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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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<item xml:lang="es">
		<title>Cortez in the Courts. The ethical value of a translation</title>
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		<dc:date>2018-05-12T00:14:03Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Doris Sommer</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The Court Interpreters Act, that demanded State and Federal Courts to guarantee translations whenever necessary, transformed the spirit of justice regarding linguistic minorities in the United States. The Ballad of Gregorio Cortez tells the true story of a crime based precisely on the absence of translators in court proceedings. Based on this scenario, the paper reflects on the value of languages and ethnic and cultural diversity in its relation to ethics, justice and peoples' rights.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Key Words:&lt;/strong&gt; Puerto Rico | Language | film | literature&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-3-No-3-" rel="directory"&gt;Volumen 03 | N&#186; 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Cortez-en-las-Cortes-El-valor-etico-juridico-de-la-traduccion' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Cortez en las Cortes. El valor &#233;tico-jur&#237;dico de la traducci&#243;n&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Cortez en las Cortes. El valor &#233;tico-jur&#237;dico de la traducci&#243;n</title>
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		<dc:date>2018-04-15T21:49:00Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Doris Sommer</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La Ley de Int&#233;rpretes ante los Tribunales, que exig&#237;a a los tribunales estatales y municipales garantizar las traducciones cuando estas fueren necesarias, transform&#243; el esp&#237;ritu de la justicia respecto de las minor&#237;as lingu&#237;sticas en los Estados Unidos. El film The Ballad of Gregorio Cortez, relata la historia ver&#237;dica de un crimen basado justamente en la ausencia de tales traductores en un proceso judicial. A partir de este escenario, el escrito reflexiona sobre el valor de las lenguas y la diversidad &#233;tnico-cultural en su relaci&#243;n con la &#233;tica, la justicia y los derechos de las personas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt; Puerto Rico | lengua | cine | literatura&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Cortez-in-the-Courts-The-ethical-value-of-a-translation' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-3-Nro-3-" rel="directory"&gt;Volumen 03 | Nro 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8212;El juez quiere saber si usted rob&#243; un caballo.&lt;br class='manualbr' /&gt;&lt;i&gt;&#8212;&#191;Yo rob&#233; un caballo?&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;&#8212;El acusado dice que rob&#243; un caballo.&lt;br class='manualbr' /&gt;&#8212;Preg&#250;ntele al acusado por qu&#233; rob&#243; el caballo.&lt;br class='manualbr' /&gt;&#8212;El juez quiere saber por qu&#233; rob&#243; el caballo.&lt;br class='manualbr' /&gt;&lt;i&gt;&#8212;&#191;Yo necesitaba un caballo?&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;&#8212;El acusado dice que necesitaba el caballo.&lt;br class='manualbr' /&gt;&#8212;Preg&#250;ntele por qu&#233; necesitaba el caballo.&lt;br class='manualbr' /&gt;&#8212;El juez pregunta para qu&#233; necesitaba el caballo.&lt;br class='manualbr' /&gt;&lt;i&gt;&#8212;&#191;Yo? &#191;Un caballo? Necesitaba un caballo oyf kapures&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;&lt;i&gt;(para un sacrificio; o sea, para nada: no lo necesitaba).&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;&#8212;El acusado dice que necesitaba el caballo para fines rituales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;(Chiste yiddish)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;He aqu&#237; el cuerpo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El 5 de mayo de 1992, un d&#237;a despu&#233;s de que los ni&#241;os volvieran al colegio en un Los &#193;ngeles te&#241;ido de cenizas, un art&#237;culo en primera plana del &lt;i&gt;New York Times&lt;/i&gt; tra&#237;a la foto de un ni&#241;o de tez oscura que dibujaba casas en llamas y personas siendo atacadas. Esos eran sus recuerdos de los disturbios que siguieron a la absoluci&#243;n por un juzgado local de los cuatro polic&#237;as blancos que maltrataron violentamente a Rodney King. En esa misma primera p&#225;gina otra decisi&#243;n legal merec&#237;a un titular. La Corte Suprema revocaba las garant&#237;as de justo proceso instituidas en la enmienda de 1966 al derecho de &lt;i&gt;habeas corpus&lt;/i&gt; (he aqu&#237; el cuerpo). Dicha enmienda reconoc&#237;a la posibilidad de error, ignorancia o prejuicio, por cuanto daba derecho a los prisioneros estaduales a un nuevo juicio a nivel federal si &#8220;los hechos esenciales no se han expuesto adecuadamente en el juicio ante el tribunal del respectivo estado&#8221;. Este retoque jur&#237;dico hab&#237;a mejorado la aplicaci&#243;n de la ley enormemente. &#8220;De los 400 recursos de habeas corpus concedidos cada a&#241;o, m&#225;s de un 40% de las sentencias a pena de muerte han sido anuladas&#8221;. El corolario de esto fue la Ley Federal P&#250;blica 95-539, llamada Ley de Int&#233;rpretes ante los Tribunales, que exig&#237;a a los tribunales estatales y municipales garantizar las traducciones si fuesen necesarias. Leyes como &#233;sa estaban transformando los tribunales de Estados Unidos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Susan Berk-Seligson, The Bilingual Courtroom: Court Interpreters in the (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Algunos resent&#237;an el cambio y su costo. A&#241;os despu&#233;s la Corte Suprema fall&#243; a favor de la simplicidad, echando a perder el cuidado. Permiti&#243;, de manera perversa, que la traducci&#243;n reemplazara al testimonio en &lt;i&gt;Hern&#225;ndez vs. New York&lt;/i&gt; (1991), al absolver a un fiscal del distrito de acusaciones de racismo despu&#233;s de que &#233;ste descalificara a dos posibles jurados por ser hispanos. Arg&#252;&#237;a que los hispanohablantes escuchar&#237;an directamente las declaraciones, afectando as&#237; la ecuanimidad de un tribunal que o&#237;a &#250;nicamente traducciones al ingl&#233;s&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;111 Supreme Court 1859. La definici&#243;n general del habeas corpus surgi&#243; de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Las diferencias legales entre el testimonio y su interpretaci&#243;n se acabaron de esfumar en el fallo del 4 de mayo de 1992, informado por el &lt;i&gt;Times &lt;/i&gt; junto a nuevas im&#225;genes de disturbios raciales. En &lt;i&gt;Keeney v. Tamayo-Reyes&lt;/i&gt; la Corte rescindi&#243; la obligaci&#243;n de resolver los problemas de comprensi&#243;n, al no encontrar motivo para enjuiciar de nuevo a un cubano condenado por homicidio no premeditado, aunque su abogado hab&#237;a omitido exponer algunas pruebas decisivas. En vez de presentarlas, el abogado hab&#237;a ofrecido a Tamayo Reyes una petici&#243;n de condena anticipada, tan mal traducida que el acusado no entendi&#243; lo que estaba firmando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El &lt;i&gt;Times &lt;/i&gt; no editorializaba sobre una posible conexi&#243;n entre el fallo de Washington y las fallas de Los &#193;ngeles. En ambos casos la justicia parodi&#243; su propio ideal de imparcialidad. Los jueces de Los &#193;ngeles prefirieron no ver la violencia registrada en video de la autoridad blanca contra un negro solo; y a la semana siguiente, el tribunal supremo prefiri&#243; no escuchar la petici&#243;n de una justicia traducible: si el ingl&#233;s es un problema para los reos de la ley, es un problema &lt;i&gt;de ellos&lt;/i&gt; que no le incumbe a la ley. Ciegos y sordos, pero no mudos, los juzgados del pa&#237;s siguen promulgando reglas hostiles a las minor&#237;as &#8220;intrusas&#8221;, como si disuadir a los hispanos y los negros de esperar una verdadera equidad garantizara los privilegios y propiedades de los blancos. Mientras el &#225;ngel vengador devastaba la ciudad bautizada en honor a esp&#237;ritus m&#225;s ben&#233;volos, y una ciudad tras otra se aprestaba contra sus posibles azotes, los magistrados de la Corte Suprema contaban las monedas y centavos de los procesos legales, recortando los costos a corto plazo de segundos juicios y no los costos materiales y sociales a largo plazo de la injusticia&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El supremo magistrado White, que redact&#243; el reciente fallo, argumentaba que (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	A veces una vida se pierde en la traducci&#243;n. Las traducciones incorrectas (o la subexposici&#243;n visual) pueden estallar en pedazos y producir una serie de bajas; algunas esquirlas pueden incluso volverse contra su ignorante o atolondrado origen en un efecto de rebote. Esos eran los peligros que se insinuaban en los art&#237;culos del cinco de mayo. Los errores pueden ser ciertamente letales, por m&#225;s sanas que sean las intenciones. Pero la indiferencia con respecto al error del alto tribunal no es sino alta arrogancia. Lo que dice, en efecto, es que el ingl&#233;s es el &#250;nico idioma leg&#237;timo. No es probable que esa decisi&#243;n fomente una organizaci&#243;n pol&#237;tica ut&#243;pica e inclusiva, que hable un mismo idioma socialmente vinculante. Es m&#225;s posible, en cambio, que produzca el efecto contrario: impondr&#225; sanciones legales a los pr&#225;cticamente indefensos &#8220;forasteros&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	La fantas&#237;a del crisol que amalgama las diferencias que m&#225;s bien se podr&#237;an celebrar recibe una sanci&#243;n de doble filo en la legislaci&#243;n estadounidense&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase, por ejemplo: Hern&#225;ndez vs. New York [111 Supreme Court 1859 (1991)], (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. En lugar de seguir aqu&#237; los giros de esa historia, quiero fijarme en una particular escena de contradicci&#243;n (y de traducciones fallidas), una escena que ha sido representada una y otra vez desde que Gregorio Cortez mat&#243; a tiros al sheriff del condado de Karnes, Tejas, el 12 de junio de 1901, y luego estuvo eludiendo durante diez d&#237;as a un peque&#241;o ej&#233;rcito de rangers o alguaciles montados&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Am&#233;rico Paredes explica que el tiroteo tuvo lugar en el condado de Karnes, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Las versiones del hombre&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las primeras versiones en ingl&#233;s fueron los art&#237;culos period&#237;sticos sobre el homicidio y los implicados. El &lt;i&gt;San Antonio Express&lt;/i&gt; del 23 de junio 1901 informaba que hasta ese d&#237;a y durante los once a&#241;os que &#233;l y su hermano hab&#237;an vivido en el condado, Cortez hab&#237;a respetado las leyes. Dos d&#237;as despu&#233;s, junto a protestas indignadas porque no se linch&#243; al hombre tan pronto fue tra&#237;do a San Antonio, el mismo diario publicaba en primera plana un escrito sobre la apostura y el aplomo del mexicano:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Es alto, esbelto y &#225;gil, con la figura musculosa y delgada de quien ha pasado por una dura prueba f&#237;sica&#8230; Tiene manos y pies peque&#241;os y bien formados. Su cabeza es grande y de buena forma. Est&#225; poblada de un cabello que ser&#237;a la envidia de cualquier &#8220;exquisito&#8221; de sociedad: negro como la noche, le cae en tupidos rizos por toda la cabeza. La cara es larga y aquilina, y todas las facciones son sim&#233;tricas&#8230; Los ojos son casta&#241;os y brillantes, pero no son feroces ni sobresalen excesivamente cuando est&#225;n en reposo&#8230; sus dientes son blancos y parejos&#8230; Ten&#237;a un aire tranquilo y no mostraba bochorno&#8230; era evidente que Cortez entend&#237;a el ingl&#233;s y m&#225;s tarde mostr&#243; que pod&#237;a hablarlo&#8230; procedi&#243; serenamente a dar una detallada declaraci&#243;n a los alguaciles&#8230; Hablaba sin afectaci&#243;n y se esforzaba por poner las cosas en claro, con frecuencia repitiendo una y otra vez las declaraciones para hacerse entender. Cuando sus afirmaciones parec&#237;an divergir de los hechos como los conoc&#237;an los alguaciles, discut&#237;a el punto y casi siempre consegu&#237;a aclarar la duda&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ib&#237;d., p. 57. La cita es del San Antonio Express, junio 25, 1901, p. 1.&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La ambivalencia del p&#250;blico anglo es patente, pero pasa inadvertida o sin comentarios en el &lt;i&gt;Express&lt;/i&gt;, tal como la tendencia a la ceguera y sordera legales queda ignorada en el &lt;i&gt;Times &lt;/i&gt; reciente. Los gritos por la sangre del mexicano compet&#237;an con los llamamientos a la hermandad: algunos anglos pintaban a Cortez como un diablo moreno y otros lo interpretaban como una victima rom&#225;ntica. La posterior historia de juicios, apelaciones y nuevos juicios, que dur&#243; doce a&#241;os hasta que el gobernador Colquitt perdon&#243; finalmente a Cortez el 14 de julio de 1913, corroborar&#237;a la lectura rom&#225;ntica. Desde una fecha muy temprana, la del art&#237;culo del &lt;i&gt;Express &lt;/i&gt; del 10 de octubre de 1901, donde se hace mucho &#233;nfasis en las fatales traducciones erradas que remataron en los disparos, lo cual condujo a la revocaci&#243;n del veredicto de culpabilidad por el Tribunal de Apelaciones Criminales de Tejas el 15 de enero de 1902), los angloparlantes tuvieron ocasi&#243;n de analizar los detalles decisivos que pasaremos a relatar. Pero la reacci&#243;n de la prensa frente a la puesta en libertad de Cortez conserv&#243; la ambivalencia inicial acerca del caso: un diario local public&#243; un sobrio repaso de la historia, mientras que otro editorializaba sobre el &#8220;Peligroso Asesino Perdonado&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Paredes, &#8220;With His Pistol in His Hand&#8221;, pp. 100-102. Los peri&#243;dicos son, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. En ingl&#233;s, la historia oscilaba entre la explicaci&#243;n de lo criminal y la victimizaci&#243;n inexplicable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Pero en espa&#241;ol mantuvo en un tono de hero&#237;smo &#233;pico. La noticia apareci&#243; primero en &lt;i&gt;El Regidor&lt;/i&gt; y luego en &lt;i&gt;El Imparcial&lt;/i&gt;, ambos de San Antonio, junto con pedidos de justicia, fondos y abogados confiables. Desde la lejana Ciudad de M&#233;xico, &lt;i&gt;El Popular&lt;/i&gt; reiteraba las peticiones de justicia y financiaci&#243;n&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Paredes, &#8220;With His Pistol in His Hand3&#8221;, p. 88.&#034; id=&#034;nh8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Y la noticia les cog&#237;a la delantera a los peri&#243;dicos gracias a los corridos sobre Cortez. A comienzo del siglo, en Tejas, las noticias pod&#237;an propagarse con los corridos, baladas en espa&#241;ol de sabor popular, generalmente an&#243;nimas, que cantaban las nuevas, exaltaban a los h&#233;roes y lloraban los amores perdidos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Sobre las mujeres en este g&#233;nero, v&#233;ase: Mar&#237;a Herrera-Sobek, The Mexican (&#8230;)&#034; id=&#034;nh9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Apodado &#8220;el peri&#243;dico del pueblo&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb10&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Espuma y flor de corridos mexicanos, Andr&#233;s Henestrosa, comp., Porr&#250;a, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh10&#034;&gt;10&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, el corrido comienza con frecuencia por fechar y a menudo ubicar con precisi&#243;n el acontecimiento&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb11&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Canciones, Cantares y Corridos Mexicanos, Higinio V&#225;zquez Santa Ana, comp., (&#8230;)&#034; id=&#034;nh11&#034;&gt;11&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. El canto de los corridos, costumbre todav&#237;a popular en M&#233;xico y sus fronteras, se asemeja en muchos sentidos al &#8220;trovar&#8221; medieval. Sus cantautores se llaman literalmente trovadores ambulantes&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb12&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Canciones, V&#225;zquez Santa Ana, comp., p. 240.&#034; id=&#034;nh12&#034;&gt;12&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Y pocas baladas han viajado tanto, por tanto tiempo y en tantas versiones como el &lt;i&gt;Corrido de Gregorio Cortez&lt;/i&gt;. Este cl&#225;sico del romancero fronterizo se vale de la noticia para repetir actitudes de resistencia que eran ya legendarias, como si los hechos confirmaran las fabulosas valent&#237;a y resistencia mexicanas, en lugar de remitirse a un solo episodio hist&#243;rico&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb13&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase: Robert Rosenbaum, Mexicano Resistance in the South West, University (&#8230;)&#034; id=&#034;nh13&#034;&gt;13&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. La versi&#243;n existente m&#225;s antigua circul&#243; en hoja suelta en la Ciudad de M&#233;xico y entr&#243; a formar parte muy socorrida del repertorio juglaresco. Empieza, t&#237;picamente, por fechar y ubicar un suceso verificable:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Como decimos, as&#237; es,&lt;br class='manualbr' /&gt;en mil novecientos uno,&lt;br class='manualbr' /&gt;el d&#237;a veintid&#243;s de junio,&lt;br class='manualbr' /&gt;fue capturado Cort&#233;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En junio d&#237;a veintid&#243;s&lt;br class='manualbr' /&gt;por tel&#233;grafo supieron&lt;br class='manualbr' /&gt;que a Cort&#233;s lo aprehendieron&lt;br class='manualbr' /&gt;entre el Sauz y Palafox&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb14&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Canciones, V&#225;zquez Santa Ana, comp., p. 173. Citado tambi&#233;n en Paredes, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh14&#034;&gt;14&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;	Le siguieron numerosas versiones, as&#237; como debates sobre la exactitud de los datos. Toda esa agitaci&#243;n es prueba de la perdurabilidad del corrido de Gregorio Cortez. Una grabaci&#243;n de 1929 acaba en tragedia, cuando un Cortez modelado en Jes&#250;s se deja traicionar. Otra lo pone en libertad tras ocho a&#241;os de c&#225;rcel&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb15&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El libro de Paredes trae diversas variaciones. Y hasta el libro de James (&#8230;)&#034; id=&#034;nh15&#034;&gt;15&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. &#201;sta y otras m&#225;s fueron recopiladas por Am&#233;rico Paredes, un hombre cuyos oficios entrelazados de cantante, poeta, periodista y folclorista revelan las conexiones gen&#233;ricas entre suministrar noticias, registrar y grabar corridos. En un libro de 1958, que prefiguraba y ayud&#243; a instituir los que hoy llamamos &#8220;estudios chicanos&#8221;, Paredes formul&#243; su propia rebeld&#237;a a la intolerancia de los anglos al recontar la historia de aquel legendario rebelde ante un p&#250;blico acad&#233;mico con limitaciones ling&#252;&#237;sticas, cuyos influyentes int&#233;rpretes de las tensiones fronterizas, tales como J. Frank Dobie y Walter Prescott Webb, ven&#237;an sosteniendo la superioridad de los anglo-tejanos sobre los supuestamente degenerados mexicanos. Paredes los bati&#243; en su propio terreno (por no decir que en limpio duelo). El libro &#8220;&lt;i&gt;With His Pistol in His Hand&#8221;: A Border Ballad and Its Hero [Con su pistola en la mano: Un corrido fronterizo y su h&#233;roe]&lt;/i&gt; se planta, con un verso del corrido, a apuntar contra los modernos alguaciles tejanos que patrullan los corredores acad&#233;micos. Cuando sali&#243; a la luz, tras algunos temores de la Imprenta de la Universidad de Tejas ante posibles represalias, un ex &lt;i&gt;ranger &lt;/i&gt; del estado hasta amenaz&#243; con &#8220;darle un tiro al hijo de perra que escribi&#243; ese libro&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb16&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Jos&#233; Lim&#243;n trae el dato en su &#8220;The Return of the Mexican Ballad: Am&#233;rico (&#8230;)&#034; id=&#034;nh16&#034;&gt;16&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_152 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_left spip_document_left'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L158xH285/mv5bmtc0ndy5mje2of5bml5banbnxkftztcwndm4nziymq_-_v1-_sx263_sy475_-8c8ea.jpg?1775194904' width='158' height='285' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt; &lt;p&gt;Ser&#225; uno de los pocos libros acad&#233;micos que hayan servido de gui&#243;n para una pel&#237;cula: &lt;i&gt;The Ballad of Gregorio Cortez&lt;/i&gt; (1983), con Edward Olmos (famoso por sus papeles en &lt;i&gt;Zoot Suit&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;Miami Vice&lt;/i&gt;), dirigida por Robert Young y producida por Moctezuma Esparza, con el patrocinio del Instituto Sundance de Robert Redford, PBS (la televisi&#243;n p&#250;blica estadounidense) y la Fundaci&#243;n Nacional para las Artes. Aunque se produjo originalmente para la televisi&#243;n, Olmos se ocup&#243; personalmente de hacerla llegar a los cines&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb17&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Frank Javier Garc&#237;a Berumen, The Chicano/Hispanic Image in American Film, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh17&#034;&gt;17&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Resulta significativo que la pel&#237;cula lleve el t&#237;tulo del corrido, no el de los sucesos descarnados, con lo que se coloca en la categor&#237;a de las respetables y duraderas revisiones populares de la historia. Esta versi&#243;n comienza con la humareda de una locomotora que traslada a Cortez de una c&#225;rcel a otra, seg&#250;n nos enteramos m&#225;s adelante, mientras la pista sonora mezcla los pitidos del tren con la propia voz de Paredes, que canta dos estrofas del corrido en su &#8220;Variante X&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb18&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Paredes, &#8220;With His Pistol in His Hand&#8221;, p. 154. &#8220;En el condado de Carnes/ (&#8230;)&#034; id=&#034;nh18&#034;&gt;18&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. La pel&#237;cula, un medio popular para esta puesta al d&#237;a del corrido, busca atraer &#8211;hay quien dir&#237;a que ante todo- al p&#250;blico anglosaj&#243;n, adem&#225;s del hispano. Para unos y otros, dramatiza algo m&#225;s que la injusticia y la resistencia: tambi&#233;n pone en escena los disparates y la violencia de una mala traducci&#243;n. Concentr&#225;ndonos en el filme como ficci&#243;n ejemplar, ser&#225; instructivo considerar las diferencias entre la ficci&#243;n, los recuentos de los peri&#243;dicos, y las canciones populares de la &#233;poca. La pel&#237;cula, como veremos, configura los hechos seg&#250;n el inconfundible tema de la sociedad escindida. Despu&#233;s de verla y o&#237;rla, cuesta pasar por alto el patr&#243;n de reiteradas negativas a traducir la justicia a t&#233;rminos pr&#225;cticos, as&#237; como la conexi&#243;n entre la columna de la derecha y la del centro de la primera p&#225;gina del &lt;i&gt;Times&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	La pel&#237;cula saca buen provecho de los problemas de traducci&#243;n. M&#225;s que otras versiones, es una meditaci&#243;n sobre la presunta arrogancia de los paladines de la ley en lengua inglesa. Los relatos cuentan todos la misma trama; las variantes en verso llevaban a&#241;os repitiendo la historia, y Paredes recuenta todo con detalle, incluyendo las traducciones erradas y las balas, por desgracia m&#225;s certeras. Pero &#250;nicamente la pel&#237;cula suscita una reacci&#243;n particular en el p&#250;blico, un efecto generador de culpa por la conciencia de una confabulaci&#243;n o al menos de ignorancia declarada. Pese al humor &#225;cido que Renato Rosaldo atribuye al texto de Paredes&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb19&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Renato Rosaldo, &#8220;Politics, Patriarchs, and Laughter&#8221;, en The Nature and (&#8230;)&#034; id=&#034;nh19&#034;&gt;19&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, la versi&#243;n escrita no le gasta bromas al lector. Por el contrario, empalma una con otra las iron&#237;as ling&#252;&#237;sticas en el transcurso de la historia. Paredes no se guarda las traducciones correctas. Comparte abiertamente la informaci&#243;n y acoge a los lectores en ingl&#233;s en pie de intimidad con los mal comprendidos mexicanos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; Pero la pel&#237;cula s&#237; oculta la traducci&#243;n confiable, al pasar sin subt&#237;tulos la escena biling&#252;e del enfrentamiento y la muerte del sheriff; y salva as&#237; la intimidad, con una reserva digna de los comentarios de Gayatri Chakravorty Spivak acerca de la pel&#237;cula casi contempor&#225;nea de Mrinal Sen sobre el Norte de la India, &lt;i&gt;G&#233;nesis&lt;/i&gt; (1986). Como &lt;i&gt;El corrido&lt;/i&gt;, el filme de Sen se abstiene, por estrategia, de traducir. Construye un objeto est&#233;tico que de s&#250;bito resulta inaccesible a los extra&#241;os, quienes ven&#237;an leyendo los subt&#237;tulos en ingl&#233;s hasta el momento dram&#225;tico en que una mujer se pone a cantar y no aparece la traducci&#243;n&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb20&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Gayatri Chakravorty Spivak, &#8220;Poststructuralism, Marginality, Postcoloniality (&#8230;)&#034; id=&#034;nh20&#034;&gt;20&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. No digo que la pel&#237;cula de Sen excluya a los espectadores que s&#243;lo hablan ingl&#233;s, como tampoco lo hace &lt;i&gt;El corrido de Gregorio Cortez&lt;/i&gt;, sino que se escinde el p&#250;blico al que est&#225; destinada. Las pel&#237;culas nos incluyen a todos, pero las gentes fronterizas que s&#243;lo pisan el lado de habla inglesa ver&#225;n la cinta de muy distinta forma que los biling&#252;es montados a caballo entre un territorio y otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La audiencia como blanco&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para decirlo de manera osada, &lt;i&gt;El corrido&lt;/i&gt; pone una trampa a los espectadores anglosajones y esquiva sus intentos de captar el sentido hasta el final en el juzgado, cuando se aclaran los motivos de la violencia inicial y de las persecuciones que se prolongan por casi la duraci&#243;n de la pel&#237;cula. A los monoling&#252;es se les escapa la raz&#243;n por todo el tiempo que Cortez logra huir de sus perseguidores. La pel&#237;cula representa la magistral baqu&#237;a del mexicano, a costa de una audiencia anglo que no lo capta y de los seiscientos &lt;i&gt;rangers &lt;/i&gt; tejanos que no pudieron aprehenderlo. En otras palabras, la pel&#237;cula nos acorrala y obliga a preguntar qui&#233;n mira y desde qu&#233; posici&#243;n en la l&#237;nea divisoria de lenguajes. Y entre todas las discrepancias de interpretaci&#243;n que puedan surgir de un lado y otro, esta pel&#237;cula, como otros textos que se resisten a ser aprehendidos, resalta una discrepancia insalvable entre las partes.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_151 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_left spip_document_left'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L474xH338/cortez1-18744.jpg?1775194904' width='474' height='338' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt; &lt;p&gt;Escuchemos la escena que da inicio al conflicto, cuando Boone Choate presume franquear la l&#237;nea divisoria. El sheriff Morris lo hab&#237;a llevado al rancho de Cortez, seg&#250;n le explica Choate despu&#233;s a un reportero del &lt;i&gt;Express&lt;/i&gt;, porque &#8220;I talk Mexican Been around them all my life (Yo hablo mexicano. He estado cerca de ellos toda la vida)&#8221;. Luego el filme hace un &lt;i&gt;flashback&lt;/i&gt;, retrocediendo a una toma del traductor Choate y el sheriff llegando en un coche descubierto, al estar Gregorio sentado, rodillas abrazadas, en la veranda de la casa, mientras su hermano Romaldo espera de pie, en primer plano. El coche entra al cercado, Gregorio se endereza, se mete las manos en los bolsillos, se recuesta en el poste y presta o&#237;do:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;CHOATE: Buenas tardes.&lt;br class='manualbr' /&gt;ROMALDO: Buenas tardes.&lt;br class='manualbr' /&gt;MORRIS: Ask him his name. &lt;i&gt;[Preg&#250;ntale su nombre]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: &#191;Como ste&#8230; como seyames?&lt;br class='manualbr' /&gt;ROMALDO: Romaldo.&lt;br class='manualbr' /&gt;MORRIS: Ask old Romaldo if he knows Gregorio Cortez. &lt;i&gt;[Preg&#250;ntale al viejo Romaldo si conoce a Gregorio Cortez]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: El cherife quiere hablar con Gregorio Cortez.&lt;br class='manualbr' /&gt;ROMALDO: [mirando atr&#225;s] Te quieren.&lt;br class='manualbr' /&gt;GREGORIO: Gregorio Cortez, a sus &#243;rdenes. &#191;En qu&#233; les puedo ayudar?&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: [a Morris] He didn't tell him you wanted to talk to him. He told him you wanted him. &lt;i&gt;[No le dijo que usted quer&#237;a hablar con &#233;l. Le dijo que usted lo quer&#237;a a &#233;l]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;MORRIS: Ask him if he's traded in a horse lately. &lt;i&gt;[Preg&#250;ntale si &#250;ltimamente ha cambiado un caballo]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: El cherife quiere saber si has cambiado un caballo ahora.&lt;br class='manualbr' /&gt;GREGORIO: No. Un caballo, no.&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: He says he hasn't traded a horse. &lt;i&gt;[Dice que &#233;l no ha cambiado un caballo]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;MORRIS: I understand &#8220;No&#8221;, Boone. Uh, tell him another fellow said he did. &lt;i&gt;[Entiendo el &#8220;no&#8221;, Boone. Eh, dile que otro tipo dijo que s&#237;]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: El cherife&#8230; dici&#8230; que&#8230; ya hablamos con&#8230; con el otro, que no hay que mentir.&lt;br class='manualbr' /&gt;[Gregorio baja de la veranda hacia Romaldo, que se da vuelta a mirarlo]&lt;br class='manualbr' /&gt;ROMALDO: Vinieron por el cambio&#8230; esos rinches.&lt;br class='manualbr' /&gt;GREGORIO: [a Romaldo] S&#237;. [a Morris] No estamos mintiendo. No cambiamos un caballo, era una yegua [Romaldo echa a re&#237;r], pero hace dos d&#237;as.&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: They ain't gonna tell you nothing. &lt;i&gt;[No le van a decir nada]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;MORRIS: Well, you habla him that he's under arrest. [baja del coche] &lt;i&gt;[Bueno, dile que est&#225; arrestado]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: [sonriendo con sorna a Gregorio] El cherife dici que te va arestar.&lt;br class='manualbr' /&gt;GREGORIO: &#191;Por qu&#233;? No hemos hecho nada. No nos puede arrestar por nada.&lt;br class='manualbr' /&gt;CHOATE: Nooo? [Morris lo mira para que le explique] He says no man can arrest him. &lt;i&gt;[Dice que nadie puede arrestarlo]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;MORRIS: Boy [amartilla el rev&#243;lver, apunt&#225;ndole a Gregorio], get back in that surrey. &lt;i&gt;[Muchacho, sube otra vez a ese coche]&lt;/i&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt;[Morris le dispara a Romaldo, que ha salido corriendo; Gregorio le pega un tiro a Morris, se le acerca mientras se retuerce en el suelo y le vuelve a disparar, clav&#225;ndole una larga mirada de desaf&#237;o y desprecio].&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_150 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L470xH331/cortez2-1326a.jpg?1775194904' width='470' height='331' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;br class='manualbr' /&gt; La audiencia anglo sin duda queda perturbada con la violencia de un sheriff estadounidense que le dispara a un mexicano por ayudar a su hermano a no dejarse arrestar, qui&#233;n sabe si por una falsa acusaci&#243;n. Y esa inc&#243;moda sensaci&#243;n quiz&#225;s se ve agudizada por el furor que Morris desencadena en Cortez. Pero el p&#250;blico biling&#252;e tiene un conocimiento adicional que le permite re&#237;rse con Romaldo y fruncirse con la incompetencia de Choate, adem&#225;s de sentir m&#225;s vivamente la violencia, como una tragedia de la arrogancia de la traducci&#243;n. Los biling&#252;es notar&#225;n en el acto que Choate, con su jactancioso &#8220;I talk Mexican&#8221;, apenas si puede hablar en absoluto. Desde el mal pronunciado saludo hasta la &#250;ltima y fatal traducci&#243;n incorrecta, resulta tan risible como exasperante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Una broma macabra corre a cuenta del sheriff, desde luego, blanco de unos balazos por pensar que &#8220;no&#8221; resume en efecto una frase harto m&#225;s larga. Se figura que el destinatario de su interrogatorio s&#243;lo sabe contestar s&#237; o no, que Cortez es demasiado simplote para hacer juegos de palabras y demostrar su dominio idiom&#225;tico. Para las pr&#225;cticas leg&#237;timas de hoy en d&#237;a, el estilo de interrogatorio indirecto del sheriff ser&#237;a ilegal y beligerante de por s&#237;. Tras una larga historia de malentendidos entre los guardianes de la ley y los ciudadanos, el actual juzgado biling&#252;e requiere jueces, fiscales y abogados que puedan dirigirse directamente a los acusados y testigos. En Tejas, para ser espec&#237;ficos,&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;La interpretaci&#243;n se llevar&#225; en la primera y segunda personas, como si el int&#233;rprete no existiera. Se deber&#237;a enterar de esto al cliente que no habla ingl&#233;s, para evitar confusiones. Por ejemplo, la pregunta debe ser: &#8216;&#191;C&#243;mo se llama usted?' Y NO &#8216;Preg&#250;ntele c&#243;mo se llama'. Asimismo, el int&#233;rprete debe responder por el cliente &#8216;Me llamo fulano de tal' Y NO &#8216;&#201;l dice que se llama fulano de tal'&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb21&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Berk-Seligson, The Bilingual Courtroom: Court Interpreters in the Judicial (&#8230;)&#034; id=&#034;nh21&#034;&gt;21&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;California aprob&#243; una ley parecida en 1981: &#8220;Todas las preguntas de los abogados cuando interrogan a un testigo que no habla ingl&#233;s deben ir dirigidas al testigo y no al int&#233;rprete. Por ejemplo, no se debe decir &#8216;Preg&#250;ntele si&#8230;'&#8221;. No obstante, Susan Berk-Seligson observa que muchos abogados y jueces reinciden en dirigirse al int&#233;rprete, tal como Morris se dirig&#237;a a Choate. Y los int&#233;rpretes, haciendo honor a su t&#237;tulo, con frecuencia recomponen los intercambios m&#225;s bien que limitarse a traducirlos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb22&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Berk-Seligson, The Bilingual Courtroom: Court Interpreters in the Judicial (&#8230;)&#034; id=&#034;nh22&#034;&gt;22&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	El humor fatal de la pel&#237;cula ataca de lleno a Choate, el sujeto que presume saber y traducir; y por extensi&#243;n ataca a quienes seguimos las pistas falsas de sus traducciones. En respuesta a la digna urbanidad de Gregorio &lt;i&gt;(A sus &#243;rdenes, &#191;en qu&#233; les puedo ayudar?)&lt;/i&gt;, Choate revira con la insinuaci&#243;n de que Romaldo est&#225; distorsionando las preguntas. Luego, agranda el comentario del sheriff sobre otra versi&#243;n de los hechos hasta una acusaci&#243;n de embuste. Y la chacota informativa de Cortez sobre la yegua que no cuadra con el apelativo masculino de Choate, m&#225;s el dato adicional sobre el tiempo exacto del trueque admitido, se traduce en un informe de contumacia. Por &#250;ltimo, confunde &#8220;nada&#8221; con &#8220;nadie&#8221;, para retorcer la l&#243;gica legal de Gregorio sobre el motivo del arresto y volverla flagrante resistencia a la ley.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	No ser&#237;a pr&#225;ctico objetar al inevitable da&#241;o ling&#252;&#237;stico que se produce con el paso de la traducci&#243;n de un idioma a otro, de un lado a otro, literalmente. No deber&#237;a extra&#241;ar o&#237;r citas fuera de lugar o mal empleadas, en vista de lo que los deconstruccionistas han estado dici&#233;ndonos sobre la iterabilidad del lenguaje, su vida descontextualizada y el problema concomitante de los significantes resbaladizos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb23&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase, por ejemplo: Jacques Derrida, &#8220;Signature, Event, Context&#8221;, en A (&#8230;)&#034; id=&#034;nh23&#034;&gt;23&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Sencillamente quiero destacar los puntos en los cuales los lados se inscriben o circunscriben, descubrir cu&#225;ndo la traducci&#243;n paga peajes o tiene que hacer alto. En vez de llevarnos al otro lado, las traducciones de Choate desquician la comunicaci&#243;n. Una reconstrucci&#243;n paciente de los desv&#237;os ling&#252;&#237;sticos que se extraviaron acaba rescatando, s&#237;, la comprensi&#243;n, tal como los posteriores juicios en el caso de Rodney King acabaron condenando a dos de los cuatro polic&#237;as. El tribunal de Tejas autoriz&#243; a la postre, s&#237;, la traducci&#243;n perita de Carolot Mu&#241;oz, que hab&#237;a participado en la campa&#241;a por la libertad de Cortez&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb24&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Frank Javier Garc&#237;a Berumen, The Chicano/Hispanic Image in American Film, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh24&#034;&gt;24&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Pero a esas alturas el hombre hab&#237;a pasado doce a&#241;os en la c&#225;rcel. Ten&#237;a quebrantada la salud y muri&#243; al poco tiempo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	En t&#233;rminos legales, sin embargo, el desenlace parecer&#237;a poner en claro un tema de la leyenda y la pel&#237;cula (y de los juicios de King): la pelea vali&#243; la pena. Los legisladores estadounidenses han tenido que reconocer la virtual universalidad de su propia jurisprudencia, y tendr&#225;n que llevar la carga de la vacilante y tentativa traducci&#243;n. Desde esta prometedora perspectiva, el deseo de la pel&#237;cula es generar espectadores e interlocutores competentes en el seno de una audiencia angloparlante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Mexicanos perdidos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Numerosos cr&#237;ticos chicanos ponen reparo a ese &#8220;final feliz&#8221;. Protestan porque la pel&#237;cula descuida el punto de vista mexicano del corrido original. Nunca menciona los peri&#243;dicos mexicanos que exoneraron al h&#233;roe, ni a la comunidad mexicana que recolect&#243; fondos para su defensa legal. Hace hincapi&#233;, en cambio, en el periodismo y las leyes en lengua inglesa. Cortez deja de ser el sujeto de su propia historia y pasa a ser un objeto en la pantalla, pr&#225;cticamente mudo, reducido a una simplicidad casi animal, apegado a la tierra y m&#225;s apegado a&#250;n a su caballo. &#201;l es el tema de un art&#237;culo en el &lt;i&gt;San Antonio Express&lt;/i&gt; escrito por Bill Blakely, un reportero tan suspicaz y tan esc&#233;ptico de las intenciones y las t&#225;cticas de los alguaciles tejanos, que termina por resolver el misterio de la yegua tomada por caballo. &#191;Pero qu&#233; ha pasado con Cortez? Eso es lo que se pregunta Rosa Linda Fregoso, am&#233;n de otros acad&#233;micos chicanos, cuando reprueba que la &#8220;subordinaci&#243;n&#8221; del h&#233;roe sea el rasgo m&#225;s notorio de la pel&#237;cula&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb25&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Rosa Linda Fregoso, The Bronze Screen: Chicana and Chicano Film Culture, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh25&#034;&gt;25&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Silenciarlo, &#8220;negarle una voz de sujeto en el relato al agente central del acontecimiento hist&#243;rico&#8221;, dice ella, &#8220;equivale a suprimir el punto de vista chicano&#8221;; algo imperdonable en una pel&#237;cula que a primera vista denuncia la opresi&#243;n de los mexicanos. El error capital, ha dicho Carl Guti&#233;rrez-Jones, es que la pel&#237;cula encuadra a Cortez en un marco jur&#237;dico anglo-tejano: la ley anglosajona fija su mirada (colonialista) en Cortez, un posible esp&#233;cimen primitivo y ex&#243;tico para los espectadores anglos que comparten dicho discurso legal&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb26&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ib&#237;d., pp. 70-71.&#034; id=&#034;nh26&#034;&gt;26&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. &#191;Y qu&#233; piensan los espectadores chicanos? El historiador Tatcho Mindiola protesta porque el punto de vista anglosaj&#243;n los deja por fuera, junto al h&#233;roe y sus partidarios mexicanos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb27&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ib&#237;d., p. 77, cita al historiador Tatcho Mindiola.&#034; id=&#034;nh27&#034;&gt;27&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Guillermo Hern&#225;ndez censura las omisiones de la pel&#237;cula: del periodismo mexicano, del apoyo comunitario, del hecho de que Cortez hablara ingl&#233;s: &#8220;Cualesquiera hayan sido los motivos e intenciones de los realizadores, el resultado de esta decisi&#243;n dram&#225;tica es la representaci&#243;n de Gregorio como una v&#237;ctima impasible e incapaz de expresarse, cuya tragedia no se habr&#237;a producido si hubiera disfrutado de los beneficios de una educaci&#243;n biling&#252;e&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb28&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ib&#237;d., p. 78.&#034; id=&#034;nh28&#034;&gt;28&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	En el paso del corrido a la pel&#237;cula los mexicanos quedan fuera del encuadre, sostienen esos cr&#237;ticos chicanos, quienes reclaman m&#225;s visibilidad y representaciones m&#225;s positivas de los mexicanos en la pantalla. Y est&#225;n en lo cierto, a pesar de las limitaciones pol&#237;ticas del esencialismo. La visibilidad es una importante marca y medio de legitimaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula muy posiblemente apela a los anglosajones, aunque sea de manera autocr&#237;tica. En efecto, la prensa en ingl&#233;s la recibi&#243; con entusiasmo&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb29&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Frank Javier Garc&#237;a Berumen, The Chicano/Hispanic Image in American Film, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh29&#034;&gt;29&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. La pregunta es, qu&#233; hace esa obra entre los anglos. Para empezar, representa la diferencia cultural entre anglos y chicanos, trazando una raya en cuanto a comprensi&#243;n, y termina favoreciendo al otro, al hispano. Los espectadores irremediablemente se identifican por la escisi&#243;n cultural: o son &lt;i&gt;entendidos &lt;/i&gt; biling&#252;es, o los &#8220;destinatarios&#8221; o blancos monoling&#252;es de bromas que no captan. Cortez, recordemos, no acallaba su biling&#252;ismo porque s&#237;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Su negativa a hablar ingl&#233;s va dirigida a un deseo que rebasa el final &#8220;feliz&#8221; legal de la pel&#237;cula. Ese deseo deja entrever un punto de vista &#8220;mexicano&#8221; que los cr&#237;ticos chicanos acaso han pasado por alto: en vez de franquearles las puertas, el h&#233;roe de habla espa&#241;ola detiene la comprensi&#243;n e interferencia anglosajonas. Hasta las frases &#8220;mal formadas&#8221; o mal entendidas tienen un significado. Es este un argumento wittgensteiniano que permite a Lyotard dar raz&#243;n a la traducci&#243;n exacta del decir refractario. El significado es precisamente esa negativa a trasladarse del r&#233;gimen de una lengua al de otra, esa insistencia en ser intraducible que pone una distancia entre el hablante y el receptor&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb30&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Jean-Fran&#231;ois Lyotard, The Differend: Phrases in Dispute, trad. al ingl&#233;s de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh30&#034;&gt;30&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. M&#225;s fiel al esp&#237;ritu heroico de los corridos que al relato extensivo y remisorio de los procesos legales, esta perspectiva m&#225;s espinosa prefiere mantener viva la resistencia. En vez de abogar por las traducciones correctas de una lengua local a universales imperiosos, el deseo alternativo de la pel&#237;cula consiste en rechazar la colaboraci&#243;n, en darle una nueva mano de color local a las se&#241;ales de pare sobre la v&#237;a de la traducci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	&#191;Por qu&#233;, si no, asume Cortez la inconfundible pose de orgullo y cerraz&#243;n que Edward Olmos repite en la pel&#237;cula? Manos en los bolsillos, recostado con tranquilidad teatral en el poste de la veranda, el Cortez de Olmos es un estudiado modelo de dignidad y cortes&#237;a, como si esas cualidades hicieran juego con la etimolog&#237;a cortesana de su apellido. &#191;Por qu&#233; accede al artificio de la traducci&#243;n sabiendo ingl&#233;s, si no es por mantener la distinci&#243;n entre un bando y otro? &#191;Y por qu&#233; habla con esa inconfundible cadencia mexicana, resaltada por el contraste con el tono panamericano de Romaldo, si no es para revindicar su condici&#243;n de mexicano a carta cabal en su propia tierra? La cortes&#237;a y el orgullo son sus floreos de superioridad, gestos formales de bienvenida a extra&#241;os en su tierra. Paredes inscribir&#237;a gestos similares en su relato corto &lt;i&gt;El peque&#241;o Joe&lt;/i&gt;, reci&#233;n terminada la Segunda Guerra Mundial, pero que apenas se public&#243; hace poco, escrito probablemente en reacci&#243;n a las caricaturas de soldados mexico-americanos que aparec&#237;an en novelas como &lt;i&gt;Los desnudos y los muertos&lt;/i&gt; de Norman Mailer. El h&#233;roe de Paredes es un hombre callado, de aspecto amenazante para sus m&#225;s corpulentos compa&#241;eros de pelot&#243;n (&#8220;Ese hombrecito no parece mucha cosa, pero no vayas a cabrearlo, yo odiar&#237;a hacer eso&#8221;). Pero la serenidad de Joe es una marca de su cortes&#237;a, como observa Ram&#243;n Sald&#237;var&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb31&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ram&#243;n Sald&#237;var, &#8220;Border Subjects and Transnational Sites: Am&#233;rico Paredes's (&#8230;)&#034; id=&#034;nh31&#034;&gt;31&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Y la cortes&#237;a, tal como yo la leo ac&#225;, puede ser una tasaci&#243;n pasiva-agresiva de su superioridad cultural, aunque los gringos no la puedan leer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;S&#237;ncopa&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hasta la traducci&#243;n correcta del suceso, que acent&#250;a la cooperaci&#243;n de Cortez, delata desde esta perspectiva, a fin de cuentas, una especie de intransigencia. La distancia sobrevive a la traducci&#243;n. Sabemos que la presunci&#243;n y la ignorancia son enjuiciadas finalmente en los tribunales, como tambi&#233;n que el h&#233;roe bandido de los corridos es condenado, vuelto a juzgar, acusado otra vez, trasladado de una c&#225;rcel a otra y a la postre perdonado. Pero despu&#233;s de casi un siglo, su p&#250;blico sigue dividido. Una parte contin&#250;a cantando y oyendo su corrido y capta instant&#225;neamente &lt;i&gt;desde dentro&lt;/i&gt; los chistes de la pel&#237;cula. La otra parte est&#225; tan ajena al humor creado por el encontronazo de c&#243;digos como lo estuvo el sistema legal que termin&#243; admitiendo gradualmente sus propias limitaciones. Cuesta obviar esa diferencia, m&#225;s a&#250;n ahora que la Corte Suprema ha dictaminado que sus limitaciones no son significantes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Hay que entender que el ingl&#233;s es distinto del espa&#241;ol. Puede ignorar la diferencia entre caballos y yeguas y parecerle absurdamente limitado a una v&#237;ctima mexicana del expansionismo anglo. Cortez se resiste al idioma y la ilegalidad de quienes se apropiaron de la mitad del territorio mexicano en la guerra de la d&#233;cada de 1840. La Rep&#250;blica de Tejas, lo sabemos, es un caso particular de bandidaje nacional. Se hab&#237;a separado de M&#233;xico en 1836, cuando la poblaci&#243;n estadounidense asentada all&#237; sobrepas&#243; a la mexicana por diez a uno. Los tejano-mexicanos arrimaron el hombro a los reci&#233;n llegados en la lucha por la independencia, s&#243;lo para descubrir que hab&#237;an cambiado un amo por otro. En 1845 los Estados Unidos anexaron Tejas, primera tarascada de su voracidad territorial, y dos a&#241;os despu&#233;s M&#233;xico qued&#243; reducido a la mitad de su antiguo tama&#241;o&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb32&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;David J. Wever, Myth and History of the Hispanic Southwest, University of (&#8230;)&#034; id=&#034;nh32&#034;&gt;32&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Con la ambivalencia de costumbre, muchos anglosajones no eran amigos de la guerra, pues ve&#237;an muy poca justificaci&#243;n para anexar esos territorios polvorientos, y de beneficios igualmente exiguos. A la cabeza de la empresa estaban un ej&#233;rcito expansionista y unos halcones ide&#243;logos que lo azuzaban a redimir a los mexicanos de sus costumbres atrasadas (acaso con la misma confianza en la validez universal de su ley y su idioma que inspira a nuestro actual Tribunal Supremo). Walt Whitman era uno de esos halcones, para espanto de sus amigos. Recordarlo aqu&#237; es casi inevitable, a ambos lados de la inestable frontera. Vimos en el cap&#237;tulo anterior que el bardo azuzaba al nacionalismo norteamericano a seguir &#8220;fundiendo con calor irresistible lo dem&#225;s&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Gregorio Cortez (el hombre, la leyenda y la pel&#237;cula) se resiste a ese calor. Y su ejemplar despliegue de altivez educada apunta a toda la colecci&#243;n de artificios que componen la ret&#243;rica del particularismo. Su postura orgullosa, parecer&#237;an decir los realizadores de la pel&#237;cula, predispone a una comunicaci&#243;n con sentido con unos interlocutores poderosos que acaban cayendo en cuenta de que hablan a destiempo. Textos como &lt;i&gt;El corrido de Gregorio Cortez&lt;/i&gt; se resisten a la cultura dominante al quedar intencionalmente fr&#237;os ante la calidez whitmaniana. Se trata de dar aviso de acceso restringido, y no de que realmente se retenga o no alguna informaci&#243;n. Despu&#233;s de todo, Cortez no se guarda nada. Su resistencia es, ir&#243;nicamente, conformidad con el idioma local; pero la elecci&#243;n de idiomas sit&#250;a al sheriff, los jueces y los espectadores en sus lugares ling&#252;&#237;sticos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb33&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Entre los cr&#237;ticos que tratan este tipo de temas, v&#233;ase: Tobin Siebers, The (&#8230;)&#034; id=&#034;nh33&#034;&gt;33&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Cortez construye las posiciones de entendidos y de excluidos como tr&#225;gicamente inadecuadas. Si en efecto hablaba ingl&#233;s, se neg&#243; a decir nada y no dej&#243; pasar al sheriff. Y los lectores profesionales como Paredes, que comparten su herencia social lo suficiente para afirmar que poseen una superior comprensi&#243;n y poderes explicativos, pueden precipitarse de manera contraproducente a llenar los espacios en blanco que han dejado los autores adrede.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	El libro que usted est&#225; leyendo es un ejercicio de lectura de esas pausas y residuos de traducci&#243;n, con miras a ubicar los l&#237;mites &#233;ticos y pol&#237;ticos de la comprensi&#243;n. Esta atenci&#243;n prestada al tempo de la comunicaci&#243;n se relaciona en cierto modo con el concepto de tiempo de retraso (&lt;i&gt;lag-time&lt;/i&gt;) de Homi Bhabha, el cual designa los vac&#237;os temporales que se abren entre un centro y unas periferias que no le dan alcance o no quieren hacerlo. Bhabha realiza la urgente labor de subrayar las asimetr&#237;as y complicar el moderno concepto de tiempo vac&#237;o u homog&#233;neo, que se atribuye a Walter Benjamin (aunque habr&#237;a que decir que Benjamin se refer&#237;a a la pulcritud temporal burguesa s&#243;lo para hacerla estallar con las interrupciones del &lt;i&gt;Jetztzeit&lt;/i&gt;)&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb34&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El tiempo no es homog&#233;neo, aunque los socialdem&#243;cratas cre&#237;an que lo era y (&#8230;)&#034; id=&#034;nh34&#034;&gt;34&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. A mi juicio, el concepto de tiempo de retraso se aplica a una asimetr&#237;a particular: no a las desigualdades que Bhabha condena frente a la cantinela del multiculturalismo institucional&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb35&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Homi Bhabha, &#8220;Race, Time, and the Revision of Modernity&#8221;, Oxford Literary (&#8230;)&#034; id=&#034;nh35&#034;&gt;35&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, sino a las variaciones r&#237;tmicas del habla, incluso cuando hablamos el mismo idioma. El tiempo de retraso puede designar una notaci&#243;n musical sincopada, una reacci&#243;n diferida ante el &#233;nfasis o una percepci&#243;n tard&#237;a del significado, ese comp&#225;s que se salta en la conversaci&#243;n y que tambi&#233;n marca el ritmo de un chiste. El tiempo de retraso puede ser la impronta de un idioma en otro que le sirve de medio. Al fin y al cabo, compartimos una organizaci&#243;n pol&#237;tica; las diferencias entre los hablantes existen tanto en el tiempo como a trav&#233;s del tiempo, sin frenar necesariamente la conversaci&#243;n. El bloqueo viene, en cambio, de correr a llenar los vac&#237;os mediante la comprensi&#243;n superficial o la empat&#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	El a&#241;o de 1998 era fecha propicia para sintonizar los contrapunteos de Nuestras Americas&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb36&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La referencia es a Fernando Ortiz, Contrapunteo cubano del tabaco y az&#250;car (&#8230;)&#034; id=&#034;nh36&#034;&gt;36&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Conmemoraba la guerra Hispano-estadounidense o guerra de Cuba, que impuso un nuevo ritmo en las relaciones interamericanas. La celebraci&#243;n lleg&#243; luego de la pausa para reflexionar que comenz&#243; en 1995, a&#241;o en que se conmemoraban a tres ilustres latinoamericanos que no encajaron en sus respectivos tiempos. Una fue sor Juana In&#233;s de la Cruz, monja demasiado brillante y atrevida para el M&#233;xico colonial, pero que en su tricentenario ocup&#243; un sitio central en el seno de una naci&#243;n moderna. Tambi&#233;n en 1995 se cumpli&#243; un siglo de la muerte de Jorge Isaacs, figura universal pero no homogenizada del siglo XIX. Fue una estrella agrietada, mosaica, un jud&#237;o colombiano y el &#250;nico novelista latinoamericano de su siglo que cautiv&#243; lectores mucho m&#225;s all&#225; de los confines de su propio pa&#237;s. En vida suya, no obstante, los h&#225;bitos hebraicos de Isaacs lo hicieron casi inaceptable en su patria&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb37&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Mar&#237;a (1867) es la novela cl&#225;sica de su pu&#241;o. Es tambi&#233;n la m&#225;s le&#237;da, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh37&#034;&gt;37&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Pero el centenario m&#225;s significativo de ese a&#241;o fue quiz&#225;s el que rememoraba a Jos&#233; Mart&#237;, autor de muchas obras, incluyendo la Guerra de Independencia de Cuba (que termin&#243;, de tantas maneras, con la guerra Hispano-estadounidense) y del ensayo &lt;i&gt;Nuestra Am&#233;rica&lt;/i&gt; (1891). Saber qu&#233; significa &#8220;nuestra&#8221; en su celebraci&#243;n de los aportes, notas ind&#237;genas y africanas dentro del hispanismo del Nuevo Mundo es un problema, por dos motivos. En primer lugar, el pronombre posesivo neutraliza las diferencias internas y reclama derechos de posesi&#243;n desde posiciones monoculturales que actualmente lucen improductivas. Para proyectar la victoria, el nacionalismo decimon&#243;nico de Mart&#237; necesit&#243; entornar los ojos con respecto a Cuba, comprimiendo su diversidad en una &#8220;cubanidad&#8221; delgada pero homog&#233;nea. El otro problema es que el pronombre distintivo &#8220;nuestro&#8221; sea tan mudadizo, tan id&#243;neo para las posicionalidades contrarias y los significados equ&#237;vocos. En un Nuevo Mundo donde los cruces de fronteras comerciales, culturales y pol&#237;ticos complican tantas vidas, las palabras fronterizas como aqu&#237; y all&#237;, m&#237;o y tuyo, ahora y antes, malamente pueden ser firmes postes de se&#241;ales. Son, como siempre, conmutadores. El mero hecho de traducir &#8220;Nuestra Am&#233;rica&#8221; como &#8220;Our America&#8221; es deformar el reclamo de posesi&#243;n mediante el acto traicionero de la sustituci&#243;n. Es pasar de una posici&#243;n defensiva directamente al campo enemigo&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb38&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Waldo Frank intitul&#243; su libro sobre todo el hemisferio Our America (Boni and (&#8230;)&#034; id=&#034;nh38&#034;&gt;38&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Los estrategas saben que la movilidad no es meramente un motivo de inquietud: tambi&#233;n es una oportunidad de ganar terreno. Acaso Nuestra Am&#233;rica, en la vena de la canci&#243;n solidaria de Gloria Estefan y en anticipo de una nueva Generaci&#243;n del 98, tenga futuro ac&#225; arriba, en el Norte. Traducir significa literalmente trasladar, pasar a otro lado. Y seguir gu&#237;as particulares es una precauci&#243;n importante, si queremos evitarnos el l&#237;o de confundir a los &#8220;hispanos&#8221; con un grupo homog&#233;neo. La misma insistencia en los empe&#241;os solidarios da una clave de la diversidad de electorados que por lo general se identifican por su procedencia nacional&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb39&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;En &#8220;Do &#8216;Latinos' Exist?&#8221;, Contemporary Sociology, 23, Mayo, 1994, pp. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh39&#034;&gt;39&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El juego de cintura puertorrique&#241;a&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aqu&#237; quiero seguir el ejemplo de Puerto Rico: puede ser &#233;ste el caso m&#225;s marcado de una naci&#243;n que maniobra bordeando la falla de los conmutadores gramaticales, en el espacio entre aqu&#237; y all&#237;, ahora y antes, Nuestra Am&#233;rica y la de ellos. Es el caso de toda una poblaci&#243;n en movimiento, o que lo est&#225; en potencia, a tal punto que Luis Rafael S&#225;nchez bromea con que la identidad nacional puertorrique&#241;a se cimienta en &#8220;la guagua a&#233;rea&#8221; que va y viene, brincando el charco Atl&#225;ntico&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb40&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Luis Rafael S&#225;nchez, &#8220;La Guagua A&#233;rea: The Air Bus&#8221;, trad. al ingl&#233;s por (&#8230;)&#034; id=&#034;nh40&#034;&gt;40&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Naci&#243;n de &lt;i&gt;Luftmenschen&lt;/i&gt;, literalmente, una mitad est&#225; por ahora en la isla caribe&#241;a y la otra mitad habita en la isla que no duerme y sus vecindarios, convertidas en una nueva patria que Tato Laviera llama &#8220;AmeR&#237;ca&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb41&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Tato Laviera, AmeRican, Arte P&#250;blico Press, Houston, 1985.&#034; id=&#034;nh41&#034;&gt;41&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	El genio de Laviera est&#225; en saltarse un comp&#225;s, en sincopar las s&#237;labas de un r&#243;tulo sin remiendos para descoserlo, presentando el signo ingl&#233;s que denota a Am&#233;rica con un buen ojo para el espa&#241;ol. Le&#237;do en espa&#241;ol este pa&#237;s se dice &#8220;Amer&#237;ca&#8221;, pues sin la tilde en la e para darle a la palabra su acento esdr&#250;julo, el acento por defecto, el grave, caer&#237;a sobre la i. La lectura hiper-corregida de Laviera desplaza la l&#243;gica de las marcas diacr&#237;ticas de un idioma al otro y ejecuta un tiempo de retraso de la traducci&#243;n. La presunta omisi&#243;n de una tilde es una oportunidad, una invitaci&#243;n a leer el pa&#237;s en s&#237;ncopa como AmeR&#237;ca, un sonido con tiempo de retraso cuyos signos visibles tambi&#233;n reforman la apariencia del pa&#237;s. Con un toque extranjero si se lee en ingl&#233;s (igualmente superfluo en espa&#241;ol, donde la tilde sobra en el acento por defecto), y con una &#8220;R&#8221; may&#250;scula intrusa que divide un nombre convencional para a la vez reconstruirlo en un compuesto convincente, el abuso ortogr&#225;fico de Laviera y su pausa estrat&#233;gica corren levemente los l&#237;mites de ambas lenguas convencionales. El resultado es una met&#225;fora poco menos que providencial: AmeR&#237;ca transforma la que en ingl&#233;s o espa&#241;ol es s&#243;lo una palabra en un &lt;i&gt;mot juste&lt;/i&gt; en spanglish. Proclama a los doblemente marcados &lt;i&gt;Ricans &lt;/i&gt; del territorio continental como nuestros ciudadanos m&#225;s representativos. &lt;i&gt;AmeR&#237;can&lt;/i&gt;, pronunciado en ingl&#233;s como &lt;i&gt;I'm a Rican&lt;/i&gt;, quiere decir &#8220;&lt;i&gt;soy un Rican&lt;/i&gt;&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb42&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase: Juan Flores, Divided Borders: Essays on Puerto Rican Identity, Arte (&#8230;)&#034; id=&#034;nh42&#034;&gt;42&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Los independentistas boricuas se ofender&#225;n con esa duplicaci&#243;n y se resistir&#225;n a tener que volar una y mil veces en la guagua a&#233;rea. Protestaban contra el imperio americano desde antes de la decisi&#243;n estadounidense de concederle, o imponerle, la ciudadan&#237;a a la isla. Por esas fechas Jos&#233; de Diego public&#243; una protesta intitulada simple e inequ&#237;vocamente &#8220;No&#8221;. &#8220;Breve, s&#243;lida, rotunda, como un martillazo, he aqu&#237; la palabra viril que debe encender los labios y salvar el honor de nuestro pueblo, en estos infelices d&#237;as de anacr&#243;nico imperialismo&#8221;. &#8220;S&#237;&#8221; puede ser conveniente para ciertas cosas, admite con picard&#237;a tras esta frase introductoria, pero en pol&#237;tica.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Tenemos que aprender a decir NO, enarcar los labios, desahogar el pecho, poner en tensi&#243;n todos los m&#250;sculos vocales y todas las ponencias volitivas, para disparar esta O del NO, que tal vez resuene en Am&#233;rica y en el mundo y que resonar&#225; en el cielo con m&#225;s eficacia que el retumbar de los ca&#241;ones&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb43&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Jos&#233; Diego,&#8221;No&#8221;, en Iris Zavala y Rafael Rodr&#237;guez. Libertad y Cr&#237;tica en el (&#8230;)&#034; id=&#034;nh43&#034;&gt;43&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt; Una raz&#243;n no muy mentada por la que NO es la &#250;nica palabra con verdadera garra pol&#237;tica, es que su valor no se pierde en la traducci&#243;n. De Diego examina el alternativo &#8220;s&#237;&#8221;, su brevedad y armon&#237;a en las lenguas romances, que contrastan con el hinchado equivalente del lat&#237;n y al parecer con el cacof&#243;nico yes del ingl&#233;s. Los afirmativos del ingl&#233;s y el espa&#241;ol no coinciden, y esa asimetr&#237;a abre un espacio, una brecha como la que se puede notar entre NAFTA &lt;i&gt;(North American Free Trade Agreement&lt;/i&gt;) &#8212;que suena tan explosivo en los idiomas europeos&#8212; y su equivalente mexicano y latinoamericano, el TLC, tan enga&#241;osamente amistoso para el o&#237;do estadounidense (&lt;i&gt;tender loving care&lt;/i&gt;). Cuando el/la hispanohablante oye ese &lt;i&gt;yes &lt;/i&gt; ingl&#233;s, &#191;no se preguntar&#225; a veces si esa pertinaz &#8220;s&#8221; sibilante del final, que en espa&#241;ol podr&#237;a quedarse discretamente muda, es un silbido de desaprobaci&#243;n o el sonido tot&#233;mico de una serpiente al acecho de la presa? &#191;Y podr&#225; pasar que el interlocutor en ingl&#233;s oiga en el s&#237; espa&#241;ol no una mera confirmaci&#243;n, sino una invitaci&#243;n a ver (see) algo que lo perturbar&#237;a? El &#8216;no', en comparaci&#243;n, es tan liso, tan duro y tan viril como una bala; de hecho, ser&#225; la &#250;nica palabra as&#237; de s&#243;lida e impermeable a la interpretaci&#243;n. El &#8216;no' no es vulnerable a la ventriloquia, ni sufre de jet-lag en los incesantes traslados de los puertorrique&#241;os de un sitio y un idioma al otro. Afortunadamente, una palabra al menos, una pertenencia, no se mancha o caduca con los viajes. NO sigue intacto e inequ&#237;voco.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Pero, &#191;ser&#225; tan confiable? La propia cohesi&#243;n de la palabra, su simetr&#237;a viajera, encierra una suerte de traici&#243;n. Lo malo del no es precisamente su f&#225;cil traducci&#243;n, que suena tan natural aqu&#237; como all&#225;, e igual en el pasado y el presente. Enga&#241;&#243; al sheriff Morris, por ejemplo, y le hizo creer que le entend&#237;a a Cortez. La misma palabra que se niega a intimar con el imperio insin&#250;a esa intimidad. El &#8216;no' es un arma de autodefensa que deviene en trampa de deconstrucci&#243;n, un rugido de resistencia viril que puede sonar como un gemido de seducci&#243;n irresistible. El &#8216;no' a&#241;ade a traici&#243;n un suplemento, pese a la concienzuda declaraci&#243;n de de Diego. Es el mensaje de la traducibilidad, la esencia de una flexible y pragm&#225;tica guerra de posiciones. El &#8216;no' se toca en una especie de ritmo de &lt;i&gt; fort-da &lt;/i&gt; que mantiene al universalismo y el particularismo en un contrapunteo improvisado. Rechaza la intimidad y por tanto la nombra como meta; ofrece satisfacci&#243;n, pero la estropea. El ritmo involucra un lenguaje compartido pero habla con pautas de acentuaci&#243;n singulares.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; Para reflexionar sobre lo que quiere decir America, AmeR&#237;ca o La Merica&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb44&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;As&#237; llama al pa&#237;s un inmigrante italiano en el show unipersonal de Deborah (&#8230;)&#034; id=&#034;nh44&#034;&gt;44&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, hay que o&#237;r primero d&#243;nde cae el acento. Dando otro ejemplo, la diferencia entre las palabras que nombran la casa en dos naciones a menudo en conflicto es la siguiente: el &#8220;boh&#237;o&#8221; dominicano tiene el acento en la mitad, mientras que el &#8220;boy&#243;&#8221; haitiano (uno de los nombres pensados para el pa&#237;s) son dos compases con el acento al final&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb45&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Debo esto al antrop&#243;logo e historiador Michel Rolph Trouillot.&#034; id=&#034;nh45&#034;&gt;45&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. &#191;Ser&#225; que Am&#233;rica designa el excepcionalismo, en un proyecto parad&#243;jicamente repetible de una naci&#243;n americana a la siguiente, como en las primeras versiones de los &lt;i&gt;American Studies&lt;/i&gt; y en &lt;i&gt;La raza c&#243;smica&lt;/i&gt; (1925) de Jos&#233; Vasconcelos, que pon&#237;a nombre a la misi&#243;n sint&#233;tica de M&#233;xico ante el mundo? &#191;O har&#225; el AmeR&#237;can parte de La raza c&#243;mica, como sugiere el te&#243;rico puertorrique&#241;o Rub&#233;n R&#237;os &#193;vila cuando interpreta las misiones como una especie de chifladura?&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb46&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Rub&#233;n R&#237;os &#193;vila, &#8220;La raza c&#243;mica: Identidad y cuerpo en Pedreira y Pal&#233;s&#8221;, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh46&#034;&gt;46&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Conviene aprender a o&#237;r los acentos locales y las malas pronunciaciones a veces intencionales que defiende la te&#243;rica jur&#237;dica Mari Matsuda&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb47&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase el cap&#237;tulo1, nota 5.&#034; id=&#034;nh47&#034;&gt;47&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Podemos notar tambi&#233;n que Am&#233;rico se llama el padre de los estudios chicanos, quien en 1958 advert&#237;a al lector tejano, &#8220;con su pistola en la mano&#8221;, que pisaba terrenos movedizos, un territorio que a veces se llamaba el Southwest y otras el Norte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La traducci&#243;n da pie a la asignaci&#243;n de nombres ambivalentes en la historia de Am&#233;rica. Para los pr&#243;ceres fundadores del Cono Sur en el siglo XIX Am&#233;rica significaba un proyecto por todo lo que quer&#237;an someter: la pampa ind&#237;gena, la desolaci&#243;n, el desierto, cimientos imposibles de una &lt;i&gt;resp&#250;blica &lt;/i&gt; que tendr&#237;a que llenarse primero, antes de abrazar los valores modernos&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb48&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La referencia m&#225;s obvia aqu&#237; es Facundo: Civilizaci&#243;n o barbarie, de Domingo (&#8230;)&#034; id=&#034;nh48&#034;&gt;48&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. &#8220;Gobernar es poblar&#8221;, fue la consigna de varias generaciones&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb49&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La consigna sali&#243; de Bases (1851), de Juan Bautista Alberdi, fundamento de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh49&#034;&gt;49&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Pero seg&#250;n los &lt;i&gt;Comentarios &lt;/i&gt; del siglo XVII de El Inca Garcilaso, la palabra &#8216;pampa' en s&#237; designa el espacio p&#250;blico y las mujeres igualmente p&#250;blicas que generaban un n&#250;cleo de intereses econ&#243;micos y er&#243;ticos en los suburbios de las antiguas ciudades de los incas&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb50&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El Inca Garcilaso de la Vega, Comentarios reales de los incas e historia (&#8230;)&#034; id=&#034;nh50&#034;&gt;50&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Al leer al cronista biling&#252;e del Per&#250; de oximor&#243;nico nombre quechua-castellano, se nos puede ocurrir la pregunta: &#191;qu&#233; sabemos &lt;i&gt;realmente &lt;/i&gt; de Am&#233;rica? De culturas ind&#237;genas, casi nada; pero trat&#225;ndose incluso del &#8220;descubrimiento&#8221; europeo, tambi&#233;n muy poco, vergonzosamente poco. &#191;Qui&#233;nes son, pues, los h&#233;roes de la historia de Am&#233;rica? &#191;Cu&#225;ntas historias son? El Inca Garcilaso escribi&#243; una a guisa de comentario de las versiones autorizadas espa&#241;olas y la firm&#243; con un nombre que a&#241;ad&#237;a un suplemento peligroso a las tasaciones de valor monoling&#252;es y monorr&#237;tmicas: era un emblema de la peligrosa duplicaci&#243;n que el monoling&#252;ismo hace posible mientras insiste en que hablemos el mismo idioma. La traducci&#243;n genera excedentes, como en el pronombre posesivo que conmuta la pertenencia a Nuestra Am&#233;rica por &lt;i&gt;Ours&lt;/i&gt;, y hasta el NO m&#225;s escueto del rechazo contundente puede atascarse en los vertederos de la traducci&#243;n. Pero si los hablantes del ingl&#233;s y el espa&#241;ol prescindieran de la traducci&#243;n, estar&#237;an imaginando un vac&#237;o cultural al otro lado de una de las lenguas imperiales, y crey&#233;ndose, por ejemplo, que New York (&lt;i&gt;Nous York&lt;/i&gt;, en un aviso de Air Canada) es tan for&#225;neo que no sirve de nada, o que el Norte es apenas Gringolandia. La traducci&#243;n ambigua o entrecortada no es apenas un l&#237;mite a la comprensi&#243;n: es tambi&#233;n una asimetr&#237;a que cura la bizquera en cuanto permite hacer gui&#241;os a los contrapunteos en los tratos AmeR&#237;ca(nos).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;	Las asimetr&#237;as mantienen vivo lo que el fil&#243;sofo de la &#233;tica Emmanuel L&#233;vinas llama el Decir, esto es, el misterio y trascendencia del trato social: no dejan que el lenguaje mate al Otro deseado captando correctamente su significado mediante la comprensi&#243;n o la empat&#237;a. La ambivalencia, verbigracia, de la exhortaci&#243;n de Gloria Estefan a hablar el mismo idioma (latino) en un folleto biling&#252;e, interrumpe la c&#243;pula entre la hablante y su identidad, as&#237; como la ambivalencia de Cortez en las Cortes obliga a la legislaci&#243;n en ingl&#233;s a una pausa para recapacitar sobre sus propias limitaciones. Momentos como esos salvan a Am&#233;rica de ser &#8220;Dicha&#8221; de una manera esencializada, definitiva o muerta. La palabra sigue siendo una gama de perten(d)encias vacilantes, conexiones deseadas, virtuales, pero sabia y profil&#225;cticamente no consumadas. Ellas salvaguardan el Decir Nuestra Am&#233;rica, con todos sus acentos sonoros, sus atributos cambiantes y sus rechazos imposibles.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Susan Berk-Seligson, &lt;i&gt;The Bilingual Courtroom: Court Interpreters in the Judicial Process&lt;/i&gt;, The University of Chicago Press, Chicago, 1990, p. 1.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;111 Supreme Court 1859. La definici&#243;n general del habeas corpus surgi&#243; de una decisi&#243;n, en 1963, de &lt;i&gt;Towsend vs. Sain&lt;/i&gt;, redactada por el presidente de la Corte Suprema, Earl Warren. Las estad&#237;sticas principales cubren los casos vistos entre julio de 1976 y mayo de 1991. V&#233;ase: Linda Greenhouse, &#8220;High Court Votes to Further Limit the Appeals of State inmates&#8221;, &lt;i&gt;New York Times&lt;/i&gt;, mayo 5, 1992, primera p&#225;gina y B10, columna 2. V&#233;ase tambi&#233;n la referencia en 60 US Law Week 4339, 1992; y en &lt;i&gt;American Law Reports&lt;/i&gt;, 2d, 540, vol. 89, un publicaci&#243;n hecha por abogados, sobre casos de importancia constitucional.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El supremo magistrado White, que redact&#243; el reciente fallo, argumentaba que &#8220;la mejor destinaci&#243;n de los escasos recursos judiciales dif&#237;cilmente puede consistir en duplicar la comprobaci&#243;n de hechos ante los tribunales federales, simplemente porque el peticionario ha omitido de modo negligente aprovechar las oportunidades que brindan los procesos en los tribunales estatales&#8221;. V&#233;ase: Greenhouse, &#8220;High Court Votes to Further Limit the Appeals&#8221;, B10, columna 4.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase, por ejemplo: &lt;i&gt;Hern&#225;ndez vs. New York&lt;/i&gt; [111 Supreme Court 1859 (1991)], donde el magistrado Anthony Kennedy redact&#243; el fallo que exoner&#243; al tribunal de las acusaciones de racismo, formuladas ante la ausencia de hispanos en el jurado. Los &#250;nicos dos jurados hispanos hab&#237;an sido descalificados porque escuchar&#237;an los testimonios en vivo mientras los dem&#225;s se atendr&#237;an a transcripciones.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Am&#233;rico Paredes explica que el tiroteo tuvo lugar en el condado de Karnes, Tejas. Pero como el nombre es hom&#243;fono de &#8220;carnes&#8221;, pronto acab&#243; alter&#225;ndose a &#8220;El Carmen&#8221;. V&#233;ase: Paredes, &lt;i&gt;&#8220;With His Pistol in His Hand&#8221;: A Border Ballad and Its Hero&lt;/i&gt;, University of Texas Press, Austin, 1958, p. 210.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ib&#237;d., p. 57. La cita es del &lt;i&gt;San Antonio Express&lt;/i&gt;, junio 25, 1901, p. 1.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Paredes, &lt;i&gt;&#8220;With His Pistol in His Hand&#8221;&lt;/i&gt;, pp. 100-102. Los peri&#243;dicos son, respectivamente, el &lt;i&gt;Beeville Picayune, &lt;/i&gt; agosto 7 de 1913, p. 1, y &lt;i&gt;The Bee&lt;/i&gt;, de Beeville, agosto 15 de 1913, p. 4.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Paredes, &#8220;&lt;i&gt;With His Pistol in His Hand&lt;/i&gt;3&#8221;, p. 88.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Sobre las mujeres en este g&#233;nero, v&#233;ase: Mar&#237;a Herrera-Sobek, &lt;i&gt;The Mexican Corrido: A Feminist Analysis&lt;/i&gt;, Indiana University Press, Bloomington, 1990.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb10&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh10&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 10&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;10&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Espuma y flor de corridos mexicanos, &lt;/i&gt; Andr&#233;s Henestrosa, comp., Porr&#250;a, Ciudad de M&#233;xico, p. 10. &#8220;El corrido es el veh&#237;culo del que el pueblo se vale no s&#243;lo para expresarse: es tambi&#233;n su &#243;rgano period&#237;stico. Y esto de un modo natural, pues por ah&#237; empiezan las literaturas, todas por la &#233;poca&#8230; Un corrido se hace de un d&#237;a para otro, igual que una gacetilla de peri&#243;dico, pues, como est&#225; dicho, tiene un fin informativo, es medio de propagar noticias&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb11&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh11&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 11&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;11&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Canciones, Cantares y Corridos Mexicanos&lt;/i&gt;, Higinio V&#225;zquez Santa Ana, comp., Ediciones Le&#243;n S&#225;nchez, M&#233;xico, s. f.. Aunque no se da el a&#241;o, por los corridos el libro es posterior a 1924, a&#241;o que se menciona en el &lt;i&gt;Corrido de Vargas Vila&lt;/i&gt;, p. 253. Es evidente que se public&#243; entre esa fecha y 1926, cuando Harvard adquiri&#243; el libro. La mayor&#237;a de los corridos que contiene traen fechas exactas.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb12&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh12&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 12&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;12&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Canciones&lt;/i&gt;, V&#225;zquez Santa Ana, comp., p. 240.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb13&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh13&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 13&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;13&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase: Robert Rosenbaum, &lt;i&gt;Mexicano Resistance in the South West&lt;/i&gt;, University of Texas Press, Austin, 1981, p. 49, donde remite a una aseveraci&#243;n de Am&#233;rico Paredes,&#8221;With His Pistol in His Hand&#8221;, p. 125.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb14&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh14&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 14&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;14&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Canciones&lt;/i&gt;, V&#225;zquez Santa Ana, comp., p. 173. Citado tambi&#233;n en Paredes, &#8220;With His Pistol in His Hand&#8221;, p. 151.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb15&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh15&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 15&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;15&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El libro de Paredes trae diversas variaciones. Y hasta el libro de James Nicolopulos sobre la cantante tejano-mexicana Lydia Mendoza, &lt;i&gt;Lydia Mendoza: A Family Autobiography&lt;/i&gt;, Arte P&#250;blico Press, Houston, Texas, 1993, incluye tres interpretaciones distintas. La primera versi&#243;n fue grabada por las Hermanas Mendoza, Lydia y Juanita, en 1967; la siguiente, por Los Trovadores Regionales (Pedro Rocha y Lupe Mart&#237;nez), data de 1929. Por &#250;ltimo, Salom&#233; Guti&#233;rrez, compositor, cantante y productor de discos, &#8220;Se sinti&#243; obligado a componer su propia versi&#243;n&#8230; (de los ocho a&#241;os de prisi&#243;n) pues se le hac&#237;a que las transcripciones y traducciones en el folleto para Folkloric 9004 y los libros de Paredes no contaban toda la historia o la contaban incorrectamente&#8221;, (ms., p. 605).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb16&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh16&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 16&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;16&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Jos&#233; Lim&#243;n trae el dato en su &#8220;The Return of the Mexican Ballad: Am&#233;rico Paredes and His Anthropological Text as Persuasive Political Performance&#8221;, en SCCR Working Paper No. 16, Stanford Center for Chicano Research, Stanford, Ca., 1986, p. 29. V&#233;ase tambi&#233;n: Jos&#233; Lim&#243;n, &#8220;Am&#233;rico Paredes: A Man From the Border&#8221;, &lt;i&gt;Revista Chicano-Rique&#241;a&lt;/i&gt;, 8, 1980, p. 199.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb17&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh17&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 17&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;17&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Frank Javier Garc&#237;a Berumen, &lt;i&gt;The Chicano/Hispanic Image in American Film&lt;/i&gt;, Vantage Press, Nueva York, 1995, p. 199.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb18&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh18&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 18&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;18&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Paredes, &#8220;With His Pistol in His Hand&#8221;, p. 154. &#8220;En el condado de Carnes/ miren lo que ha sucedido,/ muri&#243; el Cherife Mayor/ quedando Rom&#225;n herido./&#8230; / Se anduvieron informando/ como media hora despu&#233;s,/ supieron que el malhechor/ era Gregorio Cortez&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb19&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh19&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 19&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;19&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Renato Rosaldo, &#8220;Politics, Patriarchs, and Laughter&#8221;, en &lt;i&gt;The Nature and Context of Minority Discourse&lt;/i&gt;, Abdul R. JanMohamed y David Lloyd, comps., Oxford University Press, Nueva York, 1990, pp. 124-145.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb20&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh20&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 20&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;20&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Gayatri Chakravorty Spivak, &#8220;Poststructuralism, Marginality, Postcoloniality and Value&#8221;, en &lt;i&gt;Literary Theory Today&lt;/i&gt;, Peter Collier y Helga Geyer Ryan, comps., Cornell University Press, Ithaca, 1990, p. 236.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb21&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh21&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 21&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;21&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Berk-Seligson, &lt;i&gt;The Bilingual Courtroom: Court Interpreters in the Judicial Process&lt;/i&gt;, pp. 60.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb22&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh22&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 22&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;22&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Berk-Seligson, &lt;i&gt;The Bilingual Courtroom: Court Interpreters in the Judicial Process&lt;/i&gt;, pp. 61.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb23&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh23&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 23&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;23&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase, por ejemplo: Jacques Derrida, &#8220;Signature, Event, Context&#8221;, en &lt;i&gt;A Derrida Reader: Between the Blinds&lt;/i&gt;, Peggy Kamut, editora, Columbia University Press, Nueva York, 1991.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb24&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh24&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 24&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;24&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Frank Javier Garc&#237;a Berumen, &lt;i&gt;The Chicano/Hispanic Image in American Film&lt;/i&gt;, pp. 199-202.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb25&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh25&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 25&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;25&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Rosa Linda Fregoso, &lt;i&gt;The Bronze Screen: Chicana and Chicano Film Culture&lt;/i&gt;, University of Minnesota Press, Minneapolis, 1993, p. 70.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb26&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh26&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 26&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;26&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ib&#237;d., pp. 70-71.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb27&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh27&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 27&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;27&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ib&#237;d., p. 77, cita al historiador Tatcho Mindiola.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb28&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh28&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 28&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;28&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ib&#237;d., p. 78.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb29&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh29&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 29&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;29&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Frank Javier Garc&#237;a Berumen, The Chicano/Hispanic Image in American Film, citas de The Los Angeles Times, The Village Voice, Playboy.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb30&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh30&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 30&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;30&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Jean-Fran&#231;ois Lyotard, &lt;i&gt;The Differend: Phrases in Dispute&lt;/i&gt;, trad. al ingl&#233;s de George Van Den Abbeele, University of Minnesota Press, Minneapolis, 1992, pp. 77-79.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb31&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh31&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 31&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;31&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ram&#243;n Sald&#237;var, &#8220;Border Subjects and Transnational Sites: Am&#233;rico Paredes's &lt;i&gt;The Hammon and the Beans and Other Stories&lt;/i&gt;&#8221;, en &lt;i&gt;Subjects and Citizens&lt;/i&gt;, Michael Moon y Cathy Davidson, comps. Duke University Press, Durham, 1995, p. 385.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb32&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh32&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 32&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;32&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;David J. Wever, &lt;i&gt;Myth and History of the Hispanic Southwest&lt;/i&gt;, University of New Mexico Press, Albuquerque, 1988, pp. 106, 141-148.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb33&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh33&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 33&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;33&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Entre los cr&#237;ticos que tratan este tipo de temas, v&#233;ase: Tobin Siebers, The Ethics of Criticism, Cornell University Press, Ithaca, 1988.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb34&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh34&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 34&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;34&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El tiempo no es homog&#233;neo, aunque los socialdem&#243;cratas cre&#237;an que lo era y por tanto consideraban que el progreso era ineluctable. Esto los volv&#237;a perezosos, y aptos para acoplarse a programas fascistas. Homi Bhabha, en &lt;i&gt;The Location of Culture&lt;/i&gt;, Routledge, Nueva York, 1994, p. 95, identifica el concepto de Benjamin de tiempo vac&#237;o y homog&#233;neo con el del discurso nacionalista. Pero le abona la cr&#237;tica a Benjamin en &#8220;Translator Translated: W. J. T. Mitchell talks with Homi Bhabha&#8221;, &lt;i&gt;Artform&lt;/i&gt;, 7, marzo, 1995, p. 110.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb35&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh35&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 35&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;35&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Homi Bhabha, &#8220;Race, Time, and the Revision of Modernity&#8221;, &lt;i&gt;Oxford Literary Review&lt;/i&gt;, 13, 1991, pp. 204-205.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb36&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh36&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 36&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;36&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La referencia es a Fernando Ortiz, &lt;i&gt;Contrapunteo cubano del tabaco y az&#250;car&lt;/i&gt; (originalmente editado en La Habana, 1941). Desde entonces, la met&#225;fora del contrapunto ha sido de uso regular en las discusiones sobre conflicto cultural y creatividad conflictual en Am&#233;rica Latina. Existe una nueva traducci&#243;n al ingl&#233;s, con pr&#243;logo de Fernando Coronil (Duke University Press, Dirham, 1995).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb37&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh37&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 37&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;37&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;i&gt;Mar&#237;a &lt;/i&gt; (1867) es la novela cl&#225;sica de su pu&#241;o. Es tambi&#233;n la m&#225;s le&#237;da, pirateada e imitada de la Latinoam&#233;rica del siglo XIX. Lectura obligatoria en los colegios colombianos, tambi&#233;n est&#225; en los curr&#237;culos normales de otros pa&#237;ses.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb38&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh38&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 38&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;38&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Waldo Frank intitul&#243; su libro sobre todo el hemisferio &lt;i&gt;Our America&lt;/i&gt; (Boni and Liveright, Nueva York, 1919). Traducido en algunas referencias como &lt;i&gt;Nuestra Am&#233;rica&lt;/i&gt;, fue por ejemplo modelo e inspiraci&#243;n para Jos&#233; Carlos Mari&#225;tegui, el principal te&#243;rico de un marxismo particularizado de cu&#241;o peruano. &#8220;En Waldo Frank, como en todo gran int&#233;rprete de la historia, la intuici&#243;n y el m&#233;todo colaboran&#8230; Unamuno modificar&#237;a probablemente su juicio sobre el marxismo si estudiase el esp&#237;ritu &#8212;no la letra&#8212; marxista en escritores como el autor de &lt;i&gt;Nuestra Am&#233;rica&lt;/i&gt;&#8230; Dir&#233; de qu&#233; modo Waldo Frank es para m&#237; un hermano mayor&#8221;. &lt;i&gt;El alma matinal y otras estaciones del hombre de hoy&lt;/i&gt;, Amauta, Lima, 1972, pp. 197; 192. El escrito de Mari&#225;tegui es de 1929.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb39&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh39&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 39&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;39&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;En &#8220;Do &#8216;Latinos' Exist?&#8221;, &lt;i&gt;Contemporary Sociology&lt;/i&gt;, 23, Mayo, 1994, pp. 354-356, Jorge I. Dom&#237;nguez trae esta observaci&#243;n, sacada de dos libros que rese&#241;a: Rodolfo O. de la Garza y otros, &lt;i&gt;Latino Voices: Mexican, Puerto Rican and Cuban Perspectives on American Politics&lt;/i&gt; (Westview Press, Boulder, 1992) y Rodney E. Hero, &lt;i&gt;Latinos and the U.S. Political System: Two-Tiered Pluralism &lt;/i&gt; (Temple University Press, Filadelfia, 1992). &#8220;Las grandes mayor&#237;as de mexicanos, puertorrique&#241;os y cubanos se identifican por su procedencia nacional y no como &#8216;latinos' o &#8216;hispanos'&#8221;. Dom&#237;nguez, &#8220;Do &#8216;Latinos' Exist?&#8221;, p. 354.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb40&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh40&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 40&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;40&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Luis Rafael S&#225;nchez, &#8220;La Guagua A&#233;rea: The Air Bus&#8221;, trad. al ingl&#233;s por Diana V&#233;lez en The Village Voice, enero 24, 1984.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb41&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh41&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 41&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;41&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Tato Laviera, AmeRican, Arte P&#250;blico Press, Houston, 1985.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb42&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh42&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 42&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;42&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase: Juan Flores, &lt;i&gt;Divided Borders: Essays on Puerto Rican Identity&lt;/i&gt;, Arte P&#250;blico Press, Houston, 1993.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb43&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh43&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 43&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;43&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Jos&#233; Diego,&#8221;No&#8221;, en Iris Zavala y Rafael Rodr&#237;guez. &lt;i&gt;Libertad y Cr&#237;tica en el Ensayo Pol&#237;tico Puertorrique&#241;o&lt;/i&gt;, Ediciones Puerto, Barcelona, 1973, pp. 197-199.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb44&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh44&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 44&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;44&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;As&#237; llama al pa&#237;s un inmigrante italiano en el show unipersonal de Deborah Lubar &lt;i&gt;A Story's a Story&lt;/i&gt;, representado en Thornes, Northampton, Massachussets, 19-20 de abril, 1996. Rese&#241;ado por Chris Rohmann, &#8220;Of Miracles and La Merica&#8221;, &lt;i&gt;The Valley Advocate&lt;/i&gt;, abril 18, 1996, p. 4.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb45&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh45&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 45&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;45&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Debo esto al antrop&#243;logo e historiador Michel Rolph Trouillot.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb46&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh46&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 46&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;46&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Rub&#233;n R&#237;os &#193;vila, &#8220;La raza c&#243;mica: Identidad y cuerpo en Pedreira y Pal&#233;s&#8221;, en &lt;i&gt;La Torre&lt;/i&gt;, 27-28, julio-diciembre, 1993, pp. 559-576.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb47&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh47&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 47&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;47&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase el cap&#237;tulo1, nota 5.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb48&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh48&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 48&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;48&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La referencia m&#225;s obvia aqu&#237; es &lt;i&gt;Facundo: Civilizaci&#243;n o barbarie&lt;/i&gt;, de Domingo Faustino Sarmiento, salida de la imprenta en 1845 y obra de autoridad en todo el continente.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb49&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh49&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 49&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;49&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La consigna sali&#243; de &lt;i&gt;Bases &lt;/i&gt; (1851), de Juan Bautista Alberdi, fundamento de la constituci&#243;n argentina que sigui&#243; a la guerra civil e inspiraci&#243;n de muchos otros legisladores hispanoamericanos.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb50&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh50&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 50&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;50&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El Inca Garcilaso de la Vega, &lt;i&gt;Comentarios reales de los incas e historia general del Per&#250;&lt;/i&gt;, Parte Catorce, Libreo Cuarto. Editorial Porr&#250;a, Ciudad de M&#233;xico, 1998. p. 154. Estas mujeres p&#250;blicas &#8220;Viv&#237;an en los campos, en unas malas chozas, cada una por si y no juntas. No pod&#237;an entrar en los pueblos porque no comunicasen con las otras mujeres. Ll&#225;manles pampairuna nombre que significa la morada y el oficio, porque es compuesto de pampa, que es plaza o campo llano (que ambas significaciones contiene), y de runa que en singular es persona, hombre o mujer, y en plural quiere decir gente. Juntas ambas dicciones, si las toman en la significaci&#243;n del campo, pampairuna quiere decir gente que vive en el campo, esto es por su mal oficio; y si las toman en la significaci&#243;n de plaza, quiere decir persona o mujer de plaza, dando a entender que, como la plaza es p&#250;blica y esta dispuesta a recibir a cuantos quieren ir a ella as&#237; lo est&#225;n ellas y son p&#250;blicas para todo el mundo. En suma quiere decir mujer p&#250;blica&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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