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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>When revenge is justified. Regarding Kill Bill: Hegel, the life-or-death struggle for recognition of the other, and Foucault's power relations</title>
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		<dc:date>2026-07-21T14:23:55Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Sheila L&#243;pez-P&#233;rez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This article interprets the film &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; as a journey of struggle for recognition in which anger and revenge, far from being destructive passions, become forces aimed at recovering violated dignity. Against the view that equates anger and revenge with irrationality and loss of control, it defends their potential restorative function when they arise from an unjustified grievance and are guided by reason and conscience. The article draws on Hegel and his &#034;struggle to the death for the recognition of the other,&#034; as well as his dialectic between master and slave, to explain how Beatrix Kiddo, reduced to slavery, seeks to recover her autonomy by confronting Bill, the master who molded her identity and reduced her to an object. To further explore this idea, the article engages with Foucault and Pasolini, whose reflections on power relations illuminate Beatrix's process of desubjectification, as well as the possibility of reversing it. Finally, it will be concluded that Beatrix's revenge, although tragic and irreconcilable, represents a reappropriation of herself and an act of freedom that brings forth her self-awareness.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Revenge | recognition | power | subjectivation | self-awareness&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-16-No-2-July-2026-" rel="directory"&gt;Volumen 16 | N&#186; 2 | July 2026&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Isabel I, Burgos, Espa&#241;a&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Cuando-la-venganza-esta-justificada-A-proposito-de-Kill-Bill-Hegel-la-lucha-a' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Cuando la venganza est&#225; justificada. A prop&#243;sito de Kill Bill: Hegel, la lucha a muerte por el reconocimiento del otro y las relaciones foucaultianas de poder&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Cuando la venganza est&#225; justificada. A prop&#243;sito de Kill Bill: Hegel, la lucha a muerte por el reconocimiento del otro y las relaciones foucaultianas de poder</title>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Sheila L&#243;pez-P&#233;rez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este art&#237;culo interpreta la pel&#237;cula &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; como un itinerario de lucha por el reconocimiento en el que la ira y la venganza, lejos de ser pasiones destructivas, se convierten en fuerzas orientadas a recuperar una dignidad ultrajada. Frente a la visi&#243;n que identifica ira y venganza con irracionalidad y p&#233;rdida de control, se defiende su posible funci&#243;n restaurativa cuando surgen de un agravio injustificado y son conducidas por la raz&#243;n y la conciencia. El art&#237;culo se apoya en Hegel y su &#8220;lucha a muerte por el reconocimiento del otro&#8221;, as&#237; como en su dial&#233;ctica entre el amo y el esclavo, para explicar c&#243;mo Beatrix Kiddo, reducida a esclava, busca recuperar su autonom&#237;a enfrent&#225;ndose a Bill, el amo que molde&#243; su identidad y la redujo a objeto. Para profundizar en esta idea se dialogar&#225; con Foucault y Pasolini, cuyas reflexiones sobre las relaciones de poder alumbrar&#225;n el proceso de desubjetivaci&#243;n de Beatrix, as&#237; como la posibilidad de revertirlo. Finalmente, se concluir&#225; que la venganza de Beatrix, aunque tr&#225;gica e irreconciliable, representa una reapropiaci&#243;n de s&#237; misma y un acto de libertad que hace emerger su autoconciencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt; Venganza | reconocimiento | poder | subjetivaci&#243;n | autoconciencia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/When-revenge-is-justified-Regarding-Kill-Bill-Hegel-the-life-or-death-struggle' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-16-Nro-2-Julio-2026-" rel="directory"&gt;Volumen 16 | Nro 2 | Julio 2026&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Isabel I, Burgos, Espa&#241;a&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Introducci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Revenge is a dish best served cold (La venganza es un plato que se sirve fr&#237;o)&lt;/i&gt;&lt;br class='autobr' /&gt;
Old Klingon Proverb &lt;br class='autobr' /&gt;
(Cita mostrada en la primera escena de &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt;)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; presenta una historia que, bajo la superficie de un violento relato de artes marciales e ingeniosas escenas de acci&#243;n, contiene un drama profundamente humano: el de una mujer que busca restituir su dignidad tras haber sido traicionada y aniquilada &#8211;primero en un sentido f&#237;sico, luego en uno simb&#243;lico e identitario&#8211; por el hombre al que am&#243;. Beatrix Kiddo, conocida como La Novia, es atacada el d&#237;a de su boda por su antiguo amante y maestro, Bill, junto con el escuadr&#243;n de asesinos al que pertenec&#237;a. Dada por muerta y despojada de su futuro, despierta del coma cuatro a&#241;os despu&#233;s con un &#250;nico prop&#243;sito: ajustar cuentas con quienes destrozaron su vida y recuperar, mediante una venganza milim&#233;tricamente planeada, el reconocimiento de su identidad y su val&#237;a, as&#237; como la independencia y la autonom&#237;a como sujeto que ya no est&#225; mediado por su antiguo escuadr&#243;n, sino solo por sus propias directrices, objetivos y deseos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt;, la violencia desatada es algo m&#225;s que espect&#225;culo: se trata de la expresi&#243;n de un combate existencial en el que Beatrix, tras haber sido reducida a objeto, reclama ser reconocida nuevamente como sujeto, incluso a costa de desafiar el v&#237;nculo afectivo que la une a Bill y que, en cierto modo, la define. Este texto abordar&#225; la trama de &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; a partir de cuatro nociones entrelazadas: ira, venganza, reconocimiento y poder. Frente a la interpretaci&#243;n com&#250;n que considera la ira como una pasi&#243;n irracional y destructiva, siendo la venganza su veh&#237;culo, se indagar&#225; en su potencial sentido restaurativo, siempre y cuando aquella emerja de una ofensa desproporcionada e injusta y la reacci&#243;n del sujeto ultrajado sea conducida por la raz&#243;n y la voluntad. Esta perspectiva buscar&#225; fundamento en la tradici&#243;n aristot&#233;lica, que llega a aceptar una justa medida de la ira, y m&#225;s adelante enlazar&#225; con la idea hegeliana de la &#8220;lucha a muerte por el reconocimiento del otro&#8221;: el conflicto entre dos autoconciencias que buscan afirmarse como libres y dignas ante la mirada de la otra. Se propondr&#225; que la venganza de Beatrix puede pensarse como el itinerario de afirmaci&#243;n y reconstrucci&#243;n de un individuo que fue reducido a cosa. Para ello, aludiremos a la dial&#233;ctica hegeliana del amo y el esclavo y exploraremos el concepto de &#8220;poder&#8221; con miras a entender la profundidad de la herida que impulsa la venganza de Beatrix. El texto recuperar&#225; las reflexiones de Foucault y Pasolini para situar la historia de &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; m&#225;s all&#225; de la revancha privada: la venganza emerge como el intento de trastocar unos dispositivos de poder estructurales y desmesurados. Por &#250;ltimo, exploraremos el horizonte de un conflicto que no tiene reconciliaci&#243;n posible: Beatrix debe destruir al amor de su vida para poder tener un futuro junto a su hija. En las conclusiones uniremos todo lo dicho con la &lt;i&gt;eudaimon&#237;a&lt;/i&gt;, esto es, la tranquilidad surgida tras actuar de acuerdo con la propia conciencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La ira y la venganza. Dos pasiones con un largo recorrido hist&#243;rico&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Siempre me ha interesado la venganza porque es una emoci&#243;n primaria y cinematogr&#225;fica. En &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; quise explorar c&#243;mo una persona puede reconstruirse a partir de una traici&#243;n absoluta y reclamar su identidad por medio de la acci&#243;n&#8221;&lt;br class='autobr' /&gt;
Quentin Tarantino (Avary, Tarantino, 2025)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La ira y su compa&#241;era inseparable, la venganza, son dos pasiones que han sido largamente estudiadas a lo largo de la historia. Recurrentemente se les ha abordado de manera conjunta, defini&#233;ndolas como una p&#233;rdida temporal de las dos virtudes m&#225;s preciadas del ser humano: la gu&#237;a de la raz&#243;n y la capacidad de autocontrol. Estas dos pasiones suelen ser consideradas como una especie de ceguera o locura pasajera que mina la lucidez de la mente y la libertad de las decisiones. A quien sucumbe a ellas se le considera &#8220;fuera de s&#237;&#8221;, como si estuviera entregado a un tir&#225;nico demonio interior que le priva del entendimiento y la voluntad. &#191;Pero qu&#233; ocurre cuando la ira y la venganza no solo est&#225;n controladas, sino que adem&#225;s est&#225;n guiadas por la lucidez de la raz&#243;n y son proyectadas para dar una salida justa a una injuria que ha trastocado el orden anterior?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Comencemos por el principio. Ira y venganza son dos pasiones que nacen de una ofensa, de un ultraje que se considera haber recibido inmerecidamente, de un doloroso golpe al amor propio, a la identidad o a la dignidad que sostiene nuestra concepci&#243;n sobre nosotros mismos. Estas dos pasiones pueden desarrollarse en diferentes grados, y su desembocadura depende principalmente de c&#243;mo y qui&#233;n rumie el evento que las ha desatado. La incapacidad de revertir el curso del tiempo, de atajar el evento que desencaden&#243; dichos sentimientos, se convierte en el piloto de ambas pasiones. Esta incapacidad de revertir lo sucedido ti&#241;e a la ira y a la venganza de un sabor amargo e insatisfacible, aun cuando estas encuentran justicia. Podemos apreciar el nacimiento de estas dos pasiones en el despertar de Beatrix Kiddo del coma (&lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt;, vol. 1): al descubrir lo que le ha ocurrido, que han pasado cuatro a&#241;os y que su beb&#233; ya no est&#225;, la c&#225;mara se acerca a su rostro mientras grita desgarrada por la ira, en un primer momento, y pasa a calmarse y a elaborar su &#8220;Death List Five&#8221; &#8211;&#8220;Lista de la muerte de los cinco&#8221;&#8211; en un segundo momento. Esta transici&#243;n, de la desesperaci&#243;n animal a la planificaci&#243;n racional de la venganza, encarna el paso de la ira inmediata a la restituci&#243;n medida y deliberada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ira y la venganza son un indicador de dos aspectos que ata&#241;en a la propia identidad: la vulnerabilidad del yo y su deseo de reconocimiento. Por eso est&#225;n vinculadas a la leg&#237;tima defensa, tanto del espacio f&#237;sico como del emocional. Ambas tratan de salvaguardar la imagen p&#250;blica, real o presuntamente amenazada, y de restaurar la autoestima que se considera herida. Es impreciso, por tanto, contraponer vagamente la raz&#243;n, la cual estar&#237;a bajo control y ser&#237;a moderada, comedida y justa, a las pasiones, las cuales carecer&#237;an de l&#243;gica y se dar&#237;an a los excesos. La ira y la venganza pertenecen, ciertamente, al grupo de las pasiones, pero no pertenecen a las &#8220;pasiones tristes&#8221; de las que hablaba Spinoza en su &lt;i&gt;&#201;tica&lt;/i&gt; (2007), esas que, junto al odio, la envidia o la avaricia, deprimen nuestras ganas de vivir y nuestra potencia de existir. Por el contrario, ira y venganza son pasiones que pueden hacernos sufrir, pero tambi&#233;n contienen una posibilidad intr&#237;nseca de reconocimiento, de placer justificado, de redenci&#243;n de un agravio que se considera injusto. As&#237; lo describe Arist&#243;teles en su &lt;i&gt;Ret&#243;rica:&lt;/i&gt; &#8220;Toda manifestaci&#243;n de ira va acompa&#241;ada de un cierto placer, derivado de la experiencia de la esperanza de vengarse&#8221; (II, 2, 1378 b).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ira y la venganza atormentan sobre todo a quien las sufre, particularmente en el momento de la ofensa y antes de que esta se transforme en una reacci&#243;n restitutiva. Tras esta transformaci&#243;n, el sentimiento cambia hacia un horizonte de purificaci&#243;n que, aun no logrando limpiar el da&#241;o recibido, puede sublimarlo y hacerlo m&#225;s soportable, permitiendo al agravado avanzar hacia un nuevo estado m&#225;s digno que el anterior. El enfrentamiento entre Beatrix y O-Ren Ishii en la &#8220;Casa de las hojas azules&#8221; (vol. 1) muestra una carnicer&#237;a que culmina en un duelo final ceremonial y respetuoso. Beatrix reconoce el poder y la dignidad de O-Ren antes de matarla. Esto muestra que la ira se ha depurado y canalizado hacia un momento cat&#225;rtico que es comprendido y avalado por su contrincante. Que la venganza de Beatrix se aleja del puro descontrol irracional queda corroborado ante el asentimiento y la aceptaci&#243;n de su destino por parte de O-Ren, as&#237; como del resto de sus contrincantes durante la pel&#237;cula. Marcos Jim&#233;nez Gonz&#225;lez indica lo siguiente: &#8220;En &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; la violencia no es gratuita; funciona como ritual de afirmaci&#243;n subjetiva. Tarantino estiliza el derramamiento de sangre para convertirlo en gesto de liberaci&#243;n y cierre de heridas personales&#8221; (Jim&#233;nez Gonz&#225;lez, 2024: 368).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_2207 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;43&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/kill_bill1.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/kill_bill1.jpg?1787752786' width='500' height='375' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Kill Bill | Quentin Tarantino | 2003-2004&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Se puede apreciar que la ira y la venganza est&#225;n estrechamente vinculadas, y su interpretaci&#243;n conjunta, al menos en la cultura occidental, ha solido bifurcarse en dos concepciones cuasi antag&#243;nicas. Por un lado, se las ha tomado como pasiones que pueden estar justificadas si nacen de una reacci&#243;n leg&#237;tima ante las ofensas e injusticias soportadas, una revancha t&#225;citamente permitida para compensar los ultrajes recibidos (Aranguren, 1994). Por otro lado, ira y venganza se han tomado como una p&#233;rdida inaceptable de autonom&#237;a y juicio por parte del sujeto racional. As&#237; las cosas, la primera interpretaci&#243;n acepta la ira y la venganza siempre y cuando estas sean justas, mientras que la segunda rechaza todo tipo de ira y de venganza por ser pasiones indignas del ser humano (Marina, 2006).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Realicemos una comparativa mitol&#243;gica que nos permitir&#225; alumbrar mejor esta doble concepci&#243;n: Aquiles, como se ha escrito innumerables veces, era incapaz de controlar su ira, mientras que Ulises s&#237; pod&#237;a controlar la suya (De Romilly, 2024). En el libro XX de la &lt;i&gt;Odisea&lt;/i&gt; (vv. 16-21) se describe a Ulises volviendo a casa disfrazado de mendigo. All&#237; ve que los Procos est&#225;n acosando a su mujer, que han intentado matar a su hijo y que despilfarran su patrimonio. En este momento Ulises le dice a su coraz&#243;n, ese que &#8220;le ladraba en el pecho como un perro: calla coraz&#243;n m&#237;o&#8221;, y pospone su venganza hasta que disponga de las condiciones adecuadas para ser ejecutada. La diferencia entre Aquiles y Ulises no radica en un irrefrenable Aquiles y un Ulises astuto y comedido, sino entre la ira de Aquiles, que est&#225; controlada externamente &#8211;por los dioses&#8211;, y la de Ulises, dominada por su coraz&#243;n y su conciencia, esto es, por s&#237; mismo y no por factores externos. Aquiles y los h&#233;roes de la &lt;i&gt;Il&#237;ada&lt;/i&gt; son descritos como sujetos incapaces de contener su &lt;i&gt;thymos,&lt;/i&gt; su alma irascible, guerreros controlados externamente que carecen de autocontrol y autoconciencia, mientras que Ulises es descrito como un ser humano complejo, ambivalente y con personalidad multifac&#233;tica. Un ser humano cuya alma racional gobierna sobre sus deseos y pasiones. Un ser humano que quiz&#225; sea menos fuerte que Aquiles, pero que desde luego tiene m&#225;s control sobre todos sus matices.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los or&#237;genes de la mayor parte de las sociedades, tal y como escribe Bodei, &#8220;la idea de justicia es inseparable de la idea de venganza. La reparaci&#243;n del honor ofendido del individuo y su familia tiene lugar con la muerte o mutilaci&#243;n del culpable o de su pariente. Todo de acuerdo con criterios de equivalencia&#8221; (Bodei, 2013: 59). Esta idea nos retrotrae de nuevo a la matanza de Beatrix en la &#8220;Casa de las hojas azules&#8221; (Vol. 1), en la cual avisa de que va a cortar y llevarse las partes del cuerpo de cada uno de sus contrincantes &#8211;&#8220;Los 88 locos&#8221;&#8211;. En el C&#243;digo de Hammurabi hab&#237;a establecida una muy precisa valoraci&#243;n de cada una de las partes del cuerpo, de modo que pudieran ser tomadas por otras para convalidar una injuria. Por su parte, la ley del tali&#243;n jud&#237;a instauraba, de manera an&#225;loga, el famoso principio de &#8220;vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, golpe por golpe&#8221;. La vida en su conjunto, y cada una de las partes del cuerpo en particular, se convierten as&#237; en medios de pago ante las violaciones de la propia dignidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arist&#243;teles aclara varias cuestiones importantes en torno a la ira y la venganza: &#8220;Definimos la &lt;i&gt;ira&lt;/i&gt; como un deseo de &lt;i&gt;venganza&lt;/i&gt; acompa&#241;ada de dolor, por una evidente ofensa dirigida a nuestra persona o a alguien relacionado con nosotros, siendo, adem&#225;s, la ofensa inmerecida&#8221; (&lt;i&gt;Ret&#243;rica&lt;/i&gt;, II, 2, 1378 a). En esta descripci&#243;n se observan varios elementos importantes para comprender estas dos pasiones: el que quiere vengarse busca restaurar un estado de cosas anterior; la ofensa recibida es evidente, clara y p&#250;blica &#8211;Bill tritur&#243; a Beatrix en su propia boda, delante y junto a todos sus invitados en una masacre sard&#243;nica&#8211;; as&#237; de sim&#233;trica debe ser la venganza; el placer y el dolor no son sentimientos contrapuestos, sino que van de la mano en el caso de estas dos pasiones; y lo m&#225;s importante, la respuesta a la ofensa recibida no est&#225; libre de ser, asimismo, causante de una nueva ofensa que genere una futura venganza, tal y como Beatrix indica a la hija de Vernita Green tras matar a su madre. Cuando La Novia se venga de Vernita en su cocina (Vol. 1) advierte la presencia de su hija, y le dice: &#8220;Si en un futuro sigues enfadada por lo que he hecho, te esperar&#233;&#8221;. La venganza, como proceso ilimitado de restituci&#243;n de algo que no puede ser restituido, encuentra su perfecta ejemplificaci&#243;n en esta escena.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arist&#243;teles escribe lo siguiente en su &lt;i&gt;&#201;tica a Nic&#243;maco&lt;/i&gt;: &#8220;Respecto a la ira existe tambi&#233;n un exceso, un defecto y un t&#233;rmino medio&#8221; (II, 7, 1108 a). Esto apunta a que la ira puede estar justificada si se dirige a la persona justa por justas razones, en momento y modo justos, con una duraci&#243;n justa. Ya los estoicos dec&#237;an que si hab&#237;a que oponerse a la ira se deb&#237;a a que esta quitaba la tranquilidad del alma por su usual desmedida, y no porque entrase en conflicto con la raz&#243;n, la voluntad, la justicia o el autocontrol. Si debemos rechazar la ira se debe a que es muy dif&#237;cil tratarla con la mesura que merece, y se transforma f&#225;cilmente en una pendiente resbaladiza de vicios y desv&#237;os de la justa medida. Pero cuando es la ausencia de justicia lo que quita la tranquilidad del alma, ira y venganza pueden convertirse en los medios para recuperarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al igual que ocurre en &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt;, tambi&#233;n en &lt;i&gt;Medea&lt;/i&gt; ira, venganza y amor unen sus caminos. Medea no comete sus delitos pasionales presa de la rabia y el descontrol, sino precisamente por amor a Jas&#243;n. El coro advierte del advenimiento de una tragedia que, por mezclar estas tres pasiones, est&#225; abocada a la desdicha. No hay posibilidad de final feliz cuando estos elementos se entrecruzan. Medea, que se ha &#8220;armado de ira&#8221; y se prepara para la matanza con toda su rabia, porque &#8220;quien ya no tiene nada que esperar, de nada desespera&#8221; (&lt;i&gt;Medea&lt;/i&gt;, v. 163), deshace los nudos de su alma haciendo que prevalezca la venganza sobre la piedad. &#8220;Ahora soy Medea. Mi yo ha madurado en el dolor&#8221; (&lt;i&gt;Medea&lt;/i&gt;, vv. 902-910). Medea es el pre&#225;mbulo de Beatrix, una mujer que encuentra su identidad en el camino de una venganza emprendida no tanto por desamor, del cual carece &#8211;ella sigue amando a Jas&#243;n&#8211;, como por el dolor de un amor traicionado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Hegel y la lucha a muerte por el reconocimiento del otro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Beatrix Kiddo no es solo una vengadora; es una figura de autoafirmaci&#243;n femenina que atraviesa la violencia para rescatar su autonom&#237;a y su deseo de vivir&#8221;&lt;br class='autobr' /&gt;
(Shone, 2018: 245)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&#191;Es la venganza un tema meramente privado? &#191;Una relaci&#243;n entre individuos que buscan restablecer, al margen de cualquier instituci&#243;n jur&#237;dica, los fueros de una justicia que consideran conculcada? Gran parte del teatro cl&#225;sico, desde Lope y Calder&#243;n en Espa&#241;a hasta Shakespeare y la tragedia jacobina, Dumas y el romanticismo franc&#233;s, han ofrecido una respuesta afirmativa a esta pregunta (Pardial, 2013: 85). Desde la perspectiva de estas obras, la venganza s&#237; ser&#237;a un fen&#243;meno individual, subjetivo, privado, relacionado con el honor y la dignidad. Debido a ello, la venganza desemboca inevitablemente en uno de estos tres finales: la redenci&#243;n &#8211;&lt;i&gt;Don Juan Tenorio, El conde de Montecristo&lt;/i&gt;&#8211;, la autodestrucci&#243;n &#8211;&lt;i&gt;Otelo, El rey Lear&lt;/i&gt;&#8211; o la tragedia insuperable pero necesaria para el sujeto vengador &#8211;&lt;i&gt;Hamlet&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt;&#8211;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Georg Wilhelm Friedrich Hegel, en uno de los pasajes m&#225;s l&#250;cidos de su &lt;i&gt;Fenomenolog&#237;a del esp&#237;ritu&lt;/i&gt;, aborda esta cuesti&#243;n indicando que la venganza es un fen&#243;meno a la vez necesario y fatal para la autoafirmaci&#243;n de un sujeto injuriado. As&#237; lo explica Axel Honneth: &#8220;Hegel ve la venganza como la reacci&#243;n inevitable de una autoconciencia da&#241;ada que busca restaurarse&#8221; (Honneth, 1997: 73). Tras una venganza, incluso cuando esta logra ser consumada, no hay reconciliaci&#243;n posible, puesto que la injuria recibida comporta un punto de inflexi&#243;n sin arreglo en el que el injuriado es da&#241;ado por alguien a quien estimaba y por quien se sent&#237;a reconocido. A partir de la injuria, este reconocimiento se destruye y el injuriado solo puede emprender un camino privado para ser reconocido de nuevo por el injuriador, pero ni los sujetos ni la relaci&#243;n entre ellos pueden volver al punto anterior. La venganza, por ser la acci&#243;n reactiva de un particular que devuelve, de manera no igualitaria &#8211;el honor herido es la pasi&#243;n menos intercambiable del mundo&#8211;, algo que se le ha hecho, se transforma en una &lt;i&gt;nueva lesi&#243;n no igualitaria&lt;/i&gt;: con esta acci&#243;n se cae en el progreso infinito y es heredada y perpetuada ilimitadamente, precisamente por la desigualdad que le es intr&#237;nseca y por su car&#225;cter irreconciliable. As&#237; lo expresa Hegel: &#8220;La satisfacci&#243;n de la venganza no es conciliadora; la acci&#243;n vengativa destruye el v&#237;nculo que hab&#237;a entre injuriante e injuriado, y produce una nueva hostilidad&#8221; (Hegel, 1966, p. 327).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_2210 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;43&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/kill_bill4.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/kill_bill4.jpg?1787752786' width='500' height='322' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Kill Bill | Quentin Tarantino | 2003-2004&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La conversaci&#243;n entre Beatrix y Bill en la escena final de la pel&#237;cula (Vol. 2) es un momento hegeliano por excelencia: dos autoconciencias enfrentadas, antiguo maestro y antigua disc&#237;pula. Bill intenta justificarse y mantener el poder (&#8220;soy un asesino, y t&#250; tambi&#233;n&#8221;), pero Beatrix se mantiene firme y atestigua no solo su independencia respecto a Bill, sino tambi&#233;n la necesidad de su venganza ante el hombre que la form&#243; como guerrera y como mujer, el hombre al que am&#243; y que la traicion&#243;. Al matarlo con una t&#233;cnica que Bill, a pesar de ser su maestro, desconoc&#237;a &#8211;&#8220;la t&#233;cnica de los cinco puntos para explotar un coraz&#243;n&#8221;, transmitida por el maestro de ambos (Pai Mei) a Beatrix&#8211;, ella supera a su amo con una habilidad que muestra su independencia. Este es el momento en el que Beatrix confirma su autoconciencia de una vez por todas, en el que nace su identidad como sujeto independiente, en el que se convierte en amo de s&#237; misma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta escena muestra a su vez la &#8220;lucha a muerte por el reconocimiento del otro&#8221; de la que habla Hegel en su &lt;i&gt;Enciclopedia de las ciencias filos&#243;ficas.&lt;/i&gt; Esta lucha necesita de dos contrincantes, dos autoconciencias ciertas de s&#237; pero que necesitan la confirmaci&#243;n de tal certeza por parte de la otra autoconciencia. &#8220;La conciencia de s&#237; no es algo inmediato, sino que es esencialmente mediada por otra autoconciencia; el hombre solo deviene para s&#237; hombre en tanto se reconoce y es reconocido&#8221; (Hegel, 1997, p. 430, p. 263). Este reconocimiento de la propia autoconciencia a partir de la otra busca que su certeza sea verdadera en la objetividad, en el mundo. Y esto significa que no hay instituciones sociales que puedan mediar entre las dos autoconciencias que luchan por el reconocimiento, sino que se trata de algo mucho m&#225;s privado y personal. Honneth indica: &#8220;La lucha por el reconocimiento descrita por Hegel no es un episodio pasajero, sino la estructura constitutiva de la relaci&#243;n social: toda identidad se forja en una din&#225;mica conflictiva que busca ser reconocida como libre&#8221; (1997: 45). La lucha por el reconocimiento atraviesa el campo de lo social sin reducirse, parad&#243;jicamente, a lo social: se trata de un trayecto para constituirse como autoconciencia objetivamente reconocida que no puede ser satisfecho por la objetividad &#8211;por las instituciones sociales&#8211;, sino solo por otras autoconciencias, por individuos concretos. As&#237; lo expresa Hegel:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Cada extremo es para el otro el t&#233;rmino medio a trav&#233;s del cual es mediado y unido consigo mismo, y cada uno de ellos es para s&#237; y para el otro una esencia inmediata que es para s&#237;, pero que, al mismo tiempo, solo es para s&#237; a trav&#233;s de esta mediaci&#243;n. Se reconocen como reconoci&#233;ndose mutuamente. (Hegel, 1966, p. 115)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Hegel considera que las relaciones entre individuos est&#225;n envueltas en una tensi&#243;n constante a ra&#237;z de la necesidad de reconocimiento. El alem&#225;n trata de explicar c&#243;mo la mayor&#237;a de los v&#237;nculos se dan en t&#233;rminos de dominaci&#243;n y sumisi&#243;n, y esto por la necesidad de confirmar el propio valor en relaci&#243;n con otro sujeto que lo reconoce. De este modo, Hegel encuentra en las figuras del amo y el esclavo la base de la condici&#243;n humana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El t&#233;rmino &#8220;reconocimiento&#8221; designa una relaci&#243;n rec&#237;proca entre individuos, en la cual cada sujeto ve y reconoce al otro como un igual. El reconocimiento es la garant&#237;a de la individualidad, pues solo se es sujeto en la medida en que existe otro igual que reconozca tal condici&#243;n. &#8220;La autoconciencia es en s&#237; y para s&#237; en cuanto que y porque es en s&#237; y para s&#237; para otra autoconciencia; es decir, solo se es en cuanto algo reconocido&#8221; (Hegel, 1966, p. 108). Por consiguiente, el reconocimiento remite a una relaci&#243;n de identidad sim&#233;trica entre dos autoconciencias igualmente libres. Una autoconciencia asegura su libertad en la medida en que reconoce a otra autoconciencia como libre y la acepta como su id&#233;ntica, como un sujeto independiente, como un espejo en el que mirarse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hegel cree que, para obtener un verdadero reconocimiento ante un igual, se debe sostener una lucha inclemente, una cruzada en la cual solo la autoconciencia m&#225;s persistente, la que est&#233; dispuesta a ir hasta el l&#237;mite y sacrificar la propia vida, ser&#225; la vencedora y someter&#225; a la otra conciencia, d&#233;bil y temerosa. &#8220;La vida es, en efecto, lo que se pone en riesgo para obtener el reconocimiento; y solo aquel que se arriesga a perderla puede alcanzar la libertad&#8221; (Hegel, 1966, p. 113). La relaci&#243;n con la otra conciencia se plantea entonces como inevitablemente conflictiva, origin&#225;ndose una lucha entre conciencias en la que ninguna puede llegar a la verdad de s&#237; misma sin eliminar a la otra. Se da as&#237; la paradoja de que, a pesar de que se emprenda una &#8220;guerra a muerte&#8221; metaf&#243;rica, no es viable que una destruya a la otra, ya que tras la destrucci&#243;n de la rival, la conciencia vencedora queda en soledad y sin nadie que posibilite su reconocimiento (Orozco Sep&#250;lveda, 2013, p. 117). Si desaparece el otro, aquel contra el que se combate para obtener el reconocimiento pero, a la vez, aquel que personifica el sujeto ante quien se pretende mostrar el &#233;xito, emerge la contradicci&#243;n de que es preciso conservar vivo aquello que se quiere eliminar. Por tanto, lo que resulta es una lucha que &lt;i&gt;juega&lt;/i&gt; con la destrucci&#243;n del otro sin llegar a materializarla, pero con una disposici&#243;n constante a hacerlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De esto se deriva que solo emerge una autoconciencia en la medida en que est&#225; dispuesta a arriesgar la propia vida. Solo en esta tesitura se posiciona como autoconciencia activa y reconocible, denominada por Hegel &#8220;autoconciencia se&#241;orial&#8221;. La otra, mientras, se rinde ante el temor y el peligro de perder la vida, es decir, antepone su vida a su deseo de reconocimiento, por lo que es caracterizada como &#8220;conciencia esclava o servil&#8221;. La autoconciencia se&#241;orial, la del amo, se erige como una conciencia que se pertenece y deviene para s&#237;, pero que indefectiblemente est&#225; mediada por otra conciencia, la del esclavo. La conciencia se&#241;orial necesita que haya otra conciencia que la reconozca como tal; de no ser as&#237;, el amo no podr&#237;a hacer gala de una independencia completa. En consecuencia, la conciencia se&#241;orial queda exhibida como completamente dependiente de esa conciencia supuestamente inferior y servil, pues solo reconoci&#233;ndola como igualmente libre, la conciencia se&#241;orial puede darse su independencia. As&#237; lo explica Robert Pippin:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;El drama de la autoconciencia que Hegel narra en la dial&#233;ctica del amo y el esclavo muestra que la dependencia no es meramente externa; el amo necesita el reconocimiento del esclavo para ser lo que es, pero a la vez destruye la fuente misma de ese reconocimiento.&#8221; (Pippin, 1989, p. 104).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;div class='spip_document_2208 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;43&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/kill_bill2.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/kill_bill2.jpg?1787752786' width='500' height='313' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Kill Bill | Quentin Tarantino | 2003-2004&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Beatrix parte del papel de esclavo en &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt;. El esclavo es el que constituye un puente entre la objetividad y el amo, o de manera m&#225;s concreta, el que transforma el entorno y lo hace manipulable para el amo. Mediante el trabajo que hace para su amo, el esclavo recupera cierta parte de su conciencia y su dignidad. El reconocimiento del esclavo radica en el objeto resultante del trabajo que realiza para el amo y en el que, en cierta medida, plasma su conciencia. El trabajo se erige entonces como la v&#237;a por la cual el esclavo llega a alcanzar su identidad, pues esta actividad es la que lo relaciona tanto con sus semejantes como con su entorno como con su amo, y del que emerger&#225; su autoconciencia como un s&#237;-mismo. Es en el trabajo de Beatrix como esclava, matar para Bill, donde ella busca ser reconocida por su amo como otro igual, como otro amo. Este hecho encuentra su mejor ejemplo en las escenas en las que Beatrix entrena con Pai Mei (Vol. 2): ella se somete, sufre y moldea su cuerpo y su voluntad para ser una buena trabajadora, para transformar de la mejor forma posible el entorno para Bill. Y es este trabajo, que en un inicio estaba destinado a servir, el que forja la autoconciencia que, m&#225;s adelante, se emancipa de la del amo Bill. Es este trabajo, que al principio convert&#237;a a Beatrix en un medio para un fin, el que le permite constituirse como un fin en s&#237; mismo. Y es este trabajo, en definitiva, el que permitir&#225; a La Novia trastocar la relaci&#243;n de poder entre ella &#8211;el esclavo&#8211; y Bill &#8211;el amo&#8211;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La relaci&#243;n de poder entre el amo y el esclavo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;La narrativa fragmentada de &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; permite que la hero&#237;na vuelva una y otra vez sobre su trauma, reescribiendo el guion de su propia victimizaci&#243;n y reapropi&#225;ndose del relato de su vida&#8221;&lt;br class='autobr' /&gt;
(Zoller Seitz, Uhlich, 2007)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Steven Lukes, de manera muy iluminadora para nuestra investigaci&#243;n, describe el poder de la siguiente manera:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;X puede ejercer poder sobre Y consiguiendo que este haga lo que no quiere hacer, pero tambi&#233;n ejerce poder sobre &#233;l influyendo en sus necesidades genuinas, model&#225;ndolas o determin&#225;ndolas. De hecho, &#191;no estriba el supremo ejercicio del poder en lograr que otro u otros tengan los deseos que uno quiere que tengan, es decir, en asegurarse su obediencia mediante el control sobre sus pensamientos y deseos? (Lukes, 2007, p. 83)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Este pasaje apunta a lo siguiente: la capacidad de que los intereses de uno sean aceptados por otro como necesidades propias es el signo definitivo de la jerarqu&#237;a entre el amo y el esclavo, del vasallaje del segundo y de su conversi&#243;n en instrumento para el primero. Se trata, en definitiva, de su desubjetivaci&#243;n y reducci&#243;n a objeto para servir a su due&#241;o. Partiendo de esta premisa, la conciencia de las propias necesidades, intereses y objetivos se postular&#237;a como la v&#237;a para revertirlo y desarmar al amo. Es por esto que el amo intenta bloquear, de las maneras m&#225;s plurales y diversas, la conciencia del esclavo sobre sus propios fines y necesidades. En este punto llegamos a una apor&#237;a, puesto que la libertad, tal y como indic&#243; Marcuse (1969: 165), es la condici&#243;n de posibilidad de la liberaci&#243;n. Esto significa que para poder liberarse del amo, el esclavo primero tiene que romper las cadenas internas que le gobiernan, y para romperlas debe sentir, anteriormente, la evidencia de que est&#225; encadenado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Beatrix no es consciente de las cadenas que le gobiernan debido a que las considera v&#237;nculos de amor y devoci&#243;n hacia Bill. Durante el tiempo que trabaja para &#233;l, estos v&#237;nculos se le aparecen como sus &#250;nicos puentes con el mundo. A partir del momento en que ella queda embarazada nacen unos nuevos v&#237;nculos, independientes de Bill, que querr&#225; proteger con su vida, siendo consciente de que para lograr esto debe desligarse de los anteriores, que ahora s&#237; siente como cadenas. La Novia experimenta la necesidad de liberarse de su identidad previa para poder construir una identidad nueva e independiente junto a su hija, B. B. Es en el momento en que Beatrix descubre que lleva una vida dentro cuando irrumpe por primera vez un deseo propio y no funcional a Bill; aparece un v&#237;nculo in&#233;dito que no puede ser colonizado por la l&#243;gica de la obediencia a &#233;l. En t&#233;rminos hegelianos podr&#237;amos decir que emerge un deseo de autoconciencia que ya no pasa por el amo, sino por un otro a&#250;n inexistente &#8211;su hija&#8211; y un nuevo camino conjunto y alejado del primero. Se forja aqu&#237; una nueva identidad, la de la maternidad, y unas nuevas responsabilidades y deberes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Michel Foucault, en un sentido muy hegeliano, defini&#243; el poder como la forma esencial de relaci&#243;n que media entre los individuos: &#8220;Vivir en una sociedad es vivir de modo tal que es posible que unos act&#250;en sobre la acci&#243;n de los otros. Una sociedad &#8216;sin relaciones de poder' solo puede ser una abstracci&#243;n&#8221; (Foucault, 1988: 17). Con esta afirmaci&#243;n, el franc&#233;s quer&#237;a se&#241;alar que el poder es la din&#225;mica b&#225;sica entre sujetos siempre y cuando este no sea excesivo, se pueda revertir y ambos sujetos puedan participar de &#233;l; no obstante, el poder tambi&#233;n puede ser una fuerza utilizada en beneficio propio para dominar al otro. Foucault denomina Poder en este segundo sentido a aquel &#8220;sistema de dominaci&#243;n ejercida por un elemento o grupo sobre otro, y cuyos efectos, merced a sucesivas derivaciones, no pueden ser revertidos por el segundo&#8221; (Foucault, 1992: 58). A diferencia del primer tipo de poder, el cual fluct&#250;a continuamente y va cambiando de bando, en el segundo una de las dos partes &#8211;la sierva&#8211; no se presenta como actor dentro de la relaci&#243;n, sino como objeto incapaz de revertirla. De este modo, el Poder se aleja de ser una mediaci&#243;n entre sujetos y se convierte en el dominio de un sujeto sobre un no-sujeto. En palabras de Foucault:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Una relaci&#243;n de poder se articula sobre dos elementos que son indispensables para que sea justamente una relaci&#243;n de poder: que el otro (aquel sobre el que se ejerce) sea reconocido y permanezca hasta el final como sujeto de la acci&#243;n; y que se abra ante la relaci&#243;n de poder todo un campo de respuestas, reacciones, efectos, invenciones posibles. (Foucault, 1992, p. 72)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El poder, entonces, es una fuerza que puede o bien mediar o bien descompensar a los sujetos entre los que se encuentra. Cuando el Poder est&#225; siendo utilizado &lt;i&gt;por&lt;/i&gt; uno &lt;i&gt;sobre&lt;/i&gt; otro, sin posibilidad de que el segundo intervenga, el primero se erige en amo y el segundo en esclavo, y el Poder se convierte en dominaci&#243;n. Al menos mientras la relaci&#243;n dure. El amo busca desubjetivar al esclavo como actor y convertirlo en receptor de sus directrices y deseos, y el esclavo obedecer&#225;, hasta que consiga liberarse o perecer. Ve&#225;moslo con otro ejemplo f&#237;lmico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la pel&#237;cula &lt;i&gt;Sal&#243; o los 120 d&#237;as de Sodoma&lt;/i&gt; (1975), el cineasta Pier Paolo Pasolini ilustr&#243; gr&#225;ficamente el dominio del amo sobre el esclavo a trav&#233;s de este segundo tipo de Poder. Recordemos brevemente el argumento de la pel&#237;cula: &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt; se desarrolla en el interior de un palacio, el cual est&#225; regentado por cuatro jerarcas fascistas. Estos cuatro jerarcas ordenan secuestrar a varios j&#243;venes y llevarlos a sus dominios para ejercer sobre ellos actos violentos, fetichistas y s&#225;dicos. El resultado es que los j&#243;venes acaban por convertirse en instrumentos sobre los que se plasma una soberan&#237;a absoluta, la de los jerarcas, cuya identidad nace a partir del poder ejercido sobre sus v&#237;ctimas. Podemos apreciar, en una de las primeras escenas, a los cuatro jerarcas conversando sobre las diferencias entre el sodomita y el verdugo. La principal de estas diferencias, dicen, es que el sodomita puede reincidir todas las veces que quiera sobre su v&#237;ctima, mientras que el verdugo solo puede hacerlo una vez. As&#237;, uno de los jerarcas dice: &#8220;La actitud del sodomita puede repetirse miles de veces&#8221;. Y otro, inspirado por el sadismo, aventura: &#8220;Se puede encontrar tambi&#233;n el modo de reiterar la actitud del verdugo&#8221; (Pasolini, 1975). Con esto, Pasolini expone el pensamiento que aqu&#237; nos ocupa: el Poder del amo sobre el esclavo es el Poder del verdugo que consigue reincidir sobre la misma v&#237;ctima una y otra vez, el Poder de deshumanizar al otro sin llegar a matarlo, el Poder de dominar la vida del esclavo. Se trata de convertir, de manera continua, a un sujeto en objeto. Este tipo de Poder solo puede ejercerse si el otro individuo no perece. En resumidas cuentas: la capacidad de instrumentalizar la vida del otro es el signo del Poder se&#241;orial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;Sal&#243;&lt;/i&gt;, los j&#243;venes secuestrados son reducidos a su vida biol&#243;gica &#8211;&lt;i&gt;zo&#234;&lt;/i&gt;&#8211; y desprendidos de su vida pol&#237;tica &#8211;&lt;i&gt;b&#237;os&lt;/i&gt;&#8211;, en terminolog&#237;a de Agamben (2003): pasan de ser actores a cosas. Solo desubjetivando al otro, solo sumiendo en el anonimato su vida pol&#237;tica y biogr&#225;fica, el otro puede ser reificado y convertido en esclavo. As&#237; lo explica Foucault en &lt;i&gt;La voluntad de saber:&lt;/i&gt; &#8220;La m&#225;s alta funci&#243;n del poder no es ya matar sino invadir la vida enteramente. Mientras el cuerpo viva puede ser gobernado&#8221; (Foucault, 2007, p. 169). La transmutaci&#243;n de la &lt;i&gt;est&#233;tica de la existencia&lt;/i&gt; de la que hablaba Foucault &#8211;la capacidad de delinearse a uno mismo&#8211; en &lt;i&gt;est&#233;tica del anonimato&lt;/i&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;T&#233;rmino propio en contraposici&#243;n al t&#233;rmino foucaultiano est&#233;tica de la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, &#8211;ser desubjetivado y encajonado en patrones externos&#8211; se convierte en el fin, anhelo y sustento del Poder. Aquellos que no tienen la posibilidad de subjetivarse, de construir sus ritmos vitales, de realizar un trabajo propio, de expresar sus emociones y sentimientos, de establecer v&#237;nculos personales con el mundo, son la encarnaci&#243;n de dicha instrumentalizaci&#243;n radical. Son objetos, esclavos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este marco de desubjetivaci&#243;n descrito por Foucault y Pasolini, &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; aparece como la historia de un individuo que ha sido reducido a objeto y que, sin embargo, logra romper las cadenas que le definen como esclavo. Y todo ello a trav&#233;s de una venganza concienzudamente proyectada. Pensemos que, durante a&#241;os, Beatrix fue moldeada por Bill en el doble sentido que Lukes atribuye al poder: no solo la llev&#243; a hacer aquello que &#233;l quer&#237;a &#8211;matar por encargo, ejecutar sin cuestionar las directrices de su amo&#8211; sino que, adem&#225;s, form&#243; sus deseos, su identidad y sus afectos. Ella ama a Bill, encuentra en &#233;l su comunidad y su horizonte de sentido. Esto coincide con la idea foucaultiana de que el poder &#8220;invade la vida entera&#8221;. Y Bill, como todo amo que necesita mantener con vida a los esclavos que le reconocen como tal, no solo no quer&#237;a matar a Beatrix &#8211;hasta el momento en que esta opci&#243;n se volvi&#243; necesaria, pues si se convert&#237;a en padre surg&#237;a una nueva dependencia y un punto vulnerable que le impedir&#237;an seguir ejerciendo como amo absoluto de su escuadr&#243;n&#8211;, sino que la quer&#237;a viva y dominada; quer&#237;a que ella siguiese viviendo por y para &#233;l, dentro de un orden simb&#243;lico compartido y afianzado. Y esto porque el &#8220;Escuadr&#243;n asesino v&#237;bora letal&#8221;, el grupo al que ambos pertenec&#237;an, era una comunidad cerrada donde la lealtad de cada miembro deven&#237;a identidad con las directrices de Bill, y el trabajo homicida que los miembros realizaban, su autorrealizaci&#243;n. Tal y como ocurre con los j&#243;venes secuestrados en &lt;i&gt;Sal&#243;,&lt;/i&gt; los miembros del &#8220;Escuadr&#243;n asesino v&#237;bora letal&#8221; se ven atrapados en una est&#233;tica del anonimato supeditada al amo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las paradas que estructuran el itinerario de la venganza de Beatrix son altamente hegelianas. El enfrentamiento con Vernita Green en la cocina (Vol. 1) simboliza la irrupci&#243;n de la violencia justiciera en una cotidianeidad que, tal y como Vernita afirma, cre&#237;a a salvo dentro de una nueva positividad, de una nueva etapa que hab&#237;a dejado atr&#225;s a las anteriores y que ahora est&#225; conformada por una vida familiar, as&#237; lo expresa Vernita:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Si pudiera retroceder en el tiempo lo har&#237;a, pero no puedo. Solo te dir&#233; que ahora soy otra persona muy distinta. S&#233; que no merezco tu perd&#243;n y tu piedad. Sin embargo, te suplico ambas cosas, por el bien de mi hija&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La advertencia de Beatrix a Nikki, la hija de Vernita, introduce la conciencia de la cadena infinita de venganzas, as&#237; como el reconocimiento de la propia agencia y responsabilidad, que puede ser objeto de una nueva restituci&#243;n en un futuro. El duelo con O-Ren Ishii en la &#8220;Casa de las hojas azules&#8221; ofrece un momento de simetr&#237;a entre dos autoconciencias: antes de decapitarla, Beatrix admite el m&#233;rito de su adversaria y O-Ren, consciente de la justicia que le llega, acepta su muerte haciendo una reverencia. Aqu&#237; se vislumbra una lucha por el reconocimiento que, aunque termina con la muerte de una de las partes, alcanza cierto equilibrio &#233;tico. El episodio con Budd (Vol. 2) a&#241;ade un matiz importante a las otras luchas: el hermano de Bill, que ha ca&#237;do en desgracia y trabaja como portero de un club de striptease, parece tener una conciencia l&#250;cida de los errores que ha cometido a lo largo de su vida, y acepta con serenidad la llegada de Beatrix. As&#237; se lo indica a Elle: &#8220;Esa mujer merece una venganza. Y nosotros morir&#8221;. Sin embargo, la traici&#243;n de Elle hacia Budd &#8211;lo envenena con una mamba negra para robarle la espada de Hattori Hanzo (Vol. 2)&#8211; muestra que la venganza es un campo de minas donde la &#233;tica puede degradarse f&#225;cilmente y convertirse en rencor y utilitarismo vulgar. El enfrentamiento posterior de Beatrix con Elle, confuso y ca&#243;tico, sin la ceremonia que envolvi&#243; el duelo con O-Ren, muestra el reverso oscuro de la venganza: aqu&#237; no hay reconocimiento mutuo ni equilibrio, sino pura supervivencia y odio rec&#237;proco.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_2209 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;43&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/kill_bill3.jpg?1787752786' width='500' height='281' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Kill Bill | Quentin Tarantino | 2003-2004&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El cl&#237;max hegeliano se alcanza en el enfrentamiento final entre Beatrix y Bill. All&#237;, la conversaci&#243;n previa al combate revela la pugna entre dos autoconciencias que saben lo que est&#225; en juego. Bill intenta reducir a Beatrix de nuevo a objeto y racionaliza el momento en que intent&#243; matarla, present&#225;ndolo como un acto de dolor, amor y protecci&#243;n. Pero Beatrix sostiene su independencia: ya no es &#8220;la mujer de Bill&#8221;, no es su esclava, ahora es un sujeto con unos deseos y directrices independientes. La c&#233;lebre &#8220;t&#233;cnica de los cinco puntos para explotar un coraz&#243;n&#8221;, que Bill desconoce, simboliza que el saber y la fuerza que &#233;l cre&#237;a controlar se han emancipado. Cuando Beatrix aplica esa t&#233;cnica, no solo mata a Bill: mata la versi&#243;n de s&#237; misma que le reconoc&#237;a como amo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta escena tambi&#233;n muestra el l&#237;mite tr&#225;gico de la lucha por el reconocimiento descrita por Hegel. La autoconciencia que triunfa debe conservar vivo al otro para que su victoria sea feliz, para que tenga sentido; pero, como advierte el fil&#243;sofo, eliminar al adversario implica perder el espejo que certifica la propia libertad. Beatrix mata a Bill y obtiene independencia, pero el precio es un duelo sin reconciliaci&#243;n: queda sola, sin posibilidad de que su antiguo amo confirme su nueva condici&#243;n de igual. Esta es la ra&#237;z de la melancol&#237;a que se insin&#250;a en la escena final, cuando llora y r&#237;e a la vez abrazando a su hija.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde una lectura foucaultiana, la acci&#243;n de Beatrix es una inversi&#243;n de la relaci&#243;n de Poder entre el amo y el esclavo. Foucault se&#241;ala que esta relaci&#243;n se sostiene mientras el dominado no desborda los marcos del dominador a la hora de definir su identidad. Al rehusar la identidad de &#8220;asesina de Bill&#8221; y construir un yo materno, Beatrix hace estallar dicho marco. El cuerpo que fue entrenado para obedecer se convierte en fuerza creadora de una nueva vida y de una nueva subjetividad. La muerte de Bill impide que su Poder dominador interfiera en el nuevo camino de Beatrix y su hija. El Poder descrito por Pasolini, el Poder del verdugo que reincide sobre su v&#237;ctima, se rompe cuando la v&#237;ctima se reapropia de su propio b&#237;os, de su propio relato pol&#237;tico. La revancha de La Novia resuena en la constataci&#243;n marcusiana de que la libertad aut&#233;ntica solo puede ser conquistada, y nunca concedida desde el exterior. Tambi&#233;n muestra la ambivalencia de la venganza: lejos de ser una pasi&#243;n irracional y descontrolada, puede llegar a ser un instrumento de rehumanizaci&#243;n si el sujeto ultrajado hab&#237;a sido radicalmente despojado de s&#237;. Por &#250;ltimo, en esta historia se confirma el diagn&#243;stico de Hegel: no hay paz posible tras la venganza, pues el reconocimiento logrado genera un nuevo desequilibrio. La tragedia sin reconciliaci&#243;n final aparece como hecho inevitable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237;, la pel&#237;cula de Tarantino puede leerse como un mito moderno: Beatrix vence, pero su victoria es &#237;ntima y tr&#225;gica. Ha roto el dominio del amo, ha recuperado su dignidad y ha emprendido un nuevo camino independiente, pero sabe que el precio es una identidad fragmentada y construida sobre la violencia. Su carcajada final &#8211;mezcla de alivio y duelo&#8211; parece decirnos que la subjetivaci&#243;n tras la desubjetivaci&#243;n es posible, pero nunca inocente, menos a&#250;n si est&#225; construida sobre un cementerio de cr&#237;menes y horrores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Conclusiones&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;La venganza nunca es una l&#237;nea recta. Es un bosque. Como en un bosque, es f&#225;cil perderse, desorientarse, olvidar por d&#243;nde se entr&#243;&#8221;&lt;br class='autobr' /&gt;
Hattori Hanzo (&lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt;, Vol. 1)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Richard Wagner, en su composici&#243;n &lt;i&gt;Parsifal,&lt;/i&gt; escribi&#243; la siguiente frase: &lt;i&gt;Die Wunde schliesst der Speer nur der sie Schlug&lt;/i&gt; (&#8220;La herida solo podr&#225; cerrarse con la misma lanza que la provoc&#243;&#8221;). Esta frase ilumina a la perfecci&#243;n el n&#250;cleo de la historia de Beatrix: su herida &#8211;haber sido traicionada y desubjetivada por el hombre al que amaba y por el grupo al que pertenec&#237;a&#8211; solo puede cerrarse a trav&#233;s de la misma l&#243;gica que la produjo. No hay salida puramente externa: para liberarse, Beatrix tiene que entrar en la din&#225;mica que la esclaviz&#243; y usar ese saber &#8211;de asesina&#8211; y esas virtudes &#8211;de infligir muerte&#8211; para reapropiarse de s&#237; misma. En clave hegeliana, esta idea es sangrienta pero coherente: la autoconciencia solo se constituye tras haber arriesgado la propia vida y confrontado a quien la quiso reducir a cosa. A pesar de que no hay reconciliaci&#243;n final, s&#237; puede haber una conquista precaria y profundamente humana de una identidad propia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; narra una historia en la que, desde el comienzo, sabemos que no habr&#225; final feliz. Tras la supervivencia de Beatrix despu&#233;s de la masacre de &#8220;Dos Pinos&#8221; (Vol. 2) se abren dos frentes posibles: perdonar o vengarse. Ella ama y seguir&#225; amando a Bill. Ella podr&#237;a volver con &#233;l a su proyecto conjunto de amos destructivos. Pero ella elige el camino de la venganza porque es el camino de la subjetivaci&#243;n, un camino que no podr&#237;a emprender a su lado. La venganza toma personificaci&#243;n en ella, se convierte en el medio de su emergencia como autoconciencia. Este nuevo aprisionamiento, esta vez elegido, se postula como la &#250;nica v&#237;a que, aun si no puede tener final feliz, contiene un elemento redentor. La redenci&#243;n de esta historia consiste en lo siguiente: si bien Beatrix es arrancada y escindida de Bill, vengarse de &#233;l la convierte, de manera definitiva, en una autoconciencia independiente. Una autoconciencia incompleta, pues la otra autoconciencia que tendr&#237;a que reconocerla ha sido destruida, pero una autoconciencia aut&#243;noma al fin y al cabo. Tras el milagro de su supervivencia, Beatrix no puede volver al estado de cosas anterior: solo puede construir un nuevo camino junto a su hija B. B.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Por qu&#233; todas las pasiones, incluso las m&#225;s amargas como la venganza, suelen contener un ingrediente dulce? Quiz&#225; por aquello que se&#241;al&#243; Arist&#243;teles en su &lt;i&gt;&#201;tica a Nic&#243;maco&lt;/i&gt;: nuestra alma tiende indefectiblemente a la felicidad, a la &lt;i&gt;eudaimon&#237;a.&lt;/i&gt; La &lt;i&gt;eudaimon&#237;a&lt;/i&gt; refiere, precisamente, a estar en buena relaci&#243;n con el propio &lt;i&gt;daimon,&lt;/i&gt; palabra que se traduce por &#8220;la voz de la conciencia&#8221;. &#191;Y qu&#233; hay que hacer para estar en buena relaci&#243;n con la propia conciencia? Esta pregunta tiene tantas respuestas como historias personales existen. En lo que aqu&#237; nos ata&#241;e, recordemos la &#250;ltima escena de &lt;i&gt;Kill Bill&lt;/i&gt; (Vol. 2), con Beatrix tumbada en el suelo pasando del llanto a la carcajada de manera incontenible. Beatrix llora desconsolada mientras purifica todo el peso transportado hasta ese momento, y despu&#233;s r&#237;e con euforia mientras abraza a B. B. La ira y la venganza que la construyeron como sujeto al fin se han sublimado, al haber recuperado su dignidad. Esta nueva identidad es tr&#225;gica, puesto que todo apunta a que sigue y seguir&#225; amando a Bill, el gran hombre de su vida, su maestro y su amo. No obstante, todo apunta asimismo a que, tras la aniquilaci&#243;n de este, no hay arrepentimiento ni compunci&#243;n: ella est&#225; en paz con su &lt;i&gt;daimon&lt;/i&gt;, con su propia conciencia. Se trata de un final en el que la amargura y la satisfacci&#243;n van irremediablemente de la mano, un final sin reconciliaci&#243;n posible. Un cierre coherente con la lucha a muerte por el reconocimiento del otro: Beatrix ha escuchado a su propio &lt;i&gt;daimon&lt;/i&gt; en su camino por el reconocimiento y este le ha guiado en un itinerario de venganza concienzudamente planeada que, a pesar de los da&#241;os, le ha permitido irrumpir como autoconciencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias f&#237;lmicas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
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		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;T&#233;rmino propio en contraposici&#243;n al t&#233;rmino foucaultiano &lt;i&gt;est&#233;tica de la existencia&lt;/i&gt;. Mientras que la &lt;i&gt;est&#233;tica de la existencia&lt;/i&gt; consiste en concebir la propia vida como una obra de arte que ha de ser creada por el sujeto que la regenta, el cual sigue sus propias y deliberadas directrices, la est&#233;tica del anonimato supone la incapacidad para subjetivarse a s&#237; mismo, para emerger como actor, para constituirse como individuo, as&#237; como la sumisi&#243;n a las directrices y deseos de otro.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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