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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>The Total Art of Eisenstein: The Ideology Behind The old and the New</title>
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		<dc:date>2023-07-12T12:21:55Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Tom&#225;s Viera</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The history behind early Soviet cinema has fascinated Western scholars for decades. Conflicting accounts of unpublished scripts and censorship by the Communist Party have prompted detailed discussions on the limits imposed by the young Stalinist regime over the members of cultural vanguards. However, these debates occlude the larger problem of how the works produced by artists such as Sergei Eisenstein expressed the ideological tensions of a social system that was struggling to find a fitting balance between democracy and authority, between experimentation and order. Our study analyzes the 1929 film &lt;i&gt;The old and the new&lt;/i&gt;, with the aim of exploring how these same tensions could manifest themselves well beyond the apparently opposed interests of art and politics. With this objective, we make use of the Lacanian theory of the unconscious, which allows us to analyze the duality of behaviors that can be manifested from within a single discursive subject.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Soviet Union | Sergei Eisenstein | cinema | ideology | Stalinism&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-13-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 13 | N&#186; 2 &lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Facultad de Filosof&#237;a y Letras, Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/El-arte-total-de-Eisenstein-la-ideologia-detras-de-Lo-viejo-y-lo-nuevo' class=&#034;spip_in&#034;&gt;El arte total de Eisenstein: la ideolog&#237;a detr&#225;s de Lo viejo y lo nuevo&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>El arte total de Eisenstein: la ideolog&#237;a detr&#225;s de Lo viejo y lo nuevo</title>
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		<dc:date>2023-07-07T14:13:38Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Tom&#225;s Viera</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La historia detr&#225;s del temprano cine sovi&#233;tico ha fascinado a los acad&#233;micos occidentales durante d&#233;cadas. Relatos contradictorios sobre guiones in&#233;ditos y censuras del Partido Comunista han incitado a eruditas disquisiciones acerca de los l&#237;mites que el naciente r&#233;gimen estalinista habr&#237;a impuesto a los miembros de las vanguardias culturales. Sin embargo, estos debates ocluyen el problema mayor de c&#243;mo las obras producidas por artistas como Sergei Eisenstein expresaban las tensiones ideol&#243;gicas de un sistema social que luchaba por hallar un equilibrio adecuado entre democracia y autoridad, entre experimentaci&#243;n y orden. Nuestro estudio analiza el film de 1929 &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt;, con el objetivo de explorar c&#243;mo estas mismas tensiones pudieron manifestarse m&#225;s all&#225; de las voluntades aparentemente opuestas del arte y la pol&#237;tica. Para ello apelamos a las formulaciones lacanianas sobre el inconsciente, que permiten analizar el desdoblamiento de conductas de un mismo sujeto discursivo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Uni&#243;n Sovi&#233;tica | Sergei Eisenstein | cine | ideolog&#237;a | estalinismo&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/The-Total-Art-of-Eisenstein-The-Ideology-Behind-The-old-and-the-New' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-13-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 13 | Nro 2 | JULIO 2023&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Facultad de Filosof&#237;a y Letras, Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;A fines del siglo XIX, Rusia era un pa&#237;s mayormente campesino, considerado universalmente como &#8220;atrasado&#8221;. De ah&#237; que los objetivos pol&#237;ticos del socialismo en este territorio se hallaran &#237;ntimamente entrelazados con la agenda progresista elaborada por su intelligentsia occidentalizada (Kagarlitsky, 2006). Para esta, el problema fundamental se planteaba en torno a c&#243;mo llevar a cabo el proceso de transici&#243;n hacia una sociedad moderna. La postura bolchevique sosten&#237;a que esa transformaci&#243;n deb&#237;a ser dirigida por una elite iluminada que moldease al campesinado hasta adaptarlo a los nuevos tiempos. Al definir la cuesti&#243;n en estos t&#233;rminos, se cargaba a los obreros urbanos y espec&#237;ficamente a los militantes del partido con la responsabilidad de ense&#241;ar los nuevos valores socialistas a las masas rurales. Pero como toda pedagog&#237;a, educar a los campesinos tambi&#233;n implicaba sostener un poder sobre ellos, dando por sentado que el maestro sab&#237;a hacia d&#243;nde dirigir a sus alumnos. El trabajo que presentamos a continuaci&#243;n procura traer al frente algunos de los problemas impl&#237;citos detr&#225;s de esta concepci&#243;n de las tareas revolucionarias. &#191;Qu&#233; clase de or&#225;culo garantizaba a los bolcheviques poseer la verdad sobre el movimiento hist&#243;rico? &#191;Cu&#225;l era el mejor medio de convencer a las masas de la superioridad de tal camino revelado? Investigando los m&#233;todos que los artistas revolucionarios emplearon para representar el apoyo social a su proyecto podremos intuir hasta qu&#233; punto los bolcheviques tem&#237;an &#237;ntimamente que esa aquiescencia no fuera tan espont&#225;nea como para dejarla operar libremente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rastrearemos nuestras respuestas en el film de Sergei Eisenstein &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; (1929). En primer lugar, atenderemos a una secuencia que, curiosamente, ha recibido menos atenci&#243;n de la que amerita.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Una de las pocas excepciones a este descuido puede hallarse en la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Se trata de la escena en que la campesina Marfa abandona su hogar y se dirige hacia una moderna urbe para conseguir el tractor que su aldea desesperadamente necesita. All&#237;, consulta a un obrero industrial, quien la pone en contacto con un representante del partido comunista, que toma a su cargo guiarla en su empresa. Sin embargo, una vez que consiguen dar con la oficina que gestiona los prestamos agr&#237;colas, los protagonistas tropiezan con funcionarios indolentes que ignoran su pedido. El aparato del Estado no pertenece a&#250;n plenamente al proletariado, y esta escena condensa la frustraci&#243;n contra los obst&#225;culos que impiden a la revoluci&#243;n alcanzar su pleno potencial. Por un momento, la misi&#243;n de la comitiva aldeana parece destinada a fracasar. Es entonces cuando el militante comunista que acompa&#241;a a la protagonista campesina interviene golpeando las mesas y exclamando la orden del Comisariado del Pueblo de &#8220;&#161;Aplicar la L&#237;nea General!&#8221;, en referencia a las directivas que Stalin proclamara para el desarrollo econ&#243;mico sovi&#233;tico. S&#243;lo al invocar ese mandato consiguen despertar a los bur&#243;cratas de su letargo y disciplinarlos para que acaten la pol&#237;tica oficial del partido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dado que el viaje de Marfa ilustra los obst&#225;culos que la revoluci&#243;n necesitaba superar para triunfar en el campo, nos parece significativo que tantos comentaristas hayan desestimado su relevancia para el conjunto de la narrativa, como si se tratase de un avatar inconsecuente en ese camino (Burns, 1981; Kepley, 1974). De hecho, lo que m&#225;s parece haber llamado la atenci&#243;n de los analistas occidentales ha sido las exc&#233;ntricas t&#225;cticas visuales que el director elabor&#243; para representar esos obst&#225;culos. Con ese fin, los bur&#243;cratas son presentados de manera caricaturesca, exagerados por la lente de la c&#225;mara para equiparar a los uniformados de las oficinas estatales con otros sectores sociales antag&#243;nicos como los campesinos &lt;i&gt;kulaks&lt;/i&gt; que se opon&#237;an a la colectivizaci&#243;n (Bordewell, 1999, p. 99). Ambos obesos y taca&#241;os, la comparaci&#243;n peyorativa servir&#237;a para criticar a los bur&#243;cratas y a la vez tranquilizar al espectador de que seres perezosos como ellos no representan un verdadero peligro para una revoluci&#243;n tan vigorosa como la socialista (Hjort, 2005, p. 122).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esa operaci&#243;n de socavar la capacidad de acci&#243;n de los funcionarios se consigue al mostrarlos entretenidos con actividades fr&#237;volas como leer diarios, contar chistes, afilar un l&#225;piz por ambos lados, etc. A la producci&#243;n de esta imagen ir&#243;nica tambi&#233;n contribuye la intenci&#243;n del autor de resaltar las conductas soberbias de estos personajes, quienes demostraban tener una autopercepci&#243;n demasiado elevada de s&#237; mismos. Tal hipocres&#237;a es subrayada no solo mediante el contraste de sus lujosos aparatos y trajes con las ropas ordinarias de Marfa y sus camaradas, sino principalmente a trav&#233;s de t&#233;cnicas cinematogr&#225;ficas como el uso de planos y contraplanos e intert&#237;tulos explicativos que oponen al &#8220;pueblo&#8221; frente a los &#8220;propietarios&#8221;. Para enfatizar a&#250;n m&#225;s este mensaje, la oficina retratada se encuentra repleta de bustos e im&#225;genes del m&#225;ximo l&#237;der socialista, con quien los bur&#243;cratas pretenden identificarse. As&#237;, por ejemplo, el jefe ha colgado un famoso retrato de Lenin leyendo el peri&#243;dico &lt;i&gt;Pravda&lt;/i&gt;, al lado de otras fotograf&#237;as donde &#233;l mismo busca desvergonzadamente imitarlo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1610 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_1-4.jpg?1754362423' width='500' height='195' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Figura 1: &#8220;A la izquierda, un cuadro de Lenin cuelga sobre el despacho del director. A la derecha, el bur&#243;crata pretende imitar la pose del m&#225;ximo l&#237;der bolchevique.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En principio, los analistas occidentales han se&#241;alado correctamente la funci&#243;n semi&#243;tica de estos estereotipos. Burlarse de los rivales trat&#225;ndolos como personajes mezquinos e insignificantes es un recurso com&#250;n de todo discurso pol&#237;tico que busca bastardear a sus rivales. Durante el estalinismo, esta fue probablemente la forma por antonomasia de desestimar al otro y exaltar las capacidades del propio r&#233;gimen para sobreponerse a cualquier adversidad. No obstante, el objetivo que Eisenstein persigui&#243; durante el ensamblado de esta pel&#237;cula con su recurrente apelaci&#243;n a la imagen de Lenin permanece en cierto modo como una inc&#243;gnita. No alcanza con se&#241;alar &#8211;como se suele hacer&#8211; que su ubicuidad en pantalla resultaba de la necesidad de &lt;i&gt;re-presentar&lt;/i&gt; al difunto protector de los trabajadores, en un momento de vulnerabilidad de su causa. Tampoco parece tratarse de un simple argumento en favor de la colectivizaci&#243;n voluntaria, recordando que hab&#237;a sido un proyecto originalmente ideado por el hist&#243;rico l&#237;der del partido (Fontana, 2016, p. 249). M&#225;s bien, el esfuerzo por manipular su figura se vinculaba a la necesidad de intervenir en una disputa abierta en torno al tipo de autoridad que deb&#237;a recoger el legado de la revoluci&#243;n. De hecho, si se compara este film con los que la Uni&#243;n Sovi&#233;tica producir&#237;a durante la d&#233;cada del treinta, cuando el proyecto liderado por Stalin pasar&#237;a a ser representado como un movimiento monol&#237;tico predestinado a triunfar sobre los peque&#241;os enemigos externos que lo asechaban, la cr&#237;tica contra la burocracia que &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; (Eisenstein, 1929) articula a fines de los a&#241;os veinte resulta particularmente rupturista. Sobre todo, porque deja entrever una divisi&#243;n al interior del propio campo socialista, donde tanto los miembros del partido como los funcionarios del estado toman al mismo mito leninista como bandera, pero dot&#225;ndolo de significados dispares.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De ah&#237; tambi&#233;n que la iron&#237;a sea el instrumento elegido en este dispositivo para atacar al oponente. Cuando la lucha se entabla entre dos ideolog&#237;as opuestas, resulta mucho m&#225;s f&#225;cil articular un discurso de &lt;i&gt;ellos vs. nosotros&lt;/i&gt; que cuando no est&#225;n tan claramente delineados los bandos. Por eso, no pudiendo refutar la ideolog&#237;a del contrincante porque es tambi&#233;n la propia, la cr&#237;tica debe recorrer un equilibrio mucho m&#225;s sutil. La t&#225;ctica por lo tanto se desplaza hacia un esfuerzo por excomulgar al otro de su derecho a acceder a esos s&#237;mbolos de legitimaci&#243;n codiciados por ambas facciones. Se entiende entonces por qu&#233; este discurso recurre con tanta insistencia a la met&#225;fora del &lt;i&gt;kulak&lt;/i&gt;, ya que al equiparar al bur&#243;crata con el capitalista se buscaba presentarlo como un enemigo &lt;i&gt;externo&lt;/i&gt;, con la esperanza de que resultara m&#225;s f&#225;cil exorcizarlo en el plano simb&#243;lico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Considerando que la estrategia del director deliberadamente intenta minimizar la importancia del conflicto para desestimar a la facci&#243;n enemiga, no deber&#237;amos dejarnos convencer tan f&#225;cilmente por sus artima&#241;as. M&#225;s que un peque&#241;o obst&#225;culo, la operaci&#243;n simb&#243;lica de este film nos sugiere que se trat&#243; de una batalla donde el propio legado leninista estuvo en disputa. Este hallazgo tiende a reforzar algunas nociones de lo que ya sabemos acerca de la conflictividad pol&#237;tica durante la d&#233;cada de 1920. Seg&#250;n Robert Service (2000), para ese entonces &#8220;la burocracia civil inclu&#237;a a algunos de los adversarios m&#225;s famosos del partido comunista&#8221; (p. 73). En funci&#243;n de ese contexto pol&#237;tico, la predilecci&#243;n de Eisenstein por ofrecer una visi&#243;n de la realidad capaz de empatizar con la mentalidad campesina cobra mayor sentido. En un marco de intensa conflictividad, cuando gran parte de la poblaci&#243;n rural rechazaba todo lo urbano identific&#225;ndolo con el anticristo (Viola, 1996, p. 30), cargar a la burocracia con el rol del villano pod&#237;a parecer una estrategia eficaz para canalizar la ira de las masas rurales hacia una facci&#243;n rival, buscando exculpar con el mismo movimiento la cuota de responsabilidad que correspond&#237;a al partido por las penurias cotidianas que sufr&#237;an los campesinos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero esta lectura aun deja algunas inc&#243;gnitas sin resolver. En consecuencia, antes de contentarnos con leer el mensaje en su intencionalidad consciente, debemos preguntar qu&#233; lo motiva profundamente. En esta operaci&#243;n, convertir a la burocracia en un chivo expiatorio implicaba mucho m&#225;s que un simple truco de propaganda dise&#241;ado para canalizar los resentimientos de las masas. Se trataba adem&#225;s de una anticipaci&#243;n de la funci&#243;n reaseguradora que articular&#237;a el cine estalinista de d&#233;cadas posteriores, evidente en t&#243;picos tales como la demonizaci&#243;n del &lt;i&gt;kulak&lt;/i&gt; o la escenificaci&#243;n del combate contra la baja productividad. Bajo esa l&#243;gica, los eventos traum&#225;ticos ocurridos durante el periodo de construcci&#243;n del socialismo deb&#237;an desaparecer de la pantalla, reemplazados por rituales que domesticaban cualquier amenaza al futuro del r&#233;gimen (Fontana, 2012, p. 315). Pero ya a fines de los a&#241;os 20s, cuando muchos militantes revolucionarios que hab&#237;an combatido contra el sistema zarista y que se desilusionaron al descubrir que la dictadura del proletariado no era la utop&#237;a que siempre hab&#237;an imaginado, la decisi&#243;n de apuntar el dedo contra las actitudes displicentes y conformistas de los bur&#243;cratas ofrec&#237;a una manera de explicarse a s&#237; mismos por qu&#233; la URSS no hab&#237;a tenido el despegue prometido (Pirani, 2010, p.33; Lewin, 2005, p. 40). Es ese el motivo por el cual el verdadero protagonista de esta escena, quien alza la voz para disciplinar al funcionariado d&#237;scolo, no es Marfa sino el dirigente del partido. Con esa acci&#243;n, la cinta daba carnadura inmediata a la realizaci&#243;n de una fantas&#237;a que muchos j&#243;venes militantes socialistas deb&#237;an albergar en su interior. En consecuencia, ser&#225; &#250;til concentrarnos en los modos que el film emplea para traducir a la pantalla aquellas tensiones internas entre las promesas de la ideolog&#237;a bolchevique y los obst&#225;culos encontrados para realizarlos en la pr&#225;ctica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Ideolog&#237;a bolchevique&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por &lt;i&gt;ideolog&#237;a bolchevique&lt;/i&gt; nos referimos a un &#8220;marco de comprensi&#243;n&#8221; determinado, que organizaba la experiencia de los actores, predisponiendo las herramientas que estos utilizaban para interpretar la informaci&#243;n percibida, por ejemplo, al observar una cinta f&#237;lmica (Goffman, 2006). Como toda ideolog&#237;a, esta funcionaba tambi&#233;n como la estructura que organizaba inconscientemente aquellas subjetivaciones, constituy&#233;ndose en un &#8220;espacio del sujeto&#8221; (Laclau, 2003). A prop&#243;sito del film de Eisenstein, esta ideolog&#237;a oper&#243; no s&#243;lo en la recepci&#243;n sino tambi&#233;n en la producci&#243;n de un mensaje culturalmente situado, informando al tipo de significantes que pod&#237;an ser elegidos por el director para transmitir determinadas ideas y emociones. Es por eso que, al observar una pel&#237;cula de otro tiempo, tenemos la sensaci&#243;n de estar espiando en un mundo ajeno. Esto convierte al cine en un medio particularmente &#250;til para abordar la otredad de una formaci&#243;n sociocultural tan lejana a la nuestra como la de la Rusia revolucionaria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El trecho cultural en cuesti&#243;n resulta particularmente evidente al comparar la concepci&#243;n socialista y la occidental del t&#233;rmino &#8220;realismo&#8221;, pues ambas comienzan a divergir a partir de octubre de 1917, cristalizando en significados diametralmente opuestos para los a&#241;os 30s. Contra las visiones m&#225;s tradicionales, la historiograf&#237;a reciente ha sostenido que la revoluci&#243;n cultural sovi&#233;tica, lejos de haberse originado en un mandato desde arriba, expresaba inquietudes filos&#243;ficas genuinas de las multitudinarias capas medias del partido comunista, y de los artistas que empatizaban con los ideales revolucionarios. No sorprende entonces que muchos de los rasgos de esta corriente de pensamiento se encuentren ya presentes en &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; (Persing, 2015, p. 99). Los t&#243;picos preferidos del movimiento intelectual conocido como &#8220;realismo socialista&#8221; se desprend&#237;an de la desnaturalizaci&#243;n de ciertos presupuestos elementales del pensamiento liberal, que hab&#237;an sido desarmados por la Revoluci&#243;n de Octubre. Es a partir de este punto cuando nuestro sentido com&#250;n como espectadores comienza a enga&#241;arnos, pues aquellos fen&#243;menos que numerosos cr&#237;ticos occidentales desestimaron como c&#237;nico &#8220;potemkionismo&#8221;,&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El t&#233;rmino hace referencia a las fachadas de aldeas falsas que Gregorio (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; en verdad intentaban articular un hallazgo sincero de la mentalidad sovi&#233;tica (David-Fox, 2012). En efecto, los intelectuales socialistas hab&#237;an descubierto que, as&#237; como la realidad material no era algo fijo e inmodificable, sino que pod&#237;a volar por los aires de un momento a otro, tambi&#233;n la realidad ideal pod&#237;a &#8220;cobrar alas&#8221;, al decir del comisario Lunacharsky. Por lo tanto, las representaciones deb&#237;an preocuparse menos por ir a la zaga del presente que por visionar el germen del futuro (Tertz, 1960, p. 31).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La tarea de incrustar esta teleolog&#237;a en un presente sombr&#237;o no amedrentaba a marxistas convencidos de que ya hab&#237;an vivido una transformaci&#243;n radical de su mundo a partir de la Revoluci&#243;n de Octubre. Desde la teor&#237;a materialista, tal determinismo concordaba perfectamente con lo que se sab&#237;a acerca del funcionamiento de las ideolog&#237;as, ya que si estas no eran m&#225;s que lentes opacas que imposibilitaban acceder a la verdadera naturaleza de los fen&#243;menos, era l&#243;gico creer que la victoria del socialismo garantizar&#237;a de all&#237; en adelante una transparencia total, que permitir&#237;a leer la realidad como si fuera un libro (Lefebvre, 1969, p. 174). Todo lo cual conclu&#237;a en el descubrimiento de que el filtro de la ideolog&#237;a era el factor que determinaba el conocimiento que un sujeto pod&#237;a tener acerca de la realidad para &#233;l visible. As&#237;, como ya ha se&#241;alado Slavoj &#381;i&#382;ek (2003), al afirmar y aprovecharse de este hallazgo, el pensamiento sovi&#233;tico se conduc&#237;a de un modo bastante menos ingenuo y c&#237;nico que su contraparte occidental (p. 138).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta visi&#243;n teleol&#243;gica de la realidad permea la totalidad de &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; (Eisesntein, 1929). Aun cuando el argumento de su narrativa nos sit&#250;a en una aldea que todav&#237;a no ha tomado contacto con la revoluci&#243;n, la meta hacia la cual se mueve la historia es clara desde un principio. A diferencia de pel&#237;culas anteriores del mismo director como &lt;i&gt;La huelga&lt;/i&gt; (1925), donde son los propios obreros quienes debaten hacia d&#243;nde dirigirse y c&#243;mo derrotar las embestidas de los antagonistas burgueses, en &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; el campesinado no conduce la acci&#243;n, sino que reacciona al liderazgo del partido. As&#237;, por ejemplo, la granja colectiva del futuro no necesita ser construida, sino que se materializa ante los ojos del espectador. Si por momentos se nos muestra c&#243;mo la iniciativa aut&#243;noma de Marfa fracasa en solucionar sus problemas acudiendo al &lt;i&gt;kulak&lt;/i&gt;, es s&#243;lo para dar mayor autoridad al momento en que ella se convence de que el socialismo es la &#250;nica respuesta posible. Lo mismo ocurre cuando los campesinos amagan por un momento a dividir el dinero de la cooperativa seg&#250;n una l&#243;gica individualista, s&#243;lo para luego reconocer la superioridad &#233;tica y pragm&#225;tica de la colectivizaci&#243;n. Es as&#237; que las alternativas que se presentan a los personajes parecen ordenarse naturalmente entre lo viejo &#8211;condenado a la extinci&#243;n&#8211; y lo nuevo &#8211;condenado al &#233;xito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, por m&#225;s que la c&#225;mara intente domesticar aquellas opciones pol&#237;ticas y reducirlas a una dicotom&#237;a objetiva, el mero hecho de reincidir en representarlas demuestra que se trataba de un tema que no pod&#237;a ser silenciosamente reprimido. As&#237;, esos bur&#243;cratas y &lt;i&gt;kulaks&lt;/i&gt; que Eisenstein se esfuerza por ridiculizar todav&#237;a merecen cierta consideraci&#243;n que no recibir&#225;n en el futuro cuando el cine estalinista los retrate como ladrones comunes, miserables hambrientos y mani&#225;ticos enloquecidos (Fontana, 2012, p. 172). M&#225;s bien, los antagonistas de &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; viven en lujo y ejercen un poder sobre las masas que acuden a ellos por auxilio. De hecho, su rol en el guion original de la historia parece haber sido incluso m&#225;s preponderante que en la versi&#243;n publicada tras la victoria pol&#237;tica de Stalin (Persing, 2015, p. 63). Si la teor&#237;a afirmaba que eran clases en extinci&#243;n, la experiencia pod&#237;a producir cierto escepticismo que tensionaba esa profec&#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En consecuencia, no es conveniente interpretar al reduccionismo simplificador impl&#237;cito en la construcci&#243;n de aquellas dicotom&#237;as teleol&#243;gicas entre lo viejo y lo nuevo como una falla inocente del orden simb&#243;lico. Sugerimos ver all&#237; una operaci&#243;n interesada: la huella de una lucha pol&#237;tica &#8211;m&#225;s espec&#237;ficamente, de la facci&#243;n que estaba ganando esa lucha&#8211; que constantemente buscaba invisibilizar su propio rol como agente hist&#243;rico. El efecto resultante despolitizaba el presente y defin&#237;a el futuro como algo ya escrito en piedra. Pero lo problem&#225;tico no era determinar si ese futuro ser&#237;a socialista o no, pues ya vimos que ambas facciones aspiraban a legitimarse apelando a los mismos principios leninistas. Lo que quedaba por dirimir era qui&#233;n tendr&#237;a el monopolio sobre esos s&#237;mbolos de autoridad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En verdad, esta disputa ya ha sido tratada por varios comentaristas, quienes han se&#241;alado c&#243;mo la c&#225;mara traiciona las intenciones de grandeza de los bur&#243;cratas al mostrarlos profanando la imagen de Lenin, en contraste con los simples obreros y campesinos que la honran (Bordwell, 1999, p. 105). Sin embargo, esta puntuaci&#243;n no hace m&#225;s que caer en el juego que la propaganda instaura. Para superar esa barrera, debemos investigar c&#243;mo el director construye ese juego, pues solo all&#237; podremos ver de qu&#233; manera la escena dice m&#225;s de lo que quiere decir. En efecto, la cr&#237;tica hacia la burocracia solo es eficaz en tanto convence al espectador de que no todo el que se haga llamar &#8220;leninista&#8221; autom&#225;ticamente merece ese t&#237;tulo. Esto lo logra a costo de &lt;i&gt;des-fetichizar&lt;/i&gt; esa marca, explicitando que la verdad no est&#225; en el s&#237;mbolo mismo sino en c&#243;mo se lo utiliza. De ah&#237; que los enormes bustos de Lenin que decoran la oficina y eclipsan a Marfa y su camarada no inciten admiraci&#243;n sino repulsi&#243;n en el espectador, pues revelan que esos funcionarios se preocupan m&#225;s por su imagen que por el bienestar del pueblo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Comp&#225;rese esta escenificaci&#243;n con la escogida en pleno deshielo&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Tras la muerte de Stalin, la dirigencia sovi&#233;tica pretendi&#243; modernizarse y (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; por Grigori Chujrai para trabajar una situaci&#243;n an&#225;loga: en &lt;i&gt;Cielo Despejado&lt;/i&gt; (1961), una trabajadora intenta y fracasa al apelar la decisi&#243;n del Comit&#233; que acaba de expulsar a su marido del partido. La estatua de Stalin que domina ese espacio representa el rigor inhumano con que estas decisiones eran tomadas bajo su r&#233;gimen, y act&#250;a como referencia para el l&#237;der del Comit&#233;, que se viste con ropas similares y ejerce su desp&#243;tica autoridad sobre la protagonista, recordando los d&#237;as oscuros previos al XX Congreso del Partido Comunista. A diferencia entonces de las t&#225;cticas cinematogr&#225;ficas que los directores del deshielo pod&#237;an vehiculizar para denunciar y excomulgar a sus rivales, la burla construida por Eisenstein no apuntaba a asimilar al bur&#243;crata con sus emblemas, sino al contrario, a desarmar esa unidad. De este modo se aspiraba a desnudar a quienes se escond&#237;an detr&#225;s de una imagen leg&#237;tima para cubrir sus propias deficiencias de autoridad. La operaci&#243;n de &lt;i&gt;des-fetichizaci&#243;n&lt;/i&gt; resultaba necesaria ya que el s&#237;mbolo leninista era reivindicado tanto por los obreros como por los bur&#243;cratas.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1611 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_2-4.jpg?1754362423' width='500' height='197' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Figura 2: &#8220;A la izquierda, el busto de Lenin que se erige en la oficina de los bur&#243;cratas de &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt;, y por cuyo legado luchan los protagonistas. A la derecha, un representante del partido imita a la figura de Stalin en &lt;i&gt;Cielo Despejado&lt;/i&gt;. Al tildar a ese funcionario de estalinista, Chujrai enfatiza el car&#225;cter anticuado y cruel de su conducta.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo que esta comparaci&#243;n sugiere es que la t&#225;ctica utilizada por Eisenstein habr&#237;a sido inadmisible una vez que el Estalinismo se impusiera definitivamente sobre sus enemigos. Que esta burla haya sido permitida en 1929 no se lo debemos a la viveza o &#8220;experiencia&#8221; del director para eludir a los censores, permiti&#233;ndole &#8220;hacer esta jugada peligrosa en un contexto de hostilidad cada vez m&#225;s riesgosa hasta para la propia integridad f&#237;sica&#8221; (Vidal, 2022, p. 92). Por el contrario, sugerimos entender esta presencia desafiante como evidencia de un filo pol&#233;mico y un potencial subversivo que a&#250;n no hab&#237;an sido extinguidos del proyecto bolchevique. As&#237;, mientras que ciertos analistas han querido ver en esta escena un intento de cimentar la autoridad moral de la nueva dominaci&#243;n estatal (Fontana, 2012, p. 144), las conductas de los propios protagonistas parecen desmentir esa lectura, pues hasta el agr&#243;nomo decide hacer un bollo con el documento oficial que demandaba al campesinado ceder su grano a cambio del tractor. De este modo, la cinta invitaba a desobedecer a las autoridades constituidas que atentaban contra la &lt;i&gt;verdadera&lt;/i&gt; revoluci&#243;n. Pero a trav&#233;s de ese mismo movimiento de presentar a los bur&#243;cratas como par&#225;sitos mezquinos y pat&#233;ticos, el cine sovi&#233;tico estaba jugando con fuego. Volver visibles los mecanismos del poder para ironizarlos no pod&#237;a sino convertirse en un arma de doble filo. Si ayudaba en lo inmediato a los prop&#243;sitos del partido, tambi&#233;n alertaba al espectador ante cualquiera que se desviara de los principios leninistas en el porvenir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Montaje Intelectual y subjetividad&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si la escena de la burocracia nos interesaba por la poca atenci&#243;n que recibi&#243; a pesar de su centralidad en la econom&#237;a de la narraci&#243;n, la famosa secuencia de la desnatadora resulta llamativa por la raz&#243;n inversa. Es virtualmente imposible encontrar un comentario sobre &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; que no se haya detenido en ella. Esto es en parte por su representatividad como ejemplo de la t&#233;cnica de montaje intelectual que elabor&#243; Eisenstein, pero tambi&#233;n por lo que ha sido percibido como una vulgar imaginer&#237;a sexual, aparentemente dise&#241;ada para manipular la lujuria popular y canalizarla hacia fines productivos (Persing, 2015, p. 67), o incluso para desplazar la fe religiosa de las masas hacia la ciencia y el progreso (Kepley, 1974, p. 47). Sin embargo, es posible que estemos nuevamente ante una incomunicaci&#243;n cultural, pues los cr&#237;ticos sovi&#233;ticos jam&#225;s constataron esta supuesta sensualidad. Seg&#250;n el estudio realizado por Paul Burns (1981) sobre las revistas sovi&#233;ticas que rese&#241;aron la obra, &#8220;el simbolismo sexual hallado en Lo viejo y lo nuevo por generaciones posteriores de cr&#237;ticos occidentales parece haber eludido a los contempor&#225;neos de Eisenstein&#8221; (p. 89). &#191;No ser&#237;a extra&#241;o que algo que ni los expertos detectaron en su momento haya sido planificado y dirigido para un p&#250;blico tan poco habituado al lenguaje cinematogr&#225;fico como el campesinado ruso, y por lo tanto menos propenso a leer entre l&#237;neas? &#191;Es posible que este simbolismo tenga menos que ver con una t&#225;ctica propagand&#237;stica que con una suerte de &lt;i&gt;acto fallido&lt;/i&gt;, no casualmente inadvertido por espectadores y cineastas por igual?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quienes sostienen la tesis propagandista suelen separar lo que en este mensaje corresponde a la individualidad del artista y lo que en cambio fue impuesto por orden de los censores del partido. De este modo el eje de la discusi&#243;n pasa a estar dominado por la b&#250;squeda de signos o sintagmas que permitan probar que el director se vio forzado a filiarse con el discurso oficial estalinista, para convertir su obra en una herramienta de propaganda, o por el contrario, que en su excentricidad formalista Eisenstein logr&#243; hacer pasar elementos ir&#243;nicos y burlescos destinados a socavar la autoridad de sus censores. En cualquiera de los casos, la conclusi&#243;n l&#243;gica es que se trataba de un &#8220;film de propaganda, sin duda&#8221; (Narboni, 1976, pp. 14,19). En esta l&#237;nea, Ron Briley (1996) llegar&#237;a a afirmar que &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; no hac&#237;a m&#225;s que &#8220;justificar en t&#233;rminos art&#237;sticos la violenta colectivizaci&#243;n forzosa que Stalin hab&#237;a tra&#237;do sobre el campo sovi&#233;tico&#8221; (p. 529). Estos mismos comentaristas tienden a establecer conexiones entre la teor&#237;a est&#233;tica de Eisenstein y su supuesta intenci&#243;n de actuar como propagandista del partido. Seg&#250;n los propios testimonios del director, la intenci&#243;n original del film habr&#237;a sido la de transmitir a trav&#233;s de los medios sensoriales del cine las ideas centrales de &lt;i&gt;El Capital&lt;/i&gt; de Marx (Goodwin, 1993, p. 119). Armado con el conocimiento de las leyes cient&#237;ficas del marxismo y las intuiciones subjetivas del psicoan&#225;lisis, Eisenstein habr&#237;a buscado entonces operar sobre el inconsciente del espectador para dirigir su atenci&#243;n hacia ciertas conclusiones pre-orquestadas (Persing, 2015). Su m&#233;todo no era en verdad tan nuevo, pero Eisenstein cre&#237;a que, al someterlo a un estudio sistem&#225;tico, el director dispondr&#237;a de un control absoluto sobre los efectos de sentido que las im&#225;genes generaban sobre su audiencia, convirtiendo al arte cinematogr&#225;fico en una actividad totalmente manipulable por quien la dirig&#237;a (S&#225;nchez Noriega, 2002, p. 235).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, al igual que ocurr&#237;a con la visi&#243;n teleol&#243;gica del mundo propia de la &lt;i&gt;ideolog&#237;a bolchevique,&lt;/i&gt; este hallazgo presupon&#237;a la transparencia de la operaci&#243;n desde el lado de su producci&#243;n. En otras palabras, el montaje intelectual solo podr&#237;a haber sabido c&#243;mo despertar los sentimientos de su audiencia si compart&#237;a una sensibilidad en com&#250;n con ella, o si cre&#237;a poder acceder a todo sentido directamente, ignorando cualquier barrera subjetiva. Probablemente, los intelectuales revolucionarios se apoyar&#225;n sobre esta &#250;ltima premisa. En cambio, los postulados fundamentales del psicoan&#225;lisis lacaniano nos permiten proponer que cualquier idea que el cine sovi&#233;tico haya pretendido transmitir a las masas, deb&#237;a convencer a los propios bolcheviques primero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Podemos ilustrar la cuesti&#243;n con un ejemplo. En un momento cr&#237;tico de la trama, el campesinado se lamenta por la sequ&#237;a que afecta a sus cultivos. As&#237;, durante la escena de la desnatadora, el fracaso de las plegarias religiosas para invocar la lluvia es contrastado con el &#233;xito de la tecnolog&#237;a para condensar leche. Eisenstein logra este efecto de sugesti&#243;n montando distintas escenas extra-dieg&#233;ticas a la par, fusionando sus significados de superaci&#243;n y &#8220;derrocamiento de las condiciones de existencia&#8221; por medio del significante de la maquina desnatadora (Eisenstein citado en Persing, 2015, p. 34). As&#237;, parecer&#237;a que tal como la lluvia trae abundancia, tambi&#233;n lo har&#225; la modernizaci&#243;n y el socialismo. Pero no se afirma aqu&#237; que la m&#225;quina da prosperidad al igual que la lluvia da prosperidad, buscando enfatizar solo el accionar de &#8220;dar&#8221; y olvidando su anclaje semiol&#243;gico. Los ejemplos instrumentalizados por el montaje necesariamente dejan su huella sobre esa abstracci&#243;n, ya que lo propio de toda met&#225;fora es sustituir a un significante por otro (Lacan, 1999, p. 34). En consecuencia, el significado que esta met&#225;fora produce es que la m&#225;quina no da &#8220;as&#237; como el milagro de la lluvia da&#8221; sino que da &lt;i&gt;exactamente&lt;/i&gt; del mismo modo en que un milagro dar&#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1612 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_3-4.jpg?1754362423' width='500' height='190' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Figura 3: &#8220;A la izquierda, los rituales de la iglesia fracasan en remediar la sequ&#237;a. A la derecha, la t&#233;cnica socialista produce una fuente de l&#237;quido gracias a la magia de la desnatadora.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No se trata entonces de una oposici&#243;n diam&#233;trica entre la m&#225;quina real exitosa, y el milagro imaginario fracasado. Al sustituir a la religi&#243;n en sus funciones, el socialismo pretend&#237;a ocupar precisamente el lugar de Dios y realizar los milagros sobrenaturales que ese t&#237;tulo demandaba. Esa metamorfosis es inseparable del rol pedag&#243;gico que el cine de Eisenstein pretend&#237;a cumplir en una sociedad en transici&#243;n, que deb&#237;a ser conducida hacia el socialismo por un gu&#237;a iluminado, para lo cual resultaba necesario reemplazar los viejos ideales por los nuevos. As&#237;, a pesar de su pretensi&#243;n de ofrecer una visi&#243;n objetiva, cient&#237;fica y teleol&#243;gica de las condiciones de vida de las masas rurales, el nivel textual de &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; se reafirma una y otra vez desde una posici&#243;n subjetiva espec&#237;fica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Deseo sexual&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pregunta que se impone es saber qui&#233;n era ese sujeto que el film situaba como protagonista de esta historia de modernizaci&#243;n y transformaci&#243;n revolucionaria, y qu&#233; nos puede decir ello sobre el marco de enunciaci&#243;n de la cinta. Desde occidente se ha se&#241;alado recurrentemente el curioso desplazamiento visible en la historia de amor arquet&#237;pica del cine sovi&#233;tico. En palabras de Vance Kepley (1974), &#8220;girl meets tractor&#8221;, o en este caso &#8220;girl meets cream separator&#8221;, ser&#237;a una f&#243;rmula capaz de traducir la alteridad del amor sovi&#233;tico a nuestro canon narrativo (p.46). Asimismo, si de acuerdo con la intenci&#243;n del director, la m&#225;quina moderna era el &#8220;verdadero h&#233;roe&#8221; de esta historia, naturalmente eso convertir&#237;a a Marfa en su &#8220;hero&#237;na&#8221; (Burns, 1981, p.19; Narboni, 1976), relegando a los representantes del partido a la funci&#243;n de &#8220;ayudantes&#8221; en una narrativa de autoaprendizaje del protagonista campesino (Fontana, 2016, p. 246). Pero, aunque &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; efectivamente contiene una historia de amor, hemos sido un poco ingenuos al identificar los roles que la componen. Mientras que en la superficie pareciera que quien ama es Marfa y quien es amada es la desnatadora, hace falta puntuar una obviedad: una m&#225;quina es solo una cosa. &#191;C&#243;mo podr&#237;a participar de una relaci&#243;n amorosa m&#225;s que como objeto?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De esta manera, la ilusi&#243;n bolchevique logr&#243; enga&#241;ar al Este y al Oeste con igual eficacia. As&#237; como el espectador sovi&#233;tico no pod&#237;a ver al objeto como tal porque estaba demasiado ocupado codici&#225;ndolo, nosotros hemos confundido a la amada por amante. Superando esta ficci&#243;n, se descubre el objetivo auto erotizante de toda la escena. Visualmente, si aqu&#237; se alude a lo pornogr&#225;fico, la c&#225;mara deja m&#225;s que claro qui&#233;n disfruta con la mirada y qui&#233;n se somete a ella. El amante en esta escena es quien obtiene su placer de observar c&#243;mo la campesina goza al ser salpicada por el fluido de la modernidad. Nos referimos al agr&#243;nomo que el partido envi&#243; a la aldea para reeducar a los campesinos y convencerlos de las ventajas de la colectivizaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1613 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_4-3.jpg?1754362423' width='500' height='186' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Figura 4: &#8220;A la izquierda, Marfa lustra los ca&#241;os de precipitaci&#243;n de la maquina desnatadora. A la derecha, ella recibe la leche procesada en sus manos.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1614 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_5-3.jpg?1754362424' width='500' height='200' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Figura 5: &#8220;A la izquierda, Marfa es salpicada por la leche producida por la t&#233;cnica moderna. A la derecha, el agr&#243;nomo observa con placer.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El problema con la utop&#237;a progresista que este personaje debe ofrecer al campesinado es que no puede ser garantizada por nadie.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Las f&#243;rmulas de Jacques Lacan &#8220;amar es dar lo que no se tiene&#8221; y &#8220;la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Debido a esa tensi&#243;n insalvable, la secuencia funciona como una &lt;i&gt;fantas&#237;a&lt;/i&gt;. La prueba de esta interpretaci&#243;n llega cuando la desnatadora, revelada desde abajo de una manta como si fuera parte de un truco de magia, finalmente cumple con aquellas promesas imposibles de realizar y derriba el escepticismo campesino. En palabras de Eisenstein, la m&#225;quina simboliza la posibilidad de &#8220;transformaci&#243;n de la forma de vida ancestral&#8221; (citado en Persing, 2015, p. 34). Su existencia y su car&#225;cter milagroso se ofrecen en &lt;i&gt;reemplazo&lt;/i&gt; de los dioses hasta entonces adorados por las masas rurales. Aunque visualmente &#8220;reales&#8221;, en el fondo esas utop&#237;as eran promesas vac&#237;as. Pero si esta carencia todav&#237;a pod&#237;a ser reprimida se debe quiz&#225;s a que &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt;, a diferencia del cine posterior estalinista, aun no ten&#237;a que lidiar con el fracaso inocultable de la colectivizaci&#243;n. No precisaba entonces crear ning&#250;n &#8220;escapismo&#8221;, ya que la abundancia que aqu&#237; se representa no tiene la intenci&#243;n de ser vista como &#8220;real&#8221;, seg&#250;n nuestra acepci&#243;n de la palabra. M&#225;s bien, se trataba de &#8220;realismo socialista&#8221;, es decir de una verdad futura aun &lt;i&gt;irrealizada&lt;/i&gt;. De modo que su escenificaci&#243;n era congruente con la capacidad del pensamiento sovi&#233;tico para incrustar el significado del ma&#241;ana en los s&#237;mbolos del presente. Tampoco parecer&#237;a que la funci&#243;n en cuesti&#243;n se reduzca &#8211;como se suele afirmar&#8211; a la de una pieza de propaganda, dise&#241;ada para &#8220;generar una posici&#243;n activa en el espectador para que &#233;ste transforme las relaciones de producci&#243;n rurales instalando el sistema deseado por el Partido&#8221; (Fontana, 2016, p. 247). Si bien esta pudo ser su intencionalidad program&#225;tica, resulta m&#225;s interesante puntualizar aquellos aspectos que el film puede iluminar sobre su propio marco &#8220;inconsciente&#8221; de producci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En resumen, la construcci&#243;n sexual que aqu&#237; se escenifica no expresa el deseo del campesinado sino exclusivamente el del partido. Este hecho delata qui&#233;n es el protagonista de la situaci&#243;n, entendido como el sujeto que el propio dispositivo discursivo e ideol&#243;gico produce para poder crear la ilusi&#243;n de cerrarse sobre s&#237; mismo. Al ser un deseo sexual, es tambi&#233;n inconsciente a ese sujeto, y esa es precisamente la dimensi&#243;n que el cine puede alumbrar donde otros tipos de documentos enceguecen. Era ese punto no visible el que imped&#237;a a los dem&#225;s bolcheviques que asistieron a su proyecci&#243;n descubrir en la desnatadora el s&#237;mbolo que representa aquello que por definici&#243;n est&#225; m&#225;s all&#225; de cualquier representaci&#243;n. En la teor&#237;a de Lacan (1994), ese significante &#8211;llamado &#8220;falo&#8221;&#8211; es el que ocupa el lugar de la &#8220;falta&#8221; en cuanto tal. La prueba de esta interpretaci&#243;n puede hallarse en la incapacidad del p&#250;blico ruso para reconocer el car&#225;cter sexual de esta secuencia. Si ninguno de los espectadores sovi&#233;ticos atin&#243; a poner esa fantas&#237;a en palabras fue porque todos ellos estaban igualmente atrapados en su hechizo. En otras palabras, El &#8220;goce&#8221; de la desnatadora resultaba necesario para darle un soporte al orden simb&#243;lico &#8220;tachado&#8221; e incompleto de la ideolog&#237;a bolchevique (&#381;i&#382;ek, 2003, p. 168). De ah&#237; tambi&#233;n que nadie se inmutara ante lo inveros&#237;milmente f&#225;cil que result&#243; llevar la modernidad a una aldea y lograr que el campesinado la reciba, no con reticencia, sino con total &#233;xtasis. El agr&#243;nomo bolchevique, capaz de realizar el deseo &#237;ntimo de todo el partido, sin jam&#225;s perder su compostura ni su autoridad, encarnaba la imagen ideal que cualquier revolucionario habr&#237;a aspirado a ocupar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es desde esta posici&#243;n subjetiva oculta que podemos seguir el patr&#243;n subyacente a las distintas escenas de &#233;xtasis equiparadas por el montaje. Seg&#250;n Slavoj &#381;i&#382;ek (2002), el g&#233;nero de esta secuencia es &#8220;pornograf&#237;a estalinista&#8221; porque si el materialismo hist&#243;rico concibe al desarrollo humano como una lucha por someter a la naturaleza, en &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; los bolcheviques disfrutan de imaginar que no solo el campesinado se somete a sus deseos al mismo tiempo que goza en esa posici&#243;n subordinada, sino que hasta la naturaleza obedece al imperativo del desarrollo de las fuerzas productivas y lo hace en &#233;xtasis sexual (p. 195). El milagro de la lluvia encuentra en esta conceptualizaci&#243;n su verdadero car&#225;cter sagrado, en tanto no se reduce a un milagro externo, casual, que solo acompa&#241;a e ilustra el &#233;xito de la colectivizaci&#243;n. Al igual que en la escena donde se llama a cumplir con &#8220;La L&#237;nea General&#8221;, se trata de un mismo movimiento en el que la orden del partido dirige y controla la conciencia de los campesinos, los bur&#243;cratas, los animales y el cielo, y las pliega a su propia voluntad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;M&#225;s aun, el sue&#241;o bolchevique no se limitaba a dominar. En &#250;ltima instancia pretend&#237;a absorber completamente la subjetividad de los otros. Demandaba obediencia, consenso y entusiasmo, poniendo el peso sobre este &#250;ltimo elemento. Es este giro el que lo vuelve un sue&#241;o &lt;i&gt;totalitario&lt;/i&gt;, en tanto el mandato que demandaba sujeci&#243;n de todos los entes &#8211;ya ni siquiera limitado a los seres humanos&#8211; era un mandato que ellos deb&#237;an reproducir activamente, un imperativo que no se satisfac&#237;a hasta que sus s&#250;bditos lo adoptasen como propio, identific&#225;ndose con &#233;l. No bastaba pues con que los campesinos usasen la desnatadora, sino que tambi&#233;n deb&#237;an &lt;i&gt;gozar&lt;/i&gt; cuando lo hicieran. Era tal vez gracias a ese control asfixiante desde el supery&#243; que los intelectuales sovi&#233;ticos se sent&#237;an facultados para adivinar las sensaciones que las im&#225;genes provocar&#237;an sobre los espectadores (&#381;i&#382;ek, 2008, p. 95).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llevada a sus &#250;ltimas consecuencias, esta l&#237;nea de an&#225;lisis confirmar&#237;a que este tipo de propaganda representaba un medio narcisista antes que un objetivo instrumental. Antes que una suerte de modelo a seguir para los espectadores campesinos, el film expresaba lo que el propio partido necesitaba externalizar. De hecho, para el momento en que la pel&#237;cula comenz&#243; a rodarse, muy pocos habitantes rurales habr&#237;an podido acceder a un proyector cinematogr&#225;fico de todos modos. Por eso, a diferencia de los modos habituales de estudiar el temprano cine sovi&#233;tico, creemos que el an&#225;lisis no deber&#237;a distraer en una discusi&#243;n que pretenda oponer la supuesta autonom&#237;a del arte a su instrumentalizaci&#243;n por la pol&#237;tica (Ferro, 2000, p.123). La obsesi&#243;n que movilizaba a este dispositivo nunca fue &lt;i&gt;convencer&lt;/i&gt;, sino m&#225;s bien &lt;i&gt;controlar&lt;/i&gt;. Es a partir de esta distinci&#243;n que cobra sentido el estado de paranoia que se apoder&#243; de ardientes militantes socialistas dedicados a acusarse entre s&#237; de &#8220;formalistas&#8221;. En el fondo, la pulsi&#243;n que llev&#243; a Eisenstein a rodar &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; era exactamente la misma que manten&#237;a vivo al celo de los censores y que caracterizar&#237;a m&#225;s tarde a la &#8220;dictadura est&#233;tica&#8221; que Boris Groys (1992) supo describir en &lt;i&gt;The Total Art of Stalinism&lt;/i&gt;. A todas estas instancias de enunciaci&#243;n las motivaba un impulso que no pod&#237;a soportar la existencia de discursos ajenos. Tampoco se trataba meramente de vigilar por temor a la subversi&#243;n. A fin de cuentas, esa paranoia no encubr&#237;a m&#225;s que un fantasma, surgido para negar el delirio teol&#243;gico de necesitar intervenir sobre todo aquello que pudiera ser dicho o pensado, de estar presente en todo lugar y momento. En definitiva, si aqu&#237; no hab&#237;a contradicci&#243;n entre arte y pol&#237;tica es porque las dos aspiraban a lo mismo. Es en ese sentido que podemos hablar de una pulsi&#243;n &lt;i&gt;totalitaria&lt;/i&gt;, pues esta no correspond&#237;a a ning&#250;n sujeto o instituci&#243;n en particular, sino a la ideolog&#237;a bolchevique en general.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Reflexi&#243;n Final&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestro an&#225;lisis de dos escenas de &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; ha retratado el camino mediante el cual la revoluci&#243;n socialista estaba abandonando su origen ilegal y convirti&#233;ndose en el nuevo orden oficial. Por un lado, la escena de la burocracia visibiliza los combates que ese proceso implicaba y las t&#225;cticas empleadas para construir una nueva legitimidad. A su vez, la escena de la desnatadora realizaba las aspiraciones &#250;ltimas de ese nuevo poder. Compar&#225;ndolas, saltan a la superficie las contradicciones entre un proyecto pol&#237;tico que se enfrentaba a un orden tradicional &#8211;al cual deb&#237;a superar abiertamente&#8211; y que al mismo tiempo combat&#237;a las desviaciones de sus propios aliados &#8211;las cuales precisaban ser reprimidas simb&#243;licamente. Se contrastaban as&#237; dos discursos divergentes. El primero deconstru&#237;a el poder y denunciaba a sus due&#241;os. El segundo se identificaba plenamente con ese rol dominante y ense&#241;aba a sus militantes c&#243;mo habitarlo. Ambas tareas postulaban un protagonista id&#243;neo capaz de llevarlas a cabo: el militante urbano que disciplina a los bur&#243;cratas y el agr&#243;nomo sabio que educa a las masas, respectivamente. Si el ideal del yo bolchevique aparece desdoblado de esta manera en el film es porque la contradicci&#243;n pujaba por ser simbolizada. Por suerte para ambos, el s&#237;ntoma lleg&#243; a tiempo para salvar al sujeto y permiti&#243; a la ideolog&#237;a bolchevique continuar su camino en alegre inocencia, olvidando las tensiones que alguna vez amenazaron con desgarrarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;Eisenstein, S. (Director). (1929). &lt;i&gt;Lo viejo y lo nuevo&lt;/i&gt; [Film]. URSS.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Chujrai, G. (Director). (1961). &lt;i&gt;Cielo despejado&lt;/i&gt; [Film]. URSS.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Una de las pocas excepciones a este descuido puede hallarse en la recientemente publicada tesis de Sebasti&#225;n Rom&#225;n Vidal (2022).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El t&#233;rmino hace referencia a las fachadas de aldeas falsas que Gregorio Potemkin supuestamente erig&#237;a para impresionar a la emperatriz Catalina II, mostr&#225;ndole falsas pruebas del progreso nacional.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Tras la muerte de Stalin, la dirigencia sovi&#233;tica pretendi&#243; modernizarse y despojarse de los rasgos m&#225;s extremos de la opresi&#243;n estalinista, dando lugar a un per&#237;odo de &#8220;deshielo&#8221; pol&#237;tico y cultural.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Las f&#243;rmulas de Jacques Lacan &#8220;amar es dar lo que no se tiene&#8221; y &#8220;la met&#225;fora del amor&#8221; surge por &#8220;la sustituci&#243;n del amado por el amante&#8221; ofrecen una s&#237;ntesis de c&#243;mo funciona esta operaci&#243;n. En la relaci&#243;n amorosa aqu&#237; propuesta, la m&#225;quina desnatadora no cumple otro rol que el del falo, entendido como &#8220;significante de la falta&#8221; (Lacan, 1999; 2008, pp. 45-65). El propio Eisenstein indudablemente intuy&#243; la relaci&#243;n simb&#243;lica que establec&#237;a. De ah&#237; el plano en que Marfa decide repentinamente &#8220;lustrar&#8221; sus tubos para que condensen.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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