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NOVIEMBRE 2015



 
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[pp. 21-30]
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Reportaje a Joshua Oppenheimer
Democracy Now!

Amy Goodman

Traducción de María Paula Paragis


El 1ro de octubre señala el 50° aniversario del comienzo del genocidio en Indonesia de 1965, el cual dejó un saldo de más de un millón de personas asesinadas. Algunos grupos que bregan por los derechos humanos han hecho circular peticiones que demandan que el gobierno de los Estados Unidos reconozca su participación en dicho genocidio y que dé a conocer los registros militares, gubernamentales y de la CIA en relación al exterminio en masa. Los Estados Unidos proveyeron a la Armada indonesia de apoyo económico, militar y de inteligencia en aquel momento. Actualmente, podemos observar la búsqueda de un hombre indonesio que confronta a los asesinos de su hermano. En 1965, el hermano mayor de Adi Rukun fue asesinado por el Comando ANSI, una organización paramilitar en Aceh. El propósito de Adi Rukun constituye el foco del nuevo documental de Joshua Oppenheimer, The Look of Silence. En 2012, Oppenheimer estrenó un film independiente titulado The Act of Killing, en el cual entrevistaba a los jefes de bandas de aniquilamiento indonesios y trabajaba junto a ellos para dramatizar los asesinatos ocurridos en la vida real. El film fue nominado a un Premio de la Academia.

Transcripción La presente es una transcripción de último momento. Esta copia podría no ser la versión final.

AMY GOODMAN: El día de hoy estaremos con el cineasta galardonado por la Academia Joshua Oppenheimer. En 2012, su distintivo film con el cual debutó, The Act of Killing, ha dejado estupefacta a la audiencia ya que desenmascaró a los perpetrados del genocidio en Indonesia de mediados de los años 60, cuando militares y paramilitares masacraron a más de un millón de indonesios luego de haber derrocado al gobierno. Dicha maniobra militar fue respaldada por los Estados Unidos y dirigida por el General Suharto, quien habría de gobernar Indonesia durante décadas. Joshua Oppenheimer ha pasado más de ocho años entrevistando a los jefes de las bandas de aniquilamiento indonesios y trabajó junto a ellos para dramatizar los asesinatos acontecidos en la vida real. El film fue nominado por la Academia como Mejor Documental. En su nuevo film, The Look of Silence, Oppenheimer retoma escenas de los crímenes focalizando en las víctimas del genocidio. En él se acompaña a una familia en su intento por confrontar a los asesinos, muchos de los cuales aún hoy se encuentran en el poder, dado que no ha habido un proceso de reconciliación oficial en Indonesia. Este es el trailer de The Look of Silence.

NO IDENTIFICADO: No, no creo que sea un problema mayor.

ADI RUKUN: Pero un millón de personas fue asesinado.

NO IDENTIFICADO: Así es la política.

ADI RUKUN: Mamá, ¿cómo te sientes viviendo rodeada de los asesinos de tu hijo? En nuestro pueblo, el alcalde, los maestros, fueron todos asesinos. ¿Tus vecinos tienen miedo de ti?

INONG SUNGAI ULAR: Me tienen miedo. Saben que se encuentran indefensos frente a mí.

ADI RUKUN: Mi historia es que mi hermano también ha sido asesinado.

AMIR SIAHAAN: Adi, ¿dónde vivía tu hermano?

ADI RUKUN: Lo siento, no te lo diré.

AMIR SIAHAAN: Sólo dímelo, todo está bien.

NO IDENTIFICADO: Si tú continúas haciendo del pasado un problema, seguramente ocurrirá nuevamente.

ADI RUKUN: Si yo viniera a ti de este modo durante la dictadura militar, ¿qué me hubieras hecho?

AMIR SIAHAAN: No puedes ni imaginar lo que hubiera ocurrido.

AMY GOODMAN: Ese es el trailer de The Look of Silence. El director nominado al Oscar, Joshua Oppenheimer, estuvo en Nueva York para el estreno de la película. Ha venido al estudio de Democracy Now! ese mismo día. Comencé preguntándole por el título del film.

JOSHUA OPPENHEIMER: The Look of Silence realmente define, a mi criterio, un proyecto que muestra cómo es esta cosa invisible, el silencio, el silencio que ha nacido del terror. ¿Cómo es para los seres humanos tener que vivir durante 50 años con miedo? Tratar de darle visibilidad a aquel silencio y a ese miedo ha sido lo que definió el proyecto de este film. Tenía el título mucho tiempo antes de tener el título The Act of Killing, de hecho. Luego, por supuesto, hay otro nivel en su significado ya que se sigue a un sobreviviente de la masacre, Adi Rukun, el protagonista del film, mientras visita a los hombres que asesinaron a su hermano y que se encuentran todavía en el poder, intentando que asuman su responsabilidad por lo que han hecho mientras revisa su visión, puesto que él es oculista. De este modo surge esta especie de metáfora sobre la ceguera, que también se encontraba para mí en el título. Estos hombres eran ciegos voluntariamente al significado de lo que habían hecho, y él está intentando ayudarlos a ver.

AMY GOODMAN: Ahora volvamos hacia atrás y cuéntanos sobre el contexto político de esta historia. Cuéntanos sobre Indonesia.

JOSHUA OPPENHEIMER: En 1965 había un golpe de Estado military, patrocinado y financiado por Occidente –Estados Unidos, Reino Unido, Australia, Japón- con los Estados Unidos teniendo un rol clave. Había también un presidente de Indonesia carismático, populista de izquierda, llamado Sukarno, fundador del Movimiento de Países No Alineados, movimiento que durante la Guerra Fría había tratado de trazar una especie de tercera vía, un camino independiente no alineado a la Unión Soviética ni a Occidente. Este presidente, Sukarno, es quien llevó a Indonesia a terminar con el colonialismo alemán. Él es el padre fundador de Indonesia. Fue derrocado por un golpe militar durante el cual, en un lapso de seis meses aproximadamente, entre medio millón y tres millones de personas fueron asesinadas. Cada potencial oponente del nuevo régimen dictatorial, como jefes sindicales, intelectuales, maestros, inmigrantes chinos, miembros de cooperativas agrarias, líderes del movimiento feminista de Indonesia, etc., fueron reunidos, llevados a campos de concentración y, luego, muchos de ellos fueron despachados y asesinados.

AMY GOODMAN: Cuéntanos sobre tu primer film, los temas que has tocado allí y aquellos que abordas en la nueva película.

JOSHUA OPPENHEIMER: Pues bien, en 2003, comencé a trabajar sobre el genocidio de 1965 y, principalmente, su legado en la actualidad: un régimen de terror, brutalidad y corrupción. Así inicié el trabajo, en colaboración con Adi Rukun y su familia, quienes son el foco en The Look of Silence. Ellos habrían de reunir a los sobrevivientes para que me contasen sus historias. Algunos de ellos nunca antes habían hablado sobre lo que habían vivido. Venían a contarme sus experiencias y llegaban llorando, tan sólo con pensar en hablar de ello. En este estado de completa vulnerabilidad compartían conmigo lo que les había ocurrido. Pasadas unas tres semanas, la Armada amenazó a los sobrevivientes para que no participaran del film. Adi reaccionó convocándome a una reunión a medianoche en la casa de sus padres, donde me dijo “Por favor, no te rindas. Trata de filmar a los perpetradores”. Fui, al comienzo un poco asustado, a abordar a los perpetradores. Cuando lo hice, encontré que se encontraban dispuestos, y no sólo eso, se encontraban jactanciosos sobre los detalles más terribles de lo que habían hecho. Cuando le mostré el material a Ali, me contestó “Continúa filmándolos”. Y luego, lo mismo dijo el resto de la comunidad defensora de los derechos humanos. Decían “Filma a los perpetradores y saca a la luz el hecho terrible de que el genocidio no ha realmente terminado, porque los perpetradores se encuentran todavía en el poder y millones de vidas aún se encuentran destruidas por el terror y el silencio”. Así fue que pasé siete años trabajando con los perpetradores. Y lo que comienza con ellos llevándome a los lugares donde asesinaban y embarcándose en demostraciones espontáneas de cómo lo hacían, gradualmente evolucionó en algo surrealista, tal vez un proyecto mucho más vasto, en el cual se podría tratar de entender por qué se jactan, por qué están abiertos a hablar de aquello, para quién se jactan, cómo quieren ser vistos, cómo realmente ellos se ven a sí mismos. Les di la oportunidad de dramatizar lo que habían hecho, del modo que quisieran, para poder mostrar las mentiras, las fantasías, las historias que los perpetradores se dicen a sí mismos para poder convivir consigo mismos, y las terribles consecuencias que estas mentiras tienen para la sociedad en su conjunto.

AMY GOODMAN: Este es Joshua Oppenheimer hablando de su nuevo film, The Look of Silence. Volveremos en unos minutos.

[Corte]

AMY GOODMAN: Esto es Democracy Now!, democracynow.org, el reporte sobre la Guerra y la Paz. Yo soy Amy Goodman y continuamos nuestra conversación con el cineasta galardonado Joshua Oppenheimer, director del nuevo film The Look of Silence, que trata sobre la participación de los Estados Unidos en el genocidio en Indonesia durante los años 60, el cual llevó a la muerte a más de un millón de indonesios. Le pregunté a Oppenheimer sobre su film distintivo, The Act of Killing, el cual fue nominado para un Premio de la Academia como Mejor Documental.

JOSHUA OPPENHEIMER: The Act of Killing, mi primer film, sigue a uno de los jefes de las bandas de aniquilamiento, quien posiblemente asesinó a más de mil personas, mientras se propone dramatizar sus memorias, su experiencia durante el genocidio, como un modo algo desesperado de aferrarse a las mentiras que su propio régimen ha dicho e impuesto a toda la sociedad. A lo largo de este proceso, gradualmente él comienza a ver, a través de sus propias dramatizaciones, que todas estas son mentiras y que tiene por delante esta dolorosa confrontación con su propia conciencia. Así como colapsan las mentiras personales de Anwar, también lo hace para Indonesia la mentira nacional de que aquello fue heroico.

AMY GOODMAN: Veamos el trailer de The Act of Killing.

HERMAN KOTO: ¡Corten! ¡Corten! ¡Corten! Has actuado muy bien, puedes dejar de llorar ahora.

ADI ZULKADRY: Los “crímenes de guerra” los definen los vencedores. Yo soy un vencedor.

SURYONO: ¡Ten piedad de mí!

ANWAR CONGO: Sinceramente, nunca esperé que se viera tan brutal. No puedo volver a hacer eso.

NO IDENTIFICADO: ¡Matar!

ANWAR CONGO: Le he hecho esto a tanta gente. ¿He pecado?

AMY GOODMAN: Este es el film nominado al Oscar, The Act of Killing. Joshua, el riesgo que corrías al hacer lo que hiciste… Sí, los perpetradores hablaron contigo, las víctimas hablaron contigo. Cuéntanos un poco de la cronología. Has hecho The Act of Killing. Todos estos asesinos participaron y estaban orgullosos de lo que habían hecho. ¿Qué fue lo que hiciste siguiendo estos pasos?

JOSHUA OPPENHEIMER: Luego regresé para hacer, de algún modo, el film que había pretendido hacer en un principio, al menos con respecto a la temática, un film que explore cómo es para los sobrevivientes tener que vivir rodeados de asesinos todavía poderosos, sumidos en el terror. Cuando volví, no tenía idea de que habría de filmar a un sobreviviente mientras confronta a los asesinos de su hermano. Cuando Adi me propuso esto, me dijo “Joshua, he pasado siete años mirando tu rodaje con los perpetradores y eso me ha cambiado. Necesito ir y conocer a los hombres que mataron a mi hermano”. Al principio, reaccioné diciendo “De ninguna manera. Es demasiado peligroso. Nunca antes se ha hecho un film en el que los sobrevivientes confrontasen a los perpetradores que continúan en el poder. Nunca se ha hecho algo así. No podemos hacerlo”. Adi me explicó que él esperaba que, si podía visitar a los perpetradores y ellos se hacían responsables por los crímenes que cometieron, él de algún modo podría reconciliarse con sus vecinos, y que ellos, los hombres que asesinaron a su hermano y que habían estado atormentando a su familia durante medio siglo, habrían de recibir su llegada como una posibilidad de hacer las paces con sus vecinos y encontrar el perdón de parte de la familia de una de sus víctimas. Yo dudaba de qué podría ocurrir, pero me di cuenta de que si podíamos mostrar por qué fallamos, si podíamos mostrar lo que yo pensaba que iba a ocurrir, que era que los perpetradores se pondrían a la defensiva, se enojarían y nos amenazarían, y si podíamos hacer esto de forma segura, seríamos capaces de mostrar cómo la sociedad se encuentra desgarrada y cuán urgentes son la verdad, la reconciliación y la justicia. Nos dimos cuenta de esto porque yo ya había hecho The Act of Killing, pero no se había estrenado aún, y se creía que yo era alguien cercano a algunos de los perpetradores más poderosos del país: el vicepresidente del país, que participa de The Act of Killing; líderes del movimiento paramilitar nacional que cometieron los asesinatos junto a la Armada; ministros de gabinete. Se me consideraba –la gente lo creía, ya que no habían visto The Act of Killing aún, pero sabían que había hecho el film con ellos- que estos eran mis amigos. Nos anoticiamos de esto porque los hombres que Adi quería confrontar eran poderosos en la región pero no a nivel nacional, y era poco probable que nos detuvieran, mucho menos que nos atacaran físicamente. Esto nos permitiría hacer algo sin precedentes como confrontar a los perpetradores mientras aún tenían el poder.

AMY GOODMAN: Entonces hiciste este film luego de The Act of Killing, pero antes de que fuera mostrado en el país.

JOSHUA OPPENHEIMER: Así es. Teníamos un margen de tiempo una vez que finalizamos la edición de The Act of Killing. Sabíamos que no podríamos regresar y estar seguros luego de su estreno, por lo cual debíamos rodar el segundo film en el interín.

AMY GOODMAN: Cuéntanos un poco sobre Adi y su hermano, Romli.

JOSHUA OPPENHEIMER: Bueno, Romli era el líder local de una cooperativa agraria. Fue justamente pore so que era visto como un potencial oponente para el gobierno dictatorial y fue asesinado.

AMY GOODMAN: ¿Dónde vivía?

JOSHUA OPPENHEIMER: En un pequeño pueblo en el norte de Sumatra, en el medio de una vasta área de aceite de palma y plantaciones de caucho. Lo que resulta único de este asesinato no era tanto su posición, sino el hecho de que el suyo fue uno de los pocos asesinatos que tuvo testigos. Decenas de miles de personas de la misma región habían sido llevadas a ríos, asesinadas y sus cuerpos arrojados a la corriente, y sus familias nunca supieron qué había ocurrido. Como los familiares de desaparecidos en América Latina, ellos no pudieron elaborar su duelo, no pudieron lamentarse. Ni siquiera pudieron decir que sus seres queridos habían muerto. Tan sólo podían decir que aún no habían regresado a casa, belum pulang en indonesio, lo cual significaba que vivían en esta prisión de disonancia cognitiva, ya que sabían que sus allegados debían estar muertos, pero no podían decir nada al respecto. Una pequeña parte de ese dolor podían expresarla hablando de Romli. Así, durante décadas, desde 1965 hasta que yo arribé por primera vez en 2003 y comencé a trabajar en esto, Romli se había convertido en una especie de sinónimo del genocidio. Cuando comencé a trabajar en esto, me presentaron a su familia. Los padres de Romli quisieron inmediatamente que conociera a Adi. Me dijeron “Él es el reemplazo de Romli”. Su madre dijo “Me estaba volviendo loca después de que asesinaron a Romli. Gracias a que tengo a Adi pude continuar viviendo” y agregó “Él habla como Romli, luce como Romli, actúa como Romli. Debes conocerlo”. Ella hizo correr la voz en el pueblo y entonces conocí a este joven, nacido luego de los asesinatos, no tan temeroso como el resto de su familia porque no había experimentado la masacre en carne propia, quien estaba desesperado por entender lo que había ocurrido. Todo lo que conocía era propaganda del gobierno que justificaba lo acontecido, sabía también de la historia del asesinato de Romli, la cual oía una y otra vez en boca de su madre. Ella no podía parar de contar la historia, era como un eco, decía, que nunca se desvanecería. Él quería comprender qué le ocurría a su madre, a su padre, a su pueblo, así que se acopló a mi rodaje como un modo de responder a estas preguntas.

AMY GOODMAN: Haz una breve introducción para este primer fragmento de la madre de Adi.

JOSHUA OPPENHEIMER: En la primera escena vemos a Adi preguntándole a su madre, mientras ella está cortando frutas de tamarindo en su jardín, cómo es estar rodeada por los hombres que han asesinado a su hijo, Romli, y cómo es vivir en el silencio y el terror, acechada por los fantasmas de los muertos no sepultados.

AMY GOODMAN: Veamos The Look of Silence.

ROHANI: Le robaron a sus víctimas. Ahora son ricos. Asesinaron a los maridos y se llevaron a sus esposas.

ADI RUKUN: ¿Cómo te sientes viviendo rodeada de aquellos que asesinaron a tu hijo y viéndolos todos los días?

ROHANI: Es horrible. Cuando nos encontramos en el pueblo, no hablamos. Los odio.

AMY GOODMAN: Este es un fragmento de The Look of Silence, dirigida por Joshua Oppenheimer. En él encontramos a Adi cuestionando a su madre. ¿Qué le ocurrió a Romli, su hijo mayor?

JOSHUA OPPENHEIMER: Bueno, Romli fue llevado a una prisión desde donde sería despachado y asesinado. Allí fue vigilado, descubrimos durante la filmación, por su propio tío, el hermano de su madre, cuestión ignorada por la familia hasta entonces.

AMY GOODMAN: Hasta que hicieron el film.

JOSHUA OPPENHEIMER: Hasta que un día Adi decidió ir a visitar a su tío y evaluar su visión, cumpliendo con un favor que había prometido, y comenzó a preguntarle qué recordaba de aquella época. Y su tío simplemente se lo reveló. Entonces, Romli fue despachado de la prisión junto a otras personas y llevado al río Snake, al norte de Sumatra, donde fue asesinado. Allí murieron 10.500 personas. En el camino, el camión que los llevaba tuvo que pasar por la salida de la carretera que lleva a la casa de la familia, y entró en pánico porque se dio cuenta de lo que ocurría o tal vez simplemente porque pasó por el camino a su hogar. Hubo conmoción en el camión. Por esa razón, dos personas escaparon y sobrevivieron. El resto, aparte de Romli, fueron asesinados allí mismo. Romli se encontraba herido y logró arrastrarse hasta su casa, atravesando una milla de campos de arroz, donde su madre lo albergó y trató desesperadamente de mantenerlo con vida. Dos horas más tarde, la banda de aniquilamiento llegó con la Armada para llevárselo, amenazando a la familia entera si Rohani, la madre de Romli, no lo entregaba. Para hacerlo más fácil para ella, pero de un modo terrible y finalmente haciéndolo aún más difícil, el jefe del escuadrón dijo “Lo llevaremos al hospital”. Ella sabía que aquella era una mentira, pero para poder hacer lo que tenía que hacer, entregar a su hijo, debía de algún modo creer que aquello era cierto. Esa historia considero que jamás se atenuó, sino que se repite como un mantra… No, no como un mantra, sino como algo horrible que ella necesita que sea escuchado y que no puede soltar.

AMY GOODMAN: ¿Y qué le hicieron a él?

JOSHUA OPPENHEIMER: Se lo llevaron de la casa. Lo trajeron a un río cercano, porque estaba anocheciendo y el sitio oficial para los asesinatos se encontraba cerrado de noche. Lo llevaron a un arroyo, lo despedazaron y lo dejaron allí, creyéndolo muerto. Pero no lo estaba. Gritaba pidiendo auxilio y una multitud se reunió allí. Entonces regresaron, lo pescaron del río y lo llevaron a la plantación de palmas, donde lo asesinaron. Los compañeros de trabajo de su padre, que trabajaba en la plantación, vieron el cuerpo al día siguiente e informaron a la familia dónde se encontraba. Entonces ahora allí se encuentra una pequeña tumba. AMY GOODMAN: Su padre también es una figura clave en tu film, si bien no habla realmente.

JOSHUA OPPENHEIMER: Sí, de hecho fue parte de cómo Adi me persuadió de que debíamos filmar, que debíamos confrontar a los perpetradores. Cuando yo dije “No, no es posible”, Adi me mostró una escena que él filmó con una pequeña cámara que yo le había dado para que usara a modo de cuaderno, para que buscara imágenes que podrían haber inspirado la realización de esta película años antes. Así fue como me mostró esta escena donde su padre está perdido en su propio hogar. Esa es la única escena en el film que Adi filmó. Él se encuentra arrastrándose en su propia casa, perdido, pidiendo ayuda, creyéndose en la casa de un desconocido y que podría ser golpeado. Adi me dijo que su padre había olvidado al hijo cuya muerte había destruido su vida y la vida de su familia, pero no había olvidado el terror. Él se encuentra atrapado en una prisión de terror, porque no puede, ni podrá nunca, sanar, porque no recuerda lo que ocurrió. Nunca podrá resolverlo ni salir adelante. Entonces, es como un hombre encerrado en una habitación, que no puede encontrar la puerta siquiera, mucho menos la llave. Él me dijo “Verás, si tan sólo yo pudiera conocer a los perpetradores, y si ellos pudieran aceptar que lo que hicieron estuvo mal y yo pudiera perdonarlos, entonces mis hijos no tendrán que crecer teniéndole a sus vecinos”. En ese momento entendí dos cosas: por un lado, que los perpetradores no se disculparán. En The Act of Killing, trabajé durante cinco años con el protagonista principal, Anwar Congo, y al final del proceso le da asco su propia culpa pero aún así dice “Mi conciencia me dijo que debían ser asesinados”, lo cual aparece en la versión sin editar que puede verse en los Estados Unidos en Netflix, y es la versión que se estrenó en Indonesia y en el mundo. Todavía se sigue mintiendo a sí mismo. Yo tuve la sensación de que si Anwar, después de cinco años, no podía admitir que lo que hizo estuvo mal, aquellos hombres que Adi quería conocer no lo lograrían en una hora y media de conversación con él. Así que me di cuenta de que no conseguiría que le pidan perdón, pero que sí podía mostrar las reacciones humanas más complejas que se generan inevitablemente cuando uno entra a la casa de alguien y dice “Has asesinado a mi hermano. ¿Puedes hacerte responsable?”, la vergüenza, la culpa, el miedo de su propia culpa, su actitud defensiva, el enojo y las amenazas… Podía mostrar, en esencia, el abismo invisible que hasta entonces separaba a cada uno de los indonesios. También me di cuenta, a través de este fragmento que Adi me mostró de su padre, que este debía ser mucho más que un film sobre la impunidad y los sobrevivientes viviendo codo a codo con los perpetradores que aún se encuentran en el poder. Debía ser también una especie de poema sobre la memoria y el olvido, compuesto en memoria de todo aquello que fue destruido, no sólo de los que fallecieron, que no pueden ser resucitados, sino las vidas que han sido destruidas durante 50 años de terror y silencio que nunca podrán ser reparadas.

AMY GOODMAN: Veamos ahora el Segundo fragmento que tenemos de The Look of Silence. Adi va en busca del hombre que asesinó a su hermano, Romli.

JOSHUA OPPENHEIMER: Sí, aquí vemos a Adi confrontando al comandante de la brigada de aniquilamiento que operaba en el río Snake, un hombre que dice merecer un crucero a América, porque fue gracias a América que él aprendió a odiar y matar a los comunistas. Entonces Adi va y lo visita, le pide que se asuma responsable por lo que ha hecho. Veremos un momento de esto.

ADI RUKUN: Usted ha sido el líder del Comando Aksi en esta región, por eso es responsable de la masacre que ocurrió allí. ¿Sabe eso la gente de este lugar?

AMIR SIAHAAN: Sí, lo saben.

ADI RUKUN: El asunto es que mi hermano mayor fue asesinado porque usted comandó esos asesinatos.

AMIR SIAHAAN: No fui yo realmente.

ADI RUKUN: Usted fue responsable en tanto era el líder del Comando Aksi.

AMIR SIAHAAN: Había muchos grupos que formaban parte del Comando Aksi.

ADI RUKUN: Pero usted era el primero en la línea de mando.

AMIR SIAHAAN: El Comando Aksi estaba aliado con la Armada y teníamos comandantes por encima nuestro. Estábamos protegidos por el gobierno, así que usted no puede decir que yo soy responsable.

ADI RUKUN: De todos los asesinos que conozco, ninguno se siente responsable.

AMY GOODMAN: Este es un fragmento de The Look of Silence. Explícanos más precisamente quién es este hombre.

JOSHUA OPPENHEIMER: Este hombre era el jefe de los escuadrones civiles de aniquilamiento que operaban en el río Snake, reclutado por la Armada. Él es parte del mismo grupo paramilitar que es el foco de mi primer film, The Act of Killing. Su nombre es Amir Siahaan. Él firmaba los listados de personas que cada noche debían ser asesinadas. Por él y sus subordinados, 10.500 personas fueron asesinadas en aquel lugar. Él personalmente firmó la sentencia de 600 personas, pero eso es porque normalmente no era su trabajo encargarse de esto. Hubo muchas más personas asesinadas allí. Luego de que Adi le dice –tuvimos un pequeño vistazo de esto en el trailer- “Creo que no te estás haciendo responsable”, él se enoja mucho y comienza a preguntar “Bueno, ¿dónde vives?” y Adi no quiere contestarle sino que le dice “¿Qué me hubieras hecho si hubiera venido aquí durante la dictadura militar?”, a lo cual Amir responde “No puedes ni imaginarlo”. Luego dice “Verás, el verdadero peligro no son los comunistas reconocidos, que han estado bajo vigilancia y amedrentados durante décadas, por lo tanto es poco posible que puedan manifestar su oposición. El verdadero peligro son los comunistas secretos y tal vez el film sea una actividad comunista encubierta” y agrega, en tono amenazador, “Continúen con su actividad comunista secreta, continúen”.

AMY GOODMAN: Y éste es el vecino de Adi.

JOSHUA OPPENHEIMER: Así es… Sus casas están a unos minutos una de la otra.

AMY GOODMAN: El cineasta nominado al Oscar, Josua Oppenheimer, director del nuevo film The Look of Silence, el cual se ha estrenado recientemente en el país. Ya se lo considera una obra maestra. Esto es Democracy Now! Volveremos con Oppenheimer en breve.

[Corte]

AMY GOODMAN: “Arum Bandung”, aquí en Democracy Now!, democracynow.org. Yo soy Amy Goodman. Continuamos con la conversación con Joshua Oppenheimer, cineasta nominado al Oscar. Le pedí que nos cuente un poco sobre los riesgos de hacer su nuevo film, The Look of Silence. Tanto en The Look of Silence, el cual trata sobre las víctimas del genocidio indonesio respaldado por los Estados Unidos, como en el film The Act of Killing, sobre los perpetradores, los créditos están en su mayoría detallados como anónimos.

JOSHUA OPPENHEIMER: Bueno, a lo largo de la filmación y la edición de la película, y luego con su lanzamiento, sabíamos que debíamos estar preparados para finalizar luego de cada toma. Adi estaba preparándose para las escenas con los comandantes de más alto rango, para lo cual tendríamos un segundo vehículo disponible para utilizar en caso de necesitar escapar, para que fuéramos más difíciles de perseguir si debíamos huir. La familia de Adi estaría en el aeropuerto, lista para ser evacuada si existía alguna señal de amenaza que podría persistir luego de que nosotros nos hubiéramos ido. Unos seis meses antes de la primera proyección del film en el Festival de Cine de Venecia, nos reunimos con Adi, su familia, todo el equipo que participó en The Act of Killing y grupos de activistas por los derechos humanos en Tailandia, porque yo ya no podía regresar en forma segura a Indonesia, a mirar un primer corte del film y discutir si debíamos estrenarlo o no antes de que los perpetradores murieran o hasta que hubiera un cambio real en Indonesia, y que la familia de Adi debería mudarse a Europa durante un tiempo, que es donde yo estoy instalado. Finalmente, la familia de Adi vio el film y dijo “Esta película debe estrenarse ahora mismo”, porque había cierta potencia de The Act of Killing para generar un cambio en aquella región. El gobierno de Indonesia, en respuesta a la nominación al Oscar de The Act of Killing, había dicho “Sabemos que lo que ocurrió en 1965 fue un crimen de lesa humanidad. Sabemos que necesitamos una reconciliación. No necesitamos que un film nos obligue a ello. Lo haremos a nuestro debido tiempo”. Fue un momento maravilloso porque fue la primera vez que se admitió que aquello estuvo mal. Los medios y el público ahora hablaban abiertamente del genocidio como un genocidio.

AMY GOODMAN: Pero con The Act of Killing tuvieron algunas proyecciones clandestinas en Indonesia…

JOSHUA OPPENHEIMER: Sí, comenzó en forma secreta pero una vez que el film fue aceptado por los medios, las proyecciones rápidamente se volvieron públicas. Para el momento en que mostramos a la familia de Adi The Look of Silence, ya había habido miles de proyecciones públicas. Habíamos logrado que en Indonesia el film pudiera conseguirse online de forma gratuita y había sido descargado decenas de millones de veces.

AMY GOODMAN: ¿Y el gobierno tuvo proyecciones?

JOSHUA OPPENHEIMER: No, de The Act of Killing no.

AMY GOODMAN: Me refiero a The Look of Silence.

JOSHUA OPPENHEIMER: The Look of Silence sí ha ingresado a las esferas de gobierno. De hecho, es distribuido por dos organizaciones gubernamentales: la Comisión Nacional de Derechos Humanos y el Jakarta Arts Council, algo impensable si no hubiera sido por The Act of Killing. La primera proyección en Jakarta fue en el teatro más grande de Indonesia. Había carteles enormes anunciando el estreno. Tres millones de personas asistieron. El teatro sólo tenía capacidad para 1500, así que se organizaron dos proyecciones. Adi vino a ambas y recibió una ovación de 15 minutos. El mes siguiente, el film se estrenó en todo el país. Sólo en el primer día, Día Internacional de los Derechos Humanos, hubo 500 proyecciones públicas. Durante las semanas siguientes alcanzamos las 3500 proyecciones. El film ha dado pie a este debate nacional sobre la urgente necesidad de reconciliación, verdad y justicia. El gobierno ha promulgado un proyecto de ley a este respecto, desgraciadamente inadecuado, pero es el primer peldaño, y es algo que los activistas de derechos humanos están tratando de mejorar. De cualquier modo, dado este impulso, la familia de Adi, luego de haber visto el film, dijo: “Debe estrenarse ya. Estamos listos para mudarnos a Europa”. El equipo en Indonesia dijo “Creo que podremos reunir un equipo y los recursos necesarios para reubicar a la familia a otra parte de Indonesia. Podremos garantizar la seguridad de la familia, porque creemos que el nuevo clima, en parte generado por The Act of Killing les ofrecerá protección y Adi será considerado como un héroe nacional luego de que el film se estrene”. De hecho, la primera proyección fue el Día Nacional de los Héroes y fue trending topic en Twitter en Indonesia. Indonesia es el país que más usuarios de Twitter tiene en todo el mundo. Entonces, así las cosas, ese día en todo el mundo se corrió la voz de “Hoy tenemos un nuevo héroe nacional y su nombre es Adi”. Todo ello significó que la familia de Adi pudo mudarse a algunos miles de kilómetros de su pueblo natal, a otra región del país. Fueron rodeados de una comunidad de abogados de derechos humanos, periodistas independientes, cineastas, políticos progresistas, que les brindaron su apoyo y vigilaban de cerca si detectaban algún tipo de amenaza. Pero la familia de Adi está bien.

AMY GOODMAN: Pero actualmente no viven en donde Adi se crió.

JOSHUA OPPENHEIMER: No, no viven allí. Para un hombre que solamente está buscando la reconciliación con sus vecinos, resulta evidente que esto constituye un signo de hasta qué punto Indonesia no es una democracia. Una democracia requiere, por supuesto, una legislación. Y los hombres más poderosos de Indonesia no están sujetos a las mismas leyes que los más débiles. En este sentido, si no hay una regulación de la ley, entonces no es una democracia. Aquí en los Estados Unidos tenemos el mismo problema, tal vez con un alcance un tanto menor, ya que dada esta falta de regulación de la norma, existe un gobierno paralelo que se construye en las sombras, alrededor de los oligarcas militares, gangsters, paramilitares, y los servicios de inteligencia, que se encuentran por encima de la ley. Los militares son inmunes a la ley civil. Si un comandante militar ordenase la masacre de un pueblo entero, él no sería juzgado en un tribunal civil. Las Fuerzas Armadas determinarían su propio tribunal para ese caso, lo cual significa que los militares están más allá de la ley.

AMY GOODMAN: Esto me trae de vuelta al tema del perpetrador, el que Adi confronta, que dice “Yo soy un producto de los Estados Unidos”. Cuéntanos un poco, para aquellos que no están familiarizados con la historia de Indonesia, la historia contemporánea de Indonesia, en los años 60, y cuál fue el rol de los Estados Unidos allí.

JOSHUA OPPENHEIMER: Los Estados Unidos proveyeron de asistencia, armamento y dinero al ejército para que pudieran llevar adelante el genocidio. Podrían haber estado involucrados como autores intelectuales del hecho o haber conspirado para crear los eventos que fueron utilizados como detonantes para el genocidio, la excusa para el mismo, que fue el asesinato de seis generales de la Armada por otros miembros de la Fuerza. Sin embargo, todos los documentos de tareas de la CIA pertenecientes a aquel período en Indonesia permanecen clasificados, y nosotros estamos presionando para que se publiquen. El senador Tom Udall introdujo una resolución en el día del estreno del film en Indonesia, diciendo que era tiempo de que los Estados Unidos desclasificaran los archivos y asumieran su responsabilidad por su participación en estos crímenes. Lo que sabemos hasta el momento es más que suficiente. Sabemos que, por ejemplo, oficiales de la Embajada de Estados Unidos realizaron una compilación de listados de miles de nombres de figuras públicas en Indonesia, y las entregaron a la Armada diciendo “Asesinen a todos los de esta lista y tachen sus nombres a medida que avanzan; devuélvannos las listas cuando hayan terminado”. Yo hablé con uno de esos hombres, un señor llamado Robert Martens, al comienzo de mi viaje allí, y hablamos sobre cómo esto fue una tarea de inteligencia crucial. Los Estados Unidos ya habían financiado y entrenado a las milicias indonesias y había recomendado que desplegaran fuerzas en cada pueblo del país. Las habían desplegado para la represión interna y el asesinato masivo. Si quieres, era como un pulpo extendiendo sus tentáculos sobre cada pueblito. Estas figuras públicas locales eran periodistas, intelectuales, líderes gremiales, que podrían oponerse al gobierno militar. Entonces esto no fue una tarea de inteligencia solamente. Fue una provocación. Los Estados Unidos diciendo “Asesinen a todos. Queremos que este nuevo régimen se sostenga en el tiempo. Maten a cualquier posible opositor”. Los Estados Unidos también proveyeron de radios, deliberadamente, que permitieron que los militares coordinaran las masacres a lo largo del vasto archipiélago de 17000 islas que es Indonesia. En The Look of Silence también vemos algunos reportes de NBC News que casi celebran el genocidio, inmediatamente después. Vemos, lo cual resulta escalofriante, que Goodyear, una gran corporación multinacional, está en las plantaciones de caucho, donde se cosecha el látex para nuestros neumáticos y condones. Goodyear está utilizando mano de obra esclava traída de los campos de concentración para cosechar el caucho. Esto es, por supuesto, lo que las corporaciones alemanas hicieron en la perisferia de Auschwitz solamente 20 años antes. Pero en este caso, está siendo televisado en Estados Unidos y celebrado como buenas noticias, como una victoria para la libertad y la democracia. Esto debería introducir una pausa en la audiencia de The Look of Silence y llevarlos a preguntarse si esta participación de los Estados Unidos fue realmente la “lucha” por un “mundo libre” en contra de un mundo comunista, o si fue una treta, un pretexto, una excusa, para un saqueo corporativo asesino.

AMY GOODMAN: Y todo esto fue en relación al levantamiento del dictador Suharto, respaldado por el gobierno de los Estados Unidos.

JOSHUA OPPENHEIMER: Así es. De este modo Suharto obtuvo el poder. Y se mantuvo en el poder durante 35 años. Durante este período, los Estados Unidos continuaron asistiendo al gobierno y han incentivado más abusos, incluida la invasión y ocupación de Timor Oriental, la cual también derivó en un genocidio, donde un tercio de la población fue asesinado. Esto fue al son de billones de billones de dólares de financiamiento que el gobierno dictatorial de Suharto recibía. Esa ayuda económica comenzó a fluir mientras los cuerpos todavía se ahogaban en los ríos.

AMY GOODMAN: Me gustaría finalizar con dos puntos. Uno es qué ocurrió con el equipo que hizo este film, con quienes has trabajado. Pero primero, la escena tan emocionante en la que Adi está hablando con su hijo, quien está en la escuela, y lo que sus hijos están aprendiendo actualmente.

JOSHUA OPPENHEIMER: Cuando estábamos en Indonesia rodando el film, tal vez ahora esté comenzando a cambiar a consecuencia del estreno, el gobierno enseñaba a los alumnos, a los niños, que el genocidio fue heroico, fue el exterminio heroico de los indonesios izquierdistas, y que sus víctimas eran una especie de monstruos y merecían lo que les ocurrió, y los perpetradores eran héroes. Vemos al hijo menor de Adi escuchando todo esto… Que los parientes y nietos de las víctimas no merecían acceder a empleos decentes, que no deberían poder ingresar a la policía o tener un trabajo en el gobierno, que debían ser monitoreados de cerca, porque sus abuelos habían sido personas terribles. Vemos como ese estigma es transmitido de generación en generación. Y, por supuesto, vemos esencialmente cómo se siembra la semilla para que ocurra un genocidio nuevamente. En el film escuchamos constantemente “Dejar que el pasado sea pasado”. Pero los sobrevivientes lo dicen desde el terror, y los perpetradores lo dicen como amenaza, lo cual significa que el pasado no es pasado, sino que está aquí mismo. Es una herida abierta. Y lo que la mantiene viva es esta propaganda educativa en las escuelas. Y Adi, de muchos modos, ha respondido a aquello, al insoportable presentimiento de que sus hijos estaban siendo estigmatizados por la opresión de su propia familia, algo que conocemos muy bien en este país, con nuestras propias historias no resueltas de raza y el genocidio de los nativos americanos. Esto no debería ser visto como algo ajeno para nosotros. Por supuesto, para los estadounidenses aquello ha sido un genocidio también y es parte de nuestra historia. Si Estados Unidos es un imperio, lo que ocurre en los rincones más recónditos del país tiene que ver con nuestra vida en casa y la economía consumista que nos dicen que debemos disfrutar. Entonces, esto también es sobre nosotros, nos compete.

AMY GOODMAN: ¿Y los créditos, aquellas personas que trabajaron junto a ti, que no pueden ser nombradas aún, si bien este film, The Look of Silence, es apoyado por el gobierno indonesio en su distribución a lo largo del archipiélago?

JOSHUA OPPENHEIMER: Así es. Si bien ciertas esferas del gobierno están apoyando el film, eso no significa que mi equipo se encuentre seguro debido al gobierno desde las sombras de militares, paramilitares y gangsters. Se ha requerido un equipo de 25 personas, cinco de ellas trabajando full time, para asegurar el bienestar de Adi y su familia. Y aún así, todavía tenemos un plan B para evacuarlos en caso de que se presentara una amenaza. Los mismos riesgos corre mi equipo, por ello en ambos films figuran como anónimos. El hecho de que los créditos se desplacen al final de ambos films es para que pueda verse que todos aquellos indonesios que participaron en su realización deben mantenerse en el anonimato. Esta gente ha dedicado 10 años de sus vidas, algunos de ellos han cambiado sus carreras como periodistas, abogados de derechos humanos, profesores universitarios, cineastas, líderes de ONGs. Han puesto pausa a lo que venían haciendo, creyendo inicialmente que se tomarían un sabático de seis meses, pero se encontraron con que el proyecto continuaría y se profundizaría cada vez más, y decidieron continuar trabajando en él, arriesgando su seguridad, sabiendo que no obtendrían ningún crédito por su trabajo hasta que la realidad política cambie. Lo hicieron porque sentían que era importante. Nada me gustaría más que quitar los créditos de cada film y poner unos nuevos con los nombres de todos ellos.

AMY GOODMAN: ¿El nuevo presidente, Jokowi, ha visto el film?

JOSHUA OPPENHEIMER: Le entregamos el film hace dos meses. Le dimos una carta de mi parte en relación a la película algunas semanas atrás. Existen rumores de una disculpa presidencial a las víctimas y familias de víctimas en el próximo Discurso del Estado de la Unión, que será en Agosto. Sin embargo, ya hay una reacción violenta al respecto. Tenemos grupos paramilitares llamándolo comunista, traidor, hablando de procedimientos de destitución. Así que no sabemos si ha visto el film o no. Ha recibido una copia del mismo, mediante un pariente suyo. Tenemos una fotografía de él sosteniendo el film en la sala de estar de la casa de su madre.

AMY GOODMAN: ¿Cuánta gente ha sido asesinada en 1965, 66, 67, en Indonesia en manos de los militares y paramilitares?

JOSHUA OPPENHEIMER: Casi con seguridad, más de un millón, pero tal vez llegue a tres millones.

AMY GOODMAN: Este es el cineasta nominado al Oscar, Joshua Oppenheimer, director de The Look of Silence, que ha sido estrenada recientemente en los Estados Unidos. El 1° de octubre se conmemora el 50° aniversario del comienzo del genocidio en Indonesia en 1965. Participant media y algunos grupos de derechos humanos están haciendo circular peticiones instando a los Estados Unidos a desclasificar y revelar los reportes militares, gubernamentales y de la CIA en relación a los asesinatos en Indonesia y a reconocer el rol que tuvieron los Estados Unidos en dicho genocidio.




 
  INDICE
 
  [pp. 7-9]
Divertere
Diversidad del cine: los cauces del pensamiento
Juan Jorge Michel Fariña
 
  [pp. 11-19]
El cine como interpelación ética
The act of killing | Joshua Oppenheimer | 2012 - The Look of silence | Joshua Oppenheimer | 2014
Eduardo Laso
 
  [pp. 21-30]
Reportaje a Joshua Oppenheimer
Democracy Now!
Amy Goodman
 
  [pp. 31-37]
Una lección del realismo mágico
La estrategia del caracol | Sergio Cabrera | 1993
Martín Agudelo Ramírez
 
  [pp. 39-46]
El buen sheriff: entre la virtud y la obligación
High Noon | Fred Zinnemann | 1952 - Rio Bravo | Howard Hawks | 1959
Facundo García Valverde
 
  [pp. 47-53]
Psiquiatría y séptimo arte: aprendizaje y cultura

Laureano García Gutiérrez, Pablo Hernández Figaredo
 
  [pp. 55-60]
Strella
Strella | Panos H. Koutras | 2009
Monique David-Ménard
 
  [pp. 61-64]
PayamediCINE
La risa como dimensión de la verdad
Juan Jorge Michel Fariña, Jimena Blanco, José Pelluchi
 
  [pp. 65] Reseña de publicación científica
Revista Lapso
Maestría en Psicoanálisis Lacaniano, UNC
Lorena Beloso
 
  [pp. 67-70] Reseña de material didáctico-cinematográfico
Archivo Fílmico Pedagógico: Jóvenes y Escuelas
Ministerio de Educación de la Nación
Alejandra Tomas Maier, Florencia González Pla
 
 
Programa de Estudios Psicoanalíticos. Ética, Discurso y Subjetividad. CIECS (CONICET y UNC) y Cátedra de Psicoanálisis. Facultad de Psicología.
Universidad Nacional de Córdoba
Departamento de Ética, Política y Tecnología, Instituto de Investigaciones y Cátedra de Etica y Derechos Humanos, Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires