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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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<item xml:lang="es">
		<title>To believe in the other. Thanatos, eros and anamnesis in The Giver</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Abstract-Keywords</link>
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		<dc:date>2021-03-15T18:57:44Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Diego Fonti, Pamela C&#225;ceres</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Based on the novel and the film The Giver, this papers shows the paradox and contradictions born out of the attempt of an egalitarian and pacifist position &#8211; the classical answer to those discriminations that originate suffering and violence &#8211; to eliminate everything that is a source of distinction and therefore of anguish. In the second place, we argue that in the name of an equality achieved by means of eliminating the violence born out of difference, a worse violence is originated. And that the social elimination of death and desire, as signals of that memory and fundamental events of human experience, did not contribute to heal that division but instead it set a damage beyond limits. The argument shows that a production of neutral human beings, without past guilt nor future anguish, withouth meaningful individual differences, does not bring about a life that is more free, fraternal and egalitarian, but an intrinsic and boundless sort of violence. Finally we will explore the memory of differenciation and of the law as role of the other and as starting point for a more complete subjective appropriation.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; equality | difference | other | anguish | memory&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-11-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 11 | N&#176; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Cat&#243;lica de C&#243;rdoba&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Creer-en-lo-otro-Thanatos-eros-y-anamnesis-en-The-Giver' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Creer en lo otro. Thanatos, eros y anamnesis en The Giver&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Creer en lo otro. Thanatos, eros y anamnesis en The Giver</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Creer-en-lo-otro-Thanatos-eros-y-anamnesis-en-The-Giver</link>
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		<dc:date>2021-03-15T18:48:19Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Diego Fonti, Pamela C&#225;ceres</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A partir de la novela y el film The Giver, este art&#237;culo expone la paradoja y contradicciones que se que dan en el intento de una posici&#243;n igualitaria y pacifista &#8211;respuesta cl&#225;sica ante las discriminaciones que originan dolor y violencia&#8211; por eliminar todo lo que sea fuente de distinci&#243;n, y por ende de angustia. Se expone adem&#225;s c&#243;mo ese movimiento acab&#243; eliminando la creencia en lo otro y al mismo tiempo la memoria de todo lo que hab&#237;a causado angustia en el pasado. En segundo lugar, este art&#237;culo argumenta que en nombre de la igualdad lograda por la eliminaci&#243;n de la violencia nacida de la diferencia, se genera una violencia todav&#237;a m&#225;s grave. Y que la eliminaci&#243;n social de la muerte y el deseo, como se&#241;ales de esa memoria y eventos fundamentales de la experiencia humana, no contribuyeron a subsanar el desgarro sino a instaurar un da&#241;o m&#225;s all&#225; del l&#237;mite. El argumento se&#241;ala que la producci&#243;n de seres humanos neutros, sin culpas pasadas ni angustias futuras, sin diferencias individuales significativas, no conlleva una vida m&#225;s libre, fraterna e igualitaria, sino un tipo de violencia intr&#237;nseca y desbordada. Finalmente, se indagar&#225; la memoria de la diferencia y de la ley, en tanto rol del otro, como inicio de una apropiaci&#243;n subjetiva m&#225;s completa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; igualdad | diferencia | otro | angustia | memoria&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Abstract-Keywords' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-11-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 11 | Nro 1 | Marzo 2021&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Cat&#243;lica de C&#243;rdoba&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;La muerte es del &#225;mbito de la fe. Ustedes tienen raz&#243;n en creer que morir&#225;n, eso es lo que les sostiene. Si no lo creyesen, &#191;podr&#237;an soportar la vida que tienen?&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;La mort est du domaine de la foi. Vous avez bien raison de croire que vous (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;br class='autobr' /&gt;
J. Lacan, 13 de Octubre de 1972&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;No es infrecuente en la tarea acad&#233;mica abordar posiciones te&#243;ricas que total o parcialmente se enfrentan a las construcciones y enfoques propios. Ciertamente son desaf&#237;os que exigen respuesta, sea por medio de una refutaci&#243;n de la cr&#237;tica o por la revisi&#243;n de la propia posici&#243;n. Sin embargo, es menos frecuente que una obra se afirme sobre los mismos principios y orientaciones que los propios, llev&#225;ndoles &#8211;sin perder coherencia&#8211; hasta el punto cuya imagen se desfigura de tal modo que nos enfrenta al horror. Es m&#225;s que la mera argucia l&#243;gica de la reducci&#243;n al absurdo. Es un horror nacido inequ&#237;vocamente de los propios principios y orientaciones que cre&#237;amos leg&#237;timo &#8211;incluso un deber&#8211; sostener. Este tipo de conmoci&#243;n es la que el film de 2014 &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; (&lt;i&gt;El dador de recuerdos&lt;/i&gt;, de Philip Noyce, basado en la novela hom&#243;nima de Lois Lowry) nos provoca a quienes sostenemos una posici&#243;n &#233;tica y pol&#237;ticamente igualitaria respecto de los seres humanos. Nos obliga a pensar las premisas mismas de esa posici&#243;n y sus l&#237;mites. Para este trabajo poco importa la calidad &#8211;o falta de ella&#8211; del film, sino otra cosa m&#225;s intrigante: es forzar el reconocimiento de que nuestra propia posici&#243;n pol&#237;tica y &#233;tica conten&#237;a en su interior el huevo de la serpiente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este art&#237;culo se exponen, en primer lugar, los motivos por los cuales un argumento igualitario y pacifista &#8211;junto a la necesidad de enfrentar la violencia que hist&#243;ricamente los humanos hemos utilizado como respuesta a la diferencia, al dolor y a la muerte&#8211; llev&#243; a aniquilar todo aquello que era fuente de distinci&#243;n, y por ende de angustia. Lo central es que esa aniquilaci&#243;n signific&#243; tambi&#233;n dejar de creer en lo otro. Adem&#225;s se muestra c&#243;mo junto con las fuentes de esa angustia se elimin&#243; tambi&#233;n toda memoria de las mismas. El argumento que se articula a partir de esta descripci&#243;n es que en nombre de la eliminaci&#243;n de la violencia nacida de la diferencia y la alteridad, es decir, en nombre de la igualdad, se gener&#243; una violencia peor. Del mismo modo, la eliminaci&#243;n de la muerte y el deseo, as&#237; como las memorias y accesos a esos dos eventos fundamentales de la experiencia humana, no contribuyeron a subsanar el desgarro que conllevan sino a instaurar un da&#241;o m&#225;s all&#225; del l&#237;mite. Ese da&#241;o no solo incide en las relaciones interhumanas sino que afecta la propia constituci&#243;n de la subjetividad y la angustia que la acompa&#241;a. As&#237; fue que la eliminaci&#243;n de la angustia que produc&#237;an las caracter&#237;sticas antropol&#243;gicas ontol&#243;gicamente insuperables de la experiencia humana, tales como el deseo y la muerte, no produjeron subjetividades m&#225;s libres ni sociedades menos crueles. La producci&#243;n de seres humanos neutros, limpios de culpas pasadas y angustias futuras, carentes de diferencias y propiedades individuales significativas, de seres humanos sin las dos mociones estructurales fundamentales de &lt;i&gt;eros&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;thanatos&lt;/i&gt;, en s&#237;ntesis, no signific&#243; una vida m&#225;s libre, fraterna ni, en &#250;ltima instancia, igualitaria, sino un tipo de violencia intr&#237;nseca, t&#225;cita y desbordada, y por ende m&#225;s dif&#237;cil de resistir. Finalmente se indagar&#225; el rol de la memoria de la diferencia y la memoria de la ley, o sea del otro, como inicio de una posibilidad de apropiaci&#243;n subjetiva m&#225;s completa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La utop&#237;a, o el lazo dominial acabado&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El inicio de &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; nos ubica en una comunidad ut&#243;pica, donde ha sido superada la confrontaci&#243;n que Miller (2005) formula entre la sociedad como &#8220;lazo dominial&#8221; y la idea de una sociedad como relaci&#243;n igualitaria. Con el objeto de superar las antiguas condiciones que generaban violencia entre los humanos, se ha logrado una sociedad sin desgarro ni anomal&#237;as inesperadas: control de la natalidad y equilibrio en el n&#250;mero de nacimiento y muerte de sus habitantes, control del clima, eliminaci&#243;n de todas las caracter&#237;sticas personales y sociales que alguna vez portaron el germen del conflicto (diferencias de color de piel, diferencias econ&#243;micas, disputas por el acceso a bienes o cargos en la sociedad, etc.), orden y asignaci&#243;n programada de los roles sociales de cada persona que ingresa a la adolescencia. Tambi&#233;n es una sociedad donde la muerte no est&#225; presente, es invisible, y se ha logrado por la mitad lo que Nietzsche (1995) esperaba en el apartado 278 de &lt;i&gt;La gaya ciencia&lt;/i&gt;: por fin los hombres ya no piensan en la muerte; pero tampoco en la vida. Cuando los &#8220;ancianos&#8221; que detentan el poder determinan que el tiempo de alguien ha llegado, se le cuenta su vida (en el film de Noyce, se proyectan im&#225;genes grabadas de su pasado), y los dem&#225;s se despiden de quien ser&#225; conducido al &#8220;otro lugar&#8221;. Incluso se adjudica un sentido a la m&#225;s insignificante y repetitiva de las vidas, provocando paradojalmente un sentido generalizado de conformidad con el sentido (Lowry, 1993). &lt;i&gt;Amor fati&lt;/i&gt; consumado. Y a continuaci&#243;n son &#8220;released&#8221;, &#8220;liberados&#8221; (en la versi&#243;n doblada &#8220;rehabilitados&#8221;) &#8220;al otro lugar&#8221;, &lt;i&gt;Elsewhere&lt;/i&gt; (Lowry, 199, p. 47). Lo mismo sucede con aquellos beb&#233;s que no crecen como es esperable, con aquellas personas que no se adaptan, y finalmente tambi&#233;n con quienes meramente lo piden porque sienten que no encajan. Y de pronto ya no est&#225;n m&#225;s, sin que nadie sepa c&#243;mo sucedi&#243;. Esa &#8220;liberaci&#243;n&#8221; simplemente se da, se produce la ausencia sin el rigor de la partida ni la angustia que la antecede. As&#237; el &lt;i&gt;numerus clausus&lt;/i&gt; de la comunidad queda siempre estable &#8211;teniendo en cuenta que quienes cumplieron con el ciclo etario son despedidos hacia otro lugar&#8211; y saludable en tanto los sujetos an&#243;malos tambi&#233;n son despedidos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por ninguna parte aparecen los umbrales y l&#237;mites de la vida. Ninguna carga violenta rompe su armon&#237;a. Del mismo modo, el uso de drogas que anulan la libido desde la adolescencia impide que emerjan los conflictos nacidos del deseo er&#243;tico. No est&#225; lo que pone en riesgo la vida, pero tampoco lo que la erotiza y la carga de deseo. En s&#237;ntesis, una sociedad pacificada, donde la utop&#237;a ya no es un futuro que permanece futuro sino un presente consumado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La imposici&#243;n de una igualdad no s&#243;lo se ha concretado, sino que incluso ha borrado el origen de la diferencia. Aquello que Heidegger (1990) encontraba como inicio de la metaf&#237;sica, y por ende de la tarea actual del pensar, o sea la noci&#243;n originaria de diferencia (para Heidegger entre el ser y los entes), hab&#237;a logrado aqu&#237; su acabamiento social: la diferencia quedaba elidida y olvidada por una t&#233;cnica social. Seg&#250;n Heidegger la esencia de la t&#233;cnica no es algo t&#233;cnico, sino un modo de darse el ser en nuestra &#233;poca, que se caracteriza por poner a los entes a disposici&#243;n, con un pensamiento calculador anticipante. Es una representaci&#243;n de la totalidad del mundo como mundo t&#233;cnico, como cosa exclusiva del ser humano: los entes &#8211;incluido el ser humano mismo&#8211; vienen a nosotros en la forma de su planificaci&#243;n y c&#225;lculo (Heidegger, 1990). Lo notable en el mundo que Lowry describe, es que no s&#243;lo se calcula el futuro sino tambi&#233;n el pasado: el riesgo de que reaparezca el mundo de diferencias y la violencia que le es propia queda conjurado por una econom&#237;a del olvido. El olvido es programado, nada debe remitir a aquel mundo de diferencias, ni la m&#250;sica, ni los colores del mundo, ni mucho menos los hechos que irrumpieron y generaron los sentimientos m&#225;s conmovedores: dolor, amor, odio, el sufrimiento por el hambre o el clima, etc. Las guerras, las crueldades, las discriminaciones, no s&#243;lo ya no existen, sino que se administra su amnesia. Pero adem&#225;s, quienes organizaron ese mundo ut&#243;pico de planificaci&#243;n y c&#225;lculo en pos de la igualdad atendieron a una caracter&#237;stica antropol&#243;gica que resiste a toda programaci&#243;n, porque excede o antecede a cualquier constructivismo, es decir, sab&#237;an que lo otro reprimido permanece latente y puede reaparecer de modo ominoso en lo cotidiano, &lt;i&gt;unheimlich&lt;/i&gt;. Por eso tambi&#233;n instituyeron un ant&#237;doto funcional en la sociedad: el rol del dador de recuerdos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una vez al a&#241;o se realiza en la comunidad ut&#243;pica una asamblea que re&#250;ne a todos sus miembros: en la &#8220;ceremonia de los 12 a&#241;os&#8221; (Lowry, 1993, p. 14) se asigna de por vida a cada joven miembro su tarea social. Del mismo modo que m&#225;s adelante se asignan a los adultos sus n&#250;cleos familiares: las parejas y &#8211;eventualmente&#8211; los hijos asignados a cada pareja, reproducidos previamente de modo artificial, y gestados por &#8220;portadoras&#8221;. As&#237; quedan estables las funciones sociales &#8220;privadas&#8221; y &#8220;p&#250;blicas&#8221;. La pacificaci&#243;n igualitaria ha sido consumada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero esa econom&#237;a de un presente igualitario y de un olvido planificado requiere un anticuerpo. Porque la diferencia y la violencia que acarrea resiste todo intento de eliminaci&#243;n; porque nos es constitutiva. Por eso esa sociedad inventa un rol social &#250;nico, exento del resto de las obligaciones, separado del resto: el dador de recuerdos. Lo que hace es recordar todo el mal, sentir en su cuerpo todo el dolor y el placer vividos en la historia de la humanidad, y sus violencias. El dador de recuerdos ve colores, escucha m&#250;sica, sufre todas las conmociones posibles que los humanos hemos conocido. Posiblemente siente amor y angustia. Pero su trabajo es mantener el sistema, y por eso cada vez que la comunidad pone en cuesti&#243;n el orden l&#243;gico y sin diferencias imperante, les recuerda que hay algo ominoso y terrible que sucedi&#243; alguna vez, que ellos no pueden recordar ni nombrar, pero que debe ser evitado. El sistema provee de goce en la comodidad, evita que surjan sujetos en la conmoci&#243;n de la violencia, y al mismo tiempo evita ver sus propios da&#241;os estructurales.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;De todos modos, el chiste morboso cumple su funci&#243;n develadora de la verdad (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Durante su ceremonia de doce a&#241;os, el joven Jonas queda sin rol asignado. Luego, fuera de la mirada p&#250;blica, se lo convoca como dador de recuerdos. Empieza su entrenamiento con el dador anciano y comienza a reconocer el sentido de algunos destellos que hab&#237;a tenido: colores, mociones interiores que &#233;l mismo sostiene al dejar de tomar las pastillas que controlaban su libido, y finalmente tiene la visi&#243;n de su propio padre &#8211;un cuidador de beb&#233;s&#8211; administrando una inyecci&#243;n letal a un beb&#233; que no ten&#237;a las condiciones de salud esperadas. As&#237; comprende el sentido de la &#8220;liberaci&#243;n&#8221; en la comunidad perfecta, y qu&#233; significa ser enviado al otro lugar. Tambi&#233;n el dador de recuerdos le permite entender por qu&#233; su nombramiento no hab&#237;a sido en p&#250;blico. Es que al aproximarse al final del tiempo que le estaba previsto al anciano dador, los administradores de la sociedad perfecta ya hab&#237;an designado una reemplazante en una asignaci&#243;n anterior en p&#250;blico. Pero ella sinti&#243; demasiada angustia ante la carga del pasado y ante el presente ut&#243;pico acabado. Durante su entrenamiento vio, entre otras cosas, el tipo de carga que significaba esa sociedad pacificada: la relativizaci&#243;n de las vidas personales respecto del cumplimiento de un estado de goce y comodidad, la creencia en el estado de cosas presente sin sujetos ni decisiones relevantes por hacer. Por eso ella pidi&#243; ser &#8220;liberada&#8221;. Y como los administradores no pod&#237;an permitirse nuevamente una designaci&#243;n p&#250;blica que fracasase, no designaron a Jonas en p&#250;blico, y de hecho hicieron que la regla que permit&#237;a a todo ciudadano solicitar ser &#8220;liberado&#8221; ya no aplicara a los dadores de recuerdos.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1238 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L393xH221/giver1-50e46.jpg?1775199960' width='393' height='221' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La violencia &#8230; o la violencia peor&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Jonas comienza a comprender la carga de violencia oculta que su sociedad ut&#243;pica implica. Comprende que la sociedad ha domado las anomal&#237;as mediante la eliminaci&#243;n no s&#243;lo de las mociones b&#225;sicas de angustia y deseo, sino que hab&#237;a pasado al acto en la eliminaci&#243;n concreta de los cuerpos. Ahora, animado por la memoria, comienza una resistencia contra ese orden total, como por ejemplo buscando liberar al beb&#233; destinado a ser &#8220;liberado&#8221; por sus dificultades de crecimiento. As&#237;, Jonas mismo se vuelve la anomal&#237;a que el cuerpo social ut&#243;pico realizado quiere eliminar. Estos eventos nos muestran algo que va m&#225;s all&#225; de entender que la tecnociencia moderna puso fuera de juego las experiencias de muerte y eros, al tiempo que busc&#243; reducir el traumatismo que implica el otro. Lo que en el fondo sucedi&#243; es que se renunci&#243; a ver lo &#8220;monstruoso&#8221; siempre presente en el otro, y la violencia que acecha, para negarle todo poder y someterle a una programaci&#243;n &#8220;normalizada&#8221;, donde el otro finalmente es un calco de uno mismo. Paradojalmente, la negaci&#243;n de la violencia incurr&#237;a en su absolutizaci&#243;n, porque ya no hay diferencia entre violencias. La pacificaci&#243;n edulcorada y sin atributos, que niega toda violencia, termina sin distinguir entre sociedad existente y violencia, entre violencia y violencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Conviene confrontar esa &#8220;normalizaci&#243;n&#8221; con los an&#225;lisis sobre el &#8220;pr&#243;jimo&#8221; de &#381;i&#382;ek, que rompen no s&#243;lo con la idea humanista del v&#237;nculo con otro, sino tambi&#233;n con la larga tradici&#243;n del otro como &lt;i&gt;alter ego&lt;/i&gt;. Esa idea todav&#237;a est&#225; presente en alguna interpretaci&#243;n posible del pr&#243;jimo que es heredera del judeo cristianismo y se escucha, por ejemplo, en Rosenzweig y Levinas: &#8220;&#233;l es como t&#250;&#8221;. Al rev&#233;s, &#381;i&#382;ek afirma que esa tradici&#243;n jud&#237;a y cristiana porta consigo un valioso &#8220;in-humanismo&#8221;, necesario para esta &#233;poca de la &#8220;muerte del sujeto&#8221; y del v&#237;nculo entre capitalismo y modos de reconocimiento liberales marcados por el goce como mandato y por regulaciones, pero que no quiere pagar el precio ni admitir el tipo de violencia que signa todo encuentro con otro, y que por tanto no dan lugar a verdaderas decisiones &#233;ticas (&#381;i&#382;ek 2009b, 169ss). Lo paradojal es que esa experiencia del otro, que tiene una estructura de corte religioso, es seg&#250;n &#381;i&#382;ek lo que todav&#237;a da un acceso a lo &#8220;real&#8221; en la experiencia de la alteridad: no se trata de una representaci&#243;n imaginaria del otro como otro yo, ni de una instauraci&#243;n simb&#243;lica de la ley, sino del abismo brutal de lo real, que se sostiene ante otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestra &#233;poca logr&#243; prescindir del origen vertical y &#8220;carism&#225;tico&#8221; &#8211;en t&#233;rminos weberianos&#8211; de la ley, intentando tambi&#233;n normalizar mediante la raz&#243;n nuestros impulsos (&#381;i&#382;ek, 2001a). Pero la noci&#243;n fuerte de prohibici&#243;n ante y desde el otro manifiesta dos &#243;rdenes: el orden simb&#243;lico de la ley y el orden traum&#225;tico de la alteridad. Seg&#250;n &#381;i&#382;ek, es en el &lt;i&gt;Mois&#233;s&lt;/i&gt; que Freud ve el doble v&#237;nculo entre la igualdad legal universal y el orden excepcional de su inicio con las dos figuras del padre. Lo decisivo es que hay un encuentro traum&#225;tico que impide reducirlo todo al historicismo y a los acuerdos racionales en pos de ciertas equiparaciones. Las posiciones que niegan, racionalizan o pretenden superar el trauma, derivan finalmente en un goce sin l&#237;mites ni sujetos. El goce que prefiere evitar los obst&#225;culos que significar&#237;an su l&#237;mite y su necesidad de responder de alguna manera ante el l&#237;mite. Aparece una subordinaci&#243;n m&#225;s cruel que la del reconocimiento del otro-fuente-de-violencia, que dominar&#225; toda la relaci&#243;n con el mundo y los dem&#225;s, porque al rechazar esa excepci&#243;n fundante de lo prohibido o demandado por otro, se priva de toda posibilidad de realidad (&#381;i&#382;ek, 2005). En t&#233;rminos de Derrida: o es la violencia (del otro y de la ley), o es &#8220;lo peor&#8221;. De all&#237; que sea necesario admitir ese car&#225;cter traum&#225;tico del otro, que seg&#250;n &#381;i&#382;ek pasa desapercibido en autores como Levinas, para entender por qu&#233; lo que &#8220;lo que se resiste a la universalidad es la dimensi&#243;n propiamente inhumana del pr&#243;jimo&#8221;, y por ende encontrarse a uno mismo en el otro es violento y traum&#225;tico ya que &#8220;me hace sentir directamente la distancia entre lo que soy como ser determinado y la insondable X que hay en m&#237; y que causa el amor&#8221; (&#381;i&#382;ek, 2009&#170;, p. 73). Caso contrario se acaba en lo peor de la sociedad &#8220;pacificada&#8221; pero sumida en la violencia peor: sin sujetos, sin otro, sin decisiones. Una sociedad &#8220;normalizada&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta sociedad &#8220;normalizada&#8221; corre el mismo riesgo que Derrida (2003b) encuentra en las expresiones sobre el &#8220;perd&#243;n&#8221; como medio para restablecer una normalidad: all&#237; hay algo que no es perd&#243;n ni responde a su concepto. Lo mismo con la violencia: cada vez que ella se utiliza como mecanismo en vistas de un fin, corre el riesgo de volverse la violencia &#8220;peor&#8221;, aquella capaz de ser como una enfermedad autoinmune que acaba suicidando al cuerpo personal y social. Es la violencia &#8220;justificable&#8221;. Por supuesto que este riesgo no es evitable: la violencia peor sucede cuando el otro &#8211;y uno mismo&#8211; queda totalmente apropiado a un determinado fin, totalmente cerrado sobre s&#237; mismo. Pero aunque la violencia no sea evitable, s&#237; parece posible deconstruir su origen, y ver su estructura a partir del v&#237;nculo con la alteridad, evitando as&#237; la violencia peor. Ese paso podr&#237;a darse rompiendo el v&#237;nculo &#8220;justificable&#8221; con la violencia, desnudando las decisiones arbitrarias, mostrando su origen en un v&#237;nculo con lo otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Derrida vuelve sobre este an&#225;lisis al estudiar la &#8220;religi&#243;n&#8221; como re-ligar y re-leer. Ah&#237; ve la doble posibilidad de cerrarse sobre s&#237; y abrirse a lo otro (Derrida, 2003b). As&#237; como Derrida busca definir el v&#237;nculo estructural en lo religioso previo a toda relaci&#243;n concreta con un Dios, del mismo modo hay que pensar lo que estructuralmente define a la violencia, previo a las formas y posibilidades concretas. Pensar en la violencia como lo que debe acompa&#241;ar a la justicia para su concreci&#243;n muestra todos los dilemas del caso: la necesidad en la justicia de una decisi&#243;n finalmente arbitraria, el problema del c&#225;lculo entre cosas no equiparables, etc. En definitiva, la justicia permanece algo siempre insatisfecho, y creer que una determinada configuraci&#243;n cerr&#243; definitivamente el abismo es dejar de creer en lo otro y abrir paso a la violencia peor. Esto no significa abogar por el anarquismo o la negaci&#243;n de las instituciones, sino remitir al hueco que las funda y que ninguna sutura logra cerrar totalmente sin evitar, con esa certidumbre de s&#237;, una violencia peor. Siempre resta lo indecidible, aun cuando haya que decidir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El otro implica siempre una violencia porque reclama y busca imponerse. Sea el reclamo adecuado, sea una imposici&#243;n inaceptable, siempre es un gesto de fuerza. Reconocerlo y saber esta estructura permite tambi&#233;n reconocer los posibles derivados inaceptables: &#8220;solo la posibilidad infinita de lo peor y del perjurio es la que puede admitir la posibilidad del Bien, de la veracidad y de la fe jurada. Esta posibilidad permanece infinita, pero como la posibilidad misma de una finitud autoinmune&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Seule la possibilit&#233; infinie du pire et du parjure peut accorder la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; (Derrida, 2003a, p. 211). La justicia debe saber que puede volverse contra s&#237; misma, al negar al otro de modo autoinmunitario. Para evitar el suicidio &lt;i&gt;peor&lt;/i&gt; ha de hacerse lugar a las violencias del otro, por ejemplo a sus exigencias de no matarle y no dejarle solo en su mortalidad.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Este no es el lugar para una ex&#233;gesis detallada de la noci&#243;n de ra&#237;z (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; En &lt;i&gt;Voyous&lt;/i&gt; Derrida (2003a) piensa en eso incondicional que est&#225; m&#225;s all&#225; de la noci&#243;n de soberan&#237;a, y le denomina &#8220;incondicional imposible&#8221; en &lt;i&gt;Estados de &#225;nimo del psicoan&#225;lisis&lt;/i&gt;: el don, la justicia, la hospitalidad, en fin, aquello que llamamos &lt;i&gt;&#233;tica&lt;/i&gt; en un sentido radical. Aquello que nos abre a responder al otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Los Otros-monstruos que acechan: el amor, la muerte, el pr&#243;jimo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; la igualdad no condujo a una mayor justicia, as&#237; como las t&#233;cnicas empleadas para evitar que lo monstruoso en otro emerja s&#243;lo condujeron a una configuraci&#243;n social, en la que ya no hay separaci&#243;n entre lo monstruoso y la cruel buena conciencia vigente. Es el &#250;ltimo eco del proceso que inicia con las diversas disciplinas de la modernidad, que nacen como un modo expreso de limitar la violencia. Ellas hab&#237;an desmembrado la experiencia humana en diversas epistemes, y encuentran en todas ellas el miedo a la violencia y a la muerte como motor de acci&#243;n. Hobbes es el ejemplo m&#225;s acabado de este movimiento. Pero esa separaci&#243;n del ser humano en disciplinas y jurisdicciones finalmente acaba por poner fuera de juego a la muerte como experiencia subjetiva. Para prevenir la muerte ponen a la muerte fuera de juego. En su obra sobre Certeau, Mendiola analiza las similitudes estructurales de &#233;ste con Foucault, y luego resalta una gran diferencia: para el primero la muerte no llega de afuera, como una irrupci&#243;n que rompe los &#243;rdenes, como sucede con Foucault, sino que ya est&#225; presente en el orden mismo. Para Certeau &#8220;El acto de creer es estar pose&#237;do por la muerte&#8221; (Mendiola, 2014, p. 52), porque lo inconmensurable no viene de afuera sino al interior de una taxonom&#237;a incluso cuando &#233;sta todav&#237;a funciona. Creer significa recordar y aceptar lo que fue forcluido en las epistemes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ambos, Certeau y Foucault, hacen un diagn&#243;stico paralelo sobre la modernidad y sus epistemes: las ciencias &#8220;humanas&#8221; surgen despu&#233;s del l&#237;mite de la epistemolog&#237;a cl&#225;sica del s. XVII, basada en la representaci&#243;n, c&#225;lculo y matematizaci&#243;n del conocimiento, pero en las que no estaba &#8220;el hombre&#8221;. En cambio, a partir del final del s. XVIII y el XIX la finitud humana pasa a ser la anal&#237;tica que estructura los conocimientos y reconoce los propios l&#237;mites de ella misma como representaci&#243;n. Este an&#225;lisis, contin&#250;a Mendiola, lleva en su interior lo innombrable: la experiencia de la finitud y la muerte, que ya los m&#237;sticos del s. XVI y XVII ve&#237;an como el lugar de resistencia a los discursos que hab&#237;an seccionado al ser humano en distintas jurisdicciones (Certeau, 1993). De all&#237; la importancia que Certeau otorga al creer en lo otro: creer en la alteridad de la muerte, por ejemplo, permite reconfigurar cierta subjetividad que hab&#237;a quedado fragmentada en los discursos y t&#233;cnicas modernas. Buscar aquello que al mismo tiempo fragmenta los saberes pero unifica la experiencia humana fragmentada significa hacer la &#8220;experiencia del l&#237;mite&#8221;, del lugar desde donde se ve: el cuerpo con su apertura al deseo y su sentido de finitud. Entonces no es casual que seg&#250;n Certeau psicoan&#225;lisis y m&#237;stica compartan la b&#250;squeda imposible de nombrar eso que qued&#243; fuera de las ciencias modernas y su fragmentaci&#243;n de la experiencia humana: muerte y deseo. Su &#8220;objeto&#8221; escapa del &#225;mbito de los objetos cient&#237;ficos, porque es una falla, una ausencia. Y la creencia en esa alteridad es mucho m&#225;s que un acto concreto de fe, como el vinculado a las religiones particulares. Es producir una diferencia, reconocer la alteridad que se impone en ella, y hacer un contrato con ella (Mendiola, 2014). Por eso se entiende que los rituales que se ven en el film y en el libro de Lowry son sustitutos de esa producci&#243;n de diferencia, porque reemplazan la violencia de la diferencia por repeticiones controladas &#8211;como sucede en tantas liturgias&#8211; para evitar la angustia del duelo y el impulso del erotismo. Pero as&#237; se instala una violencia peor, que en su &#8220;humanismo&#8221; por el otro concluye en la inhumanidad estructural.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si el rito tradicionalmente era el &#225;mbito de religaci&#243;n con lo otro y manifestaci&#243;n de la creencia en lo otro, en &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; el rito se vuelve fin en s&#237; precisamente para prevenir la creencia en lo otro y para certificar la condici&#243;n presente, que ya no requiere creencias sino de simples constataciones. Por un lado, el lenguaje ritualizado es la expresi&#243;n m&#225;s plena del control sobre el lenguaje, la exactitud en la expresi&#243;n que no da lugar a ambig&#252;edades ni malentendidos. El rito &#8220;The evening telling of feelings&#8221; (Lowry, 1993, p. 4) exige de los miembros de la familia una precisi&#243;n quir&#250;rgica para nombrar lo que han sentido. Ese nombrar no s&#243;lo sirve para que se controlen los sentimientos &#8211;y eventualmente el poder act&#250;e sobre ellos&#8211; sino que adem&#225;s lleva a desactivar la moci&#243;n interna. Pero tambi&#233;n el rito expone en p&#250;blico lo privado, como sucede en el ritual matutino de contar los sue&#241;os (Lowry, 1993). Las palabras deben representar con exactitud los estados de &#225;nimo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1239 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L393xH226/giver2-c4312.jpg?1775199960' width='393' height='226' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Los estados de &#225;nimo o el temple an&#237;mico han sido desde Heidegger &#8211;aunque ya en Hegel&#8211; un punto de partida insoslayable para la filosof&#237;a. Se trata de un modo casi musical de afinar en un tono determinado al modo de ser del hombre, que marca de una determinada manera toda otra experiencia suya (Heidegger, 1997). Esta determinaci&#243;n no es una decisi&#243;n subjetiva, sino que nace de la interrelaci&#243;n que determina la existencia, el ser en el mundo. No se trata aqu&#237; de elaborar una lista acabada de esos estados de &#225;nimo, sino que sirve para mencionar c&#243;mo esta idea toma cuerpo en un disc&#237;pulo de Heidegger, Otto Bollnow, para mostrar una tensi&#243;n: ante el estado de angustia y embriaguez como estados de &#225;nimo fundamentales y en tensi&#243;n, Bollnow ofrece durante el &#8220;milagro alem&#225;n&#8221; de fines de los &#180;50 un an&#225;lisis de la &lt;i&gt;Geborgenheit&lt;/i&gt;, o el sentimiento de seguridad. Esa especie de &#8220;fe en el ser&#8221;, marcada por la confianza epocal optimista en un pa&#237;s en reconstrucci&#243;n, como el sentimiento que supera la desprotecci&#243;n que la angustia hace sentir, fue criticada duramente por Adorno (2005) junto a toda la jerga de &#8220;autenticidad&#8221; heideggeriana. Ese conformismo y relaci&#243;n positiva con el ser goza &#8211;en lo que Adorno ve una estructura tomada de cierta fe religiosa&#8211; de un mundo en &#250;ltima instancia &#8220;sano&#8221;, que por ende genera la &#8220;beatitud&#8221; en esa protecci&#243;n segura. Adorno llama &#8220;jerga&#8221; a un tipo de lenguaje que no combina los significantes sabiendo de su limitaci&#243;n y de su mutuo conflicto, lo que permitir&#237;a su uso cr&#237;tico, sino que se busca una entificaci&#243;n cuasi sagrada en busca de ciertos efectos, como la funci&#243;n ideol&#243;gica &#8211;potente y c&#243;moda&#8211; que oculta el vac&#237;o.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Poner en un lenguaje definido los estados de &#225;nimo y someterlos a una ideolog&#237;a del dominio y la seguridad, conllev&#243; eliminar precisamente el estado de &#225;nimo mismo. Como en las exigencias de expresi&#243;n adecuada en &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt;, la excesiva preocupaci&#243;n por el uso definido del lenguaje, por ej. en su capacidad de nombrar de modo certero una emoci&#243;n, sirven menos a la comprensi&#243;n de lo sucedido que a su neutralizaci&#243;n. De ese modo, tanto la &#8220;autenticidad&#8221; criticada por Adorno a Heidegger, como los intentos de algunos fil&#243;sofos anal&#237;ticos de fijar contenidos de modo estable, conducen a obturar el potencial cr&#237;tico del lenguaje y su relaci&#243;n con la realidad. Esto nos devuelve a la obra de Lowry y al film de Noyce: la definici&#243;n y claridad en la expresi&#243;n acaba quitando las tensiones que los estados de &#225;nimo permiten, asegurando una protecci&#243;n que evita el contacto con el sentimiento er&#243;tico o la angustia y el duelo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Anamnesis, &#191;corriendo, enmascarando el fin?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Casi al inicio de &#8220;La m&#225;quina de ser feliz&#8221;, Garc&#237;a nos pone &lt;i&gt;in medias res&lt;/i&gt; del problema que nos convoca: dise&#241;amos una m&#225;quina de ser felices para contribuir a evitar la angustia de recordar el fin.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Las alusiones a m&#250;sicos &#8211;Garc&#237;a, Cabrera, Rennella&#8211; en este trabajo se (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Es una m&#225;quina neutral, &lt;i&gt;&#8220;no tiene que hacer bien, no tiene que hacer mal, es inocencia artificial&#8221;&lt;/i&gt;. La m&#225;quina puede ser la sociedad ut&#243;pica de Lowry, las diversas versiones de las religiones descarnadas, las sistematizaciones inform&#225;ticas o neurocient&#237;ficas de la vida, todo aquello que evita la vuelta sobre la propia finitud y lo que genera en nuestra subjetividad. Lidiar con la angustia fue el objetivo de muchas cosmovisiones, incluida una larga tradici&#243;n filos&#243;fica que busca eliminarla y que Rosenzweig (1997) sintetiza en el idealismo:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Por la muerte, por el miedo a la muerte empieza el conocimiento del Todo. De derribar la angustia de lo terrenal, de quitarle a la muerte su aguij&#243;n venenoso y su aliento de pestilencia al Hades, se jacta la filosof&#237;a. Todo lo mortal vive en la angustia de la muerte; cada nuevo nacimiento aumenta en una las razones de la angustia, porque aumenta lo mortal. Pare sin cesar el seno de la infatigable Tierra, y todos sus partos son puestos a la merced de la muerte: todos aguardan con temor y temblor el d&#237;a de su viaje a lo oscuro. Pero la filosof&#237;a niega las angustias de la Tierra. (p. 43)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El miedo lleva al conocimiento, pero ese conocimiento tiene a menudo la finalidad de eliminar miedo y angustia, al representar lo que hay como un todo cobijado bajo el concepto y el conocimiento &lt;i&gt;sub specie aeternitatis&lt;/i&gt;. En cambio, hay otro tipo de conocimiento que se da al sostener la angustia. Heidegger entiende que la angustia ante la nada que asoma en el pensamiento de la muerte es precisamente lo que nos permite pensar el ser, existir, proyectar, cuidar. As&#237; la angustia no es un paralizante sino un disparador, lo mismo que el deseo. Pero la sociedad dominal de la utop&#237;a igualitaria pretendi&#243; borrar el riesgo de esos disparadores mediante su olvido. &#191;Acaso desenmascarar el fin, y recordar ese inicio, son s&#243;lo formas de romper la m&#225;scara de inocencia, o adem&#225;s desatan nuevamente la violencia contenida?&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1240 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L393xH433/giver3-13ed8.jpg?1775199960' width='393' height='433' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En la sociedad perfecta de &lt;i&gt;El dador de recuerdos&lt;/i&gt;, despu&#233;s de la asignaci&#243;n de un futuro, la gente pr&#225;cticamente perd&#237;a la conciencia del tiempo (Lowry, 1993). El proceso de identificaci&#243;n igualitaria es tan pronunciado que no hay ya ning&#250;n tipo de separaci&#243;n diferenciadora entre la sociedad y sus habitantes, entre una persona y las dem&#225;s, entre s&#237; mismo y los modos posibles de la temporalidad. Es que la conciencia del tiempo es esencialmente algo distinto de la contabilidad cronol&#243;gica o de cu&#225;ntas veces se repiti&#243; lo mismo. Los humanos somos efectivamente tiempo, pero tambi&#233;n nos es constitutivo el hueco que separa nuestra subjetividad de la consumaci&#243;n temporal, ese vac&#237;o donde la identificaci&#243;n no es total y por ello podemos producirnos, transformarnos. Al mismo tiempo, es la conciencia de lo irrepetible en vistas de un fin que no se puede ya enmascarar, pero tambi&#233;n es el recuerdo de lo que fue y lo que no fue, de lo que ser&#225; y lo que no ser&#225;. El tiempo es &#8220;tener tiempo&#8221; (Levinas, 1995, p. 59), es lo que &#8220;est&#225; despu&#233;s&#8221; (F. Cabrera), y por ende no s&#243;lo la angustia de la nada que acecha en el fin, sino tambi&#233;n la tarea de hacer algo consigo en &#8220;el tiempo que queda&#8221; (S. Rennella), posiblemente diverso y m&#225;s all&#225; de la mera aceptaci&#243;n de lo vigente. El espacio abierto y la conciencia del fin introducen una diferencia, que al mismo tiempo nos es a todos igualmente estructural. Por lo tanto, toda b&#250;squeda de justicia que atienda a esta igualdad y diferencia constitutivas tomar&#225; en cuenta los da&#241;os sufridos y los deseos truncos, para convertirse en testigo de ellos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La memoria significa un modo de actualizaci&#243;n que retiene y resignifica. De all&#237; su rol revolucionario y conmovedor. Las dos tradiciones m&#225;s influyentes en lo que llamamos occidente han portado su propia carga sobre la memoria, que puede reconstruirse en las discusiones entre Habermas y Metz. A partir de Benjamin, Metz (2007) afirma que el mundo griego no permite ver la memoria del sufrimiento, porque la memoria plat&#243;nica es la memoria de un mundo ideal, eterno, perfecto. En cambio, la memoria del sufrimiento y la pasi&#243;n, de todo aquello que horroriza la historia, se origina en el mesianismo jud&#237;o y cristiano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La tradici&#243;n jud&#237;a inicia otro modo de comprensi&#243;n de la memoria. Es la memoria de los mandamientos, de la promesa y de los da&#241;os concretos. La propia tradici&#243;n es la dadora &#8211;y mandante&#8211; universal de recuerdos. Es el mandato de recordar la ley, de sostener la promesa y de recordar el futuro y de recordar los sufrimientos vividos (Yerushalmi, 1982). Ah&#237; se presenta la ley como l&#237;mite posible a esa crueldad. El verbo &lt;i&gt;zakar&lt;/i&gt; implica pensar lo sucedido y lo conocido, pero tambi&#233;n la fidelidad al recuerdo. Tiene tambi&#233;n una especie de direcci&#243;n, porque significa recordar a favor de alguien (Thurian, 1965). Y al recordar, tambi&#233;n quien recuerda se lo recuerda a otro. Todas estas formas de la memoria son una actualizaci&#243;n del pasado, con toda su punci&#243;n y tensi&#243;n para quienes quieren mantener las formas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esa tradici&#243;n se escucha hasta nuestro tiempo en voces como Levinas, Benjamin y Metz. Para Levinas (2009) la memoria es vinculaci&#243;n con lo otro, una &#8220;relaci&#243;n con lo que no se puede&#8221; (p. 102), a diferencia de las nociones de proyecto y poder. Es relaci&#243;n con un pasado que permanece pasado, que no se dio en un momento cronol&#243;gicamente situado, ni por tanto se puede re-presentar (Levinas, 1987; 1995). Continuamente alterada, la memoria de lo ausente permanece. La vida ps&#237;quica, en tanto memoria, cumple y realiza un comienzo. Invierte, da vuelta, el tiempo; y al mismo tiempo lo invertido es un pasado que permanece siempre pasado. En el caso del otro, la memoria tiene un doble rol. En primera instancia es una memoria fenom&#233;nica. Como en el film, llegan al dador de recuerdos im&#225;genes y sensaciones de todo aquello que la humanidad vivi&#243;, el estremecimiento de la caricia y el dolor del l&#225;tigo, los colores de las flores y el sufrimiento de la guerra. Esos sufrimientos y placeres concretos tra&#237;dos a la memoria, sin embargo, revelan algo &#8220;anterior&#8221;. No cronol&#243;gicamente anterior sino ontol&#243;gicamente anterior. El encuentro con lo otro no se da en un momento fijable en el tiempo, por m&#225;s que haya circunstancias particulares que elicitan la memoria del encuentro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Habermas reconoce estos aportes pero afirma que ya la memoria griega en el marco del logos filos&#243;fico &#8211;la memoria en Plat&#243;n&#8211; y su reconfiguraci&#243;n ling&#252;&#237;stica y comunicativa contempor&#225;nea busca un tipo de relaci&#243;n intersubjetiva &#237;ntegra de libertad, autonom&#237;a y respeto mutuo. Para &#233;l la memoria judeo-cristiana de la universalidad de la fraternidad y de la libertad ha sido un gran aporte al fusionarse con la tradici&#243;n griega (Habermas, 2001). Adem&#225;s, la memoria funciona como mandato o postulado de una incondicionalidad que motiva y orienta a la cr&#237;tica (Habermas, 2001). Habermas ve los aportes de integrantes de la primera Escuela de Frankfurt, como Benjamin y Horkheimer y una influencia jud&#237;a: el ser humano es responsable por el mundo, pero al mismo tiempo sostiene un universalismo &#233;tico. Ambos aspectos deben recordar y actuar en funci&#243;n de una memoria concreta: &#8220;la injusticia ya sucedida y a todas luces irreversible&#8221;, y el motivo es que hay una:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;solidaridad entre los nacidos despu&#233;s y los que les han precedido, una solidaridad con todos los que por la mano del hombre han sido heridos alguna vez en su integridad corporal o personal; y que esa solidaridad s&#243;lo puede testimoniarse y generarse por la memoria. (Habermas, 1993, p. 26)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;M&#225;s all&#225; de sus tensiones y crisis, la tradici&#243;n cr&#237;tica de raigambre griega y el recuerdo del sufrimiento, del deber hacia otro y de la promesa, de origen hebreo, indican la distancia cr&#237;tica del presente respecto del futuro &#8220;realizado&#8221;. Esa distancia no se conoce en &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt;, aunque s&#237; se ve all&#237; el rol disruptor de la memoria que desdice al presente de su satisfacci&#243;n y revela su violencia oculta. Con palabras de Rosenzweig (1997), &#8220;ninguna intervenci&#243;n en el mundo es sin&#243;nimo de o id&#233;ntica al &#8220;Reino&#8221;, a la concreci&#243;n ut&#243;pica de la sociedad justa, sino que el &#8220;reino&#8221; siempre es futuro&#8221; (p. 406). Esto es un ant&#237;doto para cualquier afirmaci&#243;n de realizaci&#243;n plena y no corregible. Al mismo tiempo implica una memoria de la necesaria transformaci&#243;n del mundo a la luz de otra memoria, del sufrimiento hist&#243;rico. Es lo que Metz (2007) denomina &#8220;cultura anamn&#233;tica&#8221; (p. 52), que recuerda el sufrimiento injusto e identifica en cada singularidad sufriente un mandato universal. En el caso de Metz es el contenido de la tradici&#243;n b&#237;blica, pero que puede extrapolarse a otras comprensiones del mundo, en tanto el sufrimiento y la demanda de liberaci&#243;n son una fuerza que rompe todo &#8220;apatismo&#8221; y ataraxia griega (Moltmann, 1975). La memoria es as&#237; el gran &#8220;lugar&#8221; desde donde juzgar la historia y las instituciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Conclusi&#243;n: Acerca de creer en lo otro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El problema de lo otro y la creencia en lo otro manifiestan as&#237; su tensi&#243;n en &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt;: por un lado, esa sociedad ut&#243;pica no &#8220;cree&#8221; en &lt;i&gt;eros&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;thanatos&lt;/i&gt;, porque toda experiencia que podr&#237;a llevar a su manifestaci&#243;n ha sido ocluida. Pero eso no signific&#243; la eliminaci&#243;n de la creencia sino la construcci&#243;n de una afirmaci&#243;n sin fisuras de lo que hay, el reemplazo idol&#225;trico de la complejidad y la tensi&#243;n por la afirmaci&#243;n inocente y peligrosa de una manifestaci&#243;n pacificada como totalidad de las experiencias posibles. Los conflictos y tensiones que genera la b&#250;squeda siempre inacabada de la igualdad y la justicia fueron reemplazados por la instauraci&#243;n de un r&#233;gimen sim&#233;trico y sin cualidades diferenciales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237;, el problema de la creencia se manifiesta con una fuerza imparable. Lo otro no es &#8220;constatable&#8221;, como exige el positivismo cient&#237;fico. Lo constatable no requiere de ninguna creencia. Lo insondable del otro s&#237;. Ese abismo de lo real puede otearse en la angustia ante la muerte, en la conmoci&#243;n del deseo, en el sufrimiento demandante de otro. El acicate de la memoria nos devuelve una y otra vez a esa creencia, no s&#243;lo para negar el determinismo y el acabamiento de las configuraciones sociales que hayamos hecho. Tambi&#233;n opera como estructura de nuestra subjetividad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmente, este recorrido nos devuelve a nuestro presente y las habituales exigencias de tolerancia, racionalismo y di&#225;logo &lt;i&gt;polite&lt;/i&gt;. Sin quitar el valor a los consensos y a la tolerancia, es preciso mantener el recuerdo del da&#241;o sufrido y las demandas del otro en toda su brutalidad, ya que la pacificaci&#243;n puede terminar siendo la eliminaci&#243;n del otro. Ese otro con quien compartimos los vac&#237;os de la muerte, el amor y la vulnerabilidad, es decir, esos abismos que constituyen nuestra vulnerabilidad com&#250;n y que son un punto de partida alternativo para pensar la justicia igualitaria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adorno, Th.W. (2005). &lt;i&gt;Dial&#233;ctica negativa; La jerga de la autenticidad.&lt;/i&gt; Akal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Certeau, M. de (1993). &lt;i&gt;La f&#225;bula m&#237;stica&lt;/i&gt;. Ediciones Universidad Iberoamericana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Derrida, J. (2003a). &lt;i&gt;Voyous&lt;/i&gt;. Galil&#233;e.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Derrida, J. (2003b). &lt;i&gt;El siglo y el perd&#243;n. Fe y saber&lt;/i&gt;. Ediciones de la Flor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Habermas, J. (1993). &lt;i&gt;El discurso filos&#243;fico de la modernidad&lt;/i&gt;. Taurus.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Habermas, J. (2001). &lt;i&gt;Israel o Atenas&lt;/i&gt;. Trotta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Heidegger, M. (1990). &lt;i&gt;Identidad y diferencia&lt;/i&gt;. Anthropos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Heidegger, M. (1997). &lt;i&gt;Ser y tiempo&lt;/i&gt;. Editorial Universitaria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Koenigsberg, N., Silver, N. (productores) y Noyce, P. (director). (2014). &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; [cinta cinematogr&#225;fica]. Walden Media y The Weinstein Company.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1987). &lt;i&gt;De otro modo que ser o m&#225;s all&#225; de la esencia&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1995). &lt;i&gt;Totalidad e infinito&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (2009). &lt;i&gt;Parole et silence. Oeuvres 2&lt;/i&gt;. Grasset.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lowry, L. (1993) &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt;. Houghton Mifflin.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mendiola, A. (2014). &lt;i&gt;Michel de Certeau: epistemolog&#237;a, er&#243;tica y duelo&lt;/i&gt;. Ediciones Navarra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Metz, J.B. (2007). &lt;i&gt;Memoria passionis. Una evocaci&#243;n provocadora en una sociedad pluralista&lt;/i&gt;. Sal Terrae.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Miller, J.A. (2005). La utilidad directa. &lt;i&gt;Freudiana&lt;/i&gt; (43-44), pp. 7-30.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Moltmann, J. (1975). &lt;i&gt;El Dios crucificado&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nietzsche, F. (1995)[1882]. &lt;i&gt;La gaya ciencia&lt;/i&gt;. ME Editores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rosenzweig, F. (1997). &lt;i&gt;La Estrella de la Redenci&#243;n&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Thurian, M. (1965). &lt;i&gt;La eucarist&#237;a&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yerushalmi, Y. (1982). &lt;i&gt;Zakhor. Jewish History and Jewish Memory&lt;/i&gt;. University of Washington Press.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2005). &lt;i&gt;El t&#237;tere y el enano. El n&#250;cleo perverso del cristianismo&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2009a). &lt;i&gt;Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2009b). &lt;i&gt;El fr&#225;gil absoluto o &#191;por qu&#233; merece la pena luchar por el legado cristiano?&lt;/i&gt; Pre-Textos.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;La mort est du domaine de la foi. Vous avez bien raison de croire que vous allez mourir bien s&#251;r; &#231;a vous soutient. Si vous n'y croyez pas, est-ce que vous pourriez supporter la vie que vous avez?&#8221; (T. de los A.)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;De todos modos, el chiste morboso cumple su funci&#243;n develadora de la verdad que se quiere ocultar: en la obra se narran peque&#241;os momentos de iron&#237;a en los que alguien comete un error y los dem&#225;s ni&#241;os en forma de juego dicen que ser&#225; &#8220;liberado&#8221; &#8220;al otro lado&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Seule la possibilit&#233; infinie du pire et du parjure peut accorder la possibilit&#233; du Bien, de la v&#233;racit&#233; et de la foi jur&#233;e. Cette possibilit&#233; reste infinie mais comme la possibilit&#233; m&#234;me d'une finitude auto-immunitaire&#8221; (T. de los A.)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Este no es el lugar para una ex&#233;gesis detallada de la noci&#243;n de ra&#237;z levinasiana de relaci&#243;n con el rostro y la &#8220;no violencia&#8221; (o violencia) de la misma. S&#237; cabe acotar que el rostro est&#225; lejos de ser en Levinas una aparici&#243;n de buenos modales que solicita entrar a una comunidad comunicativa sim&#233;trica, sino m&#225;s bien &#8211;y en progresiva escalada en la obra levinasiana&#8211; la irrupci&#243;n de una figura indeseable y demandante de sus necesidades b&#225;sicas, ante todo no morir, ni por la muerte causada por otro ni por las carencias tambi&#233;n causadas por otros. Por lo tanto si bien es cierto que hay una visi&#243;n del pr&#243;jimo que &#8220;es como t&#250;&#8221;, y del rostro como relaci&#243;n de paz, tambi&#233;n est&#225; incluida una noci&#243;n del traumatismo y del deseo de lo no deseable.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Las alusiones a m&#250;sicos &#8211;Garc&#237;a, Cabrera, Rennella&#8211; en este trabajo se remiten a conceptos de sus obras y no se consignan en las referencias.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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