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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>Shoa</title>
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		<dc:date>2018-04-16T00:42:00Z</dc:date>
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		<dc:creator>Silvia Elena Tendlarz</dc:creator>



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&lt;p&gt;Hace cuarenta a&#241;os el cineasta franc&#233;s Claude Lanzmann se sumerg&#237;a en una empresa cinematogr&#225;fica que le llevar&#237;a una d&#233;cada de vida. Se trataba de la realizaci&#243;n del film documental Shoah, estrenado finalmente en 1985, con una duraci&#243;n de aproximadamente diez horas, y que constituye ya patrimonio art&#237;stico de la humanidad. &lt;br class='autobr' /&gt;
En 1986 tuvimos la ocasi&#243;n de ver la versi&#243;n completa en Paris junto a Stanislas Tomkiewicz, psiquiatra polaco fallecido en 2003, sobreviviente del ghetto de Varsovia. (&#8230;)&lt;/p&gt;


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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-3-Nro-3-" rel="directory"&gt;Volumen 03 | Nro 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Hace cuarenta a&#241;os el cineasta franc&#233;s Claude Lanzmann se sumerg&#237;a en una empresa cinematogr&#225;fica que le llevar&#237;a una d&#233;cada de vida. Se trataba de la realizaci&#243;n del film documental Shoah, estrenado finalmente en 1985, con una duraci&#243;n de aproximadamente diez horas, y que constituye ya patrimonio art&#237;stico de la humanidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En 1986 tuvimos la ocasi&#243;n de ver la versi&#243;n completa en Paris junto a Stanislas Tomkiewicz, psiquiatra polaco fallecido en 2003, sobreviviente del ghetto de Varsovia. Tom, como se lo llamaba cari&#241;osamente, hab&#237;a padecido su temprana infancia en Auschwitz, de donde fue milagrosamente rescatado con vida. Lleg&#243; a Francia hu&#233;rfano y enfermo de tuberculosis, flagelos a los que se sobrepuso para estudiar y desarrollar lo que ser&#237;a una eminente carrera profesional. Tom era, adem&#225;s, un cin&#233;filo apasionado y organiz&#243; aquellas proyecciones a lo largo de una semana para todos los investigadores que integr&#225;bamos su equipo en la Unidad del INSERM que &#233;l dirig&#237;a en Montrouge. No nos alcanzar&#225; la vida para agradecer semejante experiencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ante un nuevo aniversario del inicio de la gesta cinematogr&#225;fica de Lanzmann, incluimos en este n&#250;mero de Etica&amp;Cine, dedicado a la segregaci&#243;n, un texto clave de Silvia Tendlarz. Publicado originalmente en 2002, el art&#237;culo recorre anal&#237;ticamente la bibliograf&#237;a imprescindible, si no para comprender la Shoah, para ensayar un pensamiento en torno a ella: Giorgio Agamben, Primo Levi, Jorge Sempr&#250;n, Bruno Bettelheim, Hannah Arendt, Gunter Grass, Art Spiegelman, Francois Lyotard, Eric Laurant, Jacques Lacan. Agradecemos especialmente a la autora su deferencia al autorizar esta publicaci&#243;n.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Nota introductoria de Juan Jorge Michel Fari&#241;a. El art&#237;culo &#8220;Shoa&#8221; apareci&#243; (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;1. Bereshit&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;Bereshit bar&#225; Eloim..&lt;/i&gt;.&#8221;. En el principio Dios cre&#243; los cielos y la tierra, y esta creaci&#243;n trajo consigo de inmediato un problema insoluble: el mal, &#191;es parte de Dios? &#191;Por qu&#233; Dios quiere mi mal?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Acerca del mal, Sempr&#250;n habla de la experiencia del &#8220;Mal radical&#8221;: &#8220;El horror no era el Mal, no era su esencia... No era m&#225;s que su envoltorio... Cabr&#237;a pasarse horas testimoniando acerca del horror cotidiano sin llegar a rozar lo esencial de la experiencia del campo&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. Sempr&#250;n, La escritura o la vida, Tusquets, Barcelona, 1995.&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La idea de un &#8220;Mal radical&#8221; proviene de Kant, quien consideraba que resid&#237;a en las m&#225;ximas malignas &#8211;que difiere de lo moralmente incorrecto- y no en los deseos. El exterminio nazi dio la medida del mal del que nuestra &#233;poca es capaz y del uso que pudo llegar a hacer de las &#8220;m&#225;ximas malignas&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La palabra hebrea &lt;i&gt;shoa &lt;/i&gt; significa &#8220;devastaci&#243;n, cat&#225;strofe, arrasamiento&#8221;, y en &lt;i&gt;La Biblia&lt;/i&gt; implica a menudo la idea de un castigo divino. Sin lugar a dudas resulta m&#225;s adecuada que la de &#8220;holocausto&#8221;. La palabra &#8220;holocausto&#8221; trae consigo la significaci&#243;n de &#8220;sacrificio supremo en el marco de causas sagradas&#8221;, de &#8220;ofrenda a Dios&#8221;. Wiesel acu&#241;&#243; este t&#233;rmino para nombrar al exterminio y luego se arrepinti&#243; y hubiera querido retirarlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En esta triste historia no hay altares, sino m&#225;s bien hornos crematorios y una industrializaci&#243;n de la muerte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Giorgio Agamben indica que los procesos de los criminales nazis celebrados en Nuremberg y en Jerusalem &#8211;por cierto tan necesarios como insuficientes- contribuyeron a dar al tema por cerrado&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;G. Agamben, Lo que queda de Auschwitz, Pre-textos, Valencia, 2000.&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Pero el derecho no logr&#243; agotar el tema, y medio siglo despu&#233;s vuelve a emerger la necesidad de dar cuenta de acontecimientos que escapan a la raz&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La magnitud, la complejidad de lo acaecido impiden encontrar una explicaci&#243;n global. No obstante, no debe confundirse con lo inefable. Algo puede y debe ser dicho. La encrucijada es encontrar la manera de hacerlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;2. Los Verdugos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En 1996 Daniel Goldhagen public&#243;&lt;i&gt; Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el holocausto&lt;/i&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;D. Goldhagen, Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; convirti&#233;ndose r&#225;pidamente en un fen&#243;meno editorial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Existen dos grandes tendencias historiogr&#225;ficas entre los estudiosos de la &lt;i&gt;shoa&lt;/i&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase F. Finchelstein, &#8220;El debate Goldhagen en contexto. Memorias colectivas (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. La primera, tradicional, hace hincapi&#233; en el antisemitismo y en la figura carism&#225;tica de Hitler como fuente principal del exterminio. La otra tendencia, en la que se incluyen Adorno y Hannah Arendt, pone el &#233;nfasis en la racionalidad instrumental y burocr&#225;tica del exterminio, y en el surgimiento de una ciencia racial. El debate suscitado por el libro de Goldhagen se sit&#250;a en este contexto historiogr&#225;fico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Goldhagen examina por qu&#233; el exterminio nazi fue un fen&#243;meno principalmente alem&#225;n. Postula una continuidad antisemita espec&#237;ficamente alemana que va desde el medioevo y desemboca en un esp&#237;ritu de exterminio de los jud&#237;os que caracterizaba a cualquier alem&#225;n durante el per&#237;odo nazi. Los alemanes corrientes son incorporados a las filas de los asesinos, elimin&#225;ndose as&#237; la cl&#225;sica distinci&#243;n entre los militantes nazis y la poblaci&#243;n civil. Su tesis separa a los alemanes del presente &#8211;fundamentalmente democr&#225;ticos- de los del pasado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A su entender, si bien sin los nazis y sin Hitler la &lt;i&gt;shoa &lt;/i&gt; no se hubiera producido, sin el consentimiento, participaci&#243;n y apoyo de los alemanes corrientes en la persecuci&#243;n y matanza de jud&#237;os, el r&#233;gimen jam&#225;s hubiera podido exterminar seis millones de personas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entre las cr&#237;ticas que suscit&#243; este libro, y tal vez la m&#225;s atinada, es que si bien el exterminio nazi recay&#243; fundamentalmente sobre los jud&#237;os, no se limit&#243; al antisemitismo. Las v&#237;ctimas comenzaron siendo tambi&#233;n los propios alemanes que cayeron en las purgas de purificaci&#243;n racial: los discapacitados y los homosexuales, los bolcheviques y los opositores al r&#233;gimen.. Los gitanos, muchas veces olvidados de la historia, tuvieron el mismo destino que los jud&#237;os.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Del libro de Goldhagen podemos retener la argumentaci&#243;n que demuestra que los ejecutores del exterminio tambi&#233;n fueron individuos corrientes, no monstruos asesinos. Entran en el asesinato masivo industrializado, en su maquinaria de destrucci&#243;n, por un simple franqueamiento de lo que Primo Levi denomin&#243; &#8220;la zona gris&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase Agamben, Lo que queda..., op. cit., p. 20. V&#233;ase de P. Levi, Si esto (&#8230;)&#034; id=&#034;nh6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; &#8211;zona de irresponsabilidad m&#225;s ac&#225; del problema del bien y el mal-, y H. Arendt tematiz&#243; al escribir sobre el juicio a Eichmann en Jerusalem al plantear la &#8220;banalidad del mal&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;H. Arendt, Eichmann &#224; J&#233;rusalem. Rapport sur la banalit&#233; du mal, Gallimard, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Tal vez esto sea lo m&#225;s aterrador de la llamada &#8220;Soluci&#243;n final&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La figura extrema de la &#8220;zona gris&#8221;, dice Agamben, es el Sonderkommando, prisioneros obligados a conducir a otros prisioneros a las c&#225;maras de gas, a revisar los cad&#225;veres en busca de alg&#250;n objeto de valor y finalmente a llevarlos a los hornos crematorios y de all&#237; a las tumbas colectivas. Uno de los poqu&#237;simos sobrevivientes del &#250;ltimo Escuadr&#243;n especial de Auschwitz (eran peri&#243;dicamente asesinados para no dejar ning&#250;n testigo de lo ocurrido) cont&#243; que hab&#237;a asistido durante una pausa de su &#8220;trabajo&#8221; a un partido de f&#250;tbol entre las SS y algunos &lt;i&gt;Sonderkommando&lt;/i&gt;. Este partido, este aparente momento de normalidad, dice Agamben, es el verdadero horror del campo puesto que representa la cifra de la &#8220;zona gris&#8221;, marcando el despiadado contraste de un tiempo fuera del tiempo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sneth y Cosaka muestran que el dispositivo de industrializaci&#243;n de la muerte en los campos de exterminio permit&#237;a el anonimato no s&#243;lo de las v&#237;ctimas sino tambi&#233;n de sus verdugos, brindando as&#237; la ilusi&#243;n de una diluci&#243;n de la responsabilidad ya que con las c&#225;maras de gas &#8220;nadie mat&#243; en forma directa&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;P. Sneth y J. Cosaka, La Shoah en el siglo. Del lenguaje del exterminio al (&#8230;)&#034; id=&#034;nh8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el momento de la ca&#237;da del Tercer Reich, los aliados se ocuparon de llevar sistem&#225;ticamente a la poblaci&#243;n civil aleda&#241;a a los campos para que vieran lo que afirmaban desconocer a pesar del olor particular que rodeaba a las c&#225;maras de gas y los restos de la humareda de los hornos que esparc&#237;a el viento. El no querer saber, el amparo en la cadena de mando, los muertos sin nombres y sin historia, todo estaba armado para utilizar el subterfugio de la ignorancia para desresponsabilizarse de la barbarie.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una de las tesis m&#225;s importantes del libro de Sneth y Cosaka es que el nazismo no es el paroxismo del discurso racista, sino que consiste en el exterminio del discurso. Dedican un cap&#237;tulo a demostrar c&#243;mo los eufemismos se volvieron un recurso fundamental del nazismo para &#8220;utilizar el idioma a los fines del r&#233;gimen&#8221;. Este &lt;i&gt;Sprachregelung &lt;/i&gt; &#8220;designa los recursos ling&#252;&#237;sticos que serv&#237;an a la maquinaria del exterminio como lenguaje administrativo y como recurso de propaganda y ocultamiento, lo que permit&#237;a llevar a cabo las tareas de la matanza sin llamarlas por su nombre&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se utilizaban entonces palabras y expresiones de significado neutro o positivo para nombrar el terror y el exterminio&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase H. Arendt, Eichmann..., op. cit., cap. 6: &#8220;La soluci&#243;n final: el (&#8230;)&#034; id=&#034;nh9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Por ejemplo, la &#8220;soluci&#243;n final&#8221; nombraba el exterminio; &#8220;tratamiento especial&#8221; significaba matanza; &#8220;abandono del lugar&#8221;; &#8220;desalojo&#8221; o &#8220;direccionamiento de la colonizaci&#243;n&#8221; designaba la expulsi&#243;n de los jud&#237;os; el &#8220;reagrupamiento&#8221; nombraba a la deportaci&#243;n; &#8220;judaizaci&#243;n&#8221;, la influencia pretendidamente desvastadora de los jud&#237;os; la &#8220;zona jud&#237;a de residencia&#8221; eran los ghettos, y su expulsi&#243;n se denominaba &#8220;desplazamiento de residencia&#8221; (hacia los campos de concentraci&#243;n o de exterminio, por supuesto); los &lt;i&gt;Sonderkommando &lt;/i&gt; estaban obligados a llamar, bajo pena de muerte inmediata, &lt;i&gt;figuren &lt;/i&gt; (marionetas), &lt;i&gt;schmattes &lt;/i&gt; (trapos) o &lt;i&gt;st&#252;cken &lt;/i&gt; (piezas) a los cad&#225;veres; &lt;i&gt;v&#246;lkisch&lt;/i&gt;, que en el idioma pol&#237;tico alem&#225;n significaba &#8220;racista&#8221;, se convirti&#243; en sin&#243;nimo de &#8220;antisemita&#8221;, y suplant&#243; as&#237; a &lt;i&gt;judenhass&lt;/i&gt;, t&#233;rmino anterior que significa &#8220;odio a los jud&#237;os&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Todas estas expresiones estaban destinadas a desentenderse del crimen y eliminar as&#237; la categor&#237;a de verdugo por parte de los perpetradores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Las leyes raciales creadas durante el r&#233;gimen de Hitler acallaron las voces que entre los propios alemanes se escandalizaron ante los primeros episodios de violencia desorganizada contra los jud&#237;os, y dieron el apoyo legal y consensual del pueblo alem&#225;n a la persecuci&#243;n y matanza.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ley de 1933 para la prevenci&#243;n de descendencia con enfermedades hereditarias (incluidas las enfermedades mentales y el alcoholismo cr&#243;nico) produjo entre los alemanes 400.000 v&#237;ctimas de esterilizaci&#243;n obligatoria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La b&#250;squeda legal de la pureza racial encontr&#243; su apogeo en la Alemania nazi en 1935&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb10&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase I. Kershaw, Hitler (1889-1936), Pen&#237;nsula, Barcelona, 1999.&#034; id=&#034;nh10&#034;&gt;10&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Las leyes de Nuremberg sobre la pureza de la sangre brind&#243; la estructura para la sanci&#243;n de los decretos antijud&#237;os subsidiarios de los a&#241;os siguientes. Primero se segreg&#243; a los jud&#237;os puros; es decir, se distingui&#243; entre los ciudadanos de ascendencia aria y los de ascendencia no aria, y luego se centraron en la pureza de esa ascendencia. Bajo una aceptaci&#243;n generalizada, los jud&#237;os fueron considerados otra raza, antes de perder definitivamente su pertenencia al g&#233;nero humano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La &#8220;cuesti&#243;n jud&#237;a&#8221; tuvo primero como soluci&#243;n la expulsi&#243;n (lo que le vali&#243; su promoci&#243;n a Eichmann, especialista en el tema&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb11&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;H. Arendt, Eichmann..., op. cit., p. 115.&#034; id=&#034;nh11&#034;&gt;11&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;); la segunda soluci&#243;n consisti&#243; en la creaci&#243;n de los campos de concentraci&#243;n. En 1941 se encontr&#243; finalmente la &#8220;soluci&#243;n final&#8221; a la &#8220;cuesti&#243;n jud&#237;a&#8221;: su exterminio.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los alemanes que se opusieron al nazismo, sus primeras v&#237;ctimas, fueron los miembros del partido comunista alem&#225;n y luego los socialdem&#243;cratas. Los otros, los alemanes aparentemente no involucrados, los desentendidos, los indiferentes, los atemorizados, todos aquellos que con su silencio consent&#237;an o colaboraban sin propon&#233;rselo, &#191;son menos responsables?&lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;Cu&#225;l ser&#225; nuestra mirada frente a estos acontecimientos? Lacan se&#241;ala &#8211;a prop&#243;sito del exterminio nazi- que &#8220;la ignorancia, la indiferencia, la mirada que se desv&#237;a, explican tras qu&#233; velo sigue todav&#237;a oculto este misterio&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb12&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. Lacan, El Seminario, Libro 11: &#8220;Los cuatro conceptos fundamentales del (&#8230;)&#034; id=&#034;nh12&#034;&gt;12&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;3. Testimonios&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Primo Levi, como otros tantos, centr&#243; su supervivencia en el campo en la posibilidad de convertirse en testigo y hacer part&#237;cipe al mundo de los tr&#225;gicos sucesos en los que se vio envuelto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entre los sobrevivientes existen distintas posiciones frente a lo acaecido que van del silencio al relato, del recuerdo a lo que dif&#237;cilmente pueda llamarse olvido. Agamben distingue distintos tipos de testigos: los que encontraron formas literarias de dar su testimonio; los que simplemente hicieron part&#237;cipes al mundo de su infortunio y agon&#237;a; y, la gran mayor&#237;a, los &#8220;testigos de las c&#225;maras de gas&#8221;, que nada pueden decir. Primo Levi opone los que tuvieron el &#8220;privilegio de sobrevivir&#8221; al destino del prisionero com&#250;n que no ten&#237;a ninguna posibilidad de hacerlo. Sempr&#250;n afirma que fue atravesado por la muerte y se volvi&#243; un aparecido que regres&#243; transfigurado. &#8220;Pero no hab&#237;a &#8211;dice-, jam&#225;s habr&#237;a supervivientes de las c&#225;maras de gas nazis. Nadie jam&#225;s podr&#225; decir: yo estuve all&#237;. Se pod&#237;a estar alrededor, o antes, o al lado, como los individuos del &lt;i&gt;Sonderkommando&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entre los muertos y los vivos una tercera categor&#237;a surgi&#243; sobre todo en Auschwitz: el llamado &#8220;musulm&#225;n&#8221;. As&#237; llamaban a los prisioneros que perd&#237;an toda esperanza de sobrevivir. Quedaban petrificados en sus necesidades b&#225;sicas y deambulaban como muertos vivos. El nombre que recibieron fue por la similitud de sus movimientos con los de un &#225;rabe durante la oraci&#243;n. Bruno Bettelheim los volvi&#243; el paradigma de la reacci&#243;n frente a las situaciones extremas, compar&#225;ndolos con la retracci&#243;n autista&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb13&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;B. Bettelheim, La fortaleza vac&#237;a (1967), Laia, Barcelona, 1992.&#034; id=&#034;nh13&#034;&gt;13&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Los otros prisioneros los evitaban por temor al contagio. En realidad, ellos representaban el apogeo de la obra de destrucci&#243;n nazi: la completa p&#233;rdida de la humanidad, la transformaci&#243;n de un &#8220;punto de no retorno&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La masa an&#243;nima de los &#8220;hundidos&#8221; &#8211;como los llama Primo Levi-, incapaces de rebelarse, de tomar una actitud activa frente a los acontecimientos, no debe ser tomada, en un juicio apresurado, como consintiendo y entreg&#225;ndose servilmente a sus verdugos. De all&#237; que dice: &#8220;...Que somos esclavos, sin ning&#250;n derecho, expuestos a cualquier ataque, abocados a una muerte segura, pero que nos ha quedado una facultad y debemos defenderla con todo nuestro vigor porque es la &#250;ltima: la facultad de negar nuestro consentimiento&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La llamada &#8220;pasividad&#8221; frente a la muerte en realidad traduce un estar &#8220;entre dos muertes&#8221; &#8211;seg&#250;n la expresi&#243;n de Lacan-. Por un lado, muertos para una estructura civil que los toma como &lt;i&gt;shmattes &lt;/i&gt; (trapos), &lt;i&gt;figuren&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;str&#252;ken&lt;/i&gt;, sin nombre, sin cuerpos, seriados y numerados para una organizaci&#243;n burocr&#225;ticamente ordenada del exterminio, muerte simb&#243;lica que antecede el palpitar que se silencia a la espera de la muerte biol&#243;gica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Muertos ya por el exceso de dolor frente a la p&#233;rdida de los seres queridos, por el exceso de privaci&#243;n, por el terror continuo, por la humillaci&#243;n de seguir vivos, por el pesar sin futuro. Muertos por morir de tristeza cada d&#237;a, por la sideraci&#243;n de un mundo sin condenas, donde lo extraordinario, el m&#225;s all&#225; del bien y del mal, se vuelve lo cotidiano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La gran apor&#237;a &#233;tica de Auschwitz, dice Agamben, es que &#8220;es el lugar en que no es decente seguir siendo decentes, en el que los que creyeron conservar dignidad y respeto de s&#237; sienten verg&#252;enza con respecto a los que la hab&#237;an perdido de inmediato&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;4. El exterminio&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En Auschwitz no se mor&#237;a, se &#8220;produc&#237;an cad&#225;veres&#8221;, seg&#250;n la expresi&#243;n utilizada por algunos SS y tambi&#233;n por Heidegger en una conferencia titulada &#8220;El peligro&#8221;; dictada en 1949. En ella dice: &#8220;&#191;Mueren? Perecen. Son eliminados. &#191;Mueren? Se convierten en piezas del almac&#233;n de fabricaci&#243;n de cad&#225;veres. &#191;Mueren? Son liquidados imperceptiblemente en los campos de exterminio...&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb14&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Citado por G. Agamben, Lo que queda..., op. cit., p. 76. V&#233;ase tambi&#233;n G. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh14&#034;&gt;14&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta producci&#243;n seriada es el apogeo de la deshumanizaci&#243;n: cad&#225;veres sin muerte, violaci&#243;n de la dignidad de morir, &#8220;piezas&#8221; producidas en un trabajo en cadena.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Michel Foucault propuso una explicaci&#243;n de la degradaci&#243;n de la muerte expresada en t&#233;rminos pol&#237;ticos. Indica que el racismo es lo que permite al biopoder establecer en la continuidad biol&#243;gica de la especie humana una serie de cortes y jerarqu&#237;as entre las razas. En 1937 Hitler formula un concepto biopol&#237;tico extremo: la necesidad de un &lt;i&gt;v&#246;lkloser Raum&lt;/i&gt;, un &#8220;espacio sin pueblo&#8221; (&lt;i&gt;V&#246;lk &lt;/i&gt; designa a los jud&#237;os). El campo de concentraci&#243;n se vuelve una maquinaria biopol&#237;tica en un espacio geogr&#225;fico determinado en donde la vida humana es llevada al extremo en que la muerte no es m&#225;s que un epifen&#243;meno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La reducci&#243;n de masas enteras a la funci&#243;n de excrementos es lo que caracteriza a la transformaci&#243;n del puebo elegido, v&#237;a los hornos crematorios, en productos tales como el jab&#243;n. De esta manera caracteriza Lacan en 1963, no sin un dejo de iron&#237;a, la inclusi&#243;n del hombre reducido a un excremento en el circuito econ&#243;mico&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb15&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. Lacan, Seminario 10: &#8220;La angustia&#8221;, in&#233;dito, clase del 19 de junio de 1963.&#034; id=&#034;nh15&#034;&gt;15&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Al a&#241;o siguiente, en su seminario &#8220;Los cuatro conceptos...&#8221;, se refiere al &#8220;drama del nazismo que presenta las formas m&#225;s monstruosas y supuestamente superadas del holocausto&#8221; y advierte sobre el resurgimiento de esta &#8220;ofrenda de un objeto de sacrificio a los dioses oscuros&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb16&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. Lacan, El Seminario, Libro 11, op. cit., p. 282.&#034; id=&#034;nh16&#034;&gt;16&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. En 1967 vuelve sobre esta cuesti&#243;n enlazando la creciente segregaci&#243;n, el surgimiento del derecho de hacer trozos al cuerpo para el intercambio, con el surgimiento del &#8220;ni&#241;o generalizado&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb17&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. Lacan, &#8220;Discurso de clausura de las Jornadas sobre la psicosis infantil&#8221; (&#8230;)&#034; id=&#034;nh17&#034;&gt;17&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al comentar esta frase Eric Laurent indica que la ignorancia de la muerte en forma distra&#237;da tiene un lado profundamente infantil, y que Lacan llega a indicar que &#8220;el hecho de que no hayan personas grandes se vuelve la se&#241;al de la entrada en un mundo de segregaci&#243;n&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb18&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;E. Laurent, &#8220;Hay un fin de an&#225;lisis para los ni&#241;os&#8221;, Hay un fin de an&#225;lisis (&#8230;)&#034; id=&#034;nh18&#034;&gt;18&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Ese mismo a&#241;o, Lacan vuelve sobre el tema de la segregaci&#243;n al indicar que &#8220;nuestro porvenir de mercados comunes ser&#225; balanceado por la extensi&#243;n cada vez m&#225;s dura de los procesos de segregaci&#243;n&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb19&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. Lacan, &#8220;Proposici&#243;n del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh19&#034;&gt;19&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La transformaci&#243;n del sujeto en mercanc&#237;a, la p&#233;rdida del valor de la vida y su consecuente manipulaci&#243;n como objeto, franquea un l&#237;mite de segregaci&#243;n sin retorno. Su forma m&#225;s tenue, pero no por ello menos cruel, es la indiferencia, el desinter&#233;s y el olvido...&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;5. Lo que resta&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;G&#252;nter Grass dice que Auschwitz es un punto de ruptura, la humanidad y el concepto de existencia humana sucumben a un antes y un despu&#233;s&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb20&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;G. Grass, Escribir despu&#233;s de Auschwitz. Reflexiones sobre Alemania: un (&#8230;)&#034; id=&#034;nh20&#034;&gt;20&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; . Aunque se rodee de explicaciones, dice, Auschwitz nunca se podr&#225; entender.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt; &#8220;Est&#225;n delante de m&#237;, abriendo los ojos enormemente, y yo me veo de golpe en esa mirada de espanto: en su pavor&#8221;, escribe Jorge Sempr&#250;n. Y contin&#250;a: &#8220;Pero de este humo de aqu&#237;, no obstante, nada saben. Y nunca sabr&#225;n nada de verdad. Ni supieron estos, aquel d&#237;a. Ni todos los dem&#225;s, desde entonces&#8221;. No obstante, contin&#250;a; &#8220;Siempre puede expresarse todo, en suma. Lo inefable de lo que tanto se habla no es m&#225;s que una coartada... &#191;Pero puede o&#237;rse todo, imaginarse todo?&#8221; J.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb21&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Sempr&#250;n, La escritura o la vida, op. cit.&#034; id=&#034;nh21&#034;&gt;21&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Art Spiegelman, en el comic &lt;i&gt;Maus &lt;/i&gt; que retrata el peregrinaje de su padre en los campos de concentraci&#243;n, cuando el hijo le pide que narre su historia, le hace decir de inmediato a su padre: &#8220;&#191;Qui&#233;n quiere o&#237;r esas cosas?&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb22&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;A. Spiegelman, Maus (2 tomos), (1973). Emec&#233;, Buenos Aires, 1995.&#034; id=&#034;nh22&#034;&gt;22&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sobrevivir y recordar el punzante deseo de vivir, de volverse nuevamente un hombre entre los otros, acoger la pasi&#243;n y el tenue paso de los d&#237;as sin sobresaltos, sin selecciones ni funestos presagios. Simplemente vivir. &#191;C&#243;mo lograrlo en ese entonces y despu&#233;s? &lt;br class='autobr' /&gt;
Esta pregunta retorna en los sobrevivientes, en sus hijos, en sus nietos, y m&#225;s all&#225; de todos los involucrados, en aquellos para quienes la vida tiene su dignidad y el genocidio es el apocalipsis de lo humano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La deportaci&#243;n, la inminencia de las c&#225;maras de gas, el campo de concentraci&#243;n y el riesgo de peligro letal ininterrumpido producen un quiebre en el sentido de la vida. La manera que encontraron de sobrellevar esta fractura vital, de acuerdo a sus posibilidades subjetivas, entremezcladas con el azar, permitieron que algunos sobrevivieran. La salida del campo deja intacta la pregunta acerca del &#8220;odio de Dios por la criatura&#8221;, la inquietante e inefable pregunta sobre el deseo del Otro&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb23&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;V&#233;ase S. Tendlarz, &#8220;La prise du sujet par la guerre&#8221;, Quarto 46 (1991).&#034; id=&#034;nh23&#034;&gt;23&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Fran&#231;ois Lyotard afirma que los sobrevivientes a los campos de concentraci&#243;n pueden describir y narrar lo que era la administraci&#243;n de la muerte pero no podr&#225;n decir la abyecci&#243;n del discurso al cual se los redujo. Dice:&#8221;&#191;C&#243;mo puede uno comunicar mediante la interlocuci&#243;n el terror de no estar destinado ya a nada o a nadie?&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb24&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;F. Lyotard, &#8220;Los derechos de los otros&#8221;, S. Shute y S. Hurley (comp.), De (&#8230;)&#034; id=&#034;nh24&#034;&gt;24&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Se trata entonces de un &#8220;acontecimiento sin testigos&#8221;? &#191;C&#243;mo evitar que lo inefable se vuelva una m&#237;stica? El testimonio envuelve un imposible: lo real tropieza con lo imposible de decir y designa un tope a lo que puede ser dicho.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agamben considera que aquellos que reivindican la indecibilidad de Auschwitz repiten sin darse cuenta el gesto de los nazis que consideraban que aunque quedase alguien para dar testimonio jam&#225;s ser&#237;an cre&#237;dos. Concluye entonces que la &#8220;autoridad del testigo consiste en que puede hablar &#250;nicamente en nombre de un no poder decir, o sea, en su ser sujeto&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Qu&#233; puede ser dicho? &#191;Qu&#233; quedar&#225; silenciado para siempre en las tinieblas de la desesperaci&#243;n del campo de exterminio, de los fusilamientos colectivos, de las impensables maneras de morir en lo cotidiano por hambre, debilidad, enfermedad o por simple ultraje? &#191;Qu&#233; querr&#225; ser escuchado sin ser degradado por las diferentes expresiones de indiferencia? &#191;Qu&#233; querr&#225; ser recordado sin metamorfosearse en los parques ecol&#243;gicos de Berl&#237;n que cubren las antiguas dependencias de la Gestapo y de la SS o un Auschwitz transformado en discoteca? Finalmente, &#191;qu&#233; querr&#225; ser dicho para que el horror genocida no resurja como un ave F&#233;nix de las cenizas de un pasado vuelto futuro?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestras voces son el coro que se alza hacia el mundo que pensamos crear. El porvenir existe en los intersticios de nuestro presente. Cada d&#237;a nos volvemos responsables, sin saberlo, de los actos que vienen a nuestro encuentro. &#191;Qu&#233; &#233;tica guiar&#225; nuestros pasos en la penumbra de nuestros juicios m&#225;s &#237;ntimos? El silencio de lo inefable clama y se desgarra en su tormento. Transformemos el recuerdo en una advertencia para que sobrevivan en nuestros corazones como la miseria y el espanto que nuestro tiempo logr&#243; inventar.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Nota introductoria de Juan Jorge Michel Fari&#241;a. El art&#237;culo &#8220;Shoa&#8221; apareci&#243; originalmente en Virtualia 5, Buenos Aires (2002) y se volvi&#243; a publicar en Freudiana 39, Barcelona (2004), pp. 65-74.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. Sempr&#250;n, &lt;i&gt;La escritura o la vida&lt;/i&gt;, Tusquets, Barcelona, 1995.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;G. Agamben,&lt;i&gt; Lo que queda de Auschwitz&lt;/i&gt;, Pre-textos, Valencia, 2000.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;D. Goldhagen, &lt;i&gt;Los verdugos voluntarios de Hitler. Los alemanes corrientes y el holocausto&lt;/i&gt;, Taurus, Madrid, 1997.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase F. Finchelstein, &#8220;El debate Goldhagen en contexto. Memorias colectivas y representaciones cr&#237;ticas&#8221;, &lt;i&gt;Los alemanes, el holocausto y la culpa colectiva&lt;/i&gt;, Eudeba, Buenos Aires, 1999.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase Agamben, &lt;i&gt;Lo que queda...&lt;/i&gt;, op. cit., p. 20. V&#233;ase de P. Levi, &lt;i&gt;Si esto es un hombre&lt;/i&gt; (1958), &lt;i&gt;La tregua&lt;/i&gt; (1963), y &lt;i&gt;Los hundidos y los salvados&lt;/i&gt; (1986), Muchnik editores, Barcelona, 1998;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;H. Arendt, &lt;i&gt;Eichmann &#224; J&#233;rusalem. Rapport sur la banalit&#233; du mal&lt;/i&gt;, Gallimard, Paris, 1997.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;P. Sneth y J. Cosaka, &lt;i&gt;La Shoah en el siglo. Del lenguaje del exterminio al exterminio del discurso&lt;/i&gt;, Xavier B&#243;veda, Buenos Aires, 1999.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase H. Arendt, &lt;i&gt;Eichmann&lt;/i&gt;..., op. cit., cap. 6: &#8220;La soluci&#243;n final: el asesinato&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb10&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh10&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 10&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;10&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase I. Kershaw, Hitler (1889-1936), Pen&#237;nsula, Barcelona, 1999.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb11&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh11&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 11&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;11&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;H. Arendt, &lt;i&gt;Eichmann&lt;/i&gt;..., op. cit., p. 115.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb12&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh12&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 12&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;12&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. Lacan, &lt;i&gt;El Seminario, Libro 11: &#8220;Los cuatro conceptos fundamentales del psicoan&#225;lisis&#8221;&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Paid&#243;s, 1993, p. 282.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb13&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh13&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 13&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;13&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;B. Bettelheim, La fortaleza vac&#237;a (1967), Laia, Barcelona, 1992.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb14&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh14&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 14&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;14&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Citado por G. Agamben, &lt;i&gt;Lo que queda&lt;/i&gt;..., op. cit., p. 76. V&#233;ase tambi&#233;n G. Agamben, &lt;i&gt;Homo Sacer- El poder soberano y la nuda vida&lt;/i&gt;, Pre-textos, Valencia, 1998, 3&#186; parte: &#8220;El campo de concentraci&#243;n como paradigma biopol&#237;tico de lo moderno&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb15&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh15&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 15&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;15&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. Lacan, Seminario 10: &#8220;La angustia&#8221;, in&#233;dito, clase del 19 de junio de 1963.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb16&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh16&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 16&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;16&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. Lacan, &lt;i&gt;El Seminario, Libro 11&lt;/i&gt;, op. cit., p. 282.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb17&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh17&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 17&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;17&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. Lacan, &#8220;Discurso de clausura de las Jornadas sobre la psicosis infantil&#8221; (1967), &lt;i&gt;El Analitic&#243;n&lt;/i&gt; 3 (1987).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb18&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh18&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 18&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;18&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;E. Laurent, &#8220;Hay un fin de an&#225;lisis para los ni&#241;os&#8221;, &lt;i&gt;Hay un fin de an&#225;lisis para los ni&#241;os&lt;/i&gt;, Colecci&#243;n Diva, Buenos Aires, 1999, p. 36. A.-R. Najles retoma esta cuesti&#243;n e indica que segregaci&#243;n es correlativa a la reducci&#243;n de un sujeto al estatuto de objeto de manipulaci&#243;n por parte del mercado, que lo vuelve &#8220;homologable a cualquier objeto producido por la tecnolog&#237;a&#8221;. V&#233;ase A. Najles, &lt;i&gt;El ni&#241;o globalizado. Segregaci&#243;n y violencia&lt;/i&gt;, Plural editores, La Paz, 2000.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb19&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh19&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 19&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;19&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. Lacan, &#8220;Proposici&#243;n del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la Escuela&#8221; (1967), Momentos cruciales de la experiencia anal&#237;tica, Manantial, Buenos Aires, 1987.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb20&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh20&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 20&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;20&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;G. Grass, &lt;i&gt;Escribir despu&#233;s de Auschwitz. Reflexiones sobre Alemania: un escritor hace balande de 35 a&#241;os&lt;/i&gt; (1990), Paid&#243;s, Buenos Aires, 1999.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb21&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh21&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 21&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;21&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Sempr&#250;n, &lt;i&gt;La escritura o la vida&lt;/i&gt;, op. cit.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb22&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh22&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 22&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;22&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;A. Spiegelman, &lt;i&gt;Maus &lt;/i&gt; (2 tomos), (1973). Emec&#233;, Buenos Aires, 1995.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb23&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh23&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 23&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;23&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;V&#233;ase S. Tendlarz, &#8220;La prise du sujet par la guerre&#8221;, &lt;i&gt;Quarto &lt;/i&gt; 46 (1991).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb24&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh24&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 24&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;24&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;F. Lyotard, &#8220;Los derechos de los otros&#8221;, S. Shute y S. Hurley (comp.), &lt;i&gt;De los derechos humanos&lt;/i&gt;, Trotta, Valladolid, 1998.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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