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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>Edward-scissors-hands, one name of the father</title>
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		<dc:date>2018-05-12T01:19:49Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Fabi&#225;n Schejtman</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This article is based on a conference given on October 17, 2013, in the Faculty of Psychology of the University of Buenos Aires. Based on the notions of father, symptom, &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, discourse and semblant in the perspective of the teachings of Jacques Lacan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Key Words:&lt;/strong&gt; father | symptom | &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt; | discourse | semblant&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-4-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 04 | N&#186; 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Edward-Scissorhands-un-nombre-del-padre' class=&#034;spip_in&#034;&gt;&lt;i&gt;Edward Scissorhands&lt;/i&gt;, un nombre del padre&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Edward Scissorhands, un nombre del padre </title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Edward-Scissorhands-un-nombre-del-padre</link>
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		<dc:date>2018-04-18T23:01:00Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Fabi&#225;n Schejtman</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen:&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este art&#237;culo se basa en una conferencia dictada el 17 de Octubre de 2013 en la Facultad de Psicolog&#237;a de la Universidad de Buenos Aires. En &#233;l se propone una lectura del film &lt;i&gt;Edward Scissorhands&lt;/i&gt; (Tim Burton, 1990), a partir de las nociones de padre, s&#237;ntoma, &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, discurso y semblante en la perspectiva de la ense&#241;anza de Jacques Lacan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt; padre | s&#237;ntoma | sinthome | discurso | semblante.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Edward-scissors-hands-one-name-of-the-father' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-4-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 04 | Nro 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Presentaci&#243;n&lt;/strong&gt; (Juan Jorge Michel Fari&#241;a):&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Damos inicio a la actividad de hoy, la tercera de la Semana de &#201;tica y Cine, para la cual tenemos como invitado al profesor Fabi&#225;n Schejtman &#8211;a quien ustedes conocen bien porque han cursado la materia Psicopatolog&#237;a, de modo tal que la charla que va a tener lugar a continuaci&#243;n opera como suplemento de los conceptos que habitualmente &#233;l imparte en esta Facultad. No es la primera vez que Fabi&#225;n Schejtman tiene la gentileza de acompa&#241;arnos en una clase, lo ha hecho siempre para presentar cuestiones que articulan cl&#237;nica y &#233;tica, pero dado que recientemente la c&#225;tedra de Psicopatolog&#237;a II ha inaugurado el &#8220;Canal Lacan&#8221;, nos hemos atrevido esta vez a convocarlo con el pedido expreso de que nos hable de una pel&#237;cula. CANAL, como tambi&#233;n ANCLA, son anagramas de LACAN, y el Canal Lacan &#8220;pasa&#8221; breves pel&#237;culas&#8230; La de esta ma&#241;ana, que no es breve, se ha hecho conocida entre nosotros como &#8220;El joven manos de tijera&#8221;. Recibimos con un aplauso a Fabi&#225;n Schejtman y le damos la palabra.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;1.	Introducci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Trabajo basado en la conferencia dictada por el autor en la Facultad de (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tengo un listado de nueve puntos. El primero de ellos es esta breve introducci&#243;n, que se inicia, sin m&#225;s, agradeciendo al profesor Michel Fari&#241;a la invitaci&#243;n a participar de esta Semana de &#201;tica y Cine. Y, especialmente, la oportunidad de volver a ver &#8220;El joven manos de tijera&#8221;, pel&#237;cula que he visto varias veces desde su aparici&#243;n en los a&#241;os &#8216;90, y que me permite hoy volver sobre una pregunta freudiana, un interrogante que Freud no ces&#243; de formularse &#8211;y Lacan lo sigui&#243; en eso&#8211;: &lt;i&gt;&#191;qu&#233; es un padre? &lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bien, prefiero nombrar a la pel&#237;cula -que inaugura la d&#233;cada de los '90, su estreno est&#225; fechado en 1990, precisamente- con el t&#237;tulo con que la bautiz&#243; su director Tim Burton: &lt;i&gt;Edward Scissorhands&lt;/i&gt;. Pero si me empujaran a traducirlo lo har&#237;a as&#237;: &lt;i&gt;Eduardo, el Manos-de-tijeras&lt;/i&gt;. El comentario que voy a hacer hoy es tambi&#233;n, en cierto modo, el comienzo de una despedida. El inicio, entonces, de una despedida de un trabajo que vengo llevando adelante desde hace tres a&#241;os con un grupo de colegas de la C&#225;tedra II de Psicopatolog&#237;a. Se trata de la actual investigaci&#243;n UBACyT que dirijo: &#8220;Versiones del padre en el &#250;ltimo per&#237;odo de la obra de Jacques Lacan&#8221;. Comenzamos en 2011 y terminar&#225; en 2014, as&#237; que ya estamos cerca del final. De modo que, seguramente, algunas de las conclusiones a las que hemos arribado podr&#225;n entreverse hoy en mi comentario de este film. Y, para comenzar con &#233;l, paso directamente a mi segundo punto, al que he titulado: &#8220;el padre traum&#225;tico&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;2.	El padre traum&#225;tico &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ustedes estar&#225;n acostumbrados, y probablemente en parte por el trabajo que llevamos adelante en la c&#225;tedra a mi cargo, a entender el nombre-del-padre en t&#233;rminos metaf&#243;ricos. Me refiero, claro est&#225;, a la noci&#243;n de met&#225;fora paterna con la que Lacan lee el complejo de Edipo en Freud. Como una instancia reguladora del deseo m&#225;s o menos loco de la madre. Quien haya tenido una madre puede entender que Lacan suponga que hay all&#237; algo insensato, basta con que yo apele a la experiencia de cada uno de ustedes con vuestras madres. Y entonces uno entiende que esa f&#243;rmula, que hoy voy a reducir a esto&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_232 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L300xH77/00_significacion_falica_chico-9b38c.jpg?1775195324' width='300' height='77' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&#8230;es decir, el nombre del padre sobre el deseo de la madre, implica una tachadura, una limitaci&#243;n de esa locura inicial que supone ese deseo materno insensato al que el nombre del padre, por su interpretaci&#243;n, intenta agregar un sentido, una significaci&#243;n que Lacan va a llamar f&#225;lica. Bien, se trata de los rudimentos de lo que Lacan llama met&#225;fora paterna: el nombre del padre interpreta que la madre quiere falo y, en este sentido, entrega significaci&#243;n a un deseo que inicialmente se presenta insensato. De all&#237; se seguir&#237;a, entonces, una versi&#243;n de la funci&#243;n paterna entendida como regulaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No est&#225; mal para empezar. Sin embargo, a este padre simb&#243;lico, que es el de la met&#225;fora paterna, a este padre-la-ley, Lacan le adiciona tempranamente otras versiones. Vayan al &lt;i&gt;Seminario 4&lt;/i&gt; y ya encontrar&#225;n all&#237;, al padre real y al padre imaginario, que se agregan pronto a este padre simb&#243;lico, lo cual otorga una perspectiva m&#225;s justa a la lectura de Lacan del complejo de Edipo freudiano. El Edipo, en Freud, no se deja reducir por la met&#225;fora paterna, por la apuesta l&#243;gica que supone ese abordaje. No s&#243;lo hay el padre regulador, hay tambi&#233;n el padre traum&#225;tico. Lacan lo dice finalmente con todas las letras m&#225;s adelante en su ense&#241;anza: en el &lt;i&gt;Seminario 19&lt;/i&gt;, que se llama &lt;i&gt;&#8220;&#8230; o peor&#8221;&lt;/i&gt;, indica hasta qu&#233; punto el padre es algo que traumatiza. Y luego, como si eso fuera poco, plantea que la posici&#243;n del psicoanalista en la cura es precisamente esa, la del padre traum&#225;tico. Pero, sin adentrarnos en esto &#250;ltimo, &#191;qu&#233; es este padre traum&#225;tico?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hoy dir&#233; que el padre traum&#225;tico no es otra cosa que&#8230; su falla. La falla del padre. O para decirlo m&#225;s fuertemente todav&#237;a, la inexistencia de Dios -que no es sino un nombre del padre-. Hay entonces la falla del padre y esa falla es primaria. Cuando digo primaria me refiero a lo que Freud llam&#243; identificaci&#243;n, que &#233;l adjetiv&#243;, precisamente, como primaria en &lt;i&gt;El yo y el Ello&lt;/i&gt;. Recordar&#225;n el cap&#237;tulo VII de &lt;i&gt;Psicolog&#237;a de las masas y an&#225;lisis del yo&lt;/i&gt;, donde Freud ubica esa identificaci&#243;n previa a todo lazo libidinal: el ni&#241;o toma al padre como su ideal. Para Lacan, lejos de regular, esa identificaci&#243;n traumatiza al organismo viviente. Es la invitaci&#243;n misma, formulada al viviente, a habitar el lenguaje. Pero m&#225;s que una invitaci&#243;n, es en verdad una conminaci&#243;n. Se empuja al viviente a habitar el mundo en que nosotros vivimos, que es un mundo de palabras. La identificaci&#243;n primaria es traum&#225;tica. Desvitalizadora. Mortificante. Perturba, enloquece la armoniosa relaci&#243;n que podemos suponer entre el animal y el objeto que calma su necesidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es sorprendente que Freud ligue esta identificaci&#243;n con el padre. Usualmente estamos acostumbrados a plantear m&#225;s bien a la lengua materna como enloquecedora y, luego, a la funci&#243;n paterna como regulaci&#243;n que se introduce secundariamente. Pero ahora estoy tratando de proponerles una idea distinta, pero siguiendo entonces a Freud mismo: hay algo perturbador en la funci&#243;n paterna misma, precisamente, del lado de lo que ubico como una falla inicial en el padre. Cuidado, no estoy hablando del padre fallado o fracasado que nos ha tocado en suerte. Porque efectivamente nuestro padre es, en efecto, m&#225;s o menos un pelotudo en esto o en aquello. Queda siempre un poco atravesado, a trasmano, a distancia del punto en el que hubiese convenido que est&#233;: por lo general no est&#225; a la altura de su funci&#243;n. Pero no me refiero a ello. Ese padre fracasado, o torpe sin m&#225;s, viene ya, en realidad, a redoblar una falla primaria. En todo caso es una suerte de imaginarizaci&#243;n, de encarnadura de la falla primaria del padre. No me refiero entonces al padre fallado que cada uno tiene, m&#225;s o menos in&#250;til, m&#225;s o menos inepto, sino al hecho&#8230; de que no hay Dios. O, como dice po&#233;ticamente Edward en la pel&#237;cula: &lt;i&gt;que no estamos terminados.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Quiz&#225;s lo recuerden, cuando Peg que es la madre adoptiva -la voy a denominar as&#237;, ya veremos-&#8230; cuando ella, entonces, mira sus manos, las de &#233;l, es decir las que &#233;l no tiene, cuando mira esas tijeras que tiene por manos, y le pregunta qu&#233; le ha sucedido, Edward le responde: &#034;&lt;i&gt;I'm not finished&lt;/i&gt;&#034; &#8211;&#8220;no estoy terminado&#8221;. Con esa ambig&#252;edad, adem&#225;s, a la que nos acostumbra el ingl&#233;s: ciertamente uno traducir&#237;a &#8220;no estoy terminado&#8221; pero es, al mismo tiempo, un &#8220;no soy terminado&#8221;, &#8220;no fui terminado&#8221;. &#191;Pero es que acaso alguno de ustedes s&#237;? &#191;Acaso alguno de nosotros s&#237; &lt;i&gt;fue terminado&lt;/i&gt;?&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_218 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/edward_1.jpg?1754362416' width='500' height='274' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;En &#250;ltima instancia eso es lo que permite, vamos a decirlo as&#237;, la identificaci&#243;n del espectador con el muchacho, con el joven manos-de-tijeras. Estamos tan mal hechos como &#233;l. Tan poco terminados como &#233;l. Y eso, finalmente, porque el lenguaje &lt;i&gt;no nos hace bien&lt;/i&gt;. Lo que hay que escuchar en los dos sentidos que pueden captarse en &#8220;&lt;i&gt;no nos hace bien&lt;/i&gt;&#8221;. Y, se entiende, estoy ubicando adem&#225;s al padre en ese lugar: el padre-lenguaje &lt;i&gt;no nos hace bien&lt;/i&gt;. &#201;se es el padre traum&#225;tico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El lenguaje traumatiza al organismo. El lenguaje es esa enfermedad en la que estamos capturados y que hace que ya en nuestro mundo -que es este mundo de palabras al que me refer&#237;a antes-, no haya rastros de satisfacci&#243;n instintiva, de satisfacci&#243;n de las necesidades. Puesto que la satisfacci&#243;n de la necesidad est&#225; atravesada en el humano por el hecho de que al objeto necesario&#8230; hay que pedirlo. Y ya pedirlo lo vuelve perdido. Efectivamente, en los llamados seres humanos, entonces, la satisfacci&#243;n del instinto se vuelve tan perturbada que s&#243;lo entre nosotros, los humanos, se constatan por ejemplo, esos trastornos tan extendidos actualmente como son la anorexia y la bulimia. El sencillo hecho de alimentarse se vuelve perturbado en el ser hablante por habitar el lenguaje. La reproducci&#243;n, el sue&#241;o, la alimentaci&#243;n, las funciones vitales b&#225;sicas, est&#225;n trastornadas por el lenguaje. No hay en la animalidad nada comparable. Y que no se objete que eso s&#237; ocurre en los animales dom&#233;sticos&#8230; puesto que, precisamente, ellos habitan el &lt;i&gt;domus&lt;/i&gt;, la casa del hombre. Entonces, pueden estar afectados, claro est&#225;, hasta donde eso es posible en el animal, por esa enfermedad palabrera que nos caracteriza. Y entonces, puede ser que el perro s&#243;lo quiera alimentarse con &lt;i&gt;Dogui&lt;/i&gt;, o que se deje morir de hambre al lado de la tumba de su due&#241;o, reci&#233;n fallecido. Pero, de ning&#250;n modo se constata en ellos, ni aun as&#237;, el modo en que son trastocadas las funciones vitales en el humano promedio. No se ha visto que el mosquito tenga preferencias por mosquitas en particular o los toros por vacas especiales&#8230; nada de lo que Freud llam&#243; condiciones de amor, que hacen que a un hombre no le venga bien cualquier mujer. Aunque, claro est&#225;, cuando la mano del hombre se introduce en la reproducci&#243;n animal, las cosas cambian un poco: si se pretende conseguir un &#8220;pura sangre&#8221; no se va a cruzar a tal caballito con cualquier yegua.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, el lenguaje no nos hace bien, quiere decir, en primer lugar, que nos enferma. El lenguaje es, para Lacan, una enfermedad. Es un virus, o un par&#225;sito que hace que ciertamente no haya normalidad en el ser que habla sino, solamente, patolog&#237;a. El lenguaje no nos hace bien, en ese sentido, nos enferma, pero adem&#225;s, en segundo lugar, no nos hace bien quiere decir, nos hace fallados. El &#250;ltimo Lacan llega a proponerlo en t&#233;rminos nodales. Se&#241;ala que la estructura del ser hablante es nodal, pero se trata de un nudo&#8230; que no est&#225; anudado bien. El nudo del humano es un nudo mal hecho. Y, entonces, se vuelven necesarios las reparaciones, los remiendos. Por all&#237; despunta, para Lacan, la noci&#243;n de &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;&#8230; y es mi tercer punto, coordinado con las versiones del padre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;3.	&lt;i&gt;Sinthome&lt;/i&gt; y versiones del padre &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En junio de 1975 Lacan introduce al &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; en su ense&#241;anza en oportunidad del &lt;i&gt;V Simposio James Joyce&lt;/i&gt;, al que es invitado. Y luego estabiliza esta noci&#243;n conceptualmente a lo largo de su vigesimotercer seminario, precisamente, &#8220;&lt;i&gt;El sinthome&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; est&#225; lejos de ser aquello que muchos creen: un resultado del fin del an&#225;lisis. Basta con considerar el hecho de que cuando Lacan se sirvi&#243; de un caso para introducirlo en su ense&#241;anza, se vali&#243; del de alguien que no solamente no termin&#243; un an&#225;lisis, sino que ni lo comenz&#243;: James Joyce. As&#237;, no propuso que el &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt; ser&#237;a un resultado a alcanzar en una cura anal&#237;tica: hay &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; antes, durante y tambi&#233;n&#8230; despu&#233;s de un an&#225;lisis. El &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, m&#225;s bien, fue planteado por Lacan como aquello que permite que sus tres registros -real, simb&#243;lico e imaginario- se mantengan enlazados. M&#225;s precisamente, es lo que viene a reparar la falla del nudo&#8230; porque estamos mal hechos. Habitar el lenguaje impide que lo real, lo simb&#243;lico y lo imaginario se anuden por s&#237; mismos. Entonces hay que agregar un cuarto elemento al que Lacan denomina &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;. Pero, y conviene que lo destaque ahora, al que tambi&#233;n llama&#8230; &lt;i&gt;p&#232;re-versi&#243;n&lt;/i&gt;: versi&#243;n del padre. Porque el lenguaje nos ha hecho mal, porque el padre-lenguaje nos traumatiza, porque el nudo falla, debemos inventar versiones del padre que re-anuden el nudo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay un momento crucial en el film, vayamos a &#233;l, un embudo temporal en que la pel&#237;cula parece detenerse, es casi una instant&#225;nea: es el momento en que Vincent Price, el padre del manos-de-tijeras, como regalo de navidad le entrega unas manos. Finalmente su criatura llegar&#225; a tener manos, por fin. Va a ser un muchacho completo. Es una especie de Pinocho, &#191;no? El robot o el mu&#241;eco de madera que finalmente llegar&#225; a ser un ni&#241;o. Llegar&#225; a ser terminado como corresponde. Y bien, en ese preciso momento el padre desfallece. Tiene una especie de ataque card&#237;aco, se muere. Y el pobre muchacho con sus tijeras rompe las manos que su pap&#225;-inventor le iba a entregar. Y termina&#8230; no terminado. Lo que luego obliga a lograr alg&#250;n orden de suplencia, de reparaci&#243;n, de &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_219 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/edward_2.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/edward_2.jpg?1754362417' width='500' height='335' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Cuando Peg lo encuentra en el castillo, el lugar donde este muchacho ha vivido en soledad hasta entonces, en una especie de cama que tiene all&#237;, en el altillo, se ven pegados en la pared recortes de diarios. Uno de ellos hace alusi&#243;n a un ni&#241;o que nace sin ojos y que entonces&#8230; lee con las manos. Este es el punto: hay una falla y hay que ver con qu&#233; se la suple. Se nace sin ojos, se nace sin manos. Es preciso arregl&#225;rselas de todos modos, arregl&#225;rselas con lo que falla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Edward fue hecho sin manos. El plan no se llev&#243; hasta el final. Aunque si se piensa un poco, el plan original es muy raro. En alg&#250;n momento se muestran las hojas del libro, del libro donde est&#225;n planificados los pasos por los cuales el robot va a devenir hombre. &#191;A qui&#233;n se le hubiese ocurrido que para que el tipo tenga manos primero ten&#237;a que pasar por un estadio en donde las tijeras ocupan ese lugar? Es extra&#241;o, &#172;&#191;no? Bueno, de todos modos qued&#243; all&#237;, imperfecto. No lleg&#243; al &#250;ltimo cap&#237;tulo del libro, le faltaron las manos, justamente. &lt;br class='autobr' /&gt;
Un plan que no se lleg&#243; a concluir. &#191;Hay un plan para nosotros? &#191;Dios, si lo hubiese, ten&#237;a un plan para hacernos perfectos? Porque es bien evidente que estamos lejos de ello. Mucho m&#225;s ac&#225; del supuesto &#250;ltimo cap&#237;tulo del plan divino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bien, hoy a ese padre traum&#225;tico lo llamar&#233; tambi&#233;n as&#237;: el padre-lapsus. El &#250;ltimo Lacan, el Lacan del &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, vuelve operativo cl&#237;nicamente al &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; cuando lo aparea con una noci&#243;n que es la del lapsus del nudo. Tomen ustedes el nudo m&#225;s sencillo o, en todo caso, uno de los m&#225;s sencillos -no me meter&#233; ahora con el borromeo-, el nudo llamado de tr&#233;bol&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_233 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L237xH209/00_circulo_1-4978b.jpg?1775195324' width='237' height='209' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Es un tr&#233;bol com&#250;n y corriente de tres hojas, busquen el de cuatro, pues no lo van a encontrar, pero quiz&#225;s tienen suerte&#8230; A este nudo por m&#225;s que lo sacudan nunca va a poder convertirse en esto&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_234 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L237xH209/00_circulo_2-5d585.jpg?1775195324' width='237' height='209' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&#8230; que en teor&#237;a de nudos se llama nudo trivial, el nudo redondel. Porque el tr&#233;bol tiene tres puntos de cruce que no se deshacen aunque lo sacudan:&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_235 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L237xH209/00_circulo_3-f019e.jpg?1775195324' width='237' height='209' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Pero introduzcamos lo que Lacan llama lapsus del nudo: que en alguno de los puntos de cruce cambiemos y la cuerda que pasa por arriba la hacemos pasar por debajo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_236 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L346xH251/00_circulo_4-bc7d8.jpg?1775195324' width='346' height='251' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Ac&#225;, como se ve, introduzco en el punto de cruce 2 un lapsus del nudo. Si yo ahora tomo esta orejita y la coloco para abajo me queda un ocho. Lo destuerzo y tengo el nudo trivial.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_240 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L469xH198/00_circulo_5-2-31649.jpg?1775195324' width='469' height='198' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Esto, entonces, ya no es un tr&#233;bol, es un pseudotr&#233;bol es un trivial con forma de tr&#233;bol, porque ya no soporta la sacudida. Si yo lo sacudo un poco se convierte r&#225;pidamente en nudo trivial. Y al pseudotr&#233;bol, al tr&#233;bol fallado, lo puedo reparar agreg&#225;ndole un bucle&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_239 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L237xH209/00_circulo_6-fa632.jpg?1775195324' width='237' height='209' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&#8230; al que, precisamente, Lacan llama &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;. Ese bucle agregado que viene a reparar el punto en el que el trazado del nudo comete un error, ese remiendo es el &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;. El lapsus del nudo es la falla en la escritura que hace que en lugar de tener un tr&#233;bol tengan un pseudotr&#233;bol, un tr&#233;bol fallado, y el &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt; no es otra cosa que esa reparaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bien, estoy diciendo entonces que el padre traum&#225;tico no es otra cosa que el lapsus mismo del nudo que hace que el nudo del ser hablante se suelte, y eso obliga a las reparaciones, remiendos, al sinthome o, a lo que hoy ubicamos como versiones del padre, &lt;i&gt;p&#232;re-versiones.&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Que sean perversas quiere decir que no hay reparaciones o remiendos normales: todas, en esto o en aquello, son un tanto desviadas&#8230; de la normalidad, si es que algo as&#237; existe. Un &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, una &lt;i&gt;p&#232;re-version&lt;/i&gt;, ya es una invenci&#243;n singular que remienda, que ata, que introduce alg&#250;n orden de funcionamiento, por chiflado o estrafalario que sea, ah&#237; donde eso no anda, donde el traumatismo &#8220;nos hizo mal&#8221;. Y este funcionamiento que introduce el &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; se distingue muy bien del s&#237;ntoma. Porque al s&#237;ntoma Lacan lo define as&#237;: el s&#237;ntoma es lo que viene de lo real e impide que las cosas anden. El s&#237;ntoma es un disfuncionamiento. Mientras que el &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; ya es hacer algo para que eso funcione de todos modos. As&#237;, estamos mal hechos y el s&#237;ntoma grita que las cosas no andan y que no hay Dios. Mientras que el &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt; las hace andar aun as&#237;, gracias a alguna versi&#243;n&#8230; de Dios. Mal hechos como estamos, imperfectos como somos, eso de todos modos encuentra una manera de que funcione. Se hace a partir de alg&#250;n remiendo, de alguna invenci&#243;n, singular, de alg&#250;n nombre del padre, pero el nombre del padre es algo a inventar. Un nombre del padre es un tratamiento para el s&#237;ntoma, tiene, as&#237;, funci&#243;n de &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;. Un nombre del padre es una versi&#243;n del padre que hay que inventar, que nos vemos obligados a inventar &#191;por qu&#233;? Porque no hay &#8220;El padre&#8221;, porque no hay Dios, porque eso falla.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Recuerdo un hermoso relato de Macedonio Fern&#225;ndez que no voy a leerles ahora, sino s&#243;lo evocarlo. B&#250;squenlo, se llama: &#8220;Una imposibilidad de creer&#8221;. Ese enorme escritor y fil&#243;sofo que fue Macedonio se refiere, en ese relato, a un padre que va con su hijo tomado de la mano, a la vera del r&#237;o, vuela una mariposa, el ni&#241;o intenta alcanzarla y cae al r&#237;o. El padre se tira al agua para salvarlo&#8230; se ahoga antes que el ni&#241;o. En fin, mueren los dos. Macedonio contin&#250;a. &#201;l, Macedonio, que nunca crey&#243; en el m&#225;s all&#225;, que no tiene idea de para&#237;so alguno, se resiste, sin embrago a creer que la Realidad &#8211;con R may&#250;scula, es decir, otro nombre de Dios- que la Realidad no le d&#233; una oportunidad a ese ni&#241;o para reencontrarse con ese padre, y que el padre puede decirle que no lo salv&#243;&#8230; pero porque muri&#243; antes. Que el ni&#241;o no se vaya con la idea de que el padre le solt&#243; la mano&#8230;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;El relato de Macedonio Fern&#225;ndez dice as&#237;: &#8220;Un padre y un ni&#241;o de doce (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Resuenan en ese relato, claro est&#225;, las palabras de Jes&#250;s, justo antes de morir en la cruz: &#8220;&lt;i&gt;El&#237;, El&#237;, Lama Sabachtani&lt;/i&gt;&#8221;, &#8220;&lt;i&gt;&#191;Padre porque me has abandonado?&lt;/i&gt;&#8221; Resuena en &#233;l tambi&#233;n ese sue&#241;o al que Freud se refiere en &lt;i&gt;La interpretaci&#243;n de los sue&#241;os&lt;/i&gt; y que Lacan comenta en su &lt;i&gt;Seminario 11&lt;/i&gt;: &#8220;&lt;i&gt;Padre, &#191;no ves que ardo?&lt;/i&gt;&#8221; Redobl&#233;moslo as&#237;: Padre, &#191;por qu&#233; me has hecho tan imperfecto? &#191;Por qu&#233; no me has terminado? &#191;Por qu&#233; no me has dado manos? &#191;Por qu&#233; me has soltado la mano? Toca un punto que es precisamente el de la falla del sujeto, que no proviene sino&#8230; de la falla del padre: &#233;se es el trauma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;4.	El s&#237;ntoma, que se corta solo&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es el punto, entonces, del traumatismo que hace que el nudo del ser hablante falle y haya s&#237;ntoma. Eso deja al sujeto trastocado, un poco mal parado. Pero, precisamente, de ese trastocamiento se extrae cierta satisfacci&#243;n. Una que es inexistente en el campo de la animalidad: la introduce en el viviente, justamente, el trauma de habitar el lenguaje. Freud la llam&#243; satisfacci&#243;n pulsional y destac&#243;, especialmente, su car&#225;cter autoer&#243;tico y su efecto de fragmentaci&#243;n. Est&#225; en el n&#250;cleo mismo del s&#237;ntoma, no del &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, del s&#237;ntoma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;V&#233;anlo en el Manos-de-tijeras. &#191;Qu&#233; cosa? La satisfacci&#243;n que se pone en juego por el hecho de que &#233;l no ha sido bien terminado. El s&#237;ntoma no anuda -como el &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;-, el s&#237;ntoma corta y &#233;l, Edward, se corta. Se llena la cara de tajos. Son las tijeras vueltas sobre s&#237;. Sobre el cuerpo del sujeto. Sobre algo que ni siquiera podemos llamar cuerpo, en un sentido estricto, porque estamos m&#225;s ac&#225; del estadio del espejo: es la fragmentaci&#243;n. La falla del nudo hace s&#237;ntoma, del que se desprende una satisfacci&#243;n, que viene, claro est&#225;, en el lugar de la satisfacci&#243;n que no hay, porque estar fallados, que el nudo falle, que el padre nos haya hecho tan mal, impide la satisfacci&#243;n-toda, la satisfacci&#243;n absoluta, en fin, la del para&#237;so, si lo hubiera, o m&#225;s a&#250;n, la de Dios, si lo hubiese. Pero en su lugar, porque no hay esa satisfacci&#243;n absoluta, porque no hay el goce-todo, pues bien, tenemos el goce autoer&#243;tico.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La satisfacci&#243;n b&#225;sica en el ser hablante es una satisfacci&#243;n que vuelve sobre s&#237;. Los labios que se besan&#8230; a s&#237; mismos, se&#241;ala Freud, &#233;se es el nivel del autoerotismo. Aqu&#237;, las tijeras, operando sobre s&#237;&#8230; que a&#250;n no es un s&#237; mismo, en sentido estricto. Estoy hablando, no del &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; que como se&#241;al&#233; es un intento de encontrar una soluci&#243;n, estoy hablando de lo que hace s&#237;ntoma, lo que desprende goce pulsional. Y aqu&#237;, para este sujeto, para Edward, el s&#237;ntoma fundamental es&#8230; tijeras. Cuidado, no lo llamo a&#250;n en este nivel &#8220;El Manos-de-tijeras&#8221;, porque eso ser&#237;a ya haberse hecho un nombre y saber-hacer con el s&#237;ntoma, y eso, hacer uso del s&#237;ntoma, va a ser funci&#243;n del &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, que es ya soluci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El s&#237;ntoma, no el &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, para Lacan es acontecimiento de cuerpo. Es la marca en el cuerpo del ser hablante del hecho de que estamos traumatizados por el lenguaje. Cada quien ha sido traumatizado por el lenguaje de un modo singular y entonces su s&#237;ntoma es singular. El modo con el que est&#225; hecho o deshecho -si ustedes quieren- el nudo, es bien singular. El s&#237;ntoma fundamental -Lacan habla de fantasma fundamental, aqu&#237; doy un paso-, el s&#237;ntoma fundamental del ser hablante no es otra cosa que las marcas que quedan en el cuerpo -un cuerpo que a&#250;n no es el cuerpo especular-, en lo real del cuerpo, por el hecho de que no hay Dios. Por el hecho de que el padre no nos hizo bien. En este caso, lo deja a Edward sin manos. Pero, en el lugar mismo de esa falla, est&#225;n las tijeras que no tienen de inicio otra funci&#243;n que marcar el cuerpo del muchacho, volverse sobre s&#237;, tajearlo. Por eso titul&#233; este punto, el punto cuatro, &#8220;El s&#237;ntoma, que se corta solo&#8221;. En efecto, se corta solo, como a veces decimos. Por un lado, no hace lazo, supone un goce &#8220;auto&#8221;, que no pasa por el Otro, ni nos pone en relaci&#243;n con los otros. Pero tambi&#233;n, va a contramano del bienestar. No es homeost&#225;tico es anti-homeost&#225;tico. Empuja, dir&#237;a Freud, m&#225;s all&#225; del principio de placer. El &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, por el contrario, al poner en juego un uso del s&#237;ntoma, al reparar la falla, al anudar los registros, tiende a la homeostasis.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;5.	Discurso, adopci&#243;n, semblante y uso del s&#237;ntoma&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En lo que digo se deja entrever una construcci&#243;n temporal. Pero se trata de l&#243;gica, antes que de cronolog&#237;a. Tiempos l&#243;gicos, entonces. Primero, el padre-trauma, eso deja una marca en el &#8220;cuerpo&#8221;, acontecimiento de cuerpo que se llama s&#237;ntoma, marca a la que se fija el goce autoer&#243;tico. El s&#237;ntoma es letra de goce. Luego, es necesario que ese goce se civilice. &#191;Y c&#243;mo se civiliza el goce auto en nuestro joven Manos-de-tijeras? Llaman a la puerta de su casa, que es ese castillo abandonado. Se trata de una voz femenina que le dice: &#8220;&lt;i&gt;Avon calling!&#8221;&lt;/i&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es as&#237;, &lt;i&gt;Avon &lt;/i&gt; te llama. A &#233;l lo llama. Llega as&#237; la vendedora de &lt;i&gt;Avon&lt;/i&gt; que es la responsable, en este caso, de &#8220;entrarlo&#8221; en la civilizaci&#243;n. Ella terminar&#225;, como saben, maquillando las cicatrices del s&#237;ntoma. El maquillaje aqu&#237; no es poca cosa. Marca la llegada del semblante, del discurso, de la civilizaci&#243;n. El s&#237;ntoma corta y, luego, tienen ustedes un remedio introducido por una v&#237;a que es discurso, y no hay discurso&#8230; que no sea del semblante. La empresa &lt;i&gt;Avon&lt;/i&gt; representa aqu&#237; la maquinaria discursiva que intenta civilizar el goce autoer&#243;tico. Pero se trata, de algo m&#225;s que de una operaci&#243;n de civilizaci&#243;n. Como lo anticip&#233;, es propiamente una adopci&#243;n. Se ve surgir all&#237; la presencia de una madre dispuesta a adoptar, a alojar amorosamente. El semblante tiene all&#237; soporte en una presencia corporal amorosa.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Retomemos. En el inicio, hay la soledad del Uno. Del Uno solo y mal hecho. Del Uno sin terminar. Y ello por habitar el lenguaje. No por el discurso, por el lenguaje. El discurso se sobreagrega, m&#225;s bien, al lenguaje, es una maquinaria que introduce ya el lazo social. Y Lacan, quiz&#225;s lo saben, en su &lt;i&gt;Seminario 17&lt;/i&gt;, establece cuatro modos de lazo social: los cuatro discursos, el discurso del amo, el discurso universitario, el discurso hist&#233;rico, el discurso anal&#237;tico. Pero, el discurso se monta, sobre el lenguaje. El principal del ellos, el primero de los discursos, el del amo, es precisamente el fundamento de lo que Freud llam&#243; complejo de Edipo, que es el dispositivo que regula, usualmente, el goce autoer&#243;tico. El Edipo regula, ordena el goce autoer&#243;tico, lo introduce, lo fuerza a entrar en la normalidad, que es, seg&#250;n Lacan, una &lt;i&gt;normachidad&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero quisiera que se detengan en esto: por lo general se piensa, como les dec&#237;a antes, que lo que se llama &#8220;madre&#8221; introduce lo traum&#225;tico, y que aquello que se denomina &#8220;padre&#8221; vendr&#237;a a regular, a introducir una ley ordenadora, en un segundo tiempo. No est&#225; mal, pero hoy estoy planteando las cosas de otra forma: propongo m&#225;s bien al padre como traum&#225;tico y, luego -tiempos l&#243;gicos, insisto-, la que hace ingresar al sujeto en el discurso, en el discurso regulador del Edipo, es una madre&#8230; que adopta. En el caso de Edward es bien evidente: lo va a buscar al castillo, lo ve en esa condici&#243;n, y no tiene ninguna duda, le dice: te vas a venir a vivir con nosotros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Peg, se trata de ella, lo toma de las pesta&#241;as -&#161;no lo va a tomar de las manos!-, quiero decir, lo empuja a dejar el castillo, y se lo lleva a esa ciudad de colores pasteles donde vive con su familia.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_226 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L400xH300/edward_9-e5330.jpg?1775195324' width='400' height='300' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El contrapunto es evidente: entre el castillo m&#225;s o menos l&#250;gubre y la ciudad de colores pasteles, en la que los hombres van a trabajar todos a la misma hora, de modo ordenado, todos los autos parten hacia el trabajo a las 7.30, digamos. Ese es el discurso del amo: todos los hombres, todos los autos, todos de los mismos colores pasteles, a la misma hora, de la casa al trabajo&#8230; y a las 8 de la noche, todos de vuelta. &#8220;De la casa al trabajo y del trabajo a la casa&#8221;. As&#237;, las cosas marchan. En efecto, el discurso viene a arreglar lo que no marcha: el s&#237;ntoma. Pone los s&#237;ntomas en fila, uniforma, y todos a marchar. Ser &lt;i&gt;adoptado &lt;/i&gt; supone, en cierta medida, ser &lt;i&gt;adaptado&lt;/i&gt;: aceptar ese orden discursivo, aqu&#233;l donde las cosas marchan.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por cierto que hay la adopci&#243;n, en un sentido espec&#237;fico, la instituci&#243;n de la adopci&#243;n, por la cual los ni&#241;os que, por la raz&#243;n que fuese, no tienen padres son, precisamente, adoptados por otros. El estado, por supuesto, es el que asigna a esos padres, el que establece las adopciones conforme a derecho. Pero yo me estoy refiriendo ahora a la adopci&#243;n en un sentido m&#225;s amplio: todos somos adoptados, aun quienes tenemos padres, somos, fuimos adoptados&#8230; por el discurso. Hemos sido tomados en una red discursiva y, es lo que ahora destaco, eso no es sin la participaci&#243;n de alg&#250;n elemento femenino. No retrocedo, no digo solamente materno, digo femenino. Aunque es cierto que en la cita de Lacan que enseguida les presentar&#233;, &#233;l se refiere a la madre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En su &lt;i&gt;Seminario 21&lt;/i&gt;, en el marco de una indicaci&#243;n extraordinaria respecto de la &#233;poca, aquella en la que sostiene que en la actualidad se prefiere, antes que el nombre del padre, otro tipo de nominaci&#243;n a la que llama &lt;i&gt;ser nombrado para&lt;/i&gt; -y no me ocupar&#233; de desarrollar aqu&#237; espec&#237;ficamente este asunto-, en ese marco entonces, y refiri&#233;ndose al ejercicio de la funci&#243;n del amor -ya que eso, el amor, es algo que debe ejercitarse-, Lacan destaca, justamente que para que el amor se ponga en funci&#243;n, el &#8220;no&#8221; del padre, la ley paterna que lo sostiene -al amor, al ejercicio del amor- s&#243;lo se transmitir&#237;a a partir de una posici&#243;n femenina, que no es otra, en este caso, que la de una madre que, con sus cabeceos, se&#241;ala, digamos, que esto s&#237; y que esto no. Lacan propone, entonces, que una madre traduce el nombre (&lt;i&gt;nom&lt;/i&gt;) del padre por un no (&lt;i&gt;non&lt;/i&gt;), es precisamente &#233;sa su funci&#243;n al introducir con su voz el no del padre. As&#237;, quien hace entrar en la casa discursiva al sujeto, la que &lt;i&gt;amor-tigua&lt;/i&gt; -escrib&#225;moslo as&#237;, con un gui&#243;n, para destacar la dimensi&#243;n amorosa que est&#225; en juego- el traumatismo de habitar el lenguaje por esta v&#237;a, es una mujer. Porque, de esa madre, lo que hay que destacar, muy justamente, es que respecto del horizonte de su deseo, un hombre no es ajeno. Y para el caso, el de Peg quiero decir, hay un hombre: ese pobre se&#241;or que en las v&#237;speras de la navidad pone luces de colores en el techo de la casa, precisamente, su marido.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bien, es Peg, entonces, quien con su deseo singular, m&#225;s all&#225; de la empresa a la que representa -&lt;i&gt;Avon&lt;/i&gt;- arranca al muchacho de su soledad autoer&#243;tica, &lt;i&gt;amor-tiguando&lt;/i&gt; el traumatismo de haber sido cortado, cortajeado por la lengua: lo saca del l&#250;gubre castillo, se lo lleva a su casa, lo introduce en el discurso. Voy a decirlo as&#237;: le enchufa el complejo de Edipo, como dice Lacan que Melanie Klein hizo con el peque&#241;o Dick. Ella lleva al Manos-de-tijeras a su casa y le dice: esto es una familia. Le muestra las fotos. Este es el pap&#225;, esta es la mam&#225;, &#233;se es el abec&#233; del discurso. &#191;C&#243;mo se aprende el discurso? Bueno, est&#225; la mam&#225;, est&#225; el pap&#225; y est&#225;n los hijos, esa es nuestra estructura discursiva m&#237;nima. Podemos hablar de las familias mono-parentales, claro est&#225;, de las familias m&#225;s o menos modernas, y aun as&#237;: el padre y la madre, aunque hayan dos padres, aunque hayan dos madres, y luego est&#225;n los hijos. Quiero decir, el discurso capitalista todav&#237;a no logr&#243; desbaratar absolutamente lo que se llama discurso del amo antiguo. Por lo menos no en esta pel&#237;cula, ambientada en los a&#241;os '70. Ustedes dir&#237;an que &lt;i&gt;Avon &lt;/i&gt; es una empresa multinacional. Bueno, pero vieron que ella, Peg, va casa por casa: eso es algo que efectivamente ya casi no existe. Ella contin&#250;a, persiste en su esfuerzo, aun cuando evidentemente sus vecinas ya no le dan pelota: ni la gordita que la recibe inicialmente, ni luego Joyce -&#161;no James!-, que est&#225; interesada en levantarse al que le est&#225; arreglando la heladera -y luego a Edward-, ninguna le da demasiada bola respecto de los productos que ella vende. Pero es, todav&#237;a, una venta bien personalizada. Ella ingresa en las casas, entra al dormitorio de la chica a la que quiere venderle no s&#233; qu&#233; cosm&#233;tico, se sienta, le habla del producto, le cuenta esto y aquello, en fin, despu&#233;s, esta chica le dice que no tiene con qu&#233; pagarle, pero ella entr&#243; a su casa. Finalmente, se dirige al castillo, quiz&#225;s encuentra alg&#250;n cliente all&#237;. Y, no, no encontr&#243; un cliente, encontr&#243; un hijo para adoptar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Somos adoptados por el discurso. El discurso nos adopta. Nos arranca del autoerotismo. Nos obliga a hacer lazo. Es importante esta idea. De origen el s&#237;ntoma no hace lazo. Hay un curso de Jacques-Alain Miller, muy lindo, que se llama El &lt;i&gt;partenaire-s&#237;ntoma&lt;/i&gt;, podr&#237;amos traducirlo en nuestro porte&#241;o: la pareja-s&#237;ntoma. Pero el s&#237;ntoma, de inicio, no hace lugar a la pareja. Supone, en cambio, un goce autoer&#243;tico al que hay que forzar para que se avenga a hacer lazo. Este es el asunto. El goce es goce del Uno y hay que empujarlo a pasar por el lugar del Otro. Y el discurso es eso: m&#225;quina que conduce al goce a enlazarse con el Otro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Entonces ella, Peg, fuerza a que el goce de las tijeras, a que el cortarse, se abra a la conversaci&#243;n con el Otro. Le &#8220;vende&#8221; su familia y el Manos-de-tijeras &#8220;compra&#8221;. Podr&#237;a no hacerlo, pero &#233;l no se decide por el autismo. Da un paso m&#225;s. Se deja adoptar. Es importante destacar, como lo hace Lacan cada vez que puede, que aqu&#237; hay elecci&#243;n. Porque podr&#237;a haber rechazo, mandar a pasear la propuesta de la adopci&#243;n. Pero aqu&#237; el sujeto acepta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vieron ustedes que Kim, la hija de Peg, quien ser&#225; a la postre la enamorada del Manos-de-tijeras, cuando llega -viene de no s&#233; qu&#233; aventura o campamento-, cuando entra a su habitaci&#243;n, en la que el muchacho est&#225; durmiendo ya que la madre lo ha dejado descansar all&#237;, y lo ve, enloquece, sale gritando, y el Manos-de-tijeras asustado le pincha todo su colch&#243;n de agua -&#161;es muy gracioso!-, entonces la madre viene a consolar a su hija y le dice: &#8220;es &lt;i&gt;nuestro &lt;/i&gt; Edward&#8221;. Y bien, ya lo adopt&#243;, es un hijo m&#225;s. Y no es s&#243;lo suyo, es parte de la familia, es &lt;i&gt;nuestro &lt;/i&gt; Edward.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y luego est&#225;, lo he anticipado, el tratamiento de la cicatriz. Lacan anhelaba un discurso que no fuese del semblante, pero no hay discurso que no lo sea. El semblante se localiza entre simb&#243;lico e imaginario y se opone, de alg&#250;n modo, a lo real del s&#237;ntoma. El semblante es, propiamente, el maquillaje. Y ella, Peg, intenta maquillar las heridas del muchacho, y lo hace&#8230; de acuerdo al manual de &lt;i&gt;Avon&lt;/i&gt;. Y cuando el manual no alcanza, llama por tel&#233;fono a su supervisora y con sus sabios consejos maquilla a Edward.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_227 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L499xH312/edward_10-0f643.jpg?1775195324' width='499' height='312' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Le maquilla la cara, en verdad, le hace un rostro. El discurso hace eso con nosotros, nos da un rostro. &#191;Han cre&#237;do que eso va de suyo? De ninguna manera, ni se tiene cuerpo, ni se dispone de un rostro: hay que adquirirlo. Hay que aceptar el semblante. No se puede andar desnudo por ah&#237;. El discurso viste, arropa. Y Peg le ofrece a Edward una vestimenta. El maquillaje en primer lugar y, luego, camisas&#8230; &lt;br class='autobr' /&gt;
&#191;C&#243;mo se mete la satisfacci&#243;n autoer&#243;tica en la camisa del lazo con el Otro? Es complicado. Edward no tiene idea de c&#243;mo se pone una camisa: &#161;y las tijeras no le pasan por las mangas! As&#237;, se rompe un poco al camisa y, sobre todo, se le saltan los botones. Y ya ella est&#225; all&#237; cosi&#233;ndoselos. Hay que escuchar a Peg en ese momento, es clave. Va terminando la costura y &#191;qu&#233; le dice al muchacho?: &#8220;Edward, us&#225; la tijera&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es muy claro, para terminar la costura hay que hacer un corte. Pero ya no es el auto-corte, el tijeretazo vuelto sobre s&#237;. Ella lo conduce al &#8220;uso&#8221; del instrumento sintom&#225;tico en el lazo con el Otro y con los otros. Es la primera vez que el sujeto usar&#225; su tijera fuera del goce autoer&#243;tico. La tijera encuentra un uso social: sirve ahora al vestirse. Este es un corte segundo. El primer corte fragmenta, pero &#233;ste, segundo, hace cuerpo, viste. Y por esta v&#237;a Peg habilita lo que terminar&#233; destacando como nominaci&#243;n en este caso: pone en funci&#243;n al &#8220;&lt;i&gt;Edward Scissorhands&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;6.	Chiste y nombre del padre&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Porque, propiamente, el Manos-de-tijeras ya es el tipo que hizo algo con las tijeras. Que supli&#243;, con el uso del instrumento, la falla del padre&#8230; que lo dej&#243;, a su vez, tan fallado. Ustedes saben c&#243;mo sigue eso: comienza con ese simple corte del hilo con que Peg cose los botones, contin&#250;a luego ya a la hora del almuerzo, cuando las tijeras vienen al lugar del tenedor y el cuchillo -con las dificultades que eso conlleva: &#161;pescar una arveja con una tijera!-, despu&#233;s viene la poda art&#237;stica de arbustos -hace dinosaurios y otras figuras en la poda de esas plantas- y, por fin, no contento con eso, se mete a peluquero. Primero de perros y despu&#233;s pasa a peluquero de damas, es decir, termina en &lt;i&gt;coiffeur&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_228 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L500xH280/edward_11-0236e.jpg?1775195324' width='500' height='280' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Es decir, la funci&#243;n social que adopta la tijera luego de que &#233;l consiente dejarse adoptar por el discurso lo conduce a la postre a hacerse un nombre. Que, tal vez vale la pena destacarlo ahora, en la pel&#237;cula, es propuesto, nuevamente por una mujer. Es Kim, la hija de Peg, finalmente su enamorada, quien lo llama as&#237;, el Manos-de-tijeras. Pero lo hace siendo ya abuela. Esa abuelita, se la recordar&#225;, que en el inicio del film cuenta toda la historia a su nieta no es otra que Kim. &#8220;&#191;Por qu&#233; nieva?&#8221;, le pregunta la ni&#241;a, su nieta. &#8220;Bueno, es una historia muy larga&#8221;, responde la abuela. &#8220;Hay que comenzar por el hecho de las tijeras&#8230;. &#191;qu&#233; tijeras? Bueno hay hombres, hombres, manos, tijeras&#8230; hombres que tienen tijeras por manos&#8230;&#8221; &#191;&lt;i&gt;Scissors&lt;/i&gt;?... &#191;&lt;i&gt;hands&lt;/i&gt;?... &#8220;&lt;i&gt;Scissorhands&lt;/i&gt;&#8221; sentencia finalmente la abuela Kim: Manos-de-tijeras. La nominaci&#243;n proviene de una mujer, una vez m&#225;s. Y con esa nominaci&#243;n, entonces, ya no estamos en el s&#237;ntoma, tr&#225;tase del &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, como se&#241;al&#233; antes, haberle dado ya al s&#237;ntoma, a lo que no anda, un uso, un uso social.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Luego, demos otro paso, ya se lo ve a Bill, que es el padre de esa familia, el esposo de Peg, podando los arbustos mientras escucha no s&#233; qu&#233; partido de futbol. Y mientras &#233;l poda, el Manos-de-tijeras poda tambi&#233;n, porque las tijeras ya han adoptado funci&#243;n social. El &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; es un saber-hacer. Es un saber-hacer&#8230; con lo que falla. No es un saber-hacer con lo que anda, es m&#225;s bien darle a lo que falla un uso. Es servirse de la falla del padre. Me han hecho sin manos&#8230; me vuelvo entonces un artista con las tijeras, &#233;ste es el punto. En el nivel social, cuando el s&#237;ntoma devino &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, llega incluso a presentar una cara chistosa. Hay una parrillada y se comienzan a escuchar los chistes: a &#233;l se dirigen. &#191;A qu&#233; puede jugar el Manos-de-tijeras? Adivinen: &#161;a piedra, papel, y&#8230; tijera! Y luego, los hombres del barrio lo invitan a jugar con ellos a las cartas: &#161;pero que no sea &#233;l quien &lt;i&gt;corte&lt;/i&gt;! Lo social se introduce con el chiste. No hay chiste autoer&#243;tico, hay chiste en el nivel del lazo con el Otro y con los otros. El Otro sanciona lo que uno dice como chistoso. No hay chiste sin Otro, ni otros.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Recuerden esa otra pel&#237;cula en la que lo traum&#225;tico se deja tramitar por el chiste, por el &lt;i&gt;Witz&lt;/i&gt;, por la agudeza: &lt;i&gt;La vida es bella&lt;/i&gt; de Roberto Benigni. All&#237; tienen a ese padre y a ese hijo en el campo de concentraci&#243;n. En medio del horror nazi tienen ustedes a ese padre que traduce el horror de las &#243;rdenes de aquel nazi que se para adelante del pabell&#243;n y le dice a los tipos lo que tiene que hacer. Lo traduce para el ni&#241;o, singularmente para su hijo, por un juego en el que hay que acumular puntos: &#8220;el primero que gane mil puntos ganar&#225; un tanque, un tanque aut&#233;ntico&#8221;. Esa es la funci&#243;n del padre, en el nivel de lo que se inventa, de lo que hace chiste, en este caso, del horror. El padre-&lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; es funci&#243;n de traducci&#243;n del trauma. Hace &lt;i&gt;Witz &lt;/i&gt; de lo traum&#225;tico&#8230; que, subr&#225;yenlo, &#161;tambi&#233;n hemos ligado con el padre!, traum&#225;tico en este caso. El padre es algo complejo. Y, agreguemos, en este &#8220;juego&#8221; de &lt;i&gt;La vida es bella&lt;/i&gt; no puede faltar, tampoco, una mujer en el horizonte: es la madre del ni&#241;o, la &#8220;&lt;i&gt;Principessa&lt;/i&gt;&#8221; del padre. Vean la pel&#237;cula si no lo han hecho, es imperdible. Una vez m&#225;s, donde no hay Dios -y, ciertamente, si existe un lugar que lo evidencia como ning&#250;n otro, es &#233;se: ni rastros de Dios en el campo de concentraci&#243;n-, donde no hay &lt;i&gt;El padre&lt;/i&gt;, en su lugar vienen las versiones del padre que son &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, intento de hacer algo con lo que falla. Un nombre del padre es as&#237;, precisamente, lo que se inventa en el lugar de la inexistencia de &lt;i&gt;El &lt;/i&gt; padre.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;7.	El Otro sexo y la supery&#243;-mitad &lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y ahora, consideremos por fin la relaci&#243;n con el Otro sexo. Ac&#225; espero no desilusionarlos porque, si bien es cierto que nuestro Manos-de-tijeras llega lejos en el nivel del trabajo, sea como jardinero, peluquero de perros o de damas, en el nivel de lo que se llama propiamente el amor, me refiero a sus lazos con el sexo Otro, que es el femenino, no llega tan lejos. Respecto del trabajo, con sus tijeras, no hay duda, se hace un &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;. Pero no acontece lo mismo con el amor. Si la salud, para Freud, supone trabajar y amar, en este &#250;ltimo &#225;mbito el muchacho queda en deuda, por m&#225;s Johnny Depp que lo interprete. Pero, sostengamos todav&#237;a la pregunta: &#191;Sabe hacer con las damas?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En fin, es cierto que teniendo tijeras por manos ya de entrada la cosa se le complica. Ac&#233;ptese que acariciar a una mujer se vuelve un tanto complejo de ese modo. Pero, bueno, podr&#237;an usarse otras partes del cuerpo. Vieron ustedes a esos pintores sin manos, que pintan con los pies. Bien, pero, sin entrar en eso, en diversos momentos de la pel&#237;cula se ve al muchacho m&#225;s bien a distancia del amor por una mujer, y ni qu&#233; hablar del sexo. No s&#243;lo cuando aquella mujer llamada Joyce, un tanto excedida en cuanto a su fogosidad, dig&#225;moslo as&#237;, se le arroja encima, cuando voltea la silla en la que ha sentado al Manos-de-tijeras en su flamante peluquer&#237;a, reci&#233;n inaugurada. El muchacho est&#225; evidentemente retirado de las cosas del amor. El amor, sino el deseo, no hay duda, lo abochorna excesivamente. Recordar&#225;n la escena en que es entrevistado por televisi&#243;n -&#161;es que se ha vuelto muy popular!&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_229 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/edward_tv.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/edward_tv.jpg?1754362417' width='500' height='276' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Y bien, le preguntan si tiene novia: el tipo se queda as&#237;, medio pavo, moviendo sus deditos-de-tijera nerviosamente, hasta que toca los cables del micr&#243;fono y se electrocuta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ya hay ah&#237; una posici&#243;n m&#225;s bien inhibida, no s&#233; si llamarla neur&#243;tica, no me meter&#233; hoy con la cuesti&#243;n diagn&#243;stica. Porque, en fin, si bien el muchacho no es un autista, no se puede dejar de considerar la posibilidad de abordarlo como un psic&#243;tico. As&#237; que, est&#225; en cuesti&#243;n si los recaudos que toma respecto del Otro sexo habr&#237;a que plantearlos m&#225;s cerca de la posici&#243;n del obsesivo, en el que la dama idealizada se superpone -Lacan habla propiamente de equivalencia- con la figura del padre y, entonces, se vuelve propiamente un amo -ella, en principio, ya veremos-, o de un modo m&#225;s radical, proponer que aqu&#237; el sujeto sostiene su distancia respecto de lo femenino porque llega a entrever que no cuenta con los recursos simb&#243;licos precisos para ello, lo que cl&#225;sicamente llamamos forclusi&#243;n del nombre del padre. Pero, se&#241;alo que no zanjar&#233; hoy esta cuesti&#243;n. Y la posici&#243;n de amo que Kim termina teniendo para &#233;l, de todos modos, puede sostenerse en cualquiera de esas dos posibilidades&#8230; u otras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es que, en efecto, &#233;l no deja de obedecerle. Ustedes saben que luego de peluquero, su habilidad con las tijeras lo transforma tambi&#233;n en&#8230; &#161;cerrajero! Y termina as&#237;, robando en la casa del tonto novio de Kim y, finalmente, &#161;en cana! M&#225;s tarde, ella lo interroga: &#8220;&#191;te sentiste muy mal al enterarte de que en realidad estabas robando en la casa de los padres de mi novio? Y &#233;l confiesa que ya sab&#237;a d&#243;nde estaba&#8230; que lo hab&#237;a hecho s&#243;lo porque ella se lo hab&#237;a pedido. Neurosis obsesiva o psicosis -por supuesto, con matices y consecuencias distintas- pero, &#233;l obedece lo que ella dice. Ella deviene para &#233;l un supery&#243; al que hay que acatar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &#8220;El Atolondradicho&#8221; Lacan forja el siguiente neologismo: &#8220;&lt;i&gt;surmoiti&#233;&lt;/i&gt;&#8221;. No s&#243;lo el supery&#243;, ni la media naranja, es la supery&#243;-mitad. Una mujer puede perfectamente ser la supery&#243;-mitad de un hombre. Es el caso: Kim lo es para Edward. Tus deseos son &#243;rdenes, mi querida. &#191;Por qu&#233; lo hiciste? Porque t&#250; me lo pediste. No hay mucho espacio para que &#233;l tenga dudas al respecto, la mujer se lo dice, &#233;l lo tiene que hacer. Eso ya no es amor, salvo que se hable del amor por la supery&#243;-mitad. Desde ah&#237;, la verdad, las cosas no andan bien para este muchacho, la historia se complica un poco. Al final se ve que &#233;l se queda detenido, independientemente de que la cana lo suelte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;8.	Danza y detenimientos&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Aqu&#237; les propongo otra instant&#225;nea, que se suma a aquella inicial de Edward con su padre: la mano de ella recibiendo los copos de nieve&#8230;&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_230 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/edward_12.jpg?1754362417' width='500' height='271' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Ustedes recordar&#225;n esa escena, es memorable como lo es el instante del fantasma. La m&#250;sica y &#233;l &#8220;podando&#8221; el hielo, esculpiendo ese &#225;ngel de hielo con sus tijeras, y entonces, la nieve, la nieve que est&#225; ya al comienzo de la pel&#237;cula, y ella que danza bajo una lluvia de nieve. &lt;br class='autobr' /&gt;
Danza, Kim, seguramente, enamorada de &#233;l. Porque, no hay duda, &#233;l le habla dirigi&#233;ndose a su fantasma, el de ella. Y entonces acierta con ella, como dice Lacan, le habla con los t&#233;rminos de su fantasma, los de ella. Y quiz&#225;s Kim, entonces, enamorada danza. Porque el instante del fantasma, aqu&#237;, es el instante del fantasma de ella, ella danzando debajo de la lluvia de nieve.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y en ese instante ella queda detenida, coagulada. Podr&#237;a haber ido al castillo a buscarlo alg&#250;n d&#237;a, &#191;no? Pero no, aparentemente nunca fue. Lo sabemos porque ella-abuela est&#225; todav&#237;a all&#237;, so&#241;ando con su danza-bajo-la-nieve y relat&#225;ndosela a su nieta. En fin, ella tambi&#233;n tiene su soledad, por qu&#233; no habr&#237;a de tenerla, y adem&#225;s puede volverla cuento para su nieta&#8230; &#161;y para nosotros, espectadores de la pel&#237;cula!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Pero del lado de &#233;l la cosa est&#225; a&#250;n m&#225;s detenida, y desde antes: cuando el final se va acercando, Edward le hace un tajo -sin querer- al hermano de ella, luego la polic&#237;a lo busca y &#233;l -el Manos-de-tijeras- vuelve a la casa familiar, de donde se hab&#237;a escapado, y all&#237; se encuentran. Kim le pide entonces que la abrace y&#8230; claro, todo el mundo espera el beso, &#191;no? Ella se le acerca, se ha entregado, est&#225; causada, en el nivel del amor y en el nivel del deseo. Pero &#233;l est&#225; absolutamente inhibido. No da el paso. Ya no est&#225; all&#237;, se ha recluido nuevamente en su castillo&#8230; mental, est&#225; en su mundo, no llega a una posici&#243;n propiamente viril.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;9.	Los copos y el nombre&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y &#233;l le dice entonces, &lt;i&gt;I can&#180;t&lt;/i&gt;. Cuando ella viene y le pide un abrazo &#233;l le dice: no puedo. Y se aleja, una vez m&#225;s, moviendo sus deditos-de-tijeras&#8230; Pero Kim no se detiene. Avanza, lo toma y se abraza a &#233;l. Ella lo abraza, pero el tipo sigue absolutamente inhibido.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_231 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/edward_winona.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/edward_winona.jpg?1754362418' width='500' height='276' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Ni a&#250;n despu&#233;s, cuando en su castillo, habiendo matado al tonto novio de ella -recuerden que la cosa termina as&#237;, m&#225;s o menos tr&#225;gicamente, en una navidad que redobla la navidad en la que el padre no llega a darle las manos, en esa navidad, pues, acontece esta tragedia en la que termina matando al novio de la chica-&#8230; y uno dice bueno, por fin, llega el beso. Y s&#237;, llega. Pero es ella quien lo besa. Y a&#250;n m&#225;s, le dice que lo ama. Pero la cosa ya hab&#237;a concluido, a&#250;n antes del beso &#233;l ya le hab&#237;a dicho adi&#243;s. Mata al malo de la pel&#237;cula, se acerca a ella y, sin m&#225;s, le dice adi&#243;s. Luego, el beso y la declaraci&#243;n de amor de ella s&#243;lo consiguen abrumarlo, queda absolutamente pasmado. Es un tipo que, evidentemente, no llega a asumir una posici&#243;n viril. No juega el juego, ni &#233;ste, ni a las cartas: se va al mazo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es claro que la entrada al discurso -que para el caso de suponerlo un psic&#243;tico, de todos modos, habr&#237;a que morigerar, o al menos plantear en otros t&#233;rminos-, la entrada al discurso no asegura el ejercicio de la virilidad. Para que haya encuentro con el cuerpo de una mujer tiene que haber, adem&#225;s, un agregado: la operaci&#243;n que Freud nombr&#243; castraci&#243;n. Tal como Lacan lo sostiene en el &lt;i&gt;Seminario 20&lt;/i&gt;: a menos que haya castraci&#243;n un hombre no goza de ese cuerpo Otro que es el cuerpo femenino. Para gozar del cuerpo de una mujer, un hombre debe dejarse afectar, no s&#243;lo por el discurso que adormece, sino por el redoblamiento que supone lo que se llama castraci&#243;n: debe poder elegir perder. Creo que a ese punto no llega Edward. La castraci&#243;n significa que se debe soportar un corte&#8230; que afecta a las tijeras mismas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Vieron que ella toma, luego, unas tijeras de por ah&#237; y las muestra a la turba que viene a linchar al muchacho: &#8220;ven, se ha muerto, tengo en mis manos las tijeras que lo prueban&#8221;. La gente se la cree y cada uno vuelve tranquilo a su casa. Pero, no, no son las tijeras de &#233;l. &#201;l se queda guardadito en su castillo, como dec&#237;a antes, moviendo sus deditos-de-tijeras. No llega a perder y entonces&#8230; pierde la cita con el cuerpo de una mujer. Se retira a continuar con su trabajo, lo he dicho, con el que se ha hecho un &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;: el Manos-de-tijeras devino escultor de hielo. Pero no llega a hacer de una mujer su &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al final quedan entonces los copos. Los copos de nieve est&#225;n al principio y est&#225;n al t&#233;rmino de la historia. Esos copos no son sino esos objetos -Lacan los escriba con la letra a min&#250;scula- que quedan en el lugar del encuentro fallido. Causa de una danza interminable para ella. Signos, restos, de lo que en &#233;l ha hecho &lt;i&gt;sinthome &lt;/i&gt; art&#237;stico. &#191;Esos copitos, a &#233;l y a ella, los acercan o los separan? &#191;O ambas cosas? En todo caso, nada dice que ella no haya seguido su camino: uno puede preguntarse, a fin de cuentas, &#191;de d&#243;nde sali&#243; esa nieta?, &#191;no? Pero eso no se sabe, queda fuera de la historia. El amor, en el sentido m&#225;s estricto, en el sentido del encuentro de un hombre con una mujer, queda fuera de esta historia. Porque, en principio, ella sigue a&#250;n danzando sola bajo la lluvia de nieve. Y, del lado de &#233;l, la cosa se ha reducido a identificarse -demasiado r&#237;gidamente, dir&#237;a- con esa nominaci&#243;n que consigue: el &#8220;Manos-de-tijeras&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Usualmente, ese nombre, es desconocido para el sujeto. Nosotros, claro est&#225;, tenemos un documento de identidad, y all&#237; figura un nombre, que conocemos y por el que somos conocidos. Pero &#233;se no es nuestro nombre de &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, aqu&#233;l con el que nos las arreglamos con el hecho de no haber sido terminados, como dice Edward. Y bien, un psicoanalista, llegado el caso, puede acompa&#241;ar a alguien a descubrir su nombre de &lt;i&gt;sinthome&lt;/i&gt;, incluso, a juzgar qu&#233; peso tiene ese nombre en su vida. En un an&#225;lisis, a veces, alguien puede llegar a tener alguna idea sobre c&#243;mo se llama.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Trabajo basado en la conferencia dictada por el autor en la Facultad de Psicolog&#237;a de la UBA el 17 de Octubre 2013 como parte de la Semana de &#201;tica y Cine organizada por la Secretar&#237;a de Extensi&#243;n Universitaria y la c&#225;tedra de Etica y Derechos Humanos, transcripta inicialmente por Natacha Salom&#233; Lima y Juan Jorge Michel Fari&#241;a, con revisi&#243;n del autor.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;El relato de Macedonio Fern&#225;ndez dice as&#237;:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;Un padre y un ni&#241;o de doce a&#241;os caminan pase&#225;ndose por una ribera de mar. Cuando ya algo cansados hab&#237;an de abandonar su paseo, en un impulso del ni&#241;o por alcanzar una mariposa se desprende de la mano del padre y resbala al mar. El padre se lanza al agua y logra asir al ni&#241;o por los cabellos y retenerlo, pero muy poco nadador y molestado por la ropa pronto est&#225; extenuado y h&#250;ndese, se ahoga y suelta los cabellos del ni&#241;o. Perecen los dos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y bien: habiendo tantos, cient&#237;ficos y no cient&#237;ficos, que se escandalizar&#237;an porque una mol&#233;cula se tornara en nada y un movimiento o &#237;mpetu cesara en absoluto torn&#225;ndose en nada, yo, que no creo desde hace mucho sino en un Conocimiento tan limitado como el que he definido antes, yo, en el momento de representarme esforzadamente el suceso imaginado y despu&#233;s tambi&#233;n de nuevos esfuerzos en diversos d&#237;as, descubro que mi persona ps&#237;quica no logra vencer una verdadera imposibilidad de creer que el padre y el ni&#241;o, sus personas ps&#237;quicas, no tengan nada en el mundo y en toda la eternidad, que decirse todav&#237;a del doloroso suceso y actuaci&#243;n que he descrito.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Nunca suceder&#225;, en el minuto inmediato y en todo el futuro, que ese ni&#241;o logre comunicarse al padre, decirle: &#8212;Padre m&#237;o, &#191;c&#243;mo es que me soltaste de la mano? &#191;Es que ya no me quer&#237;as?; y el padre le diga: &#8212;Yo mor&#237; antes que t&#250; y mi mano muerta te solt&#243;.&#8221;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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