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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>Moral and Traveling</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Moral-and-Traveling</link>
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		<dc:date>2021-07-12T12:43:37Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>David Oubi&#241;a</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#034;Morality is a question of tracking shots&#034;: Luc Moullet's statement quickly became famous and &#8211;repeated in a simplified, imprecise or wrong manner&#8211; was hailed as one of the theoretical slogans of &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;. The statement stages the complex link between film's form and the director's ethics. In this sense, the critic wonders about how films should represent the world, but also what the images show and how they should be watched. The link between tracking shots and morality was revisited and reformulated by Jean-Luc Godard and Jacques Rivette: in this process, the original meaning of the statement varies almost imperceptibly but, at the same time, is subjected to profound transformations. During the 1960s, reflections on the filmmakers' style quickly shifted from depoliticized assessment to ideological radicalization. Where does a filmmaker's ethical commitment lie? In his intention or in his style? This article reviews the tensions that run through the journal in reference to the morality of forms.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Luc Moullet | Jean-Luc Godard | Jacques Rivette | Serge Daney | Form and morality&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-11-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 11 | N&#176; 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Moral-y-Traveling' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Moral y Traveling &lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Moral y Traveling </title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Moral-y-Traveling</link>
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		<dc:date>2021-07-12T12:41:19Z</dc:date>
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		<dc:creator>David Oubi&#241;a</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;La moral es una cuesti&#243;n de travellings&#8221;: la sentencia de Luc Moullet se hizo r&#225;pidamente c&#233;lebre y &#8211;repetida de manera simplificada, imprecisa o directamente err&#243;nea&#8211; se convirti&#243; en uno de los slogans te&#243;ricos de &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;. La cita pone en escena el complejo v&#237;nculo que se establece entre la forma del film y la &#233;tica de su director. En ese sentido, el cr&#237;tico se interroga sobre el modo en que las pel&#237;culas deben representar el mundo, pero tambi&#233;n qu&#233; muestran las im&#225;genes y c&#243;mo deber&#237;an ser vistas. Ese v&#237;nculo entre los travellings y la moral fue retomado y reformulado por Jean-Luc Godard y por Jacques Rivette: en el trayecto, el sentido original de la frase var&#237;a de manera casi imperceptible pero, a la vez, es sometido a transformaciones profundas. Durante la d&#233;cada de 1960, las reflexiones sobre el estilo de los cineastas pasar&#225;n r&#225;pidamente desde una valoraci&#243;n despolitizada a la radicalizaci&#243;n ideol&#243;gica. &#191;D&#243;nde radica el compromiso &#233;tico de un cineasta? &#191;En su intenci&#243;n o en su estilo? Este art&#237;culo revisa las tensiones que atraviesan el pensamiento de la revista a prop&#243;sito de la moral de los procedimientos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Luc Moullet | Jean-Luc Godard | Jacques Rivette | Serge Daney | Forma y moral&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Moral-and-Traveling' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-11-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 11 | Nro 2 | Julio 2021&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Introducci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fin de la d&#233;cada de 1950: luego de casi diez a&#241;os de pol&#233;micas, &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; ha triunfado y ha impuesto sus ideas. Aunque eso tambi&#233;n puede volverse un inconveniente para una publicaci&#243;n que siempre hab&#237;a vivido del conflicto. La provocaci&#243;n de los &#034;j&#243;venes turcos&#034;, a menudo caprichosa y violenta, hab&#237;a estado contaminada por cierto juvenilismo reaccionario; no obstante, su irreverencia hab&#237;a puesto en cuesti&#243;n el conjunto de convenciones anquilosadas en que se apoyaba la cr&#237;tica, hab&#237;a importado nuevos par&#225;metros para vincularse con los films y hab&#237;a expandido las fronteras de lo cinematogr&#225;fico. Lo cierto es que m&#225;s all&#225; de las disputas (luego de las disputas), la revista hab&#237;a conseguido imponer su agenda en el debate cr&#237;tico. Aunque fuera por las malas razones, hab&#237;a logrado mostrar que ten&#237;a raz&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Seg&#250;n la &lt;i&gt;pol&#237;tica de los autores&lt;/i&gt;, lo que importa es el estilo: &#034;No hay obras, s&#243;lo autores&#034;, escribe Truffaut citando a Giraudoux (1954, p. 4). Los grandes cineastas poseen un estilo inconfundible; por eso no hay diferencia entre sus buenas y malas pel&#237;culas, porque en todas es posible reconocer esa singular visi&#243;n sobre el mundo expresada seg&#250;n la puesta en escena. Cuando Georges Sadoul se queja frente al desinter&#233;s de los j&#243;venes cr&#237;ticos por el contenido y el tema, Andr&#233; Bazin sale en defensa de sus disc&#237;pulos. Luego de admitir que ni Truffaut ni Rohmer ni Rivette son precisamente escritores de izquierda, declara que de todos modos ninguno de sus colaboradores practica una est&#233;tica fascista o ultra reaccionaria:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Puedo asegurarle que el problema no es de ninguna manera pol&#237;tico; incluso si una tendencia juvenil por la provocaci&#243;n y la pol&#233;mica se presta a veces a la confusi&#243;n, la cuesti&#243;n es solamente cr&#237;tica. &#8216;Nuestros hitchcock-hawksianos' &#8211;para recuperar el ep&#237;teto que usted ha felizmente creado&#8211; representan ante todo a una generaci&#243;n de fan&#225;ticos del cine cuya parcialidad s&#243;lo se ve igualada por la erudici&#243;n y de la cual pensamos, Jacques y yo, que merece ser escuchada, incluso si no sabe reclamar esto de otra manera que con cierta insolencia. Si tuviera que calificarla, la llamar&#237;a con gusto &#8216;neoformalismo' porque sus criterios son muy diferentes de los del formalismo tradicional, que eran en su mayor&#237;a pl&#225;sticos. Integran, en gran medida, el estilo del gui&#243;n y postulan la continuidad del genio en los autores (citado en de Baecque, 2003, pp. 183-184).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Si Bazin defiende &#8211;aunque no comparte&#8211; el neoformalismo de sus disc&#237;pulos es porque advierte all&#237; un intento por entender los films a partir del estilo, antes que una descripci&#243;n superficial de sus aspectos meramente ret&#243;ricos. Las preocupaciones de &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; siempre estar&#225;n del lado de la forma. Pero Bazin muere en 1958 y, durante la d&#233;cada de 1960, las reflexiones sobre el estilo de los directores atravesar&#225;n por una serie de mutaciones: r&#225;pidamente se pasar&#225; de una valoraci&#243;n despolitizada a la radicalizaci&#243;n ideol&#243;gica. &#191;D&#243;nde radica el compromiso &#233;tico de un cineasta? &#191;En su intenci&#243;n o en su estilo? Este art&#237;culo revisa las tensiones que surcan el pensamiento de la revista a prop&#243;sito de la moral de los procedimientos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Luc Moullet: la moral de la forma&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Los j&#243;venes directores norteamericanos &#8211;escribe Luc Moullet en 1959&#8211; no tienen nada para decir, y Sam Fuller a&#250;n menos que los dem&#225;s. Hay algo que quiere hacer y lo hace naturalmente, sin esfuerzo. Esto no es un elogio mezquino: detestamos a esos fil&#243;sofos frustrados que se ponen a hacer cine a pesar del cine y s&#243;lo repiten los descubrimientos de las otras artes, &#233;sos que quieren expresar temas dignos de inter&#233;s con un cierto estilo art&#237;stico. Si tienen algo para decir, d&#237;ganlo, escr&#237;banlo, pred&#237;quenlo si les da la gana, pero d&#233;jennos en paz (1959, p. 11).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Moullet (1959) empuja m&#225;s al extremo (si eso fuera posible) el formalismo de la pol&#237;tica de los autores: el cine no es un veh&#237;culo para que abusen de &#233;l intelectuales o fil&#243;sofos sino un medio aut&#243;nomo que se rige por sus propias reglas. Y s&#243;lo algunos pocos saben controlarlas con maestr&#237;a. Tal como hab&#237;a sucedido unos a&#241;os antes con los primeros hitchock-hawksianos, Moullet defiende a Fuller frente a las imputaciones por fascista y por anticomunista. Si rechaza esas denuncias se debe a que el cineasta &#8211;tan viril y tan decidido en apariencia&#8211; es el maestro de la ambig&#252;edad. Dice: &#8220;A prop&#243;sito del fascismo, s&#243;lo el punto de vista de alguien que ha sufrido la tentaci&#243;n tiene alg&#250;n inter&#233;s&#8221;. En &lt;i&gt;Sed de mal&lt;/i&gt; (1958), Welles contrapone la dimensi&#243;n est&#233;tica del mal (Quinlan) y la dimensi&#243;n moral del bien (Vargas): una y otra funcionan como absolutos complementarios. En &lt;i&gt;El Diablo de las aguas turbias&lt;/i&gt; (1954) o en &lt;i&gt;Casco de acero&lt;/i&gt; (1951), en cambio, Fuller permanece en el terreno de lo relativo donde no hay s&#237;ntesis posible. &#201;tica y violencia conviven, porque cada una sirve para contener los desbordes de la otra. La distinci&#243;n es inteligente y sutil: aunque Moullet admite que Welles puede ser un artista mayor, Fuller act&#250;a de manera menos mec&#225;nica y no cede ante la mala conciencia. Es &#8220;f&#225;ustico por principio y prometeico de hecho&#8221; (p. 19).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cr&#237;tico utiliza esos mismos argumentos a prop&#243;sito de &lt;i&gt;El rata&lt;/i&gt; (Sam Fuller, 1953) que hab&#237;a sido muy cuestionado nueve a&#241;os antes en el Festival de Venecia y que hab&#237;a generado el conflicto entre el stalinista Georges Sadoul y los cr&#237;ticos de &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;. Moullet admite que la pel&#237;cula es propaganda de derecha, pero se&#241;ala que su anticomunismo se limita al tema: &#8220;Ni los encuadres, ni la mezcla de sonido, ni el dosificado son mosc&#243;fobos (...) La propaganda no va muy lejos porque los comunistas de Fuller no tienen nada de marxistas en su comportamiento&#8221; (1961, p. 48). Si la censura francesa ha retocado el film y ha podido reconvertir el espionaje en tr&#225;fico de drogas, eso es porque su trama pol&#237;tica resulta un aspecto superficial que no define su sentido.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Antoine de Baecque se&#241;ala esta circunstancia: &#8220;Las palabras &#8216;comunismo' y (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Por lo tanto, es posible abstraerse del contenido ideol&#243;gico y apreciar la nueva poes&#237;a creada por el cineasta. Es cierto que el fascismo y el anticomunismo son el tema de sus pel&#237;culas, pero &lt;i&gt;s&#243;lo el tema&lt;/i&gt;. Porque los enemigos son convencionales y abstractos. El director confunde comunismo y gangsterismo o comunismo y nazismo por motivos comerciales: &#8220;Fascismo de gestos m&#225;s que de intenciones. Porque no parece que Fuller sea tan fuerte en pol&#237;tica&#8221; (Moullet 1959, p. 13). A Moullet no le interesa la ideolog&#237;a del cineasta porque lo que analiza es la moral que puede advertirse en la puesta en escena de sus films. Hay all&#237; un &#8220;sentimiento po&#233;tico por el movimiento de la c&#225;mara. Para muchos directores ambiciosos, los movimientos de la c&#225;mara dependen de la composici&#243;n dram&#225;tica. Nunca para Fuller en cuya obra son, por fortuna, totalmente gratuitos: es en funci&#243;n del poder emotivo del movimiento que se organiza la escena&#8221; (1959, p. 14).&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Moullet defiende tan encarnizadamente a Fuller que, cuando el realizador lee (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La forma de la expresi&#243;n no est&#225; atada al contenido y, a menudo, lo contradice. En esa libertad de movimientos, el estilo encuentra su soberan&#237;a. En un art&#237;culo sobre Douglas Sirk, Moullet tambi&#233;n celebra los efectos visuales de &lt;i&gt;Los diablos del aire&lt;/i&gt; (Douglas Sirk, 1957) justamente porque no tienen ninguna funcionalidad argumental. &#8220;En el arte no hay m&#225;s que artificio: elogiemos el artificio cultivado sin remordimientos, que as&#237; adquiere una sinceridad segunda, en vez del artificio enmascarado para s&#237; mismo como para los dem&#225;s bajo pretextos hip&#243;critas. Lo verdadero es tan falso como lo falso, s&#243;lo lo muy falso deviene verdadero&#8221; (Moullet, 1958, p. 56). Aun as&#237;, hay diferencias. Porque en el caso de Sirk, el exceso es un resultado de un procedimiento; en cambio, Fuller est&#225; fascinado por el espect&#225;culo del mundo material. Es un cineasta de lo tel&#250;rico, del instinto, de lo primitivo. Significativamente, la afirmaci&#243;n de Moullet se rige por un principio idealista. La discusi&#243;n sobre la moral queda acotada a la dimensi&#243;n de las formas o, en todo caso, se&#241;ala que la est&#233;tica tiene sus propias reglas. No hay, para el arte, otra moral que &lt;i&gt;la moral de sus formas.&lt;/i&gt; Finalmente, un cineasta s&#243;lo est&#225; obligado a llevar sus travellings a buen t&#233;rmino. El dictum de Luc Moullet se hizo r&#225;pidamente c&#233;lebre y &#8211;repetido de manera simplificada, imprecisa o directamente err&#243;nea&#8211; se convirti&#243; en uno de los slogans de &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;: &#8220;La moral es una cuesti&#243;n de travellings&#8221; [&lt;/i&gt;La morale est affaire de travellings&lt;/i&gt;] (1959, p. 14).&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Como dir&#225; el propio Moullet a&#241;os m&#225;s tarde: &#8220;Una peque&#241;a frase de este texto (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Jean-Luc Godard: la forma moral&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Poco despu&#233;s, en julio de ese mismo a&#241;o, Godard recupera la sentencia aunque invierte los t&#233;rminos: &#8220;Los travellings son una cuesti&#243;n moral&#8221; [&lt;i&gt;Les travellings sont affaire de morale&lt;/i&gt;]. Parece m&#225;s o menos lo mismo, pero no lo es. Moullet separa al film del mundo: las cosas pierden su estatuto natural sobre la pantalla porque pasan a regirse por otras reglas que son las del cine. Godard, en cambio, fusiona al film con el mundo: convoca al mundo a comparecer en la pantalla y hace que la pel&#237;cula nos devuelva una imagen m&#225;s precisa de lo real. El cine tiene sus propias reglas pero s&#243;lo adquieren sentido si logran mostrar lo real. En &#250;ltima instancia, cada pel&#237;cula ser&#225; juzgada por el modo que ha elegido para dar a ver.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tal como lo plantea Moullet, no hay, para el arte, otro compromiso que &lt;i&gt;la moral de sus formas&lt;/i&gt;. Seg&#250;n la variaci&#243;n de Godard, sin embargo, se trata de leer &lt;i&gt;la moral en las formas&lt;/i&gt;: no dice que habr&#237;a dos dimensiones de la moral (una para el mundo y otra para la obra) sino que hay una sola, pero su sentido debe ser le&#237;do en la superficie del film. La afirmaci&#243;n de Godard pretende responder a una pregunta de Doniol-Valcroze que, en realidad, ha sido formulada para Eric Rohmer durante una mesa redonda sobre &lt;i&gt;Hiroshima mon amour&lt;/i&gt; (Alain Resnais, 1959). Rohmer es el &#250;nico de los que participan en ese debate que esboza ciertas dudas sobre el film de Resnais. Dice: &#8220;Se puede amar y admirar &lt;i&gt;Hiroshima mon amour&lt;/i&gt; y a la vez considerar que, por momentos, resulta bastante irritante&#8221; (Jean Domarchi et al, 1959, p. 5). Doniol pide la aclaraci&#243;n: &#191;se trata de algo que resulta irritante en t&#233;rminos morales o en t&#233;rminos est&#233;ticos? Entonces interviene Godard (se podr&#237;a intuir en la desgrabaci&#243;n, el apuro por responder, casi pisando el final de la pregunta): &#8220;Es lo mismo &#8211;afirma. Los travellings son una cuesti&#243;n moral&#8221; (p. 5).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Qu&#233; es lo que Godard ha dicho? Que moral y est&#233;tica son la misma cosa. Hablar de un travelling supone, de manera ineludible, evaluar la moral que se expresa en &#233;l. En todo caso, el estilo de un film es el modo en que el cine discurre sobre la moral. Quiz&#225;s sin advertirlo y sin intenci&#243;n, Godard introduce una cu&#241;a en el silogismo de Moullet. Decidir qu&#233; mostrar y qu&#233; dejar afuera del encuadre es una resoluci&#243;n fundamental que no ata&#241;e a la pericia t&#233;cnica de manera excluyente; en esa decisi&#243;n sobre hacer o no hacer un movimiento de c&#225;mara, c&#243;mo hacerlo, cu&#225;nto deber&#237;a durar, hasta d&#243;nde llevarlo y desde qu&#233; distancia, se juega toda la moral de un cineasta. Moullet separa al film del mundo: una vez representadas sobre la pantalla, las cosas pierden su estatuto referencial y pasan a regirse por otras reglas que son las del cine. Godard, en cambio, arrastra las cosas hacia el cine: la pel&#237;cula tiene sus propias maneras de lidiar con el mundo, es cierto, pero aunque no se confunden, tampoco existen separados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Godard, un gran director no es el que sabe usar sus dispositivos t&#233;cnicos de manera adecuada &#8220;seg&#250;n las reglas del buen arte&#8221; (as&#237; como, en farmacolog&#237;a, se dice acerca de una receta magistral: &#8220;prep&#225;rese seg&#250;n arte&#8221;) y tampoco es el que se siente obligado a ponerlos al servicio de una buena causa; un gran director es aquel que advierte el mandato moral implicado en su t&#233;cnica. Es decir: el que entiende que sus instrumentos s&#243;lo se usan con justeza cuando son usados seg&#250;n una convicci&#243;n sobre lo que es justo. La inversi&#243;n que introduce Godard resulta fundamental no s&#243;lo porque altera (de manera leve pero decisiva) el car&#225;cter de la sentencia sino porque revela, en el seno de la revista, un momento de cierta confusi&#243;n donde se superponen actitudes que luego se volver&#225;n contradictorias.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Para una interpretaci&#243;n diferente sobre el v&#237;nculo entre travelling y moral (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;La moral es una cuesti&#243;n de travellings&#8221; / &#8220;El travelling es una cuesti&#243;n moral&#8221;: Godard no tiene ninguna intenci&#243;n de polemizar con Moullet. Al contrario. Por otra parte, la frase pasa casi inadvertida, como arrojada en el vac&#237;o, porque no es expandida o cuestionada por los dem&#225;s participantes de la mesa redonda. M&#225;s bien es borrada por la intervenci&#243;n de Pierre Kast que, como si no la hubiera escuchado, dirige la conversaci&#243;n hacia los v&#237;nculos entre cine y literatura en Resnais. No obstante, el contexto del debate resulta significativo. Antes de realizar &lt;i&gt;Hiroshima mon amour&lt;/i&gt;, Resnais ya era el director de &lt;i&gt;Noche y niebla&lt;/i&gt; (1956): un cineasta obsesionado por la memoria de la guerra y por el compromiso de recordar, un artista profundo destinado a grandes obras. En 1959, Resnais era el director m&#225;s respetado por los cineastas de &lt;i&gt;Nouvelle vague&lt;/i&gt; que, en esos momentos, comenzaban a rodar sus primeros films. En otros &#225;mbitos, sin embargo, &lt;i&gt;Hiroshima mon amour&lt;/i&gt; hab&#237;a sido acusada de ser una pel&#237;cula muy literaria que se apoyaba excesivamente en el gui&#243;n y en los di&#225;logos de Marguerite Duras. Es decir un cineasta &#8220;poco cinematogr&#225;fico&#8221;. Es a prop&#243;sito de ese director que Godard se&#241;ala la importancia moral de los travellings: como si quisiera rescatar que toda la pericia t&#233;cnica y todo el compromiso moral del film radican en el genio de Resnais.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Jacques Rivette: la forma abyecta&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La expresi&#243;n te&#243;rica m&#225;s acabada de los planteos de Godard (la m&#225;s virulenta y la m&#225;s extrema) est&#225; enunciada en &#8220;De la abyecci&#243;n&#8221;, el art&#237;culo que Rivette escribe sobre &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt; (1960), el film de Gillo Pontecorvo sobre los campos de concentraci&#243;n. El texto afirma de manera categ&#243;rica:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Observen, en &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt;, el plano en que Riva se suicida arroj&#225;ndose sobre los alambres electrificados: el hombre que en ese momento decide hacer un travelling hacia delante para encuadrar el cad&#225;ver en contrapicado, teniendo el cuidado de inscribir exactamente la mano levantada en un &#225;ngulo del encuadre final, ese hombre merece el m&#225;s profundo desprecio&#8221; (1961, p. 54).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt; no nos ahorra los golpes bajos ni la crueldad ni el sentimentalismo ni la demagogia que componen esa enciclopedia habitual en las pel&#237;culas sobre los campos de concentraci&#243;n. De manera incansable, Pontercorvo enumera los padecimientos de los inocentes, las traiciones, las miserias y las bajezas de los prisioneros, la dignidad suicida de los h&#233;roes, el sadismo de los nazis y hasta el amor en medio del espanto. De todos modos, es evidente que Rivette exagera: aqu&#237;, como siempre, su m&#233;todo cr&#237;tico descansa en la elegancia provocativa de las hip&#233;rboles. No es para tanto, podr&#237;amos decir. Pontecorvo no es abyecto ni despreciable; aunque es ciertamente un director demasiado convencional y demasiado oportunista como para enfrentarse a un tema que requer&#237;a un tratamiento excepcionalmente l&#250;cido. Pero &#233;sa es justamente la cuesti&#243;n que plantea Rivette: all&#237; donde la &#233;tica resulta inescindible del procedimiento. &#191;C&#243;mo filmar la muerte? &#191;Cu&#225;l es la distancia adecuada para asistir a ese momento sin profanarlo? El problema radica en todas las preguntas que el plano de Pontecorvo no contiene. &#8220;Hay cosas &#8211;dice Rivette&#8211; que deben abordarse con miedo y temblor; la muerte sin duda es una de ellas; &#191;c&#243;mo se puede filmar algo tan misterioso sin sentirse un impostor?&#8221; (p. 54).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pontecorvo subraya la situaci&#243;n (cree que es necesario subrayar la situaci&#243;n), como si s&#243;lo estuviera calculando el impacto que deber&#237;a provocar la muerte del personaje. Y ese subrayado hace que la imagen se vuelva obscena. Mientras que Moullet celebra la maestr&#237;a de la puesta en escena en Fuller y no presta atenci&#243;n al tema de sus films, Rivette afirma que Pontecorvo es un impostor que intenta esconderse detr&#225;s de un tema irreprochable; pero su bajeza moral queda al descubierto gracias a ese peque&#241;o travelling de acercamiento para reencuadrar el cad&#225;ver electrocutado. Moullet dice sobre Fuller: no tiene importancia que est&#233; animado por ideas fascistas porque eso no se traduce en sus travellings. Rivette, en cambio, dice: Pontecorvo es despreciable porque su film es abyecto, y esa abyecci&#243;n se lee en el modo de planificar sus travellings. Lo que importa es la forma, pero no porque permita mantenerse a resguardo de la ideolog&#237;a sino porque es ah&#237; donde justamente se revela la ideolog&#237;a.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Sobre el texto de Rivette, v&#233;ase Morrey y Smith, 2009. Para Rivette, forma y (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este pasaje entre &#8220;La morale est affaire de travellings&#8221; y &#8220;Le travelling est affaire de morale&#8221; se anuncia ya el cambio de direcci&#243;n que va a experimentar la revista a mediados de la d&#233;cada. Para ese momento, los postulados iniciales de la pol&#237;tica de los autores terminar&#225;n por escindirse y comenzar&#225;n a desarrollarse en direcciones diferentes. De un lado, la insistencia en el estilo de ciertos cineastas no podr&#225; sino derivar hacia una preocupaci&#243;n por aislar la pureza absoluta de la puesta en escena en tanto que sistema aut&#243;nomo, incontaminado por el mundo. Del otro lado, esa misma pol&#237;tica de los autores conducir&#225; inevitablemente hacia una axiolog&#237;a de la obra. Y en esa valoraci&#243;n, las estrategias del film no podr&#225;n eludir una imbricaci&#243;n con el contexto, poniendo de manifiesto c&#243;mo cada director hace que lo real produzca sentidos. Digamos: el film ya no se constituye a partir de la distancia que establece con el mundo sino, al contrario, a partir de la manera en que se entremezcla con &#233;l. Proyectado sobre la arena p&#250;blica (y el cine siempre est&#225; llamado a intervenir en el &#225;gora) el principio moral deviene pol&#237;tico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Del fetichismo de la mise en sc&#232;ne, tan cultivado a principios de los 60, &lt;i&gt;Cahiers&lt;/i&gt; derivar&#225; hacia un discurso sobre la ideolog&#237;a del dispositivo que marcar&#225; el fin de la d&#233;cada: la imagen que produce la c&#225;mara es un instrumento de dominaci&#243;n porque est&#225; construida para convalidar la ideolog&#237;a burguesa. El efecto de realidad del cine dominante &#8211;el realismo entendido aqu&#237; como censura ideol&#243;gica&#8211; convalida un r&#233;gimen de visi&#243;n, artificial pero naturalizado, y produce una forma de conocimiento imaginaria (falsa) que debe contrarrestarse con un conocimiento real. Tal como sostienen Narboni y Comolli en un texto clave, la realidad reproducida fielmente por la c&#225;mara es enteramente ideol&#243;gica:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;En este sentido, la teor&#237;a de la &#8216;transparencia' (el clasicismo cinematogr&#225;fico) es eminentemente reaccionaria: no es el mundo en su &#8216;realidad concreta' el que es &#8216;tomado' por (o, m&#225;s bien, el que impregna) un instrumento no intervencionista, sino el mundo vago, no formulado, no teorizado, impensado, de la ideolog&#237;a dominante. (1969, p. 12)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Si el empirismo es una &#8220;ideolog&#237;a de lo visible&#8221;, se trata de averiguar cu&#225;nto saber pueden producir las pel&#237;culas y hasta qu&#233; punto ese saber puede transformar nuestra concepci&#243;n del cine. Ver no es comprender. Entiende aquel que sospecha de lo que ve.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Consideraciones finales: Serge Daney y la alteridad como forma&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero no son Narboni y Comolli quienes continuar&#225;n la huella cr&#237;tica abierta por Rivette sino Serge Daney en un texto tard&#237;o escrito a comienzos de los 90. Seg&#250;n &#233;l, el problema con Pontecorvo es que intenta obtener &lt;i&gt;im&#225;genes bellas&lt;/i&gt; ah&#237; donde s&#243;lo hay que pensar en &lt;i&gt;im&#225;genes justas&lt;/i&gt;. &#8220;El travelling de &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt;&#8221;, es uno de sus &#250;ltimos escritos: el cr&#237;tico admite que nunca vio la pel&#237;cula y, en realidad, ya nunca la ver&#225; (en el reconocimiento de la omisi&#243;n hay que inferir una incompletud irremediable porque se sabe enfermo de Sida). No vio la pel&#237;cula aunque, de alguna manera, s&#237; la vio porque Jacques Rivette se la mostr&#243; con palabras definitivas en el viejo art&#237;culo publicado en &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt;. Hay algo deslumbrante en esa certeza, tan blindada como arbitraria, que asiste al cr&#237;tico para dictaminar qu&#233; es y qu&#233; debe hacer el cine. No hace falta m&#225;s. Basta con dejarse convencer y creer en eso. Rivette dec&#237;a que no es posible filmar la muerte sin sentirse un impostor; Daney completa: &#8220;Pontecorvo no tiembla ni tiene miedo; los campos de concentraci&#243;n s&#243;lo lo indignan ideol&#243;gicamente&#8221; (1998, p. 33).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Por qu&#233; las im&#225;genes deben ser justas (y s&#243;lo pueden pretender ser bellas en la medida en que son justas)? Daney reescribe el texto de Rivette y hace expl&#237;cita una dimensi&#243;n que antes s&#243;lo pod&#237;a intuirse. Se trata, precisamente, de ir en contra de ese pecado original del cine que es su vocaci&#243;n de espect&#225;culo: los grandes cineastas son aquellos que se hacen cargo de esa pesada herencia y aceptan que filmar es una manera de ser innoble. &#191;C&#243;mo darle la espalda a esa imagen espectacular? Dejando ver, en lo que se muestra, que eso no es todo lo que hay para ver. En vez de celebrar una mirada satisfecha consigo misma, una imagen aut&#233;ntica se sostiene sobre la tensi&#243;n no reconciliada entre lo que un plano muestra y lo que inevitablemente debe obturar para poder mostrar algo. Si el texto de Daney es la &#250;ltima estaci&#243;n de ese recorrido que se hab&#237;a iniciado con el comentario de Moullet es porque, al apropiarse del juicio de Rivette, pone en primer plano el v&#237;nculo entre forma y moral de una manera categ&#243;rica.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;'El travelling de &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt;' -dice el cr&#237;tico- fue mi dogma port&#225;til, el axioma que no se discut&#237;a, el punto l&#237;mite de todo debate. Con cualquiera que no sintiera de inmediato la abyecci&#243;n del 'travelling de &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt;' yo no ten&#237;a definitivamente nada que ver, nada que compartir (Daney, 1998, p. 22).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El travelling de Kapo se convirti&#243; tempranamente en el &#034;dogma port&#225;til&#034; de Daney porque anticipaba en miniatura todos los vicios contra los que edificar&#225; su &#233;tica de la imagen. &#191;Qu&#233; derecho asiste al cineasta para filmar un plano y no otro? &#191;C&#243;mo aproximarse a una imagen y hasta d&#243;nde? &#191;Cu&#225;l es la legitimidad de un procedimiento? Tal como quer&#237;a Welles, un director de cine es un piloto de tormentas que debe tomar decisiones permanentemente y cuyo mayor peligro es encallar entre los acantilados del espect&#225;culo. Mostrar no es exponer inopinadamente aquello que la c&#225;mara ha registrado; si es un gesto que permite ver es, justamente, porque obliga a ver. Ver un film es volver a ver algo ya visto por otro. Por lo tanto, el cine es un arte del presente no porque transparente el mundo sino porque, cada vez, actualiza una mirada. Una mirada que se enuncia en presente. Como si permanentemente el film dijera: &#8220;esto es lo que veo&#8221; y no &#8220;esto es lo que hay&#8221;. Puesto que s&#243;lo veremos de lo real aquello que el film recorta, el cineasta queda investido de una gran responsabilidad cada vez que toma una decisi&#243;n sobre sus procedimientos. Una imagen aut&#233;ntica ser&#225; aquella que se asume como imagen, aquella que admite que hacer ver algo es tambi&#233;n dejar de ver otra cosa, aquella que reconoce que lo mostrado es inevitablemente una parte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se trata de una cuesti&#243;n de forma, sin duda, pero es que hay una moral de los procedimientos y es all&#237; en donde se juega toda la verdad del cine. Pontecorvo es un impostor porque pretende embellecer una escena que s&#243;lo pide ser atestiguada y &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt; es un film abyecto porque s&#243;lo procura la elegancia de un movimiento de c&#225;mara sin evaluar su necesidad, sin pensar responsablemente en la adecuada distancia que debe mantener. Si Daney reconoce en &lt;i&gt;Noche y niebla&lt;/i&gt; la forma correcta de abordar el mismo tema es porque advierte en Resnais un pudor y un temor ante el misterio de la muerte que est&#225;n completamente ausentes en las im&#225;genes de Pontecorvo. &lt;i&gt;Noche y niebla&lt;/i&gt; sabe que &lt;i&gt;eso&lt;/i&gt; es irrepresentable, pero tambi&#233;n sabe que la &#250;nica justificaci&#243;n del cine es la empecinada decisi&#243;n de golpearse la cabeza contra esa imposibilidad. Es evidente que el film fracasar&#225; en su intento, pero ser&#225; un fracaso luminoso.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Daney opone el film de Pontecorvo a Noche y niebla. En otro lugar, se (&#8230;)&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;C&#243;mo traducir en im&#225;genes aquello que es, por definici&#243;n, inimaginable? C&#243;mo mostrar: para Resnais en eso consiste el problema; Pontecorvo, en cambio, nunca logra trasladar a sus im&#225;genes la indignaci&#243;n ideol&#243;gica que le producen los campos de concentraci&#243;n. En esa m&#237;nima distancia cabe toda la moral del cine. &#034;Llamo imagen &#8212;dice Daney&#8212; a lo que se apoya a&#250;n sobre una experiencia de la visi&#243;n y visual a la verificaci&#243;n &#243;ptica de un procedimiento de poder &#8212;ya sea tecnol&#243;gico, pol&#237;tico, publicitario o militar&#8212;, procedimiento que s&#243;lo suscita comentarios claros y transparentes. Evidentemente, lo visual concierne al nervio &#243;ptico pero, aun as&#237;, no es una imagen. Pienso que la condici&#243;n sine qua non para que haya imagen es la alteridad&#034;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Comolli, J-L. y Narboni, J. (1969). Cin&#233;ma / ideologie / critique. &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; (216), 11-15.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Daney, S. (1998). &lt;i&gt;Perseverancia. Conversaciones con Serge Toubiana&lt;/i&gt;. Buenos Aires: El Amante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Daney, S. (2004). &lt;i&gt;Cine, arte del presente&lt;/i&gt;, Buenos Aires: Santiago Arcos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De Baecque, A. (2003). &lt;i&gt;La cin&#233;philie, La cin&#233;philie. Invention d'un regard, histoire d'une culture 1944-1968&lt;/i&gt;. Par&#237;s: Fayard.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dilorio, S. (2005). The Woodcutter's Gaze: Luc Moullet and &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; 1956-1969. &lt;i&gt;SubStance&lt;/i&gt; 34 (3), 79-95.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Domarchi, J., Doniol-Valcroze, J., Godard, J-L., Kast, P., Rivette, J. y Rohmer, E. (1959). Hiroshima, notre amour. &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; (97), 1-18.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fuller, S. (director). (1951). &lt;i&gt;Casco de acero (The Steel Helmet)&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. Deputy Corporation.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fuller, S. (director). (1953). &lt;i&gt;El rata (Pick up on South Street)&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. Twentieth Century Fox.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fuller, S. (director). (1954). &lt;i&gt;El Diablo de las aguas turbias&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. 20th Century Studios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Morrey, D. y Smith, A. (2009). &lt;i&gt;Jacques Rivette.&lt;/i&gt; Manchester: Manchester University Press.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Moullet, L. (1958). R&#233;-creation par la recreation (&lt;i&gt;Tarnished Angels&lt;/i&gt;). &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; (87), 54-55.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Moullet, L. (1959). Sam Fuller sur les bris&#233;es de Marlowe. &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; (93), 11-19.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Moullet, L. (1961). La splendeur du paradoxe (&lt;i&gt;Le Port de la drogue&lt;/i&gt;). &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; (121), 47-50.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Moullet, L. (2014). &lt;i&gt;Piges Choisies. De Griffith &#224; Ellroy&lt;/i&gt;. Par&#237;s: Capricci.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pontecorvo, G. (director). (1960). &lt;i&gt;Kapo&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. Cineriz, Vides Cinematografica, Zebra Films.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Resnais, A. (director). (1956). &lt;i&gt;Noche y niebla (Nuit et bruillard)&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. Argos Films.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Resnais, A. (director). (1959). &lt;i&gt;Hiroshima mon amour&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. Argos Films, Como Films, Daiei Studios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Resnais, A. (director). (1963). &lt;i&gt;Muriel&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. Argos Films, Alpha Produtions, Eclair&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rivette, J. (1961). De l'abjection. &lt;i&gt;Cahiers du cin&#233;ma&lt;/i&gt; (120), 54-55.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sirk, D. (director). (1957). &lt;i&gt;Los diablos del aire (The Tarnished Angels)&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. Universal Pictures.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Truffaut, F. (1954). Sir Abel Gance. &lt;i&gt;Arts&lt;/i&gt; (479), 1-7.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Welles, O. (director). (1958). &lt;i&gt;Sed de mal (Touch of Evil)&lt;/i&gt; [Pel&#237;cula]. Universal International Pictures.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Antoine de Baecque se&#241;ala esta circunstancia: &#8220;Las palabras &#8216;comunismo' y &#8216;comunistas' fueron sistem&#225;ticamente reemplazadas, en la banda sonora, por &#8216;droga' y &#8216;traficantes'. Si el nerviosismo de Richard Kiley, que interpreta al principal agente comunista, puede ser igualmente el de un hombre con s&#237;ndrome de abstinencia, muchos espectadores deben haberse preguntado por qu&#233; los norteamericanos esconden drogas en microfilms de f&#243;rmulas qu&#237;micas y matem&#225;ticas&#8230;&#8221; (2003, p. 174). Sobre esta cuesti&#243;n, v&#233;ase tambi&#233;n Moullet, 1961.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Moullet defiende tan encarnizadamente a Fuller que, cuando el realizador lee sus art&#237;culos, decide suscribirse a Cahiers du cin&#233;ma. El cr&#237;tico ha dicho que es un cineasta del instinto y que sabe apreciar el espect&#225;culo del mundo natural: un &#8220;poeta tel&#250;rico&#8221;. Por eso es el que mejor sabe c&#243;mo filmar el cuerpo humano y, en particular, los pies (la parte del cuerpo que est&#225; en contacto con la tierra). El mejor hombre es aquel que tiene los pies m&#225;s fuertes. En el paroxismo de su celebraci&#243;n cr&#237;tica, Moullet concluye que es &#8220;el &#250;nico cineasta que filma con los pies&#8221;. Y eso debe ser entendido aqu&#237; como el mayor elogio. El director le escribe una carta de agradecimiento y agrega un paquete al env&#237;o: una pierna de mu&#241;eca de pl&#225;stico con el aut&#243;grafo &#8220;Samuel Fuller&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Como dir&#225; el propio Moullet a&#241;os m&#225;s tarde: &#8220;Una peque&#241;a frase de este texto ha hecho m&#225;s por mi reputaci&#243;n que todas mis pel&#237;culas juntas&#8221; (2014, p. 87).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Para una interpretaci&#243;n diferente sobre el v&#237;nculo entre travelling y moral en Moullet y Godard, v&#233;ase Dilorio, 2005.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Sobre el texto de Rivette, v&#233;ase Morrey y Smith, 2009. Para Rivette, forma y contenido son inseparables: la mise en sc&#232;ne es una cuesti&#243;n moral porque expresa el punto de vista del cineasta sobre el mundo. Se podr&#237;a decir: Pontecorvo filma mal porque piensa mal.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Daney opone el film de Pontecorvo a Noche y niebla. En otro lugar, se refiere al concepto de Blanchot sobre la &#8220;escritura del desastre&#8221; para referirse a esos &#8220;tres manuscritos&#8221; de Resnais, &#8220;esos tres testigos irrecusables de nuestra modernidad&#8221; que son Noche y niebla, Hiroshima mon amour y Muriel. El cine de Resnais en los a&#241;os 60 aparece as&#237; como el gran &#8220;sism&#243;grafo&#8221;, aquel que encontr&#243; la forma para contar el acontecimiento fundante de nuestra modernidad (V&#233;ase Daney, 2004).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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