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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>A father in the urban jungle</title>
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		<dc:date>2018-05-12T22:29:29Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Fabi&#225;n Fajnwaks</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;In front of the hell of a city where the capitalism makes coexist the roughness wealth with the dirtier misery &#8212;in which the film introduce us&#8212; this essay tries to track a possible way out to the massive chaos &#191;How to reinstall the Father, in his place of Father, in his social dimension?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords:&lt;/strong&gt; urban violence | Father's name | pressure to jouissance&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-5-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 05 | N&#186; 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Un-padre-en-la-jungla-urbana' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Un padre en la jungla urbana&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Un padre en la jungla urbana</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Un-padre-en-la-jungla-urbana</link>
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		<dc:date>2018-04-22T23:24:00Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Fabi&#225;n Fajnwaks</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ante el infierno de una ciudad en donde el capitalismo hace convivir a la riqueza m&#225;s obscena con la miseria m&#225;s s&#243;rdida &#8212;en la cual el film nos sumerge directamente&#8212; este ensayo intenta rastrear una salida posible al caos masivo: &#191;C&#243;mo reinstaurar al Padre, en su lugar de Padre, en su dimensi&#243;n social?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt; violencia urbana | Nombre del Padre | empuje al goce&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/A-father-in-the-urban-jungle' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-5-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 05 | Nro 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;&#201;cole de la Cause Freudienne - Universit&#233; Paris 8&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;i&gt;Metro Manila&lt;/i&gt; (Ellis, 2013) es una pel&#237;cula que puede sorprender cuando se conoce el recorrido de Sean Ellis. Fot&#243;grafo ingl&#233;s de moda, que dirigi&#243; &lt;i&gt;Cashback&lt;/i&gt; (Ellis, 2006) y &lt;i&gt;The Broken&lt;/i&gt; (Ellis, 2008); dos pel&#237;culas que si no pasaron desapercibidas en el momento de su estreno, no dejaron tampoco ninguna marca por sus guiones simpl&#237;simos e iconoclastas. Con &lt;i&gt;Metro Manila&lt;/i&gt; &#8212;el nombre que se le da a la aglomeraci&#243;n de la megal&#243;polis filipina&#8212; Ellis nos sumerge directamente en el infierno actual de las ciudades en las cuales el capitalismo hace convivir a la riqueza m&#225;s obscena con la miseria m&#225;s s&#243;rdida. La violencia urbana, fen&#243;meno complejo y multiforme, variable en sus causas seg&#250;n las latitudes, aunque algunas sean estructurales, aparece entre otras razones como el s&#237;ntoma de esta confrontaci&#243;n, que ya no es solamente la de la &#034;lucha de clases&#034;, sino la de la lucha por intentar acumular el m&#225;ximo de capital posible, del modo m&#225;s r&#225;pido y directo. La explotaci&#243;n del hombre por el hombre aparece solamente como un medio en esta carrera a la cual todos los habitantes de la inmensa ciudad parecen alienados. Los planos improvisados de masas de gentes movi&#233;ndose en el caos masivo y permanente de Manila nos dan a ver, casi como en un documental, esta versi&#243;n del director de lo que es hoy la violencia urbana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ellis sabe conjugar en este film &#8212;y es esta seguramente una de sus m&#225;s grandes virtudes&#8212; la veta melodram&#225;tica con una ligera l&#237;nea documental, y el g&#233;nero policial hacia el final de la pel&#237;cula. Que sea un ingl&#233;s que filme en el sudeste asi&#225;tico (aunque no estamos seguros que el director se inscriba en la l&#237;nea de un Ken Loach) no le quita absolutamente nada a una mirada directa, espec&#237;ficamente oriental quiz&#225;s, de lo que es la miseria en las grandes ciudades. Ellis filma las grandes masas de gentes que se mueven en el centro urbano y los peligros de las calles de Manila con una tensi&#243;n a la cual el cine coreano y taiwan&#233;s ya nos acostumbraron. En este punto tambi&#233;n el film es muy logrado, ya que las escenas y los personajes, todos filipinos, tienen algo de muy aut&#233;ntico, as&#237; como el clima tr&#225;gico que poco a poco el argumento va creando.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si no es un film que quedar&#225; en los anales de la historia del cine contempor&#225;neo &#8212;aunque gan&#243; un premio en el festival Sundance y fue candidata para el Oscar como mejor film extranjero por Gran Breta&#241;a&#8212; su encanto reside justamente en lo que puede tener de inconsistente: ni enteramente film social, ni enteramente policial, ni completamente &lt;i&gt;buddy&lt;/i&gt; &lt;i&gt;film&lt;/i&gt;, es un poco todos estos g&#233;neros a la vez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Oscar (Jake Macapagal), joven campesino y ex-militar, se ve obligado a abandonar sus campos de arroz por la baja paga y junto a su bella mujer y sus dos ni&#241;itas intentar encontrar de qu&#233; vivir en la hostil jungla urbana que es Manila. El h&#233;roe va a pasar por todas las estaciones del v&#237;a crucis que esperan al provinciano inadvertido en la gran ciudad: una primera estafa con un departamento fantasma, un trabajo de esclavo no pagado al d&#237;a, y los peligros que rondan a quien vive en la calle, donde la familia termina pasando la noche (unos delincuentes secuestran a una jovencita en plena calle, sin que nadie atisbe el menor gesto). La belleza de Mai (Althea Vega), la mujer, y los ojos c&#225;ndidos de las ni&#241;itas no hacen m&#225;s que resaltar la precariedad de nuestra desventurada familia y hacen presagiar, conforme el film avanza, un desenlace tr&#225;gico.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_377 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/metro-manila1.jpg' class=&#034;spip_doc_lien mediabox&#034; type=&#034;image/jpeg&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/metro-manila1.jpg?1754362445' width='500' height='281' alt='' /&gt;&lt;/a&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La familia termina encontrando lugar, casi de manera anunciada, en una de las villas miseria de la meg&#225;polis. Como un signo de esperanza, Oscar encuentra un trabajo en una empresa de transporte de fondos, probablemente uno de los oficios m&#225;s peligrosos en una ciudad donde las diferencias entre las clases sociales son tan acentuadas como en esta y en tantas otras ciudades. La mujer de Oscar cae por imprudencia y cierta inocencia en un &#034;empleo&#034; de cabaret, donde se le paga poco y mal y a donde se ve obligada a llevar a sus dos hijas, que esperan en el vestuario, mientras ella va a tentar a los clientes a beber lo m&#225;ximo posible. Todo esto es mostrado sin patetismo alguno, incluso la escena en que la jefa del cabaret mirando a la hija de nueve a&#241;os de Mai, le dice que quiz&#225;s podr&#237;a poner a danzar a la ni&#241;a tambi&#233;n, ya que hay clientes &#034;que tienen gustos raros&#034;. Ami llora, angustiada.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_378 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/metro_manila2.jpg?1754362445' width='500' height='322' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Y aqu&#237; se abre el &#034;thriller&#8221;: Oscar se liga de amistad con su compa&#241;ero de cami&#243;n de transporte de fondos, quien se supone debe iniciarlo en el oficio, aconsej&#225;ndolo y mostr&#225;ndole todos los riesgos que se esconden en los &#225;ngulos muertos de la profesi&#243;n, como los de la verdadera caja fuerte ambulante en que consiste este cami&#243;n lleno de dinero, pase&#225;ndose por las calles de la jungla urbana. La escena en la que deben recoger una cantidad de dinero en una de las peque&#241;as cajas de seguridad que sirven a este fin, a una banda de traficantes de coca es particularmente tensa y lograda. El compa&#241;ero de Oscar le cuenta un asalto al cami&#243;n que conduc&#237;a con su compa&#241;ero anterior, el que perdi&#243; su vida y seg&#250;n es la costumbre en la empresa, porque ya se transform&#243; en costumbre, el que queda en vida de los dos que conducen el cami&#243;n, debe ir a ver a la familia del compa&#241;ero difunto para entregarle sus pertenencias. Esta simple tradici&#243;n tomara en el desenlace de la pel&#237;cula un lugar central. Este compa&#241;ero de Oscar le propondr&#225; un particular arreglo, que precipitar&#225; el final de la historia. Asignar&#225; a Oscar al lugar propiamente teorizado por Jacques Lacan como &#034;Nombre-del-Padre&#034;, en tanto una funci&#243;n (Lacan, 1963 [2007]).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Y es este hecho, con el que termina la pel&#237;cula, el que nos parece importante resaltar. All&#237; donde el film nos muestra el contexto de corrupci&#243;n, manipulaci&#243;n y desarreglo de todos los engranajes simb&#243;licos que permiten dar cuerpo a la cultura y al lazo social, contexto en el cual el hombre es &#034;el lobo del hombre&#034;, surge una peque&#241;a lumbre que permite en el final intentar poner las cosas en su lugar al precio, cierto, del sacrificio. Sobre todo, reinstaurar al Padre en su lugar del Padre, no porque no lo estuviera ya, pero reinstaurarlo en su dimensi&#243;n social: como salida al impasse en que la jungla urbana y su irrisi&#243;n de todos los semblantes, de todos los mecanismos simb&#243;licos que parecen haberse disueltos frente a la potent&#237;sima luz enceguecedora del capital, pone a los sujetos que viven hoy en la monstruosa ciudad y civilizaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno no puede dejar de pensar, una vez terminado el film, en Un oso rojo (Caetano, 2002) esa pel&#237;cula que en nuestra periferia urbana del Gran Buenos Aires, no menos violento que Metro Manila por cierto, confrontaba al padre salido de la c&#225;rcel con una elecci&#243;n forzada del mismo tipo, para salvar no solamente a su hija, sino tambi&#233;n a su funci&#243;n de Padre. Como si la obscenidad que el empuje al goce en el que vivimos hoy, y la gran ciudad y su violencia &#8212;que no es m&#225;s que la manifestaci&#243;n, el fen&#243;meno de este s&#237;ntoma estructural&#8212; pudiera hacer fundir a la funci&#243;n esencial del Padre, que es la de separar al sujeto del goce.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#191;Qu&#233; es ser padre en este contexto? &#191;C&#243;mo puede operar cuando ning&#250;n semblante parece resistir a este empuje del goce lo que la situaci&#243;n de precariedad de esta familia no hace m&#225;s que poner a&#250;n m&#225;s en evidencia, cuando en el fondo se trata de un hecho de estructura de la civilizaci&#243;n actual?&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_380 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L500xH281/metro_manila3-bb14a-c5607.jpg?1775199945' width='500' height='281' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El fin de la pel&#237;cula parece darnos una clave, o al menos un comienzo de respuesta. Esto si comparamos la situaci&#243;n de Oscar con el de un pirata de avi&#243;n &#8212;un hecho de la cr&#243;nica filipina&#8212; que luego de sacarle el dinero a todos los pasajeros orden&#243; al piloto descender la m&#225;quina a 2000 metros y salt&#243; con un paraca&#237;das que hab&#237;a confeccionado &#233;l mismo en seda. &#034;Este tipo so&#241;aba con saltar en paraca&#237;das y quer&#237;a as&#237; realizar su sue&#241;o, mientras que el problema para m&#237; es que ya no hab&#237;a sue&#241;o&#034;, le dice Oscar a su mujer. Lucidez del personaje, empujado en una trama donde, desde el principio de la pel&#237;cula, parece no poder volverse ya nunca atr&#225;s.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula termina tan sencillamente como comenz&#243;: saludemos esta sencillez, que no es solamente la del bajo presupuesto con la que se hizo el film, ni la rapidez con que se film&#243; (treinta d&#237;as), sino la de cierta maestr&#237;a del director (quien tambi&#233;n escribi&#243; el gui&#243;n) de habernos llevado hasta el borde de los inquietantes abismos urbanos, y la de traernos luego a tierra segura&#8230; Con alg&#250;n accidente en el camino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lacan, J. (1963 [2007]) &#8220;Introducci&#243;n a los Nombres del Padre&#8221; en &lt;i&gt;De los Nombres del Padre&lt;/i&gt;. Buenos Aires: Paid&#243;s.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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