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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>Psychoanalysis in Cinema and Theater</title>
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		<dc:date>2023-07-12T12:21:15Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Carlos Alexis Cabrera Kahuazango</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The film or theater director finds himself traversed by the discourse of his time and era, added to the works that he has previously digested to build his scripts and particular cinematographic style. Also, it has been disrupted by the influence of its viewers as direct consumers of his work. In this sense, the filmmaker recognizes himself not only during the creative process of the film in relation to expressiveness and communication with his actors, even his goal goes beyond the construction of the film, it requires a symbolic setting to share his message and finally be able to fully recognize himself through the criticism of the Other when he projects his long-awaited &#034;final product&#034;. On the contrary, the spectator or film buff goes in another direction, since he does not carry out a catharsis or sublimation, but rather a complementary psychic work that consists of identification, embodied in the consumption and interpretation of the films he watches, because unconsciously the subject is a vector that is represented with many tragic and dramatic activities projected on the screen or in theaters.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Cinema | Psychoanalysis | Director | Spectator&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-13-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 13 | N&#186; 2 &lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Grupo de investigaci&#243;n libres pensadores Universidad de Nari&#241;o &#8211; Colombia&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Psicoanalisis-en-el-cine-y-el-teatro' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Psicoan&#225;lisis en el cine y el teatro&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Psicoan&#225;lisis en el cine y el teatro</title>
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		<dc:date>2023-07-07T14:13:10Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Carlos Alexis Cabrera Kahuazango</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El director de cine y de teatro se encuentra atravesado por el discurso de su tiempo y &#233;poca, sumado a las obras que previamente ha digerido para construir sus guiones y estilo cinematogr&#225;fico particular; tambi&#233;n, se haya trastocado por el influjo de sus espectadores como consumidores directos de su obra. En este sentido, el cineasta se reconoce a s&#237; mismo no solo durante el proceso creativo de la pel&#237;cula en relaci&#243;n a la expresividad y comunicaci&#243;n con sus actores, incluso su meta va m&#225;s all&#225; que la construcci&#243;n del film, requiere de un escenario simb&#243;lico para compartir su mensaje y finalmente poder reconocerse por completo a trav&#233;s de la cr&#237;tica del Otro cuando proyecta su tan ansiado &#8220;producto final&#8221;. Contrariamente, el espectador o cin&#233;filo va hacia otra direcci&#243;n, ya que no realiza una catarsis o sublimaci&#243;n, pero s&#237; un trabajo ps&#237;quico complementario que consiste en la identificaci&#243;n, plasmada en el consumo e interpretaci&#243;n de las pel&#237;culas que observa, pues inconscientemente el sujeto es un vector que se encuentra representado con muchas actividades tr&#225;gicas y dram&#225;ticas proyectadas en la pantalla o en los salones de teatro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Cine | Psicoan&#225;lisis | Director | Espectador&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Psychoanalysis-in-Cinema-and-Theater' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-13-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 13 | Nro 2 | JULIO 2023&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Grupo de investigaci&#243;n libres pensadores Universidad de Nari&#241;o &#8211; Colombia&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Breve historia del cine y el teatro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para iniciar, es menester recalcar la relaci&#243;n inexorable entre dos disciplinas que han caminado juntas desde finales del siglo XIX hasta la presente fecha, albores del siglo XXI; estas pr&#225;cticas son el cine y psicoan&#225;lisis. De manera oficial el cine nace un 28 de diciembre de 1895 por obra de los hermanos Auguste y Louis Lumi&#232;re, d&#237;a en el que proyectaron sus patentes de im&#225;genes frente a un p&#250;blico en el sal&#243;n Indio del Gran Caf&#233; en la ciudad de Par&#237;s (Acosta, 2018). Sin embargo, a este estreno rudimentario, pero apote&#243;sico, lo prosiguen dos acontecimientos significativos para la evoluci&#243;n del cine: en 1896, un a&#241;o despu&#233;s el cineasta George M&#233;li&#232;s descubre por accidente las transformaciones que se pueden llevar a cabo con las im&#225;genes, agregando un aire de fantas&#237;a al espectador ya que es posible generar efectos de distorsi&#243;n a la imagen real, all&#237; nace por casualidad lo que se conoce como &lt;i&gt;cine de ficci&#243;n&lt;/i&gt;; pero solo hasta 1926, los hermanos Warner tienen un deseo por estimular al p&#250;blico, ellos a&#241;aden la circunscripci&#243;n del sonido en palabras y abocan una propuesta arriesgada, dando as&#237; g&#233;nesis al &lt;i&gt;cine hablado&lt;/i&gt; (&#193;lvarez, 2014). As&#237; pues, la palabra es el registro simb&#243;lico y significante amo que anuda los t&#233;rminos cine y psicoan&#225;lisis, que provienen de dicha cadena de significantes y que se abordar&#225;n en el presente estudio reflexivo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde aquel momento en el tiempo parece imposible apartar al s&#233;ptimo arte de una narraci&#243;n oral; lo anterior logra afianzar y atrapar la atenci&#243;n del espectador, a veces llenando los enigmas del guion f&#237;lmico, sobre todo cuando tienen un final abierto, pues cada cual cree que una historia acaba de acuerdo a lo que su subjetividad le dicta y escoge a su singular provecho. Ahora bien, por otra parte Freud, el inventor del m&#233;todo cl&#237;nico psicoanal&#237;tico, no compaginaba del todo con la gesta del cine de su &#233;poca, esto explica Saban (2014), porque consideraba al cine como una labor &#8220;prematura&#8221; e &#8220;insuficiente&#8221;, decant&#225;ndose as&#237; por la escritura debido a su riqueza en sintaxis y palabras, lo cual se requiere en la complejidad de un caso cl&#237;nico, puesto que su expresi&#243;n, comparada al cine, es concisa y menos ambigua; en contraste, el &lt;i&gt;cine es capcioso&lt;/i&gt; en el sentido que dificulta encontrar un punto de equilibrio o cohesi&#243;n entre lo tangible de una imagen, con lo intangible que tiene el contenido de una palabra (Saban, 2014).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adem&#225;s, una ultranza de la escritura es que posee un estatuto polis&#233;mico y sem&#225;ntico muy amplio entre sus palabras, lo que facilita la apertura y despliegue del significante amo para representar otro significante que constituye al sujeto en su decir. En este contexto, algo permanece oculto respecto al lenguaje, pues comentar es aceptar la supremac&#237;a del significado sobre el significante para hacer murmurar un contenido que no estaba rotundamente significado (Foucault, 2012). En contraste a lo dicho, Lacan pensar&#225; a manera de dorso con respecto al campo ling&#252;&#237;stico y sem&#225;ntico de la gram&#225;tica, pues para el psicoanalista franc&#233;s es el significante el que se superpone por encima del significado, tambi&#233;n es el que lo preside y lo coadyuva en un orden y sentido inconsciente o simb&#243;lico, por eso el inconsciente es el que est&#225; estructurado como un lenguaje, y no es el inconsciente el que configura o crea el lenguaje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este sentido, Freud (1905) en &#8220;Fragmento de an&#225;lisis de un caso de histeria&#8221; refiri&#233;ndose al caso Dora fue espec&#237;fico en decir que sus casos cl&#237;nicos ten&#237;an la vasta amplitud de una novela, pero deber&#237;an ser le&#237;dos siempre con una intenci&#243;n terap&#233;utica; adem&#225;s, una vez deshebrados, consideraba compromiso con la ciencia publicar los resultados obtenidos de sus estudios sobre la histeria y neurosis, ya que el trabajo de construcci&#243;n de un &lt;i&gt;saber cl&#237;nico&lt;/i&gt; es un aporte cient&#237;fico para el bien com&#250;n y sus postulados contribuir&#237;an al bienestar y cura de pr&#243;ximos enfermos. Al respecto menciona:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;S&#233; que hay al menos en esta ciudad muchos m&#233;dicos que querr&#225;n leer un caso cl&#237;nico de esta &#237;ndole como una novela con clave destinada a su diversi&#243;n y no como una contribuci&#243;n a la psicopatolog&#237;a de la neurosis. (Freud, 1905, p. 8)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;As&#237; las cosas, en estos casi 100 a&#241;os despu&#233;s, superadas la mayor&#237;a de cr&#237;ticas que Freud hiciera contra la vinculaci&#243;n de la interpretaci&#243;n psicoanal&#237;tica y el cine como medio ilustrativo para trasladar sus teor&#237;as, este &#250;ltimo ha evolucionado como una labor expresiva del arte y la ciencia, razones las cuales no impiden que se pueda dar un quehacer a partir de lectura anal&#237;tica con pel&#237;culas, equivalentes al &#8220;arte de las im&#225;genes en movimiento&#8221; (Acosta, 2018); por ello es importante preguntarse &lt;i&gt;&#191;cu&#225;l es el trabajo ps&#237;quico que realiza no solo el director, sino el espectador de una pel&#237;cula?&lt;/i&gt; Para responder dicho interrogante es necesario parafrasear a Metz (2002), en su libro &lt;i&gt;Psicoan&#225;lisis y cine: el significante imaginario&lt;/i&gt; donde se asegura que el espectador se relaciona con las pel&#237;culas de la misma manera como lo hace con un objeto, esta es una relaci&#243;n fantasm&#225;tica que difiere de las relaciones reales, el sujeto se vuelve voyerista y la pel&#237;cula puede ser un &#8220;buen o mal objeto&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Podemos incluir que Freud concibe las pel&#237;culas como s&#237;ntomas o formaciones neur&#243;ticas del director de cine. No obstante, el espectador frecuentemente logra inocular una identificaci&#243;n proyectiva, trasladando gran parte de sus afectos en el largometraje que ha conseguido el proceso creativo del cineasta y puesta en escena de los actores, pues como consumidor de la industria del cine tiene una m&#225;quina mental hist&#243;ricamente introyectada que lo alistan para digerir pel&#237;culas, consiguiendo identificarse con una pel&#237;cula y proyectar muchos asuntos de su vida an&#237;mica (Metz, 2002).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por otra parte, la pel&#237;cula es un medio que propende a que el sujeto se refleje en la pantalla; a diferencia de un libro, el individuo no se involucra en la creaci&#243;n de una escena, pues la escena est&#225; terminada &lt;i&gt;per se&lt;/i&gt; en la proyecci&#243;n; en cambio el libro obliga a que el psiquismo de la persona trabaje m&#225;s al construir un cuerpo imaginario; en la pel&#237;cula las cosas est&#225;n dadas, por lo que se dejan solo algunos recursos a la imaginaci&#243;n, sucede completamente un fen&#243;meno de identificaci&#243;n, pues el espectador est&#225; sujetado a lo que dictamine el guion, es un consumidor directo. En complemento, el cine tiene doble significante: uno visual y otro auditivo; este imaginario junta una presencia y ausencia actuando como espejo del yo desde el orden imaginario, &lt;i&gt;se proyecta todo menos el cuerpo del espectador&lt;/i&gt;, por eso su &lt;i&gt;yo espectatorial&lt;/i&gt; se identifica con un personaje de la ficci&#243;n, sin embargo no participa, por eso tambi&#233;n se identifica con la c&#225;mara es &#8220;omnipercibiente y omnipotente como un Dios (...) la pantalla grande constituye un espejo para el hombre, refleja todo menos a &#233;l mismo&#8221; (Metz, 2002, p. 64) . &lt;br class='autobr' /&gt;
Dicho esto, las im&#225;genes audiovisuales pueden conducir a diferentes efectos en el espectador. Por un lado, el cine se convierte en un medio de desubjetivaci&#243;n cuando el sujeto queda aprehendido por el imaginario del espejo; al instante la imagen especular lo fascina de forma tan desorbitada, hasta llegar a borrar su condici&#243;n deseante, por tanto, lo que sucede es la ausencia de muchas de sus caracter&#237;sticas o rasgos de personalidad, quedando atrapado, alienado y enajenado al mandato y goce esc&#243;pico como vehemente espectador del Otro en pantalla. Empero, esto no sucede con todos los individuos: a muchos espectadores les resulta casi natural y c&#243;modo identificarse con la narrativa visual sin necesidad de estar enajenados o anonadados, y s&#237; meditabundos, reflexionando los hechos, permutando de este modo un medio de expresi&#243;n o de identificaci&#243;n proyectiva de la propia vida subjetiva. Como misi&#243;n, el s&#233;ptimo arte logra despertar algunos asuntos de su vida an&#237;mica e historicidad biogr&#225;fica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este orden de ideas, es conveniente mencionar que el cine es nombrado con el significante de &#8220;s&#233;ptimo arte&#8221;, recalcando as&#237; su juventud, pues su aparici&#243;n data hace poco m&#225;s de 100 a&#241;os, en comparaci&#243;n a los otros seis tipos de arte que lo anteceden, e influyen t&#225;citamente en su creaci&#243;n; uno de los que m&#225;s se le parece es el teatro, este surge entre los siglos VI y III a. C.; y con vasta aceptaci&#243;n y unanimidad, se considera por los expertos a la Antigua Grecia la cuna geogr&#225;fica del teatro. El hombre atravesado por la cultura y la civilizaci&#243;n siempre ha tenido la necesidad de rendir homenajes, pleites&#237;as y sacrificios a sus deidades, para que les contin&#250;en proveyendo de cuidado, alimentaci&#243;n y protecci&#243;n frente a los fen&#243;menos naturales; es de esta manera, como el hombre es un ser mim&#233;tico, capaz de camuflarse, actuar y replicar los actos que recibe de su entorno, de reproducirlos para parecerse en su lenguaje verbal (voz) y no verbal (gestos), por consiguiente:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;A partir de una serie de rituales que se celebraban en honor al dios Dionisio (fiestas dionis&#237;acas), divinidad que representaba la vegetaci&#243;n, la fertilidad, las cosechas, la vida, el vino. En un principio se relataban haza&#241;as y peripecias de Dionisio, pero en alg&#250;n momento alguien toma el lugar del dios y habla y acciona en su nombre. Ese momento en que la narraci&#243;n de un hecho (en tercera persona) se transforma en representaci&#243;n del mismo (en primera persona), es considerado el nacimiento del teatro. (Bosco, 2017, p. 1)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Con base en lo anterior, se podr&#237;a afirmar que cuando el hombre a nivel consciente retrata la imagen de dios, y aparte aparece la encarnaci&#243;n de un personaje para posicionarse desde aquel lugar y hablar en nombre de &#233;l, es cuando nace el teatro, cuando el hombre se arriesga a imitar a sus Dioses en sus aventuras o periplos y se apropia de estos, es justamente cuando mejor lo puede narrar por medios orales, histri&#243;nicos y teatrales, creando as&#237; una sincron&#237;a entre religi&#243;n polite&#237;sta y arte humano griego. En contraste, el discurso del inconsciente ser&#237;a un acoplo de la premisa anteriormente nombrada, pero que voltea la aseveraci&#243;n judeocristiana de &#8220;Dios creo al hombre a su imagen y semejanza&#8221;, se vierte este enunciado, pero sin desmentir que todo lo que dice la teolog&#237;a cristiana es absolutamente verdadero, afirmando que:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;A condici&#243;n de que no se lo aplique a un Dios trascendente e imaginario, sino al Hombre real que vive en el mundo. &#201;l te&#243;logo hace antropolog&#237;a sin darse cuenta. Hablando de Dios habla de s&#237; mismo sin saberlo, mientras que Hegel si lo sabe puesto que el sabio refiere a si estrictamente el mismo contenido total que el religioso refiere a su Dios. (Jacobsen, 1995, p. 57)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En consecuencia, se pueden establecer dos preguntas hipot&#233;ticas que abren el debate acerca del arte, el hombre y su creaci&#243;n antropom&#243;rfica de deidades, o de las divinidades en su edificaci&#243;n del hombre: &#191;es Dios esa entidad omnipotente y todo poderosa la que erige al hombre a su propia imagen y semejanza? &#191;O es, acaso, el hombre narcisista irracional en su dimensi&#243;n pulsional e inconsciente el que construye la figura de dios a su imagen y semejanza sin saberlo?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Los avatares del Teatro y el Cine&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En otro orden de ideas, se puede se&#241;alar la siguiente pregunta: &#191;en qu&#233; se parecen el teatro y el cine?, &#191;qu&#233; aspectos en com&#250;n comparten estos dos tipos de arte audiovisual? En posible respuesta, diremos que cuando los dos se desarrollan con intenciones y categor&#237;as sublimes-art&#237;sticas, ambas disciplinas se asemejan en la expresi&#243;n de un cuerpo con identidad imaginaria y simb&#243;lica en acci&#243;n, una narrativa de los hechos y un discurso arraigado en el ser de los sujetos protagonistas. Bien que aquello que permite concomitar ambas manifestaciones, es que cada una se convierta en un medio de expresi&#243;n ideal y particular para sujetarse al Otro, en un puente de satisfacci&#243;n pulsional que se inviste de ornamentos discursivos y propios de cada arte, el teatro a trav&#233;s de la direcci&#243;n, guiones, actuaci&#243;n, preparaci&#243;n, con la principal caracter&#237;stica que su performance es inmediato, en vivo y en directo, no dejando lugar al equ&#237;voco racional, o reaccionando a la falta con espontaneidad, es de esta manera que nada puede quedar mal y si hay una falla sutil esta deber&#225; ser suplida por la admonici&#243;n instant&#225;nea y la colosal puesta en escena.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En concordancia, el teatro como arte y disciplina exige unas largas horas de pr&#225;ctica y ensayo, perpetrar repeticiones hasta quedar en armon&#237;a como obra conjunta; el teatro no admite mediocridad entre sus figuras al momento de salir a enfrentarse por delante del tel&#243;n, pues la reputaci&#243;n del director es la que est&#225; en juego, los aplausos juzgan su desempe&#241;o y el del colectivo en general, el halago del p&#250;blico que espera con paciencia y expectante la dramatizaci&#243;n para gozar a trav&#233;s de lo visual-esc&#243;pico y auditivo-fon&#233;tico, lo plausible y benepl&#225;cito de la masa dependen de la capacidad histri&#243;nica y actoral de los int&#233;rpretes, sumado a sus dotes de improvisaci&#243;n que los actores efect&#250;en en el escenario para salir de aprietos; el equ&#237;voco puede desembocar hacia dos bifurcaciones: una es la ca&#237;da estrepitosa rodeada de jumentos y humillaciones, y la otra, radica en una &lt;i&gt;opus magnum&lt;/i&gt; que consagre a sus participantes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque el teatro y el cine comparten la preparaci&#243;n exhaustiva que todo actor debe implementar como trabajo ps&#237;quico, es decir, el &#243;ptimo desarrollo de un lugar simb&#243;lico: una m&#225;scara para usar, un vestido que portar, un discurso que decir, unos gestos que replicar, un uso adecuado del lenguaje y un modo de relaci&#243;n con los colegas en tarima, la sinergia y &lt;i&gt;feeling&lt;/i&gt; de los actores; un &#237;mpetu, un ejercicio cognitivo de memorizar los di&#225;logos, intentar entender la vida del sujeto enunciado para meterse y apropiarse del personaje, adoptar una presencia, un papel que interpretar, usar un cuerpo y un semblante ante la mirada y escucha del Otro que se deleitar&#225;, o en su caso, puede reaccionar con resistencias a dichas manifestaciones que le son contadas, es preciso mencionar que el cine posee la leve ventaja de atrapar y captar las escenas para seleccionar las que su director considere por est&#233;tica las mejores, e id&#243;neas escenas, que reflejen las m&#225;s centellas fulgurantes pasiones de sus personajes protagonistas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El &lt;i&gt;leit motiv&lt;/i&gt; del cine discrepa brevemente con el del teatro; el &#250;ltimo se enfrenta al p&#250;blico directamente, a carne viva, en vivo y en directo, en tiempo real, despertando la presi&#243;n y los nervios de sus int&#233;rpretes pudiendo sentirse juzgados en el aqu&#237; y el ahora de su acto, para remediar la angustia, el artista puede y en la mayor&#237;a de ocasiones se olvida que est&#225; siendo visto para adentrarse en los libretos de tragedia y drama que se le han asignado; en cambio, en el cine, el privilegio mayor se centra en la edici&#243;n, en el maquillaje simb&#243;lico de los errores, en la correcci&#243;n de detalles, postergaci&#243;n de actuaciones mal interpretadas, y realce a los desajustes de luz para embellecer la escena, pues el famoso &lt;i&gt;&#8220;luces, c&#225;mara y acci&#243;n&#8221;&lt;/i&gt; se sostiene del &#8220;corte final&#8221; que estipule el autoritarismo y arbitrariedad del director; en este contexto, la mirada juzgadora del p&#250;blico se procrastina exclusivamente hasta llegada la hora de la proyecci&#243;n en la sala de estrenos, durante las actuaciones quien funge ese lugar solo es un amo llamado director, &#233;l es quien da la aprobaci&#243;n y visto bueno, aquel que dirige y provee las condiciones necesarias para que la obra salga a la luz de manera radiante, &lt;i&gt;y trasmita el mensaje que realmente se ha propuesto.&lt;/i&gt; En otras palabras, es el director quien m&#225;s exorciza sus males y realiza el proceso de catarsis, pues es quien moldea a su consideraci&#243;n la obra, es la palabra final que autoriza o no el car&#225;cter di&#225;fano y salida de las escenas clave, supuestamente, &#8220;todo&#8221; debe pasar por su ojo evaluativo, en analog&#237;a, lo esperado aqu&#237; es que el mensaje de la carta siempre llegue a su destino, lo cual no necesariamente significa que de forma obligatoria entre en sinton&#237;a con lo f&#225;ctico, o que ser&#237;a igual a decir que el director espere &#8220;siempre&#8221; que el p&#250;blico reaccione como &#233;l pretende, por ello:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Para que no se clausure el circuito de la comunicaci&#243;n: en &#233;l, el sujeto emisor recibe del receptor su propio mensaje, en su verdadera forma, esto es el verdadero significado de sus pla&#241;idos y quejidos. La carta llega a su destino cuando el sujeto se ve, finalmente obligado a asumir las verdaderas consecuencias de su actividad. (&#381;i&#382;ek, 1994, p. 27)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En efecto, no cerrar el circuito de comunicaci&#243;n pese a la complejidad que adhiere el lenguaje en el sentido de los seres hablantes, significa m&#225;s que nada esclarecer la cadena de significantes que constituyen al sujeto en su deseo, el cual siempre desemboca a la ra&#237;z directa que equivale al deseo del Otro, pues la palabra proveniente del Otro es la que determina al sujeto (Mordoh &lt;i&gt;et al.&lt;/i&gt;, 2004). El momento en el que el director de cine o teatro abren ese puente de comunicaci&#243;n o enlace con el Otro, no es principalmente cuando entregan su obra o &#8220;producto final&#8221; al p&#250;blico, sino sobre todo cuando termina su transmisi&#243;n y reciben una cr&#237;tica proveniente de ese receptor, ah&#237; se focaliza la vara con la que ser&#225;n medidos, el resultado de lo que por tantos a&#241;os han luchado el director y su equipo de trabajo no se basa en la culminaci&#243;n o en el acabado, sino cuando el Otro lo mira, lo escucha, lo recibe, lo comprende o lo mal-entiende; en palabras concretas, cuando le reconocen a trav&#233;s de su entrega. Por ello, es a la hora del halago o de la ofensa cuando el artista se reconoce en su obra gracias al Otro, es decir, la importancia radica en la manera como su creaci&#243;n ha influido en la vida del consumidor e interlocutor, pues es quien lo juzgar&#225; con su respectiva cr&#237;tica o adulaci&#243;n. Como establece &#381;i&#382;ek una carta siempre llega a su destino en el nivel simb&#243;lico, mientras que, en la realidad, puede no alcanzarlo o en suplemento:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;La carta llega definitivamente a su destino cuando ya no podemos legitimizarnos como meros mediadores, proveedores de los mensajes del gran Otro, cuando dejamos de ocupar el lugar del Ideal del Yo en el espacio fantasm&#225;tico del otro, cuando se alcanza una separaci&#243;n entre el punto de identificaci&#243;n ideal y el peso masivo de nuestra presencia fuera de la representaci&#243;n simb&#243;lica. (...) La carta llega a su destino cuando ya no somos los &#8216;ocupantes' de los lugares vac&#237;os de la estructura fantasm&#225;tica de otro, esto es, cuando el otro finalmente &#8216;abre sus ojos' y comprende que la carta real no es el mensaje que supuestamente traemos sino nuestro ser en s&#237; mismo, el objeto que en nosotros se resiste a la simbolizaci&#243;n. (1994; p. 19-20)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;A partir de lo anterior, podemos inferir que nunca se predecir&#225;n los efectos que el director cause en un espectador, pues el deseo del Otro es un enigma real indescifrable cuando lo tratamos de cuantificar o conceptualizar; en este orden de ideas, la corazonada del emisor ll&#225;mese guionista, escritor, director de cine o teatro, se ve cuestionada cuando los receptores o adeptos &#8220;logran enfrentarlo, a la realizaci&#243;n literal de su propia doctrina&#8221; (&#381;i&#382;ek, 1994; p. 27). Ese podr&#237;a ser el acontecimiento m&#225;s importante de su carrera, la cual puede desmoronarse por el peso de la cr&#237;tica, o contrariamente recoger fuerzas de la ca&#237;da para salir de ese lugar abismal en el que ha trastabillado y consiga brillar en futuras creaciones. Puede ocurrir que el director reciba la cr&#237;tica de forma retrospectiva y madura para ponerla a disposici&#243;n de su falta en ser y desarrolle un quehacer nuevo, que corrija errores, arme retos, enfrente desaf&#237;os, adopte cambios de g&#233;nero, maniobre con su impulso y urgencia subjetiva de creaci&#243;n, desee pr&#243;rrogas, contrate nuevos actores ideales, o complemente su labor inicial, ya que una obra de un director nunca est&#225; terminada con una sola zaga de pel&#237;cula: as&#237; no haya segundas partes, la obra nunca se completa sola, necesita de otras pel&#237;culas que definen el estilo de su creador. No en vano muchos directores se retiran cuando son bombardeados por f&#233;rreas y constantes opiniones de la industria cinematogr&#225;fica, en este punto, el sujeto se encuentra susceptible ante la mirada-cr&#237;tica del Otro, pues estima que es la m&#225;s fundamental para continuar construyendo el camino de la aprobaci&#243;n, sumando trayectoria, incrementando repertorio, recibiendo aceptaci&#243;n y consolidando la identidad estable de un director que se refleja en sus films.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin duda alguna, &lt;i&gt;al ser el otro quien le devuelve un mensaje propio pero de forma invertida al director&lt;/i&gt;, cumple el cometido de un espejo: el otro se convierte en un aliado estrat&#233;gico que le ayudar&#225; alcanzar al destinatario apropiado su mensaje, a veces encriptado. Es decir, el mismo sujeto quien lo lanza o emite es el que lo recibe, siempre lo fue, pues aunque el director se encuentre empoderado de su obra, conozca completamente los di&#225;logos de inicio a fin, el desenlace que deviene, el n&#250;cleo de la obra, &lt;i&gt;reconoce que a&#250;n hay algo que no distingue&lt;/i&gt;, algo que no ha podido identificar de s&#237; mismo, debido al narcisismo, todav&#237;a no se desprende de su estado mental que lo ha cautivado de su propia pel&#237;cula, por decir de alguna manera, est&#225; ciego metaf&#243;ricamente; este vac&#237;o es motivo principalmente porque que la vertiente imaginar&#237;a es lo que impide que la palabra del Otro sea recibida por el sujeto, en este apartado, &lt;i&gt;a&#250;n no hay un despliegue de una dimensi&#243;n simb&#243;lica en su relaci&#243;n al saber,&lt;/i&gt; solo lo es transitoriamente narcisista, entonces, para ganar el mensaje del Otro y del sujeto, para que el cineasta y el paciente-analizante escuchen sus propias palabras es imprescindible un sendero hacia la dial&#233;ctica de la cura, &#8220;la transmutaci&#243;n de la verdad se da por medio de las inversiones dial&#233;cticas por medio de la palabra&#8221;, aquello solo es posible cuando, el otro ya no es visto como un otro semejante del yo y la imagen especular (a-a), sino desde un eje simb&#243;lico (A-S); la respuesta inesperada proviene del Otro es opuesta a la representaci&#243;n yoica del analizante (Sald&#237;as y Sol&#237;z, 2008); en este caso, la respuesta del espectador cr&#237;tico, hacia el director de cine o teatro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ante este hecho, comprendemos que el cine en su aspecto ideol&#243;gico corre el riesgo de desentra&#241;ar todo tipo de pasiones en sus cin&#233;filos y admiradores, (psic&#243;ticos que miran una pel&#237;cula b&#233;lica y al instante realizan un genocidio, o se empoderan de una identidad falsa de alg&#250;n personaje del cine); no obstante, frente a esta vicisitud es labor del director reconocer su &lt;i&gt;implicaci&#243;n con los contenidos&lt;/i&gt; que proyecta y comparte, puesto que si reh&#250;ye de las consecuencias de sus palabras, no estar&#237;a reconociendo en ellas &lt;i&gt;su propia verdad;&lt;/i&gt; contrario al cobarde que retrocede ante su deseo y su responsabilidad subjetiva, se encuentra el h&#233;roe, quien para Lacan es:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Aquel que asume plenamente las consecuencias de su acto, es decir, que no da un paso al costado cuando la flecha que dispara completa su c&#237;rculo y vuela de regreso a &#233;l, a diferencia del resto de nosotros, que nos empe&#241;amos en realizar nuestro deseo sin pagar su precio: revolucionarios que quieren la Revoluci&#243;n sin revoluci&#243;n (su reverso sangriento). (En &#381;i&#382;ek, 1994, p. 28)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El cine y el teatro como ant&#237;tesis del discurso cient&#237;fico&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A prop&#243;sito del cine y el teatro como manifestaciones universales y milenarias del hombre en la cultura, no podemos deslindar a la poes&#237;a que ineludiblemente se sumerge y est&#225; presente en muchos di&#225;logos de estas 2 disciplinas, en el pasado y hasta la actualidad, a&#250;n se conserva la tradici&#243;n de trasladar las narrativas de libros po&#233;ticos hacia el teatro o la pantalla grande del cine, a este fen&#243;meno se lo conoce como obras hom&#243;nimas. Dado que, creaciones de escritores y poetas como Shakespeare, G&#243;ngora, Oscar Wilde, Miguel de Cervantes, Dante Alighieri, Dostoievski entre otros, han sido llevadas al cine o al teatro debido a su riqueza en la trama, su legado ha perdurado por generaciones, por lo anterior, resulta importante mencionar la opini&#243;n que Freud sostiene sobre los poetas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Sinisterra (2020) el padre del psicoan&#225;lisis consideraba que los poetas ten&#237;an una superioridad sobre los cient&#237;ficos, pues fueron ellos quienes tienen el m&#233;rito de haber descubierto el inconsciente, por consiguiente, la ciencia a&#250;n le debe demasiado al discurso literario. En complemento, yergue preguntar &#191;cu&#225;l es el parecido entre el quehacer de un psicoanalista y un poeta? Si bien el poeta por medio del realce y la est&#233;tica de su discurso que maneja en rima o prosa, ordenando las palabras de forma bella y haciendo que suenen bien entre sus sonetos, puede emitir de modo envalentonado una expresi&#243;n de su ser, de su alma y sus afectos, una verdad rec&#243;ndita que sale a luz gracias al contenido de sus palabras; en tal sentido, el psicoanalista tambi&#233;n busca que emane la verdad, pero no su verdad personal, &lt;i&gt;sino la que nace de su analizante en consulta mediante los significantes que expulsa&lt;/i&gt;, lo que apunta a revelar la verdad del sujeto, o como asevera Lacan, la direcci&#243;n a la cura subraya vencer el entrampamiento de las resistencias imaginarias para que la verdad pueda ser dicha por medio de la palabra plena (Sald&#237;as y Sol&#237;z, 2008); y esto se consigue, nada m&#225;s ni nada menos, que por la escucha que se ofrece como plataforma del dispositivo anal&#237;tico, precisamente condicionada y fabricada para ese fin. Freud en el an&#225;lisis de la Gradiva de Jensen enuncia:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Y los poetas son valios&#237;simos aliados, cuyo testimonio debe estimarse en alto grado, pues suelen conocer muchas cosas existentes entre el cielo y la tierra y que ni siquiera sospecha nuestra filosof&#237;a. En la psicolog&#237;a, sobre todo, se hallan muy encima de nosotros los hombres vulgares, pues beben en fuentes que no hemos logrado a&#250;n hacer accesibles a la ciencia. (1912a, p. 1286)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Ahora bien, el corolario de la poes&#237;a y el psicoan&#225;lisis, es que tanto el analista como el poeta trabajan con el mismo material: las palabras y el inconsciente. El cl&#237;nico lo aborda desde el componente observable del s&#237;ntoma y la palabra pronunciada que guarda un significante, y el poeta desde la creaci&#243;n art&#237;stica no planeada (Sinisterra, 2020). Esta observaci&#243;n no se hace desde afuera, como lo har&#237;a un m&#233;dico, b&#225;sicamente es una pr&#225;ctica que opera desde adentro, inductiva. Pese a las similitudes el artista hace arte sin saber, no busca una explicaci&#243;n de sus afectos, no pretende racionalizar en conceptos, o descifrar su padecer, malestar, desahucio, melancol&#237;a o sufrimiento, solo expresarlo, darle un lugar de salida y liberaci&#243;n, es por ello que:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;El artista no quiere saber de lo que hace, no puede saberlo incluso porque podr&#237;a ser una resistencia al acto creativo y, en esto basa su teorizaci&#243;n sobre la sublimaci&#243;n y su &#233;xito como atenuante pulsional. (Freud, 1912; citado en Sinisterra, 2020. p. 8)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Esta acci&#243;n es opuesta a la del analista-cient&#237;fico, que busca construir un saber, hacer que se inserte la palabra en su escucha, aqu&#237;, el m&#233;dico debe habilitar su inconsciente para que sea un receptor del inconsciente del enfermo y de sus elaboraciones desconocidas: &#8220;debe volver hacia el inconsciente emisor del enfermo su propio inconsciente como &#243;rgano receptor, acomodarse al analizado como el auricular del tel&#233;fono se acomoda al micr&#243;fono&#8221; (Freud, 1912b, p. 115); y a posteriori redactar&#225; en el an&#225;lisis de su caso cl&#237;nico una v&#237;a de entendimiento hacia el tratamiento y la cura; el analista se desliga de su saber inicial para poder interpretar adecuadamente el contenido de un saber que proviene del otro, de su analizante, y luego regresar ese conocimiento a manera de invenci&#243;n, pues esa invenci&#243;n es la que se espera de un analista en su correspondencia con el saber, al tenerse una posici&#243;n d&#233;bil con respecto al objeto en relaci&#243;n al cual se nombra o autoriza como analista no es permitido preservar un lugar en relaci&#243;n con la causa de deseo, la responsabilidad &#233;tica del psicoanalista diverge a la posici&#243;n del m&#233;dico, que solo reproduce protocolos y receta psicof&#225;rmacos; aquel que se hace escuchar con nuestra intervenci&#243;n debe deducir que hay un deseo puesto en juego por nuestra parte, un entusiasmo por acceder &#8220;al buen saber&#8221; que no es reducido a la transmisi&#243;n de la informaci&#243;n sino que exige una permanente renovaci&#243;n en el plano del deseo como invenci&#243;n (Gallo, 2007).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Respecto a la sublimaci&#243;n que experimenta el artista en el cine y del espectador que observa el material visual, podemos anclar a Lacan (1995) quien utiliza el ejemplo en el caso del pintor y la pintura, en el seminario &#8220;Los cuatro conceptos fundamentales del psicoan&#225;lisis&#8221;, all&#237; apuntala que el espectador no es el &#250;nico que mira el cuadro: como el cuadro (la imagen proyectada en el cine o actuada en el teatro) no es nada pasivo, tambi&#233;n es mirado por el mismo; en el tiempo que hay rostros humanos pintados o fijados en el lente, significa que el cuadro mira con precisi&#243;n a los sujetos. En sumatoria, Ruiz (2015) a&#241;ade que no todos los que perciben una obra pueden sublimar al entrar en roce con ella, lo que s&#237; realizan es un trabajo de satisfacci&#243;n frente a la mirada, esto es lo que distancia al artista del espectador; el director de cine que entra indudablemente en la categor&#237;a de artista sublima sus afectos inconscientes, y el admirador, espectador se satisface pulsionalmente al verlos.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Mirada, eso se despliega en el pincel sobre el lienzo, para hacerlos deponer la vuestra ante la obra del pintor. Se dice que eso los concierne [mira] (&#231;a vous regarde), cuando algo requiere vuestra atenci&#243;n. (Lacan 2012, p.3)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La sublimaci&#243;n es definida por Freud como &#8220;un tipo de actividad humana (creaci&#243;n literaria, art&#237;stica, intelectual) sin relaci&#243;n aparente con la sexualidad, pero que extrae su fuerza de la pulsi&#243;n sexual desplazada hacia un fin no sexual, invistiendo objetos valorizados socialmente&#8221; (Roudinesco y Plon, 2008, p. 1052). Esto es la reorientaci&#243;n que hace el sujeto al sustituir la meta m&#225;s all&#225; del Otro, ya no con un fin sexual sino uno de creaci&#243;n art&#237;stica aceptada entre los l&#237;mites de la moral. Para el pensador Zuleta (2020) existe una notable diferencia entre el arte como ejercicio sublimatorio y como proceso identificatorio. Para el autor, los griegos especialmente con Arist&#243;teles descubrieron que el actor y director de teatro eran capaces de hacer catarsis en el escenario, de arrojar hacia afuera aquello que sent&#237;an e invad&#237;a su ser, de sacar y simbolizar sus emociones mientras actuaban, sin embargo, Freud argumenta que si bien es el director quien m&#225;s vomita sus malestares a trav&#233;s de la obra, los espectadores no logran hacer lo mismo: en ellos no hay sublimaci&#243;n, lo que sucede es un proceso de identificaci&#243;n con los relatos del teatro, por tanto, lo que transfieren a la obra y a los diversos personajes que la interpretan equivale a una versi&#243;n desconocida de su yo, una arista de su personalidad lejana, pero que no deja de definirlos, la cual en la realidad conectar&#237;a con las acciones que son restringidas y que no pueden hacer, pero que en la funci&#243;n se llevan a cabo con la disoluci&#243;n y evanescencia de restricciones de moralinas. En consecuencia, lo que se ve reflejado en tercera persona es la consagraci&#243;n y realizaci&#243;n de un deseo que pertenece a ellos mismos y esa es la raz&#243;n por la que conectan tanto con la majestuosa funci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan (2012) en &#8220;Homenaje a Marguerite Duras por el arrobamiento de Lol V. Stein&#8221; menciona que &lt;i&gt;el artista siempre precede al psicoanalista, nos lleva la delantera&lt;/i&gt; y no tiene por qu&#233; proceder de psic&#243;logo all&#237; donde el artista le favorece el camino. Por ello, Marguerite Duras contiene el saber que el mismo Lacan ense&#241;a; la mujer sostiene que no sabe de toda su obra de d&#243;nde le viene Lol, e incluso aunque pudiera entreverlo Freud se queda con la boca cerrada y los psicoanalistas que subliman con la novela reaccionan aturdidos, puesto que, intentar restituir el saber y enfocar el objeto de inspiraci&#243;n de la artista ser&#237;a un estorbo: &#8220;cuando puesto que ese objeto, ya Marguerite Duras lo recuper&#243; con su arte&#8221; (Lacan, 2012, p.4).&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;El arrebato de Lol V. Stein es tomado como objeto en el anudamiento mismo. En la novela, Marguerite Duras revela &lt;i&gt;un saber sabido&lt;/i&gt; sin conocer las ense&#241;anzas de Lacan. Ha escrito un delirio cl&#237;nicamente perfecto que invita a Lacan a ocupar el lugar de tercero, al introducir un arrebato decididamente subjetivo. Lacan dar&#225; una respuesta a ese arrebato con un acto subjetivo, sublimado, al ofrecer un Homenaje erigido en honor del goce-ausencia, del que saldr&#225; mal librado por no ser &#233;l al-menos-uno de Duras. (Vega, 2019, p.58)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Como el artista va m&#225;s all&#225; de los hechos y registros hist&#243;ricos, es un &#237;ndigo, se adelanta y &#034;sabe leer&#034; la &#233;poca en la que por azar ha sido asignado. Jacques Lacan, asimila al arte como anticipado a su tiempo. Le figura al artista la destreza de leer los s&#237;ntomas de cada &#233;poca. Para Lacan (2007) en su seminario VII &#8220;La &#201;tica del Psicoan&#225;lisis&#8221; lo real es aquello que excede lo simb&#243;lico. &#8220;Todo arte se caracteriza por cierto modo de organizaci&#243;n alrededor de un vac&#237;o.&#8221; (p. 160) Entonces, el arte precisado de esta forma, toca lo real y pone a la obra de arte en un v&#237;nculo determinante con lo Real de la Cosa. El arte, es un m&#233;todo que, al igual que el Psicoan&#225;lisis, merodea el vac&#237;o, circunscribi&#233;ndolo (Bacile, Cura y Liliana, 2015). De all&#237; que Lacan (1995) en su &#8220;Seminario XI: Clase 5, Tyche y automaton&#8221; formule el concepto de &lt;i&gt;Tyche&lt;/i&gt; reconociendo que en el encuentro entre el sujeto y el objeto siempre hay un real que se escabulle; lo real est&#225; m&#225;s all&#225; del &lt;i&gt;automaton&lt;/i&gt;, del retorno, del regreso, de la insistencia de los signos, a que nos somete el principio del placer. Y es que en la medida que algo se repite, en consecuencia, algo se produce; es como el azar, acto por el que el psicoanalista no debe dejarse enga&#241;ar. La ocupaci&#243;n de la Tyche es lo Real como encuentro falido, es decir, del trauma como algo sin ambages, real, que no deja de insistir e impide la adaptaci&#243;n total del principio de placer hacia el principio de realidad (Lacan, 1995).&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;(&#8230;) esta Cosa, todas cuyas formas creadas por el hombre son del registro de la sublimaci&#243;n, estar&#225; representada siempre por un vac&#237;o, precisamente en tanto que ella no puede ser representada por otra cosa, &#8211;o con m&#225;s exactitud&#8211; s&#243;lo puede ser representada por otra cosa. (Lacan, 2007, p. 160)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Debe suponerse que pasados m&#225;s de dos siglos entre la aparici&#243;n del teatro y luego del cine, se considere al s&#233;ptimo arte &#8220;la evoluci&#243;n de las narrativas visuales&#8221; que iniciaron con el teatro, no obstante, conviene preguntar por la siguiente transici&#243;n sucedida desde mediados del siglo XX: &#191;por qu&#233; se dej&#243; de asistir a los teatros y fue preferencia ir masivamente a las salas de cine? &#191;Es solo cuesti&#243;n de comodidad y f&#225;cil acceso? Y luego en el siglo XXI, como parte de la transformaci&#243;n tecnol&#243;gica: &#191;c&#243;mo paulatinamente las pantallas de televisi&#243;n y celulares reemplazaron las salas de cine? Sobre esto, cabe la reflexi&#243;n acerca de la modernidad y la globalizaci&#243;n, &#233;poca actual que avizora permanentemente cambios m&#225;s abruptos y que Baudrillard (1974) sostiene se trata de la sociedad del consumo donde reina la imago por encima de la representaci&#243;n de la palabra, esto sucede al interior del capitalismo como sistema totalitario: un mundo de fantas&#237;as e ideales que predispone al sujeto a consumir en exceso, a toda hora significantes que le son dados por medio de im&#225;genes y quebrantando el lazo social logrado por medio de las palabras; en cambio, a lo que aspira el psicoan&#225;lisis es mantener la tradici&#243;n de la comunicaci&#243;n por medio de la fuerza de la palabra; esto lo respaldan Freud, Hegel y Lacan al decir respectivamente, &#8220;la palabra mata la cosa&#8221;, o cuando aseguran que el orden simb&#243;lico del lenguaje est&#225; repleto de signos, metonimias, met&#225;foras y sustituciones de objeto. Cuando hay elisi&#243;n en la dicci&#243;n de la palabra es que hay algo que a&#250;n no hemos podido nombrar, no obstante, el sentido de lo reprimido que siempre retorna puede ser atisbado cuando es atravesado por la palabra del sujeto, que puede conducir a una salida, cuando todav&#237;a la hay (Rodr&#237;guez, 2013).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Decir que la palabra mata la cosa incita a pensar que lo innombrable de lo real pasa a tener un representante pr&#243;ximo y posible de esa cosa pulsional; as&#237; pues, lo inefable e imposible de nombrar encuentra un conducto de evacuaci&#243;n simb&#243;lica por medio de la pronunciaci&#243;n de la palabra, hablar de lo que produce un vac&#237;o y rodear simb&#243;licamente la falta propende a darle un sentido, configurar un significado y merodear un camino no tan inestable y ca&#243;tico abismal como lo que marca aquel agujero de lo real. He ah&#237; el encanto del sujeto actual por consumir pel&#237;culas sin entenderlas, ni frenar en los di&#225;logos, ser espectador hoy en d&#237;a es sin&#243;nimo de &#8220;pasar el rato&#8221;, &#8220;llenar el vac&#237;o&#8221;, &#8220;entretenerse&#8221;, un plus de gozar que no permite el descanso; el cin&#233;filo de la actualidad no se cuestiona el presente como desenlace del pasado, mucho menos analiza a profundidad las conversaciones, solo queda fijado a la cr&#237;tica de la est&#233;tica y no se atreve a ahondar en la intimidad e identidad de la escena. Es superfluo por tratar de detallar los &#8220;mejores&#8221; momentos de la trama, alabar o desvalorizar las actuaciones; cuantifica la duraci&#243;n y cuando hay demasiados coloquios los define como &#8220;aburridores&#8221;; este sujeto no se interesa realmente por construir una diatriba justa a las doctrinas e ideolog&#237;as impuestas en el film. Casi todo momento mira sin observar; lo hace, pero sin detenerse a pensar y reflexionar cu&#225;l es realmente el mensaje de la pel&#237;cula, qu&#233; hay detr&#225;s de todo lo visible enigm&#225;tico y enga&#241;ador de la imagen. Cada vez, en constante involuci&#243;n, el sujeto moderno pierde el sentido y viveza por la interpretaci&#243;n de la palabra y se adhiere mejor al cautivador sentido falaz del imago, de lo especular; es as&#237; que:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;El consumidor es, pues, el que no se para en la satisfacci&#243;n de sus necesidades reales, sino que aspira, por la mediaci&#243;n del signo, a satisfacer sin parar necesidades imaginarias, necesidades estimuladas por la publicidad e incitadas por el sistema de retribuciones simb&#243;licas. Es el hombre que consume imaginario ya en su propia acci&#243;n, pues est&#225; sometido al signo del consumo. (Baudrillard,1970, p. 45)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Cabe decir que la mayor&#237;a de las veces cine y psicoan&#225;lisis se entretejen con una b&#250;squeda en com&#250;n, no pretenden obturar la falta en ser. En el escrito de Mart&#237;nez y Larrauri (2010) se propicia desenmascarar la verdad a medias y oculta en el sujeto, sobre todo del cineasta como ser creativo que reconoce la falta para construir a partir de su ausencia; pues en este sentido el cine es contado como un relato amplio: a veces ficticio y rico en libretos, un develador de la vida subjetiva-inconsciente y cotidiana del propio director y de lo que ha escuchado sobre el drama en la vida; cada vez que construye escenas tiene un modo propio de leer el cine y dar su aporte. Por lo anterior, psicoanalista y cineasta, desde una perspectiva &#233;tica, caminan para entender que su discurso provoca efectos emancipadores en su propio comportamiento y, a la vez, en el de los otros.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Si hay algo que Freud tuvo muy presente desde el principio de sus construcciones te&#243;ricas es que el lenguaje metaf&#243;rico de la literatura nos puede servir para superar los l&#237;mites del lenguaje cient&#237;fico. Y si hay un lugar donde la met&#225;fora se convierte en un saber y en una creaci&#243;n art&#237;stica, es justamente en la literatura. (Rey, 2017, p. 3)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En definitiva, lo que sucede con el positivismo, es que posicionado desde el discurso cient&#237;fico forcluye e invisibiliza al sujeto del inconsciente y a su verdad enmascarada. La cientificidad, al explorar &#8220;objetos de estudio&#8221; que tienen que obedecer a una verdad &#250;nica, &#8220;perfecta&#8221; y &#8220;objetiva&#8221;, no cae en cuenta en que &#8220;la verdad solo puede decirse a medias&#8221; (Lacan, 1987, p. 843); en relaci&#243;n con este tema, tal como lo asevera S&#225;bato (1995), el cientificismo radical es el colmo de la perfecci&#243;n, la ciencia no es igual a sabidur&#237;a, muchos de sus cient&#237;ficos son amorales y anti&#233;ticos, carecen de valores, mientras tanto violan leyes fundamentales de la naturaleza, err&#243;neamente se cre&#237;a en la &#233;poca de los iluministas que todos los conflictos iban a ser resueltos por la ciencia, haciendo un sobreuso de ella, definido como un fetiche cient&#237;fico. No obstante, la ciencia sirve esencialmente para construir puentes, carreteras en su disciplina de ingenier&#237;a o para demostrar teoremas en las matem&#225;ticas, pero se queda corta: no sirve para aprender a vivir o morir, no resuelve las grandes dudas de la existencia y la condici&#243;n humana como la espiritualidad, la moral, el amor, el odio y la venganza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La piedra en el zapato y la cr&#237;tica que se le realiza a la ciencia, sobre todo humana y social, es que los sucesos que investigan en el contexto de un laboratorio est&#225;n todav&#237;a lejos de la realidad pasional, pulsional y deseante del ser humano en el lazo social. Por tanto, en la ciencia r&#237;gida no se reconoce el deseo del autor-investigador hacia sus objetos estudiados, se deslegitima sus entra&#241;as equiparadas a su curiosidad y pesquisa; desde su imaginario ortodoxo es preferible estar apartados de aquello que investigan para no macular la pureza impoluta del experimento y &#8220;controlar&#8221; las variables externas; frente a este rechazo de la singularidad, el cine y el psicoan&#225;lisis se conjugan para ser ant&#237;tesis del positivismo, pues ambos optan por trabajar caso por caso, se esfuerzan por develar la subjetividad y el deseo movilizador sin tapujos, ya que reconocen la inmensa complejidad que la condici&#243;n humana abarca (Mart&#237;nez y Larrauri, 2010).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por lo mismo, no se trata de un negacionismo absoluto a la ciencia, todo lo contrario: se reconoce su aporte, rigurosidad, demostraci&#243;n y ayuda a abrirnos los ojos ante nuestra ignorancia de los fen&#243;menos l&#243;gicos que mueven el mundo (las leyes de la gravedad en la mec&#225;nica cl&#225;sica, la relatividad y lo cu&#225;ntico y electromagn&#233;tico de la biolog&#237;a y fisiolog&#237;a de los seres vivos), por salvar y mejorar la calidad de vida de muchos enfermos, o incluso los valiosos aportes comportamentales del condicionamiento cl&#225;sico y operante. Lo que se quiere es mostrar que tambi&#233;n hay otras alternativas de crear conocimiento y que no deben desmeritarse por su valioso aporte al mundo y a la academia, tales como la poes&#237;a, el cine, el teatro y todas las ramificaciones del arte. El cient&#237;fico desabrido, al igual que el maestro megal&#243;mano, se desmerita cuando pierde su curiosidad haciendo que gane su ego y petulancia, al creerse estar por encima de sus investigaciones o comunidades investigadas; o en su defecto, hacen o&#237;dos sordos ante posibles cuestionamientos o gesta de hip&#243;tesis contra sus teor&#237;as (aquello tambi&#233;n le pasa a muchos psicoanalistas) cuando aparentan creer que lo &#8220;saben todo&#8221;, &#8220;un todo saber&#8221; del erudito que se conforma con estar bien informado (Gallo, 2007, p. 47); y desfallece en su deseo por re-aprender; de ah&#237; que no cambian de postura y se mantengan inamovibles, sin reconocer equivocaciones o malos c&#225;lculos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El verdadero cient&#237;fico, &#233;ticamente hablando, es el que constantemente cambia sus hip&#243;tesis para corregir los m&#237;nimos detalles y aproximarse nuevamente a la verdad que busca encontrar. En aras de defender este enfoque y en concordancia a lo expuesto por Gallo y Ram&#237;rez, diremos que el psicoanalista crea preguntas m&#225;s que absolutos, precisamente porque tiene un deseo por aprender; deja su saber de lado, para dejarse ense&#241;ar del paciente:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Cuando la intervenci&#243;n psicosocial se lleva a cabo a partir de protocolos, se desconoce a las comunidades en su propia historia, porque en lugar de tenerlas en cuenta seg&#250;n sus rasgos diferenciales, son clasificadas en funci&#243;n de patrones de conducta masificadores. (2012, p. 264)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Conclusiones&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El panorama abordado en el presente texto permiti&#243; dimensionar a groso modo la relaci&#243;n entre psicoan&#225;lisis, cine y teatro como formas art&#237;sticas en respuesta contracultural al discurso cient&#237;fico que no pocas veces se al&#237;a con el capitalismo tard&#237;o. Se identific&#243; que el cineasta y director de teatro como sujetos creativos construyen un saber-hacer a causa de sus mociones y contenidos inconscientes en articulaci&#243;n a las contingencias de su &#233;poca y de los Otros que circundan su intersubjetividad; de manera fortuita, reciben en las palabras de sus espectadores y cr&#237;ticos un rev&#233;s simb&#243;lico de su propio mensaje. Esto quiere decir que muchas veces no esperaban premeditadamente los efectos que generar&#237;an con su obra y aquello los hace confrontarse ante lo que dicen, para ser receptores m&#225;s comprometidos con su propio mensaje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; En resumidas cuentas, el espectador se encuentra fascinado y capturado por la &lt;i&gt;imago&lt;/i&gt; reproducida en pantalla porque no sabe diferenciar entre el goce esc&#243;pico que desubjetiviza su condici&#243;n deseante y la identificaci&#243;n de su vida con muchos asuntos que se gestan en tarima o en cine. Finalmente, psicoanalista y artista (poeta, cineasta y director de teatro) confluyen en su posici&#243;n &#233;tica de buscar la verdad en la condici&#243;n humana y no taponar la castraci&#243;n, como suele hacerlo el discurso cient&#237;fico con su consigna de &#8220;perfecci&#243;n&#8221;, medici&#243;n o predicci&#243;n matem&#225;tica en las pasiones, el inconsciente y el alma, pues ambos profesionales subversivos se constituyen como sujetos deseantes y, por tanto, responden a una responsabilidad subjetiva con ellos mismos y sus consumidores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;Lacan, J. (2007 [1959-1960]). &lt;i&gt;El Seminario La &#201;tica del Psicoan&#225;lisis. Libro 7&lt;/i&gt;. Editorial Paid&#243;s. Buenos Aires.&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;Metz, C. (2002). &lt;i&gt;Psicoan&#225;lisis y el cine: el significante imaginario.&lt;/i&gt; Paid&#243;s. Nueva Visi&#243;n. Ed. Letra E.&lt;/p&gt;
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