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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>Grief Technologies en Metropolis</title>
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		<dc:date>2026-07-21T14:22:47Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator> Juan Jorge Michel Fari&#241;a, Eduardo Laso</dc:creator>



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&lt;p&gt;El cine se prepara para uno de sus aniversarios m&#225;s trascendentes. En 2027 se cumplir&#225;n 100 a&#241;os del estreno del Metr&#243;polis, de Fritz Lang, realizado a partir de la novela de Thea von Harbou, que ambienta la historia &#161;en 2026! Como se sabe, la pel&#237;cula es una maravilla del expresionismo alem&#225;n que sintetiza visualmente el tratamiento de los cuerpos bajo el capitalismo. Las filas interminables de trabajadores abatidos y la legi&#243;n de quienes los reemplazar&#225;n en sus puestos se encuentran entre (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-16-Nro-2-Julio-2026-" rel="directory"&gt;Volumen 16 | Nro 2 | Julio 2026&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;div class='spip_document_2235 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/png/metropolis3.jpg.png?1787752980' width='500' height='282' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El cine se prepara para uno de sus aniversarios m&#225;s trascendentes. En 2027 se cumplir&#225;n 100 a&#241;os del estreno del &lt;i&gt;Metr&#243;polis,&lt;/i&gt; de Fritz Lang, realizado a partir de la novela de Thea von Harbou, que ambienta la historia &#161;en 2026! Como se sabe, la pel&#237;cula es una maravilla del expresionismo alem&#225;n que sintetiza visualmente el tratamiento de los cuerpos bajo el capitalismo. Las filas interminables de trabajadores abatidos y la legi&#243;n de quienes los reemplazar&#225;n en sus puestos se encuentran entre las im&#225;genes m&#225;s conmovedoras y recordadas, como as&#237; tambi&#233;n la del famoso Maschinenmensch (&#034;hombre-m&#225;quina&#034;), uno de los mayores &#237;conos en la historia del cine.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula, cuya reconstrucci&#243;n completa fue posible gracias a un hallazgo dos d&#233;cadas atr&#225;s en Buenos Aires, ha sido le&#237;da en m&#250;ltiples claves y se han derramado sobre ella r&#237;os de tinta. Su famosa moraleja &#171;El mediador entre la cabeza y las manos ha de ser el coraz&#243;n&#187;, se ha prestado a interpretaciones controvertidas que van desde la conciencia sobre lucha de clases y la batalla de los oprimidos contra la desigualdad social, hasta una apolog&#237;a encubierta del Nacionalsocialismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En ediciones anteriores de Etica&amp;Cine Journal nos hemos ocupado de estas cuestiones&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Acerca de nuestras lecturas previas sobre Metr&#243;polis, ver la Editorial de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Para la presente rese&#241;a vamos a preferir un sesgo diferente, ya que &lt;i&gt;Metr&#243;polis&lt;/i&gt; puede ser pensada como una visionaria advertencia respecto del uso de androides y tecnolog&#237;a rob&#243;tica para la elaboraci&#243;n de duelos. Aunque no se lo nombra en estos t&#233;rminos, la trama anticipa en cien a&#241;os uno de los usos m&#225;s inquietantes de la inteligencia artificial generativa: los programas que se proponen como &#8220;tecnolog&#237;a del duelo&#8221; &lt;i&gt;(grief tech)&lt;/i&gt;. Se trata de sistemas que procesan restos digitales (fotograf&#237;as, videos, audios, mensajes, redes sociales) para recrear avatares, bots o androides que simulan la personalidad y voz del ser querido que ha fallecido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;Metr&#243;polis&lt;/i&gt;, John Fredersen, el l&#237;der supremo y gobernante de la ciudad, estaba casado con Hel, una hermosa mujer que muere al dar a luz al hijo de ambos. Pero antes de ser la esposa de Fredersen, Hel hab&#237;a sido pareja del cient&#237;fico e inventor Rotwang, que segu&#237;a enamorado de ella. Para inmortalizarla, Rotwang, tan genial como delirante, crea un monumento gigante en su honor y fabrica una mujer robot a imagen y semejanza de ella. Esa es la g&#233;nesis del androide m&#225;s recordado del cine.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_2237 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/metropolis6.jpg?1787752797' width='500' height='360' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;As&#237;, a partir de su siniestro invento, Rotwang rinde culto privado a la memoria de Hel, prohibi&#233;ndole a Fredersen acceder tanto al mausoleo como a la r&#233;plica. Por esta v&#237;a busca vengarse de su adversario y al mismo tiempo negar la muerte del ser querido, consagrando sus investigaciones a que el androide cobre vida con el esp&#237;ritu y la inteligencia emocional de Hel. Pero la trama del film deparar&#225; sorpresas&#8230; y el desenlace tr&#225;gico de este engendro artificial nos alerta respecto de la vana empresa que supone reemplazar con tecnolog&#237;a el complejo trabajo de duelo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un siglo m&#225;s tarde, plataformas como Seance AI o You, Only Virtual utilizan redes neuronales para crear r&#233;plicas conversacionales. Estos avatares imitan el estilo de comunicaci&#243;n de la persona fallecida, permitiendo a sus deudos interactuar con ellos por texto, voz o video. Uno de los m&#225;s difundidos es el proyecto &#034;Dadbot&#034;, creado por el investigador, escritor y periodista de tecnolog&#237;a estadounidense James Vlahos en 2016. Se trata de un experimento que se nombra como de &#034;inmunidad digital&#034; y busca preservar la memoria de su padre, John, quien fue diagnosticado con c&#225;ncer terminal. El sistema se bas&#243; en la recopilaci&#243;n de historias orales y grabaciones de voz reales de su padre, lo que permiti&#243; simular su forma de hablar y sus rasgos de personalidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A partir de su proyecto personal, Vlahos cofund&#243; HereAfter AI, una empresa que ofrece servicios similares para que las personas puedan conversar con recreaciones virtuales de sus familiares utilizando grabaciones de voz&#8230; y en China ya hay proyectos de &#8220;resurrecci&#243;n digital&#8221; basados en desarrollo de tecnolog&#237;a para sincronizar movimientos labiales con grabaciones de voz, dando as&#237; lugar a la proliferaci&#243;n de &#034;robots de duelo&#034; altamente personalizados, que se ofrecen a los familiares como ayuda para cerrar ciclos o mantener formas de conexi&#243;n con la persona fallecida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Metropolis&lt;/i&gt; fue ambientada justamente en 2026 y hoy la humanidad asiste a esta proliferaci&#243;n de &#233;mulos de Rotwang, que en nombre de la ciencia pretenden suprimir el real de la muerte. El cine, en cambio, no ha dejado de ofrecer pistas respecto de estos riesgos. Desde el cl&#225;sico &#8220;IA&#8221; de Steven Spielberg (2001) hasta la reciente &#8220;Futuro Desierto&#8221;, de Luc&#237;a Puenzo (2026) llevamos ya un cuarto del nuevo siglo lidiando con la cuesti&#243;n.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Para un an&#225;lisis m&#225;s detallado de la cuesti&#243;n del duelo en IA, de Spielberg (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las l&#237;neas argumentales tienden a reiterarse, pero siempre aportando matices al tema. La pel&#237;cula surcoreana &lt;i&gt;Wonderland&lt;/i&gt; (Kim Tae-yong, 2024) ficciona un servicio de inteligencia artificial que permite a los usuarios hacer videollamadas y reconectarse con r&#233;plicas simuladas de sus seres queridos fallecidos. O la japonesa &lt;i&gt;Sheep in the Box&lt;/i&gt; (Hirokazu Koreeda, 2026), que sigue a una pareja que, ante la p&#233;rdida de un hijo, acepta adoptar un androide dise&#241;ado por inteligencia artificial a partir de las huellas digitales del ni&#241;o difunto. Y, por cierto, el recordado episodio de &lt;i&gt;Black Mirror&lt;/i&gt; &#034;Be Right Back&#034; (Owen Harris, 2013), en el que luego de la muerte de su novio, una mujer recurre a un nuevo servicio online que procesa toda su informaci&#243;n digital para reconstruir su personalidad, pasando de mensajes de texto a una r&#233;plica corporal con su misma apariencia f&#237;sica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cap&#237;tulo aparte merece seguramente &lt;i&gt;Marjorie Prime&lt;/i&gt; (Michael Almereyda, 2017), versi&#243;n cinematogr&#225;fica de la obra teatral nominada al Premio Pulitzer de Drama en 2015 y estrenada en Broadway en 2025. Ambientada en un futuro cercano, la historia muestra a una anciana con demencia que interact&#250;a con un &#034;Prime&#034;, un holograma de inteligencia artificial interactiva programado para parecerse a su difunto esposo cuando era joven. Por esta v&#237;a la mujer intentar&#225; reconstruir los recuerdos que poco a poco va perdiendo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La muerte de un ser querido exige un trabajo simb&#243;lico para tramitar el vac&#237;o y no sucumbir a la melancol&#237;a o a la renegaci&#243;n man&#237;aca. Freud advirti&#243; que en el duelo coexisten el amor y el odio, y que esta ambivalencia genera una profunda culpa. En &lt;i&gt;Metropolis&lt;/i&gt; toda la estrategia de Rotwang va en la l&#237;nea de renegar el duelo. El inventor se refugia en lo imaginario para rechazar la castraci&#243;n como real. La ambivalencia hacia Hel se manifestar&#225; luego cuando, al darle vida, lo haga encarnando una versi&#243;n malvada de Mar&#237;a. En lugar de la visi&#243;n idealizada y pura, la de una mujerzuela manipuladora y cruel. Cuando las llamas devoren el disfraz de la falsa Mar&#237;a quedar&#225; al descubierto el car&#225;cter ominoso de su invento. Se revelar&#225; as&#237; su falso duelo, anclado a la culpa y al resentimiento.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_2236 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/metropolis5.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/metropolis5.jpg?1787752797' width='500' height='262' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Acerca de nuestras lecturas previas sobre &lt;i&gt;Metr&#243;polis&lt;/i&gt;, ver la Editorial de Mariana G&#243;mez a prop&#243;sito de la segregaci&#243;n en &lt;a href=&#034;https://journal.eticaycine.org/Segregacion&#034; class=&#034;spip_url auto&#034; rel=&#034;nofollow&#034;&gt;https://journal.eticaycine.org/Segregacion&lt;/a&gt; y la compartida con Paula Mastandrea sobre robo&#233;tica en &lt;a href=&#034;https://journal.eticaycine.org/Meta-memoria-y-roboetica&#034; class=&#034;spip_url auto&#034; rel=&#034;nofollow&#034;&gt;https://journal.eticaycine.org/Meta-memoria-y-roboetica&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Para un an&#225;lisis m&#225;s detallado de la cuesti&#243;n del duelo en IA, de Spielberg y Her, de Jonze, ver el art&#237;culo &#8220;La IA en el cine&#8221;, de Eduardo Laso con la colaboraci&#243;n de Juan Jorge Michel Fari&#241;a. Se rese&#241;an all&#237; una veintena de pel&#237;culas, proponiendo lecturas anal&#237;ticas sobre cada una de ellas. Disponible en: &lt;a href=&#034;https://www.aesthethika.org/La-inteligencia-artificial-en-el-cine&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.aesthethika.org/La-inteligencia-artificial-en-el-cine&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Creators and parents in the Frankenstein myth</title>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The text analyzes the &lt;i&gt;Frankenstein&lt;/i&gt; myth starting with the famous phrase &#034;It's living,&#034; highlighting that the doctor refers to his creature as &#034;it,&#034; that is, as a thing and not as a human being. The profound meaning of Victor Frankenstein's experiment is not to cure or bring back to life someone who already existed, but to create human life from death, defying the natural limits of reproduction.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This act is an aspiration characteristic of the Enlightenment spirit: humanity's attempt to take God's place through science. However, when the creature comes to life, the creator experiences horror and rejection, revealing the ethical and psychological conflict of having gone &#034;beyond the father.&#034;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;From a psychoanalytic perspective, the central drama of the myth is the absence of filial desire: the creature is neither desired, named, nor recognized as a child. Therefore, it is reduced to a laboratory product, without identity or a place in a line of descent. This explains its condition as a &#034;monster,&#034; understood as that which is rejected by its creator. The human or monstrous destiny of a being depends not so much on how it was created, but on whether it was loved, recognized, and placed in a relationship of desire and filiation.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Science | Desire | Filiation | Father&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-16-No-1-March-2026-" rel="directory"&gt;Volumen 16 | N&#186; 1 - March 2026&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Creadores-y-padres-en-el-mito-de-Frankenstein' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Creadores y padres en el mito de Frankenstein&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Creadores y padres en el mito de Frankenstein</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Creadores-y-padres-en-el-mito-de-Frankenstein</link>
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		<dc:date>2026-03-14T14:59:14Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El texto analiza el mito de &lt;i&gt;Frankenstein&lt;/i&gt; a partir de la famosa frase &#8220;It's alive&#8221;, destacando que el doctor se refiere a su criatura como &#8220;it&#8221; (eso), es decir, como una cosa y no como un sujeto humano. El sentido profundo del experimento de V&#237;ctor Frankenstein no es curar ni devolver la vida a alguien que ya existi&#243;, sino crear vida humana desde la muerte, desafiando los l&#237;mites naturales de la reproducci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este acto es una aspiraci&#243;n propia del esp&#237;ritu del iluminismo: el intento humano de ocupar el lugar de Dios mediante la ciencia. Sin embargo, cuando la criatura cobra vida, el creador experimenta horror y rechazo, lo que revela el conflicto &#233;tico y psicol&#243;gico de haber ido &#8220;m&#225;s all&#225; del padre&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde la perspectiva psicoanal&#237;tica, el drama central del mito es la ausencia de deseo filiatorio: la criatura no es deseada, nombrada ni reconocida como hijo. Por ello queda reducida a un producto de laboratorio, sin identidad ni lugar en una cadena filiatoria. Esto explica su condici&#243;n de &#8220;monstruo&#8221;, entendido como aquello rechazado por su creador. El destino humano o monstruoso de un ser no depende tanto de c&#243;mo fue creado, sino de si fue amado, reconocido y situado en una relaci&#243;n de deseo y filiaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Ciencia | Deseo | Filiaci&#243;n | Padre&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Creators-and-parents-in-the-Frankenstein-myth' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-16-Nro-1-Marzo-2026-" rel="directory"&gt;Volumen 16 | Nro 1 | Marzo 2026&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;div class='spip_document_2163 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;51&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/frankenstein1.jpg?1787752771' width='500' height='390' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Colin Clive en Frankenstein (1931) de James Whale&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&#8230;si el hombre vence al fin a la muerte, &#191;no morir&#225; tambi&#233;n el hombre con ella, su enemiga? (&#8230;) ni los dioses ni el Para&#237;so existen por s&#237; mismos, solo son, y solo fueron siempre, parte del relato humano&#8221;&lt;br class='autobr' /&gt;
Jes&#250;s Alonso Burgos, &lt;i&gt;Teor&#237;a e historia del hombre artificial&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#8220;It&#180;s alive&#8221;&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Posiblemente, una de las frases m&#225;s recordadas de la historia del cine sea el grito del Dr. Frankenstein encarnado por el actor Colin Clive en la primera adaptaci&#243;n cinematogr&#225;fica sonora de la novela g&#243;tica de Mary Shelley. Al descubrir que tuvo &#233;xito en insuflar vida a su criatura exclama, preso de un estado de locura man&#237;aca, &#8220;It&#180;s alive&#8221;. El grito, ausente en el relato original, se reiterar&#225; en varias adaptaciones posteriores al cine, desde la de versi&#243;n de Kenneth Branagh a la de Mel Brooks.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Esta secuencia, que va desde el film original hasta el Prometheus de Riddle (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El ingl&#233;s distingue los pronombres &lt;i&gt;he, she, it&lt;/i&gt;, reservando el tercero para referirse a cosas que no pertenecen al campo humano. La primera alusi&#243;n del doctor a su criatura es en t&#233;rminos de &#8220;it&#8221;: una cosa, un &#8220;eso&#8221;. Se ha traducido al castellano por &#8220;est&#225; vivo&#8221;, dejando el sujeto t&#225;cito. En sentido estricto, no dice &lt;i&gt;&#8220;&#233;l est&#225; vivo&#8221;&lt;/i&gt;, sino &lt;i&gt;&#8220;(eso) est&#225; vivo&#8221;&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El doctor Frankenstein se concibe como creador de vida humana, pero no como padre. &#191;Por qu&#233; se toma el trabajo engorroso de ensamblar un hombre a partir de partes de cad&#225;veres, en vez de seguir la v&#237;a m&#225;s simple y directa de resucitar a un muerto? Es que eso ser&#237;a devolverle la vida a un humano que antes existi&#243;. Alguien con nombre propio que fue concebido por unos padres, que naci&#243; del vientre de una madre, que fue probablemente deseado, amado, nombrado, criado. Que logr&#243; constituir una identidad en el v&#237;nculo con los primeros Otros. Resucitarlo mediante la ciencia ser&#237;a un acto reparatorio por el que se le devuelve la vida a un sujeto que ya preexist&#237;a. Pero no es eso lo que busca el doctor Frankenstein. &#201;l no quiere ser meramente un reparador, un curador, un m&#233;dico que le devuelve la vida a quien la perdi&#243;. Hijo del iluminismo, pretende ser creador de vida humana. Demostrar que se puede ser Dios mediante la ciencia. No se se trata por lo tanto de devolverle la vida a un muerto, sino de crear a un hombre nuevo a partir de partes de cad&#225;veres, para luego insuflarle vida. Doscientos a&#241;os despu&#233;s, los nietos de Frankenstein se proponen alcanzar ese logro sin necesidad de hurgar en cementerios: ahora se puede hurgar en el ADN e intentar clonar un ser vivo en laboratorio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay algo de enigm&#225;tico en el experimento del Dr. Frankenstein: no apunta a curar ni reparar. Se trata de vencer a la muerte, creando vida humana nueva a partir de la tecnolog&#237;a, en una v&#237;a renegatoria de la castraci&#243;n que nos atraviesa como humanos sexuados y finitos. No intenta crear vida humana desde la vida, siguiendo los caminos comunes de la reproducci&#243;n sexuada, que pone en juego el deseo y la diferencia sexual, sino desde la muerte, a trav&#233;s de la experimentaci&#243;n cient&#237;fica, sorteando la diferencia de los sexos, la relaci&#243;n sexual y el deseo filiatorio, comandado por la pulsi&#243;n de saber. El enigma del sentido &#250;ltimo de elegir semejante v&#237;a para producir a un ser humano, le retorna al creador en forma de pregunta que le dirige la criatura. Y le retorna en primer lugar como v&#233;rtigo, angustia y rechazo del producto de su acto, exactamente en el punto en el que tiene &#233;xito en ir &#8220;m&#225;s all&#225; del padre&#8221;, cuando contempla su producto terminado, creyendo que ha logrado emular a Dios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la novela, V&#237;ctor Frankenstein confiesa:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;En una horrible noche de noviembre conclu&#237; mi labor. Con una ansiedad que casi lindaba en la agon&#237;a reun&#237; a mi alrededor los instrumentos de la vida para poder infundir el soplo de la existencia en la cosa inanimada que yac&#237;a a mis pies. Era casi la una de la madrugada; la lluvia golpeaba l&#250;gubremente contra los vidrios y mi vela casi se hab&#237;a consumido cuando, al resplandor de la luz casi extinguida vi que se abr&#237;a el opaco ojo amarillento de la criatura; respir&#243; con esfuerzo y un movimiento convulsivo agit&#243; sus miembros. &#191;C&#243;mo puedo describir mis emociones ante esta cat&#225;strofe, o c&#243;mo bosquejar el monstruo que con tan infinito af&#225;n y cuidado hab&#237;a intentado formar? Sus miembros eran proporcionados, y hab&#237;a escogido rasgos bellos. &#161;Bellos! &#161;Dios m&#237;o! Su piel amarillenta apenas cubr&#237;a el juego de m&#250;sculos y arterias debajo de ella; el cabello, de un lustroso tinte negro, ca&#237;a libremente; los dientes ten&#237;an la blancura de las perlas; pero estos rasgos exuberantes s&#243;lo formaban un contraste tanto m&#225;s horroroso con sus ojos acuosos que parec&#237;an casi del mismo color que las sombr&#237;as &#243;rbitas blancas en las cuales encajaban, con su tez marchita y sus labios rectos y negros. Los diferentes accidentes de la vida no son tan inconstantes como los sentimientos de la naturaleza humana. Hab&#237;a trabajado mucho durante casi dos a&#241;os, con el &#250;nico prop&#243;sito de infundir vida a un cuerpo inanimado. Para lograr esta meta me hab&#237;a privado de descanso y salud. La hab&#237;a deseado con un ardor que exced&#237;a de lejos la moderaci&#243;n; pero ahora que mi labor estaba concluida, se desvaneci&#243; el sue&#241;o de belleza, e inenarrable horror y disgusto me llenaban el coraz&#243;n. Incapaz de soportar el aspecto del ser que hab&#237;a creado, me precipit&#233; fuera de la habitaci&#243;n y continu&#233; durante mucho tiempo paseando en mi dormitorio, incapaz de calmar la mente y conciliar el sue&#241;o&#8221;. (Shelley, s/d)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Una y otra vez, lo que retorna en alg&#250;n momento de las variaciones de este mito moderno que es &lt;i&gt;Frankenstein&lt;/i&gt;, es la pregunta de la criatura dirigida a su autor: &#8220;&#191;por qu&#233; me creaste?&#8221;. Pregunta por el deseo del Otro que, en estos relatos, no tiene al amor como respuesta, con las consecuencias catastr&#243;ficas que invariablemente se presentan en este mito, desde los films de James Whale hasta los replicantes de &lt;i&gt;Blade Runner&lt;/i&gt; de Ridley Scott. La pregunta dirigida al creador es en el fondo tambi&#233;n un reproche humano, demasiado humano: &#8220;&#191;Por qu&#233; me creaste&#8230; tan mal?&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La referencia a El Para&#237;so Perdido de John Milton es manifiesta: &#8220;&#191;Acaso te (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Es decir, desvalido ante las fuerzas de la naturaleza y de los otros, destinado a enfermar, envejecer y morir, con una capacidad de entendimiento que, a diferencia de los dem&#225;s seres vivos, permite estar advertido de las propias limitaciones, arrojado a un estado de permanente insatisfacci&#243;n, en constantes malentendidos y desencuentros con los dem&#225;s, cegado por pasiones, atravesado por ilusiones inmanentes o trascendentes, corriendo sin cesar como Aquiles tras esa tortuga llamada felicidad, sin poder alcanzarla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La fil&#243;sofa Hannah Arendt se&#241;ala que&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;la condici&#243;n humana es tal que el dolor y el esfuerzo no son meros s&#237;ntomas que se pueden suprimir sin cambiar la propia vida; son m&#225;s bien los modos en que la vida, junto con la necesidad a la que se encuentra ligada, se dejan sentir. Para los mortales, la 'vida f&#225;cil de los dioses' ser&#237;a una vida sin vida&#8221;. (Arendt, 1993)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Es que la castraci&#243;n estructural se vive como maldici&#243;n, cuando aquellos que gestaron la venida al mundo de un sujeto no lo han hecho desde el deseo de hijo, otorg&#225;ndole un valor f&#225;lico. La entrada en la ecuaci&#243;n f&#225;lica articula un viviente al campo del deseo del Otro en calidad de un objeto valioso que ilusoriamente viene a colmar la falta materna, siendo inscripto en una cadena geneal&#243;gica, nombrado y filiado. El cuerpo vivo es elevado as&#237; a la dignidad de sujeto, para unos Otros que lo anhelaban desde antes de nacer, al ubicarlo en calidad de falo: alguien que es nombrado seg&#250;n el deseo de los padres, y protegido por la ley paterna que proh&#237;be el goce incestuoso, para advenir provisoriamente al lugar que Freud nombraba &#8220;his majesty, the baby&#8221;, al menos durante el tiempo constituyente de la subjetividad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La maldici&#243;n que padece la criatura del Dr. Frankenstein es ser un mero producto de un experimento para satisfacer las ambiciones cient&#237;ficas de su creador. No hay all&#237; ning&#250;n deseo de filiar, y de ah&#237; que ni siquiera se preocup&#243; su creador por construirle un cuerpo armonioso. No le import&#243; el aspecto que tuviera, el detalle del aspecto f&#237;sico, de la imagen bella; s&#243;lo ver si se pod&#237;a producir vida a partir de partes de cad&#225;veres. Ni siquiera se hace soporte de una mirada que le devuelva, como espejo, la ilusi&#243;n de un cuerpo unificado. La mirada horrorizada de su creador le devuelve a la criatura lo real de su cuerpo suturado. La criatura es un &lt;i&gt;corps morcel&#233;&lt;/i&gt;, cuerpo hecho de fragmentos cosidos de cad&#225;veres, como consecuencia de que el Otro no le devuelve una imagen amable falicizada con la que identificarse. Su cuerpo parece m&#225;s propio para ser exhibido en un museo de medicina que para circular entre semejantes. Esta ausencia del velo de la belleza revela lo real de un cuerpo hecho de fragmentos que no se integran bajo una mirada amorosa del otro, ya desde el proyecto de su creaci&#243;n. Como consecuencia, la apariencia de la criatura despierta horror, repugnancia. ES un h&#237;brido entre lo vivo y lo muerto: un muertovivo. En la novela, el tema de la fealdad de la criatura es lo que desde el inicio provoca el rechazo en el doctor.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Supongamos, adem&#225;s, que la creatura dada a la vida por la virtud del (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Un rechazo por lo que cre&#243;, como tambi&#233;n un rechazo al gesto de haberlo creado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay una dimensi&#243;n horrorosa en el acto frankensteiniano ligado a que, si se puede crear humanos con recursos tecnol&#243;gicos, el logro cient&#237;fico arroja por la borda toda idea de trascendencia. Es el horror de un acto inventivo que se vincula al parricidio. Si el Dr. Frankenstein de Colin Clive agrega a su grito triunfante &#8220;ahora se lo que se debe sentir ser Dios&#8221;, este momento man&#237;aco dura un suspiro. Es que, si un ser humano imperfecto como &#233;l logra mediante sus artificios crear vida humana cual un moderno Prometeo, entonces no hay Dios ni plan divino. De la man&#237;a a la melancol&#237;a hay un paso. Al crear su criatura, ha socavado la existencia de un Otro trascendente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La maldici&#243;n de Frankenstein es la que arroja el doctor sobre la criatura producto de su acto, un &lt;i&gt;decir mal&lt;/i&gt; sobre el ser vivo que ha arrojado a la existencia. Un decir t&#233;cnico y no filiatorio y humanizante. Al punto que no lo nomina. Es un &#8220;eso&#8221;. Luego pasar&#225; a llamarlo &#8220;monstruo&#8221;, pero sin nombre propio&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La palabra &#8220;monstruo&#8221; para referirse a la criatura aparece m&#225;s de 30 veces (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Es el p&#250;blico el que le ha asignado el apellido del doctor a su criatura, fili&#225;ndolo pese al rechazo de su creador de hacerse padre del monstruo para que ingrese en una cadena filiatoria. Y cuando la criatura le pida una compa&#241;era, volver&#225; a rechazarlo, porque no quiere que tenga descendencia, espantado de convertirse as&#237; en el creador de un mundo de monstruos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En 1974 Mel Brooks estren&#243; una de las mejores comedias cinematogr&#225;ficas: &lt;i&gt;Young Frankenstein&lt;/i&gt;. Tomando como base la serie de pel&#237;culas sobre el monstro que hiciera Hollywood durante los a&#241;os treinta, especialmente las dos primeras protagonizadas por Boris Karloff. En la pel&#237;cula, Frederick, el bisnieto del Dr. Frankenstein, debe volver al castillo siniestro de su abuelo, donde es tentado de recrear su fallido experimento. Cuando finalmente vuelva a producir un ser vivo hecho con capacidades mentales disminuidas y fuerza sobrehumana, se arrepentir&#225; al inicio de su creaci&#243;n. Pero Mel Brooks propone un giro inesperado: que Frederick pase de temer al monstruo, a tratarlo como un hijo. Le brindar&#225; protecci&#243;n, educaci&#243;n y lo presentar&#225; en sociedad como un hombre supuestamente tan refinado que hasta puede interpretar un n&#250;mero musical. En el extremo, con tal de que no maten a su hijo, decide compartir su cerebro para que sea m&#225;s elocuente. Si las pel&#237;culas originales sobre el mito giran en torno de la maldici&#243;n de no ser deseados, nombrados ni filiados por el creador, &lt;i&gt;Young Frankenstein&lt;/i&gt; corrige este funesto mal-decir sobre el deseo, presentando una demostraci&#243;n de por qu&#233; el destino de un sujeto como humano o como monstruo no se juega tanto en c&#243;mo ha sido alguien tra&#237;do a la vida (si natural o artificialmente), sino si fue deseado en calidad de humano a integrar en una cadena filiatoria, o por el contrario rechazado en calidad de resto o cosa. De si los primeros Otros han alojado o no, a ese ser viviente, como objeto amoroso que colme ilusoriamente sus propias carencias.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Las funciones del padre y de la madre se juzgan seg&#250;n una tal necesidad. La (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El monstruo es as&#237; un modo de retorno en la escena, de lo rechazado de lo simb&#243;lico por su creador, al no ubicarse en calidad de padre. Retorno mort&#237;fero tanto para el creador como para su criatura. Ese es el esp&#237;ritu de la novela que imagin&#243; Mary Shelley: el monstruo maldecido, a su vez maldice y se maldice, para terminar junto a su creador en el conf&#237;n del mundo, destruy&#233;ndose. El retorno de la pregunta de la criatura por su existencia dirigida a su creador, s&#243;lo encuentra un trasfondo mort&#237;fero, del que se sale con un pasaje al acto asesino. As&#237; lo imagin&#243; Mary Shelley, y las variaciones del mito reiteran este final, por ejemplo en &lt;i&gt;Blade Runner&lt;/i&gt;. All&#237; se trata de la creaci&#243;n de vida sint&#233;tica, de la fabricaci&#243;n de r&#233;plicas humanas por una corporaci&#243;n tecnol&#243;gica. Replicantes que tambi&#233;n se vuelven contra el ingeniero Tyrrel, su padre constructor, al interpelarlo sobre los motivos de que los haya creado y que les haya programado una vida breve de tan solo cuatro a&#241;os.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La &#250;ltima versi&#243;n del mito, dirigida por Guillermo del Toro, propone un final tan forzado, que abre a la pregunta de por qu&#233; la criatura perdonar&#237;a a su creador, cuando este no ha hecho otra cosa que humillarlo, lo que toca al problema de las condiciones, pero tambi&#233;n de los l&#237;mites, de lo perdonable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arendt, H. (1993) &lt;i&gt;La condici&#243;n humana&lt;/i&gt;, Barcelona, Paid&#243;s, p&#225;g. 129.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1993) &#8220;Dos notas sobre el ni&#241;o&#8221;, en &lt;i&gt;Intervenciones y textos 2&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Manantial, p&#225;g. 56-57.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Shelley, M. (s/d) &lt;i&gt;Frankenstein&lt;/i&gt;, M&#233;xico, Fundaci&#243;n Carlos Slim, &lt;a href=&#034;https://cdn.pruebat.org/libros/pdf/Frankenstein.pdf&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://cdn.pruebat.org/libros/pdf/Frankenstein.pdf&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Wolovelsky, E. (2020) &#8220;Frankenstein. La creatura&#8221;, en &lt;i&gt;Frankenstein, la gran profec&#237;a&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Mochuelo Libros, p&#225;g. 15.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb2-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Esta secuencia, que va desde el film original hasta el &lt;i&gt;Prometheus&lt;/i&gt; de Riddle Scott, pasando por &lt;i&gt;Blade Runner&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Mary Shelley&lt;/i&gt; y otras versiones del mito, se puede ver en el clip &#034;Prometeo: inter&#233;s &#233;tico del mito&#034; un trailer conceptual cinematogr&#225;fico de Eduardo Laso en colaboraci&#243;n con Juan Jorge MIchel Fari&#241;a, disponible en espa&#241;ol con subt&#237;tulos en ingl&#233;s en &lt;a href=&#034;https://drive.google.com/file/d/1Tz0OXt1zjdx1eyOvhVZowuHKkbvtPWUP/view?usp=sharing&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://drive.google.com/file/d/1Tz0OXt1zjdx1eyOvhVZowuHKkbvtPWUP/view?usp=sharing&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La referencia a &lt;i&gt;El Para&#237;so Perdido&lt;/i&gt; de John Milton es manifiesta: &#8220;&#191;Acaso te he pedido, Hacedor, que de esta arcilla me hicieses hombre? &#191;Yo te he rogado que me alzases de las sombras?&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Supongamos, adem&#225;s, que la creatura dada a la vida por la virtud del conocimiento hubiese estado signada por la belleza y no por la fealdad, y que en lugar del rechazo le hubiesen sido dados halagos y favores: &#191;no ser&#237;a Frankenstein el hombre m&#225;s grandioso, el m&#225;s venerado y querido, que nuestro mundo haya visto?&#8221;. (Wolovelsky, 2020, p&#225;g. 15)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La palabra &#8220;monstruo&#8221; para referirse a la criatura aparece m&#225;s de 30 veces en la novela. El t&#233;rmino (del lat&#237;n &lt;i&gt;monstrum&lt;/i&gt;) es aplicado a cualquier ser que presente anomal&#237;as o desviaciones notables respecto a su especie. Tambi&#233;n se dice de alguien que, debido a su deformidad moral o f&#237;sica, provoca rechazo.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Las funciones del padre y de la madre se juzgan seg&#250;n una tal necesidad. La de la madre: en tanto sus cuidados est&#225;n signados por un inter&#233;s particularizado, as&#237; sea por la v&#237;a de sus propias carencias. La del padre, en tanto que su nombre es el vector de una encarnaci&#243;n de la Ley en el deseo&#8221;. (Lacan, 1993, p&#225;g. 56-57)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/jeyc_marzo_2026_pp._11-14__creadores_y_padres_en_el_mito_de_frankenstein.pdf" length="352568" type="application/pdf" />
		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>From Chaotic Becoming to Event Invention, Through Traumatic Elaboration</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/From-Chaotic-Becoming-to-Event-Invention-Through-Traumatic-Elaboration</link>
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		<dc:date>2025-07-11T23:13:19Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The recent Netflix miniseries &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt;, an adaptation of the famous comic strip by H&#233;ctor Germ&#225;n Oesterheld, offers an opportunity to review and test the categories of traumatic elaboration, eventful invention, and chaotic becoming proposed by Ignacio Lewkowicz in his latest book, &lt;i&gt;&#8220;Thinking Without a State: Subjectivity in the Age of Fluidity&#8221;&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Event | Catastrophe | Elaboration | Trauma&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-No-2-July-2025-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | N&#186; 2 - July 2025 &lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Del-devenir-caotico-a-la-invencion-acontecimental-a-traves-de-la-elaboracion' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Del devenir ca&#243;tico a la invenci&#243;n acontecimental, a trav&#233;s de la elaboraci&#243;n traum&#225;tica&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>Del devenir ca&#243;tico a la invenci&#243;n acontecimental, a trav&#233;s de la elaboraci&#243;n traum&#225;tica</title>
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		<dc:date>2025-07-11T23:11:01Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La reciente miniserie de Netflix &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt;, adaptaci&#243;n de la c&#233;lebre historieta de H&#233;ctor Germ&#225;n Oesterheld, ofrece la ocasi&#243;n de revisar y poner a prueba las categor&#237;as de elaboraci&#243;n traum&#225;tica, invenci&#243;n acontecimental y devenir ca&#243;tico propuestas por Ignacio Lewkowicz en su &#250;ltimo libro &lt;i&gt;Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Acontecimiento | Cat&#225;strofe | Elaboraci&#243;n | Trauma&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/From-Chaotic-Becoming-to-Event-Invention-Through-Traumatic-Elaboration' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-Nro-2-Julio-2025-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | Nro 2 | Julio 2025&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;Unas chicas est&#225;n pasando una jornada recreativa en una lancha en medio del r&#237;o, y de pronto el cielo se torna amenazante. Un portero sale de su edificio y se desploma bajo los primeros copos de una nieve extra&#241;a que cae sobre Buenos Aires. Un grupo de amigos que juega a las cartas ve la escena y cuando alguien sale para auxiliarlo, tambi&#233;n pierde s&#250;bitamente la vida, cubierto ya por una nevada tupida y mort&#237;fera. Se corta la luz y el vecindario queda desierto &#191;Qu&#233; sucede? &#191;Qu&#233; hacer? Es esta entrada situacional la que nos interesa. Es la dimensi&#243;n m&#225;s poderosa del relato, porque abre a la incertidumbre: podemos estar ante un fen&#243;meno atmosf&#233;rico, un desarreglo clim&#225;tico, un virus que se transmite por el aire enrarecido&#8230; &#191;un ciberataque, como el que se conjetura produjo el apag&#243;n de la pen&#237;nsula ib&#233;rica la semana pasada?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El primer episodio de la serie de Netflix &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt; nos confronta as&#237; con lo ominoso: el orden de las cosas se disloca y lo familiar se torna s&#250;bitamente desconocido. El desastre que irrumpe, provoca desconfianzas entre amigos, sospechas sobre vecinos, terror en el barrio, que se torna desconocido. La amenaza se vuelve &#233;xtima: un exterior que es tambi&#233;n interior. El enigm&#225;tico peligro mortal empieza a entretejerse con la estofa de los fantasmas de cada uno, para dar alg&#250;n sentido a lo siniestro, y el otro semejante se vuelve un peligro potencial. En otras palabras, el evento produce una cat&#225;strofe de los v&#237;nculos sociales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &#8220;Cat&#225;strofe: experiencia de una nominaci&#243;n&#8221;, Ignacio Lewkowicz (2006) propon&#237;a tres modos de relaci&#243;n de una organizaci&#243;n o estructura &#8211;social, grupal o individual&#8211; ante la emergencia algo nuevo que irrumpe y desestabiliza su consistencia de modo s&#250;bito y destructivo. Ahora bien, no toda emergencia de algo nuevo provoca un escenario que afecta la capacidad de simbolizaci&#243;n y la destrucci&#243;n de una organizaci&#243;n. Al autor le interesa la irrupci&#243;n espec&#237;fica de lo nuevo en calidad de un &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt;, es decir, la irrupci&#243;n de situaciones de dif&#237;cil o imposible resoluci&#243;n desde los recursos del sistema que viene a desestabilizar. El &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt; novedoso se presenta como la irrupci&#243;n de un real imposible de simbolizar desde el orden o estructura preexistente, provocando un desastre del mismo. Lewkowicz escribe desde la coyuntura de la crisis econ&#243;mica, social y pol&#237;tica de Argentina de diciembre de 2001, para tematizar c&#243;mo el lazo social, en condiciones de capital financiero, cae en un devenir ca&#243;tico. La &#8220;experiencia de una nominaci&#243;n&#8221; a la que refiere el t&#237;tulo del art&#237;culo, es la experiencia recorrida por Ignacio Lewkowicz en el esfuerzo por elevar a categor&#237;a conceptual la noci&#243;n vulgar de cat&#225;strofe. Cabe la pregunta de si la cat&#225;strofe se experimenta ya que, estrictamente, estar en el medio de ella es ser arrasado por el caos. Despu&#233;s vendr&#225;, si uno sobrevive, el tiempo de la elaboraci&#243;n y la nominaci&#243;n y, por ende, de poder hablar de &#8220;experiencia&#8221; como efecto &lt;i&gt;a pr&#232;s coup.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz destaca la variedad de usos del t&#233;rmino &#8220;cat&#225;strofe&#8221;. Lo que no sorprende, ya que no es una categor&#237;a te&#243;rica conceptual, como &lt;i&gt;trauma o acontecimiento&lt;/i&gt; con las que las pone en relaci&#243;n, sino un t&#233;rmino coloquial que suele tomarse como sin&#243;nimo de desastre. As&#237;, seg&#250;n el &lt;i&gt;Diccionario de Acci&#243;n Humanitaria y Cooperaci&#243;n al Desarrollo&lt;/i&gt;, define &lt;i&gt;cat&#225;strofe&lt;/i&gt; como un acontecimiento que, en un contexto preexistente de vulnerabilidad, puede actuar como desencadenante de un desastre, esto es, de un proceso de fuerte crisis y desestructuraci&#243;n socioecon&#243;mica con graves consecuencias en diversos planos (hambruna, miseria, epidemias, &#233;xodo, etc.).&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; id=&#034;nh3-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Se advierte la presencia, en la misma definici&#243;n, de las categor&#237;as &lt;i&gt;desastre, cat&#225;strofe&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;acontecimiento&lt;/i&gt;. En otras definiciones, en cambio, se invierten las categor&#237;as &lt;i&gt;desastre/cat&#225;strofe&lt;/i&gt;, siendo &lt;i&gt;desastre&lt;/i&gt; como el evento y &lt;i&gt;cat&#225;strofe&lt;/i&gt; el efecto del mismo a nivel social y subjetivo. Seguiremos este &#250;ltimo criterio de ahora en m&#225;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La gravedad y el tipo de impacto que ocasiona un desastre depende de la intensidad y caracter&#237;sticas que lo haya originado, as&#237; como del grado de vulnerabilidad de la poblaci&#243;n afectada. Puede ser natural o humano (en relatos de ciencia ficci&#243;n como &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt;, se agregar&#237;a &lt;i&gt;alien&#237;genas&lt;/i&gt;), y en t&#233;rminos temporales, de gestaci&#243;n lenta (como las sequ&#237;as), o de irrupci&#243;n repentina, (como terremotos, inundaciones, o un ataque b&#233;lico sorpresivo).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta variedad del uso coloquial del t&#233;rmino, le permite a Lewkowicz incluir en &#233;l a la esclavitud en el mundo antiguo, los campos de concentraci&#243;n nazi, y la esclavitud africana. Como tambi&#233;n la crisis argentina de diciembre de 2001, en la que este texto se inspira. Dos a&#241;os antes, el grupo de Lewkowicz (2002) public&#243; &lt;i&gt;Sucesos Argentinos. Cacerolazo y subjetividad postestatal,&lt;/i&gt; dedicado &#237;ntegramente a la crisis argentina de 2001. El presente art&#237;culo prosigue y ampl&#237;a aquella reflexi&#243;n, para tematizar c&#243;mo el lazo social en condiciones de capital financiero tiende al m&#225;ximo de dispersi&#243;n, y el Estado-naci&#243;n desaparece. Para resumir la idea: el Estado-Naci&#243;n, que coordinaba integralmente el conjunto de las instituciones y las relaciones entre individuos, sufri&#243; el desfondamiento de su capacidad de producir subjetividad. Mantiene su influencia, pero no soberan&#237;a. Ya no produce ciudadanos. Es el mercado y los medios de comunicaci&#243;n los que producen subjetividad. Y para la nueva subjetividad postestatal y &#8211;el consumidor, el espectador, el usuario&#8211; el Estado es un dato, un recurso, una nostalgia, un enemigo&#8230; El Estado-naci&#243;n muri&#243;, pero aun lidiamos con sus sombras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ambos textos transmiten la urgencia de aquella coyuntura de &#233;poca, as&#237; como el ascendiente de en aquel momento influyente libro &lt;i&gt;Imperio&lt;/i&gt; de Antonio Negri y Michael Hardt (2002), donde se postulaba una nueva etapa del capitalismo en el que los estados-naci&#243;n desaparecer&#237;an ante la circulaci&#243;n fluida y at&#243;pica de la informaci&#243;n y del mercado. Veinticinco a&#241;os despu&#233;s, no se observa dicha desaparici&#243;n: los Estados se mantienen y son socios de las multinacionales, cuyas casas matrices residen en sus respectivas naciones. Pero en el contexto de la Argentina de diciembre de 2001, parec&#237;a que la coyuntura daba la raz&#243;n a estos autores. &lt;i&gt;Pensar sin Estado&lt;/i&gt; (Lewkowicz, 2006) est&#225; escrito desde aquel contexto epocal.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Para una cr&#237;tica a Imperio, ver Atilio Bor&#243;n: Imperio e imperialismo, Buenos (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz (2006) plantea que &#8220;cat&#225;strofe&#8221; es una palabra-umbral, ya que &#8220;la cat&#225;strofe incluye tambi&#233;n, intr&#237;nsecamente, la cat&#225;strofe de las categor&#237;as de su comprensi&#243;n&#8221; (p. 151). Es decir que una cat&#225;strofe es un evento que afecta a la capacidad de simbolizar, de cernir conceptualmente el evento arrasador. &#8220;Quiz&#225;s la experiencia de la cat&#225;strofe nos haga variar no s&#243;lo los conceptos convocados para pensar sino tambi&#233;n el estatuto mismo de esos conceptos&#8221; (p. 151) convertidos en nombres operatorios en el seno de una experiencia. Entramos aqu&#237; en un terreno paradojal, porque si la cat&#225;strofe arrasa las categor&#237;as de su comprensi&#243;n, &#191;c&#243;mo pensarla estando arrasado por ella? Pensar es introducir distinciones simb&#243;licas que requieren tiempo y distancia respecto de la cat&#225;strofe que nos sobrepasa, por lo que cabe interrogarnos si se puede hablar aqu&#237; de experiencia. As&#237;, por ejemplo, el transe&#250;nte estuporoso que caminaba confundido porque acababa de volar el edifico de la AMIA cuando estaba en las cercan&#237;as del edificio, &#191;tuvo una experiencia de cat&#225;strofe, o la cat&#225;strofe suspendi&#243; toda su capacidad de experiencia?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz propone repensar el estatus de la noci&#243;n de cat&#225;strofe a partir de las categor&#237;as de traumatismo y acontecimiento. Traumatismo y acontecimiento y cat&#225;strofe son puestos en serie por ser tres modos de relaci&#243;n de una organizaci&#243;n, estructura o sistema con la emergencia un &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt;: algo nuevo que irrumpe y desestabiliza la consistencia de una estructura u organizaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt; es una situaci&#243;n de dif&#237;cil o imposible resoluci&#243;n, o en la que no se produce ning&#250;n avance. Son sin&#243;nimos de ello &lt;i&gt;pausa, par&#233;ntesis, descanso, recreo, intervalo, punto muerto, comp&#225;s de espera.&lt;/i&gt; El &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt; remite m&#225;s a una cuesti&#243;n de tiempo, de detenci&#243;n o suspensi&#243;n de un movimiento, por encontrarnos ante un callej&#243;n sin salida o una situaci&#243;n sin soluci&#243;n aparente, que a una novedad que emerge y desestabiliza. En ese sentido, un desastre no es lo mismo que un &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt;, aunque compartan el problema de la temporalidad y de lo real como imposible. En el caso del evento desastroso, la imposibilidad es situacional y ligada al marco simb&#243;lico particular, que no contemplaba su emergencia en el instante que ocurre. En cambio, un &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt; bien puede ser l&#243;gico y no situacional. As&#237;, retomando el escenario ficcional, nos parece imposible que haya una nevada mortal en Buenos Aires, o que nos invada una fuerza extraterrestre. Pero no es &lt;i&gt;l&#243;gicamente&lt;/i&gt; imposible; no se trata de un &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt;, y por eso se puede escribir una ficci&#243;n coherente y atrapante como &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt;. Por otro lado, algo nuevo que irrumpe y desestabiliza una estructura u organizaci&#243;n no necesariamente califica de cat&#225;strofe. El tema del tiempo vuelve a ser aqu&#237; importante: no es lo mismo el proceso de mutaci&#243;n que sufre una sociedad con los avances tecnol&#243;gicos, a la irrupci&#243;n repentina de una revoluci&#243;n que termine con un orden social en cuesti&#243;n de semanas. As&#237;, por ejemplo, para la monarqu&#237;a absolutista de Francia, la revoluci&#243;n de 1789 fue un desastre, mientras que para los miembros del Tercer Estado (el 90 por ciento de los franceses de aquel momento) fue un acontecimiento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz (2006) aclara que no va a tomar la referencia freudiana de trauma, y hablar&#225; de traumatismo (t&#233;rmino ausente en Freud), porque el concepto freudiano acarrear&#237;a &#8220;complejidades inaccesibles&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Para evitar las complejidades ya inaccesibles de la noci&#243;n psicoanal&#237;tica (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Lo que no evita que haya rasgos del concepto de trauma freudiano que se deslicen en el escrito. Por ejemplo, plantear que el traumatismo es la suspensi&#243;n del funcionamiento de una l&#243;gica por irrupci&#243;n de un est&#237;mulo excesivo que no puede ser captado por los recursos previos, porque su masividad y evidencia imponen un tope al funcionamiento de la l&#243;gica en cuesti&#243;n, dejando sin respuestas. Esto no parece tan alejado de lo que dice Freud acerca del trauma en el campo ps&#237;quico desde la concepci&#243;n econ&#243;mica, entendido como una experiencia vivida que aporta, en poco tiempo, un aumento tan grande de excitaci&#243;n a la vida ps&#237;quica, que fracasa su liquidaci&#243;n o su elaboraci&#243;n por los medios normales y habituales, lo que inevitablemente da lugar a trastornos duraderos en el funcionamiento energ&#233;tico. S&#243;lo que en Lewkowicz est&#225; planteado en t&#233;rminos impersonales, evitando introducir el t&#233;rmino &lt;i&gt;yo&lt;/i&gt; o &lt;i&gt;sujeto&lt;/i&gt;. Lewkowicz intenta pensar lo social afectado por un evento desastroso y, en ese sentido, se entiende que no se valga del concepto freudiano de trauma que se liga al efecto en el sujeto.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Cabe la pregunta de si se trauman las estructuras, o los traumas se ligan a (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Freud, que haya trauma o falta de descarga de la experiencia persistiendo como un &#8220;cuerpo extra&#241;o&#8221; en el psiquismo, requiere determinadas condiciones. Por un lado, est&#225; el acontecimiento mismo, que por su naturaleza puede excluir la posibilidad de una descarga completa. Pero tambi&#233;n la &#8220;susceptibilidad&#8221; de cada sujeto, es decir: las condiciones psicol&#243;gicas en las que se encuentra en el momento del suceso (sorpresa, falta de apronte angustiado), sus circunstancias cuando ocurre el evento, y los conflictos ps&#237;quicos que pueden impedirle integrar la experiencia sobrevenida: &#191;en qu&#233; condiciones ps&#237;quicas lo encuentra al sujeto? &#191;En qu&#233; marco fantasm&#225;tico impacta el evento? Todo lo cual permite armar una serie que va desde el acontecimiento cuya eficacia pat&#243;gena se debe a su violencia y lo sorpresivo de su aparici&#243;n (por ejemplo, un accidente, un terremoto, un confinamiento en un campo de concentraci&#243;n), hasta el acontecimiento cuyo poder pat&#243;geno es relativo a su inserci&#243;n en una organizaci&#243;n ps&#237;quica particular (por ejemplo, el caso Emma que Freud presenta en su &lt;i&gt;Proyecto de psicolog&#237;a&lt;/i&gt; de 1895).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En los inicios del psicoan&#225;lisis, Freud se centr&#243; en el trauma sexual como n&#250;cleo de las neurosis. El trauma sexual supone la existencia de dos acontecimientos:&lt;/p&gt;
&lt;ul class=&#034;spip&#034; role=&#034;list&#034;&gt;&lt;li&gt; una primera escena de seducci&#243;n en la que el ni&#241;o sufre una tentativa sexual por parte de un adulto, sin que despierte excitaci&#243;n sexual ni la comprenda;&lt;/li&gt;&lt;li&gt; una segunda escena banal, ocurrida despu&#233;s de la pubertad, que evoca, por alg&#250;n rasgo asociativo, a la primera. Esta segunda escena no es traum&#225;tica en s&#237; misma, pero despierta una excitaci&#243;n asociada a la primera escena, que se vuelve traum&#225;tica &lt;i&gt;a posteriori&lt;/i&gt; desde su recuerdo y resignificaci&#243;n. De modo que, en las neurosis, la eficacia traum&#225;tica de acontecimientos externos proviene de las fantas&#237;as que activan y de la excitaci&#243;n pulsional que desencadenan. A distinguir de las neurosis traum&#225;ticas de guerra y las producidas por accidentes, donde no hay dos escenas y su resignificaci&#243;n. Se trata de situaciones donde el aflujo excesivo de excitaci&#243;n anula inmediatamente el principio de placer, desencadenando una angustia autom&#225;tica en la que el yo se encuentra inerme, remiti&#233;ndolo al estado de desamparo originario, donde no hay Otro protector. La acci&#243;n del trauma obliga al aparato ps&#237;quico a realizar una tarea &#8220;m&#225;s all&#225; del principio del placer&#8221;: la compulsi&#243;n a la repetici&#243;n en el esfuerzo de ligar las excitaciones de tal forma que se posibilite su descarga.&lt;/li&gt;&lt;/ul&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz va a proponer una ordenaci&#243;n de las tres categor&#237;as de este modo:&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_2061 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/eternauta_cuadro.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/eternauta_cuadro.jpg?1787752764' width='500' height='257' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Una estructura, sistema u organizaci&#243;n recibe el impacto de un evento disruptivo provocando una crisis que lo altera. Y Lewkowicz distingue tres respuestas posibles al evento: la recomposici&#243;n traum&#225;tica, la invenci&#243;n acontecimental y el devenir ca&#243;tico.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_2060 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L494xH370/eternauta_cuadro_2-dbf5d.jpg?1788609747' width='494' height='370' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Aunque si pensamos el evento disruptivo desde el sujeto, &#233;ste es para &#233;l simult&#225;neamente traum&#225;tico, acontecimental y catastr&#243;fico. Es traum&#225;tico por irrumpir de modo sorpresivo, produciendo el ingreso de cantidades excesivas que alteran o arrasan la estructura subjetiva. Es catastr&#243;fico porque la intensidad arrasadora del evento suspende las categor&#237;as conceptuales para pensarlo. Y como tal, introduce un acontecimiento, una novedad para esa estructura subjetiva. No es lo mismo saber qu&#233; es un choque automovil&#237;stico desastroso, a chocar con el auto y que se produzca un desastre. Hay inconmensurabilidad entre el saber y la irrupci&#243;n de lo real del evento que, por ende, siempre es novedad para el sujeto que lo padece.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El escenario de inicio de &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt; resulta un buen ejemplo de desastre ambiental y social. Un verdadero escenario apocal&#237;ptico en el que casi nadie sobrevive al caer una nieve que mata inmediatamente al contacto, a lo que se suma la invasi&#243;n de formas de vida extraterrestres dispuestas a adue&#241;arse del planeta. La historieta de H&#233;ctor Germ&#225;n Oesterheld se public&#243; a fines de los a&#241;os cincuenta, en plena Guerra Fr&#237;a, cuando la paranoia de la invasi&#243;n extranjera se plasmaba en innumerables pel&#237;culas y series de ciencia ficci&#243;n, desde la pl&#233;tora de filmes de monstruos gigantes radioactivos y mortales, hasta &lt;i&gt;Invasi&#243;n of the body snatchers&lt;/i&gt;, de Don Siegel (1956), una de las inspiraciones de &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt;: extraterrestres que usurpan los cuerpos de los humanos, infiltr&#225;ndose as&#237; entre los miembros de la sociedad. El peligro ya no est&#225; m&#225;s afuera, sino dentro de la propia comunidad de iguales. &#191;C&#243;mo saber si nuestro semejante no es en verdad un invasor, o un traidor que se pas&#243; al bando del enemigo? No es lo mismo enfrentar una serie de bichos gigantes, que a un amigo o una hija que, de pronto, ya no act&#250;an como esperamos. El peligro externo se hace interno, y el semejante se vuelve potencialmente inquietante. Los doble agentes, los lavados de cerebro, las traiciones, evocan los a&#241;os del macartismo y los juicios de Mosc&#250;. La historieta de &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt; es hija de ese tiempo, y una de las virtudes de la adaptaci&#243;n cinematogr&#225;fica es llevarla a la &#233;poca actual, m&#225;s propensa a reeditar lo peor de los a&#241;os cincuenta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Frente al desastre, Lewkowicz propone tres respuestas posibles. Tomemos la primera. Sostiene que en la recomposici&#243;n traum&#225;tica, trabajosamente, la intensidad cede,&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;No se entiende por qu&#233; ceder&#237;a; es la met&#225;fora de la inundaci&#243;n, que aqu&#237; (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; y &lt;i&gt;los lugares&lt;/i&gt; logran asimilar lo inundado (&#191;los lugares o los sujetos?). Freud empleaba los t&#233;rminos &lt;i&gt;elaboraci&#243;n, ligadura, inscripci&#243;n.&lt;/i&gt; En cambio, Lewkowicz habla de &lt;i&gt;asimilaci&#243;n&lt;/i&gt;, que es transformar algo en semejante a uno. Se trata de una met&#225;fora alimenticia: digesti&#243;n, absorci&#243;n. Dice que las cantidades excesivas quedan asimiladas a las cualidades preestablecidas. Que todo encuentra su lugar y que la estructura habr&#225; salido fortalecida por el traumatismo. Es la idea de que la elaboraci&#243;n traum&#225;tica logra reconstruir la estructura previa al integrar el evento disruptivo en ella.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Desde la cl&#237;nica, la elaboraci&#243;n de un trauma no equivale a digerir o asimilar un evento disruptivo para hacerlo id&#233;ntico a uno sino, v&#237;a compulsi&#243;n a la repetici&#243;n, ligar a representaciones un exceso para simbolizarlo. Tomemos el ejemplo que toma Lewkowicz del historiador Nathan Watchel en &lt;i&gt;La visi&#243;n de los vencidos. El traumatismo de la conquista&lt;/i&gt; (1976). Watchel se&#241;ala que la dominaci&#243;n colonial de Per&#250; en el siglo XVI destruy&#243; las pr&#225;cticas que produc&#237;an un sentido para la poblaci&#243;n local. Lewkowicz agrega que el &#8220;silencio de los dioses&#8221; para los indios es un &lt;i&gt;impasse&lt;/i&gt; donde se trama la recomposici&#243;n &lt;i&gt;significando al extra&#241;o como invasor&lt;/i&gt;, y a partir de all&#237;, se trata de eliminarlo. Lo que se traduce en la rebeli&#243;n de 1780 de Tupac Amaru. Agrega que los lugares existentes asimilan la invasi&#243;n sin alterar la estructura previa.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;La experiencia tiene lugar en el Per&#250; hacia el siglo XVI: un nuevo tipo de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora bien, para armar una rebeli&#243;n contra los extra&#241;os, que ahora los locales nombran &lt;i&gt;invasores&lt;/i&gt;, se requiri&#243; no s&#243;lo tramitar el encuentro traum&#225;tico con ese otro extra&#241;o y destructivo, sino tambi&#233;n instalar un tiempo de comprender, de simbolizar esa emergencia disruptiva, para concluir en una nominaci&#243;n de la novedad que se traduzca en consecuencias para la acci&#243;n. El ejemplo no presenta una asimilaci&#243;n ni la persistencia de la estructura previa o el retorno a la estructura que hab&#237;a sido afectada. Para los incas, ya nada ser&#225; como antes. La rebeli&#243;n de Tupac Amaru termin&#243; en derrota, y que no se reconstruy&#243; la estructura previa para los aut&#243;ctonos. Dice Watchel (1976):&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El traumatismo de la Conquista extiende sus efectos hacia los indios del siglo XX y se encuentra profundamente inscrito en sus estructuras mentales, verdadera huella del pasado en el presente. Esta persistencia en la memoria colectiva de un choque cuya antig&#252;edad supera los cuatrocientos a&#241;os resulta atestiguado por el folklore ind&#237;gena actual. &#191;Qu&#233; significa est&#233; fen&#243;meno de supervivencia?. (p. 317)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se entiende, de supervivencia de un trauma que opera como huella del pasado en el presente, como persistente actualidad. Hay algo no asimilable, indigerible, que persiste como real traum&#225;tico.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Watchel (1976) &#8220;Al comienzo, un choque brutal, la Conquista. Esta provoca un (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#8220;Si el traumatismo de la Conquista &#171;contin&#250;a&#187; durante el per&#237;odo colonial, es porque se renueva todos los d&#237;as la coexistencia de dos sistemas de valores, uno vencedor y opresivo, el otro vencido y alterado&#8221; (Watchel, 1976, p. 242).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En una elaboraci&#243;n de un trauma, no todo pasa a lo simb&#243;lico, y hay un antes y un despu&#233;s del trauma. No se vuelve nunca a lo anterior. Pensemos en Hiroshima: hay un antes y un despu&#233;s del desastre de la bomba at&#243;mica. Hoy podemos ver la ciudad que fue arrasada en 1945. Pero incluso si se reconstruyeran los antiguos edificios, &#191;son los mismos de antes? &#191;O portan la marca de ser reconstrucciones de aquellos que se destruyeron? A los que se agregan los edificios nuevos m&#225;s actuales. La elaboraci&#243;n de un trauma no borra la marca del trauma acontecido. No todo encuentra su lugar previo, ni subjetivamente ni a nivel social. Por eso el ejemplo de los indios peruanos habla de otra cosa. Y permite proponer a &lt;i&gt;trauma, cat&#225;strofe y acontecimiento&lt;/i&gt; no como tres alternativas de respuesta a un desastre, sino como tiempos l&#243;gicos de un proceso de elaboraci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al hablar de acontecimiento, Lewkowicz pasa del registro cuantitativo al cualitativo para diferenciarlo del trauma. Si el trauma es irrupci&#243;n de intensidades, el acontecimiento es irrupci&#243;n de un elemento singular que porta una cualidad heterog&#233;nea incompatible con la l&#243;gica de la estructura en la que irrumpe. Desde dentro del marco simb&#243;lico de la estructura, dicha irrupci&#243;n es un imposible estructural y la niega. Al punto que el acontecimiento se afirma como tal por ausencia de categor&#237;a capaz de comprenderlo. Hasta ac&#225;, lo que describe habla menos de una respuesta a un evento que de las caracter&#237;sticas del ingreso de un t&#233;rmino excedentario que resulta acontecimental para una estructura en t&#233;rminos negativos: imposible, incompatible con la l&#243;gica del sistema, innombrable. Y la respuesta es la invenci&#243;n acontecimental, ya que el acontecimiento inicia un proceso de afirmaci&#243;n de la cualidad heterog&#233;nea que encarna, de invenci&#243;n de un recorrido heterog&#233;neo en otra dimensi&#243;n que la estructural. Quien inicia no es el acontecimiento, sino los sujetos que son capaces de nombrarlo y seguir las consecuencias que se desprenden de asumir su existencia. Por eso, hablar de &#8220;invenci&#243;n acontecimental&#8221; porta la ambig&#252;edad de si se trata de nombrar algo que emerge de lo real o de inventar un acontecimiento y as&#237;, producirlo mediante el discurso. Para tomar el ejemplo &lt;i&gt;princeps&lt;/i&gt; de Alain Badiou y se&#241;alar el problema: San Pablo &#191;nombra el acontecimiento de Cristo resucitado, o inventa el acontecimiento, produciendo fieles que creen que ocurri&#243;?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ahora bien, la irrupci&#243;n de una singularidad inclasificable que obliga al trabajo de nominaci&#243;n y hasta de cambio del sistema &#8211;como lo ilustra en la historia de la ciencia Thomas Kuhn con las anomal&#237;as de paradigma&#8211; no es necesariamente traum&#225;tico en el sentido de evento desastroso. &lt;i&gt;Las damas de Avignon&lt;/i&gt; de Pablo Picasso, primer cuadro cubista, es una singularidad que produce un cambio revolucionario en la pintura, rompiendo los esquemas est&#233;ticos de la &#233;poca. Pero no se puede calificar de evento desastroso. En cambio, al rev&#233;s, el evento desastroso s&#237; es acontecimental siempre, tanto cuanti como cualitativamente. Y efectivamente, arrasa con una estructura previa, por lo que se requiere de la invenci&#243;n de esquemas nuevos. Lewkowicz toma el ejemplo de Mayo del 68 en Par&#237;s como acontecimiento de toma de la palabra, y lo compara con los sucesos de diciembre de 2001 en Argentina.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El tema es debatible. Ver, por ejemplo, La arrogancia del presente de Jean (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al hablar de cat&#225;strofe, parecen confundirse la causa y el efecto, al proponerla como una situaci&#243;n en la que la causa devastadora permanece e impide tanto la recomposici&#243;n traum&#225;tica como la invenci&#243;n acontecimental, produciendo sustracci&#243;n, mutilaci&#243;n, devastaci&#243;n, una disoluci&#243;n en el no ser, sin posibilidad de contar con esquemas que inicien o reinicien el juego. Hay una ineficacia de las marcas que ordenaban simb&#243;licamente la experiencia. Hasta aqu&#237;, lo que describe es lo que produce un desastre. Pero Lewkowicz trata de pensar la respuesta a este evento disruptivo como respuesta de no respuesta, como arrasamiento e impotencia que no produce nada nuevo, como crisis permanente. Ejemplifica con el esclavo en el mundo antiguo que, arrancado de su soporte comunitario, pierde todos los atributos definidos como humanos (nombre, parentesco, lengua, ciudad, sexualidad, libertad). Plantea que la desmantelaci&#243;n de las marcas que constitu&#237;an la subjetividad previa deviene definitiva.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Solo se&#241;alemos con Lacan -v&#237;a Hegel a trav&#233;s de Alexandre Koj&#232;ve - que en el (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz (2006) opone la &lt;i&gt;transici&#243;n&lt;/i&gt; como el pasaje de una configuraci&#243;n estructural a otra en el contexto de una crisis, al &lt;i&gt;devenir ca&#243;tico&lt;/i&gt;, donde se descompone una estructura sin que se siga una recomposici&#243;n general en otra, deviniendo un modo de ser. &#8220;La crisis de devenir ca&#243;tico rese&#241;a unas condiciones en las que se descompone una totalidad, sin que nada obligue a que est&#233; seguida de una recomposici&#243;n general en otros t&#233;rminos. La crisis actual muy probablemente sea de ese segundo tipo&#8221; (p. 156) agrega, en consonancia con las tesis de &lt;i&gt;Imperio&lt;/i&gt;, de Negri y Hart (2002), donde seg&#250;n los autores, los flujos del mercado globalizado, al conectar situaciones sin generar en el proceso un ordenamiento simb&#243;lico, constituyen la ra&#237;z de la desaparici&#243;n de la estructura Estado-naci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cat&#225;strofe antes de la cat&#225;strofe [&lt;i&gt;o sea, antes de la crisis permanente que instala el flujo globalizado del mercado actual&lt;/i&gt;]&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-10&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Agregado del autor.&#034; id=&#034;nh3-10&#034;&gt;10&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; era puro fen&#243;meno de ruptura, de desligadura, y nada m&#225;s que eso. La cat&#225;strofe despu&#233;s de la cat&#225;strofe &#8211;o si se quiere, la cat&#225;strofe en la inmanencia de su ocurrir&#8211; es otra cosa. En este punto, como a&#250;n no nos ha sido revelado el orden conceptual, seguimos buscando rigor en las im&#225;genes. Pensando desde el Estado, ha sobrevenido la inundaci&#243;n. Pensando desde la inundaci&#243;n, lo que ha sobrevenido ya no es la inundaci&#243;n sino un medio, un cambio esencial del medio en el que transcurre la experiencia. La experiencia transcurr&#237;a en el medio s&#243;lido de las estructuras; [&lt;i&gt;ahora&lt;/i&gt;]&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-11&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Agregado del autor.&#034; id=&#034;nh3-11&#034;&gt;11&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; transcurre en medios fluidos. Pensar en la cat&#225;strofe es pensar en medio de ese medio. (Lewkowicz, 2006, p. 159)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;O sea, en la contingencia perpetua que disuelve cualquier consistencia.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-12&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;En cat&#225;strofe, lo que cambia tiene m&#225;s peso, m&#225;s intensidad, m&#225;s sentido (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-12&#034;&gt;12&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Podr&#237;amos pensar las categor&#237;as propuestas por Lewkowicz (2006) no tanto como tres respuestas alternativas excluyentes al desastre, sino como tiempos l&#243;gicos por los que se atraviesa en la irrupci&#243;n de un evento disruptivo. Tiempos l&#243;gicos del proceso de respuesta subjetiva y social que se despliegan en un tiempo cronol&#243;gico: se arranca en el devenir ca&#243;tico, con la cat&#225;strofe por la entrada en situaci&#243;n de una novedad que arrasa el orden sociosimb&#243;lico y que es, a la vez, evento traum&#225;tico y acontecimental, para de a poco producir una recomposici&#243;n traum&#225;tica que exige, adem&#225;s, tomar nota de lo nuevo para crear o inventar recursos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al inicio de &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt; hay un orden social y simb&#243;lico en el que habitan sus personajes: el Buenos Aires actual con sus escenarios reconocibles. De pronto, en medio de la noche, se produce un corte de energ&#237;a, y empieza a caer una nieve que produce la muerte a su contacto. A Juan Salvo y su grupo de amigos les invade la angustia y el estupor por estos eventos horrorosos e inexplicables que de a poco ir&#225;n tratando de entender. Lewkowicz destaca algunos rasgos de este tiempo de actualidad traum&#225;tica: disoluci&#243;n de las consistencias existentes (econ&#243;mica, pol&#237;tica, legal, social), primado del cambio sobre la permanencia, arrasamiento subjetivo en un puro fluir social sin sujeto, instalaci&#243;n de la contingencia sin ley ni previsibilidad. La invasi&#243;n alien&#237;gena es un evento traum&#225;tico que es tambi&#233;n un acontecimiento, al introducir rasgos totalmente novedosos, heterog&#233;neos y siniestros en el contexto del orden en que habitan los humanos de esta historia. Desde el orden simb&#243;lico en que irrumpe, este exceso cualitativo resulta imposible de simbolizar: es imposible que haya nevadas en verano en Buenos Aires, y que la nieve mate al contacto con ella. Es imposible que haya simult&#225;neamente un apag&#243;n de energ&#237;a el&#233;ctrica, de comunicaciones, de internet, de celulares y hasta de autom&#243;viles, en todo el pa&#237;s. Como es imposible que haya cientos de autom&#243;viles puestos como barreras en las autopistas y puentes impidiendo salir. Y por sobre todo, es imposible que haya vida inteligente extraterrestre pretendiendo invadir Argentina con un ej&#233;rcito de insectos gigantes que pueden lavar el cerebro de los humanos para volverlos contra su especie. Como plantea Lewkowicz, el acontecimiento es la posibilidad efectiva de ese imposible estructural. Imposible desde el marco simb&#243;lico que el acontecimiento viene a desbaratar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al grupo de sobrevivientes les cuesta la muerte de un amigo aprender que la nieve mata al tocarla, pero que &#233;sta pierde su potencia mortal una vez ca&#237;da, o que es posible salir a la intemperie si uno se cubre con ropa impermeable y usa escafandra para no respirar el aire contaminado. Todos piensan en sus seres queridos y desesperan por ir a buscarlos. Estamos ante un escenario de situaci&#243;n traum&#225;tica: p&#233;rdida del orden simb&#243;lico, que ya no asiste a nadie para saber qu&#233; ocurre y qu&#233; hacer, p&#233;rdida del ordenamiento jur&#237;dico, porque hay una ausencia de toda referencia de autoridad preexistente y cada sobreviviente est&#225; librado a su suerte, p&#233;rdida de innumerables vidas humanas, sometiendo a los que quedan a una situaci&#243;n de duelo, y desesperaci&#243;n ante la amenaza permanente de muerte, que puede provenir de formas inesperadas. Estamos ante un escenario catastr&#243;fico, porque la causa del desastre &#8211;la invasi&#243;n alien&#237;gena&#8211; lleg&#243; para quedarse y producir una devastaci&#243;n del campo humano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De a poco, precariamente, el peque&#241;o grupo va d&#225;ndose, no sin conflictos, alg&#250;n tipo de acuerdos para sobrevivir y enfrentar la situaci&#243;n, a limar las diferencias e intereses en pos de una estrategia com&#250;n. Lewkowicz (2006) se&#241;ala que &#8220;mirada desde la estructura, la cat&#225;strofe es arrasamiento; desde s&#237;, es contingencia. La contingencia no es el arrasamiento, es la posibilidad precaria de organizaci&#243;n de la subjetividad&#8221; (p. 161). Lo que abre a un segundo tiempo, tanto de elaboraci&#243;n traum&#225;tica c&#243;mo de invenci&#243;n acontecimental. De pronto, el dinero ya no importa, pero resulta esencial el agua y la comida, y entonces habr&#225; que ir economizando los recursos y buscar o crear otros, como trajes especiales para salir. Los celulares se volvieron in&#250;tiles, pero descubrir que se puede reciclar viejas bater&#237;as pasa a ser un recurso de supervivencia. Contar con armas hace a la diferencia entre seguir vivos o no. A nivel de los v&#237;nculos, se generan distintos tipos de respuesta al desastre, desde la desesperaci&#243;n que lleva al suicidio, pasando por la conformaci&#243;n de grupos armados que vandalizan para salvarse, hasta asociaciones que combinan racionalidad y solidaridad. La grupalidad es mejor que la individualidad solitaria a la hora de sobrevivir. Se trata de la estrategia efectiva de supervivencia m&#225;s antigua entre las especies vivas. S&#243;lo que la sociedad humana no es una sociedad de &#225;ngeles, y la conformaci&#243;n contingente de un grupo tiende a configurar a los otros como potenciales amenazas. Cada asociaci&#243;n ve con recelo lo que el otro grupo posee, y resulta un trabajo de alianzas y negociaciones el intercambio de bienes e informaci&#243;n. El edificio donde vive la esposa de Juan Salvo est&#225; liderado por un portero que trata de matarlo para apropiarse de lo que lleva para sus compa&#241;eros. Es el escenario que la serie ir&#225; recorriendo: al peligro externo se agrega el modo en que los humanos nos damos estrategias para perdurar y resistir, en un arco que va desde aquel que s&#243;lo piensa para s&#237; mismo y se aprovecha de la empat&#237;a del otro (la mujer que simula un embarazo para robarle el veh&#237;culo a Salvo), hasta el m&#225;rtir que da la vida por los dem&#225;s (el sacrificio de la monja y el ex combatiente incendiando la iglesia para que otros puedan escapar). &#8220;Nadie se salva s&#243;lo&#8221; es siempre una toma de posici&#243;n singular de cada sujeto. No todos la comparten, y tambi&#233;n hay diversos modos de trasladar la consigna a modos particulares de organizaci&#243;n. Porque una vez que se expresa por la positiva &#8211;&#8220;nos salvamos todos juntos&#8221;&#8211; comienzan los problemas de definir al conjunto de los &#8220;todos&#8221;, y aquello que no ser&#237;a parte de la totalidad. Por eso una estrategia de unir a una sociedad dividida es introducir un enemigo externo, que haga que &#8220;nos unamos como un todo&#8221; contra el otro amenazante. Por ejemplo, la guerra de Malvinas, que en su momento la Junta Militar del Proceso utiliz&#243; como &#8220;gesta de uni&#243;n de los argentinos&#8221;, luego de a&#241;os de terrorismo de Estado, presente al sesgo en &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt; y que sirve de contrapunto con la invasi&#243;n alien&#237;gena.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Juan Salvo es un personaje que ya viene afectado por un trauma de guerra. Ex combatiente de Malvinas, el nuevo escenario de cat&#225;strofe se le superpone a aqu&#233;l otro ya vivido. Lo que al mismo tiempo lo afecta, pero lo ha preparado para la nueva contingencia, que es tambi&#233;n un modo de actualizar aquel trauma y, simult&#225;neamente, elaborarlo enfrentando el nuevo escenario. Pero para hacerlo, se requiere adem&#225;s tomar nota de lo nuevo que aporta el evento desastroso. Ya no se trata de ingleses en Malvinas, otros seres humanos contra los que se lucha en una coyuntura de conflicto b&#233;lico. Ahora la amenaza no es de otros semejantes, sino de algo radicalmente Otro de contornos inquietantes. Una novedad acontecimental que al racionalista de Favalli le va a costar asimilar hasta que se rinda a las evidencias. Es Salvo quien logra nominar la causa de tanto desastre: se trata de una invasi&#243;n extraterrestre. Tomar nota de que un elemento nuevo e inesperado ha ingresado en el mundo y poder significarlo, obliga a un proceso de invenci&#243;n que reconfigure un escenario nuevo. Porque no es lo mismo suponer que se est&#225; ante un desastre natural, que ante un ataque alien&#237;gena que presupone una intencionalidad y un plan. Poder significar ese elemento nuevo que parec&#237;a imposible de asumir en el marco simb&#243;lico preestablecido, permite reinventar los v&#237;nculos y alianzas, pero tambi&#233;n los recursos con que se cuentan. Dice Lewkowicz (2006): &#8220;En cat&#225;strofe ya no tiene poder el organismo ultraespecializado sino el organismo pl&#225;stico capaz de considerar y hacer efectiva cualquier facticidad como condici&#243;n de su afirmaci&#243;n&#8221; (p. 164).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt;, reciclar lo viejo es tambi&#233;n una forma de invenci&#243;n o, si se quiere, de reinvenci&#243;n. La frase &#8220;lo viejo sirve&#8221; en el contexto de la trama, es la sorpresa de que la tecnolog&#237;a alien&#237;gena no consigui&#243; afectar las tecnolog&#237;as humanas m&#225;s antiguas, no una celebraci&#243;n ideol&#243;gica del conservadurismo. En el campo de la t&#233;cnica &#8220;lo viejo sirve&#8221; porque nunca dej&#243; de servir: las novedades tecnol&#243;gicas reemplazan a las antiguas, que dejan de usarse por vetustas, aunque mantienen su vigencia potencial, que suele reactivarse en escenarios de cat&#225;strofe. Mandar un mensaje por &lt;i&gt;whatsapp&lt;/i&gt; no suprime la potencia comunicacional de una carta. Y la iluminaci&#243;n a vela ya no se usa, pero vuelve a ser esencial ante la ausencia de energ&#237;a el&#233;ctrica. En el campo pol&#237;tico en cambio, lo viejo y lo nuevo coexisten. La democracia moderna, republicana y parlamentaria tiene unos 200 a&#241;os, pero no constituye el r&#233;gimen pol&#237;tico dominante en la mayor parte de los pa&#237;ses, conviviendo con reg&#237;menes mon&#225;rquicos, dictaduras, tiran&#237;as y gobiernos pseudodemocr&#225;ticos. Para organizar una sociedad, sirve tanto una democracia como una dictadura. Pero no se puede pensar en t&#233;rminos de utilidad un r&#233;gimen pol&#237;tico, porque implica trasladar la l&#243;gica utilitaria al campo &#233;tico-pol&#237;tico. Un puro pragmatismo maquiav&#233;lico. En todo caso, se trata de evaluar las consecuencias que se derivan para los miembros de una sociedad los diversos modos de organizaci&#243;n estatal. En el final de temporada de &lt;i&gt;El Eternauta,&lt;/i&gt; vemos que &#8220;el enemigo&#8221; ha coaptado cientos de humanos vaciados de voluntad, dirigidos por un ser misterioso al que responden hipnotizados. Suprimidas las subjetividades singulares, queda una masa que acata autom&#225;ticamente a un l&#237;der. Tambi&#233;n para los invasores, a nivel pol&#237;tico, &#8220;lo viejo, sirve&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz propone dos modos de pensar la cat&#225;strofe que no tienen las mismas consecuencias respecto de la posici&#243;n del sujeto ante ella: pensarla desde &lt;i&gt;lo que queda&lt;/i&gt; o desde &lt;i&gt;lo que hay.&lt;/i&gt; Pensar desde &lt;i&gt;lo que queda&lt;/i&gt; es pensarla como el resto de una operaci&#243;n de destituci&#243;n, mirada melanc&#243;lica que hace un balance de lo perdido y anhela recuperar. Un habitar la situaci&#243;n de desastre desde la l&#243;gica previa, que da como resultado un d&#233;ficit: un &#8220;no queda casi nada&#8221;. Pensar desde &lt;i&gt;lo que hay&lt;/i&gt; es en cambio pensarla desde el inventario que precede a una operaci&#243;n que da como resultado un plus afirmativo: un &#8220;hay lo que hay&#8221;. Operaci&#243;n que implica asumir la preeminencia del cambio y la contingencia. Y la contingencia, a diferencia del arrasamiento, es la posibilidad precaria de organizaci&#243;n de la subjetividad. &#8220;La contingencia difiere del arrasamiento porque un trabajo subjetivo encuentra el modo de producir el encuentro sobre el azar del choque. No celebramos un inconcebible azar que crea un mundo ordenado para felicidad de sus habitantes; asumimos la emergencia casual de un encuentro que s&#243;lo producir&#225; realidad si hay trabajo capaz de sostenerlo como encuentro. Y si no, ser&#225; dispersi&#243;n pura, encuentro triste, falso encuentro, mero choque&#8221; (Lewkowicz, 2006, p.161). En &lt;i&gt;El Eternauta&lt;/i&gt;, la invasi&#243;n brutal extraterrestre produce una desorganizaci&#243;n mort&#237;fera. Pero queda a cuenta de cada sobreviviente la tarea &#233;tica de sostener el trabajo subjetivo de transformar los choques azarosos en el medio del desastre, en encuentros que reafirmen la supervivencia de lo humano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un ejemplo magn&#237;fico de este rasgo de humanidad es la escena de la sepultura. Todo es un caos y los tres amigos est&#225;n desquiciados. La nevada se ha detenido pero la amenaza contin&#250;a y la supervivencia se hace m&#225;s incierta que nunca. En ese contexto, deciden hacer un alto para sepultar al amigo muerto. La ciudad es un tendal de cuerpos, pero en la despedida a uno de ellos se juega el destino de la humanidad toda. Cavan una fosa y despiden al Ruso arrojando tres naipes con el mayor ligue del truco. Un breve ritual funerario que recuerda el gesto de Ant&#237;gona y que los reconcilia con lo simb&#243;lico en medio del estrago real.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hardt, M. y Negri, A. (2002). &lt;i&gt;Imperio&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz, I. (2002). &lt;i&gt;Sucesos Argentinos. Cacerolazo y subjetividad postestatal,&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lewkowicz, I. (2006). &lt;i&gt;Pensar sin Estado. La subjetividad en la era de la fluidez&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Watchel, N. (1976). &lt;i&gt;Los vencidos: los indios del Per&#250; frente a la conquista espa&#241;ola&lt;/i&gt;. Alianza editorial.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb3-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;a href=&#034;https://www.dicc.hegoa.ehu.eus/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.dicc.hegoa.ehu.eus/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Para una cr&#237;tica a &lt;i&gt;Imperio&lt;/i&gt;, ver Atilio Bor&#243;n: &lt;i&gt;Imperio e imperialismo&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Clacso, 2002.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Para evitar las complejidades ya inaccesibles de la noci&#243;n psicoanal&#237;tica de trauma, sus dos o tres tiempos, sus resignificaciones y retroacciones, prefiero aqu&#237; sustituir la palabra trauma por el t&#233;rmino, menos t&#233;cnico, de traumatismo&#8221; (Lewkowicz, 2006, p. 151-152).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Cabe la pregunta de si se trauman las estructuras, o los traumas se ligan a un efecto subjetivo. La experiencia de cat&#225;strofe &#191;Qui&#233;n la tiene? &#191;Un orden abstracto (social, econ&#243;mico, pol&#237;tico) o los sujetos que habitan un sistema social, econ&#243;mico, pol&#237;tico? Cuando pasamos de hablar del trauma de un sujeto, a hablar de &#8220;traumas sociales&#8221;, el concepto deja de tener el mismo valor. Es inconmensurable la relaci&#243;n entre un sujeto afectado personalmente por el Terrorismo de Estado en Argentina (un sobreviviente, el hijo de un desaparecido, la madre o abuela de Plaza de Mayo) que hablar de la sociedad argentina afectada por el Terrorismo de Estado. S&#243;lo por analog&#237;a se homologa trauma subjetivo a trauma social, que requiere de una revisi&#243;n de las categor&#237;as que empleamos para el trauma subjetivo.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;No se entiende por qu&#233; ceder&#237;a; es la met&#225;fora de la inundaci&#243;n, que aqu&#237; queda reificada.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;La experiencia tiene lugar en el Per&#250; hacia el siglo XVI: un nuevo tipo de dominaci&#243;n colonial. Lo traum&#225;tico no resulta esencialmente del aumento de las tasas de explotaci&#243;n sino de la desestructuraci&#243;n de las pr&#225;cticas que produc&#237;an un sentido, un lugar, un destino para la poblaci&#243;n local. Los dioses tambi&#233;n han dejado de hablar; han callado frente a las alteraciones del mundo social. Ni dioses ni hombres pueden con tanta perplejidad. Sin embargo, paulatinamente, el silencio se va poblando de rumores. Los dioses les recuerdan a los hombres que son due&#241;os de la tierra. El est&#237;mulo traum&#225;tico ya no produce lo que produc&#237;a. La rebeli&#243;n de 1780 -conducida en su primera fase por Tupac Amaru- muestra una vitalidad recuperada. Ante todo se trata de la recuperaci&#243;n de lo perdido. &#191;C&#243;mo se piensa el silencio en esta perspectiva? Como un impasse donde la recomposici&#243;n se trama finalmente significando el t&#233;rmino extra&#241;o como invasor. No se trata de asumir la transformaci&#243;n que ha operado la presencia colonial; se trata de eliminar el cuerpo extra&#241;o del mundo incaico. Trabajosamente, los lugares existentes asimilan la invasi&#243;n sin alterar la estructura previa&#8221; (Lewkowicz, 2006, p. 152-153).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Watchel (1976) &#8220;Al comienzo, un choque brutal, la Conquista. Esta provoca un traumatismo colectivo cuyos efectos persisten hasta nuestros d&#237;as. &#191;C&#243;mo explicar tal continuidad? Los primeros cuarenta a&#241;os del per&#237;odo colonial dan el ejemplo de una crisis de desestructuraci&#243;n: desaparece el sistema inca, pero de sus despojos sobreviven estructuras parciales, de modo tal que se perpet&#250;a la l&#243;gica del antiguo sistema, aunque alterada. La dominaci&#243;n espa&#241;ola se apoya sobre las instituciones ind&#237;genas, pero lo que fundamenta el sistema colonial es la violencia. No solamente la violencia desnuda, sino el conjunto del proceso de deculturaci&#243;n: el hecho de que la cultura de la minor&#237;a dominante se exponga constantemente como modelo ideal, &#250;nico verdadero, ante la mayor&#237;a dominada, constituye una violencia oculta y cotidianamente vivida: cada d&#237;a, los indios ven morir nuevamente a sus dioses. Ahora bien, la situaci&#243;n colonial se prolonga mucho despu&#233;s de la Conquista. Las rebeliones ind&#237;genas, bajo la forma simple de contraviolencia o bajo la forma compleja de esperanza milenarista, fracasan, excepto en las fronteras. Comprendemos ahora que la literatura ind&#237;gena &#8230; esbozase el doble movimiento que acabamos de trazar. La muerte de los dioses; es decir, la desestructuraci&#243;n como traumatismo perpetuado. La danza de la Conquista; es decir, una praxis reestructurante, pero una reestructuraci&#243;n danzada, en la esfera imaginaria, puesto que las otras formas de praxis fracasan&#8221;. (p&#225;g. 317) &#8220;Hay, pues, supervivencia de la tradici&#243;n, pero sabemos tambi&#233;n que dicha tradici&#243;n, considerada en t&#233;rminos globales, sufre los efectos destructores de la dominaci&#243;n espa&#241;ola: la descomposici&#243;n de la sociedad ind&#237;gena no se ve compensada por otro tipo de organizaci&#243;n. Hay deculturaci&#243;n sin verdadera aculturaci&#243;n. De modo tal que dos mundos quedan frente a frente, uno dominante y el otro dominado&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El tema es debatible. Ver, por ejemplo, La arrogancia del presente de Jean Claude Milner, quien particip&#243; del mismo y discute las caracter&#237;sticas de acontecimiento de aquel evento.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Solo se&#241;alemos con Lacan -v&#237;a Hegel a trav&#233;s de Alexandre Koj&#232;ve - que en el v&#237;nculo con el amo, el esclavo ocupa el lugar del saber y es el que produce para el amo. No es un muerto, o un ser vac&#237;o e inerte, sino alguien que salva su vida y puede por lo tanto trabajar por su libertad. Como lo ilustra el ejemplo que ofrece el ex esclavo Trimalci&#243;n, personaje de la novela de Petronio &lt;i&gt;Satyricon&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-10&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-10&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-10&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;10&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Agregado del autor.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-11&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-11&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-11&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;11&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Agregado del autor.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-12&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-12&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-12&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;12&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;En cat&#225;strofe, lo que cambia tiene m&#225;s peso, m&#225;s intensidad, m&#225;s sentido que lo que permanece; y esto de manera duradera. Si se puede habitar esta paradoja, es una estabilizaci&#243;n cambiante de la din&#225;mica de cambios. La imagen del cambio perpetuo es la imagen del medio fluido. De aqu&#237; en adelante &#8211;y no en una situaci&#243;n puntual actual- habitaremos espacios caracterizados por la contingencia de las conexiones&#8221;. Lewkowicz (2006), p. 161. &#191;Qu&#233; ser&#237;a poder habitar tal paradoja? &#191;Poder habitarla no es asimilarla, en la l&#237;nea del traumatismo, hacerla parte del yo? Asimilar la cat&#225;strofe, &#191;no es la v&#237;a opuesta a producir un acto que saque de la cat&#225;strofe? El mercado como una gran anarqu&#237;a fluida productora de cat&#225;strofe parece una lectura simplificada de un orden econ&#243;mico muy complejo, pero no necesariamente ca&#243;tico. Veinte a&#241;os despu&#233;s de la publicaci&#243;n de &lt;i&gt;Imperio&lt;/i&gt; (2002), no se constata la disoluci&#243;n de los Estado-naci&#243;n. Ni siquiera en Argentina, donde la cat&#225;strofe dur&#243; meses, pero ces&#243; sin que cambien los flujos del capital internacional. De hecho, el Estado argentino creci&#243; y se volvi&#243; mucho m&#225;s fuerte que antes de 2001.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/jeyc_agosto_2025_02_13-21_del_devenir_caotico_a_la_invencion_acontecimental.pdf" length="274018" type="application/pdf" />
		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>De Joker a Joker 2</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/De-Joker-a-Joker-2</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/De-Joker-a-Joker-2</guid>
		<dc:date>2025-03-02T21:24:02Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The original Joker tells the story of Arthur Fleck, a marginalized man with mental health issues who one day grows tired of being abused and reacts with violence, as a result of which he ends up in prison. But the mass shock derived from the live murder he committed elevates him as a symbol of the oppressed people, fed up with being mistreated by the privileged. Joker: Folie a&#768; Deux is a brilliant correction to the simplistic interpretation made of the first film. Harley Quinn represents the audience thrilled by the appearance of an uncontrollable madman who believes that because he has suffered in life, he has the right to kill at will. But Fleck wants nothing to do with his alter ego, whom he despises. And he does not seek to excuse himself by appealing to an alleged &#034;multiple personality&#034; pathology; rather, he takes responsibility for his actions. The audience that embraced the first Joker rejected this second one because there are no longer scenes of gratuitous and wild cruelty, except in a dreamlike state... which speaks to a certain average state of today's society.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Madness | Mis en abyme | Responsibility&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | N&#186; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/De-Joker-a-Joker-2-salir-de-la-Folie-a-Deux' class=&#034;spip_in&#034;&gt;De Joker a Joker 2: salir de la Folie &#224; Deux&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>De Joker a Joker 2: salir de la Folie &#224; Deux</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/De-Joker-a-Joker-2-salir-de-la-Folie-a-Deux</link>
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		<dc:date>2025-03-02T21:23:44Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La Joker original narra la historia de Arthur Fleck, un marginal con problemas mentales, que un d&#237;a se cansa de ser abusado y reacciona con violencia, a consecuencia de lo cual termina preso. Pero el shock masivo derivado del asesinato en vivo que ha cometido lo consagra como s&#237;mbolo de la peque&#241;a gente, harta de ser abusada por los privilegiados. Joker: Folie a&#768; deux es una genial correcci&#243;n a la interpretaci&#243;n simplista que se hizo de la primera. Harley Quinn representa al p&#250;blico entusiasmado con el semblante de un loco descontrolado que cree que por haber sufrido en la vida tiene derecho a matar a su antojo. Pero Fleck no quiere saber nada con su alter ego, al que aborrece. Y no busca exculparse apelando a la inimputabilidad por una supuesta patolog&#237;a de &#034;doble personalidad&#034;, sino que asume la responsabilidad por sus actos. El p&#250;blico que consagro&#769; la primera Joker rechazo&#769; esta segunda porque ya no hay escenas de crueldad gratuita y alocada, salvo en estado on&#237;rico&#8230; lo que habla de cierto estado promedio de la sociedad actual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Locura | puesta en abismo | responsabilidad&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/De-Joker-a-Joker-2' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-15-Nro-1-Marzo-2025-" rel="directory"&gt;Volumen 15 | Nro 1 | Marzo 2025&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;div class='spip_document_1981 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;58&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L332xH166/joker2_1-34157.jpg?1788609747' width='332' height='166' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Joaquin Phoenix en &lt;i&gt;Joker: folie a deux&lt;/i&gt;, de Todd Phillips&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;No es el agente el que explica el acto, sino m&#225;s bien el acto el que, revelando de golpe su sentido aut&#233;ntico, se vuelve sobre el agente, esclarece su naturaleza, descubre lo que es y lo que realmente ha realizado sin saberlo&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Vernant P. &amp; Vidal-Naquet P. (2002). Mito y Tragedia en la Grecia (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;De Martin Scorsese a Todd Phillips&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1980 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_right spip_document_right spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;51&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/joker2_2.jpg?1787752786' width='500' height='396' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Robert de Niro en Taxi Driver, de Martin Scorsese&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Segu&#237;amos pensando en t&#233;rminos del personaje, su soledad y sus reacciones; no justificamos esas reacciones, pero &#233;l reacciona, y sin embargo genera una cierta empat&#237;a, lo cual es realmente complicado. En &#250;ltima instancia, lo que nos qued&#243; fue el estado psicol&#243;gico y emocional de ese personaje. Como sabemos ahora, tr&#225;gicamente, es una norma: cada vez m&#225;s personas son como Travis Bickle&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; id=&#034;nh4-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; As&#237; se refiri&#243; Martin Scorsese en una reciente entrevista a Travis Bickle, el personaje de su film &lt;i&gt;Taxi Driver&lt;/i&gt; que encarnara Robert de Niro, a m&#225;s de 40 a&#241;os de su estreno.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Scorsese, M.; Taxi driver, EE.UU., 1976.&#034; id=&#034;nh4-3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; No es por azar que Todd Phillips haya elegido al mismo actor para el papel del presentador televisivo Murray Franklin, en Joker. El personaje de Arthur Fleck est&#225; inspirado en el de Travis: ambos son seres solitarios y alienados que vivieron situaciones traum&#225;ticas y se entregan a sus fantas&#237;as para escapar de sus frustraciones, mientras transitan por una ciudad hostil y decadente. Al final, producen una explosi&#243;n de furia violenta en la que matar y matarse pasan a ser equivalentes.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1986 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;232&#034; data-legende-lenx=&#034;xxx&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/joker2_5.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/joker2_5.jpg?1787752786' width='500' height='145' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;La vecina de Arthur en Joker, y Harleen Quinzel en Joker: folie a deux, imitan el gesto de pegarse un tiro de Travis Brickel al final de la masacre en el prost&#237;bulo de Taxi driver, en una cita de Todd Phillips al film de Scorsese.&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;Taxi Driver&lt;/i&gt; vemos Nueva York desde la mirada de Travis, a trav&#233;s de la ventanilla de su taxi que enmarca su fantasma de estar en una especie de letrina corrupta que &#233;l est&#225; llamado a limpiar. En &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt;, en cambio, ciudad G&#243;tica est&#225; literalmente invadida de ratas y basura. El film alterna entre la mirada objetiva y el marco del fantasma de Arthur, en una continuidad interior-exterior que confunde al espectador (as&#237;, por ejemplo, la relaci&#243;n amorosa a la que asistimos con la vecina es s&#243;lo una fantas&#237;a). En &lt;i&gt;Joker: Folie &#224; Deux&lt;/i&gt; va a volver m&#225;s expl&#237;cito este recurso, al insertar escenas cantadas y bailadas que expresan la interioridad de Arthur.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1982 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_right spip_document_right spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;60&#034; data-legende-lenx=&#034;x&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/joker2_3.jpg?1787752786' width='500' height='269' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Robert de Niro en El rey de la comedia, de Martin Scorsese&lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El otro personaje del cine de Scorsese que sirvi&#243; para inspirar la trama de &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt; es Rupert Pumpkin, de &lt;i&gt;El rey de la comedia&lt;/i&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Martin Scorsese, The King of comedy, EE.UU., 1982.&#034; id=&#034;nh4-4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;, un loco que se cree comediante y har&#225; todo lo posible por llegar a actuar en el &lt;i&gt;talk show&lt;/i&gt; de Jerry Langford (Jerry Lewis), a quien termina secuestrando y, finalmente, reemplazando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Joker&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El film de Todd Phillips nos adentra en el mundo de Arthur Fleck, un sujeto solitario que estuvo internado por razones psiqui&#225;tricas. Cree que su sentido en la vida es hacer re&#237;r a la gente, sea como payaso en un hospital, o como comediante de &lt;i&gt;stand ups.&lt;/i&gt; Es lo que entendi&#243; de las palabras de su madre, que lo llama &lt;i&gt;Happy&lt;/i&gt; (&#8220;Feliz&#8221;), para darle un sentido positivo a las risas compulsivas que padece por su condici&#243;n mental, producto del abuso f&#237;sico y sexual padecido de ni&#241;o. Una risa involuntaria y dolorosa que se desencadena en momentos de stress y parece combinar al Otro abusador que padeci&#243;, y a &#233;l mismo como objeto gozado y sufriente. Arthur convierte las palabras de su mam&#225; loca en mandato y destino de ser comediante, un bromista (&lt;i&gt;joker&lt;/i&gt;). S&#243;lo que carece de todo talento para ello: no hay un solo chiste gracioso que cuente Arthur. Lo que termina generando incomodidad y verg&#252;enza ajena. En un cuaderno se la pasa garabateando chistes de su creaci&#243;n, entre los que se destaca uno, que juega con la homofon&#237;a entre &lt;i&gt;sense&lt;/i&gt; (sentido) y &lt;i&gt;cents&lt;/i&gt; (centavos), que anticipa la idea de matarse: &#8220;&lt;i&gt;I just hope my death makes more cents than my life&#8221;&lt;/i&gt;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Espero que mi muerte haga m&#225;s centavos que mi vida&#8221;&#034; id=&#034;nh4-5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arthur quiere ser visto y reconocido como un &lt;i&gt;joker&lt;/i&gt;. Se la pasa huyendo a fantas&#237;as donde imagina que el conductor televisivo Murray Franklin lo quiere como a un hijo, que su vecina siente atracci&#243;n por &#233;l, y que es exitoso ante el p&#250;blico. Una huida de la realidad que contrasta con las escenas cotidianas en las que es maltratado y humillado. Toda la primera parte de la pel&#237;cula es una acumulaci&#243;n de desgracias que despierta l&#225;stima en el espectador: golpeado en la calle, despedido del trabajo, sin cobertura m&#233;dica, viviendo en condiciones precarias con su madre enferma y rechazado por su presunto padre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando es atacado por tres yuppies al viajar en el subte disfrazado de payaso, los mata a tiros. Con la noticia de que un misterioso payaso asesin&#243; a tres acomodados del &lt;i&gt;establishment,&lt;/i&gt; el millonario Thomas Wayne declara en televisi&#243;n que el criminal es un envidioso y llama &#8220;payasos&#8221; a los desocupados y marginados. Las multitudes que ven&#237;an protestando en las calles por mejores condiciones sociales, hacen entonces de la figura del payaso asesino un icono de rebeld&#237;a antisistema. Si Arthur dec&#237;a no saber si exist&#237;a, con los asesinatos empieza a saber que s&#237; existe para el Otro, s&#243;lo que como imagen de payaso contestatario violento. &#201;l pasa entonces a consistir en ese rostro pintado siempre alegre, un rostro de &#8220;Happy&#8221;, ese sobrenombre materno que detestaba y, empoderado por ese semblante que le viene del Otro, mata a su madre cuando se entera que fue abusado de ni&#241;o por la pareja de ella y no lo protegi&#243;. Tambi&#233;n mata a Randall, un compa&#241;ero de trabajo que se burlaba de &#233;l. Finalmente planea un suicidio ante las c&#225;maras en el show de Murray Franklin, pero en un momento de furia indignada durante el programa, termina matando al conductor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando se estren&#243; la pel&#237;cula, el personaje de Joker produjo fascinaci&#243;n: una v&#237;ctima del sistema que se rebelaba haciendo justicia por mano propia. En un giro en el que la vida imita al arte, durante los disturbios de Chile de 2019 se presentaron muchos manifestantes con la cara pintada de Joker. &#8220;Dicho filme gener&#243; un abismante grado de identificaci&#243;n con el grueso de la poblaci&#243;n chilena &#8211;abismante porque se trata de un filme apocal&#237;ptico&#8211;, identificaci&#243;n efectuada sobre todo con los sectores juveniles urbanos (hijos solos y empastillados, estudiantes sin perspectivas y trabajadores precarizados). Pero ante todo el filme proporcion&#243; una narrativa que &#8211;a falta de contacto con alguna tradici&#243;n&#8211; actu&#243; como veros&#237;mil para leer las propias circunstancias y alg&#250;n curso de acci&#243;n. Si el &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt; es la historia de una v&#237;ctima que toma revancha, y tras de &#233;l los habitantes de una ciudad entera que entra en caos, visto el desarrollo del estallido, la lectura parece haber sido que la v&#237;ctima tiene derecho a destruir todo lo que cree que la ha da&#241;ado o vehicula ese da&#241;o (y basta con que lo crea)&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Pablo Aravena, &#8220;Cine, historia, acci&#243;n: el Joker y el estallido social&#8221; en (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1983 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_right spip_document_right spip_document_avec_legende' data-legende-len=&#034;68&#034; data-legende-lenx=&#034;xx&#034;
&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L315xH177/joker2_4-8ca18.jpg?1788609747' width='315' height='177' alt='' /&gt;
&lt;figcaption class='spip_doc_legende'&gt; &lt;div class='spip_doc_titre '&gt;&lt;strong&gt;&lt;center&gt;Protestas en Santiago de Chile durante el estallido social de 2019 &lt;/center&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt; &lt;/figcaption&gt;&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Si bien Todd Phillips no pretendi&#243; hacer una idealizaci&#243;n del personaje, &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt; fue recibida como la justificaci&#243;n de la violencia de un hombre abusado y maltratado por la sociedad. Marcelo Figueras se&#241;ala que la pel&#237;cula fue resignificada por su contexto hist&#243;rico: &#8220;El alegato que pronuncia el Arthur Fleck, que ya adopt&#243; el disfraz de Joker antes de fusilar al &lt;i&gt;host&lt;/i&gt; del programa, ta&#241;e una cuerda social. Es imposible no empatizar con Arthur Fleck: cualquier persona sensible entender&#237;a que, aunque descarriadas, sus acciones no son gratuitas. Y dado que el personaje que interpreta es tan f&#225;cil de imitar, parte de la sociedad lo emula y sale a protestar por las calles, generando caos (&#8230;) &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt; se convirti&#243; en una pel&#237;cula popular y populista, porque les daba a las mayor&#237;as lo que cre&#237;an necesitar: una catarsis, la sensaci&#243;n de victoria po&#233;tica del com&#250;n ante aquellos que toda la vida se consideraron superiores. Resultaba intoxicante creer que alguien pod&#237;a darle a esos abusadores, explotadores y cre&#237;dos, &#034;lo que se merec&#237;an&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Marcelo Figueras, &#8220;Non Ridere pi&#250;, Pagliaccio&#8221;, en&#034; id=&#034;nh4-7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Efectivamente, el p&#250;blico celebr&#243; la explosi&#243;n violenta de Arthur, igual que los simpatizantes del &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt; de la pel&#237;cula, que incendiaban las calles de ciudad G&#243;tica y lo elevaban a s&#237;mbolo de rebeld&#237;a antisistema.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Joker: Folie &#224; deux&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arthur Fleck conoce a Harleen Quinzel en la c&#225;rcel, se fuga con ella y, en una locura de a dos, desatan el caos en ciudad G&#243;tica contra los poderosos del establishment, a los que matan mientras les gritan: &#8220;&#161;Ten&#233;s lo que te merec&#233;s!&#8221;. Esa es la secuela que esperaban los fans de &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt;. No es eso lo que decidi&#243; hacer Todd Phillips. Ante la insistencia de los Estudios Warner de hacer una secuela, realiz&#243; una segunda parte que corrija los malentendidos sociopol&#237;ticos que gener&#243; la primera. &#191;Cu&#225;les? Las lecturas progresistas que pasaron desde hacer del Joker la encarnaci&#243;n de los sin voz, como por ejemplo Michael Moore, que dijo de ella que era &#8220;la perfecta ilustraci&#243;n de las consecuencias de los actuales malestares sociales de Am&#233;rica: el rol de los banqueros, el colapso de la salud p&#250;blica, la grieta entre ricos y pobres. Pero sobre todo instala la pregunta de qu&#233; pasar&#237;a si un d&#237;a los despose&#237;dos decidieran contraatacar&#8221;, a hacer equivaler al Joker con Donald Trump.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Slavoj &#381;i&#382;ek rechaza semejante comparaci&#243;n en su art&#237;culo &#8220;Don&#180;t insult (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Joker encarna as&#237; dos polos opuestos: el vindicador de derechos de los desclasados y el millonario apol&#237;tico violento y an&#225;rquico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En las historietas y pel&#237;culas de Batman, el Joker es la encarnaci&#243;n de la violencia sin sentido, el goce en la destrucci&#243;n sin raz&#243;n utilitaria, lo que lo volv&#237;a un ser inquietante y, al mismo tiempo, un transgresor de la l&#243;gica de acumulaci&#243;n capitalista. El realizador Tim Burton propuso un origen estrafalario, transformando un maleante del bajo mundo en un loco desfigurado cuando cae en un barril de &#225;cido.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Tim Burton, Batman, EE.UU., 1989.&#034; id=&#034;nh4-9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; No hay all&#237; ninguna profundidad psicol&#243;gica; tan s&#243;lo una justificaci&#243;n del aspecto del personaje. Christopher Nolan tambi&#233;n entendi&#243; que el Joker no requer&#237;a origen ni explicaci&#243;n, porque el goce an&#225;rquico con la destrucci&#243;n es un aspecto presente en cada sujeto, del que el Joker es tan s&#243;lo su exteriorizaci&#243;n. De ah&#237; su car&#225;cter juguet&#243;n, pueril y, de alg&#250;n modo, indestructible.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-10&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Christopher Nolan, The dark knight, EE.UU., 2008.&#034; id=&#034;nh4-10&#034;&gt;10&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Es la encarnaci&#243;n del disfrute infantil de un dispendio destructor improductivo, en el que se rompen las reglas sociales sin culpa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todd Phillips, en cambio, no realiza una pel&#237;cula sobre los or&#237;genes del archivillano de comic, sino un estudio de personalidad, con el personaje de historieta y ciudad G&#243;tica como marco y excusa. Se trata de una pel&#237;cula sobre alguien que se llama Arthur Fleck, un sujeto quebrado que se escapa de la realidad en fantas&#237;as, y termina en un pasaje al acto homicida por no ser reconocido. Las referencias al universo de Batman est&#225;n al s&#243;lo efecto de justificar la realizaci&#243;n de la pel&#237;cula, pero es claro que Arthur Fleck no es el Guas&#243;n de Batman.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Phillips no quer&#237;a hacer una secuela de &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt;, pero la oferta de los Estudios Warner de hacer una segunda parte debido al &#233;xito de la primera, le dio la oportunidad de hacer algo no previsto en las t&#237;picas secuelas hollywoodenses. Lo esperable era ver al personaje reiterando y redoblando su violencia contra la sociedad. Phillips en cambio va a subrayar que el film trata de Arthur Fleck y no del supervillano de historieta, para responder al malentendido de millones de fans que celebraron la violencia desatada del Joker como gesto pol&#237;tico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mientras que &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt; fue un &#233;xito internacional (cost&#243; 55 millones y recaud&#243; 1000 millones de d&#243;lares), &lt;i&gt;Joker: Folie &#224; Deux&lt;/i&gt; fue un fracaso de taquilla y una desilusi&#243;n para la mayor&#237;a de los entusiastas de la primera parte. Este desencanto es el mismo que ocurre dentro de la trama de la secuela, y que el realizador hab&#237;a anticipado. &lt;i&gt;Joker: Folie &#224; deux&lt;/i&gt; corrige la interpretaci&#243;n que se hizo del primer film, para lo cual hasta recurre a una puesta en abismo: en la secuela, los personajes hablan de la pel&#237;cula &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt;, basada en la historia de Arthur. Harleen Quinzel encarna al p&#250;blico entusiasmado con el semblante de payaso arrogante y an&#225;rquico. Los manifestantes callejeros, con m&#225;scaras de clowns, lo vitorean en la corte y esperan que reivindique el asesinato de personas por su condici&#243;n social privilegiada. Y Arthur pasa a existir para el Otro social y para una mujer, al encarnar la resistencia a la sociedad capitalista, siendo &#8211;parad&#243;jicamente&#8211; un efecto de la misma: un sujeto que explota de impotencia por no ser reconocido y querido como comediante. &#201;l no es ning&#250;n l&#237;der revolucionario: solo quiere ser una &lt;i&gt;celebrity&lt;/i&gt;. Son las muchedumbres enojadas las que lo convirtieron en s&#237;mbolo de un movimiento de protesta sin programa pol&#237;tico. Harleen, las muchedumbres, el p&#250;blico, no quieren al pat&#233;tico de Arthur Fleck, un sujeto roto y so&#241;ador que se enamor&#243; y quiere ser feliz. Incluso Arthur mismo no quiere saber nada del personaje que lo catapult&#243; a la fama, al que aborrece. Al final, lejos de eludir una condena judicial apelando al argumento psiqui&#225;trico de padecer de &#034;doble personalidad&#034;, decide asumir la responsabilidad por sus actos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El p&#250;blico que consagr&#243; la primera &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt; rechaz&#243; su secuela porque ya no hay escenas de crueldad gratuita y alocada, salvo en fantas&#237;as del personaje. Si la pel&#237;cula fracas&#243;, es porque a nadie le gusta que lo averg&#252;encen del goce. &lt;i&gt;Joker: Folie &#224; Deux&lt;/i&gt; le dice al p&#250;blico de la primera pel&#237;cula, que estuvo celebrando el deseo una violencia revanchista que se disfrazaba de justicia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero desde el inicio, ambas pel&#237;culas de Phillips no estaban interesadas en el universo de Batman sino en el tema de la violencia y el problema de su legitimaci&#243;n en el contexto de la crisis de representatividad de la sociedad actual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Poder y violencia extrema&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El fil&#243;sofo Alessandro Passerin d' Entr&#232;ves dec&#237;a que si se definiera la esencia del poder por la eficacia del mando, entonces no habr&#237;a poder m&#225;s grande que el que sale del ca&#241;&#243;n de una pistola, pero en ese caso se volver&#237;a indistinguible la orden de un polic&#237;a, de la de un asaltante. En su ensayo sobre la violencia,&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-11&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Arendt, H.; Sobre la violencia, Madrid, Alianza, 2006.&#034; id=&#034;nh4-11&#034;&gt;11&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Hannah Arendt cuestiona la tradicional concepci&#243;n de lo pol&#237;tico en t&#233;rminos de dominio, porque vuelve equivalentes los t&#233;rminos &lt;i&gt;poder, potencia, fuerza, autoridad y violencia&lt;/i&gt;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-12&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Max Weber, por ejemplo, define el Estado como el dominio de los hombres (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-12&#034;&gt;12&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Que lo usual sea que el poder institucionalizado se presente bajo la apariencia de autoridad y exija reconocimiento mediante una combinaci&#243;n de violencia y poder, no significa que &lt;i&gt;autoridad, poder, fuerza y violencia&lt;/i&gt; sean categor&#237;as intercambiables. Poder es la capacidad humana para actuar de modo concertado, por lo que no es propiedad de un individuo, sino de un grupo. Quien ocupa un lugar de poder act&#250;a en nombre del grupo de personas que se lo han dado, y lo pierde si el grupo desaparece.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-13&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Lo que hace de un ser humano un ser pol&#237;tico, es su capacidad de acci&#243;n; le (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-13&#034;&gt;13&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Autoridad es la atribuci&#243;n de reconocimiento y respeto a una persona o entidad por parte de aquellos a los que se les pide obediencia.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-14&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Es Sigmund Freud quien en Psicolog&#237;a de las masas y an&#225;lisis del yo arroja (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-14&#034;&gt;14&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Arendt distingue &lt;i&gt;violencia&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;fuerza&lt;/i&gt;, reservando este &#250;ltimo t&#233;rmino a las fuerzas de la naturaleza o de las circunstancias, mientras que la violencia no es algo natural sino un medio para multiplicar la potencia de una persona o una instituci&#243;n en relaci&#243;n con otras personas o cosas, y por lo que se rige por el v&#237;nculo entre medios y fines. Por su car&#225;cter instrumental, necesita una gu&#237;a y una justificaci&#243;n para alcanzar el fin, mientras que el poder requiere de legitimidad. De donde se sigue que la violencia no crea poder, ya que &#233;ste se basa en la legitimidad fundada en la transferencia a un l&#237;der al que se le otorga autoridad. Y que donde domina el poder, no se requiere de la violencia. El dominio de la violencia es consecuencia de la impotencia del poder.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-15&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Se supone que bajo las condiciones de un Gobierno representativo el pueblo (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-15&#034;&gt;15&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Si la violencia puede ser un &#250;ltimo recurso para mantener el poder, no es el requisito para detentarlo, lo que supone mantener el lugar de autoridad otorgado por la mayor&#237;a de la sociedad. De donde se sigue que la violencia puede ser justificable pero nunca es leg&#237;tima. El poder implica que los ciudadanos consientan en acatar las leyes, que reconocen la &#8220;fuerza de ley&#8221;, a distinguir de la obediencia forzada mediante el ejercicio del terror.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Arendt, los estallidos de violencia como disturbios y manifestaciones callejeras son consecuencia de la impotencia para actuar en la esfera pol&#237;tica por parte de las mayor&#237;as. Dichas manifestaciones violentas son capaces de engendrar sentimientos fraternales en donde los participantes act&#250;an unidos, dando una sensaci&#243;n de comunidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arendt no opone racionalidad a violencia al situar a la rabia como reacci&#243;n ante la miseria y el sufrimiento consecuencia de condiciones sociales que podr&#237;an modificarse o que ofenden nuestro sentido de la justicia: &#8220;en la vida privada, al igual que en la p&#250;blica, hay situaciones en las que el &#250;nico remedio apropiado puede ser la aut&#233;ntica celeridad de un acto violento. El &lt;i&gt;quid&lt;/i&gt; no es que esto nos permita descargar nuestra tensi&#243;n emocional, fin que se puede lograr igualmente golpeando sobre una mesa o dando un portazo. El &lt;i&gt;quid&lt;/i&gt; est&#225; en que, bajo ciertas circunstancias, la violencia -actuando sin argumentaci&#243;n ni palabras y sin consideraci&#243;n a las consecuencias- es el &#250;nico medio de restablecer el equilibrio de la balanza de la justicia&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-16&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Arendt, ob. cit., p&#225;g. 86.&#034; id=&#034;nh4-16&#034;&gt;16&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La racionalidad de la violencia queda enlazada a la meta de alcanzar el cese de una condici&#243;n injusta, volvi&#233;ndose en cambio irracional cuando se vuelve contra sustitutos, expres&#225;ndose en violencia excesiva sin sentido. Como sucede en &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt;, cuando Arthur mata al conductor de televisi&#243;n que, para ese momento, encarna la figura del padre gozador, de la clase social privilegiada, de los explotadores y &lt;i&gt;tutti quanti.&lt;/i&gt; En &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt; confluyen ambas formas de violencia impotente: la violencia destructiva de las protestas callejeras, con la violencia personal de Arthur. A lo largo del relato, fruto de un equ&#237;voco, los manifestantes callejeros hacen de los asesinatos del subte -ligados a una situaci&#243;n de defensa personal ante un ataque en manada- a acto sociopol&#237;tico que Arthur termina abrazando en su discurso final antes de dispararle a Murray. Eleva as&#237; la frustraci&#243;n personal a la dignidad de la lucha de clases. S&#243;lo que es violencia impotente e injusta en relaci&#243;n a su meta.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-17&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Slavoj &#381;i&#382;ek, comentando la pel&#237;cula de Chantal Akerman Jeanne Dielman, 23, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-17&#034;&gt;17&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno de los puntos destacables del an&#225;lisis de Arendt, es que hay algo en la naturaleza de la violencia misma que es excesiva, independientemente de su instrumentalidad. Se&#241;ala que la violencia alberga un elemento adicional de arbitrariedad, un exceso por el cual la finalidad de la acci&#243;n humana no s&#243;lo no puede ser prevista de modo fiable, sino donde adem&#225;s el fin siempre est&#225; en peligro de verse desbordado por los medios violentos a los que justifica y que son necesarios para alcanzarlo. Este exceso indome&#241;able es intr&#237;nseco al ejercicio de la violencia, m&#225;s all&#225; (o m&#225;s ac&#225;) de las justificaciones que encuentre. En otras palabras, en la l&#243;gica racional de medios y fin que propugna Arendt (con el problema de delimitar la medida de lo justo y lo excesivo, lo adecuado a los fines y lo que no), se cuela el goce pulsional, cuya meta no tiene nada que ver con las justificaciones sociales y pol&#237;ticas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este exceso violento incontrolable, es un objeto de reflexi&#243;n de Etienne Balibar. Nombra &#8220;violencia extrema&#8221; a la crueldad excesiva no basada en razones utilitarias o ideol&#243;gicas, como por ejemplo las explosiones de violencia sin sentido generadas por adolescentes y &lt;i&gt;homeless&lt;/i&gt; en las ciudades, que encuentran una racionalizaci&#243;n superficial en discursos legitimadores. Cabe nuevamente preguntarse respecto de qu&#233; medida se puede calibrar la violencia para distinguir la &#8220;extrema&#8221; de la &#8220;no extrema&#8221;: &#191;los fines alcanzados que justifican a posteriori los procedimientos? Para Balibar se trata de una dimensi&#243;n de la violencia que es inconvertible en formas institucionales, y donde la pol&#237;tica no est&#225; garantizada. Una violencia cruel, no reductible a una meta o fin institucional o un sentido hist&#243;rico, que queda ligada a la fantas&#237;a y el goce. Dicho de otro modo, una violencia inasimilable a la dial&#233;ctica hegeliano-marxista. Tanto Hegel como Marx concibieron la historia universal como progreso, siendo la violencia el medio para alcanzar su meta (sea &#233;sta el Estado-Naci&#243;n o la sociedad comunista). Habr&#237;a as&#237; una racionalidad tras la violencia, que queda redimida a trav&#233;s de los logros alcanzados, donde pol&#237;tica y violencia quedan articuladas (as&#237;, por ejemplo, en la Revoluci&#243;n Francesa el Terror jacobino queda justificado por la instauraci&#243;n de una Rep&#250;blica y los Derechos del Hombre). La idea de que la violencia quedar&#237;a redimida en t&#233;rminos de una l&#243;gica en la que el fin justifica los medios, se ve sin embargo cuestionada por los acontecimientos catastr&#243;ficos del siglo XX que exhiben un exceso violento inconducente e irreductible: efectivamente, no hay modo de integrar mediante una teor&#237;a del progreso hist&#243;rico a la &lt;i&gt;shoah&lt;/i&gt; y el &lt;i&gt;gulag.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy en d&#237;a el fracaso de las instituciones pol&#237;ticas favorece la crisis de legitimaci&#243;n y se traduce en formas de frustraci&#243;n y el retorno de modalidades de violencia carentes de meta o fin, meras descargas de furia impotente. El despliegue de esta violencia inconvertible se articula para Balibar a dos escenas: la real o violencia ultraobjetiva, y la fantaseada o ultrasubjetiva. La primera es la condici&#243;n real de empobrecimiento masivo de poblaciones enteras convertidas en &#8220;superfluas&#8221; para el mercado. La &#8220;violencia ultrasubjetiva&#8221; en cambio, es la fantas&#237;a de alg&#250;n Otro como responsable de esa situaci&#243;n (que puede ser encarnada por los extranjeros, los jud&#237;os, los burgueses, los miembros de un partido pol&#237;tico, etc.), y el deseo de aniquilarlo. Pese a que ambos registros son causalmente independientes (la culpa de la pobreza y la exclusi&#243;n social &#191;es de los extranjeros? &#191;de los jud&#237;os? &#191;de los burgueses? &#191;de los varones? &#191;no es esto, acaso, el retorno de la ideolog&#237;a moral y de la b&#250;squeda de chivos expiatorios?), producen sus efectos de modo simult&#225;neo, quedando borrados los l&#237;mites entre lo real y lo imaginario en una explosi&#243;n violenta que cancela lo pol&#237;tico, y libera a nivel colectivo, procesos no simbolizados. El goce en la crueldad presente en la violencia extrema, est&#225; asociada de la fantas&#237;a, siendo as&#237; el colof&#243;n de &lt;i&gt;otra escena inconsciente&lt;/i&gt;. Como Arthur matando a Murray: bajo la apariencia de una revancha, se pone en escena un parricidio en el que el conductor televisivo viene al lugar del padre de Arthur. Del mismo modo, las muchedumbres pasan a matar transe&#250;ntes que perciben de nivel social acomodado. La violencia cruel no encarna un universal en el cual dialectizar su propio conflicto: es goce cruel y an&#225;rquico que busca a posteriori su propia racionalizaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Slavoj &#381;i&#382;ek se trata de una &#8220;violencia del ello&#8221; motivada por el desequilibrio entre el yo y el goce, en el que el otro se presenta en una relaci&#243;n privilegiada con el objeto de goce que nos habr&#237;a quitado (los jud&#237;os para el racista, o los burgueses para los pobres, o los extranjeros para los nacionalistas). A lo que se agrega que la interpretaci&#243;n de estos actos es &lt;i&gt;a posteriori,&lt;/i&gt; operando como mera racionalizaci&#243;n. As&#237;, &#381;i&#382;ek comenta a prop&#243;sito del skinhead neonazi, &#8220;cuando se lo presiona realmente para que explique las razones de su violencia, de repente comienza a hablar como los trabajadores sociales, los soci&#243;logos y los psic&#243;logos sociales, apelando al a decreciente movilidad social, a la inseguridad en aumento, a la desintegraci&#243;n de la autoridad paterna, a la ausencia de amor maternal durante su primera infancia: la unidad entre la pr&#225;ctica y su inherente legitimaci&#243;n ideol&#243;gica se desintegra en violencia efectiva y su impotente, ineficiente, interpretaci&#243;n&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-18&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#381;i&#382;ek, S. La suspensi&#243;n pol&#237;tica de la &#233;tica, Buenos Aires, Fondo de Cultura (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-18&#034;&gt;18&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Como Arendt, &#381;i&#382;ek plantea que esos estallidos de violencia representan la admisi&#243;n impl&#237;cita de la impotencia, para concluir que &#8220;quiz&#225;s, esto sea todo lo que podemos hacer hoy, en este era oscura: hacer visible el fracaso de todos los intentos de redenci&#243;n, del obsceno travestismo de cada gesto que nos reconcilia con la violencia que estamos obligados a cometer. Tal vez sea Job el h&#233;roe adecuado para estos d&#237;as: aquel que se reh&#250;sa encontrar un sentido m&#225;s profundo en el sufrimiento al que se enfrenta&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-19&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#381;i&#382;ek, S.; ob. cit., p&#225;g. 217.&#034; id=&#034;nh4-19&#034;&gt;19&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Salir de la locura de a dos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A Todd Phillips le caus&#243; rechazo descubrir que al darle al Joker un origen de su perfil psicol&#243;gico, en verdad le dio una justificaci&#243;n. Por lo que &lt;i&gt;Joker: Folie &#224; deux&lt;/i&gt; es un rechazo de la legitimaci&#243;n de la violencia basada en el resentimiento, para hacer entrar al personaje en el campo de la responsabilidad ante s&#237; mismo y ante la sociedad. Arthur va a juicio por los asesinatos que cometi&#243;. Pese a los consejos de su abogada defensora, que busca salvarlo mediante la coartada de inimputabilidad por padecer de doble personalidad, o de los fan&#225;ticos que lo siguen y s&#243;lo piden m&#225;s destrucci&#243;n, Arthur asume su propia defensa y en el alegato final confiesa su culpabilidad. Cuando Puddles, el enano, lo interpela respecto de su posici&#243;n, al recordarle que era una persona que lo hab&#237;a tratado con dignidad, y si sufri&#243; de abusos, ahora &#233;l se ha convertido en un abusador, Arthur desestima el diagn&#243;stico de doble personalidad, y se arrepiente de sus actos. En el momento en que Arthur dice p&#250;blicamente que Joker no existe, pierde a Harleen, que lo abandona. Ella quiere a Joker, no a Arthur. &lt;i&gt;Joker: Folie &#224; deux&lt;/i&gt; es la redenci&#243;n de Arthur Fleck, al asumir la responsabilidad por sus actos y rechazar un lugar de v&#237;ctima que pretenda legitimar un pasaje al acto asesino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el Seminario II, Lacan habla de Edipo de S&#243;focles, que realiz&#243; plenamente su destino, al punto de no ser ya nada, y rescata una frase del personaje en &lt;i&gt;Edipo en Colono&lt;/i&gt;, en v&#237;speras de su muerte: &#8220;&#191;Ahora cuando nada soy, acaso me convierto en hombre?&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4-20&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Jacques Lacan, El Seminario. Libro 2: El Yo en la teor&#237;a de Freud y en la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4-20&#034;&gt;20&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Arthur Fleck podr&#237;a decir lo mismo luego de la confesi&#243;n, y ser abandonado por Harleen y por sus simpatizantes: &#8220;&#191;Ahora, cuando me vac&#237;o del semblante de Joker y nada soy, acaso me convierto en sujeto?&#8221;. Arthur se separa de la locura de a dos en que estaba ligado a las muchedumbres enfervorizadas y a Harleen, dejando caer el lugar de objeto de la mirada del Otro que tanto demandaba para sentirse ser. Y se restablece como sujeto, como resto irreductible al semblante imaginario y al discurso ideol&#243;gico-social; un lugar puntual y evanescente con nombre propio. Arthur lo comenta como chiste melanc&#243;lico:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;- Knoc knoc, &lt;br /&gt;&lt;span class=&#034;spip-puce ltr&#034;&gt;&lt;b&gt;&#8211;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt; &#191;Qui&#233;n es? &lt;br /&gt;&lt;span class=&#034;spip-puce ltr&#034;&gt;&lt;b&gt;&#8211;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt; Arthur Fleck &lt;br /&gt;&lt;span class=&#034;spip-puce ltr&#034;&gt;&lt;b&gt;&#8211;&lt;/b&gt;&lt;/span&gt; &#191;Arthur Fleck qui&#233;n?&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aravena, P. (2023) &#8220;Cine, historia, acci&#243;n: el Joker y el estallido social&#8221; en &lt;i&gt;Barbarie, Pensar con otros&lt;/i&gt;, 6/11/23, &lt;a href=&#034;https://www.barbarie.lat/post/cine-historia-acci%C3%B3n-el-joker-y-el-estallido-social&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.barbarie.lat/post/cine-historia-acci%C3%B3n-el-joker-y-el-estallido-social&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arendt, H. (2006) Sobre la violencia, Madrid, Alianza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Burton, T. (1989) &lt;i&gt;Batman&lt;/i&gt;, EE.UU.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Figueras, M. (2024) &#8220;Non Ridere pi&#250;, Pagliaccio&#8221;, en &lt;a href=&#034;https://www.elcohetealaluna.com/non-ridere-piu-pagliaccio/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.elcohetealaluna.com/non-ridere-piu-pagliaccio/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1984) &lt;i&gt;El Seminario. Libro 2: El Yo en la teor&#237;a de Freud y en la t&#233;cnica psicoanal&#237;tica&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Paid&#243;s, p&#225;g. 343.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nolan, Ch. (2008) &lt;i&gt;The dark knight&lt;/i&gt;, EE.UU.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ritvo, J.B. (2014) en &lt;i&gt;Imago Agenda&lt;/i&gt;, Buenos Aires, 18/11/14).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Scorsese, M. (1976) &lt;i&gt;Taxi driver&lt;/i&gt;, EE.UU.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Scorsese, M. (1982) &lt;i&gt;The King of comedy&lt;/i&gt;, EE.UU.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vernant P. &amp; Vidal-Naquet P. (2002). &lt;i&gt;Mito y Tragedia en la Grecia Antigua&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Paid&#243;s. p. 86.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href=&#034;https://www.infobae.com/entretenimiento/2023/09/28/martin-scorsese-lamento-que-una-de-sus-creaciones-se-convirtiese-en-un-personaje-real-y-conto-con-cual-se-sintio-mas-identificado/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.infobae.com/entretenimiento/2023/09/28/martin-scorsese-lamento-que-una-de-sus-creaciones-se-convirtiese-en-un-personaje-real-y-conto-con-cual-se-sintio-mas-identificado/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2019). Don't insult Joker by comparing him to Trump. &lt;a href=&#034;https://thespectator.com/book-and-art/dont-insult-joker-comparing-trump/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://thespectator.com/book-and-art/dont-insult-joker-comparing-trump/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2023) &#8220;El error de Jeanne&#8221;, en &lt;i&gt;Mundo loco. Guerra, cine, sexo&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Ediciones Godot, 2023.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2005) &lt;i&gt;La suspensi&#243;n pol&#237;tica de la &#233;tica&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&#243;mica, p&#225;g. 18.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb4-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Vernant P. &amp; Vidal-Naquet P. (2002). Mito y Tragedia en la Grecia Antigua. Buenos Aires: Paid&#243;s. p. 86.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&lt;a href=&#034;https://www.infobae.com/entretenimiento/2023/09/28/martin-scorsese-lamento-que-una-de-sus-creaciones-se-convirtiese-en-un-personaje-real-y-conto-con-cual-se-sintio-mas-identificado/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.infobae.com/entretenimiento/2023/09/28/martin-scorsese-lamento-que-una-de-sus-creaciones-se-convirtiese-en-un-personaje-real-y-conto-con-cual-se-sintio-mas-identificado/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Scorsese, M.; &lt;i&gt;Taxi driver&lt;/i&gt;, EE.UU., 1976.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Martin Scorsese, &lt;i&gt;The King of comedy,&lt;/i&gt; EE.UU., 1982.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Espero que mi muerte haga m&#225;s centavos que mi vida&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Pablo Aravena, &#8220;Cine, historia, acci&#243;n: el Joker y el estallido social&#8221; en &lt;i&gt;Barbarie, Pensar con otros&lt;/i&gt;, 6/11/23, &lt;a href=&#034;https://www.barbarie.lat/post/cine-historia-acci%C3%B3n-el-joker-y-el-estallido-social&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.barbarie.lat/post/cine-historia-acci%C3%B3n-el-joker-y-el-estallido-social&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Marcelo Figueras, &#8220;Non Ridere pi&#250;, Pagliaccio&#8221;, en &lt;a href=&#034;https://www.elcohetealaluna.com/non-ridere-piu-pagliaccio/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.elcohetealaluna.com/non-ridere-piu-pagliaccio/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Slavoj &#381;i&#382;ek rechaza semejante comparaci&#243;n en su art&#237;culo &#8220;Don&#180;t insult Joker by comparing him to Trump&#8221;: ser un payaso obsceno y transgresor no lo convierte en la figura tr&#225;gica y suicida de Arthur Fleck. &lt;a href=&#034;https://thespectator.com/book-and-art/dont-insult-joker-comparing-trump/&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://thespectator.com/book-and-art/dont-insult-joker-comparing-trump/&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Tim Burton, &lt;i&gt;Batman&lt;/i&gt;, EE.UU., 1989.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-10&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-10&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-10&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;10&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Christopher Nolan, &lt;i&gt;The dark knight,&lt;/i&gt; EE.UU., 2008.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-11&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-11&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-11&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;11&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Arendt, H.; &lt;i&gt;Sobre la violencia&lt;/i&gt;, Madrid, Alianza, 2006.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-12&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-12&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-12&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;12&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Max Weber, por ejemplo, define el Estado como el dominio de los hombres sobre los hombres basado en los medios de la violencia legitimada, equiparando poder pol&#237;tico con organizaci&#243;n de la violencia.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-13&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-13&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-13&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;13&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Lo que hace de un ser humano un ser pol&#237;tico, es su capacidad de acci&#243;n; le permite unirse a sus iguales, actuar concertadamente y alcanzar objetivos y empresas en los que jam&#225;s habr&#237;a pensado, y aun menos deseado, si no hubiese obtenido este don para embarcarse en algo nuevo&#8221;. Arendt, H.; ob. cit., p&#225;g. 111.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-14&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-14&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-14&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;14&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Es Sigmund Freud quien en &lt;i&gt;Psicolog&#237;a de las masas y an&#225;lisis del yo&lt;/i&gt; arroja luz sobre las circunstancias que llevan a que alguien ocupe ese lugar de legitimidad y autoridad ante un grupo: se trata de su posici&#243;n como objeto libidinal. El grupo se forma como consecuencia de compartir la misma identificaci&#243;n al objeto amado, que pasa a ser consagrado como l&#237;der. Juan Bautista Ritvo destaca que este poder sobre la masa se basa &#8220;parad&#243;jicamente, en la absoluta desingularizaci&#243;n que ha sufrido, como si hubiera sido jibarizado: una caricatura-objeto lo constituye, estar&#225; vivo para la masa en tanto muerto&#8221; (&#8220;&#191;Hay un discurso capitalista?&#8221;, en Imago Agenda, Buenos Aires, 18/11/14). En &lt;i&gt;Joker&lt;/i&gt;, Arthur queda reducido por la masa a mero s&#237;mbolo, siendo irrelevante la subjetividad de la persona que ocupa ese lugar.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-15&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-15&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-15&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;15&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Se supone que bajo las condiciones de un Gobierno representativo el pueblo domina a quienes le gobiernan. Todas las instituciones pol&#237;ticas son manifestaciones y materializaciones de poder; se petrifican y decaen tan pronto como el poder vivo del pueblo deja de apoyarlas&#8221;. Arendt, ob. cit., p&#225;g. 56.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-16&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-16&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-16&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;16&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Arendt, ob. cit., p&#225;g. 86.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-17&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-17&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-17&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;17&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Slavoj &#381;i&#382;ek, comentando la pel&#237;cula de Chantal Akerman &lt;i&gt;Jeanne Dielman, 23, quai du Commerce, 1080 Bruxelles&lt;/i&gt; (1975), sobre la vida gris y rutinaria de una madre viuda que, entre sus tareas hogare&#241;as, se prostituye cotidianamente con un cliente diferente hasta que un d&#237;a mata a uno de ellos, se&#241;ala qu&#233; es lo que est&#225; mal en su explosi&#243;n asesina: &#8220;El hecho de que no est&#225; dirigida al objetivo correcto. En lugar de apu&#241;alar a su cliente, deber&#237;a haberse suicidado. En el sentido simb&#243;lico de la segunda muerte, deber&#237;a haber cometido un suicidio simb&#243;lico para despojarse de su identidad sociosimb&#243;lica, que est&#225; marcada por la dominaci&#243;n patriarcal y &lt;i&gt;tambi&#233;n&lt;/i&gt; por la resistencia a ella, y que contiene sus propias fantas&#237;as e incluso investiduras narcisistas de victimizaci&#243;n&#8221;. &#381;i&#382;ek, S.; &#8220;El error de Jeanne&#8221;, en &lt;i&gt;Mundo loco. Guerra, cine, sexo&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Ediciones Godot, 2023.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-18&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-18&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-18&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;18&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#381;i&#382;ek, S. &lt;i&gt;La suspensi&#243;n pol&#237;tica de la &#233;tica&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Fondo de Cultura Econ&#243;mica, p&#225;g. 18.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-19&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-19&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-19&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;19&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#381;i&#382;ek, S.; ob. cit., p&#225;g. 217.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4-20&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4-20&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4-20&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;20&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Jacques Lacan, &lt;i&gt;El Seminario. Libro 2: El Yo en la teor&#237;a de Freud y en la t&#233;cnica psicoanal&#237;tica&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Paid&#243;s, 1984, p&#225;g. 343.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Acting: The mise en abyss in cinema as a resource of the analytical clinic</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Acting-The-mise-en-abyss-in-cinema-as-a-resource-of-the-analytical-clinic</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Acting-The-mise-en-abyss-in-cinema-as-a-resource-of-the-analytical-clinic</guid>
		<dc:date>2024-10-25T22:26:57Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator> Juan Jorge Michel Fari&#241;a, Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The resource of the mise en abyss in cinema can be read in harmony with the phenomenon of acting in the psychoanalytic clinic. The presence of a scene within another scene, when the second establishes a dialogue with the first, shedding new light on it, is a powerful clinical-methodological analogy. This paper presents a dozen scenarios in which this hypothesis is verified, analyzing the value of plays, paintings, musical segments or directly films within films.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Acting out | film therapy | psychoanalysis | methodology&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-14-No-2-July-2024-" rel="directory"&gt;Volumen 14 | N&#186; 2 - July 2024 &lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Acting-La-puesta-en-abismo-en-el-cine-como-recurso-de-la-clinica-analitica' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Acting: La puesta en abismo en el cine como recurso de la cl&#237;nica anal&#237;tica&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Responsibility for pleasure</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Responsibility-for-pleasure</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Responsibility-for-pleasure</guid>
		<dc:date>2024-10-25T22:26:33Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yvan Attal&#180;s film Les choses humaines (2021) has at it&#180;s background the effects of the MeToo movement, and the legal problem of determining sexual abuse in relationships that are apparently consensual. The gender perspective applied to criminal law aims to produce a subversi&#243;n of basic principles such as equality before the law, presumption of innocence until proven otherwise, distintion between testimony and proof, and the presentation of evidence by the accusing party. The sexual abuse case that the film proposes allows, however, to elude that path. Unlike Akira Kurosawa&#180;s Rashomon, where those involved in a crime give divergent testimonies about the facts, here those involved tell the same facts, only they diverge in the meaning they give to them: while for Alex there was a consensual relationship, for Mila it was rape under threat. But human things aren&#180;t so simple: under the framework of a trial, the film proposes the paradox of a consensual sexual relationship that becomes abuse due to resignification.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Sexual abuse | MeToo | guilt | responsability&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-14-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 14 | N&#176; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/La-responsabilidad-por-el-goce' class=&#034;spip_in&#034;&gt;La responsabilidad por el goce&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Acting: La puesta en abismo en el cine como recurso de la cl&#237;nica anal&#237;tica</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Acting-La-puesta-en-abismo-en-el-cine-como-recurso-de-la-clinica-analitica</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Acting-La-puesta-en-abismo-en-el-cine-como-recurso-de-la-clinica-analitica</guid>
		<dc:date>2024-10-25T22:20:59Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator> Juan Jorge Michel Fari&#241;a, Eduardo Laso</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El recurso de la puesta en abismo en el cine puede ser le&#237;do en sinton&#237;a con el fen&#243;meno del acting en la cl&#237;nica psicoanal&#237;tica. La presencia de una escena dentro de otra escena, cuando la segunda establece un di&#225;logo con la primera arrojando una nueva luz sobre ella, es una potente analog&#237;a cl&#237;nico-metodol&#243;gica. Este escrito presenta una decena de escenarios en que se verifica esta hip&#243;tesis, analizando el valor de obras de teatro, pinturas, segmentos musicales o directamente pel&#237;culas dentro de pel&#237;culas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Acting out | cineterapia | psicoan&#225;lisis | metodolog&#237;a&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Acting-The-mise-en-abyss-in-cinema-as-a-resource-of-the-analytical-clinic' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-14-Nro-2-Julio-2024-" rel="directory"&gt;Volumen 14 | Nro 2 | Julio 2024&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad de Buenos Aires&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Introducci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En 1994 se descubri&#243; en el sudeste de Francia una caverna cuya entrada hab&#237;a permanecido cerrada durante miles de a&#241;os a causa de un alud. En su interior se encontraron las pinturas m&#225;s antiguas de que se tenga registro, algunas de las cuales datan de hace 30.000 a&#241;os. Pero lo sorprendente es que muchas de ellas est&#225;n concebidas a la manera de fotogramas de un film, de manera que animando las im&#225;genes con una antorcha se genere la idea de movimiento.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La caverna fue bautizada con el apellido de su descubridor, Jean-Marie (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pocos a&#241;os m&#225;s tarde, la pel&#237;cula &lt;i&gt;La era de hielo&lt;/i&gt; (2002), rindi&#243; homenaje a este descubrimiento, a partir de una escena ambientada en el interior de una caverna paleol&#237;tica. Los tres personajes, el mamut, el tigre dientes de sable y el marsupial, se encuentran con una pintura rupestre que resulta ser evocaci&#243;n de la historia de uno de ellos.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1796 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/la_cueva1.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/la_cueva1.jpg?1787752787' width='500' height='375' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Se trata de las figuras de un mamut adulto, junto a su pareja y su cr&#237;a. Pero los contornos de los dibujos est&#225;n dise&#241;ados a la manera de las pinturas de la cueva de Chauvet, sugiriendo movimiento&#8230; y efectivamente la imagen cobra vida.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1797 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L305xH165/mamut2-94085.jpg?1787926176' width='305' height='165' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Tenemos entonces una pel&#237;cula dentro de la pel&#237;cula: al interior del film &lt;i&gt;La era de hielo&lt;/i&gt;, asistimos a la &#8220;proyecci&#243;n&#8221; de una secuencia animada en el muro interior de la caverna. Es una escena de tres minutos, en la cual esta familia de mamuts es atacada por humanos quienes asesinan a la hembra y a su cr&#237;a&#8230; Cuando finaliza, vemos a Many, el mamut, que, con l&#225;grimas en los ojos, extiende su trompa para acariciar el contorno de las figuras sin vida... Es entonces cuando se encuentra con el dedo del peque&#241;o ni&#241;o que tambi&#233;n acaricia la imagen. En ese momento el mamut alza a la criatura y la pone sobre su grupa, dispuesto a restituirla a su familia de la que se ha extraviado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De este modo, la escena dentro de la escena permite comprender, de manera silente, lo que las palabras todav&#237;a no llegan a representar. Se trata de la puesta en acto de una decisi&#243;n: mientras que los humanos fueron depredadores de mamuts, ahora el mamut se convertir&#225;, junto a sus amigos, en el salvador de una cr&#237;a humana. El real traum&#225;tico deviene rudimento simb&#243;lico a partir de las im&#225;genes en movimiento.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;Mise en abyme&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;acting&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La expresi&#243;n francesa &#8220;mise en ab&#238;me&#8221;, o &#8220;mise en abyme&#8221;, que se traduce como &#8220;puesta en abismo&#8221;, es un concepto que refiere a una obra al interior de otra, cuando la segunda establece un di&#225;logo con la primera y arroja una nueva luz sobre ella. Una pel&#237;cula dentro de una pel&#237;cula, una obra de teatro dentro de otra &#8211;como la c&#233;lebre &lt;i&gt;play scene&lt;/i&gt; de los comediantes en Hamlet, que termina delatando al asesino del Rey.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La cl&#237;nica psicoanal&#237;tica, por su parte, ha definido al fen&#243;meno del &lt;i&gt;acting out&lt;/i&gt; como una escena sobre la escena dirigida al Otro por parte del analizante, en la que se muestra algo que escap&#243; a la simbolizaci&#243;n por parte del analista. Aquello que el Otro rechaza simbolizar o es incapaz de hacerlo retorna, as&#237;, como &lt;i&gt;acting out&lt;/i&gt; en tanto llamado al Otro a que signifique eso que qued&#243; fuera de la palabra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los ingleses llaman &lt;i&gt;play scene&lt;/i&gt; al recurso teatral de jugar una escena sobre la escena. La m&#225;s famosa &lt;i&gt;play scene&lt;/i&gt; de la literatura es justamente la de &lt;i&gt;Hamlet:&lt;/i&gt; aquella en la que el pr&#237;ncipe de Dinamarca busca atrapar la conciencia del rey Claudio mostr&#225;ndole una representaci&#243;n teatral en la que se act&#250;e el crimen cometido contra su padre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;To act out&lt;/i&gt; significa en ingl&#233;s representar dram&#225;ticamente o teatralmente, jugar una escena, una historia o una acci&#243;n como opuesta a la lectura. Mientras la lectura remite a la inscripci&#243;n de la palabra, el &lt;i&gt;acting out&lt;/i&gt; remite a la acci&#243;n, una mostraci&#243;n al Otro, sea por ausencia de inscripci&#243;n, sea por falta de lectura de lo inscripto. Le&#243;n Grinberg defin&#237;a al &lt;i&gt;acting out&lt;/i&gt; como un sue&#241;o que no pudo ser so&#241;ado. Y como no pudo ser plasmado en la Otra escena, se act&#250;a como escena en la escena de la realidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El cine como intervenci&#243;n cl&#237;nica&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ciertos films se aproximan a estas formas de &lt;i&gt;acting out,&lt;/i&gt; tal como las situamos en la cl&#237;nica. Hay incluso un tipo de cine que se lo propone de manera expl&#237;cita: un &lt;i&gt;acting out&lt;/i&gt; calculado por el director, en el que algo que no fue simbolizado por el Otro social encuentra un modo de presentarse en escena, haci&#233;ndose as&#237; pasador de lo real en un llamado a su significaci&#243;n. De esa naturaleza son los documentales de Joshua Oppenheimer &lt;i&gt;The act of killing&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;&#8220;The look of silence&#8221;&lt;/i&gt;. Estos excepcionales films no se reducen a un registro documental de denuncia, en este caso, del genocidio perpetrado en Indonesia entre 1965 y 1966. Aqu&#237; la realizaci&#243;n de los films constituye una intervenci&#243;n en acto sobre el pasado horroroso y tergiversado que documentan, una singularidad &#233;tica que apunta a producir un efecto en lo real y en los sujetos involucrados en el film, en el esfuerzo por significar un genocidio que, a 50 a&#241;os de su realizaci&#243;n, sigue teniendo la actualidad de un trauma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;The act of killing&lt;/i&gt; se propone no s&#243;lo un buceo en el coraz&#243;n de las tinieblas de los perpetradores de un genocidio, sino tambi&#233;n una intervenci&#243;n &#233;tica sobre el mismo, llevando el paradigma de la &#8220;escena sobre la escena&#8221; hamletiana a una nueva y poderosa dimensi&#243;n en la que ya no se busca atrapar la conciencia del rey, sino de unos genocidas e, indirectamente, de toda una naci&#243;n.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ver Eduardo Laso&#034; id=&#034;nh5-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Veamos un nuevo ejemplo del poder de la puesta en abismo, en este caso en un conocido film que hace interlocuci&#243;n &#8220;en abismo&#8221; con el mon&#243;logo de Hamlet. En &lt;i&gt;El discurso del rey&lt;/i&gt;, el pr&#237;ncipe Alberto hereda el trono de Inglaterra, pero no est&#225; preparado para esa funci&#243;n. Por un lado, debido a lo imprevisto de la designaci&#243;n, motivada por una imposibilidad de su hermano mayor, pero fundamentalmente por una tartamudez que lo aqueja desde la infancia y que le impide hablar en p&#250;blico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Acude a un terapeuta del lenguaje, quien le indica que lea en voz alta una p&#225;gina de un libro. Ante la imposibilidad de hacerlo, el profesional recurre a un dispositivo que fuerza al paciente a leer sin o&#237;r su propia voz, a la vez que toma registro de ella. Al finalizar la sesi&#243;n, le entrega a su paciente el disco con la grabaci&#243;n para que, a solas, se confronte con el resultado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Toda la escena es una sutil puesta en abismo, ya que la p&#225;gina que se da a leer al pr&#237;ncipe es justamente el c&#233;lebre mon&#243;logo de Hamlet. Como se sabe, el drama de Shakespeare relata las tribulaciones del pr&#237;ncipe de Dinamarca, cuando no puede hacerse cargo del legado de su padre. As&#237;, el film pone a dos pr&#237;ncipes en l&#237;nea, ambos herederos de un trono que no logran asumir. Y en ambos casos debido a puntos neur&#243;ticos no resueltos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la escena principal Alberto no logra heredar cabalmente a su padre, y en la escena dentro de la escena, Hamlet se debate en el c&#233;lebre &#8220;ser o no ser&#8221;, con el que duda frente a su herencia. Se nos indica as&#237;, en abismo, cu&#225;l es el drama del pr&#237;ncipe de Inglaterra y cu&#225;l el camino para superar su tartamudez. As&#237; como Hamlet deber&#225; superar su neurosis para vengar el asesinato de su padre y devenir rey, Alberto deber&#225; confrontarse con ese padre terrible y asumir, finalmente, su propio discurso.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ver al respecto el art&#237;culo de Laura Olivares Waisman &#8220;Bertie y Hamlet: Dos (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5-3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Una puesta en abismo cinematogr&#225;fico-musical&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tambi&#233;n la puesta en abismo puede encontrarse en el cine a partir de la m&#250;sica. Veamos el ejemplo del premiado film &lt;i&gt;Argentina 1985.&lt;/i&gt; El fiscal Julio C&#233;sar Strassera, adem&#225;s de un destacado jurista, era un gran amante de la &#243;pera y asiduo asistente a las funciones del teatro Col&#243;n de Buenos Aires. La recreaci&#243;n que hace Ricardo Dar&#237;n de su figura en el film expresa de manera cabal esta pasi&#243;n por la l&#237;rica. En distintos pasajes de la pel&#237;cula lo vemos escuchando arias de &#243;pera. Son momentos dieg&#233;ticos, es decir, en los que la audici&#243;n musical forma parte del argumento, pero cuyas arias se elevan m&#225;s all&#225; de la trama, ofreciendo un conmovedor subtexto sobre el personaje. Y, por cierto, acerca de las ominosas circunstancias con las que Strassera debi&#243; lidiar durante ese hist&#243;rico juicio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Cu&#225;les son esos pasajes de &#243;pera que escuchamos a lo largo del film? Se trata de &lt;i&gt;Tannh&#228;user&lt;/i&gt;, de Richard Wagner, inspirada en leyendas germ&#225;nicas sobre las almas que transitan este mundo y el del m&#225;s all&#225;, entre el mundo material y el espiritual&#8230; entre el mundo y el inframundo. &#191;Qu&#233; es un desaparecido, sino un alma atormentada entre dos mundos? As&#237;, el film &lt;i&gt;Argentina, 1985&lt;/i&gt; nos sorprende ofreci&#233;ndonos una puesta en abismo, en virtud de la cual los pasajes de &#243;pera operan como subtexto de la trama arrojando una nueva luz sobre ella.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Respecto de la escena dentro de la escena, ver el comentario de Juan Carlos (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5-4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En un hallazgo de su director, Santiago Mitre, las arias de &#243;pera introducen el pathos situacional, desdoblando la escena. Los desgarradores testimonios del juicio evocan a quienes ya no est&#225;n en este mundo&#8230; pero que, ante la ausencia de cuerpos y sepulturas, tampoco pueden ser duelados y despedidos.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ver al respecto el tributo al film &#8220;Argentina, 1985&#8221;, que forma parte del (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5-5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Otro ejemplo magn&#237;fico de puesta en abismo lo tenemos en la comedia de enredo matrimonial &lt;i&gt;La costilla de Ad&#225;n.&lt;/i&gt; El film relata la historia de un matrimonio, protagonizado por Spencer Tracy y Katharine Hepburn (que adem&#225;s eran marido y mujer en la vida real), ambos abogados y que deben litigar en un caso en el que se enfrentan, ella defendiendo a la parte acusada, &#233;l como fiscal de la acusaci&#243;n. Tenemos entonces, ante todo, la puesta en abismo de la escena jur&#237;dica, el juicio en el cual se dirime la culpabilidad de una mujer que intent&#243; asesinar a su marido cuando lo descubri&#243; enga&#241;&#225;ndola con otra mujer. La disputa en la sala de tribunales resulta ser un desdoblamiento de los conflictos de la pareja, de manera que las escenas en las audiencias van indicando el pulso de la crisis matrimonial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero hay una segunda puesta en abismo, esta decididamente cinematogr&#225;fica. En un momento el matrimonio exhibe ante amigos un film casero, una pel&#237;cula dentro de la pel&#237;cula, en la que imprevistamente se ventilan cuestiones de la intimidad de ambos, que nuevamente desdoblan la escena conyugal. Tanto el &lt;i&gt;acting&lt;/i&gt; de enfrentarse en el juicio, como el de exhibir el film casero, est&#225;n all&#237; en lugar de aquello que no se logra dirimir a trav&#233;s de las palabras. Una actuaci&#243;n que es un llamado al Otro a que simbolice aquello que qued&#243; fuera de la trama discursiva.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ver al respecto el tratamiento del tema en Miller y Laurent, El Otro que no (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5-6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Una pel&#237;cula dentro de una pel&#237;cula&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Otro recurso de puesta en abismo en el cine es hacer una pel&#237;cula&#8230; sobre la filmaci&#243;n de una pel&#237;cula. Son muy recordadas &lt;i&gt;8 &#189;&lt;/i&gt; de Federico Fellini (1963), y &lt;i&gt;La noche americana&lt;/i&gt;, de Fran&#231;ois Truffaut (1973), como ejemplos de puesta en abismo que abarcan pr&#225;cticamente la totalidad de la pel&#237;cula. Pero hay casos en los que a su vez el director decide incluir dentro de la &#8220;pel&#237;cula sobre una pel&#237;cula&#8221;, un fragmento que se recorta como escena para producir una mise en ab&#238;me dentro de la mise en scene que ya es la pel&#237;cula misma. Es el caso del film de Atom Egoyan &lt;i&gt;Ararat&lt;/i&gt; (2002), en el que se narra la filmaci&#243;n de una pel&#237;cula llamada Ararat, que recrea el genocidio armenio perpetrado por el Estado turco durante la Primera Guerra Mundial, sistem&#225;ticamente negado por Turqu&#237;a desde entonces. La pel&#237;cula dentro de la pel&#237;cula propone la filmaci&#243;n (im)posible de un genocidio negado que nos llega a trav&#233;s de la memoria transmitida por generaciones de los testigos y v&#237;ctimas. Egoyan expone aqu&#237; el artificio mismo de una filmaci&#243;n, para indirectamente alcanzar un efecto de transmisi&#243;n que no se lograr&#237;a si se narrara la historia en estilo &#233;pico o realista, como los films de Hollywood.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El recurso de exponer la artificialidad de una ficci&#243;n cinematogr&#225;fica lo lleva a su punto culminante al introducir una puesta en abismo que permite que algo de la historia negada se encarne en la ficci&#243;n: Ani, asesora del film, decide apartarse de la realizaci&#243;n de Ararat e interrumpe la filmaci&#243;n para hablar con el director. Atraviesa el decorado de un pueblo, donde hay extras tendidos en el campo, representando a cad&#225;veres, y en medio de la masacre un actor, que encarna al Dr. Ussher, intentando salvar a un armenio moribundo. Ani le habla al sorprendido director, en un acto de indiferencia ante esa ficci&#243;n de cart&#243;n piedra. Entonces s&#250;bitamente la escena de ficci&#243;n cobra vida para interpelarla: el actor que encarna a Ussher la increpa a Ani, pero no como un int&#233;rprete fastidiado al que le interrumpieron la actuaci&#243;n. Quien le habla es el Dr. Ussher, que le dice que est&#225; tratando de salvarle la vida a un herido, que los turcos est&#225;n perpetrando atrocidades y le pregunta enfurecido qu&#233; est&#225; ella haciendo all&#237;. Ani queda interpelada ante la emergencia de una escena que desde el pasado olvidado se hace soporte en un actor y en un escenario, para se&#241;alarle que tambi&#233;n el poder del cine es capaz de evocar y recordar, al mismo tiempo que interrogarla por su posici&#243;n como sujeto, no en relaci&#243;n al film, sino en relaci&#243;n a la verdad.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Respecto de esta lectura de Ararat, ver el art&#237;culo de Eduardo Laso en:&#034; id=&#034;nh5-7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Otra variante, tambi&#233;n para representar a trav&#233;s del cine algo del orden de lo real, pero en este caso al interior de una sesi&#243;n terap&#233;utica, la encontramos en el cortometraje &lt;i&gt;Candela&lt;/i&gt;, ideado por Hilda Catz y realizado por Nacho Steimberg. Se trata de una pieza que encuentra su mayor m&#233;rito justamente en su econom&#237;a de recursos, a la manera de otras formas est&#233;ticas de gran valor anal&#237;tico, como los &#8220;minutos Lumi&#232;re&#8221; o los &#8220;film Haiku&#8221;, que se caracterizan por sus &#8220;efectos de estilo&#8221;, es decir por el valor del corte/corto que impone la sesi&#243;n breve.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dentro de las distintas l&#237;neas de lectura que abre el material, interesa aqu&#237; tomar la de su puesta en abismo. Un matrimonio consulta por su hija de cuatro a&#241;os, quien padece de mutismo selectivo. La terapeuta advierte, por los dibujos de la ni&#241;a, que puede haber alguna situaci&#243;n potencialmente traum&#225;tica en la familia. Interroga a los padres al respecto, pero ellos niegan tal posibilidad. Es all&#237; cuando la toma por asalto una imagen de la pel&#237;cula Brasil, la escena en la que un padre de familia es secuestrado frente a su esposa e hijos. Importa analizar el valor de esta imagen cinematogr&#225;fica y la entrada que la analista decide darle a ese fantasma, que, perteneci&#233;ndole, acontece sin embargo en transferencia con el clima ominoso de la sesi&#243;n. En este caso la escena de la pel&#237;cula al interior del corto Candela cumple esa funci&#243;n. La imagen del secuestro del padre en el film pone en marcha la intervenci&#243;n de la psicoanalista, que a su vez quiebra al padre, revelando as&#237; la otra escena reprimida que explica el s&#237;ntoma de la ni&#241;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Efectivamente, cuando relata la escena de la desaparici&#243;n de su propio padre, su esposa queda consternada este hombre, porque se trata de una escena que nunca hab&#237;a contado. Ni a su mujer, ni a su analista&#8230; y en rigor, ni siquiera a s&#237; mismo. No se trata de una escena que este hombre ocult&#243; deliberadamente, sino de una escena que &#8220;apareci&#243;&#8221; en transferencia, con la marca ominosa del silencio que sigue pesando sobre ella&#8230; pero que s&#250;bitamente comienza a ceder.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;En este pasaje del corto &#8220;Candela&#8221; se impone la interesante analog&#237;a con el (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5-8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La puesta en abismo cinematogr&#225;fica adquiere as&#237; el valor de acting, de escena dentro de la escena, y posibilita un efecto suplementario, introduciendo un segundo movimiento de la &#233;tica. Se trata de la intervenci&#243;n, intencional, pero no del todo calculada, que posibilita la entrada del abuelo (reprimida en el relato) organizando los tiempos generacionales y permitiendo tramitar de otra manera el mutismo de la ni&#241;a. En este efecto, tambi&#233;n la analista se inventa a s&#237; misma a partir de este efecto de verdad que suplementa los emblemas del saber que abrieron la situaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Un ejemplo en d&#233;ficit: las rocas de Kador&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En 1912 el film franc&#233;s de Leonce Perret &lt;i&gt;El misterio de los acantilados de Kador,&lt;/i&gt; marca un hito cinematogr&#225;fico, al cruzar por primera vez psicoterapia y cine. Se trata de un thriller psicol&#243;gico en el que un tal Dr. Williams trata a la joven Suzanne, que cay&#243; en un estado de cataton&#237;a producto de un trauma. Ella hab&#237;a sido misteriosamente encontrada en un bote a la deriva cerca de los acantilados de Kador con su novio, herido de bala e inconsciente. El film presenta un tratamiento psicol&#243;gico basado en el uso del cine. El Dr. Williams filma una pel&#237;cula con actores y monta una puesta en escena, en la que se reconstruyen las circunstancias que afectaron a la paciente. Luego la exhibe ante ella, en la esperanza de hacerla reaccionar para que salga de su estado estuporoso. Vemos as&#237; una escena dentro de la escena, en la que la potencia del cine se revelar&#237;a, supuestamente, como una v&#237;a terap&#233;utica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero ocurre que la apuesta a un tratamiento por la imagen en vez de la palabra, adem&#225;s de las evidentes imposibilidades t&#233;cnicas que involucra (&#191;C&#243;mo podr&#237;a saber el Dr. Williams el modo adecuado del montaje para conmover a su paciente y producir una escena similar a la que vivi&#243;? El experimento presupone que habr&#237;a una v&#237;a de acceso al psiquismo de manera directa a trav&#233;s de la imagen, en un s&#237;mil entre aparato ps&#237;quico y recurso cinematogr&#225;fico. Pero en un trauma ocurrido &#8211;como es el caso que se narra aqu&#237;&#8211; no es la falta de im&#225;genes, sino de palabras que lo signifiquen lo que se requiere para ligar la escena a representaciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La propuesta de forzar a la paciente a que &#8220;vea&#8221; la escena en la que sufri&#243; el trauma, no parece tan terap&#233;utica, en tanto le propone no recordar sino revivir la situaci&#243;n que la afect&#243;, pero no a trav&#233;s de recuerdos puestos en palabras que lo evoquen (lo que implica un trabajo ligado al tiempo de elaboraci&#243;n y de escucha atenta), sino de la inmediatez de im&#225;genes que repiten lo sucedido, cual una pesadilla. Es como tratar de curar a un traumado de guerra haci&#233;ndole ver escenas de guerra. El cine (como el teatro u otros recursos est&#233;ticos) son capaces de interpelarnos y conmovernos. Pero de eso no se sigue que sean en s&#237; mismos terap&#233;uticos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una escenificaci&#243;n como la propuesta en el film de Perret se ubica del lado del pasaje al acto y puede operar parad&#243;jicamente como una interpretaci&#243;n salvaje, que afecte al sujeto mismo de modos incalculables o, peor a&#250;n, como una repetici&#243;n del trauma mismo. La puesta en abismo, en cambio, opera en la dimensi&#243;n del acting, es decir, produciendo una escena que establece un di&#225;logo con la escena en la que se incluye. Este efecto de suplementaci&#243;n hace posible la interpretaci&#243;n que ponga en palabras algo de la verdad del sujeto sobre lo sucedido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El soporte fantasm&#225;tico de la realidad&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El g&#233;nero del cine fant&#225;stico permite hacer un uso original de la puesta en abismo. Es el caso del cl&#225;sico de Woody Allen, &lt;i&gt;La rosa p&#250;rpura del Cairo&lt;/i&gt; (1985), ambientada durante la era de la Gran Depresi&#243;n en Estados Unidos. Cecilia (Mia Farrow), tiene una vida triste por convivir con un marido que la maltrata. As&#237; que acude diariamente al cine a huir a la fantas&#237;a para vivir la vida de otros. Como plantea Slavoj &#381;i&#382;ek en el documental &lt;i&gt;The Pervert's Guide to Cinema&lt;/i&gt; de Sophie Fiennes (2006), el cine no se propone tanto ofrecer lo que el espectador desea, sino ayudarnos a convivir mejor con nuestro deseo, ofrecer un saber acerca de qu&#233; es lo que en el fondo deseamos: &#8220;El arte del cine consiste en despertar el deseo, pero al mismo tiempo, domesticarlo, hacerlo palpable y mantenerlo a una distancia prudente&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cecilia acude una y otra vez a ver la misma pel&#237;cula, porque hay algo que la ilusiona: el personaje del arque&#243;logo Tom Baxter, un joven aventurero de cine cl&#225;sico interpretado por el actor Gil Shepherd. Es as&#237; que asiste d&#237;a tras d&#237;a al cine a encontrarse con el hombre de sus sue&#241;os. En el film de Allen, es la escena en la escena la que va a terminar por romper la cuarta pared, para responder al deseo de Cecilia. Como en un cuento de hadas, de pronto el personaje de Tom Baxter en la pantalla ve a Cecilia, y se sorprende de que est&#233; todas las tardes viendo el film. &#8220;Dios m&#237;o, realmente te debe gustar esta pel&#237;cula&#8221; le dice, y sale del marco de la pantalla para saltar a la sala de cine e irse con ella. Es la fantas&#237;a realizada de que el hombre ideal se encarne por amor, interpel&#225;ndola a ella a decidir si quiere lo que desea. El actor Gil Shepherd se presentar&#225; para competir con Tom por Cecilia, pero para que el personaje vuelva a la pel&#237;cula. El film sigue as&#237; las consecuencias del contrapunto entre la idealidad de la &#8220;f&#225;brica de los sue&#241;os&#8221; de Hollywood, y el frustrante desencanto de la realidad cotidiana. Si la escena de ficci&#243;n ideal interpelaba a Cecilia en el marco del deseo amoroso, la f&#225;bula concluye en la imposible conjunci&#243;n entre fantas&#237;a y realidad. Dijo Woody Allen al cr&#237;tico Roger Ebert sobre &lt;i&gt;The purple rose of Cairo&lt;/i&gt;: &#8220;es una pel&#237;cula sobre el hecho de que la fantas&#237;a es hermosa y seductora, pero al final uno debe elegir finalmente entre la realidad y la fantas&#237;a. Y si eliges la realidad, te est&#225;s exponiendo a ser herido, pero eso es lo que te hace humano&#8221;. Pero podr&#237;amos agregar con Lacan, que no se trata de la alternativa de la fantas&#237;a o la realidad, sino del soporte fantasm&#225;tico que hay en la realidad misma, que vela el desencuentro estructural con el objeto causa de deseo: para Cecilia, elegir por Gil Shepherd, el actor de carne y hueso, es elegir a alguien que act&#250;a de Tom. Por otro lado, Tom Baxter no es real, y es s&#243;lo una fantas&#237;a. La elecci&#243;n es entonces entre una fantas&#237;a sin soporte real, y un hombre muy real que act&#250;a esa fantas&#237;a (por motivos ego&#237;stas: tambi&#233;n act&#250;a su amor hacia ella para enga&#241;arla). No se puede huir a la fantas&#237;a, pero la fantas&#237;a es la v&#237;a por la que el deseo se soporta y puede orientarse para motivar a un acto en el mundo. Al final del d&#237;a, Cecilia se ver&#225; doblemente decepcionada, pero al menos sabe que ya no puede volver con su marido. Otro asunto es qu&#233; har&#225; con ese saber adquirido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;A manera de conclusi&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Cu&#225;l es entonces el valor de estas puestas en abismo? Proponer modos &#233;tico-cl&#237;nicos a trav&#233;s del cine, en los que el sujeto pueda rectificar su deseo. Volviendo al ejemplo inicial de &lt;i&gt;La era de hielo&lt;/i&gt;, queda claro para los espectadores que el personaje del mamut podr&#237;a haber decidido infligirle al ni&#241;o el mismo da&#241;o que los humanos perpetraron a su cr&#237;a. Es la v&#237;a de la venganza, por la cual, ojo por ojo y diente por diente, ante la escena criminal, el sujeto responde en el plano especular devolvi&#233;ndole al otro con la misma moneda. El eje de esa v&#237;a es la tensi&#243;n agresiva con el otro semejante, y no lo inaceptable del acto asesino, lo cual llevar&#237;a a que el sujeto condescienda a replicar el acto que &#233;l mismo condena.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La alternativa que pone en juego el film a partir de esta puesta en abismo es advertir el car&#225;cter criminal del acto en s&#237; mismo independientemente de quien lo comete, lo que lo vuelve inaceptable de ser replicado, saliendo de la v&#237;a especular e interminable de la venganza, hacia un acto &#233;tico que encarna un universal: el mamut ha entendido que no se debe asesinar, no importa a quien. En la salida situacional se sustrae de ser &#233;l mismo un asesino que se iguala con los que mataron a su familia, evitando entrar as&#237; en un circuito interminable y mort&#237;fero de venganzas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Laso, E. (2010) Genocidio, Silencio, Justicia y Transmisi&#243;n. &lt;i&gt;Aesthethika&lt;/i&gt; 6 (1). Disponible en: &lt;a href=&#034;https://aesthethika.org/Genocidio-silencio-justicia-y&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://aesthethika.org/Genocidio-silencio-justicia-y&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Laso, E. (2010) El cine como interpelaci&#243;n &#233;tica. Disponible en: &lt;a href=&#034;https://journal.eticaycine.org/El-cine-como-interpelacion-etica&#034; class=&#034;spip_url auto&#034; rel=&#034;nofollow&#034;&gt;https://journal.eticaycine.org/El-cine-como-interpelacion-etica&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Laso, E. Del amor como reconocimiento a la valent&#237;a ante la castraci&#243;n. En &lt;i&gt;Journal Etica&amp;Cine&lt;/i&gt;. Disponible en: &lt;a href=&#034;https://journal.eticaycine.org/Del-amor-como-reconocimiento-a-la-valentia-ante-la-castracion&#034; class=&#034;spip_url auto&#034; rel=&#034;nofollow&#034;&gt;https://journal.eticaycine.org/Del-amor-como-reconocimiento-a-la-valentia-ante-la-castracion&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Michel Fari&#241;a, J. (2023). Mis en abyme. Actas de la Universit&#233; Paris Cit&#233;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Michel Fari&#241;a, J. (2022) El goce y la mirada: sus luces y sus sombras, de Rolando Karothy. Rese&#241;a en &lt;i&gt;Aesthethika&lt;/i&gt; 19 (1).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Miller, J-A y Laurent, E. (2005) &lt;i&gt;El Otro que no existe y sus comit&#233;s de &#233;tica&lt;/i&gt;. Editorial Paidos, Buenos Aires.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Olivares Waisman, L. (2022) &#8220;Bertie y Hamlet: Dos pr&#237;ncipes en abismo&#8221;. Disponible en &lt;a href=&#034;https://www.aesthethika.org/Bertie-y-Hamlet-dos-principes-en-abismo&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.aesthethika.org/Bertie-y-Hamlet-dos-principes-en-abismo&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Pel&#237;culas&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;La era de hielo&lt;/i&gt;&#8221;, de Chris Wedge y Carlos Saldanha , 2002&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;Bio&#233;tica y &#243;pera: el pathos de una decisi&#243;n&lt;/i&gt;&#8221;, de Juan Jorge Michel Fari&#241;a y Eduardo Laso, 2024.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;Candela&lt;/i&gt;&#8221;, de Hilda Catz y Nacho Steimberg, 2010&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;El misterio de los acantilados de Kador&lt;/i&gt;&#8221;, de Leonce Perret, 1912&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;La cueva de los sue&#241;os olvidados&lt;/i&gt;&#8221;, de Werner Herzog&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;The act of killing&lt;/i&gt;&#8221;, de Joshua Oppenheimer&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;The look of silence&lt;/i&gt;&#8221;, de Joshua Oppenheimer&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;Argentina, 1985&lt;/i&gt;&#8221;, de Santiago Mitre, 2023&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;La rosa p&#250;rpura del Cairo&lt;/i&gt;&#8221;, de Woody Allen, 1985&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;The Pervert's Guide to Cinema&lt;/i&gt;&#8221;, de Slavoj &#381;i&#382;ek y Sophie Fiennes, 2006&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb5-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La caverna fue bautizada con el apellido de su descubridor, Jean-Marie Chauvet, y documentada en el film de Werner Herzog &#8220;La cueva de los sue&#241;os olvidados&#8221;. En un pasaje de la pel&#237;cula, Herzog propone un montaje entre las im&#225;genes de la cueva, animadas con antorchas, y un pasaje del film en el que Fred Astaire baila con su sombra.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ver Eduardo Laso &lt;a href=&#034;https://journal.eticaycine.org/El-cine-como-interpelacion-etica&#034; class=&#034;spip_url auto&#034; rel=&#034;nofollow&#034;&gt;https://journal.eticaycine.org/El-cine-como-interpelacion-etica&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5-3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5-3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ver al respecto el art&#237;culo de Laura Olivares Waisman &#8220;Bertie y Hamlet: Dos pr&#237;ncipes en abismo&#8221;. En &lt;a href=&#034;https://www.aesthethika.org/Bertie-y-Hamlet-dos-principes-en-abismo&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.aesthethika.org/Bertie-y-Hamlet-dos-principes-en-abismo&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5-4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5-4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Respecto de la escena dentro de la escena, ver el comentario de Juan Carlos Mosca sobre este mismo film: &lt;a href=&#034;https://journal.eticaycine.org/Argentina-1985-el-juicio-a-las-juntas&#034; class=&#034;spip_url auto&#034; rel=&#034;nofollow&#034;&gt;https://journal.eticaycine.org/Argentina-1985-el-juicio-a-las-juntas&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5-5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5-5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ver al respecto el tributo al film &#8220;Argentina, 1985&#8221;, que forma parte del ensayo cinematogr&#225;fico &#8220;Bio&#233;tica y &#243;pera: el pathos de una decisi&#243;n&#8221;, de Juan Jorge Michel Fari&#241;a y Eduardo Laso. En este apartado, se trata del tr&#225;iler original de la pel&#237;cula, intervenido conceptualmente con pinceladas anal&#237;ticas y con el fondo del coro de los peregrinos de Tannh&#228;user, en una puesta en abismo cinematogr&#225;fico-musical: &lt;a href=&#034;https://drive.google.com/file/d/1s4QsWaa5sRzdnxSUw-IWr4Kd5CxSMlgB/view&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://drive.google.com/file/d/1s4QsWaa5sRzdnxSUw-IWr4Kd5CxSMlgB/view&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5-6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5-6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ver al respecto el tratamiento del tema en Miller y Laurent, El Otro que no existe y sus comit&#233;s de &#233;tica (Paidos, 2005). El fragmento referido, junto con el film, se pueden encontrar en &lt;a href=&#034;https://www.deseodecine.org/lacostilladeadan&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.deseodecine.org/lacostilladeadan&lt;/a&gt; . Ver asimismo el art&#237;culo de Eduardo Laso &lt;a href=&#034;https://journal.eticaycine.org/Del-amor-como-reconocimiento-a-la-valentia-ante-la-castracion&#034; class=&#034;spip_url auto&#034; rel=&#034;nofollow&#034;&gt;https://journal.eticaycine.org/Del-amor-como-reconocimiento-a-la-valentia-ante-la-castracion&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5-7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5-7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Respecto de esta lectura de Ararat, ver el art&#237;culo de Eduardo Laso en: &lt;a href=&#034;https://aesthethika.org/Genocidio-silencio-justicia-y&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://aesthethika.org/Genocidio-silencio-justicia-y&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5-8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5-8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;En este pasaje del corto &#8220;Candela&#8221; se impone la interesante analog&#237;a con el m&#233;todo abductivo de Peirce y el &#8220;disparo en la oscuridad&#8221; que orienta la intervenci&#243;n de la analista. Recordemos para ello el &#8220;silogismo&#8221; de Charles Peirce: tenemos un hecho incomprensible C, pero podemos conjeturar una hip&#243;tesis A, que de ser verdadera har&#237;a que C se explicara naturalmente. Si este &#8220;disparo en la oscuridad&#8221; se encontrara en su destino, podr&#237;amos considerar que A es verdadera. En s&#237;ntesis, las abducciones no son sino las conjeturas espont&#225;neas, que requieren de la imaginaci&#243;n, de ese destello que supone ir m&#225;s all&#225; de lo ya sabido para una situaci&#243;n. En t&#233;rminos de Peirce, ese estado de musement, que hace de la abducci&#243;n &#8220;el primer paso del razonamiento cient&#237;fico&#8221; (Collected papers 7.218).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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