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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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<item xml:lang="es">
		<title>Cultural trauma and violence in contemporary Mexico</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Cultural-trauma-and-violence-in-contemporary-Mexico</link>
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		<dc:date>2024-10-25T22:26:21Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Andr&#233;s T&#233;llez Parra</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The article briefly reviews the way in which the concept of trauma, originally elaborated in psychoanalysis, has been taken up by the social sciences under the term social or cultural trauma, as well as by film studies, in order to use it to analyze the way in which two traumatic events in contemporary Mexican history, namely, the massacre of students in the Plaza de las Tres Culturas in Mexico City on October 2, 1968, and the forced disappearance of 43 students from the &#034;Ra&#250;l Isidro Burgos&#034; Rural Normal School in Ayotzinapa on the night of September 26, 2014, are reworked in Isaac Ezban's film &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt;, in the context of the violence generated by organized crime in contemporary Mexican society.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; cultural trauma | mexican cinema | terror | violence&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-14-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 14 | N&#176; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Facultad de Ciencias Pol&#237;ticas y Sociales de la Universidad Nacional Aut&#243;noma de M&#233;xico&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Trauma-cultural-y-violencia-en-el-Mexico-contemporaneo' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Trauma cultural y violencia en el M&#233;xico contempor&#225;neo&lt;/a&gt;&lt;br class='autobr' /&gt;
``&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Trauma cultural y violencia en el M&#233;xico contempor&#225;neo</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Trauma-cultural-y-violencia-en-el-Mexico-contemporaneo</link>
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		<dc:date>2024-10-25T22:20:23Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Andr&#233;s T&#233;llez Parra</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El art&#237;culo hace una breve revisi&#243;n de la manera en que el concepto de trauma proveniente del psicoan&#225;lisis ha sido retomado por las ciencias sociales bajo el t&#233;rmino de trauma social o cultural, as&#237; como por los estudios de cine, con el fin de utilizarlo para analizar la manera en que dos eventos traum&#225;ticos de la historia mexicana contempor&#225;nea, a saber, la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas de la Ciudad de M&#233;xico el 2 de octubre de 1968 y la desaparici&#243;n forzada, la noche del 26 de septiembre de 2014, de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural &#8220;Ra&#250;l Isidro Burgos&#8221;, de Ayotzinapa, son reelaborados en la pel&#237;cula &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; de Isaac Ezban, en el contexto de la violencia generada por el crimen organizado en la sociedad mexicana contempor&#225;nea.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; trauma cultural | cine mexicano | terror | violencia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Cultural-trauma-and-violence-in-contemporary-Mexico' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-14-Nro-1-Marzo-2024-" rel="directory"&gt;Volumen 14 | Nro 1 | Marzo 2024&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Facultad de Ciencias Pol&#237;ticas y Sociales de la Universidad Nacional Aut&#243;noma de M&#233;xico&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El concepto de trauma en el psicoan&#225;lisis&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El trauma es una noci&#243;n que se ha popularizado mediante el uso que originalmente se le dio dentro de la teor&#237;a psicoanal&#237;tica &#8211;y posteriormente en las discusiones m&#233;dicas relacionadas con los trastornos de salud mental, especialmente de pacientes que participaron en alg&#250;n conflicto b&#233;lico&#8211; y que desde hace algunas d&#233;cadas se la ha adoptado, de manera m&#225;s o menos laxa, m&#225;s o menos metaf&#243;rica, en el &#225;mbito de las ciencias sociales y humanidades y en los estudios culturales. Este paso por distintas disciplinas, si bien ha enriquecido esta noci&#243;n, tambi&#233;n ha hecho que su uso devenga en muchas ocasiones equ&#237;voco, muy amplio e impreciso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como explica Francisco Ortega (2011), el concepto de trauma proviene del griego &lt;i&gt;traumat&lt;/i&gt;, y originalmente se refer&#237;a a una herida en el tejido humano. Con el paso del tiempo, esta acepci&#243;n se ampli&#243; para referirse a heridas en el tejido nervioso, &#8220;es decir, una lesi&#243;n que no resulta visible y solo se puede percibir por sus s&#237;ntomas, conductas extra&#241;as y memorias involuntarias y disociadas&#8221; (Ortega, 2011, p. 21).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si bien en el &#225;mbito psicol&#243;gico el uso de esta noci&#243;n data de los estudios de Charcot en torno a la histeria, es con la invenci&#243;n del psicoan&#225;lisis cuando adquirir&#225; toda la fuerza (y las ambig&#252;edades que siguen vigentes) y las principales acepciones con las cuales se utiliza el t&#233;rmino en la actualidad. En lo que algunas personas consideran la prehistoria del psicoan&#225;lisis, al estudiar la histeria, Freud y Breuer (1997a) sosten&#237;an la hip&#243;tesis de que los s&#237;ntomas de aquella se remiten a una serie de causas identificables cuyos s&#237;ntomas desaparec&#237;an una vez que el paciente lograba describir oralmente las causas durante la terapia:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Hemos de afirmar m&#225;s bien que el trauma ps&#237;quico, o su recuerdo, act&#250;a a modo de un cuerpo extra&#241;o; que contin&#250;a ejerciendo sobre el organismo una acci&#243;n eficaz y presente, por mucho tiempo que haya transcurrido desde su penetraci&#243;n en &#233;l. [&#8230;] Hemos hallado, en efecto, y para sorpresa nuestra, al principio, que &lt;i&gt;los distintos s&#237;ntomas hist&#233;ricos desaparec&#237;an inmediata y definitivamente en cuanto se consegu&#237;a despertar con toda claridad el recuerdo del proceso provocador, y con &#233;l, el afecto concomitante, y describ&#237;a el paciente con el mayor detalle posible dicho proceso, dando expresi&#243;n verbal al afecto.&lt;/i&gt; (Freud, 1997a, p. 43. El subrayado es de los autores.)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En palabras de Ortega, el conflicto que se produce en la psique del sujeto &#8220;es una historia a la que le hacen falta palabras; una historia en la que los s&#237;ntomas ocupan el lugar que deber&#237;an ocupar las palabras&#8221; (Ortega, 2011, p. 22), de manera que la labor anal&#237;tica consistir&#237;a en verbalizar la historia que no hab&#237;a podido ser narrada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sobre este primer acercamiento a la noci&#243;n de trauma, Ruth Leys (2011b) aclara que para el pensador vien&#233;s el trauma no se refiere a la experiencia misma que producir&#237;a el trauma, sino a su recreaci&#243;n diferida como recuerdo. Es decir, el trauma, o la experiencia traum&#225;tica, saldr&#237;a a la luz como un recuerdo de un individuo que ha alcanzado la madurez sexual y es capaz, entonces, de comprender el significado sexual de ese evento. En palabras del propio Freud (1997b, p. 254):&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Aunque no es habitual en la vida ps&#237;quica que un recuerdo despierte un afecto que no lo acompa&#241;&#243; cuando era una vivencia, tal es, sin embargo, lo m&#225;s com&#250;n en el caso de las ideas sexuales, precisamente porque el retardo de la pubertad constituye una caracter&#237;stica general de la organizaci&#243;n. Toda persona adolescente lleva en s&#237; rastros mnem&#243;nicos que s&#243;lo pueden ser comprendidos una vez despertadas las propias sensaciones sexuales; toda persona adolescente, pues, lleva en s&#237; el germen de la histeria.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Desde esta perspectiva, es fundamental la noci&#243;n de &lt;i&gt;Nachtr&#228;glichkeit&lt;/i&gt; (traducida como acci&#243;n diferida o posterioridad) mediante la cual se da cuenta de una temporalidad que tiene una l&#243;gica propia. En este sentido, y de acuerdo con Ruth Leys (2011b, p. 167), &#8220;el trauma se constituye por una relaci&#243;n entre un acontecimiento no necesariamente traum&#225;tico que ocurre en una fase temprana del desarrollo del ni&#241;o y un segundo acontecimiento no inherentemente traum&#225;tico que despierta el recuerdo del primer acontecimiento y que solo entonces resulta traum&#225;tico y por lo tanto es reprimido&#8221;. As&#237;, se entabla una relaci&#243;n dial&#233;ctica entre dos acontecimientos que por s&#237; mismos no son traum&#225;ticos y el retardo temporal o latencia, de manera tal que el sujeto solo accede a su pasado, o m&#225;s espec&#237;ficamente, a un recuerdo que se constituye como traum&#225;tico, en el acto diferido de comprensi&#243;n e interpretaci&#243;n de este.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En un segundo momento, en el contexto de la primera guerra mundial, Freud (1920) reeval&#250;a el papel que los eventos externos pueden llegar a tener en la conformaci&#243;n de traumas, por lo que en &lt;i&gt;M&#225;s all&#225; del principio del placer&lt;/i&gt; parte de un modelo econ&#243;mico para analizar el papel que tiene la estimulaci&#243;n excesiva en un organismo que, ante un evento que lo desborda por su fuerza, se ve obligado a suspender el principio del placer. Es en ese texto en donde Freud postula que existe una pulsi&#243;n de muerte que act&#250;a independientemente del principio del placer, y que la psique est&#225; organizada de manera que se proteja a los individuos de los est&#237;mulos externos que podr&#237;an poner en riesgo o destruir completamente la organizaci&#243;n de aquella.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De acuerdo con Ruth Leys el trauma &#8220;se define as&#237;, en t&#233;rminos casi militares, como una ruptura o rompimiento general que pone en marcha cualquier intento posible de defensa, aun cuando el principio de placer quedase por fuera de la acci&#243;n&#8221; (2011b, p. 171).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En resumen, y siguiendo a Ortega, hay dos vertientes principales dentro del psicoan&#225;lisis freudiano para estudiar el trauma: un modelo mim&#233;tico y otro antimim&#233;tico:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;El modelo mim&#233;tico parte de la idea de que el trauma se produce cuando la fuerza que asalta al sujeto desde la exterioridad lo abruma de tal manera que el individuo es presa de la repetici&#243;n compulsiva. En tales repeticiones se produce una identificaci&#243;n con la escena traum&#225;tica (por eso, el paradigma se llama mim&#233;tico) que no permite la distancia entre el sujeto y el evento. [&#8230;] en el modelo mim&#233;tico la v&#237;ctima no es sujeto de su propio enunciado pues &#233;ste es una repetici&#243;n compulsiva &#8211;y no un discurso deliberado&#8211;, propiciada por el comando del analista. (Ortega, 2011, pp. 24-25)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Por otra parte, en el modelo antimim&#233;tico se concibe que el sujeto que ha sufrido un trauma es &#8220;capaz de ser espectador de su propio trauma y de represent&#225;rselo a s&#237; mismo, es decir de construirlo como una narrativa de su pasado&#8221; (Ortega, 2011, p. 25).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es precisamente entre estas dos concepciones bajo las que opera la noci&#243;n de trauma en el &#225;mbito psicoanal&#237;tico en donde se inserta uno de los grandes debates que tienen una &#237;ntima relaci&#243;n con los estudios del trauma: el problema de hasta qu&#233; punto el trauma puede representarse, es decir, hasta d&#243;nde necesariamente se conforma como una experiencia mediada por una narrativa de un sujeto, y hasta qu&#233; punto el trauma consiste en una puesta en acci&#243;n o &lt;i&gt;acting out&lt;/i&gt; de la escena real o imaginada que, en este sentido, se manifiesta de forma literal, no mediada. Para decirlo en pocas palabras, a partir de esta noci&#243;n, lo que se pone en cuestionamiento es el concepto de representaci&#243;n, en este caso en t&#233;rminos estrictamente ps&#237;quicos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Trauma social, trauma cultural, trauma colectivo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el &#225;mbito de las ciencias sociales, hay tres autores fundamentales que han retomado la noci&#243;n de trauma desarroll&#225;ndola para explicar fen&#243;menos sociales y culturales mucho m&#225;s amplios: Kai Erikson (2011), Neil Smelser (2011) y Jeffrey Alexander (2011).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En su ya c&#233;lebre art&#237;culo &#8220;Trauma y comunidad&#8221;, Erikson (2011) aborda el concepto de trauma para hablar de situaciones extremas que han padecido comunidades, como los desastres naturales, y para analizar la manera en que un evento extremo puede da&#241;ar o alterar en general los v&#237;nculos entre los miembros de la comunidad afectada. As&#237; pues, distingue entre trauma individual y trauma colectivo, y parte de la noci&#243;n freudiana de la econom&#237;a de la psique para explicar la manera en que un evento extremo atraviesa las barreras del individuo, o de la comunidad, rompiendo sus defensas, y dej&#225;ndolo(s) sin la posibilidad de asimilar la experiencia, al menos de manera inmediata. Al igual que en la definici&#243;n freudiana del trauma, para Erikson el trauma no est&#225; dado por el acontecimiento mismo, sino por la manera en que las personas y las comunidades lo enfrentan o reaccionan frente a &#233;l: &#8220;es el da&#241;o causado lo que define y da forma al suceso inicial&#8221; (Erikson, 2011, p. 65). Para que un acontecimiento pueda ser considerado como traum&#225;tico, es necesario que haya sido grave y que se constituya como una condici&#243;n persistente: &#8220;el momento se convierte en una estaci&#243;n; el acontecimiento se convierte en una condici&#243;n&#8221; (p. 66).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El autor hace una analog&#237;a entre el cuerpo individual y la comunidad como cuerpo social. Buena parte del an&#225;lisis de Erikson se basa en este supuesto: en la posibilidad de casi trasladar un fen&#243;meno individual al &#225;mbito social. As&#237;, se piensa lo individual y lo social en t&#233;rminos de c&#233;lulas y organismos, en t&#233;rminos de tejidos que se da&#241;an o se curan; en t&#233;rminos de heridas individuales y culturales. Sociedad e individuo son tratados como organismos, como cuerpos deteriorados. Si bien estas analog&#237;as pueden resultar problem&#225;ticas, cabe destacar un aspecto de su propuesta, a saber, la idea de que las heridas que sufre una comunidad pueden crear &#8220;un estado de &#225;nimo, un &lt;i&gt;ethos&lt;/i&gt; o cultura grupal que es diferente de la suma de las heridas individuales que lo componen y m&#225;s que su suma. Es decir, el trauma tiene una dimensi&#243;n social&#8221; (Erikson, 2011, p. 66).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por su parte, Neil Smelser sostiene, igualmente, que no hay un evento que por s&#237; mismo pueda ser considerado como trauma cultural, ya sean desastres naturales, guerras o genocidios; que un evento pueda ser considerado como tal, sostiene el autor, depende &#8220;del contexto sociocultural de las sociedades afectadas en el momento en el que se produce la situaci&#243;n o acontecimiento hist&#243;rico&#8221; (2011, p. 92). Lo que Smelser destaca es el proceso social de constituci&#243;n de un evento como traum&#225;tico para una comunidad determinada, en un momento hist&#243;rico espec&#237;fico; es decir, de los criterios sociales que dictan lo que social y culturalmente puede ser considerado como un trauma cultural, pues un mismo evento puede ser considerado traum&#225;tico en un momento hist&#243;rico espec&#237;fico y en otro momento no. Para que esto sea as&#237;, es necesario que el evento conmocione masivamente la vida social organizada, que se afecten las estructuras sociales de la colectividad y se destrocen partes esenciales de una cultura.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El trauma cultural amenaza la cultura y las identidades de los individuos de una sociedad y, para ser considerado como tal, es necesario que se le asigne un valor negativo al evento mediante la utilizaci&#243;n de un lenguaje de afecto negativo, de manera que se establezca una representaci&#243;n del trauma como algo indeleble. A diferencia de los traumas psicol&#243;gicos cuya cura o atenuaci&#243;n consiste en un trabajo ps&#237;quico, en el caso de los traumas culturales el trabajo se da mediante la lucha entre distintos grupos o agentes sociales que pueden agitar o remover la memoria del evento traum&#225;tico y, consecuentemente, reconfigurarla, de manera que el trauma cultural no se mantiene fijo, y cada generaci&#243;n puede evaluarlo, reinterpretarlo, as&#237; como luchar sobre su significaci&#243;n simb&#243;lica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Muy cercana a la propuesta de Smelser est&#225; la del soci&#243;logo norteamericano Jeffrey Alexander, quien afirma que el trauma cultural tiene lugar cuando &#8220;los miembros de una colectividad sienten que han sido sometidos a un acontecimiento espantoso que deja trazas indelebles en su conciencia colectiva, marca sus recuerdos para siempre y cambia su identidad cultural en formas fundamentales e irrevocables&#8221; (2011, p. 125). La tesis fundamental del autor, muy cercana a la de Smelser, es, en pocas palabras, que el trauma cultural no es algo que exista de manera natural, es decir, no hay eventos que por s&#237; mismos puedan considerarse como tales, sino que se trata de algo que se construye socialmente. Uno de los puntos que cabe destacar de esta propuesta es que subraya la importancia que tiene, en el proceso de construcci&#243;n social de un evento como trauma, el asignar responsabilidades.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el desarrollo de su propuesta, Alexander analiza las dos versiones que existen en torno a la &#8220;teor&#237;a popular del trauma&#8221;, como la llama &#8211;seg&#250;n la cual estos &#8220;son acontecimientos que ocurren de manera natural y que destrozan el sentido de bienestar del actor individual o colectivo&#8221; (2011, p. 128)&#8211;, a saber, la ilustrada y la psicoanal&#237;tica. La primera parte del supuesto de racionalidad: los actores que enfrentan un trauma responden a este de manera racional: los eventos que lo causan se perciben con claridad, y las respuestas para atenderlo procuran resolverlo de manera progresiva con miras a su resoluci&#243;n en un futuro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El enfoque psicoanal&#237;tico, como ya vimos, plantea el tema del trauma en t&#233;rminos de una econom&#237;a ps&#237;quica y de las defensas que presenta un organismo para defenderse ante un shock que puede ser dif&#237;cil de asimilar. A diferencia del enfoque ilustrado, parte del supuesto de que los individuos tienden a reprimir el evento traum&#225;tico, y en lugar de enfrentarlo de manera directa y racional, aparece distorsionado en la memoria y la imaginaci&#243;n del sujeto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Alexander sostiene que la condici&#243;n traum&#225;tica de un evento no tiene que ver con su condici&#243;n real o imaginaria, ni con el da&#241;o y la manera abrupta en la que pueden tener lugar, sino con la creencia que una colectividad tiene de que ese evento ha afectado la identidad colectiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una condici&#243;n fundamental para que un trauma cultural tenga lugar, seg&#250;n el autor, es que una crisis social se convierta en crisis cultural. Es decir, Alexander distingue entre el acontecimiento y la representaci&#243;n del acontecimiento. Para que un acontecimiento pueda ser considerado como traum&#225;tico, es preciso que los actores de una colectividad representen de alguna manera eso que amenaza su sentido de identidad. De esta manera, propone que el proceso traum&#225;tico es la distancia entre un acontecimiento dado y su representaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si se analiza con detenimiento la propuesta de Alexander, se puede observar que de alguna manera traslada la noci&#243;n freudiana de &lt;i&gt;Nachtr&#228;glichkeit&lt;/i&gt; al &#225;mbito social, es decir, hay una suerte de acci&#243;n diferida entre la ocurrencia de un evento, que por s&#237; mismo no es traum&#225;tico, al momento en que se lo interpreta posteriormente de esta manera, en este caso por una colectividad, para lo cual se debe pasar por un proceso de representaci&#243;n simb&#243;lica &#8211;entendida como la conformaci&#243;n de una memoria colectiva&#8211; que consiste en varias etapas, que comprende la construcci&#243;n de narrativas, la demanda de reparaci&#243;n (atribuci&#243;n de responsables y de responsabilidades ante el hecho) y la posterior reconstituci&#243;n emocional, institucional y simb&#243;lica, que tiene que ver con la asignaci&#243;n de consecuencias morales, ideol&#243;gicas y materiales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El trauma y la representaci&#243;n cinematogr&#225;fica&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estudio del trauma, ya sea en su veta psicoanal&#237;tica o cultural/social, est&#225; &#237;ntimamente relacionado con el problema de las distintas formas de representaci&#243;n/simbolizaci&#243;n de un evento que, en principio, desborda a los sujetos y a las comunidades y que solamente luego de un arduo trabajo interpretativo y afrontamiento llega a constituirse como trauma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ya c&#233;lebre condena de Adorno de la cultura occidental despu&#233;s de la Soluci&#243;n Final (&#8220;Escribir poes&#237;a despu&#233;s de Auschwitz es un acto de barbarie&#8221; [Adorno, 2009, p. 47]) se ha traducido en posturas de pensadores que sostendr&#237;an que hay eventos tan graves en la historia de la humanidad que por su naturaleza son indecibles o irrepresentables.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Contra este supuesto, v&#233;ase, por ejemplo, la respuesta de Didi-Huberman (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De manera m&#225;s espec&#237;fica, el tema del trauma en el &#225;mbito cinematogr&#225;fico se ha enmarcado en una discusi&#243;n similar que, desde luego, tiene que ver principalmente con la posibilidad de representar cinematogr&#225;ficamente algunas de las formas del horror producto de las sociedades contempor&#225;neas. Sin embargo, esta discusi&#243;n ha adquirido ciertos matices que es necesario dejar apuntados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una veta de discusi&#243;n muy relevante se ha situado en lo que se refiere a la imagen y la narraci&#243;n como veh&#237;culos adecuados para dar cuenta de procesos hist&#243;ricos traum&#225;ticos, como el Holocausto y la Guerra de Vietnam, por ejemplo. Desde esta perspectiva, el trauma, entendido como una ruptura del sentido de una cultura y sus modos de representaci&#243;n, queda fuera de esta, es decir, ser&#237;a irrepresentable. Desde luego, tambi&#233;n es muy fuerte la postura que sostiene lo contrario, es decir, no solo la importancia sino la necesidad de contar con relatos narrativos y cinematogr&#225;ficos que den cuenta de eventos traum&#225;ticos por los que ha atravesado una sociedad y que, en este sentido, sirvan como una forma de mantener la memoria de ellos (Kaplan y Wang, 2004). As&#237;, y siguiendo esta postura, no es necesaria la fidelidad de los eventos reales con los representados; inclusive un melodrama hollywoodense que presentara dichos eventos de una manera estereotipada y suave para el espectador, es susceptible de ser le&#237;do de manera cr&#237;tica, &#8220;a contrapelo&#8221;, como querr&#237;a Walter Benjamin (1999, p. 46), de manera que en &#233;l se revelar&#237;a precisamente eso que una sociedad querr&#237;a olvidar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, uno de los problemas m&#225;s importantes con este abordaje es el inter&#233;s excesivo que muestra en c&#243;mo una representaci&#243;n cinematogr&#225;fica puede impactar la psique del espectador (fortaleciendo y ayudando a conformar una suerte de memoria colectiva) o, para decirlo de otra forma, la manera en que el cine puede ser un veh&#237;culo de traumatizaci&#243;n vicaria.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Este t&#233;rmino se ha utilizado principalmente en los contextos de labor (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; As&#237;, por ejemplo, Joshua Hirsch (2004), en su texto &#8220;Post-traumatic Cinema and the Holocaust Documentary&#8221; analiza dos &lt;i&gt;formas&lt;/i&gt; del documental que abordan el evento del Holocausto: una realista (&lt;i&gt;The Death Camps&lt;/i&gt;, Actualit&#233;s Fran&#231;aises, 1945) y otra modernista (&lt;i&gt;Noche y niebla&lt;/i&gt;, Alain Resnais,1955). La perspectiva del autor es precisamente ver qu&#233; forma cinematogr&#225;fica puede dar cuenta con mayor precisi&#243;n de la experiencia traum&#225;tica, as&#237; como analizar la manera en que una imagen cinematogr&#225;fica tiene el potencial de generar una traumatizaci&#243;n vicaria en el espectador, con el fin de fortalecer la memoria de los hechos. As&#237;, afirma:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;[&#8230;] cuando las propias im&#225;genes ya no traumatizan, el texto &#8211;o la pel&#237;cula en este caso&#8211; debe, en cierto sentido, esforzarse m&#225;s. Debe superar el adormecimiento defensivo. Las im&#225;genes documentales deben someterse a un discurso narrativo cuyo prop&#243;sito sea, si no traumatizar literalmente al espectador, al menos invocar una conciencia hist&#243;rica postraum&#225;tica, una especie de compromiso textual entre el sinsentido del encuentro traum&#225;tico inicial y el aparato de creaci&#243;n de sentido de una narraci&#243;n hist&#243;rica plenamente integrada, similar a la noci&#243;n de &#034;trauma silenciado&#034; de LaCapra. (Hirsch, 2004, p. 101. La traducci&#243;n es m&#237;a.)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El autor parte del supuesto de que, en efecto, un trauma implica una crisis de la representaci&#243;n y que, quien lo padece, es incapaz de traducir las impresiones del evento de manera coherente. En este sentido, el cine y otros medios de comunicaci&#243;n masiva cumplen un papel fundamental para dar forma y empezar a representar la falla de la representaci&#243;n que una persona ha sufrido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De esta manera, el an&#225;lisis que hace de ambas formas documentales presenta varias debilidades, las cuales en buena medida se deben a que traslada el problema del trauma y su representaci&#243;n del &#225;mbito ps&#237;quico al &#225;mbito cinematogr&#225;fico, y analiza los filmes en funci&#243;n, por ejemplo, de la manera en que representan la experiencia temporal de una persona que hubiera sufrido un trauma (o sea, una forma narrativa de presentar la temporalidad desde una perspectiva lineal &#8211;el documental realista&#8211; vs. una forma narrativa de temporalidad fragmentaria &#8211;el documental modernista&#8211;, siendo esta &#250;ltima, seg&#250;n su perspectiva, la forma m&#225;s adecuada de representar la manera en que se experimenta el trauma, o sea, la manera en que una persona que ha padecido el s&#237;ndrome de estr&#233;s postraum&#225;tico tiene acceso a esa dolorosa y terrible memoria del evento).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Otra forma de abordar el problema del trauma y la representaci&#243;n cinematogr&#225;fica es la desarrollada por Adam Lowenstein (2004 y 2005), quien analiza la representaci&#243;n de distintos eventos traum&#225;ticos de la historia de distintos pa&#237;ses (Francia, Inglaterra, Jap&#243;n, Estados Unidos y Canad&#225;) en pel&#237;culas de terror, a partir del concepto de inspiraci&#243;n de benjaminiana de &#8220;momento aleg&#243;rico&#8221;, el cual define como&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;una impactante colisi&#243;n entre cine, espectador e historia, en la que los registros del espacio corporal y el tiempo hist&#243;rico se ven alterados, confrontados y entrelazados. Estos registros de espacio y tiempo se distribuyen de forma desigual entre el texto cinematogr&#225;fico, el p&#250;blico de la pel&#237;cula y el contexto hist&#243;rico. (Loweinstein, 2005, p. 2. La traducci&#243;n es m&#237;a)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Su abordaje intenta desmarcarse de los estudios de cine que, en sus propias palabras, han tratado el problema de la representaci&#243;n cinematogr&#225;fica como si se estuviera haciendo un diagn&#243;stico de un paciente, y tambi&#233;n de aquellas posturas que juzgan las obras art&#237;sticas &#8211;o en este caso, cinematogr&#225;ficas&#8211; en funci&#243;n de su responsabilidad de dar cuenta de la manera m&#225;s precisa posible de los hechos hist&#243;ricos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De su propuesta se puede destacar la importancia del contexto hist&#243;rico en el que un filme es producido, as&#237; como su pregunta por la forma en que un filme accede a discursos de horror para confrontar la representaci&#243;n del trauma hist&#243;rico en funci&#243;n del contexto nacional y cultural del propio filme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si se analizan con detenimiento estas dos posturas nos damos cuenta de que en buena medida reproducen la discusi&#243;n psicoanal&#237;tica de donde proviene el concepto de trauma y las dos posturas predominantes: es decir, la que sostiene que el trauma se act&#250;a o que no implica ning&#250;n tipo de elaboraci&#243;n por parte de quien lo padece, o sea, que no hay un trabajo de representaci&#243;n sino una pura literalidad (Caruth), y la postura que sostiene el trauma siempre implica necesariamente una labor de interpretaci&#243;n y de elaboraci&#243;n por parte de quien lo padece (Leys).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta discusi&#243;n, trasladada al &#225;mbito cinematogr&#225;fico, podr&#237;a plantearse en los siguientes t&#233;rminos: una preocupaci&#243;n por representar de la manera m&#225;s fiel posible, casi literal, la experiencia traum&#225;tica (algo que puede verse en la propuesta de Kaplan y Wang, as&#237; como en la mayor&#237;a de los textos compilados en su libro); y una preocupaci&#243;n por desenredar la densa labor de representaci&#243;n de un trauma hist&#243;rico en un texto cinematogr&#225;fico, que es la l&#237;nea de an&#225;lisis que a continuaci&#243;n desarrollo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;De Tlatelolco a Ayotzinapa: ecos fantasmales que reverberan en una estaci&#243;n de autobuses&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si atendemos a lo expuesto por Alexander y Smelser, para que un acontecimiento pueda ser considerado un trauma cultural, es necesario que aquel haya dejado trazos indelebles en una sociedad, haya generado cambios en el sentido de identidad de una colectividad, haya creado memorias con una carga afectiva negativa, se haya afectado la vida y las estructuras sociales de un pa&#237;s y, sobre todo, en una lucha entre distintos agentes o grupos sociales, se hayan creado narrativas para dar cuenta de una crisis en la representaci&#243;n de los hechos traum&#225;ticos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay dos eventos de la historia mexicana contempor&#225;nea que pueden ser calificados como traumas culturales: la matanza de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La matanza ocurri&#243; durante un mitin organizado por estudiantes en la Plaza, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; y la desaparici&#243;n forzada, la noche del 26 de septiembre de 2014, de 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural &#8220;Ra&#250;l Isidro Burgos&#8221;, de Ayotzinapa. La pel&#237;cula &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; (2015) del director mexicano Isaac Ezban hace una asociaci&#243;n entre estos dos eventos, aunque no de manera expl&#237;cita, sino principalmente mediante resonancias y alusiones indirectas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;De Iguala a Ayotzinapa. La escena y el crimen&lt;/i&gt;, Escalante y Canseco (2019) analizan los procesos de elaboraci&#243;n cultural que hicieron de lo ocurrido el 26 de septiembre de 2014 en Iguala, Guerrero, un &#8220;acontecimiento&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Un acontecimiento [&#8230;] es un suceso significativo, que marca una diferencia: (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; comprendido bajo el t&#233;rmino &#8220;Ayotzinapa&#8221;. La tesis de la que parten es que &#8220;la construcci&#243;n del acontecimiento consisti&#243; en hacer de los hechos de Iguala una nueva escenificaci&#243;n de la masacre de Tlatelolco, del 2 de octubre de 1968&#8221; (Escalante y Canseco, 2019, p. 17). De acuerdo con los autores, un acontecimiento, en el sentido que lo entienden, reproduce una suerte de arquetipo, que en este caso se refiere a la lucha entre el Estado (entendido de manera muy abstracta como esa entidad encarnada en la figura presidencial encargada de ejercer el poder y reprimir) y el Pueblo (representado, en este caso, por los estudiantes). A lo largo del libro los autores analizan la manera en que discursivamente distintos agentes sociales (medios, sociedad civil, intelectuales, acad&#233;micos, etc.) fueron conformando la desaparici&#243;n de los 43 estudiantes no como un evento asociado al crimen organizado o a la guerra contra el narco, sino, m&#225;s bien, como un evento que se suma a la larga historia de lucha entre el Estado y el Pueblo, un acontecimiento, pues, que visto desde esta perspectiva, ser&#237;a un episodio m&#225;s de la represi&#243;n del primero sobre el segundo. La manera en que esta asociaci&#243;n de dos acontecimientos hist&#243;ricos que responden a causas y situaciones asaz diferentes se dio fue, principalmente, por medio del arquetipo del estudiante que &#8211;siempre de acuerdo con los autores&#8211; se form&#243; en buena medida a partir de las protestas estudiantiles del 68. &#8220;As&#237;, Ayotzinapa como an&#225;logo de Tlatelolco se convierte en el episodio emblem&#225;tico para juzgar al gobierno: no es otro episodio de violencia, sino un nuevo episodio de la historia patria &#8211;una reiteraci&#243;n de los anteriores&#8221; (Escalante y Canseco, 2019, p. 23). Esta equivalencia que casi inmediatamente se estableci&#243; en la opini&#243;n p&#250;blica del pa&#237;s es posible en el marco de lo que denominan una &#8220;cultura antag&#243;nica&#8221;:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Llamamos &#8220;cultura antag&#243;nica&#8221; a un sistema de signos, prejuicios, valoraciones, sobreentendidos, automatismos del sentido com&#250;n formado durante el r&#233;gimen revolucionario, una veta de discurso derivada del relato de la historia patria tal como se ense&#241;&#243; durante el siglo XX. [&#8230;] El supuesto impl&#237;cito indispensable de la cultura antag&#243;nica es la fundamental ilegitimidad del gobierno y, correlativamente, la fundamental legitimidad de cualquier forma de protesta o resistencia &#8211;llegado el caso, incluso la rebeli&#243;n. (Escalante y Canseco, 2019, p. 39)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Uno de estos automatismos del sentido com&#250;n que imper&#243; en el acontecimiento de Ayotzinapa fue el hecho de que las v&#237;ctimas fueran estudiantes: en ambos casos &#8211;se asume&#8211; su asesinato fue producto de la represi&#243;n del gobierno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237; pues, tanto la matanza ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre de 1968, como la desaparici&#243;n forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, son eventos traum&#225;ticos que han dejado profundas huellas en la historia del pa&#237;s, y que han pasado por un complejo proceso de elaboraci&#243;n cinematogr&#225;fica en &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt;. En el filme ambos eventos est&#225;n vinculados de distintas maneras y a partir de varias resonancias, pero la principal no es el hecho de que uno de los protagonistas (&#193;lvaro, interpretado por Humberto Busto) sea precisamente un estudiante que se encuentra atrapado en esa estaci&#243;n infernal, con el prop&#243;sito de llegar a la Ciudad de M&#233;xico al d&#237;a siguiente para participar en la manifestaci&#243;n estudiantil. La manera en que la pel&#237;cula establece un paralelismo entre ambos eventos traum&#225;ticos es mediante la desaparici&#243;n del rostro, signo inseparable de la noci&#243;n de identidad personal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una de las im&#225;genes m&#225;s horribles de la historia del M&#233;xico contempor&#225;neo es, sin duda, la aparici&#243;n del cuerpo del joven Julio C&#233;sar Mondrag&#243;n el d&#237;a posterior a los sucesos de Iguala, cuando se encontr&#243; su cuerpo sin vida, golpeado, amoratado y con el rostro descarnado. La imagen de este cuerpo sin rostro fue difundida de manera masiva mediante redes sociales y medios de comunicaci&#243;n, y esta imagen condens&#243; en buena medida todo el horror que rode&#243; (y a&#250;n rodea) lo acontecido a los estudiantes normalistas, y que cotidianamente se vive en M&#233;xico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En una entrevista hecha a la madre de Julio C&#233;sar, esta suelta una frase lapidaria que resume &#8211;si es que algo as&#237; se puede resumir&#8211; la abyecci&#243;n del crimen: &#8220;le quitaron el rostro y los ojos cuando estaba vivo&#8221; (Cort&#233;s, 27 de septiembre de 2019). Incluso si la p&#233;rdida del rostro y los ojos no fue producto de la tortura,&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Como parte del argumento que presentan Escalante y Canseco (2019, pp. 78 y (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; la imagen es estremecedora y da cuenta de los niveles de violencia que cotidianamente se ejercen sobre los cuerpos en este pa&#237;s. Ahora bien, esta imagen &#8211;la de un cuerpo que pierde el rostro y por lo tanto pierde su identidad&#8211; es sobre la que se funda el desarrollo de la trama de &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; y que plantea una serie de preguntas: &#191;qu&#233; significa aparecer o desaparecer cuando literalmente se borra el rostro propio? &#191;Qui&#233;n puede ver/captar las diferencias, la homogeneizaci&#243;n de los rostros? &#191;Desde qu&#233; instancias o dispositivos se determina la homogeneidad/diferencia? As&#237; pues, a partir del tema de la p&#233;rdida del rostro, la pel&#237;cula plantea una serie de problematizaciones en torno a lo visible/lo invisible de una forma de ejercer violencia sobre los cuerpos desapareciendo los rostros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El alien&#237;gena: las escalas y la mirada&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el documental &lt;i&gt;Gu&#237;a de cine para pervertidos&lt;/i&gt; (Sophie Fiennes, 2006), al abordar el tema de la voz en el cine, Slavoj &#381;i&#382;ek analiza algunas secuencias de &lt;i&gt;El exorcista&lt;/i&gt; (William Friedkin, 1973) y dice: &lt;i&gt;&#8220;La voz no es una parte org&#225;nica de un cuerpo humano. Viene de alg&#250;n lugar de en medio de nuestro cuerpo&#8221;&lt;/i&gt;: el cuerpo de la ni&#241;a pose&#237;da tiene una dimensi&#243;n obscena y el problema que se plantea es c&#243;mo deshacerse de ese &#8220;intruso alien&#237;gena&#8221;, una dimensi&#243;n traum&#225;tica, que de hecho es una caracter&#237;stica intr&#237;nseca de la voz humana de acuerdo con &#381;i&#382;ek, quien concluye su argumento afirmando: &lt;i&gt;&#8220;La lecci&#243;n que debemos aprender y que los filmes intentan evitar es que nosotros mismos somos los alien&#237;genas controlando nuestros cuerpos. La humanidad significa que los alien&#237;genas controlan nuestros cuerpos animales&#8221;.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin duda, formal y narrativamente &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; es una &#8220;carta de amor al cine de ciencia ficci&#243;n de los a&#241;os sesenta&#8221;, como la definiera el propio Ezban (Maga&#241;a, 22 de agosto de 2016), y hay muchas referencias a ese g&#233;nero, pero no solamente de la d&#233;cada de los sesenta. M&#225;s puntualmente, es posible vincular la propuesta cinematogr&#225;fica con &lt;i&gt;La invasi&#243;n de los ladrones de cuerpos&lt;/i&gt; (Don Siegel, 1956) y con su remake de 1978, dirigido por Philip Kaufman, pero no exclusivamente por los aspectos formales o narrativos (la irrupci&#243;n, en medio de un peque&#241;o pueblo norteamericano, de presencias alien&#237;genas que perturban la vida cotidiana, las atm&#243;sferas de encierro de la versi&#243;n del 56 o la forma que tienen las vainas extraterrestres de llegar a la tierra en la versi&#243;n del 78 &#8211;en la pel&#237;cula de Ezban la lluvia radioactiva&#8211;, etc.); el principal v&#237;nculo de estas pel&#237;culas con la mexicana est&#225; en el planteamiento en torno a la identidad de las personas y la relaci&#243;n que tiene con su cuerpo, m&#225;s espec&#237;ficamente, el rostro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula de Siegel, filmada en el contexto de la Guerra Fr&#237;a y la paranoia norteamericana anticomunista del macartismo, plantea un escenario en donde la invasi&#243;n extraterrestre tiene lugar mediante la usurpaci&#243;n de los cuerpos de los humanos: a partir de un complicado proceso org&#225;nico, se planta un cuerpo en una vaina en donde crece hasta alcanzar el desarrollo del cuerpo anfitri&#243;n, cuya identidad es completamente suplantada una vez que concluye el proceso. Poco a poco la gente del pueblo es sustituida por los cuerpos de las vainas, pero al comenzar a ser mayor&#237;a, no solamente dejan de oponerse a la invasi&#243;n o incluso la promueven, sino que ya nadie es capaz de notar la diferencia, es decir, ya nadie puede decir qu&#233; significa ser humano con respecto a la nueva condici&#243;n, salvo por el protagonista, interpretado por Kevin McCarthy.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque en principio el planteamiento de &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; resulta muy similar, la lectura pol&#237;tica del filme, en el contexto de la sociedad mexicana contempor&#225;nea, es asaz diferente. Todo el filme transcurre en una estaci&#243;n de autobuses de Iguala, la madrugada del 2 de octubre de 1968. En esa atm&#243;sfera cerrada, paulatinamente van a ir apareciendo los personajes que van a desarrollar el drama.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ulises (Gustavo S&#225;nchez Parra), un hombre de rasgos mestizos, cabello largo y barba poblada, entra en la estaci&#243;n para preguntar a Mart&#237;n (Fernando Becerril), un hombre mayor, tambi&#233;n de rasgos mestizos y sin barba, si tiene alguna informaci&#243;n sobre el autob&#250;s, que nos enteramos de que est&#225; retrasado por la tormenta. Adem&#225;s de ellos dos, en la estaci&#243;n hay una anciana ind&#237;gena: Roberta (Mar&#237;a Elena Olivares), quien ni siquiera habla espa&#241;ol. Posteriormente, entra en la estaci&#243;n una mujer embarazada de alrededor de 30 a&#241;os: Irene (Cassandra Ciangherotti), a quien tambi&#233;n le urge llegar a la Ciudad de M&#233;xico. Un tema que desde estas primeras secuencias se refuerza una y otra vez son los problemas con la comunicaci&#243;n exterior: hay fallas en las l&#237;neas telef&#243;nicas, y a lo largo de todo el filme nos vamos a enterar de lo que acontece en el mundo fuera de la estaci&#243;n &#250;nicamente mediante las voces de la estaci&#243;n de radio (fig. 1).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1761 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;26&#034; data-legende-lenx=&#034;&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH192/fig_1_ulises_y_roberta-2-259da.jpg?1775180285' width='354' height='192' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Fig. 1. Ulises y Roberta&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;De hecho, hay otra pel&#237;cula con la que &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; guarda semejanzas estructurales muy importantes: &lt;i&gt;Rojo amanecer&lt;/i&gt; (Jorge Fons, 1989). Este filme abord&#243; por primera vez en la historia del pa&#237;s la masacre en la Plaza de las Tres Culturas, y para hacerlo centr&#243; toda la narraci&#243;n en los conflictos al interior de una familia de clase media, en donde cada uno de los miembros representaba una suerte de estereotipo de la &#233;poca: el ama de casa, el pap&#225; bur&#243;crata, el abuelo, los hijos estudiantes rebeldes, etc. Una de las decisiones formales m&#225;s interesantes que en su momento tom&#243; Fons fue filtrar la masacre de manera indirecta en el interior del hogar donde tiene lugar la acci&#243;n. O para decirlo en t&#233;rminos de Prince (2003), el director efectu&#243; un desplazamiento de la violencia al fuera de campo, es decir, a lo largo del filme jam&#225;s vemos de hecho lo que acontece en la Plaza: solo lo escuchamos (los gritos y las balas que suenan) o vemos que de hecho se utilizaron armas porque varias balas rompen la ventana y revientan en los muros del hogar. Acaso la imagen m&#225;s brutal y po&#233;tica (en el sentido en que Prince entiende este t&#233;rmino), por sugerente, son las huellas de sangre que se observan en las &#250;ltimas secuencias del filme cuando la ni&#241;a abandona el departamento y camina por las calles de Tlatelolco. El &#250;nico rastro, evidencia, de la masacre es un manch&#243;n de sangre sobre el pavimento.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Cabe aclarar que en el filme tambi&#233;n vemos la violencia de manera expl&#237;cita: (&#8230;)&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por su parte, en la propuesta de Ezban, los acontecimientos tambi&#233;n tienen lugar en un espacio cerrado y la relaci&#243;n con una serie de hechos extraordinarios que est&#225;n teniendo lugar de manera paralela a los de la estaci&#243;n se entabla de manera indirecta, mediante formas incorp&#243;reas: las ondas de la radio y las voces distorsionadas de un tel&#233;fono p&#250;blico que est&#225; dentro de la estaci&#243;n. En este filme las voces provenientes del radio van a tener un papel muy importante pues no solamente van a ir puntuando o dando un contexto mayor a la historia que tiene lugar en la estaci&#243;n; en alg&#250;n momento van a servir como una forma de desplazamiento po&#233;tico de una forma de violencia mayor a la que de hecho viven los personajes atrapados en la estaci&#243;n: un diluvio, una invasi&#243;n que supera el peque&#241;o espacio y la vida de los involucrados, una violencia que se siente en todo el pa&#237;s, y probablemente en todo el mundo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por otra parte, desde las primeras secuencias del filme de Ezban, la c&#225;mara se encarga de mostrarnos las im&#225;genes de cuerpos y rostros de personas famosas o que forman parte de la publicidad. En varias ocasiones se detiene en im&#225;genes de mujeres desnudas en revistas pornogr&#225;ficas, o de rostros famosos, como Pedro Infante, los Beatles, Marilyn Monroe, Sean Connery, Capulina, cuerpos y rostros con muy diferentes caracter&#237;sticas sexuales, &#233;tnicas y f&#237;sicas, im&#225;genes todas, que apelan a un bagaje cultural com&#250;n, pero que tambi&#233;n refuerzan la identidad de lo retratado: lo que se ha fijado en una huella fotogr&#225;fica es un rastro de tiempo que en principio no podr&#237;a borrarse. En alg&#250;n momento hay inclusive una foto que muestra a Mart&#237;n con su esposa con muchos a&#241;os menos de los que tiene en ese momento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;M&#225;s adelante, en el ba&#241;o, con Irene, aparece Rosa (Catalina Salas), quien es el primer personaje infectado: mientras acosa a la primera, cae desplomada con espuma en la boca. Irene sale en busca de Ulises y cuando regresa al ba&#241;o Mart&#237;n se atraviesa en su camino, con espuma de afeitar en el rostro, y dice que Ulises es el diablo. En ese mismo espacio entra en escena &#193;lvaro, quien llega a la estaci&#243;n acompa&#241;ado por los &#250;ltimos personajes: una se&#241;ora, Gertrudis (Carmen Beato), que viene con su hijo, Ignacio (Santiago Torres). Una vez que est&#225;n todos los personajes inicia el tema de la usurpaci&#243;n: Mart&#237;n aparece con una venda en el rostro y &#193;lvaro nos informa que Rosa est&#225; atravesando una mutaci&#243;n acelerada porque le est&#225;n saliendo pelos en el rostro. En resumen, a partir de este momento se instaura una atm&#243;sfera paranoica en la que todos desconfiar&#225;n de los otros y no sabr&#225;n a qui&#233;n culpar de lo que empieza a manifestarse como un virus que afecta principalmente los rostros (fig. 2).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1763 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;25&#034; data-legende-lenx=&#034;&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_2_martin_y_alvaro-2.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_2_martin_y_alvaro-2.jpg?1754362423' width='500' height='317' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Fig. 2. Mart&#237;n y &#193;lvaro&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El momento en que el &#8220;contenido&#8221; del virus se revela se hace mediante montaje paralelo: Irene va al ba&#241;o a atender el llamado y las quejas de Rosa, mientras &#193;lvaro, en medio de la estaci&#243;n, comienza a quitar las vendas del rostro de Mart&#237;n: al volverse, Rosa muestra lo mismo que &#193;lvaro mira cuando concluye su labor: se trata de la reproducci&#243;n de los mismos rasgos faciales y &#233;tnicos de Ulises; ambas personas, independientemente de su sexo, edad y condici&#243;n &#233;tnica, van a reproducir los rasgos de aquel, incluidas la barba y el corte de cabello, si bien mantienen la voz propia. Una particularidad de este fen&#243;meno es que Ulises es ciego a la transformaci&#243;n que tiene lugar en los rostros de los dem&#225;s: es incapaz de ver su propio rostro estampado, reproducido o producido en el de las otras personas. A partir de ese momento, salvo por Ignacio, el &#8220;virus&#8221; infectar&#225; a todos los personajes, incluido el beb&#233; de Irene &#8211;quien es dado a luz en medio de la estaci&#243;n&#8211; y a todas las im&#225;genes que la c&#225;mara nos mostr&#243; desde el principio de la pel&#237;cula: la publicidad, las revistas pornogr&#225;ficas, las estrellas de cine, los futbolistas, las im&#225;genes religiosas, las fotograf&#237;as personales: los rostros de todo el mundo aparecer&#225;n como reproducidos sobre la base del rostro de Ulises, todos como una copia, con los mismos rasgos f&#237;sicos. La primera en ser infectada, Rosa, termina por suicidarse cuando con un cristal roto trata de arrancarse el rostro que no reconoce como propio hasta que de este solo quedan girones de carne irreconocible.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay varias lecturas que se puede hacer de esta transformaci&#243;n y p&#233;rdida de identidad mediante el borramiento del rostro. En &lt;i&gt;Vida precaria: el poder del duelo y la violencia,&lt;/i&gt; Judith Butler (2006) reflexiona en torno a la atm&#243;sfera internacional despu&#233;s de los eventos posteriores a la ca&#237;da de las Torres Gemelas el 9 de septiembre de 2001, a partir de la noci&#243;n de rostro tal como es desarrollada por Levinas, quien sostiene que es precisamente mediante aquel que los seres humanos somos interpelados moralmente, y cuyo sentido m&#225;s profundo consiste en transmitir, sin palabras y sin voz, el mandamiento b&#237;blico: no matar&#225;s. Antes siquiera de poder hablar, quien mira un rostro es interpelado moralmente al recibir esa orden: la prohibici&#243;n de matar al otro. Para Butler, el significado del rostro es aquello que trasciende las palabras; se tratar&#237;a m&#225;s bien de un sonido previo a la articulaci&#243;n y la significaci&#243;n del lenguaje: &#8220;el sonido de un lenguaje vaciado de sentido, el sustrato de vocalizaci&#243;n sonora que precede y limita la transmisi&#243;n de cualquier rasgo sem&#225;ntico&#8221; (2006, p. 169). Y m&#225;s adelante agrega:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Responder por el rostro, comprender lo que quiere decir, significa despertarse a lo que es precario de otra vida o, m&#225;s bien, a la precariedad de la vida misma. [&#8230;] Debe ser una comprensi&#243;n de la precariedad del Otro. Esto es lo que vuelve al rostro parte de la esfera de la &#233;tica. (p. 169)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;De hecho, el mirar un rostro produce dos sentimientos contradictorios en quien lo mira: por una parte, un impulso asesino, pues nos muestra la vulnerabilidad de los otros, pero al mismo tiempo transmite la prohibici&#243;n divina contra el asesinato. Desde esta perspectiva, la no violencia que postula Levinas tiene lugar como parte de una &#8220;tensi&#243;n constante entre el temor de sufrir violencia y el temor de infligirla&#8221; (p. 172), es decir, entre ese primer impulso asesino que nos genera la visi&#243;n de la vulnerabilidad del otro y esa voz inhumana, esa voz que no proviene del rostro, y que nos impone la prohibici&#243;n &#233;tica en contra de nuestro impulso asesino: no matar&#225;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el momento en que los personajes comienzan a perder su rostro se vuelven objeto de sospecha: ya no puede reconoc&#233;rseles particularidades, rasgos propios, identitarios, a partir de los cuales sea posible ver la vulnerabilidad de la que habla Butler. En un primer momento, la desaparici&#243;n de la singularidad del rostro tiene como resultado la homogeneizaci&#243;n de las personas y aparentemente borra las distinciones de clase, de sexo, de etnia y hasta de edad. Desde esta perspectiva, parecerse implica des-aparecer: los parecidos son en realidad los desaparecidos, los que han perdido el rostro y por lo tanto ya no podemos ver y tampoco pueden verse a s&#237; mismos; al ver esa cara, esa misma careta sobreimpuesta sobre la propia, no pueden sino desconocerse, sentir horror. Desaparecidos en medio de los parecidos absolutos. La producci&#243;n de un mismo rostro, la impresi&#243;n de un mismo rostro en las personas, implica de facto desaparecerlas en la visibilidad de lo mismo. Y he aqu&#237; una de las primeras funciones de la figura del alien&#237;gena tal como es trabajada en la propuesta de Ezban: como un mecanismo de visibilizaci&#243;n/invisibilizaci&#243;n de las diferencias, de los rasgos propios de las personas (fig. 3).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1762 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;35&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH181/fig_3_transformacion-2-808f7.jpg?1775180285' width='354' height='181' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Fig. 3. Transformaci&#243;n de Roberta&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Una vez que la atm&#243;sfera paranoica se ha impuesto en la estaci&#243;n de autob&#250;s, y que las recriminaciones mutuas han llegado a un impasse narrativo, el filme revela al verdadero villano: Ignacio, el ni&#241;o que aparentaba inocencia y vulnerabilidad por su condici&#243;n f&#237;sica al principio de la pel&#237;cula. En consonancia con otras propuestas del g&#233;nero que han utilizado la figura del ni&#241;o como origen de la maldad o con alg&#250;n tipo de caracter&#237;stica sobrenatural que les permite controlar los eventos o conectarse con fuerzas sobrehumanas (como por ejemplo en &lt;i&gt;Poltergeist&lt;/i&gt; de Tobe Hooper, 1982, o &lt;i&gt;Carrie&lt;/i&gt; de Brian de Palma, 1976, o el cap&#237;tulo de la primera &#233;poca de &lt;i&gt;La dimensi&#243;n desconocida&lt;/i&gt; intitulado &#8220;It's a Good Life&#8221;, de James Shledon, 1961, cuyo argumento narrativo parece ser la principal fuente del filme de Ezban) en &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; vemos que es el ni&#241;o quien, aparentemente, est&#225; operando las acciones sobrenaturales que han tenido lugar en esa fat&#237;dica noche. Lo que m&#225;s interesa para los fines de este an&#225;lisis es la explicaci&#243;n que aquel da de los hechos: todo el desarrollo de los eventos proviene de un viejo c&#243;mic que Ignacio lee a Ulises, mientras este yace en el piso, amarrado (fig. 4). En la voz del ni&#241;o, la narraci&#243;n cuenta lo siguiente:&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1765 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;15&#034; data-legende-lenx=&#034;&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_4_comic.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/fig_4_comic.jpg?1754362423' width='500' height='281' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Fig. 4. Comic&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;En medio de una lluvia infernal ellos llegaron. Necesitaban de la lluvia para viajar a nuestro planeta. Las gotas eran su medio de transporte. Llegaron, tomaron lo que quer&#237;an y se fueron. No destruyeron ciudades ni secuestraron personas, como lo muestran las pel&#237;culas. Tampoco invadieron nuestro planeta porque no hab&#237;a nada que invadir. Solo llegaron, tomaron lo que quer&#237;an y se fueron. Y lo que quer&#237;an era precisamente eso que nos hace humanos. Al d&#237;a siguiente nadie recordar&#237;a su visita y precisamente por la falta de identidad nadie, tampoco, notar&#237;a las similitudes. De la misma forma que un grupo de hormigas siente que cada hormiga es diferente, pero para nosotros los humanos gigantes que las vemos desde arriba todas son hormigas, para nosotros los gigantes las hormigas son solo un juego. Solo alguien que fuera diferente a todos podr&#237;a notar lo que hab&#237;a pasado, y no hab&#237;a nadie diferente. A partir de este d&#237;a, y durante el resto de nuestra existencia, todo hab&#237;a cambiado. La vida en el planeta Tierra ya nunca volver&#237;a a ser igual, aunque al mismo tiempo tambi&#233;n ya todo era igual.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;De este relato hay varias cosas que cabe destacar. En primer lugar, el problema de la visi&#243;n, o para decirlo de manera m&#225;s precisa, de la percepci&#243;n de los otros, de la diferencia, como un problema no solo de magnitud, sino de escalas. Del relato se desprende que el baremo de la identidad es la escala: solo entre seres ubicados en la misma escala es posible reconocer diferencias y similitudes. As&#237;, las hormigas no se confunden entre s&#237;. El problema es cuando nos colocamos en una escala diferente, una escala considerablemente mayor o menor. Para nosotros todas las hormigas son iguales; no hay diferencia posible. Somos literalmente incapaces de distinguirlas. Nuestra escala, nuestro lugar, nuestra posici&#243;n desde donde evaluamos el diminuto mundo de las hormigas nos lo impide. Somos pues ciegos a las diferencias en esa escala. Desde luego, esta situaci&#243;n atraviesa todo el universo, incluido el mundo humano. Es una analog&#237;a manida pero que en esta pel&#237;cula, en esta narraci&#243;n, tiene consecuencias interesantes. Lo que se desprende de esta analog&#237;a funciona casi a manera de silogismo: as&#237; como nosotros vemos y juzgamos a las hormigas, cuyas vidas peque&#241;as e insignificantes despreciamos, as&#237; pues debe haber una mirada sobrehumana &#8211;ubicada en otra escala espacial y temporal&#8211; para quien nuestras propias vidas sean como para nosotros las de aquellas: peque&#241;as, insignificantes, dispensables, sustituibles. Dependiendo del relato teol&#243;gico o m&#237;tico en donde nos ubiquemos, habr&#225; quienes digan que esa mirada no puede sino ser divina, la de un ser superior, que vigila nuestros pasos, que est&#225; pendiente de nuestras vidas. Dependiendo de este relato, habr&#225; quienes atribuyan a un tal ser la caridad, la crueldad o la indiferencia. En todo caso, en este filme, el problema de las escalas no est&#225; planteado al nivel de las divinidades, sino de formas de vida org&#225;nicas extraterrestres que colocan en perspectiva la propia vida humana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En las primeras secuencias del filme, despu&#233;s de que termina la narraci&#243;n en off del inicio y de que se escucha mediante el radio de manera entrecortada la voz de un hombre que anuncia que la lluvia que cae afuera no es normal, vemos por primera vez a Ulises, quien le pregunta a Mart&#237;n si sabe algo. &#201;ste contesta que la tormenta atras&#243; todas las l&#237;neas y que esta es la &#250;ltima estaci&#243;n. Ulises se aleja molesto de la taquilla y la c&#225;mara lo sigue a contraflujo, en un travelling que s&#250;bitamente comienza a elevarse para mostrar a Mart&#237;n y la caseta de tel&#233;fono desde un &#225;ngulo casi cenital, para despu&#233;s abandonar la estaci&#243;n y colocarse fuera, justo en medio de la lluvia que cae, pero desde la perspectiva de alguien, o algo, que la mira desde arriba, desde una posici&#243;n privilegiada. Esa secuencia ritma con una imagen que tuvo lugar minutos antes y que solamente despu&#233;s del relato que hace Ignacio cobra su sentido pleno: mientras la voz en off dice: &#8220;Pero Mart&#237;n no es el personaje importante de esta historia; de hecho, Mart&#237;n no es nada, m&#225;s que una simple ficha en el juego de alguien m&#225;s&#8230;&#8221; vemos al aludido apachurrando a una hormiga con dos dedos para luego mirar distra&#237;do, con indiferencia, la masa que termina de moler entre sus dedos para tirarla sobre un cenicero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En efecto, esa mirada que desde las primeras secuencias se posa sobre los peque&#241;os humanos atrapados en una estaci&#243;n de autobuses en Iguala no es una mirada divina; es, s&#237;, una mirada sobrehumana, que en este caso est&#225; representada por los alien&#237;genas invisibles, pero estos, en t&#233;rminos de escala, no pueden sino ocupar el mismo sitio que la mirada del poder: la mirada que iguala rostros y cuerpos, la mirada para quien los seres diminutos no son m&#225;s que fichas en un juego de alguien m&#225;s. Eso es en realidad lo que la figura del alien&#237;gena muestra en esta pel&#237;cula: la mirada del poder, que iguala y hace dispensables los rostros y los cuerpos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un segundo problema que plantean tanto el relato como esta forma espec&#237;fica que tiene el poder de homogeneizar a las personas igualando los rostros es el de establecer qu&#233; es aquello que nos hace humanos, bajo qu&#233; criterios se considera lo humano y lo inhumano. Si el primer problema es el relacionado con la escala, el segundo est&#225; relacionado con esquemas normativos de inteligibilidad a partir de los cuales es posible distinguir, como sugiere Butler (2006, p. 183), lo que puede considerarse una vida vivible y una vida lamentable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237; pues, de acuerdo con la fil&#243;sofa estadunidense, para Levinas el rostro no es exclusivamente humano, sin embargo, es una condici&#243;n para la humanizaci&#243;n. Butler traslada esta paradoja al &#225;mbito de la representaci&#243;n de los otros en los medios de comunicaci&#243;n, m&#225;s espec&#237;ficamente durante los eventos posteriores a 9/11, y se pregunta: &#8220;&#191;C&#243;mo podemos darnos cuenta de la diferencia entre el rostro inhumano pero humanizante, seg&#250;n Levinas, y la deshumanizaci&#243;n que puede tener lugar por medio del rostro?&#8221; (Butler, 2006, p. 176) Esta situaci&#243;n la hace plantearse los modos en que la violencia hacia los otros puede tener lugar. Uno es mediante la producci&#243;n de un rostro &#8211;en los medios de comunicaci&#243;n&#8211;: la producci&#243;n de retratos medi&#225;ticos en donde un rostro &#8211;por ejemplo, el de Bin Laden&#8211; es encuadrado de manera tendenciosa con el fin de que ese rostro representara el terror mismo. &#8220;En efecto, la cara fotografiada parece esconder o desplazar el rostro en el sentido de Levinas, desde el momento en que no hay vocalizaci&#243;n de la pena o la agon&#237;a, no hay ning&#250;n sentido de la precariedad de la vida que pueda verse u o&#237;rse a trav&#233;s de ese rostro&#8221; (p. 178).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde esta perspectiva, se puede decir que el rostro no humaniza en todos los casos; tambi&#233;n es posible que haya una deshumanizaci&#243;n especialmente cuando un rostro &lt;i&gt;se produce&lt;/i&gt;. El riesgo, dice Butler, que hay en la reproducci&#243;n y difusi&#243;n de estas im&#225;genes de rostros en los que se querr&#237;a fijar la victoria, la esperanza o el mal es que construyen un paradigma de lo humano y, de facto, funcionan como un instrumento cultural para establecer una norma a partir de la cual juzgar la pluralidad y tratar de fijar lo que se considera humano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este punto, la propuesta de Butler tiene puntos en com&#250;n con la problematizaci&#243;n del rostro que hacen Deleuze y Guattari (2004). En &#8220;A&#241;o cero &#8211; Rostridad&#8221;, los autores sostienen que cada rostro es en realidad producido por una m&#225;quina abstracta de rostridad de acuerdo con zonas de frecuencia o probabilidad cuya finalidad es neutralizar expresiones que no se ajusten a las significaciones dominantes. Se trata, en suma, de un proceso de codificaci&#243;n o sobrecodificaci&#243;n de la pluralidad que es capturada, ordenada, serializada, mediante la producci&#243;n de un rostro. &#8220;La rostrificaci&#243;n no act&#250;a por semejanza, sino por orden de razones. Es una operaci&#243;n mucho m&#225;s inconsciente y maqu&#237;nica que hace pasar todo el cuerpo por la superficie agujereada, y en la que el rostro no desempe&#241;a el papel de modelo o imagen, sino el de sobrecodificaci&#243;n para todas las partes descodificadas&#8221; (Deleuze y Guattari, 2004, p. 175). Desde la perspectiva de los autores, hay toda una pol&#237;tica del rostro que entra en lucha con otra pol&#237;tica: la de deshacer el rostro como forma de escapar a la sobrecodificaci&#243;n y generar otro tipo de agenciamientos y devenires, y labrar un camino propio hacia lo asignificante y asubjetivo. &#8220;Por supuesto, nosotros no decimos que el rostro, la potencia del rostro, engendre el poder y lo explique. Por el contrario, &lt;i&gt;ciertos agenciamientos de poder tienen necesidad de producir rostro&lt;/i&gt;, otros no. [&#8230;] Y eso por una raz&#243;n muy simple. El rostro no es universal. Ni siquiera es el del hombre blanco. El rostro es el propio Hombre blanco, con sus anchas mejillas blancas y el agujero negro de los ojos&#8221; (p. 181. El subrayado es m&#237;o). De esta manera, la m&#225;quina abstracta de rostridad funciona de dos maneras: constituye una unidad de un rostro elemental en relaci&#243;n biun&#237;voca con otro, ya sea de conjunci&#243;n o disyunci&#243;n: se trata del rostro de hombre &lt;i&gt;o&lt;/i&gt; mujer, adulto &lt;i&gt;o&lt;/i&gt; ni&#241;o; o tambi&#233;n, cuando se trata de rostros que van acompa&#241;ados (o sea, no se puede entender uno sin el otro): rostro de maestro &lt;i&gt;y&lt;/i&gt; alumno, obrero &lt;i&gt;y&lt;/i&gt; patr&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La otra manera de funcionar es mediante la selecci&#243;n: &#8220;dado un rostro concreto, la m&#225;quina juzga si pasa o no pasa, si se ajusta o no se ajusta, seg&#250;n las unidades de rostros elementales. La relaci&#243;n binaria es, en este caso, del tipo &#8216;s&#237;-no'&#8221; (p. 182). Desde esta perspectiva, la funci&#243;n de la m&#225;quina es rechazar los rostros que no se ajusten a la norma, as&#237; como los gestos equ&#237;vocos, o sea, los que no se correspondan con el tipo de rostro del que deber&#237;an formar parte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En pocas palabras, la m&#225;quina abstracta de rostridad codifica y captura la multiplicidad para colocarla en una serializaci&#243;n que abarca incluso las variaciones de desviaci&#243;n, incorporando cualquier rasgo o forma de diferencia: algunas veces se los tolera, mediante el establecimiento de lugares y condiciones espec&#237;ficas (como los guetos), y otras veces se los borra, pero de facto no acepta nunca la alteridad. &#8220;El racismo jam&#225;s detecta las part&#237;culas de lo otro, propaga las ondas de lo mismo hasta la extinci&#243;n de lo que no se deja identificar (o que solo se deja identificar a partir de tal o tal variaci&#243;n). Su crueldad solo es equiparable a su incompetencia o su ingenuidad&#8221; (p. 183). As&#237;, la aseveraci&#243;n de los autores de que el rostro es una pol&#237;tica implica analizar la relaci&#243;n del rostro con la m&#225;quina abstracta que lo produce y con los agenciamientos de poder que hacen necesario la producci&#243;n de aquel.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; la mirada alien&#237;gena, que representa la mirada del poder, literalmente produce rostros, un tipo de rostro, que captura los de todas las dem&#225;s personas. En un primer momento, la sobreimpresi&#243;n del rostro &#250;nico hace que se dude sobre el car&#225;cter humano del rostro mismo: desde la repetici&#243;n de lo mismo es dif&#237;cil escuchar esa voz que no es humana y que al mismo tiempo me vuelve asesino y me impide matar. El problema es, precisamente, que ese rostro-tipo ha levantado la prohibici&#243;n moral contra el asesinato, pero al mismo tiempo, para seguir dando cuenta de la paradoja se&#241;alada por Butler, tampoco puede haber asesinato: si no hay rostro, no puede haber asesinato, porque eso que est&#225; ah&#237;, frente a m&#237;, ya no es humano: ha dejado de interpelarme, y deshacerme de &#233;l es lo mismo que matar a una hormiga. Ese rostro-tipo que infecta a todos los dem&#225;s los saca de la escala humana y produce, en quien lo observa, otra mirada: la mirada indiferente del poder.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De acuerdo con Butler, lo humano no puede representarse en el rostro ni identificarse con la representaci&#243;n ni con lo irrepresentable. Esta paradoja se debe mantener siempre en la representaci&#243;n que se intente hacer de lo humano mediante el rostro. El problema, dice, es cuando se pretende poner aquel al servicio de una personificaci&#243;n que capturar&#237;a lo humano &#8211;como cuando se establece una equivalencia entre un rostro y el mal o la victoria&#8211;. Siempre que esto acontece, hay una p&#233;rdida. &#8220;En este caso, no podemos escuchar el rostro a trav&#233;s de la cara. Aqu&#237; la cara oculta el sonido del sufrimiento humano y la proximidad que debemos tener respecto de la precariedad de la vida misma&#8221; (Butler, 2006, p. 181). Un yo que mire esa cara no puede identificarse con ella y, por el contrario, ese rostro en todo caso sirve para deshumanizar y como condici&#243;n de la violencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la pel&#237;cula se plantea el problema de la deshumanizaci&#243;n, pues a partir de la tematizaci&#243;n de la desaparici&#243;n del rostro se hacen visibles los esquemas normativos de inteligibilidad que marcan la l&#237;nea entre lo humano y lo no humano, lo que podr&#237;a ser dispensable.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Estos esquemas normativos funcionan no solo produciendo ideales que distinguen entre quienes son m&#225;s o menos humanos. A veces, producen im&#225;genes de lo que es menos que humano bajo el aspecto de lo humano para mostrar el modo como lo inhumano se oculta, amenazando con enga&#241;ar a todos aquellos que sean capaces de creer que all&#237;, en esa cara, hay otro humano. Pero a veces este esquema normativo funciona precisamente sustrayendo toda imagen, todo nombre, toda narrativa, &lt;i&gt;de modo que nunca hubo all&#237; una vida ni nunca hubo all&#237; una muerte&lt;/i&gt;. Se trata de dos formas diferentes de poder normativo: una opera produciendo una identificaci&#243;n simb&#243;lica del rostro con lo inhumano, rechazando nuestra aprehensi&#243;n de lo humano en la escena; la otra funciona por medio de un borramiento radical, &lt;i&gt;de tal modo que all&#237; nunca hubo nada humano, nunca hubo una vida y, por lo tanto, no ha ocurrido ning&#250;n asesinato&lt;/i&gt;. (Butler, 2006, p. 183. El subrayado es m&#237;o.)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;A diferencia de otras pel&#237;culas de terror en donde se plantea alguna forma de posesi&#243;n o de deformaci&#243;n de lo humano, en &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; la &#8220;trampa&#8221;, por decir as&#237;, est&#225; en que la manera en que lo extraterrestre se manifiesta es mediante la aparici&#243;n de un rostro que, en sentido estricto, es humano. En principio, no hay nada monstruoso ni extraordinario en un rostro de rasgos mestizos con barba y bigote poblados. As&#237;, en este caso, el esquema normativo que opera para deshumanizar no funciona mediante la mostraci&#243;n de algo que ser&#237;a menos que humano; opera mediante la sustracci&#243;n en lo visible: ese rostro que ves ah&#237; sigue siendo humano, pero al multiplicarse al infinito lo que opera es un borramiento radical, como dice Butler: la multiplicaci&#243;n ha operado un borramiento de la identidad y la posible identificaci&#243;n humana, y por lo tanto, no solo ha anulado, de hecho, la prohibici&#243;n del asesinato, sino que ha cancelado la posibilidad de que este acontezca: no puede haber muerte donde nunca hubo vida. La mirada del poder que se posa sobre los cuerpos los iguala y los coloca fuera de la escala humana desde donde a&#250;n se puede escuchar la voz que nos proh&#237;be el asesinato y desde donde a&#250;n podemos reconocer nuestra propia precariedad en la vida precaria de los otros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No es pues casualidad que a lo largo del filme los personajes mueren una vez que ha tenido lugar la mutaci&#243;n. El rostro es la medida para juzgar la escala o lo humano y lo inhumano. Pero una vez que la transformaci&#243;n ha concluido, esta deviene invisible: se ha entrado en un nuevo reino, con sus propias escalas: quien porta el mismo rostro no solo se vuelve ciego a su propia transformaci&#243;n, sino que es capaz de distinguir diferencias en los dem&#225;s rostros transformados; ha entrado en el mundo de las hormigas, por decirlo de alguna manera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al final del filme, el autob&#250;s finalmente llega a la estaci&#243;n y la masacre que tuvo lugar la noche anterior en ese lugar recibe una explicaci&#243;n racional: se culpa al estudiante de haber tenido un brote psic&#243;tico producido por las drogas, lo que lo habr&#237;a llevado a asesinar a todas las personas cuyos cuerpos se encuentran en el piso de la estaci&#243;n: Ulises, Mart&#237;n, Rosa e Irene. Durante las &#250;ltimas secuencias, la pel&#237;cula se mueve entre dos escalas, con sus dos miradas diferentes: la de las hormigas, para quienes todo ha vuelto a la normalidad y pueden distinguir de nuevo las propias diferencias y singularidades en los rostros de sus pares, y la mirada extraterrestre (encarnada en Ignacio), la del poder, para quien las personas siguen siendo hormigas indistinguibles, con los mismos rasgos compartidos que los igualan y los deshumanizan (fig. 5).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1764 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;31&#034; data-legende-lenx=&#034;&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH185/fig_5_ignacio-2-0eed5.jpg?1775180285' width='354' height='185' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Fig. 5. Ignacio en el autob&#250;s&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;De esta manera, a quienes vemos al final de la pel&#237;cula tomando un autob&#250;s rumbo a la Ciudad de M&#233;xico ya son, de hecho, desaparecidos: todas sus diferencias se han borrado, se han convertido en las hormigas que se dirigen literalmente al matadero: a la Plaza de las Tres Culturas, donde, desde la altura de los edificios de Tlatelolco, caer&#225; sobre ellos la lluvia asesina. Sin embargo, desde la perspectiva del poder, no puede haber asesinato pues all&#237;, en esos cuerpos diminutos, jam&#225;s hubo vida. No hay crimen sin cuerpo, no hay cuerpo si no hay rostro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Conclusiones&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La utilizaci&#243;n del concepto de trauma puede resultar muy productiva para el an&#225;lisis de fen&#243;menos sociales y cinematogr&#225;ficos, siempre y cuando se tengan en cuenta los presupuestos epistemol&#243;gicos inherentes a dicho concepto, los cuales se acarrean al utilizarlo para estudiar fen&#243;menos diferentes a aquellos para los cuales originalmente se plante&#243;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De acuerdo con lo expuesto en el art&#237;culo, la matanza de los estudiantes el 2 de octubre de 1968 y la desaparici&#243;n forzada de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa pueden ser comprendidas como traumas culturales de la historia contempor&#225;nea de M&#233;xico: ambos son eventos que han conmocionado masivamente la vida social del pa&#237;s, han afectado las estructuras sociales de la colectividad, han amenazado la cultura y las identidades de los individuos y su representaci&#243;n est&#225; ciertamente cargada de afectos negativos. Adem&#225;s, distintos grupos sociales han luchado por imponer narrativas para explicar, justificar o incluso condenar los hechos desde distintos &#225;mbitos: el institucional, jur&#237;dico, el period&#237;stico, el literario y el cinematogr&#225;fico, como es el caso analizado en el art&#237;culo. Esta lucha por elaborar narrativas o representaciones que impongan una visi&#243;n de los hechos es m&#225;s evidente en el cine documental. En los &#250;ltimos a&#241;os se han distribuido propuestas muy divergentes para representar y ordenar lo ocurrido en Ayotzinapa. Baste mencionar las siguientes: &lt;i&gt;Ayotzinapa, el paso de la tortuga&lt;/i&gt; (Enrique Garc&#237;a, 2018); &lt;i&gt;Ayotzinapa, la otra historia&lt;/i&gt; (Montserrat V&#225;zquez, 2018) y &lt;i&gt;Ayotzinapa 43, una noche sin amanecer&lt;/i&gt; (Rafael Rangel, 2016).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, a diferencia de los documentales, la propuesta de Ezban resalta por conectar ambos eventos mediante las formas cinematogr&#225;ficas propias de un g&#233;nero de ficci&#243;n, en este caso, el &lt;i&gt;Sci-Fi Horror&lt;/i&gt;. Y en este sentido, no propone una explicaci&#243;n o intenta imponer una narrativa sobre ninguno de los dos hechos: los hace resonar, como ecos de un mismo horror que reverberan a lo largo del tiempo, y que tambi&#233;n puede traducirse como lo que Escalante y Canseco llaman la representaci&#243;n de la lucha amplia entre el Estado y el Pueblo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por esa raz&#243;n, el an&#225;lisis de &lt;i&gt;Los parecidos&lt;/i&gt; se hizo principalmente bajo los supuestos de la propuesta de Adam Loweinstein, quien destaca la importancia, al momento de hacer un an&#225;lisis f&#237;lmico, de considerar el contexto hist&#243;rico en el que una pel&#237;cula es producida, y que parte de la noci&#243;n de trauma como un evento que se representa f&#237;lmicamente mediante una densa elaboraci&#243;n s&#237;gnica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el caso particular de esta pel&#237;cula, la &#8220;impactante colisi&#243;n&#8221;, como dir&#237;a Lowenstein, que ocasiona una disrupci&#243;n, un confrontamiento, as&#237; como un entrelazamiento entre dos eventos horr&#237;ficos, se da en un contexto de violencia generado por el clima organizado, que desde hace ya casi dos d&#233;cadas azota a M&#233;xico, y que de alguna forma se condensa en la imagen del cuerpo sin rostro de Julio C&#233;sar Mondrag&#243;n: el pasado y el presente se confrontan y se entrelazan mediante un elaboraci&#243;n f&#237;lmica que sigue dando cuenta de los horrores de la historia (de los horrores de un pa&#237;s) y de la importancia de desembrollar la madeja pol&#237;tica, hist&#243;rica y social envuelta en todo filme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adorno (2009). &lt;i&gt;Prismas: sin imagen directriz.&lt;/i&gt; Akal, Espa&#241;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Alexander, J. (2011). Trauma cultural e identidad colectiva. En Francisco A. Ortega (ed.), &lt;i&gt;Trauma, cultura e historia: reflexiones interdisciplinarias para el nuevo milenio&lt;/i&gt; (pp. 125-163). Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales - CES.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Benjamin, W. (1999). Tesis de filosof&#237;a de la historia. En &lt;i&gt;Ensayos escogidos&lt;/i&gt; (pp. 43-52). Ediciones Coyoac&#225;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Butler, J. (2009). &lt;i&gt;Marcos de guerra. Las vidas lloradas&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Butler, J. (2006). &lt;i&gt;Vida precaria: el poder del duelo y la violencia&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Caruth, C. (2011). Experiencias sin due&#241;o: trauma y la posibilidad de la historia. En Francisco A. Ortega (ed.), &lt;i&gt;Trauma, cultura e historia: reflexiones interdisciplinarias para el nuevo milenio&lt;/i&gt; (pp. 295-310). Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales - CES.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;CNDH (s/f). Matanza de Tlatelolco, violaci&#243;n de derechos humanos. &lt;a href=&#034;https://www.cndh.org.mx/noticia/matanza-de-tlatelolco-violacion-de-derechos-humanos&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.cndh.org.mx/noticia/matanza-de-tlatelolco-violacion-de-derechos-humanos&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cort&#233;s Mart&#237;nez, B. (27 de septiembre de 2019). &#8220;Le quitaron el rostro y los ojos cuando estaba vivo&#8221;: as&#237; hallaron a Julio C&#233;sar, normalista de Ayotzinapa. &lt;a href=&#034;https://www.radioformula.com.mx/noticias/20190927/le-quitaron-el-rostro-y-los-ojos-cuando-estaba-vivo-asi-hallaron-a-julio-cesar-normalista-de-ayotzinapa/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.radioformula.com.mx/noticias/20190927/le-quitaron-el-rostro-y-los-ojos-cuando-estaba-vivo-asi-hallaron-a-julio-cesar-normalista-de-ayotzinapa/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Deleuze, G. y Guattari, F. (2004). &lt;i&gt;Mil mesetas. Capitalismo y esquizofrenia&lt;/i&gt;. Pretextos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Didi-Huberman, G. (2004). &lt;i&gt;Im&#225;genes pese a todo. Memoria visual del Holocausto&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Erikson, K. (2011). Trauma y comunidad. En Francisco A. Ortega (ed.), &lt;i&gt;Trauma, cultura e historia: reflexiones interdisciplinarias para el nuevo milenio&lt;/i&gt; (pp. 61-84). Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales - CES.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Escalante, F. y Canseco, J. (2019). &lt;i&gt;De Iguala a Ayotzinapa. La escena y el crimen&lt;/i&gt;. El Colegio de M&#233;xico/Grano de Sal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1920). &lt;i&gt;M&#225;s all&#225; del principio del placer.&lt;/i&gt; Amorrortu editores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1997a). Estudios sobre la histeria. En &lt;i&gt;Obras completas&lt;/i&gt; (pp. 39-168). Editorial Losada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Freud, S. (1997b). Proyecto de una psicolog&#237;a para neur&#243;logos. En &lt;i&gt;Obras completas&lt;/i&gt; (pp. 209-276). Editorial Losada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hirsch, J. (2004). Post-traumatic Cinema and the Holocaust Documentary. En Ann Kaplan y Ban Wang (eds.), &lt;i&gt;Trauma and Cinema. Cross-Cultural Explorations&lt;/i&gt; (pp. 93-122). Hong Kong University Press.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kaplan, A. y Wang, B. (2004). Introduction. From Traumatic Paralysis to the Force Field of Modernity. En Ann Kaplan y Ban Wang (eds.), &lt;i&gt;Trauma and Cinema. Cross-Cultural Explorations&lt;/i&gt; (pp. 1-22). Hong Kong University Press.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Leys, R. (2011a). El pathos literal: el trauma y la crisis de representaci&#243;n. Francisco A. Ortega (ed.), &lt;i&gt;Trauma, cultura e historia: reflexiones interdisciplinarias para el nuevo milenio&lt;/i&gt; (pp. 311-350). Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales - CES.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Leys, R. (2011b). Freud y el trauma. En Francisco A. Ortega (ed.), &lt;i&gt;Trauma, cultura e historia: reflexiones interdisciplinarias para el nuevo milenio&lt;/i&gt; (pp. 165-192). Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales - CES.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lowenstein, A. (2005). &lt;i&gt;Shocking Representation. Historical Trauma, National Cinema, and the Modern Horror Film&lt;/i&gt;. Columbia University Press.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lowenstein, A. (2004). Allegorizing Hiroshima. Shindo Kaneto's Onibaba as Trauma Text. En Ann Kaplan y Ban Wang (eds.), &lt;i&gt;Trauma and Cinema. Cross-Cultural Explorations&lt;/i&gt; (pp. 145-162). Hong Kong University Press.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Maga&#241;a, A. (22 de agosto de 2016). P&#243;ster de Los parecidos, la nueva pel&#237;cula de Isaac Ezban. &lt;a href=&#034;https://cinepremiere.com.mx/poster-de-los-parecidos-la-nueva-pelicula-de-isaac-ezban-60224.html&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://cinepremiere.com.mx/poster-de-los-parecidos-la-nueva-pelicula-de-isaac-ezban-60224.html&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ortega, F. (2011). El trauma social como campo de estudios. En Francisco A. Ortega (ed.), &lt;i&gt;Trauma, cultura e historia: reflexiones interdisciplinarias para el nuevo milenio&lt;/i&gt; (pp. 17-60). Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales- CES.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Prince, S. (2003). &lt;i&gt;Classical film violence: designing and regulating brutality in Hollywood cinema, 1930&#8211;1968&lt;/i&gt;. Rutgers University Press.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ranci&#232;re, J. (2011). &lt;i&gt;El destino de las im&#225;genes&lt;/i&gt;. Editorial Politop&#237;as.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Smelser, N.J. (2011). Trauma psicol&#243;gico y trauma cultural. En Francisco A. Ortega (ed.) &lt;i&gt;Trauma, cultura e historia: reflexiones interdisciplinarias para el nuevo milenio&lt;/i&gt; (pp. 85-123). Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Ciencias Humanas, Centro de Estudios Sociales - CES.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Contra este supuesto, v&#233;ase, por ejemplo, la respuesta de Didi-Huberman (2004) y Ranci&#232;re (2011).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Este t&#233;rmino se ha utilizado principalmente en los contextos de labor psicoterap&#233;utica con personas que han sufrido o sufren un trauma severo, principalmente producto de su participaci&#243;n en ambientes b&#233;licos, pero sobre todo en personas que padecen lo que actualmente se denomina s&#237;ndrome de estr&#233;s postraum&#225;tico. Smelser (2011, p. 69) se&#241;ala que este t&#233;rmino &#8220;implica que el trauma se puede experimentar incluso mediante la asignaci&#243;n de los afectos apropiados a situaciones imaginadas.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La matanza ocurri&#243; durante un mitin organizado por estudiantes en la Plaza, en el contexto de un movimiento estudiantil iniciado el 22 de julio de ese mismo a&#241;o como protesta ante la represi&#243;n de estudiantes ejercida por parte de las fuerzas policiacas del Distrito Federal y del Ej&#233;rcito Mexicano, quienes en coordinaci&#243;n con un grupo paramilitar denominado Batall&#243;n Olimpia &#8211;conformado por elementos del Estado Mayor Presidencial&#8211; desde varios puntos de la Plaza acribillaron entre 300 y 400 manifestantes. V&#233;ase CNDH (s/f).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Un acontecimiento [&#8230;] es un suceso significativo, que marca una diferencia: un acontecimiento es un episodio memorable, digno de ser recordado y susceptible de ser recordado porque tiene sentido, de modo que no solo evoca un conjunto concreto de hechos, sino una interpretaci&#243;n de su significado, una idea. [&#8230;] El acontecimiento siempre es producto de una estructura, que es la que le confiere significado y dice qu&#233; sucedi&#243;, de modo que resulte identificable no en sus detalles sino en su sentido&#8221; (Escalante y Canseco, 2019, p. 21).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Como parte del argumento que presentan Escalante y Canseco (2019, pp. 78 y 79) para mostrar la construcci&#243;n discursiva y cultural de Ayotzinapa como acontecimiento, los autores se&#241;alan que de acuerdo con un informe de la Comisi&#243;n Nacional de Derechos Humanos (CNDH) publicado en julio de 2016, aunque en realidad la causa de muerte del normalista hab&#237;a sido traumatismo craneoencef&#225;lico, la p&#233;rdida del rostro y de los ojos hab&#237;a sido producida por la fauna depredadora del lugar donde se encontr&#243; el cuerpo. Para los autores, este hecho muestra con claridad el uso simb&#243;lico que se ha dado a varios de los hechos relacionados con el acontecimiento Ayotzinapa que no necesariamente corresponden a lo que hasta el momento las investigaciones formales afirman que sucedi&#243;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Cabe aclarar que en el filme tambi&#233;n vemos la violencia de manera expl&#237;cita: la brutalidad con la que los polic&#237;as golpean a los estudiantes que encuentran escondidos en los departamentos de Tlatelolco, y las huellas de la violencia en el estudiante que se desangra en la sala de los protagonistas. Pero propiamente hablando no vemos una ejecuci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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