<?xml 
version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet title="XSL formatting" type="text/xsl" href="https://journal.eticaycine.org/spip.php?page=backend.xslt" ?>
<rss version="2.0" 
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
>

<channel xml:lang="es">
	<title>Journal de Etica y Cine</title>
	<link>https://www.journal.eticaycine.org/</link>
	<description></description>
	<language>es</language>
	<generator>SPIP - www.spip.net</generator>
	<atom:link href="https://journal.eticaycine.org/spip.php?id_auteur=43&amp;page=backend" rel="self" type="application/rss+xml" />




<item xml:lang="es">
		<title>Moral individualism and indifference for the Other</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Moral-individualism-and-indifference-for-the-Other</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Moral-individualism-and-indifference-for-the-Other</guid>
		<dc:date>2018-05-12T00:12:47Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Bruno Biganzoli, Mar&#237;a Jos&#233; S&#225;nchez V&#225;zquez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;An era which is widely known as &#8216;post', where tension between very personal self-fulfillment and a possible coexistence, is questioned from the point of view of today's moral pluralism. This work initiates in the ethical dilemma put forward in the film The Man Next-door, and goes on to reflect on the need to strike an always conflictive happy medium between aspirations of a good life (what each one considers to be their happiness) and the imperative of the norm (duty binds us all). Appealing to the thought of Paul Ricoeur allows us to understand that the tragic dimension of an action is present in every human event and it urges us to deliberate on a possible articulation of reciprocity between the esteem of the Self and attentiveness by the summoning Other.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Key Words:&lt;/strong&gt; Postmodernism | moral pluralism | individualism | coexistence | conflict | reciprocity&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-3-No-3-" rel="directory"&gt;Volumen 03 | N&#186; 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Individualismo-moral-e-indiferencia-por-el-Otro' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Individualismo moral e indiferencia por el Otro&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Individualismo moral e indiferencia por el Otro</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Individualismo-moral-e-indiferencia-por-el-Otro</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Individualismo-moral-e-indiferencia-por-el-Otro</guid>
		<dc:date>2018-04-15T21:43:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Bruno Biganzoli, Mar&#237;a Jos&#233; S&#225;nchez V&#225;zquez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una &#233;poca ampliamente denominada post, donde la tensi&#243;n entre la autorrealizaci&#243;n personal&#237;sima y una convivencia posible es interrogada desde el pluralismo moral vigente. El presente trabajo se inicia en el dilema &#233;tico planteado en el film El hombre de al lado para avanzar en la reflexi&#243;n sobre la necesidad de encontrar un justo medio, siempre conflictivo, entre la aspiraci&#243;n a una vida buena (lo que cada uno considera su felicidad) y lo imperativo de la norma (el deber que obliga a todos). La apelaci&#243;n al pensamiento ricoureano nos permite entender que la dimensi&#243;n tr&#225;gica de la acci&#243;n est&#225; presente en todo acontecer humano y nos invita a deliberar sobre una articulaci&#243;n posible desde el principio de reciprocidad, entre la estima de s&#237; y la solicitud por el otro siempre convocante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; posmodernidad | pluralismo moral | individualismos | convivencia | conflicto | reciprocidad&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Moral-individualism-and-indifference-for-the-Other' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-3-Nro-3-" rel="directory"&gt;Volumen 03 | Nro 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;&#8220;El otro comienza junto a m&#237;&#8221;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Marc Aug&#233;, El viajero subterr&#225;neo)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El escenario post&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dos individuos. Sobre una pared deslumbrante, blanca. Uno sentado en el suelo, agonizando, casi muerto, con su mirada perdida. Otro, a su lado, mir&#225;ndolo, sin creer todav&#237;a cu&#225;n r&#225;pido puede cambiar su suerte. Silencio sepulcral, aunque casi sentimos la velocidad del pensamiento y emociones de los protagonistas: fin de la historia para uno, nuevo inicio para otro. Cincuenta y cinco segundos de una escena anunciando un final con marco post: la indeferencia.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_148 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/med-12093-hombre_de_al_lado_curuchet.jpg?1754362444' width='500' height='281' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Nadie es responsable de las decisiones de los otros, de las acciones realizadas, de las inacciones paralizadas. Es m&#225;s, toda la &#233;tica moderna nos ha ense&#241;ado que cada quien, cada uno, es responsable, es el agente de sus actos. La responsabilidad -ese t&#233;rmino moderno tard&#237;o que instaura el Derecho Positivo- supone individuos &#8220;civilizados&#8221;, que acuerdan regirse por un conjunto de normas que prescriba la conducta en el seno de una colectividad, obligue a todos a cumplirlas y mande caer bajo un poder sancionador si se transgrede la ley convenida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero los supuestos modernos -harto dicho desde Lyotard (1989)- han ca&#237;do.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;V&#237;ctor es un vendedor de autos usados que lleva tres meses trabajando en algunas reformas para su casa, la casa en la que naci&#243;. Le dedic&#243; mucho dinero y esfuerzo, pero el proyecto s&#243;lo estar&#225; completo cuando pueda entrar la luz del sol, que hasta ahora es bloqueada por la medianera que lo separa de una vivienda lindera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al otro lado de esa pared est&#225; Leonardo, dise&#241;ador prestigioso que habita junto a su mujer y su hija una casa construida por Le Corbusier. La decoraci&#243;n prolija y las obras de arte contempor&#225;neas enmarcan su estilo de vida glamoroso y snob.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando Leonardo oye los primeros martillazos, cree que vienen de la calle. Pero no tarda en darse cuenta que proceden de la medianera que lo separa de un vecino desconocido hasta entonces (ese, &lt;i&gt;el que comienza junto a m&#237;&lt;/i&gt; -dir&#237;a Aug&#233;-). La pared luce ahora un agujero amorfo. V&#237;ctor decidi&#243; abrir una ventana en esa pared, para que su luz entre; abertura que tambi&#233;n le ofrece una vista privilegiada del interior de la casa de Leonardo. No hay consulta previa, acordada, de esta acci&#243;n. No parece necesario, a qui&#233;n puede importarle, molestarle, cumplir con su anhelado deseo: un rayito de sol para su casa. &lt;br class='autobr' /&gt;
Desde todo punto de vista, para Leonardo esto es inadmisible, y opone entonces una resistencia que V&#237;ctor no espera ni entiende:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Tras los golpes en la pared)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt; -	Hey!... &#191;Est&#225; el due&#241;o?... Ah! qu&#233; tal!. Esc&#250;cheme no puede hacer este agujero. Yo lo habl&#233; hoy con sus alba&#241;iles, &#191;no ves que da directamente a mi casa?; adem&#225;s es ilegal, est&#225; prohibido&lt;br class='manualbr' /&gt;-	Vamos por parte. Buenas tarde, yo soy V&#237;ctor. &#191;Con quien tengo el gusto?&lt;br class='manualbr' /&gt;-	Leonardo&lt;br class='manualbr' /&gt;-	Ah! Leonardo, vos sab&#233;s que te iba a avisar. No pude pasar&#8230; Nada, el tema es que no tengo luz de este lado, y todo el sol viene de all&#225; y necesito atrapar unos rayitos de sol. Nada, por eso estoy haciendo esta reforma, pero ya que est&#225; ac&#225;, te pido permiso: &#191;me das permiso? (&#8230;)&lt;br class='manualbr' /&gt;-	(&#8230;) No, no te entiendo. No se puede hacer una medianera con vista a mi casa &lt;br class='manualbr' /&gt;-	Bueno pero parece que al barrio no lleg&#243; la noticia, &#191;y estos edificios que est&#225;n all&#237;? &#191;Aquel y aquel otro?&lt;br class='manualbr' /&gt;-	No! Pero eso no tiene nada que ver! Lo suyo es ilegal, est&#225; prohibido!. Est&#225; vulnerando mi intimidad y la de mi familia!&lt;br class='manualbr' /&gt;-	Pero si te miran de todas esas ventanas! &#191;Qu&#233; te jode una m&#225;s?... Estoy tratando de atrapar unos rayitos de sol que a vos te sobran (&#8230;)&lt;br class='manualbr' /&gt;-	&#191;Vos te asesoraste antes para hacer esto?...&lt;br class='manualbr' /&gt;-	No nos pongamos legalistas!... Estoy ac&#225; a la vuelta, te ven&#237;s y lo charlamos &#8221; &lt;br class='manualbr' /&gt;-	(&#8230;) No, no se puede&#8230;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_147 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/1290002637-el-hombre-de-al-lado-11.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/1290002637-el-hombre-de-al-lado-11.jpg?1754362403' width='500' height='281' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Y Leonardo intenta buscar asesoramiento:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;_ -	Qu&#233; grotesco! Como arquitecto te digo que el tipo no puede hacer una ventana ah&#237;, y menos en esta casa!... Bueno, poder puede porque el tipo la hizo, est&#225; ah&#237;. Pero no puede sin tu consentimiento&lt;br class='manualbr' /&gt;-	El tipo me corre con que necesita sol&lt;br class='manualbr' /&gt;-	&#191;Sol? Si es as&#237; puede hacer una ventana arriba, finita, de 20 cm de largo, con vidrios esmerilados y sin nada de ventilaci&#243;n. Eso es lo que dice el c&#243;digo&lt;br class='manualbr' /&gt;-	Ser&#237;a horrible, igual me arruina la vista de la casa&lt;br class='manualbr' /&gt;-	No te preocupes, la &#250;ltima palabra siempre la ten&#233;s vos. (&#8230;) La medianera son 15 cm de un lado y 15 cm de otro; con tus 15 cm vos hac&#233;s lo que quer&#233;s(&#8230;) le levant&#225;s una pared (&#8230;) pero no te lo recomiendo porque te lo pon&#233;s en contra al tipo. Estas cosas siempre se arreglan hablando.&lt;br class='manualbr' /&gt;-	Pero la norma est&#225;, no? Lo que est&#225; haciendo el tipo es ilegal&#8230;&lt;br class='manualbr' /&gt;-	Bueno, los c&#243;digos dicen una cosa pero la vida dice otra&#8230; los problemas dom&#233;sticos a veces, o muchas veces, terminan mal&#8230;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No podemos decir que Leonardo y V&#237;ctor no intenten tomar la palabra, en un aparente di&#225;logo donde son expuestas las razones de cada quien y las acciones consecuentes. La mediaci&#243;n del discurso aparece, primero v&#237;a la paridad: ambos intentan convencerse mutuamente; luego siguiendo el intento de apelaci&#243;n a la norma codificada que ordene la situaci&#243;n (el arquitecto amigo que trae la verdad del c&#243;digo) o la ley jur&#237;dica que sanciona en el conflicto de intereses (el abogado infructuoso al que Leonardo convoca m&#225;s tarde para intervenir). Todas estrategias modernas en la b&#250;squeda de la &#250;ltima palabra de autoridad. Ning&#250;n recurso, en esta v&#237;a, parece funcionar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Bauman (2004:10):&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;La novedad del enfoque posmoderno de la &#233;tica consiste, ante todo, no en hacer a un lado las preocupaciones morales modernas caracter&#237;sticas, sino en rechazar las formas modernas t&#237;picas de abordar los problemas morales. &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los grandes temas morales de nuestra sociedad no han perdido vigencia: la justicia social, la libertad, la posibilidad de autorrealizaci&#243;n, el respeto y la solidaridad mutua, entre otros. A partir del marco proporcionado por los llamados &#8220;derechos humanos&#8221; estos temas toman protagonismo cada vez que una acci&#243;n obstaculiza el despliegue de un derecho considerado b&#225;sico. La variaci&#243;n en la agenda moral actual est&#225; en la forma de presentaci&#243;n de sus problem&#225;ticas, de acuerdo al tiempo hist&#243;rico que nos toca vivir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En nuestra pel&#237;cula, la palabra en cualquiera de sus presentaciones &#8211;la que se expresa, la que se escucha del otro, la que est&#225; escrita- termina siendo un recurso mediador r&#225;pidamente desalentado, porque &#8220;la vida dice otra cosa&#8230;&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es interesante, en especial para quienes nos dedicamos a ser &#8220;profesionales de la palabra&#8221; &#8211;como dir&#237;a Ricoeur (1995)-, asistir a esta &#8220;retirada de la palabra&#8221; (Cullen, 1999), que Leonardo y V&#237;ctor interpretan muy bien. Los di&#225;logos entre nuestros personajes no parecen tener el peso suficiente, en un punto vac&#237;os de contenido: debaten y argumentan, como si alg&#250;n vestigio de la modernidad bajo la forma de alg&#250;n precepto moral a&#250;n vigente dictara que as&#237; deben resolverse las diferencias. Pero las discusiones no llegan a nada, los argumentos ni siquiera son escuchados y hasta se crean mentiras para coaccionar al otro. No es de extra&#241;ar que, en estas condiciones, el desenlace se produzca en un silencio total.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El sujeto moral en el escenario post&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La posmodernidad se configura en la decisi&#243;n cultural de no contar con arquetipos (que simbolizan el pasado) ni con utop&#237;as (que traen el futuro). Desde una l&#243;gica de lo necesario, nada parece ser necesario: ni las afirmaciones contundentes, ni los bienes, ni los valores. Si se puede hablar de una &#8220;realidad&#8221;, ella es huidiza y simulada. El tiempo que como sujetos y sociedad nos toca atravesar, &#8220;no es tanto una &#233;poca signada por alg&#250;n destino, sino una &#233;poca resignada a no tener ning&#250;n destino. Es decir (...) un simulacro de &#233;poca&#8221; (Cullen, 1995:152). En nuestra actualidad amplia y vagamente denominada post, asistimos al intento de destrucci&#243;n del proyecto moderno &#8211;signado por el orden, el progreso, la linealidad, la legalidad, el bienestar social- pero, a su vez, simulamos realizarlo. Efectivamente, el hombre, en un como s&#237; a veces desopilante, aparenta estar en su m&#225;s elevado status de libertad, autodeterminaci&#243;n, individualismo, superaci&#243;n personal&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, los fen&#243;menos de lo cotidiano nos presentifican, una y otra vez, un nuevo ordenamiento signado por la incertidumbre, lo parad&#243;jico y lo contradictorio, donde el ruido del otro presente de mil formas configura un contexto dif&#237;cil de obviar, por m&#225;s que nos empe&#241;emos en ello.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Seg&#250;n Lipovetsky (1986; 1994), los fen&#243;menos post que han iniciado cambios sociales y culturales se relacionan principalmente con las nuevas y distintas formas de individualizaci&#243;n, procesos de personalizaci&#243;n original que acompa&#241;aron la l&#243;gica de la globalizaci&#243;n actual y la pluralidad de criterios vigentes, muchas veces ambiguos. Se despliega un panorama donde reina el m&#237;nimo de coacci&#243;n y austeridad y el m&#225;ximo de elecciones privadas libres, posibles gracias a la b&#250;squeda exacerbada de satisfacciones y en conformidad con los deseos e intereses de cada quien. En esta l&#243;gica hiperindividualista las instituciones se modelizan cada vez m&#225;s en base a las aspiraciones presentes, legitimando as&#237; un individualismo hedonista. Estamos frente a &#8220;&lt;i&gt;la era del vac&#237;o&lt;/i&gt;&#8221; y al &#8220;&lt;i&gt;eclipsamiento del deber&lt;/i&gt;&#8221;, tal como rezan sus ya conocidas met&#225;foras posmodernas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si los nuevos problemas morales a los que nos enfrenta lo cotidiano de la convivencia reclaman, de alg&#250;n modo, la presencia de un sujeto moral -racional y razonable- que pueda solucionarlos, he ah&#237; nuestra nueva controversia: lo que hoy tenemos es una crisis de la categor&#237;a de &#8220;sujeto moral&#8221;; en su doble vertiente: crisis del sujeto y crisis de la moral (Cullen, 2000).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por un lado, sentenciando el fin de los grandes relatos (Lyotard, 1989) aparecen las primeras cr&#237;ticas al concepto moderno de sujeto, con importante repercusi&#243;n en los adjetivos que suelen acompa&#241;arlo: &#8220;moral&#8221; y &#8220;epist&#233;mico&#8221;. Ya no es posible considerar al sujeto en t&#233;rminos de fundamento inconmovible de las certezas (tal como se piensa desde el cogito cartesiano), ni pilar de la raz&#243;n (como propone la postura kantiana). El sujeto y su episteme constituye ahora un campo problem&#225;tico. Esta cr&#237;tica es iniciada por los llamados pensadores de la sospecha -Freud, Nietzsche, Marx- (Ricoeur, 1973), a partir de una cr&#237;tica al racionalismo dominante en el pensamiento de la civilizaci&#243;n occidental. Esto mismo, origina el advenimiento de un trabajo de deconstrucci&#243;n: no hay transparencia del sujeto; &#233;l mismo es ahora, y en el otro extremo, un &#8220;&lt;i&gt;sujeto quebrado&lt;/i&gt;&#8221; seg&#250;n la f&#243;rmula nietzcheriana, un &#8220;&lt;i&gt;sujeto divido&lt;/i&gt;&#8221; en el pensamiento freudiano o un &#8220;&lt;i&gt;sujeto herido&lt;/i&gt;&#8221; en la filosof&#237;a ricoeureana. En definitiva, nos enfrentamos hoy a un &#8220;&lt;i&gt;sujeto desfondado&lt;/i&gt;&#8221; (Cullen, 2000), sin ning&#250;n tipo de fundamentos que lo sostenga, atravesado por todo tipo de incertidumbres, de temores y miedos, por su deseo mismo, por el lenguaje que lo habita, por las leyes del mercado y por las m&#250;ltiples pr&#225;cticas socio-culturales en las que est&#225; inmerso.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por otra parte, una &#233;poca actual tambi&#233;n caracterizada por el fin de una &#250;nica moral con base en alguna imagen de autoridad &#8211;de Dios, de la ciencia, de la conciencia, de la naturaleza, de la raz&#243;n, de la ley-. Lo que presentifica esta crisis de la moral es precisamente la existencia y el persistente advenimiento de una situaci&#243;n de dispersi&#243;n de valores y de pluralismo moral. Las diversas axiolog&#237;as en juego nos dan cuenta de que lo moral no existe &lt;i&gt;per se&lt;/i&gt;, sino s&#243;lo como una condici&#243;n existencial del hombre en sociedad. El sujeto moral es, en definitiva, un &#8220;&lt;i&gt;sujeto efectivo&lt;/i&gt;&#8221; (Castoriadis, 2002), hist&#243;rico y &#250;nico, donde las expresiones de la moralidad se despliegan en acciones particulares y singulares en situaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Individuos posmodernos, entre tensiones y contradicciones&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Qu&#233; recurrencias encontrar en este escenario planteado, donde podamos ubicar ahora las vidas encontradas, contrariadas, de Leonardo y V&#237;ctor?. Porque los individuos est&#225;n, con sus subjetividades (individualistas, hedonistas, solipsistas); pero el otro tambi&#233;n est&#225; (con sus reclamos, sus intereses, sus necesidades).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La presencia de escenas tensionantes en este an&#225;lisis de lo posmoderno nos permiten situar los acontecimientos en la l&#237;nea de lo que vamos a denominar el desaf&#237;o &#233;tico actual:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si, como dijimos en el apartado anterior, la moral como gran relato unificador ha perdido vigencia fragment&#225;ndose en morales privadas; como contrapartida, podemos aceptar tambi&#233;n que permanece una conciencia ampliada y acuerdo sobre ciertos derechos b&#225;sicos que todos defendemos e intentamos respetar de una forma u otra. Desde esta perspectiva, el discurso de los derechos humanos (con sus principios fundamentales de dignidad y autodeterminaci&#243;n para todos) se erige como un relato que unifica y que posibilita a su vez la concreci&#243;n de las distintas formas de vida, en la exigencia por el respeto a la diversidad (Cullen, 1999).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El desaf&#237;o cotidiano es entonces: &#191;cu&#225;n posible es la construcci&#243;n de un escenario com&#250;n sobre un piso m&#237;nimo de acuerdos que respeten la dignidad, sin negar a su vez las diferencias existentes, lo que es digno para cada uno?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Leonardo y V&#237;ctor responden claramente a axiol&#243;gicas distintas. Los valores que los orientan son hasta tal extremo divergentes; el drama se desata en el preciso momento en que la construcci&#243;n de la ventana &#8211;acontecimiento coyuntural- conduce a cada uno a tomar conciencia de la existencia del otro pr&#243;ximo y diferente &#8211;acontecimiento estructurante-. V&#237;ctor emprende la construcci&#243;n de la ventana sin ninguna consulta previa y, podemos suponer, sin esperar encontrar ninguna resistencia en quienes podr&#237;an ser sus vecinos; pero la encuentra. Leonardo, por su parte, toma esa iniciativa como una intromisi&#243;n inaceptable e intenta disuadir a su vecino de varias maneras, sin &#233;xito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El derecho de cada uno (a la intimidad sin intrusiones en Leonardo; a un espacio habitable con mayor calidad en V&#237;ctor) se hace presente en un contexto donde cada quien parece tener sus razones leg&#237;timas para actuar. En nuestro film, ante la dispersi&#243;n de valores operante, el desaf&#237;o de posibilitar la convivencia a pesar de las diferencias fracasa estrepitosamente, m&#225;s all&#225; de alg&#250;n intento forzado y algo hip&#243;crita de los protagonistas. Los derechos humanos, pensados como la contrapartida consensuada de la situaci&#243;n dispersante, son abolidos en el instante en que Leonardo niega a V&#237;ctor ni m&#225;s ni menos que el derecho a la vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se instala la tensi&#243;n en la misma ambig&#252;edad que la dispersi&#243;n de valores trae: &#191;existen derechos subjetivos &lt;i&gt;prima facie&lt;/i&gt; absolutos a defender?. Y m&#225;s a&#250;n: &#191;c&#243;mo legitimar, en lo cotidiano, los derechos de cada quien, aceptando razones morales multiversas y sin intentar aniquilar al otro pr&#243;ximo/extra&#241;o?.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Porque hoy es posible afirmar que la figura del h&#233;roe moral, sacrificado, altruista, sabio, prudente, ha perdido vigencia. Frente a la fragmentaci&#243;n de la moral, el sujeto tambi&#233;n se fragmenta y la moral se hiperindividualiza. Cada individuo anhela su propia prosperidad. Para ello, su b&#250;squeda va detr&#225;s de recetas ideales que le proporcionen mayor placer, mayor bienestar, mayor belleza, mayor vida&#8230; modos un tanto ingenuos de plantear la felicidad a partir de &#8220;una moral a medida&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y as&#237;, el desaf&#237;o &#233;tico tambi&#233;n se presenta en t&#233;rminos de constituci&#243;n subjetiva: &#191;c&#243;mo construir una personalidad moral hoy que no se limite s&#243;lo al deseo de felicidad personal en lo obligado de la convivencia?. Porque la personalidad moral delimita la autonom&#237;a y la dignidad propia, no confundi&#233;ndose con valores mojigatos de personajes de &#233;lite. A diferencia, pertenece a su esfera el &#8220;ya proverbial enredo (&#8230;) entre Ley y Deseo&#8221; (Cullen, 1999:51). &#191;Se puede construir una personalidad moral aut&#243;noma en la actitud de procurarse y procurar con otros la felicidad, o lo que creamos que ella fuera?.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una vez presentado el conflicto cotidiano, ni V&#237;ctor ni Leonardo ceden en sus intenciones y los torpes intentos por dialogar no encuentran ninguna resonancia en el otro. S&#243;lo buscar alguna v&#237;a r&#225;pida de soluci&#243;n, que posibilite a cada uno seguir con sus vidas bien distintas, sin intromisiones; un fin moral que no es m&#225;s que una parodia del respeto por el otro y sus elecciones. Parodia porque s&#243;lo simula &#8211;ya lo hemos notado: la simulaci&#243;n es un signo destacado de &#233;poca- la b&#250;squeda de lo que podr&#237;a ser bueno para cada quien. Sin embargo, cada uno logra imponerse a su manera, y el circuito de confusi&#243;n moral se retroalimenta una y otra vez (una ventana que se cierra y se abre reiteradamente, seg&#250;n las razones de cada quien).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuevas tensiones surgen en medio de posiciones encontradas: &#191;es posible pensar qu&#233; implica lo justo para cada uno y para todos?, &#191;es posible combinar virtudes p&#250;blicas con deseos individualidades?, &#191;es posible, en ciertas ocasiones, ceder algo en pos de los intereses y deseos del otro, siendo esa acci&#243;n una v&#237;a probable de soluci&#243;n acordada?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ni a&#250;n la regla de oro (&#8220;&lt;i&gt;no hagas al otro&#8230;&lt;/i&gt;&#8221;) parece tener vigencia en el encuentro fallido de nuestros personajes. M&#225;s bien, esta regla &#8211;que podr&#237;a ser el comienzo del respeto mutuo- es sustituida por cierta competitividad salvaje del mercado, que se impone imperativamente (el &#8220;&lt;i&gt;s&#225;lvese quien pueda&lt;/i&gt;&#8221;). La contrapartida en el horizonte de la convivencia convoca a la tan mentada solidaridad; acci&#243;n &#233;tica que permite salir de cierto solipsismo paralizante y pensar en el otro, en la b&#250;squeda de un &#233;xito com&#250;n posible.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestros personajes tambi&#233;n apelan a argumentaciones y razones mercantiles, econ&#243;micas, que afectan intereses privados y llevan a costos evitables. Leonardo dir&#225; que la ventana disminuye el valor de su propiedad; V&#237;ctor, que sin la ventana, las modificaciones en su casa y que tanto dinero le cuestan habr&#225;n sido hechas en vano. Estos argumentos no surten efecto, dando lugar a acciones competitivas y coercitivas: Leonardo ofrece dinero, miente, apela a la palabra inventada de un otro molesto. V&#237;ctor recurre a la amenaza verbal y f&#237;sica. Qui&#233;n puede m&#225;s, qui&#233;n infunde m&#225;s temor, qui&#233;n resiste mejor los embates del otro, hasta que aparezca alguna circunstancia a partir de la cual tomar ventaja. El valor cardinal que, seg&#250;n Lipovetsky (1986), perdura en la era posmoderna es el derecho del individuo a realizarse; pero, enmarcado en un proceso de personalizaci&#243;n desvastador, cada uno se siente habilitado a defender tal derecho a cualquier costo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si las leyes de la solidaridad se sustituyen por las leyes del mercado, la opci&#243;n de alcanzar un &#233;xito solidario que vuelva innecesaria la competencia resulta impracticable. V&#237;ctor, a&#250;n desde una posici&#243;n narcisista de h&#233;roe salvador, intenta defender a la familia de Leonardo; esta acci&#243;n individual podr&#237;a haber sido la inauguraci&#243;n de una convivencia solidaria. Pero la acci&#243;n no es rec&#237;proca, y el intento personal fracasa y conduce a la muerte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Un escenario post donde se incluya al otro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Leemos en Bleichmar (2006:20):&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;	No se trata de caridad sino de solidaridad, del ejercicio de una &#233;tica en la cual el abandono del semejante es siempre muerte de una parte de uno mismo, y para la cual no hay posibilidad de otra moral que aquella capaz de hacerse cargo de la supervivencia no s&#243;lo f&#237;sica sino tambi&#233;n simb&#243;lica de los otros. &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&#191;No siente quiz&#225; Leonardo, que una parte de &#233;l ha muerto (en lo simb&#243;lico) con la muerte (en lo real) de V&#237;ctor?. Su suerte sin duda ha cambiado, el pr&#243;ximo-extra&#241;o ha desaparecido. &#191;Qu&#233; queda?... Una deuda impaga quiz&#225; (el vecino da la vida por su propia familia) y la parodia simulada de un &#233;xito logrado (la ventana, finalmente, es tapada). Pero, &#191;se acaba la tensi&#243;n?.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ricoeur (1990), siempre preocupado por encontrar un justo medio entre la aspiraci&#243;n a una vida buena (la de cada uno y su felicidad) y lo imperativo de la norma (el deber que obliga a todos), nos habla de la tensi&#243;n &#233;tica que genera &#8220;la tragedia de la acci&#243;n&#8221;. Tensi&#243;n que no puede minimizarse si no es a partir de cierta &#8220;sabidur&#237;a pr&#225;ctica&#8221; (la virtud de la &lt;i&gt;phr&#243;nesis&lt;/i&gt;), referida al juicio moral en situaci&#243;n y donde es necesario cierta convicci&#243;n respecto a que la estima de s&#237; (de lo propio) incluye la estima del otro (en tanto otro como s&#237; mismo).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De este modo, si es que existe algo parecido a una &#8220;aspiraci&#243;n &#233;tica&#8221;, nos dir&#225; Ricoeur, esta se define en los siguientes t&#233;rminos: &#8220;&lt;i&gt;tender a la vida buena, con y para otros, en instituciones justas&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;Tender a la vida buena&lt;/i&gt;&#8221;. La expresi&#243;n aristot&#233;lica que marca la preeminencia de la b&#250;squeda de la felicidad (o los nombres que queramos encontrarle) y las opciones que los sujetos eligen seguir para su consecuci&#243;n. Un deseo, el propio, que es estima de s&#237; en el siguiente sentido:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;	Hay dos cosas fundamentalmente estimables en el s&#237; mismo: en primer lugar la capacidad de elegir por razones, de preferir esto a lo otro, esto es, la capacidad de&lt;i&gt; actuar intencionadamente&lt;/i&gt;; a continuaci&#243;n, la capacidad de introducir cambios en el curso de las cosas, de comenzar algo en el mundo, dicho brevemente, la &lt;i&gt;capacidad de iniciativa&lt;/i&gt;. En este sentido, la estima de s&#237; es el momento reflexivo de la praxis. (p. 243)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;&#8220;Con y para el otro&#8221;&lt;/i&gt;. Sin quedarse en el repliegue sobre el yo (lo propio) al que preocupantemente parece convocar la primera parte de la expresi&#243;n &#233;tica ricoureana, este segundo componente &#233;tico marca la situaci&#243;n dial&#243;gica necesaria con ese otro que es &#8220;&lt;i&gt;otro yo como s&#237; mismo&lt;/i&gt;&#8221;. La estima de s&#237; corresponde siempre a una &lt;i&gt;demanda de reciprocidad impl&#237;cita&lt;/i&gt;:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt; (&#8230;) seg&#250;n un esquema de estima cruzada, que resume la exclamaci&#243;n: t&#250; tambi&#233;n!, t&#250; tambi&#233;n eres un ser con iniciativa y elecci&#243;n, capaz de actuar por razones, de jerarquizar fines (&#8230;) El otro es, de este modo, el que puede decir yo como yo mismo lo hago y, como tal, tenerse por un agente, autor y responsable de sus actos. Si no fuera as&#237;, no ser&#237;a posible ninguna regla de reciprocidad. El milagro de la reciprocidad estriba en que las personas se reconocen una a otras como insustituibles en el intercambio mismo. Esta &lt;i&gt;reciprocidad de los insustituibles&lt;/i&gt; es el secreto de la solicitud. (p. 243-244)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;&#8220;En instituciones justas&#8221;&lt;/i&gt;. En la aspiraci&#243;n de vivir bien, incluyendo al otro, se supone la justicia que media en las relaciones interpersonales. Porque &#8220;justicia quiere decir que tu libertad valga tanto como la m&#237;a&#8221; (Ricoeur, 1984:79). La instituci&#243;n es, entonces, el tercero de la mediaci&#243;n, que regula de forma equitativa, entre el yo &#8211;t&#250;:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;	Podemos entender por instituci&#243;n un sistema de reparto, de distribuci&#243;n, referido a los derechos y a los deberes, a los ingresos y a los patrimonios, a las responsabilidades y a los poderes, en suma, a los beneficios y a las cargas (&#8230;). La justicia consiste precisamente en dar&lt;i&gt; a cada uno lo suyo&lt;/i&gt;. (p. 245)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En este marco de una &#233;tica que supone di&#225;logo y conflicto, el otro siempre est&#225;, hace ruido y se presenta con mil rostros posibles. Levinas (2001) nos lo recuerda con su movilizadota e hiperb&#243;lica afirmaci&#243;n: &#8220;el yo como reh&#233;n del otro&#8221;; donde la responsabilidad por el otro, los otros, no depende de una elecci&#243;n subjetiva, sino que precede al yo y su intenci&#243;n. En este sentido, la responsabilidad, adem&#225;s de un acto voluntarioso del agente, es un verdadero llamado que interpela (S&#225;nchez Vazquez, 2008).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el reconocimiento de ese otro que es mi pr&#243;ximo/extra&#241;o, el yo se encuentra con que &#8220;es a pesar m&#237;o que el otro me concierne&#8221; (ob. cit, 2001: 110). De un modo diferente, Levinas sustituye el principio de reciprocidad por el de alteridad para hablarnos del otro en el sentido de ser una exterioridad radical, de separaci&#243;n del yo, que se sit&#250;a como principio originario de obligaci&#243;n anterior a todos los compromisos interpersonales. Desde esta perspectiva, el yo es siempre cuestionado por el otro de una manera excepcional; &#8220;no como un simple obst&#225;culo al que siempre se puede medir&#8221;. La vulnerabilidad del sujeto &#8220;se sabe expuesta a la exterioridad del otro, que no amenaza su mismidad, sino que la salva de su encierro, de su totalidad ilusoria, y la convoca&#8221; (Cullen, 2001:5).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;M&#225;s all&#225; de la postura levinasiana &#8211;y que a Ricoeur le parece una expresi&#243;n extrema que poco lugar deja a lo intersubjetivo-; es el acto convocante lo que nos interesa destacar de esta presencia del otro. En cualquier &#233;poca que como humanidad atravesamos (premoderna, moderna, postmoderna), este acto es una experiencia situada por encima de toda iniciativa de sujetos cognoscentes; una vez m&#225;s, es la experiencia del otro junto a m&#237; en su aserci&#243;n del &#8220;heme aqu&#237;&#8221;, la que intranquiliza, conmueve de mil modos y tensiona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Para concluir&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La inflaci&#243;n del individualismo al que nos enfrenta este tiempo post, deja una pregunta flotante: &#191;Es posible a&#250;n sostener una situaci&#243;n entre interlocutores reflexionantes (que puedan reflexionar antes de la acci&#243;n), donde ambos respondan en primera persona, pero donde tambi&#233;n se acepte que el otro (como otro yo) puede ser solicitaci&#243;n de iniciativa, de acogida y de discurso comunicativo?.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde la &#243;ptica ricoeureana planteada, la interacci&#243;n necesaria con el otro no es b&#225;sicamente una relaci&#243;n de cooperaci&#243;n ni de benevolencia. Cada hombre, como ser actuante, ejerce un poder sobre el otro en el encuentro cotidiano y esto engendra &#8211;al menos en potencia- una violencia, cierta explotaci&#243;n, donde puede volverse a ese otro &#8220;v&#237;ctima&#8221; de mi acci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aparece la posibilidad no querida (ya anunciada en Kant) de tratar al otro como medio para la consecuci&#243;n de mis fines, y no como un fin en s&#237; mismo (formulaci&#243;n b&#225;sica de la dignidad). Sin embargo esta formulaci&#243;n imperativa &#8220;se pierde&#8221; en la universalidad misma. Es, para Ricoeur, la reciprocidad b&#225;sica la que equilibra esta situaci&#243;n entre el deber de la regla universal (que puede estar o no debilitada) y la exigencia real del otro (experiencia situacional que no puede negarse). La puesta en pr&#225;ctica de la Regla de Oro: &#8220;&lt;i&gt;No hagas al otro lo que no te gustar&#237;a que te hicieran a ti&lt;/i&gt;&#8221;, redefine el deber en tanto la consideraci&#243;n del semejante como m&#237; mismo, pero dentro del marco de una autonom&#237;a hist&#243;rica, la de cada uno en situaci&#243;n, y no s&#243;lo desde una idea de humanidad generalizada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En definitiva, una apuesta, no menos conflictiva, a la confluencia viable entre estima de s&#237; y solicitud para con el otro. Situar la raz&#243;n de lo &#233;tico en la libertad personal sometida al principio de la raz&#243;n comunitaria (Maceiras Fabi&#225;n, 1999), una f&#243;rmula a considerar para que cada vida &#8211;la de Leonardo, la de V&#237;ctor, la de cada uno- pueda tener la posibilidad inicial y real de desplegarse.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aug&#233;, M. (1998). &lt;i&gt;El viajero subterr&#225;neo. Un etn&#243;logo en el metro&lt;/i&gt;. Barcelona: Gedisa&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bauman, Z. (2004). &lt;i&gt;&#201;tica posmoderna&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Siglo XXI&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bleichmar, S. (2006).&lt;i&gt; No me hubiera gustado morir en los 90&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Taurus&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Castoriadis, C. (2002). &lt;i&gt;Sujeto y verdad en el mundo hist&#243;rico-social. Seminarios 1986-1987. La creaci&#243;n humana I&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Fondo de Cultura Econ&#243;mica&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cullen, C. (2001). &lt;i&gt;Violencia y vulnerabilidad. Reflexiones &#233;ticas. &lt;/i&gt; Conferencia dictada en Asociaci&#243;n Psicoanal&#237;tica Argentina, Buenos Aires 20/10/2001. In&#233;dito&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cullen C. (2000) &#201;tica y subjetividad. Transformaciones de un campo problem&#225;tico. &lt;i&gt;Fundamentos en Humanidades&lt;/i&gt;. Vol. N&#186; 1, pp 14-19.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cullen, C. (1999). &lt;i&gt;Autonom&#237;a moral, participaci&#243;n democr&#225;tica y cuidado del otro.&lt;/i&gt; Buenos Aires: Novedades Educativas&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cullen C. (1995) &#201;tica y posmodernidad. En AAVV, &lt;i&gt;&#191;Posmodernmidad?,&lt;/i&gt; pp 147-184. Buenos Aires: Biblos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (2001). &lt;i&gt;Humanismo del otro hombre&lt;/i&gt;. M&#233;xico: Siglo XXI&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lipovetsky G. (1986) &lt;i&gt;La era del vac&#237;o. Ensayo sobre el individualismo contempor&#225;neo&lt;/i&gt;. Barcelona: Anagrama&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lipovetsky G. (1994) &lt;i&gt;El crep&#250;sculo de deber. La &#233;tica indolora de los nuevos tiempos democr&#225;ticos&lt;/i&gt;. Barcelona: Anagrama&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lyotrad J. F. (1989). &lt;i&gt;La condici&#243;n posmoderna. Informe sobre el saber. &lt;/i&gt; Madrid: C&#225;tedra&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Maceiras Fafi&#225;n, M. (1999). Reciprocidad y alteridad. En P. Ricoeur, &lt;i&gt;De otro modo. Lectura de &#8221;De otro modo que ser o m&#225;s all&#225; de la esencia&#8221; de Emanuel Levinas&lt;/i&gt;. Barcelona: Antrhopos&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ricoeur, P. (1995). &lt;i&gt;Autonom&#237;a y vulnerabilidad&lt;/i&gt;. En P. Ricoeur, Lo Justo 2. Estudios lecturas y ejercicios de &#233;tica aplicada. Madrid: Trota, 2008.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ricoeur, P. (1990). &#201;tica y Moral. En C. G&#243;mez (ed.) &lt;i&gt;Doce textos fundamentales de la &#201;tica del siglo XX&lt;/i&gt;, pp. 241-255. Buenos Aires: Alianza&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ricoeur, P. (1984). &lt;i&gt;Educaci&#243;n y pol&#237;tica. De la historia personal a la comuni&#243;n de libertades&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Docencia&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ricoeur, P. (1973). &lt;i&gt;Freud, una interpretaci&#243;n de la cultura&lt;/i&gt;. M&#233;xico: Siglo XXI&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;S&#225;nchez Vazquez, M. J. (2008). &#201;tica y profesi&#243;n: la responsabilidad en t&#233;rminos de prudencia responsable. El caso de la Psicolog&#237;a. &lt;i&gt;Fundamentos en Humanidades&lt;/i&gt;, A&#241;o IX, N&#186; 17, pp. 145-161.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/jeyc_nov_2013_sanchezvazquez_hombre.pdf" length="307861" type="application/pdf" />
		

	</item>



</channel>

</rss>
