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Capitán America: ¿Primer vengador o primer ser post-humano?
Captain America: The First Avenger | Joe Johnston | 2011
Mirko Daniel Garasic

Cuando veinte años atrás John Harris escribió su libro Wonderwoman and Superman: The Ethics of Human Biotechnology, que tanta influencia ha tenido sobre las concepciones éticas en torno al mejoramiento humano [1] , difícilmente pudo haber seleccionado una mejor manera para describir la actual seguidilla de adaptaciones de libros de superhéroes al cine. Especialmente sobre la mala utilización que de ellos se hace en el tratamiento del así llamado mejoramiento del ser humano.

En distintos grados, todas las formas de comunicación tienen una postura política tomada. Si tomamos el caso del cine, desde su nacimiento ha sido utilizado según las conveniencias políticas, encontrando esta tendencia su punto culminante en el nazismo. El presente trabajo está centrado en el análisis de un film contemporáneo ubicado en ese contexto histórico: Capitán América, el primer vengador. Se buscará resaltar con este análisis la tendencia actualmente en boga en Hollywood, que consiste como veremos en apoyar, de forma más o menos evidente, las tesis del mejoramiento humano.

Sin lugar a dudas, el tema del mejoramiento humano no es nuevo en
Hollywood, siendo Gattaca su retrato más exitoso –utilizado como ejemplo por expertos en el área del mejoramiento humano, tales como Julian Savulescu. Tampoco lo es por cierto el tema de la creación de los súper soldados.

La peculiaridad de la trama de Capitán América radica en que la funcionalidad del mejoramiento humano está prolijamente relacionada a su implementación militar y los resultados (supuestamente) morales y prácticos que estos tienen para la humanidad. Este aspecto no sólo supone una evaluación moral y utilitaria del mejoramiento (una ideología propia del contexto anglosajón) sino que reduce además la brecha entre ficción y realidad. Mucho se ha escrito sobre el creciente cambio que ha tenido la guerra y su industria en los últimos años. De hecho, el ejército de los Estados Unidos –así como otros ejércitos que no comparten tan abiertamente su política– está llevando a cabo experimentos para reducir la necesidad de sueño, la fatiga y el derramamiento de sangre de los soldados, experimentos que están en la línea del modelo de soldado que presenta el film. Por razones de espacio no trataremos aquí la cuestión del estatuto moral de las mejoras tecnológicas y los problemas relacionados a su implementación, pero el debate alrededor de este tema tiene enorme actualidad.

La trama de la película sigue bastante de cerca la historia original desarrollada en el comic, que apareció por primera vez a mediados de la segunda guerra mundial, con la intención explícita de ser un soporte ideológico contra el nazismo, dentro y fuera de los Estados Unidos.

De hecho, Joe Simon –el escritor que dio nacimiento a la primera versión del cómic– dijo que el Capitán América fue una creación consciente y deliberadamente política; él y su compañero Jack Kirby sentían una profunda repulsa por las acciones de los nazis en los años previos a la participación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial y consideraban que la guerra era inevitable: “los que se oponían a la guerra estaban bien organizados. Nosotros también teníamos algo que decir al respecto.”

El argumento del film es relativamente sencillo. Steve Rogers, un simple empleado de una tienda en Nueva York, es transformado en un súper soldado por el Dr. Erskine –quien era llamado Josef antes de la guerra y que, por supuesto, representaba el lado bueno de Alemania en el marco del análisis simplista de la guerra que propone el film. El objetivo específico del experimento era dar batalla contra el malvado Red Skull (también conocido como Johan Schmidt), un nazi obsesionado con reliquias esotéricas y fascinado por el poder. Luego de haber sido utilizado inicialmente como herramienta propagandística, Rogers se convierte gradualmente en un Capitán América, aceptado y seguido por el pueblo norteamericano, entrando en acción en el campo de batalla, ganándose el respeto de sus compatriotas e imponiendo el temor a los enemigos. Finalmente, luego de la última batalla épica con Red Skull –en la cual se sigue sosteniendo el carácter noble del personaje– el Capitán América desaparece heroicamente en algún lugar del Polo Norte, llevando consigo un avión lleno de bombas que de otra forma hubiesen destruido las principales ciudades de los Estados Unidos.

Aún no han visto nada o el amor, la muerte, la mirada {PDF}

Muchos son los mensajes que se pueden desprender de la historia del Capitán América. Antes que nada, es importante notar la táctica utilizada en el film para legitimar al personaje del Capitán América y su posición moral, a pesar de la aproximación casi ridícula y excesivamente militar que se hace de los combates. Por ejemplo, la primera misión de rescate, en el cual su escudo de barras y estrellas brilla en la oscuridad, no es precisamente la representación de un método sigiloso. Para sobrellevar el límite estructural de un héroe tan propagandístico, el film toma una postura preventiva, riéndose del mismo Capitán América en la propia película; Rogers es retratado (y etiquetado por sus propios compañeros) como un payaso al cual se le tiran tomates. Pero es justamente esta humillación pública la que permite al espectador percibir al personaje principal como alguien confiable y –más importante- alguien inmune a aquellas críticas que cuestionan su excesivo patriotismo., Esto ocurre naturalmente una vez que el Capitán América se involucra realmente en la guerra, mostrando su coraje en combate. Por lo tanto, nos sentimos con el derecho de decirnos a nosotros mismos “sería genial poder hacer eso” sin sentirnos demasiado tontos.

Sin embargo, nuestra principal preocupación respecto del film es su apoyo implícito al pos-humanismo. Analizaremos a continuación cómo este mensaje se encuentra fuertemente presente, incluso por fuera del mismo film. Más específicamente, vale la pena considerar que en uno de los trailers que promocionan al film, se lee lo siguiente: “Los héroes son hechos en América” (las itálicas son nuestras).

Se produce un giro sustancial y peculiar en el concepto de qué es aquello que constituye a un héroe. Usualmente, la manera de entender un acto heroico hace referencia específicamente a las cualidades internas de aquel individuo que superó sus miedos, limitaciones físicas, egoísmo estructural, etc.

Por supuesto que este aspecto es tomado en el film desde el centro del proceso de selección que sobrevino Steve Rogers elegido por el Dr. Erskine debido a sus cualidades morales.

Sin embargo, la frase promocional del film pareciera implicar algo diferente, incluso para aquel que tenga el sueño de convertirse en el Capitán América: América (los Estados Unidos) no es una tierra que le permitirá a uno florecer y como resultado devenir un héroe, sino que lo transformará en un héroe. Si a uno le gusta o no, parece no ser relevante. Se muestra al Estado cumpliendo su rol en la formación de la élite moral que tendrá el deber de cuidar a la humanidad; y esto es retratado de forma ominosa y espectacular. Otra frase, directamente extraída del film, dice:

“El General Patton ha dicho: ‘Las guerras son libradas con armas, pero son ganadas por hombres’ Ganaremos esta guerra porque tenemos los mejores hombres… y porque serán aun mejores, ¡mucho mejores!”

Si combinamos este comentario con la mirada de asco del Coronel hacia el todavía no perfeccionado Rogers, queda claro que con “mejor” se refiere a físicamente más ágil y fuerte. Las evaluaciones del Coronel sobre los requisitos necesarios para convertirse en un “mejor ser humano” se encuentran contrabalanceados con aquellas que da el Dr. Erskine cuando le explica a Rogers por qué se eligió al soldado más débil para inaugurar el programa de súper soldados.

“Esta es la razón por la que has sido elegido: un hombre fuerte, que ha conocido el poder toda su vida, perderá el respeto por ese poder… pero un hombre débil conoce el valor de la fuerza y la compasión.”

De esta forma, el mensaje parece promover cualidades humanas tales como la empatía y la sabiduría como fundamentales para el perfeccionamiento de los seres humanos. Sin embargo, dos aspectos deben ser tenidos en cuenta.

Primero, el uso de la “normalidad” como una virtud en sí misma parece sufrir, en el diálogo del film, de la misma debilidad que presentan los argumentos a favor del mejoramiento humano. Segundo –y todavía más importante– en situaciones de guerra reales, las cualidades mencionadas más arriba no son siquiera tomadas en cuenta. Toda tecnología apunta a aumentar la fuerza física del soldado, no su estatura moral.

Por esta razón es que el Capitán América es el paradigma del soldado perfecto: al haber sido elegido por sus cualidades morales, puede usar su poder para el bien de otros, y no verse tentado de utilizar sus nuevos poderes para explotar la estructura de su cuerpo sobrenatural, (o podríamos decir post humano) para su beneficio personal.

Como se menciona más arriba, la primera parte de la historia –el perfeccionamiento técnico de un soldado– es bastante real ya que en el ejército de los Estados Unidos se han realizado mejorías drásticas de esta índole. La verdadera dimensión de superhéroe del personaje deriva de su capacidad de resistir la debilidad humana de sacar ventaja del poder que se le ha otorgado. El resultado es claramente una historia a favor del mejoramiento humano. Sin embargo, el problema se mantiene sin cuestionar: ¿qué pasaría si el Capitán América cambiase su actitud hacia el resto de los humanos y los hiciera objeto de actos discriminatorios?

La omisión voluntaria de una respuesta convincente a esta pregunta nos llevará a concluir que el alcance propagandístico del cine ha cambiado drásticamente: más que demonizar al extremo a un enemigo, el cine es hoy utilizado para facilitar la toma de una pastilla, lo cual ya es por cierto una realidad que se extiende detrás de la cámara.



NOTAS

[1Human Enhancement, en el original inglés. La expresión ha sido traducida también como “perfeccionamiento humano”. Resulta útil aquí la definición que hace del término James Hughes, así citada en Wikipedia: cualquier intento permanente o transitorio de superar las limitaciones del cuerpo humano, tanto por medios naturales como artificiales. El término a veces se utiliza para referirse al uso de tecnologías para seleccionar o modificar aptitudes y características humanas que no están fuera del rango de las posibilidades humanas existentes. Algunos bioeticistas sin embargo, reservan el término únicamente para la aplicación de tecnologías neurotecnológicas, genéticas o nanomédicas sobre la biología humana. (N. del E.)