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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>Desire, Existential, Aesthetic, and Philosophical Question</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Desire-Existential-Aesthetic-and-Philosophical-Question</link>
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		<dc:date>2023-07-12T12:21:34Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Carlos Germ&#225;n Juliao Vargas</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This reflective article intends, moving between philosophy and art (in this specific case, cinema), to raise the question of desire, that ingrained condition that we human beings have and that allows us, that is my hypothesis, to fulfill ourselves, reach some wisdom and be creative. I approach, first, the possibility of reaching knowledge of and from desire; Epicureanism, in a broad sense, will allow this rapprochement. Then, I focus on an analysis of desire in &lt;i&gt;Ese oscuro objeto del deseo&lt;/i&gt;, a film open to a plurality of interpretations. I conclude by reaffirming that authentic philosophizing is attached to everyday things, so it cannot do without our desiring condition.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Desire | Philosophizing | Epicureanism | Bu&#241;uel | Wisdom&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-13-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 13 | N&#186; 2 &lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Investigador independiente&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/El-deseo-cuestion-existencial-estetica-y-filosofica' class=&#034;spip_in&#034;&gt;El deseo, cuesti&#243;n existencial, est&#233;tica y filos&#243;fica&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
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		<title>El deseo, cuesti&#243;n existencial, est&#233;tica y filos&#243;fica</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/El-deseo-cuestion-existencial-estetica-y-filosofica</link>
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		<dc:date>2023-07-07T14:13:29Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Carlos Germ&#225;n Juliao Vargas</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este art&#237;culo reflexivo pretende, movi&#233;ndose entre la filosof&#237;a y el arte (en este caso concreto, el cine), plantear la cuesti&#243;n del deseo, esa condici&#243;n arraigada que tenemos los seres humanos y que nos permite, esa es mi hip&#243;tesis, realizarnos, alcanzar cierta sabidur&#237;a y ser creativos. Abordo, primero, la posibilidad de alcanzar el saber de y desde el desear; el epicure&#237;smo, en sentido amplio, permitir&#225; este acercamiento. Luego, me centro en un an&#225;lisis del deseo en &lt;i&gt;Ese oscuro objeto del deseo&lt;/i&gt;, filme abierto a una pluralidad de interpretaciones. Concluyo reafirmando que el aut&#233;ntico filosofar viene adherido a las cosas cotidianas, por lo que no puede prescindir de nuestra condici&#243;n deseante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Deseo | Filosofar | Epicure&#237;smo | Bu&#241;uel | Sabidur&#237;a&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Desire-Existential-Aesthetic-and-Philosophical-Question' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-13-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 13 | Nro 2 | JULIO 2023&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Investigador independiente&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;El deseo es el absurdo que mantiene abierta la infinitud de la posibilidad&lt;/i&gt; &lt;br class='autobr' /&gt;
Wendy Farley&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Para empezar: situar existencialmente un concepto complejo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Siempre he cre&#237;do que la filosof&#237;a tiene que ver con la vida cotidiana, que se trata de concebirla y vivirla como un &#8220;estilo de vida&#8221;, y que hay que tomarla existencialmente en serio (Juliao, 2019) porque ayuda a vivir mejor y, adem&#225;s, porque su construcci&#243;n te&#243;rica requiere rigor acad&#233;mico y esfuerzo, pero que, como lo dice en una entrevista&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ver la entrevista concedida, el 11 de abril de 2019, a Amalia Mosquera, y (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; el pensador argentino Sztajnszrajber (2019), &#8220;uno puede hacer filosof&#237;a mientras camina, mientras come&#8230; Cualquiera de los fen&#243;menos en los que estamos inmersos en el sentido com&#250;n permite la pregunta inc&#243;moda, que es la pregunta por el sentido existencial&#8221;. La tarea de la aut&#233;ntica filosof&#237;a es demoler las firmezas, creencias y certidumbres que poseemos sobre nuestra vida cotidiana y sobre la realidad en la que existimos. Y en las &#250;ltimas d&#233;cadas, el retorno de la curiosidad filos&#243;fica, as&#237; como el intento del aut&#233;ntico filosofar por instaurar (restablecer) otros lugares (m&#225;s all&#225; de la academia) desde donde pensarse y practicarse, es un logro; sin embargo, pienso que, en la reflexi&#243;n sobre la filosof&#237;a, se ha acentuado mucho en la sabidur&#237;a (&lt;i&gt;sophia&lt;/i&gt;), dejando en la sombra el deseo (&lt;i&gt;phylia&lt;/i&gt;). Es en esa perspectiva que abordo ac&#225; el tema (&#191;problema?) del deseo y su relaci&#243;n con la cuesti&#243;n (&#191;problem&#225;tica?) del amor y la pasi&#243;n, y, obviamente, de la b&#250;squeda de la sabidur&#237;a, incluso de una b&#250;squeda terap&#233;utica (Nussbaum, 2003). Y lo hago porque desear es, sin duda alguna, la actitud m&#225;s arraigada que tenemos los seres humanos, tal vez por aquello de que siempre somos seres incompletos, en b&#250;squeda permanente; para quienes lo otro y los otros se convierten en el &#250;nico espacio donde alcanzar la satisfacci&#243;n de los deseos. Y para hacerlo, me mover&#233; entre dos &#225;ngulos, no siempre coincidentes: la filosof&#237;a y el arte (en este caso concreto, el cine) como dos v&#233;rtices importantes de la existencia, o mejor, de &lt;i&gt;mi&lt;/i&gt; existencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Justificar el an&#225;lisis filos&#243;fico de una noci&#243;n es vincular dicho examen al esfuerzo de ahondar en la cuesti&#243;n humana, de profundizar en la cuarta pregunta de Kant (&#8220;&#191;Qui&#233;n es el hombre?&#8221;) que resume el objeto de la filosof&#237;a al abarcar las otras tres que enumera en el prefacio de su &lt;i&gt;L&#243;gica&lt;/i&gt; (2000). &#191;Por qu&#233; filosofar sobre el deseo? Se dir&#225; que el ser humano es un ser de deseo, y que esta cuesti&#243;n (el deseo) es, por lo tanto, parte de la otra (el ser humano); pero esto hay que precisarlo. Justificar el an&#225;lisis del concepto &lt;i&gt;deseo&lt;/i&gt; es afirmar que con el desear ocurre algo esencial para el hombre. La pregunta ser&#237;a entonces: cuando considero al ser humano como un ser de deseo, &#191;qu&#233; se me presenta de &#233;l? &#191;Hasta qu&#233; punto me lo hace aparecer en su totalidad? &#191;Puede el deseo constituir un eje a la luz del cual toda la persona, o al menos gran parte de ella, ser&#237;a clara y distinta para m&#237;?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es por todo ello que la noci&#243;n de deseo, que atraviesa toda la filosof&#237;a, desde Plat&#243;n hasta Deleuze, pasando por Spinoza y muchos otros, fue considerada por la filosof&#237;a cl&#225;sica como problem&#225;tica, e incluso contradictoria. El deseo es b&#250;squeda de satisfacci&#243;n, pero tambi&#233;n es insatisfacci&#243;n y sufrimiento. En tanto que la necesidad (esfera del rol social, de lo directivo) es impetuosa, pero limitada, el deseo (lugar del sujeto, de la autonom&#237;a) es insaciable e ilimitado; por lo que parecemos condenados a nuestros deseos y, por ende, incapaces de alcanzar la felicidad. Tal vez por eso las escuelas filos&#243;ficas antiguas fundaron la filosof&#237;a como &#8220;estilo o forma de vida&#8221;, como algo que podr&#237;a ense&#241;arnos a manejar nuestros deseos y a vivir con ellos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy prima la concepci&#243;n te&#243;rica &#8211;realista y metaf&#237;sica&#8211; adoptada por la metodolog&#237;a cient&#237;fica preponderante sobre el deseo (sobre todo en psicolog&#237;a y psiquiatr&#237;a, pero tambi&#233;n en la pol&#237;tica, la econom&#237;a y la educaci&#243;n); por eso conviene revisar en algo la historia de esta concepci&#243;n sobre el deseo en su relaci&#243;n con la persona (mucho m&#225;s cuando asumimos una crisis del sujeto contempor&#225;neo), insistiendo en la relaci&#243;n entre deseo y libertad individual, m&#225;s que &#8211;como era tradicional&#8211; con lo moral o lo patol&#243;gico. De ah&#237; los autores en los que me apoyar&#233; en este texto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Plat&#243;n, dada su innegable influencia en toda esta historia, capta la naturaleza ambigua del deseo (entre privaci&#243;n y plenitud), y lo entiende como el impulso de toda b&#250;squeda, de donde brotar&#225; la filosof&#237;a misma, como amor a la sabidur&#237;a. Pero &#191;se puede pensar el deseo m&#225;s all&#225; de t&#233;rminos como negatividad y carencia? Spinoza, por el contrario, lo considera como un productor de valor, lo que Deleuze (2004) retomar&#225;, destacando el car&#225;cter ingenioso y laborioso del deseo. Freud, articulando deseo y prohibici&#243;n, lo har&#225; productor de fantasmas, porque se desea menos el objeto deseado que la fantas&#237;a inconsciente del mismo. De hecho, &#191;no es el deseo, b&#225;sicamente, ansia de deseos? Para Lacan, quien antropologiza el deseo (al ubicarlo en el centro del debate sobre el sujeto) ser&#225; el deseo del otro, un deseo mim&#233;tico. Lyotard (1989) nos acerca a la cuesti&#243;n del deseo de saber o de filosofar, y a su posible ense&#241;anza. Baudrillard (2009) insistir&#225; en que, en el deseo actual de consumo, lo que deseamos es el consumo mismo. Finalmente, &#191;no es el capitalismo globalizado de hoy, la liberaci&#243;n del poder universal del deseo humano? Pero &#191;no posee el deseo otro poder distinto de aquel ofrecido por la vida mercantilizada y desenfrenada de nuestro mundo globalizado, de modo que no llegue a convertirse en un deseo mortal, y por lo tanto, en la muerte del deseo? Otros lenguajes, como el cine, el arte y la literatura, nos pueden ayudar a responder estas preguntas sobre esa fuerza de gozar y actuar que es el deseo. &#191;Qu&#233; nuevo paradigma sobre el sujeto surgir&#225; si pensamos que el deseo no es divino ni natural, sino un rasgo &#250;nico, definitorio y exclusivo del individuo, algo profundamente humano?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El deseo cruza misteriosamente nuestra existencia y cualquier filosof&#237;a que reflexione sobre &#233;sta tiene que abordarlo como problema complejo que nos constituye sin que sepamos realmente qu&#233; es ni ad&#243;nde nos lleva. De ah&#237; la gran variedad de nombres que se le han dado: &lt;i&gt;Eros&lt;/i&gt; entre los griegos, &lt;i&gt;concupiscencia&lt;/i&gt; para los cristianos, &lt;i&gt;apetito&lt;/i&gt; en Descartes o Spinoza, &lt;i&gt;tendencia&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;impulso&lt;/i&gt; (como la libido) en Freud. &#191;Se trata siempre de lo mismo bajo esta variedad de nombres, o es que el deseo, por su propia naturaleza, es variado y cambiante, m&#250;ltiple y emocionante, como lo describen fil&#243;sofos, literatos, poetas, psicoanalistas e incluso bi&#243;logos? Si intentamos sumergirnos ya no en el discurso intelectual, sino en el lenguaje mismo del amor y del deseo, lenguaje m&#225;s literario y ficcional, en seguida lo vemos inadecuado, inoportuno, imposible, alusivo, relativo, cuando esper&#225;bamos que fuera directo: el lenguaje del deseo es un ir y venir, un dis-curso que va de ac&#225; para all&#225;, pleno de met&#225;foras. Por otra parte, es un lenguaje hu&#233;rfano y desatendido por los otros discursos (sobre todo, el pol&#237;tico y el cient&#237;fico) e incluso llega a ser proscrito, encubierto y evitado. Un discurso que parece hoy inactual, pero siempre presente. Lo cual implica preguntarnos: &#191;decimos lo mismo cuando hablamos hoy del deseo en comparaci&#243;n a cuando leemos textos de otras &#233;pocas cuyo objeto es el deseo, la pasi&#243;n, el amor? M&#225;s a&#250;n, cuando estamos enamorados, ardientes de deseo, &#191;somos capaces de comunicar al otro alg&#250;n significado? Me parece que la experiencia amorosa pone a prueba el lenguaje, su supuesta univocidad, su performatividad, su potencial referencial y comunicativo. &#191;El lenguaje del deseo cumple estos requisitos? A ciencia cierta no, y no los cumple por la alta incertidumbre de su objeto, que nos remite de nuevo a las preguntas: &#191;qu&#233; es el deseo? &#191;Qu&#233; es el amor? &#191;Qu&#233; es la pasi&#243;n?, en su relaci&#243;n con el filosofar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Existencialmente el deseo nos perturba, preocupa y a veces nos angustia, porque logra exaltar en nosotros valores muy altos (superiores a nosotros mismos), pero tambi&#233;n puede hacernos caer muy bajo, en la abyecci&#243;n o bestialidad m&#225;s parad&#243;jica con nuestro propio ser. &#191;De d&#243;nde viene esa ambig&#252;edad? Es verdad que, desde cierto punto de vista, el deseo es la marca de nuestra inserci&#243;n en la naturaleza (de la cual nuestro cuerpo es el testigo, con sus impulsos, tendencias, necesidades o instintos); pero, desde otra mirada, el deseo exalta en nosotros los valores supremos cuando se combina con las facultades superiores de la mente. Es que en el deseo humano hay una fuerza que nos impulsa m&#225;s all&#225; de todo l&#237;mite; por eso nunca se satisface con los objetos que apetece. Todos los objetos del deseo terminan siendo insatisfactorios, decepcionantes, y el gran misterio existencial parece ser este: &#191;cu&#225;l es el verdadero objeto del deseo? Adem&#225;s, la etimolog&#237;a de la palabra deseo (&lt;i&gt;desiderium&lt;/i&gt;, palabra latina derivada de &lt;i&gt;sidus&lt;/i&gt;, estrella) hace que el deseo sea el anhelo de algo perdido&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El verbo latino tal vez proviene de la expresi&#243;n &#8220;de sidere&#8221; (fuera de las (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Humanamente se trata no s&#243;lo del hecho biol&#243;gico de una satisfacci&#243;n sensible, sino de una nostalgia m&#225;s profunda, la de un estado perdido o de una perfecci&#243;n vivida. As&#237; es como entiendo a Plat&#243;n (1983) cuando, en el &lt;i&gt;Banquete&lt;/i&gt;, bajo la figura del deseo m&#225;s real (la atracci&#243;n sexual, pasional, arraigada en la carne), nos presenta un Eros que se eleva y nos lleva m&#225;s lejos que nosotros mismos: deseo y amor que se conjugan y nos lanzan a lo que podemos llegar a ser.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Toda esta reflexi&#243;n que aqu&#237; presento tiene un trasfondo personal, una convicci&#243;n existencial y del todo &#237;ntima:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Algo muy importante: he comprendido que preferir lo bueno es afirmar e incrementar lo que soy, ennoblecer mi compleja condici&#243;n humana y, sobre todo, buscarle nuevas posibilidades; en cambio, optar por lo que mi conciencia me dice que es malo no es sino desmentirme y contradecirme, disminuirme, mutilarme voluntariamente y menospreciar mi condici&#243;n. O, si quieren, dicho de un modo contundente: la &#250;nica objeci&#243;n que puedo esgrimir contra mi libertad no es mi innegable impotencia para, a veces, hacer el bien (ser&#237;a superficial pensarlo as&#237;) sino lo imposible que me resulta desear, conscientemente, el mal. Porque de verdad me siento libre, y porque soy plenamente sujeto de m&#237; mismo y responsable de mis acciones, es que acepto que, en ocasiones, voy a fallar&#8230; por m&#225;s que s&#243;lo desee obrar bien. No hay remedio, esa es mi condici&#243;n humana: hay cosas que deseo, aunque las considere indeseables; y hay cosas que no deseo, pero anhelar&#237;a desear; y, en fin, hay cosas que deseo con firmeza y termino de verdad deseando y logrando. Por eso nunca olvido que todo, en &#250;ltimas, radica en mi capacidad para elegir conscientemente. (Juliao 2015, pp.16-17)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Ahora bien, y dado que siempre me he movido en el campo formativo, si educar es ayudar al otro a que se convierta en persona, acompa&#241;&#225;ndolo y anim&#225;ndolo a extraer sus potencialidades, es innegable que la educaci&#243;n es un proceso hacia el futuro que no puede obviar realidades humanas como el deseo, la pasi&#243;n, el placer o la ternura, cautivando al otro con argumentos, entusiasm&#225;ndolo con valores, seduci&#233;ndolo con la b&#250;squeda de la sabidur&#237;a y la perfecci&#243;n. Porque como dice Rojas (2004) &#8220;El deseo es cosa caracter&#237;stica del vivir hacia delante del ser humano: en &#233;l se basa esa proyecci&#243;n hacia el futuro que es la dimensi&#243;n m&#225;s viva de nuestra existencia&#8221; (p. 16).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Toda esta reflexi&#243;n, as&#237; no lo diga abiertamente, tiene como trasfondo la pregunta por el filosofar aut&#233;ntico, en la perspectiva que, ya en 1991, planteaba &#193;ngela Calvo en su trabajo sobre el &lt;i&gt;Banquete&lt;/i&gt; de Plat&#243;n:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;el asunto expl&#237;cito del di&#225;logo plat&#243;nico que servir&#225; de escenario a nuestro preguntar, no es la naturaleza de la filosof&#237;a, pero si partimos de la primera acotaci&#243;n de su significado como amor a la sabidur&#237;a, siguiendo la intuici&#243;n de J. F. Lyotard y G. Deleuze, el gran vac&#237;o que valdr&#237;a la pena espiar ser&#237;a el amor, &lt;i&gt;philya&lt;/i&gt;, el deseo, en tanto que a la sabidur&#237;a ya se le han construido demasiadas casas, ya los hombres la han sujetado en m&#250;ltiples estatuas, proceso que ha culminado, como todos sabemos, en los discursos de la transformaci&#243;n o, en el mejor de los casos, del fin de la filosof&#237;a, del desplazamiento a lugares perif&#233;ricos, hacia el exterminio. (pp.10-11)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El prefijo &lt;i&gt;philo&lt;/i&gt; (en el sentido de amor) introduce as&#237; en la palabra filosof&#237;a la dimensi&#243;n de lo que falta, de lo que se anhela: el fil&#243;sofo no es quien posee el saber sino quien lo desea. El fil&#243;sofo se desaf&#237;a a s&#237; mismo en su oposici&#243;n al sofista que representa el saber en tanto mercanc&#237;a que tiene almacenada y puede vender. En cambio, para el fil&#243;sofo, el saber es un objeto de deseo que debe ser siempre perseguido. Filosofar es, en &#250;ltima instancia, terminar con esa representaci&#243;n sof&#237;stica del conocimiento como algo que uno posee, para acceder a la idea filos&#243;fica del saber c&#243;mo un bien que se anhela y desea. En tanto haya creatividad y libertad acad&#233;mica, mientras el deseo de perfecci&#243;n (eternidad) acompa&#241;e el saber transcurrir (vivir) en medio de la cotidianidad y sus avatares, habr&#225; filosof&#237;a, precisamente en virtud de sus detractores (incluyendo las tentativas por relegarla, ridiculizarla o desdibujarla, consider&#225;ndola in&#250;til), que logran, sin buscarlo, que la pregunta por el filosofar sea cada vez m&#225;s virulenta y deseante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aqu&#237; se trata, pues, del deseo, que es amor y por ende fil&#243;sofo, vuelto palabra (que es siempre el artificio del deseo y el arma de la seducci&#243;n) que se disemina y contamina en tanto circula entre amigos, arremetiendo contra todo discurso acabado e institucionalizado, para abrirlo hacia los posibles actos de innovaci&#243;n y creatividad, hacia la belleza en todas sus manifestaciones, hacia los m&#250;ltiples lenguajes, hacia esos silencios &#8220;otros&#8221; que nos hablan de otra forma a las establecidas y asumidas como verdaderas. Deseo que se transforma en palabra (&lt;i&gt;logos&lt;/i&gt;) seductora que, a su vez, se vuelve formaci&#243;n (&lt;i&gt;paideia&lt;/i&gt;) porque &#8220;si desear no es nada f&#225;cil es precisamente porque en lugar de carecer, otorga&#8221; (Deleuze y Parnet 1980, p.107). El fil&#243;sofo desea&#8230; porque no tener es el inicio del deseo de saber.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La posibilidad de una sabidur&#237;a de y desde el desear&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En una cita circulante en la red, se dice que Andr&#233; Maurois plantea esta posibilidad: &#8220;Si los hombres pudieran considerar los acontecimientos de sus propias vidas con mentes m&#225;s abiertas, con frecuencia descubrir&#237;an que en realidad no deseaban las cosas que no lograron obtener&#8221;. Basta, para entenderlo, acercarnos a las escuelas filos&#243;ficas helen&#237;sticas griegas y romanas (epic&#250;reos, esc&#233;pticos y estoicos), con las que me identifico por esa combinaci&#243;n praxeol&#243;gica que logran (siempre atentos a la vida cotidiana y al contexto) entre l&#243;gica y compasi&#243;n, aquellas que concibieron &#8220;la filosof&#237;a como un medio para afrontar las dificultades m&#225;s penosas de la vida humana&#8221; (Nussbaum, 2003, p. 21).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque es cierto que el &lt;i&gt;epicure&#237;smo&lt;/i&gt; enfatiza la naturaleza deseante del hombre y su b&#250;squeda del placer, reducirlo a la imagen del buen vivir, o peor, del vividor no le hace justicia, porque el sabio epic&#250;reo sabe medir los placeres y rechazar los deseos vanos o ilusorios&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El epicure&#237;smo es la escuela filos&#243;fica m&#225;s difamada en la historia (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Epicuro es materialista y hedonista, no hay duda, pero de una forma que cualquier antihedonista envidiar&#237;a, en plena paz. El epicure&#237;smo no es ascetismo (no hay penitencia ni freno de los deseos), pero la austeridad es indudable. Y su materialismo es tan extremo que hasta el alma y dios se hacen &#225;tomo; y es clara su oposici&#243;n a las religiones, pues conducen a la superstici&#243;n, se basan en el temor a los dioses (de los cuales no niega su existencia, aunque los imagina con &#8220;conducta epic&#250;rea&#8221;: modelos de serenidad y felicidad eternas, sin preocuparse para nada de nuestro mundo) y destruyen la tranquilidad (el bien m&#225;s deseado). En todo caso, como afirma Santiago (2008) &#8220;Epicuro es el primer fil&#243;sofo &#8211;al menos entre aquellos de los que nos han llegado textos&#8211; que no s&#243;lo no desprecia al placer, sino que lo coloca en el centro de su filosof&#237;a. A diferencia de quienes lo consideran un obst&#225;culo para la buena vida, Epicuro identifica el placer con la felicidad&#8221; (pp. 57-58). Ignorar todo esto (as&#237; como los planteamientos de los estoicos y esc&#233;pticos) es dejar a un lado su influjo en el proceso filos&#243;fico posterior; me atrevo a decir que la influencia de las escuelas helen&#237;sticas es incluso mayor que la de Plat&#243;n y Arist&#243;teles en autores como Descartes, Spinoza, Kant, Smith, Hume, Rousseau, Nietzsche, Marx, Foucault, entre muchos otros, sobre todo en sus concepciones sobre el deseo, las pasiones y las emociones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es comprensible entonces que Epicuro sea contundente al decir que &#8220;vac&#237;o es el argumento de aquel fil&#243;sofo que no permite curar ning&#250;n sufrimiento humano&#8221; (1987, p. 209). Claro que la filosof&#237;a epic&#250;rea fue reprimida por el pensamiento cristiano, siendo a menudo despreciada o caricaturizada; pero en la actualidad viene siendo retomada. Onfray (cuyo pensamiento tiene tambi&#233;n su origen en el pensamiento epic&#250;reo y en los cirenaicos, incluido Aristipo de Cirene) puede aportarnos en este sentido. Y digo tambi&#233;n, porque su vitalismo, asimismo se basa en el pensamiento de Nietzsche. Aqu&#237; me contentar&#233; con compartir algunas de sus ideas fuerza, desde su obra &lt;i&gt;La construcci&#243;n de uno mismo&lt;/i&gt; (2000). Y lo enmarco es su testimonio personal: &#8220;Fallec&#237; a la edad de diez a&#241;os, una bella tarde de oto&#241;o, bajo una luz que daba ganas de vivir eternamente&#8221; (2008, p. 15); muerte m&#225;s real que simb&#243;lica que marca su original pensamiento: su filosof&#237;a ser&#225; su autobiograf&#237;a, la historia de su propio cuerpo, sus experiencias, sus predilecciones, porque para &#233;l los conceptos filos&#243;ficos son vac&#237;os si no se encarnan. Refiri&#233;ndose a Epicuro, dice:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;As&#237;, pues, prestando o&#237;dos a lo que nos dice Epicuro, es preciso tomar en consideraci&#243;n el cuerpo que piensa una proposici&#243;n te&#243;rica y luego la encarna en condiciones hist&#243;ricas precisas. La idea, como es de sospechar, act&#250;a eficazmente en las ant&#237;podas de un platonismo que borra la biograf&#237;a, disimula el cuerpo como si fuera una embarazosa prueba del delito, niega el momento hist&#243;rico o geogr&#225;fico para tomar &#250;nicamente en cuenta las ideas puras, el cielo inteligible y la causalidad ideal, esto es, cifras, nombres, ideas, formas&#8230; La realidad epic&#250;rea procede de la tierra, de una realidad encarnada, de una causalidad fenomenal reductible a encadenamientos racionales. (2007, p. 172)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Y en otra obra (2008) dir&#225;, al manifestar lo que es su enfoque filos&#243;fico: &#8220;El objetivo plat&#243;nico es te&#243;rico y elitista; el epic&#250;reo, pr&#225;ctico y existencial. La historia de la filosof&#237;a se articula globalmente sobre estos dos tropismos: una pr&#225;ctica te&#243;rica a puerta cerrada, un compromiso existencial con la vida cotidiana&#8221; (p. 74).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, quedan tres preguntas sobre este hedonismo, o este &#8220;jovial utilitarismo&#8221;, como &#233;l lo llama. Primero, la sabidur&#237;a epic&#250;rea consiste en la satisfacci&#243;n moderada de los placeres simples y naturales, tanto espirituales como sensibles, como ya se se&#241;al&#243;. Esta sabidur&#237;a es un modelo de mesura, que combina la virtud y el placer, lo opuesto a ese utilitarismo que apela al c&#225;lculo como el &#250;nico punto de referencia. En la b&#250;squeda del placer, &#191;qu&#233; es calcular? El c&#225;lculo se basa en una evaluaci&#243;n del m&#225;ximo disfrute posible: disfrutar y hacer disfrutar. Cierto, pero &#191;qu&#233; me asegurar&#225; en mi c&#225;lculo, que mi disfrute sigue siendo bien compartido y compartible por los dem&#225;s, s&#237; procede de mi propia sensaci&#243;n? La relatividad de gustos, sabores, olores, brevemente del placer, por el contrario, podr&#237;a hacerme pensar que son dif&#237;ciles de compartir. Por eso el hedonismo es aristocr&#225;tico y solitario. Sabemos muy bien lo dif&#237;cil que es respetar la subjetividad de la persona amada en su libertad. Recuerdo c&#243;mo Sartre (1972) piensa en esta dificultad, ya que el amor es el deseo de deseos, el deseo de posesi&#243;n&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;&#191;Por qu&#233; el amante quiere ser amado? Si el amor (&#8230;) fuera puro deseo de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. El amor es una relaci&#243;n entre dos conciencias, donde cada uno requiere que el otro lo perciba como una extensi&#243;n necesaria del yo. Luego el &#250;nico amor posible ser&#237;a el compromiso puro, sin el deseo de reciprocidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Segundo, &#191;estamos seguros de que entendemos lo que deseamos? Con Freud es claro c&#243;mo ese oscuro objeto del deseo se relaciona en parte con una fantas&#237;a inconsciente. &#191;No se equivocan los humanos sobre el objeto que desean para alcanzar la felicidad? Y hoy, &#191;no vemos c&#243;mo, en su forma de mercanc&#237;a, el placer al que se nos invita es un simulacro? &#191;No hay en esta exaltaci&#243;n de goce, en esta banalizaci&#243;n dionis&#237;aca del deseo, en este fren&#233;tico culto hedonista, algo tan pat&#243;geno y mortal como la inhibici&#243;n que ha reemplazado? Este triunfo de los impulsos desencadenantes, bajo el pretexto de la liberaci&#243;n, no es acaso lo opuesto a la liberaci&#243;n que genera la armonizaci&#243;n de la existencia, que es en s&#237; una elevaci&#243;n dif&#237;cil. Como dice Deleuze (2004): &#8220;Hay mucho odio, o miedo con respecto al deseo, en el culto del placer&#8221; (p.80).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tercero, &#191;nos ofrece Onfray un saber filos&#243;fico sistematizado? Onfray, curiosamente, nos dice: &#8220;defiendo igualmente una concepci&#243;n pasada de moda en filosof&#237;a: la del pensamiento totalizador, la del sistema. Defiendo, en efecto, un pensamiento vigoroso, s&#243;lido, estructurado, coherente, y pretendo examinar la totalidad de los saberes posibles&#8221; (2008, p. 83). O sea, un saber inespec&#237;fico, ecl&#233;ctico, que reflexiona muchos temas diversos y hasta lejanos, pero con un eje conductor: la defensa del deseo, del placer, de la corporalidad, del hedonismo que para &#233;l consiste en &#8220;gozar y hacer gozar&#8221; (p. 82). Con Onfray no hay como caer en un pesimismo radical, aunque tampoco se trata de un optimismo ingenuo, porque solo intenta resaltar lo m&#225;s positivo de la vida, o mejor, lo &#250;nico que somos, corporalidad: &#8220;Cuando se lea pasi&#243;n, amor, sentimiento y coraz&#243;n, hay que entender deseo, placer, libido y sexo; (&#8230;) en cuanto los idealistas hablen de falta, fusi&#243;n y plenitud, los materialistas replicar&#225;n con exceso, descarga y soledad&#8221; (2002, p. 81).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pienso que todo esto adquiere sentido si entendemos lo que Onfray pretende. &#191;Contra qu&#233; pelea? &#201;l es un fil&#243;sofo que se propone narrar &#8220;otra&#8221; historia de la filosof&#237;a. Con un esp&#237;ritu nietzscheano, recupera puntos de vista soslayados, autores considerados menores o poco importantes, ideas descartadas en algunos per&#237;odos del pensamiento filos&#243;fico, s&#243;lo porque, en el contexto correspondiente, alguien m&#225;s se impuso, por diversas razones: S&#243;crates y Plat&#243;n sobre los sofistas, el neoplatonismo de los Padres de la Iglesia frente a ideas m&#225;s hedonistas y epic&#250;reas, la l&#243;gica anal&#237;tica de Wittgenstein por encima de un pensamiento m&#225;s cercano a la tradici&#243;n de la &lt;i&gt;eudaimon&#237;a&lt;/i&gt;, entre muchos otros ejemplos. Y es, en parte, desde ese &#8220;otro&#8221; lugar donde Onfray sostiene su lucha: la convicci&#243;n de que la filosof&#237;a es, desde sus or&#237;genes, una sucesi&#243;n de principios, organizados con cierta coherencia, para ayudarnos a vivir mejor, a comprender la existencia, a afrontar y desafiar las contrariedades y desencantos propios de la vida:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Por mi parte, no me satisface una filosof&#237;a de pura b&#250;squeda que consagra lo esencial de su tiempo y de su energ&#237;a a reclamar las condiciones de posibilidad, a examinar los z&#243;calos epist&#233;micos sobre los cuales se pueden plantear las cuestiones. Prefiero considerar, en el otro extremo de la cadena reflexiva, la suma de las afirmaciones y de las soluciones &#250;tiles para vivir una existencia lanzada a toda velocidad entre dos nadas. (2002, p.41)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El conjunto de su pensamiento se propone, simplemente, realizar el antiguo proyecto epic&#250;reo: gozar del puro placer de existir. Y para el quehacer filos&#243;fico ello significa que se logre comprobar en la construcci&#243;n de un mundo (sistema) de conceptos el peso de una vida concreta y la consistencia de una biograf&#237;a. No podemos negar que buena parte de la filosof&#237;a tradicional idealista, pero tambi&#233;n buena parte del quehacer filos&#243;fico actual repite dichos esquemas escol&#225;sticos: discusiones interminables sobre temas abstrusos, ret&#243;rica al infinito, t&#233;rminos sofisticados e indefinibles, pr&#225;cticas autistas y muchos otros s&#237;ntomas del &#8220;S&#243;crates funcionario&#8221; o profesor de filosof&#237;a, que para Onfray se resumen en la figura de Hegel. Pero tambi&#233;n hay que reconocer que esa tradici&#243;n existencial ha sobrevivido en personas como Montaigne, Schopenhauer, Nietzsche, Kierkegaard y muchos otros, con obras filos&#243;ficas (&lt;i&gt;Ensayos, El mundo como voluntad y representaci&#243;n, As&#237; habl&#243; Zaratustra&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;La repetici&#243;n&lt;/i&gt;) que tambi&#233;n pueden producir efectos en la vida concreta como lo hace la &lt;i&gt;Carta a Meneceo&lt;/i&gt; de Epicuro. A la pregunta: &#191;Cu&#225;l es la prueba del fil&#243;sofo?, respondemos: &#8220;Su propia vida&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;Ese obscuro objeto del deseo&lt;/i&gt;, seg&#250;n Luis Bu&#241;uel&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luis Bu&#241;uel es un director mexicano de origen espa&#241;ol (1900-1983); uno de los genios que ha producido la historia del cine, autor de varias pel&#237;culas, bastante personales, en las que se vislumbra la influencia del surrealismo espa&#241;ol m&#225;s riguroso. Fascinado por la poes&#237;a de vanguardia (creacionismo y ultra&#237;smo), algo que nunca dejar&#237;a y ser&#237;a una constante en su forma de comprender el cine, public&#243; poemas y algunos textos en prosa antes de convertirse en cineasta despu&#233;s de ver &lt;i&gt;Las Tres Luces&lt;/i&gt; (1921), de Fritz Lang. Tres per&#237;odos marcan su obra cinematogr&#225;fica: el primero claramente surrealista, por su colaboraci&#243;n con Salvador Dal&#237; en &lt;i&gt;El perro andaluz&lt;/i&gt; (1928) y &lt;i&gt;La edad de oro&lt;/i&gt; (1930). El segundo, despu&#233;s de una pel&#237;cula pro-republicana, &lt;i&gt;Madrid&lt;/i&gt; (1936) cuando huye del r&#233;gimen de Franco y se radica en M&#233;xico; de ese periodo son pel&#237;culas como &lt;i&gt;Los olvidados&lt;/i&gt; (1950), &lt;i&gt;Subida al cielo&lt;/i&gt; (1952) o &lt;i&gt;Ensayo de un crimen&lt;/i&gt; (1955). Luego vendr&#225; el tercer per&#237;odo, marcado por su colaboraci&#243;n con Jean-Claude Carri&#232;re, con pel&#237;culas m&#225;s cl&#225;sicas, como el &lt;i&gt;Diario de una camarera&lt;/i&gt; (1963), &lt;i&gt;Belle de jour&lt;/i&gt; (1966), &lt;i&gt;La v&#237;a l&#225;ctea&lt;/i&gt; (1968), &lt;i&gt;Tristana&lt;/i&gt; (1970), &lt;i&gt;El discreto encanto de la burgues&#237;a&lt;/i&gt; (1972) y la &#250;ltima, &lt;i&gt;Ese oscuro objeto del deseo&lt;/i&gt; (1977). Estos diferentes per&#237;odos nunca le quitaron a su trabajo esa temprana inspiraci&#243;n surrealista&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El surrealismo, surgido del dada&#237;smo, tuvo su apogeo en Francia durante los (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; y, a pesar de su gran diversidad, rara vez una obra ha ofrecido tanta unidad. El mismo Bu&#241;uel (1982) lo expresa as&#237; en sus memorias:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Al igual que todos los miembros del grupo yo me sent&#237;a atra&#237;do por una cierta idea de revoluci&#243;n. Los surrealistas que no se consideraban terroristas, activistas armados, luchaban contra una sociedad a la que detestaban utilizando como arma principal el esc&#225;ndalo. Contra las desigualdades sociales, la explotaci&#243;n del hombre por el hombre, la religi&#243;n, el militarismo burdo y materialista, vieron durante mucho tiempo en el esc&#225;ndalo, el revelador potente capaz de hacer aparecer los resortes secretos y odiosos del sistema que hab&#237;a que derribar... Sin embargo, el verdadero objetivo del surrealismo no era el crear un movimiento literario, pl&#225;stico, ni siquiera filos&#243;fico nuevo, sino el de hacer estallar a la sociedad, cambios, la vida... Por primera vez en mi vida hab&#237;a encontrado una moral coherente y estricta, agresiva y clarividente que se opon&#237;a a la moral corriente que nos parec&#237;a abominable, pues nosotros rechaz&#225;bamos en bloque los valores convencionales. Nuestra moral se apoyaba en otros criterios: exaltaba la pasi&#243;n, la mixtificaci&#243;n, el insulto, la risa mal&#233;vola, la atracci&#243;n de las simas... nuestra moral era m&#225;s exigente y peligrosa pero tambi&#233;n m&#225;s firme, m&#225;s coherente y densa que la otra. (pp.105-106)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Pese a su &#233;xito en Francia (casi toda su obra desde 1963), los or&#237;genes de su humor absurdo y cruel, de su escrupuloso (casi morboso) examen de la moral y la represi&#243;n burguesa, de su obcecaci&#243;n por la religi&#243;n, lo er&#243;tico, la muerte y las desdichas humanas, hay que buscarlos en lo mejor del realismo espa&#241;ol (Quevedo, la novela picaresca, Goya, Valle-Incl&#225;n, entre muchos otros), que en Bu&#241;uel se armonizar&#225; con su firme &#243;ptica surrealista. Estas dos influencias, terciadas por sus extraordinarias dotes de observador de las personas, con una perspectiva casi entomol&#243;gica, a veces cruel, pero siempre inteligente, dan a sus pel&#237;culas un aire bastante personal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ubico esta pel&#237;cula al interior de ese pensamiento realista/surrealista que la aliment&#243;. Lo que caracteriza al surrealismo de sus obras es la confrontaci&#243;n del deseo con la censura social o religiosa&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Se puede ver El amor loco de Andr&#233; Bret&#243;n (2008), que pese a de ser uno de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Lo que el surrealismo ama por encima de todo, es la transgresi&#243;n de los c&#243;digos sociales (v&#233;ase &lt;i&gt;Un perro andaluz&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;La edad de oro&lt;/i&gt;). Cincuenta a&#241;os despu&#233;s de esta pel&#237;cula hecha con Dal&#237;, Bu&#241;uel, en &lt;i&gt;Ese oscuro objeto de deseo&lt;/i&gt;, regresa con la iron&#237;a insolente y provocativa. Pero esta vez, no como llamado a la liberaci&#243;n sexual: es contra otra alienaci&#243;n, m&#225;s insidiosa pero m&#225;s profunda, porque se plantea como una falsa liberaci&#243;n: el sexo sin coraz&#243;n es tan alienante como lo inverso. Los atentados, los asesinatos, los sabotajes, que aparecen una docena de veces en el filme, son s&#243;lo las met&#225;foras de ese terrorismo sentimental y sexual (hoy dir&#237;amos &#8220;acoso sexual&#8221;).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, pienso que Bu&#241;uel no quer&#237;a ilustrar una tesis, y por lo tanto hay que dejar una puerta abierta a la pluralidad de interpretaciones. De hecho, la pel&#237;cula se centra en desviar nuestra inteligencia racional, en favor de una red de emociones inteligentemente compuesta por diversas intervenciones par&#243;dicas, rupturas narrativas, duplicaciones, repeticiones, efectos ir&#243;nicos o disminuciones de su tono. M&#225;s all&#225; de las bombas que explotan todo el tiempo en la pel&#237;cula, ella misma es una bomba que quiere enfrentar todos los mitos (la mujer fatal, la virginidad, el machismo, el amor-pasi&#243;n, la liberaci&#243;n sexual, la religi&#243;n, la salvaci&#243;n por la violencia revolucionaria). La pel&#237;cula realmente no sigue la novela de Pierre Lou, &lt;i&gt;La mujer y el pelele&lt;/i&gt;, en la que se inspira, pues realiza un cambio de perspectiva, al no quedarse en las relaciones sadomasoquistas de los personajes, sino considerar otros puntos de vista&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Parece que el Marqu&#233;s de Sade influy&#243; bastante en Bu&#241;uel desde que ley&#243; Las (&#8230;)&#034; id=&#034;nh7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Primero veamos la trama: es una b&#250;squeda que se intensifica en proporci&#243;n a la resistencia de la mujer amada, Conchita, interpretada por dos actrices, Carole Bouquet y Angela Molina (extra&#241;a duplicaci&#243;n&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Bu&#241;uel siempre dijo que fue algo casual y que las escenas se repartieron (&#8230;)&#034; id=&#034;nh8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;). La pel&#237;cula se desarrolla en Sevilla, y Don Mateo (Fernando Rey), un gran burgu&#233;s, acosa con el ardor del temperamento machista a Conchita, quien siempre rechaza su deseo. Poco antes de que el tren salga hacia Par&#237;s, un pasajero lanza un cubo de agua a una se&#241;orita en el and&#233;n. El caballero, Mateo, es un hombre maduro de clase alta que, ante la sorpresa de sus acompa&#241;antes en el vag&#243;n (el voyerismo estar&#225; presente desde el comienzo de la pel&#237;cula), relata su historia con la joven desde que se conocieron, cuando Conchita empez&#243; a trabajar como doncella en su casa. A partir de este momento, ella disfrutar&#225; inflamando el deseo de Mateo para despu&#233;s rechazarlo una y otra vez. La pel&#237;cula narra, pues, la historia afectiva entre Mateo y Conchita. El primero est&#225; acostumbrado a conseguir todo lo que se propone; Conchita, siendo de una clase social inferior, usa todas sus &#8220;armas&#8221; de mujer para atraer y utilizar a Mateo. Bu&#241;uel presenta a Conchita como una mujer inteligente, que sabe que en el momento que mantenga relaciones sexuales con &#233;l, este dejar&#225; de desearla; por eso siempre lo provoca para obtener todos sus caprichos, sabiendo que &#233;l no se negar&#225;, expectante por saciar su deseo. En una de las ocasiones, Mateo lleva a Conchita a su casa de campo donde ella le hab&#237;a prometido que se entregar&#237;a. All&#237; ella demora el momento, y cuando por fin se meten en la cama, Mateo se percata de que porta un cors&#233;, a modo de coraza, que visualmente muestra la imposibilidad de cumplir el deseo. Pero, incluso Conchita no abandona a Mateo cuando consigue que este le compre una casa. Vuelve hacia &#233;l con la intenci&#243;n de mantener una relaci&#243;n afectiva, a la que Mateo se niega, de la misma forma en que Conchita lo hace frente a las relaciones sexuales.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1615 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/ese-oscuro-objeto-del-deseo.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/ese-oscuro-objeto-del-deseo.jpg?1754362422' width='500' height='263' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula comienza pues con el final, con el espect&#225;culo de una violenta pelea con Conchita, y entre la escena del &#8220;baldado de agua&#8221; y la historia que comienza a contar, ya ha ocurrido una explosi&#243;n. No sobran unas palabras sobre esta atm&#243;sfera de ataques. Bu&#241;uel aborda todos los mitos y prejuicios que atraviesan el amor. Por un lado, el consumo del deseo que mata el deseo, y que, sin embargo, es intr&#237;nseco al amor. De ah&#237; esta atm&#243;sfera de ataques. Rompe los mitos y los prejuicios que saturan la cabeza de Mateo. Adem&#225;s, Mateo se est&#225; muriendo; en cierto modo es un mundo que desaparece. Por otro lado, vemos que hay un paralelo entre el terrorismo pol&#237;tico y el terrorismo sentimental y sexual (la amenaza y la violencia est&#225;n en todas partes y los disparos o las bombas son tan impredecibles y amenazantes como las relaciones de pareja).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En esa escena donde aparece, incongruente y metaf&#243;ricamente, un saco de yute, &#191;significar&#237;a el lugar oculto de la mala conciencia, o los deseos reprimidos del inconsciente? Creo que no conviene caer en la interpretaci&#243;n psicoanal&#237;tica, un poco f&#225;cil, de todos los s&#237;mbolos de la pel&#237;cula. De hecho, como el mismo Bu&#241;uel dice (1982):&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;La imaginaci&#243;n es nuestro primer privilegio. Toda mi vida, luch&#233; por aceptar, sin tratar de comprender, las im&#225;genes compulsivas que se me presentaban. Por ejemplo, en Sevilla, durante el rodaje de &lt;i&gt;Ese oscuro objeto del deseo&lt;/i&gt;, al final de la escena, abruptamente le ped&#237; a Fernando Rey, por una s&#250;bita inspiraci&#243;n, que recogiera un gran saco de yute de maquinista que estaba colgado en el banco y lo pusiera sobre su hombro cuando se iba (...) todo el equipo estuvo de acuerdo, y yo tambi&#233;n, al decir que la escena era mejor con el saco. &#191;Por qu&#233;? Imposible decirlo a menos que caigas en los clich&#233;s del psicoan&#225;lisis, u otra explicaci&#243;n. Es el horror de entender. Felicidad para dar la bienvenida a lo inesperado. (p. 150)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Ahora bien, lo que m&#225;s me interesa es identificar ciertas perspectivas de esta pel&#237;cula frente a la cuesti&#243;n del deseo. Primero, resalto la omnipresencia del terrorismo en la pel&#237;cula. Bu&#241;uel pertenece al grupo surrealista, y sabemos de la fascinaci&#243;n de algunos de ellos, incluido Bret&#243;n, por el terrorismo. Fue Breton quien dijo que el principal acto pol&#237;tico ser&#237;a salir con un rev&#243;lver y disparar a la multitud. Para Bu&#241;uel, es este radicalismo aterrador lo que se cuestiona, y &#233;l cree que es el tema principal de nuestro tiempo. No se trata de un gusto por el ataque anarquista en s&#237;, sino de una preocupaci&#243;n por la violencia ideol&#243;gica, sea de izquierda o de derecha. (En &lt;i&gt;El diario de una camarera&lt;/i&gt; ser&#225; la violencia antisemita de extrema derecha lo que se cuestiona).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Segundo, enfatizo la ambivalencia del deseo, que en la pel&#237;cula toma la forma de un desdoblamiento con las dos actrices int&#233;rpretes de Conchita. Se mantiene la tradici&#243;n de la mujer fatal, desde Pandora (hay una escena del filme en que ella tiene entre sus manos una caja revestida de conchas, que abre para ofrecer un caramelo a Mateo; en ese momento preciso retorna la imagen del tren atravesando un l&#243;brego t&#250;nel) hasta Carmen (la leyenda de la bella andaluza, ardiente y bailaora), pasando por la &lt;i&gt;Lolita&lt;/i&gt; de Nabokov (1955) o la inaccesible Jean Seberg de &lt;i&gt;Al final de la escapada&lt;/i&gt; (Godard, 1960). &#191;Es el s&#237;mbolo de la dualidad femenina (&#225;ngel demon&#237;aco), arcaico mito cultural, o de la dualidad misma del deseo?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es que la oscuridad del objeto del deseo consiste en ser, a la vez, singularidad y pluralidad. Singularidad porque se trata de nuestra propia esencia, pero tambi&#233;n pluralidad porque prospera s&#243;lo en los deseos de los dem&#225;s. Pero como el otro es cambiante, sometido a la representaci&#243;n, es irreductible a la fantas&#237;a que nos hacemos de &#233;l. Aqu&#237; destaco la insistencia de la m&#250;sica que acompa&#241;a la &#250;ltima escena del filme: &lt;i&gt;El oro del Rin&lt;/i&gt; de Wagner, en la voz de Brunehilda (&#8220;la virgen indomable&#8221;). Como Conchita esta mujer es inaccesible e incognoscible. Se trata de una feminidad metaf&#243;rica, porque con Bu&#241;uel, la cuesti&#243;n no es psicol&#243;gica. Me parece que tambi&#233;n debemos situar esta pel&#237;cula en el contexto de la revoluci&#243;n y los movimientos de liberaci&#243;n feministas&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Es curioso que Bu&#241;uel, al referirse a esta pel&#237;cula diga: &#8220;A los (&#8230;)&#034; id=&#034;nh9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Sin embargo, y retomando lo que dije sobre el arte de Bu&#241;uel: la pel&#237;cula frustra las interpretaciones, desaf&#237;a nuestra mirada racional y desenfoca las pistas. De hecho, como en otras pel&#237;culas, por ejemplo, &lt;i&gt;El diario de una camarera&lt;/i&gt;, la visi&#243;n bu&#241;ueliana de las relaciones sociales es bastante oscura. Conchita, por supuesto, se rebela contra el deseo de apropiaci&#243;n del gran burgu&#233;s, pero &#191;no est&#225; ella tambi&#233;n deseosa de un lugar soleado con suficientes rentas y propiedades?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Volvamos a esta ambivalencia del deseo: se expresa tambi&#233;n en su relaci&#243;n con el otro. El objeto de mi deseo no se puede superponer al objeto del deseo del otro. Esto explica por qu&#233; Bu&#241;uel, desdoblando un mismo personaje, refuerza esa caracter&#237;stica del amor, la de ser siempre extra&#241;o, como en el mito del &lt;i&gt;Banquete&lt;/i&gt; plat&#243;nico: Eros tiene esta doble naturaleza, quiere poseer, pero sin alcanzar nunca su objetivo. Por eso Eros permanece siempre enamorado y artista, ama la extra&#241;eza, pero tambi&#233;n puede enfrentar lo real, verlo en su aut&#233;ntica verdad, sin proyectar en &#233;l lo que queremos que sea. El amor no est&#225; oculto en el espacio del &#250;nico imaginario; tambi&#233;n es el principio que ilumina la realidad m&#225;s elevada, hablando como Plat&#243;n. Para retomar la visi&#243;n filos&#243;fica plat&#243;nica, podr&#237;amos interpretar estos tormentos de amor como los de ese Eros mendigo, que no tiene nada, que busca sin encontrar su satisfacci&#243;n. Est&#225; el otro, en su alteridad, que frustra mis planes. Mi ego es derrotado por esta alteridad irreprimible que se me impone.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces, el deseo del otro me impone esa otredad, este &#8220;no agarrar&#8221; como dice Levinas. La caricia, explica Levinas (1977), &#8220;consiste en no apresar nada, en solicitar lo que se escapa sin cesar de su forma hacia un futuro nunca lo suficientemente porvenir, en solicitar lo que se escurre como si todav&#237;a no fuese a&#250;n&#8221; (p. 267). &#191;Podemos ver en esta pel&#237;cula algo que nos acerque m&#225;s al amor cort&#233;s medieval, donde esta escurridiza otredad nutre mi amor, alimenta la fuerza de mi deseo, sin limitar nunca al otro, ni agotar mi ardor? Es obvio que esta concepci&#243;n se opone al principio del placer, y que es m&#225;s bien el principio de la realidad lo que es esencial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Retomo el an&#225;lisis de Levinas, a trav&#233;s de ese bello libro de Finkielkraut (2017) que es &lt;i&gt;La sabidur&#237;a del amor&lt;/i&gt;, para se&#241;alar que el amor al pr&#243;jimo parece poco realista o ilusorio, porque vemos all&#237; la mera ambici&#243;n de una voluntad de posesi&#243;n, que mata el amor y mata al otro en su propia alteridad. Al contrario, hay que entender la relaci&#243;n original con los dem&#225;s de forma diferente:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Antes de ser la fuerza alienante que amenaza o que hechiza al yo, la otra persona es la fuerza eminente que rompe las cadenas que atan el yo a s&#237; mismo, que lo desatasca, que lo libera del fastidio, que lo desocupa de s&#237; mismo y lo libera as&#237; del peso de su propia existencia. Antes de ser mirada, el Otro es rostro. El Otro es rostro, no destino infernal. (p.24)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Dado que no hay pensamiento sin alguien que piense, siguiendo a Rosenzweig&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb10&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Rosenzweig es un pensador jud&#237;o que se propone la ambiciosa tarea de ofrecer (&#8230;)&#034; id=&#034;nh10&#034;&gt;10&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; (2007) podemos afirmar que el pensamiento l&#243;gico (esencial) es del &#8220;pensador pensante&#8221;, mientras que el pensamiento dial&#243;gico (existencial) es del &#8220;pensador hablante&#8221;. El primero s&#243;lo piensa algo; el segundo est&#225; siempre escuchando o habl&#225;ndole a alguien real y concreto, deseando y sintiendo. El primero se basta a s&#237; mismo para pensar esencias (como un solipsismo racional); el segundo requiere del otro para dialogar existencialmente, o sea de verdad, necesitando del otro, y, lo que es lo mismo, tomando en serio la temporalidad e historicidad humanas. Creo que estos son los dos &lt;i&gt;filosofemas&lt;/i&gt; decisivos de nuestra actualidad. Ah&#237; est&#225; tambi&#233;n el coraz&#243;n de la filosof&#237;a levinasiana: el tiempo y el otro. El pensamiento encerrado en s&#237; mismo (que no entiende ni acepta la diferencia ni la otredad), no requiere del otro, y, lo que es lo mismo, no toma en serio al tiempo; es como pensar la inmanencia de la conciencia. En cambio, el pensamiento existencial, consiste en pensar la trascendencia absoluta del otro; es di&#225;logo de alteridad e historicidad, pleno de humanidad, es pensamiento &#233;tico de la responsabilidad concreta con y para los dem&#225;s, y supone aceptar la diferencia y la diversidad. Por eso, la realidad humana es social (as&#237; sea un infierno en el sentido sartreano) antes de ser razonable; la vida es una novela (o una pel&#237;cula) antes que un tratado filos&#243;fico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Tratando de concluir lo que a&#250;n no est&#225; terminado: &#191;Qu&#233; desear?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La existencia humana puede vivirse, experimentarse, de m&#250;ltiples formas. No es lo mismo captar, percibir, seducir, vislumbrar, observar, analizar, reflexionar, aprender, ense&#241;ar y comprender, aun cuando todas esas acciones vitales puedan englobarse en la idea de &#8220;experimentar&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb11&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El concepto experiencia tiene una historia muy &#8220;cargada&#8221;, pues ella, como (&#8230;)&#034; id=&#034;nh11&#034;&gt;11&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&#8221;. Un aut&#233;ntico fil&#243;sofo, que realiza una reflexi&#243;n filos&#243;fica cr&#237;tica y pertinente es, precisamente, quien tiene una experiencia (digamos que tiene una &#8220;experiencia saboreada y gozada&#8221;) a partir de y en su propia &lt;i&gt;praxis&lt;/i&gt;. La filosof&#237;a es entonces la acci&#243;n que se deleita al saborear la experiencia vital y, haci&#233;ndolo, la transforma (genera cambios) y evoluciona en s&#237; misma como pensamiento; es una actividad que supone una reflexi&#243;n no solamente intelectual, y una cr&#237;tica, no simplemente racional.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el pr&#243;logo de su obra &lt;i&gt;La &#8220;reflexi&#243;n&#8221; cotidiana: Hacia una arqueolog&#237;a de la experiencia&lt;/i&gt;, el fil&#243;sofo chileno Humberto Giannini (1987) dice algo que compartimos:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Cuando se dice que la filosof&#237;a tiene un aspecto esencialmente autobiogr&#225;fico &#8211;e incluso diar&#237;stico&#8211; se est&#225; diciendo de otro modo que la filosof&#237;a, s&#237; quiere conservar su seriedad, sus referencias concretas, no debe desterrar completamente de sus consideraciones el modo como el fil&#243;sofo viene a encontrarse implicado y complicado en aquello que ex-plica. (&#8230;). Y esto lleva, a nuestro parecer, a abordar directa, sistem&#225;ticamente, el tema de la vida cotidiana, que es lo que haremos en los pr&#243;ximos cap&#237;tulos. (p. 11)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&#191;Qu&#233; nos quiere decir este pensador? Que el aut&#233;ntico filosofar viene adherido a las cosas cotidianas, a las vivencias ordinarias que el fil&#243;sofo experimenta cada d&#237;a, sin por ello desistir del rigor acad&#233;mico, ni tampoco renunciar a nuestro deseo de trascender. Si la filosof&#237;a tiene que ver con cuestiones propias e inseparables de la realidad humana, cuestiones existenciales o vitales, cuestiones generalmente tan normales, cotidianas y recurrentes que son ignoradas, es necesario, entonces, que su observaci&#243;n, an&#225;lisis, reflexi&#243;n y problematizaci&#243;n vaya acompa&#241;ada por estimulantes del deseo que generen placer y, con ello, vayan contribuyendo a una vida mejor, m&#225;s plena y feliz:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Hay que partir del deseo. No solo porque &#8220;el deseo es la esencia misma del hombre&#8221;, como escribe Spinoza, sino tambi&#233;n porque la felicidad es lo deseable absoluto, como lo demuestra Arist&#243;teles, y finalmente porque ser feliz es, al menos en una primera aproximaci&#243;n, tener lo que se desea. Encontramos esta &#250;ltima idea en Plat&#243;n, en Epicuro, en Kant y, en el fondo, en cada uno de nosotros. (Comte-Sponville, 2001, pp. 26-27)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Un fil&#243;sofo es, en sentido estricto, quien ha logrado percibir la conformidad profunda entre deseo y realidad. Desear la sabidur&#237;a es ansiar el deseo como anhelo pertinente y total. As&#237; interpreto a Lyotard cuando escribi&#243;: &#8220;Filosofar no es desear la sabidur&#237;a, es desear el deseo&#8221; (1989 p. 95).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando hablo aqu&#237; de deseos y creencias/saberes (sea como estados o como actitudes intencionales) lo hago siempre correlacion&#225;ndolos con el resultado de la acci&#243;n, es decir, que actuamos para satisfacer deseos (y aqu&#237; la creencia estar&#237;a al servicio del deseo) o deseamos para posibilitar una acci&#243;n (y aqu&#237; el deseo estar&#237;a en manos de la creencia). Es obvio, entonces, que entiendo el quehacer filos&#243;fico en sentido activo: filosofar no es s&#243;lo pensar, o quedarse extasiado ante lo que nos asombra; es un pensar reflexivo y praxeol&#243;gico que termina siendo una forma de vida y de acci&#243;n comprometida. En otras palabras: nos interesa ante todo que nuestras creencias den en el clavo porque de no ser as&#237; los deseos correlativos jam&#225;s podr&#237;an satisfacerse. Y ello significa que, s&#237; tenemos las creencias adecuadas, nuestros deseos van a ser apropiados; o que si nos confundimos sobre nuestros deseos puede haber sido porque los contenidos de nuestras creencias fueron manipulados. Las creencias no s&#243;lo dependen de las posibilidades de la acci&#243;n sino tambi&#233;n de la &#8220;mismidad&#8221; de nuestros deseos. Es fil&#243;sofo quien encauza sus fuerzas en la lucha contra la confusi&#243;n del deseo. Como dir&#225; Nietzsche en toda su madurez: &#8220;Pues toda pulsi&#243;n es dominadora: y en cuanto tal intenta filosofar&#8221; (1999, p. 6). La acci&#243;n se inicia en el interior de todo pensador.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Recuerdo ahora ese bello poema de Rosal&#237;a de Castro&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb12&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Rosal&#237;a de Castro (1837-1885) tanto en gallego como castellano. Considerada (&#8230;)&#034; id=&#034;nh12&#034;&gt;12&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; en el segundo libro de &lt;i&gt;Follas Novas&lt;/i&gt; (2009), con el desasosegante t&#237;tulo de &lt;i&gt;&#191;Qu&#233;n non xime? (&#191;Qui&#233;n no gime?)&lt;/i&gt;, que plantea la angustia &#237;ntima y profunda, el &lt;i&gt;desacougo&lt;/i&gt; (malestar, angustia existencial) propio del mundo moderno; siento que desvela la relaci&#243;n de ese mundo con esa contingencia del deseo que algunos llaman confusi&#243;n. Versos que invitan a seguir pensando la misi&#243;n de la filosof&#237;a en el mundo que nos ha tocado y donde, por suerte o desgracia, han de andar juntos el pensador y el poeta, como tambi&#233;n ense&#241;&#243; Heidegger, sobre todo cuando ocurre la absoluta separaci&#243;n entre lo exterior y lo interior. Con Rosal&#237;a, pero tambi&#233;n con Heidegger, hay que pedir paciencia, la virtud m&#225;s filos&#243;fica y la m&#225;s ardua e inalcanzable:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Cand' unha peste arrebata (Cuando una peste arrebata)&lt;br class='autobr' /&gt;
homes tras homes, n' hai m&#225;is (hombres tras hombres, no hay m&#225;s)&lt;br class='autobr' /&gt;
qu' enterrar de pr&#233;sa &#243;s mortos, (que enterrar de prisa a los muertos)&lt;br class='autobr' /&gt;
baixa-la frente, e esperar (bajar la frente y esperar)&lt;br class='autobr' /&gt;
que pasen as correntes apestadas&#8230; (que pasen las corrientes apestadas)&lt;br class='autobr' /&gt;
&#161;que pasen&#8230; qu' outras vendr&#225;n! (que pasen&#8230; que otras vendr&#225;n)&lt;br class='autobr' /&gt;
(Follas Novas, 11, 37)&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb13&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Este poema fue cantado por Amancio Prada:&#034; id=&#034;nh13&#034;&gt;13&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Cuando en filosof&#237;a nos referimos al deseo, es imposible no retomar el di&#225;logo plat&#243;nico &lt;i&gt;El Banquete&lt;/i&gt; que nos recuerda que el quehacer filos&#243;fico es una b&#250;squeda incesante del deseo de desear, por el simple placer de hacerlo. Por la doble naturaleza originaria de Eros, ya lo dijimos, el amor surge como un impulso activo que lleva a desear las cosas buenas y bellas, es decir, la sabidur&#237;a. Ese impulso activo es el deseo que est&#225; conectado a lo que Lyotard llama una &#8220;estructura de presencia y ausencia&#8221; (Lyotard 1989 p. 88). El amor siempre es conciencia de la ausencia de perfecci&#243;n, por eso se relaciona con el deseo (b&#250;squeda, indagaci&#243;n, impulso) que supone la actividad misma del filosofar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Creo que las verdades no s&#243;lo se dicen, se tienen que experimentar, vivir, y desde ellas construir nuestras vidas en la realidad cotidiana. Porque la verdad no es simplemente correspondencia entre el hecho y la &#8220;realidad&#8221; (&#191;cu&#225;l realidad? &#8230; un problema ontol&#243;gico inmenso), ni entre el hecho y su interpretaci&#243;n (de por s&#237; ya una cuesti&#243;n epistemol&#243;gica muy ardua), sino que la verdad nace del deseo vital, de la lucha ca&#243;tica por existir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Baudrillard, J. (2009). &lt;i&gt;La sociedad de consumo. Sus mitos. Sus estructuras&lt;/i&gt;. Siglo XXI.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bret&#243;n, A. (2008). &lt;i&gt;El amor loco&lt;/i&gt;. Alianza Literaria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (1982). &lt;i&gt;Mi &#250;ltimo suspiro.&lt;/i&gt; Plaza &amp; Janes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Calvo, A. (1991). &#8220;Filosof&#237;a y deseo&#8221; en &lt;i&gt;Universitas Philosophica&lt;/i&gt; 17-18: 9-25. &lt;a href=&#034;https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/vniphilosophica/article/view/11570&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://revistas.javeriana.edu.co/index.php/vniphilosophica/article/view/11570&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Comte-Sponville, A. (2001). &lt;i&gt;La felicidad, desesperadamente&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De Castro, R. (2009). &lt;i&gt;Follas novas&lt;/i&gt;. Akal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Deleuze, G, (2004). &lt;i&gt;Spinoza. Filosof&#237;a pr&#225;ctica&lt;/i&gt;. F&#225;bula Tusquets Editores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Deleuze, G. y Parnet, C. (1980). &lt;i&gt;Di&#225;logos.&lt;/i&gt; Pre-Textos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Epicuro (1987). &lt;i&gt;Lettres et maximes.&lt;/i&gt; PUF.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Giannini, H. (1987). &lt;i&gt;La &#8220;reflexi&#243;n&#8221; cotidiana: Hacia una arqueolog&#237;a de la experiencia.&lt;/i&gt; Editorial Universitaria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Juliao, C.G. (2015). &lt;i&gt;Siempre a un paso de ser profundamente humano. Momentos de lucidez existencial.&lt;/i&gt; Uniminuto. &lt;a href=&#034;http://hdl.handle.net/10656/4209&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://hdl.handle.net/10656/4209&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Juliao, C.G. (2019). &lt;i&gt;Tomar la filosof&#237;a en serio. Aproximaciones praxeol&#243;gicas al oficio de filosofar.&lt;/i&gt; Uniminuto. &lt;a href=&#034;https://hdl.handle.net/10656/7362&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://hdl.handle.net/10656/7362&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1977). &lt;i&gt;Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad.&lt;/i&gt; S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finkielkraut, A. (2017). &lt;i&gt;La sabidur&#237;a del amor. Generosidad y posesi&#243;n.&lt;/i&gt; Gedisa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kant, E. (2000). &lt;i&gt;L&#243;gica. Un manual de lecciones.&lt;/i&gt; Akal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lyotard, J-F. (1989). &lt;i&gt;&#191;Por qu&#233; filosofar?&lt;/i&gt; Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nietzsche, F. (1999). &lt;i&gt;M&#225;s all&#225; del bien y del mal. Preludio de una filosof&#237;a del futuro.&lt;/i&gt; Alianza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nussbaum, M. (2003). &lt;i&gt;La terapia del deseo: Teor&#237;a y pr&#225;ctica de la &#233;tica helen&#237;stica.&lt;/i&gt; Paidos Ib&#233;rica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Onfray, M. (2000). &lt;i&gt;La construcci&#243;n de uno mismo. La moral est&#233;tica.&lt;/i&gt; Perfil.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Onfray, M. (2002). &lt;i&gt;Teor&#237;a del cuerpo enamorado&lt;/i&gt;. Pre-Textos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Onfray, M. (2007). &lt;i&gt;Las sabidur&#237;as de la antig&#252;edad. Contrahistoria de la filosof&#237;a I&lt;/i&gt;. Anagrama.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Onfray, M. (2008). &lt;i&gt;La fuerza de existir. Manifiesto hedonista&lt;/i&gt;. Anagrama.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Plat&#243;n (1983). &lt;i&gt;El banquete. Fed&#243;n. Fedro.&lt;/i&gt; Ediciones Orbis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rojas, E. (2004). &lt;i&gt;Los lenguajes del deseo. Claves para orientarse en el laberinto de las pasiones&lt;/i&gt;. Temas de hoy.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rosenzweig, F. (2007). &lt;i&gt;La Estrella de la Redenci&#243;n&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Santiago, G. (2008). &lt;i&gt;Intensidades filos&#243;ficas. S&#243;crates. Epicuro. Spinoza. Nietzsche. Deleuze.&lt;/i&gt; Paidos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sartre, J. P. (1972). &lt;i&gt;El Ser y la Nada.&lt;/i&gt; Losada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sztajnszrajber, D. (2019). &lt;i&gt;Filosof&#237;a en 11 frases&lt;/i&gt;. Ariel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias filmogr&#225;ficas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1928). &lt;i&gt;El perro andaluz&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Les Grands Films Classiques.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1930). &lt;i&gt;La edad de oro&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Vicomte de Noailles.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1936). &lt;i&gt;Madrid&lt;/i&gt; [pel&#237;cula].&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1950). &lt;i&gt;Los olvidados&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Ultramar films.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1952). &lt;i&gt;Subida al cielo&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Producciones Isla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1955). &lt;i&gt;Ensayo de un crimen&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Alianza Cinematogr&#225;fica Espa&#241;ola.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1963). &lt;i&gt;Diario de una camarera&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Speva, Filmalliance, Filmsonor (Francia) y Dear Film (Italia).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1966). &lt;i&gt;Belle de jour&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Robert et Raymond Hakim; Paris Film Productions; Five Film.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1968). &lt;i&gt;La v&#237;a l&#225;ctea&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Greenwich Films Production (Francia) y Fraisa (Italia).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1970). &lt;i&gt;Tristana&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. &#201;poca Films; Talia Films; Selenia Cinematogr&#225;fica; Les Films Corona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1970). &lt;i&gt;El discreto encanto de la burgues&#237;a&lt;/i&gt; (1972) [pel&#237;cula]. Greenwich Film Productions.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bu&#241;uel, L. (director) (1977). &lt;i&gt;Ese oscuro objeto del deseo&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Greenwich Film Productions; Les Films Galaxie; In-Cine Compa&#241;&#237;a Industrial Cinematogr&#225;fica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lang, F. (director) (1921). &lt;i&gt;Las tres luces&lt;/i&gt; [pel&#237;cula]. Decla-Bioscop AG; Decla-Bioskop.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ver la entrevista concedida, el 11 de abril de 2019, a Amalia Mosquera, y publicada en &lt;i&gt;Filosof&#237;a&amp;Co&lt;/i&gt;, en &lt;a href=&#034;https://www.filco.es/dario-sztajnszrajber-filosofia-demoledora-de-toda-firmeza/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.filco.es/dario-sztajnszrajber-filosofia-demoledora-de-toda-firmeza/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El verbo latino tal vez proviene de la expresi&#243;n &#8220;de sidere&#8221; (fuera de las estrellas), con el significado de &#8220;extra&#241;ar, echar de menos&#8221; o literalmente &#8220;esperar a lo que las estrellas nos traigan&#8221;; y, por tanto, en sentido figurado &#8220;buscar, desear&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El epicure&#237;smo es la escuela filos&#243;fica m&#225;s difamada en la historia occidental, al punto que el imaginario popular no deja reconocer su aut&#233;ntica doctrina. Esta deformaci&#243;n comenz&#243; cuando Epicuro fund&#243; su escuela: bast&#243; la reiterada aparici&#243;n del t&#233;rmino &lt;i&gt;placer&lt;/i&gt; en sus ense&#241;anzas para suscitar recelos al punto de compararlo con un cerdo (Tim&#243;n de Fliunte fue el primero en usar esta imagen porcina, que luego popularizar&#237;a Horacio, en su &lt;i&gt;IV Ep&#237;stola&lt;/i&gt;, donde se describe a s&#237; mismo como un &#8220;&lt;i&gt;Epicuri de grege porcum&lt;/i&gt;&#8221;). Di&#243;genes Laercio relata todo esto en el Libro X, 3-9 de su &lt;i&gt;Vida y opiniones de los fil&#243;sofos ilustres.&lt;/i&gt; Luego, estoicos y cristianos se encargar&#237;an de mantener este desprestigio; Dante, por ejemplo, lo condena al sexto c&#237;rculo de su infierno.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;&#191;Por qu&#233; el amante quiere ser amado? Si el amor (&#8230;) fuera puro deseo de posesi&#243;n f&#237;sica, podr&#237;a ser (&#8230;) f&#225;cilmente satisfecho (&#8230;) el amor quiere cautivar la &#8216;conciencia'. Pero &#191;por qu&#233; (&#8230;)? &#191;Y c&#243;mo? La noci&#243;n de &#8216;propiedad', por la cual (&#8230;) se explica el amor, no puede ser primera (&#8230;) &#191;Por qu&#233; iba a querer apropiarme del pr&#243;jimo sino (&#8230;) en tanto que (&#8230;) me hace ser? (&#8230;) esto implica (&#8230;) un cierto modo de apropiaci&#243;n: queremos apoderarnos de la libertad del otro (&#8230;) el que quiere que lo amen no desea el sometimiento del ser amado. No quiere convertirse en el objeto de una pasi&#243;n desbordante y mec&#225;nica. No quiere poseer un automatismo y, si se quiere humillarlo, basta hacer que se represente la pasi&#243;n del ser amado como el resultado de un determinismo psicol&#243;gico: &#233;l se sentir&#225; desvalorizado en su amor y en su ser&#8221; (1972, p. 458).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El surrealismo, surgido del dada&#237;smo, tuvo su apogeo en Francia durante los a&#241;os veinte y comienzos de los treinta influyendo primero en la literatura con escritores como Bret&#243;n (su principal representante), Apollinaire, Aragon, Eluard, Desmos, Peret, Soupault y Reverdy; luego se extiende a las artes pl&#225;sticas donde sobresalen Dal&#237;, Mir&#243;, Giacometi, Man Ray, Delvaux, Masson, Tanguy, Ernst y claro, Bu&#241;uel. Es una posici&#243;n ideol&#243;gica, pol&#237;tica y social, frente y contra los valores burgueses tradicionales, que pretende un cambio, expresado en una clara provocaci&#243;n con un innovador estilo formal.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Se puede ver &lt;i&gt;El amor loco&lt;/i&gt; de Andr&#233; Bret&#243;n (2008), que pese a de ser uno de sus escritos fundamentales sigue siendo un enigma para el lector espa&#241;ol. Malpartida, editor, prologuista y traductor de la edici&#243;n espa&#241;ola del cl&#225;sico surrealista, lo describe como &#8220;azar, hallazgo, pasi&#243;n&#8221;, como &#8220;libro de vagabundeo&#8221; de innegable valor, y se&#241;ala que &#8220;seguir a Breton por sus vagabundeos por Par&#237;s o Tenerife es asistir al acto mismo de la creaci&#243;n po&#233;tica&#8221;. Este libro fusiona cr&#243;nica, ensayo y poema en prosa, casualidad y deseo, lo vital y lo on&#237;rico, en una perspectiva donde el ser humano y el mundo mantienen siempre una misteriosa y m&#225;gica interrelaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Parece que el Marqu&#233;s de Sade influy&#243; bastante en Bu&#241;uel desde que ley&#243; &lt;i&gt;Las 120 jornadas de Sodoma&lt;/i&gt; en los a&#241;os 1920, antes del rodaje de &lt;i&gt;La Edad de Oro&lt;/i&gt;, cuando era una novela prohibida: &#8220;Me caus&#243; una impresi&#243;n mayor a&#250;n que la lectura de Darwin&#8221;. Desde ese momento su cine estuvo impregnado de las ideas del Marqu&#233;s, sobre todo aquella que Bu&#241;uel resume as&#237;: &#8220;La imaginaci&#243;n es libre, pero el hombre no&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Bu&#241;uel siempre dijo que fue algo casual y que las escenas se repartieron indiferentemente. Pero algunos autores han querido identificar a una con lo espiritual y a otra con lo m&#225;s pasional, identific&#225;ndolas con las dos hermanas sadianas: Justine, ejemplo de la virtud, y Juliette, prototipo del vicio.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Es curioso que Bu&#241;uel, al referirse a esta pel&#237;cula diga: &#8220;A los homosexuales no les gust&#243; esta pel&#237;cula. Nunca comprender&#233; porqu&#233;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb10&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh10&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 10&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;10&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Rosenzweig es un pensador jud&#237;o que se propone la ambiciosa tarea de ofrecer nuevas categor&#237;as y valores filos&#243;ficos que sustituyan los construidos desde Parm&#233;nides hasta Hegel, pues, seg&#250;n &#233;l, dicha filosof&#237;a termin&#243; en el siglo XIX, como &#8220;viejo pensamiento&#8221; que cumpli&#243; su tarea al pensar la Totalidad; ahora se requiere una manera nueva de pensar. La &lt;i&gt;Estrella de la Redenci&#243;n&lt;/i&gt; recoge el trabajo de toda su vida, y refleja, en una sistem&#225;tica tan audaz como la hegeliana (aunque totalmente opuesta a ella), todos los caminos y fases de la experiencia humana, pero situando en el centro a la Biblia en vez de la filosof&#237;a griega cl&#225;sica.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb11&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh11&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 11&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;11&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El concepto &lt;i&gt;experiencia&lt;/i&gt; tiene una historia muy &#8220;cargada&#8221;, pues ella, como origen incontenible de todo contenido posible del pensar, se presenta como l&#237;mite &#8211;principio y fin&#8211; de todo concepto, empezando porque la experiencia es intransferible, pues siempre hay que hacer la prueba por s&#237; mismo. Adem&#225;s, porque el lenguaje nunca logra expresar (conceptualizar) la experiencia vivida: puede servirme para relatar (testimoniar) lo que he experimentado, pero no puedo hacer part&#237;cipe al otro, gracias a mi relato, de la experiencia misma que &#233;l podr&#237;a tener (sentir en s&#237; mismo) y cuyo resultado ser&#237;a diferente del m&#237;o. Y, sin embargo, una experiencia no es cualquier vivencia sino la elaboraci&#243;n de lo experimentado en un &lt;i&gt;relato&lt;/i&gt; significativo para otros. Por &#250;ltimo, si se acepta que la reflexi&#243;n filos&#243;fica es &#8220;hacer la experiencia&#8221; de un concepto desde los l&#237;mites que lo determinan (l&#243;gicos e hist&#243;ricos) esto vale sobre todo para el concepto mismo de experiencia, que es, de alg&#250;n modo, el concepto del l&#237;mite como tal. En base a lo anterior se puede caracterizar el &#8220;experimentar filos&#243;fico&#8221; con estos tres rasgos: (a) implica una construcci&#243;n articulada de los acontecimientos (no es un mero registro de datos) porque la experiencia se hace (no se tiene pasivamente); (b) tiene un car&#225;cter intersubjetivo pues, si bien es el sujeto quien experimenta, s&#243;lo en la medida en que cuenta con los elementos de una tradici&#243;n que le d&#233; sentido a su vivencia y la inscriba en un marco comunitario, la transforma en aut&#233;ntica experiencia; y (c) la experiencia no es anterior al lenguaje ni est&#225; separada de &#233;l, pues el lenguaje es el medio que la hace posible, que la constituye. Si enmudecemos ante algo, sin poder comunicarlo, significa que ser&#237;amos incapaces de &#8220;hacer la experiencia&#8221; de dicha vivencia.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb12&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh12&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 12&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;12&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Rosal&#237;a de Castro (1837-1885) tanto en gallego como castellano. Considerada entre los grandes poetas espa&#241;oles del siglo XIX, es figura emblem&#225;tica del &lt;i&gt;Rexurdimento gallego&lt;/i&gt;, no solo por su obra (&lt;i&gt;Cantares gallegos&lt;/i&gt; es la m&#225;xima obra de la literatura gallega contempor&#225;nea), sino por terminar siendo el s&#237;mbolo del pueblo gallego. Adem&#225;s, junto con B&#233;cquer, es considerada precursora de la poes&#237;a espa&#241;ola moderna.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb13&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh13&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 13&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;13&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Este poema fue cantado por Amancio Prada: &lt;a href=&#034;https://www.youtube.com/watch?time_continue=12&amp;v=2NDgxd6Jmds&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.youtube.com/watch?time_continue=12&amp;v=2NDgxd6Jmds&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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