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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>An imperfect wisdom</title>
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		<dc:date>2025-03-02T21:25:16Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Francisco Javier Gurpegui Vidal</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Since Antiquity, the wise man is a figure belonging to literary didacticism, linked to a culture of seriousness that excludes the festive. Didacticism has been ridiculed by genres such as satire, through a degrading comedy that is ultimately as dogmatic as the object it criticizes. However, other genres such as Platonic dialogues or Menippean satire developed a humorous didacticism, which delves into moral consciousness without giving up a regenerative laughter, through an open and ambivalent wisdom, as well as a portrait of everyday life. The cinematographic medium has inherited an important part of the humorous imagery of literature, highlighting specific cases such as modern Italian cinema. From the neorealism of Rossellini to the new cinema promoted by directors such as Ferreri, Pasolini or Olmi, a wise figure, heir to a historical tradition &#8211;Francesco de Asis, Socrates&#8211; or directly carnivalesque and popular, who transgresses the narrative of classical cinema, takes center stage, while proposing a non-dogmatic moral exemplarity, thanks to the use of humor. This has ethical implications, since it highlights a different type of moral subject, with roots in the past, but renewed in the light of modernity; a subject whose cognitive and moral autonomy is recognized in the process of formation, as a result of the social bond.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; literature | didacticism | satire | menippea | humor | cinema&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | N&#186; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Licenciado en Filolog&#237;a Hisp&#225;nica por la Universidad de Zaragoza (Espa&#241;a)&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Una-sabiduria-imperfecta' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Una sabidur&#237;a imperfecta&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Una sabidur&#237;a imperfecta</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Una-sabiduria-imperfecta</link>
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		<dc:creator>Francisco Javier Gurpegui Vidal</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde la Antig&#252;edad, el sabio es una figura perteneciente al didactismo literario, vinculado a una cultura de la seriedad que excluye lo festivo. El didactismo ha sido ridiculizado por g&#233;neros como la s&#225;tira, a trav&#233;s de una comicidad denigrante tan dogm&#225;tica como el objeto que critica. Sin embargo, otros g&#233;neros como los di&#225;logos plat&#243;nicos o la s&#225;tira menipea desarrollaron un didactismo jocoserio que profundiza en la conciencia moral sin renunciar a la risa mediante una sabidur&#237;a abierta y ambivalente, as&#237; como de un retrato de la cotidianeidad. El medio cinematogr&#225;fico, en especial el cine moderno italiano, hereda una parte importante del imaginario jocoserio de la literatura. Desde el neorrealismo de Rossellini hasta el nuevo cine impulsado por Ferreri, Pasolini u Olmi adquiere protagonismo la figura sabia, heredera de una tradici&#243;n hist&#243;rica &#8211;Francesco de As&#237;s, S&#243;crates&#8211; o directamente popular, que transgrede la narrativa del cine cl&#225;sico mientras propone una ejemplaridad moral y al mismo tiempo c&#243;mica. El resaltar un tipo de sujeto moral distinto, con ra&#237;ces en el pasado, pero renovado a la luz de la modernidad tiene unas implicaciones &#233;ticas. Un sujeto cuya autonom&#237;a cognitiva y moral se reconoce en proceso de formaci&#243;n como resultado del v&#237;nculo social y no como consecuencia de una jerarqu&#237;a basada en la desigualdad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; literatura | didactismo | s&#225;tira | menipea | humor | cine&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/An-imperfect-wisdom' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-Nro-1-Marzo-2025-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | Nro 1 | Marzo 2025&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Licenciado en Filolog&#237;a Hisp&#225;nica por la Universidad de Zaragoza (Espa&#241;a)&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;1. Introducci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Junto a la propiedad y autoridad, la cualificaci&#243;n es un factor generador de desigualdad social. Desde que el grupo humano trasciende la horda, el conocimiento se desarrolla como factor de desigualdad, primero en el &#225;mbito religioso, con el saber esot&#233;rico del cham&#225;n; m&#225;s tarde, con la aparici&#243;n de las iglesias. En el &#225;mbito profano, el saber trasciende la subsistencia y las tradiciones compartidas y se conforma en instituciones como el aprendizaje gremial medieval (Enguita, 1992, pp. 54 y 56). La cualificaci&#243;n alcanza plena vigencia como palanca de explotaci&#243;n cuando el trabajo se desliga de la econom&#237;a dom&#233;stica. El saber aplicable al trabajo deja de obtenerse en el espacio laboral y las oportunidades de adquirirlo se distribuyen desigualmente, en un proceso que alcanza hasta el credencialismo actual. Por ello, no es extra&#241;o que tras fen&#243;menos como la caza de brujas de los siglos XVI y XVII est&#233; la desposesi&#243;n de los saberes tradicionales de las mujeres y su relegamiento al trabajo reproductivo (Federici, 2021).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cultura contempor&#225;nea ha persistido en naturalizar la existencia de personas sabias. Pueden presentarse como expertos en una t&#233;cnica o intelectuales de actividad cient&#237;fica o art&#237;stica que toman postura sobre cuestiones c&#237;vicas candentes de la esfera p&#250;blica. Pueden conseguir un protagonismo superior respecto a aquellos colectivos a quienes dicen servir, postul&#225;ndose como la voz de los sin voz, en una estrategia de ascenso social perverso. Tambi&#233;n se encuentran en la moda actual de la autopromoci&#243;n personal, que se fragua en la figura del emprendedor. Incluso pueden presentarse como modelos de conducta con un atractivo basado en la distinci&#243;n cultural. En todo caso, la actividad intelectual suele esgrimirse como requisito de la valoraci&#243;n global de la persona, bien en su faceta humanista y bondadosa, bien en la contestataria y mal&#233;vola, incluso en una dimensi&#243;n de santidad laica donde el acto de pensar aparece sobrecargado por una dolorosa lucidez. Entonces, como la ciudadan&#237;a no puede saber de todo, se acepta fosilizar la figura del sabio o la sabia. Se admite delegar en ella unas cualidades a las que el resto de los mortales apenas puede aspirar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A lo largo de los siglos, en distintas formas o modalidades, la literatura ha ido formando parte de todo este imaginario y ha tomado postura ante &#233;l.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;2. Marco te&#243;rico/objetivos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La referencia fundamental del trabajo procede de los planteamientos sobre historia literaria de Mija&#237;l M. Bajt&#237;n (1993), especialmente, de los desarrollos que de ellos hace Beltr&#225;n Almer&#237;a (2015, 2017 y 2021). Ya que el enfoque se presta a una perspectiva antropol&#243;gica, la caracterizaci&#243;n de la figura del &lt;i&gt;trickster&lt;/i&gt; prehist&#243;rico a cargo de Carl Jung (2010) o la revisi&#243;n hist&#243;rica de la pugna por el monopolio del saber moderno en Federici (2001) resultan enriquecedoras. Aplicamos los estudios sobre el didactismo jocoserio procedentes del campo literario al medio cinematogr&#225;fico como un elemento m&#225;s del imaginario moderno, concretamente al caso italiano. Autores espa&#241;oles como &#193;ngel Quintana (1995, 1997 y 2005) o Jos&#233; Enrique Monterde (2005) han profundizado en el neorrealismo y en el nuevo cine italiano, tomando el relevo de los historiadores italianos Luca Finatti (2000) o Morando Morandini (2009).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por falta de conocimientos y su dificultad para integrarlos en un todo, renunciamos a profundizar en cuestiones de g&#233;nero. La literatura did&#225;ctica que representa Aspasia de Mileto, cuyas ideas podr&#237;an figurar en los discursos de Pericles recogidos por Tuc&#237;dides; Hildegarda de Bingen; Leonor de Aquitania y su hija Mar&#237;a (a instancias de quien Andr&#233;s el Capell&#225;n redacta &lt;i&gt;De amore&lt;/i&gt; a fines del XII); &lt;i&gt;La ciudad de las damas&lt;/i&gt; (1405) de Christine de Pizan; Teresa de &#193;vila o Juana In&#233;s de la Cruz, es lo suficientemente importante como para no despacharla como un c&#250;mulo de ejemplos colaterales. Es un tema medular cuyo diagn&#243;stico incide directamente en la perspectiva sustantiva &#8211;no solo femenina&#8211; de la historia literaria y para el que no tenemos una reflexi&#243;n a&#250;n madura. En nuestra redacci&#243;n, mantenemos el morfema masculino inclusivo, resaltando ocasionalmente los casos femeninos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;3. Resultados de la investigaci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;3.1. Genealog&#237;a literaria del sabio&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Carl G. Jung (2002) introduce &lt;i&gt;Der G&#246;ttliche Schelm&lt;/i&gt; (1954), una recopilaci&#243;n de mitos de los indios winnebago de Wisconsin. El t&#237;tulo impuesto por la editorial significa &lt;i&gt;El p&#237;caro divino&lt;/i&gt;, expresi&#243;n por la que el escritor protest&#243;: &#233;l usaba en su trabajo las palabras &lt;i&gt;Narr&lt;/i&gt; (buf&#243;n, loco) y &lt;i&gt;Trickster&lt;/i&gt; (tramposo, embaucador, truh&#225;n) en lugar de Schelm. Y es que a pesar de las evidentes semejanzas entre estas figuras y el p&#237;caro tradicional, estamos ante algo m&#225;s complejo y polivalente. El &lt;i&gt;trickster&lt;/i&gt; es divino y animal al mismo tiempo, consigue con su simpleza lo que otros personajes m&#225;s h&#225;biles no logran e interrumpe con su l&#243;gica ca&#243;tica lo razonable. Su car&#225;cter proteico le facilita cambiar de forma y sexo. Sin embargo, aparte de su dimensi&#243;n destructiva, se encarna en figuras de autoridad, el cham&#225;n o hechicero que gasta bromas y es objeto de venganza. Con una apariencia juvenil, puede asumir los cargos de un anciano sabio, mago o rey.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mirado desde nuestra modernidad, el &lt;i&gt;trickster&lt;/i&gt; es h&#233;roe y antih&#233;roe a la par. Leyendo las aventuras de Mantis, protagonista de un ciclo cuent&#237;stico bosquimano (de Prada-Samper, 2011), comprobamos que este personaje, embaucador y pendenciero, siempre se equivoca, provocando aut&#233;nticos desastres, para finalmente levantarse y hacer el bien (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, pp. 47 y 379-381). En este proceso de ca&#237;da y recuperaci&#243;n, favorece el aprendizaje jocoso de la comunidad, mezcla la crueldad y la fiesta, mientras educa usando una simbolog&#237;a ambivalente y abierta, no con verdades cerradas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El &lt;i&gt;trickster&lt;/i&gt; nos sirve de referencia para conjeturar sobre los cuentos de transmisi&#243;n oral de las sociedades igualitarias del Paleol&#237;tico y el estado de la imaginaci&#243;n literaria previo al Neol&#237;tico (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, pp. 37-94), cuando surgen las primeras sociedades agr&#237;colas y ganaderas, organizadas en castas. Se establecen a partir de entonces tres rupturas decisivas en el imaginario prehist&#243;rico. Las religiones celestes propondr&#225;n unos tipos ideales de conducta y distinguir&#225;n entre el bien y el mal. Las desigualdades diferenciar&#225;n una cultura elevada y seria de otra de bajo rango y festiva. Y por fin, se iniciar&#225; la escisi&#243;n entre lo bello y lo bueno, consolidada en la Antig&#252;edad con una literatura donde un h&#233;roe protagoniza una peripecia externa &#8211;que llamaremos patetismo&#8211; frente a otra donde prima la creaci&#243;n de una conciencia interior: el didactismo, protagonizada por un sabio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En ambos casos se forjar&#225; una est&#233;tica jerarquizadora y monol&#243;gica de car&#225;cter dogm&#225;tico. Si el personaje paleol&#237;tico tiene un cuerpo grotesco que connota la apertura a la naturaleza, del patetismo emerger&#225; una nueva figura dotada de un cuerpo cerrado en sus fronteras, terminado y separado del mundo (Vi&#241;uales S&#225;nchez, 2023, p. 449), es decir, can&#243;nicamente bella. Hes&#237;odo (VII a. C.) teorizar&#225; en su &lt;i&gt;Teogon&#237;a&lt;/i&gt; la diferencia entre belleza y bondad a trav&#233;s del mito de Prometeo, quien pretende traicionar a los dioses con un sacrificio enga&#241;oso a la vista, aunque los dioses lo castigan con la creaci&#243;n de la primera mujer: un ser bello pero pernicioso (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, p. 380). Esto implicar&#225; la exclusi&#243;n de la mujer en tanto sujeto did&#225;ctico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El didactismo (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, pp. 217-259) se forja en tres modos diversificados a partir del siglo I. Un primer desarrollo de la conciencia es moral, su fuente es la experiencia personal y su finalidad la bondad. Se expresa en g&#233;neros como la biograf&#237;a, la confesi&#243;n o la memoria. El segundo avance es ideol&#243;gico, su fuente es la actividad intelectual y su meta la sabidur&#237;a. Viene asociado a tratados, ensayos o aforismos, entre otros g&#233;neros. Finalmente, la conciencia funde las cuestiones morales y cognitivas en el hermetismo, que alimentado por verdades reveladas, busca la redenci&#243;n y se asocia a profec&#237;as, visiones, adivinanzas y a algunas obras novel&#237;sticas, teatrales o po&#233;ticas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El didactismo dominante asentar&#225; su dogmatismo en tres elementos. En primer lugar, el polemismo o lucha contra el otro al que se niega la raz&#243;n. En segundo, la dignificaci&#243;n de la conciencia del p&#250;blico objeto del aprendizaje, reverso de la admiraci&#243;n hacia el sabio que ejerce como sujeto. Finalmente, la ausencia de personaje o f&#225;bula, en el sentido de la &lt;i&gt;Po&#233;tica&lt;/i&gt; de Arist&#243;teles. Estos rasgos no se cumplir&#225;n monol&#237;ticamente, ya que la corriente se ver&#225; constantemente infiltrada por el humor y la narrativa. El didactismo origina una distancia jer&#225;rquica respecto a los no iniciados. Si en un principio habilitaba a la clase dirigente para gobernar, esta invirti&#243; los t&#233;rminos. Se atribuy&#243; una autoridad moral m&#225;s producto de su dignidad que de un proceso educativo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;3.2. La risa cr&#237;tica&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El didactismo literario tiene como referencia la figura de un sabio que puede aparecer o no expl&#237;cito en el texto, del cual emanan distancia jer&#225;rquica y seriedad. Una posici&#243;n diametralmente opuesta al &lt;i&gt;trickster&lt;/i&gt;, cuyas aventuras jocosas y crueles configuraban una est&#233;tica grotesca que sobrevivi&#243; en la historia, fragmentada en lo m&#225;gico, burlesco y popular, especialmente en los g&#233;neros vinculados a la tradici&#243;n oral y dotados de una comicidad festiva e igualitaria (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, pp. 269-270). As&#237; ocurre en las obras &lt;i&gt;El Decamer&#243;n&lt;/i&gt; (1351-1353) o &lt;i&gt;Don Quijote&lt;/i&gt; (1605 y 1615).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, la risa que predomin&#243; durante siglos se basaba en la negaci&#243;n (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, pp. 280-290). Estaba dirigida contra la seriedad de los g&#233;neros de alto rango, pero de una forma parcial, porque se enfrentaba al dogmatismo con m&#233;todos tambi&#233;n dogm&#225;ticos; denigraba su objeto, desde una perspectiva pretendidamente superior y se perd&#237;a as&#237; la fecundidad de lo popular. Cuando atentaba contra los g&#233;neros pat&#233;ticos, el mecanismo humor&#237;stico sol&#237;a ser la parodia; si cuestionaba los did&#225;cticos, la s&#225;tira. Este g&#233;nero objeta los vicios de una sociedad mediante la tipificaci&#243;n y la p&#233;rdida de individualidad de los personajes, manejados dogm&#225;ticamente por el autor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la medida que la risa pierde el elemento regenerador &#8211;a partir del XVII, principalmente&#8211; la s&#225;tira gana en importancia. La s&#225;tira moderna de Quevedo o Swift se dirigir&#225; a los gobernantes y m&#225;s tarde a la administraci&#243;n p&#250;blica, ejemplificada en el periodista Mariano Jos&#233; de Larra. Si prestamos atenci&#243;n a los sujetos del didactismo, a las figuras sabias, encontraremos unas corrientes culturales reconocibles y focalizadas contra los personajes, que sobresalen por su cualificaci&#243;n, es decir, su saber, su autoridad moral o religiosa. Los objetos de cr&#237;tica priorizan tres &#225;mbitos, el religioso &#8211;anticlericalismo&#8211;, el cognitivo &#8211;s&#225;tira universitaria o cuestionamiento del cientifismo&#8211; y el art&#237;stico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Seg&#250;n Julio Caro Baroja (1980), todo sistema religioso produce clericalismo y anticlericalismo. En la Grecia antigua los fil&#243;sofos se presentaban como anticlericales. En el &#225;mbito cristiano, existe un catolicismo medieval que satiriza de forma popular a los cl&#233;rigos que no cumplen. Es el caso de las danzas de la muerte, en sus versiones literarias o pict&#243;ricas, de la literatura goli&#225;rdica o de obras del XIV como el &lt;i&gt;Libro de buen amor&lt;/i&gt; o el &lt;i&gt;Rimado de Palacio&lt;/i&gt;. El tema de la simon&#237;a, esto es, la compra y venta de bienes espirituales, hace acto de presencia en el Renacimiento, por ejemplo, con el &lt;i&gt;Lazarillo de Tormes&lt;/i&gt; (1554). A partir de entonces se ampl&#237;a la tem&#225;tica a los amancebamientos y la moral sexual, se cuestiona la organizaci&#243;n de la Iglesia y hacen acto de presencia las herej&#237;as e incluso el ate&#237;smo. Todo lo cual conlleva la aparici&#243;n de planteamientos eruditos dirigidos a los dogmas, especialmente en los siglos XVIII-XX. Menci&#243;n aparte merecer&#237;a &lt;i&gt;Fray Gerundio de Campazas&lt;/i&gt; (1758), novela del Padre Isla, un jesuita ilustrado que satiriza la pervivencia de la oratoria religiosa barroca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si pensamos en el cine, veremos que son muy frecuentes las pel&#237;culas de denuncia del fanatismo religioso, la intolerancia o las relaciones de dominio, pero no acaban de cuajar en s&#225;tira y se ajustan a un molde realista y cl&#225;sico. En Europa aparecen casos hist&#243;ricos &#8211;&lt;i&gt;Dies irae&lt;/i&gt; (Carl T. Dreyer, 1943), &lt;i&gt;Les sorci&#232;res de Salem&lt;/i&gt; (Raymond Rouleau, 1957), &lt;i&gt;Dy&#225;vlova past&lt;/i&gt; (Frantisek Vl&#225;cil, 1962), &lt;i&gt;Galileo&lt;/i&gt; (Liliana Cavani, 1968)&#8211;. Y en el caso estadounidense tiene gran importancia la cr&#237;tica a los predicadores ambulantes (Gurpegui Vidal, 2017, pp. 128-130) como sujetos de enga&#241;o y manipulaci&#243;n. Son significativas &lt;i&gt;Aleluya&lt;/i&gt; (King Vidor, 1929) o &lt;i&gt;Camino al cielo (The Apostle&lt;/i&gt;, Robert Duvall, 1997), mientras que &lt;i&gt;El fuego y la palabra (Elmer Gantry&lt;/i&gt;, Richard Brooks, 1960) y &lt;i&gt;Sangre sabia (Wise Blood&lt;/i&gt;, John Huston, 1979) dejan una mayor entrada a la risa sat&#237;rica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La s&#225;tira del saber, por su parte, se retrotrae a la ridiculizaci&#243;n de las profesiones, ya en la Antig&#252;edad, especialmente de la medicina. En &lt;i&gt;Las nubes&lt;/i&gt; (423 a. C.) Arist&#243;fanes se r&#237;e de los nuevos fil&#243;sofos atenienses y en la obra de Luciano de Sam&#243;sata (s. II) son objetivo los pensadores de todas las escuelas. M&#225;s adelante, se documentar&#225; la s&#225;tira universitaria desde el mismo momento en que surge la instituci&#243;n. &lt;i&gt;Till Eulenspiegel &lt;/i&gt;(1510), &lt;i&gt;Elogio de la locura&lt;/i&gt; (1511), &lt;i&gt;La segunda parte de Lazarillo de Tormes&lt;/i&gt; (Amberes, 1555) o las novelas de &lt;i&gt;Gargant&#250;a y Pantagruel&lt;/i&gt; (1532-1564) contienen episodios que ridiculizan el saber acad&#233;mico (Pi&#241;ero, 1988, pp. 60-63) con frecuentes casos de suplantaci&#243;n del sabio por un enga&#241;ador que responde ingeniosamente a las preguntas de sus colegas. Independientemente de que esta tem&#225;tica llegue hasta nuestros d&#237;as &#8211;&lt;i&gt;La trilog&#237;a del campus&lt;/i&gt; (1975-1988) de David Lodge es un buen representante&#8211; la verdadera bestia negra del conocimiento rid&#237;culo en la modernidad es el cientifismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La novela &lt;i&gt;Frankenstein o el Prometeo moderno&lt;/i&gt; (1818) de Mary Shelley ya satiriza las pretensiones del conocimiento cient&#237;fico. Trasladada al cine, la famosa versi&#243;n de Boris Karloff, &lt;i&gt;El doctor Frankenstein (Frankenstein&lt;/i&gt;, 1931) mantiene el esp&#237;ritu sat&#237;rico que se ha reconvertido en una franca parodia con &lt;i&gt;El jovencito Frankenstein (Young Frankenstein&lt;/i&gt;, Mel Brooks, 1974). No obstante, seguir&#225;n apareciendo relatos audiovisuales con cient&#237;ficos locos o egoc&#233;ntricos: el Profesor Bacterio de las historietas de los personajes espa&#241;oles &lt;i&gt;Mortadelo y Filem&#243;n, Metr&#243;polis (Metropolis&lt;/i&gt;, Fritz Lang, 1927), &lt;i&gt;La isla de las almas perdidas (Island of Lost Souls&lt;/i&gt;, Erle C. Kenton, 1932), &lt;i&gt;Los ojos sin rostro (Les yeux sans visage&lt;/i&gt;, Georges Franju, 1960), &lt;i&gt;&#191;Tel&#233;fono rojo? Volamos hacia Mosc&#250; (Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb&lt;/i&gt;, Stanley Kubrick, 1964), &lt;i&gt;Un viaje alucinante al fondo de la mente (Altered States&lt;/i&gt;, Ken Russell, 1980).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aunque la s&#225;tira literaria data de la Antig&#252;edad &#8211;&lt;i&gt;Las ranas&lt;/i&gt; (405 a. C.) de Arist&#243;fanes ridiculiza a Eur&#237;pides&#8211; tarda m&#225;s en cristalizar la s&#225;tira sobre la cualificaci&#243;n propiamente art&#237;stica, quiz&#225; porque el campo art&#237;stico se hace aut&#243;nomo a partir del siglo XVI. Algunas novelas modernas como &lt;i&gt;Muerte en Venecia&lt;/i&gt; (1912) o &lt;i&gt;Sostiene Pereira&lt;/i&gt; (1994) est&#225;n protagonizadas por creadores en crisis y mantienen algunos rasgos sat&#237;ricos, especialmente la segunda (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2021, pp. 207-209). Algunas s&#225;tiras del cine sobre artes pl&#225;sticas ser&#237;an &lt;i&gt;Un genio anda suelto (The Horse's Mouth&lt;/i&gt;, Ronald Neame, 1958), &lt;i&gt;Velvet Buzzshaw&lt;/i&gt; (Dan Gilroy, 2019) o la reciente serie &lt;i&gt;Bellas artes&lt;/i&gt; (Gast&#243;n Duprat y Mariano Cohn, 2024).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;3.3. La sabidur&#237;a jocoseria&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero no hemos abordado una primera etapa del didactismo (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, pp. 220-221) que llegar&#237;a hasta el siglo I, encarnada en los di&#225;logos socr&#225;ticos escritos por Plat&#243;n y Jenofonte. Los momentos c&#243;micos, frecuentes en estas obras, no son mero adorno, sino que se oponen al dogmatismo. Son portadores de una seriedad abierta y dispuesta a renovarse, en un mundo donde comparte lugar con la risa y la fiesta. S&#243;crates habla en serio sobre los grandes problemas mediante la confrontaci&#243;n de puntos de vista o provocaci&#243;n al interlocutor (Bajt&#237;n, 1993, pp. 155-159), pero con una conciencia de imperfecci&#243;n y sin voluntad de agotarlos. Todo ello teniendo en cuenta los ramalazos dogm&#225;ticos y autoritarios que deja escapar el fil&#243;sofo, especialmente en algunos pasajes de contenido pol&#237;tico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los retratos que las artes pl&#225;sticas nos han legado del fil&#243;sofo jocoserio, calvo y un poco barrig&#243;n confirmar&#237;an la perspectiva carnavalesca. S&#243;crates cumple con el rasgo did&#225;ctico del polemismo, ya que en &#250;ltima instancia lleva la raz&#243;n, y dignifica a sus interlocutores, aunque no siempre los convenza. Pero gracias a sus rasgos individuales escapa a la tipificaci&#243;n del didactismo ortodoxo y la s&#225;tira para convertirse en un personaje con entidad propia. Si existe un h&#233;roe cotidiano (Vall&#237;n, 2019), tambi&#233;n hay un sabio cotidiano: S&#243;crates se nos retrata en el tel&#243;n de fondo de una vida diaria no especialmente heroica ni victoriosa. En la literatura moderna tendr&#237;amos casos equivalentes en &lt;i&gt;Los trabajos del infatigable creador P&#237;o Cid&lt;/i&gt; (1898) de &#193;ngel Ganivet; y en cine, en pel&#237;culas como &lt;i&gt;Murmullos en la ciudad (People Will Talk,&lt;/i&gt; Joseph L. Mankiewicz, 1951) o &lt;i&gt;Agantuk&lt;/i&gt; (Satyajit Ray, 1991).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En literatura, la batalla socr&#225;tica se perdi&#243; en beneficio de un didactismo serio, unilateral y afirmativo, pero no m&#225;s riguroso. Sin embargo, el esp&#237;ritu se mantiene en la historia durante toda la etapa premoderna. Estar&#237;amos ante el fen&#243;meno de lo jocoserio: la risa mixta (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, pp. 290-304). Don Quijote, capaz de moverse entre lo rid&#237;culo y lo sublime, no deja de ser un claro ejemplar de una est&#233;tica tragic&#243;mica. Ya hab&#237;a teorizado S&#243;crates en &lt;i&gt;El banquete&lt;/i&gt; (385-370 a. C.) que un buen poeta tr&#225;gico tiene cualidades para ser tambi&#233;n c&#243;mico, a la manera del personaje de Wallace Shawn en &lt;i&gt;Melinda y Melinda (Melinda and Melinda&lt;/i&gt;, Woody Allen, 2004), capaz de narrar la misma historia en dos tonos diferentes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La s&#225;tira menipea, g&#233;nero literario que entremezcla la s&#225;tira tradicional, la parodia y los motivos de actualidad, es el m&#225;s representativo de la tendencia jocoseria. Se atribuye su invenci&#243;n a Menipo de G&#225;ndara (s. III a. C.), autor del que no nos ha llegado ninguna obra. Su continuador ser&#237;a Marco Terencio Varr&#243;n (s. I a. C.), de cuyas s&#225;tiras solo recibimos fragmentos. Ahora bien, el n&#250;cleo de las menipeas conocidas estar&#237;a compuesto por la &lt;i&gt;Apocolocintosis del Divino Claudio&lt;/i&gt; de S&#233;neca (s. I) &#8211;que alude a la conversi&#243;n del Emperador en calabaza&#8211;, &lt;i&gt;El Satiric&#243;n&lt;/i&gt; de Petronio (s. I), muchas obras de Luciano de Samosata (s. II), &lt;i&gt;Las bodas de Filolog&#237;a y Mercurio&lt;/i&gt; de Marcio Capella (ss. IV-V) o &lt;i&gt;La consolaci&#243;n de la filosof&#237;a&lt;/i&gt; de Boecio (s. VI). La menipea, que adquiere especial vitalidad fundacional en un momento de decadencia de los valores de la Antig&#252;edad, tendr&#225; un papel fundamental en toda la historia literaria, especialmente en el Renacimiento y la modernidad, aunque no solo. As&#237; lo demuestran Rabelais, Quevedo, Swift, Voltaire, Gogol, Bulgakov o Huxley.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Frente al di&#225;logo socr&#225;tico, la s&#225;tira menipea manifiesta unos rasgos espec&#237;ficos (Bajt&#237;n, 1993, pp. 161-167): la mayor importancia de la risa; la vigencia de una fantas&#237;a inveros&#237;mil que desaf&#237;a al sabio en su b&#250;squeda de la verdad; una fantas&#237;a que se combina con la contemplaci&#243;n amplia del mundo, terrenal e infernal o celestial que da una perspectiva inusitada de la cotidianidad; un simbolismo que casa perfectamente con los bajos fondos; el recurso a visiones y sue&#241;os que proporcionan un punto de vista inconcluso y escindido; escenas y personajes que rompen el curso normal de los acontecimientos; aparici&#243;n de paradojas, contrastes y elementos ut&#243;picos; mezcolanza de g&#233;neros... Todo ello se une a la voluntad de aludir a la actualidad y polemizar con autores, escuelas y tipos sociales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Recordemos finalmente otra circunstancia decisiva: el didactismo premoderno, aun el predominantemente serio, no es monol&#237;tico en su dogmatismo (Bajt&#237;n, 1993: pp. 228-259). Algunos g&#233;neros humor&#237;sticos que se hab&#237;an desplazado hacia el didactismo, mantienen una cierta resistencia a la seriedad: banquetes, bestiarios, epigramas y sentencias&#8230; En algunos momentos, como el siglo XVI, se vislumbra un nuevo esp&#237;ritu que somete todo a discusi&#243;n empleando g&#233;neros de estructura abierta como la miscel&#225;nea. Otros como el ensayo favorecieron discursos exploratorios gracias a realzar la identidad individual. Mientras el fabulismo did&#225;ctico no prescindi&#243; nunca del personaje y la narraci&#243;n, ambos elementos vinculados al patetismo. Por su parte, el didactismo herm&#233;tico tampoco ocult&#243; sus ra&#237;ces primitivas y su cercan&#237;a a los g&#233;neros folcl&#243;ricos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;3.4. El cine moderno italiano&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Manejamos aqu&#237; dos conceptos de modernidad. La literaria (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2017, pp. 347-378) arranca a fines del siglo XVIII y coincide con el despliegue de la cultura de masas. Ya estamos en el territorio del cine. La cultura se hace universal y masiva, busca plasmar la diversidad humana y criticar&#225; los efectos destructores de la modernidad al oponerse al prosa&#237;smo y pragmatismo de la Revoluci&#243;n Industrial. Para ello, se re&#250;nen las energ&#237;as de los imaginarios prehist&#243;rico, por medio de la cultura popular, y premoderno, remodelando los temas y personajes seg&#250;n las preocupaciones de la actualidad. Se desregula la jerarqu&#237;a entre la alta y baja cultura, se expande la tensi&#243;n dram&#225;tica y se disuelve la frontera entre lo c&#243;mico y lo serio. El didactismo dominante se hace herm&#233;tico, quiz&#225; sustituyendo as&#237; a la religi&#243;n en una modernidad laica. Si el hermetismo antiguo era religioso y el renacentista cient&#237;fico, en la modernidad ser&#225; est&#233;tico: el sectarismo, la locura o los viajes inici&#225;ticos aludir&#225;n simb&#243;licamente a problemas del mundo real.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por su parte, la modernidad del cine es un movimiento autorreflexivo que se concreta a partir de los a&#241;os cuarenta. Es una toma de conciencia sobre las potencialidades y limitaciones del medio para adoptar una posici&#243;n frente al mundo. En el caso italiano, si bien a veces se vincula a los sesenta, la modernidad arranca con el neorrealismo, corriente que se distancia de la ilusi&#243;n de transparencia narrativa del realismo ingenuo del clasicismo y preconiza una &#233;tica de la est&#233;tica frente a la est&#233;tica del periodo anterior que escamoteaba sus implicaciones &#233;ticas (Quintana, 1997, pp. 41-42). Cuando cristalizan las propuestas de la nueva generaci&#243;n, alrededor de 1961, Pasolini, De Seta y Olmi mantienen una continuidad con el neorrealismo a partir de la conciencia de que el cine reproduce problem&#225;ticamente una realidad compleja, dislocada y fragmentada por el fascismo, la guerra y la posguerra, a la cual se hace frente con una est&#233;tica del rechazo y la pobreza, no de una po&#233;tica de la perfecci&#243;n o la opulencia (Quintana, 2005, pp. 23-24).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta inevidencia &#8211;valga el neologismo&#8211; del mundo, hab&#237;a conducido al neorrealismo a la aparici&#243;n de figuras emblem&#225;ticas de car&#225;cter religioso &#8211;quiz&#225; el caso m&#225;s claro sea &lt;i&gt;Te querr&#233; siempre (Viaggio in Italia&lt;/i&gt;, Roberto Rossellini, 1954)&#8211; (Quintana, 2005, p. 23). La revelaci&#243;n, el milagro o la gracia ser&#225;n las formas elegidas para crear una nueva evidencia que ahonde en la verdad de lo real. La modernidad de los sesenta persistir&#225; con estas referencias, de modo que tendencias tem&#225;ticas en apariencia realistas, el revisionismo hist&#243;rico, la denuncia sociopol&#237;tica y la cr&#237;tica de costumbres (Monterde, 2005) van a convivir con la f&#225;bula o el mito, entre otras formas de indagaci&#243;n simb&#243;lica. Estamos en el entorno del moderno didactismo herm&#233;tico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;3.4.1. S&#243;crates, santidad y transgresi&#243;n&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Resulta parad&#243;jico el proyecto de adaptar una obra filos&#243;fica al cine. Pero la filosof&#237;a no es un g&#233;nero textual en s&#237; mismo. En el caso del di&#225;logo socr&#225;tico, lo ideol&#243;gico se integra literariamente en lo narrativo: las ideas se encarnan en los personajes que las defienden y se aprovecha la situaci&#243;n dram&#225;tica como tema de la discusi&#243;n (en &lt;i&gt;Fed&#243;n&lt;/i&gt; el fil&#243;sofo espera la muerte mientras reflexiona sobre el alma). Por primera vez en la literatura occidental, los &#8220;h&#233;roes&#8221; de la obra son casi exclusivamente ide&#243;logos (y casi todos hombres, por cierto) (Bajt&#237;n, 1993, pp. 157-158). Por ello resulta oportuno hacer catas en tres enfoques sobre la obra de S&#243;crates que se corresponden con sucesivos reg&#237;menes de representaci&#243;n cinematogr&#225;fica: el fascista, neorrealista y moderno propiamente dicho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A simple vista, dados los rasgos del fil&#243;sofo, &lt;i&gt;Processo e morte di Socrate&lt;/i&gt; (Corrado d'Errico, 1939) no parecer&#237;a un proyecto adecuado para el fascismo. Sin embargo, constatamos en el imaginario del r&#233;gimen (Calzetta, 2022) un especial inter&#233;s por tomar como referencia hist&#243;rica la Antig&#252;edad grecolatina, junto a otras &#233;pocas como el Renacimiento o el &lt;i&gt;Risorgimento&lt;/i&gt;. En ese marco, la figura del Duce emular&#225; a famosos hombres de armas, Alejandro, Julio C&#233;sar o Escipi&#243;n &#8211;protagonista de la famosa cinta de propaganda &lt;i&gt;Escipi&#243;n el africano (Scipione l'Africano&lt;/i&gt;, Carmine Gallone, 1937)&#8211;, pero tambi&#233;n a los escritores Plat&#243;n, Virgilio o T&#225;cito. Representar en el cine grandes exponentes del genio nacional, depositarios simult&#225;neamente de saber y de fuerza &#8211;&#8220;sapientia et fortitudo&#8221;, en t&#233;rminos literarios&#8211; no es, pues, nada extra&#241;o.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los di&#225;logos extractan con relativa fidelidad algunas obras de Plat&#243;n, y su protagonista, el famoso actor Ermete Zacconi, hab&#237;a interpretado al personaje en la escena teatral, sin especial conciencia de su identificaci&#243;n con Mussolini. Sin embargo, el guion t&#233;cnico y la puesta en escena de Corrado d'Errico &#8211;director del documental de propaganda &lt;i&gt;Il cammino degli eroi&lt;/i&gt; (1936)&#8211; hacen hincapi&#233; en un S&#243;crates patriota y obediente de las leyes, verboso e histri&#243;nico. Consciente de su carisma providencial, habla para la posteridad m&#225;s que para sus interlocutores e incita a los italianos del siglo XX a convertirse en una suerte de &lt;i&gt;guerrieri filosofi&lt;/i&gt;. El resultado es una pel&#237;cula acartonada que difumina la vertiente jocosa del personaje, haciendo de &#233;l un m&#225;rtir de la civilizaci&#243;n m&#225;s que un h&#233;roe cotidiano. Un buen ejemplo de c&#243;mo el cine fascista ofrec&#237;a una imagen cerrada del mundo desde la hipertrofia dram&#225;tica y la esclerosis escenogr&#225;fica (Quintana, 1997, pp. 45-53). Poco despu&#233;s de su estreno, en 1940, el Duce intentaba anexionarse Grecia, casualmente. Del resquicio de estos mundos ideales de la italianidad &#233;pica se desprendieron los fragmentos que constituyeron el neorrealismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Avancemos hacia el S&#243;crates neorrealista. Los recursos del cine de Rossellini resultan de una simplicidad extrema sin ser ingenua, que est&#225; de vuelta de un cine que enmascara el mundo. Si buscamos en su obra otras figuras sabias previas a su pel&#237;cula sobre S&#243;crates, es inevitable recalar en dos personajes. Uno, el protagonista de &lt;i&gt;Francisco, juglar de Dios (Francesco, giullare di Dio&lt;/i&gt;, 1950), reconstrucci&#243;n hist&#243;rica basada en &lt;i&gt;I Fioretti di San Francesco&lt;/i&gt; y en la &lt;i&gt;Vita di Frate Ginepro&lt;/i&gt; (Quintana, 1997, pp. 160), que destruy&#243;, en palabras de &#193;ngel Fern&#225;ndez-Santos, los referentes justificatorios de la reacci&#243;n italiana en el poder: &#8220;el &lt;i&gt;miracolo&lt;/i&gt; econ&#243;mico italiano&#8221; y &#8220;la sublime y espiritual&#237;sima coartada del neocapitalismo&#8221; (citado en Quintana, 1995, p. 127). Con una puesta en escena despojada, un humor voluntariamente ingenuo, y una narrativa lineal y epis&#243;dica, Francesco comparte protagonismo con el resto de la congregaci&#243;n en una pel&#237;cula no siempre comprendida por la cr&#237;tica, desorientada ante su idealismo humanista.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es significativa la presencia de Francesco en el cine italiano del periodo, especialmente en la trayectoria de una cineasta de voluntad transgresora como Liliana Cavani. A pesar de que la cineasta abord&#243; al personaje en tres ocasiones, solo en la primera, &lt;i&gt;Francesco di Assisi&lt;/i&gt; (1966), dirigida para la RAI, se acercaba a las intenciones de Rossellini. Estamos ante un personaje que combina, seg&#250;n el director, &#8220;pazzia e saggezza&#8221; &#8211;locura y sabidur&#237;a&#8211;, elementos que producen efectos contradictorios y que hacen de la vida humana una aventura (citado en Calzetta, 2022). Estas reflexiones cuadran perfectamente con su siguiente largo, &lt;i&gt;Europa 1951 (Europa 51&lt;/i&gt;, 1952), sobre una mujer de clase alta, Irene Girard &#8211;Ingrid Bergman&#8211; que tras la muerte de su hijo dedica su vida a la poblaci&#243;n desfavorecida de los suburbios romanos. Del mismo modo que algunas &#8220;hero&#237;nas sacrificiales&#8221; (Varela, 2023) del cine posterior &#8211;pensamos en &lt;i&gt;Rompiendo las olas (Breaking the waves,&lt;/i&gt; Lars von Trier, 1996) o en &lt;i&gt;Paulina (La patota&lt;/i&gt;, Santiago Mitre, 2015)&#8211;, Irene ejerce una santidad femenina transgresora e incomprendida, que se pliega ante unos poderes que la internan por pasarse de la raya en su bondad. Al milagro, la revelaci&#243;n o la gracia habr&#237;a que incorporar as&#237; el potencial iluminador de la metamorfosis, el cambio m&#225;gico caracter&#237;stico de un g&#233;nero herm&#233;tico como la hagiograf&#237;a, seg&#250;n el cual la vida se transforma en otra de car&#225;cter superior (Beltr&#225;n Almer&#237;a, 2015, p. 75 y 2017, p. 229).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ni &lt;i&gt;Francesco&lt;/i&gt; ni &lt;i&gt;Europa 1951&lt;/i&gt; son especialmente discursivas. Su potencial did&#225;ctico apunta m&#225;s a la redenci&#243;n que a la moral desnuda o al conocimiento. La presencia del sectarismo reformador o la locura remiten al hermetismo, lo que no est&#225; tan lejos de la academia ateniense del V a. C. Durante el rodaje de &lt;i&gt;Europa 1951&lt;/i&gt;, Rossellini ya hab&#237;a declarado: &#8220;S&#243;crates debe llegar a los mismos resultados alcanzados por Francisco: pero los logra con el impulso de los deseos y los sue&#241;os; S&#243;crates con la l&#243;gica. En Francesco es instinto. El razonamiento en S&#243;crates&#8221; (citado en Calzetta, 2022). Para realizar &lt;i&gt;S&#243;crates (Socrate&lt;/i&gt;, 1970) habr&#225; de pasar por una crisis: el rechazo a un sistema de producci&#243;n cinematogr&#225;fica m&#225;s basado en el espect&#225;culo que en el conocimiento y la necesidad de recomenzar desde una nueva base: la televisi&#243;n (Quintana, 1995, pp. 225-226).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En su extensa obra televisiva, Rossellini considerar&#225; el medio como un &#243;rgano did&#225;ctico de divulgaci&#243;n hist&#243;rica y cient&#237;fica; en consecuencia, elegir&#225; biografiar unos personajes hist&#243;ricos que abren horizontes de futuro. &lt;i&gt;S&#243;crates&lt;/i&gt; ahondar&#225; en momentos concretos de la vida del fil&#243;sofo, captando lo esencial de cada momento ritual &#8211;la votaci&#243;n en la asamblea&#8211; y de conversaci&#243;n. El peligro de incurrir en un filosofismo erudito y est&#233;ril se esquiva con una po&#233;tica de la revelaci&#243;n iluminadora del instante. La condici&#243;n jocoseria del personaje se expresa en la humildad y la cotidianeidad familiar m&#225;s que con la comicidad directa. Un elenco actoral desconocido y el austero rodaje en Patones de Arriba, un pueblecito madrile&#241;o, reforzar&#225;n esta potente est&#233;tica de la pobreza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Explicitar la comicidad de S&#243;crates ser&#225; la intenci&#243;n de &lt;i&gt;Le banquet&lt;/i&gt; (1989), coproducci&#243;n televisiva &#237;talo-francesa, dirigida por el transgresor Marco Ferreri, que adapta el famoso di&#225;logo sobre el amor con un enfoque de comedia. Curiosamente, rompe con la iconograf&#237;a tradicional de S&#243;crates, recurriendo a un actor m&#225;s apol&#237;neo que dionis&#237;aco: Lucas Belvaux. En todo caso, la direcci&#243;n de actores, los a&#241;adidos del guion, la puesta en escena, todo ello redunda en la creaci&#243;n de una comedia sexual donde se diluye claramente la seriedad que todav&#237;a apreci&#225;bamos en Rossellini. En su adaptaci&#243;n, Ferreri lleva el texto literario a su territorio, siempre repleto de masculinidades gozosamente inmaduras, sin traicionar por ello ni el texto plat&#243;nico ni las ideas de S&#243;crates. Un mundo que para Calzetta (2022) es la mejor representaci&#243;n de las ideas de Marcuse en &lt;i&gt;Eros y civilizaci&#243;n&lt;/i&gt; (1955) donde, en beneficio de Narciso y Orfeo, ya no manda el h&#233;roe civilizador Prometeo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No se equivoca Abril Sof&#237;a Sain (2021) cuando se&#241;ala que en la pel&#237;cula el cuerpo es el protagonista, pero relegado a la esfera de lo sexual y desligado de lo filos&#243;fico. Para la autora ello implica que Ferreri apoya una l&#237;nea interpretativa antisensualista que asocia la filosof&#237;a con el &#225;mbito ideal y hace abstracci&#243;n del mundo material; enfoque, en realidad, de raigambre plat&#243;nica. Pero deber&#237;amos preguntarnos c&#243;mo busca ser comprendida &lt;i&gt;Le banquet.&lt;/i&gt; Parafraseando a Juan Jos&#233; Saer (2012, p. 284), podemos decir que frente a la formulaci&#243;n de un mundo moral posible, Ferreri opta por desentra&#241;ar la condici&#243;n real de un mundo dado, el de la Atenas cl&#225;sica, donde los discursos filos&#243;ficos entran en conflicto dial&#233;ctico con una realidad popular &#8211;esclavos, mujeres, campesinos&#8211; que unas veces los ignora, otras los relega a la esfera de lo in&#250;til y a veces siente una cierta curiosidad ante ellos. Casi podr&#237;a decirse que estamos en la Atenas de Arist&#243;fanes, el comediante. Y de esta manera nuestra reflexi&#243;n confluye con la aceptaci&#243;n por parte de Sain de la pel&#237;cula como un espect&#225;culo audiovisual y corp&#243;reo, una oportunidad para reabrir la reflexi&#243;n &#233;tica sobre el cuerpo, hecho que s&#237; que considera Ferreri.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;3.4.2. Nuevos desarrollos: Pasolini, Olmi y el cine contempor&#225;neo&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los sujetos did&#225;cticos de Pasolini tampoco desarrollan muchos conocimientos o ideas. Quiz&#225; la excepci&#243;n sea &lt;i&gt;El Evangelio seg&#250;n San Mateo (Il Vangelo secondo Matteo&lt;/i&gt;, 1964), aunque aqu&#237; lo decisivo sea su componente mesi&#225;nico. Los mes&#237;as pasolinianos ostentan muy poca sofisticaci&#243;n, pertenecen al lumpemproletariado y pasan con facilidad del pecado a la redenci&#243;n. Este ser&#237;a el caso de &lt;i&gt;Accattone&lt;/i&gt; (1961), que no deja de recordar otra pel&#237;cula &lt;i&gt;Las noches de Cabiria (Le notte di Cabiria&lt;/i&gt;, Federico Fellini 1957), cuyos di&#225;logos Pasolini tradujo al dialecto romano. Permanecemos, en el terreno herm&#233;tico. &lt;i&gt;Pajaritos y pajarracos (Uccellacci e uccellini,&lt;/i&gt; 1966) es la pel&#237;cula m&#225;s consciente en este aspecto. En ella, Tot&#243; y Ninetto, padre e hijo, se encuentran en su viaje por el extrarradio romano con un cuervo que es presentado como un intelectual de izquierda previo a la muerte del l&#237;der comunista Palmiro Togliatti. Es f&#225;cil reconocer aqu&#237; una parodia de la Sant&#237;sima Trinidad: se triplica la figura del sabio jocoserio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cuervo &#8211;o sea, el Esp&#237;ritu Santo&#8211; adoctrina a Tot&#243; y su hijo a trav&#233;s de un relato moral interpretado nuevamente por la comunidad de Francisco de As&#237;s, donde el santo env&#237;a a dos hermanos de la orden a predicar a las aves del campo. En su misi&#243;n, los franciscanos se ven incapaces de superar las diferencias entre los poderosos &#8211;pajarracos&#8211; y los desfavorecidos &#8211;pajaritos&#8211;. Este fracaso explica el t&#237;tulo de la pel&#237;cula: la diferencia entre ricos y pobres, seg&#250;n un modismo florentino del siglo XIV (Federici, 2021, p. 76). La convivencia entre los tres personajes terminar&#225; con el cuervo devorado por Tot&#243; y Ninetto, en una especie de met&#225;fora eucar&#237;stica. Todo relatado con una comicidad ingenua que casa perfectamente con el esp&#237;ritu franciscano, con gui&#241;os a Chaplin en la interpretaci&#243;n de Tot&#243; y un tono festivo que no ahorra la crueldad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En cuanto a Ermanno Olmi, nos centraremos en dos pel&#237;culas televisivas y mal conocidas, ambas protagonizadas por un personaje especialmente antiheroico y rid&#237;culo. Un precedente de ambas hab&#237;a llegado en su primer largometraje, &lt;i&gt;Il tempo si &#232; fermato&lt;/i&gt; (1959) donde un anciano maestro de la vida &#8211;llamado precisamente Natale, &#8216;Navidad&#8221;&#8211; adiestraba al joven Roberto como guardia de una central hidroel&#233;ctrica. A&#241;os m&#225;s tarde, en la ya televisiva &lt;i&gt;I recuperanti&lt;/i&gt; (1970) Gianni, un joven veterano de 1945 es adiestrado por el viejo Du en la recuperaci&#243;n de los residuos b&#233;licos del 1914-1918. Una historia que podr&#237;a resultar ejemplar al modo tradicional es dinamitada por la interpretaci&#243;n disonante y verborr&#225;gica del &#8220;recuperador&#8221;, interpretado por un actor no profesional, Antonio Lunardi, con una voz de doblaje que no parece suya. Aparte de la toma de postura &#233;tica que implica el reciclaje, lo carism&#225;tico de Du es su presencia cochambrosa, su anarquismo intuitivo y visceral que se apodera y desequilibra toda la pel&#237;cula. Tal cual se&#241;al&#243; Toni Lunari en una cr&#237;tica de la &#233;poca, &#8220;todo el cine de Olmi es desequilibrado, &#191;qui&#233;n me dice que su desequilibrio no sea una elecci&#243;n de libertad?&#8221; (citado en Morandini, 2009, p. 53). Su est&#233;tica desma&#241;ada y sobria, acompa&#241;ada por su estreno en blanco y negro en la RAI, hace de la necesidad virtud y gana en vitalidad al asumir el caos narrativo que introduce Du.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y algo de eso hay tambi&#233;n en el siguiente largo de Olmi, &lt;i&gt;Durante l'estate&lt;/i&gt; (1971), que relata un romance, interpretado nuevamente por no profesionales, entre una joven alocada y un maduro exc&#233;ntrico especializado en her&#225;ldica. Este personaje extempor&#225;neo y anclado a valores tradiciones acaba en la c&#225;rcel por falsificar t&#237;tulos nobiliarios que vend&#237;a a la gente de su entorno en funci&#243;n de una cierta nobleza espiritual y no social. Definida por la revista &lt;i&gt;Positif&lt;/i&gt; como una mezcla, una conexi&#243;n entre la mitolog&#237;a cristiana y Kafka (citado en Morandini, 2009, p. 56), Olmi explica que para esta par&#225;bola evang&#233;lica no altisonante eligi&#243; un protagonista poco agraciado que produjera un cierto rechazo visceral, al modo de Jesucristo, personaje que el director tambi&#233;n imagina feo (citado en Finatti, 2000, pp. 139-140). En resumidas cuentas, el conocimiento &#250;til del recuperador Du y el saber del heraldista, socialmente falso pero moralmente verdadero, se mueven en el mismo terreno ideol&#243;gico, al ejercer la trangresi&#243;n desde la debilidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quiz&#225; el continuador m&#225;s claro del didactismo de la modernidad italiana sea Nanni Moretti. Sus pel&#237;culas &lt;i&gt;Vaselina roja (Palombella rossa&lt;/i&gt;, 1989), &lt;i&gt;Abril (Aprile&lt;/i&gt;, 1998) o &lt;i&gt;El sol del futuro (Il sole dell'avvenire&lt;/i&gt;, 2023) lo han convertido en un predicador humor&#237;stico. Adoptando recursos de la &lt;i&gt;stand-up comedy&lt;/i&gt;, afronta permanentemente la actualidad de la izquierda en Italia. Incluso en &lt;i&gt;Vaselina roja&lt;/i&gt; se desdobla como sabio en un gur&#250; indio al que en teor&#237;a consulta pero que en realidad apenas dice nada, se limita a poner cara de eso mismo, de gur&#250;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;4. Conclusiones&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El sabio del didactismo serio es una figura literaria o cinematogr&#225;fica con la que podemos aprender, siempre que tengamos en cuenta su car&#225;cter de arquetipo, es decir, no vamos a encontrar nadie semejante ni en nuestro espacio de convivencia ni en nuestra esfera p&#250;blica. Es el sabio del humanismo cl&#225;sico (M&#233;lich, 2001, p. 12) donde se supone que como ciudadan&#237;a debemos contemplarnos. Es el sabio que dotado de una subjetividad libre, aut&#243;noma y con una racionalidad inmanente tiene su fundamento en una metaf&#237;sica de la presencia. Un sabio que legitima su vida social mediante la consecuci&#243;n de unos objetivos, no por el mero hecho de existir, tal cual hace el com&#250;n de los mortales. Un sabio que se siente heredero de las grandes personalidades de la historia, quienes a su vez generaron grandes obras. Un sabio que acumula una cualificaci&#243;n que lo hace supuestamente autosuficiente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con la sabidur&#237;a jocoseria podemos aprender, pero juega la baza de una ejemplaridad negativa. Medio en broma, medio en serio, se r&#237;e del saber dogm&#225;tico, dejando la puerta abierta a alg&#250;n tipo de dignificaci&#243;n por el aprendizaje. Esta sabidur&#237;a se reconoce no solo imperfecta, sino producto del saber de los otros. Constituimos nuestros sujetos, siempre provisionales, a partir del di&#225;logo infinito con los otros y no a a partir de una sabidur&#237;a encaramada &#8220;a hombros de gigantes del conocimiento&#8221;. Estamos en una primera etapa, en el camino que lleva a una &#233;tica del cuidado y no solo de la justicia, donde el gran olvidado principio de fraternidad se hace equiparable a la igualdad y la libertad. Pero eso es ya otra historia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias bibliogr&#225;ficas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bajt&#237;n, M. M. (1993). &lt;i&gt;Problemas de la po&#233;tica de Dostoyevski&lt;/i&gt;. FCE.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Beltr&#225;n Almer&#237;a, L. (2021). &lt;i&gt;Est&#233;tica de la novela&lt;/i&gt;. C&#225;tedra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Beltr&#225;n Almer&#237;a, L. (2017).&lt;i&gt; GENVS. Genealog&#237;a de la imaginaci&#243;n literaria. De la tradici&#243;n a la Modernidad&lt;/i&gt;. Calambur.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Beltr&#225;n Almer&#237;a, L. (2015). &lt;i&gt;Simbolismo y Modernidad&lt;/i&gt;. Secretar&#237;a de la Cultura y las Artes de Yucat&#225;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Calzetta, D. (2022). &lt;i&gt;Socrate al cinema&lt;/i&gt;. [Epub]. MIM Edizioni.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Caro Baroja, J. (1980). &lt;i&gt;Introducci&#243;n a una Historia Contempor&#225;nea del Anticlericalismo Espa&#241;ol.&lt;/i&gt; Istmo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Enguita, M. F. (1992). Propiedad, autoridad y cualificaci&#243;n en el an&#225;lisis de las clases sociales. En &lt;i&gt;Pol&#237;tica y sociedad,&lt;/i&gt; (11), 49-66.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Federici, S. (2021). &lt;i&gt;Calib&#225;n y la bruja: mujeres, cuerpo y acumulaci&#243;n primitiva&lt;/i&gt;. Traficantes de Sue&#241;os.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finatti, L. (2000). &lt;i&gt;Stupore e mistero nel cinema di Ermanno Olmi.&lt;/i&gt; ANCCI.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Gurpegui Vidal, F. J. (2017). &lt;i&gt;Network. Un mundo implacable.&lt;/i&gt; Nau Llibres.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Jung, C. G. (2010). Acerca de la psicolog&#237;a de la figura del &lt;i&gt;trickster.&lt;/i&gt; En &lt;i&gt;Los arquetipos y lo inconsciente colectivo&lt;/i&gt;. Trotta, 239-256.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;M&#233;lich, J.-C. (2001). &lt;i&gt;La ausencia de testimonio. &#201;tica y pedagog&#237;a en los relatos del Holocausto&lt;/i&gt;. Anthropos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Monterde, J. E. (Ed.) (2005). &lt;i&gt;En torno al nuevo cine italiano. Los a&#241;os sesenta: realismo y poes&#237;a&lt;/i&gt;. Institut Valenci&#224; de Cinematograf&#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Monterde, J. E. (2005). La naturaleza del nuevo cine italiano. En Monterde, J. E. (2005), 103-142.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Morandini, M. (2009). &lt;i&gt;Ermanno Olmi.&lt;/i&gt; Il Castoro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pi&#241;ero, P. M. (1988). Introducci&#243;n. En An&#243;nimo y J. de Luna, &lt;i&gt;Segunda parte del Lazarillo,&lt;/i&gt; C&#225;tedra, 9-111.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;de Prada-Samper, J. M., Ed. (2011). &lt;i&gt;La ni&#241;a que cre&#243; las estrellas. Relatos orales de los bosquimanos |xam.&lt;/i&gt; Lengua de trapo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quintana, &#193;. (2005). El legado del padre o la vigencia del neorrealismo en la modernidad. En Monterde, J. E. (2005), 13-44.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quintana, &#193;. (1997). &lt;i&gt;El cine italiano 1942-1961. Del neorrealismo a la modernidad.&lt;/i&gt; Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quintana, &#193;. (1995). &lt;i&gt;Roberto Rossellini.&lt;/i&gt; C&#225;tedra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Saer, J. J. (2012). &lt;i&gt;Papeles de trabajo. Borradores in&#233;ditos.&lt;/i&gt; Seix-Barral.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sain, A. S. (2022). Simposio caleidosc&#243;pico: una mirada poli&#233;drica hacia los cuerpos bellos del &lt;i&gt;Banquete&lt;/i&gt; de Plat&#243;n. &lt;i&gt;Etica y Cine Journal&lt;/i&gt;, Vol. 11 (3), pp. 25-35.&lt;br class='autobr' /&gt;
&lt;a href=&#034;https://doi.org/10.31056/2250.5415.v11.n3.35929&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://doi.org/10.31056/2250.5415.v11.n3.35929&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Varela, A. (2023). Lars von Trier. La c&#225;mara no tiene piedad. &lt;i&gt;&#209;. Revista de cultura&lt;/i&gt;, 1035, 26-27.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vi&#241;uales S&#225;nchez, A. (2023). &lt;i&gt;La novela cinema: las formas de la imaginaci&#243;n cinematogr&#225;fica como herencia de la novela&lt;/i&gt;. [Tesis doctoral in&#233;dita]. Universidad de Zaragoza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias filmogr&#225;ficas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;D'Errico, C. (Director) (1939) &lt;i&gt;Processo e morte di Socrate&lt;/i&gt; [Proceso y muerte de S&#243;crates]. San Paolo Films y Scalera Film.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ferreri, M. (Director) (19). &lt;i&gt;Le banquet&lt;/i&gt; [El banquete] [Pel&#237;cula de televisi&#243;n]. France 3, La Sept, FIT Productions y Grupo Bema.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olmi, E. (Director) (1971). &lt;i&gt;Durante l'estate&lt;/i&gt; [Durante el verano] [Pel&#237;cula de televisi&#243;n]. Palumbo y RAI.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olmi, E. (Director) (1970). &lt;i&gt;I recuperanti&lt;/i&gt; [Los recuperadores] [Pel&#237;cula de televisi&#243;n]. Palumbo y RAI.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rossellini, R. (Director) (1970). &lt;i&gt;Socrate&lt;/i&gt; [S&#243;crates] [Pel&#237;cula de televisi&#243;n]. Orizzonte 2000.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pasolini, P. P. (Director) (1966). &lt;i&gt;Uccellacci e uccellini&lt;/i&gt; [Pajaritos y pajarracos] [Pel&#237;cula]. Alfredo Bini.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rossellini, R. (Director) (1952). &lt;i&gt;Europa 51&lt;/i&gt; [Europa 1951] [Pel&#237;cula]. Carlo Ponti y Dino de Laurentiis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rossellini, R. (Director) (1970). &lt;i&gt;Francesco, giullare di Dio&lt;/i&gt; [Francisco, juglar de Dios] [Pel&#237;cula]. Cineriz.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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