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	<title>Journal de Etica y Cine</title>
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		<title>The worlds of Watchmen</title>
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		<dc:date>2019-07-18T13:34:09Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Mart&#237;n Agudelo Ram&#237;rez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;This work relates several narratives taken from &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt;, graphic novel that was adapted in the cinema, with reflection contexts of moral and political philosophy. The work confronts the worlds inhabited by the internal demons that lurk in human beings, and dialogues with some understandings of Kant, Mill, Bentham, Hobbes or Nietzsche. The history of the vigilantes is an opportunity to reflect on the human condition, its dilemmas and its contradictions. Hell is always around the corner, but in the end all is not lost. We will have gained too much if we opt for a greater awareness of our fears and constant ambiguities. To assume our condition and fight for the ideals of truth and justice from a correct understanding is the exercise that is proposed.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Key Words:&lt;/strong&gt; fear | God | human condition | joke | moral dilemma | punishment | state | utility.&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-9-No-2-" rel="directory"&gt;Volumen 09 | N&#186; 2&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Aut&#243;noma Latinoamericana, Colombia&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Los-mundos-de-Watchmen' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Los mundos de Watchmen&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>Los mundos de Watchmen</title>
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		<dc:creator>Mart&#237;n Agudelo Ram&#237;rez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Este trabajo relaciona varias narrativas tomadas de &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt;, novela gr&#225;fica que fue adaptada en el cine, con contextos de reflexi&#243;n de la filosof&#237;a moral y pol&#237;tica. Confronta los mundos en los que habitan los demonios internos que acechan en seres demasiado humanos, y dialoga con algunas comprensiones de Kant, Mill, Bentham, Hobbes y Nietzsche. La historia de los vigilantes es una oportunidad de reflexionar sobre la condici&#243;n humana, sus dilemas y sus contradicciones. El infierno est&#225; siempre a la vuelta, pero al final no todo est&#225; perdido. Se habr&#225; ganado demasiado si se opta por una mayor consciencia de nuestros miedos y constantes ambig&#252;edades. Asumir nuestra condici&#243;n y luchar por los ideales de verdad y justicia a partir de una recta comprensi&#243;n es el ejercicio que se propone.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; broma | condici&#243;n humana | dilema moral | Dios | estado | miedo | pena | utilidad.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/The-worlds-of-Watchmen' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-9-Nro-2-" rel="directory"&gt;Volumen 09 | Nro 2 | Julio 2019&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Aut&#243;noma Latinoamericana, Colombia&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Introducci&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El cine de c&#243;mics, tradicionalmente, se ha presentado en funci&#243;n del mero entretenimiento, m&#225;s cercano al p&#250;blico juvenil e infantil; pero, en los &#250;ltimos veinte a&#241;os se advierte madurez significativa en su tratamiento. Cada vez m&#225;s, con los recursos propios del lenguaje audiovisual, nuevas adaptaciones van apareciendo, pensadas en funci&#243;n de numerosas met&#225;foras y s&#237;mbolos que deben ser descifrados por parte de un p&#250;blico adulto que se viene teniendo en cuenta. &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt; (2009), film dirigido por Zack Snyder, es un icono de obras bien realizadas en ese sentido.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_947 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L236xH354/watchmen--8ce75.jpg?1775198996' width='236' height='354' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula cuenta con un guion bastante s&#243;lido, de David Hayter y Alex Tse. La adaptaci&#243;n que se hace de la novela gr&#225;fica de 1986, como lo muestra la versi&#243;n del director, es una gran experiencia est&#233;tica, con una narrativa muy profunda en la que se abordan numerosos dilemas pol&#237;ticos, morales, jur&#237;dicos, religiosos, etc. Sin embargo, el creador de la idea, el escritor ingl&#233;s Alan Moore, rechaz&#243; la inclusi&#243;n de su nombre en los cr&#233;ditos de la pel&#237;cula.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En este trabajo nos centraremos en el c&#243;mic, no en la pel&#237;cula, que es el documento que aporta la base de la historia. A partir del libro ilustrado es posible comprender el mundo de los vigilantes y reconocer las debilidades y miserias, los anhelos y esperanzas de unos seres que no son tan distintos a nosotros. Encontramos una obra monumental que nos cuestiona sobre las luces y sombras de la condici&#243;n humana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;1. &#191;Qu&#233; sentido tienen los vigilantes?&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Alan Moore y David Gibbons (1986), en la d&#233;cada de los ochenta del siglo pasado, fracturaron el ideal del superh&#233;roe vigente. Los c&#243;mics de superh&#233;roes dejaron de ser como los de antes. El embrujo se hab&#237;a cortado y el p&#250;blico juvenil hab&#237;a desplazado sus intereses hacia otros asuntos. La aparici&#243;n de &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt; promet&#237;a cautivar, no solo a los desertores de los viejos c&#243;mics, sino tambi&#233;n a un nuevo p&#250;blico adulto dispuesto a aceptar una nueva escritura m&#225;s acorde con sus intereses. Un embate en la narrativa e ilustraci&#243;n se abr&#237;a paso, para ofrecer nueva mirada sobre las relaciones del ser humano consigo mismo, su entorno y lo trascendente; para esto, la mayor&#237;a de superh&#233;roes fueron presentados como personajes insanos (Skoble, 2013).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una revoluci&#243;n literaria se consolid&#243;. El golpe dado por Moore y Gibbons (1986) exigi&#243; reescribir sobre los superh&#233;roes, seres part&#237;cipes de las debilidades y flaquezas de la condici&#243;n humana. &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt; introduce una ruptura definitiva al mostrar a los vigilantes como seres violentos, lascivos y dominados por sus emociones&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La palabra &#8220;vigilante&#8221; es la que prevalece en el desarrollo de la obra. (&#8230;)&#034; id=&#034;nh1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. El espejo de lo m&#225;s ruin se manifiesta en una obra que logra estremecer al lector. Una obra &#250;nica puso en evidencia el desencanto que invadi&#243; al hombre del siglo XX, amenazado por la hecatombe nuclear, en un mundo que no albergaba espacios para so&#241;ar; sus voces as&#237; lo confirman: &#8220;Llevamos mucho tiempo construyendo un para&#237;so para terminar encontr&#225;ndolo repleto de horrores&#8221; (p. 140).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Es dif&#237;cil confiar en los vigilantes. Cuesta aceptarlos. &#191;Qui&#233;n los vigila? El interrogante permite recordar al poeta Juvenal, cuando se burl&#243; de los varones que se fiaron en los guardias romanos para que cuidaran a sus mujeres en su ausencia y evitar que les fueran infieles. &#191;C&#243;mo asegurar en estos hombres el pudor necesario? &#191;Habr&#237;a que vigilar a esos vigilantes? (Van Ness, 2010).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La lecci&#243;n de &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt; exigi&#243; reconstruir y hacer una deconstrucci&#243;n del c&#243;mic, mirarlo de manera distinta, sin situar a los superh&#233;roes en &#8220;reinos fant&#225;sticos&#8221; (Spanokos, 2009, p. 44). Sentir su miseria resultaba inevitable. Cuando se indaga por las calidades de un miembro del grupo de los vigilantes, el personaje de B&#250;ho Nocturno II, uno de los enmascarados de &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt;, refiri&#233;ndose a su compa&#241;ero &#8220;El Comediante&#8221;, responde de la siguiente manera: &#8220;(&#8230;) &lt;i&gt;es toda una mierda cubierta por un disfraz cegador y estrepitoso&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VII, p. 8).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un c&#243;mic interno dentro del c&#243;mic central es la propia estructura del cuerpo restante. La armon&#237;a entre el todo y cada una de sus partes, y de esa parte con cada una de las historias de los personajes centrales, resulta sorprendente, al poner en evidencia que la vida resulta inseparable de los monstruos que van creando los seres humanos durante su existencia, y frente a los cuales habr&#225; que batallar. Se trata de luchar en medio del abismo. &#8220;&lt;i&gt;En realidad, la vida es un infierno, y la mano de la muerte nuestra &#250;nica salvaci&#243;n&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VIII, p. 25). Hay que lidiar con los propios demonios internos que acechan. Como bien lo presenta la novela gr&#225;fica, apropi&#225;ndose de un aforismo nietzscheano, las miradas se devuelven en medio del abismo. Un sacud&#243;n revela un mundo de &#8220;ebullici&#243;n&#8221; frente a un hombre acosado por el absurdo y el sinsentido (Skoble, 2013).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_948 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L229xH355/watchmen1-4c274.jpg?1775198996' width='229' height='355' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;2. Un mundo de broma&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&lt;i&gt;El Comediante ha muerto&lt;/i&gt;&#8221;, &#8220;&lt;i&gt;a nadie le importa&lt;/i&gt;&#8221;, salvo a uno de sus compa&#241;eros, a Rorschach (cap. I, p. 24). Estas palabras, del primer n&#250;mero de &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt;, interpelan y despiertan un inter&#233;s significativo. &#191;Qui&#233;n es el vigilante que tanto le interesa a Rorschach? &#191;Por qu&#233; a nadie le importa memorar a un ser que se burlaba de las flaquezas presentes en sus propios compa&#241;eros?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El Comediante, Edward Blake, es un hombre que, seg&#250;n Rorschach, ten&#237;a &#8220;&lt;i&gt;una personalidad arrolladora&lt;/i&gt;&#8221;; &#8220;&lt;i&gt;no le importaba lo que la gente pensara de &#233;l&lt;/i&gt;&#8221;; &#8220;&lt;i&gt;nunca ced&#237;a&lt;/i&gt;&#8221;; de todos los enmascarados era quien &#8220;&lt;i&gt;mejor lo entend&#237;a todo, el mundo, la gente, la sociedad y lo que ocurre&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VI, p. 15). Es bastante inc&#243;modo sentirse desnudo delante de un hombre c&#237;nico que est&#225; dispuesto enrostrar las debilidades y las miserias de unos seres frente a los que no cabe esperar nada bueno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El personaje de Blake parodia con el prop&#243;sito de poner en jaque al estado moderno. Los miedos, desde la mirada de Blake, crearon un estado sin los mejores resultados y que est&#225; descompuesto por la corrupci&#243;n. El estado, tal como es pensado por Hobbes, es cuestionado. Las pasiones son las que mueven a un ente que se desfigura y que no tiene el poder suficiente para desplazar la amenaza de tanto horror que se cierne sobre la Tierra. &#161;No hay redenci&#243;n! Sin embargo, es posible seguir existiendo en medio del absurdo; no importa que se conciba al ser humano, siguiendo al pensador del Leviat&#225;n, como un ser naturalmente malo, como un aut&#233;ntico lobo (Hobbes, 1994).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Blake asume la mirada hobbesiana de comprender el miedo como la raz&#243;n de creaci&#243;n de un ente lo suficientemente fuerte para dar la seguridad personal que los individuos necesiten. El vigilante se r&#237;e del pacto pol&#237;tico que crea el estado para el que trabaja y termina por menospreciar las libertades individuales. La parodia, desde la c&#237;nica mirada de Moore, resulta demoledora. El Comediante se burla de la tragedia presente en seres salvajes y ego&#237;stas, dominados por el deseo, sin un dios que los vigile, y que, pese a que tengan un estado herc&#250;leo, nunca saldr&#225;n de su postraci&#243;n moral.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Blake combate a todos aquellos que se opongan a la causa del Leviat&#225;n, conmin&#225;ndoles a que vuelvan &#8220;&lt;i&gt;a sus madrigueras&lt;/i&gt;&#8221; (cap. II, p. 16). El estado se sirve del Comediante para apaciguar a unos seres malagradecidos; no importa que en la ejecuci&#243;n de su labor se sacrifiquen civiles inocentes. Los vigilantes, para Blake, son &#8220;&lt;i&gt;la &#250;nica medida de protecci&#243;n que tiene la sociedad&lt;/i&gt;&#8221;, y como se lo expresa a B&#250;ho Nocturno II, todos ellos est&#225;n llamados a resguardar a los seres humanos &#8220;&lt;i&gt;de ellos mismos&lt;/i&gt;&#8221; (cap. II, pp. 17-18). No obstante, el estado no podr&#225; hacer su tarea de manera perfecta. El quiebre es total. Por m&#225;s fuerte que sea el estado, la condici&#243;n humana es tan salvaje que nunca ser&#225; posible doblegarla. &#161;S&#243;lo queda el miedo!&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La ambivalencia sobresale. Si bien el vigilante pugna dentro del estado contra sus enemigos para amparar a los individuos, reconoce que no vale la pena luchar por unos seres malagradecidos y embusteros que conducen al mundo hacia el holocausto; se lo dice a sus compa&#241;eros al expresarles: &#8220;&lt;i&gt;No importa una mierda porque, dentro de 30 a&#241;os, las armas nucleares van a volar como escarabajos&lt;/i&gt;.&#8221; (cap. II, p. 11).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A una condena bastante ag&#243;nica nos sentencia Blake. El vigilante sabe que el siglo XX no mostr&#243; el mejor rostro del hombre y, por esto, lo &#250;nico que puede esperarse de todo este sinsentido son guerras, holocaustos, hambrunas, genocidios, etc. Un desencanto nihilista, en el que no caben los principios morales, se hace manifiesto. Blake participa de la maldici&#243;n de la estirpe humana; a &#233;l s&#243;lo le importa su autocuidado y har&#225; lo posible por sobrevivir. El Comediante tambi&#233;n dar&#225; cuenta de su mezquindad y extrema crueldad, como cuando mata a la vietnamita que le reclama por querer abandonarla y que le corta su cara (cap. II, pp. 14-15).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_949 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH196/watchmen2-090a9.jpg?1775198996' width='354' height='196' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Aunque Blake vigila, el vigilante sabe que el estado perdi&#243; su norte en un mundo dominado por &#8220;&lt;i&gt;la locura&lt;/i&gt;&#8221; y &#8220;&lt;i&gt;la carnicer&#237;a sin sentido&lt;/i&gt;&#8221;. Blake &#8220;&lt;i&gt;lo entiende perfectamente&lt;/i&gt;&#8221;, pero &#8220;&lt;i&gt;no le importa&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IV, p. 19). Un ego&#237;sta moral se sonr&#237;e sin importar lo que otros piensen de &#233;l. Si se quiere seguir existiendo, vale m&#225;s re&#237;r que llorar. Una tragicomedia; como lo expone Rorschach, Blake &#8220;&lt;i&gt;vio el verdadero rostro del siglo XX y decidi&#243; convertirse en un reflejo, en una parodia de &#233;l. Nadie m&#225;s que &#233;l consider&#243; el chiste; por eso estaba solo&lt;/i&gt;&#8221; (cap. II, p. 27).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El Comediante trata de ver siempre &#8220;&lt;i&gt;el lado divertido&lt;/i&gt;&#8221; (cap. II, p. 18); la historia de los seres humanos, para el vigilante, resulta graciosa. Es preferible re&#237;r a llorar, y la iron&#237;a habr&#225; de ser la posibilidad m&#225;s clara de continuar existiendo. Para &#233;l: &#8220;&lt;i&gt;Es una broma. Todo es una broma&lt;/i&gt;&#8221; (cap. II, p. 22). El humor se desacraliza. Es por esto que el Comediante no tiene recato alguno al re&#237;rse del sue&#241;o americano, sin importar que trabaja para un estado propagador de falsas quimeras (cap. II, p. 18).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En medio del absurdo, la parodia resulta terap&#233;utica. Para hacerla, con &#233;xito, resulta imprescindible renunciar a la cordura. Blake intenta ser como un m&#233;dico tratante y re&#237;r como lo hace el gran payaso Pagliacci (cap. II, p. 27). Un asesino se carcajea, sin importar que la amenaza de ruina ronde por todo lado. Un buen ironista puede apreciarse que, como lo se&#241;ala Kukkonen (2009):&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;cree en su propia superioridad: &#233;l solo tiene todas las respuestas, s&#243;lo &#233;l puede ver a trav&#233;s de la farsa, mientras que el resto del mundo es ciego (&#8230;) el Comediante cree que todo el mundo es un escenario para los tontos que piensan que est&#225;n jugando a ser h&#233;roes. (pp. 199-200)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En sus postrimer&#237;as, el ironista termina por llorar su propia tragedia; su actuar es incompatible con la mirada ut&#243;pica y las acciones de su compa&#241;ero Adrian Veidt (Ozymandias). Una tremenda monstruosidad se avecina y el gran bromista no puede soportarlo; derramar&#225; l&#225;grimas y actuar&#225;. En sus d&#237;as finales, sin contar con su m&#225;scara, Blake llora delante de uno de sus villanos contrincantes, Edgar Jacobi (Moloch); la fortaleza del Comediante se derrumba, en medio de un acto de extrema debilidad. &#8220;&lt;i&gt;Oh, Mother. Oh, forgive me. Forgive me, forgive me&#8230;&lt;/i&gt;&#8221; (cap. II, p. 23)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;3. Un mundo en blanco y negro&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dejemos al Comediante y a continuaci&#243;n estudiemos la personalidad y el actuar de otro vigilante; el &#250;nico que, por cierto, como amigo, se interes&#243; por las causas de la muerte de Blake. Nos referimos a Rorschach, que en el c&#243;mic es presentado como un hombre enigm&#225;tico y con un pasado turbulento, un ser preocupado por la coherencia en la aplicaci&#243;n de reglas de correcci&#243;n de nuestras acciones y definiciones de dilemas morales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un vigilante con m&#225;scara se hace visible para juzgar todo acto que no acoja el c&#243;digo de moralidad que estima como necesario para vivir bien. Rorschach es un hombre radical y vanidoso, que no admite los matices morales y que rechaza su pasado de debilidades e indecisiones. Se trata de un ser extra&#241;o que usa una m&#225;scara, un artificio que le da la val&#237;a para luchar contra el crimen y combatir en una sociedad que le provoca asco y n&#225;useas. Es un vigilante que busca posicionarse en un mundo de penumbras que se ha sumido en la postraci&#243;n moral; para esto, &#233;l huye de Walter Kovacs, el hombre que fue anteriormente.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El enmascarado ha visto el &#8220;&lt;i&gt;verdadero rostro&lt;/i&gt;&#8221; de una ciudad carcomida por la ruina moral, cuyas &#8220;&lt;i&gt;calles son extensas cunetas y las canaletas est&#225;n llenas de sangre&lt;/i&gt;&#8221;. En su diario (12 de octubre de 1985) lo deja consignado claramente. Por esto, pretende huir de sus demonios y situarse por encima de la &#8220;&lt;i&gt;inmundicia acumulada del sexo y asesinato&lt;/i&gt;&#8221;. Rorschach no quiere abismarse en una urbe perdida, en una ciudad en la que los precursores de mundos mejores, como los liberales y los comunistas, no han evitado sus grandes males. Es &#8220;&lt;i&gt;demasiado tarde&lt;/i&gt;&#8221; y el diagn&#243;stico del vigilante es bien pesimista: &#8220;&lt;i&gt;Ahora el mundo entero est&#225; al borde del caos, mirando fijamente hacia abajo, hacia el infierno sangriento, con todos esos liberales y charlatanes&lt;/i&gt;&#8221; (cap. I, p. 1).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rorschach no concibe tonalidades grises en materia moral, ya que su apuesta son los valores morales absolutos. El vigilante es dualista, por cuanto piensa que el mundo est&#225; regido por dos l&#237;mites que pueden conocerse, &#8220;&lt;i&gt;porque existe el bien y existe el mal, y el mal debe ser castigado&lt;/i&gt;&#8221; (cap. I. p. 24). Conocer el bien y estar de su lado es motivo suficiente para el enmascarado se crea legitimado para corregir el mal y eliminarlo (cap. XI, p. 9). No obstante, reconocer a Rorschach no es tarea f&#225;cil. Numerosas interpretaciones surgen cuando se pretende comprenderlo. Malcom Long, el psicoanalista que le visita en la prisi&#243;n, piensa que Rorschach es una &#8220;&lt;i&gt;personalidad ficticia, una fantas&#237;a poco saludable&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VI, p. 8). Seguir las huellas de Rorschach exige penetrar en sus or&#237;genes. La infancia de Walter Kovacs fue traum&#225;tica; la relaci&#243;n tr&#225;gica con una madre prostituta fue decisiva en su misoginia y sus futuras aversiones frente al sexo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_950 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH199/watchmen3-aa946.jpg?1775198996' width='354' height='199' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Desde temprana edad, Walter Kovacs sinti&#243; el lastre de un mundo negro que le rodeaba, y que anhelaba desplazarlo. El asesinato de Kitty Genovese, en 1964, fue determinante para que su asco le impulsara a cometer acciones justicieras. &#161;Verg&#252;enza! Ese fue el motivo para abandonar a un hombre que ya no quer&#237;a, que poco hab&#237;a hecho para diezmar el crimen. Kovacs usa un artefacto que le cambia su identidad y con el que reafirma su visi&#243;n del mundo desde lo blanco y lo negro, sin matices.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El uso de la m&#225;scara signific&#243; un cambio profundo. Es la cara de Rorschach. No hay otra. El vigilante se la hab&#237;a hecho cuando se enter&#243; del asesinato de Kitty; se hizo una &#8220;&lt;i&gt;cara que pudiera soportar ver en el espejo&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VI, p. 10). La m&#225;scara es un paso decisivo para que Rorschach sea el &#034;&lt;i&gt;verdadero yo&lt;/i&gt;&#034; y Kovacs un &#034;&lt;i&gt;disfraz&lt;/i&gt;&#034; (cap. V, p. 18). Pero se necesitaba de algo m&#225;s: inicialmente, cuando se hizo la m&#225;scara, el vigilante segu&#237;a siendo &#8220;&lt;i&gt;Kovacs fingiendo ser Rorschach&lt;/i&gt;&#8221;; &#8220;&lt;i&gt;ser Rorschach exige cierta perspectiva&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VI, p. 14). Para convertirse en un aut&#233;ntico vengador, un juez implacable, debi&#243; pasar por una experiencia que lo marc&#243; para siempre, como descubrir el atroz asesinato de Blaire Roche, una ni&#241;a de seis a&#241;os. El vigilante no est&#225; interesado en encarnar el esp&#237;ritu del superh&#233;roe tradicional. Luego de enterarse de lo sucedido a la ni&#241;a y despu&#233;s de hacer uso del hacha con la que sacrific&#243; a dos perros que devoraban un hueso de la menor, &#8220;&lt;i&gt;la fuerza del impacto le recorri&#243; todo el cuerpo&lt;/i&gt;&#8221;, y as&#237; &#8220;&lt;i&gt;fue Kovacs quien cerr&#243; los ojos&lt;/i&gt;&#8221; y luego &#8220;&lt;i&gt;fue Rorschach quien los abri&#243;&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VI, p. 21).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rorschach tiene claro que m&#225;scara y perspectiva son compa&#241;eras inseparables, necesarias para dar muerte al hombre ingenuo que moraba en &#233;l y dar vida a un ser oscuro sin esperanza. Eso s&#237;, la m&#225;scara es fundamental para definir la identidad del vigilante; por esto, cuando le tienden una trampa y es capturado por la polic&#237;a, su voz clama por su cara, desde lo m&#225;s hondo de su interior; pide que se la devuelvan: &#8220;&lt;i&gt;No! My face! Give it back&lt;/i&gt;&#8221;. Quitarse su m&#225;scara solo da paso a Walter Kovacs, a un &#8220;&lt;i&gt;feo don nadie&lt;/i&gt;&#8221; (cap. V, p. 28).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El nihilismo forja el hast&#237;o total de un hombre que, parad&#243;jicamente, es un escrupuloso moral que no escapa del prejuicio moderno de reconocerse y entender a los otros como individuos. Rorschach est&#225; atrapado en un profundo abismo: &#8220;&lt;i&gt;Vivimos nuestras vidas porque no tenemos nada que hacer. Nos inventamos una raz&#243;n despu&#233;s. Nacemos del olvido. Tenemos hijos que est&#225;n condenados al infierno como nosotros; volvemos al individuo&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VI, p. 26).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El vigilante se arroja hacia un mundo en el que no hay espacio para los dioses. El mundo &#8220;&lt;i&gt;no es algo formado por vagas fuerzas metaf&#237;sicas&lt;/i&gt;&#8221;; est&#225; vac&#237;o de moral. Para &#233;l, &#8220;&lt;i&gt;somos nosotros&lt;/i&gt;&#8221;, &#8220;&lt;i&gt;solo nosotros&lt;/i&gt;&#8221; los responsables. &#8220;&lt;i&gt;No es Dios quien mata a los ni&#241;os. No es el destino el que los descuartiza, ni el destino el que alimenta a los perros.&lt;/i&gt;&#8221; Sin embargo, Rorschach act&#250;a como justiciero en defensa de un c&#243;digo que tiene reglas sobre lo que es blanco y correcto. &#191;C&#243;mo hacer para llenar ese vac&#237;o en el que las fantas&#237;as han sido destruidas? Dif&#237;cil lograrlo, pero el vac&#237;o agn&#243;stico no es &#243;bice para luchar contra el crimen; hacerlo es una obligaci&#243;n. La voz de Rorschach es bien reveladora: &#8220;&lt;i&gt;Las calles apestaban a fuego. El vac&#237;o respiraba con fuerza en mi coraz&#243;n. Convert&#237;a en hielo sus ilusiones, las hac&#237;a pedazos. Entonces renac&#237;. Era libre para trazar su propio dise&#241;o sobre este mundo vac&#237;o de moral. Era Rorschach&lt;/i&gt;.&#8221; (cap. VI, p. 26).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El celo de Rorschach por la justicia es excesivo. El enmascarado no se siente capaz de representar a la sociedad, ya que la desprecia luego de ver su lado m&#225;s oscuro; la juzga castigando sin esperar intervenci&#243;n institucional. El vigilante considera que hay muchas personas que &#8220;&lt;i&gt;merecen el justo castigo&lt;/i&gt;&#8221; y que para ello hay &#8220;&lt;i&gt;poco tiempo&lt;/i&gt;&#8221; (cap. I, p. 24). Para lograr sus prop&#243;sitos, el enmascarado se margina del estado; no tiene ninguna pretensi&#243;n de trabajar para una institucionalidad que no asume sus tareas de castigar el delito, que no hace bien su labor punitiva.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El vigilante se convierte en un juez implacable, desprovisto de recato para aplicar las penas con criterios de igualdad, como lo dej&#243; claro asentar un cartel con la palabra &#8220;&lt;i&gt;nunca&lt;/i&gt;&#034; en el cuerpo de un violador muerto y que estaba fuera de la jefatura de polic&#237;a. Para Rorschach, aunque el estado debiera vengar celosamente las faltas del delincuente, cometidas en ejercicio de su libertad, no hace bien su tarea y, por esto, no tiene sentido entregar los criminales a la polic&#237;a.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El enmascarado emprende una misi&#243;n que el estado olvid&#243;, la de castigar retributivamente. Los delincuentes &#8220;deben ser castigados por ninguna otra raz&#243;n que por haber hecho mal; ellos lo merecen&#8221; (Held, 2009, p. 20). Se confronta una mirada justiciera que hunde sus ra&#237;ces en la ley mosaica, espec&#237;ficamente en la Ley del Tali&#243;n, tal como lo ense&#241;a el Deuteronomio 19,17-21. El castigo debe ser retributivo, proporcional a la falta; &#8220;ojo por ojo, diente por diente&#8221;. Rorschach apela a un c&#243;digo estricto, por el que retribuir es una prioridad, debi&#233;ndose juzgar con base en unas m&#225;ximas radicales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El influjo kantiano en la posici&#243;n del vigilante es ostensible. Para el fil&#243;sofo de K&#246;nigsberg, la retribuci&#243;n es un valor absoluto; impone que el castigo se ajuste de forma equivalente al crimen cometido por cualquier persona que sea capaz de decidir entre el bien o el mal. La idea del ser humano como un agente con dignidad, como un &lt;i&gt;fin en s&#237; mismo&lt;/i&gt;, permite considerar que la imposici&#243;n de la pena no puede instrumentalizar al sujeto de la moralidad. Lo que importa es que se atienda al &#8220;principio de igualdad (en la posici&#243;n del fiel de la balanza de la justicia): no inclinarse m&#225;s hacia un lado que hacia otro&#8221;. Una justicia p&#250;blica prioriza la &lt;i&gt;ley del tali&#243;n (ius talionis)&lt;/i&gt;, &#250;nica que &#8220;puede ofrecer con seguridad la cualidad y cantidad del castigo, pero bien entendido que en el seno de un tribunal (no en tu juicio privado)&#034; (Kant, 1993, p. 168). La equivalencia cuando hay un asesinato exige que el que cometa el crimen tenga que morir, como lo ense&#241;a Kant. No hay posibilidad para el consecuencialismo. &#8220;No existe &lt;i&gt;equivalencia&lt;/i&gt; entre una vida, por penosa que sea, y la muerte, por tanto, tampoco hay igualdad entre el crimen y la represalia, si no es matando al culpable por disposici&#243;n judicial&#8230;&#8221; (Kant, 1993, p. 168).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Kant (1993) ni el bienestar social en raz&#243;n de la utilidad del grupo, ni la resocializaci&#243;n del delincuente, pueden ser criterios para la fijaci&#243;n de la pena. Las razones del imperativo categ&#243;rico son las &#250;nicas que pueden justificar un buen actuar a la hora de sancionar. Los delincuentes son personas, agentes de moralidad, sin que la justicia privada pueda imponerles la pena. El estado es el &#250;nico llamado a castigar a todo aquel que en ejercicio de la libertad opte por el crimen.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay vecindades entre el enmascarado y el fil&#243;sofo prusiano, al concebir la pena como retribuci&#243;n al crimen cometido, pero la distancia tambi&#233;n es manifiesta. El vengador del c&#243;mic est&#225; en la ilegalidad; se aparta de la justicia p&#250;blica estatal, mientras que para Kant el uso de la potestad punitiva debe provenir del estado. El vigilante muestra a un ser oscuro, que obra al margen del estado para sembrar terror. Rorschach es como un paramilitar, a quien no le importa el respeto de derechos m&#237;nimos de quienes han cometido delitos abominables y que han irrespetado los derechos de sus v&#237;ctimas (Held, 2009). La redistribuci&#243;n resulta radical, porque el vigilante no act&#250;a dentro de un esquema de&#243;ntico humanista, sino que obedece al impulso m&#225;s b&#225;sico de acci&#243;n-reacci&#243;n; se apela a la venganza como una reacci&#243;n auxiliada por el odio y la memoria.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno de los momentos cumbres de la novela gr&#225;fica es el enfrentamiento entre Rorschach y Ozymandias. El rechazo de aquel a los argumentos utilitarios de este es total. Veidt busca salvar el mundo a costa del sacrificio de millones de neoyorkinos, mientras que Rorschach act&#250;a kantianamente, sin sentirse responsable por las consecuencias. Siguiendo a Kant, hay un principio b&#225;sico por el que Rorschach est&#225; dispuesto a inmolarse: los seres humanos deben ser tratados como &#8220;un fin y nunca como un medio&#8221; (Kant, 1990, pp. 114-116), tal como lo plantea la segunda f&#243;rmula propia del imperativo categ&#243;rico, sin que sea dable instrumentalizarlos para consolidar un bien mayor. Rorschach prefiere sacrificar su vida, ya que no quiere vivir en un mundo en el que imperen las reglas de Ozymandias. Es mejor decir la verdad sin importar los costos. Sin embargo, la acci&#243;n de Rorschach es muy discutible por cuanto &#8220;aunque tiene el deber de no mentir, no tiene el deber de decir la verdad&#8221; (Nuttall, 2009, p. 96).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Son varias las cuestiones que surgen cuando se eval&#250;a el asunto. &#191;Por qu&#233; no callar? El da&#241;o est&#225; hecho. &#191;Por qu&#233; obligarse a decir la verdad a sabiendas de causar un da&#241;o? &#191;El deber de no mentir, si se siguiera el principio humanidad, exige el deber de decir la verdad? &#191;No se requiere un juicio previo que imponga prudencia y responsabilidad? Rorschach juzga con el asco que siente de morar en un mundo atrapado por el fango; su visi&#243;n maniquea de mirar en blanco y negro sucumbe en varias ocasiones. No se salva de la incoherencia, contra la que tanto luch&#243;.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Loftis (2009) cuestiona esas fracturas que niegan manifiestamente la apuesta (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Su enfrentamiento con Espectro de Seda II, cuando esta le reclama por su indiferencia frente al intento de agresi&#243;n del Comediante a su madre, da cuenta de ese desdoble. Laurie cuestiona la lasitud del enmascarado, lo que no se espera de un hombre que ha sido tan duro frente al crimen. En palabras de la mujer cabe cuestionar la aquiescencia de Rorschach: &#8220;&#191;Una debilidad? &#191;Un lapsus moral?&#8221; (cap. I, p. 21).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los monstruos de Rorschach sobresalen de bulto. El hecho de querer trabajar por fuera del estado y de adoptar una actitud justiciera adecuada a sus propios c&#243;digos de conducta, trae aparejado numerosos problemas. &#191;En qu&#233; quedan los derechos individuales, como el derecho a un juicio justo (debido proceso)? En sentir del enmascarado son un desatino; son un estorbo para sus planes. Al vigilante no le importa acudir a m&#233;todos violentos para obtener informaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Rorschach se sumerge en un universo de sombras, se sume en un abismo en el que sus c&#243;digos binarios se pierden. No hay ilusi&#243;n; ya no la hab&#237;a para cuando mata y quema al asesino de Blaire Roche llam&#225;ndole perro. Una verdadera transformaci&#243;n se estaba dando en el vigilante, mientras miraba el cielo a trav&#233;s del humo pesado de grasa humana y sin que haya podido encontrar a Dios (cap. VI, pp. 25-26). La actitud justiciera del vigilante ha terminado por cegarlo, lo mismo sucedi&#243; con el protagonista del c&#243;mic interno del Carguero Negro, que se desarrolla al interior de la novela gr&#225;fica; nos referimos al n&#225;ufrago que sucumbe frente a sus demonios internos, que no pudo vencer el gran monstruo que habitaba en &#233;l. (cap. X, pp. 12-13)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un vac&#237;o agobiante queda al final. As&#237; lo relaciona el m&#233;dico tratante de Rorschach. &#8220;&lt;i&gt;El horror es este: al final no es m&#225;s que un dibujo de una negrura vac&#237;a y sin sentido. Estamos a solas. No hay nada m&#225;s.&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VI, p. 28). Rorschach ha luchado en contra de sus propios monstruos, y parece que ha perdido la batalla final. No ha podido confrontar su mirada. Un aforismo nietzscheano ha sentenciado al vigilante: &#8220;&lt;i&gt;No luches contra monstruos, a no ser que te conviertas en monstruo, y si miras al abismo, el abismo te devuelve la mirada&lt;/i&gt;.&#8221; (cap. VI, p. 28).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;4. Un mundo dise&#241;ado por un relojero&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Manhattan, un superh&#233;roe sin m&#225;scara y sin antifaz, es un ser dotado de extrema inteligencia y que cuenta con poderes excepcionales, como los de transformar la materia y percibir el tiempo como un conjunto. El ser azulado de los Watchmen cuenta con capacidad para ver un sinn&#250;mero de mundos y contemplar la peque&#241;ez del ser humano en medio de la grandeza del Universo. En el c&#243;mic, el pueblo lo compara inicialmente con un &#8220;&lt;i&gt;superhombre&lt;/i&gt;&#8221;, motivo de orgullo estadounidense; es &#8220;&lt;i&gt;americano&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IV, p. 13).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lo or&#237;genes de Manhattan se remontan a un accidente que Jonathan Osterman, un cient&#237;fico brillante y prometedor, sufri&#243; en su laboratorio; el incidente le cambi&#243; su vida luego de la desintegraci&#243;n de su cuerpo. Antes de la tragedia, Jonathan era un hombre amante de la ciencia, pero apasionado, que nunca olvid&#243; el oficio de relojero de su padre; no renunciaba a los peque&#241;os detalles que le permit&#237;an reconocer una vida llena de placeres sublimes y por los que val&#237;a la pena vivir; baste recordar la experiencia que tuvo al cruzar sus dedos con los de una mujer que le pasa &#8220;&lt;i&gt;una cerveza fr&#237;a y mojada&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IV, p. 5).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Osterman era una persona que amaba y que reivindicaba el papel de las emociones; sin embargo, la desventura lleg&#243; a su vida. Por culpa del accidente, mut&#243; hacia un ser diferente: Manhattan aparec&#237;a en escena y Osterman mor&#237;a; el cambio era definitivo, aunque un resto de su pasado segu&#237;a en &#233;l; el amor por el oficio de relojero fue el legado de su padre para siempre. Ahora solo queda Manhattan y la admiraci&#243;n por el engranaje perfecto de las piezas del reloj se hace presente para seguir interpretando el Universo (cap. IV, p. 3).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Si bien Manhattan no cree en ning&#250;n dios y no se considera como tal (cap. IV, p. 11), ha llegado para hacerse sentir a los seres humanos que est&#225;n bajo su sombra. Llega con todos los poderes presentes en esta nueva etapa de su vida, siendo el m&#225;s destacado de ellos ver el tiempo como una unidad (cap. IX, p. 6). Sin embargo, no puede evitar el futuro, porque para &#233;l est&#225; sucediendo (cap. IV, p. 16). Manhattan entra a actuar en un mundo que no comprende bien; un mundo en el que encuentra que la vida humana est&#225; demasiada sobrevalorada (cap. IX, p. 13); al menos, para el superh&#233;roe &#8220;un cuerpo vivo y un cuerpo muerto contienen el mismo n&#250;mero de part&#237;culas&#8221;, vida y muerte &#8220;&lt;i&gt;son conceptos abstractos incuantificables&lt;/i&gt;&#8221; (cap. I, p. 21).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La dificultad que tiene Manhattan para relacionarse con los seres humanos es enorme. Tenemos a un ser bastante incomprendido y percibido como una amenaza luego de desvanecerse la expectativa que el pueblo ten&#237;a hacia &#233;l: &#8220;&lt;i&gt;Miradle. Mirad a ese monstruo que est&#225; contra Dios&lt;/i&gt;.&#8221; (cap. IV, p. 22) Cierto influjo estoicista se aprecia en un ser que desconf&#237;a de cualquier sentimiento que provoque una percepci&#243;n falaz del mundo y que estropee la capacidad de juicio. Mientras permanece en el mundo de los humanos, Manhattan toma distancia frente a unos seres que considera como &#8220;&lt;i&gt;marionetas&lt;/i&gt;&#8221; y piensa que tiene la capacidad para &#8220;&lt;i&gt;ver los hilos&lt;/i&gt;&#8221; de los que penden los seres vivientes (cap. IX, p. 5). Es una especie de &#8220;&lt;i&gt;Deus ex machina&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VIII, p. 23).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Para Manhattan, vale m&#225;s contemplar una maravilla portentosa como el universo que ocuparse de los conflictos humanos; no importan las desarmon&#237;as provenientes de la violencia generada por las fuerzas de la naturaleza. Lo que m&#225;s interesa es ser buen observador; el superh&#233;roe tiene las condiciones para serlo, ya que puede ver las cuerdas con las que se mueve todo el interior de la magnificencia que aprecia: &#8220;&lt;i&gt;Soy capaz de leer los &#225;tomos&#8230; Veo el antiguo espect&#225;culo que dio origen a esas piedras. A su lado, la vida de los seres humanos es corta y mundana&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IX, p. 17).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Manhattan carece de emociones para formular juicios morales adecuados; sin embargo, est&#225; rodeado de seres con vida y con sentimientos. Desde su mirada no vale la pena detenerse a pensar en los dilemas morales de unos seres tan complejos como los humanos. Las emociones son las que sumen a hombres y mujeres en incoherencias constantes, el doctor Manhattan dice carecer de ellas; por esto, es inviable la formulaci&#243;n de principios objetivos para arribar a las mejores soluciones. Esta posici&#243;n permite recordar los postulados de Hume, para quien lo bueno o lo malo depende del punto de vista que se asuma desde los sentimientos.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_951 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH146/watchmen4-9928c.jpg?1775198996' width='354' height='146' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Cuando se cavila en el universo como un reloj, es posible pensar en su art&#237;fice o dise&#241;ador; por esto, a partir de Manhattan, puede establecerse una comparaci&#243;n entre relojero y Dios. La observaci&#243;n del relojero resulta definitiva para resolver los grandes problemas de la humanidad, como bien lo predijo Einstein, por cuanto &#8220;la liberaci&#243;n de la energ&#237;a at&#243;mica lo ha cambiado todo, excepto nuestra manera de pensar.&#8221; (cap. IV, p. 28) Eso s&#237;, se hace necesario observar mirando el mundo como lo hace un ni&#241;o, sin perder el desinter&#233;s ante tanta maravilla (cap. IX, p. 27).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La met&#225;fora del maestro relojero tiene un significado profundo desde de la mirada de Manhattan, pudi&#233;ndose considerar los conocidos argumentos teol&#243;gicos para probar la existencia de un art&#237;fice superior. La pregunta por Dios se abre paso al pensar en la existencia de una gran inteligencia creadora. Las tesis de William Pale cobran inter&#233;s significativo al concebirse que un dise&#241;o tan perfecto, parecido al reloj de bolsillo, tiene un creador; no es resultado del azar. Es imposible cavilar en que algo tan asombroso no haya sido producto de un ente demasiado inteligente y no humano. Dios es el art&#237;fice-relojero de un universo en el que se engranan y ensamblan sus piezas de manera perfecta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ese &#8220;argumento del dise&#241;o&#8221; se encuentra muy vinculado con la visi&#243;n de Leibniz; se considera la existencia de Dios, gran dise&#241;ador que sostiene el Universo, un enorme engranaje que funciona como las piezas de un reloj. Dios crea el mundo y por medio de leyes universales que dise&#241;a hace que se mueva arm&#243;nicamente. No obstante, en el c&#243;mic, Manhattan manifiesta sus dudas sobre la existencia de ese creador. &#8220;&lt;i&gt;Posiblemente el mundo no fue hecho. Quiz&#225; nada sea creado. Posiblemente est&#233; ah&#237;, lo haya estado y lo siga estando siempre&#8230; Un reloj sin art&#237;fice.&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IV, p. 28)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Inevitable la confusi&#243;n cuando se pregunta de d&#243;nde y por qu&#233; el cosmos. Si se contesta indicando que viene de un gran dise&#241;ador, resulta ineludible indagar por la procedencia de Dios. Hay quienes piensan que es imposible responder y que resulta in&#250;til seguir indagando. Ahora bien, si se opta por considerar la existencia de Dios, puede preguntarse &#191;qu&#233; papel le cabe a esa inteligencia creadora luego de crear un dise&#241;o tan perfecto? En la perspectiva de Manhattan no es viable pensar en una intervenci&#243;n. El art&#237;fice no act&#250;a en los asuntos humanos; el relojero solo da la cuerda. Los seres humanos, aunque se conciben como creados, hacen parte de un engranaje.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un nuevo problema se avizora: el de la libertad y son numerosas las preguntas: &#191;Hasta d&#243;nde nuestras acciones pueden cambiar un plan trazado de antemano? &#191;Qu&#233; hubiese pasado con el rumbo de las cosas sin m&#237; o sin determinadas personas? &#191;C&#243;mo puedo imputar responsabilidades en medio de los acontecimientos de la vida? &#191;Qu&#233; imagen de Dios puede ser compatible con el libre albedr&#237;o? No se descarta la ausencia del art&#237;fice. &#8220;&lt;i&gt;Quiz&#225; el mundo no sea creado. Talvez nada hecho. Quiz&#225; simplemente est&#233; ah&#237;, lo haya estado y lo siga estando siempre&#8230; Un reloj sin art&#237;fice&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IV, p. 27).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Una consideraci&#243;n sobre un dios omnisciente y omnipresente genera numerosos problemas a la hora de entender el libre albedr&#237;o, por cuanto hace manifiesto el fatalismo. Por cierto, Manhattan estima que todo est&#225; predeterminado.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Seg&#250;n Arthur Ward (2009): &#8220;La raz&#243;n por la que el fatalismo es tan (&#8230;)&#034; id=&#034;nh3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; Si esto se entiende en esta direcci&#243;n, Dios lo sabe todo y conoce por anticipado lo que pasar&#225; en el futuro a cada uno de nosotros. Entonces, &#191;c&#243;mo definir la libertad en este escenario?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay un determinismo que hace depender lo habido a unas causas y fines. La voluntad termina involucrada en el dise&#241;o de unas reglas de precedencia que se imponen. Una de las variables de esa concepci&#243;n determinista ha sido evaluada en los &#225;mbitos moral y religioso, como lo predica la doctrina de la predestinaci&#243;n. Se piensa que Dios est&#225; por fuera de las coordenadas del tiempo; pero, ah&#237; no queda todo cuando se asegura que el conocimiento de Dios abarca las decisiones reales que se toman y las que pudieron haberse tomado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pregunta por el ejercicio de la libertad y el papel que le corresponde a quien crea el mundo es ineludible. Llama la atenci&#243;n que Manhattan solo crea en milagros cu&#225;nticos; pero, luego de su di&#225;logo con Espectro de Seda (J&#250;piter), replantea su posici&#243;n y considera que la vida es un milagro. Si bien piensa que &#034;la vida humana es breve y mundana&#034;, y que se trata de &#034;&lt;i&gt;fen&#243;meno altamente sobrestimado&lt;/i&gt;&#034;, las l&#225;grimas de Laurie lo hacen reaccionar; reconoce que su vida es uno de los &#8220;milagros termodin&#225;micos&#8221;, esto es, &#8220;&lt;i&gt;eventos con probabilidades infinitesimales de suceder que son pr&#225;cticamente imposibles, como que el ox&#237;geno se convierta espont&#225;neamente en oro&lt;/i&gt;&#8221;. Seg&#250;n Manhattan: &#8220;&lt;i&gt;Destilar una forma tan espec&#237;fica, a partir de ese caos de improbabilidades, se parece a convertir el aire en oro&#8230; Es la cima de la improbabilidad&lt;/i&gt;.&#8221; (cap. IX, pp. 26-27).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Manhattan comprende que la vida humana es producto de un milagro; pero, al final de la historia, estima que no es conveniente involucrarse. El superh&#233;roe se contrae frente a los acontecimientos y las contradicciones insuperables de la condici&#243;n humana. Por esto se va. La Tierra no es su mundo; es mejor ver desde fuera que quedarse compartiendo con seres paradojales e inexpugnables. En otro planeta, sin complicarse, podr&#225; crear vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;5. Un mundo sin principios morales&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno de los vigilantes es el hombre m&#225;s inteligente del mundo. Es un hombre de personalidad fuerte y engre&#237;do que busca colonizar los esp&#237;ritus d&#233;biles. Nos referimos a Ozymandias; un villano en el universo de Moore, que pone en jaque a sus compa&#241;eros y que, parad&#243;jicamente, busca redimir a la humanidad de sus miserias. Antes de convertirse en superh&#233;roe, hab&#237;a adoptado &#8220;&lt;i&gt;el nombre griego de Rams&#233;s y el estilo de saqueador de Alejandro&lt;/i&gt;&#8221;; busc&#243; &#8220;&lt;i&gt;aplicar las ense&#241;anzas antiguas al mundo actual&lt;/i&gt;&#8221; e inici&#243; su &#8220;&lt;i&gt;camino hacia la conquista&lt;/i&gt;&#8221; de lo que estimaba como los males que asedian al mundo (cap. XI, p. 11).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por las restricciones y proscripciones impuestas a la actividad de los superh&#233;roes por la Ley Keene, Ozymandias debi&#243; acatar su contenido y abandonar el grupo de los vigilantes. Como Adrian Veidt emprende un negocio exitoso; pero, nunca olvid&#243; la meta de hacer algo grandioso en beneficio de la humanidad. La ley de prohibici&#243;n de vigilantes no lo desvi&#243; de su firme objetivo. Seg&#250;n Veidt, si antes se hab&#237;a dedicado a &#8220;&lt;i&gt;poner fin a la injusticia destruyendo las organizaciones criminales&lt;/i&gt;&#8221;, ahora era m&#225;s importante tener otras prioridades como la libertad mundial. Encuentra una oportunidad que, a su juicio, lo situar&#237;a en la gloria. Ante el riesgo que se cern&#237;a sobre la vida humana, debido a la amenaza de destrucci&#243;n nuclear, Ozymandias fragua un plan para favorecer supuestamente a miles de millones de personas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La crispaci&#243;n en la d&#233;cada de los ochenta del siglo pasado, en la que los seres humanos se sum&#237;an, hac&#237;a pensar en que el fin de la Tierra era inevitable. El &#8220;&lt;i&gt;espectro de un apocalipsis accidental estaba cada vez m&#225;s cerca&lt;/i&gt;&#8221;; el peligro era inminente, &#8220;&lt;i&gt;dadas las posibilidades matem&#225;ticas de la situaci&#243;n, tarde o temprano el conflicto ser&#237;a inevitable&lt;/i&gt;&#8221;. Mediante una haza&#241;a grandiosa pod&#237;a evitarse ese fin. El panorama no era alentador y hab&#237;a que actuar; de no hacerlo, &#8220;&lt;i&gt;el presente del planeta terminar&#237;a; su futuro inmensurablemente m&#225;s vasto tambi&#233;n se desvanecer&#237;a; incluso nuestro pasado quedar&#237;a cancelado&lt;/i&gt;&#8221;. Era urgente una &#8220;&lt;i&gt;soluci&#243;n pr&#225;ctica&lt;/i&gt;&#8221;, m&#225;s all&#225; de las &#8220;&lt;i&gt;soluciones convencionales&lt;/i&gt;&#8221; (cap. XI, p. 21, 22, 25).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el cl&#237;max de la novela gr&#225;fica, Ozymandias se presenta como un megal&#243;mano que pone en marcha un plan infausto de sacrificio de vidas humanas, justificado en criterios utilitaristas. Mata a tres millones de personas, habitantes de Nueva York, con el prop&#243;sito de salvar a miles de millones de seres humanos que pudieron haber muerto en una hecatombe nuclear; miente sobre un falso ataque extraterrestre. Los seres humanos son &#8220;&lt;i&gt;enga&#241;ados&lt;/i&gt;&#8221; y &#8220;&lt;i&gt;asustados&lt;/i&gt;&#8221; para salvarles; es &#8220;&lt;i&gt;la m&#225;s grande broma de la historia&lt;/i&gt;&#8221; (cap. XI, p. 24). Ese el &#8220;chiste&#8221;, con el que el hombre m&#225;s inteligente doblega al gran bromista y el Comediante no pudo soportarlo. En el film, el presuntuoso hombre hace creer que Manhattan es el responsable de los ataques que mataron millones de personas.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No importa mentir, no interesa matar; lo decisivo son las consecuencias de nuestros actos. Ozymandias prefiere asegurar la supervivencia humana y, para esto, basta calcular, en raz&#243;n costos y beneficios. Unos son sacrificados para que muchos vivan. La prioridad es luchar por &#8220;&lt;i&gt;un mundo m&#225;s fuerte y feliz&lt;/i&gt;&#8221; (cap. XII, p. 6).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_952 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH202/watchmen5-f2ca5.jpg?1775198996' width='354' height='202' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Desde la mirada de Ozymandias no importa instrumentalizar cuando se quiere el bienestar de muchos. En este sentido nos preguntamos sobre c&#243;mo calificar moralmente este tipo de acciones de c&#225;lculo que tienden a promover la felicidad. La respuesta puede establecerse con la doctrina utilitarista. No se olvide que su fundador, Jeremy Bentham (1988), rechazaba cualquier consideraci&#243;n del ser humano como agente racional dotado de un valor absoluto de dignidad; basta que a los seres humanos por igual se les quiera hacer felices (Loftis, 2009).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La soluci&#243;n de Ozymandias causa escozor; es dif&#237;cil aceptar que el hombre m&#225;s inteligente del mundo tenga claro lo que es felicidad. Para Bentham, los actos realizados en nombre de un c&#225;lculo hedonista son los que deben importar, todos ellos direccionados por las consecuencias. Ozymandias logra ejecutar su plan y los dem&#225;s vigilantes no pueden evitarlo. Su manifestaci&#243;n de triunfo es manifiesta: &#8220;&lt;i&gt;I did it!&#8221; (&#8220;&#161;Lo hice!&#8221;)&lt;/i&gt;. Al fin, ya no hay amenaza de hecatombe, por cuanto, seg&#250;n su parecer &#8220;&lt;i&gt;todos los pa&#237;ses est&#225;n unidos y en paz&lt;/i&gt;&#8221; (cap. XII, p. 19). No obstante, nos preguntamos hasta d&#243;nde vali&#243; la pena matar a millones de seres humanos para salvar a miles de millones de personas. No hay garant&#237;a definitiva para la concordia y la paz futuras entre los seres humanos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La doctrina utilitarista y sus versiones&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Hay un utilitarismo de regla que conf&#237;a en los h&#225;bitos y c&#225;nones que los (&#8230;)&#034; id=&#034;nh4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; deben evaluarse con detenimiento. El prop&#243;sito de maximizar la felicidad, como lo procura Ozymandias, desatendiendo el propio h&#225;bito o la virtud de la compasi&#243;n, confunde. Lo que est&#225; en juego es la correcci&#243;n en la tarea de emprender acciones en funci&#243;n de consecuencias. Moore y Gibbons desnudan la pretensi&#243;n del vigilante. Un hombre presumido acude a actos de extrema crueldad inmolando a millones de personas. A Ozymandias no le import&#243; consultar si los individuos que iba a sacrificar estaban dispuestos a morir para salvar la Tierra. La apuesta de Veidt deviene de un mesianismo utilitarista que no pudo diferenciar la felicidad de la salvaci&#243;n; el resultado es fatal. As&#237; las cosas, el c&#225;lculo utilitarista es cuestionable cuando la amenaza a la felicidad es irreal, una mera invenci&#243;n del mes&#237;as.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los derechos humanos individuales no estuvieron en la agenda de Veidt. Desde una versi&#243;n utilitarista como la ofrecida por John Stuart Mill (1984), Ozymandias no supera la prueba. El bien mayor no puede estar en contra de la voluntad de los individuos sacrificando sus libertades b&#225;sicas; con mayor raz&#243;n cuando contin&#250;an los riesgos de una cat&#225;strofe nuclear.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;La experiencia demuestra que los individuos y las sociedades que reconocen los derechos tienen m&#225;s probabilidades de maximizar la felicidad que los que no lo hacen. Si Veidt hubiera sido un utilitarista real, lo habr&#237;a reconocido y habr&#237;a adoptado reglas m&#225;s estrictas sobre matar a la gente. (Loftis, 2009, p. 68)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En estas condiciones, a partir de John Stuart Mill (1984), no es posible estar conforme con el plan de Ozymandias. Los c&#225;lculos utilitaristas no pueden desconocer las libertades individuales; hay que intentar su salvaguarda a corto plazo y evaluar las probabilidades que se tienen de obtener un bienestar duradero que justifique el sacrificio de algunos individuos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt; revela el fracaso de la pretensi&#243;n de Ozymandias. Veidt le pregunta a Manhattan: &#034;&lt;i&gt;Jon, antes de que te vayas&#8230; Hice lo correcto, &#191;no? Todo funcion&#243; en el final&lt;/i&gt;.&#034; Manhattan le manifiesta: &#034;&lt;i&gt;En el fin nada termina, Adrian. Nada termina nunca&lt;/i&gt;&#8221; (cap. XII, p. 27). Pero, ah&#237; no concluye todo. Ozymandias pretende comprometer a sus compa&#241;eros; salvo Rorschach, los dem&#225;s asienten. Seg&#250;n el hombre m&#225;s inteligente del mundo, para mantener la convivencia global, no tiene sentido delatarlo. La cuesti&#243;n que plantea el villano resulta demoledora: &#8220;&lt;i&gt;&#191;Revelar&#233;is mi secreto y estropear&#233;is la paz por la que han muerto millones de personas?... Moralmente est&#225;is en jaque mate, como Blake&lt;/i&gt;&#8221; (cap. XII, p. 20). Entretanto, Rorschach resiste. No cree que pueda callarse por ocurrir un mal necesario. No hay espacio para Rorschach; solo cabe la utop&#237;a de Veidt (cap. XII, p. 24).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;6. Un mundo humano, demasiado humano&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;B&#250;ho Nocturno II (Dan Dreiberg) y Espectro de Seda II (Laurie Juspeczyk) son los vigilantes que mejor expresan nuestros miedos, incoherencias y falta de definiciones. Son seres que tienden al autocuidado en un mundo que reconocen como un lugar cruel, pero que es el &#250;nico sitio en el que pueden morar. La Tierra es el &#250;nico lugar que les pertenece y har&#225;n todo lo posible para encontrar su mejor rostro y habitarlo. Estos &lt;i&gt;watchmen&lt;/i&gt; son tan distintos a los dem&#225;s del grupo, pero tan cercanos a nosotros. No quieren sentirse solos. Ambos sue&#241;an y quieren tener a su lado un ser que les ame y les proteja, como lo muestra la vi&#241;eta en la que Dan, mientras yace en la cama intentando dormir, piensa en Laurie; Dan desea estar con ella, aunque es impotente para comunicarle sus sentimientos. &#8220;&lt;i&gt;Hell and damnation&lt;/i&gt;&#8221; (cap. V, p. 19).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dan y Laurie nos devuelven sus rostros. Son nuestros gemelos; no importa que no sean tan fuertes y tan inteligentes como los dem&#225;s &lt;i&gt;watchmen&lt;/i&gt;. Lo definitivo es que tienen toda la capacidad para cuestionar, criticar y arriesgar, sin dejar de lado sus sentimientos. Las incoherencias son constantes en sus vidas. Son unos verdaderos caminantes de laberintos, que avanzan y retroceden en su esfuerzo de encontrar salidas, conscientes de sus errores y con una enorme capacidad para rectificar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Tanto B&#250;ho Nocturno II como Espectro de Seda II creen en el sue&#241;o americano, en la justicia y en la posibilidad de luchar por un mundo com&#250;n; pero tambalean en medio de la violencia que les rodea. No dejan de tener inclinaciones hacia la venganza y la maldad. Sobre ellos pesa la carga del destierro del para&#237;so que yace sobre el g&#233;nero humano. La insatisfacci&#243;n constante les acompa&#241;a; muestran su inconformidad frente a lo que hacen, como cuando Dan cuestiona por el sentido de usar disfraces y artefactos para combatir &#8220;&lt;i&gt;a prostitutas y ladrones de bolsos&lt;/i&gt;&#8221; (cap. VII, p. 8).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dan y Laurie son humanos, demasiado humanos; recordamos el famoso aforismo nietzscheano. Ellos son complejos y ambiguos; al fin, seres que no pueden sernos desconocidos, que se parecen demasiado a nosotros. Son seres que, en sus momentos de crisis, se debaten entre la vida y la muerte; sus sentimientos se encuentran entre luces y sombras.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No sobra cuestionar hasta d&#243;nde B&#250;ho y Espectro de Seda son tan distintos de quienes pretenden ayudar; unos tan &#237;ntegros y otros tan ruines y canallas. (cap. VII, p.23) Al fin, no importa distinguir entre seres indefinidos, que no se diferencian demasiado de los desesperados a quienes pretenden salvar. (cap. VII, p. 24)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En el caso de B&#250;ho Nocturno II, seg&#250;n White (2009), encontramos un ser normal y virtuoso. Para el estudioso de la novela gr&#225;fica, B&#250;ho revela un &#8220;equilibrio&#8221;, entre el exceso y el defecto. La virtud aristot&#233;lica se hace manifiesta en un hombre &#8220;deliberado, pero no obstinado&#8221;; &#8220;cauteloso, pero no temerario&#8221; (pp. 80-84); un hombre que &#8220;muestra muchas otras virtudes descritas por Arist&#243;teles: suavidad, amistad ingenio, por mencionar s&#243;lo algunos.&#8221; (p. 84) Dan es &#8220;buen tipo&#8221;, un hombre &#8220;sencillo&#8221;, &#8220;valiente, pero no temerario&#8221;, &#8220;que ayuda a la gente, pero lo hace con cuidado&#8221;, un hombre &#8220;leal a sus amigos, pero no al servilismo&#8221; (p. 86). Sin embargo, un ser demasiado d&#233;bil, acechado por los vicios; un hombre ambiguo y dubitativo cuando se trata de tomar decisiones importantes que afectan a otros. &#8220;&#161;Dan, &#161;Dan, &#233;l es nuestro hombre!&#8221; (p. 89).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;B&#250;ho Nocturno II es demasiado vecino a nosotros. Siente rabia cuando se entera del asesinato de Hollis Mason, el primer B&#250;ho, y por esto quiso ajusticiar a uno de los miembros de la banda que lo mat&#243;; Rorschach lo reprende, y le manifiesta: &#8220;&lt;i&gt;No delante de civiles&lt;/i&gt;&#8221; (cap. X, p. 16). B&#250;ho comprende, y vuelve a tranquilizarse; busca sosiego a fin de evitar que lo pasional y la ira le dominen.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;B&#250;ho II es quien descubre que Ozymandias es el responsable de la muerte del Comediante y de la conspiraci&#243;n emprendida en contra de Manhattan; sabe que Ozymandias es el cerebro de la empresa criminal de Transportes Pyramid. Piensa que todo esto es una locura; no quiere creerlo, pero investiga y exige las explicaciones correspondientes. (cap. X, p. 17) Cuando va a Karnak, el refugio ant&#225;rtico de Veidt, reitera su estupor por lo que sucede, ya que le parece extra&#241;o que un &#8220;&lt;i&gt;pacifista y vegetariano&lt;/i&gt;&#8221; sea el responsable del sacrificio de muchas personas (cap. XI, p. 15).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Espectro de Seda II (J&#250;piter) es d&#233;bil y pasional; es humana, demasiada humana. Pese a sus conflictos de comunicaci&#243;n con su madre, le perdona. (cap. XII, p. 29) Laurie hab&#237;a llegado a un estado de shock cuando se enter&#243; que el Comediante era su padre. Habr&#225; que esperar y Laurie tiene la capacidad para reponerse en medio de la dificultad. Aunque tiene la capacidad de perdonar, tambi&#233;n es una mujer decidida a enrostrar a los otros sus faltas. Siempre lo hizo con sus compa&#241;eros, con Manhattan, Dan, el Comediante, Rorschach y Ozymandias.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Laurie confronta a Ozymandias con severidad, cuando descubre su plan; no solo intenta matarlo, sino que tambi&#233;n lo inquiere: &#8220;&lt;i&gt;&#191;Despu&#233;s de lo que has hecho? No puedes quedar impune&#8230;&lt;/i&gt;&#8221; (cap. XII, p. 20) Sin embargo, sucumbe cuando acepta que es preferible no delatar a Veidt. Laurie prefiere arrojarse a los brazos de Dan, seguir am&#225;ndolo, aunque se haya enterado de algo terrible y que no podr&#225; deshacer. Se trata de seguir viviendo, volver a empezar.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sobresale la escena en la que Espectro de Seda II le cuestiona a Rorschach por sus matices; la hero&#237;na no comparte que el enmascarado califique como lapsus morales comportamientos reprochables como lo es un intento de violaci&#243;n. La mujer sabe enjuiciar a quien ha querido juzgar a todo el mundo con su estricto c&#243;digo (blanco-negro) en el que no caben los matices.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Frente a Manhattan, Laurie le cuestiona que no se preocupe por encontrarse la humanidad &#8220;&lt;i&gt;al borde de su extinci&#243;n&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IX, p. 10); tambi&#233;n le censura su falta de emoci&#243;n frente a la vida. Mientras el ser azulado le habla a Laurie sobre las maravillas del Universo, sin que se requiera vida humana, la mujer le reclama por no detener la mirada en peque&#241;os detalles que tienen que ver con los seres humanos. Soberbias las palabras de Espectro: &#8220;&lt;i&gt;O sea, te gustan tanto esas rocas que llegan a adoptar formas extra&#241;as. Por Dios, &#161;deber&#237;as haberme visto antes de conocerte! Mi madre erosion&#243; mi adolescencia, para darme la forma que ella habr&#237;a tenido si no me hubiera tenido a m&#237;&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IX, p. 14). Seg&#250;n la hero&#237;na, es necesario pensar m&#225;s en los seres humanos. &#8220;&lt;i&gt;Su dolor, sus miedos, toda su vida&#8230;&lt;/i&gt;&#8221;, lo que Manhattan no logra entender muy bien. Laurie se refiere a &#8220;&lt;i&gt;personas comunes y corrientes&lt;/i&gt;&#8221;; de ah&#237; que le cuestione: &#8220;&#191;No te emociona eso m&#225;s que un mont&#243;n de piedras?&#8221; (cap. IX, p. 16).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En Marte, J&#250;piter le brinda a Manhattan una oportunidad para que entienda que hay milagros como la vida, aunque en la f&#237;sica cu&#225;ntica no quepan los milagros. Sus l&#225;grimas expresan el valor de la vida y revelan el miedo ante la amenaza a su cordura. Manhattan se confunde y reconoce ante Laurie: &#8220;&lt;i&gt;Yo no creo que tu vida carezca de sentido&lt;/i&gt;&#8221; (cap. IX, p. 26).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;De esta manera, B&#250;ho Nocturno II y Espectro de Seda II no tienen ning&#250;n problema de mostrarnos que son realmente Dan y Laurie. Sus m&#225;scaras y antifaces les dan seguridad para relacionarse con los otros y reconocer sus debilidades. Ambos son conscientes que a&#250;n con esos &#8220;&lt;i&gt;disfraces&lt;/i&gt;&#8221; no dejan de ser humanos, demasiado humanos.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_953 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH197/watchmen6-64b83.jpg?1775198996' width='354' height='197' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;B&#250;ho Nocturno II y Espectro de Seda II son tan cercanos a nosotros y tan distintos al resto de sus compa&#241;eros; por esto, comprendemos por qu&#233; finalmente se encuentran. Si bien Dan y su compa&#241;era han sido derrotados por las artima&#241;as de Ozymandias, apuestan a seguir viviendo; demasiado humanos. La mujer le dice con dulzura a Dan: &#8220;&lt;i&gt;Quiero que me ames porque no estamos muertos&lt;/i&gt;&#8221;. Sus cuerpos se funden y hacen el amor. Laurie le hace saber que quiere verlo, olerlo y saborearlo, simplemente porque &#8220;&lt;i&gt;puede&lt;/i&gt;&#8221;, porque no est&#225; muerta. B&#250;ho, por su parte, considera que un olor se ha apoderado de ellos; se trata de &#8220;&lt;i&gt;Nostalgia&lt;/i&gt;&#8221; (cap. XII, p. 22). Solo Dan y Laurie, sin la ayuda de nadie, se reconocen en medio de sus miedos. Su encuentro sexual as&#237; lo revela. No importa la acechanza del fantasma del pasado; ambos buscan amarse para sentirse como seres vivientes en medio de la muerte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Manhattan se ha ido; no pudo superar la prueba de comprender los enredos de las vidas humanas. Se ha cansado y quiere crear vida en otro lado (cap. XII, p. 27, cap. IV, p. 135). Entretanto, Dan y Laurie saben que deben quedarse, que no tienen otro sitio para estar; solo cuentan con un mundo en ebullici&#243;n, pero es el &#250;nico en el que, por ahora, seguir&#225;n existiendo; el &#250;nico en el que podr&#225;n quererse, y que, en medio de tantas vicisitudes, har&#225;n todo lo posible para que sea mejor.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Siguiendo la letra de Bob Dylan (1964), y como lo muestra el montaje de la canci&#243;n del cantautor norteamericano en la pel&#237;cula de Zack Snyder (2009), es cierto que los tiempos est&#225;n cambiando. La tragicomedia sigue abriendo su paso. En medio de tantos sobresaltos, ah&#237; est&#225;n Dan y Laurie. Ambos son itinerantes de laberintos, dispuestos a zigzaguear entre los baches y desv&#237;os presentes en sus vidas. Sienten que existen; mientras tanto esperan, y seguir&#225;n esperando, aunque crean muchas veces que van a desfallecer. La esperanza es lo &#250;ltimo que se pierde.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;7. Conclusi&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Varios mundos en conflicto emergen en la obra de Moore y Gibbons; una tensi&#243;n se manifiesta entre lo insano y lo sano. El Comediante, Rorschach, Manhattan, B&#250;ho Nocturno II y Espectro de Seda II, todos los integrantes de los &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt;, nos sumergen en mundos encontrados, en medio de la tragicomedia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hay mundos en los que quien est&#225; dispuesto a re&#237;r tambi&#233;n tendr&#225; que llorar; mundos en los hay que aprender que la dualidad absoluta entre el bien y el mal resulta insostenible porque hay zonas grises; mundos en los que fracasa quien quiera sustraerse a las emociones humanas; y, mundos en los que podr&#225; aprenderse que es inevitable la incoherencia, que basta meramente entender, parafraseando a Nietzsche, que somos humanos, simplemente humanos. Estos son los mundos del universo complejo de &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agudelo Ram&#237;rez, M. (2015). &lt;i&gt;Cine y Derechos Humanos&lt;/i&gt;. Medell&#237;n: Unaula.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bentham, J. (1988) [1789]. &lt;i&gt;The Principles of Morals and Legislation&lt;/i&gt;. Buffalo: Prometheus Books.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Dylan, B. (1964). &lt;i&gt;The Times They Are A-Changin&lt;/i&gt;. En The Times They Are A-Changin'. [LP, CD, SACD, casete]. Nueva York: Studio A, Columbia Recording Studios.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Held, J. (2009). Can we steer this rudderless world? Kant, Rorschach, Retributivism, and Honor. En M. D. White, &lt;i&gt;Watchmen and philosophy: a Rorschach test&lt;/i&gt;, pp. 19-31. Hoboken: Willey.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Hobbes, T. (1994). &lt;i&gt;Leviat&#225;n&lt;/i&gt;. Barcelona: Altaya.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kant, I. (1990). &lt;i&gt;Fundamentaci&#243;n de la Metaf&#237;sica de las Costumbres&lt;/i&gt;. Madrid: Alianza Editorial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kant, I. (1993). &lt;i&gt;La metaf&#237;sica de las costumbres&lt;/i&gt;. Barcelona: Altaya.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Kukkonen, T. (2009). &lt;i&gt;What's so goddamned funny's&lt;/i&gt;?. En M. D. White, &lt;i&gt;Watchmen and philosophy: a Rorschach test&lt;/i&gt;, pp. 197-213. Hoboken: Willey.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Lloyd, L., Gordon, L., Snyder, D. (productores) y Snyder Z. (director). (2009). &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt; [Cinta cinematogr&#225;fica]. EU.: Legendary Pictures, DC Comics, Cruel and Unusual Films y Lawrence Gordon Productions.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Loftis, R. (2009). Means, ends, and the critique of pure superheroes, En M. D. White, &lt;i&gt;Watchmen and philosophy: a Rorschach test&lt;/i&gt;, pp. 63-77. Hoboken: Willey.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mar&#237;n, R. (2018) [2009]. &lt;i&gt;W de Watchmen.&lt;/i&gt; Palma de Mallorca: Dolmen.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mill, J. S. (1984). &lt;i&gt;El utilitarismo; un sistema de la l&#243;gica&lt;/i&gt;. Madrid: Alianza Editorial.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Moore A., y Gibbons, D. (1986). &lt;i&gt;Watchmen&lt;/i&gt;. New York: DC Comics/Warner Books.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nuttall, A. (2009). Rorschach: when telling the truth is wrong. En M. D. White, &lt;i&gt;Watchmen and philosophy: a Rorschach test&lt;/i&gt;, pp. 91-99. Hoboken: Willey&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Skoble, A. (2013). Revisionismo de superheroes en &lt;i&gt;Watchmen y The Dark Kight Returns&lt;/i&gt;. En T. Morris &amp; M. Morris (Ed.), &lt;i&gt;Los superh&#233;roes y la filsof&#237;a&lt;/i&gt;, pp. 59-77. Barcelona: Blackie Books.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Spanokos, T. (2009). &lt;i&gt;Super-vigilantes and the Keene act&lt;/i&gt;. En M. D. White, &lt;i&gt;Watchmen and philosophy: a Rorschach test&lt;/i&gt;, pp. 33-46. Hoboken; Willey.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Van Ness, S. (2010). &lt;i&gt;Watchmen as Literature&lt;/i&gt;, Jefferson: McFarland &amp; Company, Inc.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ward, A. (2009) &lt;i&gt;Free will and foreknowledge: does Jon really know what Laurie will do next, and can she do otherwise?&lt;/i&gt; En M. D. White, &lt;i&gt;Watchmen and philosophy: a Rorschach test&lt;/i&gt;, pp. 125-135. Hoboken; Willey.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;White, M. (2009). &lt;i&gt;Watchmen and philosophy: a Rorschach test&lt;/i&gt;. Hoboken: Willey.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La palabra &#8220;vigilante&#8221; es la que prevalece en el desarrollo de la obra. Seg&#250;n Rafael Mar&#237;n (2018): &#8220;El t&#233;rmino &#180;superh&#233;roe&#180; apenas es mencionado un par de veces. Ni siquiera &#8216;Watchmen' aparece como tal: cuando se refiere a los pintorescos enmascarados usa el peyorativo t&#233;rmino &#8216;vigilante' (hom&#243;nimo en espa&#241;ol e ingl&#233;s) o los neutros &#8216;costumed adventurers', &#8216;masked man' o &#8216;masked adverturers', dejando clara la visi&#243;n que va a encargarse de mostrar ya desde las primeras p&#225;ginas. Un mundo donde el vigilantismo ha pasado a ser una moda inane de un pu&#241;ado de personajes de sexualidad discutible y motivaciones rid&#237;culas para convertirse en una amenaza que la sociedad percibe como causante de gran parte de sus males.&#8221; (p. 61)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Loftis (2009) cuestiona esas fracturas que niegan manifiestamente la apuesta de Rorschach de mirar el mundo en blanco y negro. &#191;Por qu&#233; no manifest&#243; rechazo alguno frente al actuar del Comediante cuando supo que &#233;ste hab&#237;a intentado violar a Espectro de Seda I o por sus acciones malas frente a las mujeres? &#191;Por qu&#233; justific&#243; el destrozo del apartamento de Moloch afirmando que: &#034;&#191;Lo siento por el l&#237;o, no puedo hacer una tortilla sin romper unos cuantos huevos&#8221;? &#191;Por qu&#233; admiraba al presidente Harry Truman pese a conocer su responsabilidad de los hechos de Hiroshima y Nagasaki, y cuyo prop&#243;sito consisti&#243; en evitar p&#233;rdidas mayores en la guerra? Para Loftis, en estos eventos &#8220;Rorschach se desliza en el razonamiento consecuencialista para justificar una exhibici&#243;n hipermasculina de poder y violencia&#8221;. Hay una cosmovisi&#243;n &#8220;simplemente fascista&#8221;. (p. 72).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Seg&#250;n Arthur Ward (2009): &#8220;La raz&#243;n por la que el fatalismo es tan inquietante es que el libre albedr&#237;o parece requerir la elecci&#243;n entre posibilidades alternativas. Si descubres que todas tus acciones han sido controladas por un cient&#237;fico malvado con un dispositivo remoto y que te ha enga&#241;ado pensando que est&#225;s controlando tus propias acciones, &#191;creer&#237;as que tus acciones eran gratuitas? Probablemente no, ya que en cualquier momento no hab&#237;a nada m&#225;s que pudieras haber hecho&#8221; (p. 126).&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Hay un utilitarismo de regla que conf&#237;a en los h&#225;bitos y c&#225;nones que los seres humanos desarrollan &#8220;para actuar moralmente&#8221;, como la norma &#8220;nunca matar&#8221;. Otro es el utilitarismo de &#8220;virtud&#8221;, en el que se pide desarrollar &#8220;las caracter&#237;sticas personales que tienden a maximizar la felicidad para todos si realmente las haces parte de ti&#8221;; por esto &#8220;Veidt podr&#237;a pasar su tiempo desarrollando un sentido de la compasi&#243;n, porque la gente compasiva generalmente trae m&#225;s felicidad que infelicidad al mundo.&#8221; (Loftis, 2009, p. 66)&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>A filming look about the silence of God</title>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Mart&#237;n Agudelo Ram&#237;rez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;The Seventh Seal (Det Sjunde Inseglet, 1957) is a film written and directed by Ingmar Bergman. The film is an exceptional portrait of the actual man's fear of the agnostic vacuum that constantly threatens his search for meaning. The Swedish director comes to a medieval metaphor to express his bewilderment at not being able to contemplate the absolute.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Key words:&lt;/strong&gt; God | medioevo | nothing | silence | empty agnostic.&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-8-No-1-" rel="directory"&gt;Volumen 08 | N&#186; 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Aut&#243;noma Latinoamericana, Colombia y miembro Art-Kin&#233; Internacional&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/El-septimo-sello-Una-mirada-filmica-sobre-el-silencio-de-Dios' class=&#034;spip_in&#034;&gt;El s&#233;ptimo sello. Una mirada f&#237;lmica sobre el silencio de Dios&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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		<title>A lesson about magical realism</title>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Mart&#237;n Agudelo Ram&#237;rez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Abstract&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;From films like &lt;i&gt;The strategy of the snail&lt;/i&gt; (Director: Sergio Cabrera), it is important to reflect on the importance of resisting against unfair decisions.&lt;br class='autobr' /&gt;
Reaching dreams is not impossible, but the law can be an obstacle to their achievement. Sergio Cabrera film teaches how to take a &#034;flight&#034; in the midst of wickedness: simply having &#034;more faith in men&#034;. The strategy devised by Jacinto, the Spanish Republican exile is wonderful. It is an onslaught against the misapplication of the law by judges.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Keywords&lt;/strong&gt; fiction | judge | justice | injustice | magical realism| truth | verisimilitude&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-5-No-3-" rel="directory"&gt;Volumen 05 | N&#186; 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Aut&#243;noma Latinoamericana de Medell&#237;n&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;This article is, for the time being, only available in Spanish: &lt;a href='https://journal.eticaycine.org/Una-leccion-del-realismo-magico' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Una lecci&#243;n del realismo m&#225;gico&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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	</item>
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		<title>El s&#233;ptimo sello. Una mirada f&#237;lmica sobre el silencio de Dios</title>
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		<dc:date>2018-05-08T23:54:23Z</dc:date>
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		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Mart&#237;n Agudelo Ram&#237;rez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;El S&#233;ptimo Sello&lt;/i&gt; (&lt;i&gt;Det Sjunde Inseglet&lt;/i&gt;, 1957) es una pel&#237;cula escrita y dirigida por Ingmar Bergman. El film es un retrato excepcional sobre el miedo padecido por el hombre contempor&#225;neo frente al vac&#237;o agn&#243;stico que amenaza constantemente su b&#250;squeda de sentido. El director sueco acude a una met&#225;fora medieval para expresar su desconcierto por no poder contemplar lo absoluto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras Clave:&lt;/strong&gt; Dios | medioevo | nada | silencio | vac&#237;o agn&#243;stico&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/A-filming-look-about-the-silence-of-God' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

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&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-8-Nro-1-" rel="directory"&gt;Volumen 08 | Nro 1&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Aut&#243;noma Latinoamericana, Colombia y miembro Art-Kin&#233; Internacional&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;p&gt;1.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;En este art&#237;culo desarrollo lo expuesto en la ponencia presentada en el XVI (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-1&#034;&gt;1&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;La obra de Ingmar Bergman tiene un valor filos&#243;fico significativo. A partir de unas im&#225;genes que sondean el esp&#237;ritu, los mon&#243;logos, di&#225;logos y silencios, las pel&#237;culas del director sueco abren paso a cuestiones de hondo calado, retratando dilemas humanos sobre el sentido de la vida. En esta direcci&#243;n, uno de los problemas que m&#225;s ocup&#243; al realizador n&#243;rdico fue el del silencio de Dios, un ser del que no ten&#237;a certeza, y que parec&#237;a observar el mundo como un espectador sin intervenir.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Se destacan las pel&#237;culas de la conocida trilog&#237;a: &lt;i&gt;Como en un espejo&lt;/i&gt; (1961), &lt;i&gt;Los comulgantes&lt;/i&gt; (1963) y &lt;i&gt;El silencio&lt;/i&gt; (1963), en las que Bergman hace pensar en la crisis de un ser agobiado por no hallar un fundamento que le d&#233; sentido a su existencia.&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;I. Bergman, Im&#225;genes, tr. de J. Uriz Torres y F. Uriz, 2ed., Tusquets, (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-2&#034;&gt;2&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; En esos films, el hombre se encuentra abocado por el absurdo, el sinsentido y la ausencia de comunicaci&#243;n. Seg&#250;n Javier Sicilia, en el caso de Bergman:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;La presencia de Dios nace de los gestos oblativos, casi imperceptibles, de los protagonistas m&#225;s desolados y d&#233;biles (&#8230;) Dios est&#225; ah&#237; en su presencia nebulosa que s&#243;lo se capta a trav&#233;s de la opacidad del cristal de nuestras vidas, de la peque&#241;a luz que pervive en el invierno sueco o en el fondo del silencio y de la incomunicaci&#243;n&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. Sicilia, Ingmar Bergman, la trilog&#237;a sobre Dios, Sempre, 27 de mayo de 1999.&#034; id=&#034;nh2-3&#034;&gt;3&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Antes de esa trilog&#237;a sobre el silencio, Bergman hab&#237;a tratado el tema en una pieza maestra, &lt;i&gt;El s&#233;ptimo sello&lt;/i&gt; (&lt;i&gt;Det Sjunde Inseglet&lt;/i&gt;,1957), una obra monumental en la que el director n&#243;rdico puso en evidencia la dificultad de buscar certezas metaf&#237;sicas. Para lograr ese prop&#243;sito, Bergman recrea una historia basada en el ideario medieval, bas&#225;ndose en las obsesiones ya presentes desde su infancia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un ni&#241;o acompa&#241;ado de su padre, un pastor luterano, luego de contemplar lo que ve&#237;a en las peque&#241;as iglesias cerca de Estocolmo, va reconociendo en su memoria las representaciones iconogr&#225;ficas de los frescos que se muestran en &lt;i&gt;El s&#233;ptimo sello&lt;/i&gt;. Son unas im&#225;genes g&#243;ticas las que inspiran a Bergman. Entre otras, se destacan las obras de Albertus Pictor, pintor del siglo XV, de la b&#243;veda de la Iglesia de T&#228;by, en Uppland, en las que se ense&#241;a a la muerte jugando ajedrez; tambi&#233;n sobresalen pinturas sobre los flagelantes y la danza de la muerte. Estas manifestaciones art&#237;sticas cobrar&#237;an vida en un film de actualidad, en una pel&#237;cula que hace visible el temor frente a la hecatombe nuclear, revelando un sentimiento de horror que no se diferenciaba del miedo que en la Europa Medieval se tuvo frente a la peste negra.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_676 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L143xH200/septimo_sello_1-62469.jpg?1775198996' width='143' height='200' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Al visionar la pel&#237;cula, ganadora del premio especial del jurado del Festival de Cannes de 1957, es posible advertir una atm&#243;sfera agobiante. Se trata de un film muy personal, de profunda abstracci&#243;n, que sume al espectador en un aut&#233;ntico laberinto, haciendo pensar en lo que cabe esperar y en los l&#237;mites que se ciernen cuando se busca contemplar lo absoluto.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El relato se va desarrollando a trav&#233;s de un guion de di&#225;logos profundos, iniciados desde la puesta en escena de una singular partida de ajedrez hasta el final del film en el que se muestra una extra&#241;a danza de la muerte. De esta forma reconocemos una obra magn&#225;nima en la que se integran muy bien un texto escrito, dando cuenta de palabras y silencios para meditar, una fotograf&#237;a en blanco y negro para contemplar, y una m&#250;sica inolvidable para no olvidar&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Sobresale la partitura de Erik Nordgren y la inolvidable composici&#243;n El (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-4&#034;&gt;4&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. Todo un simbolismo &#250;nico se ofrece en la pel&#237;cula, puesto en consideraci&#243;n del int&#233;rprete, desde el que resulta posible auscultar diversas perspectivas sobre su sentido y alcance.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_677 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L284xH418/septimo_sello_2-aa90d.jpg?1775198996' width='284' height='418' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;2. Estamos en Suecia. Es el siglo XIV. La peste negra ronda y la muerte se hace presente en una Europa decadente. Un aire g&#233;lido y letal acecha por todas partes. Desde el inicio de la pel&#237;cula, con un plano en contrapicada, se evidencian unas im&#225;genes sobrecogedoras acompa&#241;adas de una voz en off que pronuncia varios vers&#237;culos del Apocalipsis (8,1).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_678 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_3.jpg?1754362452' width='500' height='375' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Un caballero que regresa de las Cruzadas, Antonius Block, se encuentra angustiado, confundido por tanta miseria; entre tanto su vida se desperdicia. El soldado, interpretado magistralmente por Max Von Sydow, le pide a la Muerte que le d&#233; m&#225;s tiempo de vida. Antonius quiere que su existencia se siga prolongando, mientras despeja varias dudas que lo han compungido durante muchos a&#241;os, cuestiones decisivamente metaf&#237;sicas y que se relacionan con el sentido de su vida. El alter ego del Bergman, a trav&#233;s de ese personaje central, comienza a explicitar sus conflictos internos, desatados en medio de pesadillas y de su apuesta firme por encontrar una salida que le permita entender la raz&#243;n de su existir.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_679 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_4.jpg?1754362452' width='500' height='358' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La Muerte, interpretada por Bengkt Ekerot, ante la resistencia de Antonius, decide suspender la partida de ajedrez que hab&#237;a iniciado; concede la pr&#243;rroga solicitada por el caballero, y permite que este siga con su camino incesante de dudas. Antonius va abriendo su paso en medio de una atm&#243;sfera de profunda soledad y temor; le acompa&#241;a su escudero J&#246;ns, personaje representado por Gunnar Bj&#246;rnstrand, un hombre de practicidad manifiesta, muy distante de las b&#250;squedas metaf&#237;sicas del caballero.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Los distintos personajes con los que se encuentran Antonius y J&#246;ns dan una fuerza notoria al argumento de la pel&#237;cula: una joven condenada por brujer&#237;a; un antiguo profesor de teolog&#237;a y ahora ladr&#243;n de bienes de los muertos; la familia de juglares y titiriteros; una mujer joven salvada por el escudero de una violaci&#243;n; un herrero y su mujer infiel; y un grupo de flagelantes. La mayor&#237;a de los interlocutores de los soldados caminantes parecen inmersos en un mundo sombr&#237;o en el que se asienta la peste negra. Solo un grupo de ellos se salen de las reglas, la familia de comediantes, unos juglares que se orientan por la sabidur&#237;a popular y que buscan conducir sus vidas de forma sencilla. Antonius quiere salvarlos de la muerte, sabiendo que &#233;l no podr&#225; escaparse de su destino.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Son momentos memorables de la pel&#237;cula la procesi&#243;n de los flagelantes y las escenas de Antonius con la bruja. Sobre lo primero, resulta inolvidable el encuentro de los guerreros andantes con unos penitentes que se dan latigazos y que est&#225;n acompa&#241;ados por monjes que cantan y llevan un crucifijo y un incensario. La gente rinde tributo a un paso ceremonial que busca aplacar la ira de Dios. Antonius, su escudero J&#246;ns y los juglares no se arrodillan; al parecer, resisten frente a la torpeza de una fe ciega atrapada por la superstici&#243;n. Uno de los monjes interviene y habla sobre la muerte en t&#233;rminos apocal&#237;pticos. El cortejo sigue su rumbo hasta que desaparece.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_680 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_5.jpg?1754362452' width='500' height='372' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Las escenas de la bruja y de su ajusticiamiento son decisivas. Antonius revela su inter&#233;s por la mujer condenada a la hoguera, acusada de tener relaciones con el diablo. Block pretende hablar con la joven, para que esta relate su experiencia con el demonio; piensa que la condenada puede disipar su angustia en atenci&#243;n a sus competencias con otras dimensiones y que, en sentir del caballero, podr&#237;an darle alguna raz&#243;n sobre Dios. Block pretende que la muchacha despeje sus cuestionamientos sobre la posibilidad de vida despu&#233;s de la muerte. Sin embargo, el hombre mira hacia los ojos de la chica, atendiendo la sugerencia que le hace el escudero, sin que halle respuestas. El caballero solo ve un vac&#237;o profundo que le aterroriza; entretanto, en la mirada de la joven se va proyectando el horror.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_681 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_6.jpg?1754362452' width='500' height='375' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Al final de la pel&#237;cula, concluye el viaje del caballero y sus acompa&#241;antes; llegan al castillo y la esposa de Antonius los recibe; leen el libro del Apocalipsis. Para entonces, el caballero hab&#237;a perdido la partida de ajedrez; se muestra cobarde en medio de los requerimientos de su escudero, que sigue increp&#225;ndolo por la forma como se siente abarcado por el destino. La Muerte toma las vidas de Block y de varios de sus acompa&#241;antes; danza con ellos, de una manera macabra, abriendo paso a un nihilismo angustiante. No obstante, la pareja de trovadores, Jof y Mia, en compa&#241;&#237;a de su hijo, se salvan de esa ronda. As&#237; acaba el film, y el espectador se encuentra sumido en un profundo estremecimiento.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_682 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_7.jpg?1754362452' width='500' height='373' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;3. Bergman ense&#241;a que la medievalidad es un recurso leg&#237;timo para pensar sobre asuntos concernientes al trasegar del hombre contempor&#225;neo. Temas como la duda y el vac&#237;o agn&#243;stico son asuntos importantes, a&#250;n para quienes han sustituido el dilema sobre Dios por otro tipo de cuestiones. El realizador sueco sabe retratar esos temas, apelando a la iconograf&#237;a del mundo medieval. En ese escenario el director enrostra la atm&#243;sfera de profundo estremecimiento que padece el hombre contempor&#225;neo, como bien lo expresa Juan Miguel Company: &#8220;Ingmar Bergman ha querido escribir una alegor&#237;a sobre nuestro tiempo en forma de leyenda medieval. Tambi&#233;n se puede decir que ha tratado la situaci&#243;n del hombre: su eterna b&#250;squeda de Dios con la muerte como &#250;nica certidumbre&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;J. M. Company, Ingmar Bergman, C&#225;tedra, Madrid, 2007, p. 25.&#034; id=&#034;nh2-5&#034;&gt;5&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;El s&#233;ptimo sello&lt;/i&gt; no puede verse como un film con rigidez hist&#243;rica. Los problemas que plantea &#8220;son esencialmente modernos: la pel&#237;cula pertenece tanto a la &#8220;literatura del D&#237;a del Juicio&#8221; como al cine de la era at&#243;mica&#8221;, y &#8220;sus personajes centrales, el caballero y el escudero, son figuras claramente contempor&#225;neas&#8221;, as&#237; como los c&#243;micos son &#8220;personajes intemporales&#8221; que parecen existir en una especie de valor absoluto&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;R. Wood, Ingmar Bergman, Fundamentos, Madrid, 1972, p. 91.&#034; id=&#034;nh2-6&#034;&gt;6&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;. El film apela a la alegor&#237;a, dando cuenta de los miedos en los que el hombre se sumerge, no solo los de ayer; son tambi&#233;n los temores que hoy se padecen. La obra se encuentra en sinton&#237;a con lo expuesto por Umberto Eco al considerar la Edad Media como la alborada del hombre actual.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Con una pel&#237;cula, rica en met&#225;foras, Bergman nos hace pensar en problemas de gran envergadura filos&#243;fica. El director logra su prop&#243;sito recreando un ambiente agobiante que muestra la teatralidad en la que la muerte se desenvuelve, a trav&#233;s de la visi&#243;n personal de una Europa bajomedieval con unas estructuras en franca decadencia. Es el ocaso que siempre ha acechado al hombre cuando ha buscado indagar por el sentido de su vida. No obstante, el realizador n&#243;rdico no se queda ah&#237;; contrapone varios mundos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En primer lugar, sobresale la oposici&#243;n entre Block y J&#246;ns, dos personajes singulares que replantean la mirada sobre el caballero y escudero medieval, como Quijote y Sancho. Block es un hombre idealista como el noble hidalgo de la Mancha, un ser insatisfecho que busca constantemente; sin embargo, el caballero de Bergman se encuentra m&#225;s atormentado por el vac&#237;o agn&#243;stico. El escudero es su ant&#237;tesis; un hombre incr&#233;dulo y sin preocupaciones metaf&#237;sicas. Bergman retrata a J&#246;ns como un hombre pr&#225;ctico, que reconoce la naturaleza perversa de la condici&#243;n humana; el escudero es imp&#250;dico e insolente, como bien se presenta en el film: &#034;Aqu&#237; tienes al escudero J&#246;ns. Se r&#237;e de la muerte, blasfema de Dios, se burla de s&#237; mismo y sonr&#237;e a las mujeres. Su mundo es solo el mundo de J&#246;ns, un pobre buf&#243;n rid&#237;culo para todos e incluso para s&#237; mismo. Tan indiferente es para el cielo como para el infierno&#034;. El canto del escudero es revelador; para &#233;l: &#8220;No existe el destino, est&#225;is ante la nada&#8230;&#8221; J&#246;ns solo se preocupa por la vida presente cerrando paso a la esperanza y a cualquier idea de un mundo mejor.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_683 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_8.jpg?1754362453' width='500' height='402' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;De esta manera, el contraste entre los dos personajes est&#225; claramente planteado, como Robin Wood lo precisa:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Caballero y escudero, unidos en el combate, representan (&#8230;) valores antit&#233;ticos. El escudero despecha al caballero cantando una canci&#243;n obscena (&#8220;entre las piernas de una prostituta&#8221;), que expresa una aceptaci&#243;n estoica de la muerte y los valores puramente materialistas. El caballero es, por el contrario, un hombre insatisfecho, siempre a la b&#250;squeda de algo que jam&#225;s encuentra. El escudero anuncia terribles presagios (&#8220;cuatro soles en el cielo&#8221;, etc.), relacionados con la visi&#243;n de Apocalipsis del Juicio Final&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;Ib&#237;d, p. 88.&#034; id=&#034;nh2-7&#034;&gt;7&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Otro asunto para destacar es que Bergman tiene claro que medievo no solo fueron cruzadas, caballeros, escuderos, inquisici&#243;n, brujas y hogueras. El director insiste en la riqueza del mundo de los comediantes y juglares, un mundo en el que la risa se hace visible. La seriedad se contrapone a la carcajada, en los t&#233;rminos explicados por Bajtin. El oscurantismo de los caballeros, de las cruzadas, de la muerte y del ambiente reinante en la Suecia medieval contrasta con la alegr&#237;a de unos personajes ingenuos y llenos de vida, seres que con sus vestidos de blanco resisten frente a una cosmovisi&#243;n de sombras que pretende absorberlos. Los juglares permiten que la luz abra paso a una opci&#243;n de esperanza, representada en el amor.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_684 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_9.jpg?1754362453' width='500' height='363' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;4. Ahora bien, cuando se reflexiona sobre los dilemas que Bergman se plantea sobre el miedo a la muerte, es posible entender que la pel&#237;cula es un testimonio fehaciente de un director y guionista sobre sus obsesiones; es un acto p&#250;blico de confesi&#243;n ante terceros sobre una experiencia de ca&#237;da y profunda soledad. La muerte implica la desaparici&#243;n del mundo de los sentidos, constituy&#233;ndose en un l&#237;mite de la existencia. Bergman sabe interpelar a sus espectadores a trav&#233;s de las voces desesperadas de sus personajes.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Al director n&#243;rdico le resultaba bien dif&#237;cil asimilar la idea del fin de la existencia; sin embargo, encontr&#243; en el cine un espacio &#250;nico para expresar sus temores y aprietos en la comprensi&#243;n de un momento que es tan cierto que llegar&#225;. Pero ah&#237; no queda todo. El reconocimiento de un l&#237;mite de la existencia, hac&#237;a que el realizador dudara de las posibilidades de la eternidad, lo que no imped&#237;a seguir indagando, en medio de tanta confusi&#243;n, sobre si val&#237;a la pena considerar el sentido de la vida humana.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_685 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_10.jpg?1754362453' width='500' height='333' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Para Bergman, el miedo a la muerte conduce indefectiblemente a la pregunta religiosa sobre la existencia de Dios; pero la pel&#237;cula no responde a la cuesti&#243;n, solo permite indagar sin cesar sobre el asunto. La confusi&#243;n sobresale, siendo necesario generar un embate frente a la apabullante superficialidad que azota al hombre actual. No hay certezas sobre lo que suceder&#225; una vez llegue la muerte. El ser humano no halla a Dios para que le responda. Est&#225; solo. Por esto, desde la perspectiva del director, se piensa que todo aquel que aborde dilemas de esa entidad estar&#225; amenazado por la posibilidad de hundirse en un &#8220;espantoso&#8221; abismo.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1119 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_11.jpg?1754362453' width='500' height='281' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;La cordura est&#225; comprometida. En la pel&#237;cula la muerte acecha, est&#225; por toda parte; los ritmos y t&#233;rminos de la partida de ajedrez es lo &#250;nico que puede aplazarla. Sin embargo, el asalto final llega. La suerte est&#225; echada. Por esto, Bergman es consciente del vac&#237;o agn&#243;stico que le amenaza; siente que sus convicciones morales y religiosas est&#225;n tambaleando por el silencio de Dios. El realizador n&#243;rdico trata de entender en qu&#233; t&#233;rminos una capa densa de enorme vac&#237;o viene desmoronando los pisos ideol&#243;gicos con los que hab&#237;a buscado interpretar el sentido de la vida.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Cuando se consideran cuestiones sobre el alcance del sentido y la conciencia de un individuo, como las que se presentan en la pel&#237;cula de Bergman, es posible plantear puentes con el pensamiento existencialista de Kierkegaard y Sartre. Hay un espacio para el reconocimiento de la libertad, y que permite indagar sobre la muerte en relaci&#243;n con la finitud del ser humano. Se profundiza un vac&#237;o desgarrador, desde el que se cuestiona la importancia de la religiosidad y la posibilidad de plantear la fe sin actos de religi&#243;n. No obstante, Bergman no encuentra esas respuestas, como tampoco la muerte pudo responderle a Block.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;5. Ahora bien, volviendo al punto basilar de la pel&#237;cula, sobre el silencio de Dios, si bien el hombre contempor&#225;neo ha buscado superar el problema de Dios, esto no significa que no se sigan manifestando ciertas preocupaciones religiosas. Bergman lo pone en evidencia. Claro est&#225; que, para el momento de la pel&#237;cula, el director ten&#237;a unos intereses muy marcados por develar algo que poco a poco se le iba escapando; pero su certeza frente a la muerte imped&#237;a su indiferencia total. Se trata del propio horror de un director para una &#233;poca en que, como &#233;l mismo lo expresa, a&#250;n le &#8220;quedaban algunos raqu&#237;ticos restos&#8221; de su &#8220;devoci&#243;n infantil, una idea absolutamente ingenua de lo que se pod&#237;a llamar una salvaci&#243;n que no es de este mundo.&#8221; Seg&#250;n Bergman: &#8220;El ser humano lleva en s&#237; su propia Santidad, una Santidad que es de este mundo y no tiene explicaci&#243;n fuera de &#233;l. En mi pel&#237;cula vive, pues, un resto bastante poco neur&#243;tico de una devoci&#243;n sincera e infantil. Coexiste en paz con una concepci&#243;n de la realidad dura y racional.&#8221;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;I. Bergman, op. cit., pp. 204-207&#034; id=&#034;nh2-8&#034;&gt;8&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt; No obstante, la ausencia de Dios se iba haciendo cada vez m&#225;s notoria, y los films posteriores as&#237; lo mostraron, como lo revela su trilog&#237;a sobre el silencio&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt; [&lt;a href=&#034;#nb2-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; rel=&#034;appendix&#034; title=&#034;La vida, sin embargo, le mostrar&#225; a Bergman que su existencia seguir&#225; (&#8230;)&#034; id=&#034;nh2-9&#034;&gt;9&lt;/a&gt;]&lt;/span&gt;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En Bergman, el conocimiento de Dios no logra obtenerse racionalmente; pero la fe revela profunda congoja por su manifiesta fragilidad. Lo expresa el Caballero al expresar su angustia por no lograr matar a Dios, un ser que sigue habitando en su interior, pese a sus maldiciones que pretenden eliminarlo.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Quiero confesarme y no s&#233; qu&#233; decir. Mi coraz&#243;n est&#225; vac&#237;o. El vac&#237;o es como un espejo puesto delante de mi rostro. Me veo a m&#237; mismo, y al contemplarlo siento un profundo desprecio de mi ser (...) por mi indiferencia hacia los hombres y las cosas me he alejado de la sociedad en que viv&#237;. Ahora habito un mundo de fantasmas, prisionero de fantas&#237;as sin sue&#241;os.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El caballero, amenazado constantemente por la nada, quiere entender; expresa su tormento por haber &#8220;gastado&#8221; su vida; por encontrar que su vida ha sido un &#034;continuo absurdo&#8221;. Block expresa que no se debe afirmar lo que no se logra demostrar y que nadie puede vivir sabiendo que camina a la nada. El caballero atormentado lo afirma de manera contundente al expresar: &#034;Nadie puede vivir mirando la muerte y sabiendo que camina hacia la nada.&#034; Las tinieblas lo acechan. Antonius se siente atrapado por la angustia de querer tener certeza de Dios y no hallarla; siente que no tiene &#8220;garant&#237;as&#8221;. Su conciencia de vida vac&#237;a le resulta insoportable; el influjo de Kierkegaard es manifiesto.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_1118 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_12.jpg?1754362453' width='500' height='374' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;El texto del gui&#243;n es lo suficientemente expl&#237;cito.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#191;Por qu&#233;, al menos, no me es posible matar a Dios en mi interior? &#191;Por qu&#233; prefiere vivir en m&#237; de una forma tan dolorosa y humillante, puesto que yo le maldigo y desear&#237;a expulsarlo de mi coraz&#243;n? &#191;Sabes? Estoy a punto de llegar a una conclusi&#243;n. Creo que Dios es una especie de realidad enga&#241;osa, de la cual los hombres como yo no podemos desprendernos (...)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Por ello, yo quiero saber. No deseo creer. Ni suponer, sino saber... Deseo que Dios me tienda su mano, ver su rostro y que me hable (&#8230;)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Nadie es capaz de vivir con la Muerte ante sus ojos y creyendo que todo ha de desembocar en la nada m&#225;s absoluta (&#8230;)&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Mi vida ha sido algo completamente vac&#237;o, sin sentido. He cazado, he viajado, he convivido con todo el mundo. Pero todo ha sido in&#250;til... Lo digo sin verg&#252;enza y sin remordimiento, porque s&#233; que la vida de los hombres est&#225; hecha as&#237;. Es precisamente por eso por lo que deseo utilizar mi aplazamiento: para realizar, aunque s&#243;lo sea un &#250;nico acto que tenga alguna significaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los sentidos no pueden responder a preguntas metaf&#237;sicas de tanto calado, ni la raz&#243;n puede acercarse a &#225;mbitos en donde solo cabe la fe. El fragmento de la escena de la bruja resulta definitivo. En la mirada de la joven, el caballero solo ve vac&#237;o, profunda soledad ante la imposibilidad de tener certezas sobre lo que hay m&#225;s all&#225; de la muerte. El silencio de Dios, un ser sobre el que no se tiene certeza y que, de pronto, observa el mundo como espectador sin intervenir termina por comprometer la cordura de Antonius.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_686 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/IMG/jpg/septimo_sello_13.jpg?1754362453' width='500' height='372' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;6. A modo de conclusi&#243;n, vale destacar que &lt;i&gt;El S&#233;ptimo Sello&lt;/i&gt;, una pel&#237;cula de actualidad indiscutible, es un testimonio de resistencia frente a cualquier pretensi&#243;n de renuncia a la cuesti&#243;n sobre el sentido de la vida. El film es una aut&#233;ntica obra de arte, una pieza ic&#243;nica y metaf&#243;rica, que no tiene como prop&#243;sito ofrecer juicios morales, ni responder certeramente a preguntas de hondura metaf&#237;sica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, la obra presenta una alternativa para continuar existiendo en medio de la amenaza de locura. El amor ofrece una opci&#243;n para escapar del sinsentido; es la causa para que el arte y la comedia mantengan el optimismo en sus participantes. Vac&#237;o y desolaci&#243;n podr&#237;an llenarse con amor, y esto lo ense&#241;a Bergman con los juglares, como tambi&#233;n en pel&#237;culas posteriores.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El amor es lo &#250;nico que puede salvar al hombre de la incomunicaci&#243;n. La soledad no tiene por qu&#233; ser punto de llegada; por esto, el apartamiento de los seres humanos no puede ser fin de la existencia. Aunque la angustia sea su compa&#241;era inseparable, la existencia puede ser m&#225;s llevadera cuando hay comunicaci&#243;n; no importa que se den numerosos desencuentros. Hay un quiebre frente a las miradas de Schopenhauer y Sartre. La incomunicaci&#243;n es soledad total, fin, aunque se reconozca lo dif&#237;cil que resultan las relaciones humanas. Se advierte un existencialismo de profundo contenido religioso, en medio de la duda y la fe.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sin embargo, aunque el amor sea lo &#250;nico que puede salvarnos de la incomunicaci&#243;n, no es f&#225;cil emprender una apuesta por este sentimiento. En este sentido resultan memorables las palabras del escudero. El hombre incr&#233;dulo de la historia, J&#246;ns, hace manifiesto sin ambages las contradicciones que se advierten cuando se apela al amor. El amor es lo m&#225;s perfecto por su perfecta imperfecci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Referencias&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agudelo Ram&#237;rez, &lt;i&gt;Cine y derechos humanos; una aventura f&#237;lmica&lt;/i&gt;, Unaula, Medell&#237;n, 20105.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Bergman, Ingmar, &lt;i&gt;Im&#225;genes&lt;/i&gt;, tr. de J. Uriz Torres y F. Uriz, 2ed., Tusquets, Barcelona, 2007&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Company, Juan Miguel, &lt;i&gt;Ingmar Bergman&lt;/i&gt;, Madrid, C&#225;tedra, 2007.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sicilia, Javier, &lt;i&gt;Ingmar Bergman, la trilog&#237;a sobre Dios&lt;/i&gt;, Sempre, 27 de mayo de 1999.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Sojo Gil, Kepa, &#8220;Pecado, muerte y existencialismo en El S&#233;ptimo Sello de Ingmar Bergman. El problema divino en el cine n&#243;rdico&#8221;, 2010. Consultado el 1-05-2016 en: &lt;a href=&#034;https://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/3_3450_6.pdf&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.durango-udala.net/portalDurango/RecursosWeb/DOCUMENTOS/1/3_3450_6.pdf&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Wood, Robin, &lt;i&gt;Ingmar Bergman&lt;/i&gt;, Fundamentos, Madrid, 1972.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Filmolgraf&#237;a&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Det sjunde inseglet (The Seventh Seal), Suecia, 1957. D. Ingmar Bergman. G. Ingmar Bergman. M. Erik Nordgren. I. Max von Sydow, Gunnar Bj&#246;rnstrand, Bibi Andersson, Nils Poppe, Bengt Ekerot, 96 m. B/N.&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;hr /&gt;
		&lt;div class='rss_notes'&gt;&lt;div id=&#034;nb2-1&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-1&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-1&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;1&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;En este art&#237;culo desarrollo lo expuesto en la ponencia presentada en el XVI Congreso Latinoamericano de Filosof&#237;a Medieval, Santiago, 24-26 de agosto de 2017.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-2&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-2&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-2&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;2&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;I. Bergman, &lt;i&gt;Im&#225;genes&lt;/i&gt;, tr. de J. Uriz Torres y F. Uriz, 2ed., Tusquets, Barcelona, 2007, p 215.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-3&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-3&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-3&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;3&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. Sicilia, Ingmar &lt;i&gt;Bergman, la trilog&#237;a sobre Dios&lt;/i&gt;, Sempre, 27 de mayo de 1999.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-4&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-4&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-4&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;4&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Sobresale la partitura de Erik Nordgren y la inolvidable composici&#243;n El &#034;Dies Irae&#034; de Tom&#225;s de Celano, contraponiendo gozo con temor, esperanza con juicio frente a la postrimer&#237;a inminente.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-5&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-5&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-5&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;5&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;J. M. Company, &lt;i&gt;Ingmar Bergman&lt;/i&gt;, C&#225;tedra, Madrid, 2007, p. 25.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-6&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-6&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-6&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;6&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;R. Wood, &lt;i&gt;Ingmar Bergman&lt;/i&gt;, Fundamentos, Madrid, 1972, p. 91.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-7&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-7&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-7&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;7&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;Ib&#237;d, p. 88.&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-8&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-8&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-8&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;8&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;I. Bergman, op. cit., pp. 204-207&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;div id=&#034;nb2-9&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;span class=&#034;spip_note_ref&#034;&gt;[&lt;a href=&#034;#nh2-9&#034; class=&#034;spip_note&#034; title=&#034;Notas 2-9&#034; rev=&#034;appendix&#034;&gt;9&lt;/a&gt;] &lt;/span&gt;La vida, sin embargo, le mostrar&#225; a Bergman que su existencia seguir&#225; fundida a cierta apuesta por la esperanza. Bergman realiza su propia terapia. Si bien considera que &#8220;somos una luz que est&#225; encendida y luego la vida se extingue&#8221;, agregando que &#8220;Nada queda, ninguna llama&#8221;, acepta que la posibilidad de volver a ver la mujer amada. &#8220;Volver&#233; a ver a Ingrid&#8221;. Ingmar Bergman &amp; E. Josephson - Reflexiones sobre la vida, la muerte y el amor&#8221;, consultado el 07/05/17 en: &lt;a href=&#034;https://www.youtube.com/watch?v=HqTRUQe-bAc&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;https://www.youtube.com/watch?v=HqTRUQe-bAc&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;
		
		</content:encoded>


		
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	</item>
<item xml:lang="es">
		<title>Una lecci&#243;n del realismo m&#225;gico</title>
		<link>https://journal.eticaycine.org/Una-leccion-del-realismo-magico</link>
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		<dc:date>2018-04-24T02:30:00Z</dc:date>
		<dc:format>text/html</dc:format>
		<dc:language>es</dc:language>
		<dc:creator>Mart&#237;n Agudelo Ram&#237;rez</dc:creator>



		<description>&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Resumen&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A partir de pel&#237;culas como &lt;i&gt;La Estrategia del Caracol&lt;/i&gt;, es importante reflexionar sobre la importancia resistir frente a los aprisionamientos ideol&#243;gicos que impone la legalidad.&lt;br class='autobr' /&gt;
Alcanzar los sue&#241;os no es imposible, aunque la ley sea un &#243;bice para su consecuci&#243;n. La pel&#237;cula de Sergio Cabrera ense&#241;a sobre c&#243;mo emprender &#8220;vuelo&#8221; aunque no sea posible abandonar un mundo con tanta inequidad. Basta con tener &#8220;mas fe en los hombres&#8221;. La estrategia dise&#241;ada por don Jacinto, el exiliado republicano espa&#241;ol, precisamente, busca salirle paso al mundo de legalidad aplicado por la justicia instituci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Palabras clave:&lt;/strong&gt; ficci&#243;n | juez | justicia | injusticia | realismo m&#225;gico | verdad | verosimilitud&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;a href='https://journal.eticaycine.org/A-lesson-about-magical-realism' class=&#034;spip_in&#034;&gt;Abstract English Version&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;

-
&lt;a href="https://journal.eticaycine.org/-Volumen-5-Nro-3-" rel="directory"&gt;Volumen 05 | Nro 3&lt;/a&gt;


		</description>


 <content:encoded>&lt;div class='rss_chapo'&gt;&lt;p&gt;Universidad Aut&#243;noma Latinoamericana de Medell&#237;n&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		&lt;div class='rss_texte'&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;&#191;C&#243;mo que para qu&#233;, y es que la palabra dignidad no existe o qu&#233;? (&#8230;) preguntas tan pendejas las de este g&#252;evon&#8221; (El culebrero narrador de &lt;i&gt;La Estrategia del Caracol&lt;/i&gt;).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&#8220;(&#8230;.) y una tarde de enero hab&#237;amos contemplado el crep&#250;sculo desde un balc&#243;n presidencial, imag&#237;nese, una vaca en el balc&#243;n de la patria, qu&#233; cosa m&#225;s inicua, qu&#233; pa&#237;s de mierda, pero se hicieron tantas conjeturas de c&#243;mo era posible que una vaca llegara hasta un balc&#243;n si todo el mundo sab&#237;a que las vacas no trepaban por las escaleras (&#8230;)&#8221; (Garc&#237;a M&#225;rquez, 2008: 11)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;La reflexi&#243;n sobre la justicia se constituye en piedra angular de la filosof&#237;a del derecho. Puede ser evaluada como valor o como una meta, posible fin &#250;ltimo del derecho, pero tambi&#233;n puede considerarse desde la perspectiva de la institucionalidad. En este trabajo se confrontan ambas miradas, poniendo de presente una pel&#237;cula, &lt;i&gt;La Estrategia del Caracol&lt;/i&gt;, a partir de unas cortas reflexiones de quien s&#243;lo persigue adoptar una apuesta de amor por la sabidur&#237;a; muy a sabiendas, como lo se&#241;ala Fernando Gonz&#225;lez, el fil&#243;sofo de Otraparte, de no tener la aptitud para llegar &#8220;a la posici&#243;n beat&#237;fica de los doctores fil&#243;sofos&#8221;, sin poder dar cuenta de filosof&#237;as sistem&#225;ticas; &#8220;somos en un noventa y nueve por ciento amantes, y el resto fil&#243;sofos, pero fil&#243;sofos del amor&#8221; (Gonz&#225;lez, 2010: 195).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;1. El realismo m&#225;gico en medio de una sociedad de seres atiborrados por un orden legalista&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;1.1. El realismo m&#225;gico, tan bien descrito por Gabriel Garc&#237;a M&#225;rquez, retrata de manera notable el complejo mundo latinoamericano, como se ilustra en la extraordinaria novela &lt;i&gt;Cien a&#241;os de soledad&lt;/i&gt;. Fantas&#237;a y realidad se cruzan para forjar unos seres que dicen sentirse como los m&#225;s felices, pese a que el dolor sea constante en sus vidas. El mundo singular que se presenta en la referida pieza literaria abre camino a la imaginaci&#243;n y nos sit&#250;a, seg&#250;n Claudio Guill&#233;n, en un espacio de ambig&#252;edad que &#8220;lleva el lector hasta los l&#237;mites de lo posible, bordeando lo irreal, dentro de un espacio total&#8221; (Guill&#233;n, 2007: CXVII). Se avizora un mundo que se mantiene vigente, emplazando lo real en un contexto que se desborda totalmente por lo imaginario.&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_401 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH198/1_realismo_magico-cdeee.jpg?1775198996' width='354' height='198' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;Macondo se abre paso entre nosotros. Somos testigos de este hecho, por cuanto moramos en un pueblo singular, que sigue a&#250;n con vida en medio de su profunda soledad, gracias al encanto de buena parte de sus so&#241;adores habitantes; seg&#250;n Garc&#237;a M&#225;rquez, nos hallamos &#8220;en un permanente vaiv&#233;n entre el alborozo y el desencanto, la duda y la revelaci&#243;n, hasta el extremo de que ya nadie pod&#237;a saber a ciencia cierta d&#243;nde estaban los l&#237;mites de la realidad.&#8221; (Garc&#237;a M&#225;rquez, 2007: 258).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Colombia nos posibilita pensar en Macondo, en medio de &#8220;un frangollo de verdades y espejismos&#8221; (Garc&#237;a M&#225;rquez, 2007: 258). Es un pa&#237;s que pareciera estar sacudido por los espejismos de Melqu&#237;ades, en una tierra de demasiados &#8220;doctores&#8221;, as&#237; nunca hayan puesto sus pies en una universidad. Nos encontramos en un espacio &#250;nico, aunque arquetipo de otros pa&#237;ses de la regi&#243;n, un para&#237;so que cuenta con materiales necesarios para que sus habitantes puedan sobrevivir, y en el que abundan las desdichas. Ese es el para&#237;so colombiano: un ed&#233;n habitado por seres que sienten felices pese a su profunda soledad y desdicha. Germ&#225;n Puyana Garc&#237;a bien lo ilustra al se&#241;alar:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;(&#8230;) desde los mismos or&#237;genes de nuestra historia, los colombianos hemos enfrentado la paradoja del brutal contraste que ofrecen los rostros de nuestra patria: lo bello y lo horrible, lo admirable y lo abominable, su magn&#237;fica riqueza natural y la abrumadora pobreza social, la id&#237;lica serenidad de sus paisajes y la violencia atroz que a&#250;n no conseguimos desarraigar de su suelo, hist&#243;ricamente est&#233;ril para que puedan germinar las semillas de la paz.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Aunque semejantes ambivalencias puedan darse en otros lugares de la Tierra, quiz&#225;s en ninguno acusan las polarizaciones extremas que hoy ofrece Colombia, al punto que hemos llegado a convertir este espl&#233;ndido para&#237;so nuestro en una tierra dif&#237;cilmente vivible para muchos, como que el propio Garc&#237;a M&#225;rquez nos incita a recurrir a nuestra creatividad despilfarrada, para rescatarla de su infierno&#8230; (Puyana Garc&#237;a, 2005: 23).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;1.2. El estado colombiano se estructur&#243; bajo el amparo de una ley pensada como freno frente al autoritarismo. A partir de su configuraci&#243;n, el influjo santandereano siempre estuvo presente, delimitando los distintos caminos de su institucionalidad. El &#8220;culto santanderista de la legalidad como encarnaci&#243;n suprema de la democracia constitucional&#8221;, seg&#250;n lo explica Hernando Valencia Villa, &#8220;es una de las fuentes principales de la estrategia del reformismo normativo que las &#233;lites colombianas han empleado desde el periodo formativo del Estado nacional para preservar el statu quo y legitimar su dominio&#8221; (Valencia Villa, 2010: 117).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Asumir la ley como l&#237;mite al poder pol&#237;tico se constituy&#243; en la apuesta que deb&#237;a asumir la naciente rep&#250;blica colombiana, pero en la pr&#225;ctica el lema configurado en torno a ese norte se desfigur&#243;, en la medida que la ejecuci&#243;n fue puesta en marcha por mediocres &#8220;tinterillos&#8221;, hombres provincianos y bur&#243;cratas, posados sobre los problemas, sin encontrar soluciones.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El estilo santandereano adoptado por los colombianos ha forjado un &#8220;car&#225;cter legalista&#8221; y ha configurado un &#8220;culto al orden&#8221; que cerca a la sociedad en el &#225;mbito constitucional, como bien lo expone Valencia Villa.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Desde el punto de vista constitucional, Colombia es hoy una sociedad bloqueada, una naci&#243;n sitiada por la ret&#243;rica republicana cuyo liderazgo parece ser incapaz o carecer de voluntad para compartir el poder del Estado y abrir las avenidas del desarrollo econ&#243;mico y la modernizaci&#243;n democr&#225;tica, aunque no fuera m&#225;s que para cumplir sus propias promesas desde la guerra de la independencia y no para realizar el sue&#241;o liberal.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;(&#8230;.)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Sobre la entrada del Palacio de Justicia de Bogot&#225;, asolado el 7 de noviembre de 1985 en la m&#225;s infame batalla de que se tenga memoria en Colombia, est&#225;n inscritas estas palabras pronunciadas por Santander en el umbral de la rep&#250;blica: &#8220;Colombianos, las armas os han dado la independencia. Las leyes os dar&#225;n libertad.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Hasta hoy, las armas han proliferado y las leyes han sido empleadas como armas. Y la herencia de los colombianos es violencia. Para librarnos de nosotros mismos y de nuestras necesidades, para evitar otros cien a&#241;os de soledad y tener una segunda oportunidad sobre la tierra, debemos luchar por la imaginaci&#243;n pol&#237;tica en lugar del reformismo constitucional, por la democratizaci&#243;n y el cambio en lugar de la continuidad y el orden a cualquier precio. (Valencia Villa, 2010: 197, 200).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Colombia hist&#243;ricamente fue configur&#225;ndose como un pa&#237;s de abogados, a quienes se les concedi&#243; &#8220;el pomposo t&#237;tulo&#8221; de &lt;i&gt;doctores&lt;/i&gt; (Puyana Garc&#237;a, 2005: 178). La tasa de estos letrados va subiendo precipitadamente cada a&#241;o, sin que hayan sido agentes decisivos en la transformaci&#243;n de los cambios requeridos en el pa&#237;s; su n&#250;mero aumenta en la misma proporci&#243;n de los conflictos, y entretanto la justicia colapsada. No otra cosa puede esperarse cuando en este escenario aparecen mediocres sujetos dispuestos a erigirse en guardianes protectores de esa ley recolectora de esperanzas, aunque sus bases est&#233;n levantadas sobre el excremento. Parafraseando a Garc&#237;a M&#225;rquez, estos hombres habitan en unos sitios en los que &#8220;los vapores de la corrupci&#243;n&#8221; son &#8220;tan intensos&#8221; que hasta son capaces de &#8220;espantar a los leprosos&#8221; (Garc&#237;a M&#225;rquez, 2008: 143).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Alejandro Gaviria, en una columna del diario colombiano &lt;i&gt;El Espectador&lt;/i&gt;, con motivo de un comentario del escritor Fernando Vallejo, se&#241;al&#243;: &#8220;hay una cantidad notable de abogados dedicados a abusar de tutelas, incisos, fueros y jurisprudencia con el &#250;nico prop&#243;sito de acumular rentas.&#8221; (Gaviria, 2011) He aqu&#237; un pa&#237;s con demasiadas personas &#8220;expertas&#8221; en ley; un pa&#237;s que, como lo se&#241;ala Gaviria, &#8220;se asemeja m&#225;s, a una rep&#250;blica de tinterillos en busca de un sueldo o de una pensi&#243;n, de una renta permanente y cuantiosa. Despu&#233;s de d&#233;cadas de pr&#225;ctica, los tinterillos han logrado infiltrar el Estado desde adentro. Manipulan y explotan a su favor la asignaci&#243;n de recursos p&#250;blicos. Son buscadores de rentas que se valen de toda suerte de artima&#241;as: carruseles, tutelas, leyes y micos de muchos pelambres&#8221; (Gaviria, 2011).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, no puede olvidarse que en la base de ese pa&#237;s est&#225; una sociedad muy peculiar, la macondiana. All&#237; se &#8220;anida&#8221; el realismo m&#225;gico, en un espacio en donde cualquier cosa puede ocurrir y en donde la imaginaci&#243;n no tiene l&#237;mites. Lo imaginario y lo real se encuentran, aunque es preciso indicar que Macondo no puede verse desde una perspectiva &#250;nica, y resulta posible &#8211;siguiendo a Juan Gabriel V&#225;squez- reinventarlo, sin que se agote exclusivamente ni &#8220;en las mariposas amarillas ni en las colas de cerdo. Como todas las novelas que son grandes de verdad, &lt;i&gt;Cien a&#241;os de soledad&lt;/i&gt; exige de los lectores que la reinventemos.&#8221; (V&#225;squez, &#8220;El escritor debe ser un agua fiestas&#8221; en: &lt;a href=&#034;http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/el-escritor-debe-agua-fiestas/2069&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/el-escritor-debe-agua-fiestas/2069&lt;/a&gt;).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;2. El realismo m&#225;gico en el filme de Sergio Cabrera&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;i&gt;La Estrategia del Caracol&lt;/i&gt; (Dir. Sergio Cabrera, 1993) retrata magistralmente al pueblo macondiano. Es un notable proyecto f&#237;lmico, con gui&#243;n escrito por Humberto Dorado, Ram&#243;n Jimeno y Sergio Cabrera, que a trav&#233;s de un &lt;i&gt;flash-back&lt;/i&gt; ilustra a un pa&#237;s y su idiosincrasia. La trama se desarrolla a partir de la narraci&#243;n de un culebrero, un personaje realmente caricaturesco e inolvidable, que pone de presente a una naci&#243;n fundada sobre los cimientos de legalidad y en el que han cobrado tanta importancia los operadores jur&#237;dicos, guardianes sempiternos de la letra de la ley.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No resulta gratuita la complacencia que en su momento Gabriel Garc&#237;a M&#225;rquez present&#243; hacia el proyecto f&#237;lmico de Cabrera. La pel&#237;cula, a partir de una narraci&#243;n sencilla, retrata muy bien el realismo m&#225;gico a trav&#233;s de la historia de los habitantes de una casa que trastean sus componentes llev&#225;ndolos a sus cuestas, como lo hace un caracol, luego de haber sido vencidos en un proceso y tras ser notificados de una orden judicial de entrega del bien. El director justifica muy bien esa dosis de realismo, en los siguientes t&#233;rminos:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;Un grupo de cien personas no se puede llevar una casa en un mes, ni en tres meses ni en un a&#241;o, y todav&#237;a menos con una gr&#250;a. La pel&#237;cula hace que esto parezca posible. El narrador es un culebrero, un hombre de gran imaginaci&#243;n. &#201;l es quien explica la historia y nosotros vemos lo que explica pero la historia no tiene porque ser exactamente real (Sergio Cabrera).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;El caso presentado en la pel&#237;cula cuenta la historia de la diligencia de lanzamiento de la casa Uribe, un inmueble viejo, &#8220;monumento nacional&#8221;, ubicado en el centro de Bogot&#225;, de propiedad del doctor Holgu&#237;n, personaje interpretado por V&#237;ctor Mallarino. La casa hab&#237;a sido ocupada, durante m&#225;s de veinte a&#241;os, por unos tenedores, quienes se opusieron durante el proceso proponiendo la excepci&#243;n de prescripci&#243;n como argumento de defensa. Sin embargo, los medios de contradicci&#243;n ejercidos fueron infructuosos, puesto que la entrega fue finalmente ordenada por el juez.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La prueba obtenida en el proceso no tuvo el poder para que el funcionario judicial tuviera la convicci&#243;n suficiente sobre el &#225;nimo de se&#241;ores y due&#241;os de los ocupantes del inmueble; y no otra cosa puede esperarse cuando en el proceso queda sometido al poder de un abogado triunfante, un sujeto que, parafraseando a Fernando Gonz&#225;lez, no tiene por pretensi&#243;n &#8220;la verdad&#8221;, &#8220;sino que aparezca como cierta la afirmaci&#243;n que le encomendaron sus clientes&#8221; (2010: 203).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;La Estrategia del Caracol&lt;/i&gt; se muestra que s&#243;lo con la ayuda de la creatividad, la solidaridad y el ingenio es posible conseguir lo imposible. Ahora bien, en esta ocasi&#243;n, el realismo m&#225;gico se hace presente entre los &#8220;cachacos&#8221;; se hace visible en personas que, parafraseando a Gabo, son &#8220;gente sin historia que no cree en nada m&#225;s que en la vida&#8221; (Garc&#237;a M&#225;rquez, 2008: 167). Los inquilinos de la casa Uribe son personas que no est&#225;n dispuestas a renunciar a lo suyo, y pese a sus constantes infortunios apelar&#225;n a la &#8220;malicia ind&#237;gena&#8221; para sacar adelante un proyecto que les devuelva sus ganas de seguir viviendo y les permita seguir siendo muy felices. Que una casa pueda ser trasladada hacia otros sitios por los &#8220;aires&#8221;, s&#243;lo puede ocurrir en Macondo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la pel&#237;cula de Cabrera se entremezclan un sinn&#250;mero de elementos para dar cuenta del encanto propio de un plan que supone riesgo y desaf&#237;o, que apela al ingenio humano, aunque parte de &#8220;materiales reales&#8221;; as&#237; en el film, la ficci&#243;n nos presenta un relato &#8220;veros&#237;mil&#8221;, aunque no sea &#8220;verdadero&#8221;. El artista imagina para hacer ver algo cre&#237;ble y como posible; se acude a la m&#237;mesis, como lo hace el s&#233;ptimo arte cuando se apela a la ficci&#243;n, sin que por ello abra paso a lo il&#243;gico e imposible. Como bien lo considera Arist&#243;teles en la &lt;i&gt;Po&#233;tica&lt;/i&gt;, bien podr&#237;a diferenciarse lo real y lo que ha sucedido, de otro &#225;mbito en el que lo que importa es lo que podr&#237;a suceder. Lo extraordinario es que lo veros&#237;mil se haga visible desde la apuesta de los recursos propios del realismo m&#225;gico. Lo cre&#237;ble se desdobla en un horizonte de una singular magia creativa, en la que se establece una fractura radical frente a las confines de lo real; en palabras de Guill&#233;n:&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;El espacio colindante con esas fronteras deja atr&#225;s las regiones de lo veros&#237;mil y lo probable. Es el territorio fronterizo de lo tal vez posible, de lo incre&#237;ble o, sin la m&#225;s m&#237;nima probabilidad o verosimilitud, de lo excepcionalmente posible. (Guill&#233;n, 2007: CXVIII)&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Los moradores de la casa Uribe, pese a sus constantes desdichas, son seres muy recursivos e imaginativos, dispuestos a resistir frente a la sordidez del poder, representada en abogados corruptos y funcionarios estatales confundidos en medio de los vericuetos de la ley. Los habitantes de la casona no est&#225;n solos en la aventura que emprenden; todos se comprometer&#225;n a sacar adelante un proyecto que les permitir&#225; dar continuidad con sus sue&#241;os; su motivaci&#243;n se ver&#225; favorecida por un &#8220;milagro&#8221; peculiar (la aparici&#243;n de la Virgen), s&#243;lo posible en un escenario macondiano. Pero en el caso de la pel&#237;cula los singulares personajes de la casa Uribe luchar&#225;n por seguir teniendo una nueva oportunidad en sus vidas; todos ellos resistir&#225;n a perecer.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En &lt;i&gt;La Estrategia del Caracol&lt;/i&gt; los moradores de la casa Uribe se fundir&#225;n en un solo cuerpo; gracias a la solidaridad, renunciar&#225;n al individualismo egoc&#233;ntrico tan presente en las sociedades occidentales. Creyentes y no creyentes, el revolucionario, el ladr&#243;n, el travestido, el enfermo y su fiel esposa acompa&#241;ante, la fiel devota, el sacerdote, entre otros, se unir&#225;n buscando un prop&#243;sito com&#250;n: que el plan de trasladar la casa se lleve a cabo y que, finalmente, se genere &#8220;un aut&#233;ntico espejismo&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La estrategia ejecutada por seres profundamente creativos evidencia que ninguno est&#225; dispuesto a renunciar a la felicidad, aunque las armas de legalidad los sit&#250;en en una condici&#243;n constante de perdedores. Parad&#243;jicamente, en la pel&#237;cula, las trampas de la ley terminar&#225;n por favorecer el plan en lo que corresponde al tiempo requerido para su conclusi&#243;n. El ensue&#241;o de los inquilinos de la casa Uribe se potencia enormemente, para resistir el embate de los &#8220;doctores&#8221; de la ley; todos los participantes son animados a luchar para conseguir el prop&#243;sito, sin dejarse vencer por la miseria, como bien lo retrata la pel&#237;cula del director colombiano. &#8220;&lt;i&gt;La suerte est&#225; echada&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;3. Tensiones entre la aplicaci&#243;n de la ley y la justicia. La tragedia de la justicia de la injusticia&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;3.1. Gustavo Calle Isaza, el paisa culebrero interpretado por Luis Fernando M&#250;nera ense&#241;a que lo que parece imposible &#8211;y que no va a ser conquistado a trav&#233;s del reconocimiento de los derechos que la propia ley concede- tendr&#225; que ser asumido por medio de los caminos que ofrece la imaginaci&#243;n. S&#243;lo as&#237; podr&#225; superarse &#8220;&lt;i&gt;la injusticia de la justicia&lt;/i&gt;&#8221;. La visi&#243;n que tiene el paisa sobre &#8220;&lt;i&gt;la injusticia&lt;/i&gt;&#8221; es la del actuar en contra de los principios morales, mientras que &#8220;&lt;i&gt;la justicia&lt;/i&gt;&#8221; es la institucionalidad p&#250;blica representada por los agentes judiciales.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;En la pel&#237;cula de Cabrera se ense&#241;a que el derecho ha fracasado al doblegarse ante el poder impuesto por los privilegiados; la dignidad ya no parece ser un sustento leg&#237;timo para albergar el discurso jur&#237;dico. La gente de la casa Uribe no siente la presencia de un Estado leg&#237;timo que, a trav&#233;s de sus jueces, atienda correctamente sus reclamos. No se comprende la ret&#243;rica empleada para justificar la ley, como cuando se indica que &#233;sta protege la dignidad personal; lo expresa magn&#237;ficamente ese &#8220;encantador&#8221; de culebras al decir: &#8220;&#191;&lt;i&gt;Pa qu&#233; le sirve a usted la dignidad&lt;/i&gt;?&#8221;. Vale la pena, a prop&#243;sito, siguiendo a William Ospina, se&#241;alar que &#8220;(&#8230;) para incorporarse en la legalidad no basta que todo el mundo se someta a la ley y sea cobijada por ella, es necesario algo m&#225;s profundo y m&#225;s sutil: que la comunidad sienta que la ley procede de ella, expresa su voluntad y garantiza sus derechos&#8221; (Ospina, 2013: 14).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Siguiendo a Foucault, la situaci&#243;n se avizora como dram&#225;tica, ya que quien tiene el poder termina por legitimar la verdad, abri&#233;ndose paso a un poder f&#225;ctico que finalmente se impone. La justicia burguesa, a trav&#233;s de los procesos creadores del legislador y de aplicaci&#243;n por los jueces, consolida una norma como verdadera y justa, manipulada en buena parte en el desarrollo del proceso. La justicia &#8211;como instituci&#243;n- no se manifiesta como clara alternativa para resolver el problema del justiciable; el juez, su representante, s&#243;lo sirve para permitir que la polic&#237;a funcione y se ejerzan controles de normalizaci&#243;n.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Holgu&#237;n, un habitante del norte de Bogot&#225;, hab&#237;a vencido en el proceso judicial, con el apoyo de &#8220;&lt;i&gt;testigos falsos y pruebas chimbas&lt;/i&gt;&#8221; presentadas por su abogado Mosquera, personaje interpretado por Humberto Dorado. Los tenedores demandados no pudieron demostrar su &#225;nimo de se&#241;ores y due&#241;os, durante el tiempo requerido legalmente, para que se les reconociera en su favor la prescripci&#243;n. Do&#241;a Trina (Delfina Guido), pese a tener &#8220;&lt;i&gt;derecho leg&#237;timo sobre la casa&lt;/i&gt;&#8221;, no entiende el sentido de esa decisi&#243;n proferida en el proceso. Las dudas de la consternada mujer son manifiestas cuando expresa: &#8220;&lt;i&gt;Yo vivo hace cincuenta a&#241;os largos aqu&#237;, y ahora esos doctores quieren quitarme los a&#241;os para poderme quitar la casa&lt;/i&gt;.&#8221; Pero al fin y al cabo son pobres, y por cierto frente a estos resulta bien palmario lo expresado en &lt;i&gt;El Oto&#241;o del Patriarca&lt;/i&gt;, obra en la que se hace un diagn&#243;stico sobre su suerte. &#8220;(&#8230;) y nada para los pobres, por supuesto, porque &#233;sos estar&#225;n siempre jodidos que el d&#237;a que la mierda tenga alg&#250;n valor, los pobres nacer&#225;n sin culo, ya lo ver&#225;n (&#8230;)&#8221; (Garc&#237;a M&#225;rquez, 2008: 180).&lt;/p&gt;
&lt;div class='spip_document_402 spip_document spip_documents spip_document_image spip_documents_center spip_document_center'&gt;
&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH250/3_realismo_magico-348e7.jpg?1775198996' width='354' height='250' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;3.2. En el film de Sergio Cabrera se presenta al juez responsable de la diligencia de &#8220;lanzamiento&#8221; como un ser atrapado por la literalidad de los vericuetos de una ley que debe aplicar silog&#237;sticamente. El personaje interpretado por Edgardo Rom&#225;n es bastante parcial. Se trata de un aut&#233;ntico bur&#243;crata, un morador de un despacho atiborrado de papeles, que nos hace recordar los juzgados en el proceso kafkiano, como bien lo recrea Orson Welles en &lt;i&gt;The Trial&lt;/i&gt; (1962). El juez, representante de un aut&#233;ntico infierno burocr&#225;tico, est&#225; dispuesto a aplicar la ley &#8220;para los de ruana&#8221;. Seg&#250;n Ospina,&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;En Colombia se abri&#243; camino hace mucho la afirmaci&#243;n de que &#8220;la ley es para los de ruana&#8221;. Se llamaba &#8220;los de ruana&#8221; a los campesinos y las gentes humildes, en contraste tal vez con indumentarias m&#225;s lujosas o m&#225;s urbanas. Pero esa frase delata de qu&#233; modo la ley perdi&#243; su universalidad y se volvi&#243; selectiva (&#8230;) (Ospina, 2013: 36).&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;En el film, el juez se presenta como un sujeto parcial que termina por favorecer los intereses del doctor Holgu&#237;n. El juez prefiere tener a este &#8220;ricach&#243;n aburguesado&#8221; como &#8220;&lt;i&gt;amigo&lt;/i&gt;&#8221;, y no como &#8220;&lt;i&gt;funcionario&lt;/i&gt;&#8221;; sin embargo, este personaje reconoce en la ley la existencia de ciertos inconvenientes para complacer a esta parte. No fue nada f&#225;cil llevar a cabo la diligencia de entrega, ya que en varias ocasiones la propia ley puede &#8220;atar las manos&#8221; para proceder con el cumplimiento de la sentencia.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El juzgado no podr&#225; ser el espacio para la justicia material, ya que en la pel&#237;cula ese lugar se encuentra dirigido por un ser muy condicionado por unas circunstancias que le impiden ser lo suficientemente imparcial para que haya un juicio justo. El juez, en el film, no tiene la capacidad para resolver problemas de unos &#8220;ciudadanos&#8221; que no encuentran en la ley &#8220;el espejo&#8221; en el que puedan verse &#8220;reflejados&#8221; (Ospina, 2013: 41).&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;3.3. En la pel&#237;cula colombiana dos de sus personajes protag&#243;nicos sobresalen, ofreciendo miradas distintas sobre la justicia material, pero que finalmente terminan por unir sus esfuerzos para resistir frente a la &#8220;&lt;i&gt;injusticia de la justicia&lt;/i&gt;&#8221;. Son ellos don Jacinto, interpretado por Fausto Cabrera, y el &#8220;doctor&#8221; Romero, interpretado por Frank Ram&#237;rez, inquilinos del vetusto bien a desalojar. El primero, es un anarquista espa&#241;ol, republicano, dispuesto a hacer un embate al cerrado mundo de la ley, a trav&#233;s de una estrategia que parec&#237;a quim&#233;rica. El segundo, El &lt;i&gt;Perro&lt;/i&gt; Romero, un egresado de la Facultad de derecho, aun no graduado. Jacinto no cree en la ley; Romero s&#237; tiene confianza en ella, y manifiesta que piensa &#8220;&lt;i&gt;como abogado&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;El plan de Jacinto buscaba imitar a los caracoles cuando trasladan su hogar de un lugar a otro. Toda una operaci&#243;n secreta comienza a ejecutarse a trav&#233;s del encanto propio del realismo m&#225;gico, y no hay obst&#225;culo que lo impida. Como se se&#241;ala en el film, &#8220;&#161;&lt;i&gt;Aunque fuera bajo las &#243;rdenes del mism&#237;simo putas&lt;/i&gt;!&#8221;, no hab&#237;a forma de detenerlo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Romero cuestiona inicialmente la estrategia de don Jacinto, quien a su vez le reclama a aquel abogado principiante &#8220;&lt;i&gt;que por una vez tenga fe en las personas y no solo en las leyes&lt;/i&gt;&#8221;. Pero Romero tendr&#225; que comprender que es bien dif&#237;cil tener fe en las leyes, cuando su aplicaci&#243;n depende de abogados como Mosquera, un hombre inescrupuloso al servicio de la &#8220;&lt;i&gt;injusticia&lt;/i&gt;&#8221; y quien terminar&#225; manipulando &#8220;&lt;i&gt;la justicia&lt;/i&gt;&#8221;. El personaje interpretado por Frank Ram&#237;rez, con gran claridad, expresa: &#8220;&lt;i&gt;No tengo otras armas que la ley&lt;/i&gt;&#8221;. Sin embargo, m&#225;s tarde, Romero buscar&#225; en la propia la ley, &#8220;trampas&#8221; que le permitan solicitar el aplazamiento de la diligencia, como cuando se le cambia la nomenclatura al bien objeto de desalojo. Pero esto tiene un l&#237;mite. Aunque Romero invoque vericuetos legales, tendr&#225; que ceder en sus estrategias defensivas, ya que no hay forma detener la injusticia proveniente de ese otro derecho puesto en ejecuci&#243;n a trav&#233;s de Mosquera.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Uno de los papeles provenientes del juzgado kafkiano al que nos venimos refiriendo llega a la casa Uribe. La entrega del inmueble es inevitable. No hay nada que pueda evitar la orden con las &#8220;&lt;i&gt;armas de la ley&lt;/i&gt;&#8221;. Don Jacinto rompe el documento y manifiesta: &#8220;&lt;i&gt;Esto no es m&#225;s que un papel de mierda&lt;/i&gt;.&#8221; Por esto, s&#243;lo ser&#225; la estrategia de este simp&#225;tico anarquista la que resuelva el problema de &#8220;&lt;i&gt;la injusticia&lt;/i&gt;&#8221;. La apuesta que se hace en la pel&#237;cula de Cabrera resulta sorprendente y el mensaje penetra en el espectador. Las palabras de don Jacinto son un llamado expl&#237;cito a que se tenga fe en el propio hombre. &#8220;&lt;i&gt;Lo &#250;nico que vale es lo que hagamos de ahora en adelante&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;4. Conclusi&#243;n&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;A partir de pel&#237;culas como &lt;i&gt;La Estrategia del Caracol&lt;/i&gt;, es bueno reflexionar sobre la importancia resistir frente a los aprisionamientos ideol&#243;gicos que impone la legalidad. El plan de don Jacinto abre el &#8220;tel&#243;n&#8221;, dando cuenta de alternativas sobre c&#243;mo alcanzar un sue&#241;o, pese a las condiciones hostiles presentes en un determinado entorno.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La pel&#237;cula de Sergio Cabrera ense&#241;a sobre c&#243;mo emprender &#8220;vuelo&#8221;, aunque no sea posible dejar este mundo de tanta iniquidad. Basta con tener &#8220;&lt;i&gt;mas fe en los hombres&lt;/i&gt;&#8221;. La estrategia dise&#241;ada por don Jacinto busca salirle al paso a ese mundo de soledad impuesto en un pa&#237;s que ha cultivado el &#8220;orden&#8221; a trav&#233;s de una cultura absurda de tr&#225;mites y formalismos excesivos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Un infierno de seres amargados ha confeccionado el excesivo legalismo presente en Colombia. Los &#8220;tinterillos&#8221; atrapados en medio de un discurso pobre de los &#8220;susodichos&#8221; y de constancias consignadas en los expedientes son un real obst&#225;culo para so&#241;ar y para poner en marcha el ingenio proveniente de la imaginaci&#243;n. Resulta cuestionable un sistema que esquematiza, y que en los estrados judiciales impone una aburridora ret&#243;rica cercana a las gu&#237;as contenidas en las minutas y muy pr&#243;xima a las retah&#237;las que siguen reproduciendo los abogados.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No obstante, la fuerza emprendida por esos seres maravillosos de la casa Uribe asignar&#225; un dique frente a lo que &#8220;justicia&#8221; pretende con ellos. Romero finalmente manifestar&#225;: &#8220;&lt;i&gt;Yo ya no soy apoderado de nadie&lt;/i&gt;&#8221;, pero de otro lado, la &#8220;&lt;i&gt;epop&#233;yica popular&lt;/i&gt;&#8221; referida por el culebrero narrador habr&#225; concluido, sin saber el juez qu&#233; hacer en estos casos.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;La &#8220;justicia&#8221; no les hab&#237;a dado la raz&#243;n a los inquilinos de la casa, pero estos hicieron efectivo un plan para que la &#8220;injusticia&#8221; de aquella fuera contrarrestada. &#8220;&lt;i&gt;Ah&#237; tienen su hijueputa casa pintada&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
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&lt;figure class=&#034;spip_doc_inner&#034;&gt; &lt;img src='https://journal.eticaycine.org/local/cache-vignettes/L354xH199/4_realismo_magico-78d70.jpg?1775198997' width='354' height='199' alt='' /&gt;
&lt;/figure&gt;
&lt;/div&gt;
&lt;p&gt;&#201;sta es la r&#233;plica de justicia material resultante del plan de Jacinto. Se trata de un final que evidencia una respuesta clara de la solidaridad emprendida por unos seres excluidos por la indiferencia proveniente del mundo legal. Sin embargo, el abogado Romero sabe que la legalidad seguir&#225; presente imponiendo sus condiciones, lo que no acepta Jacinto.&lt;/p&gt;
&lt;blockquote class=&#034;spip&#034;&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Romero.&lt;/strong&gt; Jacinto&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Jacinto.&lt;/strong&gt; D&#237;game doctor Romero&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Romero.&lt;/strong&gt; Tenemos que levantar un techo antes del amanecer para tomar posesi&#243;n legal del predio. La ley es muy estricta en estos casos, y como si fuera poco este lote no lo hemos pagado.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Jacinto.&lt;/strong&gt; Vamos a levantar un techo todos, y lo vamos a hacer ahora mismo, pero no porque la ley lo diga, sino porque lo necesitamos perro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Romero.&lt;/strong&gt; &#218;ltima vez que se lo digo, no me vuelva a decir perro.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Jacinto.&lt;/strong&gt; Pero es que me parece inaudita que en estas circunstancias sigas pegado al c&#243;digo.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Romero.&lt;/strong&gt; &#191;Y qu&#233; que quiere que yo haga?&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Jacinto. &lt;/strong&gt; Calcule. Pues yo lo que calculo es que llevamos meses trabajando en esto, que ha sido nuestra ilusi&#243;n toda la vida y que falta todo por hacer.&lt;/p&gt;
&lt;/blockquote&gt;
&lt;p&gt;Es hora de emprender un trabajo solidario, sin victimizarnos. &#8220;Falta todo por hacer&#8221;, como lo expresa Jacinto, sin esperar que otros hagan lo que s&#243;lo a nosotros corresponde. Siguiendo las palabras del magistrado Juan Evangelista Mart&#237;nez, como lo expone Fernando Gonz&#225;lez, &#8220;Hay que adaptar la legislaci&#243;n a la vida&#8221; (2010: 78). No m&#225;s golpes de pecho. En medio de este realismo m&#225;gico sempiternamente presente, es importante que hagamos sentir nuestra existencia, realmente &#250;nica.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;No esperemos que for&#225;neos resuelvan nuestros problemas. Aportes como los de Cabrera dan cuenta de un testimonio realmente sincero. La pel&#237;cula es un testimonio de vida que no claudica frente a la &#8220;&lt;i&gt;injusticia de la justicia&lt;/i&gt;&#8221;. Es preciso actuar, haciendo un embate frontal a la iniquidad presente en tantos sectores, como en los provenientes de los tr&#225;mites burocr&#225;ticos de las autoridades estatales, incluidos los procedimientos judiciales, entrabados en medio de una multiplicidad de reglas. Es indispensable un trabajo aut&#233;ntico, en el que no neguemos nuestras propias identidades, y que con toda honestidad y transparencia podamos abrir paso a la &#8220;&lt;i&gt;justicia de la justicia&lt;/i&gt;&#8221;.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;&lt;strong&gt;Bibliograf&#237;a&lt;/strong&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Agudelo Ram&#237;rez, Mart&#237;n (2015). Cine y Derechos humanos: una aventura f&#237;lmica. Medell&#237;n: Unaula.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Garc&#237;a M&#225;rquez, Gabriel [1975] (2008). &lt;i&gt;El Oto&#241;o del patriarca&lt;/i&gt;. Bogot&#225;: Norma.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Garc&#237;a M&#225;rquez, Gabriel [1975] (1967). &lt;i&gt;Cien a&#241;os de soledad&lt;/i&gt;. Bogot&#225;: Real Academia de la Lengua Espa&#241;ola.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Gamboa, Santiago (2014). &lt;i&gt;La guerra y la paz&lt;/i&gt;. Bogot&#225;: Debate.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Gaviria, Alejandro, 6 de febrero de 2011, El Espectador, &#8220;Tinterillos&#8221; &lt;a href=&#034;http://www.elespectador.com/opinion/tinterillos&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://www.elespectador.com/opinion/tinterillos&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Gonz&#225;lez, Fernando [2010] (1929). &lt;i&gt;Viaje a pie&lt;/i&gt;. Medell&#237;n: Fondo Editorial Universidad Eafit/Corporaci&#243;n Otraparte.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Guill&#233;n, Claudio (2007). &lt;i&gt;Algunas literariedades de cien a&#241;os de soledad&lt;/i&gt;. En:&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Ospina, William (2013). &lt;i&gt;Pa que se acabe la vaina&lt;/i&gt;. Bogot&#225;: Planeta.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;Valencia Villa, Hernando (2010). &lt;i&gt;Cartas de Batalla; Una cr&#237;tica del constitucionalismo colombiano&lt;/i&gt;. Bogot&#225;: Panamericana.&lt;/p&gt;
&lt;p&gt;V&#225;squez, Juan Gabriel. &#8220;El escritor debe ser un agua fiestas&#8221;. Revista Arcadia. Recuperado el 29 de junio de 2015, en: &lt;a href=&#034;http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/el-escritor-debe-agua-fiestas/2069&#034; class=&#034;spip_url spip_out auto&#034; rel=&#034;nofollow external&#034;&gt;http://www.revistaarcadia.com/libros/articulo/el-escritor-debe-agua-fiestas/2069&lt;/a&gt;).&lt;/p&gt;&lt;/div&gt;
		
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