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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>La mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara / Cine, escenas puberales y teor&#237;as sexuales juveniles</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/La-mirada-a-traves-de-la-camara-Cine-escenas-puberales-y-teorias-sexuales</link>
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		<dc:date>2020-03-19T10:59:13Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Christian Bonnet, Julie Chevalier, Clarisse Vollon, Guy Gimenez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El art&#237;culo expone una secuencia cl&#237;nica anal&#237;tica con una adolescente que, durante una sesi&#243;n, hace una asociaci&#243;n con una escena de una pel&#237;cula. El texto articula los conceptos de &lt;i&gt;mirada a c&#225;mara&lt;/i&gt; (Vernet) y de &lt;i&gt;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&lt;/i&gt; (Bonnet), como nociones que dan cuenta particularmente de la construcci&#243;n de escenas, e incluso de fantasmas adolescentes. La concepci&#243;n de las &lt;i&gt;escenas puberales&lt;/i&gt; (Gutton) y de los escudos [&lt;i&gt;blasons&lt;/i&gt;] del cuerpo adolescente ser&#225; puesta en tensi&#243;n con la l&#243;gica de la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara para abordar mejor la l&#243;gica de las &lt;i&gt;teor&#237;as sexuales juveniles&lt;/i&gt;. La originalidad de estas tres teor&#237;as sexuales juveniles radica en la estructura formal que permite percibirlas en el discurso de los adolescentes. As&#237;, en la uni&#243;n entre la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara y las teor&#237;as sexuales juveniles, aparecen en la trasferencia las condiciones de una construcci&#243;n del g&#233;nero en la adolescencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; psicoan&#225;lisis | mirada a c&#225;mara | mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara | teor&#237;as sexuales juveniles | escenas puberales | escudo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Le-regard-par-la-camera-Cinema-scenes-pubertaires-et-theories-sexuelles' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Version fran&#231;aise&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/The-gaze-by-the-camera-Cinema-puberty-scenes-and-juvenile-sexual-theories' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-Nro-1-76-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | Nro 1 | Marzo 2020&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Aix Marseille Universit&#233;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;En el marco de este coloquio, vuelvo con un deseo: el de retomar, prolongar y, en cierto modo, cumplir una parte de mis objetivos y del proyecto de mi texto anterior (Bonnet, 2018), en el que abordaba la articulaci&#243;n entre mirada a c&#225;mara, ret&#243;rica de la imagen, escenas puberales y teor&#237;as sexuales. En esta ocasi&#243;n, voy a plantear de un modo m&#225;s preciso de qu&#233; modo los desaf&#237;os ret&#243;ricos permiten pensar la noci&#243;n de &#8220;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&#8221; en el marco de una cl&#237;nica de los procesos adolescentes; eso me conducir&#225; a plantear por primera vez la formalizaci&#243;n de tres teor&#237;as sexuales juveniles, verdadero cruce, en la trasferencia, entre escenas puberales y catexis [&lt;i&gt;investissement&lt;/i&gt;] de escenas cinematogr&#225;ficas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para eso, presento un fragmento cl&#237;nico de la terapia de Olga, una adolescente, centr&#225;ndome en su propia mirada de la pel&#237;cula &lt;i&gt;Freaks&lt;/i&gt; (1932) de Todd Browning. El an&#225;lisis se apropia primero del concepto de &lt;i&gt;mirada a c&#225;mara&lt;/i&gt;, tal y como aparece en Vernet (1983), as&#237; como tambi&#233;n de mi propuesta sobre la &lt;i&gt;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&lt;/i&gt;. Luego, articular&#233; las condiciones ret&#243;ricas de constituci&#243;n de las escenas puberales en relaci&#243;n con las teor&#237;as sexuales juveniles, para establecer, por &#250;ltimo, mi singular teorizaci&#243;n. As&#237;, examino lo que es una &lt;i&gt;teor&#237;a sexual juvenil&lt;/i&gt; y c&#243;mo definir sus funciones en la sesi&#243;n bajo transferencia por medio del surgimiento de la &lt;i&gt;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Cap&#237;tulo 1: Las l&#225;grimas de Olga&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga atraviesa sus 17 a&#241;os con el peso de las l&#225;grimas y bajo la carga de los sollozos. Hoy se instala triste y su mirada alterna entre los reflejos de la ventana a su derecha y mi rostro a su izquierda&#8230; Durante mucho tiempo, sus llantos ocuparon todas las sesiones de los &#250;ltimos dos a&#241;os.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga suspira, gira un poco m&#225;s hacia la ventana, el tiempo se suspende y me oigo decir en un a media voz: &#8220;S&#237;&#8230;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga: &#8220;S&#237;, s&#237;&#8230; Estoy triste otra vez en este momento&#8230; Vi una pel&#237;cula, una pel&#237;cula que usted debe conocer&#8230; Es vieja&#8230; Es en blanco y negro&#8230; Y, sobre todo, tiene monstruos. A usted le gustan los monstruos, lo s&#233;. La hermana de una amiga lo tiene como profesor y usted habla de ellos&#8230; S&#237;, hay monstruos, montones de monstruos, verdaderos monstruos, distintos de los que se suelen ver, no trucos de cine&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el silencio que sigue, le hago una pregunta: &#8220;&#191;De qu&#233; pel&#237;cula habl&#225;s, qu&#233; viste?&#8221;. Olga fija su mirada intensamente en la ventana y, empezando a articular claramente las s&#237;labas, dice: &#8220;S&#237;, esa pel&#237;cula tiene muchos monstruos. El domingo me lastim&#233; dibujando, sabe que hago dibujos con pluma y tinta. Me&#8230; En realidad, hice&#8230; Quiero decir, me cort&#233; la palma de la mano con la pluma de metal&#8230;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El silencio vuelve. Le pregunto: &#8220;Con la pluma de metal&#8230; &#191;Qu&#233; pas&#243;?&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga se fija cada vez m&#225;s en la ventana y ahora el sol se posa sobre sus mejillas y su frente; arruga ligeramente los ojos por la luz: &#8220;S&#237;, dibujaba, quer&#237;a dibujar. Hice&#8230; Hice cualquier cosa queriendo proyectar tinta sobre la hoja, as&#237;, de un golpe seco. Pensaba en usted, en la &#250;ltima sesi&#243;n hab&#237;amos hablado de los soles negros de la melancol&#237;a, ya sabe, ese poema del tipo que se colg&#243;, Nerval creo, y usted me dijo algo sobre los soles negros y entonces quer&#237;a hacer soles negros y&#8230; &lt;i&gt;Crac&lt;/i&gt;, me clav&#233; la pluma en la palma de la mano; eso es tambi&#233;n culpa suya&#8230; Bueno, eso creo&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&#191;Eh?&#8221;, murmur&#233; de forma semi-interrogativa, recordando c&#243;mo Nerval habitaba nuestra sesi&#243;n anterior&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga retoma, todav&#237;a hundida en la luz: &#8220;Bueno, y entonces estoy herida, me duele, sangro, agarro esa pel&#237;cula y la pongo. Es una pel&#237;cula de monstruos en blanco y negro&#8230; Hay una escena donde se ve a una persona de espaldas, no se sabe qui&#233;n es, es raro, inquietante, extra&#241;o; y esta persona es un chico, un chico raro, sent&#237;s que es raro, y ese chico se da vuelta poco a poco, despacio, &#191;sabe?, se da vuelta hacia la derecha y lo ves. Lo ves, es un monstruo, est&#225; todo deformado; es monstruoso y su mirada gira hacia vos, gira hacia vos y de golpe te mira fijo a los ojos&#8230; Fijo a los ojos&#8230; Lo mir&#233; fijo a los ojos&#8230;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga llora, solloza, se acurruca: &#8220;&#161;Usted lo sabe, el monstruo soy yo!&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y Olga desv&#237;a los ojos de la ventana y lentamente, mientras el sol ba&#241;a su rostro entre los dedos desplegados como abanico bajo sus ojos, posa su mirada en la m&#237;a y, girando la palma hacia m&#237;, me expone su cicatriz y repite: &#8220;&#161;Usted lo sabe, &#161;el monstruo soy yo!&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No dir&#233; nada m&#225;s desde el punto de vista cl&#237;nico, ni de las asociaciones que se relacionan con los monstruos, ni de lo que pude proponer en ese momento, solo dir&#233; que fue el momento de una construcci&#243;n en el an&#225;lisis en el sentido m&#225;s freudiano que pueda darle a mi pr&#225;ctica. Sin embargo, as&#237; fue como concluy&#243; la sesi&#243;n: Olga se mira las manos, luego me mira intensamente: &#8220;&#191;Sabe?, no le dije el t&#237;tulo de la pel&#237;cula. En ingl&#233;s es &lt;i&gt;Freaks&lt;/i&gt;, creo que quiere decir &#8216;los monstruos'&#8230; Yo soy su monstruito y solo usted me escucha, pero para eso debo pagar el precio. Le pago con mi plata [&lt;i&gt;fric&lt;/i&gt;], con mi &lt;i&gt;freaks, Mr.&lt;/i&gt; Bonnet, &#191;lo oye? Le pago con mi &lt;i&gt;freaks&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La palabra fric (plata) en franc&#233;s se pronuncia de modo similar a freak (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La sesi&#243;n concluye.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Cap&#237;tulo 2: La mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A continuaci&#243;n, articular&#233; los conceptos de &#8220;mirada a c&#225;mara&#8221; (Vernet, 1983) y de &#8220;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&#8221; (Bonnet, 2018) con el tema de las escenas puberales (Gutton, 1991; 1996) y la ret&#243;rica de la imagen en la transferencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Mirada a c&#225;mara&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La f&#243;rmula de mirada a c&#225;mara, en el marco del an&#225;lisis f&#237;lmico, es de Marc Vernet, y aparece en su texto de 1983. Es una figura de la imagen f&#237;lmica que, apoy&#225;ndose sobre el cuadro y abri&#233;ndolo hacia nosotros (espectador), nos mira, nos mira a nosotros, a nosotros que la miramos a los ojos desde la sala. La mirada a c&#225;mara cuestiona los efectos de nuestra mirada: &#191;qui&#233;n mira a qui&#233;n? &#191;Qu&#233; funci&#243;n tiene la mirada de uno en la mirada del otro? Esto permiti&#243; a Vernet ricos desarrollos sobre el sujeto-espectador. Esta puesta en abismo [mise en abyme] de las miradas de la obra y sobre la obra se relaciona con lo que Foucault (1966) propon&#237;a, en el &#237;ncipit de &lt;i&gt;Las palabras y las cosas&lt;/i&gt;, con respecto a la mirada de Vel&#225;zquez sobre el espectador. En el an&#225;lisis que plantea Foucault de &lt;i&gt;Las meninas&lt;/i&gt;, cuando la mirada del pintor se posa sobre los espectadores de la tela, por un lado, vuelve a cuestionar lo que es la tradici&#243;n de los retratos en la pintura y, por el otro, define m&#225;s radicalmente las condiciones mismas de la representaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el cruce entre Vernet y Foucault (1960), tambi&#233;n convoco a las figuras de Arasse (1982; 1992; 2000), de Yates (1975) y de Barthes (1966), para apropiarme del t&#233;rmino &#8220;ret&#243;rico&#8221;. El despliegue de im&#225;genes puede pensarse como el ordenamiento de un hilo diacr&#243;nico, es decir, que permite una real discursividad. La ret&#243;rica es el nombre que terminamos por darle al modo de despliegue y articulaci&#243;n de figuras y de motivos, como significantes que ordenan un verdadero relato. La mirada a c&#225;mara es una secuencia discursiva que une a la figura que mira al espectador con el motivo de una mirada que encuentra, construye y abraza a otra. La mirada a c&#225;mara es un componente original en una ret&#243;rica que incluye al espectador en la mirada no solo sobre la obra sino de la obra misma, en un juego de manos que, por m&#225;s ilusorio que sea, no deja de ser notable. A trav&#233;s de la mirada de una figura inscrita en el campo de la representaci&#243;n, cuando esta se vuelve hacia nosotros, podemos vernos expuestos, entonces, en nuestra propia mirada. Se trata de una operaci&#243;n ficticia de ensamble que moviliza las formas de la puesta en abismo [mise en abyme] como una inversi&#243;n de las miradas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestra posici&#243;n en la mirada se revela por el artefacto de la mirada a c&#225;mara, con la forma de un surgimiento, de una inversi&#243;n. No se trata de un espejo, sino de una ficci&#243;n. De una ficci&#243;n construida, de una ficci&#243;n ret&#243;rica en el sentido m&#225;s cl&#225;sico del t&#233;rmino: una imagen que piensa y construye discurso. El valor de esta ficci&#243;n, desde un punto de vista psicopatol&#243;gico, se deduce de su potencial para hacer emerger procesos identificatorios y movimientos m&#250;ltiples para el espectador que se ve convocado a enfrentarse a sus movimientos voyeristas y exhibicionistas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el momento cl&#237;nico con Olga, este concepto tiene un valor doble. El m&#225;s evidente es el de la descripci&#243;n que hace Olga de la escena de &lt;i&gt;Freaks&lt;/i&gt;, con esa inversi&#243;n del monstruo que mira al espectador desde la escena que lo descubre. El monstruo nos mira a los ojos, y Olga ve que la mira desde la pel&#237;cula. De este modo, la mirada a c&#225;mara produce en Olga un sobrecogimiento notable. El segundo valor del concepto es precisamente la pel&#237;cula, calificada casi como una antig&#252;edad, con una referencia a su proximidad con mi edad, o con mi generaci&#243;n, incluyendo as&#237; la escena en la transferencia. En la mirada a c&#225;mara, Olga es vista por el monstruo, desde un universo patinado con la antig&#252;edad de un blanco y negro que me incluye en esa temporalidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora propongo pasar de la &lt;i&gt;mirada a c&#225;mara&lt;/i&gt; a la &lt;i&gt;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&lt;/i&gt; (Bonnet, 2018). La mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara es una noci&#243;n espec&#237;fica de la cl&#237;nica adolescente (o m&#225;s bien de los procesos adolescentes) que permite pensar de qu&#233; modo la menci&#243;n, la evocaci&#243;n, la descripci&#243;n de una escena ocupa lugar en la doble mirada del paciente y del analista en sesi&#243;n. Es importante precisar que esta noci&#243;n solo tiene sentido en el espacio de interlocuci&#243;n de la sesi&#243;n. Cl&#237;nicamente, la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara suele tomar forma en dos tiempos. En un primer tiempo, el paciente evoca una escena de mirada a c&#225;mara en la que una figura de la ficci&#243;n lo mira como espectador. En un segundo tiempo, el paciente indica qu&#233; efectos o vivencias lo embargan en su mirada de espectador sobre la figura cinematogr&#225;fica, y opera dirigiendo el discurso al analista. En la transferencia, el paciente convoca el doble movimiento de aquel que lo mira (mirada a c&#225;mara) y de qu&#233; modo mira al que lo mira, exponi&#233;ndose ante el analista: soy mirado por la pel&#237;cula y miro la pel&#237;cula exponi&#233;ndome ante el analista en su mirada. En la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara, &lt;i&gt;una mirada desde la pel&#237;cula revela las condiciones de la mirada sobre la pel&#237;cula y abre a la recuperaci&#243;n de ese movimiento en terapia, en sesi&#243;n, en situaci&#243;n anal&#237;tica y bajo transferencia&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las condiciones de revelaci&#243;n del sujeto adolescente en el trabajo anal&#237;tico encuentran una respuesta interesante en la f&#243;rmula de &lt;i&gt;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&lt;/i&gt;. En efecto, por poco que el sujeto &#8220;est&#233;&#8221; en ese &#8220;ojo&#8221; de la c&#225;mara, en ese momento convoca muy r&#225;pidamente las condiciones de un universo dieg&#233;tico. En ese universo, la pel&#237;cula responde a otras pel&#237;culas as&#237; como tambi&#233;n a recuerdos y a momentos de sesiones. Hay un mundo que el sujeto mira sin verlo y que, por momentos, surge y nos ve. As&#237;, el sujeto se experimenta desde el lugar que ocupa en su propia mirada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una de las f&#243;rmulas posibles que uso se enuncia as&#237;: mientras que el espectador-sujeto suele ser captado por la &lt;i&gt;mirada a c&#225;mara&lt;/i&gt;, en la &lt;i&gt;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&lt;/i&gt;, la mirada se vuelve el ojo del adolescente en el que &#233;l se exhibe en el lugar mismo de la mirada de la pel&#237;cula. As&#237;, puedo pensar que la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara es el ojo del adolescente por medio del cual se ofrece en exhibici&#243;n a la mirada del analista, en la transferencia y solo en la transferencia. En la sesi&#243;n, el proceso de transferencia puede ordenarse en el &lt;i&gt;continuum&lt;/i&gt; identificatorio y voyerista: en un extremo, la mirada es la condici&#243;n de una inmersi&#243;n en la pel&#237;cula, mientras que, en el otro extremo, la mirada se convierte en el intersticio, segmento, rendija y corte por el cual se ve y se roba la escena; el conjunto se ofrece a la mirada del analista.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces, la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara es una f&#243;rmula que define la operaci&#243;n de despliegue de la interlocuci&#243;n en la sesi&#243;n. El supuesto ojo, solicitado por las pel&#237;culas que evocan los adolescentes, es tambi&#233;n el o&#237;do del analista, requerido y convocado por los cuestionamientos que surgen. &#191;Qui&#233;n escucha y qui&#233;n mira a qui&#233;n? En el espacio incierto del despliegue de las declaraciones del sujeto y a partir de las referencias a las pel&#237;culas mencionadas, siempre me intereso por aquello que insiste, de los procesos ps&#237;quicos adolescentes, en y por el surgimiento y se&#241;alamiento de esa mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara, indisolublemente anudada a la transferencia. Eso permite remarcar, en un momento cl&#237;nico en el que las cosas &#8220;con im&#225;genes&#8221; ocupan masivamente la vida de los sujetos, todos los recursos ret&#243;ricos de esos procesos y fen&#243;menos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con Olga, analicemos ahora la manera en que la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara adquiere lugar y consistencia. Primero evoca los monstruos, que conozco, ya que, como dice ella, los menciono en mis clases. Despu&#233;s, irrumpen en su discurso los soles negros de la melancol&#237;a unidos a su herida y cicatriz reciente. Luego, se despliega la escena de la mirada a c&#225;mara del monstruo. Por &#250;ltimo, est&#225; el punto cl&#237;nico en el que insisto en el an&#225;lisis: Olga desv&#237;a los ojos de la ventana y, lentamente, mientras el sol ba&#241;a su rostro entre los dedos desplegados como abanico bajo sus ojos, posa su mirada en la m&#237;a y, girando la palma hacia m&#237;, me expone su cicatriz y repite: &#8220;&#161;Usted lo sabe, el monstruo soy yo!&#8221;. Esta secuencia es, precisamente, la cristalizaci&#243;n de lo que denomino &#8220;mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el momento en que Olga describe la escena de la mirada a c&#225;mara, pasa de una mirada hacia la ventana a una mirada sobre m&#237;; mira entre sus dedos, recortando un encuadre particular para &#8220;su&#8221; y &#8220;mi&#8221; visi&#243;n y, girando la palma de la mano, me expone la marca de su herida, su cicatriz, y suelta su sentencia: &#8220;&#161;Usted lo sabe, el monstruo soy yo&#8221;. Como adem&#225;s trabaj&#233; mucho sobre el h&#233;roe con cicatriz (Bonnet, 2014a, 2014b) y el tema de la exposici&#243;n del cuerpo y de las marcas, en tanto estas ser&#237;an escudos del cuerpo adolescente (Bonnet, 2007), puedo insistir en el valor de la marca en el cuerpo de Olga: un sol negro de la melancol&#237;a cuya culpa me concierne en la transferencia. Ella mira la luz y me mira alternativamente mientras describe una escena que vio en la pel&#237;cula. En el momento en que describe la mirada del monstruo, me mira y me expone su marca. Aqu&#237;, la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara es un equivalente de una escena puberal, por cuanto presenta un escudo particular y hace surgir un nombramiento: &#8220;el monstruo soy yo&#8221;. Olga se constituye en un h&#233;roe con cicatriz por el escudo que tiene en la palma de la mano. Esta escena puberal se ordena de modo transferencial por la operaci&#243;n de la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara que inscribe dieg&#233;ticamente la escena de la mirada a c&#225;mara de &lt;i&gt;Freaks.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la transferencia, la sesi&#243;n despliega una ret&#243;rica de la imagen en el sentido de que la discursividad se ordena por medio de escenas que son, a la vez, evocadas (la mirada a c&#225;mara en &lt;i&gt;Freaks&lt;/i&gt; que cuenta Olga) y puestas en relaci&#243;n con una escena construida (mirada que juega entre el recorte de los dedos y la luz, ofreciendo a la vista del analista la palma que tiene la cicatriz). &#191;Qu&#233; presenta la pel&#237;cula &lt;i&gt;Freaks&lt;/i&gt; seg&#250;n la mirada de Olga? Una ret&#243;rica que sustituye el mundo de Olga con escenas que sostienen sus deseos en la transferencia. Olga, vista por un monstruo, se ofrece a la mirada del analista como si fuera su monstruo en sesi&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Cap&#237;tulo 3: Olga y las teor&#237;as sexuales juveniles&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Doy ahora un paso te&#243;rico m&#225;s all&#225; del an&#225;lisis del segmento cl&#237;nico precedente y sostengo que no podr&#237;a haber escenas puberales, mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara y menos a&#250;n h&#233;roe con cicatriz que no se articularan con una propuesta de teor&#237;as sexuales juveniles. Expongo aqu&#237; el fruto de este trabajo ya presente en mis escritos anteriores sobre la construcci&#243;n de las teor&#237;as sexuales juveniles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Qu&#233; es una teor&#237;a sexual? Epistemol&#243;gicamente, se trata, por supuesto, de lo que Freud (1905) plantea en los tres ensayos sobre teor&#237;a sexual. En mi lectura, se trata de una f&#243;rmula l&#243;gica que el sujeto pone a prueba en narraciones y relatos, considerando en una combinatoria las posibilidades, los l&#237;mites y los efectos de esta teor&#237;a. En t&#233;rminos de L&#233;vi-Strauss (1958), son enunciados cercanos a las f&#243;rmulas fundamentales de los mitos que, como instrumento l&#243;gico, permiten plantear paradojas y acomodarlas, por un tiempo al menos, exponiendo f&#243;rmulas, escenarios, hip&#243;tesis que ordenan la relaci&#243;n con el tiempo, la muerte, la sexualidad, la creaci&#243;n. Una teor&#237;a sexual permite multiplicar las preguntas, las tesis, detectar sus consecuencias e incongruencias&#8230; Los desaf&#237;os de lo puberal, en el sentido de Gutton (1991), requieren pensar sexuaci&#243;n, genitalidad y alteridad (en el sentido de la diferencia de las generaciones y de las diferencias o similitudes entre sujetos). &#191;C&#243;mo podemos pensar estos conceptos?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya hace tiempo propongo trabajar adue&#241;&#225;ndose de los objetos de la cultura y analizando en la transferencia los usos que les dan los pacientes en las sesiones. Lo propuse a trav&#233;s de mangas, videojuegos, y tambi&#233;n recurriendo a pel&#237;culas de g&#233;nero, sobre todo subrayando el modo en que la muerte permit&#237;a pensar el tema del sexo, si no el del g&#233;nero. Si las tres teor&#237;as sexuales infantiles freudianas (Freud, 1905) tienen que ver con la manifestaci&#243;n del ni&#241;o, el modo de diferenciaci&#243;n entre hombres y mujeres, e incluso la naturaleza de los encuentros sexuales, entonces yo planteo que todo objeto de la cultura utilizado en sesi&#243;n, como los mangas, videojuegos, pel&#237;culas de g&#233;nero, rap, sirve para estructurar teor&#237;as sexuales juveniles. Estas teor&#237;as permiten formalizar las incertidumbres de la filiaci&#243;n y los modos de liberaci&#243;n de las figuras parentales; tambi&#233;n permiten dotar al cuerpo de signos distintivos de elecci&#243;n, tanto como de maldici&#243;n, y revelar, probablemente, lo que permite distinguir los signos de lo masculino y lo femenino en un momento dado de la cultura.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El h&#233;roe con cicatriz que traje a colaci&#243;n una vez m&#225;s con Olga desde su reivindicaci&#243;n del escudo de los soles negros de la melancol&#237;a en la palma de su mano es, en sus cuatro caracter&#237;sticas estructurales, la figura que articula narrativamente las cuestiones del g&#233;nero o del sexo en las teor&#237;as sexuales. Entre las cuatro caracter&#237;sticas estructurales que definen al h&#233;roe con cicatriz (1. Problema en la filiaci&#243;n; 2. Marca en el cuerpo; 3. Incertidumbre sobre el g&#233;nero o la humanidad; 4. B&#250;squeda con resoluci&#243;n violenta), la tercera, es decir, el tema de la inhumanidad, se convierte en la variaci&#243;n posible de esta doble cuesti&#243;n del g&#233;nero y de lo que tambi&#233;n llamo &#8220;el sexo del sexo&#8221;. Mi an&#225;lisis tambi&#233;n entiende la cuarta caracter&#237;stica estructural, a saber, la de la b&#250;squeda, como un acercamiento al enigma de lo femenino, del cuerpo femenino, cuyas articulaciones interrogan lo er&#243;tico tanto como lo genital. As&#237;, planteo que las teor&#237;as sexuales juveniles son transmitidas narrativamente en la figura del h&#233;roe de la cicatriz.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El h&#233;roe se enfrenta al proceso de la sexuaci&#243;n por su cicatriz. El signo-cicatriz se inscribe en el vector de la direcci&#243;n del discurso, con el fin de que el analista se convierta en superficie de esta direcci&#243;n (por proyecci&#243;n) y se encuentre necesariamente atrapado en el juego de deformaciones y perspectivas de esos signos. Los fragmentos de la cultura, cualesquiera sean, pueden verse elevados a la dignidad de estructuras l&#243;gicas, permitiendo pensar teor&#237;as sexuales juveniles, tanto como una novela adolescente (Bonnet, 2011), o incluso modos de estructuraci&#243;n de lo er&#243;tico por medio de signos y cicatrices. La cicatriz que encontramos en Olga no es m&#225;s que el nombre espectacular de una serie de funciones elaborativas y simb&#243;licas que se combinan en el juego de los signos del cuerpo, o sobre el cuerpo, forjando procesos adolescentes. Los signos, las marcas, interrogan el g&#233;nero y la genitalidad organiz&#225;ndolos en una relaci&#243;n de ensamble a trav&#233;s de los medios que la lengua del relato y de la ret&#243;rica permite en la sesi&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por el momento, esta es mi propuesta de formalizaci&#243;n de las tres teor&#237;as sexuales juveniles:&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; primero, en lugar de la teor&#237;a del pene: los escudos y la cicatriz son andr&#243;ginos y se leen, se oponen, se apoyan, surgen o se sueltan del cuerpo del otro redefiniendo la naturaleza del g&#233;nero y su funci&#243;n. Se trata de una &lt;i&gt;teor&#237;a de los escudos genitales&lt;/i&gt;;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; segundo, en lugar de las teor&#237;as del parto: los cuerpos con g&#233;nero se penetran o son penetrados en teatros de violencias incesantes. Sus prototipos son devoraci&#243;n, decapitaci&#243;n y desmembramiento, fusi&#243;n de elementos opuestos que perturban los ordenamientos orificiales heredados de lo infantil. Se trata de una &lt;i&gt;teor&#237;a de los (dos) cuerpos empalmados o, m&#225;s exactamente, del abrazo del h&#233;roe con cicatriz&lt;/i&gt;;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; tercero, en lugar del prototipo de la lucha de dos en el abrazo erotizado: los escenarios puberales genitalizados enfrentan a uno(a) con el grupo o la horda violenta, incluso violadora. Se trata entonces de una &lt;i&gt;teor&#237;a de la prueba del h&#233;roe frente a la horda&lt;/i&gt;.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Estas teor&#237;as sexuales juveniles, cuando se las pone en tensi&#243;n con las teor&#237;as sexuales infantiles freudianas, contribuyen a devolver al tema de la bisexualidad no un valor prehist&#243;rico, sino un valor casi performativo que revela modos deseantes y escenarios deseantes. Esos escenarios se despliegan bajo transferencia en el marco de las sesiones a partir de la articulaci&#243;n de escudos del cuerpo erotizados con escenas puberales que se encierran en relatos, o en lo que podr&#237;a denominar &#8220;novelas de la sexuaci&#243;n&#8221;. Una de mis preocupaciones actuales consiste en pensar c&#243;mo las teor&#237;as sexuales infantiles est&#225;n en el n&#250;cleo de las teor&#237;as sexuales juveniles y en qu&#233; medida el an&#225;lisis revela su inclusi&#243;n en la transferencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A trav&#233;s de la escena que ordena en la transferencia, Olga instala ante mi mirada una parte de su cuerpo que se est&#225; revelando. Gira la palma de su mano que tiene una cicatriz construyendo un marco de limitaci&#243;n y se&#241;alamiento de su ojo entre los dedos. Deja pasar la luz y me mira a la vez que se expone a mi mirada. &#191;A qu&#233; teor&#237;a sexual juvenil puede referirse esta escena articulada con la mirada del monstruo en &lt;i&gt;Freaks&lt;/i&gt;? &#191;C&#243;mo logran conjugarse la mirada a c&#225;mara y la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara con una escena puberal y un escudo?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No los invito a pensar en una sola, sino en dos teor&#237;as sexuales juveniles. En efecto, seg&#250;n la primera teor&#237;a sexual juvenil, el lugar de la cicatriz y del escudo parece presente y duplicado por la referencia al monstruo que mira. Olga expone y, m&#225;s precisamente, me expone su escudo y el marco, de modo cinematogr&#225;fico, por medio del juego de la luz y del abanico de los dedos. Pero eso se articula tambi&#233;n con la segunda teor&#237;a sexual juvenil, ya que la mirada se ordena frente a una doble mirada, la del monstruo contado y la &#8220;m&#237;a&#8221;, convocada en sesi&#243;n. El empalme de los cuerpos en el campo de lo esc&#243;pico adquiere transferencialmente un valor puberal por cuanto sexualiza, o tal vez erotiza, en la transferencia, el momento de interlocuci&#243;n y de nombramiento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para sostener este an&#225;lisis, propongo proceder con una serie de formulaciones l&#243;gicas que instalan a la vez la l&#243;gica de escenas puberales y, de modo m&#225;s cl&#225;sico, la l&#243;gica del fantasma:&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; el monstruo la mira (mirada a c&#225;mara);&lt;/li&gt;&lt;li&gt; ella es mirada por el monstruo;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; ella me mira;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; ella me muestra su cicatriz (escudo);&lt;/li&gt;&lt;li&gt; yo veo la cicatriz;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; yo la veo mirarme (escena puberal);&lt;/li&gt;&lt;li&gt; ella se nombra &#8220;monstruo&#8221;;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; ella es el monstruo que me mira;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; Olga ME dice que ella ES un MONSTRUO.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;La sesi&#243;n anal&#237;tica es el espacio de una inversi&#243;n de las figuras en el centro mismo de la transferencia. Olga se ofrece a la vista del analista como ella misma vio al monstruo que la miraba desde la pel&#237;cula. La mirada a c&#225;mara dentro de la escena se transforma o invierte dentro de la sesi&#243;n, en la transferencia, bajo la forma de la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara. Adem&#225;s, la adolescente se deja ver ante la mirada del cl&#237;nico. As&#237;, la herida en la mano, finalmente, es el soporte secundario en relaci&#243;n con su exposici&#243;n a y bajo la mirada. El hecho de mirarla se convierte en lo que est&#225; en juego en la sesi&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las teor&#237;as sexuales juveniles permiten detectar c&#243;mo las cuestiones del cuerpo en su tensi&#243;n con las marcas y cicatrices, las cuestiones de la mirada y de la exposici&#243;n a la mirada se mezclan transferencialmente. En el an&#225;lisis, Olga pasa de la mirada a c&#225;mara a la mirada a trav&#233;s de la c&#225;mara, como pasa de la posici&#243;n de la mirada sobre el cuerpo del otro a la exposici&#243;n de un escudo de su cuerpo. Los signos y escudos de lo femenino y lo masculino dependen, por consiguiente, no tanto de una serie de normas sociales esperadas, sino m&#225;s bien de una disposici&#243;n en el eje de la mirada y de una construcci&#243;n ret&#243;rica del g&#233;nero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga se inscribe en, bajo y a trav&#233;s de la mirada que ordena una b&#250;squeda del g&#233;nero cuyas disposiciones en t&#233;rminos de signos de feminidad y masculinidad parecen depender de qui&#233;n mira y qui&#233;n se expone a qui&#233;n. El escudo de la mano-herida cobra sentido en el juego de nuestras miradas inscritas en el eje de la transferencia. As&#237;, mediante el nombre mismo en que se convierte el t&#233;rmino de &#8220;monstruo&#8221;, ella hace surgir un juego de posesivos que permite movilizar en la transferencia problem&#225;ticas juveniles. Olga se convierte en &lt;i&gt;mi&lt;/i&gt; monstruo: &#8220;&#191;Sabe?, no le dije el t&#237;tulo de la pel&#237;cula; en ingl&#233;s es &lt;i&gt;Freaks&lt;/i&gt;, creo que quiere decir &#8216;los monstruos'&#8230; Yo soy su monstruito y solo usted me escucha, pero para eso debo pagar el precio; le pago con mi plata [&lt;i&gt;fric&lt;/i&gt;], con mi &lt;i&gt;freaks, Mr&lt;/i&gt;. Bonnet, &#191;lo oye? Le pago con mi &lt;i&gt;freak&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un monstruo cuyo valor inscrito bajo la mirada del analista adquiere una apariencia casi rom&#225;ntica. El posesivo insiste de manera casi m&#225;s esencial que el nombre mismo: &#8220;soy su monstruito&#8221;. Invito a la reflexi&#243;n sobre el hecho de que el juego de palabras entre &lt;i&gt;Freaks&lt;/i&gt; (monstruo) y &lt;i&gt;fric&lt;/i&gt; (plata, dinero) permite a Olga designar, en el cruce del costo y el valor, el intercambio de dinero y de miradas como verdaderos testigos de la transferencia. &#8220;Le pago con mi plata [&lt;i&gt;fric&lt;/i&gt;]&#8221; se convierte en el enunciado decididamente complementario e invertido de &#8220;soy su monstruito&#8221;. El analista pertenece a Olga, Olga pertenece al analista, en un juego de miradas cruzadas y dirigidas. Olga paga el precio de la carne con la cicatriz, signo de la herida cuya culpa me atribuye a m&#237;. Olga suspende por un momento su b&#250;squeda de pertenencia a una categor&#237;a de g&#233;nero normada, para explorar m&#225;s bien la din&#225;mica de las miradas cruzadas. Olga paga con su dinero atribuy&#233;ndome un lugar espec&#237;fico. Olga, mediante el juego de las miradas y los nombramientos, permite a las teor&#237;as sexuales juveniles atravesar el trabajo anal&#237;tico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Traducci&#243;n: Salom&#233; LANDIVAR&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La palabra &lt;i&gt;fric&lt;/i&gt; (plata) en franc&#233;s se pronuncia de modo similar a &lt;i&gt;freak&lt;/i&gt; (monstruo) en ingl&#233;s [N. de la T.].&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/jeyc_marzo_2020_es_04__bonnet_chevalier_vellon_gimenez_la_mirada.pdf" length="123848" type="application/pdf" />
		

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		<title>Le regard par la cam&#233;ra / Cin&#233;ma, sc&#232;nes pubertaires et th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles.</title>
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		<dc:date>2020-01-17T20:25:39Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Christian Bonnet, Julie Chevalier, Clarisse Vollon, Guy Gimenez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;R&#233;sum&#233;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;L'article d&#233;voile une s&#233;quence clinique analytique avec Olga, une adolescente associant en s&#233;ance autour d'une sc&#232;ne du film Freaks de T. Browning. Le texte articule les concepts du &lt;i&gt;regard &#224; la cam&#233;ra&lt;/i&gt; (Vernet) et du &lt;i&gt;regard par la cam&#233;ra&lt;/i&gt; (Bonnet) comme rendant particuli&#232;rement compte dans le cours de la cure de la construction de sc&#232;nes, voire de fantasmes adolescents. Olga d&#233;crit tour &#224; tour le regard d'un personnage du film, en m&#234;me temps qu'elle d&#233;ploie son regard dans l'espace de la s&#233;ance et en s'offrant au regard de l'analyste par le signe d'une plaie sur son corps. Cette plaie la constitue comme une h&#233;ro&#239;ne &#224; la cicatrice, c'est-&#224;-dire porteuse d'un signe, d'une marque, voire d'un &lt;i&gt;blason du corps f&#233;minin&lt;/i&gt;. La conception des &lt;i&gt;sc&#232;nes pubertaires&lt;/i&gt; (Gutton) et des blasons du corps adolescent (Bonnet) sera mise en tension avec la logique du regard par la cam&#233;ra afin de mieux approcher la logique des &lt;i&gt;th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles&lt;/i&gt;. Nous soutenons qu'au-del&#224; des trois th&#233;ories sexuelles infantiles de Freud, il devient n&#233;cessaire dans la clinique analytique d'adolescents de forger les extensions, refontes et cr&#233;ations de th&#233;ories sexuelles originales. Au confluent de l'infantile et du juv&#233;nile, nous essayons de formaliser la place du g&#233;nital dans le champ du pubertaire. Notre proposition organise trois th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles : d'abord la &lt;i&gt;th&#233;orie des blasons g&#233;nitaux&lt;/i&gt;, ensuite une &lt;i&gt;th&#233;orie des (deux) corps abouch&#233;s&lt;/i&gt; ou plus exactement de &lt;i&gt;l'&#233;treinte du h&#233;ros &#224; la cicatrice&lt;/i&gt; ; enfin une &lt;i&gt;th&#233;orie de l'&#233;preuve du h&#233;ros face &#224; la horde&lt;/i&gt;. L'originalit&#233; de ces trois th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles tient &#224; la structure formelle qui les donne &#224; entendre dans le discours des adolescents. Ainsi dans le nouage entre regard par la cam&#233;ra et th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles apparaissent dans le transfert les conditions d'une construction du genre &#224; l'adolescence.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Mots-Cl&#233;s:&lt;/strong&gt; regard par la cam&#233;ra | sc&#232;nes pubertaires | blason | th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/La-mirada-a-traves-de-la-camara-Cine-escenas-puberales-y-teorias-sexuales' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Versi&#243;n en espa&#241;ol&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/The-gaze-by-the-camera-Cinema-puberty-scenes-and-juvenile-sexual-theories' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-10-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 10 | Nro 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Aix Marseille Universit&#233;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Ce texte s'inscrit dans le cadre de ce colloque avec un d&#233;sir : celui de reprendre, prolonger et, d'une certaine mani&#232;re, accomplir une partie des attendus et du projet d'un pr&#233;c&#233;dent texte (Bonnet 2018). Nous avions abord&#233; l'articulation entre regard &#224; la cam&#233;ra, rh&#233;torique de l'image, sc&#232;nes pubertaires et th&#233;ories sexuelles. Nous allons maintenant proposer de mani&#232;re plus pr&#233;cise comment les enjeux rh&#233;toriques permettent de penser la notion de &#171; regard par la cam&#233;ra &#187; dans le cadre d'une clinique des processus adolescents ; ce qui conduira &#224; proposer pour la premi&#232;re fois la formalisation de trois th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles, v&#233;ritable confluent dans le transfert entre sc&#232;nes pubertaires et investissement de sc&#232;nes cin&#233;matographiques.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pour cela, nous pr&#233;sentons un fragment clinique de la th&#233;rapie d'Olga, une adolescente, depuis son regard sur une sc&#232;ne du film Freaks (1932) de Todd Browning. L'analyse s'empare d'abord du concept de &lt;i&gt;regard &#224; la cam&#233;ra&lt;/i&gt;, tel que l'on peut le trouver chez Vernet, ainsi que de notre proposition sur le &lt;i&gt;regard par la cam&#233;ra&lt;/i&gt;. Puis, nous allons articuler les conditions rh&#233;toriques de constitution des sc&#232;nes pubertaires en lien avec des th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles, constituant enfin, une th&#233;orisation singuli&#232;re. Ainsi nous interrogerons ce qu'est une &lt;i&gt;th&#233;orie sexuelle juv&#233;nile&lt;/i&gt; et comment en d&#233;finir les fonctions dans la s&#233;ance sous transfert par le surgissement du &lt;i&gt;regard par la cam&#233;ra&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Chapitre 1 : Les larmes d'Olga&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga traverse sa 17&#232;me ann&#233;e empes&#233;e de larmes et sous le fardeau des sanglots. Elle s &#8216;installe triste aujourd'hui et son regard alterne entre les reflets de la fen&#234;tre &#224; sa droite, et mon visage &#224; sa gauche&#8230; Longtemps ses pleurs ont occup&#233; toutes les s&#233;ances de ces deux derni&#232;res ann&#233;es.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga soupire, se tourne un peu plus vers la fen&#234;tre, le temps se suspend et je m'entends dire dans un souffle : &#171; Oui&#8230; &#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga : &#171; Oui, oui&#8230; C'est triste une fois de plus en ce moment&#8230; J'ai vu un film, un film, vous devez le conna&#238;tre&#8230; C'est vieux&#8230; C'est en noir et blanc&#8230; Et surtout y a des monstres&#8230; Vous aimez &#231;a les monstres, je le sais y a une s&#339;ur d'une copine elle vous a en cours et vous en parlez&#8230; Oui y a des monstres, des tas de monstres, des vrais monstres ceux qu'on voit pas d'habitude, pas des trucs de cin&#233;ma. &#187;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dans le silence qui suit je pose une question : &#171; De quel film parlez vous, qu'avez vous vu ? &#187;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga fixe son regard intens&#233;ment sur la fen&#234;tre et, commen&#231;ant &#224; d&#233;tacher nettement ses syllabes, elle dit : &#171; Oui ce film y a plein de monstres, je me suis fait mal dimanche en dessinant, vous savez je fais des dessins avec l'encre et la plume, je me suis, enfin j'ai fait, je veux dire je me suis entaill&#233;e la paume de la main avec la plume en m&#233;tal&#8230; &#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le silence revient &#224; nouveau. Je la questionne : &#171; Avec la plume en m&#233;tal&#8230; Que s'est il pass&#233; ? &#187;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga est de plus en plus fix&#233;e sur la fen&#234;tre et le soleil maintenant se d&#233;pose sur ses joues et son front, plissant l&#233;g&#232;rement ses yeux dans la lumi&#232;re : &#171; Oui je dessinais, je voulais dessiner, je, j'ai fait n'importe quoi en voulant projeter de l'encre sur la feuille comme &#231;a d'un coup sec, je pensais &#224; vous &#224; la derni&#232;re s&#233;ance nous avions parl&#233; des soleils noirs de la m&#233;lancolie, vous savez ce po&#232;me du mec qui s'est pendu, c'est Nerval je crois et vous m'avez dit un truc sur les soleils noirs et l&#224; je voulais en faire des soleils noirs et crac je me plante la plume dans la paume de la main, &#231;a c'est encore votre faute&#8230; Enfin je crois &#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#171; Ah ? &#187; murmurais-je de fa&#231;on semi interrogative, tout en me rem&#233;morant comment Nerval habit&#226;t notre s&#233;ance pr&#233;c&#233;dente&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga reprend, toujours plong&#233;e dans la lumi&#232;re : &#171; Ben du coup l&#224; je suis bless&#233;e, j'ai mal je saigne, je prends ce film et je le mets, c'est un film de monstres en noir et blanc&#8230; Y a une sc&#232;ne o&#249; tu vois de dos une personne, tu sais pas qui c'est, c'est bizarre, c'est inqui&#233;tant, c'est &#233;trange et cette personne c'est un enfant, un enfant bizarre, tu sens que c'est bizarre, et il se retourne peu &#224; peu l'enfant, lentement tu sais il se tourne vers sa droite et tu le vois. Tu le vois, c'est un monstre, il est tout d&#233;form&#233;, il est monstrueux et son regard il tourne vers toi, il tourne vers toi et l&#224; d'un coup il te regarde droit dans les yeux&#8230; Droit dans les yeux&#8230; Je l'ai regard&#233; droit dans les yeux&#8230; &#187;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga pleure, sanglote, se recroqueville : &#171; Vous le savez vous, le monstre c'est moi ! &#187;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Et Olga d&#233;tourne les yeux de la fen&#234;tre et lentement alors que le soleil baigne son visage entre les doigts d&#233;pli&#233;s en &#233;ventail sous ses yeux, elle vient poser son regard dans le mien et en retournant sa paume vers moi, elle m'expose sa cicatrice puis elle r&#233;p&#232;te &#171; Vous le savez vous le monstre c'est moi ! &#187;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous n'en dirons pas plus du point de vue clinique, ni des associations auxquelles se rattachent les monstres, ni de ce qui fut propos&#233; &#224; ce moment l&#224;, sinon que ce fut le moment d'une construction dans l'analyse au sens le plus freudien que l'on puisse lui donner dans cette pratique. Cependant, voici comment la s&#233;ance se cl&#244;t. Olga regarde ses mains puis me regarde intens&#233;ment : &#171; Vous savez ce film je vous ai pas donn&#233; le titre en anglais c'est Freaks je crois que &#231;a veut dire les monstres&#8230; Moi je suis votre petit monstre et y a que vous pour m'&#233;couter mais pour &#231;a je dois en payer le prix, je vous paye avec mon fric, avec mon freaks Mr Bonnet, vous l'entendez &#231;a&#8230; Je vous paye avec mon freaks &#187;.&lt;br class='autobr' /&gt;
La s&#233;ance se cl&#244;t.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Chapitre 2 : Le regard par la cam&#233;ra&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous allons maintenant articuler les concepts de regard &#224; la cam&#233;ra (Vernet 1983), puis de regard par la cam&#233;ra (Bonnet 2018) &#224; la question des sc&#232;nes pubertaires (Gutton 1991, 1996) et &#224; la rh&#233;torique de l'image dans le transfert.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Regard &#224; la cam&#233;ra&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La formule du regard &#224; la cam&#233;ra, dans le cadre d'analyse filmique, est de Marc Vernet dans son texte de 1983. C'est une figure de l'image filmique qui, s'adossant au cadre et l'ouvrant vers nous (spectateur) nous regarde, nous regarde nous, nous qui la regardons dans les yeux depuis la salle. Le regard &#224; la cam&#233;ra met en question les effets de notre regard : qui regarde qui ? Quelle fonction a le regard de l'un dans le regard de l'autre ? Cela a permis de beaux d&#233;ploiements chez Vernet sur le Sujet-spectateur. Cette mise en abyme des regards sur l'&#339;uvre et de l'&#339;uvre n'est pas sans lien avec ce que Foucault (1966), dans l'incipit les mots et les choses, proposait dans le regard de Velasquez sur le spectateur. Chez Foucault analysant les M&#233;nines, quand le regard du peintre se pose sur les spectateurs de la toile, cela r&#233;interroge d'une part ce qu'est la tradition des portraits en peinture et d'autre part d&#233;finit plus radicalement les conditions m&#234;mes de la repr&#233;sentation.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A la crois&#233;e de Vernet et de Foucault (1960), nous mobilisons aussi les figures d'Arasse (1982, 1992, 2000), de Yates (1975) et de Barthes (1966), pour nous emparer du terme de rh&#233;torique. Le d&#233;ploiement d'images peut se penser comme ordonnancement d'un fil diachronique, c'est &#224; dire permettant une v&#233;ritable discursivit&#233;. La rh&#233;torique est le nom que nous finissons par donner au mode de d&#233;ploiement et d'articulation de figures et de motifs comme autant de signifiants ordonnant un v&#233;ritable r&#233;cit. Le regard &#224; la cam&#233;ra est une s&#233;quence discursive qui m&#234;le &#224; la figure regardant le spectateur, le motif d'un regard qui en rencontre, en construit et en &#233;pouse un autre. Le regard &#224; la cam&#233;ra est une composante originale dans une rh&#233;torique incluant le spectateur dans le regard non seulement sur l'&#339;uvre, mais de l'&#339;uvre elle-m&#234;me en un tour de passe-passe qui tout illusoire qu'il soit n'en demeure pas moins remarquable. Par le regard d'une figure inscrite au champ de la repr&#233;sentation, lorsqu'elle se tourne vers nous alors nous pouvons &#234;tre d&#233;voil&#233;s dans notre propre regard. Ceci est une op&#233;ration fictionnelle d'embo&#238;tement qui mobilise les formes de la mise en abyme comme du renversement des regards.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Notre position dans le regard est r&#233;v&#233;l&#233;e par l'artefact du regard &#224; la cam&#233;ra, sur le mode d'un surgissement, d'un retournement. Il ne s'agit pas d'un miroir, mais d'une fiction ! D'une fiction construite, d'une fiction rh&#233;torique au sens le plus classique du terme : une image qui pense et fait discours. La valeur de cette fiction d'un point de vue psychopathologique se d&#233;duit de son potentiel d'affleurement des processus identificatoires et des mouvements multiples pour le spectateur convoqu&#233; au plus pr&#232;s de ses mouvements voyeuristes comme exhibitionnistes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dans le moment clinique avec Olga, ce concept a une double valeur. L'une d'&#233;vidence dans la description que fait Olga de la sc&#232;ne de Freaks avec ce retournement du monstre qui regarde le spectateur depuis la sc&#232;ne qui le d&#233;voile. Le monstre nous regarde dans les yeux et Olga le voit la regardant depuis le film. Ainsi le regard &#224; la cam&#233;ra op&#232;re pour Olga dans un saisissement remarquable. La seconde valeur de ce concept est pr&#233;cis&#233;ment le film, qualifi&#233; de quasi antiquit&#233; et renvoy&#233; &#224; sa proximit&#233; avec mon &#226;ge, sinon ma g&#233;n&#233;ration, venant bien inclure la sc&#232;ne dans le transfert. Dans le regard &#224; la cam&#233;ra, Olga est vue par le monstre, depuis un univers patin&#233; par l'anciennet&#233; d'un noir et blanc incluant son analyste dans cette temporalit&#233;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;a) Regard par la cam&#233;ra&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous proposons maintenant de passer du &lt;i&gt;regard &#224; la cam&#233;ra&lt;/i&gt; au &lt;i&gt;regard par la cam&#233;ra&lt;/i&gt; (Bonnet, 2018). Le regard par la cam&#233;ra est une notion sp&#233;cifique &#224; la clinique adolescente (ou plut&#244;t des processus adolescents), permettant de penser comment la mention, l'&#233;vocation, la description d'une sc&#232;ne prend place dans le double regard du patient et de l'analyste en s&#233;ance. Pr&#233;cisons bien que cette notion n'a de sens que dans l'espace d'interlocution de la s&#233;ance. Cliniquement le regard par la cam&#233;ra prend souvent une forme en deux temps: premier temps, le patient &#233;voque une sc&#232;ne de regard &#224; la cam&#233;ra dans laquelle une figure de la fiction le regarde comme spectateur. Deuxi&#232;me temps, le patient indique quels effets ou &#233;prouv&#233;s le saisissent dans son regard de spectateur sur la figure cin&#233;matographique, op&#233;rant dans une adresse du discours &#224; l'analyste. Le patient convoque dans le transfert le double mouvement de celui qui le regarde (regard &#224; la cam&#233;ra) et comment il regarde celui qui le regarde, en s'exposant &#224; l'analyste : je suis regard&#233; par le film et je regarde le film en m'exposant &#224; l'analyste dans son regard. Dans le regard par la cam&#233;ra, c'est &lt;i&gt;un regard depuis le film qui r&#233;v&#232;le les conditions du regard sur le film et ouvre au ressaisissement de ce mouvement en th&#233;rapie, en s&#233;ance, en situation analytique et sous transfert&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Les conditions de d&#233;voilement du sujet adolescent dans le travail analytique trouvent un &#233;cho int&#233;ressant dans cette formule du &lt;i&gt;regard par la cam&#233;ra&lt;/i&gt;, en effet pour peu que le sujet &#171; soit &#187; dans cet &#171; &#339;il &#187; de la cam&#233;ra, alors il invoque tr&#232;s rapidement les conditions d'un univers di&#233;g&#233;tique. Dans cet univers, le film r&#233;pond &#224; d'autres films comme &#224; des souvenirs et &#224; des moments de s&#233;ances. Il y a un monde que le sujet regarde sans le voir et qui par moments surgit et nous voit. Le sujet s'&#233;prouve ainsi depuis la place occup&#233;e dans son propre regard.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Une des formules possibles que j'utilise s'&#233;nonce ainsi : alors que le spectateur-sujet est habituellement saisi par le &lt;i&gt;regard &#224; la cam&#233;ra&lt;/i&gt;, dans le &lt;i&gt;regard par la cam&#233;ra&lt;/i&gt; le regard devient l'&#339;il de l'adolescent dans lequel il s'exhibe au lieu m&#234;me du regard du film ! Je peux ainsi penser que le regard par la cam&#233;ra est l'&#339;il de l'adolescent par lequel il donne &#224; s'exhiber au regard de l'analyste, dans le transfert et seulement dans le transfert. Dans la s&#233;ance, ce processus transf&#233;rentiel peut s'ordonner sur le continuum identificatoire et voyeuriste. A un bout, le regard est la condition de la plong&#233;e immersive dans le film, alors qu'&#224; l'autre bout, le regard devient l'interstice, le segment, la fente et la d&#233;coupe par o&#249; se voit et se pille la sc&#232;ne, l'ensemble demeurant offert au regard de l'analyste.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le regard par la cam&#233;ra est donc une formule d&#233;finissant l'op&#233;ration de d&#233;ploiement de l'interlocution en s&#233;ance. L'&#339;il suppos&#233;, convoqu&#233; par les films &#233;voqu&#233;s par les adolescents, se double de l'oreille de l'analyste requise et assign&#233;e par les questionnements surgissant. Qui &#233;coute et qui regarde qui ? Dans l'espace incertain de d&#233;ploiement des dires du sujet et depuis les r&#233;f&#233;rences &#224; des films nomm&#233;s, nous nous int&#233;ressons toujours &#224; ce qui, des processus psychiques adolescents, insiste dans et par le surgissement et le soulignement de ce &#171; regard par la cam&#233;ra &#187;, indissolublement nou&#233; au transfert. Il permet de souligner &#224; une heure clinique o&#249; les choses &#171; imag&#233;es &#187; peuplent massivement la vie des sujets toutes les ressources rh&#233;toriques de tels processus et ph&#233;nom&#232;nes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Avec Olga analysons maintenant la mani&#232;re dont le regard par la cam&#233;ra prend place et consistance. Elle &#233;voque d'abord les monstres, que l'analyste connait, puisque dit-elle il en parle dans ses cours. Les soleils noirs de la m&#233;lancolie attach&#233;s &#224; sa blessure et cicatrice toute r&#233;cente, s'invitent alors dans son discours. Puis se d&#233;ploie la sc&#232;ne du regard &#224; la cam&#233;ra par le monstre. Enfin voici le point clinique sur lequel j'insiste dans l'analyse : Olga d&#233;tourne les yeux de la fen&#234;tre et lentement alors que le soleil baigne son visage entre les doigts d&#233;pli&#233;s en &#233;ventail sous ses yeux, elle vient poser son regard dans le mien et en retournant sa paume vers moi, elle m'expose sa cicatrice en r&#233;p&#233;tant &#171; Vous le savez vous le monstre c'est moi ! &#187; Cette s&#233;quence est pr&#233;cis&#233;ment la cristallisation de ce que l'on nomme le regard par la cam&#233;ra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Au moment o&#249; Olga d&#233;crit la sc&#232;ne du regard &#224; la cam&#233;ra, elle passe d'un regard vers la fen&#234;tre &#224; un regard sur moi, elle regarde au travers de ses doigts en d&#233;coupant un cadre particulier pour &#171; sa &#187; et &#171; ma &#187; vision, et en retournant la paume de sa main elle expose la trace de sa blessure, sa cicatrice, et l&#226;che sa sentence : &#171; Vous le savez le monstre c'est moi ! &#187;. Ayant par ailleurs beaucoup travaill&#233; sur le h&#233;ros &#224; la cicatrice (Bonnet 2014a et b) et la question de l'exposition du corps et des traces, en tant que celles-ci seraient des blasons du corps adolescent (Bonnet 2007), on peut insister sur la valeur de la marque sur le corps d'Olga: un soleil noir de la m&#233;lancolie dont la faute incombe &#224; l'analyste dans le transfert. Elle regarde alternativement la lumi&#232;re et me regarde tout en d&#233;crivant une sc&#232;ne vue dans le film. Au moment o&#249; elle d&#233;crit le regard du monstre, elle regarde l'analyste en exposant sa trace. Le regard par la cam&#233;ra est ici un &#233;quivalent &#224; une sc&#232;ne pubertaire, en tant qu'elle pr&#233;sente un blason particulier et fait surgir un mode de nomination &#171; le monstre c'est moi &#187;. Olga se constitue en h&#233;ros &#224; la cicatrice par le blason sur la paume de sa main. Cette sc&#232;ne pubertaire s'ordonne transf&#233;rentiellement par l'op&#233;ration du regard par la cam&#233;ra inscrivant di&#233;g&#233;tiquement la sc&#232;ne de Freaks du regard &#224; la cam&#233;ra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La s&#233;ance d&#233;ploie dans le transfert une rh&#233;torique de l'image au sens o&#249; la discursivit&#233; est ordonn&#233;e par des sc&#232;nes qui &#224; la fois sont &#233;voqu&#233;es (regard &#224; la cam&#233;ra racont&#233; par Olga dans Freaks) et mises en &#233;cho avec une sc&#232;ne construite (regard jouant entre la d&#233;coupe des doigts et la lumi&#232;re offrant &#224; la vue de l'analyste la paume porteuse de cicatrice). Que pr&#233;sente le film Freaks sous le regard d'Olga ? Une rh&#233;torique substituant au monde d'Olga des sc&#232;nes qui soutiennent ses d&#233;sirs dans le transfert. Olga, vue par un monstre, s'offre au regard de l'analyste comme son monstre en s&#233;ance.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Chapitre 3 : Olga et les th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Franchissons maintenant un pas th&#233;orique au del&#224; de l'analyse du segment clinique pr&#233;c&#233;dent, en proposant qu'il ne saurait y avoir de sc&#232;nes pubertaires, de regard par la cam&#233;ra et encore moins de h&#233;ros &#224; la cicatrice qui ne s'articulent &#224; une proposition de th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles. Nous livrons ici le fruit de ce travail d&#233;j&#224; long dans des &#233;crits pr&#233;c&#233;dents de construction des th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Qu'est-ce qu'une th&#233;orie sexuelle ? Epist&#233;mologiquement, il s'agit bien &#233;videmment de ce que Freud (1905) propose dans les trois essais sur la th&#233;orie sexuelle. Dans notre lecture, il s'agit d'une formule logique que le sujet met &#224; l'&#233;preuve dans des narrations et des r&#233;cits, en envisageant dans une combinatoire les possibles, les limites et les effets de cette th&#233;orie. En terme L&#233;vi-straussien (L&#233;vi-Strauss, 1958), ce sont des &#233;nonc&#233;s proches des formules cardinales des mythes qui, comme instrument logique, permettent de poser des paradoxes et de les am&#233;nager, un temps au moins, en livrant des formules, des sc&#233;narios, des hypoth&#232;ses am&#233;nageant le rapport au temps, &#224; la mort, &#224; la sexualit&#233;, &#224; la cr&#233;ation. Une th&#233;orie sexuelle permet de multiplier des questions, des th&#232;ses, de rep&#233;rer leurs cons&#233;quences et incons&#233;quences&#8230; Les enjeux du pubertaire au sens de Gutton (1991) requi&#232;rent de penser sexuation, g&#233;nitalit&#233; et alt&#233;rit&#233; (au sens de la diff&#233;rence des g&#233;n&#233;rations et des distinctions ou semblances entre sujets). Comment peut-on les penser ?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nous proposons depuis longtemps d&#233;j&#224; (Bonnet, 2007, 2011, 2014a, 2014b) de travailler en s'emparant des objets de la culture et en analysant dans le transfert leurs usages dans les s&#233;ances par les patients. Cela a &#233;t&#233; propos&#233; au travers des mangas, jeux vid&#233;os et autre recours aux films de genre, notamment en soulignant comment la mort permettait de penser la question du sexe, sinon celle du genre. Si les trois th&#233;ories sexuelles infantiles freudiennes (Freud, 1905) concernent la survenue de l'enfant, le mode de diff&#233;renciation entre hommes et femmes, ou encore la nature des &#233;treintes sexuelles, alors nous proposons que tout objet de la culture mobilis&#233; en s&#233;ance comme les mangas, les jeux vid&#233;os, les films de genre, le rap servent &#224; structurer des th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles. Ces th&#233;ories permettent de formaliser les incertitudes de la filiation et les modes de d&#233;gagement avec les figures parentales, elles permettent aussi de doter le corps de signes distinctifs d'&#233;lection, autant que de mal&#233;diction, et probablement de r&#233;v&#233;ler ce qui permet de distinguer les signes du masculin et du f&#233;minin dans un moment de la culture donn&#233;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le h&#233;ros &#224; la cicatrice qui est ici encore une fois mobilis&#233; avec Olga depuis sa revendication du blason des soleils noirs de la m&#233;lancolie dans la paume de sa main, est dans ses quatre caract&#233;ristiques structurales la figure articulant narrativement les questions du genre ou du sexe dans des th&#233;ories sexuelles. Il existe quatre caract&#233;ristiques structurales d&#233;finissant le h&#233;ros &#224; la cicatrice : 1) trouble dans la filiation ; 2) marque sur le corps ; 3) incertitude sur le genre ou l'humanit&#233; ; 4) qu&#234;te avec r&#233;solution violente. La troisi&#232;me, c'est &#224; dire la question de l'inhumanit&#233;, devient la variation possible de cette double question du genre et de ce que l'on peut appeler aussi le sexe du sexe. L'analyse lit aussi la quatri&#232;me caract&#233;ristique structurale, &#224; savoir la qu&#234;te, comme une approche de l'&#233;nigme du f&#233;minin, du corps f&#233;minin, dont les articulations interrogent l'&#233;rotique autant que le g&#233;nital. Ainsi nous posons que les th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles sont narrativement port&#233;es par la figure du h&#233;ros &#224; la cicatrice.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Le h&#233;ros s'affronte au proc&#232;s de la sexuation par sa cicatrice. Le signe-cicatrice s'inscrit sur le vecteur de l'adresse du discours, afin que l'analyste devienne surface de cette adresse (par projection) et se trouve n&#233;cessairement pris dans le jeu des d&#233;formations et perspectives de ces signes. Les fragments de la culture quels qu'ils soient peuvent se voir &#233;lever &#224; la dignit&#233; de structures logiques, permettant de penser des th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles, autant qu'un roman adolescent (Bonnet 2011), ou encore des modes de structuration de l'&#233;rotique par signes et cicatrices. La cicatrice que l'on retrouve avec Olga, n'est que le nom spectaculaire pour une s&#233;rie de fonctions &#233;laboratives et symboliques qui se combinent dans le jeu des signes du corps, ou sur le corps, en forgeant des processus adolescents. Les signes, les marques interrogent le genre et la g&#233;nitalit&#233; en les constituant dans un rapport d'embo&#238;tement par les moyens que la langue du r&#233;cit et de la rh&#233;torique permettent en s&#233;ance.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pour l'heure voici une premi&#232;re proposition de formalisation des trois th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles :&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; primo en lieu et place de la th&#233;orie du p&#233;nis : les blasons et la cicatrice sont androgynes et se lisent, s'opposent, s'apposent, surgissent ou s'arrachent aux corps d'autrui en red&#233;finissant la nature du genre et sa fonction. Il s'agit d'une &lt;i&gt;th&#233;orie des blasons g&#233;nitaux&lt;/i&gt; ;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; secundo en lieu et place des th&#233;ories de l'enfantement : les corps genr&#233;s se p&#233;n&#232;trent ou sont p&#233;n&#233;tr&#233;s dans des th&#233;&#226;tres de violences incessantes. Leurs prototypes sont d&#233;voration, d&#233;collation et d&#233;membrement, fusion d'&#233;l&#233;ments oppos&#233;s qui perturbent les agencements orificiels h&#233;rit&#233;s de l'infantile. Il s'agit d'une &lt;i&gt;th&#233;orie des (deux) corps abouch&#233;s ou plus exactement de l'&#233;treinte du h&#233;ros &#224; la cicatrice&lt;/i&gt; ;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; tertio en lieu et place du prototype de la lutte dans l'&#233;treinte &#233;rotis&#233;e &#224; deux : les sc&#233;narios pubertaires g&#233;nitalis&#233;s mettent aux prises l'un(e) et le groupe ou la horde violente, voire violante. Il s'agit alors d'une &lt;i&gt;th&#233;orie de l'&#233;preuve du h&#233;ros face &#224; la horde&lt;/i&gt;.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Ces th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles lorsque l'on les met en tension avec les th&#233;ories sexuelles infantiles freudiennes contribuent &#224; redonner &#224; la question de la bisexualit&#233;, non pas une valeur pr&#233;historique, mais bien une valeur quasi performative r&#233;v&#233;lant des modes d&#233;sirants et des sc&#233;narios d&#233;sirants. Ces sc&#233;narios se d&#233;ploient sous transfert au sein des s&#233;ances depuis l'articulation de blasons du corps &#233;rotis&#233;s avec des sc&#232;nes pubertaires qui confinent dans des r&#233;cits ou dans ce que nous sommes tent&#233;s de nommer de v&#233;ritables romans de la sexuation. L'une de nos pr&#233;occupations actuelles consiste &#224; penser comment les th&#233;ories sexuelles infantiles font noyau des th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles et dans quelle mesure l'analyse r&#233;v&#232;le leur inclusion dans le transfert.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga, au travers de la sc&#232;ne qu'elle ordonne dans le transfert, installe sous le regard une partie en d&#233;voilement de son corps. Elle retourne la paume de sa main portant une cicatrice en construisant un cadre de limitation et de soulignement de son &#339;il entre ses doigts. Elle laisse passer la lumi&#232;re et me regarde autant qu'elle s'expose &#224; mon regard. A quelle th&#233;orie sexuelle juv&#233;nile cette sc&#232;ne articul&#233;e au regard du monstre dans Freaks peut elle bien se r&#233;f&#233;rer ? Comment le regard &#224; la cam&#233;ra et le regard par la cam&#233;ra viennent-ils se conjuguer avec une sc&#232;ne pubertaire et un blason ?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ce n'est pas &#224; une seule mais bien &#224; deux th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles que nous sommes invit&#233;s &#224; penser. En effet, par la premi&#232;re th&#233;orie sexuelle juv&#233;nile, la place de la cicatrice et du blason semble pr&#233;sente et redoubl&#233;e par la r&#233;f&#233;rence au monstre qui regarde. Olga expose et plus exactement expose &#224; l'autre son blason et le cadre, cin&#233;matographiquement, par le jeu de la lumi&#232;re et de l'&#233;ventail des doigts. Mais cela s'articule aussi &#224; la deuxi&#232;me th&#233;orie sexuelle juv&#233;nile, puisque le regard est ordonn&#233; &#224; un double regard, celui du monstre racont&#233; et le &#171; mien &#187; convoqu&#233; en s&#233;ance. L'abouchement des corps au champ du scopique acquiert transf&#233;rentiellement une valeur pubertaire en tant qu&#8216;il sexualise, ou peut &#234;tre &#233;rotise, dans le transfert, le moment d'interlocution et de nomination.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pour soutenir cette analyse, proc&#233;dons &#224; une s&#233;rie de formulations logiques installant &#224; la fois la logique de sc&#232;nes pubertaires et plus classiquement la logique du fantasme :&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; le monstre la regarde (regard &#224; la cam&#233;ra) ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; elle est regard&#233;e par le monstre ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; elle me regarde ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; elle me montre sa cicatrice (blason) ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; je vois la cicatrice ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; je la vois me regarder (sc&#232;ne pubertaire) ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; elle se nomme monstre ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; elle est le monstre qui me regarde ;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; Olga ME dit qu'elle EST un MONSTRE ;&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;La s&#233;ance analytique est le lieu d'un renversement des figures au sein m&#234;me du transfert. Olga se donne &#224; voir &#224; l'analyste comme elle m&#234;me a vu le monstre la regardant depuis le film. Le regard &#224; la cam&#233;ra au sein de la sc&#232;ne se m&#233;tamorphose ou se renverse au sein de la s&#233;ance dans le transfert sous la forme du regard par la cam&#233;ra. De plus, l'adolescente se donne &#224; voir sous le regard du clinicien. Ainsi la blessure &#224; la main est finalement le support secondaire par rapport &#224; son exposition au et sous le regard. Le fait de la regarder devient l'enjeu m&#234;me de la s&#233;ance.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Les th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles permettent de rep&#233;rer comment les questions du corps dans leur tension avec les marques et cicatrices, les questions du regard et de l'exposition au regard se m&#234;lent transf&#233;rentiellement. Olga dans l'analyse passe du regard &#224; la cam&#233;ra au regard par la cam&#233;ra, comme elle passe de la position du regard sur le corps de l'autre &#224; l'exposition d'un blason de son corps. Les signes et blasons du f&#233;minin ou du masculin d&#233;pendent d&#232;s lors, moins d'une s&#233;rie de normes sociales attendues, que d'une distribution sur l'axe du regard et d'une construction rh&#233;torique du genre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olga s'inscrit dans, sous et par le regard ordonnant une qu&#234;te du genre dont les distributions en termes de signes de f&#233;minit&#233; et de masculinit&#233; semblent d&#233;pendre de qui regarde qui et qui s'expose &#224; qui. Le blason de la main-blessure prend sens dans le jeu de nos regards inscrits sur l'axe du transfert. Ainsi par le nom m&#234;me que devient le terme de monstre, elle fait surgir un jeu de possessif permettant de mobiliser dans le transfert des enjeux juv&#233;niles. Olga devient &lt;i&gt;mon&lt;/i&gt; monstre : &#171; Vous savez ce film je vous ai pas donn&#233; le titre en anglais c'est Freaks je crois que &#231;a veut dire les monstres&#8230; Moi je suis votre petit monstre et y a que vous pour m'&#233;couter mais pour &#231;a je dois en payer le prix, je vous paye avec mon fric, avec mon freaks Mr Bonnet, vous l'entendez &#231;a&#8230; je vous paye avec mon freaks &#187;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un monstre dont la valeur inscrite sous le regard de l'analyste prend des allures quasi romantiques. Le possessif insiste de mani&#232;re presque plus essentielle que le nom lui m&#234;me : &#171; je suis votre petit monstre &#187;. Ouvrons enfin &#224; la r&#233;flexion ce qui du jeu de mot entre Freaks (monstre) et fric permet &#224; Olga de d&#233;signer &#224; la crois&#233;e du co&#251;t et de la valeur, l'&#233;change d'argent et des regards comme v&#233;ritables t&#233;moins du transfert. &#171; Je vous paye avec mon fric &#187; devient l'&#233;nonc&#233; r&#233;solument compl&#233;mentaire et renvers&#233; du &#171; je suis votre petit monstre &#187;. L'analyste appartient &#224; Olga, Olga appartient &#224; l'analyste, dans un jeu de regards crois&#233;s et adress&#233;s. Olga paye le prix de la chair, par la cicatrice, signe de la blessure dont elle m'attribue la faute. Olga suspend pour un temps sa qu&#234;te de l'appartenance &#224; une cat&#233;gorie de genre norm&#233;e, pour plut&#244;t explorer la dynamique des regards crois&#233;s. Olga paye avec son fric en m'assignant &#224; une place sp&#233;cifique. Olga par le jeu des regards et des nominations, permet &#224; des th&#233;ories sexuelles juv&#233;niles de traverser le travail analytique.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Bibliographie&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arasse, D. 1982. Frances Yates et les labyrinthes occultes de l'histoire, D&#233;bat, 22, novembre, p. 41-48.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arasse, D. 1992. Le d&#233;tail, pour une histoire rapproch&#233;e de la peinture, Paris, Flammarion.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arasse, D. 2000. On n'y voit rien. Descriptions, Paris, Deno&#235;l.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Barthes, R. 1966. Introduction &#224; l'analyse structurale des r&#233;cits, Communications, 8, L'analyse structurale du r&#233;cit. Paris, Seuil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bonnet, C. Pechikoff, S. 2007. Gueni&#232;vre en ses blasons, Adolescence, 60, p.341-346.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bonnet, C. Pechikoff, S. 2011. Roman adolescent et sc&#232;nes pubertaires, Adolescence, 78, p.787-800.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bonnet, C. Petit, L. Pasquier, A. 2014a. Portrait de l'adolescent en h&#233;ros &#224; la cicatrice, Psychologie clinique, 38, p.45-54.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bonnet, C. ; Pechikoff, S. ; Petit, L. 2014b. De l'exposition du h&#233;ros aux blasons du corps adolescent, Topique, 126, p.25-38.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bonnet, C., 2018, L'oeil de la cam&#233;ra et la rh&#233;torique de l'image. &lt;i&gt;Etica y Cine journal, Revista academica cuatrimestrial, volumen 8, N&#176;2&lt;/i&gt;, ISSN 2250-5660 PRINT | ISSN 2250-5415 ONLINE.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Foucault, M. 1960. L'arri&#232;re fable, Dits et &#233;crits, Paris, Gallimard.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Foucault, M. 1966. Les mots et les choses, Paris, Gallimard.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. 1905, Trois essais sur la th&#233;orie sexuelle, Paris, Gallimard, 1962. Gutton, P. 1991. Le pubertaire, Paris, PUF.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Gutton, P. 1996. Adolescens, Paris, PUF.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levi -Strauss, C. 1958. Anthropologie structurale, Paris, Gallimard.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vernet, M. 1983. Le regard &#224; la cam&#233;ra. Iris N&#176;2.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yates, F. 1975, L'art de la m&#233;moire, Paris, Gallimard.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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