[pp. 9-11]
¡La bolsa o la vida!
La comunidad | Álex de la Iglesia | 2000
Roxana Chiatti

Escuela de la Orientación Lacaniana

El título de este trabajo surge a partir de algo que impacta al espectador. Imperativo que aparece tanto en la primera escena del film, como en una de las últimas. Puede verse como en la primera, el pobre señor prefirió la bolsa. En la otra, más feliz, la mujer elige la vida.
Jacques Lacan trabaja en su Seminario 11(1964 [2008]) esta perspectiva lógica para transmitirnos de qué se trata la alienación subjetiva:“la elección sólo consiste en saber si uno se propone conservar una de las partes, ya que la otra desaparece de todas formas” (Lacan, 1964 [2008],p. 219). Esto implica que, en la relación con el Otro es necesario perder algo para que haya un lazo.

¿Qué define una comunidad?

Escuchemos a Freud en “El malestar en la cultura” (1929 [1994]) cuando habla de la pulsión agresiva: “la existencia de esta inclinación agresiva que podemos registrar en nosotros mismos y con derecho presuponemos en los demás es el factor que perturba nuestros vínculos con el prójimo” (Freud,1929 [1994], p.3036). Freud ubica aquí lo que separa a unos de otros.Y sigue:

A raíz de esta hostilidad primaria y reciproca de los seres humanos, la sociedad se encuentra bajo una permanente amenaza de disolución. El interés de una comunidad no la mantendría cohesionada, en efecto, las pasiones que vienen de lo pulsional son más fuertes que unos intereses racionales. La cultura tiene que movilizarlo todo para poner límites a las pulsiones… De ahí el recurso a métodos destinados a impulsar a esos sujetos hacia la identificación, la limitación de la vida sexual, el amor al prójimo (Freud 1929 [1994],p. 3037).

La idea de Freud es esa, los sujetos están separados, no hay lazo. El predominio de la vida pulsional hace que no haya lazo, es el punto de partida de Freud. El lazo no existe, nada llevaría al lazo, entonces la sociedad se encuentra bajo una permanente amenaza de disolución. La idea de Freud es que el Otro de la civilización tiene que forzar, tiene que ir contra ese aislamiento que proviene de lo pulsional y el método que encuentra es la identificación (Brodsky, 2007).
Es la presencia de un Ideal—que determina lo bueno y lo malo, lo prohibido y lo no prohibido—lo que facilita una identificación, y eso contrarresta lo que sería el estado natural, autoerótico, que no tiene nada que ver con el lazo con el Otro.
A partir de esta identificación que iguala a unos y a otros ocurre que ninguno tiene derecho a algo diferente, teniendo así que renunciar a lo propio en favor del Ideal. Renuncia que, como vemos en el film, deja un resto de agresividad.
En definitiva, creo que Freud ya había visto esta película cuando escribe “El malestar en la cultura”. Define exactamente lo que acabamos de ver en la pantalla.
No se habrán perdido el detalle de la imagen en la televisión donde un conjunto de buitres se van reuniendo de a uno cercando la carroña, los restos de un animal muerto. El director duplica con esa escena el modo de operar de la otra comunidad que también reúne, polariza su libido alrededor de un muerto.
Entonces hay un muerto alrededor del cual se reúnen… pero también hay un vivo, bastante vivo, el administrador de esa libido comunitaria que funciona a modo de líder, ese que ordena el goce hacia un supuesto bien común (dentaduras para la soltera, tratamientos para la obesidad, vacaciones para sus hijos).

Les ha llevado 20 años de vigilancia, una rutina por turnos, alrededor de ese objeto en desmedro de la propia vida. Cada cual nos muestra sus renuncias, sus fracasos, sus desdichas, su mortificación.
Una astuta mujer, por demás ambiciosa, usurpadora de una vida que no tiene pero quisiera tener, desbarata en un minuto lo que a ellos les llevo una eternidad sostener, descaradamente les desordena su rutina, confrontándolos con eso.

Ella, ninguna conformista, intenta enganchar a su partenaire en la operación, este hombre mediocre que nunca fue suficiente para ella y se lo hace saber. Rápidamente se ubica en el lugar desde donde ella lo mira: por encima de su hombro. Jamás podrá darle lo que ella espera. Él, sin ningún calculo, toca la tecla que no había que tocar, intenta homologarla con él diciéndole “somos iguales’’.
El narcisismo de las pequeñas diferencias, del cual ella es un gran ejemplo le lleva a decirle: ‘’no sabes hasta dónde has metido la pata’’. Tanto que lo mata en un accidente imaginario, se esfuma para ella. Tensión agresiva de la cual se sale haciendo desaparecer al otro, es ella o el.

El ojo en la mirilla

Es el modo pulsional de esta comunidad. No sólo como vigilancia del preciado objeto, la vida ajena se toma como propia, se sabe al dedillo la rutina de los otros, casi como una familia (como dicen que son).

Hay sin embargo uno —podría llamarlo el voyeurista de la guerra de las galaxias—que clava el ojo en otro lado. Su hacer el tonto le sirve como el semblante adecuado para pergeñar su plan. Sabemos al final que estaría dispuesto a ceder algo al igual que la astuta mujer que suelta la valija en el último minuto cuando está dispuesta a sostener su diferencia del otro. Di que eres como yo “¡¡¡ Di que eres como yo!!!”, la vuelve en sí, y la suelta.

Para concluir, las escenas finales donde el tonto y la astuta se reencuentran de una manera totalmente original, lleva a pensar en lo que Jacques Lacan (1962-1963 [2012]) nos enseña a cerca del amor:el amor hace condescender el goce al deseo, por amor se cede el goce que nos separa del otro y hace posible un lazo. La mejor manera de salir del autoerotismo.

Referencias

Brodsky, G. (2007) “Epidemias actuales y angustia”, en Colección Grulla. Córdoba: CIEC.

Freud, S. (1929 [1981]) “El Malestar en la cultura”,Obras Completas Tomo III, Lopez Ballesteros. Madrid: Biblioteca Nueva.

Lacan, J. (1962-1963 [2012]) “La Angustia”. El Seminario de Jacques Lacan, Libro 10. Buenos Aires: Paidós.

Lacan, J. (1964[2008]) “Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis” en El Seminario de Jacques Lacan, Libro 11.Buenos Aires:Paidós.



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