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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>Una lettre llega a destino</title>
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		<dc:date>2025-11-18T11:38:55Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Natalia Bonansea</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;Rese&#241;a del libro: Coll, G. (dir.), Bassols, M., et al. (2025). Una apuesta por la letra: Psicoan&#225;lisis y Literatura. Editorial de la UNC, Grama&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;DOI: &lt;a href=&#034;https://doi.org/10.31056/2250.5415.v15.n3.51424&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://doi.org/10.31056/2250.5415.v15.n3.51424&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-Nro-3-Noviembre-2025-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | Nro 3 | Noviembre 2025&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Nacional de C&#243;rdoba (UNC)&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Toca a ese lector dar a la carta en cuesti&#243;n, &lt;br class='autobr' /&gt;
m&#225;s all&#225; de aquellos a los que fue dirigida un d&#237;a, &lt;br class='autobr' /&gt;
aquello mismo que encontrar&#225; all&#237; como palabra final: &lt;br class='autobr' /&gt;
su destinaci&#243;n.&lt;br class='autobr' /&gt;
(Lacan, 2014, p. 21)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Desde Freud, el Psicoan&#225;lisis se ha interesado por el universo de las formas y los relatos Wajcman (2019), dando un lugar privilegiado a la literatura como modo de anticiparse, de demostrar, de experimentar, los desaf&#237;os del encuentro fallido entre lo real y el lenguaje. Causados por ese inter&#233;s, &#8220;Psicoan&#225;lisis y Literatura&#8221;, espacio de extensi&#243;n de la Universidad Nacional de C&#243;rdoba, coordinado por Guido Coll, nos encontr&#243; sosteniendo una transferencia de trabajo a Mar&#237;a Jos&#233; Ghione, Laura Uez, Eugenia Castro, Rodolfo Arsento, Natalia Bonansea, Catalina de la Barrera, Sof&#237;a Sartori y Francisco Suarez. Durante siete a&#241;os, se desarrollaron diferentes cursos abiertos a la comunidad, contando con la enunciaci&#243;n de escritores y psicoanalistas argentinos, orientados por un nombre propio de la literatura, en la siguiente secuencia: &#8220;&#191;Por qu&#233; Lacan lee a Joyce?&#8221;, &#8220;Un rendez-vous con Barthes&#8221;, &#8220;Lacan y Duras. Escribir lo Femenino&#8221;, &#8220;Lacan con Beckett&#8221;, &#8220;Fixiones: de Borges a Lacan&#8221;&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fue una apuesta, bajo la convicci&#243;n de que &#8220;la tierra prometida, es a condici&#243;n de apostar&#8221; (Coll, 2025, p. 17). Apuesta de encontrarnos cada vez, como lectores apasionados, apostando en m&#250;ltiples sentidos y espacios, incluyendo tambi&#233;n a la ciudad, a la universidad, a las editoriales, despertando preguntas que van de la historia hacia el futuro, pasando por los interrogantes del hoy. Apuesta que fue constituyendo la sustancia de la que est&#225; hecha este libro recientemente publicado, como experiencia de lenguaje, de lectura, de encuentro entre varios, pero tambi&#233;n de satisfacci&#243;n. Porque en esa relaci&#243;n imposible entre goce y palabra, entre real y discurso, aparece la letra y la escritura, como puntos de fijaci&#243;n, de litoral, de resto, de inscripci&#243;n, que no s&#243;lo nos transmiten un imposible, una falla, un traspi&#233;s, sino tambi&#233;n la experiencia de un cuerpo vivo. Tal como lo dice Bassols (2025) en el &#8220;punto cero&#8221; de este libro, &#8220;hay una letra en la palabra dicha, hay una escritura en el decir&#8221; (p. 21), y esa &#8220;letra funciona aqu&#237; como un recorte en el saber, cavando un agujero que, en la medida en que se quiere llenar de sentido, recorre a invocar ah&#237; un goce&#8221; (p. 23).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De esta forma, cada nombre propio de la literatura elegido da cuenta de ese recorrido, pero no solamente ellos, sino tambi&#233;n sus lectores vueltos escritores para esta publicaci&#243;n. Cada uno ha pesquisado con esmero las marcas de esa experiencia de satisfacci&#243;n, al tiempo que ha inventado una forma singular de hacer resonar esa experiencia en su texto, hasta llegar a nosotros. As&#237;, en el primer cap&#237;tulo sobre James Joyce, Pilar Ordo&#241;ez se&#241;ala con fineza que la &#8220;luminosidad se da en una sensibilidad creadora&#8221; (p. 30), reflejada en Joyce a trav&#233;s del uso de la epifan&#237;a como procedimiento, epifan&#237;a en tanto experiencia de placer que no resulta de lo bello sino del &#8220;estremecimiento ante el misterio&#8221; (p. 31). Alejandro Willington, por su parte, advierte &#225;vidamente que el &#8220;ejercicio de la escritura de Finnegans Wake implicaba para Joyce un goce estrechamente enlazado a la risa, hasta dir&#237;amos freudianamente, ya que como sabemos para Freud el equ&#237;voco forma parte de la estructura del chiste&#8221; (p. 39). Y Mar&#237;a Calvi&#241;o, interpreta que hay un modo particular de la po&#233;tica joyceana, el de &#8220;escribir como hablaba&#8221;, que &#8220;lejos de ser una simplificaci&#243;n, es la clave que explica su entrega de a&#241;os en el exilio para &#8220;fijar&#8221; (uso la palabra en el sentido que le dan los artistas visuales) una materia viva, fluida y distante la cual, dec&#237;amos, tambi&#233;n naci&#243; de la literatura (p. 49).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el segundo cap&#237;tulo nos citamos con Roland Barthes, de la mano de Carolina C&#243;rdoba y Gabriela Sim&#243;n. Carolina, en un di&#225;logo inventado haciendo &#8220;trampas con la lengua&#8221;, nos acerca la voz de Barthes para recordarnos que la literatura no sabe, o sabe s&#243;lo en tanto que consideremos el trabajo que el lenguaje nos provoca, haciendo que la &#8220;escritura se encuentra donde quiera que las palabras tengan sabor. Saber y sabor tienen la misma etimolog&#237;a&#8221; (Barthes, 2011, p. 68). Y Gabriela, detallista al captar en el estilo de Barthes una vocaci&#243;n por el matiz y la sutileza, no s&#243;lo nos trae una an&#233;cdota sobre el encuentro real entre Barthes y Lacan, sino que nos dice: &#8220;Barthes el extranjero, el ajeno a la doxa, el itinerante, el enamorado de un lenguaje que siempre se desplaza. Intento no olvidar sus palabras: &#8220;ser extranjeros es inevitable, necesario, deseable&#8221; (p. 80).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De all&#237;, aterrizamos en Marguerite Duras, aquella que Lacan (2012) dec&#237;a &#8220;resulta saber sin m&#237; lo que yo ense&#241;o&#8221; (p. 211). Candela M&#233;ndez, interrogada sobre &#8220;la percusi&#243;n de las palabras en el cuerpo&#8221; y su relaci&#243;n a lo femenino, encuentra en Duras &#8220;una feminidad cercana al borde de lo indecible&#8221; (p. 92), sobre todo respecto de las experiencias en donde el cuerpo se torna un lugar de martirio por el amor y/o el dolor de existir. Liliana Aguilar, por su parte, escribiendo con la convicci&#243;n de &#8220;dejar de girar en redondo&#8221;, se&#241;ala que &#8220;la escritura es una ayuda contra&#8221; la debilidad mental propia de los seres hablantes, y que por eso justamente &#8220;es una experiencia de cuerpo, es decir, una experiencia de satisfacci&#243;n&#8221; (p. 99). Y finalmente, Mar&#237;a Teresa Andruetto nos regala su arte, y aunque &#8220;no todo ha sido narrado all&#237;&#8221;, va intercalando fragmentos literarios, para llegar a decirnos con y respecto de Duras (1975), que: &#8220;Mujeres que parecen querer (literalmente) morir de amor constituyen la escena recurrente. Eso que ah&#237; se oculta las embelesa hasta perderse, entregadas a un deseo que no comprenden, en busca de un absoluto (...) &lt;i&gt;Escribir&lt;/i&gt;, dice. Vicio. Violencia. &lt;i&gt;Destruir&lt;/i&gt;, dice. Necesidad de eso imposible de describir, eso que la impulsa a escribir &lt;i&gt;de la manera &#250;nica que cada voz tiene de recordar o de olvidar&lt;/i&gt;&#8221; (pp. 105&#8211;106).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el cuarto cap&#237;tulo, toma la escena Samuel Beckett quien, por se&#241;alar &#8220;el valor del objeto resto&#8221;, se gana la menci&#243;n de Lacan (2012b) como aquel que ha salvado el honor de la literatura (p. 20). Eugenia Molina nos invita entonces a pensarnos como beckettianos, y aprender del autor que al &#8220;hacerse mirar en su condici&#243;n de resto, alojando el humor como un elemento esencial en la transmisi&#243;n, nos muestra un uso del lenguaje que incluye lo pulsional en su dimensi&#243;n de real, sin sacrificar el relato en su medida ficcional&#8221; (p. 115). Blanca S&#225;nchez, por su parte, elucubra aquellas marcas que permiten a Beckett (2006) construir su estilo &#8220;sin estilo&#8221;, desde la adopci&#243;n de una lengua otra, hasta el despojo de toda certidumbre o pretensi&#243;n, para poder entrever &#8220;el mundo que dec&#237;a crear para poder respirar&#8221; (p. 124). Desde all&#237;, concluye, &#8220;podr&#237;a bien ense&#241;arnos que &lt;i&gt;el estilo es la letra&lt;/i&gt;, o incluso, que su estilo es &lt;i&gt;lituraterrizar&lt;/i&gt;&#8221; (p. 134).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces, llegamos a Borges, el escritor argentino citado por Lacan, el poeta, el escritor, el traductor, pero por sobre todo el lector incansable (y, confesi&#243;n aparte, uno de mis autores preferidos por influencia paterna). En una conversaci&#243;n fulgurante antes, durante y post encuentro, entre Gisela Smania, Gast&#243;n Cottino, Flavio Lo Presti y el equipo de Psicoan&#225;lisis y Literatura, se fue orquestando el mundo de las ficciones y fixiones que encuentran a la elucubraci&#243;n borgeana con la lacaniana. As&#237;, Smania previo a contar un detalle singular en su cruce con Borges, capta &#8220;su afici&#243;n microsc&#243;pica&#8221;, paradojalmente atravesada y reinventada por la ceguera que lo aquejaba, &#8220;secretando ficciones&#8221; de lo real imposible. Por eso Borges nos ense&#241;a que &#8220;frente a la imposibilidad de decir lo verdadero, la ficci&#243;n se aproxima m&#225;s al misterio por el que se juntan la palabra con el cuerpo. Precisamente, en la casa de las palabras puede llegar a fijarse, en el mejor de los casos, un trozo de satisfacci&#243;n singular&#8221; (p. 147).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por su parte, Gast&#243;n Cottino, quien ha explorado fervientemente el encuentro entre Lacan y Borges respecto a la palabra po&#233;tica y c&#243;mo la misma signa la experiencia anal&#237;tica en tanto efecto de sentido y agujero, explica que cuando la ficci&#243;n se encuentra con un punto imposible, algo se fija, haciendo surgir un goce que &#8220;har&#225; signo y letra&#8221; para alguien. Y, por ello, &#8220;esta es una de las maneras de demostrar lo que Lacan dice de Borges, en 1956 en su texto sobre La Carta Robada. All&#237; indica que la obra de Jorge Luis Borges es &#8220;arm&#243;nica con el phylum&#8221; del discurso psicoanal&#237;tico. Es decir que recupera lo cortante sino de su verdad, de su relaci&#243;n a otra cosa que es el objeto, o mejor, lo real&#8221; (p. 155). Y Flavio Lo Presti, escritor cordob&#233;s, reversiona &#8220;Borges y yo&#8221;, para transmitirnos la experiencia de una escritura atravesada por otras escrituras, que lejos de ser simplemente un par de influencias, se escabulle por cada rendija del viviente, activando hasta la experiencia de la muerte. As&#237;, como Borges lo demuestra, el lenguaje se presenta como &#8220;un instrumento fallido&#8221;, con su potencia ficcional y su cara monstruosa e insaciable. Por ello, nos dice, &#8220;no hay escritor en el tiempo que va entre Borges y yo en que no se vean las marcas de la lucha con esa impugnaci&#243;n gozosa, esa puesta en duda de la posibilidad de escribir que es la obra de Borges (...) Cada uno de nosotros tuvo que inventarse una forma, que no deja de ser una forma de trastabillar&#8221; (p. 166).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Llegamos entonces al final, de la mano de un ep&#237;logo que, en apr&#233;s-coup, nos regala una clave de lectura fundamental: la pr&#225;ctica anal&#237;tica es una experiencia de lenguaje, que nos encuentra como analizantes-lectores con el &#8220;savoir-leer la opacidad lenguajera que nos habita&#8221; (Coll y de la Barrera, 2025, p. 173). Y en ese recorrido, descubrimos que &#8220;el lector que propone Lacan, no es otro que el de Borges, ese lector como h&#233;roe a partir del espacio que se abre entre la letra y la vida&#8221; (p. 176). Por eso, &#8220;Una apuesta por la letra&#8221;, vale la experiencia de satisfacci&#243;n de ser le&#237;da. Esperamos que una carta llegue a destino, para cada uno, en cada quien, cuando las p&#225;ginas de este libro se encuentren entre sus manos.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_2121 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/letra.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/letra.jpg?1762133624' width='500' height='667' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias bibliogr&#225;ficas:&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Coll, G. (Dir.), Bassols, M., &amp; otros. (2025). &lt;i&gt;Una apuesta por la letra: psicoan&#225;lisis y literatura&lt;/i&gt; (1.&#170; ed.). Editorial de la UNC; Grama.&lt;br class='autobr' /&gt;
Lacan, J. (2012a). Homenaje a Marguerite Duras por el arrobamiento de Lol V. Stein. &lt;i&gt;Otros escritos&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;br class='autobr' /&gt;
Lacan, J. (2012b). Lituratierra. &lt;i&gt;Otros escritos&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;br class='autobr' /&gt;
Lacan, J. (2014). Obertura de esta recopilaci&#243;n. &lt;i&gt;Escritos 1&lt;/i&gt;. Siglo Veintiuno Editores.&lt;br class='autobr' /&gt;
Wajcman, G. (2019). &lt;i&gt;Las series, el mundo, la crisis, las mujeres&lt;/i&gt;. UNSAM Edita.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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