente independiente de la expresi&#243;n del autor, es v&#225;lida la apreciada frase de Giraudoux: &#171;No hay obra, solo hay autores&#187;, &lt;i&gt;ibid.&lt;/i&gt;. Pero una vez establecida la figura y la excelencia del autor, todas sus creaciones forman parte de su obra, que se supone expresa su singularidad; por eso la pel&#237;cula mediocre brilla con la belleza general de la obra.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb14&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh14&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 14&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;14&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;PA&lt;/i&gt;. Renoir, p&#225;g. 22 y ss., Bu&#241;uel, p. 178 y siguientes, Bresson, p&#225;g. 281-282.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb15&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh15&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 15&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;15&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;A. de Baecque, S. Toubiana, &lt;i&gt;Francois Truffaut&lt;/i&gt;. Par&#237;s, Gallimard, 2001, p. 383.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb16&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh16&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 16&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;16&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;PA&lt;/i&gt;, Prefacio, p&#225;g. 10-11. Daney subraya.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb17&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh17&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 17&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;17&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;PA. Renoir, p&#225;g. 39, Bresson, p&#225;gs. 284-285&lt;/i&gt;. Rossellini, p&#225;g. 105, Welles, p&#225;gs. 226 y ss. As&#237;, &#171;el &#233;xito de Jacques Becker es el de un hombre que no conceb&#237;a otro camino que el que eligi&#243;, y cuyo amor por el cine fue recompensado&#187;, &#171;Jacques Becker&#187; (1954) en F. Truffaut,&lt;i&gt; Les films de ma vie&lt;/i&gt;. Par&#237;s, Champsarts, 2019, p&#225;g. 243.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb18&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh18&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 18&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;18&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;PA. Lang, p&#225;g. 112-113, Halcones, p&#225;g. 129 y 136.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb19&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh19&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 19&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;19&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Bergmanorama&#8221; (1958) en &lt;i&gt;JL G&lt;/i&gt;. t. 1, p&#225;g. 130.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb20&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh20&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 20&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;20&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Cine en primera persona&#8221; (1960) en &lt;i&gt;El placer de los ojos, op. cit.&lt;/i&gt; pp. 13-14.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb21&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh21&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 21&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;21&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Sobre la abyecci&#243;n&#8221; en &lt;i&gt;Teor&#237;a del cine, op. cit.&lt;/i&gt; pag. 37-38. Sobre esta secuencia, que de Moullet a Rivette, vincula la figura del autor a una exigencia indisolublemente est&#233;tica y moral, v&#233;ase A. de Baecque, &lt;i&gt;Le cin&#233;ma est mort, vive le cin&#233;ma! L'histoire-cam&#233;ra II.&lt;/i&gt; Par&#237;s, Gallimard, 2021, p. 143-146.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb22&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh22&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 22&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;22&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Gis&#232;le Sapiro, &lt;i&gt;&#191;Podemos disociar la obra del autor?&lt;/i&gt;, Par&#237;s, Seuil, 2020. Debido a esta relaci&#243;n entre el hombre y la obra, no entendemos por qu&#233; Occitane Lacurie critica la Pol&#237;tica de Autores por &#8220;separar voluntariamente al hombre del artista&#8221;, v&#233;ase &#8220;Judith Godr&#232;che contra la dictadura de los autores&#8221;, revista digital &lt;i&gt;D&#233;bordements&lt;/i&gt;, 21 de febrero de 2024.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb23&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh23&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 23&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;23&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;La arqueolog&#237;a del saber&lt;/i&gt;. Par&#237;s, Gallimard, 1969, p. 35.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb24&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh24&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 24&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;24&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Sobre la constituci&#243;n especular del yo, v&#233;ase &lt;i&gt;Escritos&lt;/i&gt;, Par&#237;s, Seuil, 1966, p&#225;gs. 93 y ss., &#171;El estadio del espejo como formador de la funci&#243;n del yo tal como se nos revela en la experiencia psicoanal&#237;tica&#187;. Sobre la garant&#237;a simb&#243;lica de esta identificaci&#243;n imaginaria, v&#233;ase, por ejemplo, &lt;i&gt;La angustia. Seminario X&lt;/i&gt;. Par&#237;s, Seuil, 2004, p&#225;g. 42.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb25&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh25&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 25&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;25&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Clouzot en acci&#243;n o el reinado del terror&#8221; (1957) en Truffaut, &lt;i&gt;El placer de los ojos. op. cit.&lt;/i&gt;, p. 249.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb26&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh26&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 26&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;26&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Ibid.&lt;/i&gt;, p&#225;g. 229&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb27&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh27&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 27&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;27&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#034;Sobre la pol&#237;tica de los autores&#034; en &lt;i&gt;La pol&#237;tica de los autores. Los textos. op. cit.&lt;/i&gt;, p. 114. Este art&#237;culo, profundo y generoso a la vez, se&#241;ala muchas de las preguntas y perspectivas cr&#237;ticas que esta pol&#237;tica puede suscitar.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb28&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh28&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 28&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;28&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Respectivamente &lt;i&gt;El culto al autor. Los excesos del cine franc&#233;s&lt;/i&gt;, Par&#237;s, La fabrique &#233;ditions, 2004, y &#8220;Judith Godr&#232;che contra la dictadura de los autores&#8221;, &lt;i&gt;op. Cit&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb29&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh29&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 29&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;29&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Escritos. op. cit.&lt;/i&gt;, &#8220;La agresi&#243;n en el psicoan&#225;lisis&#8221;, p. 122.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb30&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh30&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 30&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;30&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase &lt;i&gt;La Nouvelle Vague. Un cine con una masculinidad singular.&lt;/i&gt; Par&#237;s, Ediciones CNRS, 2005.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb31&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh31&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 31&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;31&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Citado por G. Sellier, &lt;i&gt;ibid.&lt;/i&gt; p. 27.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb32&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh32&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 32&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;32&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Anne Wiazemsky, &lt;i&gt;Jeune fille&lt;/i&gt;. Par&#237;s, Gallimard, 2007. Admiramos la inteligencia, la firmeza y la generosidad demostradas por la jovenc&#237;sima (18 a&#241;os) hacia Bresson, entonces de 64 a&#241;os y ya coronado con tantas obras maestras.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb33&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh33&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 33&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;33&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;JL G&lt;/i&gt;. t. 1, p&#225;g. 286 (1966).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb34&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh34&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 34&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;34&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Hola tristeza&#8221; (1958) en Truffaut, &lt;i&gt;Las pel&#237;culas de mi vida, op. cit.&lt;/i&gt;, p. 201; v&#233;ase Sellier, &lt;i&gt;La Nouvelle Vague. Un cine con un masculino singular. op. cit.&lt;/i&gt;, p. 27.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb35&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh35&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 35&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;35&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;&#191;Qu&#233; es un autor cinematogr&#225;fico? Arte, poderes y divisi&#243;n del trabajo&lt;/i&gt;. Par&#237;s, Ediciones CNRS, 2025, p&#225;gs. 325 y siguientes.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb36&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh36&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 36&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;36&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;El placer de los ojos, op. cit.,&lt;/i&gt; &#8220;Ustedes son testigos de este proceso. El cine franc&#233;s agoniza bajo estas falsas leyendas&#8221; (1957), p. 241.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb37&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh37&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 37&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;37&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;&lt;i&gt;El punto corto&lt;/i&gt; de Agn&#232;s Varda&#8221;, &lt;i&gt;Las pel&#237;culas de mi vida&lt;/i&gt;. pp. 393-395.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb38&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh38&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 38&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;38&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J&#233;r&#244;me Pacouret, &lt;i&gt;&#191;Qu&#233; es un autor cinematogr&#225;fico? Arte, poder y divisi&#243;n del trabajo. op. cit.&lt;/i&gt;; sobre la dominaci&#243;n masculina, p&#225;gs. 325 y ss. Cabe destacar que Pacouret no cita ninguna afirmaci&#243;n de la Nouvelle Vague que pretenda justificar que el autor deba ser necesariamente un hombre.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb39&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh39&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 39&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;39&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Pol&#237;tica de las miradas&#8221;, Entrevista entre Alice Leroy y Marcos Uzal, &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;. n&#176; 807, noviembre de 2024, p. 9.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb40&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh40&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 40&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;40&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;El culto al autor. Los excesos del cine franc&#233;s. op. cit.&lt;/i&gt; p. 110.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb41&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh41&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 41&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;41&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Se trata de romper con &#171;el acompa&#241;amiento perezoso y complaciente de las fantas&#237;as de los cineastas entronizados como &#171;autores&#187;&#187;, &lt;i&gt;ibid.&lt;/i&gt; p. 252.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb42&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh42&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 42&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;42&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ibid.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb43&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh43&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 43&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;43&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;1895. La Revue d'histoire du cin&#233;ma&lt;/i&gt;. cuyos estudios tienen por objeto estos an&#225;lisis, ofrece un balance muy rico de esta obra en el n&#250;mero 100 del oto&#241;o de 2023.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb44&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh44&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 44&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;44&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Cr&#237;tica de la facultad de juzgar&lt;/i&gt;. &#167; 46, Par&#237;s, GF Flammarion, 1995, trad. A. Renault, p&#225;g. 293.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb45&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh45&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 45&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;45&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Desde este punto de vista debemos concluir que la filosof&#237;a del arte kantiana no es una filosof&#237;a de la obra de arte.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb46&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh46&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 46&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;46&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Cr&#237;tica de la facultad de juzgar&lt;/i&gt;. &#167; 47, Par&#237;s, GF Flammarion, 1995, trad. A. Renault, p&#225;g. 294.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb47&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh47&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 47&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;47&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Sin embargo, existe una posibilidad &#8212;&#191;una necesidad?&#8212; de deducir el valor est&#233;tico de la pel&#237;cula de la inmoralidad del cineasta: que esta inmoralidad determina la puesta en escena de la pel&#237;cula; as&#237;, cuando en &lt;i&gt;El &#250;ltimo tango en Par&#237;s&lt;/i&gt; Bernardo Bertolluci escenifica literalmente una agresi&#243;n sexual contra Maria Schneider para (seg&#250;n &#233;l) dar m&#225;s realismo a la pel&#237;cula. Pensemos tambi&#233;n en la violencia sufrida por Tippi Hedren en &lt;i&gt;Los p&#225;jaros&lt;/i&gt;. Ya no se trata de suponer ninguna relaci&#243;n de expresi&#243;n entre el autor y su pel&#237;cula, sino de analizar un efecto material de la inmoralidad en la pel&#237;cula. Es apropiado tomar en serio este efecto y cuestionar su alcance (sus l&#237;mites). &#191;Hasta qu&#233; punto las relaciones &#237;ntimas de un cineasta con mujeres muy j&#243;venes determinan la realizaci&#243;n de sus pel&#237;culas? Esta cuesti&#243;n debe dar lugar a un estudio aparte que desborda los l&#237;mites de nuestro texto aqu&#237;, pues debe realizarse considerando la materialidad de la realizaci&#243;n, una vez dejada de lado la pareja del &#034;hombre&#034; (entendido en el sentido de autor) y la &#034;obra&#034;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb48&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh48&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 48&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;48&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Jean-Yves Ch&#226;teau propuso un an&#225;lisis kantiano muy minucioso del cine en &lt;i&gt;Pourquoi le septi&#232;me art? Cin&#233;ma et philosophie&lt;/i&gt;. Par&#237;s, PUF, 2008. A diferencia de nuestro esquema, su principio rector no es el juicio de belleza del espectador, sino los m&#233;todos de producci&#243;n brillante de pel&#237;culas.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb49&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh49&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 49&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;49&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Referencia a frase de Kant &#8220;en cuestiones de gusto no se puede disputar, pero s&#237; discutir&#8221;, que significa que los juicios est&#233;ticos son subjetivos y no se pueden probar o refutar objetivamente (\(disputar\)), pero s&#237; se puede dialogar sobre ellos (\(discutir\)) porque aspiran a un acuerdo universal. (Nota del traductor)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb50&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh50&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 50&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;50&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ibid.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb51&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh51&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 51&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;51&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Ibid&lt;/i&gt;. p&#225;g. 301. As&#237;, respecto a un poema considerado bello, Kant escribe: &#171;moviliza una multitud de sensaciones y representaciones concomitantes para las que no se puede encontrar expresi&#243;n posible&#187; (&lt;i&gt;ibid.&lt;/i&gt; p&#225;g. 302).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb52&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh52&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 52&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;52&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;La Nouvelle Vague. Un cine con un estilo masculino singular, op. cit.&lt;/i&gt; p. 146.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb53&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh53&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 53&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;53&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Truffaut &amp; Godard&lt;/i&gt;. Par&#237;s, edici&#243;n CNRS, 2023, p. 67.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb54&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh54&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 54&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;54&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;JL G&lt;/i&gt;, t. 1 p&#225;g. 254 (1964).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb55&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh55&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 55&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;55&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Los cuatro conceptos fundamentales del psicoan&#225;lisis. Seminario XI&lt;/i&gt;, Par&#237;s, Seuil. 1973, p&#225;g. 95. Lacan subraya.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb56&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh56&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 56&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;56&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Sobre el psicoan&#225;lisis y el cine lacanianos nos referimos en particular a &lt;i&gt;Lacan Respecte Le Cin&#233;ma, Le cin&#233;ma Respecte Lacan&lt;/i&gt;, bajo la direcci&#243;n de Jacques-Alain Miller, Par&#237;s, Colecci&#243;n rue Huysmans, 2011.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb57&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh57&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 57&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;57&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;JL G&lt;/i&gt;, p&#225;g. 137 (1958).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb58&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh58&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 58&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;58&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;En el original &#8220;Or il n'est pas certain que ce regard exprime du m&#233;pris ou seulement du m&#233;pris&#034;. Se trata de una oraci&#243;n que, en franc&#233;s, introduce dos hip&#243;tesis que comportan una alternativa. La segunda parte de la alternativa, la segunda hip&#243;tesis: la mirada expresa &#250;nicamente desprecio; no expresa nada m&#225;s que desprecio. Seg&#250;n la primera parte de la alternativa, la primera hip&#243;tesis, la mirada expresa desprecio, pero puede expresar otros sentimientos, o incluso un sentimiento distinto al del desprecio.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb59&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh59&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 59&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;59&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;A. de Baecque, &lt;i&gt;La historia de la c&#225;mara.&lt;/i&gt; Par&#237;s, Gallimard, 2008, p. 58.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb60&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh60&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 60&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;60&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;A. de Baecque, &lt;i&gt;Les Cahiers du cin&#233;ma. Nacimiento de una revista. op. Cit&lt;/i&gt;. pag. X-XI.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/jeyc_noviembre_2025_10_65-79_politica_de_autor_y_masculinismo.pdf" length="228208" type="application/pdf" />
		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Authors, artists, and objects</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Authors-artists-and-objects</link>
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		<dc:date>2025-11-11T18:58:29Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Daniel Liotta</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This article analyzes the auteur theory forged by the French Nouvelle Vague; it examines whether this theory and movement can be described as &#034;masculinist.&#034; It shows that the &#034;author&#034; is not a promotion of the masculine, but a contestable figure of the master based on an ideal of the self. It examines how the figure of &#034;genius&#034; proposed by Kant can replace that of the author and analyzes how Nouvelle Vague films challenge not only male power but also the claim to be the &#034;author&#034; of one's own existence. These films stage the object-gaze and thus destroy the ideal of mastery.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Auteur theory | New Wave | Ideal of the self | object-gaze | genius&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-No-3-November-2025-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | N&#186; 3 - November 2025&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Politica-de-autor-y-masculinismo' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Pol&#237;tica de autor y masculinismo&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Live without founding. Politics and psychoanalysis, again</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Live-without-founding-Politics-and-psychoanalysis-again</link>
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		<dc:date>2020-05-13T11:47:20Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Daniel Liotta</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;My purpose here will be to try and outline the principle upon which a political bond, free from the imaginary and symbolical preconceptions which allegedly define the nature of political subjects can be founded. In other words, a political bond which would not be determined by 'society', and the imaginary and symbolic identifications it forces upon it. Such politics &#8211; that I define as minimal &#8211; ought to be impervious to the currently prevailing social discourses. It cannot possibly rely on upon them. Devising politics in such a way boils down to drawing the lessons from history : basing the political bond upon any Other (be it God, race, sex, money etc.) always ends up justifying inequalities, exclusions, even executions, in the name of that Other and its imperatives. Should one refuse to conceive of politics in such a way, what happens ? On the one hand, the subjects &#8211; whom we now should call citizens -, thus freed of any social identification, will enjoy equality and universal rights ; on the other hand, one must have the courage to accept a political bond whose legitimacy does not stem from that Other. Thus judicial and political minimalism enables citizens to form political bonds independently of social relationships : political bonding necessarily entails a rejection of social bonding. &lt;br class='autobr' /&gt;
To conceive of a bond which will not be subservient to a master signifier, to attempt to &#8216;decomplete' the Other and to conceive of the relationship as a non-relationship cannot be done without the contribution of Lacan's works. Once again, it leads us to tackle the oft-discussed question of the connection between politics and psychoanalysis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; politics | law | psychoanalysis | non-relationship&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | N&#186; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Professor of philosophy in literary preparatory classes.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in French: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Vivre-sans-fonder-Politique-et-psychanalyse-derechef' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Vivre sans fonder. Politique et psychanalyse, derechef&lt;/a&gt; and Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Vivir-sin-fundar-Politica-y-psicoanalisis-una-vez-mas' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Vivir sin fundar. Pol&#237;tica y psicoan&#225;lisis, una vez m&#225;s&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Vivir sin fundar. Pol&#237;tica y psicoan&#225;lisis, una vez m&#225;s</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Vivir-sin-fundar-Politica-y-psicoanalisis-una-vez-mas</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Vivir-sin-fundar-Politica-y-psicoanalisis-una-vez-mas</guid>
		<dc:date>2020-05-12T14:18:15Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Daniel Liotta</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aqu&#237; estamos tratando de esbozar los principios de un v&#237;nculo pol&#237;tico liberado de las presuposiciones imaginarias y simb&#243;licas que definir&#237;an la naturaleza de los sujetos pol&#237;ticos. En otras palabras: de un v&#237;nculo pol&#237;tico que no estar&#237;a determinado por la &#034;sociedad&#034; y las identificaciones imaginarias y simb&#243;licas que impone al v&#237;nculo pol&#237;tico. Tal pol&#237;tica, que describimos como minimalista, debe ser indiferente a todas las consignas sociales: debe negarse a basarse en ellas. Decidir pensar en pol&#237;tica de esta manera es sacar las consecuencias de una lecci&#243;n de la historia: basar el v&#237;nculo pol&#237;tico en otro (Dios, raza, sexo, dinero, etc.) siempre determina justificar desigualdades, exclusiones, incluso asesinatos en nombre de este Otro y sus imperativos. Si rechazamos as&#237; cualquier fundamento pol&#237;tico, &#191;qu&#233; queda? Por un lado, el ejercicio de la igualdad y la universalidad de los derechos de los sujetos despojados de toda identificaci&#243;n social: deben llamarse &#034;ciudadanos&#034;; Por otro lado, el coraje de asumir un v&#237;nculo pol&#237;tico sin la garant&#237;a de otro que encontrar&#237;a este v&#237;nculo. As&#237;, el minimalismo jur&#237;dico-pol&#237;tico afirma que la conexi&#243;n pol&#237;tica de los ciudadanos tiene lugar en una no relaci&#243;n social: el principio de la conexi&#243;n pol&#237;tica es necesariamente la no conexi&#243;n social. Sin embargo, concebir un enlace no subordinado a un significante maestro, tratar de &#034;descomponer&#034; el Otro y pensar en la relaci&#243;n en forma de no relaci&#243;n, es aprender de Lacan. Por lo tanto, es nuevamente confrontar la cuesti&#243;n, tan a menudo estudiada, del v&#237;nculo entre pol&#237;tica y psicoan&#225;lisis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt; Pol&#237;tica | Correcto | Psicoan&#225;lisis | no relaci&#243;n&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Vivre-sans-fonder-Politique-et-psychanalyse-derechef' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Version fran&#231;aise&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Live-without-founding-Politics-and-psychoanalysis-again' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-Nro-1-76-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | Nro 1 | Marzo 2020&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Profesor de filosof&#237;a en clases preparatorias literarias&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;A Jean-Louis Mattei&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#034;Un solo debate, siempre el mismo, el que se conoce desde que se tiene memoria, como el debate de la Ilustraci&#243;n&#034;, Lacan, contratapa de los &lt;i&gt;Escritos&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Adentr&#233;monos en la interesante descripci&#243;n social y pol&#237;tica que propone Trist&#225;n Garc&#237;a (2018) en &lt;i&gt;Nous&lt;/i&gt; [&lt;i&gt;Nosotros&lt;/i&gt;]. Propone distinguir las diferentes categor&#237;as (el &#034;nosotros&#034;) que pretenden identificarnos: &#034;hombres&#034;, &#034;mujeres&#034;, &#034;blancos&#034;, &#034;negros&#034;, &#034;&#225;rabes&#034;, &#034;jud&#237;os&#034;, &#034;migrantes&#034;, &#034;franceses&#034;, &#034;ricos&#034;, &#034;pobres&#034;, &#034;homosexuales&#034;, &#034;heterosexuales&#034;. Podr&#237;amos por supuesto a&#241;adir &#034;transg&#233;nero&#034;, &#034;intersexuales&#034;, etc. Se observan relaciones de yuxtaposici&#243;n, superposici&#243;n, inclusi&#243;n, pero tambi&#233;n de rivalidad, exclusi&#243;n, dominaci&#243;n, jerarquizaci&#243;n, enfrentamientos y ocultamientos entre estas comunidades.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Podemos diferenciar con bastante claridad las clases imaginarias (las que representar&#237;an la realidad a trav&#233;s de representaciones) y que disponen para ello de propiedades distintivas internas: definen sus objetos a trav&#233;s de sus semejanzas y diferencias. Pensamos de inmediato en la identificaci&#243;n, o incluso la jerarquizaci&#243;n, entre &#034;hombres&#034; y &#034;mujeres&#034;, &#034;negros&#034; y &#034;blancos&#034;. Distinguimos tambi&#233;n las clases simb&#243;licas, producto de simples distinciones de significantes a partir de las &#034;variantes diferenciales&#034; que produce el lenguaje: nos remitimos entonces a los &#034;franceses&#034; y &#034;alemanes&#034;, a los &#034;cristianos&#034; y &#034;jud&#237;os&#034;. En realidad, lo imaginario y lo simb&#243;lico se articulan: las clases simb&#243;licas est&#225;n cargadas de consistencia imaginaria y las representaciones se enfrentan a distinciones simb&#243;licas; la diferencia imaginaria entre &#034;hombres&#034; y &#034;mujeres&#034;, entre &#034;blancos&#034; y &#034;negros&#034; (identificados por sus propiedades inmanentes) est&#225; ligada a la l&#243;gica significante en virtud de la cual los significantes &#034;hombre&#034; y &#034;mujer&#034;, &#034;blanco&#034; y &#034;negro&#034; solo tienen valor a partir de su diferencia. Las representaciones y diferencias significantes est&#225;n constantemente entrelazadas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El minimalismo legal: encontrarse sin parecerse&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ensayemos ahora un razonamiento. Apliquemos primero la hip&#243;tesis de la reducci&#243;n. No eliminemos sin sentido las relaciones entre lo imaginario y lo simb&#243;lico sino que pong&#225;moslas entre par&#233;ntesis y destaquemos una sola relaci&#243;n: la de seres humanos en tanto animales hablantes y los &#225;tomos legales definidos por derechos y deberes. Para representar la articulaci&#243;n de lo imaginario y lo simb&#243;lico, planteamos entonces animales hablantes (representados e identificados por propiedades que los homogeneizan y al mismo tiempo los distinguen entre s&#237;) y los &#225;tomos definidos por un conjunto de derechos y deberes legales, part&#237;culas cuya existencia nace de su diferencia con las dem&#225;s, ya que los derechos de cada una tiene sentido y existencia legal efectiva s&#243;lo en relaci&#243;n con los deberes de las dem&#225;s.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Decimos: de existencia y sentido legal. Puedo entender el sentido de un (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; M&#225;s exactamente, cada ser humano (cada animal hablante) debe poder superponerse a un &#225;tomo legal.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Y no al rev&#233;s, ya que hay personas jur&#237;dicas &#034;morales&#034; m&#225;s que &#034;naturales&#034;.&#034; id=&#034;nh2-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Al analizarlos con este nivel de abstracci&#243;n, estos sujetos se vac&#237;an de particularismos imaginarios y simb&#243;licos, y s&#243;lo se identifican por sus derechos y deberes legales. Supongamos entonces que estos sujetos est&#225;n vinculados de tal manera que instituyen las leyes que rigen sus relaciones. &#191;Qu&#233; se puede deducir de esto?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Podemos plantear una &lt;i&gt;primera propuesta&lt;/i&gt;: no es posible implementar el privilegio legal. En efecto, todos los privilegios legales deben ser eliminados, prosiguiendo con la hip&#243;tesis de reducci&#243;n, ya que se basan en reivindicaciones particulares, hist&#243;ricas y culturales, es decir, en identificaciones imaginarias y en diferencias simb&#243;licas (la raza superior, el amor y el culto al Dios verdadero, los poderes de la sangre y el censo, los derechos de los machos o de los blancos, etc.). &#191;Qu&#233; queda entonces luego de esta reducci&#243;n? Los derechos y deberes universales, es decir, derechos y deberes que deben ser regulados por un minimalismo jur&#237;dico-pol&#237;tico cuyo principio es el universal: que los derechos de cada uno sean los de todos, y que los derechos de cada uno est&#233;n limitados por la posibilidad de que todos puedan ejercer esos mismos derechos. Hablamos de minimalismo por dos razones que est&#225;n relacionadas: por un lado, se elimina la compleja interacci&#243;n de privilegios y desigualdades en favor de la simplicidad de los derechos universales (simplicidad que no significa una ausencia de problemas sino, por el contrario, la reiteraci&#243;n, ante cualquier dificultad pol&#237;tica, de la cuesti&#243;n de la igualdad jur&#237;dica); por otro lado, el sistema jur&#237;dico-pol&#237;tico, regulado por esta simplicidad, impone lo universal pero no determina la naturaleza de todos los derechos que deben ser universalizados; lo que significa, insistamos en esto, que no determina los sistemas jur&#237;dicos que estructuran las actividades econ&#243;micas. Es necesario, sin embargo, que entre todos los derechos est&#233; el de participar en la instituci&#243;n de las leyes. De hecho, si ese derecho se reserva solo para unos pocos, estar&#237;amos volviendo al complejo sistema de privilegios. Es por eso que todos los sujetos tienen la posibilidad de declarar sus derechos y deberes. El derecho representa entonces otra cosa que la distribuci&#243;n del goce, seg&#250;n la formulaci&#243;n de Lacan: tambi&#233;n puede ser el ejercicio asumido del deseo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los derechos de cada sujeto est&#225;n por lo tanto limitados por los derechos id&#233;nticos de los dem&#225;s. En este caso, &#8220;cada&#034; se refiere a cada uno y a todos, aunque referirse a &#8220;cada uno&#8221; no sea pol&#237;ticamente sencillo: representa la alianza de lo universal y lo singular, y la posibilidad de desplegar lo singular dentro de los l&#237;mites del respeto a lo universal. Si llamamos a estos derechos &#034;libertades&#034;, se exige entonces una igualdad de libertades que reconozca la legitimidad de lo singular y lo universal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pretender igualdad y libertades es algo obvio. &#191;Pero qu&#233; implica esta obviedad? El minimalismo legal se aplica a sujetos vaciados [&lt;i&gt;&#233;vid&#233;s&lt;/i&gt;]: reconoce la existencia de ellos y los nombra para poder individualizarlos. Pero no dice nada, por un lado, sobre el ejercicio singular de sus derechos y por otro, sobre sus particularismos, ya que &#233;stos, como dijimos, se pusieron entre par&#233;ntesis. El minimalismo legal considera as&#237; a los sujetos presentes como &#225;tomos legales propietarios de sus cuerpos, y los considera ausentes en tanto que permanece sordo al ejercicio de esa propiedad y anula sus identificaciones y diferenciaciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esto supone una diferenciaci&#243;n de lo jur&#237;dico-pol&#237;tico, en donde se ubica el minimalismo legal, y la &#034;sociedad&#034;, el lugar de estas identificaciones y diferencias. Gracias al juego de la presencia/ausencia, lo m&#237;nimo se limita a hacer composibles las libertades de los sujetos. Mantiene fuera de su discurso sus formas de deseo y de goce, es decir, las maneras de ejercer sus libertades. Esto no significa de ninguna manera que se proh&#237;ban los conjuntos constituidos por v&#237;nculos imaginarios y simb&#243;licos. Llamemos &#034;grupos&#034; o &#034;comunidades&#034; a esos v&#237;nculos y llamemos &#034;principios rectores&#034; a las justificaciones de esos v&#237;nculos. Se pondr&#225;n entre par&#233;ntesis en la medida en que no constituyen la base del v&#237;nculo pol&#237;tico y jur&#237;dico. Respecto a ese v&#237;nculo, no son ni fundamentales ni prohibidos; son por lo tanto indiferentes. Por eso se permiten, siempre y cuando no transgredan los principios de lo m&#237;nimo. Debemos por lo tanto rechazar las semejanzas imaginarias y las referencias simb&#243;licas como principios pol&#237;ticos para que los sujetos puedan afirmar libremente su identidad o referenciaci&#243;n (nosotras mujeres, nosotros hombres, homo-, o hetero- o transexuales, nosotros corsos, nosotros chalecos amarillos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Movimiento social de protesta nacido en Francia en octubre de 2018 como (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;]) o que tambi&#233;n tengan la posibilidad de rechazar que se resuelva su existencia a trav&#233;s de ellos. Ya sea en manifestaciones o en enfrentamientos, ya sea que legitimen ciertas referencias o que las rechacen, los sujetos est&#225;n unidos pol&#237;tico-jur&#237;dicamente cuando se los deslinda de cualquier obligaci&#243;n (solo el minimalismo legal hace posible que se despliegue lo singular respetando lo universal). Por lo tanto, se vinculan cuando se los desvincula. Ning&#250;n parecido, ning&#250;n punto de referencia, excepto el minimalismo legal, los une pol&#237;ticamente. Lo que une a los sujetos es entonces lo que los aleja y lo que los singulariza: el ejercicio de sus libertades.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La articulaci&#243;n de lo singular con lo universal nos obliga de esta manera a pensar en lo universal no como forma homog&#233;nea, es decir, segregada, ya que el mismo/los mismos derechos se cumplen en la diferencia/en el ejercicio de los derechos. Los sujetos constituyen as&#237; una clase que se afirma de manera parad&#243;jica, una clase que podr&#237;amos nombrar, gracias a Lacan (2001), si sacamos la f&#243;rmula de su contexto, como conjunto de &#034;desordenados dispersos&#8221; (p. 573), un conjunto que une a los sujetos por el &#250;nico v&#237;nculo del ejercicio singular de sus derechos id&#233;nticos. Jean-Claude Milner (1983), siguiendo a Lacan, ya hab&#237;a propuesto ese principio: &#034;la misma instancia que los hace parecerse y acoplarse es la que los separa; lo que los separa es lo que hace que se relacionen entre s&#237;, sin por eso parecerse ni vincularse&#034; (p. 118). Catherine Kintzler (2007) enuncia de manera brillante esta paradoja de la vinculaci&#243;n: &#034;el principio de suspensi&#243;n del v&#237;nculo social aparece como constitutivo del v&#237;nculo pol&#237;tico&#034; (p. 32).&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Nuestro art&#237;culo no podr&#237;a haber sido escrito sin este estudio y sin Les (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Puede decirse que los sujetos pol&#237;ticos producidos por este v&#237;nculo son &#034;ciudadanos&#034;, pero siempre y cuando esta definici&#243;n tambi&#233;n contenga su acepci&#243;n extra&#241;a y preocupante: designar una singularidad pol&#237;tico-jur&#237;dica definida por derechos universales que contribuye en producir, apartada de las diferencias imaginarias y distinciones simb&#243;licas, sin identificaciones sociales ni puntos de referencia, es decir, fuera de la comunidad, pero manteniendo su facultad de actuar dentro de los l&#237;mites de lo universal. No se trata de un sujeto que experimenta un aislamiento, que solo reacciona cuando escasean los encuentros queridos, sino que es una soledad en lo universal &#8722; ya que los derechos y deberes legales de cada persona son los de todos, y no todos pueden controlar el uso que cada persona hace de sus libertades. Es una soledad que confronta a cada ciudadano con alteridades siempre pluralizadas, ya que cada persona puede hacer un uso singular de su cuerpo y su palabra.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Con este nivel de generalidad, de nada sirve cuestionar la escala (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El grupo y el desaf&#237;o pol&#237;tico&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero no hay nada adquirido. Ser&#237;a de extra&#241;ar que todos los sujetos consientan libertades sin propiedades previas garantizadas, que al mismo tiempo fundar&#237;an esas libertades, v&#237;nculos que se hacen carne en la disyunci&#243;n, encuentros sin semejanzas y como dec&#237;amos, identidades sin identificaci&#243;n. En resumen, es dudoso que todos los sujetos consientan sin resistencia y sin dolor en convertirse pol&#237;ticamente en &#034;ciudadanos&#034;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De ah&#237; surge sin duda el desarrollo de &#034;grupos&#034; y &#034;comunidades&#034; y la necesidad de unirse en la creencia de la semejanza y en la identificaci&#243;n con alg&#250;n &#8220;principio rector&#8221;. Es probablemente lo que determinaba Lacan (1974-1975) al afirmar: &#034;no hay duda de que los seres humanos se identifican con un grupo. Cuando no se identifican con un grupo, est&#225;n jodidos, est&#225;n condenados al encierro&#8221; (p. 166). Pero meditemos en la f&#243;rmula &#8220;mido el efecto de grupo en cuanto a lo que agrega de obscenidad imaginaria al efecto de discurso&#8221; (p. 474). Lo interpretamos de la siguiente manera: el efecto de discurso es necesariamente un efecto de goce, lo simb&#243;lico est&#225; necesariamente cargado, impreso e infiltrado de goce. El cuerpo, el cuerpo hablante vivo, est&#225; sujeto al goce. No es captado s&#243;lo por lo imaginario, es decir, sometido a semejanzas especulativas; no se refiere y se somete s&#243;lo al poder simb&#243;lico. Por esta sumisi&#243;n, se constituye como cuerpo de goce; goza de &#233;l mismo, en su singularidad se podr&#237;a decir. Ahora, a este efecto inevitable del discurso, el &#034;grupo&#034; a&#241;ade la exhibici&#243;n del goce de parecerse. La obscenidad imaginaria condena as&#237; al grupo a representar y cultivar tal goce.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los psicoanalistas constituyen por el contrario &#034;desordenados dispersos&#034;. En efecto, Lacan (1974-1975) hab&#237;a especificado que &#034;es imposible que los psicoanalistas formen un grupo&#034; (p. 475), a&#241;adiendo: &#034;La observaci&#243;n presente de la imposibilidad del grupo anal&#237;tico es tambi&#233;n lo que funda, como siempre, lo real. Lo real es esa misma obscenidad: as&#237; tambi&#233;n &#034;vive&#034; (entre comillas) como grupo&#034; (p.475). Los cuerpos hablantes que componen el grupo anal&#237;tico est&#225;n as&#237; animados por un &#034;real&#034; que debemos entender en este caso a partir de sucesos de goce: de parecerse al reunirse. Pero los psic&#243;logos justamente deben enfrentarse a ese imposible (el de deshacerse del &#034;grupo&#034; y escapar de su obscenidad) y si logran llegar a esa altura, es posible proponer una lecci&#243;n pol&#237;tica. Cuando no est&#225;n a la altura, lo que se logra a veces con la experiencia, &#191;renuncian en ese caso a su supuesto deseo anal&#237;tico? Al no ser analista, no sabr&#237;a responder. Retengamos lo que nos parece esencial: &#034;el discurso anal&#237;tico (es mi camino) es precisamente el que puede fundar un v&#237;nculo social depurado de cualquier necesidad grupal&#034; (Lacan, 1974-1975, p. 474). Para establecer ese v&#237;nculo, los analistas encuentran en su discurso, el del an&#225;lisis, una &#034;muralla&#034; contra la obscenidad. En efecto, el deseo del analista es ocupar el lugar, necesariamente vac&#237;o, del objeto singular del goce; en el an&#225;lisis debe entonces permitir que se escuche la verdad de los seres hablantes, llamada &#034;castraci&#243;n&#034;, seg&#250;n la cual el sujeto y el goce se disocian. Es decir, la ley por la cual los seres hablantes, en tanto seres hablantes, se re&#250;nen en la no relaci&#243;n, disoci&#225;ndose de s&#237; mismos y de los dem&#225;s. Y de esta manera, &#191;no es la &#034;posici&#243;n del analista&#034; una &#034;muralla contra el grupo&#034;? &#191;No obstaculiza por lo tanto el obsceno enga&#241;o que hace que el goce vital del grupo persevere y brille?&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Es decir, &#034;llama a este baluarte contra el grupo, la posici&#243;n del analista (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El origen de este enga&#241;o reside entonces en el horror de lo &#034;real&#034;, que podr&#237;amos caracterizar en este caso como el horror de la castraci&#243;n, el horror de la relaci&#243;n con uno mismo y con el otro en la no relaci&#243;n, y por lo tanto el horror de la divisi&#243;n subjetiva que es la no relaci&#243;n con uno mismo y con el otro. Se entiende: no el horror de la diferencia que altera al enamorado del grupo, un horror banal que se relaciona de forma imaginaria con las delicias de asemejarse, sino el horror de lo real, el horror velado que provoca y sostiene el horror de lo dis&#237;mil. El grupo es as&#237; una protecci&#243;n contra lo real. La lecci&#243;n del psicoan&#225;lisis es clara. No es que la ciudadan&#237;a y el pensamiento de la ciudadan&#237;a, tal como lo entendemos, eran inexistentes antes del psicoan&#225;lisis; pero ahora, gracias al psicoanalista, podemos arrojar cierta claridad sobre la necesidad y la dificultad de lo m&#237;nimo. Precisemos esta ense&#241;anza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;No tapar el agujero en la pol&#237;tica&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El discurso psicoanal&#237;tico, tal como lo pretend&#237;a Lacan (1974-1975) &#034;puede fundar un v&#237;nculo social depurado de cualquier necesidad grupal&#034; (p. 462). De esta manera, arroja luz sobre la decisi&#243;n de no &#034;fundar&#034; el v&#237;nculo pol&#237;tico y transformarlo en un &#034;grupo&#034;, con la condici&#243;n de que el t&#233;rmino &#034;fundado&#034; signifique en este caso reunirse alegando semejanza; de esa manera, en &#034;un intento grotesco&#034;, se pens&#243; en &#034;fundar&#034; por medio de la raza &#034;un Reich denominado Tercero&#034;. Por lo dem&#225;s, el discurso anal&#237;tico arroja luz sobre la decisi&#243;n de vaciar a los sujetos pol&#237;ticos de las determinaciones imaginarias y simb&#243;licas que fundan los parecidos y las jerarqu&#237;as en el grupo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Justamente, fundar es inventar un &#8220;principio rector&#8221; [&lt;i&gt;ma&#238;tre-mot&lt;/i&gt;] que justifique el v&#237;nculo, dando as&#237; la ilusi&#243;n de que se puede eliminar la incompletud de lo simb&#243;lico y representar y dominar lo real de la no relaci&#243;n. Esta incompletud significa no s&#243;lo que no puede haber una garant&#237;a &#250;ltima de la verdad del discurso, ya que cualquier garant&#237;a est&#225; condicionada por el ejercicio del discurso, sino tambi&#233;n que la verdad de la castraci&#243;n no se puede controlar. Pretender anular esta incompletud significa concederle cierto estatus al Otro, lugar de la palabra y de las reglas que estructuran las relaciones entre los sujetos. As&#237; surge el discurso pol&#237;tico del principio rector:&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; que pretende desenvolverse en nombre de un Otro - Dios, Raza, Sexo o Sangre - a quien otorga plenitud, es decir, lo dota de una verdad absoluta, coloc&#225;ndose as&#237; en la posici&#243;n de amo (Nietzsche dir&#237;a &#034;&#237;dolo&#034;);&lt;/li&gt;&lt;li&gt; pretende conocer a ese Otro, conocerlo sin carencias, en su integridad;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; y en su nombre, funda las semejanzas y diferencias en la verdad, los privilegios y las subordinaciones que estructuran el grupo (y vuelven entonces aguantables a trav&#233;s de lo dis&#237;mil, en todos los sentidos de la palabra, el horror de la no relaci&#243;n).&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;As&#237; trabajan en el campo pol&#237;tico los discursos del Otro y as&#237; se fundan los &#8220;valores&#8221; pol&#237;ticos de homogeneidad moral, social o religiosa: poniendo las bocas de sombra en movimiento, escuch&#225;ndolas, recogiendo los principios que esbozan las condiciones de poder, las desigualdades y las diferencias. Se suele escuchar que la historia nada ense&#241;a, o que la &#250;nica lecci&#243;n de la historia es no ofrecer ninguna lecci&#243;n. Sin embargo, ac&#225; s&#237; se impone una lecci&#243;n. Encontrarse en una supuesta semejanza equivale a ponerse en posici&#243;n de hacer gozar a ese Otro obsceno y cruel que exige la reducci&#243;n o incluso el sacrificio de los diferentes, a menudo a costa de la muerte (martirio o reclutamiento) de los semejantes. Se pretende tambi&#233;n hacer gozar a su(s) representante(s): hacer gozar a Dios y a sus fieles m&#225;s devotos, o a la Raza y a Hitler. Tal es el efecto cuando se reprime el real pol&#237;tico de la &#034;no relaci&#243;n&#034; y cuando el grupo hace soportar el horror de la no relaci&#243;n a lo diferente. Y hay por supuesto diferencias de grado, que son muy importantes. Sabemos lo que nos depara el destino banal: la desigualdad, para imponer el lugar que les corresponde a los que el Otro considera inferiores, a los que no pueden pagar el censo, a los que no son del sexo leg&#237;timo, o que no son de la buena sangre o de la buena tierra, a los que no honran al Dios que les conviene o protestan contra el culto que se le rinde. O peor, tal vez: aquellos que no honran a ning&#250;n Dios o que niegan su fe. Sabemos que hay medidas m&#225;s pesadas: el confinamiento o la exclusi&#243;n. Y sabemos finalmente lo que le sucede a los cuerpos hablantes en el punto m&#225;s extremo de degradaci&#243;n: el exterminio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por el contrario, no aceptar los principios rectores representa rechazar la pretensi&#243;n de eliminar la incompletud del Otro. Es negarse a &#034;ocuparse a tapar el agujero en la pol&#237;tica&#034; (Lacan, 1974-19755, p. 555), un trabajo que Lacan atribuye a Heidegger. Por eso dijimos al principio de nuestro estudio que decidimos reducir lo imaginario y lo simb&#243;lico de los animales hablantes y sus derechos: era para no obrar en &#034;tapar el agujero en la pol&#237;tica&#034;, o mejor dicho: obrar para no taparlo. Al goce de lo fundante, y por lo tanto de la semejanza, debemos responder con el deseo de libertad, inmune a los principios rectores. Uno puede ciertamente responder que lo m&#237;nimo constituye tal fundamento. El equ&#237;voco concepto de &#034;fundamento&#034; estar&#225; siempre en juego, pero no debe por eso impedirnos la distinci&#243;n entre un discurso rector (que crea las semejanzas y diferencias) con el principio que disocia a los animales hablantes, uni&#233;ndolos. No distinguirlos es negarse a diferenciar entre la desigualdad e igualdad fundada por los grupos pero tambi&#233;n la igualdad producida por el minimalismo legal. Significa abstenerse de diferenciar la uniformidad que los imperativos de semejanza hacen prevalecer en los grupos y la universalidad que permite singularizar a cada persona dentro de los l&#237;mites de lo universal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La primera propuesta (colocar como agentes pol&#237;ticos a los sujetos vaciados) puede r&#225;pidamente desarrollar m&#225;s propuestas. Y en primera instancia, esta &lt;i&gt;segunda propuesta&lt;/i&gt;: los sujetos pol&#237;ticos no tienen fundamento, pero tienen una verdad. O m&#225;s bien, son pose&#237;dos por ella cuando se transgrede la igualdad de libertades y surge entonces la desigualdad, la exclusi&#243;n o el exterminio. Esta verdad puede expresarse en el miedo, el terror o la l&#225;stima, en la experiencia de lo intolerable o en la sequ&#237;a y frialdad de una cr&#237;tica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La verdad consiste en escuchar lo real de la no relaci&#243;n. La verdad siempre es aquello que fractura y rompe los supuestos saberes de semejanzas y diferencias. Requiere por lo tanto luchar, mientras sea materialmente posible, contra el goce pol&#237;tico de un fundamento. De la misma manera que &#034;ciudadano&#034; puede ser apropiado para significar el sujeto pol&#237;ticamente vaciado, &lt;i&gt;Res-publica&lt;/i&gt; no es necesariamente un significante inapropiado para manifestar esa exigencia, aunque sea repudiado y deba refugiarse en las alcantarillas. Con una condici&#243;n, sin embargo: hacer resonar el vac&#237;o de esa Cosa &#8211; &lt;i&gt;res&lt;/i&gt; &#8722;, sin querer apaciguarla, sin querer reducirla por su articulaci&#243;n con lo imaginario y lo simb&#243;lico; en definitiva, preservar su condici&#243;n de vac&#237;o que los ciudadanos deben emplearse en no tapar. Nos encontramos una vez m&#225;s con los matices de la homonimia, cuando un partido pol&#237;tico de derecha (pero la izquierda tampoco se queda atr&#225;s) utiliza precisamente la palabra para llenar el hueco: esa es la &#250;nica intenci&#243;n cuando se refieren a los &#034;valores de la Rep&#250;blica&#034;, a la &#034;reuni&#243;n&#034;, al &#034;buen franc&#233;s&#034; en contraposici&#243;n a todos los &#034;peligrosos&#034;. Solo recordemos que en el siglo XIX pero tambi&#233;n en el siglo XX, uno pod&#237;a morir por mencionar una palabra, en Francia y en otros lugares. La verdad incluye as&#237; un imperativo: no basarse en ning&#250;n fundamento y descartar cualquier discurso que pretenda reducir el vac&#237;o de la Cosa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por eso &#8211; &lt;i&gt;tercera proposici&#243;n&lt;/i&gt; &#8722; los principios rectores deben ciertamente someterse a la cr&#237;tica, pero, &lt;i&gt;cuarta proposici&#243;n&lt;/i&gt;, resistir a los principios rectores tiene m&#225;s sentido que obrar en destruirlos. Supone que los cr&#237;ticos produzcan conocimientos (del fundamento y la semejanza pol&#237;tica) que exijan la verdad y puedan articularse con ella y no se le opongan, es decir, conocimientos a trav&#233;s de los cuales la universalidad se ejerce y problematiza y se hace visible el enga&#241;o del fundamento pol&#237;tico, as&#237; como tambi&#233;n aquellos conocimientos en los cuales se puede dominar intelectualmente los particularismos simb&#243;licos e imaginarios. El minimalismo legal debe ofrecer, gracias a su instrucci&#243;n, la posibilidad de ejercer h&#225;bilmente sus propios derechos y orientarse intelectualmente en el seno de los principios rectores. La instrucci&#243;n debe permitir que los sujetos se pongan a la altura de las razones que proh&#237;ben que se hable de la diferencia sexual, la herencia y las desigualdades econ&#243;micas para instituir un v&#237;nculo pol&#237;tico. Limitar los prestigios del imaginario sexual, hereditario o econ&#243;mico, restringiendo sus poderes simb&#243;licos, es una manera de obrar para descompletar al Otro (del Sexo, Raza o Riqueza), es decir, para vaciarlo de toda sustancia unificadora.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero para que esta exigencia se vuelva un principio, es necesario institucionalizar la producci&#243;n y la transmisi&#243;n de esos conocimientos. En efecto, seg&#250;n el minimalismo legal y su principio de universalidad, nadie tiene m&#225;s derecho que otro en meditar, producir y aplicar derechos y deberes, y todos deben aprender a ejercerlos. Todos los sujetos pol&#237;ticos deber&#237;an por lo tanto estar en condiciones de apropiarse de los conocimientos de los ciudadanos. En este sentido, valoramos la funci&#243;n de la escuela. Debe entonces imponerse en un solo movimiento como l&#237;mite de la sociedad &#8722; ya que los grupos y sus semejanzas no deben reinar en ella &#8722; y como un instrumento de cr&#237;tica de los principios rectores de la pol&#237;tica. No digamos que la escuela funda el v&#237;nculo pol&#237;tico, lo que implicar&#237;a que la producci&#243;n de derechos se cancelar&#237;a en pos del dominio de los conocimientos. El conocimiento no se concibe como fundante, y la pol&#237;tica republicana no es la ciudad plat&#243;nica. La escuela permite arrojar luz sobre la producci&#243;n y el ejercicio de las libertades; no las somete legalmente a su autoridad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Descompletar la pol&#237;tica, descompletar al Otro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Principios del minimalismo: colocar a los sujetos desligados de las garant&#237;as imaginarias y simb&#243;licas en el lugar de agentes pol&#237;ticos; colocar el vaciamiento de la Cosa en el lugar de verdad; colocar los principios rectores en el lugar de lo que debe trabajarse y los conocimientos racionales en el lugar de la producci&#243;n. Consideramos que tanto el esclarecimiento del psicoan&#225;lisis como la referencia a la filosof&#237;a pol&#237;tica de Catherine Kintzler permiten determinarlo. La fil&#243;sofa trabaja el concepto de &#034;laicidad&#034;, no s&#243;lo para explicitar un concepto pol&#237;tico regional, sino tambi&#233;n para definir con rigor el v&#237;nculo pol&#237;tico leg&#237;timo. Y justamente, Kintzler se nutre no s&#243;lo de Condorcet, sino tambi&#233;n de Lacan y Milner. Podemos llegar a decir que es lo mismo decir que una lectura de Lacan y Milner permite pensar en este v&#237;nculo y que este v&#237;nculo puede ser pensado gracias a un cierto &#034;regreso a Condorcet&#034;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Jean-Claude Milner escribi&#243; el pr&#243;logo del libro de Catherine Kintzler, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Somos muy conscientes de que la producci&#243;n de leyes escapa con frecuencia a los ciudadanos. Sabemos tambi&#233;n, gracias a los soci&#243;logos e historiadores, que el ejercicio de las libertades, que separa y une a los sujetos, est&#225; socialmente condicionado por el estado de la moral y la &#034;cultura&#034;. &#191;Y qu&#233; sentido tienen estos derechos, si sabemos que su ejercicio nos condena a soportar los determinismos y &#034;condicionamientos&#034; sociales? El minimalismo jur&#237;dico-pol&#237;tico no ignora en absoluto estas grandes dificultades, pero la &lt;i&gt;pol&#237;tica se&lt;/i&gt; dice de muchas maneras. Llamemos &lt;i&gt;lo pol&#237;tico&lt;/i&gt; a la existencia de relaciones de poder dentro de una cultura. Es muy digno e incluso esencial accionar sobre lo pol&#237;tico, es decir, explorar y modificar las relaciones de poder, estudiar su historia, analizar su econom&#237;a actual, explicitar los v&#237;nculos que tienen con los conocimientos y sacar a relucir las contingencias de los poderes en los lugares en que nos conform&#225;bamos con las ilusiones de la necesidad. Es esencial poner en evidencia la contingencia de los deseos, goces y formas culturales de hacer las cosas para poder modificar los modos pol&#237;ticos de la existencia. Y las reivindicaciones de las comunidades, cuando &#034;problematizan&#034; las leyes y la moral, pueden perfectamente instruir figuras err&#243;neas de lo universal; la leg&#237;tima lucha que se niega a restringir la universalidad del matrimonio al v&#237;nculo heterosexual constituye un aut&#233;ntico ejemplo de esto. Las comunidades no reducen entonces sus demandas a su particularismo comunitario. Por eso una de las lecciones de Foucault (1994a/1994b) es m&#225;s importante que otras: es s&#243;lo en un primer momento, cronol&#243;gica y t&#225;cticamente, que los movimientos de &#034;liberaci&#243;n&#034; de la homosexualidad deben reivindicar una identidad homosexual y una semejanza entre homosexuales. Deben liberarse del principio rector &#034;sexo&#034; y trabajar, no para establecer su semejanza como un principio pol&#237;tico, sino para inventar sus propias singularidades de placer y deseo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El minimalismo, sin embargo, define un modo de lucha otro que la transformaci&#243;n de la pol&#237;tica, aunque no se oponga a esta lucha. Se afirma como una pol&#237;tica limitada ya que es una pol&#237;tica del l&#237;mite jur&#237;dico. No pretende imponer la justicia en los juegos indefinidos de los poderes y comunidades. Trabaja en limitar esos poderes de tal manera que no gobiernen las leyes y el pensamiento. Es necesario mencionar al respecto lo que Deleuze y Guattari (1991) afirmaban sobre los derechos humanos, a modo de fuerte reproche: &#034;no dicen nada sobre los modos de existencia inmanentes del ser humano con derechos&#034; (p. 103). El minimalismo jur&#237;dico-pol&#237;tico tampoco dice nada sobre estos modos de existencia, pero se esfuerza por liberarlos de la dominaci&#243;n de los grupos; de este modo, se esfuerza por dar a todos la posibilidad jur&#237;dica e intelectual de inventar un futuro que no se reduzca a un futuro comunitario. Hace que tales &#034;subjetivaciones&#034; sean legalmente posibles. Al desplegar una pol&#237;tica de singularidad subjetiva, prescribe las condiciones universales de respeto de esta singularidad y no la determina, lo que ser&#237;a negarla. Lo m&#237;nimo, como dijimos al principio de nuestro trabajo, se opone a la complejidad de los privilegios y no determina la multiplicidad de derechos y deberes. Rechaza adem&#225;s el proyecto de una pol&#237;tica total y no determina &#034;modos de existencia&#034; culturales. Reconoce as&#237;, en el campo de la pol&#237;tica, la incompletud del Otro que reduce a su condici&#243;n m&#237;nima y necesaria, regulando las relaciones jur&#237;dicas entre los ciudadanos.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Podr&#237;amos mostrar, pero ser&#225; el trabajo de otro art&#237;culo, que la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La experiencia hist&#243;rica nos muestra que la religi&#243;n afirma con frecuencia ocupar el lugar de principio rector, pero el v&#237;nculo de lo m&#237;nimo con la religi&#243;n no se reduce a una secuencia hist&#243;rica. Este v&#237;nculo constituye m&#225;s bien la punta m&#225;s afinada de lo m&#237;nimo y el cristal en el que manifiesta sus implicaciones m&#225;s profundas. &#191;Cu&#225;l es ese enlace? El minimalismo jur&#237;dico-pol&#237;tico no se opone a la religi&#243;n, sino al clericalismo, que erige a la religi&#243;n como fundamento del v&#237;nculo pol&#237;tico. Es cierto que el Otro divino no se afirma, pero tampoco se niega (el laicismo no es un ate&#237;smo); se descompleta pol&#237;ticamente porque el minimalismo afirma esta exigencia: que el Otro deje de ser lo que los sujetos hacen hablar para garantizar que se asemejen cuando se unen pol&#237;ticamente. Es lo que aprendemos de la relaci&#243;n del minimalismo respecto con la religi&#243;n: &#191;por qu&#233; descompletar la pol&#237;tica si no es para descompletar al Otro? Y &#8722; esta es tambi&#233;n el eventual aprendizaje del psicoan&#225;lisis &#8722; &#191;por qu&#233; descompletar el Otro, si no es para dar al sujeto la oportunidad de inventar una singularidad desglosando identificaciones y certezas simb&#243;licas?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ap&#243;logo: &#191;la ruina social del minimalismo jur&#237;dico-pol&#237;tico?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nadie puede negar que el minimalismo jur&#237;dico-pol&#237;tico se proh&#237;ba, se reprima o se destruya a partir de los procesos econ&#243;micos, pol&#237;ticos o culturales. Conocemos las dificultades &#8722; quiz&#225;s haya que hablar de imposibilidad &#8722; de que el minimalismo se inscriba en la historia; all&#237; reinan los grupos y su goce complaciente. Tampoco podemos ignorar que el minimalismo sea actualmente v&#237;ctima de ataques en Francia, donde se hab&#237;a instituido como principio, como claramente lo demuestra su historia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya identificamos el reto pol&#237;tico que supon&#237;a el enfrentamiento de los ciudadanos con el &#034;hueco&#034; pol&#237;tico. Este primer desaf&#237;o se desdobla en otro desaf&#237;o m&#225;s, que vincula la pol&#237;tica con las dificultades cotidianas de cada uno. En efecto, el ciudadano puede hacer todo lo que no est&#233; prohibido al respetar los derechos de todos. De esta manera, ejerce sus libertades. Pero cuando se encuentra con la libertad singular del otro, este ejercicio a menudo toma la forma del consentimiento. El consentimiento se enuncia y es performativo: expresarlo es constituirlo y &#034;darlo&#034;. Sin embargo, la ley ignora la divisi&#243;n subjetiva que experimenta lo performativo. Ser propietario de su cuerpo significa disponer de &#233;l; es usarlo y gozarlo, cargando por ejemplo un ni&#241;o de otra persona o consintiendo en un determinado modo de relaci&#243;n sexual. Pero el goce es muy poco controlable, perturba, deshace la subjetividad y puede incluso destruirla. Ocasionalmente, la ley compensa el desconocimiento de la divisi&#243;n subjetiva invocando, seg&#250;n el caso, la edad, la situaci&#243;n social o el estado psicol&#243;gico del sujeto que consiente. Pretende de esta manera trabajar en la contenci&#243;n de las perturbaciones del goce. El hecho es que las libertades del ciudadano se enfrentan, por principio, a los deseos y placeres singulares con sus posibilidades jur&#237;dicas de cumplimiento, incluso cuando los goces destruyen. Al contrario probablemente de las &#034;sociedades tradicionales&#034;, que las somet&#237;an a sus &#034;fundamentos&#034; y prohibiciones culturales. El legislador intenta ahora inventar nuevos principios rectores que deban respetar las libertades y que deban sin embargo incluir el goce cuando transgredan demasiado las normas sociales (como la &#034;dignidad&#034;).&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase el reciente libro de Muriel Fabre-Magnan, L'institution de la libert&#233; (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Suspendidas entre estas dos exigencias, las libertades son por lo tanto fr&#225;giles, arriesgadas para el sujeto que las ejerce y sospechosas para los pol&#237;ticos que quieren evitar esos riesgos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nos referimos a las normas sociales. Se impuso efectivamente un principio rector que no dej&#243; de crecer desde el siglo XIX, buen aliado del dinero, que acompa&#241;&#243; en varios momentos pol&#237;ticas raciales y sexistas y ahora reina sola, en oposici&#243;n a los principios rectores religiosos: la &#034;sociedad&#034;, que reconoce con frecuencia el valor de la &#034;dignidad&#034; como un imperativo jur&#237;dico. El principio rector &#034;sociedad&#034; no se basa, como en los principios rectores anteriores, en la palabra de un Otro que deber&#237;a justificar desde afuera el v&#237;nculo pol&#237;tico, la Revelaci&#243;n o la Raza. Hoy en d&#237;a, el pensamiento &#034;liberal&#034; abandona con frecuencia estas apariencias en favor de la forma del v&#237;nculo erigido en ideal (una forma que sirve a los intereses del capitalismo, como lo demuestran las investigaciones emp&#237;ricas, dicho sea de paso). &#034;Forma del v&#237;nculo&#034; significa: se supone que el Otro funda el v&#237;nculo, debe garantizar la legitimidad de la uni&#243;n y asegurar su homogeneidad, pero este Otro no es otra cosa que esa misma reuni&#243;n en la inmanencia de su existencia y al servicio del capitalismo. A partir de ese momento, esa existencia y ese servicio se convierten en fines en s&#237; mismos y el discurso del v&#237;nculo s&#243;lo se justifica por el v&#237;nculo de los discursos e intercambios capitalistas supuestamente incriticables (como la &#034;comunicaci&#243;n&#034; y sus almas gemelas, la &#034;transparencia&#034; y la &#034;libre circulaci&#243;n de mercanc&#237;as&#034; que supuestamente respetan y protegen a la &#034;sociedad&#034;).&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-10&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#191;No proporciona el principio de dignidad una base jur&#237;dica para negarse a (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-10&#034;&gt;10&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De esta manera, la sociedad, el Narciso moderno, segrega sus normas reflexionando sobre s&#237; misma y planteando el hecho de la socialidad mercantil como un deber.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-11&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Nota sobre la cr&#237;tica del principio rector [ma&#238;tre-mot] clave &#034;sociedad&#034;. El (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-11&#034;&gt;11&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. En nombre de su complejidad efectiva, reivindicaciones identitarias nacen y se desarrollan, las del &#034;nosotros&#034; que mencionamos al principio del trabajo, a menudo aparentemente opuestas a su poder. Sin embargo, en nombre de un imperativo de reflexi&#243;n, las comunidades exigen que las representaciones electivas, las instituciones culturales, y especialmente los medios de comunicaci&#243;n, reflejen el fulgor social y se vuelvan &#034;sensibles a la diversidad&#034;. El comunitarismo, que a veces toma la apariencia de una lucha antisocial, es inseparable de un amor a la sociedad. Se origina en ella y pretende dominarla. Sin embargo, como sostiene Garc&#237;a (2018), las geograf&#237;as sociales del &#034;nosotros&#034; est&#225;n destinadas a metamorfosearse, a superponerse sin cesar y a entrar en relaciones de rivalidad y prioridad siempre renovadas, de tal manera que ning&#250;n principio inmanente puede preservar un &#034;nosotros&#034; determinado y comprometerlo a respetar a otros &#034;nosotros&#034;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-12&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Este es el notable inter&#233;s de la obra de Trist&#225;n Garc&#237;a: demostrar, a pesar (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-12&#034;&gt;12&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Y agregaremos: instituir sus poderes como principio pol&#237;tico significa entregarse a un frenes&#237; y una dispersi&#243;n imaginarias y simb&#243;licas que arruinan lo singular y lo universal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Criticar a la &#034;sociedad&#034;, negarse a que pretenda ser ilimitada, equivale a ense&#241;arle que sus v&#237;nculos no deben establecer la justicia, y es asentar el principio de que solo se debe exigir legalmente al sujeto para el respeto de sus deberes como ciudadano. En t&#233;rminos m&#225;s generales, luchar a favor del minimalismo es asegurar que nuestro presente no se reduzca a una elecci&#243;n entre la trascendencia religiosa y la inmanencia de las relaciones sociales. De esta manera, el imperativo nos parece siempre el mismo, a favor de una pol&#237;tica de singularidad subjetiva: preservar el hueco de la pol&#237;tica contra los discursos y pr&#225;cticas que pretenden &#8722; juguemos con lo equ&#237;voco &#8722;cegarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Deleuze, G. y Guattari, F. (1991). &lt;i&gt;Qu'est-ce que la philosophie&lt;/i&gt;? [&#191;&lt;i&gt;Qu&#233; es la filosof&#237;a&lt;/i&gt;?]. Par&#237;s: Les &#233;ditions de Minuit.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fabre-Magnan, M. (2018). &lt;i&gt;L'institution de la libert&#233;&lt;/i&gt; [&lt;i&gt;La instituci&#243;n de la libertad&lt;/i&gt;], Par&#237;s: PUF.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Foucault, M. (1975). &lt;i&gt;Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisi&#243;n&lt;/i&gt;. Par&#237;s: Editions Gallimard.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Foucault, M. (1994a). &lt;i&gt;La volont&#233; de savoir&lt;/i&gt; [&lt;i&gt;La voluntad de saber&lt;/i&gt;], &#034;Non au sexe roi&#034; [&#034;No al sexo rey&#034;], N&#186; 200, &lt;i&gt;Dits et &#233;crits&lt;/i&gt;, vol. III, Par&#237;s: Gallimard&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Foucault, M. (1994b). &#034;Le triomphe social du plaisir sexuel : une conversation avec Michel Foucault&#034;, [&#034;El triunfo social del placer sexual: una conversaci&#243;n con Michel Foucault], vol. IV.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Garc&#237;a, T. (2018). &lt;i&gt;Nous&lt;/i&gt;. Par&#237;s: Le livre de poche.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kintzler, C. (1984). &lt;i&gt;Condorcet, l'instruction publique et la naissance du citoyen [Condorcet, la instrucci&#243;n p&#250;blica y el nacimiento del ciudadano&lt;/i&gt;] Par&#237;s: Gallimard.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kintzler, C. (2007). &lt;i&gt;Qu'est-ce que la la&#239;cit&#233; &lt;/i&gt;? [&#191;&lt;i&gt;Qu&#233; es la laicidad&lt;/i&gt;?]. Par&#237;s: Vrin.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Milner, J.C. (1983). &lt;i&gt;Les noms indistincts&lt;/i&gt; [&lt;i&gt;Los nombres indistintos&lt;/i&gt;]. Par&#237;s: Seuil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Milner, J. C. (2003) &lt;i&gt;Las inclinaciones criminales de la Europa democr&#225;tica&lt;/i&gt;. Par&#237;s: Verdier.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Milner, J.C. (2017). &lt;i&gt;Consideraciones sobre Francia, Conversaci&#243;n con Philippe Petit&lt;/i&gt; (Par&#237;s: Les &#233;ditions du Cerf.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1974-1975). &lt;i&gt;RSI&lt;/i&gt;, S&#233;minaire 1974-1975. Par&#237;s: Editions de l'Association Freudienne Internationale.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (2001). &#034;Pr&#233;face &#224; l'&#233;dition anglaise du &lt;i&gt;S&#233;minaire XI&lt;/i&gt;&#034; [&#034;Pr&#243;logo a la edici&#243;n inglesa del &lt;i&gt;Seminario XI&lt;/i&gt;&#034;. En &lt;i&gt;Autres &#233;crits&lt;/i&gt; [&lt;i&gt;Otros escritos&lt;/i&gt;]. Par&#237;s: Seuil.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb2-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Decimos: de existencia y sentido legal. Puedo entender el sentido de un derecho sin entender el sentido de un deber, o escuchar un deber que contradice el derecho; pero no puedo dar un sentido legal a un derecho sin plantear la variante diferencial con un deber que constituye su inversi&#243;n. Algunos ejemplos sencillos: el ejercicio por todos del derecho de propiedad presupone que los dem&#225;s respeten la prohibici&#243;n de infringir la propiedad ajena; el ejercicio del derecho de r&#233;plica por una persona &#034;designada o nombrada&#034; en un &#243;rgano de prensa presupone que el director de ese &#243;rgano respete su deber de entregar la respuesta; el ejercicio por los empleados de sus derechos presupone que los empleadores respeten sus propias obligaciones, etc. Estas relaciones son rec&#237;procas.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Y no al rev&#233;s, ya que hay personas jur&#237;dicas &#034;morales&#034; m&#225;s que &#034;naturales&#034;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Movimiento social de protesta nacido en Francia en octubre de 2018 como respuesta al alza de los combustibles. [&lt;i&gt;Nota del traductor&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Nuestro art&#237;culo no podr&#237;a haber sido escrito sin este estudio y sin &lt;i&gt;Les noms indistincts&lt;/i&gt; de Jean-Claude Milner a los que se refiere la nota anterior.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Con este nivel de generalidad, de nada sirve cuestionar la escala jur&#237;dico-pol&#237;tica. Recordemos que no s&#243;lo existe una ciudadan&#237;a-nacionalidad sino tambi&#233;n una ciudadan&#237;a internacional, como la ciudadan&#237;a europea. Recordemos tambi&#233;n que existe un derecho internacional. El desaf&#237;o es que en cada escala se afirme el principio del sujeto vaciado.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Es decir, &#034;llama a este baluarte contra el grupo, la posici&#243;n del analista como se define en su propio discurso&#034; (Lacan, 1974-1975, p. 474)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Jean-Claude Milner escribi&#243; el pr&#243;logo del libro de Catherine Kintzler, &lt;i&gt;Condorcet, l'instruction publique et la naissance du citoyen [Condorcet, la instrucci&#243;n p&#250;blica y el nacimiento del ciudadano&lt;/i&gt;] (Par&#237;s, Gallimard, 1984).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Podr&#237;amos mostrar, pero ser&#225; el trabajo de otro art&#237;culo, que la &#034;genealog&#237;a&#034; y la militancia de Foucault tambi&#233;n funcionan para descompletar la pol&#237;tica, pero sin determinar esta limitaci&#243;n, gracias a la instituci&#243;n de un m&#237;nimo legal (aunque algunas de las luchas puedan sin duda conducir a afirmar lo m&#237;nimo). V&#233;ase la nota 21.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase el reciente libro de Muriel Fabre-Magnan, &lt;i&gt;L'institution de la libert&#233;&lt;/i&gt; [&lt;i&gt;La instituci&#243;n de la libertad&lt;/i&gt;] que se enfrenta a estos problemas y pretende tomar nota de la &#034;evacuaci&#243;n imposible de la fundaci&#243;n&#034; instituyendo la &#034;dignidad&#034; como nueva base jur&#237;dica. V&#233;anse particularmente las p&#225;ginas 307 y siguientes.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-10&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-10&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-10&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;10&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#191;No proporciona el principio de dignidad una base jur&#237;dica para negarse a considerar a los seres humanos y sus &#243;rganos como mercanc&#237;as? Pero, por una parte, su estatuto jur&#237;dico y su aplicaci&#243;n siguen siendo muy vagos, tanto si se recibe con satisfacci&#243;n como si se deplora (&lt;i&gt;ib&#237;d&lt;/i&gt;., p&#225;gs. 251 y ss.); por otra parte, incluso si proporciona un fundamento jur&#237;dico a esta negativa, s&#243;lo puede dejar al Otro y a su mandamiento general de beneficio capitalista fuera de su autoridad.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-11&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-11&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-11&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;11&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Nota sobre la cr&#237;tica del principio rector&lt;/i&gt; [ma&#238;tre-mot] &lt;i&gt;clave &#034;sociedad&#034;&lt;/i&gt;. El trabajo &#034;geneal&#243;gico&#034; de Michel Foucault puede leerse como un despliegue de an&#225;lisis hist&#243;ricos impulsados por un imperativo general: analizar la constituci&#243;n de las pol&#237;ticas que tienen por objeto &#034;defender la sociedad&#034;. &#034;&lt;i&gt;Hay que defender la sociedad&lt;/i&gt;&#034; es el t&#237;tulo del curso en el Coll&#232;ge de France, en 1976. La f&#243;rmula designa tambi&#233;n uno de los temas de &lt;i&gt;Vigilar y Castigar&lt;/i&gt; (1975) (la defensa de la sociedad contra la delincuencia, la identificaci&#243;n sociopsicol&#243;gica de la &#034;peligrosidad&#034; que va m&#225;s all&#225; de la ilegalidad), y de &lt;i&gt;La voluntad de saber&lt;/i&gt; (1994b) (la organizaci&#243;n de la sociedad seg&#250;n una pol&#237;tica biol&#243;gica y la defensa de la misma contra los pervertidos). Usemos un vocabulario no foucaultiano: las genealog&#237;as identifican y refutan estos principios rectores que obran para el principio rector social: delincuencia, peligrosidad, &#034;perversidad&#034;. Describen hist&#243;ricamente las figuras de los diferentes que, en oposici&#243;n al sujeto vaciado, invaden la ley y demuestran, desde el exterior, la existencia del grupo adecuado de sujetos psicol&#243;gica y socialmente sanos. Seg&#250;n esta perspectiva, el trabajo geneal&#243;gico es una contribuci&#243;n muy considerable al pensamiento del minimalismo jur&#237;dico-pol&#237;tico. Pensemos tambi&#233;n en la importante obra de Jean-Claude Milner , &lt;i&gt;Les penchants criminels de l'Europe d&#233;mocratique&lt;/i&gt; (2003) y en la m&#225;s reciente &lt;i&gt;Consid&#233;rations sur la France, Conversation avec Philippe Petit&lt;/i&gt; (2017). El pensamiento pol&#237;tico de Milner se rige, en efecto, por el imperativo de limitar los poderes de la &#034;sociedad&#034;. Tambi&#233;n destacamos la importancia del trabajo de Catherine Kintzler, que aborda esta cuesti&#243;n de manera directa, al concebir el laicismo como el l&#237;mite correcto de los poderes de la sociedad&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-12&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-12&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-12&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;12&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Este es el notable inter&#233;s de la obra de Trist&#225;n Garc&#237;a: demostrar, a pesar de la evidente simpat&#237;a que siente por el &#034;nosotros&#034;, las consecuencias de una pol&#237;tica del &#034;nosotros&#034; que se ha erigido en principio: &#034;No hay justicia ni verdad pol&#237;tica en el &#034;nosotros&#034;&#034; (p. 259); s&#243;lo hay, en el mejor de los casos, una &#034;paz&#034; precaria dedicada a &#034;un desgarro repentino, a una reacci&#243;n inesperada y poderosa&#034; (p. 258.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Vivre sans fonder. Politique et psychanalyse, derechef</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Vivre-sans-fonder-Politique-et-psychanalyse-derechef</link>
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		<dc:date>2020-01-17T20:26:08Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Daniel Liotta</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;R&#233;sum&#233;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous tentons ici d'esquisser les principes d'un lien politique affranchi des pr&#233;suppos&#233;s imaginaires et symboliques qui d&#233;finiraient la nature des sujets politiques. Autrement dit : d'un lien politique qui ne serait pas d&#233;termin&#233; par la &#171; soci&#233;t&#233; &#187; et les identifications imaginaires et symboliques qu'elle impose au lien politique. Une telle politique - que nous qualifions de minimaliste - doit &#234;tre indiff&#233;rente &#224; tous les ma&#238;tres mots sociaux : elle doit refuser de se fonder sur eux. D&#233;cider de penser ainsi la politique, c'est tirer les cons&#233;quences d'une le&#231;on de l'histoire : fonder le lien politique sur un Autre (Dieu, la race, le sexe, l'argent, etc.) d&#233;termine toujours &#224; justifier des in&#233;galit&#233;s, des exclusions, voire des mises &#224; mort au nom de cet Autre et de ses d'imp&#233;ratifs. Si nous refusons ainsi tout fondement politique, que reste-t-il ? D'une part, l'exercice de l'&#233;galit&#233; et de l'universalit&#233; des droits des sujets qui sont &#233;vid&#233;s de toute identification sociale &#8211; on doit les appeler des &#171; citoyens &#187;; d'autre part le courage d'assumer un lien politique sans la garantie d'un Autre qui fonderait ce lien. Ainsi le minimalisme juridico-politique affirme que la mise en rapports politiques des citoyens s'effectue dans un non-rapport social : le principe de la liaison politique est n&#233;cessairement la non-liaison sociale.&lt;br class='autobr' /&gt;
Or, concevoir un lien non inf&#233;od&#233; &#224; un signifiant ma&#238;tre, tenter de &#171; d&#233;compl&#233;ter &#187; l'Autre et de penser le rapport sous la forme d'un non-rapport, c'est s'instruire de Lacan. C'est donc de nouveau se confronter &#224; la question, si souvent travaill&#233;e, du lien entre politique et psychanalyse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Mots-Cl&#233;s:&lt;/strong&gt; politique | droit | psychanalyse | non-rapport&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Vivir-sin-fundar-Politica-y-psicoanalisis-una-vez-mas' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Versi&#243;n en espa&#241;ol&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Live-without-founding-Politics-and-psychoanalysis-again' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | Nro 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Professeur de philosophie en classes pr&#233;paratoires litt&#233;raires.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;A Jean-Louis Mattei&lt;/i&gt;&lt;br class='autobr' /&gt;
&#171; un seul d&#233;bat, toujours le m&#234;me, et qui, d&#251;t-il para&#238;tre dater, se reconna&#238;t pour &#234;tre le d&#233;bat des lumi&#232;res &#187;, Lacan, quatri&#232;me de couverture des &lt;i&gt;&#201;crits&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Reconnaissons l'int&#233;r&#234;t de la description sociale et politique que propose Tristan Garcia dans &lt;i&gt;Nous&lt;/i&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Paris, Le livre de poche, 2018.&#034; id=&#034;nh3-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Il s'emploie &#224; &#233;peler les diverses cat&#233;gories &#8211; les &#171; nous &#187; - qui pr&#233;tendent nous identifier : nous les &#171; hommes &#187;, les &#171; femmes &#187;, les &#171; blancs &#187;, les &#171; noirs &#187;, les &#171; Arabes &#187;, les &#171; Juifs &#187;, les &#171; migrants &#187;, les &#171; Fran&#231;ais &#187;, les &#171; riches &#187;, les &#171; pauvres &#187;, les &#171; homosexuels &#187;, les &#171; h&#233;t&#233;rosexuels &#187;. On pourra bien s&#251;r ajouter les &#171; transgenres&#187;, &#171; intersexes &#187;, etc. Entre ces communaut&#233;s on discerne des rapports de juxtaposition, de chevauchement, d'englobement, mais aussi de rivalit&#233;, d'exclusion, de domination, de hi&#233;rarchisation, des heurts et des occultations.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Assez ais&#233;ment, nous pouvons distinguer des classes imaginaires, suppos&#233;es figurer la r&#233;alit&#233; gr&#226;ce &#224; des repr&#233;sentations et pour cela disposer de propri&#233;t&#233;s distinctives internes ; elles d&#233;finissent leurs objets par les jeux de la ressemblance et de la dissemblance. Certes, on pense &#224; l'identification, voire &#224; la hi&#233;rarchisation, des &#171; hommes &#187; et des &#171; femmes &#187;, et des &#171; noirs &#187; et des &#171; blancs &#187;. Nous distinguons &#233;galement les classes symboliques, effets des pures distinctions signifiantes, d' &#171; &#233;carts diff&#233;rentiels &#187; produites gr&#226;ce &#224; la langue ; on pense alors aux &#171; Fran&#231;ais &#187; et aux &#171; Allemands &#187;, et aux &#171; Chr&#233;tiens &#187; et aux &#171; Juifs &#187;. Mais imaginaire et symbolique sont articul&#233;s ; les classes symboliques sont lest&#233;es de consistance imaginaire, et les repr&#233;sentations sont confront&#233;es aux distinctions symboliques : la dissemblance imaginaire entre les &#171; hommes &#187; et les &#171; femmes &#187;, entre les &#171; blancs &#187; et les &#171; noirs &#187; - identifi&#233;s par leurs propri&#233;t&#233;s immanentes - est nou&#233;e &#224; la logique signifiante en vertu de laquelle les signifiants &#171; homme &#187; et &#171; femme &#187;, &#171; blanc &#187; et &#171; noir &#187; n'acqui&#232;rent de valeur que par diff&#233;rence. Repr&#233;sentations et diff&#233;rences signifiantes ne cessent de s'entrecroiser.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Le minimal juridique : s'assembler sans se ressembler&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Effectuons maintenant une exp&#233;rience de pens&#233;e. D&#233;cidons d'abord d'une hypoth&#232;se de r&#233;duction. Employons-nous, non point &#224; supprimer &#8211; ce qui absurde &#8211; les mises en relation de l'imaginaire et du symbolique mais &#224; les mettre, par principe, entre parenth&#232;ses au profit de la seule mise en rapport de ces animaux parlants que sont les hommes et des atomes juridiques d&#233;finis par des droits et des devoirs. A l'articulation de l'imaginaire et du symbolique, nous posons donc des animaux parlants &#8211; repr&#233;sent&#233;s et identifi&#233;s par des propri&#233;t&#233;s qui &#224; la fois les homog&#233;n&#233;isent et les distinguent les uns des autres &#8211; et des atomes d&#233;finis par un ensemble de droits et de devoirs juridiques, particules telles que l'existence de chacune na&#238;t de sa diff&#233;rence avec les autres puisque les droits de chacune n'ont de sens et d'existence juridique effective qu'en relation avec les devoirs des autres&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Nous disons : d'existence et sens juridique. Je peux certes entendre le sens (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Pr&#233;cis&#233;ment, chaque homme (chaque animal parlant) doit &#234;tre superposable &#224; un atome juridique&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Et non point l'inverse, puisqu'il existe des personnes juridiques &#171; morales (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Consid&#233;r&#233;s &#224; ce niveau d'abstraction, ces sujets sont ainsi &#233;vid&#233;s des particularismes imaginaires et symboliques, et identifi&#233;s seulement gr&#226;ce &#224; des droits et des devoirs juridiques. Enfin, supposons ces sujets li&#233;s de telle sorte qu'ils instituent les lois qui r&#233;gissent leurs mises en rapport. Que peut-on en d&#233;duire ?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous pouvons avancer une &lt;i&gt;premi&#232;re proposition&lt;/i&gt;. Nul privil&#232;ge juridique ne peut &#234;tre institu&#233;. En effet, puisque tous les privil&#232;ges juridiques sont fond&#233;s sur des pr&#233;tentions particuli&#232;res, historiques et culturelles, c'est-&#224;-dire sur des identifications imaginaires et sur des diff&#233;rences symboliques (la race sup&#233;rieure, l'amour et le culte du vrai Dieu, les pouvoirs du sang et du cens, les droits des m&#226;les ou des blancs, etc.), ils sont, gr&#226;ce &#224; l'hypoth&#232;se de r&#233;duction, &#233;limin&#233;s. Que reste-il alors conform&#233;ment &#224; cette r&#233;duction ? Des droits et les devoirs universels, c'est-&#224;-dire des droits et des devoirs qui doivent &#234;tre r&#233;gl&#233;s par un minimalisme juridico-politique dont le principe est l'universel: que les droits de chacun soient ceux de tous, et que les droits de chacun soient limit&#233;s par la possibilit&#233; de tous d'exercer ces m&#234;mes droits. Nous parlons d'un minimalisme, pour deux raisons li&#233;es. D'une part, le jeu complexe des privil&#232;ges et des in&#233;galit&#233;s est supprim&#233; au profit de la simplicit&#233; de l'universalit&#233; des droits &#8211; une simplicit&#233; qui ne signifie pas absence de probl&#232;me mais au contraire la r&#233;it&#233;ration, face &#224; chaque difficult&#233; politique, de la question de l'&#233;galit&#233; juridique. D'autre part le juridico-politique, r&#233;gl&#233; par cette simplicit&#233;, impose l'universel mais ne d&#233;termine pas la nature de tous les droits qui doivent &#234;tre universalis&#233;s ; ce qui signifie, soulignons-le, qu'il ne d&#233;termine pas les syst&#232;mes juridiques qui structurent les activit&#233;s &#233;conomiques. Une n&#233;cessit&#233;, cependant : que, parmi tous les droits, figure celui de participer &#224; l'institution des lois. En effet, si ce droit est r&#233;serv&#233; &#224; certains, nous renouons alors avec le syst&#232;me complexe des privil&#232;ges. C'est pourquoi tous les sujets ont la possibilit&#233; d'&#233;noncer leurs droits et leurs devoirs. Le droit, alors, est plus que la r&#233;partition des jouissances, selon la formulation de Lacan, il peut &#234;tre l'exercice assum&#233; du d&#233;sir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Chaque sujet dispose donc de droits limit&#233;s par les droits identiques dont disposent les autres. &#171; Chaque &#187; d&#233;signe donc ici &#224; la fois le quelconque et tous - si bien que la r&#233;f&#233;rence au quelconque ne rel&#232;ve pas de la facilit&#233; politique ; elle signifie l'alliance de l'universel et du singulier, et la possibilit&#233; de d&#233;ployer celui-ci dans les limites du respect de celui-l&#224;. Si nous appelons ces droits des &#171; libert&#233;s &#187;, il est donc exig&#233; une &#233;galit&#233; des libert&#233;s, qui reconna&#238;t la l&#233;gitimit&#233; du singulier et de l'universel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Affirmer l'&#233;galit&#233; et les libert&#233;s, c'est l&#224; une banalit&#233;. Mais que recouvre cette banalit&#233; ? Le minimal juridique se r&#233;f&#232;re aux sujets &#233;vid&#233;s ; il reconna&#238;t leur existence et il doit les nommer afin de pouvoir les singulariser. Mais il ne dit mot, d'une part, de l'exercice singulier de leurs droits et, d'autre part, de leurs particularismes puisque ceux-ci, disions-nous, sont mis entre parenth&#232;ses. Le minimal consid&#232;re ainsi les sujets pr&#233;sents &#224; titres d'atomes juridiques propri&#233;taires de leur corps, et il les consid&#232;re absents en tant qu'il demeure sourd &#224; l'exercice de cette propri&#233;t&#233; et qu'il suspend leurs identifications et leurs diff&#233;renciations.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ceci suppose que le juridico-politique, lieu du minimal, et la &#171; soci&#233;t&#233; &#187;, qui est le lieu de ces identifications et de ces diff&#233;rences, sont diff&#233;renci&#233;s. Gr&#226;ce au jeu de la pr&#233;sence/absence, le minimal se borne &#224; rendre compossibles les libert&#233;s des sujets. Il maintient hors de son discours leurs fa&#231;ons de d&#233;sirer et leurs modes de jouir, donc leurs fa&#231;ons d'exercer leurs libert&#233;s. Ceci ne signifie nullement que les ensembles constitu&#233;s par les liaisons imaginaires et symboliques &#8211; appelons-les des &#171; groupes &#187; ou des &#171; communaut&#233;s &#187; et appelons leurs justifications des &#171; ma&#238;tres-mots &#187; &#8211; soient interdits. Ils sont mis entre parenth&#232;ses dans la mesure o&#249; ils ne fondent pas le lien politique et juridique. Au regard de ce lien, ils ne sont ni fondamentaux ni interdits ; ils sont donc indiff&#233;rents. C'est pourquoi ils sont permis tant qu'ils ne transgressent pas les principes du minimal. De la sorte, il faut refuser les ressemblances imaginaires et les rep&#232;res symboliques comme principes politiques afin que les sujets puissent librement affirmer telle identit&#233; ou tel rep&#233;rage &#8211; nous les femmes, les hommes, les homo-, ou h&#233;t&#233;ro- ou les trans- sexuels, nous les Corses, ou nous les gilets jaunes &#8211; ou bien qu'ils puissent refuser de r&#233;gler sur eux leur existence. Qu'ils s'enlacent dans tes rassemblements ou qu'ils les r&#233;cusent, qu'ils tiennent pour l&#233;gitimes tels rep&#232;res ou les rejettent, les sujets sont unis politico-juridiquement en tant qu'ils sont disjoints de toute obligation &#8211; si ce n'est le minimal qui rend possible le d&#233;ploiement du singulier dans le respect de l'universel ; ils sont donc joints en tant qu'ils sont disjoints. Nulle ressemblance, nul rep&#232;re, sinon le minimal, ne les unit politiquement. Ce qui rapproche les sujets est ainsi ce qui les &#233;loigne les uns des autres et ce qui les singularise : l'exercice de leurs libert&#233;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cette articulation du singulier et de l'universel nous impose de la sorte de ne pas penser l'universel sous la forme de l'homog&#232;ne et donc de la s&#233;gr&#233;gation, puisque le m&#234;me &#8211; les m&#234;mes droits &#8211; s'accomplit dans le diff&#233;rent &#8211; de l'exercice des droits. Les sujets constituent ainsi une classe qui s'affirme sur un mode paradoxal, une classe que nous pourrions nommer gr&#226;ce &#224; Lacan, et en extrayant le formule de son contexte, un ensemble d' &#171; &#233;pars d&#233;sassortis &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Autres &#233;crits (abr&#233;g&#233; AE), Paris, Seuil, 2001, &#171; Pr&#233;face &#224; l'&#233;dition (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, un ensemble qui unit des sujets par le seul lien de l'exercice singulier de leurs droits identiques. Jadis Jean-Claude Milner, &#224; la suite de Lacan, en avait propos&#233; le principe : &#171; l'instance m&#234;me qui les fait se ressembler et se confondre est ce qui les disjoint ; cela m&#234;me qui les disjoint est ce qui les fait se rapporter les uns aux autres, sans pourtant ni se ressembler, ni se lier &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Les noms indistincts, Paris, Seuil, 1983, p. 118.&#034; id=&#034;nh3-5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Catherine Kintzler &#233;nonce excellemment le paradoxe de cette mise en relation : &#171; le principe de la suspension du lien social appara&#238;t constitutif du lien politique &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Qu'est-ce que la la&#239;cit&#233; ?, Paris, Vrin, 2007, p. 32. Notre article n'aurait (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De tels sujets politiques produits par ce lien, on peut dire qu'ils sont des &#171; citoyens &#187;, mais &#224; condition de faire r&#233;sonner ce que ce terme peut avoir d'&#233;trange et d'inqui&#233;tant : la nomination d'une singularit&#233; politico-juridique d&#233;finie par les droits universels qu'elle contribue &#224; produire, d&#233;li&#233;e des ressemblances imaginaires et des distinctions symboliques, sans identifications ni rep&#232;res sociaux, donc hors communaut&#233;, mais non sans puissance d'agir dans les limites de l'universel. Un sujet qui exp&#233;rimente non un isolement, qui ne peut s'entendre que lorsque les rassemblements ch&#233;ris font d&#233;faut, mais une solitude dans l'universel &#8211; puisque les droits et les devoirs juridiques de chacun sont ceux de tous, et que tous ne peuvent commander l'usage que chacun fait de ses libert&#233;s &#8211; et une solitude qui confronte chaque citoyens &#224; des alt&#233;rit&#233;s toujours pluralis&#233;es puisque chacun peut faire un usage singulier de son corps et de sa parole&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;A ce niveau de g&#233;n&#233;ralit&#233; ne posons pas la question de l'&#233;chelle (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Le groupe et l'&#233;preuve politique&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mais rien n'est acquis. Des libert&#233;s sans nulle propri&#233;t&#233; pr&#233;alable qui les pr&#233;c&#232;de et pr&#233;tend les fonder, un lien qui s'&#233;prouve dans la disjonction, un rassemblement sans ressemblance et, disions-nous, une identit&#233; sans identification &#8211; il est bien douteux que tous les sujets y consentent. Bref, ils douteux que les sujets consentent sans r&#233;sistance et sans douleur &#224; se faire politiquement &#171; citoyens &#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De la, sans doute, l'existence des &#171; groupes &#187; et &#171; communaut&#233;s &#187; et la n&#233;cessit&#233; de se rassembler en croyant se ressembler et en s'identifiant &#224; un ma&#238;tre-mot. C'est sans doute ce qui d&#233;termine Lacan &#224; affirmer : &#171; c'est s&#251;r que les &#234;tres humains s'identifient &#224; un groupe. Quand ils ne s'identifient pas &#224; un groupe, ils sont foutus, ils sont &#224; enfermer. &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;RSI, S&#233;minaire 1974-1975, Editions de l'Association Freudienne (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Mais, m&#233;ditons la formule : &#171; Je mesure l'effet de groupe &#224; ce qu'il rajoute d'obsc&#233;nit&#233; imaginaire &#224; l'effet de discours &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Lacan, AE., op. cit.,&#171; L'&#233;tourdit &#187;, p. 474.&#034; id=&#034;nh3-9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Nous l'interpr&#233;tons ainsi : l'effet de discours est n&#233;cessairement un effet de jouissance, le symbolique est n&#233;cessairement grev&#233;, frapp&#233; et infiltr&#233; de jouissance. C'est que le corps, le corps parlant vivant, est soumis &#224; une jouissance. Il n'est donc pas seulement saisi par l'imaginaire, c'est-&#224;-dire soumis aux ressemblances sp&#233;culaires ; il n'est donc pas seulement parl&#233; et soumis au pouvoir symbolique. Par cette soumission il est corps de jouissance ; il jouit de lui-m&#234;me, en sa singularit&#233; pourrait-on dire. Or, &#224; cet in&#233;vitable effet de discours, voici que le &#171; groupe &#187; ajoute l'exhibition de la jouissance de se ressembler. L'obsc&#233;nit&#233; imaginaire condamne ainsi le groupe &#224; repr&#233;senter et cultiver une telle jouissance.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Les psychanalystes constituent au contraire des &#171; &#233;pars d&#233;sassortis &#187;. En effet Lacan avait pr&#233;cis&#233; dans &lt;i&gt;L'&#233;tourdit&lt;/i&gt; qu'&#171; il est impossible que les psychanalystes forment un groupe &#187;, et ajoutait : &#171; La remarque pr&#233;sente de l'impossibilit&#233; du groupe analytique est aussi bien ce qui en fonde, comme toujours, le r&#233;el. Ce r&#233;el, c'est cette obsc&#233;nit&#233; m&#234;me : aussi bien en &#171; vit-il &#187; (entre guillemets) comme groupe &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-10&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid, p. 475.&#034; id=&#034;nh3-10&#034;&gt;10&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Les corps parlants qui constituent le groupe analytique sont ainsi anim&#233;s par un &#171; r&#233;el &#187; qu'il faut entendre, ici, par des &#233;v&#233;nements de jouissance : celle de se ressembler en se rassemblant. Mais &#224; l'impossible &#8211; se d&#233;faire du &#171; groupe &#187; et &#233;chapper &#224; son obsc&#233;nit&#233; - les psychanalystes sont tenus et s'ils se haussent ainsi &#224; cet impossible, ils peuvent proposer une le&#231;on politique. Lorsqu'ils ne s'y haussent pas, ce que l'exp&#233;rience parfois enseigne, renoncent-ils alors &#224; leur pr&#233;tendu d&#233;sir analytique ? N'&#233;tant pas analyste, nous ne pouvons r&#233;pondre. Retenons ce qui nous semble ici l'essentiel : &#171; le discours analytique (c'est mon frayage) est justement celui qui peut fonder un lien social nettoy&#233; d'aucune n&#233;cessit&#233; de groupe &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-11&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid, p. 474.&#034; id=&#034;nh3-11&#034;&gt;11&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Afin de fonder ce lien, les analystes trouvent en leur discours, celui de l'analyse, un &#171; rempart &#187; contre l'obsc&#233;nit&#233;. En effet, le d&#233;sir de l'analyste est d'occuper la place, n&#233;cessairement &#233;vid&#233;e, de l'objet singulier de jouissance ; de la sorte il doit, dans l'analyse, permettre d'entendre la v&#233;rit&#233; des &#234;tre parlants, nomm&#233;e la &#171; castration &#187;, selon laquelle le sujet et la jouissance se disjoignent. Autrement dit, la loi gr&#226;ce &#224; laquelle les &#234;tres parlants, en tant qu'ils sont parlants, se rassemblent dans le non-rapport, c'est-&#224;-dire en se disjoignant d'eux-m&#234;mes et des autres. Et de la sorte la &#171; position de l'analyste &#187; ne fait-elle pas &#171; rempart contre le groupe &#187; ? Ne fait-elle donc pas obstacle au leurre obsc&#232;ne qui fait consister et miroiter la jouissance vitale du groupe&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-12&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#171; y appelle, j'entends : &#224; ce rempart contre le groupe, la position de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-12&#034;&gt;12&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; ?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ce leurre a donc pour origine l'horreur du &#171; r&#233;el &#187; que nous pourrions caract&#233;riser, ici, comme l'horreur de la castration, l'horreur de se rapporter &#224; soi et &#224; l'autre dans le non-rapport, et donc l'horreur de la division subjective qui est le non-rapport &#224; soi et &#224; l'autre. Entendons : non point l'horreur de la dissemblance qui anime l'amoureux du groupe, une horreur banale qui fait imaginairement couple avec les plaisirs de la ressemblance, mais l'horreur du r&#233;el, l'horreur masqu&#233;e qui cause et qui soutient l'horreur du dissemblable. Ainsi le groupe est-il une protection contre le r&#233;el. La le&#231;on que l'on tirera de la psychanalyse ici est claire. Non pas qu'avant la psychanalyse la citoyennet&#233; et la pens&#233;e de la citoyennet&#233;, au sens o&#249; nous les entendons, eussent &#233;t&#233; inexistantes, mais parce que, gr&#226;ce &#224; la psychanalyste, nous pouvons &#233;clairer la n&#233;cessit&#233; et la difficult&#233; du minimal. Pr&#233;cisons cet enseignement.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ne pas boucher le trou dans la politique.&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le discours psychanalytique, souhaitait Lacan, &#171; peut fonder un lien social nettoy&#233; d'aucune n&#233;cessit&#233; de groupe &#187;. De la sorte il &#233;claire la d&#233;cision de ne pas &#171; fonder &#187; le lien politique et de le transformer en &#171; groupe &#187;, &#224; la condition d'entendre, ici, par &#171; fonder &#187; rassembler en se r&#233;clamant d'une ressemblance ; ainsi, dans &#171; une tentative grotesque &#187; on a pu songer &#224; &#171; fonder &#187; par la race &#171; un Reich dit troisi&#232;me &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-13&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid, p.462.&#034; id=&#034;nh3-13&#034;&gt;13&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Autrement le discours analytique &#233;claire la d&#233;cision d'&#233;vider les sujets politiques des d&#233;terminations imaginaires et symboliques qui fondent les ressemblances et les hi&#233;rarchies du groupe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pr&#233;cis&#233;ment fonder, c'est inventer un ma&#238;tre-mot qui justifie le lien, donnant ainsi l'illusion que l'on peut supprimer l'incompl&#233;tude du symbolique et repr&#233;senter et ma&#238;triser le r&#233;el du non-rapport. Cette incompl&#233;tude signifie non seulement qu'il ne peut exister de garantie ultime de la v&#233;rit&#233; du discours, puisque toute garantie est conditionn&#233;e par l'exercice du discours, mais que la v&#233;rit&#233; de la castration n'est pas ma&#238;trisable. Or pr&#233;tendre annuler cette incompl&#233;tude, c'est accorder un certain statut &#224; l'Autre, lieu de la parole et des r&#232;gles qui structurent les rapports entre sujets. Ainsi le discours politique du ma&#238;tre-mot :&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; pr&#233;tend se d&#233;ployer au nom d'un Autre &#8211; Dieu, la Race, le Sexe ou la Sang &#8211; auquel il accorde une pl&#233;nitude, c'est-&#224;-dire dote d'une v&#233;rit&#233; absolue, et situe de la sorte en position de ma&#238;tre (d'&#171; idole &#187; dirait Nietzsche) ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; pr&#233;tend conna&#238;tre cet Autre, le conna&#238;tre sans manque, dans son int&#233;grit&#233; ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; et, en son nom, fonde en v&#233;rit&#233; les ressemblances et les dissemblances, les privil&#232;ges et les subordinations, qui structurent le groupe &#8211; et ainsi fait supporter par le dissemblable, dans tous les sens du verbe, l'horreur du non-rapport.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Mettre en mouvement les bouches d'ombres, les entendre, y recueillir les principes qui dessinent les conditions des pouvoirs, des in&#233;galit&#233;s et des dissemblances, ainsi travaillent dans le champ politique ces discours de l'Autre et ainsi sont fond&#233;es les &#171; valeurs &#187; politiques d'homog&#233;n&#233;it&#233; morale, sociale ou religieuse. On r&#233;p&#232;te que l'histoire ne livre aucune le&#231;on, ou que la seule le&#231;on de l'histoire est de ne proposer aucune le&#231;on. Pourtant s'impose une le&#231;on. Rassembler dans une suppos&#233;e ressemblance, c'est se mettre en position de faire jouir cet Autre obsc&#232;ne et cruel qui exige l'abaissement voire le sacrifice des dissemblables, au prix souvent de la mise &#224; mort (martyre ou conscription) des semblables. C'est pr&#233;tendre &#233;galement faire jouir son ou ses repr&#233;sentants : faire jouir Dieu et ses fid&#232;les les plus d&#233;vou&#233;s, ou la Race et Hitler. Tel est l'effet lorsqu'est refoul&#233; le r&#233;el politique du &#171; non rapport &#187; et lorsque le groupe fait supporter au dissemblable l'horreur du non-rapport. Et certes les diff&#233;rences de degr&#233;s existent, qui importent beaucoup. Nous savons ce que le sort banal r&#233;serve : l'in&#233;galit&#233;, afin d'imposer la place qui convient &#224; ceux tenus pour inf&#233;rieurs par l'Autre, ceux qui ne peuvent payer le cens, ceux qui ne sont pas du sexe l&#233;gitime, ou pas du bon sang ou du bon terroir, ceux qui n'honorent pas le Dieu qui convient ou protestent contre le culte qui lui est rendu. Ou pire, peut-&#234;tre : ceux qui n'honorent aucun Dieu ou qui renient leur foi. Nous savons qu'existent des mesures plus lourdes : l'enfermement ou l'exclusion. Et nous savons enfin ce qui advient aux corps parlants au point le plus extr&#234;me de l'abaissement: l'extermination.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Au contraire, r&#233;cuser les ma&#238;tre-mots c'est refuser la pr&#233;tention de supprimer l'incompl&#233;tude de l'Autre. C'est refuser &#171; de s'occuper de boucher le trou dans la politique &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-14&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ibid, &#171; Introduction &#224; l'&#233;dition allemande des &#201;crits &#187;, p. 555.&#034; id=&#034;nh3-14&#034;&gt;14&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, travail que Lacan pr&#234;te &#224; Heidegger. C'est pourquoi &#224; l'or&#233;e de notre &#233;tude nous disions que la r&#233;duction de l'imaginaire et du symbolique aux animaux parlants et &#224; leurs droits &#233;tait une d&#233;cision : celle de ne pas travailler &#224; &#171; boucher le trou dans la politique &#187;, ou plut&#244;t : de travailler &#224; ne pas le boucher. A la jouissance du fondement, et donc de la ressemblance, il faut pr&#233;f&#233;rer le d&#233;sir des libert&#233;s, sourd aux ma&#238;tre-mots. On peut certes r&#233;pliquer que le minimal constitue un tel fondement. L'&#233;quivocit&#233; du &#171; fondement &#187; ne cesse de jouer, mais ne doit pas emp&#234;cher de distinguer un discours ma&#238;tre &#8211; qui invente les ressemblances et les dissemblances &#8211; et le principe qui disjoint les animaux parlants en les rassemblant. Ne pas distinguer, c'est s'interdire de diff&#233;rencier d'une part l'in&#233;galit&#233; et l'&#233;galit&#233; fond&#233;es par les groupes et, d'autre part, l'&#233;galit&#233; produite par le minimal juridique. C'est s'interdire de diff&#233;rencier l'uniformit&#233; que les imp&#233;ratifs de ressemblance font r&#233;gner dans les groupes, et l'universalit&#233; qui permet &#224; chacun de se singulariser dans les limites de l'universel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La premi&#232;re proposition &#8211; situer en position d'agents politiques des sujets ainsi &#233;vid&#233;s &#8211; peut &#234;tre rapidement prolong&#233;e par d'autres propositions. Par une &lt;i&gt;deuxi&#232;me proposition&lt;/i&gt;, d'abord : les sujets politiques n'ont pas de fondement, mais ils poss&#232;dent une v&#233;rit&#233;. Ou plut&#244;t, ils sont poss&#233;d&#233;s par elle lorsque l'&#233;galit&#233; des libert&#233;s est transgress&#233;e, et qu'ainsi surgissent l'in&#233;galit&#233;, l'exclusion ou l'extermination. Cette v&#233;rit&#233; peut s'&#233;noncer dans l'effroi, la terreur ou la piti&#233;, dans l'exp&#233;rience de l'intol&#233;rable ou dans la s&#233;cheresse et la froideur d'une critique.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La v&#233;rit&#233; consiste &#224; entendre le r&#233;el du non-rapport. La v&#233;rit&#233; est toujours ce qui fracture et ce qui fracasse les savoirs suppos&#233;s des ressemblances et des dissemblances. Elle exige donc de lutter autant que cela est mat&#233;riellement possible contre la jouissance politique d'un fondement. De la m&#234;me mani&#232;re que &#171; citoyen &#187; peut convenir pour signifier le sujet politiquement &#233;vid&#233;, &lt;i&gt;Res-publica&lt;/i&gt; n'est pas n&#233;cessairement un signifiant inappropri&#233; pour manifester cette exigence, bien qu'il soit d&#233;voy&#233; et traine dans les caniveaux. A une condition toutefois : faire r&#233;sonner le vide de cette Chose &#8211; &lt;i&gt;res&lt;/i&gt; &#8211; sans vouloir l'apaiser, sans vouloir la r&#233;duire par les jeux de l'imaginaire et du symbolique ; bref lui conserver le statut de trou que les citoyens doivent travailler &#224; ne pas boucher. On conna&#238;t une fois encore les jeux de l'homonymie, lorsque un parti politique de droite (mais la gauche n'est pas en reste) use pr&#233;cis&#233;ment du mot pour combler le trou ; la r&#233;f&#233;rence aux &#171; valeurs de la R&#233;publique &#187;, au &#171; rassemblement &#187;, au &#171; bon fran&#231;ais &#187; oppos&#233; &#224; tous ceux qui sont &#171; dangereux &#187;, toute cette rh&#233;torique n'a pas d'autre utilit&#233;. On rappellera seulement que l'on pouvait mourir non seulement au XIX&#232;me si&#232;cle mais au XX&#232;me si&#232;cle, en France et ailleurs, pour faire r&#233;sonner le mot. Ainsi la v&#233;rit&#233; enveloppe un imp&#233;ratif: ne pas s'assurer d'un fondement et destituer tout discours qui pr&#233;tend r&#233;duire le vide de la Chose.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;C'est pourquoi &#8211; &lt;i&gt;troisi&#232;me proposition&lt;/i&gt; &#8211; il faut certes soumettre au travail de la critique les ma&#238;tres-mots mais, &lt;i&gt;quatri&#232;me proposition&lt;/i&gt;, la r&#233;sistance aux ma&#238;tres-mots justifie plus que le travail de destruction. Elle exige que les critiques produisent non point des savoirs oppos&#233;s &#224; la v&#233;rit&#233; (ceux de la fondation et de la ressemblance politiques) mais des savoirs qui appellent cette v&#233;rit&#233; et peuvent s'y articuler, autrement dit les savoirs gr&#226;ce auxquels l'universalit&#233; est exerc&#233;e et probl&#233;matis&#233;e et le leurre du fondement politique &#233;clair&#233;, et aussi les savoirs gr&#226;ce auxquels les particularismes symboliques et imaginaires sont intellectuellement domin&#233;s. Le minimal doit offrir, gr&#226;ce &#224; l'instruction, la possibilit&#233; d'exercer savamment ses droits et de s'orienter intellectuellement parmi les maitres-mots. L'instruction doit permettre aux sujets de s'&#233;lever aux raisons qui interdisent de faire parler la diff&#233;rence sexuelle, l'h&#233;r&#233;dit&#233; et les in&#233;galit&#233;s &#233;conomiques de telle sorte qu'elles fondent un lien politique. Limiter les prestiges de l&#8216;imaginaire sexuel, h&#233;r&#233;ditaire ou &#233;conomique, restreindre leurs pouvoirs symboliques, c'est &#339;uvrer &#224; d&#233;compl&#233;ter l'Autre (du Sexe, de la Race ou de la Richesse), c'est-&#224;-dire l'&#233;vider de toute substance unificatrice.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Or, afin que cette exigence soit &#233;rig&#233;e en principe, il faut que la production et la transmission de ces savoirs soient institutionnalis&#233;es. En effet, selon le minimal et son principe d'universalit&#233;, nul ne poss&#232;de plus de droit que les autres &#224; m&#233;diter, produire et appliquer les droits et les devoirs, et chacun doit apprendre &#224; les exercer. Il convient donc que tous les sujets politiques soient mis en situation de s'approprier les savoirs des citoyens. Nous reconnaissons l&#224; la fonction de l'&#233;cole. Elle doit donc s'imposer, dans un m&#234;me geste, comme une limite de la soci&#233;t&#233; &#8211; puisque ne doivent pas y r&#233;gner les groupes et leurs ressemblances &#8211; et un instrument de critique des ma&#238;tres-mots politiques. Ne disons pas que l'&#233;cole fonde le lien politique, ce qui impliquerait que la production des droits soit suspendue &#224; une ma&#238;trise des savoirs. Le savoir n'est pas en position fondatrice, et la politique r&#233;publicaine n'est pas la cit&#233; platonicienne. L'&#233;cole permet d'&#233;clairer la production et l'exercice des libert&#233;s, elle ne les soumet pas juridiquement &#224; son autorit&#233;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;D&#233;compl&#233;ter le politique, d&#233;compl&#233;ter l'Autre&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Situer les sujets d&#233;li&#233;s des assurances imaginaires et symbolique en place d'agents politiques, situer l'&#233;videment de la Chose en place de v&#233;rit&#233;, situer les ma&#238;tres-mots en place de ce qui doit &#234;tre travaill&#233; et les savoir rationnels en place de la production, tels sont les principes du minimal. Il nous semble que sa d&#233;termination doive autant &#224; un &#233;clairage possible de la psychanalyse qu'&#224; la r&#233;f&#233;rence &#224; la philosophie politique de Catherine Kintzler. Travailler, comme elle s'y emploie, le concept de &#171; la&#239;cit&#233; &#187;, n'est pas seulement expliciter un concept politique r&#233;gional mais d&#233;finir avec rigueur le lien politique l&#233;gitime. Mais, pr&#233;cis&#233;ment, Kintzler s'instruit non seulement de Condorcet mais de Lacan et de Milner. Si bien qu'il revient au m&#234;me de dire qu'une lecture de Lacan et de Milner permet de penser ce lien et que celui-ci peut &#234;tre pens&#233; gr&#226;ce &#224; un certain &#171; retour &#224; Condorcet &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-15&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Le livre de Catherine Kintzler, Condorcet, l'instruction publique et la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-15&#034;&gt;15&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous savons bien que la production des lois &#233;chappe tr&#232;s souvent, de fait, aux citoyens. Nous savons &#233;galement, par le sociologue et l'historien, que l'exercice des libert&#233;s, qui disjoint et conjoint les sujets, est conditionn&#233; socialement par l'&#233;tat des m&#339;urs et de la &#171; culture &#187;. Et &#224; quoi bon ces droits, puisque nous savons que leur exercice nous condamne &#224; subir les d&#233;terminismes et les &#171; conditionnements &#187; sociaux ? Le minimalisme juridico-politique n'ignore nullement ces lourdes difficult&#233;s mais &lt;i&gt;politique&lt;/i&gt; se dit en plusieurs sens. Appelons &lt;i&gt;le politique&lt;/i&gt; l'existence des rapports de pouvoir au sein d'une culture. Il est tr&#232;s digne, mieux : il est indispensable d'agir sur le politique, c'est-&#224;-dire d'explorer et d'infl&#233;chir les rapports de force, d'&#233;tudier leur histoire, d'analyser leur &#233;conomie pr&#233;sente, d'expliciter les liens qu'ils entretiennent avec les savoirs, et de faire jaillir les contingences des pouvoirs l&#224; o&#249; on se satisfaisait des illusions de n&#233;cessit&#233;. Il est indispensable de mettre en &#233;vidence la contingence des d&#233;sirs, des jouissances et des mani&#232;res culturelles de faire, et de modifier ainsi les modes d'existence politiques. Et certes des revendications des communaut&#233;s, lorsqu'elles &#171; probl&#233;matisent &#187; de la sorte les lois et les m&#339;urs, peuvent parfaitement instruire des figures erron&#233;es de l'universel ; le l&#233;gitime combat qui refuse de restreindre l'universalit&#233; du mariage au lien h&#233;t&#233;rosexuel constitue &#224; cet &#233;gard un v&#233;ritable cas d'&#233;cole. Les communaut&#233;s, d&#232;s lors, ne r&#233;duisent pas leurs revendications &#224; leur particularisme communautaire. C'est pourquoi une le&#231;on de Foucault importe, parmi d'autres : c'est seulement en un premier moment, chronologique et tactique, que les mouvements de &#171; lib&#233;ration &#187; de l'homosexualit&#233; doivent se r&#233;clamer d'une identit&#233; homosexuelle et d'une ressemblance entre homosexuels. Il convient que ceux-ci se lib&#232;rent du ma&#238;tre-mot qu'est le &#171; sexe &#187; et qu'ils travaillent, non point &#224; instituer leur ressemblance en principe politique, mais &#224; inventer chacun leurs singularit&#233;s de plaisir et de d&#233;sir&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-16&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Voir notamment, dans le sillage de La volont&#233; de savoir, &#171; Non au sexe roi (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-16&#034;&gt;16&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cependant le minimalisme d&#233;finit un autre mode de lutte que la transformation du politique, bien qu'il ne s'oppose pas &#224; cette lutte. Il s'affirme comme une politique limit&#233;e car il est une politique de la limite juridique. Il ne pr&#233;tend pas imposer la justice dans les jeux ind&#233;finis des pouvoirs et des communaut&#233;s. Il travaille &#224; limiter ces pouvoirs de telle sorte qu'ils ne r&#233;gentent pas les lois et la pens&#233;e. Il faut dire &#224; son &#233;gard ce que Deleuze et Guattari disent des droits de l'homme, qui sonne comme un tr&#232;s lourd reproche : ils &#171; ne disent rien sur les modes d'existence immanents de l'homme pourvu de droit &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-17&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Qu'est-ce que la philosophie ?, Paris, Les &#233;ditions de Minuit, 1991, p. 103.&#034; id=&#034;nh3-17&#034;&gt;17&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Pr&#233;cis&#233;ment le minimal juridico-politique ne dit rien de ces modes d'existence, mais il s'emploie &#224; les lib&#233;rer de la domination des groupes ; il s'emploie ainsi &#224; donner &#224; chacun la possibilit&#233; juridique et intellectuelle d'inventer un devenir qui ne soit pas r&#233;duit &#224; un avenir communautaire. Il rend juridiquement possibles de telles &#171; subjectivations &#187;. Parce qu'il d&#233;ploie une politique de la singularit&#233; subjective, il prescrit les conditions universelles du respect de cette singularit&#233; et il ne d&#233;termine pas celle-ci &#8211; ce qui serait la nier. Le minimal, disions-nous en d&#233;but de travail, s'oppose &#224; la complexit&#233; des privil&#232;ges et ne d&#233;termine pas la multiplicit&#233; des droits et devoirs. De plus, il refuse le projet d'une politique totale et ne d&#233;termine pas &#171; les modes d&#8216;existence &#187; culturels. Il reconna&#238;t ainsi, dans le champ du politique, l'incompl&#233;tude de l'Autre qu'il r&#233;duit &#224; son statut minimal et n&#233;cessaire, r&#233;gler les rapports juridiques entre citoyens&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-18&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Nous pourrions montrer, mais ce serait l&#224; un autre travail, que la &#171; (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-18&#034;&gt;18&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;L'exp&#233;rience historique enseigne que la religion pr&#233;tend fr&#233;quemment occuper la place du ma&#238;tre-mot, toutefois le lien du minimal avec la religion n'est pas r&#233;ductible &#224; une s&#233;quence historique. Ce lien constitue plut&#244;t la pointe la plus aiguis&#233;e du minimal et le cristal dans lequel il manifeste ses enjeux le plus profonds. Quel est ce lien ? Pr&#233;cis&#233;ment, le minimalisme juridico-politique ne s'oppose pas &#224; la religion, mais au cl&#233;ricalisme, qui &#233;rige la religion en fondement du lien politique. Certes l'Autre divin n'est pas affirm&#233;, mais il n'est pas ni&#233; (la la&#239;cit&#233; n'est pas un ath&#233;isme) ; il est politiquement d&#233;compl&#233;t&#233; car le minimal affirme cette exigence : que l'Autre cesse d'&#234;tre ce que les sujets font parler afin de garantir qu'ils se ressemblent lorsqu'ils se rassemblent politiquement. Telle est la le&#231;on du rapport entretenu par le minimal &#224; l'&#233;gard de la religion : pourquoi donc d&#233;compl&#233;ter le politique, si ce n'est pour d&#233;compl&#233;ter l'Autre ? Et &#8211; telle est aussi la le&#231;on possible de la psychanalyse - pourquoi d&#233;compl&#233;ter l'Autre, si ce n'est pour laisser au sujet la chance d'inventer une singularit&#233; en brisant les identifications et les certitudes symboliques ?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Apologue : la ruine sociale du minimalisme juridico-politique&lt;/strong&gt;?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Que le minimal juridico-politique soit interdit, r&#233;prim&#233; ou d&#233;truit par des processus &#233;conomiques, politiques ou culturels, nul ne peut l'ignorer. Nous savons les difficult&#233;s &#8211; mais peut-&#234;tre faut-il dire l'impossibilit&#233; &#8211; du minimal &#224; s'inscrire dans l'histoire ; les groupes et leur complaisante jouissance y r&#232;gnent Nous ne pouvons pas non plus ignorer que le minimal est pr&#233;sentement attaqu&#233; l&#224; m&#234;me ou il avait parfois &#233;t&#233; pr&#233;tendument &#233;rig&#233; en principe, c'est-&#224;-dire en France. Son histoire le manifeste tr&#232;s ais&#233;ment.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous rep&#233;rions l'&#233;preuve politique qui confronte les citoyens au &#171; trou &#187; politique. Cette premi&#232;re &#233;preuve se double d'une seconde, qui noue la politique aux difficult&#233;s de vivre de chacun. En effet, le citoyen peut faire tout ce qui n'est pas interdit par le respect de droits de tous. Ainsi exerce-t-il ses libert&#233;s. Or, lorsqu'il rencontre la libert&#233; singuli&#232;re de l'autre, cet exercice se d&#233;ploie fr&#233;quemment sous la forme du consentement. Celui-ci s'&#233;nonce et il est un performatif : le dire, c'est le constituer et le &#171; donner &#187;. N&#233;anmoins le droit ignore la division subjective qu'exp&#233;rimente le performatif. &#202;tre propri&#233;taire de son corps, c'est en disposer ; c'est en user et en jouir &#8211; en portant par exemple, un enfant pour autrui ou en consentant &#224; tel mode de relation sexuelle. Mais la jouissance est fort peu ma&#238;trisable, elle d&#233;range, elle d&#233;fait la subjectivit&#233; et peut, parfois, la d&#233;truire. La loi pallie parfois l'ignorance de la division subjective en invoquant, selon les cas, l'&#226;ge, la situation sociale ou l'&#233;tat psychique du sujet qui consent. Elle pr&#233;tend ainsi travailler &#224; contenir les d&#233;rangements de jouissance. Reste que les libert&#233;s du citoyen confrontent, par principe, les d&#233;sirs et les jouissances singuli&#232;res &#224; leur possibilit&#233; juridiques d'effectuation, et cela m&#234;me lorsque les jouissances d&#233;truisent. A l'inverse sans doute des &#171; soci&#233;t&#233;s traditionnelles &#187; qui les soumettaient &#224; leur &#171; fondement &#187; et leurs interdits culturels. Alors d&#233;sormais le l&#233;gislateur pr&#233;tend inventer de nouveaux maitres-mots que doivent respecter les libert&#233;s, et pr&#233;tendent cependant contenir les jouissances lorsqu'elles sont trop transgressives des normes sociales &#8211; ainsi la &#171; dignit&#233; &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-19&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Voir le r&#233;cent livre de Muriel Fabre-Magnan, L'institution de la libert&#233;, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-19&#034;&gt;19&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Suspendues entre les deux exigences, les libert&#233;s sont donc parfois fragiles, risqu&#233;es pour le sujet qui les exerce et suspectes aux yeux des politiques qui veulent &#233;viter ces risques.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous parlons de normes sociales. En effet, un ma&#238;tre-mot s'impose, qui ne cessa de monter en puissance depuis le XIX&#232;me si&#232;cle, qui peut ais&#233;ment s'allier &#224; l'argent, qui avait fr&#233;quemment doubl&#233; les politiques raciales et sexistes et r&#232;gne d&#233;sormais seul, s'opposant aux ma&#238;tres-mots religieux : la &#171; soci&#233;t&#233; &#187;, qui reconna&#238;t fr&#233;quemment &#224; la &#171; dignit&#233; &#187; la valeur d'un imp&#233;ratif juridique. Le ma&#238;tre-mot &#171; soci&#233;t&#233; &#187; n'est pas fond&#233;, comme les ma&#238;tres-mots pr&#233;c&#233;dents, sur la parole d'un Autre cens&#233; justifier de l'ext&#233;rieur le lien politique, R&#233;v&#233;lation ou Race. A pr&#233;sent la pens&#233;e &#171; lib&#233;rale &#187; d&#233;laisse fr&#233;quemment ces ext&#233;riorit&#233;s au profit de la forme du lien &#233;rig&#233;e en id&#233;al &#8211; une forme dont les enqu&#234;tes empiriques enseignent par ailleurs qu'elle sert les int&#233;r&#234;ts du capitalisme. &#171; Forme du lien &#187; veut dire : l'Autre est suppos&#233; fonder le lien, il est cens&#233; garantir la l&#233;gitimit&#233; du rassemblement et assurer son homog&#233;n&#233;it&#233;, mais cet Autre n'est que le rassemblement lui-m&#234;me dans l'immanence de son existence et au service du capitalisme. D&#233;sormais cette existence et ce service deviennent fins en soi et le discours du lien n'est justifi&#233; que par le lien des discours et des &#233;changes capitalistiques suppos&#233;s incritiquables &#8211; telles sont la &#171; communication &#187; et ses &#226;mes s&#339;urs, la &#171; transparence &#187; et la &#171; libre circulation des biens &#187; suppos&#233;es respecter et prot&#233;ger la &#171; soci&#233;t&#233; &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-20&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Le principe de dignit&#233; ne fonde-t-il pas juridiquement le refus de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-20&#034;&gt;20&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De la sorte, la soci&#233;t&#233;, Narcisse moderne, secr&#232;te ses normes en se r&#233;fl&#233;chissant en elle-m&#234;me et en haussant le fait de la socialit&#233; marchande en devoir&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-21&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Note sur la critique du ma&#238;tre-mot &#171; soci&#233;t&#233; &#187;. Le travail &#171; g&#233;n&#233;alogique &#187; (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-21&#034;&gt;21&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Au nom de sa complexit&#233; effective naissent et se d&#233;veloppent les revendications identitaires, celles des &#171; nous &#187; que nous &#233;voquions en d&#233;but de travail, qui semblent souvent s'opposer &#224; son pouvoir. Pourtant, au nom d'un imp&#233;ratif de r&#233;flexion, les communaut&#233;s r&#233;clament que les repr&#233;sentations &#233;lectives, les institutions culturelles, et singuli&#232;rement les m&#233;dias, refl&#232;tent les chatoiements sociaux et deviennent ainsi &#171; sensibles &#224; la diversit&#233; &#187;. Le communautarisme, qui prend parfois l'apparence d'une lutte anti-sociale, est ins&#233;parable d'un amour de la soci&#233;t&#233;. Il en provient et pr&#233;tend y r&#233;gner. Or, comme l'affirme Garcia, les g&#233;ographies sociales de &#171; nous &#187; sont vou&#233;es &#224; se m&#233;tamorphoser, &#224; se recouvrir sans fin et &#224; entrer dans des rapports toujours renouvel&#233;s de rivalit&#233; et de priorit&#233; si bien que nul principe immanent ne peut pr&#233;server un &#171; nous &#187; d&#233;termin&#233; et l'engager &#224; respecter les autres &#171; nous &#187;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-22&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Nous, op. cit., p. 97. Tel est l'int&#233;r&#234;t notable du travail de Tristan (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-22&#034;&gt;22&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Et nous ajouterons : instituer leurs pouvoirs en principe politique est se vouer &#224; une fr&#233;n&#233;sie et une dispersion imaginaires et symboliques qui ruinent le singulier et l'universel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Critiquer la &#171; soci&#233;t&#233; &#187;, refuser qu'elle pr&#233;tende &#224; l'illimitation, c'est alors lui apprendre que ses liens ne doivent pas constituer la justice, et c'est poser comme principe que l'on ne doit juridiquement exiger du sujet que le seul respect de ses devoirs de citoyen. Plus largement, combattre en faveur du minimal est faire en sorte que notre pr&#233;sent ne se r&#233;duise pas au choix entre les transcendances religieuses et l'immanence des rapports sociaux. Et l'imp&#233;ratif nous semble ainsi toujours le m&#234;me, en faveur d'une politique de la singularit&#233; subjective : pr&#233;server le trou dans la politique contre les discours et les pratiques qui pr&#233;tendent &#8211; jouons sur l'&#233;quivocit&#233; &#8211; l'aveugler.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb3-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Paris, Le livre de poche, 2018.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Nous disons : d'existence et sens juridique. Je peux certes entendre le sens d'un droit sans entendre le sens d'un devoir, ou en entendant un devoir qui contredit le droit ; mais je ne peux donner un sens juridique &#224; un droit sans poser l'&#233;cart diff&#233;rentiel avec un devoir qui en constitue l'inversion. Quelques exemples parmi les simples : l'exercice par chacun du droit de propri&#233;t&#233; suppose que les autres respectent l'interdit de porter atteinte &#224; la propri&#233;t&#233; d'autrui ; l'exercice du droit de r&#233;ponse d'une personne &#171; nomm&#233;e ou d&#233;sign&#233;e &#187; dans un organe de presse suppose que le directeur de cet organe respecte son devoir d'ins&#233;rer la r&#233;ponse ; l'exercice de leurs droits par les employ&#233;s suppose que les employeurs respectent leurs propre obligations, etc. Ces relations sont r&#233;ciproquables.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Et non point l'inverse, puisqu'il existe des personnes juridiques &#171; morales &#187; et non &#171; physiques &#187;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Autres &#233;crits&lt;/i&gt; (abr&#233;g&#233; &lt;i&gt;AE&lt;/i&gt;), Paris, Seuil, 2001, &#171; Pr&#233;face &#224; l'&#233;dition anglaise du &lt;i&gt;S&#233;minaire XI &lt;/i&gt;&#187;, p. 573.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Les noms indistincts&lt;/i&gt;, Paris, Seuil, 1983, p. 118.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Qu'est-ce que la la&#239;cit&#233; &lt;/i&gt;?, Paris, Vrin, 2007, p. 32. Notre article n'aurait pu &#234;tre &#233;crit sans cette &#233;tude et sans &lt;i&gt;Les noms indistincts&lt;/i&gt; de Jean-Claude Milner auquel la pr&#233;c&#233;dente note fait r&#233;f&#233;rence.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;A ce niveau de g&#233;n&#233;ralit&#233; ne posons pas la question de l'&#233;chelle juridico-politique en jeu. Rappelons qu'il existe non seulement une citoyennet&#233;-nationalit&#233; mais aussi une citoyennet&#233; internationale, ainsi la citoyennet&#233; europ&#233;enne. Rappelons &#233;galement qu'il existe un droit international. L'enjeu est la suivant : qu'&#224; chaque &#233;chelle le principe du sujet &#233;vid&#233; soit affirm&#233;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;RSI&lt;/i&gt;, S&#233;minaire 1974-1975, Editions de l'Association Freudienne Internationale, Le&#231;on du 15 avril 1975, p. 166.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Lacan, &lt;i&gt;AE., op. cit.&lt;/i&gt;,&#171; L'&#233;tourdit &#187;, p. 474.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-10&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-10&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-10&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;10&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Ibid&lt;/i&gt;, p. 475.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-11&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-11&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-11&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;11&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Ibid&lt;/i&gt;, p. 474.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-12&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-12&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-12&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;12&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#171; y appelle, j'entends : &#224; ce rempart contre le groupe, la position de l'analyste telle qu'elle est d&#233;finie de son discours m&#234;me &#187;, &lt;i&gt;ibid&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-13&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-13&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-13&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;13&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Ibid&lt;/i&gt;, p.462.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-14&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-14&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-14&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;14&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Ibid&lt;/i&gt;, &#171; Introduction &#224; l'&#233;dition allemande des &lt;i&gt;&#201;crits &lt;/i&gt;&#187;, p. 555.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-15&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-15&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-15&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;15&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Le livre de Catherine Kintzler, &lt;i&gt;Condorcet, l'instruction publique et la naissance du citoyen&lt;/i&gt; (Paris, Gallimard, 1984) fut pr&#233;fac&#233; par Jean-Claude Milner.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-16&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-16&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-16&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;16&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Voir notamment, dans le sillage de &lt;i&gt;La volont&#233; de savoir&lt;/i&gt;, &#171; Non au sexe roi &#187;, n&#176; 200, &lt;i&gt;Dits et &#233;crits&lt;/i&gt;, t. III, Paris, Gallimard, 1994, p. 260-262, &#171; Le triomphe social du plaisir sexuel : une conversation avec Michel Foucault &#187;, &lt;i&gt;ibid&lt;/i&gt;, t. IV, p. 308-314.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-17&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-17&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-17&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;17&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Qu'est-ce que la philosophie&lt;/i&gt; ?, Paris, Les &#233;ditions de Minuit, 1991, p. 103.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-18&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-18&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-18&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;18&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Nous pourrions montrer, mais ce serait l&#224; un autre travail, que la &#171; g&#233;n&#233;alogie &#187; et le militantisme de Foucault travaillent &#233;galement &#224; d&#233;compl&#233;ter le politique, mais sans d&#233;terminer cette limitation par l'institution d'un minimal juridique &#8211; bien que certains des combats puissent sans doute conduire &#224; affirmer le minimal. Voir note 21.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-19&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-19&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-19&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;19&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Voir le r&#233;cent livre de Muriel Fabre-Magnan, &lt;i&gt;L'institution de la libert&#233;,&lt;/i&gt; Paris, PUF, 2018, qui affronte ces probl&#232;mes, et pr&#233;tend prendre acte de l' &#171;impossible &#233;vacuation du fondement &#187; en instituant la &#171; dignit&#233; &#187; en nouveau fondement juridique, en particulier voir p. 307 et suiv.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-20&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-20&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-20&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;20&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Le principe de dignit&#233; ne fonde-t-il pas juridiquement le refus de consid&#233;rer l'&#234;tre humain et ses organes comme des marchandises ? Mais, d'une part, son statut juridique et son application restent fort vagues, que l'on s'en r&#233;jouisse ou qu'on le d&#233;plore (&lt;i&gt;ibid&lt;/i&gt;, p. 251 et suiv.) ; d'autre part, m&#234;me s'il fonde juridiquement ce refus, il ne peut que laisser hors de son autorit&#233; l'Autre et son injonction g&#233;n&#233;rale de profit capitalistique.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-21&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-21&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-21&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;21&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Note sur la critique du ma&#238;tre-mot &#171; soci&#233;t&#233; &#187;&lt;/i&gt;. Le travail &#171; g&#233;n&#233;alogique &#187; de Michel Foucault peut &#234;tre lu comme un d&#233;ploiement d'analyses historiques anim&#233; par un imp&#233;ratif g&#233;n&#233;ral : analyser la constitution des politiques qui visent &#224; &#171; d&#233;fendre la soci&#233;t&#233; &#187;. &#171;&lt;i&gt; Il faut d&#233;fendre la soci&#233;t&#233;&lt;/i&gt; &#187; est le titre du cours du Coll&#232;ge de France de 1976. La formule d&#233;signe aussi un des enjeux de &lt;i&gt;Surveiller et punir&lt;/i&gt; (d&#233;fendre la soci&#233;t&#233; contre la d&#233;linquance, identification socio-psychologique de la &#171; dangerosit&#233; &#187; qui exc&#232;de l'ill&#233;galit&#233;), et de &lt;i&gt;La volont&#233; de savoir&lt;/i&gt; (organiser la soci&#233;t&#233; selon une bio-politique et la d&#233;fendre contre les pervers). Usons d'un vocabulaire non foucaldien : les g&#233;n&#233;alogies rep&#232;rent et contestent ces maitres-mots qui travaillent pour le ma&#238;tre-mot social : la d&#233;linquance, la dangerosit&#233;, la &#171; perversit&#233; &#187;. Elles d&#233;crivent historiquement ces figures du dissemblables qui &#8211; en opposition au sujet &#233;vid&#233; &#8211; envahissent le droit et manifestent, de l'ext&#233;rieur, l'existence du bon groupe constitu&#233; de sujets psychologiquement et socialement sains. Selon cette perspective, le travail g&#233;n&#233;alogique est une contribution tr&#232;s consid&#233;rable &#224; la pens&#233;e du minimalisme juridico-politique. &#8211; Pensons &#233;galement &#224; l'ouvrage important de Jean-Claude Milner, &lt;i&gt;Les penchants criminels de l'Europe d&#233;mocratique&lt;/i&gt; (Paris, Verdier, 2003) et aux plus r&#233;centes &lt;i&gt;Consid&#233;rations sur la France, Conversation avec Philippe Petit&lt;/i&gt; (Paris, Les &#233;ditions du Cerf, 2017). La pens&#233;e politique de Milner est en effet r&#233;gl&#233;e par l'imp&#233;ratif de limiter les pouvoirs de la &#171; soci&#233;t&#233; &#187;. Nous concevons donc &#233;galement l'importance du travail de Catherine Kintzler, qui aborde frontalement cette question en concevant la la&#239;cit&#233; comme la limite de droit aux pouvoirs de la soci&#233;t&#233;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-22&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-22&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-22&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;22&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Nous, op. cit&lt;/i&gt;., p. 97. Tel est l'int&#233;r&#234;t notable du travail de Tristan Garcia : d&#233;montrer, malgr&#233; la sympathie manifeste que lui inspire le &#171; nous &#187;, les cons&#233;quences d'une politique du &#171; nous &#187; &#233;rig&#233;e en principe : &#171; Il n'y a ni justice ni v&#233;rit&#233; politique du nous &#187;, p. 259 ; existe seulement, dans le meilleur des cas, une &#171; paix &#187; pr&#233;caire vou&#233;e &#224; &#171; un d&#233;chirement soudain, &#224; une r&#233;action inattendue et puissante&#187;, p. 258.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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