<?xml 
version="1.0" encoding="utf-8"?><?xml-stylesheet title="XSL formatting" type="text/xsl" href="https://journal.eticaycine.org/spip.php?page=backend.xslt" ?>
<rss version="2.0" 
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
>

<channel xml:lang="es">
	<title>Journal de Etica y Cine</title>
	<link>https://www.journal.eticaycine.org/</link>
	<description></description>
	<language>es</language>
	<generator>SPIP - www.spip.net</generator>
	<atom:link href="https://journal.eticaycine.org/spip.php?id_auteur=54&amp;page=backend" rel="self" type="application/rss+xml" />




<item xml:lang="es">
		<title>To believe in the other. Thanatos, eros and anamnesis in The Giver</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Abstract-Keywords</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Abstract-Keywords</guid>
		<dc:date>2021-03-15T18:57:44Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Diego Fonti, Pamela C&#225;ceres</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Based on the novel and the film The Giver, this papers shows the paradox and contradictions born out of the attempt of an egalitarian and pacifist position &#8211; the classical answer to those discriminations that originate suffering and violence &#8211; to eliminate everything that is a source of distinction and therefore of anguish. In the second place, we argue that in the name of an equality achieved by means of eliminating the violence born out of difference, a worse violence is originated. And that the social elimination of death and desire, as signals of that memory and fundamental events of human experience, did not contribute to heal that division but instead it set a damage beyond limits. The argument shows that a production of neutral human beings, without past guilt nor future anguish, withouth meaningful individual differences, does not bring about a life that is more free, fraternal and egalitarian, but an intrinsic and boundless sort of violence. Finally we will explore the memory of differenciation and of the law as role of the other and as starting point for a more complete subjective appropriation.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; equality | difference | other | anguish | memory&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-11-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 11 | N&#176; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Cat&#243;lica de C&#243;rdoba&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Creer-en-lo-otro-Thanatos-eros-y-anamnesis-en-The-Giver' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Creer en lo otro. Thanatos, eros y anamnesis en The Giver&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Creer en lo otro. Thanatos, eros y anamnesis en The Giver</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Creer-en-lo-otro-Thanatos-eros-y-anamnesis-en-The-Giver</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Creer-en-lo-otro-Thanatos-eros-y-anamnesis-en-The-Giver</guid>
		<dc:date>2021-03-15T18:48:19Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Diego Fonti, Pamela C&#225;ceres</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A partir de la novela y el film The Giver, este art&#237;culo expone la paradoja y contradicciones que se que dan en el intento de una posici&#243;n igualitaria y pacifista &#8211;respuesta cl&#225;sica ante las discriminaciones que originan dolor y violencia&#8211; por eliminar todo lo que sea fuente de distinci&#243;n, y por ende de angustia. Se expone adem&#225;s c&#243;mo ese movimiento acab&#243; eliminando la creencia en lo otro y al mismo tiempo la memoria de todo lo que hab&#237;a causado angustia en el pasado. En segundo lugar, este art&#237;culo argumenta que en nombre de la igualdad lograda por la eliminaci&#243;n de la violencia nacida de la diferencia, se genera una violencia todav&#237;a m&#225;s grave. Y que la eliminaci&#243;n social de la muerte y el deseo, como se&#241;ales de esa memoria y eventos fundamentales de la experiencia humana, no contribuyeron a subsanar el desgarro sino a instaurar un da&#241;o m&#225;s all&#225; del l&#237;mite. El argumento se&#241;ala que la producci&#243;n de seres humanos neutros, sin culpas pasadas ni angustias futuras, sin diferencias individuales significativas, no conlleva una vida m&#225;s libre, fraterna e igualitaria, sino un tipo de violencia intr&#237;nseca y desbordada. Finalmente, se indagar&#225; la memoria de la diferencia y de la ley, en tanto rol del otro, como inicio de una apropiaci&#243;n subjetiva m&#225;s completa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; igualdad | diferencia | otro | angustia | memoria&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Abstract-Keywords' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-11-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 11 | Nro 1 | Marzo 2021&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Cat&#243;lica de C&#243;rdoba&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;La muerte es del &#225;mbito de la fe. Ustedes tienen raz&#243;n en creer que morir&#225;n, eso es lo que les sostiene. Si no lo creyesen, &#191;podr&#237;an soportar la vida que tienen?&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;La mort est du domaine de la foi. Vous avez bien raison de croire que vous (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;br class='autobr' /&gt;
J. Lacan, 13 de Octubre de 1972&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;No es infrecuente en la tarea acad&#233;mica abordar posiciones te&#243;ricas que total o parcialmente se enfrentan a las construcciones y enfoques propios. Ciertamente son desaf&#237;os que exigen respuesta, sea por medio de una refutaci&#243;n de la cr&#237;tica o por la revisi&#243;n de la propia posici&#243;n. Sin embargo, es menos frecuente que una obra se afirme sobre los mismos principios y orientaciones que los propios, llev&#225;ndoles &#8211;sin perder coherencia&#8211; hasta el punto cuya imagen se desfigura de tal modo que nos enfrenta al horror. Es m&#225;s que la mera argucia l&#243;gica de la reducci&#243;n al absurdo. Es un horror nacido inequ&#237;vocamente de los propios principios y orientaciones que cre&#237;amos leg&#237;timo &#8211;incluso un deber&#8211; sostener. Este tipo de conmoci&#243;n es la que el film de 2014 &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; (&lt;i&gt;El dador de recuerdos&lt;/i&gt;, de Philip Noyce, basado en la novela hom&#243;nima de Lois Lowry) nos provoca a quienes sostenemos una posici&#243;n &#233;tica y pol&#237;ticamente igualitaria respecto de los seres humanos. Nos obliga a pensar las premisas mismas de esa posici&#243;n y sus l&#237;mites. Para este trabajo poco importa la calidad &#8211;o falta de ella&#8211; del film, sino otra cosa m&#225;s intrigante: es forzar el reconocimiento de que nuestra propia posici&#243;n pol&#237;tica y &#233;tica conten&#237;a en su interior el huevo de la serpiente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este art&#237;culo se exponen, en primer lugar, los motivos por los cuales un argumento igualitario y pacifista &#8211;junto a la necesidad de enfrentar la violencia que hist&#243;ricamente los humanos hemos utilizado como respuesta a la diferencia, al dolor y a la muerte&#8211; llev&#243; a aniquilar todo aquello que era fuente de distinci&#243;n, y por ende de angustia. Lo central es que esa aniquilaci&#243;n signific&#243; tambi&#233;n dejar de creer en lo otro. Adem&#225;s se muestra c&#243;mo junto con las fuentes de esa angustia se elimin&#243; tambi&#233;n toda memoria de las mismas. El argumento que se articula a partir de esta descripci&#243;n es que en nombre de la eliminaci&#243;n de la violencia nacida de la diferencia y la alteridad, es decir, en nombre de la igualdad, se gener&#243; una violencia peor. Del mismo modo, la eliminaci&#243;n de la muerte y el deseo, as&#237; como las memorias y accesos a esos dos eventos fundamentales de la experiencia humana, no contribuyeron a subsanar el desgarro que conllevan sino a instaurar un da&#241;o m&#225;s all&#225; del l&#237;mite. Ese da&#241;o no solo incide en las relaciones interhumanas sino que afecta la propia constituci&#243;n de la subjetividad y la angustia que la acompa&#241;a. As&#237; fue que la eliminaci&#243;n de la angustia que produc&#237;an las caracter&#237;sticas antropol&#243;gicas ontol&#243;gicamente insuperables de la experiencia humana, tales como el deseo y la muerte, no produjeron subjetividades m&#225;s libres ni sociedades menos crueles. La producci&#243;n de seres humanos neutros, limpios de culpas pasadas y angustias futuras, carentes de diferencias y propiedades individuales significativas, de seres humanos sin las dos mociones estructurales fundamentales de &lt;i&gt;eros&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;thanatos&lt;/i&gt;, en s&#237;ntesis, no signific&#243; una vida m&#225;s libre, fraterna ni, en &#250;ltima instancia, igualitaria, sino un tipo de violencia intr&#237;nseca, t&#225;cita y desbordada, y por ende m&#225;s dif&#237;cil de resistir. Finalmente se indagar&#225; el rol de la memoria de la diferencia y la memoria de la ley, o sea del otro, como inicio de una posibilidad de apropiaci&#243;n subjetiva m&#225;s completa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La utop&#237;a, o el lazo dominial acabado&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El inicio de &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; nos ubica en una comunidad ut&#243;pica, donde ha sido superada la confrontaci&#243;n que Miller (2005) formula entre la sociedad como &#8220;lazo dominial&#8221; y la idea de una sociedad como relaci&#243;n igualitaria. Con el objeto de superar las antiguas condiciones que generaban violencia entre los humanos, se ha logrado una sociedad sin desgarro ni anomal&#237;as inesperadas: control de la natalidad y equilibrio en el n&#250;mero de nacimiento y muerte de sus habitantes, control del clima, eliminaci&#243;n de todas las caracter&#237;sticas personales y sociales que alguna vez portaron el germen del conflicto (diferencias de color de piel, diferencias econ&#243;micas, disputas por el acceso a bienes o cargos en la sociedad, etc.), orden y asignaci&#243;n programada de los roles sociales de cada persona que ingresa a la adolescencia. Tambi&#233;n es una sociedad donde la muerte no est&#225; presente, es invisible, y se ha logrado por la mitad lo que Nietzsche (1995) esperaba en el apartado 278 de &lt;i&gt;La gaya ciencia&lt;/i&gt;: por fin los hombres ya no piensan en la muerte; pero tampoco en la vida. Cuando los &#8220;ancianos&#8221; que detentan el poder determinan que el tiempo de alguien ha llegado, se le cuenta su vida (en el film de Noyce, se proyectan im&#225;genes grabadas de su pasado), y los dem&#225;s se despiden de quien ser&#225; conducido al &#8220;otro lugar&#8221;. Incluso se adjudica un sentido a la m&#225;s insignificante y repetitiva de las vidas, provocando paradojalmente un sentido generalizado de conformidad con el sentido (Lowry, 1993). &lt;i&gt;Amor fati&lt;/i&gt; consumado. Y a continuaci&#243;n son &#8220;released&#8221;, &#8220;liberados&#8221; (en la versi&#243;n doblada &#8220;rehabilitados&#8221;) &#8220;al otro lugar&#8221;, &lt;i&gt;Elsewhere&lt;/i&gt; (Lowry, 199, p. 47). Lo mismo sucede con aquellos beb&#233;s que no crecen como es esperable, con aquellas personas que no se adaptan, y finalmente tambi&#233;n con quienes meramente lo piden porque sienten que no encajan. Y de pronto ya no est&#225;n m&#225;s, sin que nadie sepa c&#243;mo sucedi&#243;. Esa &#8220;liberaci&#243;n&#8221; simplemente se da, se produce la ausencia sin el rigor de la partida ni la angustia que la antecede. As&#237; el &lt;i&gt;numerus clausus&lt;/i&gt; de la comunidad queda siempre estable &#8211;teniendo en cuenta que quienes cumplieron con el ciclo etario son despedidos hacia otro lugar&#8211; y saludable en tanto los sujetos an&#243;malos tambi&#233;n son despedidos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por ninguna parte aparecen los umbrales y l&#237;mites de la vida. Ninguna carga violenta rompe su armon&#237;a. Del mismo modo, el uso de drogas que anulan la libido desde la adolescencia impide que emerjan los conflictos nacidos del deseo er&#243;tico. No est&#225; lo que pone en riesgo la vida, pero tampoco lo que la erotiza y la carga de deseo. En s&#237;ntesis, una sociedad pacificada, donde la utop&#237;a ya no es un futuro que permanece futuro sino un presente consumado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La imposici&#243;n de una igualdad no s&#243;lo se ha concretado, sino que incluso ha borrado el origen de la diferencia. Aquello que Heidegger (1990) encontraba como inicio de la metaf&#237;sica, y por ende de la tarea actual del pensar, o sea la noci&#243;n originaria de diferencia (para Heidegger entre el ser y los entes), hab&#237;a logrado aqu&#237; su acabamiento social: la diferencia quedaba elidida y olvidada por una t&#233;cnica social. Seg&#250;n Heidegger la esencia de la t&#233;cnica no es algo t&#233;cnico, sino un modo de darse el ser en nuestra &#233;poca, que se caracteriza por poner a los entes a disposici&#243;n, con un pensamiento calculador anticipante. Es una representaci&#243;n de la totalidad del mundo como mundo t&#233;cnico, como cosa exclusiva del ser humano: los entes &#8211;incluido el ser humano mismo&#8211; vienen a nosotros en la forma de su planificaci&#243;n y c&#225;lculo (Heidegger, 1990). Lo notable en el mundo que Lowry describe, es que no s&#243;lo se calcula el futuro sino tambi&#233;n el pasado: el riesgo de que reaparezca el mundo de diferencias y la violencia que le es propia queda conjurado por una econom&#237;a del olvido. El olvido es programado, nada debe remitir a aquel mundo de diferencias, ni la m&#250;sica, ni los colores del mundo, ni mucho menos los hechos que irrumpieron y generaron los sentimientos m&#225;s conmovedores: dolor, amor, odio, el sufrimiento por el hambre o el clima, etc. Las guerras, las crueldades, las discriminaciones, no s&#243;lo ya no existen, sino que se administra su amnesia. Pero adem&#225;s, quienes organizaron ese mundo ut&#243;pico de planificaci&#243;n y c&#225;lculo en pos de la igualdad atendieron a una caracter&#237;stica antropol&#243;gica que resiste a toda programaci&#243;n, porque excede o antecede a cualquier constructivismo, es decir, sab&#237;an que lo otro reprimido permanece latente y puede reaparecer de modo ominoso en lo cotidiano, &lt;i&gt;unheimlich&lt;/i&gt;. Por eso tambi&#233;n instituyeron un ant&#237;doto funcional en la sociedad: el rol del dador de recuerdos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una vez al a&#241;o se realiza en la comunidad ut&#243;pica una asamblea que re&#250;ne a todos sus miembros: en la &#8220;ceremonia de los 12 a&#241;os&#8221; (Lowry, 1993, p. 14) se asigna de por vida a cada joven miembro su tarea social. Del mismo modo que m&#225;s adelante se asignan a los adultos sus n&#250;cleos familiares: las parejas y &#8211;eventualmente&#8211; los hijos asignados a cada pareja, reproducidos previamente de modo artificial, y gestados por &#8220;portadoras&#8221;. As&#237; quedan estables las funciones sociales &#8220;privadas&#8221; y &#8220;p&#250;blicas&#8221;. La pacificaci&#243;n igualitaria ha sido consumada.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero esa econom&#237;a de un presente igualitario y de un olvido planificado requiere un anticuerpo. Porque la diferencia y la violencia que acarrea resiste todo intento de eliminaci&#243;n; porque nos es constitutiva. Por eso esa sociedad inventa un rol social &#250;nico, exento del resto de las obligaciones, separado del resto: el dador de recuerdos. Lo que hace es recordar todo el mal, sentir en su cuerpo todo el dolor y el placer vividos en la historia de la humanidad, y sus violencias. El dador de recuerdos ve colores, escucha m&#250;sica, sufre todas las conmociones posibles que los humanos hemos conocido. Posiblemente siente amor y angustia. Pero su trabajo es mantener el sistema, y por eso cada vez que la comunidad pone en cuesti&#243;n el orden l&#243;gico y sin diferencias imperante, les recuerda que hay algo ominoso y terrible que sucedi&#243; alguna vez, que ellos no pueden recordar ni nombrar, pero que debe ser evitado. El sistema provee de goce en la comodidad, evita que surjan sujetos en la conmoci&#243;n de la violencia, y al mismo tiempo evita ver sus propios da&#241;os estructurales.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;De todos modos, el chiste morboso cumple su funci&#243;n develadora de la verdad (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Durante su ceremonia de doce a&#241;os, el joven Jonas queda sin rol asignado. Luego, fuera de la mirada p&#250;blica, se lo convoca como dador de recuerdos. Empieza su entrenamiento con el dador anciano y comienza a reconocer el sentido de algunos destellos que hab&#237;a tenido: colores, mociones interiores que &#233;l mismo sostiene al dejar de tomar las pastillas que controlaban su libido, y finalmente tiene la visi&#243;n de su propio padre &#8211;un cuidador de beb&#233;s&#8211; administrando una inyecci&#243;n letal a un beb&#233; que no ten&#237;a las condiciones de salud esperadas. As&#237; comprende el sentido de la &#8220;liberaci&#243;n&#8221; en la comunidad perfecta, y qu&#233; significa ser enviado al otro lugar. Tambi&#233;n el dador de recuerdos le permite entender por qu&#233; su nombramiento no hab&#237;a sido en p&#250;blico. Es que al aproximarse al final del tiempo que le estaba previsto al anciano dador, los administradores de la sociedad perfecta ya hab&#237;an designado una reemplazante en una asignaci&#243;n anterior en p&#250;blico. Pero ella sinti&#243; demasiada angustia ante la carga del pasado y ante el presente ut&#243;pico acabado. Durante su entrenamiento vio, entre otras cosas, el tipo de carga que significaba esa sociedad pacificada: la relativizaci&#243;n de las vidas personales respecto del cumplimiento de un estado de goce y comodidad, la creencia en el estado de cosas presente sin sujetos ni decisiones relevantes por hacer. Por eso ella pidi&#243; ser &#8220;liberada&#8221;. Y como los administradores no pod&#237;an permitirse nuevamente una designaci&#243;n p&#250;blica que fracasase, no designaron a Jonas en p&#250;blico, y de hecho hicieron que la regla que permit&#237;a a todo ciudadano solicitar ser &#8220;liberado&#8221; ya no aplicara a los dadores de recuerdos.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1238 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L393xH221/giver1-50e46.jpg?1775199960' width='393' height='221' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;La violencia &#8230; o la violencia peor&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Jonas comienza a comprender la carga de violencia oculta que su sociedad ut&#243;pica implica. Comprende que la sociedad ha domado las anomal&#237;as mediante la eliminaci&#243;n no s&#243;lo de las mociones b&#225;sicas de angustia y deseo, sino que hab&#237;a pasado al acto en la eliminaci&#243;n concreta de los cuerpos. Ahora, animado por la memoria, comienza una resistencia contra ese orden total, como por ejemplo buscando liberar al beb&#233; destinado a ser &#8220;liberado&#8221; por sus dificultades de crecimiento. As&#237;, Jonas mismo se vuelve la anomal&#237;a que el cuerpo social ut&#243;pico realizado quiere eliminar. Estos eventos nos muestran algo que va m&#225;s all&#225; de entender que la tecnociencia moderna puso fuera de juego las experiencias de muerte y eros, al tiempo que busc&#243; reducir el traumatismo que implica el otro. Lo que en el fondo sucedi&#243; es que se renunci&#243; a ver lo &#8220;monstruoso&#8221; siempre presente en el otro, y la violencia que acecha, para negarle todo poder y someterle a una programaci&#243;n &#8220;normalizada&#8221;, donde el otro finalmente es un calco de uno mismo. Paradojalmente, la negaci&#243;n de la violencia incurr&#237;a en su absolutizaci&#243;n, porque ya no hay diferencia entre violencias. La pacificaci&#243;n edulcorada y sin atributos, que niega toda violencia, termina sin distinguir entre sociedad existente y violencia, entre violencia y violencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Conviene confrontar esa &#8220;normalizaci&#243;n&#8221; con los an&#225;lisis sobre el &#8220;pr&#243;jimo&#8221; de &#381;i&#382;ek, que rompen no s&#243;lo con la idea humanista del v&#237;nculo con otro, sino tambi&#233;n con la larga tradici&#243;n del otro como &lt;i&gt;alter ego&lt;/i&gt;. Esa idea todav&#237;a est&#225; presente en alguna interpretaci&#243;n posible del pr&#243;jimo que es heredera del judeo cristianismo y se escucha, por ejemplo, en Rosenzweig y Levinas: &#8220;&#233;l es como t&#250;&#8221;. Al rev&#233;s, &#381;i&#382;ek afirma que esa tradici&#243;n jud&#237;a y cristiana porta consigo un valioso &#8220;in-humanismo&#8221;, necesario para esta &#233;poca de la &#8220;muerte del sujeto&#8221; y del v&#237;nculo entre capitalismo y modos de reconocimiento liberales marcados por el goce como mandato y por regulaciones, pero que no quiere pagar el precio ni admitir el tipo de violencia que signa todo encuentro con otro, y que por tanto no dan lugar a verdaderas decisiones &#233;ticas (&#381;i&#382;ek 2009b, 169ss). Lo paradojal es que esa experiencia del otro, que tiene una estructura de corte religioso, es seg&#250;n &#381;i&#382;ek lo que todav&#237;a da un acceso a lo &#8220;real&#8221; en la experiencia de la alteridad: no se trata de una representaci&#243;n imaginaria del otro como otro yo, ni de una instauraci&#243;n simb&#243;lica de la ley, sino del abismo brutal de lo real, que se sostiene ante otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuestra &#233;poca logr&#243; prescindir del origen vertical y &#8220;carism&#225;tico&#8221; &#8211;en t&#233;rminos weberianos&#8211; de la ley, intentando tambi&#233;n normalizar mediante la raz&#243;n nuestros impulsos (&#381;i&#382;ek, 2001a). Pero la noci&#243;n fuerte de prohibici&#243;n ante y desde el otro manifiesta dos &#243;rdenes: el orden simb&#243;lico de la ley y el orden traum&#225;tico de la alteridad. Seg&#250;n &#381;i&#382;ek, es en el &lt;i&gt;Mois&#233;s&lt;/i&gt; que Freud ve el doble v&#237;nculo entre la igualdad legal universal y el orden excepcional de su inicio con las dos figuras del padre. Lo decisivo es que hay un encuentro traum&#225;tico que impide reducirlo todo al historicismo y a los acuerdos racionales en pos de ciertas equiparaciones. Las posiciones que niegan, racionalizan o pretenden superar el trauma, derivan finalmente en un goce sin l&#237;mites ni sujetos. El goce que prefiere evitar los obst&#225;culos que significar&#237;an su l&#237;mite y su necesidad de responder de alguna manera ante el l&#237;mite. Aparece una subordinaci&#243;n m&#225;s cruel que la del reconocimiento del otro-fuente-de-violencia, que dominar&#225; toda la relaci&#243;n con el mundo y los dem&#225;s, porque al rechazar esa excepci&#243;n fundante de lo prohibido o demandado por otro, se priva de toda posibilidad de realidad (&#381;i&#382;ek, 2005). En t&#233;rminos de Derrida: o es la violencia (del otro y de la ley), o es &#8220;lo peor&#8221;. De all&#237; que sea necesario admitir ese car&#225;cter traum&#225;tico del otro, que seg&#250;n &#381;i&#382;ek pasa desapercibido en autores como Levinas, para entender por qu&#233; lo que &#8220;lo que se resiste a la universalidad es la dimensi&#243;n propiamente inhumana del pr&#243;jimo&#8221;, y por ende encontrarse a uno mismo en el otro es violento y traum&#225;tico ya que &#8220;me hace sentir directamente la distancia entre lo que soy como ser determinado y la insondable X que hay en m&#237; y que causa el amor&#8221; (&#381;i&#382;ek, 2009&#170;, p. 73). Caso contrario se acaba en lo peor de la sociedad &#8220;pacificada&#8221; pero sumida en la violencia peor: sin sujetos, sin otro, sin decisiones. Una sociedad &#8220;normalizada&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta sociedad &#8220;normalizada&#8221; corre el mismo riesgo que Derrida (2003b) encuentra en las expresiones sobre el &#8220;perd&#243;n&#8221; como medio para restablecer una normalidad: all&#237; hay algo que no es perd&#243;n ni responde a su concepto. Lo mismo con la violencia: cada vez que ella se utiliza como mecanismo en vistas de un fin, corre el riesgo de volverse la violencia &#8220;peor&#8221;, aquella capaz de ser como una enfermedad autoinmune que acaba suicidando al cuerpo personal y social. Es la violencia &#8220;justificable&#8221;. Por supuesto que este riesgo no es evitable: la violencia peor sucede cuando el otro &#8211;y uno mismo&#8211; queda totalmente apropiado a un determinado fin, totalmente cerrado sobre s&#237; mismo. Pero aunque la violencia no sea evitable, s&#237; parece posible deconstruir su origen, y ver su estructura a partir del v&#237;nculo con la alteridad, evitando as&#237; la violencia peor. Ese paso podr&#237;a darse rompiendo el v&#237;nculo &#8220;justificable&#8221; con la violencia, desnudando las decisiones arbitrarias, mostrando su origen en un v&#237;nculo con lo otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Derrida vuelve sobre este an&#225;lisis al estudiar la &#8220;religi&#243;n&#8221; como re-ligar y re-leer. Ah&#237; ve la doble posibilidad de cerrarse sobre s&#237; y abrirse a lo otro (Derrida, 2003b). As&#237; como Derrida busca definir el v&#237;nculo estructural en lo religioso previo a toda relaci&#243;n concreta con un Dios, del mismo modo hay que pensar lo que estructuralmente define a la violencia, previo a las formas y posibilidades concretas. Pensar en la violencia como lo que debe acompa&#241;ar a la justicia para su concreci&#243;n muestra todos los dilemas del caso: la necesidad en la justicia de una decisi&#243;n finalmente arbitraria, el problema del c&#225;lculo entre cosas no equiparables, etc. En definitiva, la justicia permanece algo siempre insatisfecho, y creer que una determinada configuraci&#243;n cerr&#243; definitivamente el abismo es dejar de creer en lo otro y abrir paso a la violencia peor. Esto no significa abogar por el anarquismo o la negaci&#243;n de las instituciones, sino remitir al hueco que las funda y que ninguna sutura logra cerrar totalmente sin evitar, con esa certidumbre de s&#237;, una violencia peor. Siempre resta lo indecidible, aun cuando haya que decidir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El otro implica siempre una violencia porque reclama y busca imponerse. Sea el reclamo adecuado, sea una imposici&#243;n inaceptable, siempre es un gesto de fuerza. Reconocerlo y saber esta estructura permite tambi&#233;n reconocer los posibles derivados inaceptables: &#8220;solo la posibilidad infinita de lo peor y del perjurio es la que puede admitir la posibilidad del Bien, de la veracidad y de la fe jurada. Esta posibilidad permanece infinita, pero como la posibilidad misma de una finitud autoinmune&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;&#8220;Seule la possibilit&#233; infinie du pire et du parjure peut accorder la (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; (Derrida, 2003a, p. 211). La justicia debe saber que puede volverse contra s&#237; misma, al negar al otro de modo autoinmunitario. Para evitar el suicidio &lt;i&gt;peor&lt;/i&gt; ha de hacerse lugar a las violencias del otro, por ejemplo a sus exigencias de no matarle y no dejarle solo en su mortalidad.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Este no es el lugar para una ex&#233;gesis detallada de la noci&#243;n de ra&#237;z (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; En &lt;i&gt;Voyous&lt;/i&gt; Derrida (2003a) piensa en eso incondicional que est&#225; m&#225;s all&#225; de la noci&#243;n de soberan&#237;a, y le denomina &#8220;incondicional imposible&#8221; en &lt;i&gt;Estados de &#225;nimo del psicoan&#225;lisis&lt;/i&gt;: el don, la justicia, la hospitalidad, en fin, aquello que llamamos &lt;i&gt;&#233;tica&lt;/i&gt; en un sentido radical. Aquello que nos abre a responder al otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Los Otros-monstruos que acechan: el amor, la muerte, el pr&#243;jimo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; la igualdad no condujo a una mayor justicia, as&#237; como las t&#233;cnicas empleadas para evitar que lo monstruoso en otro emerja s&#243;lo condujeron a una configuraci&#243;n social, en la que ya no hay separaci&#243;n entre lo monstruoso y la cruel buena conciencia vigente. Es el &#250;ltimo eco del proceso que inicia con las diversas disciplinas de la modernidad, que nacen como un modo expreso de limitar la violencia. Ellas hab&#237;an desmembrado la experiencia humana en diversas epistemes, y encuentran en todas ellas el miedo a la violencia y a la muerte como motor de acci&#243;n. Hobbes es el ejemplo m&#225;s acabado de este movimiento. Pero esa separaci&#243;n del ser humano en disciplinas y jurisdicciones finalmente acaba por poner fuera de juego a la muerte como experiencia subjetiva. Para prevenir la muerte ponen a la muerte fuera de juego. En su obra sobre Certeau, Mendiola analiza las similitudes estructurales de &#233;ste con Foucault, y luego resalta una gran diferencia: para el primero la muerte no llega de afuera, como una irrupci&#243;n que rompe los &#243;rdenes, como sucede con Foucault, sino que ya est&#225; presente en el orden mismo. Para Certeau &#8220;El acto de creer es estar pose&#237;do por la muerte&#8221; (Mendiola, 2014, p. 52), porque lo inconmensurable no viene de afuera sino al interior de una taxonom&#237;a incluso cuando &#233;sta todav&#237;a funciona. Creer significa recordar y aceptar lo que fue forcluido en las epistemes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ambos, Certeau y Foucault, hacen un diagn&#243;stico paralelo sobre la modernidad y sus epistemes: las ciencias &#8220;humanas&#8221; surgen despu&#233;s del l&#237;mite de la epistemolog&#237;a cl&#225;sica del s. XVII, basada en la representaci&#243;n, c&#225;lculo y matematizaci&#243;n del conocimiento, pero en las que no estaba &#8220;el hombre&#8221;. En cambio, a partir del final del s. XVIII y el XIX la finitud humana pasa a ser la anal&#237;tica que estructura los conocimientos y reconoce los propios l&#237;mites de ella misma como representaci&#243;n. Este an&#225;lisis, contin&#250;a Mendiola, lleva en su interior lo innombrable: la experiencia de la finitud y la muerte, que ya los m&#237;sticos del s. XVI y XVII ve&#237;an como el lugar de resistencia a los discursos que hab&#237;an seccionado al ser humano en distintas jurisdicciones (Certeau, 1993). De all&#237; la importancia que Certeau otorga al creer en lo otro: creer en la alteridad de la muerte, por ejemplo, permite reconfigurar cierta subjetividad que hab&#237;a quedado fragmentada en los discursos y t&#233;cnicas modernas. Buscar aquello que al mismo tiempo fragmenta los saberes pero unifica la experiencia humana fragmentada significa hacer la &#8220;experiencia del l&#237;mite&#8221;, del lugar desde donde se ve: el cuerpo con su apertura al deseo y su sentido de finitud. Entonces no es casual que seg&#250;n Certeau psicoan&#225;lisis y m&#237;stica compartan la b&#250;squeda imposible de nombrar eso que qued&#243; fuera de las ciencias modernas y su fragmentaci&#243;n de la experiencia humana: muerte y deseo. Su &#8220;objeto&#8221; escapa del &#225;mbito de los objetos cient&#237;ficos, porque es una falla, una ausencia. Y la creencia en esa alteridad es mucho m&#225;s que un acto concreto de fe, como el vinculado a las religiones particulares. Es producir una diferencia, reconocer la alteridad que se impone en ella, y hacer un contrato con ella (Mendiola, 2014). Por eso se entiende que los rituales que se ven en el film y en el libro de Lowry son sustitutos de esa producci&#243;n de diferencia, porque reemplazan la violencia de la diferencia por repeticiones controladas &#8211;como sucede en tantas liturgias&#8211; para evitar la angustia del duelo y el impulso del erotismo. Pero as&#237; se instala una violencia peor, que en su &#8220;humanismo&#8221; por el otro concluye en la inhumanidad estructural.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si el rito tradicionalmente era el &#225;mbito de religaci&#243;n con lo otro y manifestaci&#243;n de la creencia en lo otro, en &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; el rito se vuelve fin en s&#237; precisamente para prevenir la creencia en lo otro y para certificar la condici&#243;n presente, que ya no requiere creencias sino de simples constataciones. Por un lado, el lenguaje ritualizado es la expresi&#243;n m&#225;s plena del control sobre el lenguaje, la exactitud en la expresi&#243;n que no da lugar a ambig&#252;edades ni malentendidos. El rito &#8220;The evening telling of feelings&#8221; (Lowry, 1993, p. 4) exige de los miembros de la familia una precisi&#243;n quir&#250;rgica para nombrar lo que han sentido. Ese nombrar no s&#243;lo sirve para que se controlen los sentimientos &#8211;y eventualmente el poder act&#250;e sobre ellos&#8211; sino que adem&#225;s lleva a desactivar la moci&#243;n interna. Pero tambi&#233;n el rito expone en p&#250;blico lo privado, como sucede en el ritual matutino de contar los sue&#241;os (Lowry, 1993). Las palabras deben representar con exactitud los estados de &#225;nimo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1239 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L393xH226/giver2-c4312.jpg?1775199960' width='393' height='226' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Los estados de &#225;nimo o el temple an&#237;mico han sido desde Heidegger &#8211;aunque ya en Hegel&#8211; un punto de partida insoslayable para la filosof&#237;a. Se trata de un modo casi musical de afinar en un tono determinado al modo de ser del hombre, que marca de una determinada manera toda otra experiencia suya (Heidegger, 1997). Esta determinaci&#243;n no es una decisi&#243;n subjetiva, sino que nace de la interrelaci&#243;n que determina la existencia, el ser en el mundo. No se trata aqu&#237; de elaborar una lista acabada de esos estados de &#225;nimo, sino que sirve para mencionar c&#243;mo esta idea toma cuerpo en un disc&#237;pulo de Heidegger, Otto Bollnow, para mostrar una tensi&#243;n: ante el estado de angustia y embriaguez como estados de &#225;nimo fundamentales y en tensi&#243;n, Bollnow ofrece durante el &#8220;milagro alem&#225;n&#8221; de fines de los &#180;50 un an&#225;lisis de la &lt;i&gt;Geborgenheit&lt;/i&gt;, o el sentimiento de seguridad. Esa especie de &#8220;fe en el ser&#8221;, marcada por la confianza epocal optimista en un pa&#237;s en reconstrucci&#243;n, como el sentimiento que supera la desprotecci&#243;n que la angustia hace sentir, fue criticada duramente por Adorno (2005) junto a toda la jerga de &#8220;autenticidad&#8221; heideggeriana. Ese conformismo y relaci&#243;n positiva con el ser goza &#8211;en lo que Adorno ve una estructura tomada de cierta fe religiosa&#8211; de un mundo en &#250;ltima instancia &#8220;sano&#8221;, que por ende genera la &#8220;beatitud&#8221; en esa protecci&#243;n segura. Adorno llama &#8220;jerga&#8221; a un tipo de lenguaje que no combina los significantes sabiendo de su limitaci&#243;n y de su mutuo conflicto, lo que permitir&#237;a su uso cr&#237;tico, sino que se busca una entificaci&#243;n cuasi sagrada en busca de ciertos efectos, como la funci&#243;n ideol&#243;gica &#8211;potente y c&#243;moda&#8211; que oculta el vac&#237;o.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Poner en un lenguaje definido los estados de &#225;nimo y someterlos a una ideolog&#237;a del dominio y la seguridad, conllev&#243; eliminar precisamente el estado de &#225;nimo mismo. Como en las exigencias de expresi&#243;n adecuada en &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt;, la excesiva preocupaci&#243;n por el uso definido del lenguaje, por ej. en su capacidad de nombrar de modo certero una emoci&#243;n, sirven menos a la comprensi&#243;n de lo sucedido que a su neutralizaci&#243;n. De ese modo, tanto la &#8220;autenticidad&#8221; criticada por Adorno a Heidegger, como los intentos de algunos fil&#243;sofos anal&#237;ticos de fijar contenidos de modo estable, conducen a obturar el potencial cr&#237;tico del lenguaje y su relaci&#243;n con la realidad. Esto nos devuelve a la obra de Lowry y al film de Noyce: la definici&#243;n y claridad en la expresi&#243;n acaba quitando las tensiones que los estados de &#225;nimo permiten, asegurando una protecci&#243;n que evita el contacto con el sentimiento er&#243;tico o la angustia y el duelo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Anamnesis, &#191;corriendo, enmascarando el fin?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Casi al inicio de &#8220;La m&#225;quina de ser feliz&#8221;, Garc&#237;a nos pone &lt;i&gt;in medias res&lt;/i&gt; del problema que nos convoca: dise&#241;amos una m&#225;quina de ser felices para contribuir a evitar la angustia de recordar el fin.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Las alusiones a m&#250;sicos &#8211;Garc&#237;a, Cabrera, Rennella&#8211; en este trabajo se (&#8230;)&#034; id=&#034;nh5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Es una m&#225;quina neutral, &lt;i&gt;&#8220;no tiene que hacer bien, no tiene que hacer mal, es inocencia artificial&#8221;&lt;/i&gt;. La m&#225;quina puede ser la sociedad ut&#243;pica de Lowry, las diversas versiones de las religiones descarnadas, las sistematizaciones inform&#225;ticas o neurocient&#237;ficas de la vida, todo aquello que evita la vuelta sobre la propia finitud y lo que genera en nuestra subjetividad. Lidiar con la angustia fue el objetivo de muchas cosmovisiones, incluida una larga tradici&#243;n filos&#243;fica que busca eliminarla y que Rosenzweig (1997) sintetiza en el idealismo:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Por la muerte, por el miedo a la muerte empieza el conocimiento del Todo. De derribar la angustia de lo terrenal, de quitarle a la muerte su aguij&#243;n venenoso y su aliento de pestilencia al Hades, se jacta la filosof&#237;a. Todo lo mortal vive en la angustia de la muerte; cada nuevo nacimiento aumenta en una las razones de la angustia, porque aumenta lo mortal. Pare sin cesar el seno de la infatigable Tierra, y todos sus partos son puestos a la merced de la muerte: todos aguardan con temor y temblor el d&#237;a de su viaje a lo oscuro. Pero la filosof&#237;a niega las angustias de la Tierra. (p. 43)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El miedo lleva al conocimiento, pero ese conocimiento tiene a menudo la finalidad de eliminar miedo y angustia, al representar lo que hay como un todo cobijado bajo el concepto y el conocimiento &lt;i&gt;sub specie aeternitatis&lt;/i&gt;. En cambio, hay otro tipo de conocimiento que se da al sostener la angustia. Heidegger entiende que la angustia ante la nada que asoma en el pensamiento de la muerte es precisamente lo que nos permite pensar el ser, existir, proyectar, cuidar. As&#237; la angustia no es un paralizante sino un disparador, lo mismo que el deseo. Pero la sociedad dominal de la utop&#237;a igualitaria pretendi&#243; borrar el riesgo de esos disparadores mediante su olvido. &#191;Acaso desenmascarar el fin, y recordar ese inicio, son s&#243;lo formas de romper la m&#225;scara de inocencia, o adem&#225;s desatan nuevamente la violencia contenida?&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1240 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L393xH433/giver3-13ed8.jpg?1775199960' width='393' height='433' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En la sociedad perfecta de &lt;i&gt;El dador de recuerdos&lt;/i&gt;, despu&#233;s de la asignaci&#243;n de un futuro, la gente pr&#225;cticamente perd&#237;a la conciencia del tiempo (Lowry, 1993). El proceso de identificaci&#243;n igualitaria es tan pronunciado que no hay ya ning&#250;n tipo de separaci&#243;n diferenciadora entre la sociedad y sus habitantes, entre una persona y las dem&#225;s, entre s&#237; mismo y los modos posibles de la temporalidad. Es que la conciencia del tiempo es esencialmente algo distinto de la contabilidad cronol&#243;gica o de cu&#225;ntas veces se repiti&#243; lo mismo. Los humanos somos efectivamente tiempo, pero tambi&#233;n nos es constitutivo el hueco que separa nuestra subjetividad de la consumaci&#243;n temporal, ese vac&#237;o donde la identificaci&#243;n no es total y por ello podemos producirnos, transformarnos. Al mismo tiempo, es la conciencia de lo irrepetible en vistas de un fin que no se puede ya enmascarar, pero tambi&#233;n es el recuerdo de lo que fue y lo que no fue, de lo que ser&#225; y lo que no ser&#225;. El tiempo es &#8220;tener tiempo&#8221; (Levinas, 1995, p. 59), es lo que &#8220;est&#225; despu&#233;s&#8221; (F. Cabrera), y por ende no s&#243;lo la angustia de la nada que acecha en el fin, sino tambi&#233;n la tarea de hacer algo consigo en &#8220;el tiempo que queda&#8221; (S. Rennella), posiblemente diverso y m&#225;s all&#225; de la mera aceptaci&#243;n de lo vigente. El espacio abierto y la conciencia del fin introducen una diferencia, que al mismo tiempo nos es a todos igualmente estructural. Por lo tanto, toda b&#250;squeda de justicia que atienda a esta igualdad y diferencia constitutivas tomar&#225; en cuenta los da&#241;os sufridos y los deseos truncos, para convertirse en testigo de ellos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La memoria significa un modo de actualizaci&#243;n que retiene y resignifica. De all&#237; su rol revolucionario y conmovedor. Las dos tradiciones m&#225;s influyentes en lo que llamamos occidente han portado su propia carga sobre la memoria, que puede reconstruirse en las discusiones entre Habermas y Metz. A partir de Benjamin, Metz (2007) afirma que el mundo griego no permite ver la memoria del sufrimiento, porque la memoria plat&#243;nica es la memoria de un mundo ideal, eterno, perfecto. En cambio, la memoria del sufrimiento y la pasi&#243;n, de todo aquello que horroriza la historia, se origina en el mesianismo jud&#237;o y cristiano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La tradici&#243;n jud&#237;a inicia otro modo de comprensi&#243;n de la memoria. Es la memoria de los mandamientos, de la promesa y de los da&#241;os concretos. La propia tradici&#243;n es la dadora &#8211;y mandante&#8211; universal de recuerdos. Es el mandato de recordar la ley, de sostener la promesa y de recordar el futuro y de recordar los sufrimientos vividos (Yerushalmi, 1982). Ah&#237; se presenta la ley como l&#237;mite posible a esa crueldad. El verbo &lt;i&gt;zakar&lt;/i&gt; implica pensar lo sucedido y lo conocido, pero tambi&#233;n la fidelidad al recuerdo. Tiene tambi&#233;n una especie de direcci&#243;n, porque significa recordar a favor de alguien (Thurian, 1965). Y al recordar, tambi&#233;n quien recuerda se lo recuerda a otro. Todas estas formas de la memoria son una actualizaci&#243;n del pasado, con toda su punci&#243;n y tensi&#243;n para quienes quieren mantener las formas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esa tradici&#243;n se escucha hasta nuestro tiempo en voces como Levinas, Benjamin y Metz. Para Levinas (2009) la memoria es vinculaci&#243;n con lo otro, una &#8220;relaci&#243;n con lo que no se puede&#8221; (p. 102), a diferencia de las nociones de proyecto y poder. Es relaci&#243;n con un pasado que permanece pasado, que no se dio en un momento cronol&#243;gicamente situado, ni por tanto se puede re-presentar (Levinas, 1987; 1995). Continuamente alterada, la memoria de lo ausente permanece. La vida ps&#237;quica, en tanto memoria, cumple y realiza un comienzo. Invierte, da vuelta, el tiempo; y al mismo tiempo lo invertido es un pasado que permanece siempre pasado. En el caso del otro, la memoria tiene un doble rol. En primera instancia es una memoria fenom&#233;nica. Como en el film, llegan al dador de recuerdos im&#225;genes y sensaciones de todo aquello que la humanidad vivi&#243;, el estremecimiento de la caricia y el dolor del l&#225;tigo, los colores de las flores y el sufrimiento de la guerra. Esos sufrimientos y placeres concretos tra&#237;dos a la memoria, sin embargo, revelan algo &#8220;anterior&#8221;. No cronol&#243;gicamente anterior sino ontol&#243;gicamente anterior. El encuentro con lo otro no se da en un momento fijable en el tiempo, por m&#225;s que haya circunstancias particulares que elicitan la memoria del encuentro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Habermas reconoce estos aportes pero afirma que ya la memoria griega en el marco del logos filos&#243;fico &#8211;la memoria en Plat&#243;n&#8211; y su reconfiguraci&#243;n ling&#252;&#237;stica y comunicativa contempor&#225;nea busca un tipo de relaci&#243;n intersubjetiva &#237;ntegra de libertad, autonom&#237;a y respeto mutuo. Para &#233;l la memoria judeo-cristiana de la universalidad de la fraternidad y de la libertad ha sido un gran aporte al fusionarse con la tradici&#243;n griega (Habermas, 2001). Adem&#225;s, la memoria funciona como mandato o postulado de una incondicionalidad que motiva y orienta a la cr&#237;tica (Habermas, 2001). Habermas ve los aportes de integrantes de la primera Escuela de Frankfurt, como Benjamin y Horkheimer y una influencia jud&#237;a: el ser humano es responsable por el mundo, pero al mismo tiempo sostiene un universalismo &#233;tico. Ambos aspectos deben recordar y actuar en funci&#243;n de una memoria concreta: &#8220;la injusticia ya sucedida y a todas luces irreversible&#8221;, y el motivo es que hay una:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;solidaridad entre los nacidos despu&#233;s y los que les han precedido, una solidaridad con todos los que por la mano del hombre han sido heridos alguna vez en su integridad corporal o personal; y que esa solidaridad s&#243;lo puede testimoniarse y generarse por la memoria. (Habermas, 1993, p. 26)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;M&#225;s all&#225; de sus tensiones y crisis, la tradici&#243;n cr&#237;tica de raigambre griega y el recuerdo del sufrimiento, del deber hacia otro y de la promesa, de origen hebreo, indican la distancia cr&#237;tica del presente respecto del futuro &#8220;realizado&#8221;. Esa distancia no se conoce en &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt;, aunque s&#237; se ve all&#237; el rol disruptor de la memoria que desdice al presente de su satisfacci&#243;n y revela su violencia oculta. Con palabras de Rosenzweig (1997), &#8220;ninguna intervenci&#243;n en el mundo es sin&#243;nimo de o id&#233;ntica al &#8220;Reino&#8221;, a la concreci&#243;n ut&#243;pica de la sociedad justa, sino que el &#8220;reino&#8221; siempre es futuro&#8221; (p. 406). Esto es un ant&#237;doto para cualquier afirmaci&#243;n de realizaci&#243;n plena y no corregible. Al mismo tiempo implica una memoria de la necesaria transformaci&#243;n del mundo a la luz de otra memoria, del sufrimiento hist&#243;rico. Es lo que Metz (2007) denomina &#8220;cultura anamn&#233;tica&#8221; (p. 52), que recuerda el sufrimiento injusto e identifica en cada singularidad sufriente un mandato universal. En el caso de Metz es el contenido de la tradici&#243;n b&#237;blica, pero que puede extrapolarse a otras comprensiones del mundo, en tanto el sufrimiento y la demanda de liberaci&#243;n son una fuerza que rompe todo &#8220;apatismo&#8221; y ataraxia griega (Moltmann, 1975). La memoria es as&#237; el gran &#8220;lugar&#8221; desde donde juzgar la historia y las instituciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Conclusi&#243;n: Acerca de creer en lo otro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El problema de lo otro y la creencia en lo otro manifiestan as&#237; su tensi&#243;n en &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt;: por un lado, esa sociedad ut&#243;pica no &#8220;cree&#8221; en &lt;i&gt;eros&lt;/i&gt; y &lt;i&gt;thanatos&lt;/i&gt;, porque toda experiencia que podr&#237;a llevar a su manifestaci&#243;n ha sido ocluida. Pero eso no signific&#243; la eliminaci&#243;n de la creencia sino la construcci&#243;n de una afirmaci&#243;n sin fisuras de lo que hay, el reemplazo idol&#225;trico de la complejidad y la tensi&#243;n por la afirmaci&#243;n inocente y peligrosa de una manifestaci&#243;n pacificada como totalidad de las experiencias posibles. Los conflictos y tensiones que genera la b&#250;squeda siempre inacabada de la igualdad y la justicia fueron reemplazados por la instauraci&#243;n de un r&#233;gimen sim&#233;trico y sin cualidades diferenciales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;As&#237;, el problema de la creencia se manifiesta con una fuerza imparable. Lo otro no es &#8220;constatable&#8221;, como exige el positivismo cient&#237;fico. Lo constatable no requiere de ninguna creencia. Lo insondable del otro s&#237;. Ese abismo de lo real puede otearse en la angustia ante la muerte, en la conmoci&#243;n del deseo, en el sufrimiento demandante de otro. El acicate de la memoria nos devuelve una y otra vez a esa creencia, no s&#243;lo para negar el determinismo y el acabamiento de las configuraciones sociales que hayamos hecho. Tambi&#233;n opera como estructura de nuestra subjetividad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmente, este recorrido nos devuelve a nuestro presente y las habituales exigencias de tolerancia, racionalismo y di&#225;logo &lt;i&gt;polite&lt;/i&gt;. Sin quitar el valor a los consensos y a la tolerancia, es preciso mantener el recuerdo del da&#241;o sufrido y las demandas del otro en toda su brutalidad, ya que la pacificaci&#243;n puede terminar siendo la eliminaci&#243;n del otro. Ese otro con quien compartimos los vac&#237;os de la muerte, el amor y la vulnerabilidad, es decir, esos abismos que constituyen nuestra vulnerabilidad com&#250;n y que son un punto de partida alternativo para pensar la justicia igualitaria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Adorno, Th.W. (2005). &lt;i&gt;Dial&#233;ctica negativa; La jerga de la autenticidad.&lt;/i&gt; Akal.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Certeau, M. de (1993). &lt;i&gt;La f&#225;bula m&#237;stica&lt;/i&gt;. Ediciones Universidad Iberoamericana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Derrida, J. (2003a). &lt;i&gt;Voyous&lt;/i&gt;. Galil&#233;e.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Derrida, J. (2003b). &lt;i&gt;El siglo y el perd&#243;n. Fe y saber&lt;/i&gt;. Ediciones de la Flor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Habermas, J. (1993). &lt;i&gt;El discurso filos&#243;fico de la modernidad&lt;/i&gt;. Taurus.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Habermas, J. (2001). &lt;i&gt;Israel o Atenas&lt;/i&gt;. Trotta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Heidegger, M. (1990). &lt;i&gt;Identidad y diferencia&lt;/i&gt;. Anthropos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Heidegger, M. (1997). &lt;i&gt;Ser y tiempo&lt;/i&gt;. Editorial Universitaria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Koenigsberg, N., Silver, N. (productores) y Noyce, P. (director). (2014). &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt; [cinta cinematogr&#225;fica]. Walden Media y The Weinstein Company.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1987). &lt;i&gt;De otro modo que ser o m&#225;s all&#225; de la esencia&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1995). &lt;i&gt;Totalidad e infinito&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (2009). &lt;i&gt;Parole et silence. Oeuvres 2&lt;/i&gt;. Grasset.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lowry, L. (1993) &lt;i&gt;The Giver&lt;/i&gt;. Houghton Mifflin.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mendiola, A. (2014). &lt;i&gt;Michel de Certeau: epistemolog&#237;a, er&#243;tica y duelo&lt;/i&gt;. Ediciones Navarra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Metz, J.B. (2007). &lt;i&gt;Memoria passionis. Una evocaci&#243;n provocadora en una sociedad pluralista&lt;/i&gt;. Sal Terrae.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Miller, J.A. (2005). La utilidad directa. &lt;i&gt;Freudiana&lt;/i&gt; (43-44), pp. 7-30.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Moltmann, J. (1975). &lt;i&gt;El Dios crucificado&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nietzsche, F. (1995)[1882]. &lt;i&gt;La gaya ciencia&lt;/i&gt;. ME Editores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rosenzweig, F. (1997). &lt;i&gt;La Estrella de la Redenci&#243;n&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Thurian, M. (1965). &lt;i&gt;La eucarist&#237;a&lt;/i&gt;. S&#237;gueme.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Yerushalmi, Y. (1982). &lt;i&gt;Zakhor. Jewish History and Jewish Memory&lt;/i&gt;. University of Washington Press.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2005). &lt;i&gt;El t&#237;tere y el enano. El n&#250;cleo perverso del cristianismo&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2009a). &lt;i&gt;Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales&lt;/i&gt;. Paid&#243;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#381;i&#382;ek, S. (2009b). &lt;i&gt;El fr&#225;gil absoluto o &#191;por qu&#233; merece la pena luchar por el legado cristiano?&lt;/i&gt; Pre-Textos.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;La mort est du domaine de la foi. Vous avez bien raison de croire que vous allez mourir bien s&#251;r; &#231;a vous soutient. Si vous n'y croyez pas, est-ce que vous pourriez supporter la vie que vous avez?&#8221; (T. de los A.)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;De todos modos, el chiste morboso cumple su funci&#243;n develadora de la verdad que se quiere ocultar: en la obra se narran peque&#241;os momentos de iron&#237;a en los que alguien comete un error y los dem&#225;s ni&#241;os en forma de juego dicen que ser&#225; &#8220;liberado&#8221; &#8220;al otro lado&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;&#8220;Seule la possibilit&#233; infinie du pire et du parjure peut accorder la possibilit&#233; du Bien, de la v&#233;racit&#233; et de la foi jur&#233;e. Cette possibilit&#233; reste infinie mais comme la possibilit&#233; m&#234;me d'une finitude auto-immunitaire&#8221; (T. de los A.)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Este no es el lugar para una ex&#233;gesis detallada de la noci&#243;n de ra&#237;z levinasiana de relaci&#243;n con el rostro y la &#8220;no violencia&#8221; (o violencia) de la misma. S&#237; cabe acotar que el rostro est&#225; lejos de ser en Levinas una aparici&#243;n de buenos modales que solicita entrar a una comunidad comunicativa sim&#233;trica, sino m&#225;s bien &#8211;y en progresiva escalada en la obra levinasiana&#8211; la irrupci&#243;n de una figura indeseable y demandante de sus necesidades b&#225;sicas, ante todo no morir, ni por la muerte causada por otro ni por las carencias tambi&#233;n causadas por otros. Por lo tanto si bien es cierto que hay una visi&#243;n del pr&#243;jimo que &#8220;es como t&#250;&#8221;, y del rostro como relaci&#243;n de paz, tambi&#233;n est&#225; incluida una noci&#243;n del traumatismo y del deseo de lo no deseable.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Las alusiones a m&#250;sicos &#8211;Garc&#237;a, Cabrera, Rennella&#8211; en este trabajo se remiten a conceptos de sus obras y no se consignan en las referencias.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/journal_11_1_2_creer_en_lo_otro.pdf" length="248396" type="application/pdf" />
		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>A violent alteration. About ethics and philosophy of religion</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/A-violent-alteration-About-ethics-and-philosophy-of-religion</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/A-violent-alteration-About-ethics-and-philosophy-of-religion</guid>
		<dc:date>2018-05-13T01:19:52Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Diego Fonti</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;In a context characterized by the revival of religions, all too often in their most questionable aspects, it is worthwhile to think from the perspective of philosophy of religion which is the structure characteristic of that experience, in order to both elaborate a critique and recuperate its possibilities for a responsible and free relationship with others. Beginning with the short story and film called &#8220;Aballay, the fearless man&#8221;, I propose to research what Michel de Certeau and Jean Luc Nancy understand as the &#8220;essence&#8221; of the religious experience: the possibility of holding unto a relationship with unconditional alterity. Unlike the &#8220;domesticated&#8221; versions of religious experience, this relationship does not exclude violence, but incorporates it, allowing for multiple resignifications, which can be destructive as well as respectful and responsible for that alterity. For this research I will engage first of all the relationship between the desire of the Other and ethical violence, as it can be seen in Aballay&#8127;s transformation. After that, I will study the subjectivity of whoever is &#8220;hostage&#8221; of this experience of relationship with the Other. Finally I will engage the issue of the possibility of universalization of this experience, in order to show the tension between the impossibility and need of universalization, which is inherent to every ethical and religious experience.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; Aballay | Philosophy of Religion | Ethics | Alterity | Subjectivity | Violence.&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-7-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 07 | N&#186; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Una-alteracion-violenta-Sobre-etica-y-filosofia-de-la-religion' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Una alteraci&#243;n violenta. Sobre &#233;tica y filosof&#237;a de la religi&#243;n&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Passions of ratio, pathologies of religion. Considerations about &#193;gora</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Passions-of-ratio-pathologies-of-religion-Considerations-about-Agora</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Passions-of-ratio-pathologies-of-religion-Considerations-about-Agora</guid>
		<dc:date>2018-05-12T00:42:29Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Diego Fonti</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The relation between Philosophy and Religion has been tense and fruitful in Occident. Alejandro Amenabar's film &lt;i&gt;Agora&lt;/i&gt; shows us that in privileged place and historical moment: Alexandria and Helenism in 6th century. This paper is an indagation from Religion Philosophy and its goal is to show the tenses and posibilities of this relation, also from Ethic and Policy. Furthermore, a phenomenology of religion experiency related with phylosophyc tradition can be a useful tool to preserv the link to the other.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; philosophy | religi&#243;n | ethics | policy&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-4-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 04 | N&#186; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Pasiones-de-la-razon-patologias-de-la-religion-Consideraciones-sobre-el-film' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Pasiones de la raz&#243;n, patolog&#237;as de la religi&#243;n. Consideraciones sobre el film Agora&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Una alteraci&#243;n violenta. Sobre &#233;tica y filosof&#237;a de la religi&#243;n</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Una-alteracion-violenta-Sobre-etica-y-filosofia-de-la-religion</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Una-alteracion-violenta-Sobre-etica-y-filosofia-de-la-religion</guid>
		<dc:date>2018-05-08T11:58:17Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Diego Fonti</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En un contexto signado por el retorno de lo religioso, a menudo en sus facetas m&#225;s cuestionables, vale pensar desde la filosof&#237;a de la religi&#243;n cu&#225;l es la estructura que caracteriza esa experiencia, para poder, a partir de all&#237;, esbozar una cr&#237;tica y recuperar sus posibilidades para una relaci&#243;n responsable y libre con los dem&#225;s. A partir del cuento y el film &#8220;Aballay, el hombre sin miedo&#8221;, se propone indagar aquello que Michel de Certeau y Jean Luc Nancy entienden como &#8220;esencia&#8221; de lo religioso: la posibilidad de sostener una relaci&#243;n con la alteridad incondicional. A diferencia de versiones &#8220;domesticadas&#8221; de lo religioso, esta relaci&#243;n no excluye la violencia, sino que la incorpora, permitiendo m&#250;ltiples resignificaciones, tanto destructivas como respetuosas y responsables de la alteridad. Para esta indagaci&#243;n se abordar&#225;, en primera instancia, la relaci&#243;n entre deseo del Otro y violencia &#233;tica, como pueden verse en la transformaci&#243;n de Aballay. En segundo lugar, se estudiar&#225; la subjetividad de quien es &#8220;reh&#233;n&#8221; de esa experiencia de relaci&#243;n con el Otro. Finalmente se abordar&#225; la cuesti&#243;n de la posible universalizaci&#243;n de la experiencia, para mostrar la tensi&#243;n inherente a toda experiencia &#233;tica y toda experiencia religiosa, entre la imposible y necesaria tendencia a la universalizaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Palabras clave: Aballay | Filosof&#237;a de la religi&#243;n | &#201;tica | Alteridad | Subjetividad | Violencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/A-violent-alteration-About-ethics-and-philosophy-of-religion' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-7-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 07 | Nro 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;CONICET - Universidad Cat&#243;lica de C&#243;rdoba&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#034;Si t&#250; me hablas, yo nazco&#034;.&lt;br class='autobr' /&gt;
&#8220;Finalmente no hay m&#225;s que un deber: sostener la relaci&#243;n con lo imposible&#8221;.&lt;br class='autobr' /&gt;
(M. de Certeau)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Contexto&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La religi&#243;n ha vuelto con fuerza. Lo vemos en las noticias sobre el fundamentalismo isl&#225;mico en oriente medio, en las luchas intestinas de musulmanes y cristianos en &#193;frica, en las masas y pasiones que mueve el Papa, en la injerencia pol&#237;tica de los grupos evang&#233;licos, en las espiritualidades new age, y en un largo etc&#233;tera. Debido a la din&#225;mica y l&#237;mites de este trabajo, no ingresar&#233; en la distinci&#243;n entre religi&#243;n y religiosidad, fe y creencia, etc., sino que, a riesgo de solapar fen&#243;menos, tomar&#233; estos elementos de modo unificado. Una primera reacci&#243;n cr&#237;tica y necesaria ante esta vuelta surge desde esos modos de lenguaje y de comprender al mundo que llamamos filosof&#237;a y ciencias sociales. As&#237;, la cr&#237;tica del sufrimiento, la crueldad, la hipocres&#237;a, el ocultamiento, la superstici&#243;n y tantas consecuencias negativas debidas a la violencia de la comprensi&#243;n e institucionalizaci&#243;n religiosa del mundo es una parte elemental de cualquier proyecto liberador. Al mismo tiempo, parecer&#237;a que si bien es una enorme tarea, ese tipo de proyectos cr&#237;ticos ya cuenta con suficientes obreros. Por eso es filos&#243;ficamente m&#225;s significativo aproximarse al problema desde otra perspectiva. Como propone Nancy con su deconstrucci&#243;n, no se tratar&#225; aqu&#237; de la necesaria acusaci&#243;n a la religi&#243;n, particularmente al cristianismo, por su relaci&#243;n con las inaceptables consecuencias sociales, ni mucho menos se tratar&#225; de su mejora por un &lt;i&gt;aggiornamento&lt;/i&gt; o un &#8220;retorno&#8221; purificador o apolog&#233;tico a alg&#250;n origen supuesto, sino de la pregunta por c&#243;mo se gener&#243;, a partir de esta tradici&#243;n, un modo de relaci&#243;n con lo &#8220;inaccesible&#8221;, con una alteridad que al mismo tiempo puede hallarse en el mundo y lo desfasa. Se trata tambi&#233;n de ver c&#243;mo el cristianismo &#8211; aunque no de modo excluyente pues puede replicarse este ejercicio en otras tradiciones religiosas &#8211; &#8220;no designa, esencialmente, m&#225;s que la exigencia de abrir en este mundo una alteridad o una alienaci&#243;n incondicional&#8221; (Nancy, 2008: 21). Vista desde la historia de sus efectos, esa exigencia gener&#243; mecanismos violentos y se impone la pregunta de si esa violencia se debe a un tipo particular de institucionalizaci&#243;n, a decisiones, personajes y eventos hist&#243;ricos, o si no es m&#225;s bien que hay que suponer un v&#237;nculo estructurante, llam&#233;mosle &#8220;ontol&#243;gico&#8221;, que caracteriza toda relaci&#243;n con el Otro, y que s&#243;lo puede darse bajo una forma violenta. Claro que esto conllevar&#237;a volver a pensar los m&#250;ltiples sentidos de la violencia y sus manifestaciones; no solo su negatividad sino tambi&#233;n su productividad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay diversos accesos a la respuesta. Aqu&#237; ensayar&#233; una hip&#243;tesis, que afirma que la subjetividad posibilitada por esa relaci&#243;n con el Otro, responde a un tipo de v&#237;nculo e incluye necesariamente un modo de respuesta relacionados con una fuerza que podemos denominar violencia. A su vez, esta estructura parece condici&#243;n imprescindible tanto para comprender el fundamento de las violencias concretas arriba enunciadas, como para pensar tambi&#233;n la posibilidad de su superaci&#243;n o un uso constructivo de la misma. Sin esta estructura se vuelven dif&#237;ciles de comprender las reacciones, discursos y pr&#225;cticas que demuestran formas de apertura y respuesta a la &#8220;convocatoria&#8221; de esa alteridad, que pueden denominarse &#8220;&#233;tica&#8221;. M&#225;s a&#250;n, sin esta condici&#243;n se vuelve dif&#237;cil pensar la estructura de la responsabilidad en personajes hist&#243;ricos y aparentemente contradictorios. Schmitt lo plantea de un modo f&#225;cil de extrapolar a otros momentos hist&#243;ricos y pol&#237;ticos: &#8220;Resulta a duras penas concebible que un fil&#243;sofo riguroso de la dictadura autoritaria como lo es el diplom&#225;tico espa&#241;ol Donoso Cort&#233;s y un rebelde como Padraic Pearse, vinculado a los sindicalistas y entregado con bondad franciscana al pueblo irland&#233;s, fueran ambos devotos cat&#243;licos&#8221; (Schmitt, 2011: 9). Parece enigm&#225;tico que una matriz religiosa com&#250;n diera lugar a dictadores e insurgentes, a conservadores y revolucionarios, a devotos y rebeldes. A menos que se permita postular la posibilidad de que esa matriz excede lo simb&#243;lico o institucional y alcanza a un tipo de &#8220;fundamento&#8221; relacional con la alteridad, que por la conmoci&#243;n que supone permite esa multiplicidad compleja y opuesta de derivados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se pueden pensar diversas alternativas ante la hip&#243;tesis de un v&#237;nculo estrecho entre experiencia religiosa y experiencia &#233;tica, que subsiste incluso en una era secular, no debido a un solapamiento de prerrogativas entre estamentos o a la fuerza de la inercia institucional sino por un v&#237;nculo inescindible y previo a institucionalizaciones o s&#237;mbolos. Una de ellas proviene de la teolog&#237;a pol&#237;tica de Schmitt (2009, 125s), que entiende que el secularismo no es sino la continuidad de la estructura religiosa del mundo aunque &lt;i&gt;sin&lt;/i&gt; sus componentes trascendentes o metaf&#237;sicos, o sea que replica y mantiene la misma jerarqu&#237;a sin el fundamento que la sosten&#237;a previamente. Otra posibilidad, contracara de la anterior, es la que ofrece Blumenberg (2008), quien juzga que hablar de &#8220;secularizaci&#243;n&#8221; es una injusticia, en tanto la modernidad secular no es dependiente de una estructura religiosa a la que se le ha quitado su fundamento metaf&#237;sico, sino que se sostiene en su propio derecho gracias al auto-empoderamiento del ser humano y su comprensi&#243;n cient&#237;fica del mundo. Y ya en nuestros d&#237;as, ante la aparente ca&#237;da de los discursos &#8220;fuertes&#8221;, hallamos la explicaci&#243;n de Habermas (2011), que aboga por un mundo pol&#237;tico neutral en su lenguaje y valoraciones, que sin embargo aproveche de la religi&#243;n &#8211;particularmente juda&#237;smo y cristianismo&#8211; su eficacia en generar v&#237;nculos de solidaridad y una sensibilidad particular a las intuiciones morales, de la que es incapaz el liberalismo, pero sin indagar una fundamentaci&#243;n de las mismas m&#225;s all&#225; de la autoreflexi&#243;n sobre procedimientos discursivos en pos de acuerdos. Y a pesar de sus desacuerdos con Taylor sobre el problema de la fundamentaci&#243;n (Habermas et al., 2011: 61), subyace a ambos una comprensi&#243;n finalmente utilitaria, casi t&#233;cnica, de las posibilidades de la religi&#243;n en las sociedades modernas. Estas visiones de los usos de lo religioso son ciertamente &#8220;&#250;tiles&#8221;, pero como lo sab&#237;a Schmitt, la visi&#243;n pragm&#225;tico-t&#233;cnica del mundo, incluida la experiencia religiosa, no s&#243;lo elimina lo religioso sino tambi&#233;n lo pol&#237;tico y toda capacidad de enfrentamiento y superaci&#243;n de lo dado.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_572 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/aballay2.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/aballay2.jpg?1754362404' width='500' height='250' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Por eso persiste la pregunta sobre lo religioso y su relaci&#243;n con la &#233;tica. La respuesta se vuelve confusa, tanto cuando se intentan separar tajantemente los &#225;mbitos (por ej. sosteniendo que la &#233;tica es algo p&#250;blico y la religi&#243;n pertenece al &#225;mbito individual y privado), como cuando se busca argumentos de una para modificar la otra. Aqu&#237; la estrategia ser&#225; ver c&#243;mo ambos son significantes de una relaci&#243;n con el Otro que constituye un modo de respuesta-responsable, el cual a su vez y a posteriori puede tomar diversas configuraciones, lo que constituye su fuerza y la raz&#243;n de algunas de esas confusiones.&lt;br class='autobr' /&gt;
En funci&#243;n de este problema, se privilegiar&#225; a continuaci&#243;n un abordaje no frontal &#8211;con el an&#225;lisis de conceptos y relaciones hist&#243;ricas&#8211; sino oblicuo, tangencial, que permita acceder al coraz&#243;n del problema a partir de una experiencia est&#233;tica. Tomando un cuento de Antonio Di Benedetto, &lt;i&gt;Aballay&lt;/i&gt;, al que Fernando Spiner llev&#243; a la pantalla, se iniciar&#225; un di&#225;logo que permita confrontar la experiencia religiosa siguiendo esa expresi&#243;n est&#233;tica, para buscar la matriz violenta de la irrupci&#243;n de la alteridad como configuradora de una relaci&#243;n &#233;tica. En primer lugar se abordar&#225; el &#8220;evento&#8221; por el cual el sujeto se encuentra hablado por el Otro, y con su acci&#243;n inicia una respuesta y sostiene una relaci&#243;n con eso imposible que desfasa sus capacidades de dar sentido. Esta relaci&#243;n que supera toda relaci&#243;n ser&#225; denominada &#233;tica. A partir de ello se tomar&#225;n dos problemas particulares. En primer lugar, el tipo de identidad generada en esa relaci&#243;n con el Otro, y a continuaci&#243;n el problema de la universalizaci&#243;n del deber suscitado por ese encuentro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Deseo de Otro o violencia &#233;tica&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La trama se da en un momento de la historia argentina que no se identifica expresamente, aunque algunos indicios pueden ayudar a ubicarlo.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Y otros indicios enga&#241;an, por ej. en la pel&#237;cula se canta la Marcha de San (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Lo m&#225;s apropiado es pensar el momento hist&#243;rico a mediados del s. XIX, pues adem&#225;s de la contextualizaci&#243;n de vestimenta, armamento, transporte, etc., en el cuento alguien nombra a Facundo Quiroga &#8220;por una acci&#243;n reciente&#8221;, aunque hac&#237;a &#8220;una pila de a&#241;os&#8221; que hab&#237;a muerto (Di Benedetto, 2010: 8). Facundo hab&#237;a sido asesinado en 1835. Tambi&#233;n se trata de un &#225;mbito alejado del orden urbano, de la &lt;i&gt;civilidad&lt;/i&gt; de la ciudad. Se trata, entonces, del momento de las guerras civiles previo al advenimiento del estado liberal en Argentina, un momento en que todav&#237;a las potestades estaban solapadas, entre peque&#241;os estancieros casi feudales, instituciones surgidas de la matriz de un Estado incipiente, y por supuesto la presencia &#8211;siempre de frontera y por lo tanto siempre ambivalente&#8211; de la Iglesia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A diferencia del film, que presenta una secuencia cronol&#243;gica &#8220;l&#243;gica&#8221; &#8211;Aballay busca secuaces, persigue la carreta cargada de oro, elimina a los soldados y los viajeros, deg&#252;ella al padre que intenta distraerlo del escondite de su hijo, encuentra al ni&#241;o (llamado Juli&#225;n en el film) y se retira luego de mirarlo, encuentra al cura e inicia su ascetismo&#8211;, el cuento empieza con un impacto del lenguaje: alguien oye a alguien. La palabra es una narraci&#243;n sobre algo antiguo, casi m&#237;tico, pero que despierta una urgencia ineludible y presente. Algo sucede porque esa palabra recuerda un evento previo. En realidad el evento co-apropiador, al decir de Heidegger (2003: 43), que viene al sujeto, lo asujeta y se apropia de este, y en su libertad el sujeto responde (o no), se muestra &lt;i&gt;en ese momento&lt;/i&gt; aunque al mismo tiempo &lt;i&gt;ya ha sucedido&lt;/i&gt;. Por eso, ideas como conciencia, proyecto y decisi&#243;n son &lt;i&gt;segundas&lt;/i&gt;, posteriores a la conmoci&#243;n que en el tiempo descubre algo &lt;i&gt;extra&lt;/i&gt;- o &lt;i&gt;para&lt;/i&gt;-cronol&#243;gico. Aballay oye al cura, y le es menos significativo el contenido simb&#243;lico del serm&#243;n que un detalle, quiz&#225;s menor, que le llama la atenci&#243;n: la historia de los ascetas que hac&#237;an penitencia, en especial los estilitas, y la explicaci&#243;n de que hac&#237;an eso como respuesta, &#8220;penitencia&#8221; a algo sucedido. Se trata de aquellos ascetas que, no contentos con la &lt;i&gt;fugamundi&lt;/i&gt; con que la vida mon&#225;stica resist&#237;a a un cristianismo oficial y &#8220;aburguesado&#8221; &#8211;para usar un anacronismo- mediante la vida austera como eremitas o en comunidades de vida sencilla, abandonaban incluso ese m&#237;nimo confort y sub&#237;an a pilares en que pasaban el resto de sus vidas. Aballay decide hacer lo mismo pero montado en su caballo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_571 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/aballay1.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/aballay1.jpg?1754362404' width='500' height='250' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;No es la primera vez que estos personajes, en especial el m&#225;s famoso de ellos, Sime&#243;n, son tomados por el arte en general y el cine en particular. En 1965 Bu&#241;uel filma un mediometraje (originalmente pensado en versi&#243;n m&#225;s larga) llamado &#8220;Sim&#243;n del desierto&#8221;, que retoma y actualiza la historia reconstruida por Gibbon. Incluso representa el detalle de la prueba de humildad de otros monjes y autoridades eclesi&#225;sticas que le ordenan bajar, para ver si no es por orgullo que se mantiene all&#237;. Pero el giro de Di Benedetto/Spiner no es solo la &#8220;adaptaci&#243;n&#8221; a otra &#233;poca, lugar y costumbre. Tambi&#233;n se muestra el rol de la violencia, del rostro y &#8211;a partir del uso levinasiano del t&#233;rmino&#8211; del deseo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Levinas todo empieza con el Otro que viene de la exterioridad y se da bajo la forma del rostro. Pero el rostro no es eso que se ve, y que puede describirse como fen&#243;meno, sino que es un llamado &#8211;callado o expreso&#8211; al sujeto. A diferencia de la intencionalidad fenomenol&#243;gica, que aborda, rodea, entiende y conceptualiza aquello que le enfrenta, en el caso del Otro hay un desfasaje de la intencionalidad. Lo que se manifiesta est&#225; muy por encima de mis capacidades de donarle sentido o abarcarlo con un concepto. Es importante ver c&#243;mo Levinas toma y resignifica un lenguaje vigente en su &#233;poca, por ejemplo los t&#233;rminos gozo, necesidad, deseo,&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Vale recordar que la obra magna de Levinas, Totalidad e Infinito, data de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; y lo resignifica de un modo particular actualizando al mismo tiempo tanto experiencias filos&#243;ficas como las &#8220;pre-filos&#243;ficas&#8221;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Para Levinas (1979, 67; 1982: 19) toda la filosof&#237;a reposa sobre (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una antigua tradici&#243;n, que el mismo Plat&#243;n expone y Levinas retoma, vincula esa alteraci&#243;n del deseo con lo infinito del Otro, y a su vez con lo divino: &#8220;La posesi&#243;n por un &lt;i&gt;Dios&lt;/i&gt; -el entusiasmo- no es irracional, sino el fin del pensamiento solitario (y que llamaremos m&#225;s tarde &#171;econ&#243;mico&#187;) o interior, comienzo de una verdadera experiencia de lo &lt;i&gt;nuevo&lt;/i&gt; y del &lt;i&gt;n&#243;umeno&lt;/i&gt;: ya Deseo&#8221; (Levinas, 1995: 73). La tensi&#243;n hacia lo deseable que el deseo inscribe es expuesta por Levinas como algo distinto de la falta que caracteriza a la necesidad. No es algo que se puede &#8220;llenar&#8221; y as&#237; gozar, sino la instauraci&#243;n de una falta siempre en crecimiento. Levinas propone diversos modos donde ese deseo de Otro se puede identificar: el erotismo, la caricia, la fecundidad, el arte. Pero el &#8220;lugar&#8221; por excelencia del deseo es la &#233;tica, entendida como recepci&#243;n y respuesta de Otro que se expresa en un rostro: &#8220;el contenido primero de la expresi&#243;n, es esta expresi&#243;n misma. Abordar el Otro en el discurso, es recibir su expresi&#243;n en la que desborda en todo momento la idea que implicada un pensamiento. Es pues, &lt;i&gt;recibir&lt;/i&gt; del Otro m&#225;s all&#225; de la capacidad del Yo; lo que significa exactamente: tener la idea de lo infinito. Pero eso significa tambi&#233;n ser ense&#241;ado. La relaci&#243;n con Otro o el Discurso, es una relaci&#243;n no-al&#233;rgica, una relaci&#243;n &#233;tica, pero ese discurso recibido es una ense&#241;anza. Pero la ense&#241;anza no se convierte en la may&#233;utica. Viene del exterior y me trae m&#225;s de lo que contengo (Levinas, 1995: 75).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La exterioridad se da al sujeto de diferentes formas. Mientras el mundo de las cosas se da como &#8220;dato&#8221; (Levinas, 1995: 207), que permite al &#8220;Mismo&#8221; &#8211;el sujeto en su encierro&#8211; acceder a ellas, dominarlas y gozar mediante la satisfacci&#243;n de sus necesidades, la exterioridad del Otro se reconoce de un modo distinto. Si la necesidad del ser humano permite satisfacci&#243;n &#8211;aunque sea moment&#225;nea&#8211; de ese vac&#237;o, el deseo genera un tipo de movimiento imposible de satisfacer, que se ahonda con cada intento de respuesta. Es una conmoci&#243;n que reclama, y la respuesta al reclamo no hace sino incrementar la demanda. De all&#237; la cercan&#237;a insoslayable de la &#233;tica, en t&#233;rminos levinasianos, el deseo y la violencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La alteridad del Otro no es del orden de los datos, ni tampoco es accesible por analog&#237;a o comunidad de g&#233;nero y especie. La relaci&#243;n con el Otro, &#233;tica, no es fruto de un acuerdo, una toma de conciencia, un c&#225;lculo, o la deconstrucci&#243;n de c&#243;mo hist&#243;ricamente se establecieron v&#237;nculos e instituciones. Todas estas tareas, siempre necesarias, corren el riesgo de ser meras expansiones del &#8220;Mismo&#8221;, carentes de reconocimiento del Otro. &#191;Cu&#225;ndo reconoce Aballay al Otro? El deg&#252;ello del padre del ni&#241;o lo hizo desde atr&#225;s, en cambio vio luego los aterrorizados ojos, call&#243; y no lo pudo olvidar. &#191;Qu&#233; dec&#237;a el rostro del ni&#241;o, que permaneci&#243; callado? Entre Otro y yo hay una &#8220;diferencia absoluta&#8221; que &#8220;s&#243;lo se instaura por el lenguaje&#8221; (Levinas, 1995: 208). Pero esa palabra no es fundamentalmente tematizaci&#243;n sino alocuci&#243;n, recepci&#243;n del Otro y habla propia. Levinas afirma repetidamente que yo reconozco el mandato del otro, fundamentalmente no matar, al responder yo mismo. A diferencia del &#8220;dejar ser&#8221; heideggeriano, hay una &#8220;solicitaci&#243;n&#8221; que demanda respuesta. Lejos de ser una amable invitaci&#243;n, la palabra del otro &#8220;pone pronto en tela de juicio el sentido que doy a mi interlocutor&#8221;, &#8220;anuncia la inviolabilidad &#233;tica del otro y, sin ning&#250;n resabio 'numinoso' su &#8190;santidad&#8127;&#8221; (Levinas, 1995, 208). Se ha dado un encuentro con algo absoluto, infinito, que constituye al sujeto s&#243;lo si el sujeto puede de alguna manera encasillarlo en un &lt;i&gt;dicho&lt;/i&gt;, en alguna estructura simb&#243;lica que al mismo tiempo posibilita y traiciona la relaci&#243;n con eso absoluto.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Vale recordar que en De otro modo que ser, Levinas (1987: 83) distingue lo (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Puede uno preguntarse si la &#8220;palabra&#8221; del Otro que Levinas &#8220;oye&#8221;, el &#8220;no matar&#225;s&#8221;, realmente es la palabra o si no es ella misma un modo de identificar, simbolizar o entificar moralmente al vac&#237;o del mandato, y de darle a partir de esa simbolizaci&#243;n un sentido englobante al mundo y a s&#237; mismo. Uno puede preguntarse si no es su propia tradici&#243;n monote&#237;sta la que recurre a ese mandamiento como una traslaci&#243;n, &lt;i&gt;met&#225;fora&lt;/i&gt;, que opera un encasillamiento de ese choque originario con toda su violencia y al mismo tiempo lo vuelve sostenible y viable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas llama &#8220;Infinito&#8221; a la idea que nace en el sujeto que encuentra al Otro. El Otro es infinito en tanto ning&#250;n concepto abarca la trascendencia de su exterioridad. Pero esta descripci&#243;n fenom&#233;nica incluye tambi&#233;n una dimensi&#243;n &#233;tica, pues esa exterioridad viene cargada de exigencias que Levinas interpreta b&#237;blicamente: No matar. &#8220;La faz positiva de la estructura formal &#8211;tener la idea de lo Infinito&#8211; equivale en lo concreto al discurso que se precisa como relaci&#243;n &#233;tica. Reservamos a la relaci&#243;n entre el ser mundano y el ser trascendente que no lleva a ninguna comunidad del concepto ni a ninguna totalidad &#8211;relaci&#243;n sin relaci&#243;n&#8211; el t&#233;rmino de religi&#243;n. (&#8230;) La religi&#243;n, en la que la relaci&#243;n subsiste entre el Mismo y el Otro a pesar de la imposibilidad del Todo &#8211;la idea de lo Infinito&#8211; es la estructura &#250;ltima&#8221; (Levinas, 1995: 103).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_574 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/aballay4.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/aballay4.jpg?1754362404' width='500' height='306' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Aballay toma caracter&#237;sticas religiosas, como un &#8220;santo&#8221;. Comienza a responder a quienes acuden a &#233;l o reconoce menesterosos de &#233;l. Habla y al hablar reconoce su deber. Se da &#8220;en el discurso una relaci&#243;n no al&#233;rgica con la alteridad&#8221;, llega &#8220;a percibir all&#237; el Deseo, donde el poder, por esencia asesino del Otro, llega a ser, frente al Otro y 'contra todo buen sentido', imposibilidad del asesinato, consideraci&#243;n del Otro o justicia&#8221; (Levinas, 1995: 71). El Otro &lt;i&gt;altera&lt;/i&gt; al sujeto por su manifestaci&#243;n. Toda violencia con que el sujeto intente responder, por ejemplo defini&#233;ndolo, convirtiendo al Otro en un concepto, reduci&#233;ndolo a la ontolog&#237;a, identific&#225;ndolo por v&#237;a anal&#243;gica, someti&#233;ndolo a normas o instituciones, siempre fracasa, porque el Otro se manifiesta finalmente en otro orden. Deseo y mandato no son para Levinas sino modos de expresar c&#243;mo el sujeto recibe lo que el Otro manifiesta. Toda la &#233;tica de Levinas se esfuerza por exponer, en un contexto hist&#243;rico que evidencia la m&#225;xima violencia posible &#8211;guerra y exterminio&#8211; una relaci&#243;n que no es violenta sino &#233;tica y responsable respecto del otro. Pero esto no impide pensar el t&#233;rmino &#8220;violencia&#8221; como significante precisamente de la experiencia originaria del sujeto: &#8220;La violencia que consiste para un esp&#237;ritu en recibir un ser que le es inadecuado&#8221; (Levinas, 1995: 51). En Levinas no se trata s&#243;lo de rechazar la violencia &#8220;&#243;ntica&#8221; -crueldad, sevicia, asesinato, exterminio&#8211; sino de pensar c&#243;mo la filosof&#237;a occidental del ser signific&#243; un modo de violencia respecto de los otros, y que esa ontolog&#237;a no permit&#237;a reconocer y recibir aquello m&#225;s all&#225; del ser: el Otro (Levinas, 1995: 53). Al mismo tiempo, que Levinas sostiene que la relaci&#243;n con el Otro &#8220;no violenta el yo&#8221; al modo de una violencia cualquiera, sucede que esa relaci&#243;n &#8220;le est&#225; impuesta m&#225;s all&#225; de toda violencia, por una violencia que lo cuestiona totalmente&#8221; (Levinas, 1995: 71, cf. 75). As&#237; la &#233;tica no es sino sostener la &#8220;relaci&#243;n&#8221; con esa alteridad que altera al sujeto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El sujeto-reh&#233;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aballay deviene santo. El encuentro/mandato con el Otro reconfigura su vida. No toma como residencia una columna, como los estilitas, sino su caballo. La gente lo ve como un ser capaz de curar o defender. &#191;Debe hacer eso? &#191;De qu&#233; orden es ese deber? &#191;Qui&#233;n le manda? No es casual que muchas lecturas hayan entendido la modernidad como liberaci&#243;n y autonom&#237;a respecto de mandatos impuestos, heteron&#243;micos, y por ende consideran toda influencia de ese tipo una credulidad, supercher&#237;a, o simple acomodamiento a imposiciones pragm&#225;ticas de supervivencia socialmente viable. As&#237;, Judith Butler indaga, siguiendo la cr&#237;tica de la violencia de Benjamin y en particular la cr&#237;tica de la violencia &#233;tica en Adorno, el v&#237;nculo entre &#233;tica y violencia. Ambos son analistas finos de la relaci&#243;n de violencia legal, violencia institucional y la violencia de cualquier proyecto de universalizaci&#243;n (Butler, 2005). Pero al mismo tiempo ve algo notable: la noci&#243;n de &#8220;mandamiento&#8221; en Benjamin es el modo en que lo &#8220;divino&#8221; permite resistir a todas las dem&#225;s imposiciones legales o pol&#237;ticas (Butler, 2006: 205). La alteridad absoluta permite mantener a raya sus supuestos &lt;i&gt;Ersatz&lt;/i&gt;, los reemplazos, fetiches o &#237;dolos que pretenden tomar su lugar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aballay se vuelve, en t&#233;rminos levinasianos, &#8220;reh&#233;n&#8221; del Otro (Levinas, 1987: 60, 180, 187, 198). No es la &#233;tica una acci&#243;n de un sujeto con &#8220;cualidades morales&#8221;, sino una pasividad, una vuelta a s&#237; &#8211;imposible pues pasa por la desviaci&#243;n del Otro. Esa &#8220;condici&#243;n de reh&#233;n&#8221; de un llamado de Otro &#8211;que por supuesto se puede tambi&#233;n rechazar, igual que una herencia, pero cuya alocuci&#243;n es imposible no recibir&#8211; es una &#8220;acusaci&#243;n absoluta&#8221;, anterior a la libertad y a la decisi&#243;n, que al mismo tiempo la constituye. Su identidad no est&#225; ya dada en su renombre, sus acciones, su voluntad, o sea en todo aquello que le permita identificarse a s&#237; mismo en el campo de sus potencialidades, sino en el modo como asume una deuda impagable. Su identidad es la &#8220;no identidad&#8221; de la &#8220;elecci&#243;n de responsabilidad&#8221; del Otro (Casper, 2008: 91). No es casual que en Levinas aparezca la noci&#243;n de &#8220;substituci&#243;n&#8221; (Levinas, 1987: 163), con una carga sacrificial que al mismo tiempo asume y rechaza. La asimetr&#237;a del Otro que convoca desgarra la interioridad del sujeto. Como reh&#233;n del Otro ya ha tomado el lugar de otros. Su identidad es esa posici&#243;n y esa respuesta.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_573 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/aballay3.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/aballay3.jpg?1754362404' width='500' height='212' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Levinas rechaza del cristianismo no solamente la afirmaci&#243;n de la filiaci&#243;n divina de Jes&#250;s, sino algo que en alg&#250;n sentido fue m&#225;s influyente: la noci&#243;n de reemplazo o pago por todos. La econom&#237;a de la salvaci&#243;n, no muy distinta de otras econom&#237;as sobre todo a partir de la interpretaci&#243;n de San Anselmo, a&#250;na dos criterios: lo infinito de la deuda y la necesidad de preservaci&#243;n. Por un lado, Anselmo responde a la pregunta &lt;i&gt;Cur Deus homo&lt;/i&gt; diciendo que todo pecado contra Dios es infinito, y por tanto s&#243;lo un ser infinito (Dios mismo) podr&#237;a &#8220;pagar&#8221; esa deuda. Por otro lado, lo sabemos, &#8220;conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la naci&#243;n&#8221; (Jn 11: 50). A pesar del uso de t&#233;rminos como sustituci&#243;n o kenosis, tan ligados a la tradici&#243;n sacrificial, particularmente cristiana, Levinas intenta desmarcarse de ella, en tanto no hay voluntarismo en la decisi&#243;n (la recepci&#243;n del Otro se hace previo a todo ejercicio de libertad), ni hay redenci&#243;n de una vez por todas, ni nadie en especial sino todos deben asumir esa responsabilidad. M&#225;s a&#250;n, la idea de &#8220;sufrimiento in&#250;til&#8221; debe ser tenida en cuenta, ya que todo sufrimiento &#8220;&#250;til&#8221; convertir&#237;a al mal en algo aceptable (Levinas, 1993: 125). Una visi&#243;n as&#237; homologar&#237;a lo sacrificial al &#8220;homo sacer&#8221;, ese ser divino y repudiable, en todo caso fuera de norma. La hip&#243;tesis antropol&#243;gico-sociol&#243;gica de Girard (1993) aduce que el inicio de la concordia se debe a la proyecci&#243;n y extrapolaci&#243;n de la negatividad y el conflicto sobre un portador, cuyo sacrificio habilita la vida en com&#250;n. La hip&#243;tesis funcionalista de Girard sobre lo religioso como estructura de reemplazo esencial para posibilitar la constituci&#243;n de la humanidad, no le impide dar un paso m&#225;s, casi deontol&#243;gico: al estar ya consumada la sustituci&#243;n es inaceptable repetirla. Se la puede recordar simb&#243;licamente, pero ya no se justifica el paso al acto del sacrificio. De este modo, la &#8220;violencia&#8221; que el Otro ejerce, cuya conmoci&#243;n Levinas reconoce, no es domesticada sino puesta en un orden de tensi&#243;n inacabable. Por eso finalmente, y a pesar de todas sus advertencias, Levinas sigue siendo tributario de toda esa estructura occidental (aunque no solo occidental), que entiende que la fuerza que opera el Otro sobre el sujeto impone un tipo de respuesta que configura su identidad. Pero tambi&#233;n que esa respuesta es siempre imprescindible y fallida, porque toda concreci&#243;n definitiva, todo intento de afirmar que el infinito ha sido satisfecho, ser&#237;a una perversi&#243;n de la &#233;tica y de la responsabilidad respecto del infinito. Esto lleva necesariamente a la pregunta por el tipo de afirmaci&#243;n &#8220;universal&#8221; que la &#233;tica aduce.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El universal: necesidad e imposibilidad&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Universalizar es el movimiento m&#225;s profundo de Occidente. Su ciencia, su derecho, su moral, estuvieron siempre movidas por la necesidad de avanzar con una estructura universalmente aceptada. Esta fue la raz&#243;n fundamental de toda cr&#237;tica de las violencias &#233;ticas, religiosas, pol&#237;ticas que fueron instituidas. De all&#237; una reacci&#243;n casi inmediata contra la universalidad. Por otra parte, rechazar la universalidad acabar&#237;a, paradojalmente, en una posici&#243;n conservadora, pues la idea del individuo que se da a s&#237; la ley y no debe rendir cuenta a Otro porta la antigua disposici&#243;n de los se&#241;ores griegos. Pero asumir la universalidad sin m&#225;s, tambi&#233;n. &#191;C&#243;mo responder al Otro? &#191;Deben todos devenir Aballay? &#191;Qu&#233; tipo de universalidad significa el &#8220;No matar&#225;s&#8221;? &#191;Acaso el joven Juli&#225;n, al enfrentar finalmente a Aballay y asestarle el golpe no est&#225; haciendo justicia? Cuando se piensa en &#233;tica, inmediatamente dos tradiciones se enfrentan: la prudencial y la deontol&#243;gica, es decir, la que piensa qu&#233; hacer a partir de alg&#250;n tipo de razonamiento situado y aquella que lo hace desde la formulaci&#243;n de un deber. Pero pensar la &#233;tica como relaci&#243;n alterada con y por el Otro impone una nueva visi&#243;n de lo que es. No significa eliminar la norma, sino situarla en otro plano.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Anot&#225;bamos antes que Bu&#241;uel toma de la historia del Estagirita el momento en que las autoridades quieren comprobar su humildad y le mandan bajar, mientras que Aballay no responde a las autoridades. Y sin embargo, s&#237; se da en Aballay el parang&#243;n: baja de su lugar de penitencia, no cuando lo manda la autoridad, sino cuando el joven Juli&#225;n lo enfrenta y Aballay, que no quiere matarle, se defiende con una ca&#241;a y en un movimiento brusco &#233;sta se le clava en la boca. &#8220;Desmonta a dar socorro, y llega hasta el vencido, pero lo bloquea su ley: no bajar al suelo, y lo ha hecho. Angustiado, levanta la mirada para consultar&#8221; (Di Benedetto, 2010: 40), y en ese momento de hesitaci&#243;n el joven lo apu&#241;ala. &#8220;Por causa de fuerza mayor ha sido&#8221; (Di Benedetto, 2010: 41), se excusa ante su ley, y muere.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si el Otro rompi&#243; el solipsismo de la conciencia y su dominio propio y del mundo, tambi&#233;n condujo as&#237; al sujeto a un deseo de justicia. La justicia busca al mismo tiempo responder a esa tensi&#243;n hacia el Otro, pero al mismo tiempo pensar los mecanismos sociales para garantizarla. As&#237;, la justicia busca responder al &#8220;tercero&#8221;, o sea a todo-Otro, y esto lo hace mediante el c&#225;lculo de justicia, la instituci&#243;n, la sociedad (Levinas, 1987: 241). De all&#237; su posibilidad de construcci&#243;n y violencia, su necesidad y su imposible realizaci&#243;n. De all&#237; tambi&#233;n que Levinas recupere una imprescindible pieza para la &#233;tica: el escepticismo. Todo proyecto testimonia al Otro, pero si pretende convertirse en el modo final de respuesta conduce a una violencia superior, que pretende agotar la respuesta sin resto. Por ello, confrontar el Decir con lo Dicho, el impulso a responder al y del Otro, permite una distancia que no se cierra. El lenguaje gener&#243; la respuesta, pero tambi&#233;n &#8220;el lenguaje es ya escepticismo&#8221; (Levinas 1987, 250) porque sabe de la necesidad, falibilidad y finitud de toda palabra devuelta a la alteraci&#243;n original. El Otro se muestra as&#237; imprescindible para el reconocimiento de s&#237; y de todo otro. Al mismo tiempo el Otro excede cualquier figura concreta. Nadie es el Otro. Y sin embargo no hay nadie sin el Otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Blumenberg, H. (2008) &lt;i&gt;La legitimaci&#243;n de la edad moderna&lt;/i&gt;, Pre-Textos, Valencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Casper, B. (2008) &lt;i&gt;Pensar de cara a otro. Elementos del pensamiento de Emmanuel Levinas&lt;/i&gt;, EDUCC, C&#243;rdoba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Butler, J. (2006) &#8220;Critique, Coercion, and Sacred Life in Benjamin&#180;s &#8190;Critique of Violence&#8127;&#8221;, en H. De Vries y L. E. Sullivan, &lt;i&gt;Political Theologies. Public Religions in a Post-Secular World&lt;/i&gt;, Fordham University Press, New York.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Butler, J. (2005) &lt;i&gt;Dar cuenta de s&#237; mismo. Violencia &#233;tica y responsabilidad&lt;/i&gt;, Amorrortu, Buenos Aires.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;de Certeau, M.; Cifalli, M. (2002) &#8220;Entretien: Mystique et Psychanalyse&#8221;, Espaces Temps 80-81, pp. 156-175.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Di Benedetto, A. (2010) &lt;i&gt;Aballay&lt;/i&gt;, Adriana Hidalgo, Buenos Aires. &lt;br class='autobr' /&gt;
Gibbon, E. (1781) &lt;i&gt;Decline and Fall of the Roman Empire&lt;/i&gt;, Vol. 3 (disp. en &lt;a href=&#034;http://www.sacred-texts.com/cla/gibbon/03/daf03041.htm&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://www.sacred-texts.com/cla/gibbon/03/daf03041.htm&lt;/a&gt;, consultado el 2/11/2016)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Girard, R. (1993) &lt;i&gt;La violencia y lo sagrado&lt;/i&gt;, Anagrama, Barcelona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Habermas, J.; Taylor, Ch., Butler, J.; West, C. (2011) &lt;i&gt;El poder de la religi&#243;n en la esfera p&#250;blica&lt;/i&gt;, Trotta, Madrid.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Heidegger, M. (2003) &lt;i&gt;Aportes a la filosof&#237;a: acerca del evento&lt;/i&gt;, Almagesto/Biblos, Buenos Aires.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E.; Sudar, P. (1979) &#8220;&#191;La filosof&#237;a, amor a la sabidur&#237;a o sabidur&#237;a del amor?&#8221;, Teolog&#237;a: Revista de la Facultad de Teolog&#237;a de la Pontificia Universidad Cat&#243;lica Argentina, 33, 63-70.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1982) &lt;i&gt;&#201;thique et Infini&lt;/i&gt;, Fayard, Paris.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1987) &lt;i&gt;De otro modo que ser o m&#225;s all&#225; de la esencia&lt;/i&gt;, S&#237;gueme, Salamanca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1993) &lt;i&gt;Entre nosotros. Ensayos para pensar en otro&lt;/i&gt;, Pretextos, Valencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1995) &lt;i&gt;Totalidad e Infinito. Ensayo sobre la exterioridad&lt;/i&gt;, S&#237;gueme, Salamanca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nancy, J.-L. (2008) &lt;i&gt;La declosi&#243;n. (Deconstrucci&#243;n del cristianismo, 1)&lt;/i&gt;, La Cebra, Buenos Aires.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Schmitt, C. (2009) &lt;i&gt;Teolog&#237;a pol&#237;tica&lt;/i&gt;, Trotta, Madrid.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Schmitt, C. (2011) &lt;i&gt;Catolicismo romano y forma pol&#237;tica&lt;/i&gt;, Tecnos, Madrid.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb2-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Y otros indicios enga&#241;an, por ej. en la pel&#237;cula se canta la Marcha de San Lorenzo, que fue compuesta los primeros a&#241;os del s. XX.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Vale recordar que la obra magna de Levinas, &lt;i&gt;Totalidad e Infinito&lt;/i&gt;, data de 1961, aunque recoge ideas desarrolladas desde la segunda mitad de la d&#233;cada de 1940.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Para Levinas (1979, 67; 1982: 19) toda la filosof&#237;a reposa sobre experiencias pre-filos&#243;ficas. Entre ellas se encuentran no s&#243;lo las experiencias de la infancia &#8211;Levinas habla de su juda&#237;smo y de su encuentro con los grandes novelistas, particularmente rusos&#8211; sino tambi&#233;n eventos que acontecieron luego, incluso despu&#233;s de iniciar su tarea filos&#243;fica, que necesariamente debieron irrumpir en su filosof&#237;a. En el caso de Levinas aparece en primer&#237;simo lugar la guerra y la Shoah, pero se puede extender esta idea a otras experiencias que hayan marcado a quien las tuvo y le demanden su exposici&#243;n filos&#243;fica.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Vale recordar que en &lt;i&gt;De otro modo que ser&lt;/i&gt;, Levinas (1987: 83) distingue lo &#8220;Dicho&#8221; (leyes, instituciones, pol&#237;ticas y respuestas concretas, siempre cronol&#243;gicamente fijadas y por tanto sometidas al tiempo y superables) del &#8220;Decir&#8221;, donde se da una relaci&#243;n diacr&#243;nica e imposible de responsabilidad que busca responder a algo infinito y que excede toda fijaci&#243;n. Es una &#8220;obsesi&#243;n&#8221;, anterior a toda decisi&#243;n libre y c&#225;lculo de proporci&#243;n. Y de modo particularmente sorprendente, en una &#233;poca en que la filosof&#237;a se reduce a planteos cient&#237;ficos o t&#233;cnicos, para Levinas Decir y deseo se vinculan con la antigua tarea filos&#243;fica de buscar la sabidur&#237;a (Levinas, 1987: 231ss)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/jeyc_marzo_2017_04_fonti_aballay.pdf" length="302849" type="application/pdf" />
		

	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Pasiones de la raz&#243;n, patolog&#237;as de la religi&#243;n. Consideraciones sobre el film Agora</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Pasiones-de-la-razon-patologias-de-la-religion-Consideraciones-sobre-el-film</link>
		<guid isPermaLink="true">https://journal.eticaycine.org/Pasiones-de-la-razon-patologias-de-la-religion-Consideraciones-sobre-el-film</guid>
		<dc:date>2018-04-17T01:14:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Diego Fonti</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La relaci&#243;n entre filosof&#237;a y religi&#243;n, o entre creencias religiosas y conocimiento cient&#237;fico, ha sido tensa y fruct&#237;fera en Occidente. El caso expuesto en el film Agora de Alejandro Amen&#225;bar nos lo muestra en un lugar y momento y hist&#243;rico privilegiados: Alejandr&#237;a y el Helenismo del siglo IV. El presente trabajo es una indagaci&#243;n desde la filosof&#237;a de la religi&#243;n, y tiene como objetivo exponer las tensiones y posibilidades de este v&#237;nculo, especialmente en vistas a las dem&#225;s &#225;reas de la filosof&#237;a pr&#225;ctica, sobre todo la &#233;tica y la pol&#237;tica. Al mismo tiempo, una fenomenolog&#237;a de la experiencia religiosa en su v&#237;nculo con la tradici&#243;n filos&#243;fica puede mostrarse como una herramienta contempor&#225;nea viable para preservar el v&#237;nculo con el otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave&lt;/strong&gt;: filosof&#237;a | religi&#243;n | &#233;tica | pol&#237;tica&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Passions-of-ratio-pathologies-of-religion-Considerations-about-Agora' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-4-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 04 | Nro 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt; &lt;i&gt;Dictio &#960;&#940;&#952;&#949;&#963;&#953;&#957; non habet latinam respondentem, sed in &lt;br class='autobr' /&gt;
animi affectious, dicimus eius loco perturbationem. &lt;br class='autobr' /&gt;
Passio latinum non est, affection uel morbus conueniunt.&lt;/i&gt;&lt;br class='autobr' /&gt;
Hieronymi Cardani, &lt;i&gt;In Hippoc. Aph. Lib. VII Comm.&lt;/i&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;El contexto en otro contexto, y la dificultad de la referencia&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A menudo se ha considerado que las religiones llegaban a su fin, sobre todo desde la consolidaci&#243;n de lo que se llam&#243; &#8220;Ilustraci&#243;n&#8221; o &#8220;modernidad&#8221;. A partir de ellas se produce un &#8220;avance de validez cultural de las ciencias&#8221; (L&#252;bbe, 1986, p. 19), esto es, una reivindicaci&#243;n de su valor como instancia de legitimaci&#243;n de la validez de las afirmaciones sobre el mundo. Y la fuerza cultural de esta visi&#243;n yace en la aparente imposibilidad de objeci&#243;n a sus juicios que no sea mediante un ejercicio de falsaci&#243;n hipot&#233;tico-deductivo; por lo que toda posici&#243;n alternativa desde la cual objetar sus resultados aparecer&#237;a como irracional, premoderna, reaccionaria y, finalmente &#8212;y con una comprensi&#243;n definida y limitada del t&#233;rmino&#8212; inhumana. Desde la modernidad ser&#225;n las ciencias las que juzguen sobre la &lt;i&gt;relevancia&lt;/i&gt; de un estudio del mundo, y reivindicando al mismo tiempo tanto la &lt;i&gt;curiositas&lt;/i&gt;, o sea la negaci&#243;n de toda impertinencia a priori de cualquier pregunta, como la &lt;i&gt;Werturteilsfreiheit&lt;/i&gt;, o libertad de juicio de valor de las afirmaciones cient&#237;ficas. Sin embargo, el per&#237;odo hist&#243;rico que nos toca vivir ha dado por tierra con la creencia en la supuesta neutralidad axiol&#243;gica del conocimiento cient&#237;fico. Esto no significa que no existan modelos explicativos del mundo e hip&#243;tesis imposibles de ser influenciadas pol&#237;tica o moralmente, sino que el marco de los contextos de descubrimiento y validaci&#243;n de las mismas, as&#237; como el ejercicio de esos conocimientos en la configuraci&#243;n de pr&#225;cticas sociales legitimadas &#8212;el mismo conocimiento incluido&#8212; responden a intereses mucho m&#225;s abarcativos que la mera comprensi&#243;n del funcionamiento del mundo. Es decir que estamos &#8212;en palabras de Lyotard (1989)&#8212; en una &#233;poca donde se evidencia de un modo singular la estructura humana del deseo: &lt;i&gt;de-siderare&lt;/i&gt; es el movimiento subjetivo que ocurre cuando los &lt;i&gt;sidera&lt;/i&gt; callan, cuando los dioses ya no hablan por medio de los astros, cuando nos encontramos irreductiblemente solos y sin embargo subsiste un movimiento hacia algo otro, una b&#250;squeda insaciable de respuesta, frente al cual toda respuesta &#8212;y fundamentalmente la cient&#237;fica&#8212; se muestra como insuficiente. Esta experiencia nos permite volver sobre las b&#250;squedas pasadas y presentes por aquello que trasciende la finitud, en lo cual la finitud busca su propio sentido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esas b&#250;squedas manifiestan una desaz&#243;n ante el des-encantamiento del mundo, expuesto por Weber en &lt;i&gt;La ciencia como vocaci&#243;n&lt;/i&gt;, pero tambi&#233;n el agotamiento de los intentos de reemplazo de los modos pasados de construcci&#243;n de sentido, especialmente el religioso. Ciencias y religi&#243;n pudieron proponerse a s&#237; mismas como visiones comprehensivas de mundo, como un universal. Y a menudo ejercieron el prevaricato de injerencias allende sus campos de verdad, tratando de influir mutuamente en los resultados de la otra. Incluso pudo darse en los totalitarismos, en t&#233;rminos de L&#252;bbe, una fusi&#243;n entre doctrinas de salvaci&#243;n y explicaciones cient&#237;ficas del mundo, ante lo cual ciencias y religi&#243;n tendr&#237;an la funci&#243;n positiva de hacer una demarcaci&#243;n de la legitimidad y l&#237;mites de las propias afirmaciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este contexto es que se ha de abordar una lectura filos&#243;fica del film &lt;i&gt;Agora&lt;/i&gt;, cuyo eje es la relaci&#243;n entre la construcci&#243;n de un corpus religioso y su v&#237;nculo con la construcci&#243;n paralela de una episteme cient&#237;fica; y todo esto a partir de la experiencia hist&#243;rica de una fil&#243;sofa, Hipatia, y su marco de comprensi&#243;n: su filosof&#237;a, su v&#237;nculo con el poder y sus propios prejuicios, y su vivencia del conflicto entre creencia religiosa y conocimiento cient&#237;fico. Ante esta tarea, los riesgos son notables. Por un lado acecha el siempre posible anacronismo, que erige a los espectadores contempor&#225;neos en jueces de sus antepasados, sobre todo en jueces de unos antepasados mimetizados con otros modelos de comprensi&#243;n del mundo y cosmovisiones mucho m&#225;s recientes e influyentes, a los que se toma como representantes o herederos de aquellos otros antecesores. Este riesgo est&#225; particularmente presente en la interpretaci&#243;n de este film, ya que la experiencia que ha supuesto el cristianismo en Occidente es inescindible de su &#8220;historia efectual&#8221; &#8212;a&#250;n cuando durante el per&#237;odo Hel&#233;nico en que se ubica el film, y a pesar de todas las influencias externas, el norte de Egipto es un baluarte de la cultura Grecorromana y el Cristianismo a&#250;n una intrusi&#243;n oriental. Tambi&#233;n est&#225; particularmente presente en tanto nuestro contexto observa una nueva vitalidad de ciertas experiencias religiosas, en particular caracterizadas por lo que se puede denominar un emotivismo acr&#237;tico y un rigorismo excluyente. Por ello, si se admite metodol&#243;gicamente la &lt;i&gt;Wirkungsgeschichte&lt;/i&gt;, esta debe significar tanto la historia de los efectos que una comprensi&#243;n ha tenido, como los efectos sobre nuestra propia comprensi&#243;n en su trabajo de comprenderla e interpretarla. Esta historia de los efectos es ineludible, ya que pertenece al ser mismo de lo que se comprende (Gadamer, 1993). Pero esta afirmaci&#243;n, que participa de un modelo hermen&#233;utico que parte de la precomprensi&#243;n de un horizonte de comprensi&#243;n del mundo para profundizarla, no debe hacernos olvidar que tambi&#233;n hay algo de ajeno y extra&#241;o en el encuentro con lo que se debe interpretar. Y es esa experiencia de lo ajeno y extra&#241;o una salvaguarda frente al tentador anacronismo. Pero tambi&#233;n subyace un segundo riesgo &#8212;que se lee en Mann y en J&#252;nger: &#8220;Comprenderlo todo significa perdonarlo todo&#8221; (J&#252;nger, 1974, p. 296)&#8212; es decir el relativismo, o mejor, la indiferencia&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Se asocia inmediatamente a este dicho popular franc&#233;s, hecho propio por (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. O sea, el peligro de juzgar anacr&#243;nicamente no puede conducir al riesgo contrario de la &lt;i&gt;epoch&#233; &lt;/i&gt; o suspensi&#243;n de todo juicio. Y por supuesto que la pregunta que inmediatamente se impone es aquella por la &lt;i&gt;medida&lt;/i&gt; del juicio. Pero antes de todo juicio es imprescindible comprender lo juzgado. Y la dificultad ante lo que debemos comprender por la v&#237;a de un film es que la referencia es compleja, y est&#225; atravesada por siglos de historia de las religiones, las ciencias, y las pol&#237;ticas religiosas y cient&#237;ficas, y finalmente por nuestra propia menesterosidad ante la pregunta por el sentido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si se toma, entonces, como clave de interrogaci&#243;n de esos dos modos humanos de lidiar con la propia contingencia y la necesidad de respuestas, que son religi&#243;n y ciencia, y si pretendemos comprender a partir de una reconstrucci&#243;n contempor&#225;nea de un hecho hist&#243;rico la estructura de lo religioso, su v&#237;nculo con el conocimiento cient&#237;fico, y las patolog&#237;as o posibilidades abiertas de esta relaci&#243;n, es posible organizar las siguientes p&#225;ginas en tres momentos. En primer lugar, se abordar&#225; la cuesti&#243;n epocal del significado de las pasiones en el per&#237;odo hel&#233;nico, el rol de la raz&#243;n y las presumibles consecuencias epistemol&#243;gicas y pr&#225;cticas de las mismas. En segundo lugar, se intentar&#225; vincular esta comprensi&#243;n epocal con el otro colectivo que al mismo tiempo confronta y se nutre del helenismo, el cristianismo. El objetivo de esta vinculaci&#243;n no es s&#243;lo una confrontaci&#243;n con los datos provenientes del film y un complemento hist&#243;rico o filos&#243;fico, sino indagar la estructura del evento religioso y su v&#237;nculo tenso con otras construcciones humanas, como las ciencias. Finalmente, y teniendo en cuenta estos elementos, se intentar&#225; formular una respuesta posible &#8212;contempor&#225;nea y post-moderna&#8212; a los retos que la historia de estos efectos nos impone, buscando a partir de la estructura de lo religioso como modo de respuesta a la contingencia sus modos patol&#243;gicos de expresi&#243;n y las posibilidades remanentes luego de su cr&#237;tica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Razones de las pasiones: Un marco hist&#243;rico-filos&#243;fico&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Agora &lt;/i&gt; se ubica en un per&#237;odo y un lugar notables: fines del siglo IV, en Alejandr&#237;a, o sea, en la vanguardia de la cultura hel&#233;nica y en un lugar central de la cultura grecolatina. Es vanguardia tanto en el sentido de motor y promoci&#243;n cultural de ideas, filosof&#237;as y modos de vida, as&#237; como tambi&#233;n en el sentido de punta de lanza ante otras influencias culturales y religiosas, con la tarea de constituir una Ecumene que garantice institucionalidad y unidad. Y en este marco se da un encuentro con el cristianismo, que aparece en dos de sus facetas m&#225;s ricas: la vitalidad de un mensaje carism&#225;tico y popular, una palabra de consuelo y salvaci&#243;n para los oprimidos y esclavos que buscan reconocimiento, y al mismo tiempo en di&#225;logo con la ciencia de su &#233;poca, tratando de hacer confluir en una &#250;nica episteme las verdades de fe y las cient&#237;ficas. Ambas facetas no carecen de tensiones internas, que luego tendr&#225;n eco en cada per&#237;odo hist&#243;rico, como tampoco de claras consecuencias pol&#237;ticas. Si bien no se puede hablar de una unidad filos&#243;fica en las corrientes de la &#233;poca, s&#237; se puede expresar la importancia de una noci&#243;n plat&#243;nica de racionalidad y el estoicismo como transversales a las diversas escuelas. Racionalidad y estoicismo proponen un particular manejo de las pasiones que condice con la m&#225;s influyente herencia griega. Este manejo obliga a pensar la relaci&#243;n entre las creencias y afirmaciones sobre el mundo y la influencia que puedan tener sobre ellas nuestras afecciones y pasiones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En general &lt;i&gt;pathos&lt;/i&gt; conlleva el sentido de un afecto, en especial dolor o padecimiento. Ya los presocr&#225;ticos ubican en el pathos el deseo, el placer, y el dolor. En Arist&#243;teles es un modo de receptividad, que es una categor&#237;a del ser ubicada dentro de lo accidental (Arist&#243;teles, 2004). As&#237;, los testimonios filos&#243;ficos de la pasi&#243;n reflejan su sentido original de una modificaci&#243;n o afecci&#243;n sufrida por efecto de la acci&#243;n de otra cosa. Tambi&#233;n reflejan el sentido de una pasividad o receptividad habitualmente lesivas para la sustancia que las sufre. La metaf&#237;sica aristot&#233;lica entiende que toda la realidad, con la excepci&#243;n del primer motor inm&#243;vil, est&#225; compuesta de una faceta activa y una pasiva, potencial, pasible de ser afectada por otro agente y a partir de ese ser-movido-por-otro alcanzar una situaci&#243;n nueva. Esta pasividad implica sometimiento a lo otro y al tiempo, finitud y posibilidad de corrupci&#243;n y deterioro, y por eso significa tambi&#233;n una carencia si se ve en el primer motor inm&#243;vil al paradigma de lo activo. En lenguaje aristot&#233;lico, esta pasividad es &lt;i&gt;dynamis&lt;/i&gt;, y su concepto est&#225; particularmente expuesto en el cuarto libro de la &lt;i&gt;Metaf&#237;sica&lt;/i&gt;. Por cierto que el t&#233;rmino tambi&#233;n contuvo el sentido de fuerza o &lt;i&gt;virtus&lt;/i&gt; en tanto capacidad de obrar, pero en general esta capacidad era entendida como capacidad de mutar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta estructura metaf&#237;sica del mundo, que compone toda sustancia en dos facetas inescindibles, acto y potencia, y mediante esta se explica la posibilidad de mutaci&#243;n, tambi&#233;n tiene una consecuencia antropol&#243;gica y &#233;tica, ya que obrar de modo moral es sin&#243;nimo de obrar razonablemente, y &#233;ste, a su vez, de obrar evitando los extremos, como lo expone en su &lt;i&gt;Etica nicomaquea&lt;/i&gt;. A pesar de la influencia aristot&#233;lica, la matriz paradigm&#225;tica en este sentido es el dualismo plat&#243;nico. Y el lugar filos&#243;fico fundamental para comprender la posici&#243;n occidental m&#225;s influyente sobre las pasiones es la alegor&#237;a del auriga en el &lt;i&gt;Fedro&lt;/i&gt;. All&#237; Plat&#243;n busca explicar al alma mediante una comparaci&#243;n: &#8220;se parece a una fuerza que, como si hubieran nacido juntos, lleva a una yunta alada y a su auriga&#8221;. En el caso del alma humana, &#8220;hay, en primer lugar, un conductor que gu&#237;a un tronco de caballos y, despu&#233;s, estos caballos de los cuales uno es bueno y hermoso, y est&#225; hecho de esos mismos elementos, y el otro de todo lo contrario, como tambi&#233;n su origen. Necesariamente, pues, nos resultar&#225; dif&#237;cil su manejo&#8221;. La bondad o excelencia, la &lt;i&gt;aret&#233;&lt;/i&gt; del caballo bueno, es su moderaci&#243;n, pundonor, su capacidad de seguir la opini&#243;n verdadera, su docilidad a la palabra. En cambio, el otro es contrahecho, y gusta de excesos, desobediente, impetuoso, en s&#237;ntesis, pasional. Y el auriga debe manejarles, ordenarles. He aqu&#237; el origen de la vieja antropolog&#237;a que consideraba como partes del alma a la raz&#243;n, con su capacidad de verdad pero tambi&#233;n con la debilidad de su b&#250;squeda; la voluntad, con la fuerza de su apetito por el bien, pero su ceguera ante los objetos en los que le hallaba; y finalmente la memoria, que al mismo tiempo es pasado y futuro, pues como el deseo porta desde siempre aquello que mueve a buscar, pero como siempre no se tiene y por eso genera la moci&#243;n. Pero la moci&#243;n puede ser desmedida, y en ese sentido irracional, excesiva, y contraproducente.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_185 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/rapto_hipatia.jpg?1754362450' width='500' height='333' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Con un concepto particular de naturaleza y atravesado por esta herencia que admite la existencia de las pasiones pero busca limitar su influencia, el estoicismo influye en el per&#237;odo hel&#233;nico &#8212;y a trav&#233;s de &#233;l y por medio del cristianismo en la historia occidental. El estoicismo tiene una larga tradici&#243;n, que a pesar de las diferencias se ve unificada por una idea del cosmos como organismo &#250;nico, con un principio del devenir que rige y une las diversas manifestaciones individuales. En este sentido, la raz&#243;n humana que orienta la decisi&#243;n no es sino una parte de la raz&#243;n divina inmanente al cosmos, y por ende aquella no debe comportarse de un modo que no sea coherente con esta. Y a diferencia de la &#233;tica plat&#243;nica, no se trata al decidir sobre las cosas de una secuencia &lt;i&gt;in crescendo&lt;/i&gt; en la graduaci&#243;n del bien, sino que la sabidur&#237;a puede separar lo bueno virtuoso de lo que no es bueno, y esto, a su vez, contiene tambi&#233;n una gran cantidad de cosas que carecen de toda valoraci&#243;n, o sea, que son indiferentes. Y finalmente, para el sabio la posesi&#243;n o p&#233;rdida de bienes carece de toda significaci&#243;n. El error est&#225; en absolutizar la posesi&#243;n de esos bienes, mientras que el sabio es libre de esa inclinaci&#243;n &#8212;&lt;i&gt;apathes&lt;/i&gt;&#8212;, y posee el dominio confiado de s&#237; &#8212;&lt;i&gt;eupatheia&lt;/i&gt;. La denominada &#8220;doctrina de la &lt;i&gt;oikeiosis&lt;/i&gt;&#8221; indica que hay que reconocer impulsos en el ser humano, pero s&#243;lo son aceptables aquellos que acaban en el ser racional y la acci&#243;n racional del ser humano. Esta libertad de las pasiones &#8220;desviadas&#8221; es tambi&#233;n una condici&#243;n epistemol&#243;gica, porque le permite ver al sabio el orden, dominio y providencia divina en el mundo (Ritter, 1998).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Jackie Pigeaud expone la concepci&#243;n estoica de la pasi&#243;n a partir de la recepci&#243;n latina de Crisipo y lo que ella llama su &#8220;monismo&#8221; (Pigeaud, 1989: 269). El ep&#237;grafe de Cardano lo muestra tambi&#233;n, cuando afirma que la voz griega &lt;i&gt;pathesin&lt;/i&gt; no tiene un paralelo latino en la afecci&#243;n sino en el &lt;i&gt;morbo&lt;/i&gt;, en un padecimiento finalmente patol&#243;gico. Esto es as&#237; porque la pasi&#243;n no es una afecci&#243;n que siga a un juicio, sino que es el juicio mismo pero cuyo origen y manifestaciones afectan el orden racional (Pigeaud, 1989). De este modo, la pasi&#243;n es la contracara del juicio. Por eso no se trata de una propuesta de superar el impulso, como si la raz&#243;n hubiera de controlar a la pasi&#243;n, sino de encontrar el recto orden &#8220;natural&#8221; en el que encauzar las mociones. Como lo expone Pigeaud en tanto idea transversal del estoicismo, el proyecto personal debe tener en cuenta tanto el c&#225;lculo como la fuerza propia, el ideal al que llegar y las condiciones elementales. La recta medida est&#225; juzgada por la adecuaci&#243;n o inadecuaci&#243;n del acto. Por eso Pigeaud llama &#8220;monismo&#8221; a la posici&#243;n de Crisipo, en tanto no habr&#237;a diferencia entre naturaleza y derecho, naturaleza y raz&#243;n, entre el juicio y la manifestaci&#243;n fisiol&#243;gica del mismo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si este aparato nocional se aplica a los personajes del film, se muestra en la experiencia de Hipatia una influencia expresa tanto del estoicismo como del neoplatonismo. En primer lugar el dominio de s&#237;, la desconfianza respecto de los impulsos pasionales, la aceptaci&#243;n del estado de cosas del mundo y la experiencia de la libertad como vida interior, se manifiestan en algunos momentos centrales: la admisi&#243;n de las condiciones sociales imperantes, la sumisi&#243;n a las perspectivas de la &#233;poca sobre las caracter&#237;sticas y l&#237;mites de la mujer, el uso de la sangre como muestra de la imperfecci&#243;n material con el fin de permanecer libre para sus fines intelectuales, y finalmente la expresi&#243;n postrera de dominio de s&#237; y la aceptaci&#243;n de la muerte. Tambi&#233;n se muestra desde una perspectiva epistemol&#243;gica la confluencia de platonismo y estoicismo: hay un orden en el mundo que no es accesible a los sentidos, y la experiencia de los sentidos debe ser analizada desde otra perspectiva para acceder a la verdad del mundo. Este platonismo aparecer&#225; m&#225;s tarde en el Renacimiento, que tambi&#233;n conlleva la negaci&#243;n de la percepci&#243;n sensible superficial del mundo como acceso a su verdad, con una paralela matematizaci&#243;n de la experiencia. Pero Hipatia no formula una posici&#243;n metaf&#237;sica dualista, sino que su aceptaci&#243;n del orden del mundo implica al mismo tiempo un uso particular de sus pasiones. Y a su vez este uso rubrica sus razones, pues la pasi&#243;n por el conocimiento ahoga &#8212;por desviadora&#8212; toda otra pasi&#243;n. En todo caso, el dualismo debe verse desde fuera de su sistema, como lo hacemos al analizar la imagen de la menstruaci&#243;n como ruptura de la idealizaci&#243;n y como desvalorizaci&#243;n de la relaci&#243;n material y corporal con el otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Esta perspectiva &#8220;personal&#8221; de Hipatia y su contexto hist&#243;rico-cultural, no s&#243;lo tienen consecuencias a nivel individual y acad&#233;mico. Tambi&#233;n significa que pol&#237;ticamente lo &#8220;racional&#8221; y lo &#8220;irracional&#8221; tienen un rol claro: mantener un orden estable frente a los desordenes provenientes de la subversi&#243;n irracional, particularmente aquella proveniente del fanatismo y la exaltaci&#243;n religiosa. Paradojalmente, cristianismo y estoicismo tienen un lazo en la doctrina de libertad interior, pero su concepci&#243;n de la &lt;i&gt;piedad &lt;/i&gt; est&#225; enfrentada. La piedad cristiana es &#8220;esc&#225;ndalo para los jud&#237;os, locura para los gentiles&#8221; (1 Cor. 1:17). Aparecer&#237;a as&#237; un primer v&#237;nculo cr&#237;tico del cristianismo respecto del dominio racional del mundo y de s&#237;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;No obstante, es preciso decir que ya en el texto evang&#233;lico la idea del (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Frente a este dominio propio, se muestra inadecuada la efervescencia religiosa cristiana. Pero no menos criticable aparece la racionalidad de los estudiosos y sacerdotes del Dios ol&#237;mpico-egipcio, Serapis, pues su ira desmesurada acabar&#237;a atentando contra el orden del mundo, cuando en su celo por la pureza maculada del Dios acaben despertando las iras del populacho cr&#233;dulo y supersticioso de la nueva religi&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_184 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/serapis_en_el_serapeon_16048_agora.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/serapis_en_el_serapeon_16048_agora.jpg?1754362453' width='500' height='333' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Paradojalmente, una de las consecuencias m&#225;s relevantes del per&#237;odo en cuesti&#243;n es el trasvase de nociones &#233;tico-religiosas hel&#233;nicas al cristianismo. El estoicismo porta consigo una idea de libertad interior muy influyente en el cristianismo, pero tambi&#233;n las no menos influyentes ideas de una naturaleza ordenadora del mundo, y del juicio moral recto como aquel apegado a esa naturaleza insuperable; la idea de aceptaci&#243;n del orden de cosas &#8212;particularmente el social&#8212; como muestra del reconocimiento de la providencia divina y su orden para el mundo; y finalmente la idea de que la carencia o despojo de pasiones es lo m&#225;s conducente al reconocimiento y aceptaci&#243;n de ese orden, pues la misma divinidad es modelo de la carencia de esas mociones. La idea aristot&#233;lica del primer motor &#8220;inm&#243;vil&#8221;, esto es, incapaz de pasar de un estado a otro por ser puro acto y carecer de toda &#8220;potencia&#8221; o pasividad que activar, subyace en la propuesta de un hombre activamente afirmante de las cosas &#8220;como son&#8221;. Ser y deber ser confluyen radicalmente, ante lo que se necesita un acto de la voluntad que afirme dicha confluencia y elimine toda moci&#243;n ulterior. La paradoja es que al mismo tiempo el cristianismo era portador del esp&#237;ritu prof&#233;tico de la religi&#243;n de Israel, capaz de enfrentarse a la &#8220;naturaleza&#8221; y a los poderes f&#225;cticos naturalizados, cualquiera fuera su justificaci&#243;n (divina, racional, natural, f&#225;ctica).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La calificaci&#243;n de &#8220;patol&#243;gico&#8221; vinculado con un uso pasional de la raz&#243;n llega hasta la modernidad. Por ejemplo, y sin emplear el t&#233;rmino, la idea de Spinoza de la irreductibilidad mutua de pasiones y razones, y la advertencia ante un uso en este sentido &#8212;por ejemplo, de razones que busquen corregir o administrar pasiones&#8212; ser&#237;a un modo patol&#243;gico de relaci&#243;n. Pero es en Kant donde el uso patol&#243;gico de la raz&#243;n adquiere su m&#225;s clara significaci&#243;n. &#8220;Patol&#243;gico&#8221; es el modo de juzgar ligado a un padecer, en oposici&#243;n al juicio pr&#225;ctico operado por la raz&#243;n. &#8220;Patol&#243;gico&#8221; es el deseo previo a las leyes dadas por la raz&#243;n, pero que es condici&#243;n para que suceda un acto (cf. Eisler, 1979). Pero tambi&#233;n se expone c&#243;mo se configura una religi&#243;n patol&#243;gica, que se basa en cuentos de esp&#237;ritus y conjeturas sobre seres imaginarios, en cuya &#8220;compa&#241;&#237;a&#8221; se produce la exaltaci&#243;n y la irracionalidad (cf. Kant, 2001; 2004). Esta irracionalidad, que para Kant se encarna de modo institucional principalmente en el catolicismo con su afecto por los excesos sensibles, su antropomorfismo, y sus ritos populares (Kant, 2001). En cambio, la religi&#243;n &#8220;erudita&#8221; puede eliminar estos excesos patol&#243;gicos y volver al &#250;nico modo racionalmente justificado de hablar de la divinidad, que es el moral. La moral, entendida en sentido kantiano, ser&#237;a la posibilidad de identificar aquellos resultados de la raz&#243;n pura pr&#225;ctica, en su autonom&#237;a y la universalizaci&#243;n de sus resultados, con la herencia proveniente del cristianismo. Pero toda otra exacerbaci&#243;n ser&#237;a inadmisible tanto para la filosof&#237;a moral como para la religi&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;&#191;Pasiones de la religi&#243;n, razones de la ciencia?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pregunta por los v&#237;nculos entre raz&#243;n y religi&#243;n, o entre el conocimiento cient&#237;fico del mundo y la visi&#243;n teol&#243;gica, no es ajena a occidente. De hecho, en occidente se da una separaci&#243;n de ambas perspectivas, y la tensa relaci&#243;n &#8212;que va desde la mutua negaci&#243;n hasta alg&#250;n modelo intermedio de compromiso&#8212; s&#243;lo en casos excepcionales fue pensada como fusi&#243;n unificadora de ambas comprensiones. Lo que puede constatarse en el mundo griego pre-cristiano es una progresiva &#8220;purificaci&#243;n&#8221; de la comprensi&#243;n de Dios, mediante la atribuci&#243;n de caracter&#237;sticas cada vez m&#225;s espirituales e ilimitadas a su concepto (cf. Enders, 1999, 2000). Esta posici&#243;n filos&#243;fica tuvo al mismo tiempo adherentes y detractores. El joven estudiante de Hipatia, Sinesio de Cirene, luego Obispo, representa claramente la posici&#243;n que busca una relaci&#243;n entre fe e inteligencia, mientras que el joven esclavo Davo, originalmente formado en la visi&#243;n cient&#237;fica del mundo, encuentra en el cristianismo la posibilidad de romper con aquella visi&#243;n &#8212;que sosten&#237;a y justificaba adem&#225;s el orden social imperante&#8212;, y mediante su conversi&#243;n quiere romper con esa comprensi&#243;n, incluido su modo de racionalidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Estas ideas no son nuevas en ese per&#237;odo. Ya Tertuliano propone a fines del s. II la in-credibilidad del mensaje cristiano como prueba de su veracidad, o por lo menos del tipo de creencia que debe acompa&#241;arla, mientras que, por el contrario, las diversas fundamentaciones te&#243;ricas del &lt;i&gt;intellectum fidei&lt;/i&gt;, de la comprensi&#243;n intelectual de la fe, significaban un v&#237;nculo posible entre ambas. Con su &lt;i&gt;credo quia absurdum&lt;/i&gt;, Tertuliano propone un modelo de comprensi&#243;n performativamente autocontradictorio, que paradojalmente es un modo &#8212;&#8220;negativo&#8221;&#8212; de comprender la tarea teol&#243;gica como fe que quiere entender. En cambio, la vertiente &#8220;positiva&#8221; en la relaci&#243;n comprende que efectivamente hay un doble origen del conocimiento, la raz&#243;n y la fe, aunque afirmando tambi&#233;n que para las verdades religiosas &#233;sta es condici&#243;n para el uso de aquella (Gilson, 1956). De hecho, ya algunas de las apolog&#233;ticas del cristianismo quieren argumentar que el cristianismo no es una irracionalidad, y por ende la religi&#243;n puede confiar en el uso de la raz&#243;n para alcanzar un modo de comprensi&#243;n de lo cre&#237;do superior a la mera afirmaci&#243;n por una fe ciega.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La b&#250;squeda de afirmaci&#243;n racional de creencias religiosas no s&#243;lo fue elaborada con fines apolog&#233;tico-pol&#237;ticos, sino tambi&#233;n epistemol&#243;gicos. Por ejemplo, Or&#237;genes se opone a Celso, pensador anticristiano del platonismo medio, argumentando que sus ataques son errados. No poseemos el texto &lt;i&gt;Aleth&#233;s logos&lt;/i&gt;, &lt;i&gt;Verdadera doctrina&lt;/i&gt;, de Celso, pero Horacio Lona ha reconstruido sus tesis a partir de los fragmentos citados especialmente por Or&#237;genes. En realidad, Celso ser&#237;a un defensor de la antigua doctrina plat&#243;nica contra la degeneraci&#243;n de la divinidad propuesta por el cristianismo, especialmente en tres puntos (Lona, 2005). Ante todo, la diferencia y trascendencia insuperable de Dios impide una relaci&#243;n de &#233;ste con la historia, lo que toda imagen humanizada o mundana de Dios ser&#237;a una reducci&#243;n de sus cualidades. Consecuentemente, y en segundo lugar, las nociones cristianas de encarnaci&#243;n y muerte de Dios son inaceptables. Finalmente su comprensi&#243;n de la realidad increada del mundo se resiste contra la idea de un tiempo lineal, limitado por un origen y un fin. Lo interesante es que la herencia plat&#243;nica de Or&#237;genes mismo implica que su cr&#237;tica a Celso no conlleve un rechazo de sus doctrinas sino una respuesta a las mismas, pensando que la explicaci&#243;n cristiana conllevaba un nivel de racionalidad que superaba al de Celso pero no al platonismo. No se trata, como dice Lona, de un plat&#243;nico, sino de diversos grados de cristianismo &lt;i&gt;platonizante&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un aspecto central en las disputas que atraviesan las relaciones en Agora es la imagen que se tiene de la divinidad. Los estudios recientes muestran que en realidad los defensores de la &#8220;pureza&#8221; de la divinidad &#8212;su eternidad, inmutabilidad, infinitud, imperturbabilidad, espiritualidad, etc. &#8212;eran precisamente aquellos que la tradici&#243;n cristiana consider&#243; &#8220;paganos&#8221;. Y paradojalmente aquellos que atribu&#237;an caracter&#237;sticas filos&#243;ficamente discutibles a Dios, pues iban contra la progresiva depuraci&#243;n de la imagen de Dios de toda multiplicidad, emoci&#243;n, moci&#243;n y sentimiento, o sea de toda pasi&#243;n, eran los monote&#237;stas cristianos. Por eso es interesante la ubicaci&#243;n de la estatua del Dios en el film: el atrio de la biblioteca. El lugar de la b&#250;squeda libre se ve as&#237; asociado a la tutela o al menos gu&#237;a de la sabidur&#237;a personificada en la divinidad. Y tambi&#233;n es significativo el estrecho v&#237;nculo de sacerdotes y hombres de letras, unidos para defender la pureza mancillada del Dios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Independientemente de las escuelas filos&#243;ficas utilizadas para la comprensi&#243;n de lo cre&#237;do, es importante ver la doble vertiente en el seno de las tradiciones religiosas: aquella que niega todo v&#237;nculo con la racionalidad, y aquella que &#8212;con diversos grados de vinculaci&#243;n&#8212; la aceptan y la afirman como necesaria incluso para una experiencia m&#225;s profunda de lo religioso. Por eso, lo que est&#225; en juego en el film no es s&#243;lo una cuesti&#243;n de creencias, sino un modelo epistemol&#243;gico de comprensi&#243;n de la divinidad, con consecuencias pragm&#225;ticas insoslayables. La protecci&#243;n de las prerrogativas de la divinidad plantea la pregunta por el modelo de conocimiento de la misma, la valoraci&#243;n de sus demandas &#233;ticas &#8212;entendiendo &#8220;&#233;tica&#8221; no como serie de normas sino como modo de configuraci&#243;n de un &lt;i&gt;ethos&lt;/i&gt; social, que a su vez es la matriz de configuraci&#243;n de las subjetividades&#8212;, y su v&#237;nculo con los poderes f&#225;cticos. No es casual que tambi&#233;n estas relaciones dieran lugar a estructuras conceptuales que luego sirvieron para definir cuestiones como los l&#237;mites de las injerencias mutuas de los Estados y las religiones, y los l&#237;mites de ambas estructuras respecto de las convicciones personales, etc. Al mismo tiempo, esa indagaci&#243;n conceptual sirvi&#243; para la autocorrecci&#243;n de estas instituciones. Es dif&#237;cil, por ejemplo, pensar en los ideales emancipatorios de la Revoluci&#243;n Francesa si se pretende ligar directamente fraternidad o igualdad a la isonom&#237;a griega, sin pasar por los ideales universalistas provenientes del monote&#237;smo. Y a partir de estos ideales, el movimiento vuelve sobre las propias estructuras religiosas para intentar en ellas una transformaci&#243;n.&lt;br class='autobr' /&gt;
Esta mutua confrontaci&#243;n, esta cr&#237;tica mutua, permite comprender mejor la toma de posici&#243;n del film respecto de la cofrad&#237;a de los &lt;i&gt;parabolani&lt;/i&gt;, como tambi&#233;n del rol del Obispo Cirilo de Alejandr&#237;a en el asesinato de Hipatia. Es poco importante que la posici&#243;n de los historiadores no sea un&#237;voca respecto de la interpretaci&#243;n de Amen&#225;bar. Lo importante es que la experiencia social, la multiplicidad de voces, el respeto y cuidado de las mismas, la limitaci&#243;n de las propias afirmaciones respecto de lo divino, y finalmente la noci&#243;n de que no hay exigencia divina que justificablemente elimina la responsabilidad por el otro y su vida, son todas ellas nociones que el v&#237;nculo de filosof&#237;a y religi&#243;n permiten poner en escena. Hay &#8220;patolog&#237;as&#8221; de lo religioso que la raz&#243;n puede evidenciar, sin desconocer ni que en su trasfondo hab&#237;a tambi&#233;n alg&#250;n tipo de raz&#243;n &#8220;pasional&#8221;, ni que la cr&#237;tica misma est&#225; movida por una raz&#243;n apasionada, pues quiere dar cuenta de algo que la trasciende y la llama. De hecho, la experiencia religiosa puede echar luz sobre un modo de temporalidad que rompe con el anonimato y la secuencia de lo cotidiano, regulada por el mercado y sus ciclos, y poner, como en toda cultura tradicional, hitos en el tiempo para darle sentido (Casper, 2011). Al mismo tiempo, la filosof&#237;a puede advertir de los riesgos de una experiencia religiosa acr&#237;tica, como por ejemplo escabullirse de la seriedad de la historia, la configuraci&#243;n idol&#225;trica de la creencia, la violencia y el fanatismo, y finalmente el particular uso patol&#243;gico del lenguaje en la repetici&#243;n (Casper, 2011). Por eso, la tarea filos&#243;fica podr&#237;a ser una herramienta religiosa de desmitificaci&#243;n y cr&#237;tica de la idolatr&#237;a presente y posible en toda experiencia religiosa.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_185 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/rapto_hipatia.jpg?1754362450' width='500' height='333' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Y a pesar de toda la barbarie surgida de sus filas, la religi&#243;n tiene aun una capacidad que excede la descubierta por el funcionalismo sociol&#243;gico, o sea, la de poner en evidencia una experiencia humana particular: la capacidad humana de vincularse con una alteridad que excede todo concepto y cuya estructura vocativa supera las capacidades racionales de darle un sentido acabado, delimitado por la raz&#243;n y &#8220;cient&#237;ficamente&#8221; justificable.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El Otro irreductible&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una cr&#237;tica de la experiencia religiosa, en especial desde una perspectiva filos&#243;fica, puede servir para mostrar las consecuencias indeseables de la misma. Pero puede tambi&#233;n servir para afirmar las funciones hist&#243;ricamente constituidas con que la religi&#243;n ha contribuido a experiencias de liberaci&#243;n y emancipaci&#243;n. M&#225;s a&#250;n, la religi&#243;n en su di&#225;logo con los modelos de racionalidad puede permitir la preservaci&#243;n de una experiencia de alteridad, de aquello no subordinable por la raz&#243;n y sus manifestaciones. Quiz&#225;s s&#243;lo un ejemplo de ello es lo que Davo encuentra en esa comunidad desordenada pero carism&#225;tica: la experiencia del sentido del mundo y de la fraternidad de los despojados. Frente a la ense&#241;anza estoica de la aceptaci&#243;n del orden del mundo &#8220;natural&#8221;, aparece la idea de la historia, la temporalidad de las estructuras, y por lo tanto de su posible cambio. La visi&#243;n &#8220;racional&#8221; del mundo se muestra insuficiente para dar cuenta de otro tipo de deseo. Es que a pesar de todos los intentos de sistematizaci&#243;n del logos &#8212;teo-l&#243;gico, cient&#237;fico, etc.&#8212; lo otro persiste. Se muestra al mismo tiempo finito y con una exigencia infinita. Se trata de una exigencia infinita, en tanto ninguna respuesta finita parece estar a la altura de la misma, pero tambi&#233;n porque se muestra con una temporalidad extra&#241;a, dif&#237;cilmente ubicable en la secuencia crono-m&#233;trica. Y el v&#237;nculo con eso-otro, que es siempre particular en cada subjetividad, significa tambi&#233;n un modo particular para ella de rehuir las clasificaciones, de dar un sentido propio a la temporalidad que es su estructura esencial, y finalmente de establecer una relaci&#243;n de respuesta &#8212;responsabilidad&#8212; a los otros. Es decir, el v&#237;nculo con lo otro impone la ruptura de todo modelo de fijaci&#243;n, que siempre hace perder al otro (Casper, 2011). Es posible pensar en un modelo de v&#237;nculo entre experiencia religiosa y pensamiento filos&#243;fico que se&#241;alan a toda responsabilidad por lo otro con una estructura de trascendencia, en tanto indican un futuro y una relaci&#243;n que supera toda relaci&#243;n intencional. Toda afirmaci&#243;n objetivamente fijable, sea religiosa, sea cient&#237;fica, se ve &#8220;trastornada&#8221; por la presencia, aunque sea al modo de una huella, del otro (Casper, 2008).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Utilizando su lenguaje y el sentido particular que aplica a &#8220;Mismo&#8221; y &#8220;Otro&#8221;, Levinas escribe: &#8220;La religi&#243;n, en la que la relaci&#243;n subsiste entre el Mismo y el Otro a pesar de la imposibilidad del Todo &#8212;la idea de lo Infinito&#8212; es la estructura &#250;ltima&#8221; (Levinas, 1995, p. 103). El sujeto no puede abarcar conceptualmente el mundo. La estructura intencional de la conciencia revela su propia imposibilidad, ya que el noema que se manifiesta en el otro excede la noesis y la propia capacidad de dar sentido abarcativo. La religi&#243;n es un modo de &#233;tica que permite dar cuenta de esa imposibilidad y de la responsabilidad por ese v&#237;nculo. M&#225;s a&#250;n, preserva la experiencia siempre particular que cada subjetividad establece con esa alteridad y su reclamo (Levinas, 1999). Una comprensi&#243;n filos&#243;fica de la respuesta a ese reclamo, que en Levinas es el movimiento del &#8220;deseo&#8221; a la &#8220;responsabilidad&#8221; por el otro (Levinas, 1995), que al mismo tiempo afirma el goce del mundo y lo concibe subordinado a la experiencia de la alteridad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Finalmente, y as&#237; como el helenismo y la vanguardia &#8220;occidental&#8221; es el motivo central de Agora, cabe preguntarnos desde Am&#233;rica Latina por las diversas formas de relaci&#243;n que se ha establecido en nuestra regi&#243;n entre tradiciones religiosas, corrientes cient&#237;ficas y relaciones sociales pol&#237;ticas. Se trata claramente de una relaci&#243;n en que conviven la modernidad y la diferencia (Ortiz, 2013). Por eso es preciso un an&#225;lisis que excede largamente las propuestas de los funcionalismos, y nos obligan a pensar los v&#237;nculos con la est&#233;tica (Asselborn, 2009), la pol&#237;tica y la econom&#237;a (L&#246;wy, 1999). Un an&#225;lisis serio de estas relaciones impone la necesidad de pensar estos campos como insubsumibles e insubordinables a otros &#8220;saberes&#8221;, y pensar al otro y nuestro v&#237;nculo con &#233;l como irreductible. La pasi&#243;n del otro, la pasividad subjetiva ante esa alteridad que se impone, y la respuesta a la misma en diversos modos de racionalidad, no ser&#237;an as&#237; posibilidades superables de relaci&#243;n con lo que trasciende al sujeto sino una estructura insoslayable de la subjetividad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ab Armin, I. (ed.) (1921-2923) &lt;i&gt;Stoicorum veterum fragmenta&lt;/i&gt;, Leipzig.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Arist&#243;teles, (2004) &lt;i&gt;Metaf&#237;sica&lt;/i&gt;, Buenos Aires, Debolsillo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Asselborn, C., Cruz, G., Pacheco, O. (2009) &lt;i&gt;Liberaci&#243;n, est&#233;tica y pol&#237;tica. Aproximaciones filos&#243;ficas desde el sur&lt;/i&gt;, EDUCC, C&#243;rdoba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Casper, B. (2008) &lt;i&gt;Pensar de cara a otro. Elementos del pensamiento de Emmanuel Levinas&lt;/i&gt;, EDUCC, C&#243;rdoba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Casper, B. (2011) &lt;i&gt;El acontecimiento de orar. L&#237;neas fundamentales de una hermen&#233;utica del evento religioso&lt;/i&gt;, Alci&#243;n, C&#243;rdoba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Eisler, R. (1979) &lt;i&gt;Kant Lexikon&lt;/i&gt;, Olms, Hildersheim.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Enders, M. (1999) &#8220;&lt;i&gt;Platons &#8218;Theologie': Der Gott, die G&#246;tter und das Gute&#8221;, Perspektiven der Philosophie&lt;/i&gt;, 25, 131-185.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Enders, M. (2000) &lt;i&gt;Nat&#252;rliche Theologie im Denken der Griechen, Fuldaer Hochschulschriften&lt;/i&gt;, 36, Fulda.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Gadamer, H.G. (1993) &lt;i&gt;Verdad y m&#233;todo&lt;/i&gt;, S&#237;gueme, Salamanca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Gilson, E. (1965) &lt;i&gt;La filosof&#237;a en la Edad Media&lt;/i&gt;, Gredos, Madrid.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;J&#252;nger, E. (1974) &lt;i&gt;Meistererz&#228;hlungen&lt;/i&gt;, Klett, Stuttgart.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kant, I. (2001) &lt;i&gt;La Religi&#243;n dentro de los l&#237;mites de la mera raz&#243;n&lt;/i&gt;, Alianza, Madrid.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kant, I. (2004) &lt;i&gt;Sue&#241;os de un visionario&lt;/i&gt;, Leviat&#225;n, Buenos Aires.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Levinas, E. (1995) &lt;i&gt;Totalidad e Infinito. Ensayo sobre la exterioridad&lt;/i&gt;, S&#237;gueme, Salamanca.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lona, H. (2005) Die &#8216;&lt;i&gt;Wahre Lehre' des Kelsos&lt;/i&gt;, Herder, Freiburg i. Br.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Long, A.A.; Sedley, D.N. (2000) &lt;i&gt;The Hellenistic Philosophers&lt;/i&gt;, Vol. 2, Cambridge University Press, Cambridge.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;L&#246;wy, M. (1999) &lt;i&gt;Guerra de dioses. Religi&#243;n y pol&#237;tica en Am&#233;rica Latina&lt;/i&gt;, Siglo XXI, M&#233;xico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;L&#252;bbe, H. (1986) &lt;i&gt;Religion nach der Aufkl&#228;rung&lt;/i&gt;, Styria, Graz-Wien-K&#246;ln.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lyotard, J.-F. (1989) &lt;i&gt;&#191;Por qu&#233; filosofar?&lt;/i&gt;, Paid&#243;s, Barcelona.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ortiz, G. (2013) Am&#233;rica Latina. &lt;i&gt;&#191;Una modernidad diferente?&lt;/i&gt;, EDUCC, C&#243;rdoba.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pigeaud, J. (1989) &lt;i&gt;La maladie de l'&#226;me. Etude sur la relation de l'&#226;me et du corps dans la tradition m&#233;dico-philosophique Antique&lt;/i&gt;, Les Belles Lettres, Paris.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ritter, J.; Gr&#252;nder, K., Gabriel, G. (eds.), &lt;i&gt;Historisches W&#246;rterbuch der Philosophie&lt;/i&gt;, Tomo 10, Schwabe, Basel 1998.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb3-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Se asocia inmediatamente a este dicho popular franc&#233;s, hecho propio por ambos autores alemanes, la contundente afirmaci&#243;n de Nietzsche en el Ep&#237;logo de su Contra Wagner: &#8220;&lt;i&gt;Tout comprendre - c'est tout m&#233;priser&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;No obstante, es preciso decir que ya en el texto evang&#233;lico la idea del dominio y control de s&#237; se encuentra presente, como en 1 Tes 4:5.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
		<enclosure url="https://journal.eticaycine.org/IMG/pdf/jeyc_marzo_2014_fonti_agora.pdf" length="2141378" type="application/pdf" />
		

	</item>



</channel>

</rss>
